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El bosque en la ciudad: la invención del urbanismo moderno en la Ciudad de México (1870-1930)

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El discurso inaugural pronunciado por Miguel Ángel de Quevedo en la Exposición de Higiene durante las fiestas del Centenario en 1910 marcaría el respaldo del grupo de tecnócratas conocidos como “los Científicos” a las políticas higienistas impulsadas durante el periodo conocido como Porfiriato (1877-1911). Durante el gobierno de Porfirio Díaz, la dictadura aseguró una economía estable que auguraba el acceso de la Ciudad de México al circuito económico de clase mundial. Sin embargo, la disparidad en ingresos así como la inequidad social solo fortalecieron un sistema socioeconómico dual: el desarrollo de punta de distintos sectores de la ciudad en contraste con el resto del territorio marginal y subordinado a los núcleos productivos de las élites en el poder. Antes del estallido de la revolución en 1910, los ejercicios de planeación estuvieron caracterizados por un sistema de decisiones jerárquico, la legitimación política de los planes por un grupo homogéneo de “expertos” técnicos así como por un grupo internacional de empresarios capitalistas que ejercieron un liderazgo dentro de la transformación de la ciudad. El espíritu pionero de Quevedo impulsaría la materialización de la ciudad moderna en donde la ciencia y la tecnología serían el vehículo para alcanzar una mejor calidad de vida para la población en general.
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Amérique Latine Histoire et Mémoire. Les
Cahiers ALHIM
Les Cahiers ALHIM
29 | 2015
La transformation de l’espace urbain en Amérique
Latine (1870-1930) : discours et pratiques de pouvoir
El bosque en la ciudad: la invención del urbanismo
moderno en la Ciudad de México (1870-1930)
Alfonso Valenzuela Aguilera
Edición electrónica
URL: http://alhim.revues.org/5237
ISSN: 1777-5175
Editor
Université Paris VIII
Edición impresa
ISBN: 978-2-914297-72-1
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Referencia electrónica
Alfonso Valenzuela Aguilera, « El bosque en la ciudad: la invención del urbanismo moderno en la
Ciudad de México (1870-1930) », Amérique Latine Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM [En línea],
29 | 2015, Publicado el 18 junio 2015, consultado el 05 febrero 2017. URL : http://
alhim.revues.org/5237
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El bosque en la ciudad: la invención del
urbanismo moderno en la Ciudad de
México (1870-1930)
Alfonso Valenzuela Aguilera
El Higienismo y su proyecto de ciudad
Si la nación entera tiene que adquirir el grado de progreso y de riqueza al que
aspiramos, es de todo punto [de vista] indispensable que se prepare ese
engrandecimiento en condiciones convenientes, a fin de que aquella no solo venga a
ser una gran ciudad por su numerosa población, sino también una ciudad bella,
sana y cómoda para habitarse […] (Quevedo, 1911:32)
1 El discurso inaugural pronunciado por Miguel Ángel de Quevedo en la Exposición de
Higiene durante las fiestas del Centenario en 1910 marcaría el respaldo del grupo de
tecnócratas conocidos como “los Científicos” a las políticas higienistas impulsadas
durante el periodo conocido como Porfiriato (1877-1911). Durante el gobierno de Porfirio
Díaz, la dictadura aseguró una economía estable que auguraba el acceso de la Ciudad de
México al circuito económico de clase mundial. Sin embargo, la disparidad en ingresos así
como la inequidad social solo fortalecieron un sistema socioeconómico dual: el desarrollo
de punta de distintos sectores de la ciudad en contraste con el resto del territorio
marginal y subordinado a los núcleos productivos de las élites en el poder. Antes del
estallido de la revolución en 1910, los ejercicios de planeación estuvieron caracterizados
por un sistema de decisiones jerárquico, la legitimación política de los planes por un
grupo homogéneo de “expertos” técnicos así como por un grupo internacional de
empresarios capitalistas que ejercieron un liderazgo dentro de la transformación de la
ciudad. El espíritu pionero de Quevedo impulsaría la materialización de la ciudad
moderna en donde la ciencia y la tecnología serían el vehículo para alcanzar una mejor
calidad de vida para la población en general.
