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Manifestaciones ciudadanas en la era digital. El ciclo de cacerolazos (2012-2013) y la movilización #NiUnaMenos (2015) en Argentina.

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Abstract

En este artículo nos proponemos contribuir al campo de investigaciones sobre movilizaciones ciudadanas surgidas en el ámbito de los medios digitales, a partir del análisis de dos casos recientes en Argentina: los “cacerolazos” de 2012 y 2013, y la manifestación “#NiUnaMenos” en 2015. Reconstruimos cada proceso de movilización teniendo en cuenta su organización, actores y fisonomía, para luego comparar ambas experiencias. Observamos que ambas manifestaciones comparten un origen similar en el que la espontaneidad predomina sobre la organización, pero se diferencian especialmente por su posicionamiento frente al oficialismo y a los políticos en general y por el rol que asume la negatividad en cada una. /// This paper aims to contribute to the field of research on contemporary citizen mobilizations arising in the frame of digital media, based on the analysis of two recent cases in Argentina: the “pot-banging” protest cycle during 2012 and 2013, and “#NiUnaMenos” mobilization in 2015. We reconstruct each process of mobilization taking into account its organization, actors and public configuration, and then proceed to compare them. We observe that mobilizations share a similar origin in which spontaneity prevails over organization, but differ about their position against the government and politicians, as well as about the role of negativity within each one of them.
Desarrollo Económico, vol. 57, Nº 223 (enero-abril 2018)
Introducción
En la última década se ha generado un debate académico transdisciplinario
en relación con la inuencia de los nuevos medios de comunicación digital (digital
media) y las redes sociales online (online social networks) en los procesos políticos
en general, y en los procesos de movilización ciudadana en particular. Gran parte de
dichas contribuciones se realizaron sobre la base de estudios de casos europeos y
norteamericanos tales como el fenómeno Occupy en New York y Montréal (Juris, 2012;
Ancelovici, Dufour y Nez, 2015) e Indignados en España (Anduiza y Cristancho, 2016)
o en base a los procesos de movilización de la “Primavera Árabe” en los países del
Magreb (Howard y Hussain, 2013). En América Latina los estudios se concentraron
en movimientos estudiantiles recientes en México (Gómez García y Trerévon, 2014) y
Chile (von Bülow, García, Ledezma y Chauveau, 2014) y en las denominadas Jornadas
de Junho en Brasil (Bringel y Pleyers, 2015). En Argentina no contamos todavía con
investigaciones que analicen el entrecruzamiento entre las nuevas tecnologías y las
características de las manifestaciones ciudadanas actuales.
En el presente artículo nos proponemos contribuir a este campo de investigacio-
nes a partir de la revisión y comparación de dos casos de movilizaciones ocurridas en
Argentina durante los últimos años: los “cacerolazos” de 2012 y 2013, y la manifestación
“#NiUnaMenos” en 2015. El trabajo tiene dos propósitos principales. Por un lado, busca
reconstruir ambos procesos políticos teniendo en cuenta las formas en que los medios
digitales afectaron la organización y sonomía de las movilizaciones. Por otro lado,
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Manifestaciones ciudadanas
en la era digital
el ciclo de cacerolazos (2012-2013)
y la Movilización #niunaMenos (2015) en argentina*
ROCÍO ANNUNZIATA** Y TOMÁS GOLD***
* Este artículo es producto de una investigación desarrollada en el marco del proyecto “On-line/Off-
line: The Changing Structure of the Public Sphere and the Challenges to Civil Society in Latin America” de
Plataforma Democrática (Brasil), y en el marco del proyecto “Entre la gestión y la negatividad: formas de par-
ticipación ciudadana no electoral en la Argentina contemporánea” de la Universidad de Buenos Aires.
** CONICET- Instituto de Investigaciones Gino Germani (UBA); rocio.annunziata@gmail.com
*** CONICET - Becario doctoral; tomasgoldd@gmail.com
364 ROCÍO ANNUNZIATA Y TOMÁS GOLD
compara ambos casos en función de ciertas variables (grado de espontaneidad, tipo
de actores visibles en las movilizaciones, interacción entre los ámbitos online y ofine,
posicionamiento político de la movilización y rol de la negatividad), en vistas a mostrar
cómo manifestaciones surgidas de manera similar pueden derivar en signicaciones
políticas diferentes. Situándose entre las posturas “optimistas” y “pesimistas” respecto
del impacto de los medios digitales en las formas de movilización, esta investigación
se concentra en las dinámicas de convocatoria de las manifestaciones y en el tipo
de actores participantes.
Manifestaciones ciudadanas en la era digital
Los trabajos que se han desarrollado hasta el presente sobre las formas de
movilización ciudadana en el contexto de las nuevas tecnologías suelen enfocarse
en el efecto que los medios digitales o las redes sociales producen en las manifes-
taciones. Dichos efectos pueden ser “fuertes” o “débiles”, “determinantes” o “no
determinantes” (Welp, 2015). Entre los investigadores que les otorgan un peso al
menos condicionante a las nuevas tecnologías, las posturas se encuentran divididas
entre “optimistas” y “pesimistas”. Las primeras enfatizan el carácter horizontal de las
redes sociales y su capacidad para bajar los costos de la participación, tomando por
cierto el discurso de la ausencia de liderazgos en estos procesos que sostienen los
propios actores (Ghonim, 2013; Shirky, 2008; Castells, 2012). Las segundas advier-
ten que las tecnologías fomentan un tipo de participación supercial o disminuida
(slacktivism) y que los fenómenos emergentes en los medios digitales refuerzan las
desigualdades sociales ya que están sobredeterminados por la llamada “brecha
digital” (Diani, 2011; Weyland, 2012; Welp y Breuer, 2014, Waisbord, 2015). Ambas
posturas participan de lo que podría considerarse un enfoque tecno-determinista,
que ignora la interdependencia entre transformaciones sociales y tecnológicas, ya
establecida antes del auge de los medios digitales (Boczkowski, 2004). Es en esta
perspectiva que sobresalen las investigaciones más prometedoras, para las cuales
el empleo de las nuevas tecnologías va de la mano con cambios signicativos en las
formas de organización y actividad ciudadana. En esta línea, Bennett y Segerberg
(2013) argumentan que los procesos de movilización actuales muestran una diná-
mica de “acción conectiva” que reemplaza a la tradicional “acción colectiva”, y se
caracteriza por prescindir de altos niveles de recursos organizacionales, así como
de identidades colectivas estables. Gerbaudo (2012) subraya, por su parte, que la
coordinación organizacional recae sobre liderazgos “líquidos” o informales, que son
continuamente puestos en cuestión por la negatividad y el rechazo de los ciudada-
nos movilizados hacia cualquier estructura jerárquica. Otros trabajos coinciden en
señalar el peso de los componentes personales e individualizados en estas formas
de movilización, que desafían los marcos de sentido colectivos y hacen al carácter
“agregativo” de las demandas y expresiones en el espacio público: se trata más bien
de sumar reclamos individuales que de construir alternativas consensuadas al orden
vigente (Margetts, John, Hale y Yasseri, 2016; Juris, 2012).
Una vez establecida la preeminencia de esta lógica de acción conectiva e
individualizada, cabe preguntarse si la misma opera siempre de manera semejante.
¿Qué nivel de espontaneidad y de participación de actores organizados existe en las
manifestaciones ciudadanas contemporáneas? ¿Cómo inuyen estos factores sobre
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el posicionamiento político y el framing de las manifestaciones? ¿Qué nos puede
enseñar en este sentido la comparación entre el ciclo de cacerolazos 2012-2013 y
la movilización #NiUnaMenos en Argentina? Estas son las preguntas que intentamos
responder en lo que sigue.
Metodología
La investigación que sustenta este artículo fue desarrollada principalmente
a través de entrevistas en profundidad con actores protagonistas, observaciones
participantes en las movilizaciones, y elaboración de dossiers de prensa sobre cada
acontecimiento. En primer lugar, se realizaron cinco entrevistas en profundidad se-
miestructuradas y presenciales, de dos horas de duración en promedio, con activistas
y ciberactivistas involucrados/as en cada caso. La selección de los entrevistados se
realizó a partir de la identicación de activistas digitales que eran parte de los grupos
impulsores, conformándose una muestra pequeña y de carácter “experto”, justicada
para el estudio de este tipo de movilizaciones (Gerbaudo, 2016)1. El objetivo de las
entrevistas fue comprender la percepción de los/las activistas respecto de: el surgi-
miento de la movilización y el rol de las redes sociales en el proceso, la existencia
o ausencia de contactos previos entre ellos, los niveles y tipos de organización, la
relación con medios de comunicación, organizaciones sociales y partidos políticos/
dirigentes, los efectos proyectados de las movilizaciones.
En segundo lugar, se realizaron observaciones participantes durante las pro-
testas: en el caso de #NiUnaMenos en la Plaza del Congreso el 3 de junio de 2015,
entre las 14 y 19 h; en el caso del ciclo de cacerolazos, el 8 de noviembre de 2012
y el 18 de abril de 2013 en el Obelisco, Diagonal Norte y Plaza de Mayo, entre las
20 y 22:30 h. Estas observaciones participantes permitieron atender a la dinámica
especíca de las movilizaciones desde el punto de vista de los participantes: la
organización de la escena, el movimiento de los manifestantes, la presencia –o au-
sencia– de actores organizados y políticos, las principales consignas, los cánticos,
entre otras características.
Entrevistas y observaciones se completaron con una tercera actividad central:
la confección de un dossier de prensa de tres periódicos de alcance nacional en ver-
sión digital: La Nación, Clarín y Página/12. Para el ciclo de cacerolazos se relevaron
los 15 días anteriores y posteriores a cada manifestación (un total de 562 noticias y
notas de opinión, 140 en promedio por acontecimiento) mientras que, en el caso de
#NiUnaMenos, el dossier se confeccionó entre el 1 de mayo y el 1 de agosto de 2015
(195 notas en total). Esta técnica clásica de análisis de eventos de protesta (Earl et
al., 2004) supuso tomar a los medios como fuentes de información y permitió relevar,
sobre todo: cantidad de participantes, guras públicas y políticos adherentes, acto-
1 En el caso del ciclo de cacerolazos, las cinco entrevistas se realizaron a ciberactivistas involucrados
en las principales páginas de Facebook difusoras de los acontecimientos, entre marzo y diciembre de 2014.
En el caso de #NiUnaMenos las cinco entrevistas se realizaron entre junio y diciembre de 2015. Tres de las
entrevistadas eran del grupo de periodistas impulsoras (una periodista de medios nacionales y dos de medios
alternativos); y las otras dos eran dirigentes de organizaciones populares (una cultural y la otra asociada a
un partido de izquierda). En el cuerpo del artículo se citan los entrevistados con las iniciales de sus nombres
y apellidos para preservar su identidad, y se menciona la fecha de realización de la entrevista.
