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Historia de la chupalla: sombrero de paja típico del campesino chileno

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We study the historical process of birth and development of the “chupalla”, straw hat typical of the Chilean peasant. The research work has been made from original documents of the National Archive, from the 17th, 18th and 19th centuries. It is detected that the straw hat began to be used in Chile in the 1740s, and adopted the name of “chupalla” from the 1820s. At first, the “chupallas” were ordinary hats. But the arrival of the hats of pita and “jipijapa” hats (Ecuador), in the second half of the eighteenth century, encouraged the Chilean peasants to also make a line of fine sausages. The process begun at the beginning of the nineteenth century; since that moment they began to coexist the two qualities: ordinary and fine straw hats “chupallas”. For three centuries, the peasants have kept alive this tradition, which has reached the present time
Volumen 35, Nº1. Páginas 97-106
IDESIA (Chile) Marzo, 2017
Historia de la chupalla: sombrero de paja típico
del campesino chileno
History of the chupalla: typical straw hat of the Chilean peasant
Emiliano Núñez y Pablo Lacoste1*
RESUMEN
Se estudia el proceso histórico de nacimiento y desarrollo de la chupalla, sombrero de paja, típico del campesino chileno. La
investigación se ha realizado a partir de documentos originales del Archivo Nacional, de los siglos XVII, XVIII y XIX. Se detecta
que el sombrero de paja se comenzó a utilizar en Chile en la década de 1740, y adoptó el nombre de chupalla desde la década de
1820. Al principio, las chupallas eran sombreros ordinarios; pero la llegada de los sombreros de pita y de jipijapa (Ecuador), en la
segunda mitad del siglo XVIII, impulsó a los campesinos chilenos a elaborar también una línea de chupallas finas, proceso iniciado
a comienzos del siglo XIX. A partir de entonces comenzaron a convivir las dos calidades: chupallas ordinarias y chupallas finas.
Durante tres siglos, los campesinos han mantenido viva esta tradición, la cual ha llegado hasta la actualidad.
Palabras clave: chupallas de paja, sombreros de fibras tejidas, productos típicos chilenos, patrimonio cultural
ABSTRACT
We study the historical process of birth and development of the “chupalla”, straw hat typical of the Chilean peasant. The research
work has been made from original documents of the National Archive, from the 17th, 18th and 19th centuries. It is detected that
the straw hat began to be used in Chile in the 1740s, and adopted the name of “chupalla” from the 1820s. At first, the “chupallas”
were ordinary hats. But the arrival of the hats of pita and “jipijapa” hats (Ecuador), in the second half of the eighteenth century,
encouraged the Chilean peasants to also make a line of fine sausages. The process begun at the beginning of the nineteenth cen-
tury; since that moment they began to coexist the two qualities: ordinary and fine straw hats “chupallas”. For three centuries, the
peasants have kept alive this tradition, which has reached the present time.
Keywords: straw hats, woven fiber hats, Chilean typical products, cultural heritage.
1 Universidad de Santiago de Chile, Providencia, Santiago de Chile.
* Autor por correspondencia: pablo.lacoste@usach.cl
Fecha de Recepción: 27 septiembre, 2016
Fecha de Aceptación: 23 Febrero, 2017
DOI: 10.4067/S0718-34292017005000017
Introducción
Las chupallas son sombreros campesinos
de fibras trenzadas, muy difundidos en Chile,
particularmente en el Valle Central. Representan un
producto típico asociado a la vestimenta tradicional
del huaso chileno, junto al chamanto de Doñihue
y las espuelas de plata; forma parte también de
la indumentaria típica latinoamericana, junto al
sombrero de jipijapa (Ecuador), conocido como
Panama Hat.
Las chupallas se lucen en el rodeo, certamen
de destrezas ecuestres, que se ha convertido en
el deporte más popular de Chile (su convocatoria
de público supera a la liga de fútbol profesional).
Además, en el mes de septiembre, cuando la
población chilena se engalana para celebrar las
fiestas patrias, las chupallas se instalan en el
centro del escenario cultural del país, junto la
gastronomía típica: empanadas, arrollado huaso
y mote con huesillos, animado con las bebidas
típicas: chacolí, pipeño y chicha (Castro et al.,
2016; Lacoste, etal., 2015).
Las chupallas han generado una activa
artesanía, que actualmente se elabora en los talleres
de los valles de Colchagua, Maule e Itata. El
potencial de las chupallas ya ha sido detectado por
el Estado de Chile, el que, por medio de diversos
organismos ha impulsado iniciativas tendientes al
fortalecimiento y desarrollo del producto, sobre
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todo desde el Ministerio de Agricultura, mediante
la Fundación de Innovación Agraria (FIA) y del
Ministerio de Economía, por medio del Instituto
Nacional de la Propiedad Industrial (INAPI).
Las chupallas de Ninhue (Región del Biobío) se
encuentran en proceso de postulación al programa
Sello de Origen del INAPI, para convertirse en
Denominación de Origen; para ello cuentan con
el apoyo de FIA para un proyecto ejecutado por
la Universidad de Chile. Por su parte, el INAPI
ha impulsado la valoración de las chupallas de La
Lajuela y Santa Cruz (Cid, 2014). Y la Universidad
de Santiago trabaja para valorizar las chupallas
de San Pedro de Alcántara, Cutemo y La Lajuela,
en un proyecto FIC del gobierno regional. Todos
estos programas apuntan a valorizar, proteger y
promover las chupallas como productos campesinos
artesanales.