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Fig. 1 Porfirio Díaz y su gabinete durante felicitaciones por año nuevo 1910 (INAH-SINAFO #5696)
2 La concepción de la modernidad urbana viene sustentada en imágenes de progreso. Como
apunta Deleuze (1984) en su análisis sobre las imágenes y los conceptos, la teoría se
concibe generalmente como un ejercicio distinto de la práctica, siendo que en realidad, la
primera define los conceptos sobre los que se sustenta y articula la segunda. Podemos ver
por ejemplo, que aun en caso de que creadores de las distintas disciplinas no se
identifiquen con planteamientos teóricos de manera explícita, queda de manifiesto en su
obra un entendimiento de dichas teorías. Esta comprensión puede ser incipiente o
sofisticada, y sin embargo es inherente a toda actividad humana, dado que se encuentra
necesariamente inmersa en un sistema de referencia mayor (epistemológico, cognitivo o
relacional). Dicho lo cual, es necesario destacar que, no obstante la aparente distinción
entre las dos dimensiones, la teoría ha podido distanciarse del mundo de la cotidianidad
práctica para desarrollar en cambio conceptos de carácter abstracto, sintético y por así
decirlo, universal. Es a partir de dichas condiciones que los modelos urbanos tienden
hacia un estado ideal, a veces inalcanzable, pero invaluable por permitir la definición de
nuevas direcciones y paradigmas. Es importante para efectos de una introducción,
plantear que los urbanistas que incidieron en la modernización de la capital mexicana
tendrían distintas maneras de aproximarse a los modelos, teorías y utopías: algunos
desarrollando planteamientos teóricos de manera más estructurada, mientras que otros
utilizarían su misma obra como pronunciamiento, propuesta conceptual o definición de
principios de lo que serían los nuevos modelos urbanos de la modernidad del siglo veinte
(Almandoz, 2007: 72).
3 A éste respecto, es el lingüista suizo Ferdinand de Saussure quien propone la existencia de
una estructura orgánica en cuyo interior se establecen relaciones múltiples entre los
elementos constitutivos, actuando en las distintas dimensiones (1972: 22). Trasladando
dichos conceptos al constructo urbano podemos inferir que la estructura de la Ciudad de
México refleja estas distintas dimensiones tanto formales como sociales, estéticas y
económicas, funcionales y políticas. Por tanto los modelos espaciales contienen en
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mismos significados intrínsecos a su estructura, la cual refleja no lo las decisiones
adoptadas sino que de la misma manera revelan las omisiones realizadas, las prioridades
escogidas y la población beneficiada por la acción de dichas políticas.
4 Durante el Porfiriato la Ciudad de México buscaba convertirse en una plataforma de
visibilidad mundial para lo cual debía hacer patente el control gubernamental del entorno
urbano mediante el registro de focos infecciosos y condiciones sanitarias que evitaran la
propagación de enfermedades. En dicho periodo los higienistas argumentaban que las
enfermedades eran causadas por aire contaminado (miasmas), producto de animales
putrefactos, desechos, heces, y suelos contaminados. Sin embargo, ya para la segunda
mitad del siglo diecinueve empezó a cobrar fuerza la teoría de gérmenes y microbios que
se popularizó a partir de las investigaciones de Louis Pasteur y Robert Koch. En México las
políticas de salud e higiene adquirieron un carácter de inmediatez para los distintos
gobiernos de la primera mitad del siglo veinte, pero en particular para el de Porfirio Díaz.
5 El recién creado Consejo Superior de Salubridad tendría como funciones principales las de
identificar y diagnosticar las áreas de la ciudad que presentaran condiciones insalubres
para después emitir recomendaciones remediales sobre la situación existente. Durante el
Porfiriato la ciencia adquirió nuevos matices como sustento de las políticas urbanas y
proyectos de infraestructura, directamente traducidos como signos del progreso nacional.
Dicho sustento sería provisto por los ingenieros, quienes siguiendo el prestigio derivado
del desarrollo tecnológico como transformador de las capitales europeas, estaban listos
para emprender la transformación territorial a gran escala de sus capitales (Bazant, 1984:
277). Los problemas nacionales como la mortalidad infantil, equivalente a 31.9 por mil
habitantes al año (Benítez, 1961: 30), la expectativa de vida de solo 27.4 años, así como las
epidemias de vómito negro, influenza española, tifoidea y otras, demandaban una
respuesta científica que ayudara a contrarrestar la generalización de dichos indicadores.