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res organizados que participaron, dinámica espacial del acontecimiento y consignas
principales desplegadas.
Por último, de manera complementaria, se realizó un relevamiento sistemático de
cuentas online de las plataformas Twitter y Facebook ligadas a los núcleos de activistas
entrevistados. Para #NiUnaMenos se relevaron las cuentas ociales (“@niunamenos_”
y “Ni Una Menos” respectivamente); para el ciclo de cacerolazos, las dos cuentas
de Facebook con mayor cantidad de likes durante el período estudiado (“El Cipayo”
y “El Anti-K”). El seguimiento se realizó tomando notas de campo de manera diaria
la semana previa y posterior a cada acontecimiento de protesta, con el objetivo de
obtener información del material producido por los propios actores protagonistas en
las redes sociales, que luego circulaba masivamente en cuentas privadas mediante
retweetso “compartidos” (material gráco, links con videos, maniestos, yers, etc.).
Así, la estrategia metodológica consideró la necesidad de datos del ámbito ofine para
interpretar las dinámicas sociales y políticas online y, a la inversa, lo imprescindible
de la información proveniente del ámbito online para comprender las experiencias
ofine, lo que, tal como bien advierte Mosca (2014), constituye una nueva y obligada
forma de “triangulación”.
Las experiencias argentinas recientes
El ciclo de cacerolazos (2012-2013)
A mediados de 2012, Argentina se vio atravesada por un ciclo de movilización
caracterizado por altos grados de rechazo a la gestión del gobierno nacional, que
duraría hasta las elecciones de medio término celebradas en agosto del año siguiente.
Si bien inicialmente se desplegó en los principales centros urbanos del país, progre-
sivamente se extendió a lo largo del territorio nacional e incluso transnacionalmente
a través de pequeñas manifestaciones frente a embajadas y dependencias ociales,
contando con cientos de miles de asistentes. Articulado a través de cuatro cacerola-
zos2 identicados con las siglas 13S, 8N, 18A y 8A (13/9/2012, 8/11/2012, 18/4/2013
y 8/8/2013, respectivamente), el ciclo presentó homogeneidad en cuanto a los actores
involucrados, las demandas y consignas y, sobre todo, su puesta en escena pública3.
Generado a partir de una multiplicidad de cuestionamientos ciudadanos recurrentes
durante los últimos años de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el rechazo
de proyectos de políticas públicas puntuales así como también de políticos ocialistas
fue notorio. Estos cacerolazos constituyeron las primeras movilizaciones en Argentina
con una utilización intensiva de la llamada web 2.0, es decir, de redes sociales inte-
ractivas como Facebook y Twitter.
La convocatoria a la primera protesta del ciclo –el 13 de septiembre– pasó
inadvertida en los principales medios masivos de comunicación, lo cual contribuyó
al clima de sorpresa evidente durante los días siguientes. Si bien hubo dilemas en
cuanto al cálculo de asistentes los principales periódicos estimaron cifras de entre
2 Si bien las cacerolas no fueron un elemento destacado en las movilizaciones, la denición de las
acciones como cacerolazos remiten simbólicamente a otros acontecimientos manifestantes del pasado
reciente (Gold, 2015).
3 Entendemos que se trató de un ‘ciclo de movilización’ en el sentido que le otorga Tarrow (1997:
263-4).
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60 y 100 mil personas4 concentradas en la ciudad de Buenos Aires, constituyéndose
en una movilización esencialmente anti-gubernamental que aglutinaba demandas
sumamente diversas y se denía como “autoconvocada”.
Al igual que los cacerolazos que lo sucederían, el 13S se congregó alrededor del
Obelisco y no de la Casa Rosada, con una puesta en escena que proponía desplegar
el rechazo en el espacio público en vez de demandarle respuestas directamente al
poder presidencial. No hubo sellos ni logos partidarios, así como tampoco militantes u
organizaciones políticas que se identicaran públicamente como tales. Acompañadas
del sonido de cacerolas y otros elementos contundentes –cacharros metálicos, sartenes,
tapas de ollas–, las pancartas caseras e improvisadas eran múltiples y heterogéneas,
haciendo referencia a un amplio espectro de rechazos: la falta de reforma del Índice
de Precios al Consumidor del INDEC (símbolo de la carencia de medidas antiina-
cionarias), la falta de control sobre el estado de las redes ferroviarias y la ausencia
de resolución judicial de la “Tragedia de Once”5, las denuncias contra la corrupción
gubernamental, el crecimiento de la inseguridad –incluyendo casos de familiares que
portaban carteles de reclamo por “justicia” y “castigo a los culpables”–, entre otros.
Como se acentuaría en las manifestaciones posteriores, las demandas eran articuladas
a través de un framing (Benford y Snow, 2000) amplio, que caracterizaba al gobierno
nacional como autoritario, antirrepublicano, corrupto e incluso dictatorial6.
Los pocos lazos de coordinación colectiva previos a la movilización pasaron
por la viralización de “eventos” en Facebook por parte de usuarios individuales
que, si bien tenían contacto con partidos opositores al gobierno, se denían como
“independientes” o “no partidarios”7. Como reconocen algunos ciberactivistas in-
volucrados en la convocatoria, la movilización fue una sorpresa para ellos mismos,
que no conformaban una red estable y solían convocar a manifestaciones que no
lograban –en sus palabras– “prender” en la ciudadanía8. No existían intentos de
organización o coordinación, fenómeno que comenzó a cambiar luego del éxito de
una protesta menor el día 31 de mayo en el barrio de Palermo, pero sobre todo de
la efectividad de la convocatoria al 13S. Según los propios impulsores, había en las
redes un “sentimiento” de que la situación “en cualquier momento explotaba” y todas
las semanas podían constatarse eventos de cacerolazos fallidos, lo cual terminó por
generar entre los ciberactivistas la idea de reunirse para conocerse por primera vez
y coordinar la fecha de la movilización9. En efecto, el éxito del 13S marcó un antes y
un después para el activismo antikirchnerista online, pero también delineó los límites
de su actividad. Como reconoce uno de ellos, su función era “de siembra”, es decir,
4 La Nación, “Un masivo cacerolazo de protesta contra el gobierno se sintió en todo el país”,
14/9/2012.
5 La llamada “tragedia de Once” fue un incidente producido por la colisión de una formación de tren en
la Estación Once de la Ciudad de Buenos Aires que dejó un saldo de 51 muertos y cientos de heridos.
6 El “13S” en particular generó repercusiones debido a la centralidad de actores con una puesta en
escena y discursos más radicalizados: la proliferación de cánticos discriminatorios y de carteles que rela-
cionaban al kirchnerismo con el nazismo, o que lo asociaban a una “diKtadura” (Página/12, 14/9/2012).
7 Algunos de ellos son: “Argentina sin korrupción”, “El cipayo”, “No más”, “Unamos nuestros votos”,
“Legión anti k”, “Indignados argentinos”, “Somos el 46%”, “La Solano Lima”, “El Anti-K”, “Yo no voté a la
Kretina y Ud.?”, “ONG salvemos a la Argentina”.
8 Entrevista con L. B. (3/10/2014).
9 Entrevistas con L. B. (3/10/2014) y M. M. (1/11/2014).
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su actividad consistía en minar las redes sociales de convocatorias y esperar a que
dieran resultado. En este sentido, eran conscientes de que podían marcar el tono y el
diseño de los yers, e incluso la fecha de la movilización, pero su accionar no podía
ir más allá: “había algo que estaba pasando que nos excedía”10.
A partir de la reunión mencionada, acontecida entre el 13S y el 8N, se inten-
sicaron los grados de coordinación –tanto online como ofine entre los distintos
usuarios que funcionaban como puntos privilegiados de circulación de la información
en la web. Ellos mismos decidieron, en este sentido, autodenominarse “promotores”
o “difusores”, en lugar de “organizadores”, ya que consideraban que esta última
categoría obedecía al mundo periodístico y era utilizada por el ocialismo para des-
acreditar la movilización11. Esta nueva red fue fundamental a la hora de promover
la movilización del 8 de noviembre de 2012, sin dudas la fecha más signicativa del
ciclo por varias razones.
En primer lugar, tanto en términos de asistentes como de extensión territorial y
de impacto público, el 8N hizo evidente la magnitud del descontento ciudadano en
el nivel nacional. Si bien hubo debates en torno a la cantidad de manifestantes (fenó-
meno repetido a lo largo del ciclo por el reujo constante de gente y la diversidad de
territorios a cubrir), los principales periódicos y las diversas fuerzas policiales –Federal
y Metropolitana– estimaron un total de entre 100 mil y 700 mil personas en la Ciudad12.
A diferencia del 13S, que había sido una protesta localizada en Capital Federal, el 8N
no solo constituyó una movilización federal13 sino que alcanzó el plano internacional14,
mostrando el alcance transnacional de las nuevas tecnologías de la comunicación15.
La participación en las redes fue masiva y por primera vez se recogieron datos
que brindan indicios sobre los altos niveles de conuencia entre los mundos online y
ofine durante, antes y después de una movilización en Argentina. Según consultoras
privadas, a lo largo del día y hasta la mañana del 9 de noviembre se registraron cerca
de 370.000 tweets, de los cuales aproximadamente el 65% fueron de apoyo (#8N y
10 Entrevista con Y. S. (12/9/2014).
11 Ibíd.
12 La Nación, “Nunca fue tan difícil calcular la asistencia”, 8/11/2012; Clarín, “Para la Ciudad, fueron
700.000”, 9/11/2012; Clarín, “Las protestas, desde Jujuy a Tierra del Fuego”, 9/11/2012; Página/12, “En el
Obelisco, a transpirar la cacerola”, 9/11/2012.
13 Hubo movilizaciones en: Córdoba, Comodoro Rivadavia, Mendoza, San Miguel de Tucumán,
Viedma, Rosario, San Luis, Salta, Catamarca, Mar del Plata. Algunas llegaron a miles de personas; otras,
reunieron decenas o centenas que se hicieron presentes en las gobernaciones y plazas de sus respec-
tivos lugares de origen. Mención aparte merece la manifestación frente a la “Quinta de Olivos” (provincia
de Buenos Aires), donde se encontraba la presidente durante la protesta. Sobre la “Avenida Maipú” se
manifestaron entre 60 mil y 90 mil personas.
14 Hubo manifestaciones en Río de Janeiro, Sidney, Londres, Miami, New York, Roma, Madrid, Tokio,
Viena, Frankfurt, entre otras ciudades. La asistencia en general fue menor al centenar de personas, que
se hacían presentes subiendo seles o fotografías en las redes sociales. Ver: La Nación, “La protesta se
trasladó a otras ciudades del resto del mundo”, 9/11/2012. Entrevista con M. S. L. (21/12/2014).
