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El ecofeminismo crítico de Alicia Puleo: tejiendo el hilo de la «Nueva Ariadna»

Authors:

Abstract

The reflection upon feminism and the environment has gained relevance in the past decades. Nevertheless, ecofeminism has arisen discredit among several thinkers due to the popularization of versions considered “classic” and essentialist. In this context, Alicia Puleo’s contribution is fundamental because, based on her analysis of Modernity, she has traced the illustrated origins of feminism, of environmental ethics, and of the spread of moral considerations beyond the human scope. If we lacked the work that has been carried out by this philosopher, very little would be known of constructivist ecofeminism in Spanish speaking countries. Having said that, the objective of this article will be to present A. Puleo’s thinking and to make visible her contributions to ecofeminism. This will be accomplished through four sections: the first one explores the forgotten voices of Modernity; the second sets out a reading of Simone de Beavoir from the perspective of critical ecofeminism; the third presents the proposal that A. Puleo has named critical ecofeminism, and finally the fourth examines the main challenges ecofeminism faces regarding environmentalism, ecosocialism and the downturn.
267Investig. Fem (Rev.) 8(1) 2017: 267-282
El ecofeminismo crítico de Alicia Puleo: tejiendo el hilo de la «Nueva
Ariadna»
Georgina Aimé Tapia González1
Recibido: junio 2016 / Evaluado: marzo 2017 / Aceptado: abril 2017
Resumen. La reexión sobre feminismo y medio ambiente ha cobrado mayor relevancia en las últimas
décadas. Sin embargo, el ecofeminismo suscita la descalicación de numerosas pensadoras debido a
la popularización de las versiones consideradas “clásicas”, de corte esencialista. En este contexto, la
aportación de Alicia Puleo es fundamental porque, a partir de sus análisis de la Modernidad, ha rastreado
los orígenes ilustrados del feminismo, la ética ecológica y la extensión de las consideraciones morales
más allá del ámbito humano. De no ser por el trabajo que ha realizado esta lósofa, se conocería muy
poco sobre ecofeminismo constructivista en lengua castellana. Ahora bien, el objetivo de este artículo
es presentar el pensamiento de A. Puleo y visibilizar sus aportaciones al ecofeminismo. Lo anterior
a través de cuatro apartados: el primero explora las voces olvidadas de la Modernidad; el segundo
plantea una lectura de Simone de Beauvoir desde las coordenadas del ecofeminismo; el tercero presenta
la propuesta de lo que A. Puleo denomina ecofeminismo crítico y, nalmente, el cuarto examina los
principales retos que enfrenta el ecofeminismo ante el ecologismo, el ecosocialismo y el decrecimiento.
Palabras clave: Ecofeminismo; Ilustración; ética ecológica; género.
[en] The Critical Ecofeminism of Alicia Puleo: Weaving the Thread of the «New
Ariadna»
Abstract. The reection upon feminism and the environment has gained relevance in the past decades.
Nevertheless, ecofeminism has arisen discredit among several thinkers due to the popularization
of versions considered “classic” and essentialist. In this context, Alicia Puleo’s contribution is
fundamental because, based on her analysis of Modernity, she has traced the illustrated origins of
feminism, of environmental ethics, and of the spread of moral considerations beyond the human scope.
If we lacked the work that has been carried out by this philosopher, very little would be known of
constructivist ecofeminism in Spanish speaking countries. Having said that, the objective of this article
will be to present A. Puleo’s thinking and to make visible her contributions to ecofeminism. This will
be accomplished through four sections: the rst one explores the forgotten voices of Modernity; the
second sets out a reading of Simone de Beavoir from the perspective of critical ecofeminism; the third
presents the proposal that A. Puleo has named critical ecofeminism, and nally the fourth examines
the main challenges ecofeminism faces regarding environmentalism, ecosocialism and the downturn.
Keywords: Ecofeminism; Illustration; Environmental Ethics; Gender.
Sumario. Introducción. 1. Las voces olvidadas de la Modernidad. 2. Leer a Simone de Beauvoir desde las
coordenadas del ecofeminismo crítico. 3. Hacia un ecofeminismo crítico. 4. Pactos de Ayuda Mutua entre
el ecofeminismo y el ecologismo. 5. Consideraciones nales. Referencias bibliográcas.
1 Universidad de Colima (México)
E-mail: georgina_tapia@ucol.mx
MISCELÁNEA
Investigaciones Feministas
ISSN-e: 2171-6080
http://dx.doi.org/10.5209/INFE.52965
268 Aimé Tapia González, G. Investig. Fem (Rev.) 8(1) 2017: 267-282
Cómo citar: Georgina Aimé Tapia González (2017): “El ecofeminismo crítico de Alicia Puleo: tejiendo
el hilo de la «Nueva Ariadna»”, en Revista de Investigaciones Feministas 8 (1), 267-282.
Introducción
A pesar de la diversidad existente entre las múltiples corrientes ecofeministas, la ma-
yor parte coincide en su rechazo hacia la Modernidad, considerada como el origen
de la crisis ecológica actual. Tal pareciera que el legado emancipatorio de los valores
ilustrados ha quedado en el olvido. La difusión de los ecofeminismos denominados
“clásicos” y el desconocimiento de las vertientes constructivistas, han dicultado su
recepción positiva en el ámbito de los estudios de género. Las feministas formadas
en el paradigma ilustrado desconfían de las tentativas que pretenden naturalizar a las
mujeres y feminizar a la naturaleza, ya que lo consideran un retroceso en el largo
camino de la lucha por la igualdad.
Ahora bien, la tarea de examinar el potencial ecofeminista del legado de la Ilus-
tración ha sido emprendida por Alicia Puleo. Su rehabilitación de un concepto no
esencialista de ecofeminismo posibilita el diálogo fecundo entre las diversas vertien-
tes del feminismo ecologista para intentar responder a las preguntas más acuciantes
planteadas por la compleja problemática socioambiental.
En los siguientes apartados me propongo mostrar las principales aportaciones de
esta lósofa tanto a la teoría feminista y ecofeminista, como a los debates actuales
en torno a la ética ecológica. Para llevar a cabo lo anterior me guiaré por el hilo de la
«nueva Ariadna», hija del ecologismo y el feminismo que, surgida de la pluma de A.
Puleo, representa un reto irrecusable para el feminismo en tiempos de cambio climáti-
co, extractivismo voraz, envenenamiento del aire, la tierra, los mantos acuíferos y los
alimentos, tortura a los animales no humanos, depredación masiva de especies y cultu-
ras. Parafraseando a Françoise D’Eaubonne podemos sostener que para nuestra época
se presenta una dramática disyuntiva: “el ecofeminismo constructivista o la muerte”.
1. Las voces olvidadas de la Modernidad
Alicia Puleo traza una genealogía de pensadoras/es que fueron deshistorizadas/os
por la losofía hegemónica. Su objetivo es restituir los nombres de estas mujeres, y
de sus compañeros de lucha, a la historia de las ideas, mostrando que la Modernidad
constituye un periodo complejo donde conuyen distintas concepciones sobre las
relaciones entre los seres humanos y el resto de los seres vivos.
