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Padres analógicos frente a huérfanos digitales

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Muchos padres sienten que las nuevas tecnologías les quedan lejos y les da una pereza inmensa aprender a moverse en ellas. No quieren ni oír hablar de Facebook o Instagram. Lamentablemente la única manera de saber qué está ocurriendo es estar presentes en su mundo, que no es otro que el real. Para las nuevas generaciones no existe el mundo real y el virtual, sino que lo ven como una parte más de su día a día, conviven con sus amigos a través de una pantalla y crean sus relaciones sociales a través de Whatsapp, Snapchat, Instagram o Facebook. Se informan en Youtube. Están conectados la mayor parte de su tiempo, sin diferenciarlo de su otro yo en vida real (como lo suelen ver los padres analógicos) que no es más que ellos mismos.
PADRES DIGITALES ANALÓGICOS FRENTE A HUÉRFANOS DIGITALES
Rebeca Díez @rebeca10ten | Marga Cabrera @MargaTwita
Introducción: entrar en su mundo
Como padres ¿dejaríamos a nuestro hijo pequeño cruzar la calle sin un adulto que lo
vigile? Lo lógico es que les vayamos enseñando a mirar a un lado y a otro, que lo
hagamos con ellos mil veces, que le mostremos qué es un paso de peatones y para
qué sirve y, que según vayan madurando les vayamos soltando para que lo hagan
solos. ¿Por qué entonces les damos el acceso al mundo digital sin llevarles de la
mano?
Es muy cómodo dejarles el móvil y que jueguen un rato mientras hacemos otras
cosas; cuando una comida se alarga y molestan en la mesa o cuando tenemos mucho
trabajo y necesitamos silencio. Y no es malo, jugar con dispositivos electrónicos es
importante para las nuevas generaciones, tiene muchas ventajas que iremos
desgranando. Lo único que se debería pedir a un padre es que sea consciente de a
qué está jugando su hijo, si es adecuado para su edad, si tiene acceso a otras
personas dentro del juego y qué le aporta. Aprovechar la tecnología en favor de los
valores que quiera inculcar el progenitor.
Muchos padres sienten que las nuevas tecnologías les quedan lejos y les da una
pereza inmensa aprender a moverse en ellas. No quieren ni oír hablar de Facebook o
Instagram. Lamentablemente la única manera de saber qué está ocurriendo es estar
presentes en su mundo, que no es otro que el real. Para las nuevas generaciones no
existe el mundo real y el virtual, sino que lo ven como una parte más de su día a día,
conviven con sus amigos a través de una pantalla y crean sus relaciones sociales a
través de Whatsapp, Snapchat, Instagram o Facebook. Se informan en Youtube. Están
conectados la mayor parte de su tiempo, sin diferenciarlo de su otro yo en vida real
(como lo suelen ver los padres analógicos) que no es más que ellos mismos.
Los nuevos soportes tecnológicos han creado y modificado una generación. Bringué
(2010), en su estudio sobre niños y adolescentes, los define como «una generación
altamente equipada, multitodo, movilizada, emancipada, autónoma, interactiva, que se
divierte en digital, que necesita relacionarse y que está expuesta a nuevos riesgos».
¿Por qué entonces los padres no estamos ahí si es parte de su vida? Les dejamos
solos en un nuevo terreno desconocido para gran parte de los adultos, donde además
de muchos peligros existen muchas ventajas que hay que ayudarles a descubrir. Y
sobre todo, es su vida, no pueden estar sin su referencia principal que les guíe.
Pensemos cuando nuestros padres nos acompañaban a la discoteca o a la fiesta de
turno y tenían que esperar a que acabara, no les hacía gracia tener que estar allí o
salir de casa a las tantas para recogernos. Siempre querían saber con quién
estábamos y qué íbamos a hacer. Hoy en día podemos tener controlados a los niños
por geoposicionamiento a través del móvil, podemos llamar cuando queramos,
podemos conocer con quiénes se relacionan a través de la pantalla, están más
vigilados que nunca, y sin embargo más solos que nunca.
Nuestros miedos como padres son en su mayoría a lo desconocido. Somos
conscientes de en qué forma puede afectarles el alcohol o las drogas, sabemos más o
menos cómo se detecta si un chaval llega ebrio, hemos pasado por ahí, nosotros o
nuestros amigos han vivido esto a su misma edad; aunque también nos asusta
sabemos de qué va y tenemos recursos en nuestras vivencias para prevenirlo o
corregirlo. Todo lo contrario ocurre con el mundo digital, la mayoría de padres ha
crecido sin internet y sin móvil, ¡no existían! no tienen las referencias del pasado o las
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experiencias vividas. Para colmo no es suficiente con aprender hoy, la velocidad que
conlleva este nuevo mundo digital obliga a estar muy atento para poder seguirles la
pista.