15 Mientras que la actividad en las redes durante el 13-S se había concentrado exclusivamente
en Buenos Aires, aproximadamente entre el 50% y el 60% de los tweets se generaron en dicha localidad
durante el 8-N. El resto de los usuarios se fragmentaron provincialmente (e internacionalmente) sin llegar
en ningún caso a más del 5%, pero mostrando la extensión de la viralización. Estados Unidos y España
fueron también centros importantes de actividad online. Ver: “Otra vez, las redes sociales resultaron pro-
tagonistas”, La Nación, 9/11/2012.
369 MANIFESTACIONES CIUDADANAS EN LA ERA DIGITAL
#8Nyovoy) y 7% de críticas (#8Nyonovoy, #8Nyonovoyporque), mientras que el resto
fueron comentarios y tweets sin una polarización clara16. Un dato relevante es que,
a pesar de la signicativa disparidad numérica entre ambos grupos, los análisis de
redes realizados a partir de muestras durante el día de la manifestación (Larrosa,
2013) señalan una mayor interconexión entre usuarios opositores a la manifestación,
indicando un esfuerzo coordinado por desalentarla. Por el contrario, los hashtags de
apoyo mantuvieron una dinámica más atomizada y descentralizada, propia de las
viralizaciones masivas con fuertes componentes individualizados.
La guración pública de la manifestación en las calles estuvo atravesada nueva-
mente por la negatividad, destacándose la fragmentación de demandas y expresiones
públicas de rechazo sobre la gestión ocialista. Como muestran las pocas encuestas
realizadas sobre la movilización (Gómez, 2014; Gold, 2015: 199), la ciudadanía no se
manifestaba en torno de demandas concretas sino a partir del rechazo al gobierno
nacional. En este sentido, si bien durante el 8N se desplegaron demandas ligadas al
bienestar y la libertad económicas (imposibilidad de compra de dólares, restricciones
a la importación, falta de reforma impositiva, etc.), estas se ligaban simbólicamente
al accionar “autoritario” y “antirrepublicano” del ocialismo. En este sentido, la falta
de cohesión colectiva propiciada por las redes digitales y la carencia de liderazgos
políticos claros se vieron relativizadas y canalizadas por el sentimiento de indignación
contra la gestión ocialista, capaz de congregar a sectores medios con poca tradición
de movilización (Jasper, Poulsen, 1993). Las pancartas expresaban este sentimiento
de manera clara, al igual que en el 13S: “Yo no la voté”, “Hoy decimos BASTA, que-
remos vivir en paz”, “Yo no te tengo miedo”, entre otras.
La distancia respecto de los partidos opositores también se mantuvo en las
calles, pero los diálogos de sus cúpulas con los ciberactivistas comenzaron a ser
más uidos a partir de la intensa cobertura mediática del acontecimiento y el “éxito”
del 13S en términos de participación. Dicha dinámica comenzó a generar tensiones
internas (“roces”, como mencionaron los protagonistas) que se acentuarían posterior-
mente, ya que no todos estaban de acuerdo en generar lazos con partidos políticos,
y el acercamiento era muchas veces percibido como una forma de control sobre una
manifestación legitimada como autoconvocada. A esta apreciación peyorativa sobre
la política partidaria se sumaban los resquemores internos sobre el dubitativo apoyo
de la oposición durante el 13S; como menciona una ciberactivista, “la oposición te
miraba de reojo y al principio no te apoyaba”17.
En este punto, la doble lógica presente en el rol de los ciberactivistas –reprodu-
cida también en el caso de #NiUnaMenos (Annunziata, Arpini, Gold y Zeifer, 2016)–
resultaba problemática. Por un lado, gran parte del trabajo de difusión y coordinación
de los puntos de encuentro se realizaba desde las redes, brindándoles un margen de
liderazgo considerable. Sin embargo, por otro lado, el alto rechazo de la ciudadanía
hacia los partidos y la crítica hacia cualquier tipo de canalización organizativa les negaba
constantemente su autoidenticación como líderes o representantes estables y capaces
de cualquier tipo de negociación legítima. En el caso particular de los cacerolazos, la
extrema negatividad ciudadana constituía un límite conictivo debido a que en el seno
16 Datos de la consultora Tribatics, disponibles en: http://www.owics.com/2012/11/09/tribatics-
analizo-la-repercusion-en-twitter-del-8n/
17 Entrevista con R. O. (8/10/2014).
370 ROCÍO ANNUNZIATA Y TOMÁS GOLD
del conjunto de los ciberactivistas existía una división entre aquellos que comprendían
que había que llevar la manifestación hacia canales representativos y quienes veían en
la política partidaria un riesgo y un enemigo, más que una solución. En este punto, a
pesar de la caracterización mediática como la movilización más masiva y contundente
del ciclo, el 18A marcaría un rumbo declinante hacia el nal del ciclo.
Transcurrieron varios meses hasta la movilización del 18 de abril de 2013, fecha
pautada en las redes pero circulada a través de medios masivos de comunicación y
círculos partidarios. Si el 13S y el 8N se habían legitimado públicamente como mani-
festaciones espontáneas de la ciudadanía autoconvocada, el 18A dejaría vislumbrar
denitivamente los nexos construidos a lo largo del ciclo, así como también el interés
de los políticos profesionales en canalizar representativamente la protesta hacia las
elecciones primarias de medio término de agosto del mismo año. Cabe señalar, en
este sentido, que el impacto público del 8N había dividido la opinión pública nacional
en una discusión sobre el carácter “espontáneo” o “partidario” de las manifestaciones.
Por un lado, los entusiastas que manifestaban su apoyo a la movilización la tildaban
de espontánea, “horizontal” y autoconvocada; por otro, los simpatizantes del ocia-
lismo denunciaban el “disfraz antipartidario” y llamaban a desenmascarar un intento
golpista por parte de la oposición (Gold, 2015).
La semana previa, los activistas y usuarios ya mencionados comenzaron a cir-
cular a través de grupos de Facebook y de cadenas de e-mails una lista de “puntos
de encuentro” que articularían la protesta a escala municipal, provincial y nacional18.
Además, una larga lista de políticos opositores anunció con días de anticipación su
participación, y comenzó a difundir la convocatoria a través de las redes sociales y
de entrevistas concedidas a periódicos y radios19. Estos dos procesos indicaban el
advenimiento de un giro dentro del ciclo que involucraba tanto los aspectos online
como ofine de la manifestación.
Con una guración pública similar, el desarrollo de la movilización coincidió
con la del 13S y el 8N, siendo los lugares de concentración mayormente los mismos.
La auencia masiva, si bien llegó a los centenares de miles, no generó un impacto
público similar a las manifestaciones previas ya que varios elementos morfológicos
vislumbraban los trazos de una puesta en escena más cuidada. El Obelisco se rodeaba
de globos de helio que armaban “Justicia Independiente” y “Unidos en Libertad”, en
referencia al proyecto impulsado por el ocialismo conocido como “Reforma Judicial”.
Los políticos mencionados asistieron con remeras blancas o vestimenta cotidiana,
sacándose seles para constatar su presencia y luego subiendo las fotos a las redes
sociales20. La falta de cacerolas se hizo evidente, y las banderas o pancartas im-
18 Por primera vez, la lista de puntos de encuentro podía consultarse en un periódico el mismo día de la
manifestación (La Nación, 18/4/2013), lo cual denotaba los evidentes lazos entre activistas y periodistas.
19 Entre estos, se encontraban los diputados nacionales E. Carrió (Coalición Cívica), P. Bullrich (Unión
por Todos), F. “Pino” Solanas (Proyecto Sur), G. Michetti y F. Pinedo (PRO), así como R. Alfonsín (Unión Cívica
Radical) y líderes sindicales importantes como H. Moyano y G. “Momo” Venegas. Ver: La Nación, “Invitación
de los caceroleros a compartir la marcha del 18A”, 12/4/2013; La Nación, “La oposición se sumará hoy al
cacerolazo contra el gobierno en Plaza de Mayo”, 18/4/2013; Clarín, “Macri convocó a la gente a que se
sume a la protesta del jueves”, 15/4/2013; Página/12, “Los opositores salen a cacerolear”, 18/4/2013.
20 La presentación de los políticos como “hombres comunes” se inscribe en lo que puede llamarse
“representación de proximidad” (Annunziata, 2013), y constituye una estrategia esperable en los dirigentes,
dado el carácter refractario de las protestas autoconvocadas respecto de los partidos y la “clase política”.
371 MANIFESTACIONES CIUDADANAS EN LA ERA DIGITAL
presas fueron más frecuentes, igual que las remeras estampadas. Muchas de ellas
apuntaban al proyecto ocialista: “Por una justicia independiente”, “En defensa de la
República”, “Con la justicia NO”, “NO a la reforma judicial”, etc. En este sentido, si bien
la heterogeneidad de demandas fue similar a los casos anteriores –como muestra un
estudio de opinión pública realizado in situ (CEIS, 2013)–, el framing se concentró en
el rechazo a este proyecto, mostrando un esfuerzo de uniformización y reducción de
demandas por parte de los ciberactivistas. En efecto, existía un intento por disminuir la
pluralidad de reclamos ya que resultaba contraproducente de cara a la publicitación
de un “mensaje” unicado hacia la opinión pública en general. Los promotores online
veían el riesgo de que el cacerolazo se difuminara ya que “era contra todo”, y por
eso mismo era “indescifrable” para aquellos políticos que estaban acostumbrados a
dirimir cuestiones partidarias de manera vertical21.
Este punto en particular se tornaba crítico debido a la cercanía de las elecciones
primarias nacionales en agosto. Existía una presión partidaria para canalizar repre-
sentativamente el descontento ciudadano, lo que ponía en una incómoda posición a
aquellos ciberactivistas que se habían acercado a espacios institucionalizados. Tan
es así que el solo vocablo cacerolazo reivindicaba y rememoraba simbólicamente
las jornadas del 19 y 20 de diciembre del 2001, lo que producía en los líderes de la
oposición una percepción de la movilización como “anti-sistema” y “anti-política”.
En este sentido, los ciberactivistas intentaron dialogar con los medios periodísticos
para que comenzaran a utilizar nombres más genéricos, como “protesta” o “marcha”.
Como comenta uno de ellos, “cacerolazo suena más a un chico caprichoso que sabe
que no quiere esto, pero no sabe lo que quiere”, y la idea era “despegar” al ciclo de
movilizaciones de ese incómodo simbolismo22.
El corolario de esta tensión interna se evidenciaría durante la última movilización
del ciclo, que tuvo lugar el jueves 8 de agosto, previo a las elecciones nacionales.
