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Un sistema económico heredado: ¿El Guadiana cómo espejo de Tarteso?

Authors:
Pedido 29957 Laminado Brillo
Economías, comercio y relaciones
internacionales en el Mundo Antiguo
Portada: Reconstrucción de la Puerta de Tabira en Aššur en W. Andrae (1977)
Contraportada: Bastión Norte del Palacio de Cnoso
Fotografía de Anna Mysłowska
TÍTULO: ECONOMÍAS, COMERCIO Y RELACIONES INTERNACIONALES
EN EL MUNDO ANTIGUO
EDITA: FULLCOLOR PRINTCOLOR, S.L.
Desito Legal: B 22668-2014
ISBN: 978-84-16184-35-4
Imprime FULLCOLOR PRINTCOLOR, S.L.
C/ Numancia 187, planta 1
08034 Barcelona
info@printcolor.es
ÍNDICE
Prólogo...…………………...……………………………………………………. 1
RUTAS Y SISTEMAS DE COMUNICACIÓN
Viajeros, exploradores y expediciones reales en el antiguo Egipto
Nerea Tarancón Huarte…………………………………………….………. 5
«Lo colocaron todo en la cóncava nave». Pequeñas embarcaciones mercantes
en el occidente mediterráneo durante el I milenio a.C.
Jorge García Cardiel………………………………….…………………21
Un sistema económico heredado: ¿El Guadiana como espejo de Tartesos?
Esther Rodríguez González……………………………………………….. 47
ASPECTOS ECONÓMICOS DEL MUNDO MILITAR
Aspectos económicos de la guerra: el mercenariado en Grecia en el
periodo helenístico
Anna Mysłowska…………………………………………………….……. 71
Economía y mercenariado. Su impacto en el declive del Mundo Púnico
Antonio Pedro Marín Martínez…………………………………………… 89
ESTRUCTURAS ECONÓMICAS Y SOCIALES
Redistribución y economía palacial en el Egeo
Soledad Milán Quiñones de León…………...…………….…….…107
Centros comerciales en la Protohistoria peninsular
Irene M. Muñoz Fernández……………………………………………… 129
Tráfico de hombres, tráfico de dioses: Intercambios comerciales entre el
Mediterráneo oriental y el puerto de Carthago Noua
Pedro David Conesa Navarro…………………………………….……… 147
El método prosopográfico como indicador del cambio: la promoción del
culto de Khonsu durante el Tercer Período Intermedio
Alba Mª Villar Gómez……………………………………………..….…. 167
Los contactos entre las Cícladas y Anatolia durante el Bronce Antiguo y la
construcción historiográfica del ‘Grupo Kastri’
Oihane González Herrero…………………………………...…………… 181
El santuario de Dodona en el Epiro: economía, comercio y peregrinos
en un espacio cultual
Diego Chapinal Heras…………………………………………..……….. 201
Textiles sasánidas: la manufactura y exportación de la seda irania
Zahara Gharehkhani………………………………………………...…219
Historia de un desequilibrio: fraude y exención fiscal en el Reino de Pilo
Claudia V. Alonso Moreno………………………………………...……. 231
Comercio en el Mediterráneo de piezas egipcias y su aparición en la
Península Ibérica
Engracia Muñoz Santos…………………………………………….... 257
DIPLOMACIA Y RELACIONES INTERNACIONALES
Diplomacia y relaciones internacionales en la épica mesopotámica:
¿cuestión de hombres o de dioses? Inanna, Enmerkar y la tierra de Aratta
Carmen del Cerro Linares……………………………………………….. 269
El impacto de la expansión Uruk en el sureste de Anatolia y norte de
al Yazira: interacción e intercambio
Fernando Espejel Arroyo……………………………...…….…………… 295
Diplomacia y relaciones internacionales en la Edad de Oro Medioasiria
Dolores Casero Chamorro…………………………………………… 319
El protocolo de la recepción del extranjero en época Neoasiria (911-609 a.C.)
Román Moret…………………………………………….………………. 337
Intercambios y relaciones comerciales en el Asia Menor aqueménida
Helena Domínguez del Triunfo………………………..………………… 351
Atando lazos: mujer y políticas dinásticas en Hispania (ss. III-II a.C.)
Rosalía Hernández Gara……………………………………..………375
Las embajadas celtibéricas de 152 a.C.: un estudio de caso
Laura Per Gimeno……………………………………….………………. 395
HISTORIOGRAFÍA DE LA ECONOMÍA DE LA ANTIGÜEDAD
Homéricos revolucionarios. La Iberia prerromana desde el prisma socialista
Tomás Aguilera Durán………………………………………...………… 417
Hispania e Indias. Dos visiones comparadas de la actividad minera:
Plinio y el jesuita José de Acosta
Carolina Andrea Valenzuela Matus………………………...…………… 443
La importancia de las relaciones internacionales para la formación
de las colecciones de antiedades de los monarcas españoles
Víctor Úbeda Martínez…………………………………..………………. 461
Listado de autores y correos electrónicos………………………...…….……… 473
47
UN SISTEMA ECONÓMICO HEREDADO: ¿EL GUADIANA COMO ESPEJO
DE TARTESO?
1
Esther Rodríguez González
Unidad Asociada ANTA (UAM IAM CSIC)
RESUMEN: Hemos intentado recoger en el presente trabajo el complejo sistema que
subyace al proceso de “Orientalización”, en este caso concreto dentro del marco
económico y comercial en el que éste se desarrolla. Para ello se ha establecido un
pequeño recorrido a través de la historiografía, la geografía, la arqueología y, por último,
las vías de comunicación que competen a la aplicación del modelo de “colonización
agrícola” en las tierras del Valle Medio del Guadiana.