Alfabetización digital padres e hijos
Nuestros niños necesitan de una cultura digital, necesitan referentes que les orienten
en el quehacer diario, y no solo frente a las malas influencias, sino en lo más básico:
educación en la red, orden de los ficheros, escritura audiovisual, reputación online,
saber buscar información relevante,… qué se puede y qué no, cómo moverse, cómo
almacenar la información para poder recuperarla. Lo mismo que les pedimos que
ordenen la habitación, deberíamos pedirles que tengan sus archivos y vida digital en
regla. El problema es que muchos progenitores no tienen las nociones básicas de
cultura digital, por lo que no pueden formar a sus hijos.
Estaría bien que existiesen alertas o vigilantes que nos avisaran cuando algo no es
correcto, una especie de policía o tutor online de menores. El equivalente son los
programas con vigilancia parental, que no permiten a los niños el acceso a las zonas
que considera que no son apropiadas para ellos. Muchas veces estos controles son
excesivos, simplemente porque se muestra una cerveza ya entran en el grado de no
apto. Otras muchas, la red no identifica contenidos sexuales o violentos y les permite
el acceso… Creemos que independientemente del uso o no de estos controles lo que
vale la pena es formarles para que sean ellos mismos los que puedan discernir entre
lo que es adecuado y lo que no. Pedirles que nos avisen si tienen dudas y estar con
ellos cuando navegan, de forma que aprendamos juntos sobre lo que van avanzando.
Si basamos su experiencia de navegación en una educación guiada, sobre lo correcto
u oportuno de lo que no lo es, conseguiremos que tengan el suficiente criterio para,
cuando estén solos, poder decidir si el contenido que se les muestra es apto para ellos
o no lo es. La educación es primordial pues no vamos a estar junto a ellos el resto de
su vida.
En muchas ocasiones cuando un niño intenta entrar en juegos a través de internet le
salen muchas pantallas de publicidad que tiene que ir eliminando. A veces aparece
publicidad de páginas webs de citas, de mujeres u hombres semidesnudos que le
proponen pasar un buen rato o incluso de temas relacionados con ludopatías (casinos,
partidas de póker, etc.) o enlace a webs de citas online. Si nuestros niños están
avisados sabrán que no deben entrar en estas páginas. Claro que en la edad de la
curiosidad seguro que es inevitable que alguna vez piquen y traten de averiguar qué
se esconde tras esa foto de pechos prominentes… en tal caso podemos mostrarles lo
que hay al otro lado y advertirles de los peligros que entraña; podemos avisarles de
qué es un espacio de citas virtuales y cuáles son los riesgos de hablar con
desconocidos. Sin embargo si no estamos con ellos no tendremos la oportunidad de
darles nuestra versión, no podremos darles el conocimiento básico y la educación para
poder convivir con las vicisitudes que se van a encontrar en la red.
Seguro que son mucho más hábiles y rápidos que nosotros en el manejo de
herramientas, en el modo de navegar o hacer funcionar ese juego tan complicado para
nosotros. Pero no dejan de ser menores a la hora de relacionarse con contenido no
apto o desconocido. Son inocentes, por lo que probablemente no tienen ningún
problema en contarle a un desconocido, supuesto niño de su edad, a qué colegio van
o qué horario tienen. O les informamos nosotros o están perdidos en esta ventana al
mundo.
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Como responsables también debemos llevar un cierto control sobre el contenido que
consumen, no solo con controles parentales (con los que ya hemos expuesto que no
estamos muy de acuerdo), sino haciendo revisión del histórico de páginas web
visitadas o de los videos que han consumido. El ordenador, tableta o móvil guarda un
recorrido de los contenidos por los que se ha navegado en las últimas visitas.
Debemos, de vez en cuando, hacer un repaso a la memoria de los dispositivos y
comprobar que todo está en orden. Y si consideramos que no lo está, sentarnos con
los menores y preguntar por ello, con naturalidad, ya que muchas veces se les ha
abierto sin ni siquiera darse cuenta ellos y han entrado sin querer.
Es importante compartir el espacio desde el que se accede a la red: el salón, la cocina,
el sofá… lo ideal es que podamos acompañarlos en el momento de navegar o jugar en
red de forma natural. Es decir, que no se encierre el niño en su habitación y navegue
sin tener a nadie que, de una manera discreta, controle lo que hace. Hoy en día es
normal navegar desde el móvil o la tableta, cada uno desde su dispositivo en un
mismo sofá mientras la televisión nos muestra otros contenidos. Echemos un ojo y
preguntemos sobre lo que están consumiendo. Hay que interesarse por su mundo,
preguntar quién es ese de Youtube que están viendo, pidamos que nos pasen ese
video que tanta gracia les hace… investiguemos qué dice la red de sus nuevos ídolos.