Ante condiciones tan apremiantes era natural que la obra pública se promoviera como
remedio a la insalubridad en la ciudad encontrara poca resistencia tanto de la población
como de los distintos grupos de interés en la nación.
6 Después de las prestigiosas conferencias internacionales de higiene que reunieron a los
mayores expertos de clase mundial y celebradas en Londres (1884), Viena (1887), Berlín
(1888), París (1889) y Budapest (1894), México realizaría su Exposición de Higiene durante
los festejos del Centenario de la Independencia, justamente en el mes de septiembre. La
exposición tendría un carácter didáctico sobre los logros obtenidos en los últimos cien
años en materia de salubridad e higiene, los cuales legitimaban el lema de “orden y
progreso” del régimen Porfirista, haciendo énfasis en los nuevos espacios de
confinamiento como el Hospital General, la Cárcel y el Hospital Psiquiátrico de La
Castañeda.
7 En la conferencia pronunciada por el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo en la Exposición
de Higiene de 1910 en la Ciudad de México, en su calidad de Vocal del Consejo Superior de
Salubridad y Jefe del Departamento de Bosques del Distrito Federal destacaba de manera
enfática que “El ser humano necesita del aire para su existencia y para conservar su
salud” (Quevedo, 1943: 11), sobre lo que se construiría su discurso sobre la necesidad de
espacios abiertos en la ciudad. Quevedo aprovecharía dicha exposición para destacar los
beneficios que tendrían la creación de espacios libres como garantes de la salud e higiene
de los habitantes. Si bien la teoría basada en los gérmenes se aceptaba como una realidad
científica, la importancia de la renovación del aire en la atmósfera así como la capacidad
de la capa arbórea para contrarrestar los focos de emanaciones insalubres, todavía
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recordaba la anterior racionalidad ligada a la teoría miasmática de las enfermedades. La
idea de un “cinturón verde” alrededor de la zona urbanizada de la ciudad nolo
respondía a la intención de establecer un área de conservación natural, sino también la
noción de que los árboles filtrarían el aire malsano proveniente de distintos puntos de la
periferia.
Fig. 2 Festejos del Centenario de la Independencia, 1910 (INAH-SINAFO #5861)
8 Por tanto, la clave para la reconciliación entre la naturaleza y la salud estaría en la
creación de parques y reservas forestales que asegurarían la provisión de aire limpio en la
ciudad, emulando las condiciones de salud de los habitantes del campo. A éste respecto,
Quevedo citaba la visión de Jean-Jacques Rousseau en el sentido de que las grandes
aglomeraciones urbanas afectaban no solo la salud de sus habitantes, sino que también
recalcaba que “[…] mientras más se agrupan los individuos, más se corrompen
(Quevedo, 201: 6). Tanto Quevedo como Rousseau se referían a la corrupción física como
moral del individuo, es decir, enfermedades del cuerpo como del alma. Las
preocupaciones de Quevedo tuvieron como origen la capacidad del entorno por mermar
la salud de los ciudadanos, no sólo causándole afecciones respiratorias, sino también
enfermedades del sistema nervioso: “Las estadísticas están aquí para demostrar que las
grandes aglomeraciones urbanas han venido a aumentar en fatídica proporción el
número de los neurasténicos, de los decrépitos y los degradados, de los histéricos y aún de
los enajenados” (Quevedo, 2011: 8).
9 La ciudad de México creció de manera vertiginosa durante el Porfiriato, de modo que
mientras que en 1858 la ciudad ocupaba un área de 8.5 kilómetros cuadrados, para 1910
casi quintuplicó su extensión alcanzando cerca de 40.5 kilómetros cuadrados, al tiempo
que la población urbana pasaba de 200,000 habitantes a 471,000 en el mismo periodo
(Morales, 1974: 16). Este crecimiento impactó en las condiciones de vida de la población, y
sin embargo durante el Porfiriato la solución a cuestiones de salud pública fue enmarcada
dentro del marco de la educación, la ciencia y la tecnología, de modo tal que las
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contradicciones sociales creadas de manera estructural al sistema económico y del
proyecto de modernización pasaran a segundo término.
