ArticlePDF Available

Actualización de las recomendaciones internacionales de reanimación cardiopulmonar pediátrica (RCP): recomendaciones europeas de RCP pediátrica

Authors:
  • Complejo Hospitalario Universitario de Santiago and University of Santiago de Compostela, Spain
  • EMS dispatch Centre 112 FLanders Eastern; UH GHent; Ghent University

Abstract and Figures

Este artículo resume las recomendaciones europeas de reanimación cardiopulmonar (RCP) pediátricas, destacando los principales cambios e intenta animar a los profesionales a actualizar y mantener sus conocimientos y habilidades en RCP pediátrica. Las recomendaciones europeas del año 2015 mantienen el mismo algoritmo de actuación en la RCP básica y avanzada pediátrica. Los cambios más significativos son: en la prevención de la parada cardiaca (PC), los ni-ños con enfermedad febril sin signos de shock no deben recibir de forma rutinaria expansiones de fluidos porque un volumen excesivo puede empeorar el pronóstico. En la RCP básica se recomienda que la administración de la respira-ción dure alrededor de 1 segundo, para unificar las recomendaciones con las del adulto. En las compresiones toráci-cas el esternón debe deprimirse por lo menos un tercio del diámetro torácico anteroposterior. En el niño, la mayoría de las PC tienen ritmos no desfibrilables y en ellos la secuencia coordinada de ventilación y compresiones torácicas y administración de adrenalina es el tratamiento esencial. La vía intraósea, sobre todo en los lactantes, puede ser el ac-ceso vascular de primera elección. En el tratamiento de la taquicardia supraventricular, cuando se realice cardioversión como tratamiento, se recomienda utilizar una dosis inicial de 1 J/kg (antes se recomendaba 0,5 J/kg). En los cuidados postresucitación tras la recuperación de la circulación espontánea, se deben tomar medidas para evitar la fiebre, te-niendo como objetivo conseguir la normotermia ya desde el ámbito extrahospitalario. Palabras clave: Parada cardiaca. Niños. Reanimación cardiopulmonar. Resucitación. Reanimación cardiopulmonar bá-sica. Reanimación cardiopulmonar avanzada. Current international recommendations for pediatric cardiopulmonary resuscitation: the European guidelines This summary of the European guidelines for pediatric cardiopulmonary resuscitation (CPR) emphasizes the main changes and encourages health care professionals to keep their pediatric CPR knowledge and skills up to date. Basic and advanced pediatric CPR follow the same algorithm in the 2015 guidelines. The main changes affect the prevention of cardiac arrest and the use of fluids. Fluid expansion should not be used routinely in children with fever in the abuse of signs of shock because too high a volume can worsen prognosis. Rescue breaths should last around 1 second in basic CPR, making pediatric recommendations consistent with those for adults. Chest compressions should be at least as deep as one-third the anteroposterior diameter of the thorax. Most children in cardiac arrest lack a shock-able rhythm, and in such cases a coordinated sequence of breaths, chest compressions, and administration of adrenalin is essential. An intraosseous canula may be the first choice for introducing fluids and medications, especially in young infants. In treating supraventricular tachycardia with cardioversion, an initial dose of 1 J/kg is currently recommended (vs the dose of 0.5 J/kg previously recommended). After spontaneous circulation is recovered, measures to control fever should be taken. The goal is to reach a normal temperature even before arrival to the hospital. Introducción Este artículo resume las recomendaciones de reani-mación cardiopulmonar (RCP) pediátricas, destacando los principales cambios originados en la ciencia y la práctica de la RCP pediátrica, e intenta animar a los profesionales que atienden o pueden tener que atender a niños en situaciones críticas, a actualizar y mantener sus conocimientos y habilidades en RCP pediátrica, a través de las fuentes bibliográficas y los recursos forma-Filiación de los autores:
Content may be subject to copyright.
266
ARTÍCULO ESPECIAL
Actualización de las recomendaciones internacionales
de reanimación cardiopulmonar pediátrica (RCP):
recomendaciones europeas de RCP pediátrica
Jesús López-Herce1, Antonio Rodríguez Núñez2, Ian Maconochie3, Patric Van de Voorde4,
Dominique Biarent5, Christof Eich6, Robert Bingham7, Thomas Rajka8, David Zideman9,
Ángel Carrillo1, Nieves de Lucas10, Custodio Calvo11, Ignacio Manrique12, en nombre
del Grupo Pediátrico del Consejo ERC y del Grupo Español de RCP Pediátrica y Neonatal
Este artículo resume las recomendaciones europeas de reanimación cardiopulmonar (RCP) pediátricas, destacando los
principales cambios e intenta animar a los profesionales a actualizar y mantener sus conocimientos y habilidades en
RCP pediátrica. Las recomendaciones europeas del año 2015 mantienen el mismo algoritmo de actuación en la RCP
básica y avanzada pediátrica. Los cambios más significativos son: en la prevención de la parada cardiaca (PC), los ni-
ños con enfermedad febril sin signos de shock no deben recibir de forma rutinaria expansiones de fluidos porque un
volumen excesivo puede empeorar el pronóstico. En la RCP básica se recomienda que la administración de la respira-
ción dure alrededor de 1 segundo, para unificar las recomendaciones con las del adulto. En las compresiones toráci-
cas el esternón debe deprimirse por lo menos un tercio del diámetro torácico anteroposterior. En el niño, la mayoría
de las PC tienen ritmos no desfibrilables y en ellos la secuencia coordinada de ventilación y compresiones torácicas y
administración de adrenalina es el tratamiento esencial. La vía intraósea, sobre todo en los lactantes, puede ser el ac-
ceso vascular de primera elección. En el tratamiento de la taquicardia supraventricular, cuando se realice cardioversión
como tratamiento, se recomienda utilizar una dosis inicial de 1 J/kg (antes se recomendaba 0,5 J/kg). En los cuidados
postresucitación tras la recuperación de la circulación espontánea, se deben tomar medidas para evitar la fiebre, te-
niendo como objetivo conseguir la normotermia ya desde el ámbito extrahospitalario.
Palabras clave: Parada cardiaca. Niños. Reanimación cardiopulmonar. Resucitación. Reanimación cardiopulmonar bá-
sica. Reanimación cardiopulmonar avanzada.
Current international recommendations for pediatric cardiopulmonary
resuscitation: the European guidelines
This summary of the European guidelines for pediatric cardiopulmonary resuscitation (CPR) emphasizes the main
changes and encourages health care professionals to keep their pediatric CPR knowledge and skills up to date. Basic
and advanced pediatric CPR follow the same algorithm in the 2015 guidelines. The main changes affect the preven-
tion of cardiac arrest and the use of fluids. Fluid expansion should not be used routinely in children with fever in the
abuse of signs of shock because too high a volume can worsen prognosis. Rescue breaths should last around 1 sec-
ond in basic CPR, making pediatric recommendations consistent with those for adults. Chest compressions should be
at least as deep as one-third the anteroposterior diameter of the thorax. Most children in cardiac arrest lack a shock-
able rhythm, and in such cases a coordinated sequence of breaths, chest compressions, and administration of adrena-
lin is essential. An intraosseous canula may be the first choice for introducing fluids and medications, especially in
young infants. In treating supraventricular tachycardia with cardioversion, an initial dose of 1 J/kg is currently recom-
mended (vs the dose of 0.5 J/kg previously recommended). After spontaneous circulation is recovered, measures to
control fever should be taken. The goal is to reach a normal temperature even before arrival to the hospital.
Keywords: Cardiac arrest. Children. Cardiopulmonary resuscitation: basic, advanced. Resuscitation.
Emergencias 2017;29:266-281
Introducción
Este artículo resume las recomendaciones de reani-
mación cardiopulmonar (RCP) pediátricas, destacando
los principales cambios originados en la ciencia y la
práctica de la RCP pediátrica, e intenta animar a los
profesionales que atienden o pueden tener que atender
a niños en situaciones críticas, a actualizar y mantener
sus conocimientos y habilidades en RCP pediátrica, a
través de las fuentes bibliográficas y los recursos forma-
Filiación de los autores:
1Servicio de Cuidados Intensivos
Pediátricos, Hospital Gregorio
Marañón de Madrid. Facultad de
Medicina. Universidad
Complutense, Madrid, España.
2Servicio Urgencias Pediátricas,
Hospital Clínico Universitario de
Santiago de Compostela, España.
3Paediatric Emergency Medicine
Department, Imperial College
Healthcare NHS Trust and BRC
Imperial NIHR, Londres, Reino
Unido.
4Paediatric Intensive Care and
Emergency Medicine
Departments, University Hospital
Ghent and Ghent University,
Gante, Bélgica.
5Paediatric Intensive Care and
Emergency Medicine
Departments, Université Libre de
Bruxelles, Hôpital Universitaire des
Enfants, Bruselas, Bélgica.
6Department of Anaesthesia,
Paediatric Intensive Care and
Emergency Medicine, Auf der Bult
Children’s Hospital, Hanover,
Alemania.
7Department of Paediatric
Anaesthesia, Great Ormond Street
Hospital for Children, Londres,
Reino Unido.
8Paediatric Intensive Care
Department, Womens and
Childrens Division, Oslo University
Hospital, Oslo, Noruega.
9Anaesthesia Department,
Imperial College Healthcare NHS
Trust, Londres, Reino Unido.
10SAMUR-Protección Civil, Madrid,
España.
11Servicio de Urgencias
Pediátricas, Hospital Regional U.
de Málaga, España.
12Instituto Valenciano de Pediatría,
Valencia, España.
Contribución de los autores:
Todos los autores han confirmado
su autoría en el documento de
responsabilidades del autor,
acuerdo de publicación y cesión
de derechos a EMERGENCIAS.
Autor para correspondencia:
Jesús López-Herce Cid
Servicio de Cuidados Intensivos
Hospital Gregorio Marañón
C/ Doctor Castelo, 47
28009 Madrid, España
Correo electrónico:
pielvi@hotmail.com
Información del artículo:
Recibido: 1-6-2016
Aceptado: 19-11-2016
Online: 26-6-2017
Editor responsable:
Guillermo Burillo-Putze, MD, PhD.
Formación
acreditada
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
267
tivos, teóricos y prácticos, disponibles. Estas recomen-
daciones son una adaptación de las recomendaciones
europeas (RCP) pediátricas recientemente publicadas1y
que son las que utilizarán los Consejos Nacionales de
Resucitación en Europa y, en España, el Grupo Español
de RCP Pediátrica y Neonatal, para la formación de los
profesionales sanitarios y la población general2.
Metodología de elaboración
de las recomendaciones
La RCP es un campo de la medicina que está especial-
mente necesitado de recomendaciones sustentadas por evi-
dencias claras. Desde el año 2000 la Agrupación Internacio-
nal de Consejos de Resucitación (ILCOR) ha llevado a cabo
cada 5 años procesos sistemáticos de evaluación de la cien-
cia. El resultado son las recomendaciones internacionales de
consenso en la ciencia y de recomendaciones de tratamien-
to (CoSTR), cuya última edición ha sido publicada en octu-
bre de 20151-7. El ILCOR ha establecido seis grupos de tra-
bajo, dos de los cuales (neonatal y pediátrico) se centran
en el paciente pediátrico. Cada grupo de trabajo ha reali-
zado los siguientes pasos: a) identificar los temas en los
que era más necesario buscar pruebas, b) seleccionar e in-
vitar a expertos internacionales a revisar las evidencias,
c) realizar el proceso de evaluación, d) debatir los hallaz-
gos, e) presentar los resultados en conferencias de con-
senso, f) proponer un texto consensuado para el docu-
mento CoSTR y g) aprobar dicho texto8.