Esta autora considera que, antes de negar en bloque las aportaciones de la Mo-
dernidad, es imprescindible llevar a cabo un minucioso trabajo de investigación que
haga audibles las voces silenciadas dentro de la misma por representar versiones
no dominantes de los valores ilustrados. De acuerdo con ella: “En la Ilustración,
tan criticada en las últimas décadas, está el origen del feminismo y del inicio de la
extensión de la consideración ética a la naturaleza no humana, en el contexto del
universalismo moral y de una nueva sensibilidad empática ante el mundo animal y
vegetal” (Puleo, 2011: 98). Desestimar esta “otra” Modernidad, signica contribuir
a la invisibilización de las mujeres y los varones que impugnaron el sexismo, el et-
nocentrismo y el especismo de sus contemporáneos.
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En el tránsito hacia la ciencia moderna, la cosmología renacentista fue suplantada
por el mecanicismo. Entre quienes representan la imagen renacentista del mundo,
donde la Naturaleza es concebida como una fuerza interna que hace posible el ore-
cimiento de la vida sobre el cosmos, destaca el nombre de la lósofa española Olivia
Sabuco. Durante el siglo XVI, esta intelectual cuestionó la teoría de origen aristotéli-
co, según la cual, las mujeres sólo aportan materia y defecto al proceso de gestación
(Romero, 2015). Para esta pensadora, las mujeres, al igual que los varones, tienen la
capacidad de transmitir inteligencia a sus descendientes. Además de lo anterior, llegó
a armar que ver matar animales, así como otros actos violentos resultaba perjudicial
para la salud. En sus teorías se encuentran vínculos entre la denuncia del androcen-
trismo y la crítica hacia el trato recibido por los animales no humanos (Puleo, 2011).
Como ha señalado Carolyn Merchant (1990), el nuevo orden socioeconómico inau-
gurado por el surgimiento del capitalismo necesitaba una cosmovisión que se adaptara
a sus nes. Si durante la Edad Media y el Renacimiento fueron comunes las metáforas
de género que denían a la Naturaleza como “madre” y “maestra”, la Modernidad
optará por la imagen de una “esclava” que puede ser violentada. Por un lado, Francis
Bacon (1561-1626) pensaba que el hombre de ciencia tenía que torturar a la Natura-
leza, como si se tratara de una bruja, para obligarla a revelar sus secretos. Por el otro,
René Descartes, en su famoso Discurso del método (1637), negaba la existencia de
un “Espíritu del Mundo” y sostenía la tesis del animal-máquina, abriendo el camino
para la experimentación con animales no humanos, sin tomar en consideración reparos
morales. El dualismo cartesiano dividió la realidad en dos sustancias opuestas: la res
extensa y la res cogitans. Dicha visión mecanicista, que justica la explotación de la
Naturaleza considerada como una mera extensión despojada de todo carácter sagrado,
está en la base de las catástrofes ecológicas de nuestros días.
A. Puleo subraya la importancia de hacer visibles las contribuciones de la teoría
feminista al ámbito de la epistemología. Por ello, retoma algunos de los plantea-
mientos de Carolyn Merchant (1990) y Evelyn Fox Keller (1991), las cuales de-
nuncian la misoginia de los portavoces de la “nueva ciencia”, al mismo tiempo que
presentan lecturas alternativas de la misma. Ambas pensadoras coinciden en armar
que el paradigma cientíco de la Modernidad tiene una marca de género. La identi-
cación de la Naturaleza con la “Madre Tierra” implicaba ciertos límites que fueron
borrados por el mecanicismo. Reducida a materia explotable, la Naturaleza comenzó
a ser cada vez más vulnerada en aras del progreso.
Durante el siglo XVII, la concepción del universo como un gran reloj fue adopta-
da por la mayor parte de los cientícos. Ya no se trataba más de un organismo vivo,
sino de una sosticada máquina cuyo mecanismo interno tenía que ser descubierto.
Sin embargo, como apunta la lósofa ecofeminista, existieron pensadoras/es que
reexionaron críticamente sobre lo que semejante “progreso” signicaba para los
seres vivos, aunque la mayor parte de sus planteamientos fueron silenciados y no se
recogen en la historia de la ciencia.
A. Puleo recuerda el nombre de Margaret Cavendish (1623-1673), lósofa y poe-
ta inglesa perteneciente a una aristocracia que cada día perdía más poder ante el as-
censo de la burguesía. La duquesa de Newcastle, conocedora de la “nueva ciencia”,
pues Hobbes había sido preceptor de su familia, veía con tristeza la destrucción de
los bosques y la muerte de los animales silvestres que traía consigo la imparable
construcción de barcos para la ota británica. Le parecían irracionales las explicacio-
nes mecanicistas ante la complejidad y el constante devenir de la Naturaleza. En este
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contexto, escribe el “Diálogo entre un roble y un hombre que lo va a talar” (1653)
(Puleo, 2011: 107): el leñador deende los avances de la ciencia y trata de convencer
al árbol del honor que signica convertirse en un portentoso barco comercial, mien-
tras que el roble intenta hacerle comprender los benecios que concede a los seres
humanos y lamenta que su interlocutor sea incapaz de ver los dones de la tierra y
pretenda superar a la Naturaleza. Al nal, el árbol es escuchado y logra salvarse, pero
el leñador prosigue con la retórica del “progreso”. Es interesante señalar que Lady
Cavendish se destacó por sus estudios sobre las mariposas, a las que nunca llegó a
matar, como era práctica común entre sus contemporáneos.
Nuestra lósofa también destaca la gura de Anne Finch (1631-1679), vizcon-
desa de Conway, otra pensadora crítica del mecanicismo. Anne Conway rechaza la
existencia de dos sustancias diferentes: mente y cuerpo, y concibe a la Naturaleza
como un organismo activo en el que todos los seres vivos poseen un valor propio y
son dignos de respeto. Concha Roldán (2015) muestra la inuencia que Anne Con-
way ejerció sobre Leibniz, quien habría encontrado en ella el concepto de mónada.
Ahora bien, tanto Margaret Cavendish como Anne Conway expresan empatía
hacia sus objetos de estudio, con lo que se oponen a la idea de una objetividad ajena
a cualquier sentimiento, tan defendida por la ciencia dominante en su época. Las dos
habían sido excluidas de los estudios universitarios y se les negaba el reconocimien-
to social de su trabajo cientíco debido a su condición de género, por ello tuvieron
que desarrollar un saber desde los márgenes. Como apunta A. Puleo: “En las zonas
en las que no ciega la embriaguez del poder y del éxito, en ocasiones es posible una
visión desde otros ángulos, una visión que valora lo que a otros resulta irrelevante”
(Puleo, 2011: 117). Junto a Cavendish y Conway, nuestra autora rescata las voces de
muchas mujeres anónimas cuya sensibilidad por el sufrimiento de los seres vivos no
humanos se conserva como telón de fondo de las “proezas” de los hombres de cien-
cia. Se trata de las damas que, ante el desprecio de los “varones doctos”, manifesta-
ron compasión por el dolor de esos “otros” indefensos a la barbarie de la vivisección.
Otro personaje central de la Modernidad olvidada es Olympe de Gouges, femi-
nista simpatizante con las ideas de Rousseau, que fue guillotinada en el Año del Te-
rror de 1793 (Puleo, 1993). Su obra más conocida es la Declaración de los Derechos
de la Mujer y de la Ciudadana (1790), en la cual protesta contra la exclusión de las
mujeres de la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano (1789). A
esta pensadora le parecía incoherente que las mujeres hubieran luchado junto con los
hombres por la libertad y la igualdad que vindicaba la Revolución Francesa, y que,
sin embargo, no fueran consideradas como ciudadanas. Más aún, sostenía que la
discriminación hacia el colectivo femenino era contraria a las leyes de la Naturaleza,
donde los animales se ayudan recíprocamente sin establecer, armaba, relaciones de
dominación entre los sexos. Por otra parte, señala A. Puleo, casi no se menciona que
ésta apasionada por la libertad abrazó la lucha abolicionista, además del cuidado y
protección de los animales no humanos, de los que vivió rodeada durante su vida.
