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Abstract

En este número no se incluyeron resúmenes ni palabras clave.
FRONTERAS, OTREDADES: VARIACIONES
SOBRE TEMA CERNUDIANO
Exilio y otredad, bajo ciertas condiciones, pueden funcionar como
sinónimos. En los hechos, no de otro modo parece haberse com-
portado este binomio en parte considerable de la historia moder-
na: el exilio ha conllevado otredad, la otredad ha implicado exilio.
Acaso no haya experiencia tan penetrante de la conciencia del
otro (exterior) y de ser (/estar en el lugar de) el otro (hombre/
mujer, lenguas, culturas), como la del exilio forzoso.
La diáspora provocada por el desenlace de la guerra civil es-
pañola tiene en Luis Cernuda a una de las figuras más ejemplares
respecto de aquel binomio, y en Variaciones sobre tema mexicano
(1952)1uno de sus textos más representativos. Por una parte, el
poeta, a diferencia de la casi totalidad de sus colegas exiliados en-
tonces, no emigró a un país hispanoparlante sino después de unos
tres lustros de residencia en países anglosajones, durante los que
vio reforzada, fuera ya de cualquier espejismo, la otredad que ha-
bía comenzado a concienciar respecto de sí mismo dentro de Es-
paña. Por la otra, ese cuaderno se ofrece como el registro con-
flictivo del reencuentro/desencuentro, en tierras mexicanas, con
la patria propia; esto es, la forjada por la poesía.
No obstante esa tensión básica que promueve el crecimiento
mismo del cuaderno, al par que deja huellas en todos sus niveles
constitutivos, bastante usual ha sido su asociación con Ocnos
(1ª ed., 1942), el otro cuaderno cernudiano de poemas en prosa.
Por esta vía, al tratar de caracterizar de manera conjunta esos dos
1Todas las citas y referencias a Variaciones sobre tema mexicano se basan en la
edición de Obra completa, t. 1: Poesía de LUIS CERNUDA preparada por Derek Ha-
rris y Luis Maristany, Siruela, Madrid, 1993, pp. 617-658. En el cuerpo del estu-
dio sólo se registra entre paréntesis la paginación correspondiente. A menos que
se indique lo contrario, son míos los subrayados de oraciones, sintagmas o pla-
bras provenientes de ese cuaderno.
NRFH, XLIV (1996), núm. 1, 121-147
cuadernos —los únicos de Luis Cernuda que, reconocidos como
pertenecientes a su poesía, no integraron, sin embargo, La realidad
y el deseo2, no han escaseado expresiones como: “obras de ar-
monía”, “elogio de una nueva conjunción de los componentes del
Edén perdido”3, “visión edénica”4…, tratando así de abarcar con
un denominador común Ocnos y Variaciones sobre tema mexicano5.
Lectores de intereses diversos en sus aproximaciones a ese corpus
poemático, como Philip W. Silver, Jaime Gil de Biedma, o Derek
Harris, por ejemplo, han coincidido en parte en esa tentativa uni-
ficadora insinuada por el propio poeta6.
Escritos en prosa los dos, y excluidos, además, de aquel volu-
men, sería difícil oponer una resistencia valiosa a esa tentativa: la
comunidad entre ambos salta a la vista. Otra es en ellos, cierta-
mente, la naturaleza de la relación entre “la realidad” y “el deseo”;
y, por otra parte, si en uno y otro se prefirió “la expresión poética
en prosa” fue porque, poniendo a un lado ahora la fiabilidad de
la opinión del poeta acerca del texto producido por él, ése era el
vehículo que mejor se adecuaba al carácter de las experiencias a
textualizar, o, cuando menos, servía para poner de realce una di-
ferencia de ambos poemarios en prosa con respecto a las expe-
riencias y perspectivas de los poemarios en verso.
Tanto es así que, según “L. C.” en la referida nota editorial,
aunque “no es de tradición española, ni apenas cultivado entre no-
122 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
2F.C.E., México, 1980.
3PHILIP W. SILVER, De la mano de Cernuda. Invitación a la poesía, Fundación
Juan March-Cátedra, Madrid, 1989, p. 68.
4JAIME GIL DE BIEDMA, “Luis Cernuda y la expresión poética en prosa”, El pie
de la letra. Ensayos 1955-1979, Crítica, Barcelona, 1980, p. 329.
5Más ceñidas al cuaderno centrado en la experiencia mexicana, varias afir-
maciones del profesor DEREK HARRIS, uno de los más asiduos estudiosos de Cer-
nuda, participan también de esa tendencia armonizadora; así, por ejemplo, al
denominar el encuentro del poeta con México como “descubrimiento milagroso
de un mundo apto para los sueños” o “experiencia casi mística del amor y la re-
cuperación del mundo idílico de la niñez… donde por fin podía ser él mismo
con toda fidelidad” (La poesía de Luis Cernuda, Universidad, Granada, 1992,
pp. 136, 138). Afirmaciones estas cuyo sentido retoma en la introducción al t. 1
de la Obra completa de Cernuda: “el largo periplo del poeta desterrado termina
con la residencia en una tierra hecha a la medida de sus sueños, donde se esta-
blece el acorde en el que se armonizan el hombre y el mundo” (p. 79).
6“A ella (la tercera edición de Ocnos) le hubiera gustado añadir, separados,
pero bajo la misma cubierta, los poemas en prosa que constituyen el librito Va-
riaciones sobre tema mexicano, análogos quizás en género y expresión a los de Oc-
nos”, dijo el autor de ambos en una nota que acompañó parcialmente la nueva
edición de este último (ibid., t. 1, p. 826).
sotros [los escritores españoles], el género literario a que se llama
poema en prosa…, su forma se impuso fatalmente… como ade-
cuada y necesaria para sus recuerdos… y para sus nuevas expe-
riencias” (p. 826). O sea, del mismo modo que otras “experien-
cias” requirieron del verso o del versículo para su puesta en texto,
éstas de Ocnos y Variaciones… demandaron el “poema en prosa”
como “su forma” “adecuada y necesaria”7.
Semejante insistencia en la necesidad y aun inevitabilidad de
esa variante de la poesía moderna para textualizar sus “nuevas ex-
periencias”, termina por atraer la atención sobre la variante mis-
ma. ¿Qué especificidades de ésta la tornarían, de manera tan fatal,
“adecuada y necesaria”? Según Jesse Fernández
los requisitos formales, estilísticos y emotivos que se reconocen como
definitorios del poema en prosa [son] brevedad, densidad temática
y expresiva, musicalidad, y, sobre todo, desprendimiento de la rea-
lidad objetiva mediante la creación de un ambiente altamente su-
gestivo8.
El “tono introspectivo” y ese reiterado “desprendimiento de la
realidad material u objetiva” constituyen propiedades centrales en
la caracterización propuesta por Fernández que se ofrecen como
una primera tentativa de explicación del empleo de ese “instru-
mento lírico” en el caso de Cernuda. El escritor de Variaciones so-
bre tema mexicano no modificará los presupuestos mitopoéticos con
que se acerca a esa otra cultura sino al influjo de las resistencias,
de los desvíos que ésta ejerce sobre aquéllos; situación que tiene
una de sus marcas textuales más notorias precisamente en el “tono
introspectivo” (o ensimismamiento) resultante del difícil proceso de
autoconocimiento y asunción de sí por parte del poeta-viajero. Se-
mejante proceso, con los desdoblamientos que conlleva, tiende a
prevalecer sobre cualquier otra oscilación reflexiva de los textos.
NRFH, XLIV 123
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
7Contrástese esta idea de la inexistencia de una tradición española del poe-
ma en prosa con la que sostiene al respecto JAIME GIL DE BIEDMA, en el ensayo ci-
tado supra, nota 4. Por su parte, PEDRO AULLÓN DE HARO parece compartir más la
opinión de Cernuda cuando afirma que a este poeta “corresponde… la elabo-
ración de dos obras de poema en prosa que son modelo y eslabón artístico de-
finitivamente recuperado para la literatura contemporánea española”, La poesía
española en el siglo xx (hasta 1939), Taurus, Madrid, 1989, p. 253. De cualquier
modo, aquel dato de la inexistencia de tradición (o tradiciones) conviene fijar-
lo: no será la única vez que aparezca en la revisión a que aspiran estas notas.
8El poema en prosa en Hispanoamérica. Del Modernismo al Vanguardismo.(Estu-
dio y antología), Hiperión, Madrid, 1994, p. 33.
La conflictividad que Jesse Fernández asocia con el poema en
prosa (cf. pp. 37, 38, 73), tanto en su morfología misma como en su
comportamiento histórico, ofrece otro rasgo que conviene tener
en cuenta al tratar de explicar las implicaciones derivables de su em-
pleo por Cernuda. No ha de ser casual que Ocnos y Variaciones….
aparezcan como respuestas a fuertes conmociones espirituales/so-
ciales en la trayectoria del poeta: la pérdida de una España tras la
derrota del bando republicano en la guerra civil y el comienzo del
exilio en países de hábitos muy dispares a los de aquélla, en el caso
de Ocnos; y la impresión de reencuentro con su España en México,
“cuando casi no creía en mi tierra”, en el caso de Variaciones…
A no dudarlo, ambos cuadernos delimitan hitos, similares a fa-
llas tectónicas, en el recorrido autoconformador (de concepciones
y prácticas) del poeta. Diríase como dos momentos de recuento y
reorientación en esa trayectoria; aunque esto sea tal vez más visi-
ble en el cuaderno correspondiente a la experiencia americana
(cara confirmadora y siempre otra de su España), cuando el poeta,
más seguro de sí y estimulado por su ideal de amor recién hallado,
decide abrirse a las nuevas posibilidades que adivina tras su reen-
cuentro con la lengua propia —que es también la de su poesía—
“hablada en torno” suyo. Aun con semejante diferencia, no con-
vendría desestimar aquellos rasgos en la consideración de Ocnos.