PALABRAS CLAVE: Protohistoria, Tartesos, Paisaje, Economía, Comercio, Vías de
comunicación.
ABSTRACT: The aim of this research was to represent the complexity of the system
behind the Spanish inland ‘Orientalizing’ process. All this within an economical and
commercial frame, where it takes place. On this purpose we have followed a short
itinerary through Historiography, Geography, Archaeology, and also through the
communication channels depending on the ‘agricultural colonization’ pattern in the
Middle Guadiana River Valley.
KEYWORDS: Protohistory, Tartesos, Landscape, Economy, Trade, Routes.
“Se dice que los primeros fenicios que navegaron hacia Tarteso se llevaron
como carga de retorno, por la importación de aceite de oliva y de otras
mercancías de poco valor, tal cantidad de plata, que no podían guardarla ni
llevarla, de modo que, a su regreso de aquellos lugares, se vieron forzados a
hacer de plata todos sus útiles, e incluso todas sus anclas. (D.S. 35.5.2-5)
Tendemos en algunas ocasiones a olvidar, quizás por la moda del momento,
o simplemente por miedo a contradecir los paradigmas de las décadas de estudios
anteriores, la importancia que algunas regiones de nuestra geografía peninsular han
tenido dentro de la construcción de la Historia Antigua en general, y de la
Protohistoria Peninsular en particular. Estas circunstancias nos han empujado, en
un segundo término, a olvidar de nuevo que cuestionar, dentro del campo de las
ciencias, en este caso concreto, de las Ciencias Sociales y las Humanidades, es
1
Este trabajo se inscribe en el marco del Proyecto “Estudio arqueológico comparativo entre los
territorios periféricas de Tartesos: los valles del Guadiana y del Tajo” (HAR2012-33985) dentro
de la Unidad Asociada ANTA entre la UAM y el Instituto de Arqueología del CSIC.
48
sinónimo de progreso dentro de un área de estudio, como es la Arqueología, donde
los avances se vuelven lentos dada la complejidad subyacente para asimilar
cambios y aceptar hipótesis.
En este estado de olvido ha permanecido durante décadas el germen de la
Arqueología extremeña, relegada por la historiografía, ya desde los años setenta en
adelante
2
al papel de “periferia”
3
y con él, al de actor secundario dentro de la
historia que envuelve a Tarteso y a su inseparable fenómeno orientalizante (figura
1). Esta situación se ha visto probablemente acusada como resultado de la ausencia
de fronteras naturales que definan esta región; pero sobre todo por la fuerte
personalidad cultural de los paisajes que la rodean, donde entre la Meseta Central,
localizada al noroeste, y la costa atlántica al oeste
4
, sobresale el papel
desempeñado por el Guadalquivir
5
, punto de partida de la tan discutida difusión de
la cultura tartésica. Esta posición central la ha convertido en una zona de tránsito e
intercambio de ideas y conocimientos, negándosele auna personalidad cultural
propia.
Del olvido a la consideración de una necesaria reconstrucción
La pérdida del horizonte a partir del cual comienza a gestarse el concepto de
Orientalizante
6
, aplicado en este caso a las tierras del Suroeste de la Península
Ibérica, viene en parte provocado por la constatación de dos fenómenos que han
crecido parejos a lo largo de más de cincuenta años de construcción historiográfica,
lo que les ha dotado de una fuerza y una dimensión hoy en día difícil de cuestionar.
El primero de ellos hace alusión al (re)descubrimiento de la presencia fenicia
en las costas andaluzas a principios de los años sesenta del pasado siglo XX
7
. La
constatación de elementos contextualizados en ambientes de raíz puramente
oriental, a los que se sumaba cada vez con mayor asiduidad los documentados en
las tierras del interior, comenzaba a convertirse en una excelente vía de trabajo que
aseguraba al menos una vaga explicación acerca de la presencia de material
2
Almagro Gorbea, 1977 y 1990, passim; Rodríguez Díaz/Enriquez Navascués, 2001: passim.
3
Rodríguez Díaz, 2002: passim.
4
No debemos ser ajenos al importante papel que el influjo atlántico jugó en la construcción de
un Bronce Final del interior del que buen ejemplo son el centenar de estelas de guerrero que a
día de hoy han sido ya constatadas, y de cuya iconografía se desprende una inclinación atlántica
de la cultura (Celestino, 2001: passim).
5
Esta construcción unidireccional de la transmisión cultural entre el Valle del Guadalquivir y el
interior es fruto, principalmente, del uso de una metodología construida a partir de dos modelos
básicos seleccionados para el entendimiento de este proceso. Nos referimos a la aplicación del
sistema “centro-periferia-margen” (Sherrat/Sherrat, 1991: passim) y al modelo de las “esferas de
interacción” (Aubet, 1990: passim).
6
Moscati, 1987 y 1988, passim.
7
Pellicer, 1962: passim; Schubart, H. et al., 1969: passim.
49
oriental no solo en el litoral y el Valle del Guadalquivir, sino también en las tierras
del mediodía peninsular que bañaban los ríos Tajo y Guadiana a su paso.