Todo lo anterior muestra que Olympe de Gouges fue “una precursora del ecofemi-
nismo” (Puleo, 2011: 133).
Nuestra lósofa evidencia la importancia de corregir la idea bastante extendida
de que la Modernidad se reduce al pensamiento mecanicista. Además, nos recuerda
que, aunque Descartes haya sido un pensador fundamental de esa época, no fue
el único, sus teorías no fueron aceptadas con unanimidad por sus contemporáneas/
os, ni por quienes le sucedieron. La imagen del animal-máquina fue rechazada por
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muchas personas ilustradas, especialmente mujeres. Para A. Puleo: “Hay que tener
presente que el reconocimiento de los derechos humanos, el antiesclavismo, el fe-
minismo y el antropocentrismo moderado pertenecen a la cara emancipatoria de la
Ilustración” (Puleo, 2011: 137). Sin embargo, no sólo se han olvidado las voces que
defendieron la libertad de las mujeres y su derecho a la ciudadanía, sino también
aquellas otras que se levantaron contra el maltrato inigido a los animales no huma-
nos. “Pero insisto —argumenta nuestra pensadora— el feminismo, la ecología y el
ecologismo son también fruto de las Luces” (138).
Desde sus raíces ilustradas, el feminismo surgió como un movimiento solidario
ante otras formas de opresión. Poco se sabe sobre las vindicaciones antiesclavistas
y antiespecistas de muchas feministas, y también de algunos pensadores feministas.
Los libros no suelen mencionar que John Stuart Mill unió su crítica al sometimiento
de las mujeres con la indignación hacia el maltrato animal. Tampoco es muy conoci-
do que “teóricas y militantes de la primera ola del movimiento feminista como Susan
B. Anthony, Elizabeth Cady Stanton, Lucy Stone, Margaret Fuller, Emma Goldman
y Charlotte Perkins Gilman incluyeron el vegetarianismo y reformas orientadas a la
eliminación de la crueldad contra los animales en sus diferentes propuestas de trans-
formación social” (Puleo, 2011: 139). A. Puleo muestra que en los fundamentos del
feminismo ilustrado se encuentran las bases del ecofeminismo crítico.
2. Leer a Simone de Beauvoir desde las coordenadas del ecofeminismo crítico
Aunque Simone de Beauvoir no pueda ser considerada como una pensadora ecofe-
minista, sus aportaciones al ámbito de los estudios de género, incluyendo al ecofe-
minismo constructivista, son incalculables. Esta lósofa, heredera de la Ilustración,
evidenció los mecanismos de reproducción del sexismo, y reclamó el reconocimien-
to de que las mujeres, al igual que los varones, son personas. Desde su perspectiva
existencialista, el ser humano no tiene una esencia ja, sino que es “proyecto”, “exis-
tencia”, “libertad”. Por lo tanto, negar esas posibilidades al segundo sexo signica
cerrar los caminos de la trascendencia a la mitad de la humanidad. Asimismo, man-
tener la idea de que la maternidad es un destino biológico, y no un proyecto humano
asumido libremente por cada mujer, perpetúa los esquemas de dominación, de la
misma forma en que invisibilizar el acoso y la violencia ejercidos cotidianamente so-
bre las mujeres contribuye a la naturalización de la condición femenina de opresión.
Ahora bien, A Puleo (2011) sostiene que la losofía feminista beauvoriana ha
transformado la cultura europea y su inuencia se ha extendido por diferentes partes
del mundo. Actualmente, millones de personas están familiarizadas con sus ideas
aunque no conozcan su nombre ni hayan leído sus obras. Las legislaciones en ma-
teria de igualdad, las políticas públicas que incluyen la perspectiva de género, los
estudios feministas que han sido incorporados a los planes educativos de múltiples
centros universitarios, etc., son parte de la deuda que tenemos con Simone de Beau-
voir. Por todo ello, es imprescindible reconocer el potencial emancipatorio de sus
aportaciones para comprender los fundamentos del ecofeminismo crítico. Sin el pro-
yecto beauvoriano de autonomía e igualdad que constituye el núcleo del segundo
sexo, difícilmente podría aspirarse a alcanzar la sostenibilidad en clave feminista.
A partir de estas reexiones, A. Puleo (2011) se pregunta si las perspectivas her-
menéuticas abiertas por la ética ecológica y la creciente preocupación medioam-
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biental aportan una nueva luz para releer a Beauvoir. La lósofa ecofeminista alude
a dos estudios que abordan la concepción beauvoriana sobre la Naturaleza: el pri-
mero realizado por Francis Jeanson (1966); el segundo por Claire Cayron (1973).De
acuerdo con Claire Cayron, la descripción de la Naturaleza ocupa poco menos del
tres por ciento de los textos analizados en la obra beauvoriana. En su investigación
distingue tres etapas en la actitud de Simone de Beauvoir frente al mundo natural: 1)
En su infancia, la Naturaleza le revela la perfección del Creador, al mismo tiempo
que despierta en ella el sentimiento de libertad y el gusto por los paisajes hermosos.
2) Durante su adolescencia, una vez perdida la fe, la Naturaleza se le aparece bajo un
aspecto más sensual: la intensidad de los colores y los olores de los campos se sobre-
ponen a un cielo vacío. Ante las briznas idénticas que observa en la hierba, se siente
identicada con la imagen de un roble, quiere armar su individualidad, por eso le
repugnan los ciclos repetitivos y los organismos indiferenciados entre sí, mientras
que se siente atraída por las grandes rocas, las montañas y las aguas agitadas. 3)
Después de la Segunda Guerra Mundial, inuenciada por Sartre, experimentará un
sentimiento de culpa por haber contemplado con gozo una Naturaleza separada de
los sufrimientos que acosan a la humanidad. En sus viajes se siente fascinada por
las obras del genio humano: la historia, el arte y la vida en las grandes ciudades le
parecen superiores al reino natural donde sólo encuentra repetición y aburrimiento
(Puleo, 2011).
Aunque A. Puleo reconoce la importancia de los análisis de Cayron, considera
que los problemas socioambientales exigen una interpretación de la obra de de Beau-
voir más acorde con nuestra época: “La visión beauvoriana del ser humano corres-
ponde punto por punto con el dualismo antropocéntrico extremo y con la total adhe-
sión entusiasta a la fe en el progreso tecnológico” (Puleo, 2011: 162). Aún después
de los estragos de la Segunda Guerra Mundial y de la devastación que causaron las
bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, Simone de Beauvoir sigue considerando
superiores los estereotipos del cazador y el guerrero que colocan al sexo que mata
por encima del sexo que engendra. De acuerdo con ella, mientras las mujeres han
vivido limitadas a causa de sus avatares biológicos, los varones han hecho la historia.
Cabe destacar que en su losofía, los animales no humanos eran considerados como
meros cuerpos sin conciencia (Puleo, 2011).
