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Nogueras al trasluz de una admiración secreta: Borges o la radiografía de una gradación en el campo literario cubano (ca. 1960-1970)

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Abstract

This article is not about Borges, but without considering him perhaps it would not make sense. My interest in a quite singular poet (Luis Rogelio Nogueras) took me to widen the focus of my analysis towards the literary field within which he forged himself. Why, if he mentions other writers to whom he owes certain stimuli, he does not mention the writer to whom he owes more. Being this a reconfigured literary field at that time, I had to take into account some particularities of it in order to try to explain those omissions and by doing so, more fully appraise this poet's creative project.
1
La Edad de Oro, culturas de paz
y el tuétano de Martí también para niños
Osmar Sánchez Aguilera
Profesor-investigador, Tecnológico de Monterrey,
Escuela de Humanidades y Educación,
campus Ciudad de México.
Aunque a la altura de 1889 el proyecto creador- político de José Martí
es ya de suyo suficientemente singular, no podría negarse que la
inclusión en él de una revista concebida para niños (y aun niñas)
que terminaría circulando solo entre julio y octubre de ese año
aporta un motivo extra para sostener o reforzar la singularidad del
mismo.
Ciertamente, el líder político de un programa independentista,
estando en su plena madurez intelectual, saturado de encargos
propios y ajenos,1 y no sin riesgo de desfavorecer su imagen de
autoridad ante otros líderes con visión de menos alcance, y acaso
1 “[H]e echado sobre mí más carga de trabajo que la natural en una vida
de hombre”, le escribe Martí a Emilio Núñez en una carta que por su
fecha (19 de septiembre de 1889) bien puede incluir entre las cargas
aludidas la nueva responsabilidad contraída por el heroico escritor con
la atención de la revista La Edad de Oro. (José Mar: Epistolario,
compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y
Enrique H. Moreno Pla, prólogo de Juan Marinello, La Habana, Centro
de Estudios Martianos/Editorial de Ciencias Sociales, 1993, t. II, p.
125). Y en carta anterior a Manuel Mercado en la que le habla
expresamente sobre esa revista le reconoce que “ya que me la echo a
cuestas, que no es poco peso, ha de ser para que ayude a lo que
quisiera yo ayudar”. ( Ibídem, t. II, p. 117).
2
también su crédito como escritor,2 decide emprender una publicación
mensual destinada expresamente a la formación de los futuros
ciudadanos de la región sociocultural y geopolítica que él mismo ha
llamado (y seguirá llamando) nuestra América. Importa reparar en
que no se trata de la publicación de un texto o unos textos sueltos
correspondientes a lo que luego se teorizará como literatura infantil
y juvenil, o literatura para niños y adolescentes, sino de toda una
revista que, como tal, habría de ser escrita y publicada con cierta
periodicidad, en este caso, mes a mes.
De ese modo, al mismo tiempo que prepara un movimiento
independentista de envergadura internacional que debe contribuir al
reforzamiento de la independencia política hispanoamericana, el
líder está considerando una formación ciudadana para las nuevas
generaciones de esa región que naturalice, complete y consolide
entre ellas la independencia por vías que, entre otros beneficios,
harían innecesario el recurso más convencional hasta entonces para
lograr ese fin: la guerra. (Aspecto este sobre el que volveré luego).
Al trasluz de esa visión estratégica del escritor se desvanece
cualquier asomo de paradoja” en la decisión martiana de dedicar
parte de sus energías, crédito y tiempo a esa novedosa empresa.3
2 Valga como muestra de la conciencia de ese riesgo en el propio escritor
este pasaje de una carta suya en la que resuena la recepción que ha
tenido el primer número de la revista: “Los que esperaban, con la
excusable malignidad del hombre, verme por esta tentativa infantil, por
debajo de lo que se creían obligados a ver en mí, han venido a decirme
con su sorpresa más que con sus palabras, que se puede publicar un
periódico de niños, sin caer de la majestad a que ha de procurar
alzarse todo hombre. ( Ibídem, t. II, p. 116.)
3 Cf. Ángel Esteban: Introducción a José Martí, LA EDAD DE OR O y otros
relatos, edición de Á. E., Madrid, Cátedra, 2006, p. 13.