Así como el sombrero de jipijapa ha sido
reconocido como Denominación de Origen en
Ecuador, las chupallas chilenas también pueden
alcanzar pronto esta jerarquía, con todo lo que ello
implica en la valoración de los productos campesinos
(Arancibia, 2016; Belmar, 2016). Se trata de trabajar
en la valoración del producto, como propone
Figura1. Chupallas en San Pedro de Alcántara. Foto Alexandra
Kann.
Figura2. El maestro chupallero Aníbal Muñoz en su taller.
Foto: Alexandra Kann.
Figura3. Artistas folklóricos chilenos con chupallas de San
Pedro de Alcántara. Foto: Alexandra Kann.
99Historia de la chupalla: sombrero de paja típico del campesino chileno
Champredonde (2016). La dimensión histórica
forma parte del valor simbólico del producto, tal
como se ha examinado en Chile, para el queso
de Chanco (Aguilera, 2016), los vinos de Codpa
y Pintatani (Castro y Mujica, 2015), entre otros.
El presente artículo se propone examinar la
evolución histórica de las chupallas en el territorio
chileno, desde sus orígenes, en el sigloXVIII,
hasta fines del sigloXIX, tiempo de madurez del
producto. Para confrontar las hipótesis se han
compulsado documentos originales del Archivo
Nacional, particularmente inventarios de bienes
de los siglos XVII, XVIII y XIX del Fondo
Judiciales del corregimiento de Colchagua. En
forma complementaria, se han contextualizado con
documentos de esa época de los corregimientos de
Aconcagua, Santiago y Cauquenes. También se han
indagado los testimonios de los viajeros y cronistas
de la época, tanto ingleses y norteamericanos como
franceses y alemanes.
El concepto de chupalla y su difusión
en el campo chileno
La palabra chupalla tiene sus raíces en la
lengua quechua, oriunda del Perú y extendida
a Chile durante la dominación inca. La palabra
“chupalla” o “achupalla” se comenzó a utilizar
como nombre vulgar de la Fascicularia bicolor,
especie fanerógama de la familia Bromeliaceae.
Esta planta tuvo una presencia importante en la
vida social de los grupos humanos instalados en
Chile, y muchas veces sirvió de referencia para
identificar los lugares geográficos, lo que se reflejó
en la toponimia.
La toponimia chilena ha generado numerosas
localidades y asentamientos con el nombre de
Chupallas o Achupallas. En la guerra de la
independencia, cerca de Putaendo, se libró el
“combate de Achupallas” (3 de febrero de 1817), en
la garganta homónima. A comienzos del sigloXX
se detectaron siete lugares con este nombre: tres
caseríos (en Itata, Putaendo y Tabón), dos fundos
(Itata y Villa Alegre), un cerro (Huentelauquén)
y un portezuelo (Alicahue) (Riso Patrón, 1924).
A ello se suma el cerro de Las Chupallas, en
La Ligua (Archivo Nacional). Paralelamente,
cerca de Viña del Mar se estableció el fundo
Achupallas, el que fue vendido y loteado en 1950
para originar la localidad homónima actual,
poblada por 40.000 habitantes. La persistencia
del nombre Achupallas marca el profundo arraigo
cultural del concepto en la población local. El
sabor indígena de la palabra, debido a su origen
quechua, la distingue del lenguaje español y la
convierte en un símbolo de resistencia cultural
y de identidad local.
Los sombreros de paja eran parte de la vida
cotidiana de América Latina en el primer tercio
del sigloXIX. Las elites los valoraban y usaban.
El último gobernador realista del Reino de Chile,
Casimiro Marcó del Pont, usaba balandre y
chamanto con sombrero de jipijapa o de paja. Un
coronel del Ejército de los Andes lo recordaba así:
“vestía un uniforme de teniente general, calzón
corto, medias de seda de patente, zapatos de
terciopelo con hebillas de oro, un ponchito corto
por encima y un sombrero muy fino de jipijapa”
(Pueyrredón, 1862). Después de la batalla de
Chacabuco, Marcó del Pont huyó hacia el litoral, y
unos días después fue capturado en San Antonio,
vestido con ese tipo de prenda: “le encontraron
envuelto en un poncho balandrán y un disforme
sombrero de paja” (Espejo, 1876). El general José
de San Martín también utilizaba sombreros de
paja. Después de sus En sus campañas libertadoras
de Chile y Perú, San Martín regresó a su país
vestido, precisamente, con un sombrero de paja.