Ordenamiento territorial y las políticas de salubridad
10 Las cuestiones de ordenamiento del territorio, obra pública e incluso de moralidad y
ordenblico fueron observadas bajo la lente del Higienismo, el cual justificó las
políticas, programas, proyectos y acciones específicas sin ser cuestionadas o puestas en
duda ante la fuerte vinculación con el bien común. Es indudable que la discusión sobre la
higiene en el país se reflejó en los modelos de planificación urbana, como refiere el editor
del Anuario del la Asociación de Arquitectos Mexicanos:
[…] Después de las leyes que rigen los grandes conjuntos constructivos de la Ciudad,
vienen las que deben regir los elementos componentes de esos conjuntos, es decir,
las manzanas o bloques de edificios, las plazas, las arterias de comunicación. Todos
estos elementos deben satisfacer no sólo a preceptos de salubridad e higiene, sino
muy especialmente a leyes plásticas de la belleza: es decir, que como todo elemento
o criatura arquitectónicos, esos elementos no solo deberán ser útiles y convenientes
desde el punto de vista de la habitabilidad, sino también bellos. La higiene, por
ejemplo, dictamina lo que se refiere al ancho de avenidas, a la altura de las casas, a
la proporción de los arbolados, a la capacidad de los factores de ventilación, al
abastecimiento de agua, etc., pero la ley arquitectónica por excelencia ordenará el
ritmo, la proporción, la variedad, el claro oscuro, la armonía, el estilo a que habrá
que sujetar esos mismos elementos. (SAM, 1922: 22)
11 Otra influencia importante dentro de la visión higienista de Miguel Ángel de Quevedo fue
su relación con el eminente doctor Louis Pasteur, quien en su visita a la Escuela de
Puentes y Calzadas de París le comentó de manera personal los problemas que para la
higiene urbana representaban las letrinas y la manera como un sistema de atarjeas o
conductos cerrados podrían transportar los deshechos y evitar la propagación de los
microbios. Pasteur lo instruyó además acerca de las ventajas de la ingeniería sanitaria en
un país como México, expuesto en sus regiones tropicales a mortíferas enfermedades
como el vómito negro y el paludismo. Pasteur para entonces tenía el reconocimiento de la
comunidad científica internacional, pues había ya descubierto vacunas eficaces
desconocidas hasta entonces e identificado a los microbios como objetivos de la
esterilización.
12 Fue entonces muy atinado que de regreso a México le fuera ofrecido a Quevedo un trabajo
como ingeniero director de las obras del puerto de Veracruz, una ciudad con altos índices
de mortandad a causa de las condiciones insalubres. Quevedo proyectó, siguiendo los
planteamientos de Eads y Thiers, la construcción del dique rompeolas en el Noroeste del
puerto con el fin de proteger la bahía contra las corrientes, empleando la experiencia
adquirida en sus prácticas en la construcción de los diques franceses. Sin embargo, al
morir el dueño de la compañía constructora a cargo del proyecto, las obras del puerto se
detuvieron aunado esto a la fuerte oposición pública.
13 Quevedo se trasladaría a la ciudad de México para ampliar sus horizontes laborales y
empezar a relacionarse con empresarios franceses y españoles de importancia como sería
Ernesto Pugibert, dueño de la fábrica de cigarros “El Buen Tono”. E. Pugibert le
encomendó la ampliación de dicha fábrica para lo cual Quevedo aplicaría sus criterios
higienistas reflejados en la instalación de los baños de damas, a los que “[…] se obligó a
entrar diariamente a todas las obreras para su aseo, aplicado mis conocimientos en
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5
ingeniería sanitaria que me inspiró mi profesor el gran [Louis] Pasteur” (Quevedo, 1943:
37). Es interesante observar la manera como Quevedo generalmente utilizaba el marco de
referencia higienista y sanitario en todos los ámbitos del ejercicio de su profesión, desde
la construcción de diques, puertos, vías férreas, hasta las propuestas de planeación
urbana, lo cual serviría incluso como argumento técnico para eventuales decisiones que
rebasaban dicho ámbito.
