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Parentalidad y autoestima de los hijos: una revisión sobre la importancia del fortalecimiento familiar para el desarrollo infantil positivo - Parenting and self-esteem of children: a review of the importance of family strengthening for positive child ...

Authors:

Abstract

La autoestima positiva promueve la salud y protege de la disfuncionalidad, emergiendo como un importante factor de resiliencia. Su desarrollo, desde edades tempranas, favorece una adaptación funcional al medio y previene el disconfort emocional a largo plazo. Dado que la literatura afirma que la familia es una pieza clave para la génesis de la autoestima infantil, el presente trabajo reseñará algunas condiciones familiares que pueden afectar la valoración personal de los hijos, remarcando la necesidad de diseñar abordajes psicosociales para propiciar ambientes familiares salugénicos, optimizando las competencias parentales y fortaleciendo el vínculo afectivo parento-filial.
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IV
PARENTALIDAD Y AUTOESTIMA DE LOS
HIJOS: UNA REVISIÓN SOBRE LA
IMPORTANCIA DEL FORTALECIMIENTO
FAMILIAR PARA EL DESARROLLO
INFANTIL POSITIVO
Parentality and children’s self-esteem: A revision over the importance
of family strengthening for the positive development of children
Jael Alejandra Vargas Rubilar
Licenciada en Psicología. Becaria Doctoral CIIPME- CONICET Centro de
Investigación en Psicología y Ciencias Afines de la Universidad Adventista
del Plata, funcionando como Grupo Vinculado (Resolución por parte del
CONICET 0018/10) al Centro Interdisciplinario de Investigaciones en
Psicología Matemática y Experimental. Libertador San Martín, Entre Ríos,
Argentina
Laura Beatriz Oros
Licenciada en Psicología, Universidad Adventista del Plata. Doctora en
Psicología, Universidad Nacional de San Luis. (Doctorado acreditado
por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria CO-
NEAU). Centro de Investigación en Psicología y Ciencias Afines de la Uni-
versidad Adventista del Plata, funcionando como Grupo Vinculado (Reso-
lución por parte del CONICET 0018/10) al Centro Interdisciplinario de
Investigaciones en Psicología Matemática y Experimental. Libertador San
Martín, Entre Ríos, Argentina.
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Jael Vargas y Laura Oros
AÑO I
NÚMERO 1
p. 143 - 156
Resumen
La autoestima positiva promueve la salud y protege de la disfuncionalidad, emer-
giendo como un importante factor de resiliencia. Su desarrollo, desde edades
tempranas, favorece una adaptación funcional al medio y previene el disconfort
emocional a largo plazo. Dado que la literatura afirma que la familia es una pieza
clave para la génesis de la autoestima infantil, el presente trabajo reseñará algu-
nas condiciones familiares que pueden afectar la valoración personal de los hijos,
remarcando la necesidad de diseñar abordajes psicosociales para propiciar am-
bientes familiares salugénicos, optimizando las competencias parentales y fortale-
ciendo el vínculo afectivo parento-filial.
Palabras clave: autoestima infantil; familia; intervención psicosocial, padres.
Abstract
Positive self-esteem promotes health and protects against dysfunctionality, emer-
ging as an important factor of resilience. Its development in early stages favors a
functional adaptation to the environment and prevents emotional discomfort in
the long term. Since literature states that a family is a key factor for the creation
of children’s self esteem, this research will review some family conditions that
can affect the personal assessment of the children, highlighting the necessity of
creating psychosocial approaches for the creation of healthy family environments,
optimizing the parental competences and strengthening the affective bond bet-
ween parents and children.
