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"De la violencia a la justicia: la senda democrática hacia la igualdad"

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Abstract

Reseña del liibro de María Xosé Agra "¿Olvidar a Clitemnestra? Sobre justicia e igualdad"
CRÍTICA DE LIBROS
ISEGORÍA, N.º 56, enero-junio, 2017, 319-389, ISSN: 1130-2097
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MARÍA XOSÉ AGRA, ¿Olvidar a Clitem-
nestra? Sobre justicia e igualdad, Santia-
go de Compostela, Servicio de Publica-
ciones de la Universidad de Santiago de
Compostela, 2016, 222 pp.
Reflexionar sobre la justicia es tan necesario
y fundamental como difícil. Grandes au-
tores, desde la época clásica hasta nuestros
días, han analizado y teorizado sobre el pa-
pel central de la justicia en la moral y en la
política. Desde hace cuarenta os, las apor-
taciones de John Rawls y toda la secuela de
críticas que las acompañaron han hecho re-
surgir las distintas caras de la problemáti-
ca de la justicia y la prolija red de fenó-
menos que se encuentran involucrados en
su despliegue histórico y en el razonamiento
coherente sobre ella, suscitando debates in-
terminables. María Xosé Agra, catedrática
de Filosofía Política de la Facultad de Fi-
losofía de la Universidad de Santiago de
Compostela, ha llevado a cabo un trabajo
extraordinario que va desde las referencias
histórico-míticas de la Grecia Clásica, has-
ta las controversias actuales sobre justicia
y democracia, justicia e igualdad, la situa-
ción de los grupos vulnerables y la con-
traposición de intereses que hay entre ellos
(grupos religiosos minoritarios y la situa-
ción de las mujeres en su interior, por ejem-
plo), pasando por los cambios de sentido
que ha tenido la idea de justicia a lo largo
de la historia. Es realmente sorprendente la
riqueza de contenidos de este libro, que se
cimenta en un conocimiento sólido de au-
tores de todas las épocas, así como en una
fina sensibilidad por los problemas de la
existencia de las personas. El hilo conductor
es la reflexión sobre las diferentes ideas de
justicia e igualdad, así como la denuncia de
las desigualdades que se han producido por
la trama de poderes sociales que han otor-
gado la primacía de unos grupos sobre otros,
marginando de la vida política, de la esfe-
ra pública e incluso de los relatos históri-
cos, durante siglos, a grupos tan numero-
sos como el de las mujeres.
El libro está dividido en cuatro capítu-
los. El primero arranca con la presentación
de la figura de Clitemnestra, el personaje
trágico de La Orestíada de Esquilo, espo-
sa de Agamenón y madre de Ifigenia,
Orestes y Electra. Agamenón sacrifica a su
hija Ifigenia para lograr el favor de los dio-
ses en el viaje de su armada rumbo a la gue-
rra de Troya. La venganza de Clitemnestra
por este crimen cae sobre Agamenón cuan-
do este regresa victorioso de la contienda;
después de recibirle con grandes honores,
lo mata con la ayuda de su amante Egisto.
Esta figura vengativa que no tiene piedad
ni obtiene perdón, se contrapone a la de
Orestes que, horrorizado por lo sucedido,
un tiempo después mata a su madre Cli-
temnestra con la contribución de su hermana
Electra y que es absuelto de su delito por
el tribunal del Areópago gracias a la inter-
vención de Apolo y Atenea, especialmen-
te de esta, que despliega su arte de per-
suasión. Son dos imágenes contrapuestas,
a pesar de que en ambos casos se han co-
metido crímenes contra miembros de la fa-
milia: por un lado, Clitemnestra simboliza
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la justicia como venganza, sin perdón, y, por
otro lado, en el caso de Orestes, desasose-
gado por el remordimiento y fustigado por
las Erinias, es enjuiciado por la deliberación
racional de los miembros del tribunal de la
polis y es absuelto; las dos figuras esceni-
fican el paso de un tipo de justicia a otra (“la
justicia de la sangre se resuelve con la jus-
ticia de la polis democrática”), un cambio
fundamental de trascendencia histórica.
Las Erinias vengadoras se transforman en
benévolas Euménides, que reciben el cul-
to de los atenienses. La venganza es cosa
de un estadio pre-político, la instituciona-
lización de la justicia sobre la base de la ar-
gumentación es la raíz de la política y de la
democracia. Aquí emerge ya la estrecha re-
lación entre justicia y democracia.