Así lo señaló el oficial que fue a recibirlo: “un
riquísimo guarapón (sombrero de ala grande) de
paja de Guayaquil cubría aquella hermosa cabeza”
(Olazábal, 1864). Seguramente, lo había comprado
en el puerto ecuatoriano el año anterior, durante su
entrevista con Simón Bolívar. En armonía con ese
sombrero típico, San Martín se presentó también
abrigado por un chamal, antecedente inmediato
del chamanto, fino tejido artesanal chileno. Este
episodio, recogido por Olazábal en sus memorias,
fue representado por el artista plástico Fidel Roig
Matons, en el cuadro de composición Regreso del
general San Martín y encuentro con Olazábal
en el Portillo (óleo sobre tela en bastidor, 297 x
205cm) (Figura5), y el Estudio de Expresión
para el cuadro anterior (óleo sobre hardboard, 40
x 54cm) (Figura4).
El mundo del arte parece cada vez más sensible
a representar a los héroes de la independencia
con indumentarias típicas. Lo mismo se puede
ver en la película de largometraje The Liberator,
dirigida por Alberto Arvelo y protagonizada por
Edgar Ramírez (2014). En este filme se utilizan
sombreros de paja; los campesinos, ordinarios;
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Simón Bolivar usa sombreros finos, como las
elegantes chupallas chilenas.
La decisión de San Martín, de usar un
sombrero de paja y un chamal en el momento de
presentarse nuevamente en su patria, en febrero
de 1823, no fue un hecho casual, sino parte de
una estrategia general de los padres fundadores
de las repúblicas americanas, en el sentido de
valorizar y patrimonializar los productos típicos
de los campesinos. Ello se reflejó también en otros
momentos clave, como el banquete de la patria,
celebrado el 16 de febrero de 1817 en casa de Juan
Enrique Rosales, en Santiago, para festejar la
victoria de Chacabuco. En ese banquete se sirvieron
productos típicos chilenos como queso de Chanco,
jamón de Chiloé, chacolí y asoleado de Cauquenes.
Se mostraba así la voluntad de integrar a la elite
patriota con el pueblo trabajador campesino. Algo
parecido ocurrió al otro lado de los Andes, en el
baile de la independencia, celebrado el 10 de julio
de 1816 en la Casa de Tucumán. La elite rioplatense
tuvo oportunidad entonces de conocer y apreciar el
queso de Tafí del Valle, producto prestigioso en la
zona desde comienzos del sigloXVIII. La presencia
del Congreso Nacional en la ciudad de Tucumán
durante un año completo, permitió visibilizar ese
producto típico local, y difundirlo al resto del país.
En la década de 1820 se convirtió en un alimento
muy valorado por las elites rioplatenses, según el
ministro británico Woodbine Parish tal como se
estudia en otra parte (Lacoste, 2017).
Debates de chupallas y sombreros de paja
El sombrero de paja como parte de la
indumentaria típica chilena fue detectado por
los viajeros extranjeros desde comienzos del
sigloXIX. El británico Samuel Haigh (1817), el
norteamericano William Ruschenberb (1834), el
francés Max Radiguet (1847) y el alemán César
Maas (1847) son buenos ejemplos.
El primero de ellos, al describir la indumentaria
de los vecinos, destacó que “los hombres visten de
diablos fuertes con ponchos y grandes sombreros
de paja” (Haigh, 1817). El segundo destacó que
“los arrieros también llevan sombreros de paja de
Figura5. Fidel Roig Matons. Regreso del general San Martín y
encuentro con Olazábal (fragmento) (óleo sobre tela en bastidor,
297 x 205 cm). Pinacoteca del Concejo Deliberante de Mendoza..
Figura4. Fidel Roig Matons. Estudio de Expresión (óleo sobre
hardboard, 40 x 54 cm). Pinacoteca del Concejo Deliberante
de Mendoza.
101Historia de la chupalla: sombrero de paja típico del campesino chileno
forma cónica, poncho calzones hasta debajo de la
rodilla, botas y grandes espuelas” (Ruschenberg,
1834). El tercero mencionó esta prenda como rasgo
típico de la cultura chilena. “Los hombres usan un
sombrero de paja, cuya punta termina en pan de
azúcar y cuyos bordes presentan poca prolijidad”
(Radiguet, 1847). Más adelante, el viajero galo
dedicó una página al huaso chileno y aportó más
detalles: “acostumbrado a vivir a todo sol, usa debajo
del sombrero de paja un gran pañuelo de color con
que se amarra la cabeza (Radiguet, 1847). Mayor
precisión geográfica aportó el alemán Maas, para
el que el río Maule establecía el límite cultural del
sombrero: “La ribera opuesta del Maule tiene más
vegetación. Atravesamos varias aldehuelas. Aquí
ya se usan los bonetes, que hasta Valdivia son el
privilegio de los campesinos, mientras que en todo
el norte no se usan sino sombreros de paja o se
envuelven la cabeza con un paño” (Maas, 1847). Es
importante señalar que estas referencias corresponden
al uso de sombreros de paja, sin abordarse todavía
el concepto de chupalla.
La mirada de los viajeros varones se enriquece
con el agudo testimonio de María Graham (1822).
Ella tenía mayor capacidad de percibir y expresar
los detalles, lo que permitió registrar datos más
precisos sobre los sombreros que se usaban en
Chile en esa época. Al referirse a “la clase decente
entre los hombres”, indicó que:
“el pelo se usa dispuesto en una gruesa
trenza que cuelga por detrás, con un pañuelo
de colores amarrado a la cabeza y encima
un sombrero de paja, afianzado con un lazo
negro. En algunos departamentos se usan
sombreros de fieltro negro; en otros, unos
altos bonetes” (Graham, 1822).