En pediatría se evaluaron 55 cuestiones. Cada una de
ellas fue analizada por dos expertos de forma indepen-
diente siguiendo el formato PICO (población, interven-
ción, comparación, resultados)8. La valoración de la cali-
dad de las evidencias y la fuerza de las recomendaciones
se llevó a cabo siguiendo la metodología GRADE (rango o
clasificación de las recomendaciones, valoración, desarro-
llo y evaluación)9. La gran mayoría de los resultados han
sido considerados de calidad baja por lo que muchas de
las recomendaciones son débiles o no concluyentes.
El grupo de trabajo pediátrico redactó un texto que
recoge el CoSTR5,6, y posteriormente, cada consejo de re-
sucitación, en nuestro caso el Consejo Europeo de Resuci-
tación (ERC), ha definido sus propias recomendaciones de
RCP1,2,4,7, pero reconoce que dentro de Europa existen di-
ferencias en cuanto a la disponibilidad de material, fárma-
cos y personal, por lo que algunas de las recomendacio-
nes necesitarán adaptaciones nacionales o regionales4. De
ahí surge la conveniencia y oportunidad de este artículo.
El ERC considera que las nuevas recomendaciones deberí-
an ser no solo las más efectivas sino también las más fáci-
les de aprender y retener, y que estén apoyadas por el
conocimiento actual, la investigación y la experiencia.
Principales cambios en las
recomendaciones de RCP pediátrica
La actualización del consenso en la ciencia y las re-
comendaciones de RCP del año 20151,5 incluyen pocos
cambios significativos con respecto a las del año 201010.
Los más importantes son:
Prevención de la parada cardiaca (PC)
Expansión volumétrica: los niños con enfermedad febril
sin signos de shock no deben recibir de forma rutinaria
expansiones de volumen. Hay que controlar el volumen
de expansión de fluidos en el shock séptico porque un
volumen excesivo puede empeorar el pronóstico.
– Cardioversión: en la taquicardia supraventricular se re-
comienda utilizar una dosis inicial de cardioversión de
1 J/kg (antes 0,5 J/kg).
RCP básica o soporte vital básico
Se recomienda que la insuflación dure alrededor de 1
segundo para unificar las recomendaciones de los ni-
ños con las del adulto.
En las compresiones torácicas la parte inferior del es-
ternón debe deprimirse por lo menos un tercio del
diámetro torácico anteroposterior (más o menos 4 cm
en el lactante y 5 cm en el niño).
Cuidados posresucitación
Tras la recuperación de la circulación espontánea (RCE)
se deben tomar medidas para evitar la fiebre, teniendo
como objetivo conseguir la normotermia o una leve-mo-
derada hipotermia ya desde el ámbito extrahospitalario.
Epidemiología e importancia de la PC
y la RCP en los niños
La PC en los niños, aunque es menos frecuente que
en los adultos, supone un importante problema de salud
pública, ya que tiene una mortalidad muy elevada y por-
que un porcentaje significativo de supervivientes pueden
presentar secuelas neurológicas importantes, que redu-
cen su calidad de vida y suponen una importante carga
asistencial para el sistema sanitario y para sus familias.
Diversos estudios han analizado las características y
los factores pronósticos de la PC en la infancia11-13. Pre-
dominan en lo niños las causas secundarias a enferme-
dades respiratorias, neurológicas e infecciosas y siendo
menos frecuentes las primarias de origen cardiaco11-13.
Por otra parte, el niño tiene características anatómicas y
fisiológicas diferentes al adulto lo que justifica su estu-
dio diferenciado y el desarrollo de medidas de RCP es-
pecíficas.
Prevención de la PC
Valoración del niño gravemente enfermo
o del niño accidentado
La PC en el niño tiene mal pronóstico. Por esa razón
es esencial la detección y tratamiento del fallo respirato-
rio o circulatorio que puede desembocar en una PC. El
orden de la valoración e intervención en cualquier niño
gravemente enfermo debe seguir la secuencia de priori-
dades ABCDE [A: vía aérea; B: respiración; C: circula-
ción; D: disfunción (neurológico); y E: exposición. Los
aspectos D y E no son explicados en estas recomenda-
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
268
ciones, pero deben ser enseñados en los cursos de RCP
avanzada pediátrica.
Las actuaciones para detectar de forma precoz el
deterioro del estado del paciente son elementos clave
para reducir la morbilidad y mortalidad de los niños
graves y los accidentados. Se pueden utilizar algunas
escalas de valoración específica como la PEWS (escala
pediátrica de aviso precoz) si bien todavía no hay evi-
dencia de que estas escalas mejoren el proceso de deci-
sión ni la evolución de los pacientes.
Equipos de respuesta rápida
La llamada a un equipo de respuesta rápida o un
equipo de emergencia médica puede reducir el riesgo
de PC en niños hospitalizados en áreas diferentes a la
unidad de cuidados intensivos pediátricos (UCIP), si
bien la literatura separa el efecto del equipo de respues-
ta rápida de otras actuaciones realizadas simultánea-
mente para detectar precozmente el empeoramiento14.
Diagnóstico de la insuficiencia respiratoria:
pasos A y B
La valoración del un niño debe empezar por la valo-
ración de la vía aérea (A) y la respiración (B). Los signos
de insuficiencia respiratoria pueden incluir:
Frecuencia respiratoria fuera del rango normal para la
edad del niño, demasiado alta o baja.
Aumento del trabajo respiratorio, que puede ir en au-
mento o disminuir cuando al final fallan los mecanis-
mos compensadores.
Ruidos respiratorios: estridor, quejido, crepitantes, si-
bilancias, o desaparición de los ruidos respiratorios
normales.
Disminución del volumen corriente manifestado por
una respiración superficial, disminución de la expan-
sión torácica o disminución de la entrada de aire a la
auscultación.
Hipoxemia (con o sin oxígeno suplementario), gene-
ralmente manifestada por cianosis, pero que frecuen-
temente es detectada antes por pulsioximetría.
– Otros signos: pueden existir otros signos asociados, ya
que, aunque el problema primario sea respiratorio,
otros sistemas orgánicos también se modifican para
intentar compensar la alteración fisiológica. Estos sig-
nos son detectables en el paso C de la valoración e
incluyen: taquicardia, bradicardia, palidez y alteración
del estado de conciencia.
Diagnóstico del fallo circulatorio: paso C
El fallo circulatorio se caracteriza porque la circula-
ción aporta una cantidad de oxígeno y nutrientes a los
tejidos insuficiente para cubrir las necesidades metabóli-
cas. Los signos de fallo circulatorio pueden incluir:
– Taquicardia.
Bradicardia (es un signo de gravedad extrema que in-
dica la pérdida de los mecanismos compensadores).
– Disminución de la presión arterial (PA).
Disminución de la perfusión periférica (tiempo de re-
lleno capilar enlentecido, disminución de la tempera-
tura de la piel, piel pálida o reticulada). Son signos de
aumento de las resistencias periféricas.
– Pulsos periféricos débiles o ausentes.
Pulsos periféricos amplios, vasodilatación y enrojeci-
miento generalizado: se pueden observar en situacio-
nes de disminución de las resistencias vasculares.
Alteración de consciencia (signo de que los mecanis-
mos compensadores están fallando) lo que indica una
disminución de la perfusión cerebral.
– Disminución de la diuresis.
El paso de un estado compensado a otro descom-
pensado puede suceder de forma impredecible. Por
tanto, el niño en situación de riesgo debe estar monito-
rizado, para detectar y corregir precozmente cualquier
alteración de sus parámetros fisiológicos.
Manejo del fallo respiratorio
• Abrir la vía aérea.
• Optimizar la ventilación.
Asegurar una oxigenación adecuada: empezar con
oxígeno al 100%.
• Realizar monitorización respiratoria:
Pulsioximetría: la monitorización de la saturación de
oxígeno por pulsioximetría (SpO2) es prioritaria, ya
que la exploración clínica no es un método adecua-
do para valorar la oxigenación. Sin embargo, la pul-
sioximetría puede no ser fiable en algunas circuns-
tancias, por ejemplo, en el niño en shock, en PC o
con mala perfusión periférica.
Capnografía (CO2espirado): en niños intubados, la
práctica clínica es monitorizar la CO2espirada para
controlar la ventilación. La CO2espirada también
puede monitorizarse en niños no intubados.
Conseguir una ventilación y oxigenación adecuadas
(se pueden precisar dispositivos para abrir la vía aé-
rea, ventilación con bolsa, intubación endotraqueal y
ventilación mecánica).
Manejo del fallo circulatorio
• Monitorizar:
Monitorización inicial: pulsioximetría, electrocardio-
grama (ECG) y PA no invasiva.
Durante el tratamiento, la gasometría y la medición
del lactato pueden ser útiles. La capnografía, la mo-
nitorización invasiva de la PA, la gasometría, la mo-
nitorización del gasto cardiaco, la ecocardiografía y
la saturación venosa central (ScvO2) pueden ayudar
a guiar el tratamiento.
Asegurar un acceso vascular: puede ser una vía veno-
sa periférica (IV) o una vía intraósea (IO). Si el niño
tiene previamente canalizada una vía venosa central,
esta debe ser la vía utilizada.
• Indicaciones de líquidos:
En estado de shock está indicado administrar un bolo
de expansión de líquidos acompañado o no de fárma-
cos (inotrópicos, vasopresores, antiarrítmicos) según el
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
269
tipo de fallo circulatorio. Si existen signos de mala per-
fusión periférica, se recomienda administrar 20 ml/kg
de un cristaloide isotónico, aunque la PA sea normal.
Algunos niños pueden necesitar precozmente trata-
miento inotrópico o vasopresor.
La expansión de líquidos es necesaria cuando existe
hipovolemia absoluta o relativa (por ejemplo la mala
distribución de la volemia que existe en el shock
séptico y en el shock anafiláctico).
Valorar cuidadosamente la necesidad de expansión
con líquidos en los niños con insuficiencia cardiaca,
miocarditis o miocardiopatías.
– No se recomienda administrar un bolo de expansión
de líquidos en los niños con enfermedad febril que
no presenten fallo circulatorio15.
• Tipos de líquidos:
Los cristaloides isotónicos son los inicialmente reco-
mendados para la expansión en los lactantes y niños
con cualquier tipo de shock, incluyendo el shock
séptico. Existe una evidencia creciente para preferir
el uso de cristaloides balanceados porque producen
menos acidosis hiperclorémica.
En el shock hipovolémico masivo que pone en peli-
gro la vida (por ejemplo, en la rápida pérdida de
sangre secundaria a un traumatismo), puede ser
preciso limitar el uso de cristaloides para transfundir
cantidades importantes de productos sanguí-
neos. Existen diversos modelos de transfusión masi-
va que combinan plasma, plaquetas y otros produc-
tos sanguíneos, por lo que el régimen de transfusión
puede realizarse de acuerdo a protocolos locales.
