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Trabajo, temporalidades y procesos colectivos. Transformaciones en las subjetividades de vendedores ambulantes y recolectores informales.

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Abstract

En este texto me propongo contribuir a los debates en relación a las formas colectivas de trabajo y de demanda a partir de la experiencia (histórica) de vendedores ambulantes y cartoneros que no han formado organizaciones. Antes que partir entonces de una supuesta obligatoriedad de acción o forma de pensar en función de una forma organizativa, de la reivindicación de derechos o formas de vida, un estudio atento a los procesos históricos argentinos, pero a la vez grupales pensando en las expectativas, campos de oportunidades y marcos de referencia nos permite comprender el modo en que las personas construyen las formas de ganarse la vida y el lugar que las relaciones interpersonales tienen en este proceso.
ISSN eletrônico 2526-1487 Trabalho (En) Cena, 2017, 2(2) pp. 83-97
DOI: 10.20873/2526-1487V2N2P83
TRABAJO, TEMPORALIDADES Y PROCESOS
COLECTIVOS. TRANSFORMACIONES EN LAS
SUBJETIVIDADES DE VENDEDORES
AMBULANTES Y RECOLECTORES
INFORMALES
Trabalho, temporalidade e processos coletivos. Transformações nas subjetividades de
vendedores ambulantes e catadores informais
Work, temporalities and collective processes. Transformations in the subjectivities of street
vendors and informal collectors
Travail, temporalités et les processus collectifs. Les transformations dans les subjectivités des
vendeurs de rue et les collectionneurs informels
Mariano Perelman
1
Doctor en Antropología (UBA), licenciado en Antropología (UBA), Investigador Adjunto del Consejo Nacional
de Investigaciones Científicas y técnicas (CONICET). Docente del Departamento de Antropología de la Facultad
de Filosofía y Letras (UBA) y del Programa de Doctorado en Ciencias Sociales (UBA). Ha sido profesor
invitado en diferentes universidades de Argentina y del exterior. Es autor de varios artículos en revistas
nacionales e internacionales, ha compilado libros y escrito capítulos de libros sobre temas relativos a la
desigualdad urbana, el trabajo precario y las pugnas por el uso del espacio público de los sectores populares.
RESUMEN
En este texto me propongo contribuir a los debates en relación a las formas colectivas de trabajo y de demanda a
partir de la experiencia (histórica) de vendedores ambulantes y cartoneros que no han formado organizaciones.
Antes que partir entonces de una supuesta obligatoriedad de acción o manera de pensar en función de una forma
organizativa, de la reivindicación de derechos o modo de vida, un estudio atento a los procesos históricos
argentinos, pero a la vez grupales pensando en las expectativas, campos de oportunidades y marcos de referencia
nos permite comprender el modo en que las personas construyen las formas de ganarse la vida y el lugar que las
relaciones interpersonales tienen en este proceso.
Palabras claves:Trabajo; vendedores ambulantes; cartoneros; procesos colecticos.
RESUMO
Neste texto pretendo contribuir para discussões sobre formas coletivas de trabalho e demanda a partir da
experiência (histórica) dos vendedores ambulantes e catadores do lixo que não formaram organizações. Antes
disso, a partir de uma suposta ação obrigatória ou pensar em termos de uma forma de organização de reivindicar
direitos ou formas de vida, atentos ao estudo dos processos históricos da Argentina, pensar sobre expectativas,
1
mdp1980@yahoo.com.ar
84
campos de oportunidades e marcos de referência nos permite compreender como as pessoas constroem formas de
ganhar a vida e o lugar que as relações interpessoais têm neste processo.
Palavras chaves: Trabalho; vendedores de rua; catadores do lixo; processos coletivos.
ABSTRACT
In this text I intend to contribute to the debates regarding collective forms of work and demand based on the
(historical) experience of ambulant vendors and garbage collectors who have not formed organizations. Before
starting from a supposed obligation of action or way of thinking in terms of an organizational form, of the claim
of rights or forms of life, a study attentive to the Argentine historical processes, but at the same time grouping with
expectations, fields of opportunity and frames of reference allow us to understand how people build the ways of
making a living and the place that interpersonal relationships have in this process.
Key Words: Work; hawkers; cartoneros; collective processes.
RESUMÈ
Dans ce texte, j'ai l'intention de contribuer aux discussions en ce qui concerne les formes collectives de travail et
de la demande á partir de l'expérience (historique) des vendeurs ambulants et des collectors des déchets qui n'ont
pas formé des organisations. Avant cela d'une action obligatoire présumée ou de penser en termes d'une forme
d'organisation des droits de réclamation ou les formes de vie, une étude centrée sur les processus historiques
d’Argentine, mais aussi groupal attentif aux expectatifs, domaines d'opportunités et de cadres des références nous
permet de comprendre comment les gens construisent des modes de vie et lieu que les relations interpersonnelles
ont dans ce processus.
Mots clés: Travail ; les vendeurs ambulants; collectors des déchets; processus collectifs.
