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La televisión cooperativa en la Argentina frente al imperativo de la convergencia digital

Authors:
COMMONS
Revista de Comunicación y Ciudadanía Digital
Publicación bianual
ISSN 2255-3401
Para citar este artículo:
Monje, D. I. & Rivero, E. A. (2018). La televisión cooperativa y comunitaria en la Argentina frente al imperativo de la
convergencia digital. Commons. Revista de Comunicación y Ciudadanía Digital, 7(1), 46-76.
http://dx.doi.org/10.25267/COMMONS.2018.v7.i1.02
Fecha de recepción: 28/3/2018
Fecha de aceptación: 20/4/2018
Daniela Inés Monje / Ezequiel Alexander Rivero
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LA TELEVISIÓN COOPERATIVA Y COMUNITARIA
EN LA ARGENTINA FRENTE AL IMPERATIVO DE LA
CONVERGENCIA DIGITAL
COOPERATIVE AND COMMUNITY TELEVISION IN ARGENTINA IN THE
FACE OF THE IMPERATIVE OF DIGITAL CONVERGENCE
Resumen
The info-communicational convergence is usually
analyzed focusing on the big players, which by volume
and capital have more capacity for development in
the market. In this sense the concept is linked to the
growing processes of centralization of capital and
concentration of property. This problematic nucleus,
which is exclusive to think about the processes of
introducing innovations, is nevertheless insufficient
to reflect on the peripheries of the system.
This is the case of the info-communicational actors
of the Social and Solidarity Economy that occupy a
place that we define from the category “peripheral
convergence”.
From a perspective that articulates the Right
to Communication and the Economy of
Communications, we analyze the transformations
of the sector as an industry and its emergence
and consolidation as an info-communicational
asimetric actor. Using the case analysis, we present
cooperative and community audiovisual experiences
of wide diversity and located in different regions of
the country.
Abstract
La convergencia info-comunicacional suele ser
analizada haciendo foco en los grandes jugadores, los
quienes por volumen y capital tienen más capacidad de
desarrollo en el mercado, de este modo el concepto se
vincula a los crecientes procesos de centralización del
capital y concentración de la propiedad. Este núcleo
problemático -excluyente para pensar los procesos de
innovaciones-resulta sin embargo insuficiente para
reflexionar sobre las periferias del sistema.
Tal es el caso de los actores info-comunicacionales de
la Economía Social y Solidaria, cuya posición definimos
a partir de la categoría “convergencia periférica”.
Desde una perspectiva que articula el Derecho a la
Comunicación y la Economía de las Comunicaciones,
analizamos las transformaciones del sector como
industria y su emergencia y consolidación como
actor info-comunicacional asimétrico. Valiéndonos
del análisis de casos, presentamos experiencias
audiovisuales cooperativas y comunitarias de amplia
diversidad y radicadas en distintas regiones del país.
Palabras clave Keywords
convergencia periférica; cooperativas;
audiovisual; derechos; mercado
peripheral convergence; cooperatives;
audiovisual; rights; market
Daniela Inés Monje
danielamonje70@gmail.com
Docente e Investigadora. Centro de Estudios
Avanzados de la Universidad Nacional de
Córdoba (CEA-UNC) y Universidad Nacional de
Villa María (UNVM). Córdoba, Argentina.
Ezequiel Alexander Rivero
squielrivero@gmail.com
Becario CONICET. Centro de Estudios Avanzados
de la Universidad Nacional de Córdoba (CEA-UNC).
Doctorando Facultad de Ciencias Sociales (UBA)
Buenos Aires, Argentina.
1. Introducción
Reflexionar sobre los modos que la convergencia adopta en el sector info-
comunicacional implica asumir algunas premisas: no se trata de un proceso
exclusivamente tecnológico, no resuelve a priori de un modo más eficiente o
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equitativo el acceso a servicios de calidad por parte de la ciudadanía y, en tanto
proceso económico y político, se desarrolla en un contexto de desigualdades
preexistentes. En general, se suele analizar la convergencia haciendo foco en los
big players, cuya preponderancia en el mercado y capacidad de incidencia en el
ámbito de las regulaciones, deja escaso margen de acción a otros jugadores. Este
núcleo problemático, que es excluyente sin dudas para pensar los procesos de
introducción de innovaciones, es sin embargo insuficiente para reflexionar sobre
las periferias del sistema, en la que se colocan los actores info-comunicacionales¹
de la Economía Social y Solidaria (ESS).
Los modos de producción y circulación que tienen lugar en el marco de la economía
colaborativa no son exclusivamente económicos en su naturaleza y movilizan
recursos culturales y sociales de tal forma que impiden la reducción del valor social
a un precio de mercado. El también denominado “tercer sector” se compone de
un heterogéneo grupo de actores, muchas veces ligados a movimientos sociales
y organizaciones de la sociedad civil. Si indagamos el interior del tercer sector,
encontramos que aquellos actores que han logrado mayores posibilidades de
competir y disputar espacios al mercado se agrupan en torno al sector cooperativo.
Éste reúne estaciones de radio, cooperativas de TV y vídeo, de telefonía y servicios de
intercomunicación. En Argentina, los actores info-comunicacionales cooperativos
no se analizan en términos macroeconómicos. Las referencias más próximas en este
sentido indican que, unido al sector de Pequeñas y Medianas Empresas (Pyme),
no supera el 18% como oferente de mercado en áreas de telecomunicaciones y
audiovisual (Becerra, 2017).
Este artículo supone que la definición de convergencia no es unívoca. En efecto, se
alude a este término para referirse, por un lado, a la posibilidad de que distintos
servicios se integren en paquetes y ofrezcan a través de una misma infraestructura.
Por otro, a la posibilidad de que un mismo servicio funcione en distintas plataformas
y dispositivos. También se habla de convergencia regulatoria para referirse a la
eventualidad de que un mismo marco legal reúna las demandas normativas del
1. La definición de actores “info-comunicacionales” desborda la categorización clásica de industrias culturales (prensa, libros,
cine, radio, televisión), dando lugar a un “hipersector infocomunicacional” que incorpora además a las telecomunicaciones y
la informática, “toda vez que la convergencia de soportes de producción, almacenamiento, tratamiento y difusión de estas
actividades tiende a uniformar muchas de sus rutinas productivas” (Becerra & Mastrini, 2009:160).
