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Los vendavales de políticas estatales y el resistente lenguaje de las "Casas Mochas" en la puna Catamarqueña

Authors:
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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 47: 181-195, Año 2015
* Instituto Interdisciplinario Puneño - Universidad Nacional de Catamarca - Maximio Victoria N° 55
- CP 4700 - San Fernando del Valle de Catamarca.
Correo Electrónico: dddelfi no@yahoo.com.ar
LOS VENDAVALES DE POLÍTICAS ESTATALES Y EL RESISTENTE
LENGUAJE DE LAS “CASAS MOCHAS” EN LA PUNA CATAMARQUEÑA
(THE GALES OF STATE POLITICS AND THE RESISTANT LANGUAGE OF
THE “‘MOCHA’ HOUSES” IN THE PUNA OF CATAMARCA)
Daniel D. DELFINO*
RESUMEN
Los espacios de vivienda pueden expresar activamente o elusivamente
los valores de una sociedad en un momento dado, proveyendo una imagen de las
expectativas y posibilidades de un grupo doméstico. En este sentido representan
un campo donde se libran batallas de orden material y simbólico que posibilitan
entender tanto aspectos de las relaciones sociales, como de la concepción de
naturaleza. La genealogía de la categoría rancho entraña un largo historial de
subalternización siendo funcional tanto a políticas coloniales, modernizadoras
como neoliberales, sirviendo de puerta de entrada para intromisiones estatales
en ámbitos rurales. Se presentan parte de los resultados de un estudio etno-
arqueológico sobre arquitectura vernácula que permitió conocer las características
modélicas de los sistemas de asentamiento en el Distrito. Durante el siglo pasado
y lo que va del presente, este modelo ha sido reiteradamente impugnado mediante
la instrumentación de políticas estatales bajo la defi nición estigmatizante de
arquitecturas rancho, sin mediar análisis alguno sobre la conveniencia de sus
diseños o de los materiales empleados en las mismas. Finalmente, desde el
ejercicio de una arqueología socialmente útil se plantea la pertinencia ética de
intervenir arquitectónicamente a partir de la construcción edilicia del Centro de
Recepción e Interpretación del Museo Integral de la Reserva de Biosfera de
Laguna Blanca dependiente de la Universidad Nacional de Catamarca.
Palabras Clave: Arqueoloa Socialmente Útil, Arquitectura vercula,
Estigmatización Social, Etnoarqueología, Puna Meridional, Ranchos.
ABSTRACT
Housing spaces can express actively or elusively the values of a society at
a given time, providing a picture of the expectations and possibilities of a domestic
group. In this sense, they represent a ! eld where battles of material and symbolic
order are being fought, making possible to understand both aspects of social
relationships, as of the conception of nature. The genealogy of the rancho category
implies a long history of subalternization being both functional to colonial policies,
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modernist as much as neo-liberal, serving as a gateway for state meddling into
rural areas. We present part of the results of an ethno-archaeological study on
vernacular architecture that allowed to know the model characteristics of settlement
systems in the district. During the past century and the present one, so far this
model has been repeatedly challenged by the implementation of State policies
under the stigmatizing de• nition of rancho architectures, without any analysis on the
convenience of its designs or materials used therein. Finally, from the exercise of a
socially useful archaeology arises the ethical relevance to architecturally intervene
from the building construction of the Center of Reception and Interpretation of the
Museum Integral of the Reserve of Biosphere of Laguna Blanca dependent of the
Universidad Nacional de Catamarca.
Key Word s: Soci ally Us eful A rchaeology, Architec tur e, Social Stigma,
Ethnoarchaeology, Southern Puna, Ranches.
INTRODUCCIÓN
Atendiendo a que tal vez pueda haber provocado extrañeza la mención
del título a casas mochas”, primeramente diremos que esta expresión alude
a las antiguas viviendas destechadas, viviendas desde las cuales se siguen
construyendo lazos de reconocida pertenencia parental. Para adentrarnos
en la polisemia de la unidad léxica mochasapelamos al autor del Tesoro de
Catamarqueñismos quien apunta, De toda cosa cortada se dice que queda mota ó
mocha; equivale á sin dedos, sin orejas, sin cuernos.Sin lo(Lafone Quevedo,
1898:222), y podríamos decir también, sin techos, ya que muy probablemente el
sentido dado en la región se conecte con esta signifi cación. Empero el autor abre
el campo de lo posible hacia otra dirección cuando defi ne el término “mochadero
(relativo a “mocha”, en el sentido de “adorar”) como: “Cosa adorada; voz usada
por los historiadores para designar algún ídolo ó lugar sagrado” (Lafone Quevedo,
1898:221). Signifi cados que trasladados a las casas posibilitan se ajustan
plenamente al recapitular tanto en lo descriptivo arquitectónico -por la falta del
techos-, como en su especial valor y respecto -por fungir de referente de una
identidad familiar. Por lo que su comprensión podría quedar también inscripta en
algún interregno entre las dos signifi caciones, una “resistencia” que combina, lo
sagrado y lo profano, tragedias y divinidades…
Los espacios de vivienda expresan activa o elusivamente los valores de
una sociedad en un momento dado, proveyendo una imagen de las expectativas
y posibilidades de quienes la componen. En este sentido representan un campo
donde se libran batallas de orden material y simbólico desde cuyos destellos
podríamos adentrarnos a contraluz tanto en el entendimiento de las relaciones
sociales, como de la concepción de naturaleza. Así el conjunto de elecciones
en decisiones tan defi nitivas como una vivienda expresan, sobre un marco
cosmovisional, ciertas posibilidades de conveniencia funcional, ideas sobre lo
estético, lo sanitario y la privacidad, entre otras. A lo largo de este trabajo haremos
referencia varias veces a “las arquitecturas”, por lo que resulta pertinente hacer
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explícito que con esta expresión aludimos a las formas volumétricas modeladas/
construidas para ser empleadas como espacios vivibles que referencian y
devuelven identidad a individuos y/o a grupos sociales, ellas resultan un campo
de expresión de las tensiones entre decisiones individuales / familiares y los
impactos producidos por efecto de los estándares modélicos de sus grupos
locales siguiendo sus propias dinámicas históricas, tanto como de imposiciones
vinculadas con irrupciones externas.
