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Job Insecurity, precariedad laboral y subempleo: un acercamiento crítico a la nueva realidad del trabajo

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Resúmen: Este trabajo desarrolla un abordaje crítico de las nuevas formas precarias del trabajo en la era del capitalismo financiero. Partiendo del análisis conceptual de términos afines como Job Insecurity, precariedad y subempleo, se perfilan los diferentes antecedentes, dimensiones y componentes de cada uno de dichos conceptos. Se estudian las implicaciones, potencialidades y limitaciones que cada constructo supone y se apuesta por la perspectiva analítica y comprehensiva que gira alrededor del concepto Job Insecurity. Éste último, pese a contar con limitaciones, se nos ofrece como una propuesta integradora del ciclo precariedad-desempleo-subempleo. Además de esta potencialidad analítica y de comprensión de las nuevas transformaciones en los ámbitos económico, laboral y social, el constructo Job Insecurity permite un uso comparativo a nivel internacional, posibilitando un acercamiento más profundo y efectivo a un fenómeno enormemente complejo y actual. Avanzar en la clarificación conceptual y metodológica de estos fenómenos se nos presenta como un recurso necesario y previo para comprender sus repercusiones y, por ende, para plantear políticas integrales que disminuyan sus efectos nocivos y disfuncionales en los ciudadanos.
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1
Job Insecurity, precariedad laboral y subempleo: un
acercamiento crítico a la nueva realidad del trabajo.
Esteban Agulló Tomás, José Antonio Llosa y Miguel Arenas Martínez
Departamento de Psicología/Sociología
Universidad de Oviedo
estomas@uniovi.es
Resúmen: Este trabajo desarrolla un abordaje crítico de las nuevas formas
precarias del trabajo en la era del capitalismo financiero. Partiendo del análisis
conceptual de términos afines como Job Insecurity, precariedad y subempleo,
se perfilan los diferentes antecedentes, dimensiones y componentes de cada
uno de dichos conceptos. Se estudian las implicaciones, potencialidades y
limitaciones que cada constructo supone y se apuesta por la perspectiva
analítica y comprehensiva que gira alrededor del concepto Job Insecurity. Éste
último, pese a contar con limitaciones, se nos ofrece como una propuesta
integradora del ciclo precariedad-desempleo-subempleo. Además de esta
potencialidad analítica y de comprensión de las nuevas transformaciones en los
ámbitos económico, laboral y social, el constructo Job Insecurity permite un uso
comparativo a nivel internacional, posibilitando un acercamiento más profundo
y efectivo a un fenómeno enormemente complejo y actual. Avanzar en la
clarificación conceptual y metodológica de estos fenómenos se nos presenta
como un recurso necesario y previo para comprender sus repercusiones y, por
ende, para plantear políticas integrales que disminuyan sus efectos nocivos y
disfuncionales en los ciudadanos.
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Introducción: La realidad social actual
Estamos viviendo la definición de cambios perdurables en la estructura en el
nuevo orden socioeconómico neoliberal, fruto de la globalización, y basado en
relaciones laborales flexibles, unos medios de producción sujetos a la
tecnología, fuentes informacionales, y una economía basada cada vez más en
el intercambio de productos y servicios intangibles. Desde la ciencia que
estudia las relaciones laborales, hemos tendido en los últimos años a centrar
nuestro foco de trabajo sobre binomio empleo - desempleo. Los cambios que a
continuación describiremos desdibujan los límites entre estar empleado o
desempleado, y emerge un proceso cíclico y complejo de desempleo - empleo
precario, fruto de la inestabilidad, flexibilidad y la temporalidad laboral de los
nuevos tiempos. Esta nueva realidad pide una revisión de las herramientas
conceptuales que manejábamos hasta la fecha, centrando nuestra óptica sobre
el estudio de la persona, su bienestar y salud psicosocial, para valorar el
impacto real que esta nueva estructura laboral tiene sobre el individuo y su
entorno.
Para el 56% de la población española, el desempleo, el paro, es el principal
problema social que se presenta en la sociedad. Este no es un dato nuevo o
puntual, sino que la meticulosa revisión de los informes de opinión expuestos
por el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) mes a mes, sitúa al
desempleo a la cabeza de la problemática española de manera tradicional. Sin
embargo, por medio de la pormenorizada revisión estadística de Barómetro,
rápidamente distinguimos que la problemática ha tomado especial relevancia a
lo largo de los últimos años.