INTRODUCCIÓN
En Argentina los estudios en torno a
los trabajadores organizados tienen una
gran tradición (Acha y Quiroga, 2015;
Suriano, 2006; Collado y Nieto, 2017). La
lista es extensa. Por un lado, existe una
fuerte historia sindical que se ha traducido
en investigaciones. Por otro lado, las
propias dinámicas del campo académico
han centrado los estudios del trabajo en
torno a formas específicas ligadas al empleo
formal. Esta visión también ha signado los
estudios pos-crisis de 2001 cuando el
desempleo alan niveles alarmantes y
comenzaron a surgir formas alternativas de
trabajo y de demandar por el empleo
(Perelman, 2007). Más cercano en el
tiempo, con el crecimiento del empleo
durante los gobiernos kirchneristas (2003-
2015) los estudios en torno a las prácticas
de los trabajadores organizados han ido
teniendo nuevamente un auge. Si bien han
existido estudios en torno a los trabajadores
(Neiburg, 1988; Grimberg, 1997; Perelman,
2007), la Antropología del trabajo en
Argentina, y especialmente en Buenos
Aires comenzó a consolidarse como campo
en este contexto. Por un lado, un grupo más
ligado al estudio de los trabajadores
formales e industriales (Giniger, 2009;
Guiamet, et. Al, 2017; NET, 2005; Palermo,
2012; 2016; Perelman, 2007; Soul, 2014;
2015). Por otro lado, una vez pasado el pico
de la crisis neoliberal del 2001 y conforme
se iban asentando formas de trabajo por
fuera del mercado de trabajo se comenzaron
a pensar las formas organizativas de los
trabajadores de la economía popular
(Fernández Álvarez, 2015; 2016) y los
modos modos de ganarse la vida por fuera
del mercado “formal de trabajo” (Perelman,
2007; 2011; 2017c).
La pregunta sobre por qué la gente
se organiza tiene la misma importancia a la
de por qué la gente no lo hace. Podríamos
pensar que la “excepcionalidad” de alguna
de las dos cuestiones si es que la hubiera-
depende de los procesos sociales. Y allí
entonces adquiere relevancia alguna de las
preguntas. Además, ambas cuestiones (o las
maneras de entender las demandas) resulta
85
relevante porque abordar una de las dos
formas implica por oposición y por
relación- pensar la otra de las formas. Y, a
su vez, permite problematizar las nociones
mismas en torno a la organización ¿Qué
significa estar organizado? ¿Cómo se
demanda por una mejora en las condiciones
de vida?
En los últimos os he estado
trabajando junto con personas que se
dedican a la recolección informal de
residuos y a la venta ambulante que no se
organizan en movimientos o en sindicatos
para demandar o generar mejores
condiciones de vida.
Sin embargo, ello no implica que no se
organicen, que no tengan sus normas,
valores o formas de hacer política. En este
texto me propongo contribuir a los debates
en torno a las formas colectivas de trabajo y
de demanda a partir de la experiencia
(histórica) de vendedores y cartoneros que
no han querido formar organizaciones. Este
abordaje, al ser analizado en paralelo con
las formas organizativas (ya sea a partir de
experiencias concretas o desde los
imaginarios y prácticas de los propios
sujetos no organizados) posibilita ver las
complejidades y heterogeneidades en el
mundo popular y en relación al trabajo.
Antes que partir entonces de una
supuesta obligatoriedad de acción o forma
de pensar en función de una forma
organizativa, de la reivindicación de
derechos o formas de vida, un estudio atento
a los procesos históricos argentinos, pero a
la vez grupales pensando en las
expectativas, campos de oportunidades y
marcos de referencia nos permite
comprender el modo en que las personas
construyen las formas de ganarse la vida (de
L’Estoile, 2014; Narotzky, 2016; Narotzky
& Besnier, 2014; Perelman, 2011a; 2017c)
y el lugar que las relaciones interpersonales
(ya sea que sean pensadas como formas
organizativas o no) tienen en este proceso.
Mirando desde este lugar, resulta
necesario no homogeneizar a los sujetos por
la actividad a la que se dedican. Dicho de
otra forma, categorías como las de
vendedor” o “recolector” homogeneiza
prácticas heterogéneas, relaciones y
actividades con diferentes niveles de
aceptación social y personal. Creo que
pensar la complejidad de las prácticas y de
los modos de vida (en los que se incluyen
las formas organizativas) debe basarse en
los estudios etnográficos que den cuenta de
esta diversidad.
Quis sea necesario realizar una
aclaración. Así como cuando se piensan los
tiempos y espacios de trabajo, es necesario
analizar los modos organizativos de forma
similar. Así como muchas veces resulta
dicil diferenciar entre los tiempos y los
espacios de trabajo (¿cuándo termina el
tiempo laboral?), existen una multiplicidad
y yuxtaposición de organizaciones a las que
las personas recurren cotidianamente. Por
su parte, los sentidos que las personas
otorgan a participar de espacios son
diferentes y ltiples (ver por ejemplo
Quirós, 2009) por lo que podríamos
preguntarnos dónde termina la organizacn
y su tiempo. Así como en los empleos
formales, el tiempo y el espacio de trabajo
suele exceder el “formal” (como llevarse
trabajo a la casa), las prácticas en los
diferentes espacios suelen ir más allá del
objetivo formal” de la organización.
Una buena forma de abordar estas
complejidades es la de dejarse llevar por los
actores. Ello implica reconstruir las lógicas
nativas desde diferentes lógicas e
intervenciones. Como ha marcado Renoldi
(2015, pp. 419-420), en relación al
movimiento de las personas que trabajan
entre la legalidad y la ilegalidad en la triple
frontera (argetina, brasila y paraguaya),
las dinámicas locales evidencian que la
población adopta diversos modos de
organizarse para vivir, en los que combina
actividades legales e ilegales, nculos
económicos, de parentesco y amistad, en
redes transnacionales que hacen a la vida
cotidiana local. Para Renoldi “el papel del
Estado, a través de las instituciones que
controlan las fronteras, es significativo,
tanto por lo que prohíbe como por lo que
propicia con sus prohibiciones, dando lugar
86
a múltiples ‘ilegalismos”. Retomando la
idea de Foucalut, entiende a los ilegalismos
como las prácticas que crean cierta
autonomía en la tirantez explícita con los
bienes judicos tutelados por la ley.