Valorar y revaluar frecuentemente al niño, siguiendo
cada vez la misma secuencia (A, B, C) para decidir si
precisa más bolos u otro tratamiento.
Tratamiento de las arritmias
Los pasos a realizar para el diagnóstico y tratamien-
to de las arritmias son:
1. Evaluación de signos vitales: en todos los niños con
arritmias se debe comprobar inicialmente la existen-
cia de signos vitales y pulso central. Si no hay signos
vitales, hay que iniciar la RCP. Si el niño tiene signos
vitales y pulso central, hay que evaluar el estado he-
modinámico. Las opciones de tratamiento dependen
de la estabilidad hemodinámica del niño.
2. Si existe estabilidad hemodinámica: contactar con un
experto para iniciar el tratamiento. Según la historia
clínica, la presentación y el ECG, un niño con una ta-
quicardia de QRS ancho que está estable es más pro-
bable que se trate de una taquicardia supraventricu-
lar (TSV). Por tanto, se puede iniciar el tratamiento
con maniobras vagales o adenosina16,17.
3. Si existe inestabilidad hemodinámica los primeros pa-
sos deben ser: a) abrir la vía aérea o asegurar que esta
está permeable; b) administrar oxígeno y ventilar si se
precisa; c) colocar el monitor de ECG o el monitor
desfibrilador y valorar el ritmo cardiaco: d) evaluar si
el ritmo es lento o rápido para la edad del niño;
e) evaluar si el ritmo es regular o irregular; y f) medir
el complejo QRS (complejos estrechos: < 0,08 segun-
dos; complejos anchos: > 0,08 segundos).
4. Tratamiento específico de cada arritmia
a) Taquicardias de complejo estrecho (TSV):
Maniobras vagales: si se sospecha una taquicar-
dia supraventricular y el niño está estable hemo-
dinámicamente, se puede empezar el tratamien-
to con maniobras vagales (maniobra de Valsalva
o provocando un reflejo de inmersión con aplica-
ción de frío en la cara). Estas maniobras también
pueden utilizarse en el niño hemodinámicamente
inestable, siempre que no retrasen la cardiover-
sión farmacológica o eléctrica.
Adenosina: es generalmente efectiva para cam-
biar una TSV a ritmo sinusal. Debe ser adminis-
trada en una vía venosa lo más cercana posible
al corazón, de forma rápida y seguida inmediata-
mente por un bolo de suero salino.
Cardioversión eléctrica (sincronizada con la onda
R): si el niño tiene signos de shock descompensa-
do y disminución de consciencia, no se deben re-
alizar maniobras vagales ni administrar adenosina.
Hay que realizar una cardioversión eléctrica rápi-
damente, con sedación previa si es posible. La
cardioversión también está indicada cuando no es
posible conseguir un acceso vascular y cuando la
adenosina no consigue revertir la taquicardia. La
primera dosis de energía para la cardioversión
eléctrica de una TSV es de 1 J/kg y la segunda de
2 J/kg. Si la cardioversión no es efectiva, se puede
administrar amiodarona o procainamida bajo la
supervisión de un experto antes de dar un tercer
choque. El verapamilo puede ser una alternativa
en los niños mayores, pero no debe ser utilizado
de forma rutinaria en el lactante.
b) Taquicardias de complejo ancho:
• Son poco frecuentes y tienen más probabilidades
de ser de origen supraventricular que ventricular.
Sin embargo, en los niños hemodinámicamente
inestables deben ser consideradas como taquicar-
dias ventriculares (TV) hasta que se demuestre lo
contrario. La TV aparece más frecuentemente en
los niños con cardiopatías (por ejemplo, tras ciru-
gía cardiaca, miocardiopatía, miocarditis, altera-
ciones electrolíticas, síndromes del QT largo, o
catéter venoso central intracardiaco).
La cardioversión sincronizada es el tratamiento
de elección en la TV con inestabilidad hemodiná-
mica que no se encuentra en PC. Valorar un tra-
tamiento antiarrítmico si la TV es refractaria a un
segundo choque eléctrico o si la TV reaparece.
c) Bradicardias
La bradicardia está generalmente producida por
hipoxia, acidosis o hipotensión grave y puede
progresar a PC.
Se debe administrar oxígeno al 100% y ventila-
ción con presión positiva, si se precisa, a cual-
quier niño que presente bradicardia y shock.
Si un niño con shock descompensado presenta
una frecuencia menor de 60 lpm y no responde
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
270
rápidamente a la ventilación con oxígeno, se de-
ben iniciar las compresiones torácicas y adminis-
trar adrenalina.
El marcapasos transvenoso o externo puede ser
útil en los casos de bloqueo auriculoventricular o
disfunción del nodo sinusal que no respondan a
otros tratamientos.
Diagnóstico de la parada cardiaca
Los signos de PC incluyen: ausencia de respuesta al
dolor (coma), apnea o respiración ineficaz (respiración
agónica), ausencia de signos de circulación (signos vi-
tales) y palidez o cianosis importante. La palpación del
pulso no es un método fiable, como único parámetro,
para decidir la necesidad de compresiones torácicas18.
En ausencia de signos vitales, los reanimadores (pobla-
ción general y profesionales sanitarios) deben iniciar
las compresiones torácicas salvo que estén seguros de
que puedan palpar un pulso arterial central en 10 se-
gundos (en lactantes el pulso braquial o femoral, y en
niños el pulso carotideo o femoral). Si existe duda, se
deben empezar las compresiones torácicas. Si hay per-
sonal formado en ecografía, esta técnica puede ayudar
a detectar actividad cardiaca y algunas causas de PC
potencialmente tratables. Sin embargo, la ecocardio-
grafía no debe interferir el inicio de las compresiones
torácicas.
Recomendaciones de RCP básica
No existe ninguna evidencia que demuestre que la
secuencia de maniobras CAB (compresiones torácicas,
vía aérea y respiración) sea mejor ni peor que la se-
cuencia ABC (vía aérea, respiración y compresiones to-
rácicas). El ILCOR considera que ambas son equipara-
bles3,5. En Europa y en España la secuencia ABC es la
que se ha enseñado hasta ahora, tanto a profesionales
sanitarios como a la población general, y es la que se
mantiene en las recomendaciones actuales1.
Estudios clínicos y experimentales han demostrado
que la RCP con compresiones cardiacas y ventilación es
mejor que la reanimación solo con compresiones toráci-
cas. Por tanto, esta es la recomendación en niños. Sola-
mente en el caso de que el reanimador no sepa dar
ventilaciones podrían emplearse las compresiones aisla-
das, porque es mejor esto que no hacer nada.
La secuencia de RCP básica del niño es un poco di-
ferente de la del adulto. En el niño es importante tras
valorar el estado de conciencia y abrir la vía aérea, dar
5 insuflaciones de rescate y realizar RCP durante un mi-
nuto antes de buscar ayuda.
Pasos de la RCP básica (Figura 1)
Seguridad
Antes de empezar la reanimación es imprescindible
garantizar la seguridad del reanimador y del niño.
Comprobar el estado de consciencia
Hay que comprobar si el niño está consciente, esti-
mulándole con suavidad y hablándole o preguntándole
si es un niño mayor “¿Estás bien?”
Pedir ayuda
Si el niño responde (hablando, llorando o moviéndo-
se), hay que dejar al niño en la posición en que se le
ha encontrado (a menos que esté expuesto a algún
peligro), pedir ayuda si es necesario y revaluar su si-
tuación de forma periódica
• Si el niño no responde, hay que gritar pidiendo ayuda
y ponerle en decúbito supino con cuidado (si ha po-
dido sufrir un traumatismo cervical es importante mo-
vilizar al niño manteniendo la alineación cabeza-cue-
llo, evitando la flexión y extensión).
Abrir la vía aérea
Maniobra frente-mentón: abrir la vía aérea del niño
mediante la maniobra frente-mentón (extendiendo su
cabeza y elevando su mandíbula).
Colocar la mano en la frente del niño y presionar
con suavidad, intentando inclinar la cabeza hacia
atrás. En el lactante no hay que extender hacia atrás
la cabeza, sino conseguir una posición neutra. Al
mismo tiempo, elevar el mentón colocando las pun-
tas de los dedos debajo del mismo. No presionar
sobre los tejidos blandos bajo la mandíbula, ya que
esto puede obstruir la vía aérea (Figura 2).
Si esta maniobra no fuera efectiva se puede inclinar
Figura 1. Pasos de la reanimación cardiopulmonar básica pe-
diátrica.
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
271
ligeramente y de forma progresiva la cabeza hacia
atrás y traccionar de la mandíbula introduciendo el
1º dedo en la boca del niño.
Elevación o la tracción de la mandíbula: si con la ma-
niobra frente-mentón no se puede abrir la vía aérea o
existe riesgo de lesión cervical, se debe intentar la
maniobra de elevación de la mandíbula. Colocar los
dedos índice (2º) y corazón (3º) de cada mano por
detrás de cada lado de la mandíbula del niño y em-
pujarla hacia delante. Hay que tener en cuenta que
esta maniobra exige que el reanimador se coloque a
la cabecera del paciente, lo que va a impedir luego
realizar la ventilación y las compresiones torácicas. Por
tanto, esta maniobra solo es útil inicialmente o cuan-
do hay varios reanimadores.
Comprobar la respiración
Manteniendo la vía aérea abierta, mirar si hay movi-
mientos torácicos, escuchar si hay sonidos respirato-
rios en la nariz y boca del niño y sentir el aire exhala-
do en la mejilla colocando la cara cerca de la cara del
niño y mirando hacia su pecho.
En los primeros minutos de la PC el niño puede reali-
zar algunas respiraciones ineficaces (respiración agóni-
ca o en “boqueadas”). Mirar, escuchar y sentir no
más de 10 segundos. Si existen dudas de que la respi-
ración sea normal, actuar como si no lo fuera.
Ventilar
Si el niño está inconsciente, pero respira con normali-
dad, se deberá girar al niño hasta colocarlo en una
posición lateral de seguridad. Existen varias posiciones
de seguridad. Todas ellas intentan evitar la obstruc-
ción de la vía aérea y reducir la posibilidad de que
fluidos como la saliva, secreciones o vómitos entren
en la vía aérea superior. Sin embargo, si hay sospecha
de traumatismo, debe considerarse la posibilidad de
que exista una lesión de la columna cervical y será
mejor no moverle. Hay que enviar a alguien a buscar
ayuda (o ir uno mismo). Llamar al número local de
emergencias. En España y la mayoría de países euro-
peos es el 112, aunque en algunas comunidades
mantienen todavía el 061. Se debe comprobar de for-
ma periódica que el niño sigue respirando.
Si la respiración no es normal o el niño no respira, se
deberá mirar la boca y extraer con cuidado cualquier
cuerpo extraño que obstruya la vía aérea. Habrá que
dar cinco insuflaciones iniciales de rescate, mante-
niendo abierta la vía aérea. Mientras se dan las insu-
flaciones de rescate, hay que comprobar si provocan
alguna respuesta en forma de movimientos, respira-
ciones o tos. La presencia o ausencia de estas respues-
tas forman parte de los “signos de vida” que serán
descritos más adelante.