Es imposible poder guiarles si no entendemos qué contenidos son los que consumen y
cuáles son los que más les gustan. Si es un juego, tratemos de jugar con ellos o al
menos ver cómo juegan, que nos expliquen en qué consiste y qué encrucijadas son
las que tienen que superar… alegrémonos cuando pasan de nivel o consiguen una
prueba para la que llevan trabajando una semana. Hay que tener respeto por sus
aficiones digitales, para lograr una complicidad que nos una a la hora de preguntar o
plantear problemas que tengan en lo digital. Es su mundo, es igual de gratificante para
ellos la superación de un videojuego que la de un examen, no podemos permanecer al
margen, somos su referente. Hay que estar ahí cuando de repente un extraño les pida
su teléfono a través de un juego, ¿es normal? ¿se lo tienen que dar? ¿Cómo nos van
a preguntar si no valoramos su mundo?, si despreciamos o ninguneamos el hecho de
que jueguen en red, pensarán que les caerá otra regañina si encima nos enteramos de
que tienen dudas frente a desconocidos. El sentimiento de culpa o de error es una
barrera que puede frenarles a la hora de preguntar o compartir con los progenitores
sus dudas frente al mundo online, por eso hay que educarles en confianza y madurar
con ellos las capacidades digitales. La confianza es la clave.
Por supuesto esta labor de alfabetización digital padres-hijos debe ir desde el principio,
tratar de ir aprendiendo con ellos. No es lógico que de repente queramos enterarnos
de qué va o a qué juega nuestro hijo de 17 años cuando nunca antes le habíamos
prestado atención. Tampoco es normal tenerlos en una burbuja sin acceso a nada de
tecnología y de repente darles un móvil y acceso total sin supervisión… Lo ideal es
aprender juntos, aconsejar desde nuestros conocimientos y madurez lo que es
correcto y lo que no. Igual que cuando nace un niño y no tenemos ni idea de la nueva
vida que nos espera; cuando empiezan a manejar dispositivos electrónicos tampoco
sabemos cómo funciona este mundo. Hay que ir poco a poco, acompañando y
formándonos en familia. No es lógico dejarles un dispositivo y que se descarguen lo
que quieran sin saber qué están haciendo o qué están viendo.
Cada contenido digital tiene una edad recomendada, en muchas ocasiones demasiado
estricto, por lo que lo mejor es probar ese contenido como padres y decidir hasta qué
punto pueden consumirlo. Preguntemos a padres de nuestro entorno qué consumen
sus hijos, quizás haya un juego que nuestros niños no conozcan que les pueda
interesar. Para cada momento vital existen una serie de habilidades que deberían
implementar, asegurémonos de que están consumiendo lo apropiado para su edad.
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Nos sorprenderemos de la facilidad que tienen con los mandos o cursores para
superar pantallas y aventuras, pero también nos sorprenderá la inteligencia que tienen
para discernir lo que es adecuado para ellos, siempre y cuando se les haya instruido
para ello.
Lo ideal es jugar o ver con ellos los videos para aprobar o no el contenido o el canal.
Aprender a jugar y entender su mundo. Sin esta premisa va a ser muy difícil poder
guiarles. No hay que tener prejuicios contra los juegos o videos sin más, hay que
entenderlos y valorar en su medida qué le aportan a nuestros hijos. Su utilización está
teniendo un papel muy importante en la formación de los valores de los jóvenes.
El saber estar: netiqueta
En la vida es preciso mantener unas normas mínimas de conducta para poder
relacionarnos sin molestar ni ofender a los demás. Sabemos que hay que saludar al
llegar a un sitio, que no se insulta, o que hay que dejar salir antes de entrar en un
vagón de metro. La experiencia nos enseña a ser mejores ciudadanos para convivir en
armonía, hay elementos de educación que deben venir de casa. Las normas de
cortesía o la educación en la mesa se enseñan desde bien pequeños, quién si no nos
dirá que no se hace ruido al masticar… no es tarea de amigos ni docentes, son
normas que deben venir de los padres.
Lo mismo ocurre con la forma de relacionarnos en la red, las normas de conducta de
internet se aprenden con la experiencia, pero sería mucho más sencillo si nos
ayudaran en casa. ¿Queda alguien que no sepa qué significa escribir en mayúsculas?
Seguramente algún rezagado que se ha mantenido al margen de la tecnología y no ha
tenido un buen amigo que le enseñe, pero lo cierto es que la mayoría sabemos que
significa gritar o comunicar en tono enfadado, con lo cual solo se debe utilizar cuando
queramos expresar estas características.
Las normas de etiqueta en la red, o netiqueta, se deberían enseñar en casa o en el
colegio, pero para eso hay que estar con los niños y compartir tiempo y espacio virtual.