Sobre la base de una relativa estabilidad productiva desde hace unos
dos mil años en la región de Laguna Blanca (porción puneña del Dpto. Belén en
la Provincia de Catamarca) se fue consolidando lo que hemos llamado “Modo de
Vida Comunitario Agrocéntrico” (Delfi no et al., 2009 y 2013). A partir de entonces
en sectores determinados las poblaciones locales fueron instituyendo relaciones
de proximidad habitacional estructurando asentamientos complejos de tipo aldeano
(entre ellas, cabe destacar las aldeas arqueológicas Laguna Blanca de 248 Ha y
Piedra Negra de 450 Ha). En estas, las unidades domésticas -distribuidas entre
los espacios agrícolas-, fueron estableciendo relaciones de orden comunitario.
De este modo los sistemas de asentamientos (bases residenciales, puestos
vinculados a actividades agrícolas y/o ganaderas y paravientos) se articularon en
una matriz productiva (Delfi no, 2001a), y así una nueva concepción arquitectónica
fue imponiéndose. La célula base mínima de los asentamientos quedó compuesta
por recintos menores –cocina y/o habitación o depósito- adosados a un recinto
mayor –patio- (los recintos fueron resueltos, por lo común, mediante diseños de
planta circulares o sub-circulares).
Empero durante los últimos seiscientos años, la región de Laguna Blanca
se fue tiñendo de infl ujos políticos, económicos y socioculturales provenientes
de dos irrupciones imperiales sucesivas. El proyecto incaico dejó tras de
las huellas de arquitecturas y modelaciones del territorio reconocibles en un
conjunto de rasgos distintivos que aún hoy resultan apreciables en numerosos
asentamientos residenciales, productivos y rituales (Delfi no y Pisani, 2010). Entre
los asentamientos asignables al Período se distingue el sitio Caranchi Tambo
(sobre impuesto a la Aldea Arqueológica Laguna Blanca), que se caracteriza por
una mayor complejidad arquitectónica y funcional destacándose la confi guración
básica del RPC (rectángulo perimetral compuesto, sensu Madrazo y Ottonello,
1966:12) conformado por la reunión de varios recintos -mayores y menores-
siguiendo diseños de planta de tipo rectangular, razón por la que entendemos se
trataría de una instalación administrativa estatal local.
Es de acentuar que, a la fecha, no hemos reconocido evidencia
arquitectónica alguna que cuenta de la irrupción española. Su invisibilidad
contrasta con la documentación colonial referida al pago de tributo de naturales de
Laguna Blanca (Hidalgo Lehuedé, 1984; Gentile Lafaille, 1986), o al uso extensivo
de los potreros para engorde del ganado (Delfi no et al., 2007), o con el hallazgo
de evidencias de la cultura material (restos de alfarerías de estilo Talavera de la
Reina del sitio Pin 115, o los birimbaos o arpas de boca hallados en este mismo
sitio y en Festejo de los Indios, ambos dentro de los límites de la Aldea Piedra
Negra (Delfi no, 2005), y contrasta también con la interpretación que podríamos
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hacer de la instrumentación de prácticas de explotación productiva signadas
por el feudalismo andino o gamonalismo. Como señaláramos, a diferencia de lo
acontecido con la llegada de los incas, el embate español parece no haber dejado
improntas defi nidas en los modos de construir.
Por último, una historia local que pretenda recapitular las infl uencias
arquitectónicas que allí acontecieron no estaría completa si omitiésemos
referirnos al modo en que fueron sentidas y/o absorbidas las presiones emanadas
desde los estados-nación modernos. Mientras en distintos momentos de la
historia la región fungió como una frontera política [v.g. entre las repúblicas de
Chile, Bolivia y Argentina, e incluso, hasta hace solo 80 años por allí pasaba
el límite provincial con el Territorio de la Gobernación de Los Andes (1)], las
marcas estatales puntualmente solo se subrayaron en unos pocos edifi cios
públicos, tales como una capilla de mediados del siglo XIX y las escuelas
primarias de Laguna Blanca y Corral Blanco fundadas en el siglo XX. Y claro
está, también estas otras estéticas infl uyeron dejando su huella. Al respecto
conviene reparar en las impresiones que Cáceres Freyre (1956:396) recibió para
mediados del siglo XX: “En estos últimos años, se han construido algunas casas,
con muros de adobe y techo a una sola agua, tal como la escuela, pero
esta inadaptada construcción, es más bien consecuencia de un falso concepto
estético, que sin considerar lo práctico, busca el modelo urbano como ideal de
progreso” (2) (lo remarcado no consta en el original). No puede soslayarse el
rol de disciplinamiento social que a través de la instrucción pública ejercen las
instituciones escolares, como dice Foucault (2003:128), La escuela tiende a
constituir minúsculos observatorios sociales para penetrar hasta los adultos y
ejercer sobre ellos un control regular”, pero los edifi cios en tanto continentes
no resultan inocuos a ese n: “…la escuela-edi! cio debe ser un operador de
encauzamiento de la conducta… “El edi! cio mismo de la Escuela debía ser
un aparato para vigilar” (Foucault, 2003:105).
Como consecuencia del interés del Estado provincial de proteger las
vicuñas del furtivismo, a principio de los ’80 del siglo XX se crea una Reserva
Natural de Vida Silvestre, comenzando así un proceso de vinculación institucional
precedentemente inédito. En este contexto se crearon una docena y media de
puestos de trabajo y se materializó la edifi cación de la Estación Experimental de
Altura por parte de la Dirección Provincial de Ganadería y Fauna. Así, disciplinando
la fuerza de trabajo de estas familias campesinas mediante la estabilidad laboral,
se iba dando forma a un núcleo poblacional fuerte en el que se fue reforzando
el estilo arquitectónico denostado por Cáceres Freyre. Estos rasgos “abajeños”
eran proyectados no solo sobre los aspectos arquitectónicos generales, sino
incluso otros detalles constructivos como el ábside de la casa de la Estación
Experimental de Altura también habría servido de inspiración (v.g. uno de los
pobladores -Jerónimo Y.- lo reprodujo en el diseño de su cocina).
A partir de los ’90 se acelera el proceso de nuclearización urbana
habitacional, acompañado por la construcción de varios edifi cios institucionales
(sede municipal, club social y deportivo, centro de cuidados infantiles, entre
otros). Como veremos más adelante estos implantes siguieron dinamizando
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dialécticamente la historia de las arquitecturas vernáculas, pero antes de ello nos
detendremos un momento en averiguar el origen del vocablo “rancho”.
SOBRE EL TÉRMINO RANCHO
La genealogía de la categoría rancho entraña un largo historial de
subalternización de los sectores populares, siendo funcional tanto a políticas
coloniales modernizadoras, como a proyectos neoliberales, sirviendo de puerta de
entrada, además, para intromisiones estatales especialmente en ámbitos rurales.