Respiraciones de rescate para el lactante. Ventilación
boca a boca y nariz:
– Asegurar una posición neutra de la cabeza. Dado que
la cabeza de los lactantes suele estar flexionada cuan-
do están en posición supina, suele ser necesaria cierta
extensión (que puede facilitarse colocando una toalla
o paño enrollados debajo de la parte superior de la
espalda del niño) y elevar el mentón hacia arriba.
Inspirar y cubrir con la boca del reanimador la boca
y la nariz del lactante, asegurándose de que consi-
gue un buen sellado. Si no es posible cubrir la boca
y nariz del lactante, sellar solo la boca o bien la na-
riz (en caso de usar la nariz, se cerrarán los labios
para evitar la fuga de aire) (Figura 3).
Insuflar de forma sostenida durante alrededor de 1
segundo, con una fuerza y volumen suficientes para
producir una elevación visible del tórax.
– Mantener la vía aérea abierta con la maniobra frente
mentón, separar la boca y observar que su pecho
desciende cuando sale el aire.
– Inspirar de nuevo y repetir 5 veces la secuencia.
• Respiraciones de rescate para niños mayores de 1 año:
Mantener la apertura de la vía aérea con la manio-
bra frente mentón. Permitir que se abra la boca, pe-
ro mantener la elevación del mentón.
Figura 2. Maniobra frente-mentón.
Figura 3. Respiración de rescate en el lactante.
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
272
Pinzar la parte blanda de la nariz con los dedos pul-
gar e índice de la mano de la frente.
– Inspirar y colocar los labios en la boca del niño, ase-
gurándose de conseguir un buen sellado.
– Insuflar aire de forma sostenida durante alrededor de 1
segundo, comprobando que el pecho del niño se eleva.
Mantener la extensión del cuello y la elevación del
mentón, retirar la boca de la víctima y comprobar
que el pecho desciende cuando sale el aire.
– Inspirar de nuevo y repetir la secuencia descrita has-
ta 5 veces. Comprobar su eficacia observando que
el pecho se eleva y desciende cada vez, de modo si-
milar a una respiración normal.
Tanto en lactantes como en niños, si hay dificultad
para conseguir una ventilación efectiva, es posible
que la apertura de la vía aérea no sea correcta o que
la vía aérea esté obstruida:
Abrir la boca del niño y extraer cualquier causa visi-
ble de la obstrucción, pero no hacer un "barrido" a
ciegas con el dedo.
– Recolocar la cabeza. Asegurar que la extensión de la
cabeza y la elevación del mentón sean adecuadas
sin que el cuello esté extendido en exceso.
Si con la maniobra frente-mentón no se ha conse-
guido abrir la vía aérea, intentar la maniobra de ele-
vación de la mandíbula.
Hacer hasta 5 intentos para conseguir insuflaciones
efectivas y, si no se consigue y no existen signos vi-
tales, empezar las compresiones torácicas.
Comprobar los signos de circulación o signos
vitales sin usar más de 10 segundos
Signos vitales: incluyen cualquier movimiento, tos o
respiración normal (las respiraciones agónicas, esporá-
dicas o irregulares no son respiraciones normales).
Pulso arterial central: el personal sanitario entrenado
puede intentar comprobar o la existencia de pulso ar-
terial central mayor de 60 por minuto (carotídeo, fe-
moral o braquial) durante un máximo de 10 segun-
dos. Sin embargo, la palpación del pulso es poco fia-
ble incluso en personal experto, por lo que se
recomienda utilizar mejor la ausencia de signos vitales
como guía para decidir si se precisan compresiones
torácicas.
Compresiones torácicas
Si en estos 10 segundos se comprueba claramente
que existen signos vitales, continuar con las respira-
ciones, con una frecuencia normal según la edad,
hasta que el niño recupere una respiración adecuada
por sí mismo. Si el niño respira adecuadamente, pero
permanece inconsciente, colocarle en posición de se-
guridad (salvo que haya sufrido un traumatismo) y re-
valuar al niño frecuentemente.
• Si no hay signos vitales, empezar las compresiones to-
rácicas a una frecuencia de 100-120 por minuto. Hay
que comprimir en la mitad inferior del esternón. La
fuerza de la compresión debe ser la suficiente para
deprimir el esternón al menos un tercio del diámetro
anteroposterior del tórax. Liberar la presión por com-
pleto y repetir la maniobra después de 15 compresio-
nes, abrir la vía aérea con la maniobra frente-mentón
y realizar dos insuflaciones efectivas. Coordinar las in-
suflaciones con las compresiones torácicas (con una
relación de 15 compresiones y 2 insuflaciones).
Compresiones torácicas en los lactantes (menores de
un año):
Si hay solo un solo reanimador, la compresión del
esternón con la punta de dos de sus dedos perpen-
diculares al esternón en la zona intermamilar permi-
te una mejor coordinación entre las compresiones
torácicas y la ventilación.
– Si hay dos o más reanimadores se debe usar la técni-
ca “del abrazo” con dos manos. Colocar ambos de-
Figura 4. Compresiones torácicas en el lactante.
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
273
dos pulgares juntos sobre la mitad inferior del ester-
nón con sus puntas dirigidas hacia la cabeza del ni-
ño. Con el resto de las manos y los dedos abrazar la
parte inferior de la caja torácica del lactante, con la
espalda del niño apoyada sobre los dedos (Figura 4).
Con ambos métodos, se debe deprimir el esternón
al menos un tercio del diámetro anteroposterior del
tórax del lactante o unos 4 cm.
• Compresiones torácicas en niños mayores de un año:
Localizar la punta del esternón. Para evitar compri-
mir sobre el abdomen superior, se debe localizar la
apófisis xifoides del esternón, encontrando el punto
donde se unen en el centro las costillas inferiores.
Compresiones con una mano: colocarse en la verti-
cal del pecho de la víctima con el brazo extendido.
Colocar el talón de una mano sobre el esternón,
aproximadamente un través de dedo por encima de
la apófisis xifoides o en la línea intermamilar. Elevar
los dedos para asegurar que la presión no se aplica
sobre las costillas del niño. Comprimir el esternón
para deprimirlo al menos un tercio del diámetro an-
teroposterior del tórax o 5 cm (Figura 5).
Compresiones con dos manos: en niños mayores o
cuando los reanimadores no tienen suficiente fuerza,
las compresiones torácicas se realizan más fácilmen-
te utilizando las dos manos, con los dedos del reani-
mador entrelazados.
Activar el servicio de emergencias
Cuando un niño pierde la conciencia es esencial
conseguir ayuda tan rápidamente como sea posible.
• Cuando haya más de un reanimador, uno de ellos de-
be iniciar la RCP mientras que otro busca la ayuda.
Si solo hay un reanimador, este debe iniciar la RCP
durante 1 minuto o 5 ciclos de RCP básica antes de ir
a buscar ayuda. Para minimizar la interrupción de la
RCP, es posible en algunos casos transportar en bra-
zos a los lactantes y niños pequeños, continuando la
RCP mientras se va a buscar ayuda.
Si el reanimador presencia que el niño sufre una pér-
dida de conciencia y sospecha que es de origen car-
diaco, debe llamar primero para pedir ayuda y a con-
tinuación empezar la reanimación, porque es posible
que el niño necesite una desfibrilación. Sin embargo,
esta situación es poco frecuente en el niño.
Desfibrilación externa automatizada (DEA) durante
la RCP básica
No se debe abandonar nunca la RCP para ir a buscar
un DEA, salvo que esté cercano y accesible y haya
sospecha de que la causa de la PC sea una arritmia
ventricular. Este hecho es muy poco frecuente en el
niño (adolescentes con muerte súbita generalmente
relacionada con el ejercicio o algunas cardiopatías)
Continuar con la RCP hasta que se disponga de un
DEA. Encender el DEA y seguir las instrucciones. En
los niños entre 1 y 8 años, se deben utilizar parches
pediátricos (con descarga atenuada) si están disponi-
bles, utilizando la misma secuencia que en la RCP bá-
sica del adulto con DEA.
Fin de la reanimación
No se debe interrumpir la reanimación hasta que:
El niño muestre signos de vida (empiece a despertar-
se, moverse, abrir los ojos y respirar normalmente).
Lleguen otros profesionales sanitarios que puedan
ayudar o tomar el control de la reanimación.
• El reanimador esté agotado.
Obstrucción de la vía aérea por un cuerpo
extraño (OVACE) (Figura 6)
Hay que sospechar una obstrucción de la vía aérea
por un cuerpo extraño (OVACE) si el inicio de los sínto-
mas fue muy brusco y no hay otros signos de enferme-
dad. El antecedente de estar comiendo o jugando con
pequeños objetos inmediatamente antes del inicio de
los síntomas debe alertar al reanimador.
Tratamiento de la OVACE
Valoración del estado del niño
Valorar como en la RCP básica el estado de concien-
cia, la vía aérea y la ventilación. Si el niño está tosiendo
de forma efectiva, no es necesario hacer ninguna ma-
niobra. Debe aplicarse el principio de “no hacer daño”.
Si el niño es capaz de respirar y toser, aunque lo haga
con dificultad, se le debe animar para que mantenga
estos esfuerzos espontáneos y continuar vigilando su es-
tado. No se debe intervenir en este momento porque,
Figura 5. Compresiones torácicas con una mano en el niño.
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
274
si se moviliza el cuerpo extraño, la situación puede em-
peorar y causar una obstrucción completa de la vía aé-
rea. Si la tos del niño está dejando de ser efectiva, gri-
tar para pedir ayuda inmediatamente y valorar su
estado de consciencia.
Niño consciente con OVACE
Golpes en la espalda: si el niño está consciente pero
no tose o la tos no es efectiva, se deben iniciar golpes
en la espalda de forma rápida y con confianza para
intentar desobstruir la vía aérea.
• Compresiones torácicas o en el abdomen: si los golpes
en la espalda no solucionan la OVACE, y el niño toda-
vía está consciente, dar compresiones torácicas en los
lactantes y compresiones abdominales (maniobra de
Heimlich) en los niños. Aunque las compresiones ab-
dominales pueden producir lesiones a cualquier edad,
el riesgo es especialmente elevado en los lactantes. Por
esta razón las recomendaciones de tratamiento de la
OVACE en el lactante son diferentes a las del niño. Los
golpes en la espalda, los golpes torácicos y las com-
presiones abdominales intentan aumentar la presión
intratorácica para expulsar el cuerpo extraño de la vía
aérea. Si una maniobra no es efectiva, se pueden in-
tentar las otras de forma rotatoria hasta que el objeto
sea eliminado o se solucione la obstrucción. Sin em-
bargo, ir rotando entre tres maniobras es muy compli-
cado de enseñar, recordar y aplicar en una situación
de riesgo vital. Por ello el Grupo Español de RCP Pe-
diátrica y Neonatal recomienda rotar golpes en la es-
palda y torácicos en el lactante y golpes en la espalda
y abdominales en el niño en secuencias de hasta 5,
siempre que mantenga la conciencia.
Evaluar al niño después de realizar las compresiones
torácicas o abdominales:
Si el objeto no ha sido expulsado o persiste la situa-
ción de OVACE y el niño sigue estando consciente,
se debe continuar con la secuencia de golpes en la
espalda y compresiones (torácicas en el lactante y
abdominales en el niño). Llamar o mandar a alguien
a pedir ayuda si todavía no se ha hecho, sin aban-
donar al niño.
