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APEGO Y VÍNCULO: UNA PROPUESTA DE DELIMITACIÓN Y DIFERENCIACIÓN CONCEPTUAL

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Abstract

Attachment and linkage are two different concepts that are misused as synoyms frequently in the literature. The research on the attachment styles thar are developed within the family or the friends enviroment keeps growing at fast pace and on this context the definition and use of the concept must be the appropiate one. In this article we define both concepts separately and we provide the differences between them. Our intention is to support and promote the correct and differentiated use of these two. http://www.temasdepsicoanalisis.org/2018/01/31/apego-y-vinculo-una-propuesta-de-delimitacion-y-diferenciacion-conceptual/
TEMAS DE PSICOANÁLISIS Núm. 15 Enero 2018
I. Burutxaga et al. Apego y vínculo: propuesta de delimitación y diferenciación conceptual
© 2018 TEMAS DE PSICOANÁLISIS e I. Burutxaga, C. Pérez-Testor, M. Ibáñez, S. de Diego, M. Golanó, E. Ballús, J.A. Castillo
APEGO Y VÍNCULO: UNA PROPUESTA DE DELIMITACIÓN Y
DIFERENCIACIÓN CONCEPTUAL
Iker Burutxaga, Carles Pérez-Testor, Margarita Ibáñez, Sergi de Diego, Marta Golanó,
Elisabeth Ballús, Josep A. Castillo
Introducción
A medida que crece el interés en la teoría del apego, son cada vez más las investigaciones que
buscan estudiar los estilos de apego y las influencias que éstos tienen. En este auge investigador
se observa un fenómeno en el cual el concepto de apego, definido inicialmente por John Bowlby
(Bowlby, J., 1988) y re-definido posteriormente por Ainsworth (Ainsworth, M.D.S., 1969), se
confunde con el de vínculo y se utilizan como sinónimos, obviando las diferencias significativas que
hay entre ambos. Este artículo explora estas diferencias y aporta la definición de cada uno de los
términos, haciendo hincapié en la necesidad de hacer un uso correcto de ellos.
Apego
La teoría del apego formulada por John Bowlby se está convirtiendo en una de las corrientes más
utilizadas, tomada por muchos autores como base para sus estudios e investigaciones. Esta teoría
establece que hay un sistema motivacional que nace de la necesidad primaria de los niños de
mantener una proximidad física con sus cuidadores principales como manera de garantizar su
propia supervivencia. Esta conceptualización puramente biológica del apego dio paso a una
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I. Burutxaga et al. Apego y vínculo: propuesta de delimitación y diferenciación conceptual
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interpretación más integral en la que Bowlby hablaba, no solo de proximidad física, sino de
“disponibilidad permanente” de la figura principal (Bowlby, 1988). Esta disponibilidad no es
exclusivamente de carácter físico (estar ubicada en el espacio cerca del niño) sino que plantea una
necesidad de respuesta emocional adecuada por parte de esta figura principal. Que el niño
interiorice a la figura principal como disponible y capaz de responder emocionalmente es la clave
para el desarrollo de un sistema de apego seguro.
Esta teoría ha logrado llegar y adaptarse a diferentes campos de la investigación gracias a
su capacidad para explicar el desarrollo infantil, proporcionando clasificaciones precisas de los
niños en sus estilos de apego e información valiosa sobre las representaciones mentales de uno
mismo y de los demás, “modelos operativos internos”, que se van construyendo a partir de las
relaciones de apego tempranas (Bowlby, 1989). En lo referente al apego, las interacciones del niño
en los primeros meses le ayudan a identificar patrones de relación con esta figura y, de esta
manera, se registra en su mente un modelo operativo interno. Este modelo sirve como fuente de
información para el niño que, basándose en sus experiencias pasadas, puede “predecir” como va a
actuar su figura principal de apego y actuar en consecuencia. Estos modelos operativos internos
no son estancos, forman parte de un círculo en el que las expectativas y los comportamientos del
niño influyen y, a su vez, se ven influenciados por ellos.