Los signifi cados conferidos por el DRAE (2012) al rancho refi eren al “Lugar
fuera de poblado, donde se albergan diversas familias o personas. Rancho de
gitanos, de pastores”, y a la “Choza o casa pobre con techumbre de ramas o paja,
fuera de poblado”. Según Pérez Martínez (1994:34-36) la palabra rancho tiene su
origen lingüístico en la familia germánica; la palabra hring (anillo o corona en el
sentido de realeza), pronto vino a signifi car reunión o asamblea, y pasó al francés
convertido en harengue, una arenga. Posteriormente derivó en rang, entendido
como caminata, puesto o campamento, línea o rango militar”. En el siglo XII
se trasladó al español en dos palabras: 1) derranchar, una palabra militar que
aludía a “distinguirse, sobresalir”, y 2) ranchar o ranchear -registrada en el siglo
XIV- que signifi caba instalarse uno mismo provisoriamente en un lugar”. Esta
segunda palabra prestada, con connotaciones militares continuó en el siglo XVI,
entre soldados y otros españoles en las Américas (Pérez Martínez, 1994:34-36).
Aunque las situaciones en las que la palabra rancho se utilizó eran abundantes
en la América del siglo XVI, fue sobre todo utilizada en el habla vulgar (lenguaje
popular)”… [La] “palabra signi! caba viviendas improvisadas, a medio camino
entre viviendas más estables y más transitorias” (Farr, 2006:34).
Con base en el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico
(DCEH, Corominas, Joan y JoAntonio Pascual, vol. IV, p. 25) Quesada Pacheco
(1995:134) sostiene que: en los SS. XVI y XVII rancho era palabra bien conocida
en todos los países donde se ha hablado castellano, designando toda clase de
viviendas provisionales o simplemente lugares donde se alojaban o acomodaban,
con carácter más o menos pasajero, toda clase de gente nómada o viajera:
soldados, indios, marinos, pescadores, gitanos, pastores y vagabundos. Era sobre
todo una palabra de soldados, y estos la aplicaron a las chozas y guaridas de los
indios americanos, de donde quedó como nombre de vivienda pobre y rural de
los habitantes de América, aun los criollos. Esta palabra alude en su signi! cación
a todo tipo de ‘vivienda rústica’”.
También en este sentido resulta ilustrativa la Ordenanza 128 dictada en el
bosque de Segovia por Felipe II el 13 de julio de 1573, donde indicaba: Hecha la
planta y repartimiento de los solares, cada uno de los pobladores procure armar su
tolda, y los capitanes les persuadan a que los lleven con los demás prevenciones,
o hagan ranchos con maderas y ramadas, donde se puedan recoger, y todos con
la mayor diligencia y presteza hagan palizadas y trincheras en el cerco de la Plaza,
porque no reciban daño de los Indios(Lo remarcado no consta en el original.
Tomo Segundo – Libro IV - Título VII - Ley XVI. RECOPILACIÓN…, 1841:107).
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Pero lejos de hacer una exégesis exhaustiva del término, nuestro objetivo
aquí es mostrar cómo desde los primeros años de la Conquista, el mismo quedó
totalmente incorporado a nuestros usos del lenguaje castellano y su signifi cado
rmemente establecido. A lo largo de la historia las viviendas merecedoras del
apelativo rancho arrastraron consigo un fuerte carácter de estigmatización social,
resultando en numerosas ocasiones el blanco preferido sobre el que descargaban
las acciones de pretendida superación modernizadora. De esta manera, la
naturalización de prejuicios arraigados que asociaban una estética arquitectónica
particular conformada en una tensión entre tradiciones, decisiones y posibilidades,
abría el camino para la intromisión de políticas estatales –políticas muchas veces
vestidas con invocaciones de marcado humanismo. Por razones de espacio no
vamos a ahondar en los múltiples ejemplos que van jalonando esta historia, solo
nos detendremos brevemente en dos de ellos.
Primer ejemplo: ¡Quemá esos ranchos! (3)
El primero se refi ere a las acciones que impulsó el Dr. Salvador Mazza en pos
de la salud pública frente a una enfermedad endémica: el Mal de Chagas y su
vector, la “vinchuca” (Triatoma infestans). Para derrotarla, en su cruzada promovió
un conjunto de acciones contundentes tales como la construcción de un vagón
de ferrocarril (el “E.600”) equipado con un laboratorio y un consultorio completos
que él mismo diseñó, consiguiendo que le otorgaran, además, un pase libre para
transitar con él por todo el país recorriendo innumerables regiones argentinas
–llegando incluso a las repúblicas de Chile y Bolivia. De manera conexa fundó
en 1926 la Sociedad Científi ca de Jujuy y creó desde la Facultad de Medicina de
la UBA, la Misión de Estudios de la Patología Regional Argentina (MEPRA) con
sede central en la misma provincia. Esas acciones promovidas en el primer cuarto
del S. XX en el norte del país, quedaron perfectamente enmarcadas en el estilo
vehemente que heredaron los investigadores argentinos (una suerte de segunda
línea científi ca) de un legado sembrado por un ejército de científi cos extranjeros
(4) convocados a través de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, en
un tiempo en donde el NOA pretendía cierta gravitación académica (v.g. creación
de la UNT en 1914 y alguno de sus institutos). Avanzando sobre las certezas de
una implacable concepción positivista de la ciencia (5) (y de sus consecuencias
en la sociedad), y urgidos por motivos de naturaleza ética, quedaron demasiado
expuestos, quizás, a cometer errores de índole técnico-metodológicos (6) de los
que no pudieron escapar los médicos comprometidos en derrotar al vector de la
enfermedad. Así por ejemplo, Carlos J. Ribeiro das Chagas asoció de manera
errónea el aumento de las glándulas tiroides (7) con la enfermedad, lo cual le valió
su descrédito. En el caso de Mazza su principal yerro, a nuestro juicio, estuvo en
centrar la causalidad de la enfermedad en un tipo particular de arquitecturas (los
“ranchos”) (8). En este sentido cabe recordar las tribulaciones que los aquejaban,
cuando en un tono intimista el médico brasileño da cuenta –según Marín- que:
“‘Hay un designio nefasto, en el estudio de la tripanosomiasis. Cada trabajo, cada
estudio, apunta un dedo hacia una población malnutrida que vive en malas
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condiciones; apunta hacia un problema económico y social, que a los gobernantes
les produce tremenda desazón, pues es testimonio de incapacidad para resolver
un problema tremendo. No es como el paludismo un problema de bichitos de la
naturaleza, un mosquito ligado al ambiente, o como lo es la esquistosomiasis
relacionada a un factor ecológico límnico casi inalterable o incorregible. Es un
problema de vinchucas, que invaden y viven en habitaciones de mala factura,
sucias, con habitantes ignorantes, mal nutridos, pobres y envilecidos, sin
esperanzas ni horizonte social y que se resisten a colaborar. Hable de
esta enfermedad y tendrá a los gobiernos en contra. Pienso que a veces más
vale ocuparse de infusorios o de los batracios que no despiertan alarmas a
nadie’. Carlos Chagas murió sumido en el ostracismoOtro tanto recayó
sobre Mazza cuando propuso quemar los ranchos en salvaguarda de la
salubridad jujeña. Fue esa misma agrupación que debió mirarlo como a un loco,
un desequilibrado mental que sólo quería pasar a la historia como un pirómano
que deseaba exterminar un insecto inofensivo(Lo remarcado no consta en el
original. Marín 2009).