Key words: children’s self-esteem; family; psychosocial intervention
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Introducción
Los avances realizados por la Psicología positiva en los últimos años,
han permitido identificar las fortalezas personales que hacen posible resistir a
la adversidad y desarrollarse a pesar de vivir en condiciones de vida adversas,
un fenómeno también conocido como resiliencia. La autovaloración o autoes-
tima positiva ha sido considerada por investigadores clásicos como una de
las características centrales de las personas resilientes (Kobasa, 1985; Rutter,
1985, Walsh, 2004). Asimismo, importantes estudios la han mencionado en-
tre los indicadores claves de salud mental, calidad de vida, bienestar, e incluso
como ingrediente indispensable para la felicidad humana (Falcone Castillo et
al., 2009; Fiorentino, 2008; Frías, Mestre y Del Barrio, 1990; Greco, Morelato e
Ison, 2006; Oros y Richaud de Minzi, en prensa; Rutter, 1985; Seligman, 1998)
Dichos aportes han posibilitado analizar los recursos psicológicos no
sólo desde un punto de vista teórico, sino además afianzar intervenciones que
se focalicen en la promoción y fortalecimiento de factores protectores, como
la autoestima, ante las problemáticas individuales y familiares.
Aunque en ocasiones se ha utilizado el término autoestima como
intercambiable con el de autoconcepto, ambos constructos son claramente
diferenciables, al menos desde el punto de vista teórico. El autoconcepto pue-
de ser definido como la imagen o percepción descriptiva que uno tiene
mismo; como un juicio reflexivo acerca de las propias capacidades, valores,
preferencias o apariencias (González-Pienda, Pérez, Glez.-Pumariega y García
García, 1997; Heathertorn y Wyland, 2003), y es considerado, por lo tanto,
como un proceso predominantemente cognitivo (Garaigordobil y Durá, 2006).
Por el contrario, la autoestima es la valoración, de fuerte connotación afec-
tiva, que la persona atribuye a la descripción de sus características (Ramírez
Peradotto, Duarte Vargas y Muñoz Valdivia, 2005; Gázquez, Pérez, Ruiz, Miras
y Vicente, 2006). En este sentido, se puede decir que la autoestima compren-
de el componente valorativo y afectivo del autoconcepto (Cardenal y Fierro,
2004; Garaigordobil y Durá, 2006; Garaigordobil, Pérez y Mozaz, 2008); es una
respuesta emocional que se experimenta al contemplar y evaluar diferentes
aspectos de uno mismo (Heathertorn y Wyland, 2003). Existen otras perspec-
tivas y enfoques de la autoestima (Mruk, 2006); ésta no es la única aproxima-
ción posible, pero es la que adoptaremos en el presente trabajo.
La autoestima puede considerarse un constructo tanto glo-
bal como multidimensional. Desde el punto de vista global, se refiere a una
cualidad generalizada que permea todos los aspectos vitales del individuo;
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Jael Vargas y Laura Oros
mientras que desde una aproximación multidimensional, la autoestima se
refiere a aspectos específicos del mismo, pudiendo desagregarse en au-
toestima de rendimiento, autoestima social y autoestima física (Heathertorn y
Wyland, 2003), en sentimientos de capacidad personal y sentimientos de valía
personal (Gázquez, Pérez, Ruiz, Miras y Vicente, 2006) o en otra variedad de
dimensiones, dependiendo del enfoque teórico que se adopte y del contexto
cultural en el cual se desarrollen los conceptos, medidas y modelos.
De acuerdo a Hewitt (2005), la autoestima es una emoción construi-
da socialmente y, por lo tanto, muy influenciable por el contexto cultural. Des-
de la perspectiva de este autor, la autoestima, por ser una emoción, puede
manejarse y autorregularse según las circunstancias sociales que tomen lugar,
tal como se haría con otras emociones como la alegría, el enojo o el miedo.
Teniendo en cuenta estas aportaciones, no resulta extraño que algu-
nos investigadores hayan vinculado la autoestima con las emociones positivas.
El sentimiento de orgullo por las propias capacidades y logros y el sentimiento
de valía personal y satisfacción por uno mismo son elementos íntimamente
ligados a la autoestima positiva (Fredrickson, 2004; Oros y Richaud de Minzi,
en prensa). El estudio de las emociones positivas, así como de otros factores
favorecedores de una buena salud mental, viene cobrando gran atención en
los últimos años gracias a los avances que ha realizado la Psicologia Positiva en
materia de investigación empírica. A continuación se puntualizarán algunos
beneficios que reportan la autoestima positiva y los sentimientos de orgullo y
satisfacción personal.