El testimonio de la viajera sirve para confirmar
lo que señalaban sus colegas varones: el sombrero
de paja estaba ampliamente usado en Chile en esos
años, incluso en las elites. También destaca que el
uso del sombrero tenía variaciones territoriales;
en algunos lugares se usaban los bonetes, en otro,
los sombreros negros; ella no indica con precisión
en qué territorio se empleaba cada uno, como sí
hizo Maas (1847).
El sombrero de paja para la elite lo usaban no
solo los varones, sino también las mujeres. En un
paseo, una mujer llamada Mariquita tenía “gorro
negro de castor que le sienta admirablemente;
Rosario, sombrero de paja y rosas” (Graham,
1822). Desde el punto de vista social, el sombrero
de paja estaba a la altura del gorro de castor, que
durante el siglo anterior había dominado la escena
entre las elites. Ello fue posible por el desarrollo
de sombreros de paja de alta calidad, a la nivel de
los más reputados.
Las primeras definiciones del concepto
“chupalla” se realizaron en Chile entre fines de
los siglosXIX y comienzos del XX (Rodríguez,
1875; Lenz, 1910). Más adelante aportó al tema
Oreste Plath (1962). El primero de ellos aporta la
siguiente definición: “sombrero de paja ordinario,
un poco más puntiagudo de copa y corto de alas
que el de pita, llamado también de jipijapa. Llámase
probablemente chupalla del nombre indígena de
la planta de cuyas hojas se elabora (achupalla)”
(Rodríguez, 1875). Un siglo después, el tercer autor
citado aporta algunos cambios, al definir chupalla:
“voz quechua, chupallar, chupayas. Achupalla:
planta bromeliácea (Agave), pita o maquey, con la
cual se tejen grandes sombreros campesinos, por
extensión llamados chupallas” (Plath, 1962). Entre
ambas posiciones, es interesante la definición del
segundo autor: “chupalla o (raro) sombrero de
chupalla: sombrero ordinario de paja u otro material
semejante del país. Hoy es cualquier sombrero de
alas anchas usado por los huasos y también por
gente acomodada en el campo; las hay de fabricación
nacional tanto como importadas, ordinarias como
de lujo. Primitivamente era el sombrero que más
tarde se llamó de pita, y que hoy se llama de jipijapa
hecho de la fibra de Agave americana” (Lenz, 1910).
Los tres autores aportan elementos interesantes,
que permiten comenzar el análisis. El nombre
“chupalla” proviene del lenguaje quechua, debido a
la expansión del imperio inca en Chile. El segundo
autor detecta una evolución del concepto, desde
“sombrero de chupalla” a simplemente “chupalla”.
La primera expresión ya se encontraba en desuso
en su momento (1910). Otra nota importante es
el lazo con sombreros de América Central o de
Ecuador (sombreros de pita o de jipijapa). Estos
también se realizaban a partir de fibras trenzadas y
se distribuyeron por todos los puertos del Pacífico
Sur de América en los siglos XVIII y XIX. Los
inventarios de bienes de las casas chilenas de esa
época registraban con frecuencia los sombreros
de pita o de jipijapa, lo mismo que las aduanas.
Para un autor, los sombreros de pita y jipijapa
precedieron a las chupallas (Lenz, 1910).
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La calidad y el significado social del sombrero
también muestran algunos cambios en este
tiempo. Al principio era un sombrero ordinario
(Rodríguez, 1875). Pero más adelante, se produjo
la diversificación, y comenzaron a coexistir
simultáneamente, chupallas ordinarias con chupallas
elegantes y finas (Lenz, 1910). En determinado
momento, el sombrero perdió identidad, y se usó
la palabra como genérico, para denominar todos
los sombreros campesinos (Lenz, 1910). El origen
del nombre sería la planta específica, agave, pita
o maguey, pero luego se habría extendido a los
sombreros campesinos de paja (Plath, 1962).
Los estudios previos mencionados constituyen
un punto de partida interesante para examinar el
tema. Pero es necesario indagar datos precisos en
el terreno, para poder establecer con claridad el
proceso histórico del surgimiento y evolución de
estos productos típicos.
La tradición de las chupallas chilenas co-
menzó con la llegada de los españoles por dos
elementos importantes: la cultura del sombrero
y la incorporación del trigo como planta para su
cultivo en el territorio. Antes de la llegada de los
europeos, estos elementos no estaban presentes: los
indígenas no usaban sombreros, y no existía el trigo
en América. Pero esta situación comenzó a cambiar
en la época colonial, período en el que se sentaron
las bases para el desarrollo de este producto típico.
La introducción del trigo en Chile
y su expansión
El trigo era uno de los pilares de la dieta
mediterránea que los españoles introdujeron en
Chile. La tríada vino-trigo-olivo formaba una
unidad sociocultural, que los pueblos europeos
trataron de mantener viva en las tierras conquistadas,
según las posibilidades de climas y suelos. Y en la
zona central encontraron lugares adecuados para
ello, con lo cual, estos productos se propagaron
con facilidad. En las haciendas de los siglosXVII
y XVIII era habitual la presencia del trigo,
para asegurar el abastecimiento de pan para la
familia de los hacendados, sus criados, peones y
esclavos. Así como el maíz había sido el cereal
más importante del mundo indígena, y su base de
alimentación, en el período colonial español, ese
papel se transfirió al trigo.