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sector audiovisual y de las telecomunicaciones. No obstante, la convergencia es
más que una mera situación o contexto posibilitado por el avance tecnológico y el
levantamiento de las tradicionales barreras técnicas que mantenían separadas la
industria de los medios y de las telecomunicaciones. La convergencia representa
un nudo problemático en sí mismo, no solo por su carácter polisémico, sino porque
involucra a una multiplicidad de actores con características muy distintas entre
sí, que disputan un juego que tiene lugar sobre un terreno desnivelado. En este
sentido, se habla de “asimetrías de la convergencia” para dar cuenta de posiciones
de partida desiguales entre actores de distinta envergadura (Becerra, 2016a). En
un sentido similar, este trabajo postula la definición de “convergencia periférica,
referida a que cualquier proceso de introducción de innovaciones define centros
y periferias, y que esto ocurre sobre la base de asimetrías preexistentes. En efecto,
la intervención de la política pública debe tomar en cuenta estas asimetrías para
garantizar la supervivencia de actores diversos en un sistema que tiende a la
concentración y la exclusión. La convergencia periférica tiene lugar en un territorio
de heterogeneidad y diferencias sobre el que el Estado ha reparado escasamente
y donde, de no mediar políticas activas, las dinámicas hegemónicas del mercado
producen una segregación en favor de los actores de mayor porte.
En este artículo analizamos las transformaciones del sector audiovisual periférico
a partir de un trabajo de campo que partió de 30 entrevistas semiestructuradas
en profundidad, con referentes de canales cooperativos y comunitarios de todo
el país. El estudio se inscribe dentro de un proyecto de investigación más amplio
que busca generar un diagnóstico del sector, y know how para su fortalecimiento.
El objetivo es caracterizar al sector audiovisual cooperativo y comunitario frente
a la convergencia e identificar problemáticas y líneas de acción específicas, a
partir de cuatro variables significativas: a) Origen y caracterización de las señales;
b) Financiamiento y facturación; c) Programación y origen de los contenidos;
d) Estructura de costos y empleo. Algunas líneas incipientes sobre usos y
apropiaciones de estos medios y desafíos actuales en términos de reconversión
del sector son recuperadas en la discusión y conclusiones finales.
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2. Antecedentes
A partir del año 2009, Argentina definió una política audiovisual que, en lo relativo
al sector sin fines de lucro, se articuló principalmente a partir de dos normativas –
la Ley N° 26522/09 de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) y el Decreto
1148/09 de Creación del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre– y,
de una serie de Planes y Programas y acciones específicas que fueron desde un
significativo desarrollo de infraestructura de transmisión de la Televisión Digital
Terrestre y el tendido de miles de kilómetros de fibra óptica (Plan Nacional de
Telecomunicaciones Argentina Conectada), hasta de fomento a la producción,
la provisión de equipamientos, la capacitación (Programa Polos Audiovisuales
Tecnológicos) y la apertura de la licitación de frecuencias en radio analógicas y
TV analógica y digital.
El escenario que se abría a partir de entonces y sobre el cual se trabajaría con un
horizonte de mediano plazo fijado, entre otros aspectos, por el apagón analógico
definido por la nueva normativa para el año 2019 (Decreto 1148/09 art. N°4),
ofreció unas posibilidades inéditas a un sector que históricamente había tenido
severas dificultades para la prestación legal de sus servicios, y, concomitantemente,
para el desarrollo de un plan de sustentabilidad frente a un inminente proceso de
migración digital y de reconversión de cara a la convergencia tecnológica.
Con la sanción de la LSCA, medios que habían sido perseguidos o habilitados
de manera precaria, o que debieron travestirse bajo la figura de operadores
comerciales a fin de poder obtener licencias –en tanto la ley anterior prohibía
prestar servicios sin fin de lucro–, fueron reconocidos como actores de pleno
derecho, resguardados con una reserva del 33% del espectro y beneficiados con
fondos públicos para fomentar su afianzamiento y desarrollo (LSCA art 97 f).
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Las dificultades en la implementación de la LSCA tras su sanción, limitaron el
alcance de las transformaciones en la estructura del mercado de medios, cuyos
indicadores de concentración se mantuvieron estables durante este periodo, y, en
el caso de la televisión de pago, se incrementaron (Becerra & Mastrini, 2017: 82).
En efecto, fue escasa la diversificación de actores como prestadores de servicios
audiovisuales, tanto en relación al acceso a licencias como en su capacidad para
capturar ingresos económicos: “Éramos el estandarte para la LSCA pero no
logramos ni una licencia definitiva”, señaló uno de los cooperativistas entrevistado
para este estudio.
La falta de un plan técnico que permitiera reconocer el estado real del espectro
radioeléctrico, especialmente en zonas de conflicto, y los concursos de licencias
de televisión digital abierta que resultaron fracasados, –entre otras razones por
las altas barreras económicas y administrativas–, dificultaron la participación
de las organizaciones sin fines de lucro. A esto se sumó la aplicación sesgada de
la LSCA por parte del gobierno, que sostuvo como prioridad su enfrentamiento
político y judicial con el Grupo Clarín. Con todo, el ingreso de nuevos actores al
sistema se vio postergado. Pese a ello, también como saldo del periodo –que se
inicia con la sanción de la Ley en octubre de 2009 y se cierra en diciembre de 2015
con el recambio gubernamental–, el sector sin fines de lucro fue beneficiario de
fondos públicos –generados a partir de diferentes gravámenes fijados por la nueva
normativa– que le permitieron equiparse tecnológicamente, profesionalizar sus
prácticas organizativas y producir contenidos.
En el caso de las cooperativas de servicios del interior del país, desde ese momento,
muchas incursionaron en la prestación de este servicio y simultáneamente
lanzaron sus canales de cable local en cumplimiento de las demandas de la
propia Ley (art. 65 inc. 3 apartado c). En los casos en que los canales ya existían,
se tramitaron nuevas licencias o modificaron las preexistentes habilitando por
primera vez en la historia de la radiodifusión argentina, que las cooperativas
pudieran inscribirse como tales para gestionar licencias de radio y TV y no bajo
la forma de sociedades anónimas o de responsabilidad limitada dado el atajo al
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que había acudido el sector cooperativo para poder sortear el bloqueo legal que
le impedía ofrecer servicios audiovisuales. En el caso de los canales comunitarios,
a finales de 2015 coincidiendo con el cambio de gobierno, por primera vez en la
historia se entregaron tres licencias de televisión digital abierta a organizaciones
comunitarias (Pares TV, Urbana TV y Barricada TV) aunque diferentes
complicaciones y trabas administrativas impidieron el normal funcionamiento de
estos nuevos actores durante, al menos, los siguientes dos años.
2.1 El Estado y la política pendular
Colocados en una situación de asimetría económica y en un escenario caracterizado
por una estructura de la propiedad concentrada, los medios correspondientes al
sector no lucrativo en general, han tenido severas dificultades para garantizar su
sustentabilidad. En nuestro país, la intervención del Estado mediante políticas
públicas de compensaciones, subsidios cruzados o ayudas tuvo un primer impulso
durante la década pasada. Se concretó a través de reformas legislativas y fondos de
fomento orientados al fortalecimiento del sector no lucrativo audiovisual con cierta
proyección hacia los procesos convergentes de triple play², sobre todo en lo relativo
al desarrollo de la televisión digital terrestre en su dimensión de interactividad.