Segundo ejemplo: “Erradicación de Escuelas-Rancho”
En el marco del llamado “Pacto Federal Educativo” (PFE) de 1994, el Senado
de la Nación Argentina aprueba en 1997 la Ley 24.856, y así, mientras por un
lado afi rmaba “La necesidad de garantizar la integración del Sistema Educativo
Argentino, articulando las diversidades propias de las distintas regiones y
jurisdicciones(PFE1994, Considerandos), y de A! anzar la identidad cultural como
base estructural y garantía de la Unidad Nacional, integrando las particularidades
provinciales y locales(PFE 1994, Capítulo I, inciso 1), por el otro sostenía que, “El
Ministerio de Cultura y Educación de la Nación se compromete,en coordinación
con las Jurisdicciones Provinciales a erradicar la totalidad de las escuelas precarias
reemplazándolas por construcciones dignas…” (Capítulo III, inciso 7); y disponía
que los miembros rmantes del PFE comprometen sus esfuerzos para alcanzar en
1994 la siguiente meta: Erradicación de las Escuelas Rancho en todo el Territorio
nacional 100 %(Capítulo IV, inciso 10). [Como digresión cabe apuntar que no hay
mención alguna a que la aplicación de esta política escolar edilicia tuviese puntos
de contacto con los motivos que llevaron a Mazza a dirigir sus acciones contra los
ranchos. Por el contrario, fue justamente durante el gobierno del Presidente Menem
que más afectado se vio el Programa Nacional de Chagas (9). Puntualizando
sobre Laguna Blanca podría creerse en una ubicua aplicación geográfi ca, dado
que por las condiciones ambientales allí no se hallan estos hematófagos (10)].
En aquellos años denunciamos (Delfi no 2001a:133) la instrumentación en todo
el territorio nacional (de) políticas explícitas de erradicación de escuelas ‘rancho’
(expresión con la que se re! eren las viviendas precarias e indecorosas). Así
fueron derribadas las viejas y desacreditadas escuelas del Distrito (que guardaban
semejanzas formales con las viviendas tradicionales de los habitantes de Laguna
Blanca) siendo reemplazadas por construcciones que, por ejemplo, emplean el
techo de chapa acanalada y muchas aberturas con vidrio (materiales que han
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demostrado la inconveniencia tanto térmica, así como para soportar los intensos
vientos propios de esa geografía, descontando los graves problemas de reposición
que ocasionan)”. Si bien los establecimientos de las escuelas primarias fueron los
primeros edifi cios que indicaban “la dirección de la modernidad” (sin desestimar
la incidencia de las observaciones de los propios habitantes de Laguna Blanca en
comunidades “abajeñas”), otras instituciones siguieron “confi rmando” el prestigio
de esta opción (los edifi cios de la Estación Experimental de Altura, del Centro
de Salud, las instalaciones del Agua Potable, el Centro de Cuidados Infantiles,
el Destacamento Policial, la Delegación Municipal, etc.). Consistentemente con
lo señalado por Cáceres Freyre sobre las infl uencias que ejercieron los edifi cios
escolares en la arquitectura vernácula, 40 años después vimos cómo nuevamente
el Estado nacional a través de estas volvió a ejercer un rol modelador de las
arquitecturas locales. Esta circularidad de infl uencias entrañó un costado perverso:
las escuelas que habían incidido en la modelación de las viviendas lagunistas
con un estilo arquitectónico impuesto, unas décadas después eran tenidas por
escuelas-rancho por lo que había que derribarlas para ser remplazadas por
edifi cios diseñados por especialistas de arquitectura escolar siguiendo un claro
perfi l metropolitano, claro que, en ese mismo acto por contraste, las casas-rancho
de los pobladores seguían susurrando… La otrora bien habida arquitectura en
tierra, cuyo modelo había sido tomado de la experiencia arquitectónica de las
poblaciones “abajeñas” como Belén o la ciudad Capital de Catamarca, en los
años ’90 representaba el atraso respecto de los cánones modernos de desarrollo
neoliberal. Bajo este infl ujo, las escuelas emplearon materiales constructivos
provenientes de circuitos industriales originados bajo la lógica del mercado
capitalista (por ejemplo en la incorporación de chapa para los techos en la
Escuela Primaria Nº 450 “Maestro Scidá” de Laguna Blanca o de loza en los de
la Escuela Primaria Nº 89 de Corral Blanco). Finalmente, durante el “kirchnerismo”
en medio de enunciados de pretendida distancia de los de la década neoliberal,
se comenzó la construcción de la más contrastante de las implantaciones edilicias
de la institución escolar regional. La escala volumétrica elegida que la eleva por
sobre cualquiera otra edifi cación, la naturaleza extraña de los materiales, y el
modo constructivo elegido para acentuar su monumentalización, hace de ella el
ejemplo más acabado de la concepción de un espacio de disciplinamiento (en
sentido foucaultiano) en su doble mensaje interior/exterior.
A modo de corolario cabe señalar que los ejemplos hilvanan una historia cuya
legitimación nal no está tan distante. En el Glosario del Censo Nacional de
Población y Vivienda (INDEC 2010), se sigue empleando la categoría “Rancho”,
a la que se defi ne como la: “vivienda con salida directa al exterior (sus habitantes
no pasan por pasillos o corredores de uso común) construida originalmente para
que habiten personas. Generalmente tiene paredes de adobe, piso de tierra y
techo de chapa o paja”.