El segundo de estos fenómenos recoge el hallazgo del tesoro de El
Carambolo en 1958
8
, y la subsecuente excavación del “fondo de cabaña”
9
donde al
parecer fue documentado. Los diferentes trabajos sacaron a la luz unas estructuras
y lo que era más importante aún, la constatación de una cultura material que por
vez primera conducía a la “materialización” de Tarteso que, rápidamente,
abandonó su carácter literario para dotarse de una entidad geográfica, material y,
fundamentalmente, cultural.
La importancia de estos hallazgos, a los que apresuradamente se unieron las
excavaciones de yacimientos tan emblemáticos para la arqueología tartésica como
son Carmona
10
o Huelva
11
, cerraban una etapa dentro de la Protohistoria del
Suroeste que condenaba totalmente al ostracismo a aquellos antecedentes
culturales que habían sido documentados con anterioridad en el Valle del Guadiana
y que habían constituido el sostén
12
de la literatura científica entre la década de los
años treinta y cincuenta del pasado siglo.
Pero el Valle del Guadiana a diferencia de la región que actualmente
comprende la actual Andalucía, carecía, y aún hoy día carece, de una red de
asentamientos adscrita a una población de origen oriental que avale el
establecimiento de relaciones entre ésta y el sustrato indígena del Bronce Final. De
ese modo, las costas andaluzas ganaban protagonismo frente a las tierras del
interior, reducidas a un papel secundario como meras receptoras dentro del proceso
de difusión cultural, incluso a pesar del importante papel que éstas jugaban desde
la sombra en la reconstrucción histórica de este período.
Sirva de ejemplo la aparición del tesoro de La Aliseda en 1921
13
, hallazgo al
que rápidamente se sumaron otros de envergadura entre los que cabe destacar la
documentación de un gran número de jarros de bronce
14
, denominados por aquel
entonces púnicos”, que propiciaron numerosos estudios a partir de los cuales se
inició la ruptura de los primeros esquemas acerca de la existencia de un Bronce
Final y una etapa posterior puramente indígena y local.
Es mediante este proceso como nace la idea de “Orientalización”
15
, un
fenómeno que partía del concepto estético de las piezas, ignorando su procedencia
8
Carriazo, 1958: passim.
9
Carriazo, 1959 y 1970: passim.
10
Carriazo/Raddatz, 1960: passim.
11
Belén, M. et al., 1977: passim.
12
Blanco Freijeiro, 1956: passim; García y Bellido, 1933: passim; Chocomeli, 1940: passim.
13
Mélida, 1921: passim.
14
Blanco Freijeiro, 1953: passim; Blázquez, 1963: passim; García y Bellido, 1957, 1960 y 1964,
passim.
15
Blanco Freijeiro, 1956 y 1960, passim.
50
estratigráfica, si bien la mayoría de los hallazgos carecían de ella, y que
desafortunadamente se ha mantenido inerte en sus planteamientos a lo largo de las
últimas décadas. Se sigue, la mayor parte de las ocasiones, tomando como
referencia al objeto y no a su contexto espacial y cultural, proceso del que adolecen
muchos de los trabajos que hoy en día se llevan a cabo en las tierras del interior del
Suroeste, donde por ejemplo aún se construyen modelos a partir del análisis de
asentamientos aislados, obviando que la verdadera respuesta se encuentra en la
lectura completa del paisaje en el que estos se insertan.
Es muy probable que los autores que protagonizaron el panorama
arqueológico español desde mediados del siglo XX, no fueran conscientes de la
repercusión que sus planteamientos tendrían dentro de la historiografía, ni de cómo
estos se mantendrían prácticamente inalterados años después, a pesar del
abundante número de evidencias materiales y nuevos yacimientos con los que
actualmente contamos para el estudio de nuestra Protohistoria.
Este amplio panorama, del que aquí únicamente hacemos participe al lector
de un pequeño contexto porque su complejidad y pluralidad teórica es mucho
mayor, es el que ha empujado a un gran número de investigadores a definir al
territorio que encuadramos en este estudio como “un espacio fronterizo
16
desde el
punto de vista geográfico; y como una “gran reserva de la economía tartésica”
17
desde una perspectiva estratégica y territorial.
El contexto geográfico como punto de partida
Para comprender los fenómenos culturales documentados en este territorio, y
con ello, el protagonismo que nosotros queremos inyectarle como espacio
articulado de forma independiente, hemos de adentraros en primer lugar en la
diversidad de su marco geográfico, definido a grandes rasgos por la configuración
de dos “geográficas” muy distintas
18
pero complementarias.
La actual comunidad de Extremadura encuentra sus únicos límites naturales
en las estribaciones del Sistema Central al norte y en Sierra Morena al sur,
contando para el resto del territorio con una extensa penillanura que en alguno de
sus puntos se ve interrumpida por pequeñas elevaciones denominadas “relieves
residuales”
19
(figura 2). Estas cadenas montañosas no actúan únicamente como
fronteras naturales, sino que son permeables gracias a los corredores, modulados
por una importante red de afluentes, que se adaptan a la perfección a la orografía
del terreno, facilitando la conexión entre ambos valles
20
.
16
Barrientos, 1998 y 2000, passim.
17
Rodríguez Díaz/Navascués, 2001: passim; Rodríguez Díaz, 2009: passim.
18
Rodríguez Díaz/Navascués 2001: passim.
19
Barrientos, 1998: passim.
20
Rodríguez Díaz/Enriquez Navascués, 2001: passim.
