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Mujeres en la Ciencia: Marie-Anne Pierrette Paulze Lavoisier

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MUJERES EN LA CIENCIA: MARIE-ANNE PIERRETTE PAULZE LA VOISIER - Dr. Miguel Katz
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MUJERES EN LA CIENCIA: MARIE-ANNE
PIERRETTE PAULzE LAvOISIER
Dr. Miguel Katz
Profesor Titular de Mecánica Cuántica
Instituto Superior del Profesorado “Dr. Joaquín V. González”
Email: muon_k@yahoo.com.ar
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Introducción
Dicen que “detrás de un gran hombre siempre hay
una gran mujer”. Nunca este dicho fue tan adecuado
como para Antoine Laurent Lavoisier (1743 1794).
Con méritos suficientes para ser considerado el “padre
de la Química Moderna”, a lo largo de un cuarto de
siglo refutó la llamada “teoría del flogisto”, estable-
ció una teoría acerca de la combustión y la respiración
puntualizando la necesidad de la existencia de oxíge-
no para que esos procesos ocurran, dio una definición
operacional de “elemento” clasificando 33 sustancias
elementales, desarrolló una teoría acerca de la natu-
raleza de los ácidos, del “calórico” y otras contribu-
ciones científicas que ocupan más de 60 volúmenes
en la Biblioteca Nacional de Francia. Todo esta obra
la realizó sin descuidar su trabajo como recaudador
de impuestos para el Reino, Director del Arsenal de la
Pólvora, Tesorero de la Academie des Sciences ni sus
actividades privadas como desarrollos de cultivos en
sus campos, que sólo le permitían hacer investigación
científica dos horas a la mañana y otras dos a la tar-
de, y no todos los días. La gigantesca tarea científica
de Lavoisier no habría sido posible sin la colaboración
de su esposa, Marie-Anne quien no sólo lo acompa-
ñaba durante sus experimentos sino que se hacía car-
go del laboratorio cuando él no estaba, armando los
aparatos, perfeccionando las técnicas, registrando e
ilustrando gráficamente los resultados, oficiando tan-
to de traductora como de intérprete, ayudando a re-
dactar las memorias, etc. Es por ello, que, hoy en día,
muchos investigadores en historia de la Ciencia la con-
sideran la “madre de la Química Moderna”.
Una breve biografía
Marie-Anne Pierrette Paulze, nació en Montbrison,
un distrito en el valle del Loire, Francia, el 20 de enero
de 1758. Era hija de Jacques Paulze de Chasteignolles
(1723 – 1794) y Claudine Catherine Thoynet de Rozières
(1735 – 1761), la que era sobrina del Abate Terray, quien
luego sería Controlador General de Finanzas del Reino.
Jacques Paulze era abogado, parlamentario y trabaja-
ba en la Fermé Générale, una compañía contratada
por la monarquía francesa para cobrar impuestos,
odiada por la mayor parte de la población debido a
la presión fiscal que ejercía y, particularmente, porque
cobraba los impuestos al tabaco y a la entrada o salida
de Paris. Claudine falleció cuando Marie-Anne tenía
tres años y las obligaciones de Jacques Paulze lo obli-
garon a encerrarla en un convento, donde fue educa-
da por las monjas.
Cuando Marie-Anne tenía trece años, fue pedida
en matrimonio por Gabriel François Conde de Amer-
val. Este era un cincuentón, hermano de la Baronesa
La Garde que tenía mucha influencia sobre el Abate
Terray, en ese tiempo funcionario superior de Jacques
Paulze. Amerval tenía aprietos económicos y el matri-
monio con la hija de un funcionario adinerado podría
aliviar sus problemas. Paulze no quería que su hija
se casase con Amerval1 y le sugirió a un colega de la
Fermé Generale que considerase contraer enlace con su
hija. Ese colega era Antoine Laurent Lavoisier, quien
visitaba con frecuencia la casa de Paulze y que tenía
buena relación con Marie Anne. Paulze y Lavoisier
arreglaron los detalles financieros de la boda2. Los jó-
venes se casaron el 16 de diciembre de 1771. Él tenía
28 años y ella estaba próxima a cumplir los 14.
Si bien la actividad principal de Lavoisier era la de
recaudar impuestos y perseguir a los evasores, era un
apasionado de la ciencia. Había montado un laborato-
rio en su casa, dotado con los materiales e instrumen-
tos más modernos de su época. Muchos de los aparatos
del laboratorio fueron diseñados por él y fabricados
para él. Luego de su matrimonio, comenzó a instruir a
la esposa en los conocimientos de Física y de Química
así como en el manejo de los recursos del laboratorio.