Disputan así diferentes órdenes que pueden
no responder a los modelos defendidos por
el Estado de derecho y, sin embargo, se
sostienen en las tramas de la administrac n
estatal, aunque no siempre exista la
conciencia de que tales prácticas son
punibles (pues pasan como favores, cuando
alguien que debería reprimir facilita ciertas
iniciativas, o simplemente como
emprendimientos rentables) (Renoldi,
2015, p. 419).
En esta misma línea, pero utilizando
la noción de frontera en un sentido amplio
de construcción de mites (como los
simbólicos) (Bayón, 2013; Lamont &
Molnár, 2002; Saraví, 2015), es pensable
para actividades que se desarrollan en el
espacio público. Y para ello también es
necesario tener en mente la precaución que
marca Renoldi (2015: 420) cuando plantea
que “comparto el principio de que
deshacerse de los marcos analíticos que
presuponen la existencia de errores que
impiden alcanzar formas deseables de
integración o desarrollo es posible
adhiriendo al esfuerzo comprensivo a partir
de abordajes etnográficos que contribuyan
con la revisión de conceptos y paradigmas
acerca del orden y del cambio”. Para ello es
necesario deshechar la calificación de
prácticas en términos acusatorios o morales
desde la perspectiva del poder” y tomarlas
como categorías analíticas.
Por ejemplo, y como desarrollaré, la
venta ambulante y la recolección informal
de residuos muestran la existencia de
movilidades laterales (Kessler, 2012;
Ruggiero & South, 1997; Telles & Hirata,
2010) entre diferentes tipos de trabajos
(legales- ilegales). Un estudio descentrado
de la visión del poder permite mostrar los
modos en que los procesos reales son
2
Esta nea, no sólo es posible seguirla en los
trabajos “informales” sino también en empleos más
vividos por las personas. Más aún, permite
complejizar los límites borrosos entre lo que
es llamado legal- ilegal; formal- informal
2
.
Esto no implica negar la importancia
de las presencias estatales (Manzano &
Ramos, 2015) y sus efectos en las
subjetividades. Antes bien, es justamente
antes de darlas por sentadas, ponerlas a
dialogar en la construcción de los procesos
sociales.
Centrarse en las experiencias, en las
expectativas y en los marcos de referencia
de las personas y de las presencias estatales
permite comprender el modo en que todo
ello tienen efectos en las formas
organizativas y en las formas de
establecerse en las tareas. A su vez,
posibilita deconstruir modos hegemónicos
de ver las actividades que se organizan por
fuera de ciertos marcos organizativos y que
suelen ser vistos como negativos (como
decir que “son mafias”).
Hechas estas aclaraciones, entonces,
resta decir que el estudio de los modos de
organizarse para vivir no puede ser pensado
desde un deber ser. Como afirma Zenobi
(2014) es necesario evitar las prenociones
propias y prestar atención a lo que es
relevante para los actores sociales. O lo que
es relevante en la configuración social.
Es por ello que resulta necesario
centrarse en qué significa para las personas
ordinarias una vida digna a ser vivida, el
modo en que justifican sus acciones,
construyen argumentos, recuerdan el
pasado en relación al presente (Perelman,
2010a; 2011a; 2015).
A partir de aquí, mostraré cómo el
modo de vivir impacta en las formas en que
las personas trabajan y se organizan para
demandar u obtener mejores condiciones de
vida. Estas mejores condiciones no pueden
reducirse a la mera obtención de recursos
materiales. El texto está dividido en dos
grandes apartados. En el primero me
referi a la venta ambulante para luego
establecidos como en las imprentas en Colombia
(Cfr. Velandia Diaz, 2017).
87
centrarme en la recolección (informal) de
residuos.
La venta ambulante
En los últimos os, la venta
ambulante en Buenos Aires se ha
transformado en un problema público
ligado a la “ilegalidad”
3
. Si bien no hay
datos oficiales sobre la cantidad de personas
trabajando en las calles (los que hay son, por
ejemplo, los de la Confederación Argentina
de la Mediana Empresa, que sirven para
básicamente- para denunciar la piratería y la
ilegalidad de los vendedores ambulantes)
existe un consenso de que el crecimiento ha
sido notable. En los últimos os nuevos
grupos sociales se han configurado como
vendedores: vendedores de alimentos,
manteros que venden cosas “truchas”, ferias
donde se mezclan productos nuevos, usados
y robados, artesanos, migrantes de países
africanos vendiendo bijouteria. También
varios vendedores se han ido organizando
en pos de demandar por mejores
condiciones o para resistir los procesos
expulsivos. Es posible que el ingreso a la
actividad de personas con otras
experiencias laborales en las que la
organización sindical ha sido importante-
haya influido en el crecimiento de
organizaciones de vendedores. Así también
lo ha hecho las políticas de los gobiernos de
Néstor (2003-2007) y Cristina Kirchner
(2007-2015), las cuales han fomentado
formas organizativas, así como la necesidad
de organizarse para demandar y acceder a
planes estatales y de ONGs.
Mis estudios comenzaron en 2011 y
se focalizaron con otros trabajadores: los
vendedores ambulantes en trenes y
colectivos. Y dentro de ellos en un grupo:
los buscas.
Cualquier persona que viaje en los
trenes de la ciudad reconocerá rápidamente
3
Pese a que ciertos grupos vienen sufriendo la
persecusión policial desde hace varios años (ver los
trabajos de Pita [2012a, 2012b]), con la asunción de
Mauricio Macri como presidente de la Nación, la
persecución de los vendedores creció notablemente
a personas vendiendo productos, músicos
callejeros o personas pidiendo dinero. Más
dicil le será reconocer entre ellos a los
buscas ya que el modo de ganar dinero suele
no diferir de otros vendedores. La distincn
se produce a partir de una serie de prácticas
y valores morales que hacen de la venta
ambulante un modo de vida (2013a).
