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Energías semióticas en el espacio público

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Energías semióticas en el espaciLos paisajes urbanos actuales presentan una densidad muy elevada de signos. Muchos pertenecen al ámbito comercial, ya sean rótulos de negocios o carteles publicitarios, pero también abundan de otros tipos como la señalética oficial y el arte urbano. En la presente investigación hemos puesto el acento sobre lo que esos signos comunican de forma implícita. La hipótesis es que los signos transmiten una red compleja de conceptos que no están explicitados, pero que ocupan los espacios por los que transitamos y tienen un efecto en las personas que pasan por ellos. Partimos de la teoría de los marcos cognitivos (Fillmore 1985) para proponer un análisis de estos conceptos que han conquistado el espacio público sin una presencia física en ellos.o público Introducción Los paisajes urbanos actuales presentan una densidad muy elevada de signos. Muchos pertenecen al ámbito comercial, ya sean rótulos de negocios o carteles publicitarios, pero también abundan de otros tipos como la señalética oficial y el arte urbano. En la presente investigación hemos puesto el acento sobre lo que esos signos comunican de forma implícita. La hipótesis es que los signos transmiten una red compleja de conceptos que no están explicitados, pero que ocupan los espacios por los que transitamos y tienen un efecto en las personas que pasan por ellos. Partimos de la teoría de los marcos cognitivos (Fillmore 1985) para proponer un análisis de estos conceptos que han conquistado el espacio público sin una presencia física en ellos. Los marcos son grupos de conceptos que están relacionados entre sí por las experiencias en las que han sido adquiridos. Cuando recibimos una palabra (u otro signo) que remite a uno de estos conceptos, otros son también recuperados por su vinculación con ella (Fillmore 1982, Langacker 1987). Recuperando un ejemplo ya clásico propuesto por Charles Fillmore, un concepto como " restaurante " incluirá en su marco otros tales como " servir " , " comer " o " camarero " , y estos se activan en nuestra mente siempre que oímos el primero. A partir de esta base, entendemos que los signos que encontramos en las calles y plazas imponen a quienes pasan frente a ellos conceptos que no están explicitados (Coulmas 2009). Estos conceptos se hacen presentes a través de las relaciones que se establecen, a menudo inconscientemente, en la mente de los transeúntes.
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MANUEL ALCÁNTARA-PLÁ518 y ALEJANDRA PÉREZ NÚÑEZ519:
Energías semióticas en el espacio público
Introducción
Los paisajes urbanos actuales presentan una densidad muy elevada de signos.
Muchos pertenecen al ámbito comercial, ya sean rótulos de negocios o carteles
publicitarios, pero también abundan de otros tipos como la señalética oficial y el arte
urbano. En la presente investigación hemos puesto el acento sobre lo que esos signos
comunican de forma implícita. La hipótesis es que los signos transmiten una red
compleja de conceptos que no están explicitados, pero que ocupan los espacios por los
que transitamos y tienen un efecto en las personas que pasan por ellos.
Partimos de la teoría de los marcos cognitivos (Fillmore 1985) para proponer un
análisis de estos conceptos que han conquistado el espacio público sin una presencia
física en ellos. Los marcos son grupos de conceptos que están relacionados entre por
las experiencias en las que han sido adquiridos. Cuando recibimos una palabra (u otro
signo) que remite a uno de estos conceptos, otros son también recuperados por su
vinculación con ella (Fillmore 1982, Langacker 1987). Recuperando un ejemplo ya
clásico propuesto por Charles Fillmore, un concepto como “restaurante” incluirá en su
marco otros tales como “servir”, “comer” o “camarero”, y estos se activan en nuestra
mente siempre que oímos el primero. A partir de esta base, entendemos que los signos
que encontramos en las calles y plazas imponen a quienes pasan frente a ellos conceptos
que no están explicitados (Coulmas 2009). Estos conceptos se hacen presentes a través
de las relaciones que se establecen, a menudo inconscientemente, en la mente de los
518 Universidad Autónoma de Madrid, contacto@inicios.es
519 University of Westmnister, pueblo@mail.ljudmila.org
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transeúntes entre los signos que ven y las experiencias previas con esos mismos signos
u otros similares.