Pocos días antes, la explosión de un edicio en la ciudad de Rosario había causado
la muerte de decenas de personas, monopolizando la atención pública y provocando
el cierre de campaña de las diversas fuerzas políticas como gesto de solidaridad con
los familiares y víctimas del hecho. El Poder Ejecutivo nacional decretó dos días de
duelo y numerosos políticos en campaña se trasladaron a dicha ciudad para apoyar
a los damnicados, mientras que otros expresaron su apoyo a través de las redes
sociales. Esta situación se sumaba a la incertidumbre causada por una jornada elec-
toral que contenía novedades tanto en su funcionamiento –era la primera vez que se
implementaban las primarias obligatorias (P.A.S.O.) en elecciones de medio término,
y la primera vez que se habilitaba el voto a jóvenes de 16 y 17 años– como en cuanto
a las perspectivas de cambio en la escena política, con una oposición fragmentada
que debía demostrar sus posibilidades de recomposición de cara a las elecciones
presidenciales de 2015.
Frente a este panorama surgieron dudas ramicadas por las redes sociales
sobre la fecha de la movilización, aunque los principales difusores online de la pro-
testa decidieron mantener la convocatoria, argumentando que la tragedia de Rosario
también era consecuencia de la “gestión K”. Por el contrario, los políticos opositores
que habían participado de la movilización del 18A declararon con cierta celeridad
21 Entrevista con Y. S. (12/9/2014).
22 Entrevista con L. B. (3/10/2014).
372 ROCÍO ANNUNZIATA Y TOMÁS GOLD
que en este caso no se harían presentes, y los principales medios de comunicación
no mencionaron la convocatoria, a diferencia de lo que ocurrió con los cacerolazos
anteriores. Para los líderes de la oposición partidaria quedaba claro que la realización
de un cacerolazo durante la misma semana de las elecciones no tenía fundamento
alguno ya que desviaba la atención pública de sus campañas, por lo que pidieron a
los ciberactivistas cancelarlo23. Esto generó tensiones internas ya que los confrontaba
con las debilidades de su liderazgo online y con las rupturas generadas en los meses
previos. En efecto, en el pedido de parte de la oposición se resumían los dilemas
organizativos entre los diversos actores involucrados, tensionando la doble faceta de
los ciberactivistas: “me decían ¿por qué no lo suspenden? Y yo respondía: pero, ¿quién
soy yo para suspenderlo? La gente se autoconvoca, si bien vos ponés la fecha, el lugar
y todo, la gente se va enganchando y manda invitación. Es como que te permiten que
vos le digas cuándo, pero vos no les podés decir: vos no podés salir24.
Finalmente, como era de esperar, el 8A estuvo conformado por una decena de
miles de manifestantes que marcharon encolumnados hacia el Obelisco, extendiendo
una amplia bandera argentina con la consigna “Basta de muertes”. Impresiones en cartón
con consignas e imágenes extraídas de Facebook se mezclaban con reclamos inorgá-
nicos y minoritarios –como el aumento de las jubilaciones (“82% móvil”) o el aumento de
pensiones a esposas de ociales de Gendarmería nacional– que adquirían visibilidad y
pasaban a primer plano debido a los bajos niveles de convocatoria. Habiéndose con-
gregado a las 20 h, hacia las 22 el centro de la ciudad aparecía vacío, causando burlas
en las redes sociales, como mostró la viralización del hashtag “#FraCacerolazo”.
Las tensiones entre la lógica del mundo online y las presiones vertidas sobre los
ciberactivistas en el mundo ofine fueron dos procesos distintos pero conuyentes que
terminaron de cerrar el ciclo de cacerolazos aquí reseñado. Por un lado, los límites
inherentes a su rol de “difusores” dicultaron su relación con actores institucionali-
zados, tales como líderes políticos, estructuras partidarias y periodistas. Por otro, la
legitimidad misma de una movilización autoconvocada y fundada sobre la negatividad
entraba en contradicción con la legitimidad electoral, reduciendo la estructura de
oportunidades políticas para la continuidad del ciclo. Como ilustra perfectamente el
título de una nota escrita por un corresponsal del diario Clarín: “Prometen que el gran
cacerolazo nacional será el domingo en las urnas” (Clarín: Política, 9/8/2013).
La movilización #NiUnaMenos (2015)
El segundo caso, reconocido públicamente a partir del hashtag #NiUnaMenos,
constituyó una masiva manifestación frente al Congreso de la Nación el 3 de junio de
2015, contando con más de 150.000 manifestantes y réplicas en más de 120 ciuda-
des del país. Planteada inicialmente como una movilización contra los femicidios25
y la violencia contra las mujeres, la convocatoria surgió de un intercambio entre
periodistas en Twitter frente al aumento de casos de asesinatos de mujeres durante
los meses previos. En efecto, la movilización demostró la relevancia de los actores
23 Entrevista con R. O. (8/10/2014).
24 Entrevista con L. B. (3/10/2014).
25 El término “femicidio” se utiliza para indicar el asesinato de mujeres por el solo hecho de ser mu-
jeres. El vocablo tenía una instalación muy reciente en los ámbitos mediáticos y periodísticos en reemplazo
de la lectura habitual en clave de “crimen pasional”.
373 MANIFESTACIONES CIUDADANAS EN LA ERA DIGITAL
organizados –tanto ciudadanos como partidarios– en el ámbito ofine, pero también
la visibilización e instalación de un tema en la agenda pública mediante la producción
de un acontecimiento desde el ámbito online que no había podido generarse hasta
el momento por los canales tradicionales.
Los días previos a la multitudinaria movilización que asumió la denominación del
hashtag #NiUnaMenos se habían visto atravesados por noticias de femicidios que se
sumaban a otras decenas ya publicadas durante el año 2015. El 11 de mayo los me-
dios informaron que la joven S. Carvalhaes Muñoz había sido golpeada por su pareja
hasta darle muerte. La fecha coincidía con el descubrimiento del asesinato de Chiara
Páez –una joven embarazada de 14 años enterrada viva–, que causó gran conmoción
social. Al recibir la noticia, la periodista Marcela Ojeda se preguntó en su cuenta de
Twitter: “Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales... mujeres, todas,
bah… ¿no vamos a levantar la voz? NOS ESTÁN MATANDO”. Este fue el origen de la
convocatoria a la movilización que tendría lugar el 3 de junio con la consigna #NiU-
naMenos, a la que se sumaron enseguida otras periodistas con sus propias cuentas
de Twitter, y que muy rápidamente se viralizó el mismo 11 de mayo.
Las impulsoras de la movilización no eran un grupo organizado y la mayoría
de ellas no se conocía personalmente con anterioridad a la convocatoria. Existía un
grupo de Facebook que se había originado en una Maratón de Lectura impulsada el
26 de marzo previo con el mismo nombre, pero solo algunas periodistas del conjunto
que se conformó con la convocatoria de Twitter habían formado parte de esas acti-
vidades. La consigna #NiUnaMenos fue recuperada intencionalmente de este grupo
de Facebook26, pero su viralización y la de la convocatoria se produjo sobre todo
desde Twitter. Como advierte una de las periodistas, el círculo de Twitter se formó “a
la vista de todos” y fue casi “azaroso” porque tuvo que ver con quién estaba online en
el momento en que M. Ojeda lanzó el comentario en su cuenta personal: muchas de
las impulsoras iniciales “recién se vieron las caras después del acontecimiento”27. El
hecho de ser periodistas reconocidas se combinó con las potencialidades de la red
social, ya que algunas de las impulsoras tenían muchos seguidores y otras, seguidores
muy inuyentes, como ellas mismas reconocieron28.
Al día siguiente los principales periódicos publicaron cifras y testimonios de La
Casa del Encuentro, una organización civil en defensa de las mujeres que llevaba un
registro de femicidios cometidos en los últimos años frente a la falta de cifras ociales:
1.808 mujeres asesinadas por cuestiones de género desde 2008. El informe anual de
su Observatorio de Femicidios revelaba que únicamente durante 2014 habían sido
asesinadas 277 mujeres y en la mayoría de los casos de víctimas adolescentes los
victimarios también lo eran. Cada treinta horas, una mujer era asesinada en Argen-
tina por el solo hecho de ser mujer29. Ese mismo día, se viralizaron rápidamente en
26 Como reconoce la periodista I. Beck, la consigna “Ni Una Menos” tenía dos ventajas: por un lado,
conectaba la movilización con el trabajo ya realizado en las maratones de lectura, dándole un contexto
más “militante y orgánico”, y por otro, proponía una posición “activa” sobre los femicidios que sacaba la
consigna de una reivindicación respecto de las víctimas o de un lugar de pasividad y duelo por lo sucedido
(Rodríguez, 2015: 52).
27 Entrevista con P. R. (14/9/2015).
28 Entrevista con H. P. (18/8/2015).
29 Datos del “Observatorio de Femicidios en Argentina Adriana Marisel Zambrano”, coordinado por
La Casa del Encuentro. Ver: http://www.lacasadelencuentro.org/femicidios.html
374 ROCÍO ANNUNZIATA Y TOMÁS GOLD
Twitter fotos y seles de actores famosos, personalidades de la farándula, periodistas
reconocidos, activistas políticos, artistas, etc. que se plegaban al reclamo y la consig-
na, así como también legisladoras que se sumaron desde el comienzo30. Ese fue el
momento en el cual las promotoras se hicieron conscientes del impacto público que
había adquirido la consigna, preocupándose por la “lejanía” de la fecha elegida y
previendo que quizás “el tema se podía pinchar” (Rodríguez, 2015: 62). Sin embargo,
todo lo contrario sucedería. Durante las dos semanas siguientes al 12 de mayo nu-
merosos actores, instituciones y líderes de opinión se plegaron a la movilización y los
medios masivos de comunicación relevaron procesos y noticias diversas vinculadas
con la problemática. Se comenzó a indagar en el largo historial de femicidios y se dio
visibilidad a las actividades anteriores relacionadas con la temática, al tiempo que se
multiplicaban las guras públicas comprometidas con la causa.
En los medios comenzó a reproducirse uno de los puntos centrales de la convo-
catoria, que se basaba principalmente en la implementación efectiva de la Ley Nacional
26.485 de protección integral a las mujeres. Si bien esta había sido aprobada por
amplia mayoría parlamentaria el 1 de abril de 2009, aún no se encontraba totalmente
reglamentada, especialmente en lo concerniente al “Plan Nacional de Acción para
la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres”. La falta
de reglamentación del plan nacional llevaba a la parálisis estatal ya que existía una
“laguna legal” en cuanto a la distinción del femicidio respecto de otro tipo de críme-
nes. En este sentido, el 15 de mayo se realizó una reunión entre las cuatro periodistas
promotoras y Fabiana Túñez, coordinadora ejecutiva de la organización La Casa del
Encuentro, para denir el documento ocial que se leería el día de la manifestación.