Si el objeto ha sido expulsado o la situación de
OVACE se soluciona, se debe volver a evaluar al ni-
ño. Es posible que parte del objeto pueda permane-
cer en la vía respiratoria y causar complicaciones. Si
existe cualquier duda, se debe buscar asistencia mé-
dica. Las compresiones abdominales pueden causar
lesiones internas y por tanto todos los niños que
han sido tratados con compresiones abdominales
deben ser explorados por un médico.
Niño inconsciente con OVACE
Colocar al niño y pedir ayuda: si el niño con OVACE
está inconsciente, se le debe colocar sobre una super-
ficie plana dura. Llamar o mandar a alguien para pe-
dir ayuda, si todavía no se ha hecho, pero no aban-
donar al niño.
Mirar la boca y eliminar el cuerpo extraño: abrir la
boca y mirar si hay algún objeto. Si se ve, intentar eli-
minarlo con una maniobra de barrido con un dedo.
No intentar introducir el dedo a ciegas o hacer inten-
tos repetidos, porque se puede empujar el objeto más
profundamente en la faringe y causar daño.
Abrir vía aérea y ventilar: abrir la vía aérea utilizando
la maniobra frente-mentón y dar 5 ventilaciones de
rescate. Comprobar la eficacia de cada ventilación. Si
una ventilación no logra expandir el tórax, volver a
colocar la cabeza antes de dar la siguiente ventila-
ción. Si la ventilación consigue elevar el tórax indica
que no existe una obstrucción completa de la vía aé-
rea.
Compresiones torácicas y ventilaciones: si después de
las ventilaciones no hay signos vitales (movimientos,
tos, respiración espontánea) o sigue sin expandir el
tórax empezar a dar compresiones torácicas sin reali-
zar ninguna valoración más de la circulación. Alternar
15 compresiones y 2 ventilaciones.
Seguir la secuencia de RCP para un solo reanimador
durante un minuto o cinco ciclos de 15 compresiones
y dos ventilaciones, antes de parar para llamar al ser-
vicio de emergencias (si nadie lo ha hecho todavía).
Cuando la vía aérea esté abierta para dar las ventila-
ciones mirar si hay algún cuerpo extraño en la boca.
Figura 6. Algoritmo de la obstrución de la vía aérea por un cuerpo extraño. RCP: reanimación car-
diopulmonar.
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
275
Si se ve un objeto y está accesible, intentar sacarlo
con una maniobra de barrido con un dedo.
Si parece que la obstrucción se ha solucionado, abrir
nuevamente la vía aérea y dar respiraciones de resca-
te, si el niño no está respirando.
• Si el niño recupera la consciencia y tiene respiraciones
espontáneas adecuadas, colocarlo en posición lateral
de seguridad y comprobar la respiración y el estado
de consciencia mientras se espera la llegada de los
servicios de emergencia.
RCP pediátrica avanzada
La RCP avanzada incluye todos los pasos de RCP rea-
lizados con material específico por personal sanitario
entrenado. Se seguirá la misma secuencia ABC que en
la RCP básica (Figura 7).
Vía aérea
Cánulas orofaríngeas
Las cánulas orofaríngeas o nasofaríngeas pueden
ayudar a mantener abierta la vía aérea.
Dispositivos supraglóticos
Aunque la ventilación con bolsa y mascarilla sigue
siendo la primera técnica recomendada para el control
de la vía aérea y la ventilación en el niño, los dispositi-
vos supraglóticos (mascarilla laríngea y otros) pueden
ayudar al manejo de la vía aérea y ventilación a los rea-
nimadores que están formados en su uso.
Intubación traqueal
La intubación traqueal es el método más seguro y
efectivo para conseguir y mantener la vía aérea, pero
solo debe ser realizada por reanimadores formados y
Figura 7. Algoritmo de reanimación cardiopulmonar (RCP) avanzada pediátrica. FV: fibrilación ven-
tricular; TVSP: taquicardia ventricular sin pulso; RCE: recuperación de la circulación espontánea;
AESP: actividad eléctrica sin pulso.
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
276
con experiencia, tras haber ventilado con bolsa y
mascarilla.
Vía de intubación: durante la RCP la intubación oro-
traqueal es la vía indicada.
Sedación: el niño que está en PC no requiere seda-
ción ni analgesia para la intubación. Sin embargo, en
el niño consciente se deben utilizar anestésicos, se-
dantes y relajantes musculares, que disminuyen el
riesgo de fracaso de intubación.
Características de los tubos: los calibres de los tubos
para los niños se muestran en la Tabla 1. Los tubos
con balón son tan seguros como los sin balón para
los lactantes y niños (no así para los neonatos), y dis-
minuyen las fugas. Debe prestarse especial atención al
calibre, posición y presión de inflado del balón. Una
presión excesiva del balón puede producir daño is-
quémico del tejido laríngeo y estenosis secundaria.
Por eso, tras la recuperación de la circulación espontá-
nea, se debe monitorizar la presión de inflado del ba-
lón y mantenerla por debajo de 25 cmH2O.
Confirmación de la colocación correcta del tubo en-
dotraqueal. La mala posición, el desplazamiento y la
obstrucción de los tubos endotraqueales en los niños
intubados son incidentes frecuentes que aumentan el
riesgo de muerte19. Para comprobar la posición del tu-
bo durante la RCP se deben utilizar: la exploración fí-
sica (expansión torácica y auscultación), los signos vi-
tales y la capnografía. Hay que tener en cuenta que
no existe ninguna técnica que sea 100% fiable para
distinguir la intubación endotraqueal de la esofágica.
Si el niño está en PC y no se detecta CO2espirado a
pesar de compresiones torácicas adecuadas o si existe
la duda de la posición del tubo endotraqueal, se debe
comprobar su localización con laringoscopia directa.
Después de confirmar que la colocación es correcta,
el tubo endotraqueal se debe fijar y luego volver a
comprobar su posición. Mantener la cabeza del niño
en posición neutra, ya que la flexión de la cabeza in-
troduce más el tubo endotraqueal en la tráquea y la
extensión lo desplaza hacia fuera.
Respiración (ventilación y oxigenación)
Oxigenación
Administrar oxígeno a la mayor concentración posible
(100%) durante la RCP.
Una vez que se haya alcanzado la recuperación de la
circulación espontánea (RCE), regular la concentración
de oxígeno inspirado (FiO2) para conseguir la normo-
xemia. Si no están disponibles gases arteriales, se de-
be utilizar la FiO2necesaria para mantener una SpO2
entre 94 y 98%.
Ventilación
La ventilación con bolsa y mascarilla es segura y efec-
tiva para un niño que requiere ventilación durante un
corto periodo de tiempo. Hay que valorar la efectivi-
dad de la ventilación comprobando que se consigue
una expansión torácica adecuada, con la auscultación
pulmonar, y monitorizando la frecuencia cardiaca y la
SpO2con pulsioximetría si el paciente no está en PC.
Cualquier profesional sanitario con responsabilidad
para tratar niños debe ser capaz de ventilar con bolsa
y mascarilla de forma eficaz.
Con frecuencia los profesionales sanitarios realizan
una ventilación excesiva durante la RCP y esta puede
ser dañina.
• Expansión torácica: una guía simple para conseguir un
volumen corriente adecuado es alcanzar una expan-
sión torácica similar a la de una respiración normal.
• Frecuencia respiratoria: no existen datos sobre cuál es la
mejor frecuencia respiratoria durante la RCP en niños.
Paciente no intubado: las guías europeas recomien-
dan usar una relación de 15 compresiones torácicas
y 2 ventilaciones y una frecuencia de entre 100 y
120 compresiones por minuto durante la RCP básica
y la RCP avanzada si el niño no está intubado.
Paciente intubado: una vez que el niño esté intuba-
do se recomienda administrar ventilación con pre-
sión positiva a 10 respiraciones por minuto sin inte-
rrumpir las compresiones torácicas. Hay que
asegurar que la expansión torácica es adecuada du-
rante las compresiones torácicas.
Tras la RCE: una vez que se alcance la RCE se debe
administrar una ventilación normal, en frecuencia y
volumen, para la edad del niño y monitorizar el
CO2espirado y la gasometría para conseguir unos
valores arteriales normales de PaCO2y PaO2(ver
más adelante).
•CO
2espirado: la monitorización del CO2espirado con
un detector colorimétrico o con un capnómetro confir-
ma la posición del tubo dentro de la tráquea en los ni-
ños con peso mayor de 2 kg, y puede ser utilizado en
niños tanto en el ámbito prehospitalario, como intrahos-
pitalario y durante el transporte. Un cambio de color o la
presencia de una onda de capnografía en más de 4 res-
piraciones indica que el tubo está colocado en el árbol
traqueobronquial, tanto en el niño con circulación es-
pontánea como durante la RCP. La ausencia de CO2es-
pirado durante la RCP no indica necesariamente que el
paciente no esté intubado, ya que un CO2espirado bajo
o ausente puede reflejar un flujo pulmonar bajo o ausen-
te. Aunque un CO2espirado mayor de 15 mmHg puede
ser un indicador de una RCP adecuada, la evidencia ac-
tual no apoya la utilización de un valor determinado de
CO2espirado como indicador de la calidad de la RCP,
como signo de RCE o para interrumpir la resucitación.
El material de vía aérea y ventilación durante la RCP
se incluye en la Tabla 2.
Tabla 1. Tamaño de los tubos con balón y sin balón
recomendados durante la reanimación cardiopulmonar
(diámetro interno)
Sin balón Con balón
Prematuros Edad gestacional en semana/10 No recomendado
RN a término 3,5 No usado generalmente
Lactantes 3,5-4 3,0-3,5
Niño 1-2 años 4-4,5 3,5-4
Niño > 2 años 4 + (edad en años/4) 3,5 + (edad en años/4)
RN: recién nacidos.
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
277
Circulación
Acceso vascular
Un acceso vascular es esencial para poder adminis-
trar fármacos y líquidos y para la extracción de mues-
tras de sangre.
Vía venosa periférica: es la vía de elección, pero con-
seguirla durante la RCP puede ser difícil, tanto en el
lactante como en el niño. Por tanto, si no se logra ca-
nalizar una vía intravenosa en un minuto, se debe ca-
nalizar una vía intraósea (IO).
• Vía IO: es una vía rápida, segura y efectiva para admi-
nistrar fármacos, líquidos y productos sanguíneos. El
inicio de acción de los fármacos y el tiempo para al-
canzar una concentración plasmática adecuada son si-
milares a los de una vía venosa central. Las muestras
extraídas de una vía IO pueden servir para cruzar san-
gre, para análisis y para gasometría. Por la vía IO se
pueden administrar grandes bolos de líquidos ma-
nualmente o con una bolsa con presión. Se debe
mantener la vía IO solamente hasta que se logre ca-
nalizar una vía venosa definitiva.
Vía venosa central: la vía venosa central es el acceso
vascular más seguro a largo plazo, pero no ofrece
ventajas intentar canalizarla durante la reanimación
con respecto a la vía venosa periférica y la vía IO, ya
que requiere mayor entrenamiento y tiempo.
• Vía traqueal: no se recomienda para la administración
de fármacos, salvo que no exista otra vía disponible.