Para concluir su recorrido en torno a la visión beauvoriana sobre la “naturaleza
externa”, es decir, de todo aquello que no ha sido creado por el hombre, A. Puleo se
propone: “llamar la atención sobre el hecho de que el mundo natural beauvoriano
está desprovisto de conciencias no humanas” (Puleo, 2011: 156). En sus escritos, Si-
mone de Beauvoir alude a hermosos paisajes en donde se desbordan imágenes, soni-
dos y olores que enmarcan primero sus sueños juveniles de libertad y, más tarde, las
acciones y el sufrimiento de los hombres, pero no concede mucha importancia al res-
to de los seres vivos, incluso, conesa que nunca se sintió atraída hacia los animales.
Tal parece que la autora francesa se sitúa en la tradición moral del animal-máquina
de Descartes, y, aunque se haya denido como materialista, en su pensamiento sigue
vivo el abismo ontológico entre los seres humanos y los no humanos.
Por lo que respecta a la “naturaleza interna”, esto es, el cuerpo propio, A. Puleo
considera que algunas de las ideas de la lósofa existencialista constituyen un re-
ferente imprescindible para el ecofeminismo, en tanto que otras han suscitado, con
razón, diversas críticas. Por una parte, su vindicación de las mujeres como personas
y de la maternidad como un proyecto libremente asumido, y no como un destino in-
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eludible, resulta fundamental para toda política ecologista que respete la autonomía
del colectivo femenino. Nuestra lósofa nos recuerda que Françoise D’Eaubonne,
que fue quien acuñó el término ecofeminismo: “Durante muchos años admiradora
y amiga de Simone de Beauvoir, llegó a dedicarle una biografía” (Puleo, 2011: 33).
Mientras que la antropóloga Sherry Ortner (1979), inuenciada por las reexiones
beauvorianas sobre la relación mujer-naturaleza, desarrolló una serie de plantea-
mientos que dieron lugar a las primeras teorías ecofeministas de las últimas décadas
del siglo XX (Puleo, 2011).
La propuesta de A. Puleo es releer a Simone de Beauvoir y preguntarnos si su
proyecto existencial admite revisiones ecofeministas en un contexto donde la natu-
raleza ya no puede pensarse como un ciclo repetitivo, porque todo en ella ha sido
alterado debido a las catástrofes medioambientales causadas por los seres humanos,
y la libertad es coartada por la enajenación derivada de una tecnolatría ajena a cual-
quier reexión sobre los límites ecológicos.
En su primera obra losóca titulada ¿Para qué la acción? (1965), Beauvoir re-
exiona sobre el fundamento de la existencia ante un entorno que parece absurdo,
pero que no lo es precisamente por las acciones humanas que buscan liberar la liber-
tad de quienes carecen de ella. Para claricar lo anterior, nos recuerda las últimas pa-
labras del Cándido de Voltaire, quien insistía en que cada persona tenía que cultivar
su propio jardín, y decidir cuáles podían ser los límites de ese jardín: una maceta, el
patio de una casa o, incluso, el mundo entero.
Ahora bien, ¿hasta dónde ha de abarcar nuestro jardín ético ante el cambio climá-
tico, la deuda ecológica, la destrucción de los pueblos originarios y la desigualdad
en el acceso a los recursos naturales por razones de género, etnia y clase social?
“Simone de Beauvoir —sostiene A. Puleo— una de nuestras grandes maestras, nos
enseñó que quienes protagonizan la acción han de reexionar necesariamente en
cada época sobre los límites de su jardín y, si es necesario, ampliarlos” (Puleo, 2011:
166). Tales son los retos que implica abordar la problemática medioambiental a par-
tir de las categorías acuñadas por la teoría feminista y los estudios de género como
una reivindicación del legado beauvoriano de autonomía y libertad.
3. Hacia un ecofeminismo crítico
El ecofeminismo tiene un origen libertario que muchas veces ha sido ignorado. Re-
conocer esto es fundamental para comprender los planteamientos de A. Puleo. En
los inicios del ecofeminismo, Françoise D’Eaubonne e Ynestra King desarrollaron
propuestas basadas en el análisis de los aspectos materiales, políticos y sociales de
la relación mujer-naturaleza, reexionaron sobre las mujeres del Tercer Mundo y se
plantearon temas relacionados con el bien común, la sobrepoblación y el control de
la natalidad. D’Eaubonne acuñó el término ecofeminismo en 1974. Para esta autora,
la subordinación del colectivo femenino y la explotación de la Naturaleza han sido
el resultado de lo que denomina una “mentalidad falocrática” (Puleo, 2011: 33), que
controla la fecundidad femenina, envenena el suelo con sustancias tóxicas, agota la
fertilidad de la tierra con la práctica de los monocultivos, produce objetos superuos
altamente contaminantes y considera “progreso” a la bomba atómica y a la agricultu-
ra industrial. En este contexto, la ecofeminista francesa expresa una disyuntiva muy
urgente: “el feminismo o la muerte” (37).
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Por su parte, Ynestra King, feminista estadounidense proveniente de la ecología
social, desarrolló en un sentido ecofeminista las ideas del pensador anarquista M.
Bookchin, continuador de Kropotkin, que llegó a concebir al mundo natural como
una unidad compleja e interdependiente basada en relaciones de apoyo mutuo entre
las distintas especies de los ecosistemas. A partir de las experiencias de las mujeres,
concebidas como agentes históricos privilegiados, precisamente por su posición no
hegemónica, la ecofeminista norteamericana propone una nueva forma de ser huma-
no, capaz de integrar la ciencia con el ámbito de lo místico y lo sagrado. Para ella,
el principal proyecto del ecofeminismo tenía que ser el “reencantamiento racional”
(Puleo, 2011: 41), entendido como una forma de trascender los dualismos del pensa-
miento occidental sin renunciar al legado de la razón.
Junto a estas dos autoras, A. Puleo considera imprescindible el nombre de Petra
Kelly2, participante activa en la fundación de Los Verdes alemanes, pacista, defen-
sora de la justicia social y la no violencia. Esta pensadora denunció el sexismo del
movimiento ecologista y puso de maniesto la relación entre el androcentrismo, la
devastación ecológica y el militarismo. Asimismo, incitaba a las mujeres a buscar
formas de poder horizontales a partir de sus propias vivencias enfocadas en las ta-
reas del cuidado: “no un poder sobre los otros, sino un poder con los otros, un poder
compartido” (Puleo, 2011: 41).
El ecofeminismo crítico de A. Puleo promueve el diálogo entre los diversos eco-
feminismos, al mismo tiempo que abre nuevas perspectivas de análisis para la eco-
logía social. Es importante mencionar que nuestra lósofa se ha dedicado durante
varios años al estudio de las distintas corrientes ecofeministas, convirtiéndose en la
principal exponente del ecofeminismo losóco en Iberoamérica. Su propuesta sur-
ge de la necesidad de reivindicar los fundamentos ilustrados de la teoría feminista,
como un marco conceptual necesario para abordar los problemas que la devastación
ecológica plantea a los estudios de género y a la ética medioambiental3.
Si bien A. Puleo reconoce que todos los ecofeminismos son críticos, argumenta
que el ecofeminismo de orígenes ilustrados forma parte de una tradición losóca
que se caracteriza por cuestionar los argumentos de autoridad, el saber de oídas, la
palabra revelada, los mitos, las costumbres, los prejuicios, es decir, todo aquello que
es incapaz de comparecer ante el tribunal de la razón, incluso, somete a crítica el
propio concepto de “racionalidad”. Como ella misma apunta: “Con la Ilustración se
abandona la noción cartesiana de razón como conjunto de ideas innatas para abrazar
la concepción de la razón como fuerza crítica que puede y debe aplicarse a todos los
ámbitos” (Puleo, 2008: 43). De esta manera, se puede mostrar la irracionalidad de
las losofías androcéntricas y de aquellas prácticas que fomentan la desigualdad.