Con ser muy relevantes estas cuestio-
nes, quedan otras igualmente importantes
para explorar. El título del libro expresa bien
la reflexión que plantea la autora: ¿Olvidar
a Clitemnestra? No podemos olvidarla
porque su historia nos pone ante los ojos el
trato desigual que recibe. A Orestes se le per-
dona, a ella no. Su vulnerabilidad es evi-
dente. De los diferentes comentarios que
Agra cita de diversas autoras contemporá-
neas que se han interesado por este tema,
destacaré el de Kathleen L. Komar: “la mu-
jer inocente debe ser sacrificada, la mujer
poderosa debe ser eliminada; y el varón
debe ser exonerado de ambos crímenes para
fundar el orden patriarcal de la ley”. No se
trata ahora de reivindicar el matriarcado o
“un viejo y supuesto orden femenino”, dice
Agra, sino de no olvidar. Agamenón mata
a su hija, sin que Clitemnestra pueda hacer
nada; Clitemnestra “es inteligente, habla, go-
bierna, es madre, tiene un amante, asesina
a su marido y a la amante de este, no se arre-
piente y es condenada a la soledad y a la in-
famia aún en el reino de los muertos”. El
capítulo se cierra con la afirmación de que
“el feminismo es un lugar privilegiado para
comprender la complejidad y los dilemas
de una ciudadanía democrática y de una so-
ciedad más justa”.
En el segundo capítulo profundiza en la
significación de esta tragedia, aportando las
ideas de varios especialistas en la materia
(Vidal-Naquet, Raphael, Nussbaum, Iriar-
te, Loraux, Beauvoir, etcétera) que permi-
ten matizar diferentes aspectos esbozados
en el primer capítulo, y ampliar las consi-
deraciones sobre el concepto de justicia
como retribución. Las instituciones políti-
cas tensan las relaciones entre la familia y
la polis, la filiación y la afiliación, por cuan-
to la pertenencia a una tierra y a una polis
toma preeminencia sobre la adscripción fa-
miliar. En Platón aflora la vieja convicción
de que “no podrán surgir conflictos entre la
familia y la ciudad si la ciudad es la fami-
lia, si nuestra única familia es la ciudad”,
un pensamiento que alimentó el mito de la
autoctonía. Con ello se relega la familia y
lo biológico a un plano secundario y el pa-
pel de madre también. La madre tiene la
función de procrear hijos semejantes al pa-
dre; “estamos ante un mito fundante de la
ciudadanía ateniense que juega con el pa-
rentesco y la división de los sexos. Los va-
rones atenienses no han nacido de las mu-
jeres sino de la Tierra”. “El mito de la au-
toctonía tiene beneficios para la democra-
cia, naturaliza las relaciones de afiliación
y rearticula las relaciones de filiación”, pero
a las mujeres se las relega a las relaciones
de filiación (madres, hijas, esposas), por lo
que el desarrollo de la justicia retributiva por
parte de la democracia ateniense va de la
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mano de un orden excluyente que no atien-
de a la violencia cotidiana y familiar con-
tra las mujeres. Para Clitemnestra no hay
perdón y, sin embargo, la justicia demo-
crática debería oír a todas las partes, asu-
mir las distintas miradas (la del juez hacia
el pasado y la del legislador hacia el futu-
ro) y dirimir argumentativamente por un tri-
bunal las distintas voces en litigio. Por eso
no podemos olvidar a Clitemnestra ni a nin-
guna de las voces que no fueron escucha-
das en su momento.
El tercer capítulo responde a las pre-
guntas: ¿qué es la justicia?, ¿qué es una so-
ciedad justa?, recordando las aportaciones
de diversos autores: Aristóteles, Smith,
Locke, Rousseau, Kant, Mandeville, Ba-
beuf, Marx, Rawls, Sen, Pitkin, etcétera. El
modelo de justicia distributiva es distinto
en la época clásica y en la época moderna.
En Aristóteles se define a partir del méri-
to y tiene que ver con la idea de que los bien-
es deben atribuirse con criterios de igual-
dad proporcional relativa a los mereci-
mientos. A partir de A. Smith la propiedad
es asunto de la justicia distributiva y el Es-
tado debe velar para la adecuada distribu-
ción de la propiedad a toda la sociedad, de
modo que todos tengan un cierto nivel de
medios materiales y acceso a la instrucción.