3
Cuatro números de alrededor de treinta páginas, integrados
respectivamente por nueve, siete, cinco y siete textos de variada
extensión cada uno, incluido el de cierre o final, que siempre lleva
por título “La última página” y con un espectro genérico-discursivo
que va del artículo y la crónica hasta el cuento y el poema
conforman y agotan ese proyecto editorial que va a ocupar o a dar
cabida también a todo Martí como escritor; a saber, al periodista, al
narrador, al poeta e incluso al traductor.4
Escritos en inglés fueron los poemas de Ralph Waldo Emerson
(“Cada uno a su oficio”), y de Helen Hunt Jackson (“Los dos
príncipes”)5 de los que Martí hizo versiones bastante propias ya
4 Parece inevitable coincidir con Alejandro Herrera Moreno y Gretel
Herrera Durán en que “el mérito de José Martí en La Edad de Oro no
queda en sus reconocidos valores como redactor, escritor y traductor,
sino que también debió realizar una sagaz labor adicional de búsqueda
y arreglo gráfico, para ilustrar sus narraciones a partir de imágenes que
aunque no lo parezca nunca fueron creadas especialmente para
ellas”. Cf. A. H. Moreno y Gretel H. Durán: Las ilustraciones de LA EDAD
DE ORO de José Mar, Santo Domingo, Fundación Enrique Loynaz del
Castillo, 2019, p. 3.
5 De esta misma escritora él había traducido poco antes la popular novela
Ramona (1884), en la que confiaba como inversión-base para una
empresa editorial dirigida al público lector de Hispanoamérica, según le
confía a Mercado en varias cartas de 1888 y 1889. Para conocer del
sistema de traducción empleado por Martí en esa novela, es útil el
artículo de Catharina Vallejo “José Martí y su transpensamiento de
Ramona por Helen Hunt Jackson: un diálogo de sustancia y estilo”, en
Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, no. 38, 2015, pp.
284-302 (también en Revista Iberoamericana LXIX /244-245, jul.- dic.
2013).
4
desde sus respectivos títulos; mientras que tomados del francés han
de haber sido no solo los relatos fictivos creados o mediados por el
intelectual francés Édouard René de Laboulaye: “Meñique” y “El
camarón encantado”,6 sino también el de Hans Christian Andersen
titulado “Los dos ruiseñores”.
Mucho mayor, desde luego, es la cantidad de culturas e idiomas
implicados por la enciclopedia de esta revista, pues, además de las
aludidas en la portada bajo el nombre América” (“publicación
mensual de recreo e instrucción dedicada a los niños de América”),
ahí están representadas con textos enteros Europa, Estados Unidos
y las por entonces emblemáticas de exotismo y/o colonialismo Asia y
África.
Prueba amplia de la organicidad con que viene a insertarse La
Edad de Oroque tal es el título de esa revista concebida para
niños y aun niñas en el proyecto creador martiano la ofrece el
elevado número de resonancias nexos, sintonías y aun
formulaciones textuales del ideario vehiculado en los cuatro
números de ella con otros textos capitales no solo anteriores sino
también posteriores del máximo responsable si es que no único
del contenido de la misma. Que tales sintonías puedan verificarse ya
no con textos anteriores del mismo autor, sino con otros suyos
posteriores, avalaría con más fuerza, según intuyo, el carácter
6 Un recorrido de mucho interés sobre ese cuento desde su origen popular
hasta la versión de Laboulaye reconstruye Boris Lukin en su artículo
“Versión martiana de un cuento popular de Estonia”, en Acerca de LA
EDAD DE ORO, selección y prólogo de Salvador Arias, La Habana, Centro
de Estudios Martianos/Editorial Letras Cubanas, 1989, pp. 306-329.
Según él, por ejemplo, José Martí, sin conocer la variante original del
cuento estonio, aproximó intuitivamente a él su traducción, liberándola
de algunas mejoras del cuentista francés”. (p. 321)
5
orgánico con que se inserta La Edad de Oro en el correspondiente
proyecto creador-político.
Algo de esto ha de haber colegido el propio escritor cuando en una
de sus siempre sustanciosas cartas a Manuel Mercado le habla de su
ocupación reciente en una empresa en la que puede a la vez que
ayudar al sustento con decoro, poner de manera que sea durable y
útil todo lo que a pura sangre me ha ido madurando en el alma”.7 El
carácter procesual del pensamiento ahí puesto de relieve va de la
mano con la consanguineidad del mismo en la historia de vida del
escritor: maduración, “en el alma”, “a pura sangre”. La Edad de Oro,
entonces, vendría a ser como otra modalidad expresiva u otro órgano
de expresión de un mismo sistema de pensamiento, orientado o
modulado para un tipo de público casi inédito en su obra: el de los
niños, niñas y adolescentes. Dicho de otro modo, el tuétano de Martí,
por medio de esa revista, quedaría también al alcance de niños,
niñas y adolescentes. Y, como de costumbre, todo regido por el
binomio axial “durable” (estético) y “útil” (ético).