El trigo y el vino fueron pilares de la
economía colonial en Chile. Hacia mediados del
sigloXVII, las 400 estancias chilenas producían
entre 18 y 19.000 fanegas de trigo (Solórzano,
1657). La fuerte demanda del mercado peruano
fue un estímulo constante de los trigos y harinas
chilenas. Este impulso se expandió por todo el Valle
Central, particularmente en el corregimiento de
Colchagua. Este se extendía de cordillera a mar,
desde los ríos Cachapoal y Rapel por el norte,
hasta el río Teno y el estero Nilahue por el sur.
El 7 de abril de 1779, el corregidor Antonio de
Ugarte señaló que, con una población de 40.000
habitantes, la producción triguera de Colchagua era
de entre 80.000 y 100.000 fanegas anuales. Ello
representaba cerca de un tercio de la producción
total chilena.
La producción triguera en Colchagua alcanzó
una relevancia notable dentro de la economía
regional. Ella representaba cerca de un tercio de
la producción total chilena. La otra gran zona
productiva se hallaba en el triángulo formado
por San Felipe, Rancagua y Quillota, lugar que
aportaba casi dos tercios del total chileno. Entre
esos dos polos generaron los saldos exportables
para abastecer el mercado peruano. Durante cerca
de 250 años, el trigo fue la principal exportación
chilena. En este contexto socioeconómico,
florecieron las redes de molinos hidráulicos
harineros, la tradición de la trilla y la cultura
de la chupalla.
Del sombrero de castor a la
chupalla de paja
La cultura del sombrero también se desarrolló
a partir de la presencia de los conquistadores
españoles. Las altas temperaturas de Colchagua,
sobre todo en temporada estival, con 40° centígrados,
se combinaba con la mayor cantidad de días de
sol en ese mismo período del año. Las lluvias de
esta región suelen concentrarse en invierno. Por lo
tanto, los veranos calurosos y soleados, generaban
las condiciones para la valoración del sombrero.
En una primera etapa, los colonos españoles
debían importar sombreros de otras regiones del
imperio. Se usaban sombreros de piel de castor o de
lana de vicuña; solían estar adornados con galones
dorados y cintas plateadas; su precio oscilaba entre
$8 y $14. Estos sombreros tenían significado
social pues, por su alto precio, representaban una
distinción entre los hacendados y el bajo pueblo.
Además, estos sombreros servían para mitigar el
103Historia de la chupalla: sombrero de paja típico del campesino chileno
frío en las mañanas de invierno, pero aportaban
poca utilidad en las soleadas tardes de verano.
El sombrero de castor se integró a la cultura
chilena como sinónimo de distinción y buen gusto.
Como contraparte, surgió el sombrero de medio
pelo, alternativa de menor precio, muy apreciado
por sectores de menores recursos económicos con
interés de imitar a las elites. Estas reaccionaron
con el desprecio por ese producto, cuyo nombre
trasladaron a los advenedizos. Este fue el sentido
despectivo que tomó en Chile la expresión “medio
pelo” (Plath, 1962). Posteriormente, se perdió el
sentido original que lo vinculaba con el sombrero
de castor; el concepto “medio pelo” se instaló en
América Latina como sinónimo de advenedizo, es
decir, grupo que procura aparentar más de lo que
es (Jauretche, 1966). Luego se difundieron otras
palabras para significar esa idea, como “siútico”
en Chile y “tilingo” en Argentina.
Mientras el “medio pelo” trataba de imitar
a las elites, los campesinos optaron por una
alternativa más original e identitaria. En vez de
usar sombreros de “medio pelo”, para asemejarse
al castor, optaron por una solución innovadora e
identitaria: el sombrero de paja. La idea principal
era realizar con sus propias manos, un sombrero
a partir de materiales disponibles en el medio, de
bajo costo. Además, al utilizarse el material de
descarte (paja de trigo), sus costos eran menores:
un sombrero de paja valía dos o tres reales, cifra
notablemente inferior a los sombreros de castor
o de lana de vicuña. Ello significó extender las
posibilidades del uso del sombrero a los campesinos
pobres.
Amanecer del sombrero de paja en Chile
(década de 1740)
En la década de 1740 se comenzaron a registrar
sistemáticamente los sombreros de paja locales. En
los primeros tiempos de la conquista, los escribanos
españoles no estaban preparados para valorizar
estos objetos. Durante mucho tiempo ignorados en
los inventarios y tasaciones de bienes, junto con
los utensilios de cerámica y los vasos de cacho
de cabra y los asientos de calavera de vaca. Los
sombreros de paja se comenzaron a registrar por
expresa voluntad de los campesinos. El caso más
antiguo registrado hasta ahora corresponde al
teniente Ignacio Peredo, nativo de Rio Claro y
vecino en la villa de San Fernando. Al redactar
su testamento (1744), don Ignacio mencionó, entre
sus bienes, “dos sombreros, uno de paja y otro
de vicuña”. Naturalmente, este se usaba para el
invierno y aquel para el verano. Poco a poco, estos
registros se comenzaron a generalizar en Colchagua.