Bowlby (1989) propuso que para que el desarrollo mental sea el adecuado, es necesario
que el psiquismo que quiere ser independiente reciba durante los primeros años de vida una
respuesta emocionalmente sensible de una entidad organizadora externa, en este caso la figura
principal de apego. Para Bowlby (1988), una madre o figura principal de apego sensible, está
sincronizada a los ritmos de su hijo y está atenta a los detalles de su comportamiento, para
entender qué es lo que necesita y actuar consecuentemente”. Bowlby planteó que el niño, a partir
del primer o segundo mes de vida, tiene una serie de respuestas instintivas a las que él llama
comportamientos de apego (chuparse el dedo, seguir a la madre, o el llanto y la risa), que tienen
como objetivo unir a la madre con el hijo y al hijo con la madre. La función evolutiva del sistema
de apego no es solo la de proteger al niño del peligro y garantizar su supervivencia, sino la de
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asegurar la presencia (física y emocional) incondicional de la figura principal. En este sentido,
insiste en que el apego tiene su propia motivación y que no tiene que ver con las necesidades de
reproducción o de alimento, aunque ciertos comportamientos o conductas puedan ser similares.
Estas respuestas se desarrollan independientemente durante los primeros seis meses de vida,
pero a partir del sexto mes se centran y focalizan en la figura de apego principal, la cual responde
ante el llanto de su hijo y es la responsable de iniciar la interacción social del niño (Schaffer y
Emerson, 1964). Una vez establecida la relación de apego, los niños son capaces de utilizar a la
figura de apego como una base segura para explorar el entorno, así como un refugio seguro al cual
regresar para restaurar la calma (Ainsworth, 1969). La capacidad de la figura principal de apego
para cumplir con estas necesidades marcará la interacción entre ambos, especialmente la
sensibilidad de la figura principal ante las señales del niño, aunque las características de los niños
también juegan su papel (Bretherton, 1992).
Ha sido también fundamental la variedad de instrumentos que se han desarrollado para la
evaluación del apego y que permiten a investigadores y académicos de muy distintos campos
abordar diferentes temáticas y objetivos desde el marco teórico del apego. Si bien pudiera parecer
que la teoría del apego debiera ser aplicada únicamente a estudios con poblaciones infantiles
debido a la formulación de la misma, hay diversas corrientes de estudio que se interesan en
investigar los estilos de apego en los padres y adultos. La utilización de la Adult Attachment
Interview (AAI) o de pruebas similares que evalúan el estilo de apego de los adultos, se está dando
cada vez de manera más frecuente en la práctica clínica, en las entrevistas de trabajo o en las
dinámicas de grupo, como manera de lograr información valiosa y orientativa referente a la
persona y a su forma de relacionarse.
En este auge y crecimiento de la teoría del apego como teoría referente para distintas
corrientes investigadoras, se observa un fenómeno que podría ser considerado puramente
semántico o linguístico, pero que quizás sea más conceptual de lo que parece y puede verse
influenciado por la percepción errónea que se tiene del concepto del apego. Se observa en la
literatura que se emplean palabras, conceptos y definiciones de manera que se suponen
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equivalentes e intercambiables por el concepto de apego. En cambio, tras una observación
detallada se aprecia en que en muchas ocasiones hacen referencia a cosas diferentes. Palabras
tales como unión, relación o atadura, se emplean frecuentemente de manera indiscriminada y
como equivalente de la palabra apego. En inglés sucede lo mismo con palabras como bond,
linkage, relationship, y la palabra attachment. A nivel semántico, estas palabras son similares y
pueden considerarse incluso sinónimas entre ellas. Apego en el diccionario se define como
sentimiento de afecto, cariño o estimación que se tiene hacia una persona o cosa”; y nculo
como “unión o relación no material, sobre todo cuando se establece entre dos o más personas”.
Pero a nivel conceptual, no deben ser utilizadas de esta manera. El apego es un concepto
específico, se utiliza para hacer clasificaciones en base a una serie de comportamientos de la vida
cotidiana de los sujetos, y es susceptible de reproducirse en situaciones de laboratorio. En este
artículo observaremos las diferencias entre los conceptos de apego y vínculo, ya que este último
es el más frecuentemente utilizado como sinónimo castellano de apego. Vínculo también aparece
con frecuencia en trabajos psicoanalíticos de autores franceses y argentinos. Para ello
revisaremos las definiciones de ambos y buscaremos qué es lo que los hace diferentes y por qué
no debemos confundirnos y utilizarlos indiscriminadamente.