Fig. 3 Acceso principal de la fábrica “El Buen Tono”, 1925 (INAH-SINAFO #1753)
14 Quevedo asistió en 1900 al Congreso Científico sobre los Problemas de Urbanismo e
Higiene Urbana en la ciudad de París, el cual tuvo relevancia internacional al discutirse
los posibles impactos que tendría la introducción de nuevos sistemas de transporte,
concluyendo que esta política probablemente se traduciría en migraciones masivas de la
población rural hacia la ciudad, previéndose su crecimiento en varios millones de
habitantes. En dicho congreso se resolvió que las ciudades deberían tener jardines o
parques públicos en proporción no menor del 15% de área urbana para evitar que fuesen
insalubres. En dicho viaje, Quevedo aprovecharía también para visitar las Fábrica de
Hilados y Tejidos de Manchester, Inglaterra (que utilizaban maquinarias similares a las
fábricas de Orizaba) y donde también le impactó la contaminación del río Mersey causada
por la descarga de aguas negras provenientes de las mismas industrias. De regreso en
México, Quevedo sería nombrado Regidor de Aguas Públicas en el Ayuntamiento de la
Ciudad de México y desde dicha plataforma impulsaría la reforestación de la ciudad, así
como la creación de jardines, parques y arboledas para poder lograr así alcanzar el 15% de
la superficie de áreas verdes acordando en el congreso referido.
Jean Claude Nicholas Forestier y el modelo de
sistema de parques
15 Jean Claude Forestier (1861-1930) fue el mentor directo de Miguel Ángel de Quevedo y en
los escritos de éste último se hace patente un enfoque compartido con respecto al
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mejoramiento de la higiene, la moral y la calidad de vida. Otro factor fundamental dentro
del análisis de ambos fue que no solo consideraron importante alcanzar los estándares
internacionales con respecto a la superficie de espacios verdes mínima requerida para
una población determinada, sino también se preocuparon por que la distribución fuera lo
más ágil y equitativa sobre el territorio. Lo que pareciera una racionalidad basada en el
sentido común, se demostró como una verdadera posición política en los años
subsecuentes, ya que el territorio habría sido ocupado por los grupos de poder dentro de
la estructura socioeconómica, bajo una lógica de mercado o bien de equilibrio de fuerzas
político-territoriales.
16 Forestier fue miembro fundador de instituciones tutelares dentro de la escuela Francesa
de Urbanismo, pero fue su libro Grandes Ciudades y Sistemas de Parques (1908) el que le dio
proyección internacional al analizar el crecimiento de París y denunciar su tendencia
hacia el déficit de espacios públicos. En dicha obra realiza también un detallado estudio
del modelo americano de Sistema de Parques puesto en marcha por Frederick Law
Olmsted en las ciudades de Boston, Nueva York, Baltimore y Harrisburgo, en donde exalta
tanto sus virtudes de higiene como de salud pública. Olmsted refería en un reporte sobre
su intervención en Boston: “Los ojos del hombre no pueden estar tan ocupados como lo
están en las grandes ciudades debido a la cantidad de cosas artificiales, o bien por cosas
naturales vistas bajo condiciones artificiales evidentes, sin un efecto dañino, primero
sobre su sistema nervioso y mental y en última instancia sobre la totalidad de su
organización constitucional” (Olmsted, 1997: 243).
17 Cabe destacar que dentro de la formación de Forestier, un momento clave se dio al ser
invitado a colaborar con Adolphe Alphand (1817-1891) poco tiempo después de haber
terminado sus estudios en la Escuela Forestal de Nancy. Alphand estuvo a cargo de la
Dirección de Obras de la Ciudad de Paris, nada menos que durante la transformación de la
capital francesa dirigida por el Barón de Haussmann. Forestier tenía un alto concepto de
Alphande y siempre le sugería continuar con su labor: “Después del admirable esfuerzo de
Haussmann y de Alphand, el cual nos haría creer en la realización de la ciudad perfecta,
hoy en día nos damos cuenta de que Paris ha cometido un error al detener el buen camino
que llevaba y no llevar más lejos el sistema de embellecimiento, de aireación, de no
preveer que su desarrollo continuo exigiría un desarrollo paralelo de sus espacios
abiertos, sus parques y sus paseos” (Forestier, 1997: 49). Además de compartir la visón de
sus tutores, Forestier impulsó una visión unitaria criticando el mantenimiento de las
antiguas fortificaciones como límites territoriales, defendiendo en cambio que las
comunas adyacentes a la ciudad formaran parte de la aglomeración urbana de Paris y
sugería para ello la formación de un conjunto de “asentamientos humanos solidarios, que
aprovechen las mismas ventajas y compartan los mismos inconvenientes, partícipes todos
de las mismas condiciones de higiene y salubridad general, y a los mismo riesgos de
contagio moral y físico” (Forestier, 1997: 50). En su libro, Forestier reconocía que en la
planeación de ciudades norteamericanas y europeas se habían comprendido a cabalidad
los elementos de belleza e higiene, sin embargo, consideraba que dichos planes resultaban
siempre incompletos al no articularse tanto con un plan de conjunto como con un plan
especial de espacios interiores y exteriores a corto y mediano plazo, es decir, por un
sistema de parques. Forestier tenía una visión amplia sobre el impacto de los espacios
abiertos en las ciudades, incluyendo los beneficios económicos del mejoramiento del
entorno. Al respecto destacaba que los gastos se recuperarían rápidamente al mejorar “la
moralidad, la salud [pero también gracias al] aumento del valor del suelo, de los
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impuestos prediales…[además de] la luz, el aire y las vistas a rincones de verdor
reconfortante, en medio de las fatigas y las preocupaciones cotidianas de la vida en las
grandes ciudades…” (Forestier, 1997: 49).