51
De esa forma, únicamente los ríos Tajo y Guadiana, junto a sus principales
afluentes, el Tiétar y el Alagón para el primero y el Zújar y el Búrdalo para el
segundo, ejercen un papel de frontera dentro de este territorio, entendiendo el
término frontera”
21
en el sentido amplio del mismo, pues a pesar de que actúan
como barreras que separan ambos valles, funcionan al mismo tiempo como vías de
comunicación abiertas, dinámicas y propicias para el establecimiento de relaciones
entre realidades humanas diversas
22
.
Pero la permeabilidad que debería homogeneizar ambos valles se ve
interrumpida por el vínculo que guía al Guadiana hacia el sur, conectándolo
directamente con el Valle del Guadalquivir; y al Tajo hacía el Atlántico y la
Meseta Central, llegando a separar culturalmente ambas cuencas a pesar de su
proximidad espacial.
De esa manera, el primero de los espacios queda configurado por el paso del
río Tajo, que separado del Guadiana por las Sierras de San Cristóbal Montánchez
Guadalupe, concentra en su subsuelo el mayor porcentaje de riquezas minero
metalúrgicas, como arecoge Plinio (N.H. 4.115) al hacer alusión a las “arenas
auríferas del Tagus. A las riquezas áureas, de las que son testigo la destacada
orfebrería documentada en esta región, se suman los depósitos de galenas
argentíferas, los afloramientos férricos y los recursos estanníferos cuya explotación
durante la Protohistoria ha quedado atestiguada únicamente en los trabajos
llevados a cabo en el Cerro de San Cristóbal de Logrosán
23
.
Mientras, en la cuenca del Guadiana, los recursos metalúrgicos más cercanos
se concentran en el mite de Sierra Morena, verdadera frontera geográfica entre
realidades culturales completamente distintas, aún por explorar. En el valle se
concentra el interés por la puesta en explotación de las fértiles tierras aluviales y de
campiña que el paso del río configura. Esta actividad agrícola parece verse
desbancada a lo largo de los siglos VIII VII a.C. por una importante cabaña
ganadera que aprovecha la permeabilidad entre ambos valles para el ejercicio de la
trashumancia. Será a partir de época tartésica, junto al resurgir del fenómeno
orientalizante en las tierras del interior, cuando el desarrollo de la ganadería
conozca un pequeño retroceso fruto de la deforestación de los bosques ante la
necesidad de tierras de cultivo para la manutención de una población en constante
crecimiento
24
.
Para Estrabón (3.1.6) ambos ríos configuraban una mesopotamia” que hoy
sabemos que representa una realidad diversa y compleja, pero en todo momento
equilibrada, donde ambos cursos fluviales actúan al mismo tiempo como zonas de
21
Burillo Mozota, 1989: passim.
22
Pellicer, 2000: passim.
23
Chicharro, E. et al., 2011: passim.
24
Celestino, 1995: passim.
52
paso y puntos de encuentro entre realidades culturales muy distintas, como así lo
certifican la aparición de elementos de procedencia atlántica, mediterránea y
meseteña. La gestión de su diversidad natural y su ya destacada posición central,
favorecieron también su integración en un sistema de comercio interregional donde
aún resulta complicado descifrar el papel real que debió ostentar tanto el territorio,
como los asentamientos claramente vinculados al comercio que se han atestiguado
en su paisaje.
El Valle medio del Guadiana como punto de encuentro
El crecimiento demográfico experimentado a finales del siglo VII a.C.
principios del VI a.C. en el Valle del Guadiana trajo aparejado una redefinición del
modelo económico basado en la explotación de tierras de alto potencial agrícola,
en cuyo entorno apenas había rastro de asentamientos permanentes adscritos a las
fases anteriores
25
.
Esta evolución quedó enmarcada en los años ochenta del pasado siglo dentro
de un modelo que se bautizó con el nombre de colonización agrícola”
26
. Dicho
proceso se gestó como una alternativa para elaborar una nueva hipótesis acerca de
la presencia de población fenicia en las tierras del interior del Guadalquivir,
alegando que el interés de éstas no se centraba exclusivamente en la producción
metalúrgica y el comercio de manufacturas, sino que además, su materialización
arqueológica en las tierras de la extensa campiña, respondía a un interés y a una
integración dentro del rico panorama agrícola en esta región. Esta nueva
concepción rompía, al mismo tiempo, con la imagen esquemática y unidireccional
que hasta aquel momento se había otorgado al proceso de colonización fenicia.
El intento de adaptar este modelo a las tierras que en el interior constituyen
las periferias de Tarteso
27
, ha desembocado en su asimilación como un fenómeno
que redimensiona los postulados planteados por estos autores y que actualmente se
concibe como un proceso de “colonización tartésica”
28
en cuya definición e
implicación cultural no entraremos
29
.
Siguiendo este esquema, las extensas tierras de cultivo y los amplios paisajes
de dehesa con los que cuenta la actual comarca de Extremadura se convertían en
un reclamo para la población de Tarteso. De ese modo, la dirección norte-sur que
se había planteado para el establecimiento de los contactos entre el núcleo de
Tartesos y el interior, ante la necesidad de mano de obra que hiciera frente al
25
Celestino, 2005: passim.
26
Wagner/Alvar, 1989 y 2003, passim.
27
Rodríguez Díaz, 2010: passim.
28
Almagro Gorbea, 2010: passim; Almagro Gorbea/Torres Ortiz, 2009: passim; Torres, 2005:
passim.
29
Arruda, (en prensa).