El vínculo
El concepto de vínculo aparece incluso antes de que naciera la teoría del apego y es
frecuentemente utilizado por muchos autores. La unión básica entre el niño y la madre es
continuamente denominada vínculo y de ahí sus continuas referencias en la literatura. En las
investigaciones con poblaciones infantiles la relación madre-niño es frecuentemente el foco de
estudio y los autores buscan modos relacionales, estrategias, dinámicas que puedan explicar
comportamientos que se observan en el niño durante su infancia y también en etapas posteriores
de su vida adulta. Es por ello que se habla a menudo de la importancia del vínculo, entendiendo
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como vínculo la relación madre-niño que se desarrolla en los primeros años de vida. Muchos
autores postulan que esta primera relación con la madre será luego el molde o la base bajo la que
se formarán las futuras relaciones del niño. De acuerdo con Benhaim (2013) la teoría del vínculo
establece desde su inicio la dependencia del bebé con respecto al otro y pone en cuestión, de
forma radical, toda concepción monádica de la psique humana.
El concepto de vínculo ha sido estudiado por muchos autores de orientación psicoanalítica
que trabajan en el campo de la terapia individual, de las parejas o de las familias. Entre ellos
destacamos a Bion (citado en Jaroslavsky y Morosini, 2012), que describía el nculo como
expresión del mecanismo de identificación proyectiva tanto desde el niño hacia su madre como
de la madre al niño, una identificación proyectiva de comunicación”, y subrayaba el hecho de ser
un proceso bidireccional en el que el psiquismo del niño influye en el de la madre y viceversa.
Rivière (citado en Jaroslavsky y Morosini, 2012), definía el vínculo como una estructura compleja
que incluye un sujeto, un objeto, y su mútua interrelación, acompañada de procesos de
comunicación y aprendizaje. Kaës (citado en Jaroslavsky, 2012), apuntaba que “el nculo implica
una lógica distinta a la que organiza el espacio intrapsíquico del sujeto, ya que no es la suma de
dos o más sujetos, sino un espacio psíquico construido ―diríamos co-construido― a partir de la
materia psíquica implicada en sus relaciones, especialmente a través de las relaciones
inconscientes que las organizan y los acoplamientos o emparejamientos que los individuos
singulares producen en el encuentro entre ellos”. En la literatura de la teoría de los vínculos se
aprecia que hay una serie de ideas que se repiten continuamente entre los diferentes autores y
que parecen establecer las características principales de los vínculos. De esta manera apreciamos
que:
o El vínculo madre-hijo se crea incluso antes de nacer el niño, nace como una unión
puramente biológica que se desarrolla hasta convertirse en una unión simbólica que
ejercerá de referente para vínculos posteriores.
o Los vínculos sirven para estructurar la realidad del individuo, sirven como marco de
referencia, estableciendo límites y prohibiciones.
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o Los vínculos llevan asociados fantasías que son compartidas por sus miembros y que son el
material principal del contenido psicológico de los mismos.
Vínculo biológico madre-bebé
Los autores que estudian y trabajan con la teoría del vínculo postulan frecuentemente el
nacimiento de éste durante el periodo en el que el niño es en el vientre materno, antes del
nacimiento. La relación puramente biológica en la que el niño es dependiente a tiempo completo
de la madre parece ser la base sobre la que se desarrollan y construyen las modalidades vinculares
y los futuros modos relacionales del niño. Según Jaroslavsky (2012), por la empatía materna los
integrantes de la unidad dual están comunicados como vasos comunicantes, manteniendo el nivel
constante entre la demanda y su satisfacción. De esta manera, mientras el niño se encuentra en el
vientre materno comienza a desarrollarse la relación dual, que se asienta sobre la interacción entre
la madre, el niño y sus necesidades; de la manera en que interactúen estos tres elementos
dependerá el desarrollo de la misma. Imre Hermann (citado en Jaroslavsky, 2015) acuñó el término
unidad dual y lo definía como “el instinto de aferramiento del niño hacia su madre, que es el
cemento fundacional de la unidad dual, que además es complementada por la identificación de
esta con el desvalimiento de su hijo”.