18 En 1923, Forestier sería contratado como consultor en Buenos Aires. Forestier llegaba con
la idea del sistema de parques, es decir, la elaboración de un plan de espacios verdes
metropolitanos articulados. Dentro de su perspectiva, la red metropolitana ligaba de
manera indisoluble a la ciudad con los suburbios y se atendían tanto cuestiones sociales
como de higiene al atender las necesidades de la población obrera de la periferia. En las
conclusiones de su obra capital, Forestier señalaba que tanto los parques como los
proyectos de nuevos parques deberían ser objeto de un “programa de conjunto”, en el
cual las provincias, departamentos, comunas y ciudades deberían cooperar y colaborar
para lograr una distribución eficaz y uniforme en el territorio. Asimismo, reconocía la
influencia del movimiento de la “ciudad jardín” en el retorno a la naturaleza, en este caso
promoviendo la creación de parques, jardines y áreas de juego infantiles no solo por sus
efectos positivos en la salud sino también por su potencial para incidir en la valorización
del precio del suelo. No obstante, en las primeras décadas del siglo veinte un modelo
urbano de corte europeo empezó a desarrollarse cuando las “colonias residenciales
comenzaron a establecerse alrededor de espacios públicos, servicios y modernas
infraestructuras. Las colonias Roma, Juárez, Hipódromo Condesa y Santa María la rivera
se construyeron a partir de inversiones de capitales internacionales (ingleses y
norteamericanos), compañías que aprovecharon los incentivos gubernamentales para la
provisión de licencias y condonación de impuestos dirigidos a impulsar los desarrollos
inmobiliarios.
19 Miguel Ángel de Quevedo cultivó una amistad duradera con Forestier, además de citar su
influencia en los importantes foros a los que era invitado. Mientras que Quevedo abogaba
por la generación de condiciones de higiene y sanidad adecuadas, Forestier iría todavía
más lejos al proponer la prevención de riesgos de contaminación física y moral a través de
los espacios abiertos. En ése mismo sentido, la asociación de los riesgos de contaminación
con la ciudad se pueden trazar, siguiendo a Foucault, en la Francia de finales del siglo
dieciocho, “en donde la Arquitectura comienza a estar ligada a los problemas de
población, de salud, de urbanismo […]” (Foucault, 1982: 4). En el caso del México de
principios del siglo veinte, el Higienismo imperante revelaba una racionalidad positivista
en el cual el territorio era un organismo sujeto a padecer afecciones sujetas a tratamiento
(analogía médica), mientras que las contradicciones espaciales no se vinculaban con las
condiciones estructurales del sistema socioeconómico vigente.