Sin embargo, se trató de un proceso inconcluso y con escaso impacto sociocultural
y económico. De modo que las transformaciones tecnológicas, regulatorias,
económicas y culturales acontecidas operaron sobre un sector precarizado en
términos de recambio tecnológico, infraestructura y recursos humanos. Sumado a
ello, a partir diciembre de 2015, la nueva gestión del gobierno nacional impulsará
una política pública de comunicación impuesta por decretos –y por tanto no
consensuada ni debatida en sede parlamentaria–, en el marco de la cual se
desconocerán las plataformas conceptuales y de derechos humanos preexistentes
en relación al sector del audiovisual y se avanzará hacia la reestructuración del
mercado de las comunicaciones convergentes, fortaleciendo a los grandes players,
mejorando las condiciones para el ingreso de capitales extranjeros y definiendo
de modo creciente un modelo de pago para gran parte de los servicios (Monje, et
2. En telecomunicaciones, la denominación triple play se refiere al empaquetamiento y prestación de servicios y contenidos
audiovisuales (voz, banda ancha y televisión) a través de una misma infraestructura.
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al., 2017). El refarming o reordenamiento del espectro actualmente en curso se
orienta a la expansión del mercado de las telecomunicaciones y ha puesto en riesgo
el fortalecimiento y continuidad de los desarrollos en televisión digital terrestre,
en el marco de los cuales se inscribieron hasta ahora los proyectos de desarrollo e
innovación de la ESS en el sector comunicaciones. Estas políticas públicas generan
así un acceso desigual tanto por parte de los productores de la ESS como por parte
de sus usuarios (Van Cuilemburg & McQuail, 2003), y paradójicamente, frente a un
desarrollo de innovaciones creciente que proyecta abundancia, se fabrica escasez
(Van Audenhove, 1999).
En el caso de la ESS, su lugar en el nuevo sistema convergente resulta inestable
y rodeado de interrogantes. Como ya hemos mencionado, estos actores en su
conjunto –y agrupados al sector pymes–, alcanzaban en 2016 el 18% del mercado
de audiovisual de TV de pago, el 19% de la provisión de banda ancha fija y el 11%
de telefonía fija. Pese a ello, el Estado, no los hizo parte de sus políticas prioritarias,
desconociendo su importancia y necesidades y regulando para la expansión y
concentración de los grandes.
Han tenido en el sector es severo en términos proyección y sustentabilidad frente a
la reconversión digital y genera un escenario de incertidumbre. Uno de los actores
con mayor representatividad del sector de la ESS a nivel nacional, la cooperativa
COLSECOR³, que agrupa a más de 180 cooperativas audiovisuales de Argentina,
reclamó al Estado aplicar el principio de regulación asimétrica. Éste postula la
necesidad de asistir y atender a los actores más pequeños o débiles del sistema
a fin de que puedan alcanzar un desarrollo sustentable frente a un contexto de
introducción de innovaciones ya que, de no mediar intervención estatal, estos
actores periféricos en el sistema difícilmente puedan sostenerse.
3. Cooperativa de Provisión y Comercialización de Servicios Comunitarios de Radiodifusión COLSECOR Ltda., es una cooperativa
de primer grado integrada por cooperativas y pymes de todo el país, que prestan servicios de televisión por suscripción y tele-
comunicaciones. En un documento presentado en 2016 al Gobierno Nacional, traza un diagnóstico de situación y un curso de
acción posible. El documento se cita al final.
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3. Marco teórico
Para situar la reflexión sobre la televisión cooperativa y comunitaria en Argentina,
es preciso reconocer que las operaciones de estos actores periféricos tienen lugar
sobre la base de un sistema de medios que se ha caracterizado por un marcada
lógica comercial y altos niveles de concentración en la propiedad.
Junto al fenómeno de la concentración, tiene lugar el actual proceso de convergencia
que alienta la desaparición de las barreras previas entre los mercados de las
telecomunicaciones, de conectividad y servicios audiovisuales, lo que complejiza
aún más el escenario. Este hecho representa una amenaza para los actores locales
periféricos, entre otros motivos, porque implica la continua inversión de grandes
sumas de capital. En efecto:
La convergencia, como cualquier proceso de introducción de innovaciones, define centros y
periferias. En el sector info-comunicacional los procesos convergentes –sean estos regulatorios,
tecnológicos, de actores o de servicios– en general tienen lugar sobre la base de asimetrías
preexistentes, lo cual implica –de no mediar intervenciones estatales– sólo la supervivencia de
algunos agentes económicos, en un mercado que naturalmente tiende a la concentración y la
exclusión. (Monje, et al., 2017: 200)
El sistema predatorio que se consolida a nivel global adquiere características
nacionales específicas, produce actores periféricos diversos y procesos de
adaptación novedosos. En el caso argentino, identificamos el sector de la ESS
cuyos volúmenes de capital pese a ser acotados –y de ningún modo competitivos
con relación a los grandes players– le permiten colocarse como un actor colectivo
que disputa un espacio en la economía info-comunicacional.
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3.1 Acerca de la Economía Social y Solidaria (ESS)
Para una definición acerca de los alcances contemporáneos de la ESS, tomamos
como referencia los trabajos de Coraggio, Laville y Cattani (2013). La ESS es un
concepto compuesto que puede desagregarse a los fines analíticos abordando
cada uno de los términos que lo componen. Por una parte, la Economía Social y,
por otra, la Economía Solidaria, cada una con historia y características de origen
propias.
Con relación a la Economía Social, el concepto se refiere a “las actividades
económicas de una sociedad de personas que buscan la democracia económica
asociada a la utilidad social (…) a esta definición se le puede agregar el concepto
de solidaridad y, concretamente, la hibridación de recursos mercantiles, no
mercantiles y no monetarios” (Defourny, 2013:163).
Existen dos maneras de describir a principios del siglo XXI la Economía Social,
aunque una conceptualización adecuada debería conjugar la combinación entre
ambas. Así, puede definirse con relación a la forma jurídica o institucional que
adopta (cooperativas, mutuales, organizaciones asociativas y fundaciones) o
subrayando los rasgos comunes de las empresas y organizaciones que agrupa
(objetivos de la actividad y formas de organización). Con relación a la finalidad,
se considera primordial la prestación de un servicio, siendo el lucro una cuestión
secundaria. Adicionalmente encontramos entre sus atributos autonomía de
gestión, control democrático por los miembros y el hecho de que las personas
y el objeto social se sobreponen al capital en la distribución de los excedentes.
La idea de Economía Social no excluye la búsqueda de ganancias aun cuando su
asignación y modo de gestión no son capitalistas.