53
crecimiento productivo desarrollado a partir del establecimiento de población
fenicia en las costas andaluzas, modificaba su sentido hacia una orientación sur-
norte amén, de los cambios socio-económicos experimentados en las tierras de la
campiña en torno al siglo VI a.C.
Pero la base de este sistema es mucho más compleja de contrastar, pues
tendemos a olvidar que el término colonización implica mucho más que la
existencia de parcelas aptas para el cultivo y la constatación del trasvase de una
población que las ponga en explotación, constituyendo en la realidad un proceso de
control, no solo político y territorial, sino principalmente identitario, complejo de
detectar dentro del sustrato arqueológico que actualmente manejamos.
De acuerdo con esto, el proceso de colonización agraria, con sus adeptos y
detractores, parece detectarse con total claridad en el Bajo Guadalquivir, donde
cada vez se observa con mayor nitidez la existencia de una estructura territorial
capaz de sostener la envergadura de este proceso. Así, asentamientos como
Carmona o Montemolín, considerados por la arqueología como asentamientos de
primer orden, se encargarían de controlar una amplia área poblada por
asentamientos de menor rango que se reparten en tres categorías diferentes
dependiendo de su extensión y morfología
30
.
En cambio, si echamos un vistazo a la arqueología protohistórica de
Extremadura rápidamente observaremos que, a excepción de algunos indicios de
interpretación discutible en su mayoría
31
, la zona no cuenta con un red de
asentamientos de primer orden localizados en alto y dotados de un complejo
urbanismo, entendiendo éste en el sentido oriental del mismo, que se asemejen a
los oppida detectados en la Baja Andalucía. Así, el único vínculo existente con el
proceso de colonización agrícola del Guadalquivir está representado por la
aparición de asentamientos en llano tipo aldeas o granjas, fechados entre los siglos
VII VI a.C. y dedicados de forma exclusiva a las actividades agropecuarias.
En la actualidad, únicamente contamos con dos modelos de asentamiento en
llano excavados. El primero de ellos es el yacimiento del Palomar (Oliva de
Mérida, Badajoz)
32
que cuenta con una extensión aproximada de unas 4 hectáreas,
aunque hasta la fecha solo 2’5 de ellas han sido excavadas. Carece de estructuras
defensivas y su urbanismo se encuentra organizado en torno a una red de calles
rectas y empedradas que en algunos de sus puntos se intercalan con zonas abiertas
identificadas por sus excavadores como plazas (figura 3). Su arquitectura aparece
estructurada en torno a espacios domésticos cuadrangulares a los que se asocia
algún horno y varias estructuras circulares que, construidas en piedra, han sido
identificadas como hórreos de carácter familiar para el almacenamiento del grano.
30
Ferrer/De la Bandera, 2005: passim; Ferrer, E. et al., 2007: passim.
31
Celestino, 2005 y 2008, passim.
32
Jiménez Ávila/Ortega Blanco, 2001: passim; Rovira, S. et al., 2005: passim.
54
Junto a este complejo entramado, aparecieron en el sector sur occidental dos
edificios; el primero de ellos considerado como un espacio de culto; mientras que
el segundo, con más de 30 m de longitud y compartimentado en su interior, se ha
interpretado como un posible almacén cuya funcionalidad estaría destinada al
resguardo de los excedentes agrícolas para su posterior comercialización.
Algo más al interior se sitúa el caserío de Cerro Manzanillo (Villar de Rena,
Badajoz)
33
cuya extensión no supera los 800 m2 de superficie. Su urbanismo
aparece articulado en torno a varios espacios abiertos identificados como patios
dentro de los cuales se ha podido documentar una funcionalidad bien diferenciada.
Esta organización en torno a zonas abiertas se encarga de redistribuir los restantes
espacios en dos sectores diferenciados (figura 4): un ámbito doméstico compuesto
por cuatro viviendas cuadrangulares y, de otra parte, una zona de labor donde se
han documentado indicios de actividad agrícola y metalúrgica. Mención aparte
merecen lo que se ha denominado como “almacenes elevados” -hórreos-,
encargados de acumular el grano producido en las cosechas.
A estos dos modelos cabría la posibilidad de sumarles un tercero,
identificado en trabajos anteriores como una elevación tumular
34
semejante a las
que ocultaban edificios como Cancho Roano o La Mata. Sin embargo, a día de
hoy, lo contamos con indicios suficientes para identificar y clasificar el sitio
dentro de la categoría de asentamientos en llano
35
.
Nos referiremos ahora al enclave de la Barca Torruco (Villanueva de la
Serena, Badajoz), localizado sobre la ladera norte de un pequeño cerro amesetado
encargado de controlar uno de los vados del río Guadiana que discurre al norte de
éste (figura 5). Su extensión aproximada no supera las 3 hectáreas a tenor de
nuestras comprobaciones una vez revisados los materiales extraídos de varios
sondeos geológicos practicados en el lugar, así como por los resultados de unos
trabajos de prospección recientemente finalizados. Estos estudios, a los que
podemos sumar desgraciadamente la aparición de un conjunto de restos
constructivos fruto de una actividad de expolio, han permitido documentar la
existencia de materiales relacionados con una posible actividad metalúrgica en sus
inmediaciones
36
, así como de un importante desarrollo agrícola constatable no solo
por la posición geográfica que ocupa el asentamiento, sino por la aparición de un
gran número de molinos barquiformes y restos de recipientes de almacenaje,
ánforas en su gran mayoría, que nos han ayudado en última instancia a fechar el
hallazgo con seguridad en torno al siglo VI a.C.