3
Figura 1. Fuente: Barómetro de Opinión Ciudadana. Cetro de Investigaciones
Sociológicas.
Si atendemos a la respuesta de "desempleo" como problema más acuciante en
España en informes previos a la caída de Lehman Brothers en septiembre de
2008, esto es, si revisamos el Barómetro del CIS correspondiente a Julio de
2008, averiguamos que el empleo se mostraba ya en aquel entonces como la
preocupación principal para la población española, lo que aún hoy se mantiene,
pero en la actualidad lo referencia más de un 50% de los encuestados como el
problema principal, mientras que en aquel entonces hablábamos de un 29%.
Estos datos no son más que el reflejo de la penosa situación laboral/social que
viene afligiendo al continente europeo en general, y a España en particular, a lo
largo de los últimos años.
Julio 2008 dic-11 dic-12 dic-13
Empleo 29% 63,80% 56,80% 54,30%
Economía 33,90% 19% 13,30% 9,70%
La clase política 6,40% 11,20% 11,20%
Inmigración 8,40%
Corrupción 1,90% 6,20% 13,50%
ETA 4,80%
0%
10%
20%
30%
40%
50%
60%
70%
Porcentaje de respuestas
Revisión Barómetro del CIS
(Pregunta: "¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe
actualmente en España?")
4
Una situación de crisis como la que atraviesa la sociedad europea en los
últimos años, y ateniéndonos a estudios sociológicos de rigor (Recio, 2009;
Laparra & Pérez, 2012) ponen en evidencia cómo esta situación continuada
está haciendo mella profunda en el entramado social, configurando una serie
de implicaciones y cambios en la realidad vivida por las personas, que poco
tienen de transitorio. La crisis actual se presenta como la culminación de una
transición en la ordenación socioeconómica que está poniendo en jaque el
Estado de Bienestar, para dar paso a la ordenación neoliberal plena, postrada
sobre la flexibilidad y vertiginosidad de la economía globalizada (Sennett,
2000). Particularmente afectada está siendo la población joven: cuando
hacemos referencia a la población total la media de desempleo en España se
cifra en 26.4% al cerrar 2013, al acotar estas cifras al grupo entre 16 y 25 años,
el índice se dispara hasta un porcentaje de 55.1% de desempleados. Aún
yendo más allá, si ejecutamos un ejercicio comparativo entre la población total
y los menores de 25 años, el crecimiento de la tasa de desempleo en el estrato
de población registró cifras del 10.8 del 2007 al 2008, del 9,9% del 2008 al
2009, 3,7% del 2009 al 2010, o 5,8% al año siguiente.
Figura 2. Fuente: Eurostat.
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2007 2008 2009 2010 2011 2012
Incremento desempleo (Porcentaje)
Comparativa España: Incremento de la tasa de
desempleo.
Grupo entre 16 - 24 años / grupo de población total.
INCREMENTO DESEMPLEO
16-24 años
INCREMENTO DESEMPLEO
TOTAL EDAD
5
Si ampliamos el espectro a menores de 30 años, la tasa española de
desempleo al cierre de 2012 (40,8%) duplica los registros europeos (18,2%)
para el grupo de edad de 15 a 29 años. La media europea de desempleo entre
jóvenes también es sustancialmente más alta que la media para el total de
edad (10.5%).
Pero no solo podemos limitarnos a la cifra bruta de la tasa de empleo, para un
enfoque psicológico tan fundamental es la disposición o no de un puesto de
trabajo como la calidad del mismo. Poniendo el foco sobre los datos totales de
la Unión Europea proporcionados por el Eurostat, entre la población juvenil
(menores de 30 años) un 31% de las contrataciones son temporales. Resulta
significativo, y sustenta la tesis del detrimento gradual de las condiciones
laborales, que estas cifras vienen presentando en grado ascendente a lo largo
de los últimos años. No solo eso, sino que por medio del ejercicio comparativo
también se puede concluir, al igual que sucedía al examinar la tasa de
desempleo, que la contratación temporal constituye un fenómeno más acusado
en jóvenes que en la población total (Figura 3).
Figura 3. Fuente: Eurostat.
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2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012
Tasa de contratación temporal
Tasa de contratación temporal en la Unión
Europea.