De esta manera, ella se fue convirtiendo en ayudante
de laboratorio y, al cabo de un par de años fue adqui-
riendo conocimientos científicos y habilidad práctica
que le permitieron pasar de ser una simple ayudante
a la encargada de la parte experimental. Con frecuen-
cia, Lavoisier presentaba trabajos en la Academia de
Ciencias de París, pero en ninguno de ellos menciona-
ba como colaboradora a su esposa.
Alrededor de 1770, Francia tenía graves problemas
1. En la Sección “Lavoisier” de la Biblioteca de la Universidad de Cornell, se encuentra la carta que Paulze le envió a Amerval, declinando diplomáticamente la propuesta
matrimonial.
2. Paulze aportó una dote 80.000 libras, 21.000 en el acto de firmar el contrato matrimonial y el resto en los seis años siguientes. Lavoisier aportó la mayor parte. El
regalo de bodas de su madre fue de 170.000 libras y su padre le adelantó otras 250.000 libras a cuenta de su herencia. (Donovan, A. (1993): Antoine Lavoisier, Science,
Administration and Revolution, Chapter 5. “The Company of Tax Farmers”; Cambridge University Press, New York; pp. 110 y ss.
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en la producción de pólvora, altamente necesaria para
sus guerras con los ingleses. La producción de salitre
(el componente activo de la pólvora) era bastante
mediocre. Por eso, el gobierno francés creó la Admi-
nistración de la Pólvora y nombró como su director a
Antoine Lavoisier.
En 1775, Antoine y Marie - Anne se mudaron al
Arsenal de la Pólvora. Durante su estancia allí Marie
Anne estuvo al tanto de todos los trabajos de su mari-
do a toda hora. La vivienda era muy confortable y te-
nían un laboratorio muy bien equipado donde podían
hacer los más sofisticados experimentos de la época.
La rutina de la vida conyugal era la siguiente: Se
levantaban a las 6 de la mañana y a las 7 iban al labo-
ratorio. A las 9, Lavoisier partía a cumplir sus obliga-
ciones dejándola a cargo de la tarea experimental. Él
regresaba a las 7 y trabajaban en conjunto hasta las 10
de la noche, hora en que iban a cenar.
En el tiempo que su esposo no estaba, Marie-Anne
trabajaba en el laboratorio, diseñando nuevas técni-
cas experimentales, ajustando las existentes y anotan-
do meticulosamente todos los resultados, los que dis-
cutía con Lavoisier cuando él regresaba.
En los ratos libres que le quedaban, fue perfeccio-
nando su inglés. A Lavoisier le costaba mucho mane-
jarse en ese idioma y cuando llegaban visitantes anglo-
parlantes, como Benjamín Franklin, Joseph Priestley,
Charles Bladgen y otros, ella oficiaba de intérprete.
También estudiaba dibujo y pintura con Jacques-Louis
David (1748 – 1825) un artista de estilo neoclásico. Fru-
to de su aprendizaje es el autorretrato (Figura 1) que
data de alrededor de 1775. David fue quien, en 1788,
pintaría el cuadro más famoso (¡y enorme!) del matri-
monio Lavoisier (Figura 2).
Sin descuidar su trabajo en el laboratorio, Marie-
Anne era la encargada de preparar todos los detalles
de las recepciones que, con frecuencia, brindaban los
Lavoisier a los amigos, colegas de la Academia de Cien-
cias, funcionarios de la Fermé Générale y visitantes ex-
tranjeros. Múltiples comentarios de esos visitantes la
describen como una excelente anfitriona. En algunos
casos, como cuando los visitó Benjamín Franklin, hasta
tuvo tiempo para regalarle un retrato (Figura 3) que lo
hizo por duplicado — y qué Franklin tardó 5 años en
agradecer (Figura 4). El escritor inglés, Arthur Young,
describió su visita a la casa de Lavoisier y refiriéndose
a la esposa escribió que ella era una señora “vivaz,
sensible y científica” que no sólo sabía preparar el
a la inglesa sino que “su conversación sobre el libro de
Kirwan An Essay on Phlogiston que ella estaba tra-
duciendo del inglés y otros temas que una mujer con
gran entendimiento que trabaja con su esposo en el
laboratorio sabe cómo explicar, fueron el mejor ága-
pe” (Young, 1792).