Los medios de comunicación también comenzaron a trabajar en conjunto con esta
ONG, que poco a poco se fue transformando en un actor fundamental de transmisión
de información sobre la temática.
Simultáneamente, la rápida viralización de la consigna y la convocatoria produjo
numerosas discusiones en las redes sociales y en los medios de comunicación sobre
la legitimidad de ciertos actores para promocionarla y hacerla propia. Se cuestionaba,
por ejemplo, que algunas mujeres de la farándula que habían sostenido durante su
vida discursos que profundizaban la desigualdad de género, apoyaran la consigna,
o que lo hicieran conductores de programas de televisión considerados sexistas. En
las redes sociales se multiplicaron los yers con leyendas tales como: “Para decir
‘Ni una menos’, hay que dejar de ver a Tinelli”, “Para decir ‘Ni una menos’, hay que
dejar de decirle ‘piropo’ al acoso callejero”, “Para decir ‘Ni una menos’, hay que dejar
de ir ‘de putas’ fomentando la trata”, “Para decir ‘Ni una menos’, hay que dejar de
criar princesas indefensas y machitos violentos”, “Para decir ‘Ni una menos’, hay que
legalizar el aborto”, “Para decir ‘Ni una menos’, hay que dejar de preguntar qué tan
corta era la pollera de Melina”, etc. Lo que estaba en juego era una tensión inherente
a muchas de las movilizaciones contemporáneas que se difunden y multiplican por
internet, y que atravesó incluso el ciclo de cacerolazos reseñado: ¿hasta dónde los
individuos pueden apropiarse de manera online de una consigna que nunca milita-
ron de manera ofine? Pero sobre todo: ¿quiénes son los actores “legítimos” para
30 Cabe destacar principalmente a G. Cerrutti (diputada por la Ciudad de Buenos Aires del Frente
para La Victoria), V. Donda (diputada nacional del Frente Amplio Progresista) y M. Stolbizer (diputada
nacional del Frente Amplio Progresista).
375 MANIFESTACIONES CIUDADANAS EN LA ERA DIGITAL
hacer suya una consigna que no pareciera pertenecer a nadie? Esta cuestión generó
tensiones entre las mismas promotoras, si bien aquellas más reacias a aceptar el
apoyo de celebrities con discursos cercanos a la misoginia terminaron aceptando
que formaba parte de la estrategia comunicacional para lograr una llegada masiva a
sectores sociales heterogéneos; en este sentido, la estrategia intentaba llegar a los
seguidores de personalidades famosas (tanto en televisión como en las redes socia-
les) y generar un clima, una “sensación social” respecto de los femicidios a través de
guras reconocidas (Rodríguez, 2015: 73-90).
Con el correr de los días se fueron intensicando las manifestaciones de apoyo
a la movilización. Los actores institucionales y políticos se manifestaron públicamente
en fechas más cercanas al 3 de junio31. En general todo el arco político se plegó a
la movilización, con mayor o menor compromiso32, y todos los líderes publicaron su
sele con el cartel de #NiUnaMenos. En este punto, quedaba claro que los sentidos
que iba adquiriendo la convocatoria reapropiada por diversos actores y personali-
dades no estaban bajo control de las periodistas impulsoras. Como armaba una
de ellas: “Cuando vos lanzás una consigna como esta a la calle, echa a rodar y ya
no te pertenece”33. La proliferación de interpretaciones y la dinámica exponencial
de la convocatoria en las redes revelaba la limitación que una categoría como la de
“organizadores” puede tener para describir roles tanto en esta movilización como en
el caso de los cacerolazos: “muchos decían ¡le dan el cartel a cualquiera!, como si
ellas pudieran controlar quién se saca la foto…”, notaba una periodista cercana al
grupo de las impulsoras iniciales34.
La selección de los “5 puntos”35 de la demanda ocial partía de la búsqueda
por darle a la convocatoria una signicación precisa pero lo sucientemente amplia
31 La semana previa manifestaron su adhesión, por ejemplo, el Senado Nacional, el Consejo Interu-
niversitario Nacional, el Consejo Federal de Educación, el Consejo Federal de Salud, la Corte Suprema de
Justicia de la Nación. A través de la Comisión Episcopal de Apostolado Laico y Pastoral Familiar y Acción
Católica Argentina, la Iglesia hizo hincapié en la necesidad de seguir los discursos y acciones del nuevo
papa Francisco.
32 D. Scioli (gobernador de la provincia de Buenos Aires y posterior candidato a Presidente por
el FPV), E. Sanz (presidente de la UCR y senador nacional), M. Macri (jefe de Gobierno de la ciudad de
Buenos Aires y posterior candidato a Presidente por la alianza UNEN), E. Carrió (diputada nacional por la
coalición electoral UNEN), N. del Caño y M. Bregman (diputados nacionales por el Partido de los Trabaja-
dores Socialistas), J. Altamira (exdiputado de la ciudad de Buenos Aires y dirigente del Partido Obrero), S.
Massa (diputado nacional y posterior candidato a Presidente por el Frente Renovador), etc.
33 Entrevista con H. P. (18/8/2015).
34 Entrevista con M. L. (17/9/2015).
35 Los 5 puntos eran: “1) Implementar con todos los recursos necesarios y monitorear el Plan Nacional
de Acción para la Prevención, la Asistencia y la Erradicación de la violencia contra las mujeres, tal como
lo establece la Ley 26.485. 2) Garantizar que las víctimas puedan acceder a la Justicia. En cada scalía y
cada comisaría debe haber personal capacitado e idóneo para recibir las denuncias. Las causas de los
fueros civil y penal deben unicarse; las víctimas deben tener acceso a patrocinio jurídico gratuito durante
todo el proceso judicial. 3) Elaborar el Registro Ocial único de víctimas de la violencia contra las mujeres.
Realizar estadísticas ociales y actualizadas sobre femicidios. Solo dimensionar lo que sucede permitirá el
diseño de políticas públicas efectivas. 4) Garantizar y profundizar la Educación Sexual Integral en todos los
niveles educativos, para formar en la igualdad y para una vida libre de discriminación y violencia machista.
Sensibilizar y capacitar a docentes y directivos. 5) Garantizar la protección de las víctimas de violencia.
Implementar el monitoreo electrónico de los victimarios para asegurar que no violen las restricciones de
acercamiento que les impone la Justicia”. Documento disponible en: www.niunamenos.com.ar.
376 ROCÍO ANNUNZIATA Y TOMÁS GOLD
como para que la movilización fuera masiva. Para las impulsoras, el objetivo desde un
principio era “no dejar a nadie afuera”, y que el tema pudiera instalarse ampliamente en
la agenda pública; eso suponía posponer algunos problemas para futuras “batallas”,
como el de la despenalización del aborto –que, si bien concitaba el acuerdo de las
propias impulsoras, habría apartado de la movilización a gran parte de la sociedad,
y en particular a muchos de los familiares de las víctimas de femicidios. Como reco-
nocían ellas mismas, fue la amplitud de la consigna lo que permitió que, por primera
vez en una movilización sobre cuestiones de género, se encontraran agrupaciones
por la despenalización del aborto al lado de jóvenes de escuelas católicas36. En este
sentido, si bien algunas organizaciones de mujeres y feministas venían proponiendo
en sus acciones de larga data una lectura más radical de la problemática de la vio-
lencia machista, de todos modos recibieron la convocatoria como una oportunidad
para visibilizar el problema e instalarlo en la agenda37. Al igual que en el caso de los
cacerolazos, las impulsoras eran conscientes de que el sentido buscado no podía ser
controlado ni adueñado por nadie, aunque sí podían imprimirse ciertos límites relativos.
Por lo tanto, trabajaron conscientemente en la generación de un framing que fuera
estratégico pero respetara su marco ideológico, ya que no querían que la movilización
se desviara hacia ciertos sentidos que se querían evitar: “que no fuera una marcha
por seguridad, que no fuera una marcha de indignados, que no fuera una marcha de
víctimas”, es decir, que uyera “hacia una problemática de derechos humanos y no
de seguridad”38.
En este sentido, se buscó evitar que pudiera interpretarse como una moviliza-
ción opositora u ocialista desde el punto de vista de los actores político-partidarios
que se sumaban, tal como venía sucediendo con las movilizaciones posteriores a
los cacerolazos de 2012 y 2013. Sin embargo, simultáneamente se intentó evitar
que fuera una marcha “anti-política”, y por eso se apeló a que los concurrentes no
dejaran de lado sus banderas políticas. Que pudiera asociarse a una movilización de
derechos humanos, sostenía una de las impulsoras, “es posible gracias a la política,
no queríamos que fuera a-política”39. Este nexo no es azaroso, ya que reclamos tales
como los derechos sexuales o el aborto gratuito y seguro se anclaron en Argentina a
partir del framing y el vocabulario de los derechos humanos, a diferencia de muchos
otros países. En efecto, la potencia de la lucha llevada a cabo por Madres de Plaza
de Mayo durante los años ochenta determinó indirectamente el futuro de las luchas
en el campo del feminismo, enmarcando los reclamos dentro del campo discursivo
de los derechos y no de la justicia reproductiva (Pereyra, 2008: 32-46).
En su carácter de comunicadoras sociales, las promotoras tenían herramientas
para imprimir unos sentidos sobre otros con bastante éxito y asumieron la responsa-
bilidad de ser pedagógicas en sus mensajes desde un principio. No solo tenían una
considerable experiencia en comunicación en distintos soportes, sino que había un
“ocio incorporado” que incluía la agenda de contactos, el manejo de consignas, el
36 Entrevista con H. P. (18/8/2015).
37 Según una dirigente de Pan y Rosas (organización feminista del PTS), por ejemplo, su agrupación
optó por apropiarse la consigna y añadirle otra propia: “Si tocan a una, nos organizamos miles” (Entrevista
con C. M., 27/10/2015).
38 Entrevista con P. R. (14/9/2015) y M. L. (17/9/2015).
39 Entrevista con M. L. (17/9/2015).
377 MANIFESTACIONES CIUDADANAS EN LA ERA DIGITAL
conocimiento de técnicas de publicidad y de diseño a la hora de realizar los yers,
etc.40. El documento de “los 5 puntos” fue una respuesta o reacción a la gran cantidad
de líderes políticos que se tomaban una foto y la publicaban en las redes sociales con
el objetivo de comprometerlos de manera concreta y pública con políticas puntuales,
aprovechando que todos querían demostrar su apoyo a la causa. De allí surgió un
yer y el hashtag #DeLaFotoALaFirma, destinado a servir de “compromiso público”
de cara a los comicios de 2015. Los contactos y el peso como guras públicas de
las periodistas en el ámbito ofine fueron fundamentales para impulsar el hashtag y la
campaña, y durante los días previos a la movilización tuvieron reuniones con líderes de
distintas fuerzas políticas para obtener los compromisos de los candidatos a diversos
cargos en un año electoral de gran signicación.