Ganancias de una autoestima positiva
La autoestima ha sido relacionada con una gran cantidad de varia-
bles psicológicas y, aunque no todos los resultados son concluyentes en el
mismo sentido, la gran mayoría de los estudios sugieren que la autoestima
positiva se relaciona con una mejor salud mental y un mayor bienestar. Estu-
dios realizados con niños y adolescentes han encontrado relaciones significa-
tivas entre la autoestima positiva y la cooperación, las habilidades sociales, la
felicidad, la tolerancia al estrés, la flexibilidad, la adaptación a los cambios, la
integración social, la capacidad de trabajar en equipo, la constancia (Garaigor-
dobil y Durá, 2006), la planificación de respuestas (Gázquez, Pérez, Ruiz, Miras
y Vicente, 2006), la percepción y el buen manejo del estrés (Verduzco Álva-
rez-Icaza, 2006) y la satisfacción con la vida (Martínez-Antón, Buelga y Cava,
2007), entre otros constructos. Específicamente con relación al sentimiento
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de orgullo personal, se ha sugerido que puede actuar como un poderoso mo-
tivador de los comportamientos prosociales y morales (Hart y Matsuba, 2007)
y fomentar la perseverancia en tareas socialmente valoradas (Williams & DeS-
teno, 2008), la atracción social y el ejercicio de roles dominantes en un grupo
de trabajo (Williams & DeSteno, 2009).
Por el contrario, la autoestima global débil, o alguna de sus dimen-
siones, se ha visto asociada a síntomas de depresión (Bragado, Hernández
LLoreda, Sánchez-Bernardos y Urbano, 2008; Abela y Skitch, 2007; Orth,
Robins y Roberts, 2008), tristeza (Ciarrochi, Heaven y Davies, 2007), impul-
sividad, celos, desajuste emocional (Garaigordobil y Durá, 2006), diversos
síntomas psicopatológicos (Garaigordobil, Pérez y Mozas, 2008), problemas
escolares (Navarro, Tomás y Oliver, 2006), conductas de riesgo (Musitu, Ji-
ménez y Murgui, 2007) y, al igual que la autoestima exagerada, a conductas
agresivas y violentas (Cava, Musitu y Murgui, 2006; Diamantopoulou, Rydell
y Henricsson, 2008).
Estos resultados parecen indicar que la autoestima funcionaría como
un recurso promotor de la salud y protector de la disfuncionalidad, emergien-
do como un posible factor de resiliencia. Al respecto, Kobasa (1985) la men-
ciona entre las características inherentes a las personalidades resistentes, y
Grotberg (2006) la posiciona como un elemento importante dentro del factor
resiliente “fuerza interior” o “yo soy”. Melillo, Estamatti y Cuestas (2008) otor-
gan tal relevancia a la autoestima consistente que la consideran base de los
demás pilares que sustentan la resiliencia en niños y adolescentes.
No obstante, debe tenerse en cuenta que la autoestima no es un
artilugio mágico que permite por solo el mejoramiento de las capacidades
de los individuos y el aumento de la probabilidad de una adaptación exitosa al
medio. Es necesario reconocer que a menudo, si no siempre, su intervención
positiva se ve potenciada por otros factores protectores con los que interac-
túa, de tal manera que la dinámica entre factores es, en ocasiones, más im-
portante que la actuación de factores aislados (Grotberg, 1995).
Las bases de la autoestima
Las creencias que una persona llega a tener del contexto que la ro-
dea involucran aspectos tanto cognitivos como afectivos, lo que lleva a pensar
que la génesis y desarrollo del autoconcepto y la autoestima son procesos
complementarios y continuos a lo largo del ciclo evolutivo de una persona.
Ambas construcciones paralelas implicarán factores perceptivos y atribucio-
Jael Vargas y Laura Oros
160
nales en los que se dificulta diferenciar lo intrínseco del sujeto y la influencia
pura de su ambiente más próximo (González Arratia y Gil Lacruz, 2006).
Si bien existen muchos enfoques teóricos que explican la estructura-
ción y desarrollo del autoconcepto y de la autoestima, se conocen dos teorías
psicológicas que destacan la importancia de la calidad de la parentalidad en
la formación del concepto de mismo y su valoración: (a) el interaccionis-
mo simbólico o teoría del espejo (Berger y Luckman, 1986) y (b) la teoría del
aprendizaje social (Bandura, 1982).