De lo que se trata, entonces, no es de negar una evidencia, sino
de matizarla en atención a requerimientos de la especificidad mis-
ma de Variaciones…, el macrotexto —entre los dos de poesía en
prosa— que más se resentiría con la extensión indiscriminada de
expresiones reforzadoras del motivo armonía o armonización9.
Precisamente, el movimiento doble entre la (aparente) constata-
ción de esa armonía (conciliación, consonancia, acuerdo) durante sus
residencias en tierras mexicanas y la creciente conciencia de su di-
ficultad/precariedad para sostenerse en los propios textos, cons-
tituye uno de los rasgos medulares de este conjunto que tal ca-
racterización dejaría fuera.
124 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
9En su libro Cernuda y el poema en prosa (Tamesis, London, 1984), el crítico
JAMES VALENDER ya alertaba contra lo que parece haber adquirido visos de toda
una tendencia, al afirmar que “por demasiado tiempo Variaciones se ha ido in-
terpretando como celebración del supuesto regreso de Cernuda al Edén de sus
sueños” (p. 120). Este libro de Valender, particularmente en sus apartados fi-
nales (pp. 109-121), ha resultado un interlocutor provechoso, por sus adelantos
y sugerencias, para el propósito que enseguida declaro. Comentarios del propio
Valender a la lectura del artículo —que agradezco— seguramente lo han favo-
recido.
A rastrear y comentar algunas marcas textuales de las fisuras,
de las brechas (/interferencias) o puntos de tensión en ese mapa
de pretendida armonía se ceñirán las anotaciones (variaciones
también) que siguen. Precisamente es eso lo que intento designar
bajo el término otredades: los nudos donde ese proyecto (ideológi-
co) inicial varía, es desplazado, sufre resistencias. Entre aquellas
marcas, las que más me han interesado son las que giran, deve-
lando siempre al emisor discursivo, en torno a ‘el otro’, a las otre-
dades. La relevancia —y el sesgo dado aquí a ese aspecto— se per-
fila tan pronto se comprueba que el protagonista-emisor de
Variaciones… es un sujeto que se constituye en la frontera: con ‘el
otro’ en que se escinde durante la puesta en texto, con ‘el otro’
que encuentra (o descubre retrospectivamente) a su paso…, en
fin, con los varios tipos de otros entre los que se mueve en su viaje
de conocimiento/asunción de sí.
UN CENTRO EXCÉNTRICO: SITUACIÓN DE FRONTERAS
“Tras de cruzada la frontera…” (p. 625).
“Apenas pasada la frontera…” (p. 629).
“Al cruzar el cancel…” (p. 644).
“…pasados los mares…” (p. 648).
“…cuando en el avión de regreso…” (p. 652).
“…al cruzar la frontera…” (p. 654).
Muchos son los indicios textuales de esa conciencia como para
pasar sin más junto a ellos. El protagonista-emisor se constituye, fi-
nalmente, en esos desplazamientos entre un espacio (tiempo) co-
rrespondiente a la “realidad” en la acepción cernudiana (“tierras
anglosajonas”, “la trivialidad y el vacío de las tierras de donde ve-
nías”, “los protestantes”, “tierras puritanas”, …) y otro espacio
(tiempo) epifánico (‘México’ [España/Andalucía])10, sintetizado
en la metáfora de la resurrección: “…casi te habías olvidado de
que estabas vivo…” (p. 629); “Igual que si una losa te hubieran qui-
tado de encima, vivías como un resucitado” (p. 652). Continua es
esa conciencia de la frontera: “al otro lado de la frontera” (p. 629),
“al otro lado de este continente” (p. 632), “gente de otro pue-
NRFH, XLIV 125
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
10 Datos de interés sobre la prehistoria y algunas implicaciones de esta aso-
ciación pueden hallarse en el epígrafe “España, Sansueña, México” (cap. 3) del
estudio del profesor D. HARRIS, citado supra, nota 5.
blo distante” (p. 634), que a su vez comporta una concienciación
del otro.
Mas, como prueba de la movilidad, del desplazamiento que
signa su constitución como sujeto —con la escisión aneja—, “allá”
y “aquí” no tienen valoraciones fijas, porque “allá” y “aquí” pueden
designar igualmente uno u otro espacio. Depende del punto de
vista textual que asuma el emisor/poeta, condicionado a su vez
por el lugar (tiempo) de la escritura, para que se concrete la re-
ferencialidad de aquéllos y, asimismo, su valoración (connotativa).
Los 31 textos de Variaciones…, según la cronología de Harris y
Maristany, fueron producidos entre febrero y noviembre de 1950;
por lo que el lugar (tiempo) de su escritura habría sido, en lo fun-
damental, Estados Unidos (Mount Holyoke College, Massachu-
setts)11. Más importante todavía, para el propósito de este análisis,
es reparar en la movilidad de los puntos de vista seguidos en el
conjunto y, asimismo, en la variable distancia entre la vivencia y su
rememoración (otra vivencia) escrita.
Si el emisor/poeta se ubica a sí mismo fuera del espacio ‘Mé-
xico’, “allá” señala una meta, la patria del deseo; si dentro, “allá”
designa entonces un espacio en el que no se es (o no se siente ser)
a plenitud, a excepción de los casos en que “allá” remite a un ter-
cer espacio (tiempo) afectivo-familiar, apenas referido en unos po-
cos textos: ‘España/Andalucía’, evocado por el estímulo de las vi-
vencias “aquí” (‘México’).
126 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
11 Resulta interesante observar, en relación con el período de producción
de Variaciones…, primero, que es otra la fecha declarada por CERNUDA en su “His-
torial de un libro (La realidad y el deseo)”: “el librito en prosa Variaciones sobre tema
mexicano [lo] comencé a escribir durante el invierno de 1949 a 1950” (Obra com-
pleta, t. 2: Prosa I, 1994, p. 655). Esta declaración acortaría en dos meses el lap-
so de tiempo transcurrido entre esa primera estancia en México (agosto-sep-
tiembre de 1949) y el momento de la textualización promovida por ella. Desde
luego, la cronología de Harris y Maristany, basada a fin de cuentas en anota-
ciones textuales del poeta, no perdería validez por esta causa, y aun sería con-
ciliable con aquel otro dato si se considera la posibilidad de que el poeta hicie-
ra apuntes y primeros bocetos de algunos de esos textos en la fecha por él
indicada y que se consagrara a la realización de un cuaderno con los textos así
producidos sólo después, al año siguiente. En lo que concierne a las fechas
de producción de cada texto por separado que ofrece esa cronología conviene
reparar —es mi segunda observación— en que hay dos grandes fechas en tor-
no a las cuales se concentran todos ellos: febrero-marzo (18 textos) y octubre-
noviembre (13 textos). Conocer este dato y los textos correspondientes a cada
una de esas grandes fechas productivas facilita una mejor percepción del doble
movimiento característico del libro, entre la fuerza armonizadora y la que con-
ciencia su precariedad, sus resistencias.
Así, por ejemplo, mientras que en “Los ojos y la voz” se con-
trasta favorecedoramente el “aquí” (‘México’: “lenguaje delicado”,
“ojos a los que asoma el alma”) con el “allá” (“Muchos años vivis-
te entre gentes de ojos apagados y de voz inexpresiva”), e igual-
mente en “Dignidad y reposo” (en lo que concierne a los distintos
modos de usar el cuerpo); en “La acera”, en “Mercaderes de la
flor”, en “La concha vacía”, en “Centro del hombre” y en algunos
otros que hacen de ésta la variante mayoritaria, el “allá” (o “allí”)
está marcado favorablemente en tanto espacio confirmador/rea-
lizador del deseo. Otros textos, como “Un jardín”, “El patio” o “El
regreso”, ejemplifican el caso en que el “aquí” (‘México’) propi-
cia la evocación de un “allá” (España/Andalucía).
Acaso más interesante resulte esta constitución del sujeto en la
frontera de los espacios (tiempos) entre los que se desplaza por
sus efectos sobre la práctica escritural(/enunciativa) de éste. Es-
cindido él entre esos espacios (uno, “ajeno”, de estar por “necesi-
dad”; otro, del “gusto”, del “afecto”), el lugar de la enunciación/es-
critura también da muestras de tal escisión: “por unos días hallaste
en aquella tierra tu centro” (p. 652), constata ya fuera del “centro”,
salido de él.
Veamos. Llegaste ayer y te vas mañana. ¿Vale la pena de recapitular
este olvido tuyo instintivo del trabajo y ese sobresalto tuyo instintivo
al recordarlo? (p. 638).
Los espacios se permean a través de la memoria (escritura).
