LA ETOLOGIA DEL MOBBING. El acoso en animales

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In book: El maltrato psicológico, Edition: 4, Chapter: 7, Publisher: Altaria, Editors: Luis de Rivera, pp.89-96
Abstract
En casi todas las especies sociales existen fenómenos de acoso, por lo que resulta razonable pensar que un fenómeno tan extendido en el reino animal ha de tener algún valor natural o cumplir alguna función evolutiva. Como inciso, antes de seguir, debemos de aclarar que la sociedad humana no es natural, en el sentido en que lo son las sociedades animales. Al optar por la civilización, los humanos hemos aceptado nuestra inclinación a modificar y, finalmente, a sustituir la Naturaleza por nuestras propias creaciones. Sin embargo, nuestra independencia no puede ser total. Como el aprendiz de brujo, acabaremos por meter la pata si nos separamos demasiado de nuestra realidad terrenal. La condición humana está en un equilibrio inestable entre el instinto animal y el razonamiento superior. Si nos inclinamos mucho hacia uno, nos comportaremos como bestias ignorantes; si lo hacemos demasiado hacia el otro, como robots sin sentimientos. Nuestra libertad depende de nuestra habilidad para movernos entre los dos polos, aplicando a cada uno lo que hemos aprendido en el otro. Por eso es importante la observación de la conducta animal, ciencia conocida como etología. Si podemos descubrir a tiempo hacia donde nos lleva la fuerza del instinto, tal vez podamos interponer soluciones humanas antes de que sea demasiado tarde.
Luis de Rivera. El Maltrato Psicológico, 4ª Edición. Capítulo 7. Pags. 89-96
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LA ETOLOGIA DEL MOBBING. El acoso en animales
Luis de Rivera, MD
luisderivera@gmail.com
@luisderivera
En casi todas las especies sociales existen fenómenos de acoso, por
lo que resulta razonable pensar que un fenómeno tan extendido en el reino
animal ha de tener algún valor natural o cumplir alguna función evolutiva.
Como inciso, antes de seguir, debemos de aclarar que la sociedad humana
no es natural, en el sentido en que lo son las sociedades animales. Al optar
por la civilización, los humanos hemos aceptado nuestra inclinación a
modificar y, finalmente, a sustituir la Naturaleza por nuestras propias
creaciones. Sin embargo, nuestra independencia no puede ser total. Como
el aprendiz de brujo, acabaremos por meter la pata si nos separamos
demasiado de nuestra realidad terrenal. La condición humana está en un
equilibrio inestable entre el instinto animal y el razonamiento superior. Si
nos inclinamos mucho hacia uno, nos comportaremos como bestias
ignorantes; si lo hacemos demasiado hacia el otro, como robots sin
sentimientos. Nuestra libertad depende de nuestra habilidad para
movernos entre los dos polos, aplicando a cada uno lo que hemos
aprendido en el otro. Por eso es importante la observación de la conducta
animal, ciencia conocida como etología. Si podemos descubrir a tiempo
hacia donde nos lleva la fuerza del instinto, tal vez podamos interponer
soluciones humanas antes de que sea demasiado tarde.
LORENZ Y EL MOBBING
Luis de Rivera. El Maltrato Psicológico, 4ª Edición. Capítulo 7. Pags. 89-96
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Konrad Lorenz, Nikolaas Tinbergen y Karl von Frisch recibieron
el Premio Nobel de Medicina en 1973 por la contribución de sus estudios
sobre la conducta animal a la Psicologia y a la Psiquiatría. Lorenz
descubrió los mecanismos del imprinting, el proceso de formación
instintiva de vínculos afectivos en el recién nacido. Aplicando este
descubrimiento, consiguió que una bandada de patitos le siguiera a todas
partes, convencidos de él era su mamá. Su obra “On Aggression” (Sobre
la Agresión) fue al principio fuertemente criticada por la psicología oficial
norteamericana, no por sus impecables observaciones de la conducta
animal, sino porque su extrapolación entraba en conflicto con varios
principios de aprendizaje sostenidos por el conductismo.
La mayoría de los trabajos actuales sobre mobbing atribuyen la
introducción del concepto a Konrad Lorenz, lo cual es, en parte, culpa mía.
Haciéndome eco de comentarios anteriores, y creyendo recordar bien mis
lecturas de este autor hace 30 años, yo mismo he atribuido a Lorenz la
siguiente definición etológica de mobbing: mobbing es el ataque de una
coalición de miembros débiles de una misma especie contra un individuo
más fuerte” (Luis G. de Rivera, El Síndrome de Acoso Institucional,
Diario Médico, 18 de julio de 2000), que ha sido después citada por otros
autores.