En Chimbarongo (1762), Miguel Valenzuela tenía
cuatro sombreros de paja tasados en dos reales
cada uno. En San Vicente de Tagua Tagua (1782)
don José Severino García tenía dos sombreros
de paja. Por su parte, don Juan José Pérez (1793)
también tenía un sombrero de paja. En la villa de
San Fernando (1812) doña Rosa Quinteros tenía
un sombrero viejo de paja tasado en tres reales.
Estos objetos fueron rápidamente apreciados
por los campesinos, y se comenzó a generar cierto
mercado para su comercialización. Por ejemplo, en
San Fernando (1776) doña María Rosa de Salinas
tenía siete docenas de sombreros de paja pequeños,
destinados al comercio.
Los campesinos se interesaron también por
elaborar sombreros de paja de mayor calidad.
Advirtieron que, a medida que incorporaban un
trabajo más preciso y delicado, podían obtener
productos de mayor calidad, y que el mercado podía
valorar esa diferencia. A comienzos del sigloXIX
se comenzaron a registrar sombreros de paja de
mayor valor, alcanzando cifras de dos pesos por
unidad. En efecto, en la estancia Tepar, distrito de
Cuyonome (1805) se registró un “sombrero de paja
fino en dos pesos”. De esta manera se comenzó a
poner en marcha el camino de los sombreros de
alta calidad, con esta modesta materia prima, pero
con el trabajo delicado de las manos campesinas.
Las primeras chupallas
(década de 1820)
Entre las décadas de 1820 y 1840 se produjo
la introducción y propagación del uso del término
“chupalla” para los sombreros de paja. En la tienda
de Ramón Bravo (San Fernando, 1827) se registraron
“53 docenas de sombreros de chupalla a 7 reales la
docena”, tasados en “33 pesos con 6 reales”. Poco
después, Rosa Valenzuela (Rancagua, 1829) tenía
“16 sombreros de chupalla”. Este documento de
comienzos del sigloXIX representa la verificación
del uso del concepto que, más tarde, se iba a tornar
raro, tal como detectó Lentz en 1910.
En la zona central de Chile se generó cierto
flujo comercial de estos sombreros. En 1835 la
aduana de Santiago registró el ingreso de una
IDESIA (Chile) Volumen 35, Nº1, Marzo, 2017104
partida de 22 sombreros chupalla, originaria del
valle del Aconcagua. Más adelante, don José
Rosario García (San Felipe, 1836) registró entre
sus bienes “media docena de sombreros chupalla
a seis reales docena”. Unos años después, Juan
de Dios López (San Fernando, 1841) registró “32
docenas de chupallas ordinarias a 4 ½ reales la
docena, e importan 18 pesos; y cinco docenas de
chupallas finas a 9 reales la docena, en 5 pesos 5
reales”. Al año siguiente, Juan Vera (Santa Cruz,
1842) declaró “18 chupallas finas en 2 pesos 2
reales, y dos docenas de chupallas a 1 peso 4 reales.
Estos dos últimos documentos son clave porque
representa la primera evidencia de chupallas finas
de la historia de Chile.
Poco a poco se comenzó a propagar la
denominación “chupalla” para los sombreros
de paja. Unos años más tarde, en una tienda de
ramos generales de la ciudad de San Felipe (1846),
entre los alimentos e indumentaria en venta, se
registraron “82 sombreros chupalla a seis reales
docena”. Gregorio Ríos (San Fernando, 1848) tenía
“4 docenas de chupallas a 4 reales la docena, otra
media docena más al mismo precio suma 2 pesos
2 reales (f 8v), una docena de chupallas delgadas
en 9 reales”. Juan Agustín Rocha (San Fernando,
1848) registró “73 sombreros de chupalla ordinarios
en 1 peso, 7 reales y 3 cuartillos”.
Los precios de las primeras chupallas demuestran
que el concepto se empleó, originalmente, para
denominar los sombreros de paja más populares.
El valor de tasación de 6 reales por docena, se
mantuvo vigente en ambos registros. Ello refleja un
producto muy barato, pues con un real se compraban
dos chupallas. Este producto se acercaba al precio
de los sombreros de paja populares, mencionados
a fines del sigloXVIII en el corregimiento de
Colchagua; y estaba muy lejos de los sombreros
finos de paja, que ya existían y se tasaban a dos
pesos cada uno, es decir, veinte veces más caros.
Faltaba todavía un buen tiempo para que surgieran
chupallas finas. El proceso fue muy gradual y lento.
Conclusión
Las chupallas que actualmente se elaboran
en La Lajuela, San Pedro de Alcántara, Cutemo
y Ninhue, entre otros lugares del Valle Central
de Chile, son testimonios de un largo proceso
histórico-cultural, iniciado hace trescientos años.
Se trata de productos patrimoniales, de profundo
arraigo en la sociedad campesina chilena, y
asociados a otros alimentos y artesanías como la
sal de Cáhuil (DO), el chamanto (DO), la chicha,
el chacolí, el asoleado (DO) y el pajarete (DO).