Según la teoría del interaccionismo simbólico, las autovaloraciones
se construyen a partir de la retroalimentación ofrecida por figuras significa-
tivas, por lo que son resultado de las percepciones del entorno próximo. La
persona se ve reflejada en la imagen que le ofrecen otros, como si éstos fue-
ran un espejo. Desde esta perspectiva, el niño llega a ser como los otros sig-
nificativos piensan que es. En los primeros años de vida, la información de sí
mismo se recibe casi exclusivamente de los padres. No obstante, con los años
se incorporan otras figuras significativas como lo son profesores, compañeros
de escuela y amigos.
Por otra parte, la teoría del aprendizaje social de Bandura (1982)
sugiere que el niño forma su autoconcepto a partir de un proceso de imitación
en el que incorpora actitudes y comportamientos de las personas significati-
vas, especialmente de los padres.
En climas familiares sanos, los niños son sujetos activos, por lo que
sus propias actitudes y experiencias también tienen un peso significativo en la
conformación de su autoconcepto y autovaloración. Harter (1983) señala que
la autoestima y el autoconcepto de los niños proviene de dos fuentes primor-
diales: (a) el apoyo que perciben de las demás personas y (b) cuán competen-
tes se sienten los niños en diferentes ámbitos. No obstante, la autora sugiere
que la contribución principal es el respeto de las personas más significativas
en sus vidas, es decir, sus padres y familiares, seguidos de docentes y amigos.
Numerosas investigaciones empíricas llevadas a cabo con niños y
adolescentes confirman que la familia es una pieza clave para la génesis de la
autoestima. De todas las condiciones familiares que pueden afectar la valora-
ción personal de los hijos, los aspectos afectivos y relacionales parecen ocu-
par un lugar más privilegiado que las características formales de las familias,
tales como cantidad de hermanos, la constitución familiar, el orden de naci-
miento, etc. (Navarro, et. al 2006; Portillo Estrada y Torres Velazquez, 2007).
Cuanto más positivamente se percibe la relación familiar más eleva-
da tiende a ser la autoestima de los hijos (Peixoto, 2004). Espinoza y Balcazar
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(2002), en una investigación realizada con niños maltratados y niños de fami-
lias caracterizadas por buenos tratos, encontraron que los niños de familias
con buen ambiente mostraban una autoestima más elevada que los menores
maltratados. En contraste, las vivencias negativas en el hogar contribuyen a
una autodefinición y autovaloración inadecuada del niño, tal como se señala
en otros estudios (Natera, Mora, Nava, Tiburcio, 1994), ya que es frecuen-
te que quienes han vivido en un ambiente hostil desarrollen una autoestima
deficiente (González Arratia y Gil Lacruz, 2006; Cava, et. al, 2006, Ramírez
Castillo, 2007).
Dentro de las características afectivas y relacionales de los padres
que más contribuyen a desarrollar y fortalecer la autoestima positiva de los
hijos se encuentran la aceptación y el apoyo incondicional. Los estudios de
Coopersmith (1967, 1968), por ejemplo, mostraron que los niños/adolescen-
tes con alto aprecio a mimos eran hijos de madres con elevada autoestima,
que aceptaban y brindaban apoyo a sus hijos. Más recientemente, Martínez-
Ferrer, Murghi Pérez, Musitu Ochoa y Monreal Gimeno (2008), encontraron
que el apoyo parental (comprendido por conductas de soporte emocional e
informacional, respeto por la autonomía y aceptación del hijo como perso-
na) correlacionaba positivamente con la autoestima escolar y familiar, tanto
de niños como de adolescentes. En contraposición, un estudio realizado en
universitarios mostró una alta relación entre la percepción de desaprobación
parental y la autoestima negativa en los hijos Los hijos que se sienten recha-
zados por sus padres (especialmente por la madre) ven afectada su autovalo-
ración (Sansinenea y Sansinenea, 2004).