De acuerdo con lo anterior, la Ilustración no es sólo un período histórico sino, sobre
todo, un proceso en el que la razón conserva su dinamismo y, por lo tanto, se man-
tiene abierta a la disidencia.
La actitud crítica no sólo ha de dirigirse hacia lo que se considera pre-moderno,
pues la propia razón tiende a convertirse en un mito cuando se reducen sus posibili-
dades a una sola: ser un instrumento para el “desarrollo”. Las consecuencias de este
2 Ver: VELASCO SESMA, ANGÉLICA (2014): Petra Kelly: Resistencia no violenta para una sociedad igualita-
ria y sostenible: el pensamiento de Petra Kelly. Daimon, Revista Internacional de Filosofía, nº 63, 109-125.
3 Respecto a la ecoética, véase el texto de VELAYOS, CARMEN (2011): Cambiando para el cambio (climático):
nuevas perspectivas ecoéticas. En Flecha, A. (coord). Ecología y ecoética, 206-212. Vol. 23 del Instituto Supe-
rior de Estudios Europeos: Universidad Ponticia de Salamanca.
275Aimé Tapia González, G. Investig. Fem (Rev.) 8(1) 2017: 267-282
reduccionismo se reejan en la destrucción de los sistemas que sostienen la vida. El
ecologismo y el animalismo dan cuenta de la necesidad de formular preguntas que
muestren los límites de lo que A. Puleo llama un «antropocentrismo fuerte»4 y posi-
biliten la transición hacia un «antropocentrismo débil», es decir, que proporcionen
elementos de análisis que permitan ir más allá de una perspectiva ética androcéntri-
ca, etnocéntrica y especista. En este sentido, se plantea la necesidad de una mirada
crítica sobre las ideas de progreso, desarrollo, vida buena y justicia, a partir de un
contexto feminista.
Los ecofeminismos que han emprendido el “reencantamiento del mundo” apelan
a nuevas expresiones religiosas que buscan trascender las jerarquías y dualismos
de las grandes religiones monoteístas. Algunas corrientes ecofeministas de carácter
espiritualista realizan rituales neopaganos de la Diosa, otras pugnan por una teología
no sexista que amplíe los horizontes del cristianismo. Estas prácticas feministas que
predican la dignidad de todos los seres vivos y su hermandad universal, representan,
para nuestra pensadora: “una expresión religiosa a la altura de los tiempos” (Puleo,
2008: 46). No obstante, reconoce que para ello es necesaria la fe, y ésta es un don que
no todas las personas han recibido. Este problema no se le presenta a un ecofeminis-
mo que vindica los principios ilustrados: “Basado en la idea de ecojusticia y en un
materialismo compasivo que pueda combatir el nihilismo consumista conducente a
la paradoja del hedonismo, el ecofeminismo ilustrado puede contribuir a la construc-
ción de una sociedad sostenible y justa sin el apoyo de los sentimientos místicos y
religiosos” (47). Esta propuesta está abierta tanto para creyentes como para quienes
no lo son.
La palabra ecofeminismo suscita cierto desagrado entre las feministas porque se
le asocia con planteamientos esencialistas que refuerzan el estereotipo mujer-natu-
raleza. Sin embargo, A. Puleo llama la atención sobre el peligro de hacer generaliza-
ciones respecto a la posición asumida por las pioneras del ecofeminismo, ya que no
todas fueron esencialistas, ni se identicaron con los movimientos que exaltaban la
diferencia sexual y la misticación de la maternidad.
El ecofeminismo ilustrado deende los derechos sexuales y reproductivos de las
mujeres contra la sacralización de la vida. Su apuesta es por un neomaltusianismo
feminista capaz de enfrentar los problemas que ha traído consigo la sobrepoblación.
En concordancia con el legado beauvoriano, considera que las mujeres no están des-
tinadas a la maternidad como única opción de vida, ni tienen una “tendencia natural”
para cuidar de otras/os, y tampoco “están llamadas” a ser las salvadoras de un mundo
en crisis. No existe un “vínculo esencial” entre las mujeres y la “Madre Tierra”. Por
una parte, reconoce que hay mujeres indiferentes ante las cuestiones socio-ambien-
tales y varones profundamente comprometidos con las luchas en defensa del medio
ambiente. Por otra, señala que es innegable la presencia femenina mayoritaria en los
movimientos ecologistas de base, aunque los líderes, la mayor parte de las veces,
sean varones, casi total en la lucha por la protección y los derechos de los animales
y muy signicativa en la agroecología y los movimientos de resistencia de los pue-
blos del Sur. Desde esta perspectiva, las mujeres no son sólo víctimas del deterioro
ambiental, sino también protagonistas de los cambios.
4 “En la terminología de la losofía moral, «antropocentrismo fuerte», designa la idea de que sólo los seres hu-
manos son dignos de consideración moral” (Puleo, 2011: 113).
276 Aimé Tapia González, G. Investig. Fem (Rev.) 8(1) 2017: 267-282
Que las mujeres encabecen las estadísticas de los índices de pobreza y su posi-
ción de exclusión social las haga más vulnerables ante los desastres naturales y la
devastación ecológica no es un hecho “natural”. Tampoco lo es que quienes tradi-
cionalmente han sido destinadas a encargarse de las labores domésticas, la atención
de las necesidades de salud, alimentación y afecto de los miembros de la familia, la
recolección de agua, etc., sean más conscientes de lo que está sucediendo en su me-
dio ambiente. Se trata de construcciones de género, y no de conductas “naturales”. A.
Puleo argumenta que: “un ecofeminismo ilustrado debe rearmar la tradicional soro-
ridad internacional feminista, en este caso frente a la contaminación, la destrucción y
la pobreza” (Puleo, 2008: 48). Para esta pensadora es importante atender las deman-
das de ecojusticia de las personas que padecen mayor desigualdad en el acceso a los
recursos y sufren las consecuencias directas de la insostenibilidad del capitalismo
globalizado. Pero rechaza sacricar los derechos de las mujeres, cargándolas con la
responsabilidad de salvar el planeta y sus habitantes.
Las diversas corrientes ecofeministas han criticado severamente el complejo tec-
nocientíco del mundo actual. Algunos de sus textos parecen sugerir que no existe
más opción que optar por una vida premoderna o sucumbir ante el consumismo
ecocida que promueven las sociedades industrializadas. No obstante, es poco proba-
ble que la primera alternativa sea elegida por quienes disfrutan de las comodidades
de la modernización, incluso resulta dudoso que las comunidades rurales del Sur
renuncien a los pocos benecios tecnológicos que han alcanzado. Por ello, “el ecofe-
minismo ilustrado no será ni tecnofóbico ni tecnólatra. Exigirá el cumplimiento del
principio de precaución5 asumido en tratados internacionales y en los documentos
de la Unión Europea en materia de ciencia y tecnología” (Puleo, 2008: 52). Las
pruebas que garanticen la inocuidad del producto o servicio ofrecido corresponden a
quienes lo fabrican, y no a las personas que puedan resultar afectadas.