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En la actualidad la Alianza Cooperativa Internacional reúne más de 750 millones
de cooperados distribuidos en los cinco continentes, articulados en torno a las
más diversas actividades: agrícolas, sociales, de ahorro, crédito, consumo, seguros,
distribución, viviendas, de trabajadores, etc. En los países industrializados, se
estima que la actividad económica generada por este conjunto de actores aporta
entre el 5% y el 15% del trabajo asalariado, al tiempo que el trabajo voluntario
que movilizan alcanza hasta un cuarto de los ciudadanos. En los países del sur
estos porcentajes son inferiores, sin embargo, el sector logra agrupar además
a sindicatos, uniones de productores, campesinos, artesanos o pescadores,
entre otros. Por su parte, en Europa se considera además desde la Conferencia
Permanente de Cooperativas, Mutuales, Asociaciones y Fundaciones que las
fundaciones son el cuarto componente de la Economía Social.
Es importante señalar además que las actividades productivas desarrolladas
por la Economía Social no se corresponden ni con las que desarrolla el sector
privado con fin de lucro ni con las que tienen lugar en el sector público, enfocadas
principalmente hacia el interés general. En este contexto y desde fines del siglo
XX, se atribuye una creciente importancia a las empresas y organizaciones que
reúnen modos de creación y de gestión privados, colectivos (de tipo asociativo)
con finalidades no centradas en las ganancias (Defourny, 2013: 165-168).
Por otra parte, la Economía Solidaria constituye un emergente conceptual de la
década de los noventa, que buscará oponer un contraste y una programática al
individualismo de mercado. Se vincula a iniciativas de autogestión de ciudadanos,
productores y consumidores de diversas actividades económicas organizadas
según principios de cooperación, autonomía y gestión democrática. Constituyen
ejemplos de ello: colectivos de generación de ingresos, comedores populares,
cooperativas de comercialización y producción, empresas de trabajadores, redes
y nodos de trueque, sistemas de comercio justo, etc. Desde esta perspectiva se
extiende la solidaridad a sectores sociales expuestos a mayores necesidades.
La Economía Solidaria buscará por tanto estimular la participación ciudadana
en temas de interés común y contribuir a sedimentar las bases de un modelo
democrático dialógico. En Latinoamérica se registran en esta línea experiencias
de economía popular (Laville & Gaiger, 2013: 169-178).
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Ambas categorías analíticas se reúnen bajo un mismo paraguas cuando
nombramos a la ESS, en virtud de que el tipo de recorte que incluimos en esta
definición agrupará componentes y cualidades procedentes de ambas categorías.
Particularmente, con relación al sector audiovisual en Argentina, encontramos
que el sector privado no lucrativo reúne de un modo virtuoso tanto entre sus
integrantes como en sus objetivos, modos de producción y formas de trabajo,
elementos procedentes tanto de la economía social como de la economía
solidaria.
La categoría de ESS que aplicamos al estudio del audiovisual en Argentina sirve a
los fines analíticos para nombrar experiencias distintas, que, como denominador
común, actúan desde la periferia del mercado, a partir de estrategias diferenciadas
y sobre la base de un capital simbólico construido con relación a una identidad y
arraigo en sus comunidades locales o regionales de referencia y sobre la base de
actividades proyectadas en un horizonte de desarrollo social.
3.2 Acerca de la convergencia periférica
Aunque no existe una definición unívoca de convergencia, en general el término
se refiere a la posibilidad de que los mismos servicios, contenidos y aplicaciones
sean provistos sobre diferentes redes; puedan ser transportados por una misma
red o accedidos desde una misma terminal. Más ampliamente, “es un proceso en
curso que incorpora dimensiones políticas, sociales, económicas y tecnológicas
(…), lo cual impacta en la permanente movilidad de intereses de actores que
no son necesariamente conciliables” (Becerra, 2016b). Al respecto, Bizberge se
refiere al “discurso de la convergencia, como un mecanismo para desalojar al
interés público como preocupación central de las políticas. Esto es evidente “en el
desplazamiento de valores asociados al bienestar social hacia criterios económicos
y tecnológicos que, como consecuencia, generan una tendencia a la cuantificación
y supuesta despolitización del proceso de elaboración e implementación de
políticas públicas” (2017: 32).
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La convergencia no puede leerse de un modo homogéneo en su devenir
sociocultural y económico. En este sentido no existe una convergencia sino
varias, que a su vez coexisten con formas preexistentes de divergencia. Tal como
lo expresa Scolari:
Las convergencias generan nuevas figuras profesionales y modelos de negocios, producen
rupturas tecnológicas, crean nuevos hábitos de consumo e imponen otras formas de
relacionarse e, incluso, de hacer política. La mirada teórica debería prestar una mayor atención
a los movimientos centrífugos de divergencia; es decir, a los efectos colaterales e inesperados
que nacen en la periferia del ecosistema mediático, como consecuencia de los procesos de
convergencia. (2009: 55)
Como cualquier proceso de introducción de innovaciones, la convergencia
define centros y periferias. Samir Amin habla ya a principios de la centuria de
un complejo movimiento global/regional de inserción subordinada del que
participarán los actores periféricos, que denomina recompradorization y que
implica adecuaciones diversas tales como el desmantelamiento de las conquistas
políticas del nacionalismo populista y el estímulo a políticas libremercadistas en
torno a las cuales se han desarrollado los llamados cinco monopolios, entre ellos,
el monopolio de las nuevas tecnologías y el de los medios de comunicación (Amin,
2001). En el sector info-comunicacional los procesos convergentes –sean estos
regulatorios, tecnológicos, de actores o de servicios– tienen lugar sobre la base de
asimetrías preexistentes lo cual implica –de no mediar intervenciones estatales–
sólo la supervivencia de algunos agentes económicos en un mercado que tiende a la
concentración y la exclusión. El sistema predatorio que se consolida a nivel global
adquiere sin embargo características nacionales específicas (Bustamante, 2003;
Raboy, 2002) y produce actores periféricos diversos. La lógica de introducción de
innovaciones en este sector, a diferencia de otros momentos de la historia donde
se registran recambios tecnológicos significativos (radio, televisión, cable) no se
salda o estabiliza con el simple acceso a una determinada tecnología, en tanto la
mutación es persistente.
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En el caso argentino, la convergencia periférica puede vincularse en el sector de
las nuevas tecnologías y el audiovisual con los actores de la ESS cuyos volúmenes
de capital son acotados y de ningún modo competitivos con relación a los
grandes players, aunque como contrapartida poseen identidad y arraigo en sus
comunidades locales o regionales de referencia e inscriben sus actividades en un
horizonte de desarrollo social.
Los medios que se organizan en torno a la ESS pueden a su vez ser colocados bajo el
paraguas de los denominados medios sin fines de lucro en ocasiones denominado
tercer sector. De acuerdo con la caracterización de Segura y Waisbord (2016), la
etiqueta medios del tercer sector se refiere a un heterogéneo grupo de estaciones
de radio, cooperativas de TV y vídeo y publicaciones conectadas con una miríada de
movimientos sociales y organizaciones de trabajadores, campesinos, agricultores,
mineros, pueblos indígenas, grupos de derechos humanos, sindicatos, las
asociaciones vecinales y pobres urbanos aglutinados entre sí por su vocación de
priorizar la voz y participación ciudadana. Ellos serán concebidos en este sentido,
como canales para la expresión pública del ciudadano común y para la afirmación
de las demandas sociales. En efecto, los modos de producción y circulación que
tendrán lugar en el marco de la denominada economía colaborativa representan
una alternativa valiosa a considerar.