33
Rodríguez, A. et al., 2009: passim.
34
Rodríguez Díaz, A. et al., 1998: passim; Rodríguez Díaz, 2004: passim.
35
Rodríguez González, 2013: passim.
36
Jiménez Ávila/Ortega Blanco, 2008: passim.
55
Estos modelos dibujan un panorama muy general que nos permite relacionar
algunos asentamientos con una misma funcionalidad basada en intereses agrícolas
y comerciales y que recogen, además, análogas técnicas constructivas de raíz
oriental y un repertorio cerámico muy similar, pero siguen constituyendo un
número muy reducido de ejemplos si tenemos en cuenta la amplia extensión de
territorio sobre la que trabajamos.
A este panorama se suma la documentación parcial de un fracaso del modelo
agrícola hasta ahora defendido
37
, como consecuencia directa de la crisis que
Tarteso sufrió en el siglo VI a.C., constatada en las estratigrafías arqueológicas de
un gran número de asentamientos andaluces
38
. Dicho fracaso estaría representado
en nuestro territorio por la desaparición de asentamientos como El Palomar o Cerro
Manzanillo.
Pero realmente, el declive de Tarteso y la reestructuración de algunos de los
enclaves fenicios de la costa se tradujo en un enriquecimiento demográfico de las
tierras del interior que se verá representado en la aparición de un nuevo modelo de
poblamiento, característico del Valle Medio del Guadiana, donde destacan los
edificios monumentales hallados bajo túmulo. Actualmente contamos con dos
ejemplos excavados en extensión, Cancho Roano
39
y la Mata
40
, aunque recientes
trabajos de prospección nos permiten hablar de una decena de ellos repartidos a lo
largo de la cuenca del Guadiana (figura 6). Estos nuevos y particulares enclaves,
conviven aún con modelos de asentamiento en llano tipo aldea o granja que se
reactivan en este momento (inicios del siglo V a.C.) y que son continuadores de los
ejemplos atestiguados en la anterior centuria. El mejor ejemplo, único hasta el
momento, lo constituye el yacimiento del Chaparral
41
(Aljucén, Badajoz)
42
(figura
7).
El giro experimentado en los modelos de poblamiento dentro de nuestra
región de estudio, y principalmente la activación económica y comercial que la
aparición de estos nuevos enclaves supone, nos lleva, respetando en todo momento
la operatividad del modelo de colonización agrícola, y únicamente con la intención
37
Duque Espino, 2007: passim.
38
Escacena, 1993: passim.
39
Celestino Pérez, 2001: passim, con bibliografía.
40
Rodríguez Díaz, 2004: passim.
41
El Chaparral se localiza en una amplia zona de dehesa, cuya extensión aproximada es de unas
3 hectáreas. Las excavaciones llevadas a cabo en el mismo han permitido documentar la
existencia de dos recintos contiguos en los que conviven estructuras de planta circular similares a
las exhumadas en el poblado del Palomar, interpretadas igualmente como posibles hórreos para
el almacenamiento del grano. La calidad constructiva de los edificios documentados y el
repertorio material a ellos asociado, ha llevado a sus excavadores a identificar este sector como
una zona de extrarradio del poblado que habría estado destinada a las actividades agrícolas y
ganaderas.
42
Jiménez, J. et al., 2005: passim.
56
de valorar nuevas alternativas dentro del estudio del paisaje, a formular preguntas
que nos ayuden a descifrar si es el término colonización agrícola es el más
adecuado para definir el proceso documentado en la cuenca media del Guadiana; si
éste puede o no conectarse con un sistema de poblamiento que se remonta al
Bronce Final; y si realmente este territorio recoge las peculiaridades de un entorno
periférico o de una región culturalmente independiente.
Es por todo ello que nosotros creemos encontrarnos frente a una lectura
incompleta del paisaje donde realmente se detecta una doble vertiente que
tendremos que analizar y donde confluyen, por un lado, un proceso de
transformación de los intereses económicos y comerciales, materializados en la
aparición de elaboradas y suntuosas construcciones que facilitan la puesta en
explotación de nuevas y fértiles tierras -edificios monumentales hallados bajo
túmulo-; y, por otro, la continuidad de un modelo de explotación en llano -aldeas
o granjas- que todavía en el siglo V a.C. desempeña un importante papel en el
territorio.
Un pequeño acercamiento a las vías de comunicación como protagonistas
olvidadas en los intercambios
Si múltiples resultan las posibilidades para conocer qué factores facilitaron
la formación del “Orientalizante” en las tierras del interior, múltiples son las
opciones que barajan los especialistas para conocer qué vías de comunicación son
las más propicias para el mantenimiento de los contactos que dieron como
resultado el nacimiento de este fenómeno.
Si nos adentramos en la búsqueda de una bibliografía que nos ayude a
describir el trazado y la localización de las vías de comunicación en época
prerromana observaremos que los postulados planteados hasta ahora para su
reconstrucción han seguido dos líneas de trabajo muy marcadas. Por un lado, la
poca importancia que se les ha otorgado dentro del proceso de difusión, el cual
simplemente se ha dado por hecho; y por otro lado, la costumbre de considerar a
las vías romanas como un palimpsesto de una realidad que habría sido heredada de
una etapa histórica anterior. Como resultado de ello contamos en la actualidad con
un gran número de proyectos de investigación, divergentes entre sí, que abordan el
origen, la delimitación y la definición del Orientalizante, y del impacto que éste
supuso dentro de la población local que habitaba este territorio, preocupándose
solo de manera somera por conocer que rutas favorecían al establecimiento de los
contactos entre estos espacios.