Nuestro propósito primero es, por lo tanto, visibilizar estos marcos que ocupan
el espacio sin ser perceptibles visualmente y de esta forma intentar aproximarnos a una
definición de lo que esos espacios significan para quienes los experimentan.
Jugamos en este análisis con la idea de que la acumulación de un concepto se
corresponde con su capacidad de influencia en el espacio. La frecuencia se asociará, por
lo tanto, a la intensidad y también a la producción del espacio. De esta forma, los
resultados nos dan un mapa diferente de los lugares analizados, dominados por
conceptos y palabras que no aparecen explícitamente en ellos, pero que son evocados
insistentemente por las relaciones que contienen.
La segunda hipótesis de partida es que estos marcos pueden hacer coincidir
espacialmente conceptos cuya relación no es siempre obvia. Así su nueva unión espacial
produce nuevos espacios a menudo inesperados. Para profundizar en esta posibilidad,
nos hemos apoyado en teorías provenientes de la teoría literaria y artística,
especialmente la propuesta por Henri Lefebvre.
Elegimos para nuestro estudio la zona centro de Madrid, en concreto la Puerta
del Sol, la calle Preciados y la plaza de Callao, por constituir un espacio simbólico
importante para la ciudad y por tener una gran afluencia de peatones. Estos lugares son
conocidos en Madrid como una zona comercial y un lugar de encuentro tradicional para
celebraciones y eventos multitudinarios como reuniones tradicionales o períodos
influyentes de ocupación como en el 15 M. La relevancia de estos espacios es, por lo
tanto, doble: son el corazón de la ciudad tanto emocional como comunicativamente.
De los paisajes lingüísticos a los marcos cognitivos
Los paisajes lingüísticos son un concepto de creciente importancia desde los
años 90, lo que refleja el interés en analizar el lenguaje presente en el espacio público.
Probablemente la definición más citada sea la de Landry y Bourhis (1997), que
traducimos a continuación:
El lenguaje de las señales públicas de carretera, los carteles publicitarios, los nombres de
las calles y de las plazas, los carteles de las tiendas y las señales de los edificios
gubernamentales se combinan para formar el paisaje lingüístico de un territorio
determinado, de una región o de un espacio urbano.
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La presencia y ausencia- de ciertas lenguas y discursos en un espacio
determinado nos permite comprender mejor el lugar como sitio de ocupación,
convivencia y como contexto interaccional. Esto ha hecho que la mayor parte de los
trabajos se hayan centrado en interpretaciones sociolingüísticas, pero los paisajes
permiten todo tipo de acercamientos desde la semiótica y la lingüística. El estudio de los
paisajes lingüísticos es lo suficientemente relevante en la actualidad como para tener
publicaciones periódicas dedicadas a este ámbito de forma exclusiva, como es el caso de
Linguistic Landscape (revista publicada por la editorial John Benjamins). El
monográfico homónimo editado en Routledge por Elana Shohamy y Durk Gorter (2008)
es un buen ejemplo de la variedad de enfoques que los paisajes permiten, desde
cuestiones de planificación lingüística hasta otras relacionadas con las identidades tanto
individuales como nacionales. Ben-Rafael, Shohamy, Amara y Hecht (2006) advierten
que los paisajes lingüísticos son “la propia escena (hecha de calles, esquinas, plazas,
parques, edificios) donde la vida pública de la sociedad tiene lugar. Como tal, implica
una importancia socio-simbólica crucial ya que identifica y sirve de emblema de las
sociedades, las comunidades y las regiones”.
La complejidad del objeto de estudio, con la presencia de multitud de variables,
plantea problemas metodológicos desde la recogida de los datos hasta su categorización
(Laur 2007). Sin embargo, también ofrece una riqueza de análisis nada desdeñable. En
nuestro trabajo, la decisión de investigar los conceptos no explicitados en el paisaje nos
ha llevado a incorporar métodos que no habíamos encontrado en la literatura dedicada a
los paisajes lingüísticos, centrada siempre en las palabras o lenguas presentes en el lugar
de análisis.