Esta unión dual y puramente biológica finaliza parcialmente con el nacimiento del niño y
con la separación de su madre. En este nuevo escenario, el niño sigue vinculado biológicamente a
su madre a través de la crianza y de la satisfacción de las necesidades más primarias y, por otro
lado, depende también de la madre a nivel psicológico para procesar y gestionar su mundo
interno, ya que su propio psiquismo está recién empezándose a construir. “Antes del nacimiento
hay una unión total en la que el bebé no tiene percepción de tal. Luego, esta simbiosis biológica
pasa a ser una simbiosis psicológica” (Bernard, citado en Benhaim, 2013).
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Tomando como referencia las representaciones de la relación fusional con su madre, el
niño comienza a desarrollar su propia psique, gestionando las demandas del mundo externo con
un psiquismo todavía muy poco desarrollado y apoyándose en la madre que ejerce la función de
amortiguar y filtrar los contenidos para que puedan ser procesados por el niño. Como explicó
Jaroslavsky (2012), la primera representación que tiene un recién nacido es la del vínculo madre-
bebé y cuando esta unidad dual termina con la separación progresiva del ambos, queda como
remanente intrapquico. Es por ello que la madre ejerce como referencia principal en el
desarrollo del psiquismo del niño, aún cuando ya fuera del vientre la unidad fusional biológica ha
desaparecido. En este sentido Bion (citado en Benhaim, 2012) habla del vínculo y de la capacidad
de rêverie de la madre: “el lactante evacúa los elementos inadmisibles para su psiquismo,
proyectándolos en la madre, y ésta, con su capacidad mental de rêverie, opera una transformación
de los elementos para enseguida restituirlos al lactante”. En la misma línea, Jaroslavsky (2012)
sostiene que el aparato de pensar del bebé se constituye en el encuentro madre-bebé a partir del
trabajo de la madre sobre las experiencias emocionales del bebé.
Vínculo: estructura, marco, espacio
El vínculo no se limita únicamente a la relación que se establece entre dos o más personas. El
vínculo es también un lugar, un espacio, donde el sujeto encuentra lo necesario para desarrollarse
emocionalmente y crecer; va más allá y constituye un marco que va a definir la forma y el modo en
el que los miembros que lo forman van a interactuar. El vínculo debe considerarse una estructura
circular que contempla no solo la suma de los psiquismos individuales de los miembros del mismo,
sino que recoge sus interacciones y las influencias circulares que cada uno ejerce en los otros. Los
vínculos, de esta manera, establecen las jerarquías de quienes los componen y definen sus estilos
relacionales. Se establece un dentro” y un “fuera” del vínculo, y éste es el espacio que tiene el
sujeto para explorar y relacionarse. Aquél que sobrepasa los límites, está fuera del vínculo y fuera
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de todo lo que éste conlleva. “Un vínculo lleva siempre un conflicto entre el lugar que es
adjudicado, los lugares que son atribuidos, y las representaciones que ese sujeto hace de esas
atribuciones” (Moguillansky, citado en Benhaim, 2012).
El vínculo, como estrategia de supervivencia, conforma un espacio en el que el correcto
funcionamiento del mismo es el objetivo principal y las necesidades psicológicas individuales son
sacrificadas en beneficio del bienestar común. El individuo se somete a las limitaciones impuestas
por el vínculo con la intención de beneficiarse de las ventajas psicológicas derivadas de formar
parte del mismo. Como menciona Kaës (citado en Benhaim, 2012), el grupo impone al sujeto un
cierto número de coacciones psíquicas, que conciernen los abandonos, los renunciamientos o la
eliminación de una parte de la realidad psíquica. El grupo también prescribe vías de cumplimiento:
exige cooperación, desvía la represión… A cambio asume un cierto número de beneficios en favor
del sujeto, por ejemplo la edificación de mecanismos de defensa colectivos o la participación en
las funciones de ideal”. El sujeto, de esta forma, se beneficia no solo de las cualidades propias del
vínculo, sino que utiliza éste como vehículo para lograr cubrir una serie de necesidades básicas
propias. Aquellos individuos capaces de redes interpersonales más complejas contarán con más
recursos para afrontar las demandas del mundo externo y, al mismo tiempo, dispondrán de
mejores estrategias para satisfacer sus propias necesidades. La psique de cada individuo se nutre
de los vínculos y de las posibilidades que ofrecen éstos para lograr su propio desarrollo óptimo.