La definición es muy buena, pero no es de Lorenz. La verdad es que
la redacté convencido de que citaba, si no sus palabras exactas, si al menos
sus ideas al respecto. Cuando mi artículo empezó a alcanzar inesperada
difusión y a ser reproducido en diferentes soportes, empecé a preocuparme
Luis de Rivera. El Maltrato Psicológico, 4ª Edición. Capítulo 7. Pags. 89-96
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por localizar el origen exacto de mi atribución a Lorenz. Aunque releer
este autor a fondo ha sido un verdadero placer, no he podido, para mi
agobio, encontrar ninguna definición de mobbing en sus obras. En
consecuencia, escribí al Instituto Konrad Lorenz de Austria, cuyo director,
el Dr. Adolf Heschl, me respondió con una celeridad y cortesía muy de
agradecer. He aquí nuestra correspondencia:
From: "INSTITUTO DE PSICOTERAPIA" <psy@terra.es>
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Date: Mon, 16 Jul 2001 04:08:49 +0200
To: <astrid.juette@bigfoot.com>
Subject: Lorenz on mobbing
>>>
Dear Ms. Juette, I read recently that Konrad Lorenz had initially
described mobbing in social animals, as the gathering of several small
individuals to attack a larger one. Please, could you inform me of the exact
place on Lorenz books were I can read more on this phenomenon?
Thank you very much.
Prof. JLG de Rivera,
Instituto de Psicoterapia e Investigacion Psicosomatica, Madrid,
www.psicoter.es
FROM : "Konrad Lorenz Institute"
Dear Prof. Rivera,
unfortunately, I do not know of any significant passage in Lorenz' works
where he would describe mobbing in the above sense and I must say that
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Este correo no es operativo desde hace años, siendo sustituido por info@psicoter.es
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I have read nearly every publication by him. However, it is known that our
nearest relatives in the living world, that is other primates do sometimes
practice similar strategies. Frans de Waal for instance has described
some cases of coalition behavior in chimpanzees where a union of
individually weaker animals tries to overpower the resident alpha male.
Regards,
Dr. Adolf Heschl, executive manager
Konrad Lorenz Institute for Evolution and Cognition Research
Adolf Lorenz Gasse 2, A - 3422 Altenberg, Austria
web: http://www.kli.ac.at/
( Querida Srta. Juette, He leído recientemente que Konrad Lorenz describió
inicialmente el mobbing en animales sociales como la coalición de varios individuos
pequeños para atacar a uno más grande. Por favor, ¿ me podría informar del lugar
exacto en los libros de Lorenz donde puedo leer más sobre este fenómeno?
Muchas gracias,
Prof. JLG de Rivera.
Querido Prof. Rivera,
Desgraciadamente, no conozco ningún pasaje significativo en la obra de Lorenz en el
que describa mobbing en ese sentido, y debo decir que he leído prácticamente todas
sus publicaciones. Sin embargo, es sabido que nuestros parientes más próximos en el
mundo viviente, esto es, otros primates, a veces practican estrategias similares. Frans
de Waal, por ejemplo, ha descrito algunos casos de conducta de coalición en
chimpancés, consistente en la unión de animales individualmente más débiles para
desbancar al macho alfa local.
Saludos,
Dr. Adolf Heschl, director ejecutivo,
Instituto Konrad Lorenz )
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Si, como dice el Dr. Adolf Heschl, Lorenz no describe el mobbing
en el sentido que yo le atribuyo, está claro que esta definición etológica es
de mi fabricación. Sin embargo, puedo justificar mi confusión como el
resultado de un proceso inconsciente de asimilación de la obra de Lorenz
y de su correlación posterior con otras observaciones. En verdad, aunque
Lorenz no defina el concepto de mobbing, si que lo utiliza en repetidas
ocasiones, nombrándolo directamente o a través de expresiones
relacionadas; sus descripciones de la conducta de la rata, por ejemplo,
dejan bien claro que estaba familiarizado con el fenómeno. Y, además,
describe, como la cosa más normal del mundo, conductas de acoso
institucional en humanos:
“La agresión provocada por cualquier desviación de las
costumbres y ritos característicos del grupo fuerza a todos sus miembros
al cumplimiento estricto y uniforme de esas normas de comportamiento
social. El inconformista es discriminado como “uno de fuera”, y, en
grupos primitivos, de los que las clases de escuela o las unidades
pequeñas del ejército son buenos ejemplos, es acosado (mobbed, en la
versión inglesa) de la manera más cruel”
On Aggression, pág. 79
En otro apartado, aún más revelador, comenta Lorenz algunas
observaciones realizadas en Africa sobre los babuinos, animales sociales
que viven y deambulan libremente en bandadas, generalmente no
dominadas por un sólo jefe, sino gobernadas por:
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“...Un senado de varios machos viejos, que conservan su
superioridad sobre los miembros más jóvenes y físicamente más fuertes
manteniéndose firmemente juntos, y demostrando que, como una fuerza
única, son más fuertes que cualquier macho joven”.