El concepto teórico que utilizamos de base es el de marco cognitivo, que
formaliza la idea de que algunos conceptos están más relacionados entre que otros y
que esto viene determinado porque suelen asociarse en nuestras experiencias con ellos
(Fillmore 1985). Las consecuencias de una interpretación de este tipo del
funcionamiento de las lenguas y de su aprendizaje va más allá de consideraciones
puramente gramaticales. Nos ayuda también a un estudio más profundo de cuestiones
sociolingüísticas y pragmáticas, entre las que destacamos -por las consecuencias de los
marcos cognitivos- los trabajos centrados en la comunicación y el poder (Castells 2009,
Lakoff 2004). La imposición de discursos hegemónicos (Foucault 1975) se realiza tanto
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por lo expuesto en los textos como por las relaciones conceptuales a las que nuestra
experiencia nos empuja. El uso de una terminología concreta provoca que nuestra
atención se centre en unos ámbitos conceptuales concretos (Chafe 1994). Esto facilita la
comunicación y permite que muchos detalles queden implícitos en la comunicación. Sin
embargo, también logra que algunos temas estén sobre la mesa sin que sean nombrados
directamente.
En el caso de nuestro estudio, el análisis de los marcos evocados por los signos
que encontramos en el espacio público nos sirve para recuperar qué conceptos lo
dominan de forma latente. Como se describe en la siguiente sección, hemos utilizado
para ello encuestas en las que se ha preguntado a qué conceptos remitían los signos. La
creación de los marcos se ha realizado a través de la cuantificación de los conceptos y
del estudio de sus co-ocurrencias.
Intensidades de palabras y nuevos espacios
El objetivo de cuantificar las relaciones conceptuales para poder representar su
presencia en el espacio público nos ha llevado a utilizar algoritmos propios de la
Semántica latente. Es una estrategia vigente en aplicaciones del Procesamiento del
Lenguaje Natural que da resultados interesantes para diversas tareas, especialmente la
clasificación automática de textos y la recuperación automática de información. Se
fundamenta en la construcción de una matriz donde se refleja la frecuencia de aparición
del vocabulario en cada documento, asumiendo que dos documentos con vectores
similares lo serán también en cuanto a contenidos (al igual que dos términos que
aparecen en los mismos documentos tendrán también una relación semántica). Nosotros
hemos incorporado una implementación poco ortodoxa en la que los documentos son
los espacios (zonas, edificios, personas) donde aparecen los signos/palabras. La matriz,
por lo tanto, la componen los espacios y los conceptos aparecidos en los marcos
cognitivos. De esta forma, obtenemos datos sobre qué espacios son similares en cuanto
a su significación y también sobre qué conceptos se están relacionando en nuestra
experiencia en esos espacios por su co-ocurrencia en los mismos lugares.
El estudio de las intensidades acumuladas de palabras no se puede reducir a un
resultado cuantitativo, sino que requiere del desarrollo de herramientas conceptuales,
colaborativas y estéticas. Desde el punto de vista conceptual, el trabajo ha sido basado
ampliamente en la idea de espacio propuesta por Henri Lefebvre, quien lo concibe como
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una producción instantánea derivada de la relación dinámica entre objetos y productos
(Lefebvre, 1991). Estas ideas han conducido el trabajo y han hecho necesario
interrumpir la presunción acerca de la forma de existencia de las palabras en el espacio,
como si tal espacio fuese un contenedor de aquellas. Si el espacio es generado en
relaciones dialécticas entre objetos, también podemos pensar en la forma en que las
palabras se relacionan entre y en circuitos de palabras y relaciones que se establecen
entre grupos de palabras que podrían considerarse autónomas o autómatas. Esas
relaciones producen espacio como puede ser, por ejemplo, un espacio de consumo.
La visión autónoma de las palabras proviene de Guy Debord y los situacionistas,
quienes reconocieron la idea de estar atrapados en códigos, mensajes e imágenes y
postulaban una comprensión de estos códigos como independientes de la producción de
mercancías. Estos códigos desempeñan un papel en el mantenimiento de una realidad
social. Zonas de una ciudad y la percepción de "atmósferas psíquicas distintas" (Debord
citado en Plant 1992). Las palabras trabajan en el nombre de la organización dominante
de la vida y, sin embargo, encarnan fuerzas que pueden trastornar los cálculos más
cuidadosos (Debord, 1963).