Declarado desde el texto introductorio de la revista y así
reconocido por numerosos lectores en su historia de efectos como
uno de los rasgos temáticos centrales su carácter
latinoamericanista,8 no sorprenderá que ese sea uno de los que
primero deja entrever la resonancia con textos posteriores de Martí
en el que ese rasgo también resulta medular. Ya en el artículo inicial
del número 1 de la revista (julio de 1889) empiezan a ser notables
las hebras de esos otros textos capitales del latinoamericanismo en
el escritor cubano, como son el ensayo “Nuestra América” y el
poemario Versos sencillos, ambos publicados en 1891. Y junto con el
7 Epistolario, ob. cit., t. II, p. 116.
8 Cf., solo como un ejemplo comprimido, Acerca de LA EDAD DE ORO, ob.
cit.
6
latinoamericanismo, la perspectiva decolonial, o sea, el pensamiento
encaminado a desmontar el entramado epistémico de
jerarquizaciones en torno a culturas, razas y saberes que sostiene el
colonialismo, aun después de abolido este en el ámbito político de
manera formal.
Por ejemplo, el poema “XLV (“Sueño con claustros de mármol”) de
ese cuaderno se adivina en la relación del sujeto emisor con la
estatua de Bolívar. En efecto, la imagen de las estatuas de ese
poema que se revelan vivientes ante la duda respecto de su vigencia
mostrada por quien se ha acercado a ellas tiene su antecedente en
la línea de “Tres héroes” en que se afirma que la estatua de Bolívar
“parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo”.9
Después de todo, no sería de extrañar esa especie de
consanguineidad entre el poema y el artículo cuando se repara en la
simultaneidad de producción de ambos.
En el caso de “Nuestra América”, ese nexo sintonía o
resonancia se deja entrever ya desde ese primer artículo de La
Edad de Oro a través de un rasgo al que no se le ha prestado una
atención proporcional a su relevancia en el pensamiento martiano de
plena madurez, como es el de su preocupación por favorecer la
construcción o consolidación de culturas de paz: “Se atrevió a ser
9 José Martí: “Tres héroes”, en La Edad de Oro (edición facsimilar),
ensayo y notas de Maia Barreda Sánchez, La Habana, Centro de
Estudios Martianos/Ediciones Boloña, 2013, p. 3. Todas las citas
tomadas de esa revista provienen de la misma edición. Por ello solo se
pondrá entre paréntesis el número de página que corresponda a cada
una. // Respecto de la relación de Martí con los héroes de la
independencia hispanoamericana y cubana, acaso esté de más aclarar
que ella abarca prácticamente toda su trayectoria creativa; de modo que
la mostrada a la altura de 1889 tiene a su vez otros antecedentes.
7
magnánimo [Miguel Hidalgo], sin miedo a que lo abandonase la
soldadesca, que quería que fuese cruel”. (p. 5) He ahí una
constancia de la admiración del narrador del suceso, ante la
generosidad, la comprensión, la tolerancia mostradas por el héroe
aun en medio de un enfrentamiento bélico, indicio este que se hará
más explícito y central en varios documentos martianos de 1895 más
ceñidos a los preparativos de la guerra por la independencia cubana,
ejemplarmente en el conocido como Manifiesto de Montecristi, donde
llega a referirse a la empresa bélica que ahí explica y anuncia como
“guerra culta” o “guerra entera y humanitaria”.10 Antítesis neta, si es
que no oxímoron, sobre todo para quien empezara a conocer a Martí
por ese solo documento.
Tal vez resulte más evidente de su interés por el fomento de
culturas de paz esta otra constancia: “La mala gente quería ir con él
para robar en los pueblos y para vengarse de los españoles. Él les
avisaba a los jefes españoles que si los vencía en la batalla que iba
a darles los recibiría en su casa como amigos. ¡Eso es ser grande!
(p. 5) Al trasluz de esa observación o del dato de la cesión del
mando militar a otro líder, cómo no recordar afirmaciones tan
memorables del ensayo de 1891 como que “el heroísmo en la paz es
más escaso [que en la guerra]”, o que “al hombre le es más fácil
morir con honra que pensar con orden”.11
10 Cf. José Mar: El Partido Revolucionario Cubano a Cuba. Manifiesto de
Montecristi, ed. facsimilar, presentación Oscar Loyola Vega; estudio
valorativo Ibrahim Hidalgo Paz, La Habana, Centro de Estudios
Martianos, 2011.