El centro de atención es la pobreza, no el
mérito. Kant considera que hay gente po-
bre porque sus derechos de propiedad fue-
ron invadidos en el pasado por los que aho-
ra son ricos (Lecciones de ética (1770-80)).
Tras referirse a otros autores, comenta
la posición de Rawls, caracterizada por en-
tender la justicia distributiva desde las ne-
cesidades y la igualdad social. El Estado ha
de ser el agente de la justicia social. Pero
también aquí se produce un giro importante
respecto de otras teorías: la sociedad no se
concibe como aventura cooperativa para la
ventaja mutua, sino como un sistema equi-
tativo de cooperación social. La justicia es
inseparable de la política.
Han sido varias las reacciones críticas
contemporáneas frente a las concepciones
del modelo distributivo. Ricoeur, Taylor,
Honneth, Nussbaum, Young, Fraser to-
man distancias y ponen de relieve la cen-
tralidad del bien o de la vida buena. “Las
críticas al modelo distributivo […] apues-
tan por una ampliación política en la que su
objeto, la estructura básica de la sociedad,
se extiende más allá del Estado, incorpo-
rando las estructuras e instituciones de la so-
ciedad y la estructura informal. De estas crí-
ticas se desprende asimismo una ruptura con
los límites tradicionales, empezando por
considerar en serio que la familia es una ins-
titución social, no natural o pre-política.”
En el cuarto y último capítulo, Agra pre-
senta una reflexión sobre la justicia y los
grupos minoritarios. En el capítulo anterior
ya se ocupó del debate en torno a la rela-
ción entre redistribución y reconocimien-
to y las posiciones de autores como Fraser
y Honneth; ahora se extiende en la proble-
mática del trato justo a las minorías y los
intereses encontrados de las distintas mi-
norías. En este contexto la concepción de
“cultura” toma un papel principal, porque
“buena parte de la discusión trata de clari-
ficar los términos en los que se puede en-
tender que la cultura es política, pero sobre
todo se pone de manifiesto hasta qué pun-
to la cultura se esencializa o se naturaliza
y se necesitan criterios normativos para
abordar las injusticias culturales”. La cul-
tura se identifica a veces con la religión,
otras con la etnia, el género, la identidad o
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la diferencia. “La noción de minoría no es
ética ni cultural, se refiere al disenso, no a
la diferencia, a las opiniones discrepantes
que se dan en contextos deliberativos o le-
gislativos en el marco democrático.”
Entra más específicamente en materia
a partir del caso de Shah Bano Begur, muy
conocido y discutido por diversos autores
como paradigma de las contradicciones que
pueden producirse a partir de las leyes “pro-
tectoras” de minorías. Shah, de 62 años, es-
taba casada con el abogado Mohammed Ah-
mah Khan desde hacía 43 años, cuando su
marido se divorció de ella por medio de un
Talaq irrevocable de la legislación musul-
mana relativa a la vida privada, y tuvo que
marcharse de su domicilio conyugal (1975).
Tres años más tarde presentó una querella
para mejorar la cuantía de la pensión ali-
menticia, que ganó, pero su esposo apeló,
dando lugar a una batalla legal de conse-
cuencias inesperadas. La Corte Suprema
consideró que se podía aplicar el Código Pe-
nal común de la India a los musulmanes y
falló a favor de la mujer, aumentando la
cuantía de la subvención a Bano, aunque se-
ñaló que se echaba en falta un Código Ci-
vil común. A raíz de este caso y después de
largos y tensos debates sobre si hay un de-
recho musulmán privado que puede pre-
valecer sobre otras normas legales, se pro-
mulgó la Ley de Protección de Derechos y
Divorcio de las Mujeres Musulmanas que
estableció la obligación de que fueran
mantenidas por los hermanos e hijos varo-
nes herederos (no por los exmaridos) y, en
el caso de que no pudieran hacerse cargo,
tenían que ser atendidas por las organiza-
ciones de caridad (las juntas de las waaf).
Aunque en un principio se promovió esta
ley en defensa de las mujeres, sus disposi-
ciones suponen una concesión a las pre-
siones políticas de los musulmanes y dejan
a las mujeres en una situación peor a la que
existía anteriormente. En medio de este ga-
limatías, la comunidad musulmana presionó
a Shah hasta tal punto que retiró su demanda
y aceptó la primera cantidad asignada.
¿Cómo se puede proteger realmente a las
mujeres? ¿Se pueden articular las distintas
tradiciones de legalidad religiosa en el
marco constitucional contemporáneo de res-
peto a los derechos humanos? ¿Hay que ha-
blar de justicia para las minorías dentro de
las minorías?