Ahora es el “trabajo” distintivo de uno el que perturba la placidez
(“trabajo de vivir”) encontrada en el otro.
Notablemente concentrado aparece este rasgo en expresiones
como “estas otras tierras” o “este otro lado”, en las que, junto con la
superposición de esas orientaciones referenciales divergentes,
aflora la conciencia del emisor de hallarse fuera del que sería
idealmente su centro. ¿Y dónde se sitúa el emisor de un enuncia-
do como éste: “Nada quedaba allá de la trivialidad y el vacío de
la vida en las tierras de donde venías”? (p. 629).
Sea con respecto al espacio matriz de “la lengua [española]”
—que es, además, el originario suyo—, sea con respecto al espacio
epifánico, la excentricidad (o la provisionalidad de esa suerte de
centro excéntrico en que parece situarse) es una marca de esta es-
critura que, además de (pro)moverla, incide sobre sus diversos pla-
nos constitutivos con su estela de disfrute sensual en cada uno,
como lo ilustran las minuciosas recreaciones de paisajes e interio-
NRFH, XLIV 127
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
res (“Un jardín”, “La gruta mágica”, ambos, por demás, antológi-
cos), o el asedio moroso de ciertas experiencias interpersonales
(“Dúo”, “Músicos rústicos”). Ejercida casi toda ella en un contex-
to lingüístico/espiritual sentido como ajeno (o provisional, en
caso de sentirlo favorable), la escritura se ofrece como medio de
re-vivir agradables (re)encuentros [“Pronto, pronto. Antes que te
olvides, recuerda …”] ya lejanos (/precarios) en el espacio (tiem-
po), sea con la “lengua… hablada en torno”, con “la infancia per-
dida”, o con el amor12.
Esta escisión, este desplazamiento entre espacios signados con-
trariamente, conlleva y termina por sacar a primer plano un pro-
blema de definición ética que el poeta de Variaciones… encara en
no pocos de sus textos. “Lo nuestro”, en particular, es paradig-
mático en ese sentido:
El primer contacto con aquel ambiente, que es tu ambiente, fue di-
fícil después de tantos años. Sólo veías ya su desolación y su miseria,
contra las cuales querías protegerte negando cuantas posibilidades,
a pesar de todo, pudieran surgir tras ellas. Mas sobrepasado el pri-
mer movimiento de rencor atávico, comenzaste a entrever, a reco-
brar algo bien distinto (p. 629).
El espacio epifánico tiene esa ineludible desventaja: “desola-
ción”, “miseria”; percibida con mayor agudeza cuando se procede
de algún espacio próspero, confortable, como las “tierras anglo-
sajonas”. La oposición entre confort material y plenitud espiritual
queda así delineada, y el poeta no oculta la indecisión que le asal-
tó ante “el primer contacto” con ese espacio enriquecedor en lo
espiritual, pero pobre, quizá muy pobre, en la dimensión material-
económica. Por otra parte, como se hará evidente en otros textos,
el mercantilismo (/utilitarismo) que favorece también la repulsa
del poeta hacia “aquellas tierras” no está todo lo ausente que él
quisiera de estas otras.
Rebasada esa mala impresión inicial, el poeta baraja una solu-
ción que le permitiría beneficiarse de las ventajas distintivas de
uno y otro espacio: reunir “espíritu y riqueza”, conciliar las fuen-
tes del sustento material y del espiritual13. Hasta que su concien-
128 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
12 Hay que recordar, al respecto, que tras su regreso de ese primer viaje a
México en septiembre de 1949, pasaron algunos meses (¿dos, tres, cuatro?) an-
tes de que Cernuda comenzara a poner en texto las experiencias asociadas con
ese viaje.
13 En varios otros textos reaparece esta preocupación de cariz eticista. Así,
cia (ética), situada frente a ese dilema insoluble de momento, le
marca la pauta hacia la autodefinición: “Piensa sólo, si lo que te
importa es el espíritu, adónde debes inclinar tu simpatía” (p. 629).
Sintomáticamente, la iniciativa en esa decisión corre a la cuen-
ta, no de la razón, sino del instinto. El poeta no se engaña: no es
su ser entero el que lo inclina hacia México. De manera explícita
esta conciencia reflota en “El pueblo”: “Esto que en ti simpatiza
con la gente del pueblo es lo que de animal hay en ti: el cuerpo,
el elemento titánico de la vida …” (p. 635); y en “La imagen”, al
recononcer el poeta que “mucha parte de [él] no pued[e] com-
partir el fervor [religioso] de estas criaturas” (p. 633). Pero, como
sostendrá en su defensa ya en el cierre del cuaderno: “si en la vi-
da no hiciéramos más que cosas razonadas, mal andaríamos”
(p. 657). Sobre esta base se insinúa un conflicto entre lo que él lla-
ma “afinidad instintiva” (p. 644) —que no es sino el deseo de (po-
der) abandonarse del todo a ese hallazgo confirmador— y la con-
ciencia de sus límites, de sus resistencias.
Un sutil ejemplo de esto puede leerse en “El mercado”, poema
correspondiente a la etapa final de producción del cuaderno. En
él, el deseo de integración/asimilación del poeta-viajero (“pasas-
teis un día de mercado por aquel pueblecillo”, p. 645) recorta su
silueta sobre la conciencia de su imposibilidad, de su diferencia:
“sintiéndote intruso…”. La aproximación de la “escena real” con-
templada a otra de índole artística: “En grupos quietos por la ma-
yor parte, silenciosos también, más que escena real te parecieron pin-
tura de una muchedumbre”; que es precisamente lo que lo lleva a
detener su mirada (también artística) sobre tal escena, si estimu-
la su textualización, no propicia la integración deseada. El acer-
camiento modelizador de esa escena a un específico “lienzo de
algún pintor sevillano clásico”, tampoco es suficiente. El texto, en-
tonces, se erige por el reverso del deseo frustrado que constata. Su
presencia es, simultáneamente, su pretexto fallido: la otredad del su-
jeto enunciador suyo con respecto al “cuadro” en el que deseaba
figurar de todos modos.
NRFH, XLIV 129
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
por ejemplo, en “El pueblo” se atribuye al (ese otro sobre el que recae el tono
interpelativo del sujeto enunciador) la creencia en que “la abundancia daña”
(p. 37); mientras que en “Propiedades” se intenta desplegar esa idea al postular
uno de sus personajes —Albanio, proveniente de Ocnos— que la no tenencia de
propiedades asegura la fidelidad del alma a su origen, la conservación de su alta
identidad primera. Éste, sin embargo, no parece caer nunca en la cuenta de que
mientras él tiene la opción de renunciar a sus bienes, Choco, su ideal y contra-
parte muda, no la tuvo.
Tal asociación, de notorio carácter estetizante, entre la mu-
chedumbre y un cuadro pictórico, y el consiguiente paso a la in-
tegración del poeta en ese su cuadro, sirve para poner de realce la
conciencia de la precariedad o provisionalidad de la satisfacción
de aquel deseo:
Sintiéndote intruso, y nostálgico de abandonar tan pronto el lugar
te dirigiste con una pregunta a una de aquellas figuras. Mas era un
pretexto; un pretexto para entrar, para quedar sutilmente en el cuadro
con ella. Lo mismo que el personaje ausente, que sólo en el lienzo,
esfumado y circunstancial, al fondo de él, en un espejo, así quedaste
tú allí, actor elusivo y testigo invisible, reflejado en unos ojos (loc. cit.).
“Intruso” aun sin entrar y “nostálgico” antes de haberse ido, el
poeta se muestra aquí muy consciente de su condición excéntrica,
de su desplazamiento continuo sobre la frontera, incluso con res-
pecto al espacio donde creerá haber hallado por fin su “centro”14.
Su integración a éste, entonces, no es, porque no puede ser, com-
pleta: aquella condición conlleva la permeabilidad recíproca de
los espacios entre los que se mueve su escritura, su memoria.
De ese delicado cierre de “El mercado” en que el arte (verbal) con-
voca como intertexto al arte (visual) para cumplir su cometido, im-
porta que se repare, además, en la dependencia del poeta-viajero de
la palabra (“una pregunta”, no correspondida) y de los ojos “para en-
trar, para quedar” en ese espacio epifánico de “la lengua”, de la iden-
tidad (amor, vida), de la poesía. Ésta, que deviene finalmente medio
(y modo) único no tanto “para entrar [y] para quedar” en él como
para constatar la precariedad de ese deseo, ha sido definida poco an-
tes —en “Ocio”— por la conjunción de la palabra y la mirada: “La mi-
rada es un ala, la palabra es otra del ave imposible” (p. 639). Casi tan-
to como el calificativo “imposible”, de virtual aplicación a cuanto sea
asociable aquí con la simbólica “ave”, cuenta en esa definición la com-
plementariedad esencial advertida entre “un ala” y “otra”.
Variados son los modos, como se habrá notado, de figurar ‘el
otro’ / ‘los otros’, las otredades, en Variaciones…, sin que sea uno mis-
mo en todos los casos el grado de conciencia que de ellos manifiesta
el emisor/poeta. Mientras que en “Recapitulando”, por ejemplo,
se agudiza esa conciencia del “otro [México] que fue duramente de-
vastado”, o sea, del otro país “devastado”, mas no sepultado dentro
130 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
14 “Centro del hombre”, si bien es anterior a “El mercado” por su datación,
está ubicado mucho después en la secuencia de Variaciones…
de éste; en “Propiedades” esa conciencia, si es que la hay15, se de-
bilita en extremo con respecto a Choco, personaje que ni siquiera
llega a constituirse en un yo-para-sí, por su mudez, o silenciamiento.