11 José Martí: Nuestra América. Edición crítica, investigación, presentación
y notas de Cintio Vitier, La Habana, Centro de Estudios Martianos,
2000, p. 19. En lo sucesivo las citas provenientes de ese ensayo
8
En esa misma lógica va el dato de la cesión de la gloria a Bolívar
por parte de San Martín, según aparece en “Tres héroes”: “San
Martín se encuentra al ejército español y lo deshace en la batalla de
Maipo, lo derrota para siempre en la batalla de Chacabuco. Liberta a
Chile. Se embarca con su tropa, y va a libertar el Perú. Pero en el
Perú estaba Bolívar, y San Martín le cede la gloria. Se fue a Europa
triste, y murió en brazos de su hija”. (p. 6)
No deja de ser significativo que tales indicios favorecedores de la
construcción o consolidación de culturas de paz se deslicen en el
texto en que Martí está celebrando a tres héroes de la clásica guerra
independentista hispanoamericana de inicios del siglo XIX. Como si
de un palimpsesto se tratara, sobre el modelo ya entonces
histórico de esa guerra el nuevo líder y futuro héroe, situado a
finales de ese mismo siglo, parece dejar entrever otro modelo de
autoafirmación y resistencia, más acorde con las nuevas
circunstancias, en el que destacan rasgos como el interés en el
conocimiento, la creatividad y la tolerancia. Según lo resumirá el
propio escritor casi dos años después: “Trincheras de ideas valen
más que trincheras de piedras. // No hay proa que ataje una nube de
ideas”. (2000:10)12
Y si aun ocupándose de un evento tan sacralizado en el imaginario
martiano como la guerra independentista y sus mayores héroes el
quedarán insertas en el cuerpo del estudio mediante el año de la
edición y el número de la página entre paréntesis.
12 La relación entre esos dos textos llega a ser tan orgánica en ciertas
direcciones que ha podido sostenerse: “¿qué mejores lectores puede
tener “Nuestra América” que aquellos que hayan leído La Edad de Oro?”
(Salvador Arias García: La Edad de Oro y Nuestra América”, en
Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, no. 35, 2012, p.
111). Cf. también Ángel Esteban, ob. cit., particularmente, p. 30.
9
escritor comparte ese tipo de reinterpretaciones contrarias al recurso
de la violencia-como-primera-o-única-opción y orientadas más bien
hacia el fomento de culturas de paz, no ha de extrañar entonces que
estas reaparezcan, incluso en más de una ocasión, en cada uno de
los números de La Edad de Oro. De hecho, a partir del rastreo de
esos indicios puede reconstruirse gran parte del sumario de la
revista. Aparte de “Tres héroes”, por ejemplo, en el número 1 se
halla esta muestra proveniente, ya no de un artículo de carácter
histórico, sino de un relato fictivo, “Meñique”:
Amo,dijo el gigante;, si no adivinas el enigma, no te
calientes las entendederas. Hazme una seña, y cargo con la
princesa.
Cállate, criado,—dijo Meñique;bien sabes que la fuerza no
sirve para todo. Déjame pensar. (p. 15)
Y como si retomara ese pasaje, en “La última página” de ese
número de la revista se precisará sobre la dinámica entre fuerza e
inteligencia que aunque es bueno aprender a defenderse, porque
siempre hay gente bestial en el mundo, y porque la fuerza da salud,
y porque se ha de estar pronto a pelear, para cuando un pueblo
ladrón quiera venir a robarnos nuestro pueblo […,] para lo demás de
la vida, la fuerza está en saber mucho, como dice Meñique”. (p. 32)
En otro artículo de ese primer número, “La Ilíada, de Homero”, se
habla de “aquellos tiempos de pelea, en que los pueblos eran nuevos
y no sabían vivir en paz, como viven en el cielo las estrellas, que
todas tienen luz aunque son muchas, y cada una brilla aunque tenga
al lado otra”. (p. 19) Miembro canónico de la cultura universal, ese
poema fundador debe ser conocido por el público lector ideal de la
10
revista, pero no sin algunas precisiones, entre las que sobresale
precisamente el rechazo de la violencia.13
Y por si no hubiera resultado bastante claro ese rechazo, en “La
última página” de ese mismo número, de manera acaso más explícita,
se declara del público lector destinatario de la revista “que han de
ser mañana hábiles como Meñique, y valientes como Bolívar [pero]
poetas como Homero ya no podrán ser, porque estos tiempos no son
como los de antes, y los aedas de ahora no han de cantar guerras
bárbaras de pueblo con pueblo para ver cuál puede más, ni peleas de
hombre con hombre para ver quién es más fuerte”. (p. 32)
Identificada de antemano con la cultura de paz que ella misma
necesita para prosperar, la poesía de estos tiempos” deberá
entonces aconsejar a los hombres que se quieran bien, y pintar todo
lo hermoso del mundo” (ídem). Si alguna violencia, así sea
simbólica, ha de permitirse ella (o desde ella) es la necesaria para
oponer resistencia a quienes intenten coartar la libertad, el
conocimiento y la dignidad inalienables de todo ser humano.