Todo lo señalado precedentemente lleva a enfatizar que hay una relación
directa entre las modelaciones institucionales externas (veladas o explícitas) y
muchas de las decisiones que toman los miembros de las poblaciones locales
sobre la resolución de sus arquitecturas.
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DILEMAS DE UNA RESISTENCIA ARQUITECTÓNICA LOCAL
Aunque en algún sentido, para los nes que nos habíamos propuesto,
pueda tratarse sólo de una cuestión de escala, no dudamos de la obviedad que
resulta concebir al Distrito Laguna Blanca como un campo de expresión de la
heterogeneidad arquitectónica. En el estudio etnoarqueológico de los sistemas
de asentamiento realizado a comienzos de los ’90 -ya mencionado-, distinguimos
99 bases residenciales/unidades domésticas (11) distribuidas de manera
medianamente equitativa entre las tres jurisdicciones del Distrito (J. Laguna Blanca
37-BR, J. Corral Blanco 34-BR, y J. Aguas Calientes 28-BR). Esta distinción
respondía a una percepción previa que parecía indicar que la Jurisdicción de
Laguna Blanca, en comparación con las otras dos, presentaba mayor profusión
de rasgos arquitectónicos marcados por infl uencias extra-locales. Luego de los
relevamientos de terreno de cada una de las bases residenciales, distinguiendo
los elementos de diseño y el origen de los materiales, tratamos numéricamente las
variables seleccionadas para llegar a un modelo de media estadística. El objetivo
era conocer el sentido de los cambios que estaban acaeciendo en relación con
las tradiciones arquitectónicas locales a consecuencia de los infl ujos exógenos.
Vimos que el patrón de asentamiento dominante en el modelo tradicional estaba
representado por el de tipo “herradura o en ‘U’ (en un 47,47 % de la totalidad de
las bases residenciales del Distrito), resuelto a partir de tres recintos (lindando
por uno de sus ángulos, o también, aprovechando uno de los lados de otro
recinto contiguo). Cada uno de los recintos poseía una super• cie promedio que
oscilaba entre 12 y 14 m², y tenía una entrada independiente para comunicar a
un patio central. Las paredes eran de piedra (en el 73,53 % de los casos para
Corral Blanco, 50 % en Aguas Calientes, y el 29,73 % en Laguna Blanca) unidas
con mortero de barro. El techo era de paja y con caída a dos aguas (en un 53,57
% Aguas Calientes, 20,59 % en Corral Blanco y 2,7 % en Laguna Blanca). Los
pisos en todo el Distrito son de tierra en un 83,83 % (el otro 16,16 % de piedra,
cemento, o combinaciones entre ellos y tierra), y se sitúan por debajo del nivel
exterior (entre 0,20 m. y 0,40 m. por debajo). Es de uso tradicional la utilización
de madera de ‘cardón’ (Trichocereus pasacana) como material de construcción
para columnas, vigas, varas, puertas y ventanas. Las puertas poseen dimensiones
regulares (de 0,70 m. por 1,20 m.), están unidas mediante tientos’ (tira delgada
de cuero sin curtir). La ventilación se resuelve mediante aberturas de pequeñas
dimensiones, o simples agujeros, los que sencillamente son cerrados con
piedras, incluso en muchos recintos se registra la ausencia total de este tipo de
aberturas. En el interior de los recintos-habitación se hallan unas estructuras que
son denominadas ‘estrados (en número de uno o dos), realizadas con piedras y
barro y sobre-elevadas del nivel interior del piso entre unos 0,30 m. a 0,60 m., sus
dimensiones son de 0,70 m. de ancho por 1,90 m. de largo. Los estrados están
adosados contra las paredes, y se utilizan en el día como asiento, y como cama
durante la noche(Delfi no, 2001ª:120). Una de las características constructivas
más tradicionales en el Distrito son los diseños de planta circulares (presente
desde hace un par de milenios), utilizadas hoy únicamente en los recintos-
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cocina [característica arquitectónica que pudo ser registrada actualmente sólo
en lugares muy distantes del núcleo central de la Jurisdicción homónima (12)].
Otra regularidad de las cocinas para destacar es que, independientemente de
su forma de planta, mayormente están ubicadas al Norte y a la izquierda de los
asentamientos, algo que se expresa independientemente de la permeabilidad
en la incorporación de cualquier infl ujo abajeños (sea en los materiales o en el
refuerzo de los diseños de planta de cada recinto, la estructuración espacial de
los asentamientos muestra las características de una resistencia cosmovisional.
En concordancia con los supuestos del Mundo Cosmovisional Andino, hombres
y mujeres organizan tanto el tiempo (sea cotidiano, o el “extraordinario” o festivo)
como el espacio [interviniendo en las referencias geográfi cas (13)] en función del
signifi cante-Sol. La marca del sol naciente -el Este-, es la dirección elegida para
trazar la organización de muchas de las arquitecturas. Así el espacio frontal de
los asentamientos se localiza, por lo común, al Este (y es sobre los paramentos
que lo conforman donde están las aberturas que comunican al exterior de las
viviendas) y su parte posterior al Oeste. Al consensuar una dirección (Este-Oeste)
y un sentido (Este) de organización de las arquitecturas -puestos en el lugar del
residente que recibe a un visitante-, se resuelve cuál es la derecha (Sur) y cuál la
izquierda (Norte) del asentamiento (Delfi no, 1995). Pero el lugar por donde el sol
hace su aparición impacta también en algunas de las principales prácticas locales,
por ejemplo en la disposición de los muertos en los cementerios, en la orientación
del “pullo (mesa ritual) de La Señalada y en la organización prescriptiva de la
ceremonia por donde deben ingresarse los animales, hacia dónde deben salir y
hacia donde deben estar los ofi ciantes, etc.
Con respecto al mantenimiento de la tradición constructiva vernácula
diremos que presenta un polo “más tradicional” en la J. Aguas Calientes en
contraposición a la J. Laguna Blanca donde se expresan de manera mayoritaria
los rasgos abajeños(en el que se incluyen los materiales de origen industrial). No
resulta un dato menor señalar que mientras que para acceder a Aguas Calientes
aún hoy solo es posible mediante vehículos de tracción 4x4, mientras que a la
localidad de Laguna Blanca -cabecera de la J. homónima-, se puede llegar desde
los principales centros urbanos mediante un camino que en buena parte está
asfaltado, siendo además, el centro administrativo de casi todas las instituciones
que tienen sede en la región. Esta combinación de conectividad seguramente
condiciona el hecho de que, comparativamente, es donde se expresan la mayoría
de los indicadores que muestran la tendencia de los cambios arquitectónicos de
inspiración exógena.