También se conecta con productos patrimoniales
latinoamericanos, como el sombrero de jipijapa,
en Ecuador (DO).
La tradición de las chupallas chilenas se
remonta a la época colonial, cuando los españoles
Tabla1. Sombreros de chupalla registrados en zona central de Chile 1827-1848)
año Lugar Dueño Chupallas Precio
1827 San Fernando Ramón Bravo 53 docenas de sombreros de chupalla 7 R/ docena
1829 Rancagua Rosa Valenzuela 16 sombreros de chupalla s/d
1835 San Felipe 22 sombreros de chupalla
1836 San Felipe José Rosario García ½ docena sombreros de chupalla 6 R/ docena
1841 San Fernando Juan de Dios López 32 docenas de chupallas ordinarias
5 docenas de chupallas finas
4 ½ R/docena
9 R/docena
1842 Santa Cruz Juan Vera 18 chupallas finas
2 docenas de chupallas
$ 2 y 2 R
6 R/ docena
1846 San Felipe 82 sombreros de chupalla 6 R/docena
1848 San Fernando Gregorio Ríos
4,5 docenas 4 R/docena
1 docena de chupallas delgadas 9 R/docena
1848 San Fernando Juan Agustín Rocha 73 sombreros de chupalla ordinarios $ 1 y 7 R 3 cuartillos R
Fuente: Archivo Nacional, Fondo Judiciales de San Fernando, de Rancagua y de Aconcagua.
105Historia de la chupalla: sombrero de paja típico del campesino chileno
introdujeron en el Valle Central de Chile la
costumbre de usar sombrero para protegerse del
sol. Ante el alto costo de los sombreros de piel de
castor o de lana de vicuña, la respuesta campesina
fue crear los sombreros de paja (década de 1740).
El concepto de “chupalla” para denominar
al sombrero de paja se comenzó a usar en la
década de 1820. Originalmente, el sombrero se
asoció con una planta nativa, muy apreciada por
los campesinos, y utilizada con frecuencia como
referencia por los viajeros. Numerosos topónimos
surgieron en Chile con la palabra “chupalla”, lo
que demuestra el arraigo cultural que alcanzó esta
planta. Al transferirse el nombre de la planta al
sombrero, en poco tiempo se logró su aceptación
por parte del público chileno.
En los siglos XVIII y XIX los sombreros de paja
se extendieron por toda la zona central de Chile,
desde el valle del Aconcagua hasta el Biobío. A
su vez, dentro de este espacio, el río Maule marcó
una diferencia territorial, con sombreros bonetes
al sur y sombreros de paja al norte.
Originalmente, las chupallas fueron sombreros
de paja, de carácter rústico, utilitario y de bajo
precio. Pero la llegada de sombreros de pita y de
jipijapa (en la segunda mitad del sigloXVIII) fue
también un aporte significativo para estimular el
desarrollo de las chupallas chilenas sobre todo de
alta calidad. Desde comienzos del sigloXIX se
comenzaron a hacer en Chile sombreros finos de
paja, base de las actuales chupallas de alta calidad.
En Ecuador, los sombreros de jipijapa ya han
sido reconocidos como Denominación de Origen,
con el nombre de “Montecristi”. El Estado ha
elaborado una política de valoración patrimonial
de esos sombreros, con medidas concretas de
protección y promoción, lo que han generado
beneficios considerables a los campesinos en
particular, y a la identidad nacional en general.
En Chile, este proceso se encuentra todavía en
marcha. Los aportes de este artículo contribuirán a
comprender el significado cultural de las chupallas
de paja dentro del patrimonio cultural del país.
Agradecimientos
Articulo financiado por Proyecto Fondecyt
1130096 y proyecto FIC R “Rutas de la Patria Nueva”
(GORE O’Higgins). Los autores desean agradecer
los aportes del historiador Juan Guillermo Muñoz.
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... Al demandar constantemente estos objetos, el arriero estimuló la producción artesanal de talabartería, tejidos especiales y sombreros huasos. Como sujeto histórico, el arriero contribuyó al surgimiento y consolidación de productos típicos chilenos, como chamantos y chupallas (Castro 2017;Núñez, 2017 pimientos deshidratados, harina tostada y otros productos formaban parte de su dieta habitual. Las cebollas eran indispensables en la montaña para prevenir el mal de altura tanto para él como para sus mulas (Pueyrredón, 1947: 136). ...
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The historical evolution of the Pehuenche Pass in its first two centuries of history (XVII-XIX) is examined. On the one hand, the constant will of the indigenous and mestizo peoples is detected by April the way to establish economic, social and cultural links on both sides of the mountain range. On the other hand, the tendency of the authorities to restrict the road through political-administrative measures is perceived. Despite the official resistance, these groups promoted the circulation of goods and people through the Pehuenche Pass, thereby activating the regional economy and strengthening the food and artisan heritage. To the study a bibliographical revision of the subject is made and with new readings of documents of the time, mainly the judgment to the malon of 1658.