Asociable ella mayormente con empatía, imaginación y sensibilidad,
se entenderá que pueda interpretarse la elevada frecuencia de la
poesía en La Edad de Oro sea como tipo de formalización textual,
sea como parte del contenido temático también en la dirección del
sostenido impulso de la revista a favorecer la construcción de
13 Para celebrar la belleza, por el contrario, no habrá reparo en acudir a
un emblema arquitectónico de la clásica Grecia: “Dicen que en el mundo
no hay edificio más bello que el Partenón, como que allí no están los
adornos por el gusto de adornar, que es lo que hace la gente ignorante
con sus casas y vestidos, sino que la hermosura viene de una especie
de música que se siente y no se oye […]. Parece que tienen alma las
piedras de Grecia”. (p. 42)
11
culturas de paz, máxime, si “hijos de la paz y padres de ella” había
definido a los poetas este otro poeta.14
Todavía en la que vendría a ser la página explicativa y
promocional de la revista que aparece siempre igual después de “La
última página” (y antes de los anuncios comerciales de Colgate, New
York Life Insurance Company y The Scott Stamp and Coin Company,
como empresas seguramente patrocinadoras de ese proyecto) se
declara entre los propósitos de La Edad de Oro estimular a
“reemplazar la poesía enfermiza y retórica que está aún en boga, con
aquella otra sana y útil que nace del conocimiento del mundo” (pp.
[33, 65, 97, 129]). Como parte del contenido de la página
promocional fija de una revista “de recreo e instrucción dedicada a
los niños” aparece esa observación que se diría más propia de una
poética personal dirigida por el escritor a sus pares. Así de notable
llega a ser la presencia de la poesía en la revista.
Siguiendo en la línea esbozada sobre el favorecimiento de las
culturas de paz, en “La última página” del número de julio, luego de
proponer como ejemplo de lectura alentadora Vidas paralelas de
Plutarco, Martí añade una explicación muy significativa: dan deseos
de ser como aquellos hombres de antes, y mejor, porque ahora la
tierra ha vivido más, y se puede ser hombre de más amor y
delicadeza”. (p. 32) Paradigmáticos esos “hombres de antes”, ellos
pueden ser mejorados por los posteriores o los entonces actuales a
partir de que a estos les es posible “ser hombre[s] de más amor y
delicadeza”. Variable a través de culturas y tiempos, la masculinidad
puede ser disociada de la violencia, o ella no está reñida, de manera
inamovible, con la amabilidad y la delicadeza. Valiente, digno y muy
14 Cf. José Martí: Obras completas. Edición crítica, La Habana, Centro de
Estudios Martianos, 2003 (obra en curso), t. 8, p. 144. [En lo sucesivo,
OCEC. (N. de la E.)]
12
hábil guerrero, a Aquiles se le caracteriza como “hombre amable y
culto”, que “se hacía querer de las mismas esclavas”.
Más en la senda de la Edad de Oro que Don Quijote presenta en su
discurso a los cabreros (“Todo era paz entonces, todo amistad, todo
concordia”),15 en “La historia del hombre, contada por sus casas”, del
número 2, a partir de ciertos cambios percibidos en los ámbitos
arquitectónico y urbanístico, se vislumbra un tiempo nuevo en el que
destacan rasgos asociados con la cultura de paz: “como si empezara
el tiempo feliz en que los hombres se tratan como amigos, y se van
juntando”. (p. 45) Ciertamente, algún eco de aquel célebre discurso
quijotesco resuena en la caracterización de ese tiempo venidero en
la visión esbozada por Martí.16
Ecos de ese famoso discurso pueden advertirse, asimismo, en el
ensayo “Nuestra América”, en el pasaje en que Martí diserta sobre
los beneficios de una buena gobernanza autóctona en esa región del
mundo: “para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país
mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y
ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso
para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con
sus vidas”. (2000:14)
Más concentrado sobre el eje temporal se verifica el indicio de
favorecimiento de las culturas de paz en “La Exposición de París”
(número 3 de la revista) cuando el narrador y guía propone pasar
15 Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha, ed. del IV centenario,
Real Academia Española-Asociación de Academias de la Lengua
Española, México, 2004, cap. XI, p. 97.