Conclusiones: la construcción de una modernidad
Las formas de las grandes utopías clásicas se derivan de las ciudades-Estado y, aun
siendo imaginarias, ambas fueron pensadas para ser localizadas con exactitud en el
espacio […] No serían las ciudades racionales surgidas de la dialéctica de un filósofo:
estarían enraizadas tanto en el cuerpo como en la mente, en el inconsciente como
en la conciencia, en los bosques y en los desiertos tanto como las autopistas y en los
edificios, en la cama tanto como en el simposio. (Northrop, 1970: 133-134)
20 Las utopías urbanas buscaban que sus modelos transformaran a la sociedad en su
conjunto, mientras que sectores ligados al capital trataban de legitimarse mediante el
proyecto programático del positivismo, después del cientifismo, y más tarde el
modernismo. La misión de Miguel Ángel de Quevedo a lo largo de su vida y desempeño
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profesional consistió en fortalecer la conciencia ambiental de la población y mejorar las
condiciones de vida y calidad del entorno para el ciudadano común. Mediante el
desarrollo e incorporación de distintas tecnologías urbanas, ambientales o constrictivas,
Quevedo impulsó el mejoramiento de las condiciones de salubridad pero también trató de
materializar la poderosa idea de la modernización que se basa en extender el beneficio de
los avances técnico y científicos a la mayor cantidad de gente posible. Si bien para lograr
sus objetivos Quevedo tuvo que negociar con la clase política que tenía distintas agendas
para el futuro del país, es destacable que mediante sus gestiones y acciones lograría hacer
un cambio fundamental dentro del espacio físico de la ciudad de México así como dentro
del manejo medioambiental en el país.
21 Estos proyectos contribuirían en el establecimiento de las bases de transformación
urbana que tuvieron lugar tanto en la capital como en las ciudades en el interior de la
República mexicana, sustentadas en la utopía de la ciudad racional, higiénica y moderna.
Como derivado de las tradiciones utópicas clásicas, el modernismo atribuyó al entorno
construido capacidades como motor del cambio social, que en el ámbito urbano significó
privilegiar la intervención sobre los elementos físicos del tejido urbano. La modernidad
urbana transformó la mentalidad de sus artífices antes que el entorno construido; es
decir, más allá del éxito que pudieran haber tenido las intervenciones urbanas, sería la
idea misma que sustenta el modelo, la fórmula o la estrategia la que podría resolver los
problemas humanos de manera multidimensional, eficaz y sostenida. En un origen, la
modernidad se dio a la búsqueda de una piedra filosofal materializada en instrumentos
objetivos y racionales que armonizaran las demandas históricas, complejas e incluso
contradictorias y antagónicas. Sin embargo, esta panacea no resultaría cierta aun cuando
cumplió con dos objetivos: el primero sería el establecerse como una estructura de
referencia que permitiría beneficiar a grupos específicos manteniendo la estructura
socioeconómica vigente; y en segundo lugar serviría para reproducir la idea de que este
tipo de instrumento era el único y más eficiente medio para racionalizar el gasto público
convirtiéndolo en un paradigma universal, trascendente, absoluto e ineludible.
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RESÚMENES
El embellecimiento y la higienización de las ciudades de principios del siglo veinte en América
Latina no solo buscaban liberarse de las epidemias que aquejaban buena parte de las capitales
europeas y latinoamericanas, sino que las intervenciones materializaban la imagen de progreso,
situaban a la ciudad dentro de los estándares competitivos internacionales y enviaban un
mensaje a la población local mediante la puesta en escena del poder del conocimiento. Se analiza
la participación de Miguel Ángel de Quevedo, urbanista, ingeniero y ambientalista que desarrolló
una serie de propuestas visionarias para conservar, mejorar y potenciar la calidad ambiental de
la ciudad. Las nacientes metrópolis se convirtieron en una de las principales herramientas de
modernización mediante la utilización de modelos internacionales gracias a los cuales Quevedo
buscó establecer a la planificación ambiental como una disciplina en México. Nuestro trabajo
concluye que a pesar de un período de intensa agitación social y política, Quevedo se destaca
como uno de los líderes ambientalistas inscritos dentro del proceso de modernización de la
ciudad de México, en colaboración con diferentes grupos de poder, al tiempo que demostró el
éxito de la transferencia de ideas urbanísticas para posicionar a los países a escala global.
The beautification and sanitation of cities of the early twentieth century in Latin America not
only sought to liberate them from epidemics that plagued most of the European and Latin
American capitals, but such interventions materialized the aura of progress, positioning the
cities at international competitive standards as well as stressing the supremacy of knowledge.