Hasta el sencillo gesto de escribir un correo electrónico tiene unas mínimas normas no
escritas: hay que saludar, introducir el mensaje, desarrollar el motivo y despedirse. Lo
básico a lo que los niños no están acostumbrados. ¿Cuándo un niño o adolescente
tiene que enviar un correo electrónico? Con las redes sociales y mensajería
instantánea prácticamente no lo tienen que utilizar, no les hace falta, probablemente,
hasta que no empiezan a tener docentes que les permitan comunicarse con ellos a
través de correo no les es necesario, algo que tampoco es lo habitual en la mayoría de
escuelas de primaria y secundaria en España. En el primer correo seguramente se
sientan incómodos con el medio, no sabrán cómo saludar o despedirse, y son
competencias digitales que van a necesitar para el día de mañana. El hecho de enviar
un archivo muy pesado es también algo a tener en cuenta, no se pueden colapsar las
cuentas de correo que lo vayan a recibir. Al crear un asunto del correo o de incluir una
firma digital también deberían estar asesorados. Son conceptos muy básicos frente a
los que quizás nunca se hayan enfrentado porque no les ha hecho falta. Qué mejor
que mostrarles el camino correcto antes de que lo aprendan metiendo la pata.
En 1995 el IETF (en español Grupo de Trabajo de Ingeniería de Internet) creó un
documento que sentaba las bases de las normas de conducta y educación en la red.
En un principio se basaba en 10 reglas básicas que todavía hoy en día aplican para
cualquier relación digital:
Regla 1: Nunca olvide que la persona que lee el mensaje es otro ser humano
con sentimientos que pueden ser lastimados.
Regla 2: Adhiérase a los mismos estándares de comportamiento en línea que
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usted sigue en la vida real.
Regla 3: Escribir todo en mayúsculas se considera como gritar y, además,
dificulta la lectura.
Regla 4: Respete el tiempo y el ancho de banda de otras personas.
Regla 5: Muestre el lado bueno de sí mismo mientras se mantenga en línea.
Regla 6: Comparta sus conocimientos con la comunidad.
Regla 7: Ayude a mantener los debates en un ambiente sano y educativo.
Regla 8: Respete la privacidad de terceras personas.
Regla 9: No abuse de su poder o de las ventajas que pueda tener.
Regla 10: Excuse los errores de otros. Comprende los errores de los demás
igual que esperas que los demás comprendan los tuyos.
Estas reglas se podrían resumir en que en internet tenemos que ponernos siempre en
el lugar del otro, pensando que quien está al otro lado no siempre es como nosotros y
que debemos seguir las mismas pautas de cortesía y educación que en nuestra vida
fuera de la red.
Si obviamos el correo electrónico y nos centramos en las aplicaciones de mensajería
instantánea o en las redes sociales, también necesitan conocer el medio, qué es
correcto y qué no, cómo se escribe en internet y cómo se muestran. Qué foto pueden
subir y cuáles no deberían en deferencia a su reputación y honor, o por el simple
hecho de poder ofender a otra persona: compañero o profesor.
Por supuesto las faltas de ortografía y la gramática que utilizan es algo con lo que
debemos trabajar, no es lo mismo escribir a un amigo que a un profesor, escribir en un
grupo de Whatsapp privado que en una red donde no conocemos al público al que va
dirigido el mensaje. Es muy importante que sepan discernir en qué canal están
publicando y que sean capaces de cambiar de registro. No es lo mismo quedar con los
colegas para ir al cine, que ir a una reunión familiar con las tías segundas. Lo mismo
ocurre en el mundo digital, y necesitan que les asesoremos sobre cómo comportarse.
Es imposible que les podamos asesorar si desconocemos las formas de comunicación
en internet, y si no estamos alerta a cómo se comunican nuestros chavales.
Otro tema que se debería trabajar desde casa muy relacionado con la educación es el
sentido crítico, en la red nuestros hijos van a encontrar muchos elementos que no
coinciden con su forma de pensar, no todo es del gusto de todos. Por lo tanto tendrán
que saber discernir lo correcto de lo incorrecto, lo que va en su línea de pensamiento
con lo que difiere de esta. Siempre desde la educación y siendo coherentes y
respetuosos con otras formas de pensar. En internet no hay distancias, pero sí hay mil
culturas y pensamientos que deben convivir. También el hecho de trabajar el criterio
les beneficiará a la hora de poder elegir con quién quieren hablar o qué contenido
quieren compartir. Para esto el hecho de que puedan contar con la experiencia y
confianza de los padres es primordial, el poder preguntarles qué les parece o qué
harían en tal o cual situación puede ser su salvavidas en el mundo digital. La escucha
y la conversación son acciones que se convierten en imprescindibles para poder
entender a los jóvenes.