La producción científica de Lavoisier fue más que
abundante. Sus trabajos abarcaron tantos aspectos de
la Física y de la Química que resulta imposible imagi-
nar que él sólo hubiese podido completarlos, especial-
mente si se tiene en cuenta su trabajo —a partir de
1778 fue nombrado Fermier Général— que le insumía
buena parte del día, y su actuación como miembro de
la Académie des Sciences que lo obligaba a asistir a
las reuniones y a las lecturas de los trabajos que pre-
sentaban los asociados. Entre sus principales logros
pueden mencionarse: (a) el de haber “comandado” un
grupo de investigadores franceses que refutó la lla-
mada “teoría del flogisto” —que sostenía que al que-
Figura 1: Autorretrato de Marie-Anne Pierret-
te Paulze, circa 1775
Figura 2: Lavoisier y su esposa. Óleo sobre tela
447,4 × 531,8 cm. The Metropolitan Museum
of Art in New York
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mar combustibres y metales, se liberaba una sustancia
volátil llamada “flogisto” (que nunca se pudo aislar)
y demostrar experimentalmente que en las combus-
tiones, el material que se “quema” se combina con
el oxígeno; (b) enunciar el concepto de “elemento”
como “aquellas sustancias a las que podemos reducir
los cuerpos por descomposición”, definición que tuvo
vigencia en la Química hasta bien entrado en el siglo
XX; (c) publicar una lista con 33 de esas sustancias
“elementales”, la mayoría de las cuales son correctas;
(d) haber desarrollado una teoría acerca de la natura-
leza de los ácidos; (e) proponer un sistema de nomen-
clatura claro, que no diese lugar a interpretaciones
equívocas; (f) publicar una obra, Traité éleméntaire de
Chemie, en 2 volúmenes, que fue el texto de Química
más usado en las escuelas durante un siglo; (g) haber
desarrollado una teoría, que luego se demostraría
errónea, acerca del calor como una sustancia elemen-
tal (calórico) presente en todos los cuerpos. Por estas
contribuciones científicas, a Lavoisier se lo llamó “el
padre de la Química Moderna”. Toda esa contribución
a la Ciencia no hubiese sido posible sin la colaboración
de su esposa. Por ello, no es desdeñable que a Marie-
Anne Pierrette Lavoisier se la llame, hoy en día, “la
madre de la Química”.
Hay innumerables testimonios del trabajo silencio-
so y anónimo de Marie-Anne. En sus memorias, Joseph
Priestley cuenta que en una cena en casa de Lavoisier
al informarle que había descubierto que el aire no es
una sustancia simple sino que está formada por dos
componentes que hoy llamamos nitrógeno y oxí-
geno: “Todos los presentes, el Sr. Lavoisier y la Sra. La-
voisier, más que ninguno, expresaron gran sorpresa”
(Priestley, 1800). Interrumpieron la cena y fueron a
laboratorio de Lavoisier a repetir el experimento que
Priestley había comentado.
Marie-Anne Lavoisier, contribuyó haciendo exquisi-
tos grabados sobre bronce para la impresión del Trai-
, que permitieron a los lectores tener una visión cla-
ra de los aparatos y dispositivos que se usaban en los
laboratorios. (Figuras 5, 6 y 7) La Figura 8 reproduce
un dibujo en el que muestra cómo era el laboratorio
de su casa.
En 1787, Richard Kirwan, un presitigioso químico
irlandés, intentó refutar la teoría de la combustión de
Lavoisier y con tal fin publicó un trabajo al que titu-
An Essay on Phlogiston and the Composition of
Acids”. En este libro, mantuvo la opinión de que el flo-
gisto es la misma entidad que el llamado “aire infla-
mable” y encaró la tarea de probar que cada sustancia
combustible y cada metal contienen hidrógeno como
constituyente y que este hidrógeno se libera en todos
los casos de combustión y calcinación. Por otro lado,
intentó demostrar que en la reducción de una cal a
Figura 3: Uno de los dos retratos de Benjamín
Franklin por Marie-Anne Lavoisier (1775)
Figura 4: Fragmento de la carta de Franklin a Mme.
Lavoisier. Temple Franklin, W.; (1817): The private Co-
rrespondence of Benjamin Franklin. Vol. 1; Colburns;
London: p. 246.
Figura 5: Aparato para la combustión del alcohol.
Traité éleméntaire de Chemie
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metal se produce la absorción de hidrógeno.