Si la venta ambulante se constituyó como un
problema público ligado a la ilegalidad, los
vendedores en trenes y colectivo no han
sido objeto de las políticas al menos
masiva- de expulsión. Han quedado
relativamente a salvo de las políticas
expulsatorias implementadas para los que
venan en puestos callejeros.
Mi trabajo de campo se focalizó en
dos líneas ferrocarril. Una que va hacia el
norte de la ciudad y otra hacia el sur.
Por un lado, los medios de
comunicación y ciertos sectores de la
población asocian a los vendedores con la
idea de “mafia”. Con ello hacen alusión a
una gran organización ilegal piramidal para
la venta de productos en los transportes en
el que los trabajadores serían explotados por
alguien que les da mercadería para vender a
cambio de una pequeña remuneración. La
noción de mafia hace alusión también a
prácticas violentas para no dejar que otros
puedan trabajar en esos mismos espacios.
Esta visión puede ser reforzada por
el uso de la violencia como herramienta
legítima para dirimir conflictos o no
permitir que nuevas personas se conviertan
en vendedoras.
Quis la paradoja en la que nos
encontramos es que mientras la
organización para algunos actores es el
modo deseado, para otros es visto como la
generación e instalación de prácticas
ilegales en cadenas de obtención de dinero.
Es posible que esta explicación forme parte
de ciertos discursos en torno a la obtención
de dinero de los sectores populares. Wilkis
y se transformó en una potica de Estado. Así,
durante el 2016 y en los primeros días del 2017, la
Ciudad de Buenos Aires fue objeto de desalojos
masivos de personas dedicadas a la venta callejera en
la ciudad.
88
(2013) da cuenta del discurso en torno a que
el dinero dado por el Estado para los pobres
es sujeto de reclamos colectivos ya que es
percibido como de todos”. Es, de esta
forma, moralmente reclamable por todos
(léase aquí los sectores dominantes). Desde
esta posición, el reclamo sobre el uso
debido o indebido de aquel dinero es
posible: sus usos legítimos estarían ligados
a la supervivencia y, llegado el caso, a una
escala de prioridades basados en los valores
burgueses. Los sectores populares según
esta visión no tendrían derecho porque no
saben- cómo usarlo/ gastarlo. La visión
tutelar de los pobres ha sido recurrente a lo
largo de la historia argentina (Alvarez
Leguizamón, 2008). En esta misma línea, la
organización de los sectores populares
cuando no es por la “mera supervivencia” es
cuestionada por ilegítima, o por su
ilegalidad
4
. Esta posición remite, a mi
entender, a una visión miserabilista que,
como muestra Álvarez Leguizamón (2017),
permea todos los niveles (incluso el de los
investigadores ‘progresistas’). Dice Álvarez
Leguizamón, quien retoma la idea del
análisis de Silvia Rivera Cusicanqui. (2017,
p.106 nota al pie 41) “El miserabilismo
sería la creencia, la práctica y la retórica que
reconoce las condiciones de miseria y
explotación de los sectores subalternos pero
no su condición de sujetos históricos o de
clases en lucha, lo que produce un efecto de
anonimato colectivo; ‘...el miserabilismo
(…)le permite a las clases dominantes la
objetivación y subalterniazación de estas
poblaciones, y la legitimación del
clientelismo como nuevo modo de
dominación anclado en redes escalonadas y
verticales de manipulación y dominio. La
noción de miseria, al igual que las más
moderna de pobreza, despojan a los actores
4
Ver por ejemplo Auyero (2007) sobre los saqueos
ocurrido en 2001 o Perelman (2017a) en el caso de
tomas de tierras en el Parque indoamericano de
2011.
5
Ver Perelman 2017c
6
Las mutuales son entidades sin fines de lucro
prestadoras de servicios, sostenidas por el aporte de
sus asociados. Tienen bajo sus principios el de la
solidaridad y ayuda mutua entre sus socios que se
populares (indígenas, mujeres,
trabajadores) de su condición de sujetos de
la historia’ (2005: 171-172)”. Por su parte,
la visión neoliberal y de las élites sobre las
movilizaciones populares en Argentina da
cuenta de esta visión
5
.
Pero volviendo a los buscas, la
mayoría de las personas con las que hice
trabajo de campo no tenía intención de
agruparse. Algunos de ellos han tenido
experiencias organizativas, las s de ellas
fallidas. Estos procesos han contribuido a la
idea de que las cooperativas y a las
mutuales
6
no funcionaban. Una tarde de
2014 Javier me comentó sobre lo ocurrido
unos años atrás con una persona que había
acercado la idea de unirse a una mutual:
Hubo un tiempo que uno de los que
laburaba [trabajaba] acá se le ocurrió la idea
armar una mutual para cuando nos
enfermábamos o teníamos un accidente.
Nosotros poníamos plata todos los meses y
el tipo se rajó [escapó]con toda la guita [con
todo el dinero juntado]”. La experienc ia
organizativa trunca forjó imaginarios en
torno a la organización de esta específica
configuración social. “Ahora nosotro s
ayudamos a los que se enferman o necesitan
algo. Cuando alguno está enfermo juntamos
entre todo y le damos a la familia ”.
Fernández Álvarez (2015) ha mostrado el
modo en que las situaciones truncas en una
cooperativa de recolectores permitieron
ampliar los horizontes de lo posible para
sobreponerse a una vida marcada por la
precariedad, la desigualdad, la falta de
(244). Si en ese caso las experiencias
fallidas ampliaron el ámbito de posibilidad,
en el caso de los vendedores fueron
productivas en otro sentido: generaron una
mayor seguridad en torno a que las formas
organizativas no eran el mejor camino para
reúnen para solucionar problemas comunes, con la
finalidad de contribuir al logro del bienestar material
y espiritual de sus miembros. El vínculo está basado
en la confianza y en la reciprocidad. Los socios de
la mutualidad, llamados mutualistas, contribuyen a
la financiación de la institución con una cuota
periódica. Con el capital acumulado a través de las
cuotas de los mutualistas, la institución brinda sus
servicios a aquellos socios que los necesiten.