Las palabras son activas en el sentido que William S. Burroughs (2011) sostiene,
como en el caso de los virus-palabra que evocan imágenes. Esta visión nos ayuda a
superar la consideración de la intensidad de las palabras como una lógica binaria de sí o
no, uno o cero. Hay grados de relación entre las palabras, un fenómeno que nosotros
concretamos estadísticamente con el análisis semántico latente. La aparición de una
palabra se mide con un grado de correlación entre las palabras de un corpus que calcula
una relación aún si la palabra no está presente contiguamente o en el mismo párrafo. La
técnica permite igualmente evidenciar una dimensión espectral que se construye a través
de un grado de relación, un coeficiente de similitud o relación entre las palabras.
El cambio en el estudio de las palabras desde el conteo de sus frecuencias hacia
la perspectiva palabra-virus responde a una comprensión de las palabras como
estructuras libidinales en el sentido de ser participantes activas en la construcción del
deseo. Guattari, en su ensayo “Ritornellos y afectos existenciales” (1990), se refiere a la
“heterogénesis de los componentes semióticos de la enunciación” y a una función de
diagrama “que corresponde a las relaciones entre la cuestión de la expresión y el
referente”.
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Trabajo con el corpus
El experimento ha consistido en siete etapas que nos permitieron obtener los
marcos conceptuales de los signos situados en el área de estudio. El trabajo fue llevado
a cabo por un equipo de diez personas más un número elevado de voluntarios
anónimos520.
La primera etapa estuvo dedicada a la documentación. Se realizaron fotografías
de todos los signos del paisaje semiótico en los espacios elegidos. Las fotografías
fueron tomadas buscando dos objetivos: la mejor visualización de los signos y su
contextualización en el espacio urbano.
En la segunda fase clasificamos las fotografías en un corpus de 600 imágenes y
las etiquetamos con su geolocalización, transcripción (en caso de que hubiera texto) y su
descripción. Esta última consiste en un texto libre y breve en el que se explica de forma
520 El equipo de investigación lo formaron Alexia Kybeli de Esteban, Bárbara Cristina Rodríguez Brito,
Celia Báez Orduña, Cecilia Nereida González Orozco, Pasa Ribeiro, Juan Carlos Ricaurte, María
Suárez de Cepeda Fuentes, Regina Gabilondo, Abelardo Gil-Fournier, Eva Kobak y los autores del
presente trabajo. Somos profesionales de diferentes disciplinas: artistas, lingüistas, filólogos y
diseñadores. Fue parte de la convocatoria de Interactivos’14 del Media Lab Prado de Madrid.
Il
ustración1EjemplodefotografíasdelaPuertadelSol
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sencilla qué aparece en la imagen. Fue realizada por el equipo de trabajo y supone una
primera aproximación textual a los signos registrados.
La encuesta fue la metodología elegida para descubrir los marcos cognitivos
evocados por las fotografías. Para ello diseñamos e implementamos en la tercera fase un
formulario online que presentaba imágenes de forma aleatoria y permitía escribir qué
conceptos evocaban. Para asegurar un número suficiente de respuestas por imagen, se
redujeron estas a un subcorpus representativo de 50 fotografías. Recopilamos un total
aproximado de 550 respuestas.
De esta forma, contamos con dos corpus para determinar los marcos. Por un
lado, los formularios online completados por voluntarios anónimos. Se trata de listas de
conceptos enumerados entre comas. Por otro lado, disponemos de las descripciones
previas de las imágenes realizadas por nuestro equipo. En este caso, son textos más
elaborados, pero de los que podemos extraer también conceptos propios de cada
imagen.
La cuarta fase consiste en el análisis automático de las relaciones entre
conceptos y de estos con el espacio. Para ello programamos una aplicación en Python
basada, como se ha explicado anteriormente, en los presupuestos de la Semántica latente
(Deerwester 1988). Esta última metodología fue aplicada de manera flexible, tomando
como “documentos” de nuestro corpus las entidades presentes en las fotografías
(personas, automóviles y edificios).