Por esta razón resulta decisiva la dirección que tome la intervención estatal, en
el sentido de habilitar el ingreso y fomentar la participación de nuevos oferentes
y una mayor competencia, o facilitar el afianzamiento de los actores establecidos
y permitir una mayor concentración de mercado. En Argentina, durante décadas
el Estado adoptó roles contradictorios, particularmente hacia las organizaciones
del sector cooperativo y comunitario. Tal como analizamos en trabajos anteriores,
4. Amin se refiere a los cinco monopolios que caracterizan a la mundialización de este modo: 1) el monopolio de las nuevas
tecnologías, 2) el del control de los flujos financieros a escala mundial, 3) el control del acceso a los recursos naturales del
planeta, 4) el control de los medios de comunicación y 5) el monopolio de las armas de destrucción masiva.
5. Traducción propia. En el original: “The label “third sector” media refers to a heterogeneous group of radio stations, film/video
cooperatives, and publications connected to myriad social movements and organizations of workers, peasants and farmers,
miners, indigenous people, human rights groups, unions, local churches, neighborhoods associations and the urban poor (…)
What this media have in common is allegiance to the idea that they should prioritize citizens´ voices and participation. They are
conceived as channels for the public expression of ordinary citizens and the affirmation of social demands” (Segura & Waisbord,
2016:24-5).
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el Estado, en determinados momentos se constituye como un actor que “habilita
y otorga posibilidades, y en otros, (…) como un rival o un juez que no garantiza
equidad”, lo que describe una relación ambivalente que oscila entre el fomento y
la persecución (Monje, et al., 2017: 229).
4. Aspectos metodológicos
Este artículo reúne los primeros resultados del trabajo “Fortalecimiento del sector
audiovisual cooperativo frente a la convergencia, un proyecto de investigación
en desarrollo que se compone de otras actividades de capacitación para el sector
audiovisual no lucrativo.
Realizamos una primera sistematización del diagnóstico de situación del sector
audiovisual cooperativo y comunitario en la Argentina, para ofrecer un mapa
que dé cuenta de sus recursos, dificultades, estrategias, realidades diversas y
perspectivas de desarrollo. La tarea de diagnóstico consistió en la realización de
30 entrevistas semiestructuradas en profundidad a directores, coordinadores o
responsables de las emisoras.
Integran el corpus de análisis 24 canales cooperativos y seis canales comunitarios.
El listado completo y la provincia y localidad argentina donde opera cada uno, se
detalla a continuación:
6. Se trata de un proyecto de investigación financiado por la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de
Educación de la Nación.
7. Las entrevistas fueron realizadas por las siguientes integrantes de nuestro equipo de investigación: Lic. Alina
Fernández, Lic. Florencia Guzmán, Mgter. Verónica Villalba.
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Canales cooperativos: Buenos Aires: Telviso (Delviso); Telpin (Pinamar) y Celta TV
(Tres Arroyos). Córdoba: Teleco Zonal (Ucacha); TV Cooperativa (Villa Huidobro);
Canal 2 TVCOOP (Justiniano Posse); Canal 2 Coviteve (Villa del Rosario); TV Canal
3 (Arroyito); Canal Local (Río Tercero); Canal 2 Cable de las sierras; Canal 50
(Morteros); Canal 20 (Villa María); Canal 4 (La Para); STV Canal 2 (Las Varillas).
Formosa: TV Cooperativa (Clorinda). Jujuy: Video Visión Canal 6 (La Quiaca). La
Pampa: CPEtv (Santa Rosa); TVCO (General Pico). Misiones: Canal 3 (Puerto Rico);
Canal 4 (Eldorado). Santa Fe: Canal 4 (Bigand); Canal 12 (Venado Tuerto); Canal
12 (Centeno) y Canal 2 (Fuentes).
Canales comunitarios: Barricada TV y Urbana TV (Ciudad de Buenos Aires); Pares
TV (Luján, Buenos Aires); Comarcasi (San Isidro, Buenos Aires), Proa Centro Canal
9 Cura Brochero (Córdoba) y Gira Mundo TV (Mendoza).
La muestra de casos se elaboró considerando numerosas variables, entre ellas
el tamaño del mercado local de referencia y el volumen de producción propia
de contenidos. Asimismo, se consideró un criterio de distribución geográfica: la
mayor parte de las televisoras cooperativas entrevistadas están ubicadas en las
provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe donde, por razones históricas, el
cooperativismo tiene mayor desarrollo. En el caso de los canales comunitarios,
se incluyen seis de los más representativos, nucleados en la Coordinadora
Nacional de Televisoras Alternativas (CONTA). Las entrevistas fueron realizadas
telefónicamente entre noviembre de 2017 y febrero de 2018.
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La herramienta de recolección utilizada comprende las siguientes dimensiones:
origen y caracterización general de las señales; origen de los contenidos;
características generales de los anunciantes; estructura de costos y empleo;
financiamiento y nivel de facturación; iniciativas frente a la convergencia. A su
vez, el trabajo utiliza otras fuentes como investigaciones previas, regulación de
distinta jerarquía con impacto en el sector audiovisual cooperativo y comunitario
y fuentes secundarias, entre ellas, entrevistas y otros materiales publicados en la
prensa.
5. La televisión cooperativa y comunitaria en Argentina. Resultados
preliminares
Presentamos a continuación el análisis de cuatro de las seis variables definidas
para el estudio dado que la investigación no se encuentra finalizada. Escogimos
variables significativas que nos permitieran avanzar hacia una primera
caracterización del sector audiovisual cooperativo y comunitario frente a la
convergencia, e identificar problemáticas y líneas de acción específicas.