Identidad y privacidad digital
Hay que destacar la importancia que estos espacios virtuales tienen en el
establecimiento de sus relaciones de amistad, en el intercambio de experiencias y la
construcción de identidades. Enrique Dans nos habla de la Generación Transparente
(2008): Si no estás, si no compartes, si no lo cuentas, no existes. “Se meten en las
redes sociales y lo revelan todo de mismos sin el menor pudor ni consideración
hacia la privacidad”. Es importantísimo que sean conscientes de quién puede ver lo
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que publican y de la repercusión que puede tener. Y no solo eso, sino que una vez que
algo es digital y transmitido a otra persona perdemos el control de ese contenido. Por
ejemplo, una foto que creen que se la envían solo a su pareja, puede ser que sea
enviada a más personas, es tan fácil como darle a “reenviar”. Tienen que ser muy
conscientes de qué envían y qué escriben.
Todo lo que se publica queda en la red, de una manera o de otra, y no valen las
excusas de que tal red (por ejemplo Snapchat) lo borra al poco tiempo de haber sido
visto, para cada norma hay una trampa y los jóvenes son expertos en encontrarlas. Así
que como educadores tenemos que hacerles entender que su privacidad empieza en
ellos mismos, en lo que compartan. No es lo mismo una conversación en persona,
donde nos vemos las caras y podemos entender el contexto y rebatir lo dicho, que
algo que queda por escrito, que además de no tener el lenguaje corporal como
vehículo de emociones y transmisor de estados de ánimo, queda para siempre,
cualquiera lo puede leer fuera de contexto y malinterpretar e incluso difundir hasta
límites insospechados.
La identidad digital es otro tema a tratar con nuestros menores, quién son ellos en la
red, qué muestra Google, por ejemplo, cuando hacemos una búsqueda con su
nombre. Si son conscientes de que su foto, su nombre o nick en redes, las fotos que
suben o incluso los comentarios que hacen va configurando su identidad digital, serán
más respetuosos a la hora publicar unos contenidos u otros. Como padres no
queremos que salgan semidesnudos o sucios a la calle, mucho menos que pongan
una foto de la última borrachera en el muro de casa; así que tampoco querremos que
ocurra lo mismo en digital… podemos aceptar que, como está moda, utilicen un selfi
de foto de perfil, una imagen que no ofenda a nadie, incluidos ellos mismos. Lo mismo
las palabras, si no permitimos que ofendan o insulten a terceras personas en su día a
día, tampoco pueden hacerlo en internet. No pueden estropear su identidad digital, y
mucho menos la de los demás.
La privacidad empieza por uno mismo, no podemos permitir que las nuevas
generaciones no sean conscientes de qué comparten de su vida privada ni con quién.
Es peligroso que cuenten al mundo a través de imágenes y palabras quiénes son,
cuándo van y vienen, con quién se relacionan… Hay mucho bueno en la red, pero
también hay mucho desalmado, y qué puede ser más fácil hoy en día que conocer la
vida de un joven minuto a minuto a través de sus redes. Como padres es difícil
conocer los sistemas de privacidad de las diferentes plataformas, incluso ellos no
sabrán quién puede acceder a lo que publican. Lo mejor, aprender juntos, probar,
conocer las herramientas y obligarles a que las estudien para poder usarlas con
propiedad.
Según el estudio “Interculturality and Communicative rationality. Young Migrantes and
Their Relationships in the Online Social Networks in Spain” del 2015, elaborado por
Jaume Soriano y María Gutiérrez de la UAB
(http://www.20minutos.es/noticia/2398458/0/usuarios-redes-sociales/preocupados-
imagen/dialogo/#xtor=AD-15&xts=467263) “En los últimos diez años se ha estudiado
bastante las plataformas y aplicaciones más usadas por los jóvenes españoles, las
horas que dedicaban, cuándo las usaban y con qué tipo de personas interactuaban,
pero se sabe muy poco sobre el sentido que dan a todas estas prácticas”… "Se
observó que los jóvenes tratan sus contactos como público de sus representaciones.
Los jóvenes hacen de actores y se diseñan una imagen cuando se ponen en escena
en la red y se muestran poco comprometidos con los demás cuando les toca hacer de
público”… "En sus interacciones, la proyección de este actor construido es más fuerte
que la búsqueda del diálogo, la interlocución y la cooperación crítica. Esto convierte la
red social en un club social, más que en un medio para abrirse al mundo y participar
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críticamente en él".
Los jóvenes conectados se sienten incompletos sin internet, es parte de su día a día.
