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José Luis Gómez-Martínez, Teoría del ensayo. 2a ed. UNAM, México, 1992; 221 pp.

Authors:

Abstract

Se reseñó el libro: Teoría del ensayo. 2a ed.
NRFH,
XLII
RESEÑA! 237
JOSÉ
LUIS
GÓMEZ-MARTÍNEZ,
Teoría del
ensayo.
2a ed.
UNAM,
Méxi-
co,
1992; 221 pp.
Difícil sería
hallar, en el mundo de habla hispana, otro
género
discursi-
vo
—literario
o no bajo cuyo nombre circule tanta
agua
desvirtuado-
ra de, como el ensayo.
Escasamente
analizado en calidad de sistema,
menosn
definido,
y con una
situación
no poco ambigua respecto de
la institución
literaria,
quizás
no haya
ningún
otro
género
tan urgido
de un estudio en profundidad como el ensayo. Por eso viene (o vuelve)
muy
a
propósito
este
estudio enteramente dedicado a determinar los
rasgos
teóricos
distintivos de ese
género
en la
tradición hispánica.
Dividido
en
tres
grandes
secciones
que anticipan su
propósito,
Teoría
del
ensayo
contiene la
caracterización
ofrecida por
Gómez-Martí-
nez (Ia
sección),
las tentativas de
definición
s sobresalientes entre
quienes han estudiado ese moderno
género
literario
en lengua
española
(2a sección),
y un
apéndice bibliográfico
bastante
exhaustivo en el que
se registran numerosos
títulos
(hasta 1991 y en varios idiomas) de con-
sulta obligada para el mejor seguimiento de su
objetivo.
Como
distinciones medulares del
ensayo
destaca
Gómez-Martínez
la
libertad
temática,
la
participación
activa del lector, la capacidad su-
geridora,
la
flexibilidad
estructural, el virtuosismo
estilístico
y el
carác-
ter subjetivo en el manejo de fuentes y referencias. A
cada
una de ellas
dedica uno o dos
capítulos,
no sin
caer
por momentos en ciertas reite-
raciones (por ejemplo, la
gravitación
influyente de la personalidad
emisora, la subjetividad, la importancia del plano de la
enunciación:
verdaderos
leit-motive
en todo el
libro),
inevitables, por otra parte, a
juzgar
por la
estructuración
del estudio.
Apoyado
en ejemplos de algunos de loss notables representan-
tes de la
tradición ensayística hispánica
e hispanoamericana, y en
pose-
sión
de un apreciable caudal
informativo
teórico
e
histórico
acerca
del
ensayo, el autor discurre, en un estilo sencillo y generalmente ameno,
sobre
cada
uno de
esos
rasgos
singularizadores de ese
género híbrido,
fronterizo,
proteico, reacio a las definiciones y clasificaciones en
virtud
de su extrema dependencia de la personalidad creadora.
Esta misma dependencia,
básica según
él para reconocer un
ensa-
yo,
deviene, en alguna medida, traba para el cumplimiento del macro-
objetivo
de
Teoría...
Si el
ensayo
es el ensayista (/' essai c' est moi,
sería
el
lema flaubertiano adoptado por
éste),
y los
ensayistas
son innumera-
bles,
¿cómo
separar
entonces
esa invariante
morfológica
del
ensayo
que
permita
reconocerlo en sus diversas realizaciones a
través
del tiempo?
Éste
es un nudo que no queda del todo solucionado, debido —por
lo
menos en parte a la tendencia del autor a
excluir
de su estudio,
como
principio también metodológico
o susceptible de renovar su me-
todología,
la
dimensión histórica
concreta del ensayo. Los
rasgos
antes
mencionados como distintivos de
este
peculiar
género
literario
resulta-
238 RESEÑAS NRFH,
XLII
rían quizás
menos vagos o generales de
considerárseles
en sus compor-
tamientos a
través
de su historia, y como partes de una totalidad que
se rejerarquiza en su
dinámica
interior
según
las funciones
privilegia-
das en cada
época,
por cada ensayista. Así, de paso, el modelo (ideal)
o protomodelo de ensayo que se deriva de la
reunión
de tales
rasgos
quedaría
menos
ceñido
a las soluciones halladas por unos u otros de
sus cultoress
destacados
y menos cerrados a las
prácticas
nuevas
de una
tradición
en marcha.
La superposición
del
juicio
valorativo al
propósito
caracterizador
que articula las diversas secciones del
libro
tampoco favorece mucho
el
cabal cumplimiento de su
objetivo.
¿Define
el ensayo afirmar que
"es el
género
que demanda mayor esfuerzo del lector" (p. 86)? ¿No
funciona
también
así la
poesía?
Otras varias afirmaciones hay, que,
matizadas,
argumentarían
mejor en pro de la estimable caracteriza-
ción aquí
propuesta.
La
incompatibilidad
del ensayo con las