89
una mejora en la calidad de vida. Al mismo
tiempo, ello contribuyó a generar formas de
solidaridad y afinidad cotidiana. Como
desarrol en otros trabajos (Perelman,
2013a; 2013b), son las obligaciones mutuas
que se expresan en prácticas y valores
morales cotidianos los que producen las
fronteras de pertenencia a los grupos de
vendedores. Ello implica la obligatoriedad
de ciertos comportamientos para con los de
adentro o los de afuera.
Estas formas organizativas remiten a
la manera de entender el trabajo. La misma
idea de busca palabra que proviene de
busca vidas- es comenzar todos los días solo
con el dinero necesario para comparar
mercadería para la venta. Los vendedores
reivindican la falta de ataduras y la libertad
de la tarea, el no “arreglar con la policía.
Todo ello es parte de un modo de vida que
los buscas conocen bien.
Las trayectorias de los vendedores
construyen marcos de referencias en torno a
las formas de ganarse la vida y cómo
conseguir mejoras en ellas. Muchos de los
vendedores son personas que han tenido
trabajos precarios o han vivido en la calle.
El repertorio de actividades posibles ha
generado marcos interpretativos con los que
se lee la sociedad. Ello ha generado formas
de diferenciarse con otros que produce
solidaridades y diferencias dentro de los
grupos de vendedores.
La noción de libertad y esta visión
de busca vida no implica, entonces, la
inexistencia de organización. Antes bien,
las relaciones personales son necesarias
para que la venta ambulante sea posible. Y
estas relaciones se generan tanto al
momento de venta arriba de los vagones o
en los andenes, así como fuera de ellos.
Esta forma de comportarse que
implica conductas obligatorias con otros
actores y otros buscas es lo que para las
personas de carne y hueso crea un valor
diferencial en torno a los modos de vida.
Son las prácticas las que generan
valoraciones en torno a los modos de vida.
Los diferentes grupos sociales
construyen modos de permitir los ingresos
de nuevos vendedores, de fijar precios, de
diferenciar espacios y momentos de venta.
Así, los vendedores son parte de un
colectivo que los protege y al que deben
defender.
Como las experiencias en torno a la
organización de la mutual generan marcos
de referencia para prácticas en el presente,
la idea de trabajo, en la que se inscribe esta
noción de libertad en tanto noción nativa
que remite a formas específicas de
comprender la sujeción al empleo y al
manejo de los tiempos, también permite
comprender la falta de organización más
formal de los vendedores.
Ser busca se construye
cotidianamente a partir de formas de
consumir, de pasar el tiempo, de comprar y
vender mercadería. Y claro está, ser busca
se contrapone a otras formas y grupos
presentes en el espacio. Ser busca involucra
a personas, moralidades, y diferentes
regímenes de formalidades /
informalidades, y de legalidades /
ilegalidades sobre las cuales los vendedores
no hacen diferenciaciones.
Algunas prácticas pueden ser
consideradas desde la legalidad- como
ilegales”. Así, por ejemplo, el trabajo que
realizan se da por fuera del control
impositivo. A su vez, muchas prácticas son
ilegalizadas o construidas como ilegales:
entre ellas se destaca elcierre del espacio
de trabajo” que es visto como una forma de
privatizar el espacio blico para uso
personal con fines “comerciales”.
Todo ello, genera diferencias
morales basadas en las experiencias y en las
expectativas en torno a no sólo cómo
conseguir dinero sino también a cómo vivir
dignamente. Ello producía diferencias
dentro del colectivo de vendedores. En el
caso de los buscas, las valoraciones morales
en torno a su forma de vida también llevan
a valorar otras cosas más que el dinero,
como pasar tiempo charlando con amigos,
haciendo uso del tiempo libre y
manteniendo espacios de autonomía. De la
misma forma, las condiciones de
informalidad e ilegalidad de la actividad no
90
son percibidas por los vendedores como un
componente de incertidumbre ni visto como
un problema, como una anormalidad. Antes
bien, es parte de la configuración específica
de la venta.
La recolección
Así como en el caso de la venta
ambulante en la que es el modo de vida
busca y las experiencias específicas las que
han impactado en las formas organizativas,
lo mismo ocurre en el caso de los
recolectores de residuos caracterizados
como informales (actividad conocida como
cirujeo o cartoneo), pero de manera
diferente. Si en el caso anterior es la
reivindicación de un modo de vida de
manera “positiva” lo que genera formas no
organizativas, los recolectores durante
varios os no se organizaron por la
negativa”, o sea porque consideraban a la
tarea como una actividad no deseada, lo que
contribuía a la búsqueda de una salida antes
que de una estabilización.
Cuando comen a realizar trabajo
de campo en 2002, la actividad estaba
comenzando a crecer y a (re)organizarse. En
términos colectivos, el nivel de
organización de los cartoneros era bajo.
Según los primeros datos existentes -que
son de diciembre de 2003-, sólo el 1,9 %
pertenea a una cooperativa de recolectores
y el 22 % tenía aln plan social (muchos
de ellos manejados por las organizaciones
sociales). Según estos relevamientos, los
recuperadores que querían formar parte de
una cooperativa (41,2 %) eran casi la misma
cantidad que los que no querían hacerlo
(41,3)
7
. Ello obviamente sin adentrarnos en
7
Datos provistos por el PRU a partir de los registros
realizados entre 2002 y 2003 en la ciudad.