A. Puleo sostiene que uno de los principales factores por los que la ecología re-
presenta una cuestión central para el feminismo es porque la contaminación afecta
particularmente la salud de las mujeres a causa de cuestiones biológicas. Debido a
que el organismo femenino posee mayor cantidad de tejido graso, almacena sustan-
cias tóxicas en él, de lo que resulta una mayor incidencia de enfermedades relacio-
nadas con el deterioro ambiental entre el colectivo de mujeres6.
La tecnociencia también tiene elementos que han sido aprovechados por el femi-
nismo, como las tecnologías de información y comunicación. Internet ha abierto la
posibilidad de conformar redes ecofeministas que promueven campañas sobre salud,
derechos de las mujeres, desarrollo sostenible con perspectiva de género, solidaridad
internacional, entre otros; la aceptación de estos benecios no debe dejar de lado una
actitud de prudencia ante los excesos y la soberbia que amenazan a la civilización
tecnológica7.
5 “El principio de precaución viene a decir que ‘es mejor prevenir que curar’: los problemas ecológicos y sanita-
rios —sobre todo los problemas graves— hay que preverlos de antemano e impedir que lleguen a producirse, ya
que muchos de ellos pueden ser irreparables a posteriori” (Riechmann, 2009: 150-15).
6 Ver: CARME VALLS LLOVET (2015): Sesgos de género en medio ambiente y salud. En Puleo, A., (ed.) Eco-
logía y género en diálogo interdisciplinar, 23-35. Madrid: Plaza y Valdés.
7 Ver: GUERRA PALMERO, MARÍA JOSÉ (2011): La (des)conexión mujeres y naturaleza: Propuestas eco y/o
ciber-feministas. Icono 14. Revista de comunicación y tecnologías emergentes. Vol. 9, No. 1, 21-38. http://
www.icono14.net/ojs/index.php/icono14/article/view/216/93 4/19/2016.
277Aimé Tapia González, G. Investig. Fem (Rev.) 8(1) 2017: 267-282
Ahora bien, las identidades y actitudes asociadas a la atención de las necesidades
de las/os otras/os tienen marca de género. Si bien la virtud del cuidado ha sido tradi-
cionalmente desarrollada por las mujeres, es necesario universalizarla en la medida
en que representa un valor ético fundamental. No se trata de abandonar la ética de
los derechos, sino de incluir también la ética del cuidado. El hecho de reconocer que
tanto el colectivo femenino como los pueblos originarios y otros grupos no domi-
nantes han desarrollado una cultura del cuidado que se apoya en un fuerte sentido
comunitario, no signica que se tengan que abandonar los derechos, considerando
que éstos son indispensables para cualquier proyecto emancipatorio. Por ello, es
preciso fomentar la ética del cuidado principalmente entre los varones pues, de otra
manera, se reforzaría el estereotipo femenino del sacricio. En palabras de nuestra
lósofa ecofeminista:
“Universalizar la ética del cuidado postgenérica y ecológica es una asignatura pen-
diente de la educación ambiental. Cuando lo hayamos logrado, no sólo habremos
conseguido un reparto equitativo de las tareas cotidianas indispensables para la
vida humana y mejorado la calidad de esta última en general, sino que habremos
reconocido, por n, las estrechas relaciones internas del proceso de los sentimien-
tos, el intelecto y la racionalidad práctica y habitaremos de forma más pacíca la
Tierra” (Puleo, 2008: 55).
Algunas formas de ecofeminismo tienden a idealizar a las culturas indígenas,
mientras que ubican el origen de todo lo negativo en la Modernidad occidental. Al
respecto, A. Puleo piensa que es importante reconocer la diversidad entre las mu-
jeres (etnia, clase, edad, ubicación geográca), así como los valores positivos de
las otras culturas, pero sin abandonar la crítica feminista: “Los criterios que han de
dirigir el diálogo intercultural del ecofeminismo ilustrado serán la sostenibilidad, el
nivel de violencia ejercida y los Derechos Humanos, con especial atención a los de
las mujeres por ser los más ignorados transculturalmente” (Puleo, 2008: 57). Que
una sociedad indígena sea ecológicamente sostenible no implica una situación de
mayor equidad para las mujeres que forman parte de ella; de la misma forma, una
civilización fundada en la tecnociencia no es necesariamente aquélla que reconoce
sus límites y se conduce con sabiduría. Todas las culturas tienen algo que ofrecer, así
como algo que aprender de las demás.
Finalmente, ante el retorno de ideologías que pretenden restaurar el abismo on-
tológico entre humanos y no humanos, el ecofeminismo ilustrado se arma como
deudor de Darwin, pero en versión feminista. Se fundamenta en “una ética antropo-
céntrica moderada (débil) que no desprecie la actitud empática y los sentimientos de
piedad” (Puleo, 2008: 58). No es ecocéntrico, sin embargo, reconoce la importancia
de una comprensión holística de los sistemas naturales.
El ecofeminismo que propone A. Puleo incluye la consideración moral hacia los
animales no humanos y destaca que tal evolución de la ética forma parte de la he-
rencia de una Ilustración que fue olvidada. Nuestra lósofa recupera el legado de
aquellas feministas que se encargaron de la defensa y el cuidado de los “otros” no
humanos que también son capaces de amar y de sufrir, rescatando esas “historias
perdidas dentro de otras apenas recordadas” (Puleo, 2011: 359). Además, examina
las relaciones de cuidado, afecto y protección que numerosas mujeres mantienen ac-
278 Aimé Tapia González, G. Investig. Fem (Rev.) 8(1) 2017: 267-282
tualmente con los animales. Se trataría, arma, de una oscura resistencia al patriarca-
do en tanto “interrumpe el sistema de traspaso desigual de la energía del amor a tra-
vés del hipercumplimiento de la virtud femenina por excelencia: el cuidado” (Puleo,
2011: 400). Este fenómeno no sería el efecto de una “esencia femenina”, puesto que
hay varones que generosamente se han integrado a la lucha antiespecista, así como
mujeres que son indiferentes e incluso contrarias a ella. En uno de sus artículos más
recientes, “Ese oscuro objeto del deseo: cuerpo y violencia”, la lósofa ecofeminista
aborda la relación que existe entre la violencia hacia las mujeres y el trato brutal que
reciben los animales no humanos, analiza diversas concepciones losócas sobre la
inferioridad femenina —y la animal— y pone en cuestión los límites androcéntricos
y antropocéntricos del concepto de persona (Puleo, 2015b).
4. Pactos de Ayuda Mutua entre el ecofeminismo y el ecologismo
Aunado a todo lo anterior, nuestra pensadora reexiona sobre las condiciones nece-
sarias para un encuentro fructífero entre el ecofeminismo y las diversas vertientes
del ecologismo. La memoria feminista posee un repertorio que ejemplica lo que
C. Amorós ha calicado como “alianzas ruinosas” (Amorós, 2005: 342), y que A.
Puleo retoma con el objetivo de contribuir a que el ecofeminismo y sus compañeros
de viaje: el ecologismo, el ecosocialismo y el decrecimiento construyan relaciones
fundadas en la reciprocidad. Por lo que respecta al animalismo, tan importante para
el ecofeminismo crítico como hemos visto en este recorrido, la lósofa anuncia que
le dedicará un estudio en los próximos años.