En este caso específico no se trata sólo de que ese personaje no
hable en todo un texto construido sobre un modelo dialogístico16,
sino que lo que de él hablan los demás no pasa de la autoproyec-
ción de algún otro personaje o —como ejemplifica el narrador—
del rodeo, del circunloquio. Ilustrativo al respecto es su recurso a
los símiles —bastante frecuentes, por demás, en todo el cuader-
no— para introducir a ese personaje: “como animalillo familiar”
(p. 647), “como idolillo oscuro” (p. 648), con lo que ello implica
de superposición de una realidad más o menos distante a otra que
se intenta develar por ese medio; y al diminutivo, que, junto con
la disposición afectiva de tendencia protectora, devela cierta orien-
tación empequeñecedora de la realidad del personaje.
Creo que no hay resistencia, sin embargo, en admitir que en-
tre todos esos variados modos de figurar ‘el otro’ en Variaciones…,
el más llamativo, el que primero atrapa la atención, es el del pro-
tagonista-emisor básico de todo el cuaderno. Este personaje (des-
doblado), se sitúa, simultáneamente, en la fuente y en la destina-
ción de ese discurso y —lo que acaso contribuya más a singularizar
esa su ubicación escindida— tiende a deplazarse, como salido de
foco, con respecto a su imagen previa a través de los diversos com-
ponentes del conjunto. “Ahí no hablaba la persona a quien llaman por
mi nombre” (p. 658).
“TÚ”, INTERLOCUTOR Y OTRO DEL EMISOR
Homólogo en algún sentido del desgajamiento experimentado
por el emisor con respecto a España (su tradición literaria) en vir-
NRFH, XLIV 131
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
15 La datación (octubre-noviembre de 1950) y colocación de un texto como
“Propiedades” en Variaciones… (mucho más próxima al final que al comienzo)
constituye otra prueba de la tensión irresuelta de las fuerzas/tendencias diver-
gentes que coexisten en todo el cuaderno, durante el proceso de su constitución
y, asimismo, el de su lectura. En la tendencia que parece seguir el cuaderno, en
su ciclo de producción y en su secuencia, hacia una creciente problematización
de los presupuestos del poeta, “Propiedades” desentona.
16 Comparable por esto con “Recapitulando”, en éste, a diferencia del caso
platónico de “Propiedades”, el esquema dialógico parte de la aceptación de las
varias desarmonías o asimetrías a las que el sujeto escindido no ha estado ajeno
durante el recorrido textual previo.
tud de su “amor” —rasgo diferencial— hacia “estas otras tierras”
es ese desdoblamiento (descentramiento) suyo en la dimensión
comunicacional de los textos.
Indicios de una escisión del yo revela, ya en “El tema”, su in-
clusión en el “nosotros” identificable con “los españoles” y “Espa-
ña” —de donde se reconoce originario— al mismo tiempo que su
enunciación/escritura explicita su ubicación personal en “estas
otras tierras”, otras en relación con aquel espacio que, si en este
texto se tiene como centro, en otros posteriores se considerará
también otro respecto de éstas.
Empero, él no es el único otro de ese sujeto colectivo denomi-
nado “España”. En ese mismo texto, al tratar de conciliar como ac-
titudes de un mismo sujeto “nuestra evidente indiferencia nacio-
nal, si no desvío, hacia estas tierras, con… la obra obtenida por los
españoles en ellas” (p. 622), el autor que simultáneamente está
tratando de ordenar/conciliar los proyectos (textos) coexistentes
en Variaciones… considera la posibilidad de una heterogeneidad
interna en aquel sujeto: “unos pocos” realizaron (o habrían reali-
zado) esa memorable “obra”, “frente a la hostilidad de otros y la
indiferencia de la mayoría” (p. 622).
“Obra”, “hostilidad”, “indiferencia”: tales son las actitudes (o
frutos de actitudes) de sesgo universalizante en torno a las cuales se
concentra esa heterogeneidad o diversificación interna del sujeto
“España”. Esta delimitación importa en la medida que se postula
como la explicación de esas actitudes inconciliables de “España”
con respecto a América; y, además, porque facilita el esclareci-
miento de la situación personal del escritor en la trayectoria de ese
vínculo entre culturas.
De las tres actitudes enumeradas a propósito del sujeto colec-
tivo, el escritor que —como se retomará más adelante— anda en
busca de una tradición para su personal empresa, rescata para sí,
principalmente, dos: la “indiferencia” o falta de curiosidad en
una primera etapa de su vida, disculpable si “nada revivía ante [su]
imaginación… el acontecimiento maravilloso, obra de un puñado
de hombres” (p. 622); y —cierto que de manera algo vergonzan-
te— la “obra” que celebra y con la que va a identificarse una vez
despertada su curiosidad (“interés”-“simpatía”-“amor”) hacia “es-
tas otras tierras” por azares de “la vida”.
Tan significativo como esa explicación conciliadora, que trata,
asimismo, de esclarecer el comportamiento de un sujeto indivi-
dual (el escritor) con respecto a América sobre la base del com-
portamiento cuasi histórico del sujeto que lo abarca (“nuestra na-
132 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
ción”), resulta el cambio que, justo en el fragmento textual en que
el emisor pasa a hablar de sí mismo, se produce en el estatuto co-
municacional del texto: de la primera persona plural en los pasa-
jes en que habla de España, a una segunda persona singular en el
pasaje en que particulariza su propia actuación personal ante esa
especie de encrucijada: “En tu niñez y en tu juventud, ¿qué supis-
te, si algo supiste, de estas tierras, de su historia, que es una con la
tuya?” (p. 622).
Junto con el sesgo autorreflexivo que introduce esa segunda
persona aparece un rasgo que va a ser relevante en extremo para
las sucesivas “variaciones”: la interpelación a sí mismo por parte
del emisor, con la distancia emotiva, y ética sobre todo, que ello
supone17.
Este sujeto de la enunciación no va a hablar de sí mismo en pri-
mera persona singular, ni en tercera —como fue tan frecuente en
Ocnos—, sino que va a enmarcar todo su discurso respecto de una
segunda autorreferencial, develadora de una tensión interna en la
fuente de ese discurso, y creadora de tensión, asimismo, en el tes-
tigo obligado de ese incómodo desdoblamiento: cualquier lector.
Distante del idilio, esa relación entre el yo y el textuales,
comprensible es que ese otro ente cuya actitud se prevé y modela
desde el texto —el lector— llegue a sentirse algo incómodo de en-
trada, pues, por una parte, aquel desdoblamiento constriñe sus
operaciones posibles a las de un testigo, y, por otra, se le hace di-
fícil la (auto)identificación con alguna de las partes en conflicto18.
NRFH, XLIV 133
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
17 LÓPEZ CASANOVA, y ALONSO consideran entre los posibles aportes del empleo
de ese modelo comunicacional, y a su vez explicarán “su amplia difusión y uso
en la lírica contemporánea”: 1) servir como “máscara del yo para desaparecer del
primer plano poemático, y así disimular el intenso subjetivismo”; 2) “crea[r] una
distancia interior o psíquica, un plano de lejanía, lo cual permite, en conse-
cuencia, una mayor lucidez analítica de las vivencias”; y 3) propiciar “de algún
modo un implicador más o menos directo del lector, dado el juego de ambi-
güedad y tensiones que la función apelativa crea en el poema” (Poesía y novela.
Teoría, método de análisis y práctica textual, Bello, Valencia, 1982, pp. 154-155). Las
implicaciones 2 y 3 me parecen de especial interés para el caso de Variaciones…
18 De sumo interés considero la proximidad del estatuto comunicacional de
Variaciones… al del monólogo dramático según lo caracteriza STEPHEN SUMMER-
HILL (“Luis Cernuda and the dramatic monologue”, en The word and the mirror.
Critical essays on the poetry of Luis Cernuda, ed. S. Jiménez-Fajardo, Associated Uni-
versity Presses, London-Toronto, 1992, pp. 140-165). Precisamente la escisión en
un mismo discurso entre las perspectivas divergentes que coexisten en él y de-
bido a ello, también en su lector virtual, es la propiedad del monólogo dramá-
tico —extensible a ese cuaderno— en la que más insiste. La peculiaridad bási-
ca de Variaciones… con respecto al monólogo dramático residiría en la ori-
Yo se ha desdoblado en , un otro, de sí mismo: “Curiosidad, con-
fiésalo, no tenías. Culpa tuya, sin duda; pero nada en torno podía
tampoco encaminarla”.
La confesión, cuyo modelo discursivo se insinúa más de una
vez en todo el cuaderno, presupone privacidad, un único interlo-
cutor investido de atributos soberanos más allá del cual no se ex-
tiende la dinámica dialógica entre la culpa (su reconocimiento) y
la administración del castigo. De ahí aquella posición incómoda
deparada al lector, ese tercero, ese indeseado en tal tipo de co-
municación.