16 Un recuento de las inscripciones de ese tópico, más que en la revista,
en Ismaelillo, Versos sencillos y Versos libres, ofrece Beatriz Barrera
en su “Caballería y Edad de Oro en José Martí”, en Anuario del Centro
de Estudios Martianos, La Habana, no. 38, 2015, pp.174-185.
13
rápido por el edificio donde se exhiben muestras relacionadas con la
guerra: “De paso no más veremos el palacio donde está todo lo de
pelear”. (p. 80) Y a modo de remate de ese indicio pacifista, en “La
última página” se introduce el comentario final sobre ese número en
los siguientes términos: “Este es el número famoso de La Edad de
Oro donde se ve lo viejo y lo nuevo del mundo, y se aprende cómo
las cosas de guerra y de muerte no son tan bellas como las de
trabajar”. (p. 96)
Formulación muy similar a esa, con un fuerte sesgo
antieurocéntrico, figura en “Un paseo por la tierra de los anamitas”
(número 4): “pero el francés es de otro mundo, que sabe más de
guerras y de modos de matar; y pueblo a pueblo, con la sangre a la
cintura, le ha ido quitando el país a los anamitas”. (p. 102) ¿Cuál
sería ese “otro mundo” supranacional sino la civilizada Europa?
Situado simbólicamente en ese país de Asia que luego se conocerá
como Vietnam, el sujeto que enuncia ese discurso lleva su
identificación intelectual y emocional con este al grado de asociar a
una de las llamadas culturas centrales (Francia) con la otredad, con
“otro mundo”.
Unas páginas antes, en ese mismo texto, se había bosquejado la
imagen de un futuro mundo ideal en el que vuelve a sobresalir la
idea de concordia: lo que se ha de hacer es estudiar con cariño lo
que los hombres han pensado y hecho, y eso da un gusto grande,
que es ver que todos los hombres tienen las mismas penas, y la
historia igual, y el mismo amor, y que el mundo es un templo
hermoso, donde caben en paz los hombres todos de la tierra, porque
todos han querido conocer la verdad. (pp. 98-99)
Desplegada, he ahí “la identidad universal del hombre” que
reaparecerá comprimida en “Nuestra América” (2000:29).
14
En un texto correspondiente al que sería contra la voluntad del
único responsable de la escritura de la revista el número final de
la misma, de cierto personaje se afirma que “aquietó a la gente
revuelta con el cariño más que con el poder”. (p. 117)17
Otra vez la imagen de un futuro mundo ideal aparece en La última
página” de ese número: “en que ha de parar el mundo, cuando sean
buenos todos los hombres, en una vida de mucha dicha y claridad,
donde no haya odio ni ruido, ni noche ni día, sino un gusto de vivir,
queriéndose todos como hermanos, y en el alma una fuerza serena,
como la de la luz eléctrica”. (p. 128)
Por la frecuencia con que aparecen todos esos indicios, así como
por su distribución a lo largo de todos los números de la revista,
tanto en artículos de corte histórico como en relatos enteramente
fictivos, y tanto en verso como en prosa, puede concluirse, primero,
que ese del favorecimiento de las culturas de paz es un sólido
principio en el ideario maduro de Martí, por la insistencia con que
desea transmitirlo al público previsto de La Edad de Oro; y, luego,
que él quiso asegurarse de que ese principio resultara lo más
accesible que se pudiera para la mayoría de su público lector: quien
no consiguiera un número de la revista podría beneficiarse del
conocimiento de ese principio mediante la lectura de otro; y lo mismo
con quien prefiriera la prosa al verso, o la ficción a la historia, o a la
inversa.
Enunciados explícitos del emisor-autor, parlamentos de personajes
fictivos, alta valoración de la belleza y la sensibilidad (arte, poesía)
17 A similar sentimiento se acude en “Nuestra América” (2000:23-24) para
caracterizar el advenimiento de toda una época histórica en la región
así nombrada: “Se probó el odio, y los países venían cada vez a menos.