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This article examines the genesis, identity and evolution cheese Tafi del Valle (Tucuman, Argentina). Originally it was a mountain cured cheese, made with milk from cows, sheep and-or both; then a variety spiced with chili developed. In the nineteenth century it was positioned as a quality product in the River Plate markets and arrived at the presidential table. It is concluded that this was the first typical cheese origin of Argentina and, together with cheese Chanco (Chile), led the cheese-making culture in the Southern Cone of America.
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Chicha is the main object of study of this article, as central object of Chilean folk and country life. The cultural importance of it, that remains in time, is opposed to historical studies that almost denied these traditional products, which were left out of the modernization ofproduction of the time. To do this, the presence of chicha is investigated in the press of the nineteenth century, in the peasant collection of stories FUCOA and folklore and folk poetry.
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RESUMEN Este artículo examina el surgimiento, consolidación y decadencia del chacolí, vino típico chileno elaborado en el siglo XIX y parte del XX. Heredero de la tradición española colonial, el chacolí chileno se elaboraba a partir de Uva País, Moscatel de Alejandría y variedades criollas, sobre todo Torontel. En el último tercio del siglo XIX llegó a representar el 28% de la producción chilena de vinos. Con posterioridad comenzó a decaer, muy criticado por los tecnócratas europeos y sus seguidores chilenos, que negaron todo valor enológico a las variedades utilizadas y los métodos artesanales. De todos modos, el chacolí se ha mantenido latente en pequeños segmentos de consumidores, sobre todo de segmentos populares y campesinos; además, desde 1975 se reivindica en la Fiesta del Chacolí, celebrada anualmente en Doñihue, en el corazón profundo de la huasa provincia de Colchagua. Palabras clave: Chacolí chileno, vinos típicos, vitivinicultura chilena. ABSTRACT This article examines the emergence, consolidation and decline of Chacolí, typical Chilean wine. Heir to the Spanish colonial tradition, the Chilean Chacolí was made from Uva País (called Mission in California), Muscat of Alexandria and landraces, especially Torontel (Yellow Muscat). In the last third of the nineteenth century, Chacolí represented 28% of Chilean wine production. This typical wine then began to decline, strongly criticized by European technocrats and their Chilean fans who denied any value wine varieties used and artisanal methods. Anyway, the Chacolí has remained latent in small segments of consumers, especially popular segments and peasants; moreover, since 1975 it claimed in Chacolí Festival, held annually in Doñihue, in the deep heart of the traditional province of Colchagua.
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This article studies the history of Pipeño, typical wine of south-central Chile. This is a wine made from grapes Country, Muscat of Alexandria and other landraces. It owes its name to the "pipes" Chilean oak barrels, which were first used in the eighteenth century. These are wines made from traditional methods, with deep roots in folk and peasant layers of Chile. For a long time was negatively valued by wine experts and specialists. But in recent years it has begun to discover from their identity, history and social roots.
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RESUMEN El artículo examina la historia de la chicha, producto típico de Chile, cuyo origen se remonta a la colonia española. La chicha se obtiene a partir de la fermentación parcial del jugo de uva. Fue importante en la agroindustria chilena del siglo XVIII y alcanzó su apogeo en el XIX. Posteriormente, la chicha fue sustituida por los vinos con uvas francesas, sin embargo, se mantuvo como bebida arraigada en la población del campo y en las fiestas patrias chilenas. El texto analiza las características que tenía este producto, su ascenso y caída, junto con su actual pervivencia y reconocimiento oficial Palabras clave: chicha cruda, chicha cocida, mosto de Vitis vinifera en proceso de fermentación, productos típicos, industria vitivinícola ABSTRACT The article examines the history of chicha, a typical product of Chile, which dates back to the Spanish colony. The beer is obtained from the partial fermentation of the grape juice. It was important for the Chilean agribusiness eighteenth century and reached its apogee in the nineteenth. Later, chicha was replaced with French wine grapes. But it remained rooted drink the rural population and the Chilean national holiday. The article examines the characteristics that had this product, its rise and fall, along with their current survival and official recognition.
Las denominaciones de origen en Chile: desarrollo y perspectivas
  • Belmar Gamboa
Belmar Gamboa, C. 2016. Las denominaciones de origen en Chile: desarrollo y perspectivas. RIVAR 3 (8): 253-266.
¿Agregado de valor o valorización? Reflexiones a partir de Denominaciones de Origen en América Latina
  • M Champredonde
  • J González Cosarinsky
Champredonde, M. y González Cosarinsky, J. 2016. ¿Agregado de valor o valorización? Reflexiones a partir de Denominaciones de Origen en América Latina. RIVAR 9 (3): 147-172.
La importancia de las denominaciones de origen e indicaciones geográficas para la identidad país
  • M J Arancibia
Arancibia, M.J. 2016. "La importancia de las denominaciones de origen e indicaciones geográficas para la identidad país". RIVAR 3 (8): 267-283.
El queso de Chanco: un producto típico de la industria popular de Chile (siglos XVIII y XIX)
  • P Aguilera
un producto típico de la industria popular de Chile (siglos XVIII y XIX)
  • El Queso De Chanco
El queso de Chanco: un producto típico de la industria popular de Chile (siglos XVIII y XIX). RIVAR 3 (8): 41-63.