Finalmente, el 3 de junio se anticipaba una movilización masiva debido a la ex-
tensión de la causa y la diversidad de convocatorias, aunque la verdadera magnitud
de lo sucedido superó todo pronóstico. Existían 129 puntos de encuentro pautados
a lo largo del país, y se hizo especial hincapié en las redes sociales a los “5 puntos”
que se reclamaban, viralizándose nuevamente el hashtag #DeLaFotoALaFirma. Desde
las 14 h la ciudadanía comenzó a llegar a la plaza Congreso, el lugar elegido como
epicentro de la manifestación, si bien el horario pautado era las 17 h. Un aspecto
saliente de la manifestación, en comparación a otras movilizaciones recientes en
el país y en la región generadas desde las redes sociales –como los cacerolazos
previamente reseñados–, fue la presencia de organizaciones político-partidarias41 y
agrupaciones ciudadanas o de la sociedad civil que se visibilizaron con sus bande-
ras como actores organizados. Lo mismo ocurrió con los sindicatos, cuya presencia
fue muy signicativa. Los líderes políticos de los espacios ocialistas y de izquierda
se enmarcaron organizacionalmente y adquirieron cierta centralidad, mientras que
el resto de los líderes partidarios se presentó individualmente y no como parte de un
colectivo, tomándose seles en la movilización y subiéndolas inmediatamente a Twitter
para dejar constancia de su presencia42. Los datos online recogidos por consulto-
ras privadas indicaron que 687 políticos y 834 organizaciones sociales y referentes
colectivos (sindicatos, ONG, clubes, etc.) se retrataron con el cartel #NiUnaMenos,
entre otros actores43. En efecto, grandes organizaciones de la sociedad civil como La
Casa del Encuentro, o la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito
estuvieron al lado de una innidad de organizaciones civiles más pequeñas, algunas
en defensa de víctimas de femicidios, otras en defensa de intereses LGBT (Lesbianas,
Gays, Bisexuales y Transexuales), y otras agrupaciones como Centros de Estudiantes,
40 Entrevistas con H. P. (18/8/2015) y P. R. (14/9/2015). Sobre el diseño de los yers, ver también:
Rodríguez (2015: 57-59).
41 Se hicieron presentes partidos y agrupaciones ocialistas (Unidos y Organizados, La Cámpora,
Nuevo Encuentro, Socialistas para la Victoria, etc.) y agrupaciones opositoras, fundamentalmente de iz-
quierda (Partido de Trabajadores Socialistas, Partido Obrero, Movimiento Socialista de los Trabajadores,
Izquierda Socialista, Nuevo Más, Frente de Izquierda, Autodeterminación y Libertad, entre otros). Además,
participaron movimientos sociales organizados como Libres del Sur o el Movimiento Evita, y organizaciones
feministas ligadas a partidos, como Pan y Rosas o Las Rojas.
42 Asistieron varios ministros en funciones y legisladores nacionales del Frente para la Victoria, el
Frente Renovador y la Unión Cívica Radical. Los distintos candidatos a Presidente y legisladores de renombre
subieron su foto con la pancarta “Ni Una Menos” ese mismo día (o los días previos).
43 Página/12, “El día después”, 5/6/2015.
378 ROCÍO ANNUNZIATA Y TOMÁS GOLD
la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), centros culturales, grupos de
actores de teatro, colectivos de mujeres de diversas localidades, etc. Los colectivos
en defensa de víctimas de femicidios, portando carteles con fotografías y nombres
de las mujeres asesinadas, adquirieron visibilidad en la movilización.
Si bien la presencia de banderas e insignias partidarias se hizo notar, el sentido
de la movilización no fue captado por las mismas ya que primaron los autoconvoca-
dos. Muchos ciudadanos y ciudadanas independientes se presentaron con gestos
performativos: carteles que hacían alusión al hashtag o frases creativas, agrupaciones
artísticas que realizaban una performance en el lugar, mujeres desnudas con los
cuerpos pintados, grupos de percusión, muñecos gigantes intervenidos, etc. Algunas
frases que pudieron observarse en los carteles producidos artesanalmente y que
apuntaban al machismo presente en la vida cotidiana, fueron: “Es violento que no
me dejes caminar tranquila por la calle”, “Si te pega no te quiere”, “Sépanlo! No soy
de nadie”, “Basta de femicidios, el Estado es responsable”, “Basta de hipocresías,
el sistema educa y forma femicidas!”, “Aborto ilegal es violencia de género”, “Sin
clientes no hay trata”, “Patriarcado: aunque me mates y me violes me verás volver”,
“El control no es amor”, “Quiero dejar de preguntarme si seré la próxima”, “Ni santa
ni puta”, entre otras.
El punto nodal de la manifestación lo constituyó el acto ocial a las 17 h, durante
el cual los reconocidos actores J. Minujín y E. Rivas y la historietista M. Burundarena
leyeron el maniesto y los “5 puntos” de reclamo inmediato pactados previamente por
las impulsoras y La Casa del Encuentro desde un escenario armado especialmente
para tal n. Las impulsoras habían decidido que subieran al escenario personalidades
de la cultura en lugar de políticos, del mismo modo que los familiares de víctimas de
femicidios tendrían un lugar privilegiado. En este sentido, los detalles de la existencia
de un acto ocial, epicentro de la movilización, revelaron también la necesidad de
una organización ofine: la selección de los oradores y las personas visibles en la
disposición del escenario, el sonido, la iluminación de las estaciones del subte y de los
edicios públicos, así como la seguridad, implicaron acciones previas y coordinadas
con distintas autoridades44, mostrando nuevamente la relevancia de la convergencia
entre los procesos que se dieron en los ámbitos online y ofine.
Diversas consultoras estimaron que durante el acto hubo entre 150.000 y 200.000
personas, llenándose la plaza por completo así como las principales arterias de circu-
lación circundantes45. Además, en otras ciudades y pueblos del país la convocatoria
fue también multitudinaria y en algunas localidades hubo incluso más de una movili-
zación simultánea46. El desarrollo de las manifestaciones en las provincias fue similar
al de la ciudad de Buenos Aires, con las particularidades de cada caso que variaron
en base a los femicidios conocidos regionalmente. En los pueblos más chicos, en los
que no existían sectores de militancia organizada, las redes sociales tuvieron mucha
importancia y se crearon páginas de Facebook para convocar a la movilización. En
cambio, en las grandes ciudades las redes online fueron una herramienta entre otras,
ya que las organizaciones de mujeres –principalmente multisectoriales– ya venían
44 Entrevista con H. P. (18/8/2015).
45 La Nación, “En defensa de la mujer, un clamor recorrió el país: #NiUnaMenos”, 4/6/2015; Página/12,
“A la calle para que no haya #NiUnaMenos”, 4/6/2015.
46 Página/12, “El reclamo recorrió cada rincón del país”, 4/6/2015.
379 MANIFESTACIONES CIUDADANAS EN LA ERA DIGITAL
trabajando en conjunto47. En conclusión, las estimaciones de las propias promotoras
sobre la participación en el nivel nacional se acercaron al millón de personas48.
Por otro lado, la repercusión internacional fue también considerable. Medios
internacionales levantaron la consigna, y hubo repercusiones fuertes en las redes
sociales en Colombia, México y España, donde el 7 de noviembre del mismo año
tendría lugar una multitudinaria movilización contra la violencia hacia las mujeres, con
idéntica consigna. Además, hubo manifestaciones simultáneas en Chile y Uruguay,
convocadas por agrupaciones feministas de izquierda para el mismo 3J. En las re-
des sociales se generaron más de un millón de tweets con el hashtag #NiUnaMenos
solamente entre el 31 de mayo y el 6 de junio, mientras que el día de la manifestación
las menciones fueron más de 600 mil, transformándose en trending topic global a
las 20 h, con más de 13.400 menciones por minuto49. Sin embargo, el fenómeno
más interesante fue la suma de esfuerzos en las redes por potenciar la convocatoria,
manteniendo una dinámica descentralizada y no confrontativa. A diferencia de análisis
de redes respecto del ciclo de cacerolazos (Larrosa, 2013) o de otras movilizaciones
argentinas recientes como #YoSoyNisman (Calvo, 2015), durante #NiUnaMenos no
se constató una fuerte polarización, sino que se tendió a una narrativa única en torno
de la consigna (Gómez Vidal, 2015).
Durante los meses siguientes #NiUnaMenos tuvo numerosas repercusiones,
que irían desde el aumento de denuncias telefónicas hasta la creación de institu-
ciones especícas para la prevención de femicidios, tanto en el nivel nacional como
subnacional (Annunziata, Arpini, Gold y Zeifer, 2016: 59-63). Hay que señalar que
la campaña de los principales candidatos no recogió las demandas ciudadanas
presentes en la movilización y la Ley Nacional 26.485 no fue reglamentada por el
Poder Ejecutivo. No obstante, los femicidios acontecidos luego del 3J tuvieron mayor
impacto y un framing mediático distinto, lo cual llevaría a las propias impulsoras a
denir el acontecimiento, en un documento escrito a un mes de la movilización, como
un “nuevo Nunca Más”50.
De las redes a las calles: espontaneidad y negatividad
El ciclo de cacerolazos 2012-2013 y la movilización #NiUnaMenos comparten
rasgos comunes: ambas son, principalmente, manifestaciones surgidas en las redes
sociales; en ambas la magnitud de los acontecimientos no hubiera sido posible con un
formato organizativo tradicional, aun cuando, como en el caso de las organizaciones
y colectivos de mujeres o feministas, existía una militancia previa y sostenida de una
multiplicidad de actores. Sin embargo, entre las experiencias hay también marcadas
diferencias que emergen en la comparación.
En primer lugar, en estas experiencias como en otras que se han vuelto frecuentes
en las democracias contemporáneas, el carácter “espontáneo” de las movilizaciones
47 Entrevista con P. R. (14/9/2015).
48 Entrevista con H. P. (18/8/2015).
49 Datos de Twitter Argentina, ver: Página/12, “El día después”, 5/6/2015.
50 “Maniesto Político Niunamenos”, Revista Anbia, disponible en: http://www.revistaanbia.com/
cronica/un-nuevo-nunca-mas/om/cronica/un-nuevo-nunca-mas
380 ROCÍO ANNUNZIATA Y TOMÁS GOLD
concentra gran parte de la atención pública. Esto es así porque la espontaneidad
opera como principio de legitimidad de los movimientos que se reivindican como
autoconvocados, es decir, como no orquestados por actores políticos partidarios,
sindicales u otros actores organizados tradicionales. Los casos que acabamos de
presentar evidencian que cierto grado de “organización” resulta necesario para el éxito
de movilizaciones masivas; sin embargo, los actores se organizan sobre la marcha y
no tienen una existencia previa como colectivo.