8
En otro trabajo (Perelman, 2010b) di cuenta de que
algunas cooperativas de cartoneros funcionaban
como modos en que los sectores populares accedían
a toda una serie de estrategias no son exclusivas de
esta forma organizativa. En este sentido, me alejo de
los que analizan las prácticas de los sujetos en
función de la ideología cooperativa y los juzgan por
su cercanía o lejanía con estos ideales. Por el
contrario, me interesa mostrar que en las relaciones
qué significaba una cooperativa para los
recolectores y el modo en que las políticas
de estado generan modos organizativos
8
. La
experiencia de la recolección en el contexto
del gobierno kirchnerista trajo consigo
nuevos aires y las organizaciones sociales
ganaron terreno y legitimidad social. Las
cooperativas de recolectores como parte
de una política de Estado tanto del
macrismo en la ciudad
9
como del
kirchnerismo a nivel nacional- fueron
creciendo y se fueron organizando en
movimientos y confederaciones de trabajo.
Hoy no existen datos oficiales sobre la
cantidad de recolectores existentes ni los
que están organizados, pero el nivel
organizativo relacionando a la actividad es
importante
10
.
He de marcar aquí una importante
diferencia entre los vendedores y los
recolectores. En primer lugar, si la venta
ambulante como problema público se
inscribió en la línea de la ilegalidad, el de la
recolección informal, lo hizo en el cuidado
del medio ambiente. A, el propio gobierno
fomentó la organización en cooperativas de
trabajo que funcionaron tanto como una
forma de mejorar las muy precarias
condiciones de vida de los recolectores, así
como de condenarlas a ellas. Las
cooperativas de cartoneros son efectos de
Estado. Y digo condenarlas porque, a
diferencia del caso de los vendedores, el
cirujeo ha sido para muchos un camino no
buscado que se ha ido naturalizando.
El crecimiento de la actividad que se
dio como parte de la desarticulación del
mercado de trabajo desde las políticas
neoliberales, hizo que miles de personas
acostumbrados a ganarse la vida a partir de
hay un algo más. Creo que son modos y prácticas que
están instituidas y forman parte de las redes a las que
los cirujas apelan para poder sobrevivir.
9
Mauricio Macri, antes de ser presidente de la
República, fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de
Buenos Aires por dos períodos consecutivos (2007-
2015).
10
Un relevamiento de los actuales estudios sobre el
tema da cuenta también de la creciente importancia
que tienen las cooperativas.
91
empleos formales, informales y changas
11
,
recurran a la squeda en la basura de
materiales vendibles. Para la mayoría de
ellos, el cirujeo no había sido una actividad
deseada”. No era considerada un modo
digno de ganarse la vida. Si bien
comenzaron a organizarse en pos de
demandas concretas poder acceder a la
ciudad en trenes, tener campañas de
vacunación o que el estado les provea de
ciertos medios para mejorar las
condiciones- la idea de que era una
actividad pasajera generó, sobre todo en los
primeros años de mi trabajo de campo, una
reticencia a cualquier tipo de modo
organizativo ya que la actividad era vista
como una cuestión pasajera.
Aquí las condiciones de vida
actuales reales y los marcos de referencia,
así como las expectativas de vida futura
funcionaron como andotos ante la
posibilidad de ciertas formas de
organización. La naturalización del cirujeo
como modo (legítimo) de vida, se fue dando
conforme se iba generalizando la actividad
en los barrios donde los cartoneros vivían.
Durante 2002, barrios enteros vivían de la
recolección de residuos. El cartoneo era una
posibilidad concreta. Pese a ello, las
transmisiones generacionales seguían
girando en dirección al mercado de trabajo
como modo legítimo de ganarse la vida. Los
tiempos de crisis son constitutivos de
espacios y temporalidades que son
simultáneamente compartidas y distintivas
(Goddard, 2017). Los cambios, efectos de
un largo proceso de reformas estatales
neoliberales explican, en algún sentido, “las
diferentes condiciones de vida que se
encuentran en las generaciones sucesivas y
que encuentran sus expresiones en las
diferentes condiciones para generar
continuidades y rupturas afectando la
transmisión generacional" (Goddard, 2017,
p. 7, traducción propia). Esta transmición es
de conocimientos así como de valores
morales. No quiero esto para mis hijos.
Quiero que consiga un trabajo y haga algo
11
Las changas son trabajos ocasionales. Pueden
hacerse en paralelo a otro trabajo.
digno” me dijo una vez Esteban, un
cartonero que cuando nos conocimos hacía
menos de un año que recolectaba. El intento
de proteger a los jóvenes de la realizacn
del cirujeo, el intento de transmisión
generacional de los valores ligados al
trabajo” y no al cartoneo” –recurrente por
cierto en diferentes personas con las que
hice trabajo de campo- también da cuenta
del modo en que, en los momentos de crisis,
ciertas actividades son posibles para unas
generaciones, pero se busca resguardar a las
siguientes de ella.
Durante mi trabajo de campo podía
apreciar que las prácticas cotidianas daban
cuenta de estar cartoneando, pero no de ser
cartonero. Esta diferencia no es menor en la
constitución de modos de ganarse la vida
que dan cuenta de los entramados
relacionales, las formas de entender el
pasado y pensar el futuro en relación a la
recolección.
Mi trabajo de campo también dio
cuenta de este complejo equilibrio entre la
necesidad de ganarse la vida y la intención
de salir de ella. Por un lado, los
comportamientos con los vecinos giraban
en torno a la necesidad de conseguir
material para vender o usar, pero también la
de mostrar las capacidades para poder
conseguir “un trabajo” (2011b).