Grupo Menores de 25 años adversus Grupo de población
total.
Porcentaje temporalidad
Población Total
Porcentaje temporalidad
Menores 29 años
6
Atendiendo a la situación española, la temporalidad se manifiesta en
porcentajes que llegan a doblar los datos europeos. Si en el balance de 2012 el
conjunto de Europa cerraba con una media de contratos temporales del 31%
entre la población menor de 30 años, la población española lo hacía al 47%, de
manera pareja a países como Polonia, con el 49,6%; Portugal, con el 44,2%, o
Eslovenia, que lo hacía con el 48.7%. El contrapunto en Europa lo hallamos en
países como Rumanía, 3.5%; Lituania, 5.3%, o Estonia y Bulgaria, al 7,3%.
Figura 4. Fuente: Eurostat.
Otro buen indicador de la precarización de los procesos del trabajo, también
poniendo la óptica en la población juvenil, lo manifiesta la tasa de contratación
en régimen de jornada parcial. En el grueso de Europa, la contratación parcial
entre jóvenes menores de 30 años, entre el montante total de relaciones
contractuales, asciende al 22,1%. Curioso es el caso de nuestro país, que en el
año 2004 registraba una cifra de contratos en jornada a tiempo parcial entre
jóvenes sustancialmente inferior a la Europea (18,1% de contratación en
jornada parcial en jóvenes para el total de la Unión Europea, frente al 11,5%
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Tasa Desempleo
Tasa de Temporalidad
Contractual
Tasa Jornada Parcial de Trabajo
Cifras comparativas España - Unión
Europea
Jóvenes (16-29 años) año 2012
España
Union Europea
7
registrado en España), mientras que con el progreso de los últimos años fue
igualando, hasta el punto de superar la media europea en el año 2011. Este
fenómeno se asienta en el hecho de que el mercado laboral español carecía de
cultura y cobijo legal claramente definido en torno contratación parcial hasta
principios del nuevo milenio (Bote & Cabezas-Ares, 2012). Sin embargo, con la
rápida adaptación a la flexibilidad contractual del neoliberalismo, rápida gracias
a la premura del la crisis económica, la jornada parcial ha ido imponiéndose de
manera contundente entre los trabajadores jóvenes españoles.
Figura 5. Fuente: Eurostat.
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2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012
Año
Porcentaje contrataciones parciales
Evolución de la contratación parcial España -
Unión Europea
Jóvenes (16-29 años)
European Union
Spain
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Revisión de conceptos: la perspectiva de job insecurity
Todo este panorama dibuja una realidad laboral nueva, que requiere de un
abordaje conceptual también renovado. Guy Standing (2013) defiende el
panorama de una realidad laboral nueva, cualitativamente diferente al modelo
fordista-keynesiano (donde trabajo, ciudadanía y bienestar estaban
vertebrados, regulados y ordenados) que da paso a un nuevo paradigma
tecnoglobal, donde el orden neoliberal económico adopta y desarrolla nuevos
mecanismos de funcionamiento determinando todos los procesos laborales y,
por ende, psico-sociales. Desde la implantación del nuevo capitalismo (flexible,
informacional, financiero y global), se ha producido un escenario que se define
principalmente por la aplicación de altas dosis de desregulación y flexibilidad
laboral que, como señala Blanch (2011), ha conducido a “una doble crisis
laboral” que presenta “dos frentes interrelacionados”: la cantidad y la calidad
del empleo -surge aquí el subempleo, la discordancia entre la profesión y
ocupación de las personas, lo que tiene impacto importante sobre la
autorrealización y el campo psicosocial de los individuos-.
Crespo, Prieto y Serrano (2009) argumentan y defienden lo perdurable de este
nuevo entorno de trabajo precario. El punto de partida para comprender de
manera realista la situación que en la que nos encontramos está en desechar
la ilusión de esta precariedad feroz es algo puntual o transitorio. Los cambios
que señalan Standing (2013) o Crespo, Prieto y Serrano (2009), entre muchos
otros investigadores, son cambios profundos en nuestro mundo laboral.
Cambios estructurales en la sociedad occidental:
"La precariedad laboral no parece una simple solución transitoria a la
transición a la sociedad de servicios, sino cada vez más un elemento
estructural de la misma" (Crespo, Prieto & Serrano, 2009. Pág. 230).