On Aggression, pág. 46
A esta descripción de la coalición de machos viejos que prevalece
sobre un individuo más joven y fuerte, sólo falta ponerle nombre para
tener la definición etológica de mobbing. Si he atribuido a Lorenz mis
propias interpretaciones sobre su obra, esta atribución está justificada,
porque mis conclusiones podría perfectamente haberlas hecho él mismo.
Como dice el refrán italiano: “Si non e vero, e bene trovatto”
REDIRECCIÓN DE LA AGRESIVIDAD
Si la agresividad fuera siempre provocada por alguna causa externa,
no sería mucho problema erradicarla. Pero las observaciones de todos los
etólogos concluyen por confirmar que, de manera variable según las
especies, la agresividad es instintiva, sin necesidad de razón o motivo
externo alguno que la justifique. Por lo tanto, tiene que buscar alguna
consecuencia de provecho en que aplicarse, o, en su defecto, extinguirse
o inhibirse de alguna manera. Normalmente, no faltan en la naturaleza
ocasiones de ventilar los instintos agresivos, aunque en ocasiones los
detalles de su expresión tienen que modificarse sobre la marcha. La
redirección de la agresividad fue descrita por Tinbergen, y revela la
influencia del miedo sobre la agresividad, a la que no inhibe, sino que la
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“redirige” hacia otros objetivos menos peligrosos. Cuando un ganso
salvaje se enfada por una intrusión territorial, se dirige ferozmente contra
el responsable, pero, cuando se da cuenta de que se trata de un humano
grande y amenazante, pasa de largo, y ataca cualquier otro objetivo. Las
ratas amenazadas por un enemigo externo se agitan, se estresan y
empiezan a morderse unas a otras, hasta que, finalmente, se deciden
colectivamente a atacar o a huir. Estos combates “de precalentamiento”
entre ratas, animal social por excelencia, son breves, no producen grandes
lesiones, y son la expresión de una agresividad temporalmente redirigida.
Más terrible es lo que ocurre con los ciclidos, peces luchadores famosos
por su innata agresividad. Sus acuarios están rígidamente territorializados,
con los machos vigilantes y prestos a atacarse a la menor transgresión de
fronteras. Pero si se deja a una pareja sola en el acuario, en lugar de
disfrutar de una pacífica luna de miel, acaban luchando entre sí, hasta que
uno de los dos muere, generalmente la hembra. Sólo se puede parar esta
lucha introduciendo a tiempo otro pez, al que rápidamente atacan ambos.
Hace poco, un profesor universitario me ofreció el siguiente
ejemplo de redirección de la agresividad en humanos:
“He tenido ocasión de examinar durante años con JS, un hombre
amable en circunstancias ordinarias, sobre todo cuando está con alguien
que considera su superior, en cuya presencia se comporta de la manera
más obsequiosa que se pueda imaginar. Sin embargo, cuando se
encuentra seguro en posición de indiscutible autoridad, experimenta una
asombrosa transformación, llegando a hacer gala de una agresividad
gratuita que bordea en el sadismo. Verle examinar oral es un espectáculo
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de circo romano: no sólo suspende al alumno al menor fallo, sino que se
goza en resaltar su ignorancia y humillarlo públicamente...”
Por las razones que sean, probablemente relacionadas con sus
experiencias educativas más tempranas, JS ha desarrollado una doble
vertiente en su personalidad, una forma muy común de reaccionar ante
situaciones de miedo invencible: Por un lado, es sumiso e ingraciante
("pelotillero") con quienes considera en posición de fuerza sobre él, y, por
lo tanto, capaces de hacerle daño; por otro, desfoga la agresividad
reprimida, que no ha utilizado contra esos presuntos agresores, cebándose
en personas inocentes e indefensas.
Otros aptos ejemplos de agresividad redirigida en humanos son los
casos relativamente frecuentes del trabajador cumplidor y sumiso ante las
exigencias de sus jefes, pero que, cuando llega a su casa, es un tirano con
su mujer y sus hijos; o el del esposo/a maltratado o frustrado en su familia,
que descarga toda su rabia concentrada contra sus subordinados en el
trabajo. La redirección de la agresividad es un factor muy importante en
los síndromes de acoso, no sólo porque explica gran parte de las dinámicas
que mueven a los acosadores, sino, sobre todo, porque es la causa de gran
parte del sufrimiento sobreañadido que el acosado vierte sobre si mismo
y sobre sus familiares y amigos. Cuando se vive una experiencia
traumática, una situación de estrés, una crisis o un episodio de acoso, es
muy importante minimizar los daños y aplicar todos los recursos posibles
en la propia defensa. El erróneo mecanismo de redirección de la
agresividad puede aportar alivio emocional inmediato, pero es
contraproducente a la larga, porque daña y aleja a los posibles aliados.