Fármacos
Adrenalina: la adrenalina juega un papel fundamental
en el tratamiento de la PC tanto con ritmos no desfi-
brilables como desfibrilables. La dosis de adrenalina IV
o IO durante la RCP en niños es de 10 mcg/kg tanto
para la primera como para las siguientes dosis (máxi-
mo 1 mg por dosis). Si se necesitan más dosis se ad-
ministrarán cada 3 a 5 minutos. No se recomienda
una dosis mayor de 10 mcg/kg porque no mejora la
supervivencia ni el pronóstico neurológico.
Tabla 2. Material de vía aérea y ventilación
Edad Prematuro RN y < 6 meses > 6 meses y < 1 año 1-2 años 2-5 años 5-8 años > 8 años
Cánula orofaríngea 0 0 1 2 3 4 04-may
Mascarilla facial Modelo Modelo Modelo Modelo Modelo Modelo Modelo
prematuros recién nacido lactantes niños niños niños adulto pequeño
Bolsa autoinflable (ml) 250 500 500 500 1.600-2.000 1.600-2.000 1.600-2.000
Tubo sin balón < 1 kg: 2,5 3,5-4 4 4-4,5 4 + (edad/4) 4 + (edad/4) 4 + (edad/4)
1-2 kg: 3 (años) (años) (años)
2-3 kg: 3,5
Cm aproximados < 1 kg: 6,5-7 10-12 12 13-14 14-16 16-18 18-22
a introducir por boca 1-2 kg: 7-8 nº tubo x 3 nº tubo x 3 nº tubo x 3 nº tubo x 3 nº tubo x 3 nº tubo x 3
2-3 kg: 8-9
Laringoscopio Pala recta Pala recta o curva Pala recta o curva Pala curva Pala curva Pala curva Pala curva
nº 0 nº 1 nº 1 nº 1-2 nº 2 nº 2-3 nº 2-3
Pinza Magill Pequeña Pequeña Pequeña Pequeña Mediana Mediana Grande
o mediana o grande
Sonda aspiración traqueal 6 6-8 8-10 8-10 10-12 12-14 12-14
RN: recién nacidos; Tubo endotraqueal: díametro interno. Tubo endotraqueal con balón: 0,5 número menor.
Tabla 3. Fármacos utilizados en la reanimación cardiopulmonar pediátrica
Fármaco Dosis Preparación Vía Indicación
Adrenalina 0,01 mg/kg Diluido con SF (1 + 9) = 0,1 ml/kg IV, IO, IT en bolo PC
Máx: 1 mg IT: sin diluir
Adenosina 1º 0,2 mg/kg Lavar rápido después con 5 ml de SF IV, IO en bolo TSV
Máx: 6 mg
2º 0,4 mg/kg
Máx: 12 mg
Amiodarona 5 mg/kg Puro IV, IO en bolo en la PC FV o TVSP refractarias
Máx: 300 mg Lento en el resto TSV o TV
Atropina 0,02 mg/kg 0,02 ml/kg IV, IO en bolo Bradicardia vagal
Máx: 1 mg
Bicarbonato 1 mEq/kg Diluido al medio con SF = 2 ml/kg IV, IO en bolo PC refractaria
Máx: 50 mEq
Calcio 0,2 mEq/kg = Gluconato cálcico 10% 0,4 ml/kg IV, IO lento Hipocalcemia, hiperpotasemia,
Máx: 10 mEq Cloruro cálcico 10% 0,2 ml/kg hipermagnesemia
Diluir al medio Intoxicación por bloqueantes del calcio
Glucosa 0,2-0,4 g/kg Glucosa al 10% = 2-4 ml/kg IV, IO en bolo Hipoglucemia documentada
Lidocaína 1 mg/kg Sin diluir IV, IO en bolo FV o TVSP refractarias
Máx: 100 mg
Líquidos 20 ml/kg SF IV, IO rápido AESP hipovolemia
Magnesio 50 mg/kg Sin diluir IV, IO en bolo TV polimorfa en “Torsades de pointes”
AESP: actividad eléctrica sin pulso; FV: fibrilación ventricular; IV: intravenoso; IO: intraósea; IT: intratraqueal; Máx: máximo por dosis; PC: parada car-
diaca; SF: suero fisiológico; TVSP: taquicardia ventricular sin pulso; TSV: taquicardia supraventricular.
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
278
Bicarbonato sódico: no hay evidencias que apoyen su
administración rutinaria durante la RCP. Se puede valo-
rar su administración en el niño con PC prolongada
(por ejemplo, más de 10 minutos de PC) o con acido-
sis metabólica grave. También en casos de inestabili-
dad hemodinámica con hiperpotasemia y en el trata-
miento de la intoxicación por antidepresivos tricíclicos.
• Vasopresina y terlipresina: actualmente no hay eviden-
cias suficientes para apoyar o rechazar su uso, bien
sea como alternativa o en combinación con la adre-
nalina, en la PC del niño o del adulto.
Atropina: solo se recomienda para la bradicardia pro-
ducida por una estimulación vagal o por toxicidad de
un fármaco colinérgico. La dosis más frecuentemente
utilizada es de 20 mcg/kg. En la bradicardia con mala
perfusión periférica que no responde a ventilación y
oxigenación, el fármaco de primera elección es la
adrenalina, no la atropina.
• Calcio: es esencial para la función miocárdica, pero su
administración no mejora los resultados de la RCP. El
calcio solo está indicado si existe hipocalcemia, sobre-
dosis de bloqueantes del calcio, hipermagnesemia o
hiperpotasemia.
Glucosa: los datos de neonatos, niños y adultos indi-
can que tanto la hiperglucemia como la hipoglucemia
tras una PC se asocian a un peor pronóstico, pero no
se conoce si la hiperglucemia es la causa o un indica-
dor. Por tanto, se deben comprobar y monitorizar cui-
dadosamente la glucosa en los niños en estado grave.
Durante la RCP no se deben administrar líquidos que
contengan glucosa a menos que exista una hipoglu-
cemia. Tras la RCE, hay que evitar tanto la hipergluce-
mia como la hipoglucemia.
Líquidos
Indicaciones: durante la RCP está indicada la expan-
sión de líquidos si se sospecha que la hipovolemia es
la causa de la PC o existe un ritmo de actividad eléc-
trica sin pulso (AESP).
Los cristaloides isotónicos son los líquidos recomenda-
dos para la expansión durante la PC.
Diagnóstico y tratamiento de arritmias
En cuanto sea posible se debe monitorizar el ECG
para valorar el ritmo cardiaco. Sin embargo, como en el
niño la mayoría de los ritmos electrocardiográficos du-
rante la PC no son desfibrilables, es más importante ini-
cialmente realizar la ventilación, las compresiones cardia-
cas, el acceso vascular y la administración de adrenalina,
que perder tiempo en búsqueda de un monitor desfibri-
lador (salvo en los casos de PC brusca en niños mayores
y adolescentes con sospecha de causa cardiaca).
Monitorización electrocardiográfica
Colocar los electrodos del ECG o los parches autoad-
hesivos del desfibrilador tan pronto como sea posible,
para permitir distinguir entre un ritmo desfibrilable y
no desfibrilable.
Analizar el tipo de ritmo siguiendo la secuencia expli-
cada anteriormente y valorar si es un ritmo desfibrila-
ble o no desfibrilable.
Ritmos no desfibrilables
Los ritmos electrocardiográficos más frecuentes en los
lactantes, niños y adolescentes con una PC son la bra-
dicardia, la asistolia y la AESP13,20. La bradicardia y la
AESP con frecuencia muestran QRS anchos.
Bradicardia: una frecuencia cardiaca menor de 60
lpm sin signos vitales. Si no responde rápidamente a
la ventilación con oxígeno, se deben iniciar las com-
presiones torácicas y administrar adrenalina. El mar-
capasos, sea transvenoso o externo, generalmente
no es útil durante la RCP en la asistolia y en otras
arritmias causadas por hipoxia o isquemia.
Asistolia: es el ritmo electrocardiográfico con peor
pronóstico.
AESP: se caracteriza por la existencia de una activi-
dad eléctrica con ausencia de pulso arterial central.
La AESP generalmente se produce después de un
tiempo de hipoxia o isquemia miocárdica, pero oca-
sionalmente también por una causa reversible (una
de las 4 H y 4 T) que produce una brusca disminu-
ción del gasto cardiaco.
Tratamiento: en los ritmos no desfibrilables el trata-
miento fundamental es la ventilación, las compresio-
nes torácicas y adrenalina que hay que realizar antes
de ir a buscar un desfibrilador (Figura 8).
Ritmos desfibrilables
Los ritmos desfibrilables son la fibrilación ventricular
(FV) y la taquicardia ventricular sin pulso (TVSP).
La FV o TVSP primarias aparecen en menos del 20%
de las PC en los niños. La incidencia de los ritmos
desfibrilables aumenta con la edad y es más probable
una pérdida de consciencia brusca en niños con en-
fermedad cardiaca o adolescentes.
El factor determinante más importante de superviven-
cia en las PC con ritmos desfibrilables es el tiempo
Figura 8. Algoritmo de reanimación cardiopulmonar (RCP)
avanzada en ritmos no desfibrilables.
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
279
hasta la desfibrilación. Sin embargo, el éxito de la
desfibrilación disminuye dramáticamente al aumentar
el tiempo desde la PC hasta la desfibrilación. Se esti-
ma que por cada minuto de retraso en la desfibrila-
ción sin RCP la supervivencia disminuye un 7 a 10%.
La FV secundaria aparece en algún momento de la
RCP hasta en el 27% de los niños con PC y tiene mu-
cho peor pronóstico que la FV primaria21.
El tratamiento de los ritmos desfibrilables se basa en
la desfibrilación eléctrica, las compresiones torácicas,
ventilación, adrenalina y antiarrítmicos (Figura 9).
• Desfibrilación:
– Desfibriladores: deben existir desfibriladores manuales
con capacidad para tratar desde neonatos hasta ado-
lescentes en todos los hospitales y centros sanitarios
que cuidan a niños con riesgo de sufrir una PC. Los
DEA tienen preseleccionadas todas las variables inclu-
yendo la dosis de energía. Si no está disponible un
desfibrilador manual se puede usar un DEA, ya que
reconoce los ritmos desfibrilables en niños22. Para los
niños mayores de 8 años o 25 kg, se debe utilizar el
DEA con los parches del adulto. El DEA debería estar
equipado con un atenuador de dosis (parche pediá-
trico) que disminuye la energía administrada a una
dosis más adecuada para los niños entre 1 y 8 años
(50-75 J). Si no está disponible el atenuador de dosis,
se debe utilizar el DEA con el parche y la energía pre-
seleccionada para el adulto. La experiencia de uso de
DEA (con atenuador de dosis) en niños menores de 1
año es pequeña, pero es aceptable su uso si no hay
otra alternativa disponible.
Parches y palas de desfibrilación: se deben seleccio-
nar las palas y parches más grandes posibles para
conseguir un buen contacto con la pared torácica.
No se sabe cuál es el tamaño ideal pero debe existir
una buena separación entre las palas. Las medidas
recomendadas son 4,5 cm de diámetro para los lac-
tantes y niños con peso inferior a 10 kg y 8 a 12
cm para los que pesen más de 10 kg (mayores de
un año). Los parches autoadhesivos facilitan la reali-
zación de una RCP continua de buena calidad al re-
ducir el tiempo de interrupción de las compresiones
torácicas para administrar la descarga eléctrica.