escuelas
literarias; su re-
querimiento
de cierta madurez en el autor, raramente alcanzable en
la
juventud
("El ensayista es el
último
en
aparecer
en la historia
litera-
ria
de un
país",
p. 45); la naturaleza distinta de ese
género
en la
Amé-
rica
hispánica,
marcado
desde
su origen por el tema obsesionante de
la
identidad (cf. pp. 19 y 26), son ideas que
ilustran
la productividad
o capacidad sugeridora que puede alcanzar
Teoría
del
ensayo
en sus me-
jores
páginas.
La
dualidad,
ambigüedad genérica,
o
condición
intermedia del en-
sayo, es otro
aspecto
al que
Gómez-Martínez
consagra varias
páginas
de
interés.
"El hecho de que, por una parte, el ensayista goce de
liber-
tad
y
elija
por
inspiración,
y que, por otra, deba mantenerse dentro
de los
estrechos
límites
de la
«verdad», lógica
o
científica,
proporciona
al
ensayo un
carácter
peculiar que le permite cabalgar al mismo tiempo
a lomos de la literatura y de la ciencia" (p. 95).
Situación ésta,
sin em-
bargo, que ha propiciado no poco
infortunio
al
género:
"da
carácter
al
ensayo y al mismo tiempo lo relega (cuando es tenido en cuenta) a
un
lugar secundario en el momento de ser estudiado en los centros do-
centes" (p. 75).
"Dualidad",
a no dudarlo, es una palabra que caracteriza bien
cuanto tenga que ver con el ensayo, la actitud
ensayística,
el ensayista.
Lo
que
Gómez-Martínez
llama el "doble
aspecto
de artista de la expre-
sión
y de transmisor e incitador de ideas" (p. 53), queda claramente
confirmado
en lo que él llama "el
lirismo
innato del ensayista".
Muy
significativo,
ciertamente, es
este
dato. En la
América hispá-
nica,
por lo menos
desde
la
época
modernista, ha sucedido, con
fre-
cuencia digna de un rastreo minucioso, que
poetas
y
ensayistas
se su-
perpongan en
unas
mismas figuras
(Martí,
Gabriela
Mistral,
Borges,
Octavio
Paz, Fina
García
Marruz,
Guillermo
Sucre, Cobo Borda, en-
tre
otros); o, visto de otro modo, que el poeta y el ensayista
"inva-
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XLII
RESEÑAS
239
dan",
con extrema naturalidad, sus respectivos
ámbitos
creativos. Al
respecto, no creo un hecho casual que el discurso
ensayístico
en la
América
de habla hispana cuente con algunos
poetas
entre sus renova-
dores o representantes destacados.
Un
nuevo
capítulo
se agrega a
esta
segunda
edición
de
Teoría
del
ensayo:
"La
codificación
del texto y el autor
implícito",
con una
distin-
ción teórica
entre
"comunicación
bancada"
(utilitaria)
y
"comuni-
cación humanística"
(literaria)
pertinente para delinear la
situación
específica
del ensayo. Sin embargo,
observación
tan sugestiva
apenas
se aprovecha en los
capítulos
restantes. Por otra parte, la
conclusión
de que "en el ensayo no existe regla, por esencial que nos parezca, que
en
alguna circunstancia, sea
ésta
excepcional si se quiere, no pueda ser
suprimida"
(p. 100), tiende a minar los presupuestos mismos de
esta
tentativa
caracterizadora.
Pero si
Teoría
del
ensayo
—"único libro
en
español
dedicado entera-
mente al estudio de la
dimensión teórica
del ensayo", actualizado y
enriquecido
en
esta
nueva
edición
no resultara de especial
valor
—que sí lo tiene por lo que respecta a la
sección
primera, sí lo
sería,
sin
duda alguna, por lo que corresponde a las otras caracterizaciones
del
ensayo y a la
bibliografía teórica
y
práctica
recopiladas en las
sec-
ciones segunda y tercera.
Son
abundantes las propuestas definidoras que en la
sección
inter-
media
resaltan, por
sintéticas,
sugestivas y estimulantesn en
este
fin
de
siglo
—véanse,
por ejemplo, las de Medardo
Vitier,
Mariano Pi-
cón-Salas
o Eduardo
Nicol.
Como conjunto, y no obstante su
varie-
dad,
todas ellas
confirman
algo que
implícitamente
adelantaba la
sec-
ción
primera: la
dificultad
real que ha representado a lo largo de su
historia
y sigue representando la
definición teórica
de ese
género
escurridizo.
s allá
de las observaciones
esbozadas
y de las
réplicas
quen
pueda suscitar, la tentativa teorizadora de
Gómez-Martínez
es, a no
dudarlo,
un
paso
meritorio
en la empresa impostergable de
definir
(/vindicar)
este
no menos importante
género literario.
OSMAR SÁNCHEZ
AGUILERA
El
Colegio
de México
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