Conviene no perder de vista que tan reveladores indicios de fi-
suras (o cicatrices) aparecen ya en el primer texto del cuaderno,
que es también el texto encargado de conceder una unidad (a pos-
teriori ), más o menos homogénea, al conjunto que introduce; al
par que fija los códigos y condiciones de la lectura. A pesar de esa
orientación unificadora respecto de sí mismo, y del macrotexto
que inaugura, “El tema” no logra escamotear su condición “anfi-
bia” entre el adentro y el afuera (del texto), entre la “realidad” y
la ficción, entre el autor que suscribe el cuaderno y el personaje
que hace de sí mismo ese autor.
Muchos son los ejemplos que podrían aducirse en favor de
este comentario sobre algunas de las implicaciones del estatuto
comunicacional seguido en casi todo Variaciones sobre tema mexi-
134 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
ginal (y más tensada) dialéctica entre el yo y el presentes como actantes en el
discurso, y correspondientes los dos a un mismo sujeto (escindido). De este
modo, “the struggle between self and other, author and character” (p. 152) que
concentra el emisor del monólgo dramático, en Variaciones… se despliega y dra-
matiza a los ojos del lector por medio de la interpelación del yo hablante a un
identificable con las posiciones de (o atribuidas a) el yo cernudiado de textos
anteriores a este cuaderno, y aun dentro del propio cuaderno, como lo ejem-
plifica la tendencia de algunos de sus componentes a la revisión de posiciones
sostenidas en otros. Caso paradigmático al respecto brinda la relación intratex-
tual de “Ocio” con “La lengua”; así, mientras que en éste su yo enunciador afir-
ma que “la poesía, en definitiva, es la palabra” (p. 625), en aquél un yo distin-
guible del de “La lengua” revisa ese enunciado: “En otra ocasión has dicho que
la poesía es la palabra. ¿Y la mirada?” (p. 639). Ese al que se interpela ahora
parece identificable con el yo emisor en “La lengua”. Y quien en “Recapitulan-
do” pregunta: “¿No has creído hallar en esta tierra los mismos defectos ances-
trales que en la tuya?” (p. 657), está retomando el “rencor atávico” (p. 629) que
suscita el recuerdo de España ante la visión de un pueblo mexicano de la fron-
tera. El sujeto enunciador de Variaciones… se desplaza con respecto a posiciones
sustentadas en otros momentos por él, en su tenso proceso de (auto)conoci-
miento y asunción de sí.
cano. De entre ellos me han resultado de particular interés los
que apuntan hacia una (auto)corrección de los presupuestos
(saberes acumulados e ideales) del escritor en su acercamiento a
la realidad mexicana, esos que manifiestan una conciencia vigi-
lante con respecto a la propensión armonizadora (mitificante)
del poeta:
acaso la vida exija, para estar viva, ese abono ruin de miseria y tris-
teza, entre las cuales ella, como una flor crece acrisolada. ¿Sofismas?
(p. 629).
Entre el pueblo y tú, no te engañes, percibes un espacio difícil de sal-
var (p. 634).
Veamos. El mundo sensual, marino, soleado, donde por unas horas
crees vivir, ¿es real? ¿No es un sueño inconcluso de tu juventud que todavía
persigues a lo largo de la vida? Aunque ese mundo fuera real, ¿sería el tuyo
propio? (p. 638).
Mírale, tú que te creíste poeta, y tocas ahora en lo que paran tareas, am-
biciones y creencias (p. 638).
Estas muestras del doble movimiento que se verifica en la con-
ciencia textual/discursiva de Variaciones… se inscriben también en
lo que antes he tratado de caracterizar como desplazamiento so-
bre la frontera, y que comprende, desde luego, el lugar de su es-
critura misma. Deducible de esto es que para explicar la elección
de ese modelo comunicacional haya que tener en cuenta el hecho
de que casi todo el cuaderno se escribiera en los regresos de Cer-
nuda a Mount Holyoke, contextualizado por un ambiente espiri-
tual para él desfavorable, o marcado por la provisionalidad, caso
de ejercerse la escritura en otros espacios. En esas condiciones de
aislamiento, tal modelo, a la vez que se orienta a indicar incomu-
nicación (o “ensimismamiento”), se ofrece como un medio de re-
vivir-revisar las experiencias fundadoras de esa escritura, que tam-
bién lo son de un autoconocimiento.
Escisión del sujeto, doble movimiento de la conciencia, des-
plazamiento sobre la frontera… son todas operaciones que descu-
bren o introducen fisuras, puntos conflictivos, en el proyecto
(armonizador, conciliador) inicial de Variaciones…, asentado fun-
damentalmente en una concepción afín de “la lengua”.
NRFH, XLIV 135
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
ENTRE LA TRADICIÓN DEL SILENCIO Y LA DEL SILENCIAMIENTO:
LA LENGUADE LAS VARIACIONES
En el texto inaugural de Variaciones… (“El tema”) Cernuda resu-
me sus pesquisas entre la tradición literaria española, clásica y mo-
derna, en busca de la tradición particular de ese tipo de cuader-
no; la que no encuentra, sin embargo, ni siquiera en dos de los
escritores que por su ubicación temporal, por sus intereses perso-
nales y por el aire de familia que el emisor insinúa compartir con
ellos, pudieron haberla iniciado: Mariano José de Larra y Benito
Pérez Galdós:
Ni Larra ni Galdós, quienes, aunque tan diferentes, tenían una con-
ciencia igualmente clara, se preocuparon nunca por estas otras tie-
rras de raigambre española (p. 621).
Tal entrada, en la que no deja de resultar sintomática la reite-
rada negatividad19, funge a la vez como conclusión de la búsque-
da intentada: no existe dentro de la literatura española, desde el
siglo XVII hasta el siglo XX, una tradición constituida en la cual in-
sertar un cuaderno como Variaciones… El principal signo de esa
tradición probable mas no hallada, según Cernuda, ha sido el si-
lencio (fruto de la indiferencia), o el silenciamiento, a juzgar por el
caso de Galdós, interesado en no enemistarse “con sus [virtuales]
lectores de este otro lado” (p. 621). Y tanto una salida como la otra
silencio y silenciamiento— equivalen a una disfunción de esa
“conciencia clara” que el emisor celebra en ambos escritores. Des-
de luego, tal conclusión devela a un Cernuda consciente de ese
riesgo gravitante también sobre sus Variaciones…, como se expli-
citará luego en “Recapitulando”, culminación del agudizado pro-
136 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
19 Al llamar la atención sobre “la naturaleza especial” de las oraciones co-
locadas al principio (incipit) y al final de los enunciados (/textos), BAJTÍN soste-
nía que ellas “poseen cierta cualidad complementaria”, adicional respecto de sus
intrínsecos valores semánticos, “porque se colocan en la posición limítrofe del
cambio de sujetos discursivos” (“El problema de los géneros discursivos”, en Es-
tética de la creación verbal, trad. Tatiana Bubnova, Siglo XXI, México, 1990,
p. 280). En este caso, la negatividad importa porque abarca toda una tradición
que, en la opinión del poeta, debió de existir, y que, sin embargo, no existe. Ese
comienzo equivale a un primer comentario tras la relectura de la tradición lite-
raria española en busca de la específica tradición genérica que, dentro de ella,
correspondería a ese cuaderno. De este modo, Variaciones… se asume en el um-
bral de una tradición.
ceso de ajustes en el que se inscriben los textos correspondientes
a octubre-noviembre de 1950.
El poeta, por su parte, va a reconocerse en el inicio —cierto
que fatal, involuntario— de una tradición, o, acaso más exacta-
mente, desprovisto de una tradición para la empresa que lo mue-
ve. De la “indiferencia nacional”, con su correspondiente silencio,
se desgaja20 Cernuda para textualizar, llevado del “amor”, las me-
ditaciones suscitadas en su ánimo por el reencuentro suyo, y, con
él, de España (su España), en “estas otras tierras”. De este modo,
si a la “indiferencia” correspondió “el silencio”, al “amor”, acom-
pañado de una “conciencia igualmente clara” que las de Larra y
Galdós, corresponderá Variaciones sobre tema mexicano.
Curiosamente, en su texto introductorio del tema sobre el cual
han de variar los restantes no se menciona a México, país, en todo
caso, sobreentendido en los sintagmas alusivos a América: “estas
otras tierras”, “este otro lado” o “los americanos”. Pero, ¿cómo
aguardar la mención particularizada de ese país de “este otro lado”
con el que asocia la disposición de amor hacia todo el conjunto,
si ni siquiera “el tema” mismo a desplegar en ese texto ha sido de-
clarado? Recuérdese que tras exponer el recorrido desde la “in-
diferencia” al “amor” cubierto por el sujeto individual y emisor dis-
cursivo, éste, como si tomara conciencia del no-cumplimiento de
la promesa del título, comenta:
Mas un pudor extraño le dificulta su expresión a ese amor tardío.
¿Reconocimiento de su inutilidad? Pudor es, en todo caso, lo que en
este punto, callándote ahora, te lleva a soslayar el tema (p. 622).