Relacionado con la aceptación, la comunicación familiar adecua-
da también favorece el desarrollo de la autoestima en los hijos (Cava, et. al,
2006). En particular, el contenido emocional de las conversaciones que se de-
sarrollan entre padres e hijos, con especial énfasis en las evaluaciones y emo-
ciones positivas, es un elemento que parece estar asociado significativamente
a la autovaloración de los niños (Reese, Bird y Tripp, 2007).
La aceptación parental es ampliamente reconocida como una de las
dimensiones básicas que constituyen los diferentes estilos de crianza. Diver-
sos investigadores han señalado que existe una estrecha relación entre los
estilos educativos y diferentes áreas del desarrollo humano asociados con el
nivel de autoestima (Coopersmith, 1967; Cassidy, 1990; Alonso García, 2002;
Barudy y Dantagnan, 2005). Las características del estilo parental incluyen
dos aspectos básicos y relacionados: (a) la demostración y comunicación del
afecto en la relación (aceptación- rechazo, calor frialdad, afecto-hostilidad,
Jael Vargas y Laura Oros
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proximidad-distanciamiento) y (b) las acciones puestas en juego para contro-
lar y disciplinar el comportamiento infantil (control y disciplina). A partir de las
mencionadas dimensiones básicas, la propuesta inicial de Baumrind (1971) y
los aportes posteriores de Macoby y Martin (1983) han dado lugar a una de
las tipologías parentales más conocidas: democrático, autoritario, permisivo
y negligente. Estudios posteriores, como el aportado por Palacios y Rodrigo
(1999), dan cuenta de que los hijos de padres democráticos (equilibrados en
control y aceptación-afectividad) se destacan por su competencia social, por
su elevada autoestima, por su capacidad de autocontrol, por su mayor auto-
nomía y baja impulsividad. Los hijos de padres permisivos (bajos en control y
altos en aceptación-afectividad) son alegres, vitales, creativos y con autoes-
tima elevada, sin embargo, muestran dificultades para el control de sus im-
pulsos, la constancia en la finalización de las tareas y son más sensibles a las
presiones por parte del grupo de pares.
Resultados similares han sido informados por Alonso García y Ro-
mán Sánchez (2005), quienes encontraron una relación significativa entre los
estilos parentales y la autoestima de niños pequeños (3, 4 y 5 años de edad).
Los autores arribaron a la conclusión de que un estilo de disciplina equilibrado
en control y aceptación favorece la autoestima, mientras que un estilo auto-
ritario (alto en control y bajo en aceptación) la debilita. En este estudio, los
resultados con respecto al estilo permisivo no arrojaron datos unánimes con
relación a ambos progenitores, ya que mientras la permisividad del padre pa-
recía aumentar la autoestima de los niños, la de la madre tendía a debilitarla.
Investigaciones más recientes han llegado conclusiones semejantes
al concluir que los estilos de crianza autoritativos o equilibrados favorecen
valores de autoestima más elevados que los estilos autoritarios, negligentes,
indulgentes y permisivos; y que en general, de éstos cuatro últimos, el estilo
permisivo, es el que sigue en orden de importancia predictiva, también en
sentido positivo (Martínez y García, 2007; Milevsky, Schlechter, Netter y Kee-
hn, 2007).
Resumiendo lo expuesto hasta aquí, se puede afirmar que “lo que
los padres sienten, piensan y hacen por sus hijos y la forma en que lo comu-
nican impacta en la manera en que los hijos se conciben a mismos” (Ba-
rudy y Dantangnan, 2005, p.87). Los progenitores reflejan cómo se sienten
en presencia de un hijo y esto es internalizado por el niño, actualizándose y
reforzándose en cada nueva experiencia. Dichos mensajes están íntimamente
relacionados con lo que el niño sentirá por mismo. La parentalidad adecua-
da se caracteriza, entonces, por facilitar el desarrollo de una identidad sana
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y una autoestima elevada. Por el contrario, los padres que no poseen dichas
capacidades, envían mensajes negativos a sus hijos, lo que explica un auto-
concepto negativo y una baja autoestima.
Las investigaciones analizadas han destacado la influencia de las fi-
guras significativas en la conformación de la autoestima infantil, especialmen-
te los padres o cuidadores de los niños, de lo que se desprende la importancia
de estudiar los primeros entornos sociales como predictores de la configura-
ción del autoconcepto y del nivel de autovaloración (Cassidy, 1990; Cichetti,
Rosch, Toth, & Spagnola, 1997; Alonso García, 2002; Alonso García & Román
Sánchez, 2005).
