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Abstract

Pese a que aun en los peores años de las dictaduras centroamericanas la actividad electoral raravez fue completamente suspendida,[1] el estudio de los comicios y de las leyes e instituciones queregulaban su realización no ha sido prioritario para los investigadores locales y extranjeros. Estoúltimo se explica, en buena medida, porque el trabajo académico realizado a partir de la década de1980 se ha concentrado en el análisis de la historia social y agraria del istmo.[2] Sin embargo, taldesinterés está presente incluso en autores como Jeffrey Paige, Robert G. Williams y DeborahYashar, preocupados por explorar los vínculos entre grupos sociales, Estados y democracia.
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El estudio cuyos resultados se presentan en este artículo abordó, desde la perspectiva de la historia social, varias cuestiones relacionadas con la interacción entre fuerzas sociales en la disputa electoral por cuotas de poder político, desde la restauración del gobierno civil tras la caída del breve régimen dictatorial de los Tinoco hasta la elección de León Cortés en 1936, en el preámbulo a los años tumultuosos de la década de 1940 en Costa Rica. Inicialmente se había centrado en los años veinte y se enfocaba en surgimiento y desvanecimiento del Partido Reformista de Jorge Volio, pero se amplió para realizar un análisis comparado de las características y el desempeño de varias agrupaciones políticas a lo largo de esas dos décadas. Las hipótesis iniciales sobre correlaciones entre el discurso del Partido Reformista y sus bases de apoyo fueron descartadas, y se exploró la interacción -a la vez conflictiva y asociativa- entre fuerzas sociales de base agraria, en el marco de la relación entre un conjunto de fenómenos sociopolíticos y procesos de la sociedad en su conjunto, con atención especial a la dinámica social-agraria del período. Se plantean algunas cuestiones conceptuales en torno a la historia social y el análisis histórico-político, y varias interrogantes metodológicas al respecto. En sucesivos apartados se aborda someramente la cuestión del poder político y la hegemonía social en Costa Rica, desde mediados del siglo XIX; los procedimientos y prácticas electorales en el país para entonces; los procesos eleccionarios en la Costa Rica durante el período estudiado, así como las alianzas y conflictos entre agrupaciones políticas, la continuidad o renovación del personal político en general y de la representación legislativa en particular, los rasgos organizativos de las principales organizaciones político-electorales, en el contexto de las conflictivas relaciones sociales de esas dos décadas. Al respecto se ofrecen algunas conclusiones y se explora su relación con los procesos sociales y políticos de los años cuarenta.
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Elecciones y democracia en Costa Rica, 1885-1913* Ivá n Molina Jimé nez La definició n de los sistemas políticos latinoamericanos de finales del siglo XIX como 'democracias oligá rquicas' se basa en el supuesto de que la partici-pació n electoral estaba muy restringida, y que el derecho de sufragar se limita-ba a los varones propietarios, educados, 'blancos' y 'europeizados'. Laurence Whitehead, en un breve ensayo sobre la ciudadanía en Amé rica Latina, afirma que antes de 1930 solo el Mé xico revolucionario podría ser excluido del cuadro precedente. Y Jonathan Hartlyn y Arturo Valenzuela, en un artículo que ad-vierte contra la tendencia a considerar los factores institucionales como simples epifenó menos, aseguran que, a inicios del siglo XX, solo Argentina y Uru-guay calificaban como democracias con sufragio universal masculino. 1 Estudios recientes, sin embargo, revelan que los procesos electorales efec-tuados en distintos países latinoamericanos fueron má s participativos y com-plejos de lo que originalmente se ha creído. Por ejemplo, en el Brasil imperial de la dé cada de 1870, cerca del 50 por ciento de los varones adultos libres estaban registrados para sufragar, independientemente de su etnia o nivel de alfabetizació n. 2 Las reformas de 1847-1849 ampliaron decisivamente el nú me-ro de votantes de extracció n popular en Perú ; 3 y en el padró n electoral de Buenos Aires de 1878, los trabajadores – incluidos artesanos y jornaleros – representaban el 58 por ciento de los inscritos para votar. 