La concepción de la precariedad como un mal marginal que afecta a grupos
concretos de trabajadores, como población inmigrantes, jóvenes sin
experiencia previa, o mujeres en busca del acceso al mundo laboral (Colectivo
9
Ioé, 2008), se viene abajo al coronarse como el eje en la estructura global de
las relaciones laborales. La precariedad fue tratada en la ciencia del trabajo
hasta la fecha como un tumor a extirpar. Es decir, un tumor capaz de ser
delimitado a una parcela más o menos posible de aislar del resto, creyendo en
una dualidad entre trabajo precario y no precario. Sin embargo, el salto
cualitativo al que hemos acudido es el de la permeabilización de la precariedad
al conjunto estructural del mundo laboral (el denominado giro copernicano),
siento esto algo que deja de delimitarse a colectivos, y pasa a convertirse en
una norma para nuestras relaciones laborales (la oficialización de la
precariedad). Esta es una óptica, que lejos de pecar de pesimista, está
sustentada por la sucesión de acontecimientos que se vienen describiendo y en
el conjunto tan alarmante de consecuencias que supone a todos los niveles
(Agulló, 2001).
Aunque hoy hablamos de un hecho consumado, esta intuición sobre
naturalización de precariedad en el trabajo ya se adelanta desde hace años. A
principios de la década del 2000 se comenzaba a hablar de la cultura de la
precariedad (Agulló y Ovejero, 2001), avanzando ya entonces sobre la
conceptualización integral y estructural del detrimento de las relaciones
laborales.
Si ahondamos en el concepto de precariedad, el que tradicionalmente
utilizamos en España, a groso modo podemos verlo definido como aquello que
atenta sobre lo que consideramos un "buen empleo" (Colectivo Ioé, 2008) o lo
que los organismos internacionales denominan como “trabajo decente” (OIT).
En nuestro contexto, al menos hasta un pasado reciente, el estándar de buen
empleo se ligaba a la concepción fordista que lo sostenía sobre la estabilidad
en el puesto; la promoción y autorrealización en el trabajo, y la protección
social y sindical de los trabajadores. La pérdida o atentado sobre alguno de
estos preceptos se traduce en un proceso de precarizante. Las tendencias del
trabajo globalizado se enraízan sobre el dinamismo, la flexibilidad, la
deslocalización o la gestión de competencias, conceptos de máxima actualidad
en los ámbitos corporativos más punteros, y que uno tras otro son por
definición contrarios a lo que plateamos como el "buen empleo" o trabajo
decente.
10
Buscando una dimensionalización más operativa de precariedad podemos
aferrarnos a la propuesta de Laparra (2006), que establece la precariedad en
los siguientes puntos:
- Precariedad temporal: alude a la inestabilidad y el carácter temporal y
efímero de los empleos.
- Precariedad social: la que se plasma como un detrimento en los
derechos sociales relacionados con el mundo del trabajo y protección
laboral.
- Precariedad de ingresos: El fenómeno de los trabajadores pobres es una
de las consecuencias directas de la flexibilidad salarial.
- Precariedad en las condiciones de trabajo: lo que se vincula con la
calidad de vida laboral y la justicia laboral.
En este panorama lo que hemos trazado es un recorrido en el concepto de
precarización desde la marginalidad a la generalidad estructural, llegando a un
punto en el cual se precisa una reconceptualización a fin de buscar una óptica
más amplia, y que agilice también un abordaje internacional. Al movernos en
un contexto internacional, nos topamos con el carácter local que ofrece el
término precariedad, siendo preferible la perspectiva del Job insecurity, que
engloba lo que tradicionalmente entendemos como precariedad, pero a la vez
la amplia a nuevas fronteras y posibilidades metodológicas.
El concepto de job insecurity en el mundo anglosajón ha vivido una larga
evolución desde sus primeros acercamientos hasta la fecha (Sveke, Hellgren &
Näswall, 2006). En los años 60' se comienza a tratar el término en el plano
positivo, job security, para en los 80' vincularlo al estrés y comenzar a dar
forma a lo que hoy se comprende como job insecurity.