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EL OLOR DEL CLAN.
En su libro sobre la agresividad, Konrad Lorenz dedica un capítulo
entero al comportamiento de las ratas, animal que, según él, “opera
básicamente con los mismos métodos que el hombre”, razón por la que
sobreviven tan bien y son tan difíciles de erradicar. Como ocurre en las
sociedades humanas, la información adquirida por un individuo se
disemina rápidamente a todos los demás, la experiencia se transmite de
generación en generación por tradición y la unión en la acción colectiva
es la base de su fuerza.
Experimentalmente, cuando dos comunidades de ratas de distinta
procedencia se ponen en contacto en el mismo hábitat, pronto empiezan a
luchar entre sí y a definir su territorio, acabando cada grupo por retirarse
a una zona bien delimitada, que defienden a morir. Si en vez de dos grupos
se introducen en el nuevo habitat varios individuos aislados, cada uno
procedente de un grupo independiente, se observa que, inicialmente, todos
intentan evitarse unos a otros, luchando sólo cuando no les queda más
remedio. Sin embargo, en cuanto se forma una pareja, la coalición
matrimonial ataca al resto, acabando paulatinamente con todos, uno a uno,
de la manera más cruel. Sorprendentemente, en cuanto empiezan a tener
descendencia, la cruel pareja cambia su comportamiento, y se vuelven de
lo más tierno, paciente y tolerante con sus propias crías. Poco a poco se va
así creando una nueva comunidad, en la que pronto hay tanta gente que no
todos pueden reconocerse de vista unos a otros. Sin embargo, en cuanto
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se olfatean se reconocen como miembros de una misma familia, porque
todos tienen un mismo olor, el olor del clan.
Si en esta sociedad tan armoniosa se introduce una rata de otro
origen, no pasa nada durante un cierto tiempo, hasta que el intruso pasa
demasiado cerca de una de las ratas del clan. Entonces, tiene lugar algo
horrible: la rata que ha detectado al intruso emite un grito u otra señal de
descontento, trasmitiendo a toda la colonia su estado emocional.
Inmediatamente, tiene lugar una reacción colectiva de gran ferocidad:
Todas las ratas, con sus pelos erizados y sus ojos protuberantes, se
abalanzan sobre el intruso, al que destrozan sin piedad. Este raramente se
defiende, y, en muchas ocasiones, muere de miedo nada más iniciarse el
ataque.
Más trágico todavía es lo que ocurre cuando se saca a un miembro
de la colonia y se le mantiene en otro ambiente durante cierto tiempo, hasta
que acaba por perder su olor característico. Si entonces se le devuelve a
su comunidad, esta rata viajera, que mientras estaba sola parecía algo
tímida e inquieta, reacciona con grandes muestras de alegría, ya que
detecta por su olfato que está entre amigos. Sin embargo, como durante su
estancia en el mundo exterior ha perdido el “olor del clan”, sus antiguos
compañeros no la reconocen a ella, y la atacan tan salvajemente como si
fuera un extraño total. La pobre rata se deja matar sin ningún intento de
defenderse ni de huir, y uno se la imagina intentando explicar a sus
verdugos, en el más ratil de los lenguajes, que están cometiendo un terrible
error.
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Resumiendo, podemos deducir de los estudios etológicas que hay
fenómenos naturales de agresividad intraespecie que son similares a las
dinámicas de acoso observadas en las organizaciones humanas. Estas
manifestaciones son de dos tipos:
1) El ataque de una coalición de miembros débiles de una misma
especie contra un individuo más fuerte, y
2) La persecución por la mayoría del grupo de uno de sus miembros
que presenta algún rasgo extraño o diferente.
Como conclusión, me gustaría proponer, en memoria de Konrad
Lorenz, una definición etológica de mobbing: “mobbing es el ataque de
una coalición de miembros débiles de una misma especie contra un
individuo más fuerte; o el de la mayoria de ellos contra un individuo
distinto por alguna diferencia, defecto o rasgo significativo”
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BIBLIOGRAFIA
Lorenz, K: On Aggression. Harcourt, New York, 1966
de Rivera, L: El Sindrome de Acoso Institucional. Diario Médico, 18 julio
2000, pag. 14
de Rivera, L: El Maltrato Psicologico. Como defenderse del Bullying,
Mobbing y otras formas de acoso. 4ª Edicion, Ed. Altaria, Tarragona, 2012
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