La quinta etapa se centró en el desarrollo de otra aplicación, esta vez en
PyProcessing, para representar los resultados en un gráfico interactivo que facilitara la
navegación espacial por los conceptos. La proximidad en el espacio implica una
coincidencia alta en la matriz de semántica latente.
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En la sexta fase agrupamos los marcos cognitivos geográficamente de modo que
pudiéramos definir y diferenciar conceptualmente cada zona. Distinguimos para ello
entre Callao, Preciados, Sol norte, Sol sur y Sol este (Sol oeste tiene menos densidad
gráfica y no obtuvimos suficientes marcos para proponer una definición independiente
del resto de la plaza). Así agrupamos los conceptos de los marcos cognitivos en zonas
mayores a las personas/edificios iniciales con el objetivo de comparar ámbitos.
Por último, representamos gráficamente los resultados de cada zona en unos
mapas conceptuales en los que el tamaño y el tono de los colores marcaban la relevancia
de los conceptos. Aquellos con más presencia aparecen en tonos oscuros y con mayor
tamaño, como se mostrará en la siguiente sección.
Il
ustración2MuestradelvisualizadorenPyProcessing
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Intensidades conceptuales produciendo espacio urbano
Los resultados nos muestran una experiencia de estos espacios muy
alejada de las definiciones tradicionales de los espacios públicos. Por un lado,
encontramos un fuerte control sobre quiénes pueden establecer símbolos en el espacio
(Leeman y Modan 2010). Logos comerciales y carteles de negocios dominan el terreno.
Por otro lado, los marcos conceptuales evocados por los ciudadanos se corresponden
más con aquellos que esperaríamos en un centro comercial que en una plaza pública.
“Compras”, “caro”, “ropa”, “dinero” o “moda” son algunos de los conceptos que con
más insistencia aparecen en las mentes de quienes pasean por esta zona del centro de
Madrid.
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Detalle:
Las distintas áreas en las que dividimos nuestra investigación se diferencian
precisamente por el tipo de artículos que pueden comprarse en ellos. De esta forma,
mientras la Puerta del Sol evoca “tecnología”, “caro” y “publicidad”, la calle Preciados
se define con términos como “ropa”, “moda”, “compras” y “escaparate”, y la plaza de
Callao, flanqueada por una librería y por un cine, añade “ocio”. Es interesante
comprobar la escasa presencia institucional incluso en el lateral sur de la Puerta del Sol,
donde se encuentra la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid. Aunque
aparecen los términos “gobierno”, “institucional”, “oficial”, “(Esperanza) Aguirre” y
“alcaldesa”, estos lo hacen al mismo nivel que “uvas” o “mecano”, muy por detrás de
“calidad” (el concepto más repetido), “zapatos”, “barato” y “mujer”, probablemente
vinculado a que ese lado de la plaza da a una de las calles más conocidas para la compra
de calzado en el centro de Madrid.
Kelly-Holmes (2005) distingue cinco funciones de los carteles publicitarios en el
espacio público: expresar emociones, ofrecer recomendaciones, describir los productos,
establecer un contacto con el destinatario y comunicar un significado. En el caso de los
rótulos de los locales comerciales, predominantes en el área de nuestro trabajo, sus
funciones básicas son informar de la existencia del negocio que representan y animar a
que se entre en ellos. Sin embargo, como estamos viendo, producen un efecto más
general, dándole una entidad y un valor determinados al lugar en el que se encuentran.
Ilustración3Representacióndelaintensidaddelosconceptosenlasplazas
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En este sentido, la quinta posibilidad apuntada por Kelly-Holmes va más allá de los
objetivos de venta e implica una comunicación de significados más rica y compleja.