En lo que sigue vamos a recuperar algunas lecciones recibidas por el feminismo a
través de su historia con otros movimientos sociales. Durante la Revolución francesa
que inaugura la democracia moderna en Europa, las mujeres tuvieron la oportunidad
de comprobar que las ideas de “libertad, igualdad y fraternidad” no las incluían;
algunas, como Olympe de Gouges, terminaron sus días en el patíbulo, en tanto que
otras fueron recluidas nuevamente en los espacios domésticos. En el siglo XIX, nu-
merosas mujeres estuvieron implicadas en la lucha por la abolición de la esclavitud;
sin embargo, cuando se planteó la cuestión del derecho al voto para el colectivo
femenino, los líderes abolicionistas las dejaron solas. La unión entre feminismo y
marxismo, que al inicio parecía esperanzadora, comenzó a desgarrarse cuando se
pretendió subordinar la “cuestión femenina” a la revolución proletaria.
Los movimientos sociales del siglo XX e inicios del XXI aún reproducen esquemas
sexistas: las mujeres desempeñan roles tradicionales de género engrosando las bases,
en tanto que los varones se presentan como líderes y portavoces. En algunos casos, las
reivindicaciones feministas son dejadas de lado, en otros, se les ataca con violencia.
De acuerdo con todo lo expuesto hasta aquí ¿cuáles son las enseñanzas que el
ecofeminismo obtiene de esta historia? ¿Cómo puede construir una “amistad durade-
ra” con las diferentes corrientes del ecologismo? ¿Qué escollos tiene que salvar? Al
respecto, A. Puleo considera que: “Si el feminismo permite ver el mundo con gafas
violetas, el ecofeminismo inaugura una visión verde y violeta” (Puleo, 2015a: 395).
Los llamados nuevos movimientos sociales enfrentan el reto de poner en cuestión
sus prejuicios “centristas” (antropo-, andro- y etno-), si es que pretenden aportar
alguna luz a la crisis de crisis del mundo actual. La reproducción de visiones del
mundo especistas, sexistas y ciegas ante los valores culturales no occidentales, u
279Aimé Tapia González, G. Investig. Fem (Rev.) 8(1) 2017: 267-282
occidentales no hegemónicos, resulta insostenible. Nuestra autora examina las prin-
cipales opacidades de los nuevos paradigmas ecológicos: Mujeres invisibles, eman-
cipación en diferido, Ilustración olvidada, multiculturalismo beato, y viejo hombre
nuevo (Puleo, 2015a), y propone cinco claves para iluminarlas.
La primera clave para una amistad duradera entre el ecofeminismo y las diversas
corrientes del ecologismo es la visibilización de las aportaciones de mujeres. En
efecto, mientras las pensadoras feministas estudian y reconocen a sus colegas varo-
nes, ellos no suelen proceder igual; de hecho, es raro que mencionen los logros de
sus compañeras, más aún que reconozcan alguna deuda con ellas. En muchos casos
se les desestima sin conocer sus planteamientos, llegando incluso a ridiculizarlas.
Por su parte, algunas de las activistas se encuentran con la desagradable sorpresa de
que sus compañeros, muy progresistas en casi todos los sentidos, siguen esperando
que ellas realicen las actividades tradicionalmente femeninas, las cuales, además de
no ser valoradas, tampoco son equitativas, ni contribuyen al cumplimiento de los
derechos de las mujeres.
La segunda clave previene a las mujeres de postergar sus intereses como colec-
tivo de género, o subsumirlos a otra causa, bajo la promesa de que, una vez que se
alcancen los propósitos de ésta, la desigualdad entre los sexos desaparecerá “por
añadidura”. Esta ha sido una trampa que han aplicado algunos movimientos sociales
al feminismo, como es el caso ya expuesto del marxismo, y que se encuentra pre-
sente en ciertas vertientes del ecologismo, según las cuales, la emancipación de las
mujeres debe sacricarse, ante su tarea primordial de ser las madres “salvadoras del
planeta”. En lugar de alentar prácticas de sostenibilidad mediante la universalización
de la ética del cuidado y el reconocimiento de los saberes de los pueblos originarios,
algunos discursos hacen un llamado a las mujeres para que ocupen de nuevo sus
sitios tradicionales, o les exigen que posterguen sus vindicaciones y eviten introdu-
cir “distracciones” respecto a los asuntos “verdaderamente importantes”. Ante este
peligro, el ecofeminismo ha de tener claro que los intereses de las mujeres deben de
ser considerados como fundamentales dentro de cualquier proceso de lucha.
La tercera clave recuerda los peligros de rechazar la Modernidad como si ésta fue-
se un todo homogéneo, sin matices, ni contradicciones. Por una parte, es innegable
que en la Modernidad se ubica el surgimiento del capitalismo ecocida, pero, por otra,
en el legado emancipatorio de la Ilustración se encuentran también los orígenes del
feminismo, la crítica a la concepción reduccionista de progreso y el surgimiento del
movimiento animalista. Ante un escenario en el que, como menciona nuestra autora,
una revista tan inuyente como The Ecologist ha publicado un monográco con el
sugerente título de Revolución calostral (2012)8, donde se asume una posición anti-
feminista, que cuestiona la despenalización del aborto y promueve una organización
social basada en los roles de género más conservadores, es evidente la necesidad de
Ilustración. En palabras de A. Puleo: “He sostenido que, entre el hedonismo nihilista
irresponsable y carente de objetivos solidarios y el retorno a la sacralización de los
procesos biológicos, existe una alternativa que combina libertad y responsabilidad:
la conciencia ecológica empática que conserva su plena autonomía” (Puleo, 2015a:
400). Si se rechaza el proyecto ilustrado con todo lo que esto implica, las mujeres
serán las principales perjudicadas, porque los retrocesos siempre son posibles.
8 Ver: Puleo, 2015a: 398.
280 Aimé Tapia González, G. Investig. Fem (Rev.) 8(1) 2017: 267-282
La cuarta clave trata sobre la importancia de una ética de alcances transculturales,
capaz de evitar la misticación de prácticas que vulneren los derechos de las mujeres
y/o de otros colectivos humanos y no humanos, tanto en la propia cultura como en
las ajenas. Si bien es cierto que el Occidente tiene mucho que aprender de los mun-
dos culturales no occidentales, sobre todo de cara al sinsentido de una civilización
basada en el consumismo irreexivo y la mercantilización de la vida, también lo es
que existen diversos “Occidentes”, y que algunos de estos tienen elementos valiosos
que pueden enriquecer a las otras culturas.
La quinta y última clave pone en cuestión los alcances de la propuesta del su-
puesto “hombre nuevo” que subyace a los paradigmas ecológicos. A. Puleo expresa
su escepticismo ante la “novedad” de este anthropos que se pretende “éticamente
mejorado”, ante el cual plantea el siguiente cuestionamiento: “¿puede hacerse esta
gran transformación sin una perspectiva (eco) feminista que permita deconstruir el
aner?” (Puleo, 2015a: 401). Si no se quiere caer en la incoherencia del “viejo hom-
bre nuevo” (402), es necesario abandonar las alabanzas vacías hacia “la Mujer” y
reconocer a las mujeres concretas, niñas, jóvenes, adultas, ancianas, como interlocu-
toras imprescindibles para construir un futuro sostenible.
Las claves expuestas se entretejen unas con otras creando una red de Pactos de
Ayuda Mutua, como les denomina A. Puleo, entre el feminismo ecologista y sus
compañeros de viaje. Cabe destacar que “para el pensamiento y la praxis verdes, el
ecofeminismo ha de ser el tábano socrático que les acompañe en ese largo camino
hacia otro mundo posible” (Puleo, 2015a: 402). Consciente de que los matrimonios
suelen terminar mal cuando se asientan en amores no recíprocos, nuestra lósofa
considera que lo más prudente para el ecofeminismo es andarse con cuidado respecto
a los enamoramientos superciales, y dedicar sus energías al cultivo de amistades
honestas y duraderas.