Si retomamos las dimensiones de precariedad propuestas por Laparra (2006),
podremos atisbar que el abordaje de la precariedad se plantea desde una
óptica volcada al plano objetivo, centrada fundamentalmente en indicadores
económicos y contractuales de las relaciones laborales. Seguramente aquí se
estribe el mayor contraste con el término job insecurity, partiendo este parte del
polo opuesto, el subjetivo.
11
Cuando se comienza a explorar de manera más sistemática el concepto job
insecurity se aborda desde el estudio del estrés, haciendo alusión al plano
subjetivo de la situación laboral del individuo (Greenhalgh & Rosenblatt, 1984).
Estos autores hablan de job insecurity en términos de: "la incapacidad percibida
de mantener una situación laboral deseada". A partir de este primer
acercamiento el término fue avanzando en el ámbito de lo subjetivo, añadiendo
nuevas dimensiones como las expectativas (Davy, Kinicki & Scheck, 1997); la
insatisfacción con el empleo (Hartley, Jacobson, Klandermans, & van Vuuren,
1991), y siempre como telón de fondo la inestabilidad en el puesto de trabajo.
Ahondando un paso más en esta dimensión surgieron nuevas taxonomías. Una
de las más asentadas es la de Borg y Elizur (1992), quien hace distinción entre
cognitive job insecurity y affective job insecurity. La primera estaría más
vinculada con la expectativa y la asunción de probabilidad de pérdida de
empleo, por ejemplo, mientras que la segunda sería volcada sobre la
dimensión afectiva, expresada en el miedo a perder el puesto de trabajo.
Sin perder de vista esta perspectiva subjetiva del concepto, muy pronto se
abrió la dimensión objetiva dentro del estudio del job insecurity, que incluye
buena parte de los aspectos conceptuales del término precariedad que
esgrimimos anteriormente en el texto. Un abordaje que busca ser integral del
término Job insecurity, lo trató de trazar Mohr (2000) aportando cuatro niveles:
- El nivel social, que propone un acercamiento al Job insecurity sobre el
conjunto de la sociedad: tasa de desempleo, acercamiento estadístico y
ánimo/desánimo entre la población de una zona.
- El nivel de organizacional, que busca explorar la situación laboral
presente en una empresa concreta.
- El nivel subjetivo, desatado ante la percepción subjetiva de que existe
una amenaza para el empleo.
- Por último, la anticipación de pérdida de empleo. La empresa va mal,
han comenzado los despidos y existe una probabilidad de ser perder el
puesto.
12
De Cuyper y De Witte publicaban en 2007 un artículo titulado Job insecurity in
temporary versus permanent workers: Associations with attitudes, well-being,
and behaviour (De Witte & De Cuyper, 2007), donde asumían que no se podía
comprender el impacto del mundo laboral en el bienestar y la salud de las
personas, sin disponer de la doble óptica: subjetiva y objetiva. La hipótesis que
manejan es que efectos objetivos y precarizantes, como la temporalidad,
funciona de manera aditiva junto a otros elementos subjetivos y objetivos.
Todos ellos en conjunto guardan un efecto a analizar sobre el bienestar y la
salud de la persona.
Alojarnos en el ámbito conceptual de Job insecurity, no es más que un camino
a centrar en el objeto de estudio a la persona, la salud y el bienestar, en contra
de limitar la óptica de estudio al plano economicista o institucional. La
perspectiva del Job insecurity va mucho más allá del tejido organizacional.
Green, Felstead y Burchell (2000) aludían al importante impacto del trabajo
precario, no solo en el patente detrimento de la productividad empresarial, sino
también en el deterioro sobre la salud psicosocial de los trabajadores,
impactando sobre bienestar del individuo, así como el detrimento sobre los
vínculos familiares y sociales de los afectados. De manera indudable, la
devaluación de las relaciones laborales terminan por condicionar
negativamente la economía y la macroeconomía (Hutton, 1996), pero no
podemos obviar que este efecto también atenta, de manera global e
irrefrenable, contra la salud pública de los países (Blanch, 2011).
Conclusiones: Hipótesis en torno al Proyecto WORKFORALL.
El constructo Job insecurity es por tanto un constructo multidimensional, que se
presta a un estudio desde una óptica multidisciplinar: social, económica,
psicológica e incluso médica. Da la posibilidad de poner en relación elementos
objetivos y subjetivos de las relaciones labores, con el impacto real que esto
tiene sobre la calidad de vida, el bienestar y la salud de los sujetos.