Luego, ¿se escamoteó el tema anunciado en el título del texto
inaugural? En una porción considerable, sí. Precisamente las nue-
ve décimas partes de ese texto se dedicaron a rastrear la ausencia
de lo que equivaldría a “el tema” de estas Variaciones… en la tra-
dición literaria española. Ausente en ella toda referencia memo-
rable a “este otro lado” que no sea la no muy halagüeña de Cer-
vantes, ¿cómo esperar, entonces, una huella de “amor”, ese “amor”
NRFH, XLIV 137
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
20 Desgajamiento, desgarramiento, desprendimiento, tales son las metáfo-
ras organicistas de que se vale Cernuda para explicar en “El tema” la separación
o independencia de América con respecto a España, sentida así como un pro-
ceso contrariador de la unidad ideal de un organismo; metaforización ésta más
evidente en el caso de las llagas de Larra/España. En los textos sucesivos el su-
jeto individual, desgajado de España en lo que concierne a aquella actitud de in-
diferencia, se encamina a remontar esa distancia, nadando contra la corriente.
a que equivaldría la escritura? Claro que valdría también pregun-
tarse si esa misma esquivez/reticencia no será el prometido tema
sobre el que variarán, de modos diversos, los textos sucesivos al
tiempo que lo moldean21. En cualquier caso, la tónica del cua-
derno, el tipo de exposición que prevalecerá, así como la caracte-
rización del sujeto enunciador por sí mismo y en la relación con
su interlocutor, han sido adelantados22.
El “pudor”, por una parte, y la inexistencia de una tradición,
con la ausencia consiguiente de un público ya creado, por la otra,
se ofrecen, de manera explícita e implícita, como primeros argu-
mentos a tener en cuenta para entender el recurrente y tensador
desdoblamiento del protagonista-emisor de las Variaciones…
Nuevamente, como en los inicios de su trayectoria poética,
Cernuda constata (o cree constatar) la inexistencia de una tra-
dición (y del correspondiente público) para la expresión de su
amor23. Cuando en “Historial de un libro…” Cernuda distinga
con respecto a la acogida que los lectores les dispensan, dos tipos de
obras literarias: aquellas que encuentran a su público hecho y aque-
llas que necesitan que su público nazca; [por cuanto] el gusto hacia
las primeras existe ya, [mientras que] el de las segundas debe for-
marse; [por lo que] creo que mi trabajo corresponde al segundo tipo
(pp. 641-642).
138 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
21 Por su parte, JOSÉ DE LA COLINA reconoce que “ese tema global se le esca-
pa”. Y abundando sobre el título precisa: “Tema mexicano, y no México como
tema… Si hay varios motivos de México en el libro…, no hay, sin embargo, un
tema único perceptible. Lo que se puede decir es que se trata de un libro ena-
morado”, “México: visión de los transterrados (en su literatura)”, en El exilio es-
pañol en México 1939-1982, F.C.E., México, 1982, p. 413. Esta última aseveración
abona la idea de que toda oscilación reflexiva de los textos se subordina al pro-
pósito del autoconocimiento.
22 En el final de “Centro del hombre” se explicita nuevamente ese pudor,
sólo que ya mezclado con una incómoda nota de autoconmiseración: “Una vez
más guardabas tu emoción para ti (¿para quién otro, que no seas tú, puede te-
ner valor una emoción tuya?)” (p. 652).
23 PHILIP W. SILVER (en su libro citado supra, nota 3) advierte en relación
con los inicios de la trayectoria poética de Cernuda que éste se halló entonces
“con problemas de tradición literaria a la hora de poetizar su erotismo” (p. 28).
Aunque esto, afirmado sin más y como de pasada, pueda resultar discutible,
creo —en abono de esa tesis— que el problema de comunicación con el
público lector evidenciado por Cernuda en los párrafos iniciales de “Palabras
antes de una lectura” (1935) puede atribuirse, también, a una inseguridad del
poeta con respecto a la existencia de la tradición y del público que correspon-
derían a su concepción/praxis de la poesía, en la que, como bien se sabe, nada
secundario es el papel de Eros.
Difícil será no vislumbrar, como un fundamento clave de tal
conclusión, la experiencia de este cuaderno publicado seis años
antes; sólo que ahora la inexistencia de una tradición (/público)
se enmarca en otra —menos ceñida a su problemática indivi-
dual—, a nivel de relación entre regiones/naciones, y de “visión
[literaria] nacional”.
Si en éstas no ha habido muestra que permita pensar en amor
se entenderá que Cernuda tampoco encuentre muestra de ese
amor (otro) que está en la base de su acercamiento escritural-afec-
tivo al “tema mexicano”. La inexistencia de una tradición se ad-
vierte entonces doblemente: ni tradición escritural que atestigüe
siquiera interés por América, ni tradición para la expresión
de ese específico amor, con sus respectivas inexistencias de público.
“Amor tardío”, desde esta perspectiva, vale, tanto en el eje de
los sujetos colectivos: la actitud de “los españoles” hacia “los ame-
ricanos”; como en el de los sujetos individuales: una persona que
siente que su amor no se corresponde con lo que las convenciones
prescriben para un ser de su edad y sexo, ni acaso tampoco con la
edad del objeto de ese amor. “Un pudor extraño”, en ambas di-
mensiones, dificulta la expresión de ese amor. El desgarramiento
o desprendimiento del sujeto individual y emisor discursivo con
respecto al sujeto nación (“país”, “tierra”) y a ese otro suyo que de-
signa con el pronombre “tú” lo afecta en las dos dimensiones. El
fantasma de la transgresión/soledad gravita otra vez sobre el poe-
ta cernudiano.
Esta cualidad inédita, no importa ahora si creada o constatada,
emparienta, en alguna medida, la labor a emprender por el es-
critor de Variaciones… con la de sus predecesores del siglo XVI24,
NRFH, XLIV 139
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
24 En “El mirador” la posibilidad no despreciada de este parentesco asoma
nuevamente a la superficie textual: “Así debió también adueñarse de los viejos
conquistadores, con el mismo dominio interior, como si ellos hubieran sido en-
tonces, como tú lo eres hoy, los subyugados”. Mientras que en “La lengua” se re-
conoce heredero de “quienes cuatro siglos atrás, con la pluma y la espada, ga-
naron para ella destino universal” (p. 626). Así, pues, al siglo XVI remonta el
poeta el más antiguo antecedente visible de esa su tradición, así sea parcial-
mente. Sintomática, en este sentido, resulta la metáfora del barco empleada en
el texto último de Variaciones… para designar la práctica que ha servido al poe-
ta para acometer su personal empresa de reencuentro: “Como el niño que jue-
ga a lo que sueña, con su mismo ensimismamiento, he lanzado mi barco de papel,
que ha de perderse de todos modos, a la corriente”. Mientras que “los viejos con-
quistadores” dispusieron del barco como medio de transporte en sus viajes al
“Nuevo Mundo”, el poeta se ha valido de un “barco de papel”, frágil y solitario,
en el suyo de acercamiento.
sólo que la “obra” de aquél se reduce a la dimensión lingüísti-
co(mito)poética. Por eso, la importancia concedida a “la len-
gua”, verdadero motivo articulador/sustentador de todas las “va-
riaciones”.
La caracterización que de ella se realiza en la primera de las
“variaciones” resulta, por tanto, básica, como lo anticipa su propio
lugar en la secuencia: 1) es ella, “la lengua”, la que hace posible
este viaje de reencuentro (y desencuentro) del poeta consigo mis-
mo y de reconciliación con su tierra; 2) gracias a la ‘universalidad’
alcanzada siglos antes por ella y el espíritu que la informa, puede
el viajero-poeta sentirse como en tierra propia lejos de su tierra;
3) una posición jerárquica le asegura a esa lengua su “destino uni-
versal” en relación con “los de las otras lenguas”; 4) el destino in-
dividual del poeta es inseparable del de su lengua, …con sus co-
rrespondientes ventajas y desventajas.
Así caracterizada “la lengua”, ¿no se estará propiciando su fun-
cionamiento como “un marco del paisaje [cultura] admirable, [que
lo limita] apenas para hacerlo accesible al ser humano [ajeno a
ella]” (p. 626), según se explicita con otro propósito en “Mirava-
lle” y se practica en “El mercado”? Polémica, sin duda alguna, es
la primacía otorgada al “destino universal” de “la lengua [espa-
ñola]” por sobre cualquier otra. Ni siquiera identificando a “la len-
gua” con la poesía que ella parece transparentar disminuye el ca-
rácter polémico de tal comparación.
Lengua, identidad y poesía, si no como sinónimos, guardan
entre sí una relación a modo de vasos comunicantes. De no menor
interés en esa caracterización se torna la tendencia de “la lengua”
a borrar diferencias, a acortar distancias, a (re)conciliar… dentro
de su espacio propio, desde luego. Así, se entiende mejor que el
espacio habitable por el poeta en armonía plena sea todo aquel (y
sólo aquel) comprendido por su lengua natal, esa lengua que, fi-
nalmente, no es sino la de la poesía o asimilable por ésta:
algo anterior, no sabes qué, imagen venida cómo o por dónde, pa-
recía haberte preparado para esta simpatía profunda, este conoci-
miento entrañable que a su vista en ti despierta (p. 632).