Entienden las redes como el lugar donde deben estar y asumen que estar facilita
nuevos procesos de integración pero también de exclusión. Todo pasa en las redes
sociales y lo que no pasa en ellas, se gestiona allí, por lo que no estar o no saber
gestionar su yo digital supone quedarse fuera del grupo. Los jóvenes piensan que es
el lugar donde deben estar: todo pasa en las redes. Necesitan estar en grupos para
establecer un sentimiento de pertenencia, y también necesitan desarrollar su
personalidad digital pues no podemos dejar de pensar que para los jóvenes no existen
dos mundos, sino uno solo pero con reglas y herramientas muy diversas. Saben que
genera dependencia, pero lo entienden como ‘lo normal’. La mayoría son conscientes
de sus ventajas, pero también de sus riesgos,.
Vivimos en una sociedad acelerada, donde todo ocurre a un ritmo vertiginoso, donde
lo que se aprende hoy mañana queda anticuado, dentro de un entorno digital donde el
día a día conlleva la creación, acumulación y depreciación del conocimiento de forma
acelerada. Estar en redes sociales exige un aprendizaje continuo, un reciclaje
permanente y una constante alfabetización digital, es necesario ver cómo cambian las
comunicaciones, es decir, se crean nuevas formas de comunicación, nuevos códigos y
valores, de los que hay que estar pendientes y saber cómo gestionarlos. No sabemos
cómo será el futuro de nuestros hijos ni qué nuevas profesiones existirán, pero de lo
que no cabe duda es de que tendrán que convivir con un cambio constante. Si son
capaces de manejar bien la transformación y no dejar de aprender adaptándose a la
velocidad del entorno, siendo eternos estudiantes, con la misma voluntad de mejora y
la misma curiosidad el resto de su vida, entonces tendrán éxito. El Informe a la
UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI, presidido
por Delors (1996), recogía los cuatro pilares sobre los que debe apoyarse la
educación: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir con los demás y
aprender a ser. Y estos aprendizajes se resumen, para Dolors Reig, en la gran
competencia para el ciudadano del siglo XXI será la de “aprender a aprender” (REIG,
D. 2015). Tenemos que prepararlos para una vida de cambios vertiginosos.
Temores
El mejor alimento del miedo es la ignorancia. Muchos padres oyen los peligros de las
redes y las temen sin tener mucha idea de qué se cuece en ellas, sin conocer la forma
de comunicarse de sus hijos, sin saber exactamente de qué se trata…
No es para menos, pues es cierto que hay mucho a lo que temer: el ciberacoso (uso
de información electrónica para acosar a un individuo o grupo), el grooming (serie de
conductas y acciones por parte de un adulto con el objetivo de ganarse la amistad de
un menor de edad para abusar de él sexualmente), el sexting (envío de contenidos
eróticos o pornográficos por medio de dispositivos móviles), el phishing o suplantación
de identidad (cuando una persona se hace pasar por otra, normalmente con una
finalidad ilegal o con la intención de causar un perjuicio), las comunidades peligrosas,
los contenidos inapropiados y un largo etcétera.
Pero también es cierto que estos temores pueden disminuir con una vigilancia y
acompañamiento de los padres. Si se trabaja la confianza con los hijos y se les
acompaña en la alfabetización digital es muy probable que si ocurre alguno de los
problemas que citábamos nos saltarán las alertas inmediatamente y podremos ayudar
a nuestros menores y denunciar en caso necesario. No se trata de estar todo el día
encima, pero de estar atentos. Igual que haríamos si en el parque se acerca un
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desconocido a hablar con ellos o encontramos que están juntándose con un grupo de
gente no apropiada para ellos.
Es normal temer a las nuevas formas de relación online y la única forma de poder
identificar o corregir un problema es estar atentos y que nuestros hijos tengan la
confianza de contar con nosotros. Igual que ha ocurrido toda la vida, cuando no existía
internet nuestros padres también tenían temores y la única solución era la confianza y
la vigilancia.
Vigilancia y control
Existen diferentes formas de vigilar o de controlar lo que hacen nuestros hijos, la
tecnología también avanza en este sentido. Igual que existían los dos rombos en
nuestra infancia, tenemos unos indicadores en los juegos que nos ayudan a conocer la
edad recomendada para los juegos. Pero Youtube, por ejemplo, que es la red de
consulta de información por excelencia de los más jóvenes, no discrimina contenidos
por edades, solo permite diferenciar entre adulto y niño, lo que dificulta mucho la
restricción entre diferentes edades.
Podemos incluir restricciones técnicas, es decir, cortarles el acceso a los contenidos
no aptos a través de herramientas pensadas con este propósito: filtros de control
parental. El riesgo es que no siempre van a navegar desde los dispositivos que
nosotros tenemos controlados, habrá veces que lo hagan desde el teléfono o la tableta
de un amigo o desde un lugar público sin filtros… la curiosidad que va a sentir por lo
prohibido en el momento en que tenga acceso será tan grande que seguramente
intente conocer todo aquello a lo que no tiene acceso, por eso defendemos la
formación y la educación más que la restricción.