Sobre la modalidad constructiva del tipo institucional o abajeño, se
perciben modificaciones en el estilo arquitectónico, acompañadas por la
introducción de materiales alóctonos. En los últimos tiempos se está extendiendo el
empleo de techos de ‘torta’ (barro amasado con gramíneas) soportados mediante
varas de madera de álamo, asimismo se incorporó el plástico para una mejor
impermeabilización. Actualmente la madera de álamo también es empleada para
puertas y ventanas. En lugar de la piedra o la madera para los dinteles, ahora
se emplea el cemento; con este material de construcción en algunos pocos
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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 47: 181-195, Año 2015
casos se hacen los pisos y revoques (y también se está adoptando la pintura
en algunos recintos). Para ataduras y • jaciones se recurre a alambres y clavos
respectivamente” (Delfi no, 2001ª:121). Asimismo, para construir los techos a
un agua se utilizan varas de álamo cuya longitud es mayor que las de cardón,
techando espacios sensiblemente más grandes que los anteriores, aunque con
consecuencias secundarias negativas en términos de calefacción.
PARA EL FINAL …
A lo largo de los últimos siglos las arquitecturas lagunistas han sido
reiteradamente impactadas por infl uencias externas. Esta tendencia se ha visto
reforzada en el siglo pasado y lo que va del presente mediante la instrumentación
de políticas estatales de imposiciones edilicias, entre las que se destaca la de
erradicación de escuelas-rancho, trazadas sin mediar análisis alguno sobre la
conveniencia de sus diseños o de los materiales empleados en ellas. En este
sentido, y frente a las irrupciones que han conducido las modelaciones de las
arquitecturas locales desde dictados exógenos, creímos legítimo intervenir desde
una implantación arquitectónica como fue el diseño del edifi cio del Centro de
Recepción e Interpretación (CRI) del Museo Integral de la Reserva de Biosfera
de Laguna Blanca dependiente de la Universidad Nacional de Catamarca.
Confi amos en que la implantación de un edifi cio institucional inspirado en las
tradiciones arquitectónicas locales pudiese ejercer algún contrapeso en el
rumbo de los procesos de tendencia extra-local. “…el diseño arquitectónico
del Centro de Recepción e Interpretación, debía posibilitar la revalorización de
las formas constructivas indígenas y tradicionales originales, representando un
modelo signi• cante y alternativo en el contexto de las propuestas arquitectónicas
gubernamentales actuales. Por ello fue diseñado siguiendo los conceptos
constructivos tradicionales, los cuales no sólo responden a una larga cadena
de experimentación respecto de los materiales y las técnicas empleadas, sino
que involucran las directrices cosmovisionales locales (14), permitiendo además
un crecimiento ilimitado. Es decir que, el edi• cio mismo, independientemente
de las colecciones y muestras que albergue, resulta depositario de un mensaje
de revalorización cultural” (Delfino, 2001b:191). Como fuera señalado, los
edifi cios escolares fueron marcando la tendencia del resto de las construcciones
institucionales del estado reproduciendo el modelo arquitectónico urbano, en
contraposición, desde el edifi cio del CRI del Museo Integral, se intentó subrayar
las fortalezas de la arquitectura local eco amigable que guardaba estrecha relación
con tradiciones milenarias.
Nuestra praxis está inspirada en los planteamientos de una arqueología
socialmente útil que defi níamos como “…aquella que, con una actitud crítica
hacia el statu quo, refl exiva y politizada se halla comprometida con un proyecto
de cambio y emancipación social de las clases subalternas; aquella que apunta
a la satisfacción de los nes y necesidades de los sectores populares, tanto a los
de mayor trascendencia histórica como a los más inmediatos y ‘prosaicos’ que
hacen a sus condiciones materiales de vida” (Delfi no y Rodríguez, 1991:17).
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Daniel D. DELFINO
Mucho se podrá argumentar en contra de la pertinencia ética de las
intervenciones arquitectónicas como la que se efectivizó desde la Universidad,
no rehuiremos el debate. Solo resta decir que participamos desde el primer día
en que nos inscribimos de algún modo en las historias de Laguna Blanca en
buena parte de las reuniones, y sometimos nuestras ideas a consideración. No
perdiendo de vista que nuestras acciones intervienen/interfi eren en los procesos
locales, reafi rmamos el compromiso con la transformación de la realidad (después
de todo, solo en la praxis podemos equivocarnos…).
NOTAS
1) En este sentido, cabe recordar que el actual Departamento de Antofagasta de
la Sierra que limita por el Nevado de Laguna Blanca con el Distrito homónimo, en
menos de 100 años formó parte de cinco administraciones diferentes. Reclamada
en tiempos coloniales como parte del Marquesado del Valle de Toxo, en 1814
fue parte del Departamento salteño de Atacama. En 1816 pasó a ser anexada a
la Confederación Peruano-Boliviana, y luego a la República de Bolivia. Después
de la Guerra del Pacífi co la región estuvo en manos chilenas para retornar a la
administración Argentina mediante un laudo territorial que desembocó en la creación
en 1899 de la Gobernación Nacional de Los Andes. Así el –también llamado-
Territorio Nacional de Los Andes- quedó formado por los actuales departamentos de
Susques en la Provincia de Jujuy, Los Andes en la Provincia de Salta -originalmente
constituido por los departamentos de Pastos Grandes y de San Antonio de los
Cobres-, y el de Antofagasta de la Sierra en la Provincia de Catamarca. Finalmente,
el 21 de Septiembre de 1943 aquel Territorio fue disuelto, y los departamentos
puneños pasaron a formar parte de cada una de las tres provincias señaladas.
Nada indicaba que la descripción de esas pocas casas a mediados de los ’50
fuese la dirección de la tendencia de los cambios… En el marco de un estudio
etnoarqueológico que realizáramos entre 1992 y 1995 sobre un universo de 99
bases residenciales, advertimos (Delfi no, 1995:46), a partir de una prueba de Chi2
“…una asociación positiva entre tipos de ‘techo de torta y paredes de adobe’ para
Laguna Blanca (en un 59,46% de los casos)”.
3) Subtítulo inspirado en el lm de Juan Bautista Stagnaro, “Casas de Fuego”
(1995).