A diferencia del caso de la venta
ambulante, en el del ciruejo eran las
condiciones pasadas y puestas en
perspectiva las que generaban modos (no)
organizativos de reconocimiento de
derechos a partir del cirujeo. Las
trayectorias de vida de varios de los
recolectores reconocen formas sindicales o
partidarias de organización social y/
política. Sin embargo, la sensación de estar
haciendo algo que no querían generó, en
gran parte de los recolectores, un rechazo,
sobre todo en los primeros años de trabajo,
de cualquier forma, que implicase una
estabilización en la actividad.
La idea de autonomía y libertad que
aparecían como valores morales positivos
"hice changas en el almacén hasta que encontré un
buen trabajo".
92
para los que realizaban la tarea (para
contraponer a experiencias previas
nuevamente aquí se pueden apreciar los
marcos de referencia) también signaron
formas de no organizarse colectivamente.
Así, ante la pérdida del empleo, una de las
formas en que los cartoneros comenzaron a
reivindicar la tarea que realizaban era la
libertad. Moverse por la ciudad, no tener
horarios, no depender de jefes eran
argumentos expresados como formas
reivindicativas para trabajarsolos”. Estas
visiones impactaban en la falta de intencn
de trabajar con otros de formar solidaria y
cooperativa de trabajo.
Al igual que en la venta ambulante
las relaciones interpersonales son centrales
en la constitución del mercado de
recolección. Las interacciones cotidianas
entre los recolectores y entre ellos y los
vecinos, los clientes y los depositeros
12
generan obligaciones recíprocas que van
posibilitando modos de actuar, y
configurando recorridos específicos.
Las relaciones legales/ ilegales
también constituyen aquí mites borrosos
que los actores traspasan sin problemas. Al
igual que en el caso de la venta ambulante,
es un trabajo informal. La actividad hasta
2003 estaba prohibida y ello gene
reacciones del por entonces candidato a Jefe
de Gobierno y actual presidente de la
Nación Mauricio Macri. En un reportaje
que dio al Diario La Nación publicada el 27
de agosto de 2002 puede leerse
13
:
-Uno de los temas que más
preocupan a los porteños es
el de los cartoneros. ¿Qué
propone usted al respecto?
-Un nuevo diseño ambiental.
Hay crisis en el manejo final
de los residuos y el cirujeo es
12
Vecinos da cuenta de las personas que viven en la
zona de recolección. Clientes por su parte remite a
las personas que les guardan los residuos.
Depositeros es utilizado para referir a las personas
que trabajan en los depósitos de compra y venta de
materiales reciclables a los que los cartoneros
venden lo recolectado.
un descontrol absoluto.
Formar cooperativas no
resuelve nada. Este es un
negocio millonario y los
cartoneros tienen una
actitud delictiva porque se
roban la basura. Además, no
pagan impuestos y la tarea
que realizan es inhumana.
En otras sociedades, el
tratamiento de la basura se
hace en lugares cerrados,
con elementos, con gente
contratada ad hoc. (...) no
pueden estar en la calle. Los
vamos a sacar de la calle.
-¿Cómo?
-Ejerciendo la ley. Están
cometiendo un delito. Tenés
que darles una alternativa,
como contratar a unos miles
para que hagan la
separación de residuos
dentro de los centros de
procesamiento, y no en la
calle.
- ¿Y al que siga en la calle?
-Me lo llevo preso. Vos no
podés alterar el orden en
algo que es un delito, porque
es tan delito robar la basura
como robarle a un señor en
la esquina.
Las detenciones policiales por su
parte- también han sido recurrentes. Éstas,
sin embargo, no son explicables por esta
ilegalidad sino por ser pobres circulando
por la ciudad. En los recolectores, no está
presente esta visión de ilegalidad de sus
prácticas. Antes bien, recurren a
argumentos y elecciones morales
relacionados con formas legítimas de
ganarse la vida.
13
"A Los Recolectores Informales De Basura Los
Vamos A Sacar De La Calle", Diario La Nación Del
27 De Agosto De 2002. Disponible On Line
http://www.lanacion.com.ar/425929-a-los-
recolectores-informales-de-basura-los-vamos-a-
sacar-de-la-calle
93
Zenobi (2014: 45) dice que “[d]esde
el punto de vista de los actores, al momento
de evaluar una conducta determinada
resulta relevante considerar tanto los juicios
emitidos por quien lleva adelante una
acción específica, así como las valoraciones
sostenidas por otras personas que forman
parte de la misma configuración”. El trabajo
individual” o familiar era para muchos
valorado como una forma de pese a estar
haciendo algo no deseado- recuperarse y
ganarse la vida dignamente”. Esta forma
de trabajo era contrapuesta a la de otros
cartoneros que trabajaban recolectando para
otros de forma “organizada constituía
modos de diferenciar las prácticas en
términos morales (de legitimidad) antes que
de (i)legalidad. Los modos en que las
personas de carne y hueso viven los
procesos y construyen formas relacionales
de pensar las tareas genera maneras de
comprender las actividades más allá, pero
en relación con otros discursos. Es en este
sentido que es posible comprender los
modos en que los recolectores piensan los
modos organizativos.
A modo de cierre. Temporalidades y
experiencias colectivas en el trabajo
callejero
En este trabajo he querido mostrar el
modo en que los espacios de referencia y los
horizontes de expectativas posibilitan
comprender los imaginarios en torno al
pasado, al presente y al futuro. En relación
a los modos de ganarse la vida de L’Estoile
(2014, p. s64 traducción propia) plantea que
Estos marcos de referencia (que
incorporan la experiencia individual y
colectiva) definen tanto las formas en que se
experimenta e interpreta el mundo como las
expectativas respecto del futuro. La
combinación de un campo de oportunidades
dado y un marco específico define
'horizontes de expectativa' individuales y
colectivos. Estas nociones son, por
supuesto, reflexivas: se aplican no solo a
aquellos que deseamos comprender sino a
nuestra propia 'forma de vida' ". Los modos
en que el pasado, el presente y el futuro son
vividos pueden contribuir a generar formas
asociativas específicas para demandar por
mejoras o puede constreñir su formacn.