Conclusiones
En este trabajo hemos propuesto un acercamiento novedoso al estudio de los
signos en el espacio público. Para ello se han tomado conceptos de diversas teorías que
nos ayudaban a enriquecer el análisis y a poder representar la complejidad semiótica de
las zonas estudiadas. Los conceptos en los que nos hemos apoyado fundamentalmente
son cuatro. Primero, en los paisajes lingüísticos y el interés renovado que su estudio
está dando a los espacios urbanos. Segundo, hemos utilizado la teoría de los marcos de
la lingüística cognitiva para poder explicar que la implicación semántica de un signo va
más allá de un posible parafraseo de su significado y de sus valores sociolingüísticos.
La presencia de un signo hace emerger otros conceptos que ocupan junto a él su espacio
de influencia. La tercera idea adoptada es, dentro de la Semántica latente, la
cuantificación de apariciones de cada término en diversos documentos, de modo que la
matriz resultante nos ayuda a clasificar por similitud tanto los documentos como las
palabras. En nuestro experimento, los documentos fueron sustituidos por los espacios
físicos y las palabras por los conceptos de los marcos cognitivos. La cuarta perspectiva
proviene del ámbito artístico y literario, con una visión autónoma de las palabras que las
convierte en agentes en la construcción de los espacios. No pensamos en estos últimos
como contenedores de las primeras, sino como producto de ellas.
Los resultados de esta experiencia muestran el éxito de una metodología nueva
para estudiar las palabras en el espacio que requiere de la ayuda de múltiples
participantes y evaluadores, pero que nos proporciona un análisis profundo de lo que los
paisajes semióticos comunican.
Además de la repetición de la metodología en otros lugares y otras escalas,
desde un carro de metro, un shopping mall o un periódico de distribución masiva521,
deseamos continuar y explorar nuevas formas de representación de los resultados. En
este sentido, un área de interés para su desarrollo es la sonificación de las matrices
arrojadas por el análisis semántico latente. Los índices que indican correlación entre
palabras serían reinterpretados en el dominio de las frecuencias audibles, donde cada
frecuencia de correlación entre palabras sería interpretada como hercios. A partir de
521 Alejandra Pérez Núñez ya ha llevado a cabo otras experiencias similares tratando de limitar el objeto
de estudio a áreas parceladas tales como el interior de un autobús o de un vagón de metro así como un
plan para analizar las palabras de periódicos como el medio británico The Evening Standards.
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estas matrices se podrían utilizar técnicas basadas en síntesis espectral, síntesis aditiva o
síntesis granular. Las matrices de palabras podrían ser entendidas como sonogramas,
utilizando implementaciones de análisis espectral en entornos gráficos de programación
como ha sido descrito por Charles (2008). La utilización de matrices de relaciones entre
palabras pretende la visualización de relaciones imperceptibles o latentes.
Otra propuesta en la que estamos trabajando es el desarrollo de una herramienta
operacional que permita relacionar la idea de frecuencia, en qué grado se relacionan
unas palabras con otras y cuál es la forma de relación que se establece (jerárquica,
antinómica, colectiva, rizomática o de otro tipo).
En futuros trabajos las palabras serían consideradas como diagramas, usando la
definición que ofrece Deleuze (2002) al diagrama en la pintura de Francis Bacon, “el set
operativo de líneas y zonas asignificantes, pinceladas y entramados de color” cuya
función es “introducir posibilidades de realidad”. Las palabras consideradas como
diagramas encarnarían formas de relación dinámicas con aspectos visibles y fuerzas
ocultas, siendo estas últimas nuestro principal foco de interés.
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Article
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Linguistic landscape refers to the visibility and salience of languages on public and commercial signs in agiven territory or region. It is proposed that the linguistic landscape may serve important informational and symbolic functions as a marker of the relative power and status of the linguistic communities inhabiting the territory. Using the theoretical framework of ethnolinguistic vitality, it was hypothesized that the experience of the linguistic landscape by members of a language group may contribute to social psychological aspects of bilingual development. Factor analysis results show that the linguistic landscape emerges as a distinct factor separate from other measures of linguistic contacts. This factor was an important correlate of subjective ethnolinguistic vitality representing perceptions of the vitality of the in-group language in various domains. The study also found relations between the Linguistic Landscape factor and degree of in-group language use, especially in institutional settings, suggesting a 'carryover effect" of the linguistic landscape on language behavior.
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