El estudio de las vías de comunicación ha evolucionado parejo a aquellos
trabajos que en los años cuarenta del pasado siglo describían la estética de los
57
primeros objetos orientales documentados en las tierras del interior peninsular
43
.
De ese modo, tanto la cultura material, como las vías de comunicación y el
territorio en el que éstas se insertaban, han basculado al mismo tiempo de una
concepción atlántica de la cultura, donde los primeros trabajos defendían la
existencia de una clara influencia ejercida desde la costa atlántica de Portugal hacia
el interior
44
; a una imagen mediterránea que crecía al mismo tiempo que se
multiplicaban las evidencias de la existencia de factorías fenicias en las costas de la
actual Andalucía.
La importancia que el círculo cultural del Bajo Guadalquivir y Huelva fue
adquiriendo a la sombra de estos nuevos hallazgos, hizo virar la dirección de los
planteamientos hacia la posibilidad de que fuera la Vía de la Plata el camino
utilizado para el establecimiento de las relaciones entre el núcleo de Tarteso y el
interior. Ésta sería además la vía a través de la cual se llevó a cabo la “colonización
tartésica” de las tierras del Valle del Guadiana y posteriormente del interior de
Portugal
45
. Pero la distancia que separa a los yacimientos tartésicos del interior del
trazado de la vía y, la posibilidad de que ésta no se encontrara activa hasta época
romana, ha favorecido la valoración de nuevas alternativas como la existencia de
una ruta que comunica Córdoba con Medellín, la cual, a través de arterias como el
Zújar, se encargaría de facilitar la conexión entre el Alto Guadalquivir y las tierras
que comprenden el Valle Medio del Guadiana
46
. A esto se une el hecho de que el
único obstáculo que separa ambos valles aparece representado por Sierra Morena
donde, los escasos estudios de poblamiento que en esta zona se han llevado a cabo,
han permitido documentar la existencia de zonas de paso que podrían facilitar la
conexión de ambos territorios.
La viabilidad de esta última idea no nos puede llevar, como ya es casi
costumbre, a pasar por alto la existencia de alternativas como son el uso del Tajo y
el Guadiana como vías de penetración. La relación que ambos establecen con la
presencia de población fenicia en las costas de Portugal
47
y el hecho de que los dos
sean navegables, como así recoge Estrabón en su Geografía
48
, les ha llevado ya a
formar parte de trabajos que convendría tener presentes a la hora de plantear la
reconstrucción del paisaje antiguo del mediodía peninsular.
De ese modo, autores como Pellicer
49
afirman que no puede ya sostenerse
un proceso de Orientalización peninsular centrífugo, desde el foco tartesio del
Guadalquivir, sino centrípeto, desde los diferentes establecimientos fenicios
43
García y Bellido, 1945: passim.
44
Frankenstein, 1977: passim; Álvarez/Gil, 1988: passim.
45
Almagro Gorbea, M. et al., 2008: passim.
46
Celestino Pérez, 2008a y 2008b, passim.
47
Pellicer, 1998: passim; Arruda, 2002: passim.
48
Str. 3.2.3; 3.3.1; 3.3.4.
49
Pellicer, 2000: passim.
58
costeros hacia el interior de la Península a través de las vías fluviales. […] El
Orientalizante extremeño es un producto de la colonización fenicia de las costas
del Sur y del Suroeste portugués, que, matizado por el ambiente indígena, penetra
en la región por las vías naturales del Sado-Guadiana y del Tajo, conformándose
como un horizonte cultural simplemente paralelo y análogo al tartesio, pero
diferente de él, con el que se relaciona de una manera indirecta”.
No obstante, debemos ser conscientes de que estudiar la fisionomía del
Guadiana, colector principal de nuestra región de estudio, resulta en la actualidad
un trabajo complejo debido a las transformaciones que éste experimentó tras la
puesta en marcha del Plan Badajoz en los años sesenta, cuya política de adaptación
de la tierra al cultivo de regadío traía aparejada la construcción de varios pantanos.
Ello ha supuesto el arrasamiento y ocultación de un gran número de asentamientos
que ahora serán complicados de documentar, a lo que se une la considerable
reducción del caudal real que el río presentaría a lo largo de la Antigüedad, lo que
ha provocado la (re)configuración de un nuevo modelo de paisaje para estas tierras
del interior.
A modo de conclusión
La complejidad del modelo socio-económico y territorial que
tradicionalmente se ha relacionado a un marco cronológico que abarca desde el
Bronce Final hasta el final de la I Edad del Hierro en el Suroeste peninsular, a
como las últimas novedades documentas tanto en el Valle del Guadalquivir, donde
destacan los resultados de las últimas excavaciones efectuadas en el cerro de El
Carambolo
50
, como en el valle del Guadiana
51
, marca los objetivos a cumplir en
futuras intervenciones.
Este cambio al que la Arqueología Protohistórica acaba de incorporarse,
define un momento propicio para el comienzo de una relectura del entorno
geográfico de Tarteso, para lo cual debemos de partir de una nueva valoración del
concepto “Orientalizante”, sobredimensionado en muchos estudios y bajo cuyo
término se cobijan las cronologías, zonas y manifestaciones artísticas más diversas.