Posición de las palas y parches. Aplicar las palas fir-
memente sobre el tórax en posición anterolateral.
Colocar una pala debajo de la clavícula derecha y la
otra bajo la axila izquierda. Si las palas son demasia-
do grandes y hay riesgo de que se produzca un ar-
co eléctrico a través de las palas, se puede colocar
una en la espalda debajo de la escápula izquierda y
la otra delante a la izquierda del esternón.
– Energía para el choque eléctrico en el niño: en Euro-
pa se continúa recomendando utilizar una dosis de
4 J/kg para todas las descargas (la inicial y las si-
guientes). Dosis más elevadas, hasta de 9 J/kg, han
conseguido desfibrilar sin efectos secundarios.
• Antiarrítmicos:
– Amiodarona: puede usarse para tratar la FV y la TVSP
refractarias a la desfibrilación. Administrar una dosis
de 5 mg/kg en bolo rápido después de la tercera
descarga de desfibrilación que puede repetirse des-
pués de la 5ª descarga. Un estudio reciente ha vuel-
to a sugerir el papel de la lidocaína en los ritmos
desfibrilables en niños23. Las recomendaciones euro-
peas mantienen la amiodarona como primer fármaco
en los ritmos desfibrilables refractarios a la desfibrila-
ción. Cuando se use la amiodarona para tratar otras
arritmias, en un niño que no está en PC, la dosis de-
be administrarse lentamente en 10 a 20 minutos,
controlando el ECG y la PA para evitar que produzca
hipotensión24.
Magnesio: no existen evidencias que apoyen su ad-
ministración durante la RCP. Está indicado en los ni-
ños con PC y taquicardia ventricular con “torsades
de pointes” a dosis de 50 mg/kg.
RCP en circunstancias especiales
Asistencia extracorpórea (ECMO)
La asistencia extracorpórea debe ser valorada en los
niños con una PC producida por una causa potencial-
mente reversible y que sea refractaria a la RCP conven-
cional, si la PC ocurre en un centro donde haya recur-
sos, personal formado y un sistema que permita iniciar
rápidamente la asistencia extracorpórea. No hay sufi-
ciente evidencia para apoyar o rechazar el uso de EC-
MO en la PC de origen no cardiaco o para los niños
con miocarditis o miocardiopatía que no están en PC5.
RCP en politraumatismos
La PC producida por un traumatismo importante
(cerrado o penetrante) tiene una mortalidad muy eleva-
da. Hay que evaluar las 4 H y las 4 T como causas de
PC potencialmente reversibles. Existe poca evidencia que
apoye el uso de intervenciones diferentes al manejo ha-
bitual de la PC. Sin embargo, en las lesiones penetrantes
se puede valorar la realización de una toracotomía.
Figura 9. Algoritmo de reanimación cardiopulmonar (RCP)
avanzada ritmos desfibrilables.
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
280
Hipertensión pulmonar
Los niños con hipertensión pulmonar tienen un ries-
go elevado de sufrir una PC. En estos pacientes hay que
seguir los protocolos habituales de RCP, poniendo énfa-
sis en utilizar una FiO2elevada y además, alcalosis e hi-
perventilación, que pueden ser tan eficaces como el
óxido nítrico inhalado para reducir las resistencias vas-
culares pulmonares5,25.
Cuidados postresucitación
Los cuidados postresucitación deben ser una activi-
dad multidisciplinaria que incluya todos los tratamien-
tos necesarios para lograr una recuperación neurológica
completa.
Tratamiento hemodinámico
La disfunción miocárdica es frecuente tras la recupe-
ración de una PC. Los líquidos y fármacos vasoactivos
(adrenalina, dobutamina, dopamina y noradrenalina)
pueden mejorar el estado hemodinámico del niño y de-
ben ser ajustados para mantener una PA sistólica al me-
nos superior al percentil 5 (P5) para su edad.
Tratamiento respiratorio
Oxigenación: una vez que el niño esté estabilizado se
debe intentar conseguir una PaO2en el rango de la
normalidad (normoxemia).
Ventilación: No hay suficiente evidencia pediátrica pa-
ra poder sugerir un objetivo específico de PaCO2. Se
debe medir la PaCO2tras la RCE y ajustar de acuerdo
a las características del paciente y sus necesidades.
Una vez que se alcance la RCE se debe administrar
una ventilación normal, con una frecuencia respirato-
ria, en general entre 12 y 24 rpm, y volumen, ajusta-
da a la edad del niño y su patología, y monitorizar el
CO2espirado y la gasometría. Tanto la hipocapnia co-
mo la hipercapnia tras la PC se han asociado con un
peor pronóstico. En general, puede ser adecuado in-
tentar conseguir una normocapnia, pero esta decisión
debe adaptarse a cada contexto y enfermedad26.
Control de la temperatura tras la RCE
Hipotermia: la hipotermia moderada tiene un acepta-
ble perfil de seguridad en adultos y neonatos. Recien-
temente, el estudio THAPCA (Therapeutic hypothermia
after pediatric cardiac arrest) mostró que tanto la hipo-
termia (32-34°C) como la normotermia controlada
(36-37,5°C) pueden utilizarse en niños. El estudio no
mostró diferencias significativas en el estado neuroló-
gico al año de la PC entre ambos tratamientos.
Recomendaciones: en el momento actual, tras la RCE,
se debe mantener un control estricto de la tempera-
tura para evitar la hipertermia (> 37,5°C) y la hipoter-
mia profunda (< 32°C).
Control de la glucemia
Tanto la hipoglucemia como la hiperglucemia pueden
alterar el pronóstico de los adultos y niños en estado críti-
co y por tanto deben ser evitadas, pero el tratamiento in-
tensivo de la hiperglucemia también puede ser peligroso.
Pronóstico de la PC
Aunque se han identificado varios factores relaciona-
dos con el pronóstico de la PC y la RCP, no existen unas
guías sencillas para decidir cuándo la RCP llega a ser fútil.
Los aspectos más relevantes a considerar para decidir si
se continúa con la RCP incluyen la duración de la RCP, la
causa de la PC, la existencia de enfermedades previas, la
edad, el lugar donde ocurrió la PC, si la PC fue presen-
ciada, el tiempo de PC sin RCP, la existencia de un ritmo
desfibrilable como ritmo ECG primario o secundario, y
circunstancias especiales como el ahogamiento en agua
helada o la exposición a tóxicos. El papel pronóstico del
EEG como indicador pronóstico todavía no está claro.
Presencia de los padres
En algunas sociedades occidentales la mayoría de los
padres quieren estar presentes durante la RCP de sus hijos.
Las familias que están presentes cuando sus hijos fallecen
asumen mejor el proceso de duelo. La evidencia sobre la
presencia de los padres durante la RCP se ha obtenido en
algunos países en concreto y probablemente no puede
generalizarse a toda Europa, donde existen diferentes si-
tuaciones socioculturales y éticas. Por tanto, la presencia
de los padres dependerá tanto de las características de los
padres como de las del equipo de reanimación27.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no tener conflictos de interés en relación al
presente artículo.
Financiación
Los autores declaran la no existencia de financiación externa del
presente artículo.
Responsabilidades éticas
Todos los autores han confirmado el mantenimiento de la confi-
dencialidad y respeto de los derechos de los pacientes en el documento
de responsabilidades del autor, acuerdo de publicación y cesión de de-
rechos a EMERGENCIAS.
Artículo no encargado por el Comité
Editorial y con revisión externa por pares
Bibliografía
1 Maconochie IK, Bingham R, Eich C, López-Herce J, Rodríguez-Núñez
A, Rajka T, et al; Paediatric life support section Collaborators. Europe-
López-Herce J, et al. Emergencias 2017;29:266-281
281
an Resuscitation Council Guidelines for Resuscitation 2015: Section
6. Paediatric life support. Resuscitation. 2015;95:223-48.
2 Greif R, Lockey AS, Conaghan P, Lippert A, De Vries W, Monsieurs
KG; Education and implementation of resuscitation section Collabo-
rators; Collaborators. European Resuscitation Council Guidelines for
Resuscitation 2015: Section 10. Education and implementation of re-
suscitation. Section 10. Education and implementation of resuscita-
tion. Resuscitation. 2015;95:288-301.
3 Hazinski MF, Nolan J, Aickin R. Part 1: Executive Summary: 2015 In-
ternational Consensus on Cardiopulmonary Resuscitation and Emer-
gency Cardiovascular Care Science with Treatment Recommenda-
tions. Circulation. 2015;132(16 Supl):S2-39.
4 Monsieurs KG, Nolan JP, Bossaert LL, Greif R, Maconochie IK, Nikolaou
NI, et al. European Resuscitation Council Guidelines for Resuscitation
2015: Section 1. Executive summary. Resuscitation. 2015;95:1-80.
5 Maconochie IK, de Caen AR, Aickin R, Atkins DL, Biarent D, Guer-
guerian AM, et al. Pediatric Basic Life Support and Pediatric Advan-
ced Life Support: 2015 International Consensus on Cardiopulmonary
Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care Science with Tre-
atment Recommendations. Resuscitation. 2015;95:e147-68.
6 Wyllie J, Perlman JM, Kattwinkel J, Wyckoff MH, Aziz K, Guinsburg
R, et al. Part 7: Neonatal Resuscitation: 2015 International Consen-
sus on Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascu-
lar Care Science with Treatment Recommendations. Resuscitation.
2015;95:e169-201.
7 Wyllie J, Bruinenberg J, Roehr CC, Rüdiger M, Trevisanuto D, Urles-
berger B. European Resuscitation Council Guidelines for Resuscitation
2015: Section 7. Resuscitation and support of transition of babies at
birth. Resuscitation. 2015;95:249-63.
8 Morley PT, Lang E, Aickin R, Billi JE, Eigel B, Ferrer JM, et al. Part 2:
Evidence Evaluation and Management of Conflicts of Interest: 2015
International Consensus on Cardiopulmonary Resuscitation and
Emergency Cardiovascular Care Science with Treatment Recommen-
dations. Resuscitation. 2015;95:e33-41.
9 Gjulbegovic B, Kumar A, Kaufman RM, Trobian A, Guyatt GH. Qua-
lity of evidence is a key determinant for making a strong GRADE
guidelines recommendation. J Clin Epidemiol. 2015;68:727-32.
10 Biarent D, Bingham R, Eich C, López-Herce J, Maconochie I, Rodrí-
guez-Núñez A, et al. European Resuscitation Council Guidelines for
Resuscitation 2010 Section 6. Paediatric life support. Resuscitation.
2010;81:1364-88.
11 Kitamura T, Iwami T, Kawamura T, Nagao K, Tanaka H, Nadkarni
VM, et al. implementation working group for All-Japan Utstein Re-
gistry of the Fire and Disaster Management Agency. Conventional
and chest-compression-only cardiopulmonary resuscitation by
bystanders for children who have out-of-hospital cardiac arrest: a
prospective, nationwide, population-based cohort study. Lancet.
2010;375:1347-54.
12 Berg RA, Nadkarni VM Clark AE, Moler F, Meert K, Harrison RE, et al
Eunice Kennedy Shriver National Institute of Child Health and Hu-
man Development Collaborative Pediatric Critical Care Research Net-
work. Incidence and Outcomes of Cardiopulmonary Resuscitation in
PICUs. Crit Care Med. 2016;44:798-808.