4) Muchos de ellos pertenecientes a la Academia Nacional de Ciencias y a la
Universidad Nacional de Córdoba formaron parte del Estado Mayor científi co de
la llamada expedición-campaña/conquista al/del “Desierto” del General Julio A.
Roca.
5) Como sostiene Oscar Terán (1987:12), “…la cuadrícula positivista destinada
a diagramar un modelo de país donde las instituciones trazarán el límite en cuyo
interior se asimilarán los sectores integrables a la modernidad, en tanto que la
variable coercitiva operaría también institucionalizadamente expulsando de él
las fracciones pre o extra-capitalista renuentes a incorporarse a la estructura
nacional”.
6) Problemas que afectaron incluso al propio Florentino Ameghino.
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CUADERNOS FHyCS-UNJu, Nro. 47: 181-195, Año 2015
7) Sin advertir de que este hipertiroidismo estaba causado por défi cit en yodo.
8) De cualquier modo, más allá de estos señalamientos, no puede dejar de
reconocerse en ambos el destacable ejercicio humanista y social de la práctica
médica.
9) Conviene recordar que el proyecto político menemista fue artífi ce de un contexto
histórico funcional al neocolonialismo, promoviendo “relaciones carnales con los
Estados Unidos de América” y simultáneamente dando la espalda a Latinoamérica.
En consecuencia, resultaba plausible concebir que las enfermedades endémicas
del país (como el Chagas) fueran causadas por los migrantes de países vecinos
que llegaban en busca de trabajo, por lo que el problema debía resolverse en las
fronteras. Un par de ejemplos bastan para caracterizar el perfi l de las políticas
de entonces: el 10 de mayo de 1999 Menem anunció la cesión del edifi cio donde
funcionaban los programas nacionales contra el mal de Chagas y el paludismo, y
el Centro de Investigación Nutricional, el CENASA, Sanidad de Frontera, Centro
del Cólera, Dirección Nacional de Emergencia Social, y Reconocimiento Médico,
para que se instale allí el Museo de Alta Montaña (MAM) para que fueran exhibidas
las momias del Llullaillaco. De igual modo resultó funcional al descuido de las
políticas sanitarias de prevención del vector, el cierre de los ferrocarriles, donde
ya no era posible que -de existir- pudiera volver a rodar el “E.600”.
10) Por el contrario, debajo de las altitudes puneñas la situación es muy diferente.
Baste recordar las palabras del botánico alemán Paul Günther Lorentz cuando en
el relato del viaje a Laguna Blanca, luego de pasar la noche en San Fernando un 3
de febrero de 1872 hace una meticulosa referencia a las vinchucas: “‘Diez y ocho
encontré antes de dormirme en mi cuerpo, a las que yo condené sin compasión
a ser decapitadas, pero, como venganza, encontré a la mañana 39 ó 40 bajo
las mantas, entre ‘grandes y chicas’, todas llenas de mi sangre: ¡una verdadera
sangría gratuita!’” (González 1971:34).
11) Damos cuenta que estos valores han aumentado sustancialmente en el
presente de manera proporcional al incrementarse las oportunidades laborales en
la región, lo que posibilitó disminuir la tasa de migración y, en otros casos, revertir
el proceso haciendo que algunas familias migrantes retornen.
12) Los pobladores sostienen que antiguamente muchas cocinas tenían esta forma
de planta, pero en los últimos tiempos las fueron “volteando” para reconstruirlas
de forma rectangular.
13) Cuando se instruye a un viajero para que no equivoque su camino, se recurre
a referencias de “hitos” naturales o antrópicos destacados que puedan orientarlo,
completando las indicaciones para determinar posición geográfi ca con precisiones
solares, por ejemplo: “en la cueva que está sol de tarde”, o las peñas pintadas
(pictografías) que están sol de mañana”.
14) Dado que el CRI del Museo Integral comparte espacios con la sede del Instituto
Interdisciplinario Puneño (InIP - Universidad Nacional de Catamarca) incluyendo
una Residencia Universitaria, el edifi cio fue diseñado guardando la misma relación
cardinal que la de las bases residenciales descriptas, por lo que el recinto-cocina
se ubica al Norte del edifi cio, o la izquierda de los recintos-habitación que ocupan
el ala Sur.
194
Daniel D. DELFINO
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... Poco a poco los pobladores habían empezado a desconsiderar sus propias tradiciones constructivas para seguir las tendencias urbanas, moda del "progreso": materiales y plan arquitectónico "importados" de los centros urbanos (Delfino 2001). La Ley 24.856 sancionada en 1997, conocida como "Ley de Erradicación de Escuelas-Ranchos", formulada desde las oficinas de gobierno de una lejana capital nacional (1500 km) y aplicándose específicamente a las escuelas públicas, traía técnicas constructivas propias de una ideología de dominación impuesta en la región y vino acelerando la corriente de abandono de las viviendas tradicionales (Delfino 2015). Apuntando a hacer desaparecer los rastros de arquitecturas tradicionales pero según los decisores, "precarias", poco saludables y finalmente, reveladoras de pobreza, y plasmada específicamente en las escuelas, era la expresión del "aparato ideológico del Estado" cuya finalidad práctica se inscribe en la dominación hegemónica de las poblaciones marginadas o subalternas. ...
... La estandarización de su arquitectura, la integración de sus edificios en las comunidades, la asistencia obligatoria, son tantos aspectos que sirven a la intromisión del discurso político en las comunidades, aunque en forma menos marcada -o más sutil-, que los contenidos mismos, también objetables por su parcialidad (cf. Delfino 2015;Delfino et al. 2013). En este contexto, se decidió partir del diseño de planta circular de los puestos tradicionales de pastores y de los espacios de las viviendas arqueológicas de la región y adaptarlo en octógonos para la construcción del Centro 155 ISSN 1852-060X (impreso) / ISSN 1852-4826 (electrónico) http://dx.doi.org/10. ...
Article
Full-text available
p>La región de Laguna Blanca, al norte del departamento Belén (Puna catamarqueña, Argentina), es actualmente “amparada” por unas 120 unidades domésticas, repartidas a lo largo de los 10.000 km² del Distrito. En el contexto regional actual, profundamente marcado por las sucesivas olas colonizadoras y neo-colonializadoras que siguen afectando a las poblaciones autóctonas latinoamericanas, reivindicamos la utilidad social de la producción de conocimiento científico y arqueológico y el necesario posicionamiento político y social de la práctica museológica. Buscamos por lo tanto, desde nuestra práctica, generar las condiciones y el espacio en una interacción con los campesinos e indígenas como sujetos históricos, para permitir un proceso de restauración de los saberes sometidos y subalternizados.</p
... Tal situación se vincula claramente al fenómeno de las "casas mochas" estudiadas en la vecina localidad de Laguna Blanca(Delfino 2015) y Puna jujeña (Rivet y Tomasi 2016) aunque nosotros no hemos registrado en Barranca Larga ese término para referir a los puestos deshabitados. ...