Los casos que traje dan cuenta de estas
diferencias.
Un estudio atento a las
especificidades históricas y sociales de las
configuraciones sociales permite
comprender los modos y los argumentos en
torno a lo que es una vida digna van
configurando interrelaciones que adquieren
diferentes sentidos. Así, mientras que en el
caso de la venta ambulante el modo de vida
deseado implica una libertad en la que las
formas organizativas irían en detrimento de
ella; en el caso de la recolección informal es
el modo de vida no deseado el que impide
la organización.
Por otro lado, he mostrado que la
misma noción de organización para
demandar debe ser analizada
etnográficamente. Si bien en ambos casos
las personas hablan de la libertad, mis
observaciones dan cuenta de fuerte
entramado organizacional que permite a
vendedores y recolectores generar las
condiciones de demandas en torno a su
actividad.
Me gustaría concluir el presente
texto marcando que los cambios socio-
políticos argentinos, así como la
naturalización de cierta actividad como un
modo legítimo de ganarse la vida también
han impactado en los modos organizativos.
Las diferentes temporalidades de los
procesos sociales son centrales en los
modos en que las personas calculan lo que
es una vida digna y transforman los marcos
de referencia y las condiciones de
posibilidad de acción.
En el caso del cirujeo, por ejemplo,
la instalación de la actividad en relación al
medio ambiente, la naturalización de la
tarea como una forma posible de acceder a
recursos y el fomento estatal de la
cooperativa como un modo organizativo ha
ido generando modos organizativos que han
contribuido a la mejora en las condiciones
de trabajo (objetivas y subjetivas) de los
94
recolectores. En el caso de la venta
ambulante, ante la creciente persecución y
privatización de los espacios públicos han
también comenzado a pensar en modos de
organizarse en pos de demandar por su
modo de vida.
En todo caso, todo ello muestra que
los marcos de referencia ni los horizontes de
expectativa son estancos; que los modos de
entender el futuro, el presente y el pasado
van cambiando. Un estudio atento a las
temporalidades de los procesos sociales
permite comprender los cambios en los
múltiples cálculos que las personas de carne
y hueso hacen en pos de vivir una vida
digna.
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Data de submissão: 06/07/2017
Data de aceite: 28/10/2017
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Article
Full-text available
Este artigo analisa como um grupo de pessoas que tomou o Parque Indoamericano de Buenos Aires, Argentina, construiu o processo de ocupação como um modo legítimo de acesso à moradia. O texto se volta para os sentidos que as práticas adquirem e as maneiras pelas quais as pessoas as justificam. Argumenta-se que a construção da ocupação como legítima não é baseada somente em motivações " prévias". Nos meses que se seguiram à ocupação uma série de discursos e práticas foram sendo (re)construídos e emergiram como argumentos morais que justificavam a legitimidade e que acabaram por configurar a ocupação como um modo aceito de acesso ao solo.
Article
Full-text available
Exploring the testimonies and memories of cirujas (waste pickers) who lived and worked at La Quema, a dump in Buenos Aires, this article reconstructs the meanings acquired by this activity over time. Analyzing these accounts produced some thirty years after the closure of La Quema and in a new social context where the activity has become more commonplace, the text argues that the 'historical' cirujas construct their past in opposition to the present, a process that allows them to make their earlier experience of social marginalization more bearable. The analysis of these memories also enables us to focus on the discourses on being and having been a worker in Argentina.
Book
Una larga tradición de Occidente –que se remonta a Aristóteles, pasa por San Agustín y llega hasta Marx– ha declarado al dinero culpable de una extensa lista de males. Para decirlo rápidamente: se lo juzga responsable de la corrupción y la desintegración. Viviana A. Zelizer, cuyos trabajos inspiraron las ideas centrales de la presente obra, proporciona una figura clara para describir esta perspectiva: el dinero parece un ácido que disuelve la vida social. Se comprende, por lo tanto, que las sospechas sobre el dinero hayan delineado una de las formas hegemónicas de interpretarlo. Sin embargo, tomar en cuenta el dinero nos permite conectar las experiencias personales con las dinámicas sociales, económicas y políticas. El dinero nos ayuda a descifrar cómo es la vida colectiva de una sociedad. El dinero ocupa un lugar central en la vida personal y colectiva de las clases populares. Esa afirmación desafía las interpretaciones habituales sobre el papel del dinero en el mundo popular. La literatura, el periodismo, la sociología y la historia suelen exponer dos posiciones: o bien el dinero está excluido de la vida popular, o bien se lo tiene en cuenta para exhibirlo como símbolo de degradación moral. Ambas posiciones remiten a la misma concepción.
Article
http://www.tandfonline.com/eprint/bdQKmPv4D9fptjhM6baM/full Structural adjustment policies in Europe underscore the lack of sovereignty and responsibility of nation-states towards the well-being of their citizens. As a result, in popular mobilizations arguments of inequality and injustice, expressed in a demand for dignity, are intertwined. The article explores this shift away from older arguments of exploitation and domination. Using ethnographic material from an industrial town in Galicia (Spain), I analyse two apparently different types of mobilization that have emerged after the 2008 crisis, trying to understand what grievances and objectives pull people together. One is the local expression of new social movements; the other is the remaining expression of working-class organization. Each of these models reinterprets a particular historical tradition of struggle while developing a new interpretation of the social objectives and subjectivities of the future. My hypothesis is that a “moral economy” framework has superseded a “political economy” framework in the motivation for struggle.