13 López-Herce J, Del Castillo J. Iberoamerican Pediatric Cardiac Arrest
Study Network RIBEPCI. Factors associated with mortality in pediatric
in-hospital cardiac arrest: a prospective multicenter multinational ob-
servational study. Intensive Care Med. 2013;39:309-18.
14 Bonafide CP, Localio AR, Song L, Roberts KE, Nadkarni VM, Priestley
M, et al. Cost-benefit analysis of a medical emergency team in a
children's hospital. Pediatrics. 2014;134:235-41.
15 Maitland K, Kiguli S, Opoka RO, Engoru C, Olupot-Olupot P, Akech
SO, et al. Mortality after fluid bolus in African children with severe
infection. N EngL J Med. 2011;364:2483-95.
16 Paul T, Bertram H, Bökenkamp R, Hausdorf G. Supraventricular
tachycardia in infants, children and adolescents: diagnosis, and phar-
macological and interventional therapy. Paediatr Drugs. 2000;2:171-
81.
17 Ceresnak SR, Liberman L, Avasarala K, Tanel R, Motonaga KS, Dubin
AM. Are wide complex tachycardia algorithms applicable in children
and patients with congenital heart disease? J Electrocardiol.
2010;43:694-700.
18 Inagawa G, Morimura N, Miwa T, Okuda K, Hirata M, Hiroki K. A
comparison of five techniques for detecting cardiac activity in in-
fants. Paediatr Anaesth. 2003;13:141-6.
19 Gausche M, Lewis RJ, Stratton SJ, Haynes BE, Gunter CS, Goodrich
SM, et al. Effect of out-of-hospital pediatric endotracheal intubation
on survival and neurological outcome: a controlled clinical trial. JA-
MA. 2000;283:783-90.
20 Donoghue A, Berg RA, Hazinski MF, Praestgaard AH, Roberts K, Nad-
karni VM; American Heart Association National Registry of CPR Inves-
tigators. Cardiopulmonary resuscitation for bradycardia with poor
perfusion versus pulseless cardiac arrest. Pediatrics. 2009;124:1541-8.
21 Samson RA, Nadkarni VM, Meaney PA, Carey SM, Berg MD, Berg
RA. Outcomes of in-hospital ventricular fibrillation in children. N
Engl J Med. 2006;354:2328-39.
22 Atkinson E, Mikysa B, Conway JA, Parker M, Christian K, Deshpande
J, et al. Specificity and sensitivity of automated external defibrillator
rhythm analysis in infants and children. Ann Emerg Med.
2003;42:185-96.
23 Valdes SO, Donoghue AJ, Hoyme DB, Hammond R, Berg MD, Berg
RA, et al. American Heart Association Get With The Guidelines-Resus-
citation Investigators. Outcomes associated with amiodarone and li-
docaine in the treatment of in-hospital pediatric cardiac arrest with
pulseless ventricular tachycardia or ventricular fibrillation. Resuscita-
tion. 2014;85:381-6.
24 Saharan S, Balaji S. Cardiovascular collapse during amiodarone infu-
sion in a hemodynamically compromised child with refractory supra-
ventricular tachycardia. Ann Pediatr Cardiol. 2015;8:50-2.
25 Morris K, Beghetti M, Petros A, Adatia I, Bohn D. Comparison of
hyperventilation and inhaled nitric oxide for pulmonary hypertension
after repair of congenital heart disease. Crit Care Med.
2000;28:2974-8.
26 Del Castillo J, Lopez-Herce J, Matamoros M. Hyperoxia, hypocapnia
andhypercapnia as outcome factors after cardiac arrest in children.
Resuscitation. 2012;83:1456-61.
27 Bossaert LL, Perkins GD, Askitopoulou H, Raffay VI, Greif R, Haywood
KL, et al. on behalf of The ethics of resuscitation and end-of-life de-
cisions section Collaborators European Resuscitation Council Guideli-
nes for Resuscitation 2015 Section 11. The ethics of resuscitation
and end-of-life decisions. Resuscitation 2015;95:302-11.
Article
Objectives To analyse the 2020 international and European recommendations for Paediatric cardiopulmonary resuscitation (CPR), highlighting the most important changes and propose lines of development in Spain. Methods Critical analysis of the paediatric cardiopulmonary resuscitation recommendations of the European Resuscitation Council. Results The most relevant changes in the CPR recommendations for 2020 are in basic CPR the possibility of activating the emergency system after performing the five rescue ventilations with the mobile phone on loudspeaker, and in advanced CPR, bag ventilation between two rescuers if possible, the administration of epinephrine as soon as a vascular access is obtained, the increase in the respiratory rate in intubated children between 10 and 25 bpm according to their age and the importance of controlling the quality and coordination of CPR. In CPR training, the importance of training non-technical skills such as teamwork, leadership and communication and frequent training to reinforce and maintain competencies is highlighted. Conclusions It is essential that training in Paediatric CPR in Spain follows the same recommendations and is carried out with a common methodology, adapted to the characteristics of health care and the needs of the students. The Spanish Paediatric and Neonatal Cardiopulmonary Resuscitation Group should coordinate this process, but the active participation of all paediatricians and health professionals who care for children is also essential.
Article
Resumen Objetivos Analizar las recomendaciones internacionales y europeas de reanimación cardiopulmonar (RCP) pediátrica del 2020, resaltar los cambios más importantes y plantear líneas de desarrollo en España. Métodos Análisis crítico de las recomendaciones de RCP pediátrica del European Resuscitation Council. Resultados Los cambios más relevantes en las recomendaciones de RCP del año 2020 son: en la RCP básica, la posibilidad de activar el sistema de emergencias tras realizar las 5 ventilaciones de rescate con el teléfono móvil en altavoz, y en la RCP avanzada, la ventilación con bolsa entre 2 reanimadores si es posible, la administración de adrenalina en cuanto se canaliza un acceso vascular, el aumento de la frecuencia respiratoria en los niños intubados entre 10 y 25 rpm de acuerdo a su edad y la importancia de controlar la calidad y coordinación de la RCP. En la formación en RCP se destaca la importancia de la formación de las habilidades no técnicas como el trabajo en equipo, liderazgo y la comunicación, y el entrenamiento frecuente para reforzar y mantener las competencias. Conclusiones Es esencial que la formación en RCP pediátrica en España siga las mismas recomendaciones y se realice con una metodología común, adaptada a las características de la atención sanitaria y las necesidades de los alumnos. El Grupo Español de Reanimación Cardiopulmonar Pediátrica y Neonatal debe coordinar este proceso, pero es esencial la participación activa de todos los pediatras y profesionales sanitarios que atienden a los niños.
Article
Full-text available
We describe a 7-week-old female infant who presented with refractory supraventricular tachycardia (SVT). During amiodarone infusion, she developed hypotension and cardiac arrest requiring extracorporeal membrane oxygenation (ECMO) support. After successful control of SVT using procainamide infusion, she was weaned from ECMO and discharged home on oral flecainide. We conclude that infants with acidosis, ventricular dysfunction, and prolonged refractory SVT may poorly tolerate intravenous amiodarone.
Article
The Pediatric Task Force reviewed all questions submitted by the International Liaison Committee on Resuscitation (ILCOR) member councils in 2010, reviewed all council training materials and resuscitation guidelines and algorithms, and conferred on recent areas of interest and controversy. We identified a few areas where there were key differences in council-specific guidelines based on historical recommendations, such as the A-B-C (Airway, Breathing, Circulation) versus C-A-B (Circulation, Airway, Breathing) sequence of provision of cardiopulmonary resuscitation (CPR), initial back blows versus abdominal thrusts for foreign-body airway obstruction, an upper limit for recommended chest compression rate, and initial defibrillation dose for shockable rhythms (2 versus 4 J/kg). We produced a working list of prioritized questions and topics, which was adjusted with the advent of new research evidence. This led to a prioritized palate of 21 PICO (population, intervention, comparator, outcome) questions for ILCOR task force focus. The 2015 process was supported by information specialists who performed in-depth systematic searches, liaising with pediatric content experts so that the most appropriate terms and outcomes and the most relevant publications were identified. Relevant adult literature was considered (extrapolated) in those PICO questions that overlapped with other task forces, or when there were insufficient pediatric data. In rare circumstances (in the absence of sufficient human data), appropriate animal studies were incorporated into reviews of the literature. However, these data were considered only when higher levels of evidence were not available and the topic was deemed critical. When formulating the PICO questions, the task force felt it important to evaluate patient outcomes that extend beyond return of spontaneous circulation (ROSC) or discharge from the pediatric intensive care unit (PICU). In recognition that the measures must have meaning, not only to clinicians but also to parents and caregivers, longer-term outcomes at 30 …
Article
The process for evaluating the resuscitation science has evolved considerably over the past 2 decades. The current process, which incorporates the use of the GRADE methodology, culminated in the 2015 CoSTR publication, which in turn will inform the international resuscitation councils' guideline development processes. Over the next few years, the process will continue to evolve as ILCOR moves toward a more continuous evaluation of the resuscitation science. © 2015 American Heart Association, Inc., European Resuscitation Council, and International Liaison Committee on Resuscitation.
Article
of changes since 2010 Guidelines The traditional medical-centred approach with an emphasis on beneficence has shifted towards a balanced patient-centred approach with greater emphasis on patient autonomy. This has resulted in a readiness for understanding and interaction between patient and healthcare professionals. Future guidelines may benefit from involvement of all stakeholders: members of the public, patients, survivors and the society as active partners in understanding and implementing the ethical principles. The content and implementation of the traditional ethical principles are placed in the context of a patient-centred approach to resuscitation: Autonomy, including respect for personal preferences expressed in advance directives, which implies correct information and communication. Beneficence, including prognostication, when to start, futility, ongoing CPR during transportation, special situations, with clear distinction between sudden cardiac arrest and expected cessation of cardiac function and respiration in terminal situations. Non-maleficence, including DNAR/DNACPR, when to stop/withhold and involvement of patient or proxy. Justice and equal access, including avoiding inequalities. Whilst the sad reality is that the majority of those that sustain a cardiac arrest do not survive, recent studies provide evidence of steady improvement in outcomes particularly where the formula of survival is well implemented. Specific cases of refractory cardiac arrest, which would historically have been fatal, may benefit from additional interventional approaches. A further improvement in survival may be expected by applying clear guidance for starting, not starting, withdrawing or withholding resuscitation attempts, and by identifying refractory cases that may respond to advanced interventions. Europe is a patchwork of 47 countries (Council of Europe) with differences in national laws, jurisdiction, culture, religion, and economic capabilities. European countries interpret the ethical recommendations of resuscitation in the context of these factors. A survey of current ethical practice across Europe was conducted in the context of these guidelines. A significant variability in the approach to cardiopulmonary resuscitation (CPR) and end-of-life was documented. Whilst areas for improvement were identified, it highlighted a trend towards better application of ethical principles. The need for harmonisation in legislation, jurisdiction, terminology and practice remains. The mission of the ERC and its Guidelines is to contribute to this harmonisation. New European Union (EU) regulation permitting deferred consent will harmonise and foster research of emergency interventions across EU Member States. Healthcare professionals are responsible for maintaining their knowledge, understanding and skills, and to understand the ethical principles before being involved in a real situation where resuscitation decisions must be made.