Ambas movilizaciones ciudadanas aparecen como ejemplos de formas de
participación-acontecimiento (Annunziata, 2016); las manifestaciones son imprevistas
y los actores protagonistas constituyen su identidad en público, no existen como tales
con anterioridad a su aparición. Este rasgo aparece más marcado en los cacerolazos,
que, al igual que otras movilizaciones actuales, fueron nombrados principalmente por
su fecha (13S, 8N, 18A, 8A), mostrando que es el acontecimiento el que crea la unidad
y la identidad de los actores participantes. Como señala R. Nunes con referencia a
movilizaciones similares en Brasil: “Más que entidades políticas y organizativas más
o menos individualizables, estos nombres indican momentos, impredecibles e intem-
pestivos, en que un malestar difuso y una gama de potencialidades hasta entonces
latentes se cristalizan en una expresión visible (…)” (Nunes, 2014: 45). También en el
caso de los cacerolazos se hizo evidente una mayor heterogeneidad de las consignas,
que fue de la mano con el carácter espontáneo y no-organizado de las manifestaciones.
Aunque se tratara de una consigna sobre todo negativa, la instalada por la moviliza-
ción #NiUnaMenos logró en este sentido una mayor unicación. Ambas experiencias
revelaron, en todo caso, que aunque existieran impulsores iniciales de las moviliza-
ciones, estos no podrían ser concebidos estrictamente como “organizadores” de las
mismas; los participantes, sus motivos, las consignas expresadas y especialmente la
signicación pública del acontecimiento no estaban bajo su control.
cacerolazos 2012-2013 #niunaMenos
GRADO DE ESPONTANEIDAD Alto Intermedio
TIPO DE ACTORES VISIBLES Ausencia de actores Variedad de actores
organizados preexistentes organizados preexistentes
INTERACCIÓN Creación del acontecimiento Creación del acontecimiento
ONLINE/OFFLINE online; interacción ofine baja online; interacción ofine alta
POSICIONAMIENTO Anti-ocialista y anti-políticos Transversal y transpartidaria
ROL DE LA NEGATIVIDAD Alto (ausencia de Intermedio (aglutinante pero
consignas propositivas) acompañado de agenda propositiva)
CUADRO 1
Comparación entre el ciclo de cacerolazos 2012-2013
y la movilización #NiUnaMenos
Fuente: Elaboración propia.
381 MANIFESTACIONES CIUDADANAS EN LA ERA DIGITAL
Ahora bien, si tanto el ciclo de cacerolazos como #NiUnaMenos son en sus carac-
terísticas generales movilizaciones ciudadanas espontáneas, imprevistas y con rasgos
de acontecimiento, es posible señalar una diferencia sustantiva entre ambas: mientras
que en los cacerolazos no existían grupos organizados previos que desarrollaran accio-
nes cotidianamente y de manera regular, #NiUnaMenos sirvió como acontecimiento de
conuencia de organizaciones sociales, multisectoriales, espacios culturales e incluso
sectores sindicales y partidarios que sí sostenían una existencia y acción continuadas
con anterioridad al 3J. Esto no signica que la enorme variedad de grupos mencionados
“organizara” la movilización, que en la práctica no hubiera sido posible si la convocatoria
surgía de manera institucional. El movimiento que apareció con la proximidad del 3J fue
en los hechos un sujeto completamente nuevo; pero la existencia de muchas organiza-
ciones diversas de mujeres y feministas, grandes y pequeñas, favoreció la masividad
de la manifestación en las calles. Esta diferencia entre los cacerolazos y #NiUnaMenos
se cristalizó también en el modo de mostrarse de los actores participantes en las mo-
vilizaciones: los manifestantes de los cacerolazos no llevaron banderas ni pancartas ni
se dispusieron en columnas identicables, mientras en #NiUnaMenos no se disimularon
las pertenencias a organizaciones de distinto tipo, y hubo presencia de banderas de
agrupaciones políticas, colectivos, multisectoriales, etcétera.
En este sentido, consideramos que aunque la espontaneidad haya sido un rasgo
central y el principio de legitimidad en ambas experiencias (y por ende la categoría
de “organizadores” sea cuestionable en los dos casos), la existencia de agrupacio-
nes y colectivos con militancia, actividades y acciones regulares en #NiUnaMenos
denota un menor grado de espontaneidad que el del ciclo cacerolero. Podría decirse
que el ciclo de cacerolazos tuvo un grado alto de espontaneidad en la convocatoria
(que no provino de actores organizados preexistentes ni implicó una escena estra-
tégicamente organizada), y la movilización #NiUnaMenos tuvo un grado intermedio
de espontaneidad, en la medida en que las impulsoras no constituían un actor con
existencia organizada y sostenida previa, pero sí predenieron como impulsoras la
escena de la movilización.
Continuando con el argumento anterior, es posible establecer diferencias en lo
que respecta a las formas del vínculo entre lo online y lo ofine. Ambas movilizaciones
ciudadanas fueron creadas y ramicadas a través de las redes sociales online, pero
también en ambos casos la convergencia con el ámbito ofine fue un factor determi-
nante del éxito de las movilizaciones, como en otros casos latinoamericanos recientes
(Sorj y Fausto, 2016). ¿Es posible crear un acontecimiento simplemente desde las
redes? ¿Cuáles son los elementos que limitan o potencian lo que sucede en el ámbito
online? Vimos que uno de los principales vínculos de los activistas iniciadores, una vez
lanzadas y viralizadas las convocatorias, fueron los medios de comunicación tradicio-
nales. Estos tuvieron un rol evidente en la propagación y ampliación de lo que comenzó
a sembrarse desde las redes, dándole visibilidad e imponiéndolo temáticamente en
la agenda pública. Los ciberactivistas que impulsaron los cacerolazos tuvieron con-
tacto con periodistas, y en el caso de #NiUnaMenos estos contactos fueron aún más
intensos dado que sus impulsoras eran periodistas reconocidas y contaban además
con un conocimiento privilegiado de las herramientas de comunicación. Su expertise
y su agenda de contactos pesaron signicativamente en el éxito de la movilización. En
efecto, otro de los elementos potenciadores que se sucedieron en el ámbito ofine en
el caso de #NiUnaMenos fue el vínculo con los políticos, funcionarios y candidatos a
distintos cargos, y también con organizaciones de la sociedad civil como La Casa del
382 ROCÍO ANNUNZIATA Y TOMÁS GOLD
Encuentro. La movilización y el acto central supusieron una preparación (reuniones,
deniciones sobre seguridad y disposición del escenario) que ocurrió por fuera de las
redes. En este sentido, la experiencia de #NiUnaMenos mostró una mayor interacción
o convergencia entre los ámbitos online y ofine que resultó fácilmente visible en la
escena de la movilización en comparación con el ciclo de cacerolazos –aunque en el
interior del ciclo mismo se fue tendiendo hacia escenarios mucho más organizados–.
Podemos sostener así que, sin ser nula, la interacción online/ofine fue baja en el caso
del ciclo de cacerolazos, y alta en el caso de #NiUnaMenos51.
Por otra parte, la transversalidad política en la participación de los actores en
#NiUnaMenos impactó en la signicación que se le imprimió al propio acontecimiento.
El ciclo de cacerolazos respondió a la caracterización más habitual de este tipo de
protestas: se trató de manifestaciones anti-ocialistas, y así fueron interpretadas tanto
por los gobernantes como por los medios de comunicación; impregnadas por una
lógica “anti-políticos”, apelaron a la legitimidad de la espontaneidad, y los variados
rechazos de medidas puntuales y situaciones especícas se tradujeron en un rechazo
moral global a la “clase política” o a los políticos profesionales. Esto supuso la ambi-
gua relación de los dirigentes políticos opositores con las manifestaciones, quienes,
queriendo capitalizar el descontento en su favor, no podían sin embargo apropiarse del
sentido de los acontecimientos y optaron por participar como “ciudadanos comunes”
en las movilizaciones. En cambio, en la movilización #NiUnaMenos, las agrupaciones
se identicaron con sus banderas, los dirigentes encabezaron las columnas de sus
agrupaciones, y al mismo tiempo no fue posible caracterizar el acontecimiento como
una manifestación opositora o anti-ocialista52. Muchos dirigentes ocialistas apoyaron
la consigna, participaron activamente y se reivindicaron como militantes de larga data
de la causa. En paralelo, no predominó un rechazo a los políticos sino una demanda
de acción a la clase política en su conjunto. Las impulsoras buscaron expresamente
que el sentido de la movilización no tomara la senda más habitual del rechazo de la
política partidaria y reivindicaron en cambio la idea de que se trataba de un problema
y un acontecimiento profundamente políticos. Así, en lugar de anti-partidaria la mani-
festación del 3J se reveló como transpartidaria; como notaba una de las protagonistas,
fue más comparable a las históricas movilizaciones del movimiento de DDHH los 24
de marzo, en las que diversos partidos se presentan con sus columnas y estandartes
pero compartiendo el escenario y el reclamo.
Ahora bien, un elemento que caracteriza a la mayor parte de las movilizaciones
ciudadanas contemporáneas, que ha sido identicado por P. Rosanvallon (2007), es la
negatividad. Conceptualizando lo que llama “poderes contra-democráticos” de veto,
el autor atribuye la preeminencia de la negatividad sobre el proyecto a la tendencia a
52
51 En el caso de #NiUnaMenos la convergencia online/ofine también fue mayor en cuanto a la
interacción con actores organizados preexistente que ya mencionamos. La ausencia de agrupaciones
similares en los cacerolazos puede comprenderse entonces como un límite que el ámbito ofine le im-
puso a aquello que sucedía en el ámbito online y puede explicar en parte el agotamiento del ciclo con la
proximidad de un proceso electoral en el que los actores organizados en partidos políticos fueron los que
adquirirían protagonismo.
52 Los participantes de los cacerolazos eran fundamentalmente opositores al gobierno en ejercicio,
estuvieran o no identicados con partidos políticos de la oposición; en #NiUnaMenos las agrupaciones
sociales y políticas que se hicieron presentes fueron tanto opositoras (con predominio de las de izquierda)
como ocialistas.