4 Pese a su larga tradició n de comicios perió dicos, Costa Rica no se ha excep-tuado de lo que Antonio Annino llamó la 'leyenda negra' de la historia electoral latinoamericana. 5 Orlando Salazar, en un libro que sintetiza las investiga-ciones sobre la política costarricense del período 1870-1914, afirma que la Constitució n de 1871 'creó un ré gimen limitado de ciudadanía, pues en la reali-dad había dos tipos de ciudadanos: los propietarios, que podían elegir y ocupar cargos populares, y los desposeídos, que en la realidad ni podían elegir ni ser elegidos'. La base de esta diferenciació n era 'el voto censitario y calificado, el cual era un obstá culo para la participació n de todos los ciudadanos en las elec-ciones'. 6 El propó sito de este artículo es revisar el enfoque anterior con base en un aná lisis de tres temas que no fueron considerados por Salazar: el tamañ o del padró n, la asistencia a las urnas en las votaciones presidenciales de primer grado verificadas entre 1893 y 1913, y la composició n social y el comportamien-to político de los electores de segundo grado. Al examinar estos tó picos, de-mostraremos que etnia y clase no se convirtieron en fuentes de exclusió n elec-*Este artículo forma parte de un proyecto má s amplio sobre el fraude y la reforma electoral en Costa Rica, realizado junto con Fabrice Lehoucq (cuyos comentarios agradezco), y financiado por el National Endowment for Humanities (Collaborative Projects Grant RO-22864-95).
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This article seeks to identify the conditions that prompt executives and legislators to reform electoral laws, especially those with far-ranging and redistributive consequences. It pursues this objective by evaluating the ability of alternative models of political behaviour and institutional reform to account for the promulgation of the 1946 Electoral Code in Costa Rica, one of the oldest and most stable democracies in Latin America and in the world, more generally. The 1946 Electoral Code, among other reasons, merits study because its enactment threatened to loosen the governing party's grip on the presidency in the 1948 elections and promised to eradicate — if not reduce — its majority in Congress in the 1946 midterm as well as 1948 elections.A central conclusion of this article is that, contrary to some recent critiques of strategic models of institutional change, the inability of legislative seat maximization or career protection models to explain the promulgation of the 1946 Electoral Code does not mean that rational choice theories cannot account for the reform of electoral laws. By developing a third model that focuses upon the interest incumbents have in promoting political stability, this article shows that the creation of institutions that promise to punish key sectors of the ruling bloc is prompted, in part, by the threat of a civil war that at least some incumbents fear losing. The establishment of institutions with such redistributive repercussions also stems from the willingness of some within the ruling bloc to fashion a new alliance with those in the opposition who also share an interest in political stability.
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Thesis (Ph. D.)--Duke University, 1992. Vita. Includes bibliographical references (leaves [356]-371). Photocopy.
Sobre las elecciones anteriores a la dictadura, véase: Dodd, Thomas, Managing Democracy in Central America: A Case Study: United States Election Supervision in Nicaragua
  • El Mejor Ejemplo, En Este Sentido
  • La Nicaragua De Somoza
  • Véase
  • Knut Walter
El mejor ejemplo, en este sentido, es la Nicaragua de Somoza. Véase: Walter, Knut, The Regime of Anastasio Somoza 1936-1956 (Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 1993), pp. 60-63, 155-158 y 178-179. Sobre las elecciones anteriores a la dictadura, véase: Dodd, Thomas, Managing Democracy in Central America: A Case Study: United States Election Supervision in Nicaragua, 1927-1933 (Coral Gables, North-South Center, 1992). En cuanto al importante desarrollo de las prácticas electorales en El Salvador de la década de 1920, véase: Alvarenga, Patricia, Cultura y ética de la violencia: El Salvador, 1880-1932 (San José, EDUCA, 1996), pp. 233-245.