5.Consideracionesnales
La crisis socioambiental de nuestros días reclama modelos alternativos que res-
pondan a marcos conceptuales incluyentes y plurales e integren los saberes desa-
rrollados por los grupos que han sido desvalorizados a lo largo de la historia. Esta
integración ha de ser realizada sin dejar de lado la crítica feminista. Semejante
tarea no podrán llevarla a cabo ni Gaia, es decir, la madre nutricia que identica
a las mujeres y otros colectivos discriminados con la Naturaleza, ni Artemisa, la
cazadora que se acerca a la cultura y rompe sus lazos con los otros seres vivos.
Ante esta dicotomía, Alicia Puleo ha resignicado a otro personaje mitológico a la
luz de la crisis ecológica actual: Ariadna. Más allá del dualismo Gaia/Artemisa,
la nueva Ariadna es capaz de tender puentes entre género y crisis ecológica, ética
medioambiental y lucha por la consideración moral de los animales no humanos,
derechos de género y diversidad cultural.
En el laberinto del mundo actual, en el que se entrecruzan crisis de distinto signo,
A. Puleo nos propone seguir el hilo de la «nueva Ariadna» que ha nacido del en-
cuentro entre feminismo y ecología. La inteligencia de nuestra heroína no es un arma
de la que alguien más se apropia para matar. Ella es la protagonista de «otro mundo
posible» y a su lado camina un nuevo Teseo. La madeja con la que ha ido tejiendo
la lleva a descubrir su parentesco con el Minotauro, al que no concibe como un ene-
281Aimé Tapia González, G. Investig. Fem (Rev.) 8(1) 2017: 267-282
migo, sino como un semejante. En lugar de ayudar al héroe a dar muerte al “mons-
truo”, Ariadna luchará por liberarlo y trabajará con su compañero para construir una
cultura que haga posible la libertad, la igualdad, la sostenibilidad y la paz. Tal es el
objetivo que persigue el ecofeminismo constructivista de orígenes ilustrados.
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Este trabalho analisa um conjunto de obras do artista plástico Daniel Fitte (Sierras Bayas, 1960) considerando-as estratégias de intervenção contra o avanço do modelo neoextrativista em Sierras Bayas, um pequeno município localizado no distrito de Olavarría, na província de Buenos Aires, Argentina. Em tensão com o moderno conceito instrumental de natureza, as produções de Fitte sobre a progressiva mutação da paisagem e devastação dos ecossistemas locais pela atividade mineira, convidam-nos a pensar outros elos e representações - da natureza e dos outros - fora da a lógica do domínio e da exploração. O situacional e o relacional tornam-se traços fundamentais de muitas dessas produções. São obras que marcam a paisagem e traçam percursos; produzem histórias - às vezes em tensão - sobre seu próprio território e resgatam a interdependência, a reciprocidade e a complementaridade próprias do paradigma do cuidado como características de uma sociedade sustentável (GILLIGAN, 2013; SVAMPA, 2015).
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Esti artículu estudia Como aquella que yeres, el poemariu col que Lourdes Álvarez ganó’l Premiu «Teodoro Cuesta» en 1994 pero que nun s’asoleyaría hasta 2005, dende la perspeutiva de la que da anuncia’l títulu. Acordies con ello, pescuda nel perfil del suxetu poéticu, que l’autora define como «dafechamente femenín», naguando por comprender qué carauterístiques –temátiques, téuniques y d’estilu– atopamos dientro’l testu que concreten esti calter. Con esti envís, esplórase en primer llugar el marcu de receición de la obra y les sos posibles tensiones col discursu d’identidá de xéneru que dominaba naquel entós pa, dende ehí, col encontu de dellos conceutos claves na teoría ecofeminista, proponer una llectura alternativa que proyeute un nuevu sentíu sobro dos de los elementos que, dende esta perspeutiva, vuélvense testualmente sustanciales: el cuerpu y la naturaleza.
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El objetivo de este texto es reivindicar el papel de la creatividad teórica y política eco y ciber-feminista para ofrecer nuevos imaginarios sociales liberadores como el del cyborg, un nuevo icono. Esto último responde a la subversión epistemológica y metodológica de los ecofeminismos y los ciberfeminismos, opciones teórico-políticas que dislocan y desafían los estériles tópicos de los discursos misóginos. Tales estrategias subversivas son hoy lugar común de los estudios culturales feministas. La reflexión sobre la hibridación y la monstruosidad se incardina en las obras de diferentes autoras de referencia como Donna Haraway o Sadie Plant. La conclusión a la que llegamos es que la utopía de un mundo postgenérico, propuesto desde un ímpetu liberador ligado a las bio/ciber/tecnologías, no puede renegar de la ecología y de la cultura de la vida. Evaluamos, por lo tanto, el giro posthumanista desde criterios normativos igualitaristas y sostenibles.
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Resumen: El problema de la guerra y de la violencia ha sido tratado por la ética desde diversos enfoques. Desde una postura pacifista, Petra Kelly ha señalado que este problema está estrechamente relacionado con la degradación ambiental, la violación de los derechos humanos, el aumento de la injusticia en el mundo y la desigualdad entre los sexos. El análisis que realiza de estos fenómenos, así como sus propuestas ético-políticas, nos proveen de elementos valiosos a la hora de trabajar por la justicia social, la igualdad y la sostenibilidad. Palabras clave: Resistencia no violenta, degra-dación ambiental, mujeres, justicia, igualdad. Abstract: Ethics has addressed the problem of war and violence from several perspectives. From a pacifist stance, Petra Kelly noted that this problem is closely related to environmental damage, the violation of human rights, the growth of injustice in the world and inequality between the sexes. Her analysis of these issues and the ethical and political solutions she proposes to remedy them, provide valuable ground for the development of social justice, equality and sustainability.
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En 1972 Sherry Ortner escribió uno de los textos fundacionales de la antropología académica feminista. “¿Es la mujer al hombre lo que la naturaleza a la cultura?” se convirtió en uno de los artículos que más debate han provocado en nuestra disciplina. Tres décadas después de la publicación del artículo, la autora revisa sus planteamientos iniciales sobre la universalidad del patriarcado y de la oposición naturaleza/cultura.
La Ilustración olvidada: la polémica de los sexos en el siglo XVIII
  • Alicia Puleo
Puleo, Alicia (1993): La Ilustración olvidada: la polémica de los sexos en el siglo XVIII, Barcelona: Anthropos.
Por un ecofeminismo ilustrado. Isegoría. Revista de Filosofía Moral y Política
  • Libertad
Libertad, igualdad, sostenibilidad. Por un ecofeminismo ilustrado. Isegoría. Revista de Filosofía Moral y Política, 38, 39-59.
El ecofeminismo y sus compañeros de ruta. Cinco claves para una relación positiva con el ecologismo, el ecosocialismo y el decrecimiento
(2011): Ecofeminismo para otro mundo posible. Madrid: Cátedra. (2015a): El ecofeminismo y sus compañeros de ruta. Cinco claves para una relación positiva con el ecologismo, el ecosocialismo y el decrecimiento. En Puleo, A. (ed.), Ecología y género en diálogo interdisciplinar, 387-406. Madrid: Plaza y Valdés. (2015b): Ese oscuro objeto del deseo: cuerpo y violencia. Revista de investigaciones feministas de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 6, 122-138.