Otra medida es controlar o acotar los horarios y espacios desde los que se pueden
conectar. Fijar un horario y lugar de la casa identificado para navegar. Como veíamos
en puntos anteriores el excluir a nuestro hijo de su entorno le va a traer problemas de
socialización, para ellos todo en ocurre en la red, si llegas tarde a una conversación
estás fuera de ella. La inmediatez es otra característica que está reñida con los
horarios. Si se opta por esta restricción habrá que hablar con ellos para negociar los
horarios en los que la mayoría de amigos estén conectados.
Por supuesto una medida imprescindible es hablar con ellos de seguridad digital, de
los posibles peligros que entraña tener un yo digital y de las precauciones que deben
tener. Desde hablar con desconocidos hasta compartir imágenes o indicar en qué
lugar te encuentras.
Por último, lo que venimos defendiendo a lo largo de todo el capítulo, es un
aprendizaje continuo en familia, ir aprendiendo sobre la red de forma simultánea,
asesorando e interesándonos por los avances que realizan, experimentando con ellos.
No existe nada mejor que un padre con el que tengan la suficiente confianza y les
entienda en las preguntas del entorno digital, pero para poder entenderlo hay que
avanzar con ellos, como decíamos, los cambios son tan rápidos que la puesta al día
es continua y no podemos dejar de aprender.
Aprendizaje en positivo
Las edades de la infancia, la adolescencia o la juventud no se corresponden en la red
con lo que contabilizamos en el mundo real. Podríamos pensar que, gracias a las
redes y apps infantiles que están surgiendo en el mercado, tenemos a nuestros hijos
navegando en entornos seguros. El año pasado, Youtube, aprovechando el éxito entre
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los niños, decidió apostar y sacar un nuevo canal, Youtube Kids en español, un canal
que, si le echamos un vistazo, enseguida nos daremos cuenta de que es para niños de
hasta 6 años ya que su contenido es de dibujos animados para niños muy pequeños.
Dado que todas las redes conocen que los niños navegan y mucho por la red, también
se ha creado un nuevo buscador de información dirigido a los niños, Thinga, que filtra
los contenidos para que los menores no accedan a contenidos no aptos para su edad.
¿Pero hasta cuándo este buscador les será útil a nuestros hijos? Muy pocos años, al
igual que con Youtube Kids, pero es una manera de establecer, si no un control
parental, un posible diálogo. Hagamos una prueba. Si introducimos la palabra
“alcohol”, nos habla sobre los compuestos del alcohol. Y si introducimos la palabra
“sex”, no nos ofrece ningún resultado, no existe, aunque es cierto que tenemos la
posibilidad de contactar con la red. El niño acudirá a los padres solicitando más
información, por lo que se puede iniciar un diálogo, los padres se convierten en el
buscador de Internet. El miedo a estas palabras en Internet provoca que en estas
nuevas plataformas existan palabras casi prohibidas, como las mencionadas, sin tener
en cuenta que la red también puede educar en estos temas.
Volvemos de nuevo a los padres como figura esencial en la tutorización del menor.
También ocurre en los videojuegos que nos bajamos en el móvil o en la tableta. Existe
una recomendación de edad. ¿Nos fiamos de esa valoración o los probamos? Uno de
los videojuegos más descargados en la actualidad es World Chef, un divertido juego
en el que el niño crea y compite por crear platos de diferentes países y conoce su
gastronomía. Sin embargo, está catalogado para más de 12 años porque aparece el
consumo ocasional de alcohol, lógicamente en los menús que se sirven. En España,
acostumbrados a beber una cerveza o una copa de vino sentados a la mesa con
nuestros hijos, la clasificación que hace Pegi (sistema por edades establecido por la
Información Paneuroepa sobre Juegos) requiere de una supervisión de los padres,
aquellos que deciden a qué pueden jugar sus hijos, lógicamente una vez hayan jugado
y comprobado el juego.
Los videojuegos son una herramienta para el aprendizaje en positivo, por la
interactuación que puede provocar con los padres y adultos y por los valores que los
videojuegos tienen. Su capacidad de aprendizaje visual es enorme y apuestan por los
videojuegos porque le aportan autoestima, les motivan, les ofrecen la posibilidad de
liderar acciones y de ganar, se concentran y mucho en una actividad determinada,
descubren nuevos contextos y mundos que mejoran su creatividad, se superan en
cada nivel y reto o resuelven problemas de manera continuada. Estos valores de
muchos de los videojuegos se pueden ampliar con la participación de los padres
jugando con ellos, compitiendo para que la interrelación sea mayor, su socialización y,
sobre todo, el respeto por quien lo hace mejor o lo hace peor.