383
MANIFESTACIONES CIUDADANAS EN LA ERA DIGITAL
la desideologización de la política. En términos prácticos, el rechazo produce resulta-
dos inmediatamente ecaces y cumple plenamente su objetivo si se lo compara con
el proyecto. Una movilización ciudadana en rechazo de una medida puede obligar a
retroceder a los gobernantes de turno, modicando o retirando la decisión. Pero sobre
todo, al margen de la heterogeneidad de sus motivos, los rechazos pueden adicionarse
fácilmente, de modo que las coaliciones reactivas “No necesitan ser coherentes para
cumplir su cometido (…) el rechazo es el elemento más simple de agregar. Todos
los rechazos son en efecto idénticos, no importa qué motivos hayan conducido a su
formulación” (Rosanvallon, 2007: 181-182). Es por eso que Rosanvallon se reere a
un “pueblo-veto”, designando la tendencia a la expresión de la soberanía popular de
manera esencialmente negativa. En este contexto, son frecuentes las movilizaciones de
ciudadanos reunidos por un rechazo en común en lugar de por un proyecto en común.
De allí que encontremos generalmente en sus consignas los “¡No!” o los “¡Basta!”.
Como han señalado otros estudios sobre protestas similares, los participantes coinciden
fácilmente en lo que no quieren, pero no saben o no acuerdan sobre lo que sí quieren
(Castells, 2012). El rechazo puede estar dirigido a una decisión de los gobernantes,
a un estado de cosas insostenible, o también a la clase política en su conjunto. En
la práctica, muchas veces se produce un “efecto multiplicador” del primer rechazo
puntual al rechazo generalizado de “los políticos” (Annunziata, 2016).
El ciclo de cacerolazos 2012-2013 parece un caso típico de movilización ciudada-
na negativa. La multiplicidad de rechazos puntuales de medidas o situaciones (“cepo”
cambiario, reforma de la justicia, corrupción, por ejemplo) solo se vio parcialmente
unicada en lo que se presentó como un rechazo a “los políticos” todos. En cambio,
#NiUnaMenos mostró una dinámica más compleja en este sentido. Fue el “basta
de femicidios” lo que pudo reunir en la plaza del Congreso a quienes repudiaban
las muertes de las adolescentes vistas como otros tantos casos de inseguridad con
quienes veían en los femicidios el último eslabón posible de una cadena de violencias
machistas en la que las mujeres eran tenidas por objeto de los varones y cuyo repudio
implicaba tanto rechazar el acoso callejero como defender el derecho al aborto y la
autonomía sobre el propio cuerpo. Sin embargo, esta fue precisamente una de las
movilizaciones excepcionales si se las compara con otras contemporáneas, ya que
la negatividad no desactivó la agenda positiva ni nubló la claridad sobre las políticas
públicas que debían ponerse en marcha. Las impulsoras buscaron orientar el sentido
de la movilización y establecieron un acuerdo de cinco puntos de políticas públicas
positivas. De este modo, la experiencia de #NiUnaMenos muestra que, si bien la ne-
gatividad tiene un rol predominante a la hora de formar coaliciones e incluso puede
ser vista como un propulsor efectivo para la acción, es también posible combinarla
con proyectos o propuestas positivas que marquen un rumbo para las políticas.
Conclusión
La comparación entre ambas experiencias recientes argentinas nos permite
conrmar, por sus rasgos comunes, que la forma en que se convocan y organizan las
movilizaciones contemporáneas se ha transformado sustancialmente en los últimos
años. En coincidencia con la interpretación de Bennett y Segerberg (2013) sobre
estos fenómenos en clave de acción conectiva, advertimos que la lente de análisis
clásica de las protestas no resulta suciente para capturar acontecimientos en los
384 ROCÍO ANNUNZIATA Y TOMÁS GOLD
que no encontramos actores sociales con identidad continua que deciden salir al
espacio público a expresar sus demandas, sino sujetos que emergen en el propio
acontecimiento, cuyo sentido no puede pertenecer completamente a los impulsores
iniciales. El análisis de las experiencias argentinas revela así que en este tipo de
manifestaciones las categorías de “organizadores” y “organización” no resultan ya
fértiles. Si bien no podemos decir que nos encontremos frente a una absoluta novedad
en cuanto a los actores participantes, la actual combinación de actores y prácticas
tradicionales con rasgos inéditos en el quién y en el cómo de las manifestaciones
ciudadanas contemporáneas delinean sin embargo un fenómeno nuevo que futuras
investigaciones sobre experiencias similares podrán conrmar.
La comparación nos ha permitido también concluir que, englobadas en la noción
de manifestaciones en la era digital, se producen experiencias muy diversas en cuanto
a su posicionamiento y signicación política. A contramano de lo que las primeras
lecturas sobre este tipo de protestas parecían instalar, algunas experiencias pueden
desinscribirse del clivaje ocialismo/oposición y no se presentan como anti-políticos
sino como transpartidarias. Asimismo, aunque la negatividad se revela como consti-
tutiva en las movilizaciones ciudadanas actuales, algunas experiencias añaden una
agenda propositiva de medidas concretas capaz de contrabalancear la preferencia
contemporánea por el rechazo.
385
MANIFESTACIONES CIUDADANAS EN LA ERA DIGITAL
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387 MANIFESTACIONES CIUDADANAS EN LA ERA DIGITAL
RESUMEN
REGISTRO BIBLIOGRÁFICO
ANNUNZIATA, Rocío y GOLD,Tomás
“Manifestaciones ciudadanas en la era digital. El ciclo de cacerolazos (2012-2013) y la movilización
#NiUnaMenos (2015) en Argentina”. DESARROLLO ECONÓMICO – REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES
(Buenos Aires), vol. 57, Nº 223, enero-abril 2018 (pp. xx-xx).
Palabras clave: <Movilizaciones ciudadanas> <Redes sociales> <Cacerolazos> <#NiUnaMenos>.
Keywords: <Citizen Mobilizations> <Online Social Networks> <Cacerolazos> <#NiUnaMenos>.
SUMMARY
taking into account its organization, actors and
public conguration, and then proceed to com-
pare them. We observe that mobilizations share
a similar origin in which spontaneity prevails over
organization, but differ about their position against
the government and politicians, as well as about
the role of negativity within each one of them.
This paper aims to contribute to the eld
of research on contemporary citizen mobilizations
arising in the frame of digital media, based on
the analysis of two recent cases in Argentina:
the “pot-banging” protest cycle during 2012 and
2013, and “#NiUnaMenos” mobilization in 2015.
We reconstruct each process of mobilization
ción, actores y sonomía, para luego comparar
ambas experiencias. Observamos que ambas
manifestaciones comparten un origen similar
en el que la espontaneidad predomina sobre la
organización, pero se diferencian especialmente
por su posicionamiento frente al ocialismo y a
los políticos en general y por el rol que asume la
negatividad en cada una.
En este artículo nos proponemos contri-
buir al campo de investigaciones sobre movili-
zaciones ciudadanas surgidas en el ámbito de
los medios digitales, a partir del análisis de dos
casos recientes en Argentina: los “cacerolazos”
de 2012 y 2013, y la manifestación “#NiUnaMe-
nos” en 2015. Reconstruimos cada proceso de
movilización teniendo en cuenta su organiza-
... A pesar del uso expandido de las redes sociales en Argentina como fuente para el consumo de noticias (Newman, Richard Fletcher, Kalogeropoulos y Kleis Nielsen, 2019), los estudios recientes sobre participación política en espacios digitales son escasos (Annunziata, Arpini, Gold y Zeife, 2016;Annunziata y Gold, 2018;Rodríguez, 2019). Lo mismo ocurre en el caso de aquellas investigaciones que observan los comportamientos cívicos de las comunidades juveniles (Vázquez, Vommaro, Núñez y Blanco, 2017). ...
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Las prácticas de participación cívica se han transformado notablemente a partir del uso expandido de las redes sociales virtuales, fundamentalmente entre las comunidades juveniles, que utilizan estos espacios para socializar, pero también como fuente de información y canal de involucramiento en cuestiones de interés general. Desde el postulado teórico de Lance Bennett (2008) y su modelo de actualizing citizenship (AC), en convergencia con la propuesta de Peter Dahlgren (2018) sobre la participación en línea y su vinculación con las emociones y el afecto, este artículo indaga en las características de los repertorios de participación cívica que protagonizan los estudiantes universitarios del centro de Argentina en las redes sociales. Con base en un estudio cualitativo exploratorio realizado a través de 98 entrevistas semiestructuradas, los hallazgos de esta investigación indican que quienes dicen participar activamente en los entornos digitales lo hacen motivados por aquellas causas por las que se sienten afectados, como el feminismo y el medioambiente. Asimismo, el enojo y la agresión que observan en los debates que discurren en estos entornos desanima la intervención con comentarios y opiniones en las conversaciones en línea, a la vez que los lleva a optar por mecanismos de participación novedosos, como el hashtivismo y la compartición de emojis, práctica que hemos denominado emojivismo.
Chapter
This chapter analyzes the transformations of the political representation link in Argentina during the Kirchnerist governments. Kirchnerism is a political movement emerging from the 2001 Argentine crisis. I will argue that Kirchnerism changed the patterns of interaction between political representation and social mobilization. The literature describes a zero-sum game between representation and mobilization in Argentine democratic politics, but Kirchnerism politics worked differently from theoretical expectations. The re-legitimation of partisan activity did not mean either the transformation of partisan organizations or the decrease in contentious activism. On the contrary, Kirchnerism founded its representative pretensions on intense political cleavages and a high level of social mobilization.
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Este libro se ocupa de analizar los fenómenos de movilización social en los últimos veinticinco años de vida del país. Por diversos motivos, se trata de un período muy significativo, marcado por importantes cambios en las formas de movilización. Si la historia de la movilización social en Argentina a lo largo del siglo XX estuvo signada, por un lado, por la inestabilidad de la política democrática y, por el otro, por la constitución de una clase obrera moderna ligada a la institucionalización del mundo del trabajo, ambos factores sufrieron transformaciones muy importantes en las últimas décadas.
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El caso #Nisman, analizado en este libro, nos otorga una ventana privilegiada al uso político de las redes sociales. En los diálogos tuiteros que se desarrollaron alrededor de la muerte de Alberto Nisman, podemos ver características generales de las redes sociales, que también definen a #NiUnaMenos, #Ayotzinapa, #EleccionesArgentina o #VotoElectronico. Por ello, este libro no describe tan sólo el funcionamiento de las redes sociales del caso #Nisman sino que, más importante aún, ejemplifica el modo en que investigadores, políticos, militantes y ciudadanos, tanto en su vida cotidiana como en roles culturales, científicos o políticos, pueden tomar ventaja de la información que nos entregan las redes sociales. En efecto, el caso #Nisman es una crisis política de la cual podemos aprender. Una crisis que puede ser utilizada para decodificar el funcionamiento de las redes sociales en contextos de crisis política y conflicto social.
Chapter
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This chapter describes framing processes of the 15M or Indignados Movement in Spain. We explore the framing processes that underlie mobilization in social media from a framing perspective. Dynamic network analysis of tweets referring to the Indignados from May 2011 and during the following events in 2012 and 2013 provides a description of framing processes which illuminates the mechanisms for collective action without conventional organization structures.