a) Origen y caracterización de las señales: las entrevistas realizadas nos permiten
caracterizar al menos tres tipos de situaciones en el origen de las señales: 1. En
primer lugar aquellas que se originaron durante la década de los ochenta, que
inicialmente fueron señales de aire impulsadas por las cooperativas de obras y
servicios públicos de una localidad específica y que se vinculan estrictamente a
una demanda de la comunidad de referencia respecto de la posibilidad de tener
medios de comunicación en los que su realidad cotidiana pudiese ser construida
y difundida. Más tarde, en la década de los noventa la mayor parte de estas
señales migran al cable. Este tipo de medios se crean apelando a la figura de la
sociedad comercial (sociedades anónimas o de responsabilidad limitada) que era
la única que admitía la Ley 22.285 entonces vigente. Por entonces “Nos obligan
a travestirnos para poder funcionar”, dice el referente de un canal cooperativo al
aire desde 1987. Las formas de esta inscripción se realizaban en general a nombre
de uno de los socios o consejeros de la cooperativa. Desde sus inicios y hasta el
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presente, la vocación que ha orientado a este tipo de señales se vincula de un modo
cercano al servicio público. Las comunidades en las que se asientan tienen una
penetración del servicio cercana al 100%, en muchos casos tienen una prestación
monopólica del servicio y sus contenidos no están orientados a la competitividad
con otros canales ni a la disputa por pauta publicitaria, sino a brindar un servicio
social y fortalecer el vínculo comunitario. En efecto, y como veremos en el ítem
b), su principal vía de sustentabilidad es el abono de los socios al servicio de
televisión de pago, y más ampliamente, el patrimonio de la cooperativa, de modo
que el canal local se considerará un beneficio más para el socio antes que un gasto:
“Fue un cambio brusco. Poder incorporar televisión local a una localidad tan
pequeña generó impacto en la gente”, indicó un entrevistado. 2. En segundo lugar,
encontramos las señales locales que fueron creadas a principios del siglo XXI y
que se vinculan claramente al primer grupo en relación a sus objetivos sociales y
modos de financiamiento. Éstas tienen la particularidad de surgir en un contexto
político diferente en el que tuvieron lugar nuevas disputas por derechos. No son las
pioneras del movimiento pero llegan en un momento donde el sector cooperativo
avanza en disputas públicas por sus derechos junto a otros actores sociales. 3.
En tercer lugar se encuentran aquellas señales locales de cable analógico y/o
digital alumbradas en el marco de la Ley 26.522/09, siendo las primeras en su
tipo dado que se crean de pleno derecho para el sector no lucrativo como señales
cooperativas o comunitarias según los casos. Estas señales nacen en un contexto
de convergencia aun cuando la ley no lo define de ese modo inicialmente y, por lo
tanto, su proyección hacia la digitalización y los nuevos formatos es una plataforma
ineludible.
Más allá de ello, el contexto actual encuentra a todas estas señales analógicas o
digitales, de aire o de cable, pioneras o noveles frente a controversias similares
vinculadas a su sustentabilidad y sus alternativas frente a la convergencia.
b) Financiamiento y facturación: vistas como unidades de negocio independientes
y desde un punto de vista económico, las señales estudiadas son deficitarias y
cubren entre el 90% y 100% de sus costos operativos y extraordinarios –como
el recambio de equipamiento–, a partir de la estructura comercial del servicio de
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televisión de pago de la cooperativa a la que están vinculadas: “El canal lo termina
solventando la estructura comercial del cable”, sintetiza un entrevistado. Por su
parte, los canales comunitarios mostraban mayor interés por la profesionalización
de la venta de publicidad, el acceso a pauta pública y privada nacional y el logro de
la autosustentabilidad. Las señales de elaboración propia de las cooperativas eran
percibidas como un “valor agregado” al servicio de televisión de pago, o como
apuntó un entrevistado, “el mascarón de proa” de toda la institución. En definitiva,
un espacio de visibilidad en el que la cooperativa construye cercanía y sentido de
pertenencia al reflejar la vida pública de su comunidad de referencia, al tiempo
que publicita allí sus demás prestaciones que en algunos casos abarcan desde los
servicios públicos básicos y telecomunicaciones hasta servicio de sepelio, banco
de sangre o venta de electrodomésticos.
En el común de los casos, la publicidad es una fuente de ingresos marginal. En
los canales relevados para este estudio, el 80% de la publicidad proviene de
empresas privadas de la misma localidad o región. En estos casos se trata de
pequeños comercios o emprendimientos locales junto a empresas de mayor
porte vinculadas a alguna actividad económica de relevancia para la zona. “En el
interior te toman la publicidad como un gasto, no como una inversión, dice un
entrevistado, y otro agrega: “a la publicidad la usamos más como separadores
que como una fuente de ingresos económicos”. El restante 20% de los ingresos
publicitarios proviene del sector público local –municipios– y en menor medida
provincial. También ocupaba un lugar importante la publicidad de otros actores
locales como clubes, escuelas y de la ESS como mutuales. En el caso de las
instituciones era habitual el intercambio de publicidad por cobertura y difusión
de sus principales actividades: “tenemos la atención de cubrirles la mayoría
de sus eventos”, ilustró un entrevistado. Por tratarse de plazas poco atractivas
desde un punto de vista electoral y de mercado, no se observa presencia de pauta
nacional pública ni privada. Por su parte, el canje de productos o servicios por
publicidad era una fuente alternativa para financiar gastos operativos menores
como la indumentaria de los presentadores, utilería, alimentos y premios para
repartir entre la audiencia. Algunas señales directamente habían optado por no
comercializar publicidad, otras tercerizaban esta tarea en productoras y un tercer
grupo, el más numeroso, estaba en vías de conformar equipos de trabajo o un
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departamento comercial dedicado a la venta de espacios publicitarios de forma
más profesional. De acuerdo al relevamiento, los fondos públicos concursables
disponibles a nivel nacional eran una opción de financiamiento en algunos casos
–especialmente en aquellos de señales comunitarias–, pero se marcaba como
barrera la complejidad para aplicar, debido a su alta burocratización: “yo no tengo
tiempo”, sentenció un entrevistado. Otro agregó: “debería tener gente trabajando
pura y exclusivamente para ver qué se puede conseguir”. Una referente de un canal
comunitario beneficiario de distintas líneas de fondos concursables apuntó que,
aunque el fomento estatal les permitió profesionalizar la pantalla, “La gestión
actual pone en un lugar secundario la financiación de los medios populares”. Las
rondas de negocios o la venta internacional de contenidos o formatos no era una
vía de financiamiento en ningún caso. Un común denominador era la dificultad
para estimar niveles aproximados de facturación.
c) Programación y origen de los contenidos: como común denominador se observa
una dificultad para armar y sostener una propuesta artística comunicacional de
forma regular: “El planteo nuestro hasta ahora ha sido irregular. No hemos podido
conformar una grilla determinada, precisó un entrevistado. Lejos del 60% de
programación propia que demanda la ley, la mayoría de las emisoras apenas
alcanza el 30%, contando las repeticiones diarias de los mismos contenidos. Los
fines de semana la presencia de contenidos locales cae todavía más. Es frecuente
que muchas horas de aire se cubran con retransmisiones de alguna radio local o con
placas estáticas acompañadas de música, sobre las que rota texto con información
de utilidad. La fortaleza de estos canales reside en la emisión en directo o diferido
de un noticiario de producción propia, con una o dos ediciones diarias, dedicado
casi exclusivamente a noticias locales. En la mayoría de los casos el noticiario es
el contenido más antiguo, se lo considera el más importante de la grilla –y a veces
único de factura propia– y concentra más del 80% de la publicidad. “Si escucha
la sirena [de bomberos o policía] la gente sabe que en el 2 va a saber qué pasó”,
resume un entrevistado. Como común denominador se observa la presencia de
ciclos deportivos generales y otros especializados en disciplinas populares en la
región: “la gente está esperando verse reflejada en su actividad deportiva, afirma
un entrevistado.