Cansados del odio inútil […], se empieza, como sin saberlo, a probar el
amor”. (Énfasis mío)
15
y matizaciones a eventos y personajes cuyo relieve histórico se
asocia con intervenciones bélicas son algunos medios de que se vale
“el hombre de La Edad de Oro” para deslizar su fuerte creencia en
las culturas de paz y su consiguiente fomento. Desde luego, no son
todos: aún cabría acudir a un elemento con mucha resonancia
filosófico-religiosa como lo es Buda y, por extensión, el budismo,
el “príncipe bueno”, hermoso y pensador que tangencialmente
vinculado en ese aspecto con el propio Martí, por anteponer el
deber al deseo, debió vivir alejado de su esposa y de su hijo.
Mencionado como de paso en los números 2 y 3 de la revista,
Buddha, como prefiere escribirlo él, alcanza su apogeo en el número
4, en Un paseo por la tierra de los anamitas”, el texto, no por
casualidad, donde se presenta más concentrada la conciencia
pacifista.
De vuelta ahora a los nexos sintonías o resonancias de La
Edad de Oro con otros textos capitales de Martí, tenemos que otro
poema de Versos sencillos, el número XXIX, parece prefigurado en
una respuesta de Meñique al rey: Señor rey, tu palabra es sagrada.
La palabra de un hombre es ley, señor rey”. (p. 10) El juego apenas
sugerido en el cuento a partir de la proximidad fónica y la tensión
semántica entre los sustantivos “ley” y “rey” pasa a centralizar la
lógica rectora del poema:
La imagen del rey, por ley,
Lleva el papel del Estado:
El niño fue fusilado
Por los fusiles del rey.
Festejar el santo es ley
Del rey: en la fiesta santa
16
¡La hermana del niño canta
Ante la imagen del rey!18
La nota antimonárquica de “Meñique” y en general de la revista
se dramatiza en el poema por su entrecruzamiento con la inesperada
actuación de la muchacha que canta al mismo rey que ordenó el
fusilamiento del hermano de ella.
Un enunciado que remite directamente a lo que será el cierre del
ensayo “Nuestra América” aparece en “Las ruinas indias”, del número
2 (agosto de 1889): “dioses que pasan por el viento echando semillas
de pueblos sobre el mundo”. (p. 52) A su trasluz, se impone de
inmediato la imagen del Gran Semí sentado sobre el lomo de un
cóndor desde el que esparce “la semilla de la América nueva” por las
repúblicas continentales e insulares de la región.
La reivindicación de las culturas originarias de América ante las
culturas clásicas griega y romana es otro punto que descubre a
“Nuestra América” como parte del mismo tejido que La Edad de Oro.
Sirva para ilustrarlo el siguiente comentario de Salvador Arias:
“Cuando [Martí] expresó en su emblemático ensayo que ‘la historia
de América, de los incas a acá ha de enseñarse al dedillo, aunque no
se enseñe la de los arcontes de Grecia’, ya lo había llevado a la
práctica, dos años antes, en su revista La Edad de Oro”.19
Prefiguración, acaso más discreta, del ensayo de 1891 hay
también en la crónica “La Exposición de París”, del número 3
(septiembre de 1889) de la revista: “Pero al otro lado es donde se
nos va el corazón, porque allí están, al pie de la torre, como los
retoños del plátano alrededor del tronco, los pabellones famosos de
18 OCEC, t. 14, p. 334.
19 Salvador Arias García: “La Edad de Oro y Nuestra América’”, en ob.
cit., p. 103.
17
nuestras tierras de América, elegantes y ligeros como un guerrero
indio”. (pp. 73-74) El fruto empleado ahí como vehículo del símil que
busca resaltar la autoctonía reaparece, y con la misma orientación
semántico-intencional, solo que más concentrada, en una de las
formulaciones más aforísticas del ensayo: “El vino, de plátano; y si
sale agrio, ¡es nuestro vino!” (2000:24)
En uno de los textos de La Edad de Oro en que se reivindica más
centralmente el mérito histórico de las culturas originarias de la
región, “El padre las Casas”, el monte figura como espacio de
resistencia y rebeldía (“Al monte se habían ido, a defenderse,
cuantos indios de honor quedaban en La Española”; “¡Lo mejor era
irse al monte, con el valiente Guaroa, y con el niño Guarocuya, a
defenderse con las piedras, a defenderse con el agua, a salvar al
reyecito bravo, a Guarocuya!” [p. 89]), de manera casi igual a como
aparecerá en “Nuestra América”: “El indio, mudo, nos daba vueltas
alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar sus
hijos”. (2000:22) Un monte que evoca más al del texto introductorio
de Versos sencillos es el que aparece en “Un paseo por la tierra de
los anamitas” a propósito de Buda:
Tres veces le dio en su palacio la vuelta a la cama de su mujer y
de su hijo, como si fuera un altar, y sollozó: y sintió como que el
corazón se le moría en el pecho. Pero se fue, en lo oscuro de la
noche, al monte, a pensar en la vida, que tenía tanta pena, a vivir
sin deseos y sin mancha, a decir sus pensamientos a los que se
los querían oír, a pedir limosna para los pobres como el monje. (p.