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Recientes prospecciones en las cabeceras de las quebradas de Los Nacimientos, Lampacillo y Yerba Buena, en el valle de El Bolsón, provincia de Catamarca, aportaron relevantes datos relacionadas con ocupaciones pastoriles, correspondientes posiblemente al siglo XIX y XX, así como también a poblaciones cazadoras-recolectoras representadas por fragmentos de puntas de proyectil, principalmente de formas lanceoladas, características del Arcaico y del período de transición hacia sociedades productoras de alimentos. Es llamativa a su vez la escasa presencia de evidencias correspondientes a los períodos Formativo y de Desarrollos Regionales, que son abundantes, en cambio, en el fondo del valle y en sectores intermedios de las quebradas laterales. Nuestro objetivo en este trabajo es presentar los resultados de estas prospecciones, así como también el avance del análisis de los materiales recuperados para evaluar los modos de articulación de las vegas de altura con los paisajes conocidos en sectores más bajos en distintos momentos de la historia de ocupación del valle.
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A mediados del siglo XIX se desarrollaron varios proyectos mineros en el oeste de la provincia de Catamarca (Argentina) dedicados principalmente a la explotación de cobre. En ese contexto, la Casa Lafone se destacó –entre otras cosas– por presentarse como un emprendimiento de “estilo inglés”, diferenciado del resto por la tecnología empleada y por el modo en que se organizaban las faenas y diferentes aspectos relativos a la vida de los trabajadores. En este artículo buscamos caracterizar el funcionamiento de dicho establecimiento minero poniendo el foco en el modo en que habitaron, trabajaron y circularon las personas como resultado de las reconfiguraciones espaciales y arquitectónicas y, en consecuencia, de tiempos, ritmos, tipos y formas de trabajo. Proponemos que esas reconfiguraciones constituyeron formas sutiles pero no menos potentes de control y disciplinamiento de la mano de obra que, junto a otras acciones, implicaron grandes cambios e impactos sobre el paisaje y los recursos y principalmente sobre la vida de las personas que allí vivieron y trabajaron.
Article
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En este artículo caracterizaremos las distintas escalas de producción de minerales y de reproducción social atestiguados en Capillitas, con la intensión de comprender las lógicas sociales subyacentes. En efecto, asumimos que el paisaje minero de Minas Capillitas no muestra un relato complaciente del triunfo del desarrollo tecnológico, como lo querían ver los empresarios de la época fuertemente influenciados por la idea decimonónica del progreso, sino las relaciones de diferentes colectivos sociales en la práctica de la minería en los ámbitos que se articularon en torno a las vetas de cobre. Para evidenciar esta actividad de prácticas y colectivos silenciados, nos apoyaremos en la confrontación de evidencias arqueológicas con fuentes bibliográficas contemporáneas.
Book
Rancheros hold a distinct place in the culture and social hierarchy of Mexico, falling between the indigenous (Indian) rural Mexicans and the more educated city-dwelling Mexicans. In addition to making up an estimated twenty percent of the population of Mexico, rancheros may comprise the majority of Mexican immigrants to the United States. Although often mestizo (mixed race), rancheros generally identify as non-indigenous, and many identify primarily with the Spanish side of their heritage. They are active seekers of opportunity, and hence very mobile. Rancheros emphasize progress and a self-assertive individualism that contrasts starkly with the common portrayal of rural Mexicans as communal and publicly deferential to social superiors. Marcia Farr studied, over the course of fifteen years, a transnational community of Mexican ranchero families living both in Chicago and in their village-of-origin in Michoacán, Mexico. For this ethnolinguistic portrait, she focuses on three culturally salient styles of speaking that characterize rancheros: franqueza (candid, frank speech); respeto (respectful speech); and relajo (humorous, disruptive language that allows artful verbal critique of the social order maintained through respeto). She studies the construction of local identity through a community's daily talk, and provides the first book-length examination of language and identity in transnational Mexicans. In addition, Farr includes information on the history of rancheros in Mexico, available for the first time in English, as well as an analysis of the racial discourse of rancheros within the context of the history of race and ethnicity in Mexico and the United States. This work provides groundbreaking insight into the lives of rancheros, particularly as seen from their own perspectives.
Article
¿Podríamos acordar si existen &apos;&apos;notas esenciales&apos;&apos; que definan qué cosa es lo &apos;&apos;formativo&apos;&apos;? ¿Ocupó únicamente un tiempo y/o un espacio definido? ¿Lo formativo refiere a un solo modo de vida o acaso un sistema adaptativo? ¿Concepto categorial o realidad empírica? Cuestionamientos que sólo de manera excepcional fueron orientados a entender los supuestos implícitos de los usos arqueológicos del término, hecho que ha generado que nos hayamos movido en una polisemia de interpretaciones al tiempo de relacionar los conceptos y la casuística. En este artículo hemos reflexionado sobre la base de las aplicaciones y reformulaciones de este recurso metodológico, mediante un análisis histórico y &apos;&apos;genealógico&apos;&apos; del concepto. A partir de reflexiones suscitadas, pretendemos someter a discusión estas elucidaciones conceptuales sobre las experiencias de los trabajos arqueológicos realizados en el territorio de la Reserva de Biosfera de Laguna Blanca (Dpto. Belén. Catamarca). Hacia el final de este artículo, a modo de epílogo ensayaremos una alternativa situada, en un intento de formatear al formativo.
Expedición de la Sociedad Argentina de Americanistas a Laguna Blanca
  • Cáceres Freyre
CÁCERES FREYRE, J (1956) Expedición de la Sociedad Argentina de Americanistas a Laguna Blanca. Revista Geográfi ca Americana. XL (242), 391-402.
Informe fi nal del proyecto
  • D D Delfino
DELFINO, DD (1995) Relevamiento y Estudio Etnoarqueológico de Patrones de Asentamiento Tradicionales. Implicancias Actuales (Distrito de Laguna Blanca, Dpto. Belén. Catamarca). Informe fi nal del proyecto. San Fernando del Valle de Catamarca. Dirección General de Proyectos de Investigación. SeCyT-UNCa. Inédito.
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