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“Empezará mi segunda vida…”. Narración oceánica, mal de mares, auto-biografía y coleccionismo en la correspondencia de Charles Darwin a bordo del HMS Beagle

Authors:
  • Universidad Andrés Bello, Viña del Mar, Chile
X JORNADAS DE HISTORIA MARITÍMA
V JORNADAS DE HISTORIA DE AMERICA COLONIAL
Museo Marítimo Nacional Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
25 de octubre, 2018
RESUMEN.
Título: “Empezará mi segunda vida…”. Narración oceánica, mal de mares, auto-
biografía y coleccionismo en la correspondencia de Charles Darwin a bordo del
HMS Beagle.
Autor: Francisco Orrego G.
Departamento de Humanidades Universidad Andrés Bello
francisco.orrego@unab.cl
Proyecto: El coleccionismo científico y las representaciones museográficas de la
Naturaleza y la Humanidad / Agencia Estatal de Investigación, Fondo Europeo de
Desarrollo Regional (AEI/FEDER, UE)
Las “cartas” fueron una herramienta fundamental para Darwin en el proceso de
recolección de datos, el “big data”, para darle forma a sus teorías. Además, las cartas se
convirtieron en una herramienta para discutir esas teorías con sus colegas. Es decir, la
generación de cartas fue una práctica y el “espacio epistolar” fue un instrumento que
Darwin supo explotar desde el inicio de su carrera. Darwin vivió en un período dónde
el servicio postal inglés se había fortalecido y profesionalizado bastante. Darwin hizo
marcas y notas en los márgenes de las cartas, volvía sobre ellas, las repasaba muchas
veces, utilizaba lápices de distintos colores y recortaba las cartas para pegarlas en sus
cuadernos de experimentación, entre otras acciones que demostraban la valoración que
Darwin tuvo de las cartas. Él realizaba todo esto con el propósito de crear y sintetizar
nuevo conocimiento. En otras palabras, y si se me permite la metáfora, “las cartas se
diseccionaron como verdaderos especímenes. Por tanto, y como planteamiento
principal de la ponencia, el trabajo de Darwin, a bordo del Beagle, tuvo una condición
intertextual profunda. Y Darwin lo demuestra cuando escribe a su padre desde Brasil
(Bahía-San Salvador) el 1 de marzo de 1832 diciéndole: cuando gozo algo siempre miro
hacia atrás para describirlo, ya sea en mi cuaderno de actividades (que cada vez es más
amplio) o en una carta” (Cartas, 129). Es más, me atrevo a decir que las cartas fueron
una parte esencial para entender el comportamiento emocional de Darwin. En su carta
del 24 de noviembre de 1832 dirigida a su hermana Caroline Darwin, escrita en
Montevideo, lleno de júbilo, le decía lo siguiente: “Acabo de sentirme agraciado por todo
un grupo de cartas inesperado” (Cartas, p. 206)
Por ello, la propuesta de la ponencia no busca redundar en aspectos clásicos que
sugieren cómo el viaje le proporcionó a Darwin gran parte de la evidencia empírica para
desarrollar su teoría científica permitiéndole ingresar a círculos científicos expertos en
historia natural que le inspiraron puntos de vista que se verían reflejados en múltiples
escritos, sobre todo, en el Origen de las especies publicado en 1859.
Por tanto, la presentación no se inserta en la ya extensa tradición de los “estudios
darwinianos”, los estudios evolucionistas (y sus controversias creacionistas), sino en
una tradición renovada de los estudios marítimos y las narrativas culturales
transoceánicas, y más específicamente en narrativas tranareales siguiendo los
planteamientos propuestos por Otmar Ette en su último libro TransArea. A Literary
History of Globalization (2016). Por ello, cuando me refiero a cartas “a bordo” del Beagle,
también considero las cartas escritas en los albores del viaje en el Beagle, dado que
Darwin comenzó a vivir su “experiencia íntima” en el Beagle mucho antes que saliera
de Plymouth el 27 de diciembre de 1831. En cierto sentido, las cartas escritas por
Darwin correspondientes al viaje del Beagle, son un tipo de documentos que
representan una ventana abierta que permite estudiar la naturaleza particular del
proceso de autoconstrucción socio-profesional, creativo e intelectual desarrollado por
Darwin y plasmado en narrativas oceánicas, es decir, el discurso desarrollo estando en
el mar.
A mi juicio, aquí está el problema central al analizar la correspondencia de Darwin que
surgirá de estos años en el Beagle: la perspectiva que da viajar a través de los océanos
en un barco que no era cualquier barco, el Beagle era un barco de investigación
británico. En una carta al salir de Londres antes de embarcarse Darwin señalaba: “Qué
día glorioso será el 4 de noviembre para mí. Empezará mi segunda vida y se
convertirá en una fecha de cumpleaños por el resto de la vida” (Cartas, p. 15). Con
educación y prudencia victoriana, en carta enviada a su maestro y profesor en
Cambridge, John Stevens Henslow, días antes de zarpar en el Beagle, el 5 de septiembre
de 1831 desde Springs Gardens en Londres, Darwin le comentaba sobre los
preparativos de su viaje y le escribía lo siguiente para expresarle su estado de ánimo:
“Querido señor: Gloria in excelsis es el comienzo más moderado que me viene a la
mente”. Es la vivencia de esa gloria, casi rememorando el mito de la gloria renacentista,
Darwin le expresaba a Henslow que la experiencia que se aproximaba sería (quizás) el
acontecimiento más trascendental de su vida personal e intelectual.
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