Vínculo: fantasías compartidas
El vincularse y formar relaciones significativas es algo innato en el ser humano, es una necesidad
sica más que, a su vez, ayuda a satisfacer otras necesidades primarias del individuo. Los vínculos
que se forman ayudan al individuo a establecer una red de relaciones con seres significativos que
son necesarias para el desarrollo saludable en un animal social como es el ser humano. Es innato
también en el ser humano fantasear sobre uno mismo y sobre el mundo que le rodea. Estas
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fantasías comienzan a elaborarse tan pronto como la psique del niño empieza desarrollarse. El
contenido de estas primeras fantasías dependerá, en gran medida, de la manera en que las
necesidades primarias se vean satisfechas. Las fantasías originarias universales son comunes a los
seres humanos, se producen antes del registro lingüístico verbal y dependen de las experiencias
vividas en interacción con la madre (Jaroslavsky, 2012).
Cuando un vínculo comienza a crearse entre dos o más individuos, la puesta en común a
nivel inconsciente de estas fantasías se lleva a cabo, y, de esta manera, comienza a tejerse la
relación. Según Winnicott (citado en Jaroslavsky, 2010) los vínculos nacen por la necesidad de
transmitir. La transmisión inconsciente opera en las alianzas circulando contenidos, emociones,
afectos, historias, significados, y se modifica en su contenido con la experiencia, no en su proceso.
Consecuentemente los vínculos están cargados de componentes emocionales y conllevan la
puesta en común de las fantasías individuales de cada uno de los miembros. Del manejo y gestión
de esta materia psíquica dependerá el bienestar y la calidad de los vínculos formados. Según
Winnicott (citado en Jaroslavsky, 2010), las alianzas y los pactos inconscientes tejen las redes
cuyos nudos son puntos de tensión expuestos en palabras, actos y gestos” y “el espacio del vínculo
está siempre impregnado de proyecciones, pero las más flexibles, menos masivas, permitirán una
potencialidad de creatividad, puesto que el otro podrá actuar desde su realidad psíquica”. El
vínculo se formará en la conversación entre las fantasías individuales y compartidas, y el resultado
de esta dialéctica será la relación que se establece entre los individuos, que es la representante del
nculo. Según Jaroslavsky (2015), el hecho de que varios individuos estén juntos no los define
como un grupo desde el punto de vista psicoanalítico. Cuando comparten una fantasía
inconsciente en común, tendremos las condiciones para que se forme un grupo”. La gestión de
estas fantasías comunes será lo que defina el tipo y la calidad del vínculo que se forme.
Diferencias entre apego y vínculo
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Si bien los conceptos de apego y vínculo pueden confundirse y, como decíamos, se observa en la
literatura que muchos autores los emplean indiscriminadamente, una vez se analiza en
profundidad se observan diferencias significativas entre ellos.
1. Concreto versus general
El apego, definido en el marco de la teoría de Bowlby, es un sistema de habilidades y
comportamientos concretos que ayudan al sujeto a obtener o mantener la proximidad necesaria
respecto a otro individuo que es considerado con más capacidades para afrontar las exigencias del
mundo exterior. Este sistema se puede activar, sea durante un periodo de ausencia de la figura
principal de apego, sea ante el retorno de la misma en una situación de re-encuentro. El tipo o la
calidad del apego del niño hacia la figura principal de apego se observa a través de los
comportamientos de apego que demuestra el niño en dichas situaciones. Estos comportamientos
vienen determinados por experiencias previas y se pueden clasificar en cuatro tipos diferentes:
apego seguro, inseguro-ambivalente, inseguro-preocupado y desorganizado, que engloban las
reacciones de los infantes ante las situaciones de re-encuentro.