Además, la renovación crítica de ese concepto nos aleja de otros términos que, aun
en la actualidad, siguen caracterizando los procesos históricos que se documentan a
lo largo de la Antigüedad y que se aplican de manera indiscriminada a zonas o
territorios muy alejados entre sí, tanto geográfica, cultural como cronológicamente.
La finalidad de todo ello no es otra que lograr dibujar el patrón de
asentamiento que modela el paisaje del Valle Medio del Guadiana para, a través de
él, conseguir delimitar qué elementos están presentes en las sociedades que
50
Fernández/Rodríguez, 2007: passim.
51
Celestino, 2012: passim; Celestino/Mayoral, 2011: passim.
59
poblaban este territorio en el Bronce Final y qué otros son el resultado de los
contactos con población fenicia. Solo individualizando los particularismos de cada
una de las regiones que limitan con el núcleo de Tarteso conseguiremos descifrar
hasta qué punto éstas constituyen sus periferias, o si realmente son áreas culturales
independientes con las que se establecen lazos comerciales, políticos y económicos
que, aunque supongan un intercambio de conocimientos, no tienen por qué suponer
la anulación de las tradiciones de una de las dos realidades que conforman este
binomio.
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64
Figura 1. Localización tradicional del núcleo de Tarteso y su periferia.
Figura 2. Situación geográfica del territorio extremeño en la Península Ibérica /
Estructuras geomorfológicas de Extremadura. Según Rodríguez Díaz y Enríquez
Navascués, 2001: 16/21, fig.1/2.
65
Figura 3. Estructuras excavadas en el Sector 1 del Poblado del Palomar
(Oliva de Mérida). Según Jiménez Ávila y Ortega Blanco, 2008: 255, fig. 2.
Figura 4. Planimetría general de Cerro Manzanillo (Villar de Rena, Badajoz) 2003-04 y
2007. Según Rodríguez Díaz, A. et al., (eds.), 2009: 40, fig. 5.
66
Figura 5. Vista desde el norte del Cerro de la Barca (Villanueva de la Serena, Badajoz).
Figura 6. Localización de las elevaciones tumulares documentadas en el Valle Medio del
Guadiana.
67
Figura 7. Plano general de las estructuras excavadas en el Chaparral.
Según Jiménez Ávila, J. et al., 2005: 462-463, fig. 3.
Figura 8. Localización de los asentamientos referidos en el texto.
Pedido 29957 Laminado Brillo
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Article
Full-text available
Estudiar de manera independiente los yacimientos arqueológicos que jalonan la carentes de una relación entre sí ante la falta de una iniciativa científica que los ponga en común. La heterogeneidad bibliográfica de la que parten los estudios sobre esta región desde los años 70 del pasado siglo, nos ha llevado a plantear en este proyecto la necesidad de realizar una nueva lectura del paisaje a partir de la cual confeccionar un nuevo patrón de ocupación acorde a nuestra región de estudio, para, a partir del mismo, realizar investigaciones que nos ayuden a esclarecer el proceso mediante el cual se produce la Valle del Guadalquivir, y su tradicional periferia, el Valle medio del Guadiana, a lo largo de la I Edad del Hierro.
Article
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The San Cristóbal Hill (Logrosán, Cáceres) is a granitic cupola whose relief stands out from the Schist-Greywacke Neoproterozoic Lower Unit host rocks. Bronze Age civilizations lived in the San Cristóbal Hill and left archaeological tools related with a possible early tin mining activity in the area. Located in a traditional phosphate mining village, this hill was disregarded for centuries. In 1949 the tin deposits were rediscovered and the extractive works were carried on until 1962. Besides the mining and historic heritage, the San Cristóbal Hill itself includes an outstanding geological interest, both geomorphological and mineralogical.
Article
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Over the last decade a series of intensive archaeological landscape surveys in the ‘La Serena’ region in the province of Badajoz (Extremadura, Western Spain) has allowed us to better understand the evolution of its lanscape along History. We have also obtained a more balanced view of the context in which archaeological sites as relevant as Cancho Roano and other contemporary buildings were erected and developed. These surveys also allow us to refine our knowledge of the areas of influence of political centres such as Medellin, and the organization of the territory after the crisis of Tartessos.
Thesis
This thesis is concerned with the nature and processes of Phoenician and Greek expansion. into the Western and Central Mediterranean and their impact on the indigenous societies of 'Prehistoric' Europe. It will be shown that these processes must be viewed within the context of the changing configuration of the Western Asiatic regional system and its Mediterranean extensions in the late second and early Ist millenia BC. From the 8th century, parts of Europe were increasingly drawn into this system with the establishment of Greek cities and Phoenician trading spheres in the Central and Western Mediterranean. The nature of Phoenician stragegies and the 'colonial' situation in Iberia resulted initially in the creation of a Western Phoenician sphere, based on Southern Iberia, which served to link the Atlantic trading network with the Central Mediterranean, and the emergent Etruscan and Greek cities. By the 6th century, independent access to'. resources of Central Europe was firmly established across the Alpine routes and along the Rhone. The effect of the incorporation of Central Europe north of the Alps into the periphery of the Central Mediterranean core states is examined in Southwestern Germany and the corresponding decline of the Western Phoenician sphere is emphasised. Essentially, therefore, we are dealing here with a single regional system, in which the Western Asiatic and Eastern Mediterranean core states expanded geographically into the peripheral areas of Mediterranean and Central Europe, incorporating them into the economic regional system. The nature of the new role of the Iron Age societies in the regional system varied according to both the internal organisation and external relations of the particular society before connections - direct'or through intermediaries - were established with the core centres.