103)
Empleado en el ensayo de 1891 como emblema de acechanza, de
oportunismo, de peligro inadvertido, el tigre ya aparece con esa
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misma valencia semántica, aunque con menos matizaciones, en “Un
paseo por la tierra de los anamitas”, del número 4 de la revista:
“viene como amigo, vestido de paloma, y en cuanto se ve en el país
se quita las plumas; y se le ve como es, tigre ladrón”. (p. 104)20
Pero no es solo con textos de marcado carácter programático y
posteriores a la publicación de La Edad de Oro que se hacen notar
las resonancias intertextuales entre esa revista y el resto de la obra
de Martí, sino también con textos de carácter fictivo y anteriores.
Valgan, para ilustrarlo, las resonancias de la revista con poemas de
Versos libres y de Ismaelillo.
Respecto del poemario inconcluso, si se conoce la asociación
entre virtud y soledad concentrada en “El padre las Casas” (“El
hombre virtuoso debe ser fuerte de ánimo, y no tenerle miedo a la
soledad, ni esperar a que los demás le ayuden, porque estará
siempre solo” [p. 92]), será inevitable recordar el verso “Todo el que
lleva luz, se queda solo”, de “Yugo y estrella”, y viceversa. Más
específica, pero a la vez más contundente, es tal vez la semejanza
entre el enunciado el mundo es un templo hermoso, donde caben en
paz los hombres todos” (“Un paseo por la tierra de los anamitas”, p.
99) y el verso “¡Únjanse presto/ Soldados del amor los hombres
todos!”, del poema “Canto de otoño”. Si no fuera suficiente el
reiterado sintagma “los hombres todos”, entonces bastaría reparar en
que en ambos textos ese sintagma está asociado con el amor y la
paz.
20 Las figuraciones de ese símbolo abundan en el ensayo: “con la cautela
felina de la especie” (2000: 19), “espantado del fogonazo, vuelve de
noche al lugar de la presa” (2000: 20), “El tigre espera, detrás de cada
árbol, acurrucado en cada esquina” (2000: 21), “El tigre de adentro se
entra por la hendija, y el tigre de afuera” (2000: 24-25).
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Para coincidir en la existencia de resonancias de la revista con
Ismaelillo, bastará reparar en el muy parecido efecto que suscita
sobre su padre la aproximación real o imaginariade una hija en
el cuento “La muñeca negra”, y de un hijo en el poema Musa
traviesa”: en ambos casos, ese efecto es siempre renovador del
trabajo intelectual del padre y particularmente de su escritura:
“sueño es no más, pero dice el padre que es como si lo hubiera
visto, y que después tiene más fuerza y escribe mejor” (p. 112). No
ha de sorprender entonces la presencia de términos idénticos en uno
y otro relato: “beso”, “nube”; o, si no equivalentes, configuradores de
un mismo campo semántico (“pluma” / “péñola”, “tintero” / “vaso
manchado”, “caballo” / “caballero”, “cabalgar”…) Evidentemente,
Ismaelillo es a su padre y sujeto emisor en el poema lo que Piedad
es al suyo y no-narrador en el cuento. Si en 1881 Martí recrea esa
relación paterno-filial estimulado por José Francisco Martí, en 1889
parece hacerlo basado en María Mantilla.
Una constancia más de la advertencia de tales resonancias, si bien
menos directas, la había aportado en 1938 Raúl García Martí en su
Martí. Biografía familiar: “Su inmenso amor a los niños, del que no
ha podido gozar en el suyo propio por ser tan fugaces los momentos
que ha podido tenerlo a su lado, le hacen aspirar a la publicación de
una ligera revista mensual, que sea toda luz y cariño, para los niños
de América”.21
¿Y cómo no evocar, en este mosaico de ecos intertextuales, un
aforismo que bien pudiera fungir como sostén axial de todo ese
proyecto: “Ser culto es el único modo de ser libre”22? Muy raro
hubiera sido que una revista que reúne el tuétano de José Martí, aun
21 Raúl García Martí: Martí. Biografía familiar, La Habana, Cárdenas y Cía,
1938, p. 245.
22 OCEC, t. 19, p. 185.
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para niños, no lo hubiera contenido también a él entero: ideario y
estilo, obra y vida, figura y genio.
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