He ahí la “obra” de “la lengua” que en ella y por ella el poeta
disfruta y renueva. ¿Qué otra cosa es sino “lo nuestro”? Contras-
tado con “las tierras de donde venías”, evidentemente, “lo nuestro”
designa un conjunto de valores y maneras de concebir la existen-
cia que el emisor no ha hallado en aquéllas (las anglosajonas) y
140 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
que, además, son comunes a su tierra originaria y a esa otra (mal-
gré tout, siempre otra) que tanto se la recuerda. “Lo nuestro”, en-
tonces, se define frente a lo ‘extraño’/inhóspito en términos de
lengua, ciertas costumbres, paisajes, edificaciones y prácticas vita-
les; e incluye al ‘yo’ hablante y al “tú” en que el sujeto se desdobla,
y, asimismo, por lo menos una dimensión de los seres oriundos de
esa tierra evocadora de la primigenia del poeta. En sentido lato,
“lo nuestro” es identificable con el dominio de la poesía, con todo
lo que la favorezca, en la concepción de Cernuda, ocio, quietud
contemplativa, desinterés, belleza de criaturas y paisajes… y, por
supuesto, “la lengua”.
De ahí que pueda distinguirse entre “nuestro” y “ajeno”, como
entre “nuevo” y “extraño”: no denotan lo mismo. México(-Améri-
ca), por ejemplo, puede(n) ser sentido como “nuevo” por el via-
jero-poeta, mas no “ajeno” (del todo); mientras que las “tierras an-
glosajonas”, por el contrario, después de los muchos años
pasados en ellas, no son “nuevas” para él, pero sí “ajenas”, “extra-
ñas”, en su hostilidad doble (lingüística y económica) a la poesía
(en la concepción cernudiana). Comprensible —y hasta legíti-
ma—, por esta vía, se hace la euforia expresada por el poeta de-
bido al reencuentro, fuera de sí, con su lengua, con su amor25.
Prontamente, sin embargo, comienza la constatación de los si-
lencios, involuntarios unos y otros voluntarios, de esa lengua en la
que se actualiza también una visión de mundo, una ideología; si-
lencios que en gran medida devienen condición de posibilidad de
aquel “destino”, de aquella armonía, a los que no dejará de mos-
trarse sensible la conciencia ética del poeta. En torno a esta agu-
da fuente de tensión se debaten las “variaciones”, entre la armo-
nización de raigambre estética y la (auto-)reconciliación ética.
El poeta, hemos visto, celebra la “obra” por la cual ganó (¿o
será mejor decir que confirmó?) su “destino universal la lengua
[española]”; pero, una vez puesto a interactuar (o a meditar sobre
los efectos de tal interactuación) con la dinámica propia de la rea-
lidad sociohistórica de México, comienza a intuir o concienciar la
obligatoriedad de su movimiento en la frontera (otra vez, la fron-
NRFH, XLIV 141
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
25 Como recordará el lector de Variaciones…, el poeta celebra en sendos
textos (uno, “La lengua”; el otro, “El regreso”) ese reencuentro, fuera de sí,
con “la lengua [suya]” ycon su amor. Mediante la supresión de la conjunción
copulativa en el cuerpo del artículo intento insinuar la equivalencia entre
ambos en Variaciones…, o, por lo menos, su no diferenciación precisa.
“Lengua” y “amor”, en este cuaderno, más que sinónimos, se condicionan recí-
procamente, se necesitan uno al otro.
tera) de esa lengua para sus operaciones cognitivo-expresivas con
ella. De una parte, porque se siente llevado por el instinto (gusto,
simpatía, amor, afecto) a la comunicación extra-verbal, pre-racional,
entre cuerpos; comunicación ésa que, lejos de cualquier uso neu-
tro o inocente, mucho favorece la posición que sustenta el prin-
cipal usuario/beneficiario de esa lengua en el texto con respecto
a esos otros (“cuerpos callados y misteriosos”) cuyos “labios guar-
dan silencio, pero cuántas cosas dicen los ojos, y qué bien las di-
cen” (p. 631): “Verdad es que la poesía también se escribe con el
cuerpo” (p. 635).
Así lo explicita alguna vez ese privilegiado usuario de “la len-
gua”. La “graciosa”, la “pura” animalidad del cuerpo: ningún
vehículo mejor para depurar de resonancias perturbadoras o ‘feas’
la palabra en el poema; ninguno mejor para alcanzar, por ella y en
ella, la deseada armonía. (Significativamente, a esta conclusión se
llega en un texto de título tan poco propenso a la armonía, por sus
resonancias e implicaciones sociopolíticas, como “El pueblo”.)
De otra parte, aquel movimiento en la frontera de “la lengua”
escapa a la voluntad de su usuario por cuanto existe(n), en esa
nueva “realidad americana” que es su objeto, cierta(s) zona(s) ver-
daderamente otra(s), que opone(n) resistencia al acceso de “la len-
gua” —“universal”, no obstante—, por su incompatibilidad con la
manera de ver/concebir el mundo inscrita en ésta.
El mundo, la “realidad”, alcanzan hasta donde alcanza “la len-
gua”, la visión que ella condiciona, el espíritu que informa. Fuera
de ese espacio iluminable/iluminado por “la lengua”, todo puede
sentirse ajeno, o percibirse como “extraño” o “extraordinario”. La
lengua/cultura de las “tierras anglosajonas” ejemplifica lo prime-
ro; la cultura (/lengua también, aunque no se mencione) de los
nativos o indígenas ejemplifica lo segundo, la extrañeza.
Paradigma impar de esta extrañeza ofrece “La gruta mágica”,
uno de los poemas correspondientes a la etapa final de produc-
ción del cuaderno, a partir sobre todo de aquel momento en que
al encontrarse “en un paraje inesperado y extraordinario” dentro
de un recoveco en una iglesia, el emisor, autorreflexivo, se auto-
corrige:
¿Te encuentras? ¿No sería más atinado decir que te pierdes? Porque
perdido estás; la realidad ha cesado y flotas en otro medio. ¿Cuál? (p. 641).
Los automatismos del lenguaje, las asociaciones fácilmente in-
ducibles, constituyen obstáculos adicionales para la aprehensión/
142 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
explicación de una realidad (cultura) de por sí hostil a las de-
marcaciones gnoseológicas/ideológicas de “la lengua [española]”.
Muy significativo es que lo último y “más atinado” que se pueda (y
se recomiende) decir sea el reconocimiento de la propia pérdida;
más allá del participio (de pasado) perdido, parece como si se ago-
tara la ‘universalidad’de “la lengua”: “la realidad ha cesado y flo-
tas en otro medio” cuya naturaleza se desconoce, se vuelve opaca,
inaccesible, para (y desde) esa lengua.
Particularmente aguda se torna aquí la conciencia de los lími-
tes, de la frontera para el “destino universal” de esa lengua:
Paredes y techo, aunque tampoco es atinado hablar aquí de paredes o
techo, cuando lo que te rodea, si a algo de este mundo [asegurado y
aprehensible por esa lengua/cultura] se asemeja, sería a la tienda de
un bárbaro guerrero asiático, se ahondan en una penumbra… (p. 642).
Más allá de ese otro por antonomasia (el “bárbaro”) develador
de una cultura que se concibe a sí misma como centro/norma se
encuentra la otredad fatal de la cultura mexicana. Ella escapa in-
cluso al extremo de lo otro a que puede llegar la imaginación de
una cultura/lengua hegemónica: si a “algo de este mundo” cons-
truido/modelizado por la cultura/lengua española podría aseme-
jarse la otredad interna o intrínseca de México sería —pues tam-
poco es seguro— la del “bárbaro”.
La declarada resistencia de esa otra cultura sumergida en la
cultura mexicana al “destino universal” de “la lengua [/cultura]”
actualizada por el emisor discursivo vuelve a ponerse de manifies-
to en la enumeración asindética de sustantivos sin artículos y de
gerundios sin complementos que trata de aprehender/moldear el
“caos” de elementos que se ofrece y resiste a su mirada:
En el dramático claro-oscuro, toda una fauna y flora ponderosa, alas,
garras, tentáculos; troncos, tallos, hojas; muslos, vientres, fauces; ca-
belleras, corolas, plumas, vivo todo, pulula y serpentea, retorcién-
dose, encontrándose, anillándose, como formas brotando del caos
(p. 642).
Fuera de la realidad constatable por “la lengua”, fuera de su
‘cosmos’, se intuye el caos, o sea, lo que ella no aprehende, bien
porque hasta ahí no llega su ‘universalidad’; bien porque la reali-
dad del caos preexiste (y persiste, acéptese o no) a la de “la lengua
[esa]”. De ahí que ni siquiera la acumulación de sinónimos, como
NRFH, XLIV 143
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
antes tampoco aquella enumeración, baste al propósito expresivo
de “la lengua”:
Es un sabat, un aquelarre, un pandemonium, y sólo la reiteración
monótona y variada de las palabras expresaría, intentaría expresar,
esto que miras (p. 642).
Se trata, en fin, de una realidad sin analogía en el sistema de
referencias propio del hablante: “no se concibe la mente que la
meditara y planeara”. Especialmente perturbador es el efecto de
esa realidad ‘excedente’ (o ‘exceso de realidad’) sobre la memo-
ria mítica/mitificante del poeta, a la que, lejos de clarificar/de-
purar y permitir desplegarse, “aumenta la confusión”.