El apoyo psicosocial en beneficio de los recursos familiares: Progra-
mas para padres
Tal como ha sido expuesto en los estudios citados anteriormente, la
familia se constituye como el primer contexto de formación de la autoestima
y de particular influencia en las primeras etapas del desarrollo humano, por lo
que requiere especial deferencia.
Para muchos autores existe un cierto consenso respecto de las fun-
ciones de la familia en lo que a la crianza de los hijos concierne: (a) satisfacer
sus necesidades físicas y materiales, es decir, asegurar su supervivencia y un
crecimiento sano; (b) suplir sus necesidades emocionales y sociales creando
el clima de afecto y apoyo emocional necesario para un desarrollo psicológico
saludable; (c) contribuir a la satisfacción de necesidades cognitivas, aportán-
doles la estimulación que haga de ellos seres con capacidad para adaptarse de
modo competente a su entorno físico y social; y (d) tomar decisiones respecto
a la apertura hacia otros contextos educativos que van a compartir con la
familia la tarea de educación y socialización del niño o la niña, destacándose
entre éstos, el ámbito escolar (Barudy & Dantagnan, 2005; Bringiotti, 2005;
Palacios & Rodrigo, 1998).
En este sentido, algunas investigaciones afirman que una de las fun-
ciones psicológicas más importantes que atañe a la familia es la formación
del autoconcepto y de la autoestima como parte de la identidad de los hijos
(Musitu y Allatt, 1994; Alonso García & Roman Sánchez, 2005).
Muchos estudios psicosociales han apuntado el debilitamiento de
estas funciones familiares en la sociedad actual (Bringiotti, 2005; Bolivar,
2006; Walsh, 2004). Aunque cada familia es única y diferente en sus formas,
capacidades y posibilidades para llevar a cabo estos objetivos, es importan-
te destacar que “hay un límite que se coloca en el momento y situación en
Jael Vargas y Laura Oros
164
que se vea alterado el bienestar y crecimiento de los hijos” (Bringiotti, 2005,
p.82), es decir, cuando los derechos de los niños se encuentran vulnerados
y sus necesidades insatisfechas, poniendo en riesgo su adecuado desarrollo
integral (físico, emocional, cognitivo y social). Lamentablemente, el quiebre
de los límites que aseguran un propicio desarrollo infantil es una realidad que
ha tenido un vertiginoso aumento en los diversos escenarios familiares y so-
ciales, generando situaciones que ponen en riesgo a muchos niños y niñas
(negligencia, abandono físico y afectivo parental, maltrato físico y psicológico,
abuso sexual infantil intrafamiliar, entre otras).
A la compleja realidad social actual, debemos sumarle las reflexio-
nes de algunos autores que señalan que: “la familia es la única institución
educativa en la que sus miembros adultos no reciben preparación específica,
que mejore y optimice su competencia educativa” (Maiquéz, Rodrigo, Capote
y Vermaes, 2000, p.9). En vista de esta necesidad de fortalecimiento familiar,
surgen los programas de “educación para padres” o “escuelas para padres”
desde un innovador enfoque terapéutico y psicoeducativo que consiste en ca-
pacitar a madres, padres y/o otros cuidadores en principios, técnicas y estra-
tegias que les permitan mejorar sus prácticas parentales (Rey, 2006). Dichos
programas se fundan en la premisa de algunos autores (Máiquez, Rodrigo,
Capote y Vermaes, 2000; Rey, 2006; Sanders y Morawska, 2010) que aseguran
que los padres necesitan formarse para hacer frente a los desafíos sociales
que requiere la función de crianza en la actualidad. Muchas de estas interven-
ciones están basadas en una perspectiva ecosistémica, con el fin de generar
condiciones de apoyo social adecuadas para que los padres logren afianzar
sus propios recursos y ejercer una apropiada parentalidad social (Barudy y
Dantagnan, 2005; Gracia, 1997; Vargas Rubilar y Oros, inédito). En las realida-
des sociales presentes, el entrenamiento parental es clave, ya que constituye
una acción formativa de sensibilización, de orientación o de clarificación de
los valores, prioridades, actitudes y prácticas de los padres en la educación de
sus hijos (Rey, 2006; Sanders y Morawska, 2010).