The participation of Miguel Angel de Quevedo, developer, engineer and environmentalist who
developed a series of visionary proposals to conserve, improve and enhance the environmental
quality of the city proposals are analyzed. We argue that emerging metropolis became one of the
main tools of modernization using international standards where Quevedo sought to establish
environmental planning as a discipline in Mexico. The paper concludes that despite a period of
intense social and political turmoil, Quevedo stands out as one of the leading environmentalist
shaping the modernization of Mexico City in collaboration with different groups of power, while
demonstrating the successful transfer of urban planning ideas worldwide.
El bosque en la ciudad: la invención del urbanismo moderno en la Ciudad de Mé...
Amérique Latine Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM, 29 | 2015
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ÍNDICE
Keywords: hygienism, urban visions, modernity, progress, Mexico city
Palabras claves: higienismo, visiones urbanas, modernidad, progreso, ciudad de México
AUTOR
ALFONSO VALENZUELA AGUILERA
Doctor en Urbanismo. Profesor Investigador en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y
Profesor Invitado en el Instituto de Desarrollo Urbano y Regional (IURD) de la Universidad de
California en Berkeley. E-mail: aval@uaem.mx
El bosque en la ciudad: la invención del urbanismo moderno en la Ciudad de Mé...
Amérique Latine Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM, 29 | 2015
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... Los puntos principales en los que están de acuerdo como convención comunal es el uso de plantas medicinales y la importancia de los cuidados. Estos están estrechamente relacionados y rebalsan la visión higienista del siglo XIX, que fue producto del urbanismo y la creación de la ciudad moderna (Valenzuela 2015). Los usos comunales no se ciñen al producto del imaginario urbano, por el contrario, son respuestas a la adaptación constante de su propio ambiente. ...
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En Bolivia, el proyecto Puesta en valor de un segmento demostrativo de la Calzada del Qhapaq Ñan en la Comunidad de Ispaya Grande del Municipio de Ancoraimes se convierte en el primero de su tipo, donde convergen las ideas de pobladores locales, investigadores, gestores y personeros del Estado. Esta característica ha permitido generar diversas instancias de co-participación, desde los primeros acercamientos hasta la conservación del camino prehispánico. Pese a los esfuerzos de todos los involucrados, los problemas sociales acaecidos en Bolivia a finales del 2019 y la emergencia sanitaria por el COVID-19 durante gran parte de la presente gestión, el trabajo ha sufrido interrupciones y transformaciones con respecto a la “nueva normalidad”. En el presente trabajo se exponen las acciones realizadas conforme a las diversas disposiciones estatales sobre la emergencia sanitaria, y al mismo tiempo, cómo estas dialogan con las tradiciones de la comunidad de Ispaya Grande. A través de una estrategia metodológica de corte etnográfico, pudimos incorporarnos a la comunidad, y de esta manera, evidenciar la importancia del trabajo comunitario por sobre las disposiciones establecidas a nivel gubernamental.
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En este texto se aborda una lectura alternativa a la de la historiografía publicada, basada en el análisis de los aspectos simbólicos de los tejidos urbanos, en particular del “Plano de las Colonias” de la ciudad de Aguascalientes (Samuel Chávez, 1901), bajo el enfoque de la historia cultural y la perspectiva teórico-analítica de la hermenéutica analógica. Basados en fuentes primarias de carácter gráfico y en documentación histórica de la época, se propone un sistema de significados alrededor de un doble discurso del cuerpo en el espacio urbano: el físico-higienista y el simbólico, por el cual en la operación conceptual del plan se efectúa una suerte de sacralización del cuerpo y de corporización de la divinidad, significados que se encuentran “larvados” en la organización sintáctica de los elementos del espacio urbano marcados por el planificador-proyectista.
Modernización urbanística en América Latina. Luminarias extranjeras y cambios disciplinares
  • Arturo Almandoz
ALMANDOZ, Arturo, "Modernización urbanística en América Latina. Luminarias extranjeras y cambios disciplinares, 1900-1960", Iberoamericana, VII, 27, 2007, p. 59-78.
  • Gilles Deleuze
  • La Imagen-Movimiento
DELEUZE, Gilles, La imagen-movimiento: Estudios sobre cine 1, Barcelona, Paidós Comunicación, 1984.
Space, Knowledge and Power, entrevista con Paul Rabinow
  • Michel Foucault
FOUCAULT, Michel, "Space, Knowledge and Power, entrevista con Paul Rabinow", Skyline, marzo 1982.
  • Amérique Latine Histoire
  • Mémoire
Amérique Latine Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM, 29 | 2015