Lavoisier le encargó a su esposa la traducción del
libro (Kirwan, 1788) y con un grupo de químicos fran-
ceses se hizo cargo de la refutación de los argumen-
tos de Kirwan mostrando la superioridad de su pro-
pia teoría. Lavoisier no permitió que el nombre de su
esposa figurase como traductora y no quiso que ella
agregase “notas del traductor”, pero ella misma se en-
cargó de agregarlas (Figura 9).
En las ediciones de Essai sur le Phlogistique, poste-
riores a la muerte de Lavoisier, Marie-Anne Lavoisier
figura como traductora del libro.
El amigo Dupont de Nemours
Por su trabajo en la Fermé Générale Lavoisier solía
viajar a distintas localidades del interior de Francia.
Como consideraba que Marie – Anne era jovencita y
bastante inexperta en cuestiones mundanas, cuando
debía viajar le encomendaba a Paul Samuel Dupont de
Nemours (1739 – 1817), un amigo de Jacques Paulze el
cuidado de su esposa. Dupont era un economista, mun-
dano, que fascinaba a Marie-Anne con su conversación.
Richard Morris, escribió que ellos comenzaron un ro-
mance en 1781, durante una de las habituales ausencias
de Lavoisier (Morris, 2003). Esto también está indicado
por Jean Pierre Poirier y Rebecca Balinski en la biografía
de Lavoisier. Según estos autores, la fecha de 1781 está
confirmada por varias cartas de Dupont a Marie-Anne.
En una carta, escrita el 23 de octubre de 1798, él le re-
cuerda “diecisiete años de intimidad” y en otra carta
de abril de 1815, escribió:”el afecto inviolable y tierno
que te he prometido durante treinta y cuatro años”
(Poirier, 1998). Arthur Donovan, también comentó el
affaire de la Sra. Lavoisier con Dupont, sosteniendo
que podría ser visto como una característica de la cla-
se alta de esa época y que en “el siglo XIX sería glo-
rificado en numerosas óperas románticas” (Donovan,
1993).
Figura 6: Traité éleméntaire de Chemie
T. II. P. 657 T. II, p. 681
Figura 9: “El traductor se permitió agre-
gar algunas notas poco importantes”.
Figura 8: Detalle del laboratorio de Lavoisier, donde se observa a la
esposa tomando nota de los resultados de experimentos sobre respi-
ración. Dibujo de Marie-Anne Lavoisier.
Figura 7: Dispositivo para descomponer agua.
Traité éleméntaire de Chemie TII, p. 662.
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Lo cierto es que Marie-Anne, le prestó dinero a
Dupont sin el conocimiento de Lavoisier. Cuando a
éste lo encerraron en prisión le confiscaron todos los
bienes y ella se quedó sin recursos. Su padre también
estaba preso y con todos sus bienes embargados. Ella
le reclamó a Dupont la devolución, en términos muy
duros, pero también él había sido embargado. Esa
deuda los distanció durante un tiempo. En 1800, el
hijo de Dupont, Éleuthère Irenée (1771 – 1834), viajó
a los Estados Unidos, alquiló un terreno en Delaware
y comenzó a fabricar pólvora para el ejército norte-
americano. Dos años más tarde, constituyó la empresa
Dupont de Nemours con la que hizo una gran fortuna
y pagó la deuda de su padre.
La muerte de Lavoisier
Con la Revolución de 1789, la situación de la no-
bleza y la clase alta francesa comenzó a tornarse su-
mamente peligrosa. Lavoisier era fermier général y la
institución que presidía era blanco de todo el odio de
la población. Entre sus ingresos se contaban los im-
puestos a la importación y comercialización del ta-
baco. Hacían inspecciones periódicas para detectar el
contrabando o la adulteración del tabaco, que tenía
alícuotas distintas según fuera para fumar, para mas-
car o en polvo para aspirar. También cobraba impues-
to a la entrada o salida de Paris, lo que afectaba a las
clases más humildes.
Durante el Reino del Terror, Lavoisier fue echado
del Arsenal de la Pólvora y el matrimonio volvió a Pa-
rís. Un año más tarde se fue cerrando el cerco sobre
los recaudadores y en noviembre de 1793 el Tribunal
Revolucionario ordenó la detención de todos los fer-
miers. Cuando llegó la orden de detención, Lavoisier
no estaba en su casa. Pero se presentó voluntariamen-
te en la prisión.