La mayoría de estas valiosas iniciativas de intervención familiar, com-
parten como objetivo principal prevenir y abordar una variedad de problemas
socio-familiares que se encuentran asociados a la falta de apoyo y educación
de los padres como principales responsables de las familias y del desarrollo
emocional y social de sus hijos (Pérez Campos, 2005). Por este motivo, los pro-
gramas para padres se presentan como una alternativa de abordaje idónea
para la promoción de la autoestima infantil, y de tantos otros recursos psi-
cológicos necesarios para un adecuado ajuste psicosocial de niños y jóvenes.
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Consideraciones finales
En el presente trabajo se ha destacado el irremplazable rol que cum-
ple el contexto familiar en el desarrollo de la autoestima infantil, por lo que
dicho ámbito requiere especial cuidado desde los distintos ámbitos de inter-
vención preventiva y asistencial.
Si bien la mayor parte de la literatura sobre resiliencia individual
y familiar señala la importancia vital de la función de los padres: modelar
y guiar a los niños en una dirección positiva, facilitando el desarrollo de
una identidad sana y una autoestima elevada; desdichadamente, esto no
siempre es llevado a la práctica, por lo que es impostergable generar ac-
ciones específicas para fortalecer las competencias familiares. Es aldon-
de deberían centrarse muchos de los esfuerzos de la intervención psicoló-
gica y social, tanto en el ámbito clínico como en el comunitario. Por otra
parte, los enfoques actuales han prestado atención además al importante
papel que pueden desempeñar otros recursos sociales: la familia extensa,
la escuela, los centros de salud, los centros de actividades extraescolares,
entre otros, en favor de los grupos familiares (Gómez, Muñoz y Haz, 2007,
Walsh, 2004).
La autoestima positiva es un constructo importante a promover a
nivel familiar, no sólo porque incluye aspectos personales o individuales, sino
por la influencia que ejerce a nivel social en los individuos: “Las personas se
evalúan a mismas a partir de los éxitos y fracasos cotidianos, en compara-
ciones sociales con los demás y en comparaciones con sus propios paráme-
tros internos” (Sanchez Santa- Bárbara, 1999, p. 252). Tal vez esta sea una de
las razones por la que la autovaloración ha sido considerada clave en muchos
modelos de terapia familiar que han mostrado ser efectivos y reconocidos en
el área de la Psicología clínica y comunitaria (Grotberg, 2006; Neil y Neil, 2001;
Satir, 1991; Walsh, 2004).
La adopción de un enfoque positivo de base en pro de la autoestima
por parte de los interventores de programas para padres, puede hacer una
notable diferencia en las familias atendidas. Aunque las familias son sistemas
dinámicos, deben generar cambios que aseguren el crecimiento y bienestar
de sus miembros. La perseverancia, la esperanza, el aliento y el optimismo,
son elementos esenciales a la hora de fortalecer recursos y de promover cam-
bios estructurales, sobretodo si esto significa desaprender algunas prácticas
parentales heredadas de las familias de origen y arraigadas por generaciones
(Walsh, 2004).
Jael Vargas y Laura Oros
166
Como reflexión final podemos apuntar que, como sociedad, transi-
tamos en épocas de grandes cambios sociales y por ende, los profesionales
hemos sido convocados a nutrir y reforzar a las familias con nuevas estrate-
gias desde las distintas áreas del quehacer educativo y de la salud (mental y
física). Es tiempo de reconectarnos con este desafío, como una realidad que
nos pertenece, una realidad de la todos somos responsables.