El apego es entendido como una necesidad más del bebé y como tal se la define como
única y diferente al resto de necesidades básicas. Cuenta con estrategias propias que se ponen en
funcionamiento cuando el sistema de apego se activa, y tienen como objetivo asegurarse la
proximidad y la disponibilidad física y emocional de la figura principal. Así, el niño puede buscar a
la madre y calmarse junto a ella, niño con apego seguro; o puede ignorar a la madre y no mostrar
su frustración, niño con apego evitativo; o podría continuar con su situación de estrés, incluso con
su madre intentando calmarlo, niño con apego preocupado. El sistema de apego propio de cada
niño se activará en situaciones de ausencia y de re-encuentro con la figura principal. Estas pueden
ser situaciones naturales en la vida cotidiana de los infantes, como un re-encuentro a la salida del
colegio, o situaciones controladas en un laboratorio recreadas artificialmente con el fin de
observarlas y estudiarlas.
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Por otro lado, el concepto de vínculo es frecuentemente utilizado en la mayoría de los
casos de manera no específica, haciendo referencia a un amplio abanico de relaciones y
comportamientos. Generalmente se habla de vínculo para hablar de la unión entre dos o más
personas, como la de madre-bebé, pero pueden darse muchos tipos diferentes de vínculos, a
muchos y diferentes niveles, y este tipo de unión suele llevar asociados componentes afectivos.
Podemos ver que en la literatura se habla desde el vínculo que se forma en el período pre-natal,
puramente biológico, ―y que es el sustento que hace posible el desarrollo del embrión― al
vínculo familiar que une a todos los miembros de una familia y los hace compartir experiencias,
fantasías y sueños, hasta el vínculo que se desarrolla entre el paciente y el psicólogo durante su
relación terapeútica. No existe un único tipo de vínculo ni un modo único de vincularse con los
demás, es amplio el abanico de modos relacionales y los resultados son de gran variedad también.
Establecer vínculos a lo largo de nuestras vidas parece ser parte de las necesidades básicas
del ser humano como animal social. Estas uniones cubren las necesidades relacionales propias del
individuo y también ayudan a cubrir otras necesidades, como pueden ser las fisiológicas y
biológicas más primarias ―la necesidad de sustento que hace al niño dependiente total de la
madre―, o necesidades evolutivamente más avanzadas, como son las afectivas o la necesidad de
realización del ser humano. Es por ello que desarrollar y mantener vínculos importantes a lo largo
de nuestras vidas es fundamental para nuestro bienestar psicológico y emocional a muchos
niveles. Estas uniones especiales nos proporcionan seguridad, nos ayudan a desarrollarnos física y
psicológicamente, hacen que nos sintamos queridos o que formamos parte de un grupo.
2. Dimensión temporal
El sistema de apego se desarrolla en el niño a partir de los seis meses. Previamente el niño
muestra un abanico de reacciones o comportamientos que están dirigidos a captar la atención del
mundo exterior de manera general, y no dirigidos a una persona en particular. En cambio, una vez
se desarrolla el sistema de apego, los niños presentan un conjunto de comportamientos bien
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diferenciados y estructurados, dirigidos a la figura de apego principal. Es decir, el niño necesita un
periodo previo de maduración para que el sistema de apego se desarrolle. De esta manera las
estructuras mentales propias del sistema de apego se desarrollan en el niño durante un periodo
determinado en el tiempo y contando con un entorno capaz de dar atención y apoyo a través de
la figura principal.
De la misma manera, es importante apuntar la opinión de diferentes autores cuando
sostienen que el apego, una vez desarrollado durante la infancia, puede modificarse en etapas
posteriores. De esta manera, relaciones de apego inseguras durante la infancia pueden tornarse
en relaciones de apego seguro en etapas adultas; o individuos con relaciones de apego inseguras
en su infancia pueden desarrollar relaciones seguras en la vida adulta, si se dan las circunstancias
necesarias. Este aspecto optimista del apego es uno de los puntos clave de esta teoría, ya que
implica flexibilidad en las estructuras mentales relacionadas con el sistema de apego y da espacio
para una reestructuración de las mismas. Esta circunstancia posibilita que un sujeto que haya
desarrollado un tipo de apego inseguro hacia su figura principal durante la infancia, pueda
encontrar una figura con la que desarrollar un tipo de apego seguro en etapas posteriores y, de
esta manera, beneficiarse de los efectos positivos asociados a estilos vinculares seguros.