Marta Nussbaum se ha ocupado de es-
tos problemas y estima que en el proceso
de la India “las mujeres sufrieron una de-
rrota particularmente penosa y prominen-
te. La libre práctica de la religión y la igual-
dad de los sexos parecen estar, al menos al-
gunas veces, en un derrotero de colisión”.
Seyla Benhabib afirma que “resulta claro
que el litigio Shah Bano plantcuestiones
que iban mucho más allá del caso en sí, re-
lacionadas con la esencia de la práctica del
pluralismo legal, la coexistencia y la tole-
rancia religiosas y el significado de la
unidad y la identidad nacional de la India”.
Otras autoras han expresado críticas pare-
cidas. En esta confrontación de derechos tie-
nen lugar un uso indebido del concepto de
privacidad y de familia; el hogar es un ám-
bito privado, pero la familia, como insti-
tución dentro del Estado moderno, no tie-
ne nada de privado; está determinada legal
y políticamente por la acción del Estado.
También es evidente que las culturas no son
la fuente de los problemas, sino determi-
nadas interpretaciones de las tradiciones cul-
turales, que imponen el trato desigual de las
mujeres y cierran la posibilidad de una evo-
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lución de las costumbres; como dice Sarah
Song, son las prácticas opresivas, no la cul-
tura, lo que constituye el problema.
Susan Moller Okin, pionera de la rei-
vindicación de la justicia en las cuestiones
de género, “sigue defendiendo una con-
cepción de la justicia social distributiva que
no da por concluido, aunque muestre avan-
ces, el debate sobre justicia y género”, co-
menta Agra, para destacar luego las apor-
taciones de esta autora con relación a la ne-
cesidad de analizar adecuadamente las
tensiones que se producen entre feminismo
y multiculturalismo. Okin opta por la jus-
ticia de los principios como forma de re-
solver los conflictos, junto con la conside-
ración de las voces de las mujeres y los con-
textos específicos en los que se formulan
las demandas de derechos de grupo. El tex-
to recoge también los debates entre esta au-
tora, Nussbaum y Shachar.
Agra cierra el libro con una invitación a
seguir la reflexión sobre estos problemas, sin
olvidar que “la igualdad y la justicia exigen
r las voces de las mujeres, las de las que con-
sideramos como “nuestras” y las que con-
cebimos como “otras”. Voz en el sentido de
reconocimiento público de poder y autoridad,
no únicamente de expresión de sufrimiento
y vunerabilidad, agentes y no víctimas”.
El trabajo de Agra estimula a avanzar
en esa reflexión que aporta lucidez políti-
ca (en el sentido amplio del término) y éti-
ca, y refuerza la disposición a la acción, a
pesar de las discrepancias que podamos te-
ner respecto de los distintos análisis de la
situación y las controversias teóricas que
suscitan.
Margarita Boladeras Cucurella
Universidad de Barcelona
ORCID ID: http://orcid.org/0000-0002-9216-201X
MIGUEL CATALÁN, Ética de la verdad y de
la mentira. Seudología VI, Madrid, Ed. Ver-
bum, 2015, 210 pp.
Ética de la verdad y la mentira es en parte
resultado del proyecto de investigación “El
utilitarismo y sus críticos. Críticas clásicas
y contemporáneas al Paradigma Utilitaris-
ta de Racionalidad1. El núcleo del libro es
la defensa de un modelo naturalista y con-
secuencialista para la ética de la verdad y la
mentira. Esta reseña resume la propuesta nor-
mativa y discute parte del argumento que la
sustenta. Recomiendo disfrutar del libro de
Catalán íntegro: carece de líneas superfluas,
y es un deleite en sí mismo.
Esta nota da cuenta parcialmente del li-
bro pues, como los seguidores de Catalán
saben, incluso sus obras teóricas exceden
lo convencionalmente académico. Este li-
bro es el volumen sexto de un proyecto vi-
tal, filosófico e histórico que el autor titu-
la “Seudología”: una exploración sobre las
formas y ámbitos en que la utopía, el en-
gaño, la mentira, la ensoñación, la falsedad,
la sospecha, el secreto, están presentes en
la prehistoria e historia humanas, a pesar de
los esfuerzos científicos y teóricos por su-
ÉTICA DE LA VERDAD Y LA MENTIRA SEGÚN
MIGUEL CATALÁN
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