Jael Ale jandra Vargas Rubilar
Universidad Adventista del Plata
e-mail: cipca9@uapar.edu
Laura Beatriz Oros
Universidad Adventista del Plata
e-mail: fachuin2@uapar.edu
Recibido: 10 de Noviembre de 2011
Aceptado: 25 de Noviembre de 2011
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Chapter
Full-text available
Parenting has been defined as the knowledge, attitudes, competences, beliefs and behaviors that parents assume in relation to their children’s socialization. Research on this issue has largely increased during the last decades, highly focusing on the study of attachment and parenting styles and their impact on the psychological development of infants, children and adolescents. Within this framework, this work aims to analyze the main parenting approaches and features that have been studied in psychology. Likewise, some studies carried out with the Argentine population are included, in which we can confirm the important influence that parenting exerts on children’s emotional, social and cognitive development. Finally, based on the studies reviewed, future lines of research in this area are suggested.
Article
Full-text available
É normalmente aceite que a construção das auto-representações (i.e., autoconceito ou auto-estima) é mediada socialmente. As relações estabelecidas com outros significativos (nomeadamente com a família) são particularmente importantes para a construção de autoconceitos e auto-estima positivos. A qualidade das relações estabelecidas no seio da família surge, também, frequentemente associada ao rendimento académico. O objectivo deste estudo foi explorar as relações entre a qualidade das relações familiares, autoconceito, autoestima e rendimento académico. Os participantes foram 265 alunos dos 7.º, 9.º e 11.º anos de escolaridade. Os dados foram recolhidos através da aplicação de uma escala de autoconceito e auto-estima e de uma escala para avaliar a percepção da qualidade das relações familiares. Os resultados evidenciam efeitos principais do rendimento académico e da qualidade das relações familiares nas auto-representações. O rendimento académico introduz diferenças nas dimensões académicas do autoconceito, mas não na auto-estima. A percepção da qualidade do relacionamento familiar produz efeitos nalgumas dimensões relacionadas com a escola (Comportamento e Competência a Português), em dimensões interpessoais (Aceitação Social e Atracção Romântica) e na Aparência Física. Os resultados mostram igualmente que a associação entre auto-estima e a qualidade das relações familiares sofre algumas modificações durante a adolescência.
Article
Studied personality as a conditioner of the effects of stressful life events on illness onset. Two groups of middle- and upper-level 40-49 yr old executives had comparably high degrees of stressful life events in the previous 3 yrs, as measured by the Schedule of Recent Events. One group of 86 Ss suffered high stress without falling ill, whereas the other group of 75 Ss reported becoming sick after their encounter with stressful life events. Illness was measured by the Seriousness of Illness Survey (A. R. Wyler et al 1970). Discriminant function analysis, run on half of the Ss in each group and cross-validated on the remaining cases, supported the prediction that high stress/low illness executives show, by comparison with high stress/high illness executives, more hardiness, that is, have a stronger commitment to self, an attitude of vigorousness toward the environment, a sense of meaningfulness, and an internal locus of control. (43 ref) (PsycINFO Database Record (c) 2006 APA, all rights reserved).
Chapter
This chapter examines the feeling of being grateful. It suggests feeling grateful is similar to other positive emotions that help build a person's enduring personal resources and broaden an individual's thinking. It describes various ways by which gratitude can transform individuals, organizations, and communities in positive and sustaining ways. It discusses the specific benefits of gratitude including personal and social development, community strength and individual health and well-being.
Article
Self-esteem is examined here as an object of cultural discourse and as a socially constructed emotion grounded in mood. Scientific and popular conceptions of self-esteem share an emphasis on the person's acceptance by self and others, the evaluation of performance, social comparison, and the efficacy of individual action as the important roots of self-esteem. The present analysis deconstructs these elements, treating them not as psychological universals but rather as deeply rooted in the competing themes of American culture. The discourse of self-esteem translates these themes into personal terms, enabling the person's understanding of where he or she stands in relation to such contradictory emphases as individuality versus community, striving for success versus selfacceptance, or the quest for happiness as a future state versus contentment with one's present lot. The socially constructed, discursive nature of self-esteem does not preclude an examination of its underlying psychological reality, which is here conceived as mood. Self-esteem provides a way of experiencing and interpreting mood, which functions to encourage and inhibit conduct in various situations depending upon the individual's ongoing experiences. Mood is a universal response to positive and negative experiences; self-esteem is a particular construction of mood fitted to a culture and its dominant and competing themes. The analysis considers how selfesteem binds the person to particular cultural emphases and examines the limitations of the contemporary selfesteem movement.