El vínculo, por su parte, no parece tener una limitación temporal. Pueden establecerse
vínculos a diferentes edades y niveles de desarrollo psicológico. De hecho, se establece un vínculo
entre la madre y el bebé mientras éste todavía está en el vientre materno. Esta unión, puramente
biológica en el primer momento, pasa a ser una unión emocional y afectiva que deja una huella
que será la base de todos los vínculos futuros a desarrollar.
El vincularse parece ser algo innato en el ser humano y algo que va a seguir buscando
durante toda su existencia. Esta búsqueda de relaciones con otros seres significativos parece ser,
no solo una necesidad en sí misma, sino que ayuda a cubrir diferentes necesidades a lo largo de la
vida, como la necesidad de comida o la necesidad de cobijo. Contar con este tipo de lazos
afectivos ayuda a que el niño se sienta protegido, a que el adolescente se sienta entendido o a que
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el adulto se sienta realizado. La fuerza de los vínculos consigue llegar a muchos aspectos del
desarrollo psicológico y, de esta manera, influye constantemente en la vida de los individuos.
3. Individual versus grupal
El apego se forma con el cuidador principal del bebé, que generalmente es la madre, pero puede
ser el padre o cualquier otra persona que cumpla la función de ofrecer seguridad y protección al
niño. El apego puede establecerse tambn con otras personas, pero se considera que la relación
de apego principal es la referencia para el resto y que generalmente el individuo desarrolla pocas
relaciones de apego a lo largo de su vida. Si bien durante los primeros meses de vida del bebé,
mientras se forma el sistema de apego, los comportamientos de apego son indiscriminados y van
dirigidos hacia el mundo exterior de manera general, sin tener un objetivo concreto, a partir de los
seis meses estos comportamientos de apego son dirigidos hacia la figura de apego principal y se
empieza a desarrollar la relación de apego como tal. Esta relación de apego se establece siempre
entre el niño y otra persona, no es posible incluir un tercero en esta dualidad. Si bien es posible
que el niño desarrolle dos relaciones de apego diferenciadas y cualitativamente distintas entre las
dos figuras parentales principales ―por ejemplo, seguro con la madre y evitativo con el padre―
éstas serán siempre relaciones duales y no aceptan un tercero en la misma. La idea de un apego
grupal está poco desarrollada.
El vínculo, por otra parte, no parece verse limitado a una relación dual ni a un número
concreto de personas con las que se pueda formar, está abierto a formarse entre varios. El vínculo
puede establecerse con varias personas a la vez o incluso con un grupo de personas,
independientemente del número de integrantes con las que se comparte un espacio, un objetivo o
una esperanza, y en las que el vínculo actúa como nexo de unión entre todas ellas. Si bien las
relaciones de apego significativas son duales y generalmente poco frecuentes a lo largo de la vida,
las asociaciones vinculares aparecen continuamente dentro de un desarrollo psico-emocional
normal, desde la formación más básica y primitiva, como es el vínculo madre-hijo que se desarrolla
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en el vientre materno, hasta vínculos más complejos como los familiares, que recogen las
relaciones entre los miembros, así como los sueños, ideas y fantasías compartidas de los mismos.
Conclusión
La investigación en torno a la teoría del apego se está convirtiendo en una de las corrientes más
importantes en la actualidad. Por eso es importante entender que el concepto de apego define
unos comportamientos y unas estrategias de relación específicas en el niño y en los adultos
destinadas a cubrir unas necesidades propias, diferentes de otras necesidades básicas como las de
afiliación o cobijo. La manera en la que la díada madre-niño gestione la resolución de estas
necesidades intrínsecas determinará la relación de apego, más o menos segura, que se establecerá
entre ellos. En este sentido se diferencia de otras relaciones vinculares que tiene el niño y que no
son específicas del sistema definido por John Bowlby.
El vínculo, frecuentemente confundido con el apego, es un concepto más amplio y que
compromete una mayor variedad de comportamientos y modos relacionales. Vincularse es algo
innato en el ser humano y es básico para el correcto desarrollo psico-emocional. Es por ello que las
relaciones vinculares no solo sirven como fuente para las necesidades vinculares propias, sino que
ayudan a satisfacer otra serie de necesidades primarias.