8. En todos los casos los términos “grilla” o “grillas de programación” son sinónimos de “parrilla”.
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De forma más esporádica, entre los contenidos de elaboración propia suelen
sumarse algunas series documentales sobre personajes e historias de interés local
o regional y la cobertura de eventos, fiestas religiosas y festivales musicales. Las
señales locales están presentes en eventos relevantes que hacen a la vida pública
de la localidad como fiestas de egresados o sesiones del Concejo Deliberante , y
muchas se organizan en función de las posibilidades de cobertura del canal local:
“La gente espera que llegue la televisión para iniciar algo”, afirma un entrevistado.
Otro coincide y agrega: “Algún evento no inicia hasta que el canal llega (...) la gente
quiere verse”. Muchas de las señales dan cuenta también de noticias regionales: “No
podemos no incluir lo que acontece al lado”, precisó un entrevistado. Otro elemento
relevante son los acuerdos –muchas veces informales– para el intercambio de
contenido informativo entre canales de la misma región, que se realizan en base a
la reciprocidad, sin costo para las partes: “Nadie paga por programación”, asegura
un entrevistado. La realización de acuerdos y alianzas entre miembros del sector
cooperativo o comunitario aparece como una necesidad en muchos casos: “El
sector tiene que juntarse porque es la única forma de crecer”, afirman. Por lo
demás, entre el 50% y 70% de la grilla se nutre de contenidos obtenidos a través
de acuerdos con distintos bancos de contenidos, entre ellos: el Banco Audiovisual
de Contenidos Universales Argentinos (BACUA) donde se alojan cientos de horas
de contenido producido con fomento público; la mediateca de COLSECOR, y
en menor medida, universidades nacionales y otros organismos del Estado. El
cuestionamiento a los contenidos provenientes de los bancos, especialmente el
de fomento público, radica en la corta duración de las piezas –en muchos casos
series documentales o de ficción de entre 8 y 13 capítulos– que son percibidas
como “cápsulas” que no satisfacen las necesidades de emisión en continuo y alta
rotación de la TV lineal. Los casos en que se observa mayor producción local y
diversidad de géneros y formatos, más allá de lo informativo, suelen acudir a la
figura de la co-producción, tercerización e incluso el loteo y venta de espacios en
la grilla a productores de la zona.
9. Se denomina Concejo Deliberante al poder legislativo de los municipios de la Argentina.
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d) Estructura de costos y empleo: en la totalidad de los casos relevados, el
mayor costo fijo lo representa el ítem salarios. A pesar de sostener estructuras
pequeñas que oscilan entre los 3 y los 30 empleados, según los casos, el impacto
en el presupuesto de la señal local de este concepto es superior al 50%. Luego se
colocan los ítems equipamiento o infraestructura. Los costos fijos definidos por las
señales para su funcionamiento dependen de si se consideran las co-producciones
y las tercerizaciones de producción, ya que en este punto los números aportados
no son definitivos sino aproximados. En general, observamos que los costos de
sostenimiento cotidiano de la señal en el caso de las cooperativas no se computan
como un gasto importante por cuanto se encuentran subsidiados en el marco de
los costos generales de funcionamiento de la cooperativa. La situación difiere
ostensiblemente en las televisiones comunitarias, donde la cuenta servicios es
decisiva a la hora de garantizar la sustentabilidad y continuidad del canal. De
acuerdo con las cifras aportadas en las entrevistas, un canal puede tener costos
fijos mensuales que van desde los USD 3.000 a los USD 20.000. Esto a su vez
debe ser puesto en relación con las horas de producción propia, ya que lejos de
la exigencia del 60% que la ley fijó para las señales locales, se constata que en la
mayoría de los casos las señales están activas 24 horas, de las cuales entre 1 y 3
son producción propia.
6. Discusión y conclusiones
La situación de los canales de televisión estudiados debe leerse en el cruce de
dos procesos más amplios: el actual proceso de concentración de los actores
más consolidados del sistema de medios y telecomunicaciones, por un lado, y la
convergencia de servicios y otros procesos vinculados como la digitalización que
demanda la permanente inversión de grandes sumas de capital, por el otro. No
obstante, la situación marginal y asimétrica en la que se encuentran no impide
a estas señales convertirse en actores significativos en sus mercados locales de
referencia.
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En algunas ciudades el canal cooperativo o comunitario era la primera y única
señal local, por lo que venía a llenar un vacío y brindar un servicio donde no
lo había. En otros casos, preexistía una señal de elaboración propia de alguna
empresa privada de televisión de pago, por lo que se debió disputar parte del
mercado. En las entrevistas realizadas se advierten definiciones recurrentes para
explicar la apropiación que realizan las audiencias de este tipo de emisoras. Una
de las claves reside en la cercanía, énfasis en contenidos locales e inmediatez.
Otro elemento diferencial es la alta factura técnica de los canales, muchos de ellos
ya digitalizados y transmitiendo en alta definición. El contraste entre la oferta
local privada existente y la alta calidad técnica de algunos canales cooperativos
o comunitarios “revolucionó” la percepción de la gente que comenzó a sintonizar
estas señales, comenta uno de los entrevistados.
No obstante, podemos marcar que la pelea por la supervivencia pone a estos
actores ante la necesidad de encarar procesos de reconversión e incorporación
tecnológica que no siempre responden a una lógica racional y planificada: “estamos
en un rubro donde no nos podemos quedar”; “nos hemos ido acomodando a las
nuevas tecnologías”, son definiciones habituales en las entrevistas. En algunos
casos se trata de intentos por evitar la obsolescencia, pero sin definiciones claras
sobre para qué se incorpora una determinada tecnología.
Por el lado del involucramiento por parte de las audiencias, el posible identificar
distintos niveles. Como se ha dicho, la transmisión televisiva de acontecimientos
locales de interés público se vuelve un hecho central y es habitual que algunas
actividades comiencen solo una vez que el canal está presente. Por otro lado,
se observan distintas formas de participación, desde sorteos y concursos que
permiten la interacción con la audiencia a partir de alguna consigna puntual; el
ejercicio del periodismo ciudadano mediante el envío de noticias al canal a través
de redes sociales y la propuesta de contenidos, hasta formas de involucramiento
más profundas como la capacitación y participación directa de miembros de la
comunidad local en actividades operativas o de gestión de la emisora. Esto último
es más frecuente en el caso de los medios comunitarios. Aunque estos canales
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no cuentan con mediciones que permitan conocer con precisión sus niveles de
audiencia, manejan una “percepción” del alcance a partir de los llamados que
reciben y la participación. Para los cooperativos este tema, no obstante, constituye
una preocupación: “tenemos una responsabilidad grande porque si la gente no
nos ve, por ahí no elige el servicio de TV por cable” de la cooperativa, analiza un
entrevistado.