13
Se esgrimen, además, las indudables ventajas de adaptarnos a una
conceptualización que en el plano internacional del estudio de las condiciones
de trabajo lleva en desarrollo durante años, habiéndose tornado de máxima
relevancia en la última década. En un plano comparativo a nivel internacional,
el componente subjetivo de las condiciones de trabajo es directamente
comparable entre países. El salario, o la modalidad contractual, no son
elementos que se puedan someter a comparación directa, sin embargo la
satisfacción en el puesto sí. Cuando hallemos diferencias en ese componente
subjetivo del Job insecurity será el momento en el que tendremos que escalar a
los conjuntos institucionales, estructurales y legisladores de cada país para
proceder con un análisis comparativo en pro, siempre, de favorecer e intervenir
en una mejora en las condiciones de vida y enfrentar el riesgo de vulnerabilidad
y exclusión social.
Con ánimo de revisar e intervenir sobre la nueva realidad laboral que se
vislumbra, emerge el proyecto: "Salud mental, apoyo social percibido y
estrategias de afrontamiento en jóvenes desempleados y precarios: un estudio
internacional" (WORKFORALL), coordinado desde la Universidad de Oviedo y
con participación de sendas universidades nacionales e internacionales. Este
estudio aborda el la cuestión desde la perspectiva de job insecurity, con el fin
de, desde una óptica cuantitativa y cualitativa, conocer la situación real de los
trabajadores europeos, y esclarecer el impacto de las cambiantes condiciones
de trabajo sobre la salud y el bienestar.
14
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Trata de un fenómeno complejo e histórico que cambia -según los tiempos y lugares- de causas, contextos y consecuencias, así como de protagonistas, formas y significados. La primera parte profundiza en la cuestión del desempleo, a través de la descripción de sus diversos tipos de efectos patológicos, de las variables que los moderan, de los modelos que los explican y de los contextos que los hacen comprensibles. Aquí se pone de manifiesto que, tras la tasa abstracta de paro, late la experiencia concreta de cada persona parada, víctima individual de su circunstancia social. La segunda enfoca lo que esta problemática conlleva de desafío no sólo para la sociedad, sino también para la propia persona desempleada, en la medida en que sus circunstancias le permiten intervenir activamente en el control de su propio destino sociolaboral. Aquí se deja constancia de que el paro genérico enmascara una compleja tipología de demandantes de empleo parados, cuyas características psicosociales los hacen más o menos ocupables, en el seno de una estructura de oportunidades dada. La obra encierra una síntesis de dos modos de investigar que desarrolla el autor: por un lado, un enfoque teórico apoyado sobre un millar largo de referencias bibliográficas a estudios ya clásicos del tema. Y, por otro, un trabajo empírico donde combina diseños transversales y longitudinales. Sin brindar ningún género de recetas, ofrece un marco de referencia para la consideración de los factores psicológicos y sociales implicados en la problemática del paro y en la resolución de la misma.
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Recent research suggests that the relationship between job insecurity and psychological outcomes is more negative among permanent compared with temporary workers. We investigate possible interaction effects between job insecurity and type of contract (temporary versus permanent) for various psychological outcomes (job satisfaction, organizational commitment, life satisfaction, and self-rated performance), some of which have received little attention. We aim to explain these interaction effects, while taking into account the heterogeneous nature of temporary workers in terms of tenure, employment prospects, and wish to do temporary employment. We argue that permanent workers expect higher levels of job security; job insecurity breaches permanent workers’ but not temporary workers’ expectations. This may relate to unfavourable outcomes. Similarly, the heterogeneous nature of temporary workers may relate to job security expectations and thus to reactions to job insecurity. This study was conducted on a sample of 477 temporary and permanent workers from various occupational sectors in Belgium. The results suggested that the interaction effect between job insecurity and contract type may be limited to job satisfaction and organizational commitment. Furthermore, permanent workers had higher expectations about job security. Breach of these expectations furthermore mediated the relationship between job insecurity and all outcomes, except for self-rated performance. However, the heterogeneity indicators were found to be unrelated to job security expectations.