Dada esta tendencia a la confusión entre conceptos que implican procesos y mecanismos
diferentes, es importante que en la literatura se utilice la palabra apego únicamente cuando nos
refiramos a este sistema concreto de estrategias que hemos mencionado. El mal uso de este
concepto y la utilización del mismo de manera indiscriminada, confundiéndolo, por ejemplo, con
la idea del vínculo, implican una interpretación errónea de la teoría original de Bowlby.
El uso estricto de las palabras apego y relaciones de apego, nos va a permitir ser capaces
de elaborar un marco teórico apropiado, sabiendo en cada momento cuales son las dinámicas que
están en juego y pudiendo entenderlas y abordarlas de manera más efectiva.
TEMAS DE PSICOANÁLISIS Núm. 15 Enero 2018
I. Burutxaga et al. Apego y vínculo: propuesta de delimitación y diferenciación conceptual
© 2018 TEMAS DE PSICOANÁLISIS e I. Burutxaga, C. Pérez-Testor, M. Ibáñez, S. de Diego, M. Golanó, E. Ballús, J.A. Castillo
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I. Burutxaga et al. Apego y vínculo: propuesta de delimitación y diferenciación conceptual
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Resumen
El apego y el vínculo son dos conceptos diferentes que se utilizan erróneamente como sinónimos
de manera frecuente en la literatura. Las investigaciones que exploran los estilos de apego que se
desarrollan entre familiares, amigos, etc., crecen de manera exponencial y por ello es importante
que la definición y uso del concepto sea el correcto. En este artículo definimos por separado
ambos términos y exponemos la diferencia entre ellos, con la intención de promover el uso
correcto y diferenciado de ambos.
Palabras clave: apego, vínculo, modos relacionales, necesidades básicas.
Summary
TEMAS DE PSICOANÁLISIS Núm. 15 Enero 2018
I. Burutxaga et al. Apego y vínculo: propuesta de delimitación y diferenciación conceptual
© 2018 TEMAS DE PSICOANÁLISIS e I. Burutxaga, C. Pérez-Testor, M. Ibáñez, S. de Diego, M. Golanó, E. Ballús, J.A. Castillo
Attachment and linkage are two different concepts that are misused as synoyms frequently in the
literature. The research on the attachment styles thar are developed within the family or the
friends enviroment keeps growing at fast pace and on this context the definition and use of the
concept must be the appropiate one. In this article we define both concepts separately and we
provide the differences between them. Our intention is to support and promote the correct and
differentiated use of these two.
Keywords: attachment, linkage, relationship styles, basic needs.
Iker Burutxaga
Universidad Ramón Llull, FPCEE Blanquerna,
email: buru84@gmail.com
Carles Pérez-Testor
Universidad Ramón Llull, FPCEE Blanquerna,
IUSM Vidal i Barraquer.
Margarita Ibáñez
Servicio de Psiquiatría Hospital Sant Joan de Déu, Universidad de Barcelona.
Sergi de Diego
Universitat Ramón Llull, IUSM Vidal i Barraquer.
Marta Golanó
Fundació Catalana Síndrome de Dawn.
Elisabeth Ballús
Universidad Ramón Llull, FPCEE Blanquerna.
Josep A. Castillo,
Universidad Ramón Llull, FPCEE Blanquerna.
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Article
3 theoretical approaches to the origin and development of the infant-mother relationship are reviewed: psychoanalytic theories of object relations, social learning theories of dependency (and attachment), and an ethologically oriented theory of attachment. "Object relations," "dependency," and "attachment," although overlapping, are seen to differ substantially. Among the concepts in regard to which there are significant intertheoretical differences, the following are discussed: genetic "biases," reinforcement as compared with activation and termination of behavioral systems and with feedback, strength of attachment behavior versus strength of attachment, inner representation of the object, intraorganismic and environmental conditions of behavioral activation, and the role of intraorganismic organization and structure. Finally, the relation between theory and research methods is considered.
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I. Burutxaga et al. -Apego y vínculo: propuesta de delimitación y diferenciación conceptual © 2018 TEMAS DE PSICOANÁLISIS e I. Burutxaga, C. Pérez-Testor, M. Ibáñez, S. de Diego, M. Golanó, E. Ballús, J.A. Castillo Jaroslavsky, E.A., Morosini, I. (2012), "El vínculo en psicoanálisis", Psicoanálisis e Intersubjetividad, núm. 6, www.intersubjetividad.com.ar