Manifestaciones tan extravagantes —para el poeta— de esa
otra realidad (/cultura) si le desasosiegan percibidas por separado,
le sobresaltan aun más en su convivencia con imágenes de la rea-
lidad del poeta incompatibles con aquélla, según él. Tales mues-
tras de otredad, significativamente, han sido constatadas donde me-
nos se les esperaba: en el interior de uno de los baluartes de la
cultura española en México (-América) que se supondría menos
vulnerable, una iglesia. Semejante alteración (“confusión”) de los
presupuestos del viajero-poeta obliga a éste a reconocer la redivi-
va presencia y condición troncal de esa otredad sumergida, inclu-
so con respecto a la cultura española:
¿No ha usurpado el símbolo a la creencia, el culto a la religión? Un
culto mucho más remoto, en todo caso, es el que parece perdurar,
a pesar de los símbolos familiares visibles (p. 642).
Reconocimiento éste que, si suscita conmoción en sí mismo,
conmociona no menos por la refutación que supone de aquella
idea sustentada en “La imagen” según la cual la religiosidad (“fe
tan absoluta”) característica de la cultura mexicana era “la obra
más duradera de tu raza [esto es, la del poeta], entre éstos que tan
de la tuya te parecen” (p. 633). Aunque no se aluda en éste a ese
otro texto, “La gruta mágica” revisa en profundidad, y con la au-
tenticidad que le concede su mayor inmediatez a la vivencia, aque-
lla conclusión, en verdad peregrina, a la luz de la celebración que
hace el poeta de la “obra” de su lengua en “estos otros pueblos al
otro lado del mundo”26; y, además, porque él no ha estado im-
144 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
26 Este caso de discrepancia de puntos de vista entre textos, que no es el úni-
permeabilizado a la presencia de esa otredad, con independencia
del trato que le otorgue a sus manifestaciones en cada caso.
Así, v. gr., en “Miravalle” el poeta no oculta una cierta voluntad
de silenciamiento con respecto a “los ecos trágicos de leyenda y de
historia” surgidos de la contemplación de un paisaje, en favor del
disfrute de las sensaciones armoniosas suscitadas en él por éste27.
En “Por el agua” parece resignarse a esa presencia y, sobre todo, a
la idea de que ella es inaccesible para él. Revelador en extremo de
una conciencia alerta respecto de esa otredad es el hecho de que
la única vez que en ese texto se produce un desdoblamiento sea
para cuestionarse acerca de su participación en el desconocimiento
de América (México) y del lugar común que la declara “tierra nue-
va”, en prueba de una total ignorancia o voluntad de olvido de la
historia previa a su encuentro con las culturas europeas:
¿Tierra nueva? No sabes qué ecos de sabiduría extinta, de vida ab-
dicada, yerran por el aire. Esos cuerpos callados y misteriosos, que al
paso de sus barcas nos tienden una flor o un fruto, deben conocer
el secreto. Pero no lo dirán (p. 630).
En situación parecida a la de ese lugar común el poeta intuye
no pocas veces su sensación de armonía. Dentro del sujeto colec-
tivo México se activa para “la lengua”/conciencia del poeta un otro,
una otredad, que reflota, persistente, por más disfraces que le so-
breponga “la banalidad contemporánea”. Ese sustrato propio de
la cultura mexicana hace tenaz resistencia al proyecto inicial de Va-
riaciones… de identificar a México con los personales presupuestos
mitopoéticos de su autor; fisura o brecha ésta que la sensibilidad
ética del escritor no es remisa en reconocer: “¿Estás realmente
aquí? ¿No es en tu imaginación donde ves a esta tierra?” (p. 654).
NRFH, XLIV 145
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
co en todo Variaciones…, pone una vez más de relieve las fluctuaciones que sig-
nan el cuaderno, así como la pertinencia de conocer las fechas de producción
de cada uno de sus componentes. En este caso, un texto de octubre-noviembre
(situado al final de la secuencia macrotextual) revisa y refuta una conclusión
propuesta en otro de febrero (situado al principio de esa misma secuencia). Pro-
poner, entonces, esos 31 textos como partes de un todo unitario (el libro), re-
forzado por la presencia de un texto introductorio general y otro a modo de epí-
logo, no deja de ser otro indicador de la fuerza armonizadora que coexiste en
él con su creciente sensibilización ética.
27 Similar es la disposición que muestra en “La imagen”: “Poco importa el
camino, las ramificaciones ancestrales que ayudaron para que tal resultado se al-
canzara: dioses remotos idos, culto cruel extinto” (p. 633).
Evidentemente, la filtración depuradora de la palabra a que
propende Variaciones…, la abstracción de cariz universalizante ha-
cia la que el poeta la orienta, no consigue escamotear, sin embar-
go, la resonancia sociohistórica ni el recorrido ideológico previo
de la palabra. Respuesta, réplica ella a la interacción con circuns-
tancias sociodiscursivas muy específicas, en esa palabra designati-
va de ciertos valores celebrados como ‘espontáneos’ o ‘naturales’
del espacio epifánico, resuena esa otredad suya. Casos como el de
las palabras “pobreza”, “dignidad”, “oferta”, “competencia”, “pre-
cio” (“Acaso el precio de estar vivo sea esa pobreza y duelo que
veías en torno”, p. 629), son notables al respecto.
Por más que el poeta tienda a depurar de resonancias desar-
monizadoras la palabra que emplea, en ésta perviven ellas. Parti-
cularmente llamativa se hace esa tensión en torno al mercantilis-
mo que el poeta rehuye y que encuentra, no obstante, en la
cultura mexicana, si bien no tan agudizado como en “las tierras de
donde [él] venía”. En “El mercado”, por ejemplo, la visión artísti-
ca intenta superponerse a una escena eminentemente socioeco-
nómica:
¿Quién compraba? ¿Quién vendía? Bajo la luz nublada de la maña-
na, esta escena… te parecía sin otro motivo que el de componer para la
contemplación una pura imagen plástica (p. 646).
Y en “Mercaderes de la flor” esa superposición de ámbitos (y
voces) concebidos como excluyentes se intenta ya desde el título.
En este texto los vendedores de flores, “para [quienes] no hay úl-
timos ni primeros” (p. 631), proponen su “hermosísima oferta” sin
competencia entre ellos mismos. Por otra parte, la metáfora con la que
el poeta celebra la pertinencia de tal ofrecimiento resume la dia-
logicidad conflictiva entre aquellos ámbitos (y voces) en el interior
de cada término suyo: “la hermosura alimenta”. Similares presu-
puestos dejan entrever la pregunta: “¿Comprenderían allí los in-
dustriales protestantes que la pobreza puede ser vocación orgullosa e
intransigente?” (p. 631). Así, pues, si los estratos o zonas de la cultu-
ra mexicana de difícil acceso al poeta oponen resistencias al inicial
proyecto armonizador, las muestras del mercantilismo que él re-
chaza lo hacen también, aunque con menos fuerza concienciadora.
La conciencia ética del poema de Variaciones… se ha mostrado
sensible al “ruido” de esas varias otredades: el desdoblamiento mis-
mo de su correlato textual, como en una “imagen ante el espejo”,
con la insatisfacción y el malestar —ante todo, consigo mismo—
146 NRFH, XLIV
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
que también acusan, constituye su marca principal en los textos,
y el núcleo tal vez de todas las otras. Con una notable historia de
uso en la praxis poética cernudiana previa, ese desdoblamiento,
enconado ahora en torno a las diferencias (renovadas en cada tex-
to) entre la imagen preexistente del poeta y la (auto-)conciencia-
ción gradual del emisor, alcanza en Variaciones… uno de sus hitos
de mayor funcionalidad.
Finalmente, de regreso a la idea cernudiana acerca del poema
en prosa y su adecuación al tipo de experiencias a textualizar en
este cuaderno, comentada apenas al principio de estas reflexiones,
preguntaría si no constituye la elección de ese género, en este caso
particular, otra muestra del desplazamiento sobre la frontera
—que hemos visto en otras de sus instancias—, ahora entre dos so-
portes genéricos de posibilidades y concepciones distintas en (su)
relación con la lengua, y en sus maneras de construir la realidad:
la poesía (versal) y la prosa, o sea, la poesía en la prosa, y viceversa.
OSMAR SÁNCHEZ AGUILERA
El Colegio de México
NRFH, XLIV 147
VARIACIONES SOBRE TEMA CERNUDIANO
cultura) de por sí hostil a las demarcaciones gnoseológicas/ideológicas de " la lengua
  • De Una Realidad
de una realidad (cultura) de por sí hostil a las demarcaciones gnoseológicas/ideológicas de " la lengua [española] ".
la lengua " , fuera de su 'cosmos', se intuye el caos, o sea, lo que ella no aprehende, bien porque hasta ahí no llega su 'universalidad'; bien porque la realidad del caos preexiste (y persiste, acéptese o no) a la de " la lengua
  • Fuera De La Realidad Constatable Por
Fuera de la realidad constatable por " la lengua ", fuera de su 'cosmos', se intuye el caos, o sea, lo que ella no aprehende, bien porque hasta ahí no llega su 'universalidad'; bien porque la realidad del caos preexiste (y persiste, acéptese o no) a la de " la lengua [esa] ". De ahí que ni siquiera la acumulación de sinónimos, como