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A model is presented that summarizes existing knowledge concerning job insecurity, points at its deficiencies, and identifies further research needed to understand the nature, causes, and consequences of this increasingly im- portant phenomenon. Such knowledge is crucial because job insecurity is a key element in a positive feedback loop that accelerates organizational decline. Four recent phenomena in the United States have made job insecurity a particularly important variable for organizational scholars to understand. First, the prolonged economic downturn beginning in the mid-1970s resulted in the highest rates of job loss since the Great Depression of the 1930s. Second, there has been an upsurge of mergers and acquisi- tions since the mid-1960s. These events often result in job loss or a curtailment in the privileges and ex- pectations of job incumbents. Third, the rapidly changing industrial structure-from a predominantly manufacturing economy to a service economy and from the predominance of basic industries to the rise of high-technology industries-has changed many people's assumptions about the stability of their employers. Fourth, the trend toward decreasing union representation of the U.S. workforce means that an increasing number of workers are vulnerable to the effects of unilateral decisions from which they
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Research on the psychological consequences of job insecurity is reviewed, showing that job insecurity reduces psychological well-being and job satisfaction, and increases psychosomatic complaints and physical strains. Next, three additional research questions are addressed, since these questions did not receive much attention in previous research. First, does the impact of job insecurity on workers differ according to their professional position, gender, and age? Second, how important is job insecurity compared to other stressors on the workfloor? Third, how important is job insecurity compared to the impact of unemployment? To analyse these issues, data were used from a Belgian plant, part of a European multinational company in the metalworking industry (N = 336). The results of this exploratory study showed that job insecurity was associated with lower well-being (score on the GHQ-12), after controlling for background variables, such as gender and age. A significant interaction with gender occurred, indicating that gender moderated the association between job insecurity and well-being. Job insecurity was not related to psychological well-being among women. Among men, a significant increase in distress was noted among those who felt insecure, but not among the secure. Interaction terms for occupational position and age were not statistically significant. Job insecurity turned out to be one of the most distressful aspects of the work situation. The GHQ-scores of the insecure respondents were not different from those of a representative sample of short-term unemployed, suggesting both experiences to be equally harmful. The consequences of these findings for future research are discussed.
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¿Es posible combatir y vencer la pobreza con métodos ortodoxos? ¿Deberíamos buscar nuevas soluciones, como la de separar el derecho al sustento de la venta del trabajo en el mercado laboral y ampliar todo el concepto de trabajo tal como la sociedad lo ha entendido hasta ahora? Una cosa es ser pobre en una comunidad de productores con empleos para todos, y otra muy diferente es serlo en una sociedad de consumidores cuyos proyectos de vida se construyen en torno a la elección de lo que se consume y no alrededor del trabajo, la capacidad profesional o la disponibilidad de empleos. Si en otras épocas ser pobre significaba estar sin trabajo, hoy este calificativo se refiere, sobre todo, a los apuros de unos consumidores expulsados del mercado. Esta diferencia cambia la situación radicalmente y afecta tanto la experiencia misma de la pobreza como las oportunidades y perspectivas de resolver sus penurias.
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Examines the relations between feelings of job insecurity (JI) and various attitudes and opinions of employees towards their work and the organization. Analyses survey data from 11 European high-tech organizations with a total of 8,483 respondents. Shows that JI is associated with more negative evaluations of all aspects of the company and the job, including more objective variables such as the quality of products and services. Particularly high correlations are observed between JI and negative judgements on management and the company in general. Further presents the development of a questionnaire to assess JI. The questionnaire is then used to study differential effects of JI on persons with internal and external locus of control, and with high and low social support.
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The author investigates the effect of job insecurity and other job stressors on the mental health of steel workers. Levels of job stress and mental health were measured seven years before and seven months after the company at which they worked had gone into receivership, a method that can be described as a quasi-experimental field study with a sample of blue-collar non-supervisory male workers. Two out of four job stressors were found to be at a lower level when the second wave of research took place. Regression analyses showed that the correlation between these job stressors and psychosomatic complaints is now lower than during the first wave but that they reach the former level when job insecurity is added. Job insecurity was mainly connected to an increase in psychosomatic complaints and in anxiety. Self-esteem, depression, and irascibility showed no important relationship to job insecurity when the variables were controlled for mental health status before the onset of job insecurity. Social support, opportunities in the labor market, and duration of contract in the company are identified as moderating the relation between mental health and job insecurity. One conclusion is that positive health effects due to reduction in the stress level may be offset by acute job insecurity.