El desafío para el sector audiovisual de la ESS en Argentina consiste en hacerse un
lugar en el marco de un ecosistema que tenderá a colocarlo persistentemente en una
situación periférica. Desde el sector de las televisoras cooperativas y comunitarias
el trabajo se orienta en el presente a definir los modos de inserción en las cadenas
de valor de producción de contenidos en comunicaciones convergentes. En el caso
particular de las señales que pertenecen a cooperativas, la apuesta de mediano
plazo es ganar escala, por ejemplo, mediante proyectos de interconexión de fibra
óptica a nivel regional que les permita el intercambio fluido de contenidos con
sus pares de otras localidades; la transmisión de eventos en vivo y la subida de
los contenidos de la señal a internet en modalidad de streaming y a demanda.
En el caso de los medios comunitarios, el desafío tiene que ver con el acceso a
licencias de televisión digital en un contexto político adverso ya que, en la gestión
del espectro, el gobierno privilegia a los servicios de telecomunicaciones sobre los
audiovisuales. Las políticas como la televisión digital, que hasta 2015 habilitaron
la introducción de algunos nuevos actores, aunque sin alterar en absoluto el statu
quo televisivo heredado, son ahora sometidas a mayor escrutinio económico,
poniendo en entredicho los proyectos del sector no lucrativo que, en esta etapa
de su desarrollo, requiere el apoyo político y económico del Estado. A su vez,
también en el caso de los canales comunitarios, se advierte que la sustentabilidad
económica y el acceso a la publicidad continúan siendo algunos de los grandes
tópicos que condicionan su posición. En esa línea, uno de los aspectos clave sobre
los cuales el sector no lucrativo se propone trabajar es también “la cuestión de la
escala”, que es la única opción a partir de la cual puede disputar parte de la torta
publicitaria (Segura & Weckesser, 2016:87). Por tanto el abordaje de estrategias
que se ajusten a los nuevos modelos publicitarios de la convergencia representa
un desafío para las cooperativas y medios comunitarios. No obstante, esto
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ocurre cuando la financiación de los medios tradicionales mediante la publicidad
se debilita y las plataformas virtuales globales aspiran parte de esos recursos.
Empresas como Facebook y Google han arrebatado no solo una parte creciente
de la atención de las audiencias, sino también del mercado publicitario que,
tendencialmente, se inclina a favor de estos actores. El despliegue de modelos
de negocio que contemplen estas nuevas lógicas publicitarias, que suponen
además otras modalidades de llegada y de elaboración de target de las audiencias,
configura un escenario de nuevas posibilidades y desafíos en el cual los actores de
la economía social aún pelean por estar a la altura de las circunstancias.
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Anexo I
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Decreto 1148/09
Ley 22285/80
Ley 26053/05
Resolución AFSCA 1102/15
Decreto 267/16
Decreto 1340/16
Biografías
Doctora en Comunicación por la Universidad Nacional de La Plata y
Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea por el Centro
de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba
(CEA-UNC). Es docente e investigadora de las Universidades
Nacional de Córdoba y Nacional de Villa María. Directora de la
Maestría en Comunicación y Cultura Contemporánea del CEA UNC.
Se especializa en Políticas de Comunicación y Cultura. Dirige el
proyecto de investigación “Fortalecimiento del sector audiovisual
cooperativo frente a la convergencia digital”, de la Secretaría de
Políticas Universitarias.
Daniela Inés Monje
danielamonje70@gmail.com
Docente e Investigadora. Centro de Estudios Avanzados de la
Universidad Nacional de Córdoba (CEA-UNC) y Universidad
Nacional de Villa María (UNVM)
Córdoba, Argentina.
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional
de Córdoba (UNC); Magíster en Industrias Culturales de la
Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Becario del Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Doctorando de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad
de Buenos Aires (FSOC UBA). Miembro del Observatorio
Iberoamericano de la ficción Televisiva (OBITEL) y codirector del
proyecto de investigación “Fortalecimiento del sector audiovisual
cooperativo frente a la convergencia digital”, de la Secretaría de
Políticas Universitarias.
Ezequiel Alexander Rivero
squielrivero@gmail.com
Becario CONICET. Centro de Estudios Avanzados de la Universidad
Nacional de Córdoba (CEA-UNC). Doctorando Facultad de Cs.
Sociales (UBA)
... Para ello, comenzaremos por revisar y analizar el ecosistema mediático actual en relación a la pluralidad de medios y en relación al ejercicio del derecho a la comunicación. Allí caracterizaremos los medios audiovisuales comunitarios en relación a dos dimensiones: a partir de lo dispuesto en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual Nro., 26.522 (en adelante Ley SCA) como parte del sector que colabora con el ejercicio del derecho a la comunicación ciudadana, aunque desde una posición desigual y asimétrica en el ecosistema mediático actual (Monje y Rivero, 2018); y en relación a sus prácticas que, si bien son heterogéneas, constituyen características comunes en la historia de estos medios, particularmente en el de la televisión alternativa. ...
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El presente trabajo analiza las prácticas de producción, consumo y circulación de las producciones audiovisuales alternativas de la televisión argentina a través de la experiencia de Giramundo TV de la provincia de Mendoza, Argentina. Este análisis parte de comprender el fenómeno en el ecosistema de medios actual, caracterizado por el uso de las nuevas tecnologías, la evolución mediática y la multiplicación de las pantallas. Estas transformaciones, sin embargo, no garantizaron el ejercicio del derecho a la comunicación ciudadana, por lo que es preciso estudiar las estrategias de supervivencia de los medios audiovisuales comunitarios para la democratización de la esfera pública.
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The Global Information Society (GIS) has in recent years been high on the political agenda of Western countries. These countries have been concerned with the development of Information Infrastructures in order to achieve the Information Society. In the West there has been a broad consensus about the framework in which the development of the GIS needs to take place. On both national and international levels a framework has to be established which supports competition, encourages private investment, supports flexible regulatory framework and allows for open access to networks. Recently this dominant scenario has been transposed as the appropriate scenario for the development of Information Infrastructures in the developing world. This article sets out to give an overview of GIS policy in a developmental context. It elaborates on recent policy initiatives in the area. At the international level it critically analyses changes in the communications industries and in the global economy. At the national level it critically analyses the assumptions of the dominant scenario and its proposed strategy for achieveing the GIS.
Pinamar) y Celta TV (Tres Arroyos). Córdoba: Teleco Zonal (Ucacha); TV Cooperativa
  • Telpin
Telpin (Pinamar) y Celta TV (Tres Arroyos). Córdoba: Teleco Zonal (Ucacha); TV Cooperativa (Villa Huidobro);
Comunicación y procesos culturales en la era digital
  • Mutaciones De Lo Visible
Mutaciones de lo visible. Comunicación y procesos culturales en la era digital (pp. 81-112). Buenos Aires: Paidós.