El 8 de mayo de 1794, el Tribunal revolucionario
juzgó a 32 fermiers bajo los cargos de apropiación
de fondos, ganancias excesivas, distribución abusiva
de honorarios, demoras injustificadas en los pagos al
Tesoro Público y, especialmente, “por incrementar las
ganancias agregándole agua al tabaco y haber usa-
do esas ganancias para complotar contra el pueblo de
Francia favoreciendo con todos los medios posibles el
éxito de los enemigos de Francia” (Archives Nationales,
W362, Nº 785). Veintiocho fermiers fueron guillotina-
dos ese mismo día, entre ellos, Lavoisier y su suegro
Jacques Paulze.
Dictada la sentencia, Lavoisier pidió unos días para
terminar unos experimentos químicos. Fue entonces
que el Presidente del Tribunal Revolucionario, Jean
Baptiste Coffinhal,3 (1762 – 1794) pronunció la famosa
frase:
“La République n’a pas besoin de savants ni de chimistes;
le cours de la justice ne peut être suspendu”4
El día de la ejecución, Joseph Louis Lagrange quien
fue uno de los más importantes matemáticos france-
ses del siglo XVIII dijo acongojado:
«Il a fallu un instant pour couper sa tête, et un siècle
ne suffira pas pour en produire une si bien faite.» 5
Marie-Anne fue detenida el 14 de junio de 1794 y
estuvo presa durante 65 días. Cuando recuperó la li-
bertad inició las gestiones para recuperar los bienes
de Lavoisier y de su padre. Al cabo de unos años consi-
guió que le restituyeran una parte.
Cuando pudo recuperar parte de los bienes, se de-
dicó a recolectar y editar todos los trabajos de Lavoi-
sier en 8 volúmenes bajo el título de Mémoirs de la
Chemie.
A principios de 1800 se instaló en París y organizó
un Salón donde todos los lunes y viernes se reunían
políticos, escritores y científicos, para intercambiar
conocimientos. La crónica de estos eventos ocupaba
siempre un lugar importante en los diarios parisinos.
El Conde Rumford
Benjamin Thompson, (1753 1814) Conde de
Rumford, fue un mercenario norteamericano que al-
quilaba sus servicios a distintos gobiernos europeos
para el manejo de tropas y el mantenimiento de ar-
senales.
En 1798, Thompson observó que en el taladrado
de los cañones en Baviera se disipaba mucho calor. En
esa época estaba vigente la “teoría del calórico” de
Lavoisier según la cual el calor es un fluido muy
tenue, prácticamente imponderable que se encuentra
presente en todos los cuerpos y que puede transmi-
tirse a otros si la diferencia de temperaturas es ade-
cuada. Intuyendo que un cuerpo no puede contener
ni disipar una cantidad infinita de esa “sustancia”,
Thompson diseñó un experimento destinado a me-
dir cuantitativamente el “calórico” generado por la
fricción continua de una baqueta sobre un bloque de
bronce. Encontró que, al cabo de tres horas, la fric-
ción permitía hervir dieciocho libras de agua. En ese
experimento (Rumford, 1798) no se quemaba ningún
combustible ni había cuerpos calientes que le pudie-
sen suministrar “calórico” al agua. Por lo tanto, esti-
mó que el calor debería ser una vibración producida e
intensificada por la fricción mecánica. Su experimento
daba por tierra la teoría del calórico. Un año más tar-
de, Humphry Davy diseñó otro experimento en el cual,
la fricción permitía fundir dos trozos de hielo sin el
suministro de “calórico”, corroborando la hipótesis de
Thompson.
A principios del siglo XIX, Rumford dirigió la Royal
Institution y, en sus frecuentes viajes a París tuvo
oportunidad de frecuentar el Salón de Marie-Anne.
3. Su verdadero nombre era Pierre André Coffinhal. Falleció el 6 de agoste de 1794..
4. La República no necesita sabios, ni químicos. El curso de la justicia no puede ser suspendido.
5.Se tomó un instante para cortar su cabeza y un siglo no será suficiente para producir una tan bien hecha.