Los adultos somos una generación que aprendimos desde pequeños a ver la tele, por
lo que decidimos qué pueden ver o no nuestros hijos, incluso cuando son pequeños
les sentamos frente la televisión a ver un programa catalogado como educativo porque
sabemos que con la televisión aprendimos muchas cosas. Si esto lo trasladamos a
internet, es lo mismo. Los padres somos los que tenemos que marcar pautas, tiempos,
apps, redes… porque Internet es un mundo enorme y complicado en el que se
desenvuelven nuestros hijos y, además, lo necesitan para comunicarse, aprender,
jugar o interactuar, por lo que necesitan ir de la mano de los padres.
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Las Redes Sociales han impactado como plataformas para la comunicación y el intercambio de información, afectando a todas las personas e instituciones, como la familia. Los jóvenes son los más activos en las citadas redes asumiendo mayores riesgos. No obstante, en ocasiones, son los progenitores los que realizan una sobre-exposición en RRSS de los menores, sin su consentimiento, poniendo en riesgo su privacidad. Este artículo presenta una investigación cuantitativa de carácter descriptivo y correlacional que recoge el proceso de validación de un cuestionario inédito destinado a recabar información sobre el conocimiento y el comportamiento de los progenitores en YouTube e Instagram en relación a los menores e, igualmente, se analizan los primeros resultados de la aplicación piloto de la herramienta. El cuestionario presenta una buena validez y fiabilidad. Los principales resultados señalan que los progenitores tienen conocimiento sobre la normativa legal y no publican frecuentemente contenidos de los menores en las RRSS y, cuando lo hacen, tratan de evitar la presentación de datos identificativos, sin embargo, sí permiten que se les vea la cara. Se confirma la necesidad de continuar investigando y emprendiendo acciones formativas dirigidas a familias sobre la necesidad de protección de los menores en las redes.
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Durante la última década, los juegos sociales online (JSO) se han popularizado e integrado a nuestra vida cotidiana, generándose posturas contrapuestas sobre sus posibles efectos en las personas y sus vínculos. Considerando que niños y jóvenes son usuarios activos de estas plataformas, las dinámicas familiares se han visto afectadas por su irrupción en el hogar. Este artículo presenta los resultados de un estudio de casos que exploró las dinámicas familiares generadas en torno al uso de Fortnite. La investigación se desarrolló en el año 2019, en dos países —Argentina y Chile—, donde se realizaron 82 entrevistas semiestructuradas para profundizar en la realidad de las familias en las que uno o más integrantes juegan Fortnite. Un abordaje cualitativo temático permitió concluir que el uso de este JSO complejiza las dinámicas familiares, siendo una de las problemáticas más comunes la preocupación de los padres por la calidad de la mediación ejercida.
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Resumen El estudio analiza la satisfacción de las familias españolas con hijos en educación obligatoria (de 6 a 16 años) tras el paso de docencia presencial a docencia digital a causa del COVID-19. Mediante un muestreo aleatorio simple de 2.150 individuos de toda España: se observan diferencias de satisfacción entre las familias que llevan a sus hijos a un centro público, concertado o privado; también analiza la impresión sobre la metodología del sistema de enseñanza en el nuevo contexto. Palabras clave: educación online, educación primaria, educación secundaria, COVID-19 Abstract The study analyses the satisfaction of Spanish families with children in compulsory education (from 6 to 16 years old) after the change from face-to-face to digital teaching due to the COVID-19. Using a simple random sampling of 2,150 individuals from all over Spain: differences in satisfaction are observed among families who take their children to a public, subsidized, or private center; it also analyzes the impression on the methodology of the teaching system in the new context. key words: online education, primary education, secondary education, COVID-19 1. Introducción El estudio examina las percepciones de padres y madres de alumnos en educación obligatoria en España (Educación Primaria y Educación Obligatoria Secundaria, ESO) en relación a la experiencia de haber vivido el paso de una docencia presencial a una docencia digital. La pandemia de la COVID-19 ha supuesto un cambio abrupto e inmediato que ha generado «una enseñanza remota de emergencia» (Hodges et al., (2020). El objetivo es principal es conocer el grado de satisfacción de las familias con la formación online y su percepción en cuanto a este cambio educativo, en una situación generalizada de teletrabajo y de crisis económica y sanitaria. Como objetivos secundarios se plantea conocer si existe diferencia en el grado de satisfacción de las familias que llevan a sus hijos a un centro público, a uno concertado o a uno privado, así como si existen diferencias entre primaria y secundaria en esta apreciación. También se quiere identificar el nivel de conocimiento de las familias
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El estudio analiza la satisfacción de las familias españolas con hijos en educación obligatoria (de 6 a 16 años) tras el paso de docencia presencial a docencia digital a causa del COVID-19. Mediante un muestreo aleatorio simple de 2.150 individuos de toda España: se observan diferencias de satisfacción entre las familias que llevan a sus hijos a un centro público, concertado o privado; también analiza la impresión sobre la metodología del sistema de enseñanza en el nuevo contexto.
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