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En 1804 le propuso matrimonio y al año siguiente se
casaron. Se dio así la curiosidad de que Marie-Anne es-
tuvo casada con el autor de la teoría del calórico y luego
se casó con quien había refutado esa teoría. Ella puso
como condición seguir usando el apellido Lavoisier, por
lo que pasó a llamarse Marie-Anne Lavoisier Condesa
de Rumford. Si bien pasearon casi un año por Europa
antes de la boda y tuvieron oportunidad de conocer-
se, el matrimonio no funcionó, tanto porque Rumford
a diferencia de Lavoisier —, no permitía que ella
se inmiscuyera en sus trabajos experimentales como
porque le daba indicaciones y críticas a cuestiones do-
mésticas, como las vinculadas a la cocina o al orden en
la casa. En 1809 se separaron, aunque quedaron en
buenos términos.
Para tener una idea de la concepción de la viudez
imperante en el siglo XIX, merece reproducirse un pá-
rrafo del libro La Revolution Chimique, Lavoisier, de
Marcelin Berthelot (Figura 10):
“Después de su muerte ella publicó la colección de
sus Memorias. Unos años después, reabrió sus salones
para los hombres de ciencia. Ella no permaneció fiel
hasta el final a la memoria del gran hombre de quien
fue esposa: se volvió a casar en 1805 a la edad de cua-
renta y siete años, con ese aventurero de genio lla-
mado Rumford: matrimonio lamentable, que terminó
cuatro años más tarde con una separación amistosa
(1809)” (Berthelot, 1890).
Aún después de su separación siguió siendo “Marie-
Anne Lavoisier Comtesse de Rumford” para la socie-
dad parisina. Gracias a los consejos de Dupont —cuya
propuesta matrimonial ella rechazó en 1804— y otros
amigos expertos en cuestiones financieras, vivió sus
últimos años en una posición económica holgada que
le permitió mantener su “Salón” y realizar gran canti-
dad de obras filantrópicas. Resulta curioso que, estan-
do en contacto con científicos e intelectuales, no haya
escrito nada referido a su colaboración con Lavoisier.
M. Guizot publicó un interesante libro con detalles de
la vida social de la Condesa de Rumford durante el
siglo XIX (Guizot, 1841).
Quizás, pensando en reencontrarse con Lavoisier,
falleció en su casa de Paris el 10 de febrero de 1836.
Consideraciones finales
En estas notas, hemos hecho una breve reseña de la
vida de Marie-Anne Pierrette Paulze, esposa de uno
de los más brillantes químicos del siglo XVIII, en la
que tratamos de poner en evidencia el papel que ella
cumplió en la producción científica de Antoine Lau-
rent Lavoisier como colaboradora, ayudante de labo-
ratorio, secretaria, dibujante y traductora, sin la cual,
la obra del científico no habría podido llevarse a cabo.
El carácter de Lavoisier y las convenciones de la épo-
ca —según las cuales el rol de la mujer era el hogar y
no la investigación científica— confluyeron para que
su nombre no figure en ninguno de los trabajos en
los que colaboró. Ella sólo se rebeló al “agregar al-
gunas notas poco importantes” a su traducción del
libro de Kirwan y lograr que su nombre figure como
traductora en la segunda edición de ese libro. A pesar
de organizar, durante más de treinta años, reuniones
científicas en su “Salón” nunca publicó nada acerca
de sus trabajos con Lavoisier. Quizás tuvo en cuenta la
concepción imperante en el siglo XIX acerca del rol de
la mujer, del cual la nota de Berthelot en su libro de
1890 sirve como botón de muestra. En los últimos años
varios autores se encargaron de investigar y analizar
la importancia que tuvo Marie-Anne en la producción
científica de A. L. Lavoisier.
Referencias bibliográfícas
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Félix Alcan, Éditeur. Paris, p. 22
Donovan, A., (1993): Antoine Lavoisier: science,
administration, and revolution, Cambridge University
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Young, A (1792): Travels in France during the years 1787,
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Figura 10: Fragmento de La Revolution Chimique, La-
voisier, de M. Berthelot, p. 22.
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Essai sur le phlogistique, et sur la constitution des acides
  • R Kirwan
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The Last Sorcerers. The path from Alchemy to the Periodic Table
  • R Morris
Morris, R., (2003): The Last Sorcerers. The path from Alchemy to the Periodic Table, Joseph Henry Press, Washington D.C.; p.124.
The Doctrine of Phlogiston Established
  • J Priestley
Priestley, J.; (1800): The Doctrine of Phlogiston Established, p. 88.
Heat is a Form of Motion: An Experiment in Boring Cannon
  • B Count Thompson
  • Rumford
Thompson, B. Count Rumford (1798) "Heat is a Form of Motion: An Experiment in Boring Cannon". Philosophical Transactions vol. 88.