ArticlePDF Available

Estrés Traumático Secundario (ETS) en Periodistas Mexicanos y Defensores de Derechos Humanos.

Authors:

Abstract

Resumen: El objetivo del presente estudio descriptivo fue identificar la prevalencia de síntomas de estrés traumático secun-dario (ETS) en una muestra conjunta de periodistas mexicanos y defensores de derechos humanos (N=88), cuyo trabajo profesional demanda regularmente un contacto cercano con víctimas de violencia. Se encontró que 36.4% de los participantes presentaron sintomatología "alta " o " severa " de ETS. Sin embargo, no se ubicaron diferencias significativas entre ambos grupos. Por otra parte, las mujeres y quienes laboraban más de 40 horas a la semana, sí mostraron síntomas significativamente más altos. Los resultados de esta investigación transversal reflejan el considerable desgaste psicológico que pueden generar las exposiciones secundarias en profesionistas que documentan y establecen vínculos sistemáticos con personas traumatizadas por la violencia social en México. Palabras clave: Estrés traumático secundario; periodistas; defensores de derechos humanos; violencia; México. Abstract: The main goal of this descriptive study was to identify the prevalence of secondary traumatic stress (STS) symptoms in a pooled sample of Mexican journalists and human right defenders (N=88), whose activities regularly demand a close contact with victims of violence. It was found that 36.4% of the participants presented " high " or " severe " STS symptoms. However, no significant differences between these groups of professionals were observed. Conversely, women and those who worked more than 40 hours a week presented significantly more severe symptoms. The results of this transversal investigation reflect the psychologic wear that these secondary exposures can generate in professionals who establish systematic links with subjects who have been traumatized by the social violence prevalent in modern Mexican society.
Summa Psicológica UST (CC – BY – 3.0)
ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 07 19-448x
http://summapsicologica.cl/
Summa Psicológica UST
2016, Vol. 13, Nº 1, 101-111
doi:10.18774/summa-vol13.num1-259
Estrés Traumático Secundario (ETS) en Periodistas Mexicanos y
Defensores de Derechos Humanos
Secondary Traumatic Stress (STS) in Mexican Journalists and Human Rights
Defenders
Rogelio Flores Morales*
Universidad Nacional Autónoma de México
Liliana Souza Colín
Universidad Autónoma Metropolitana, México
Ángela Oviedo Mireles
Jorge Fernando Bonilla Allende
Universidad Nacional Autónoma de México
(Rec.: abril de 2016 — Acept.: junio de 2016)
Resumen
El objetivo del presente estudio descriptivo fue identificar la prevalencia de síntomas de estrés traumático secun-
dario (ETS) en una muestra conjunta de periodistas mexicanos y defensores de derechos humanos (N=88), cuyo
trabajo profesional demanda regularmente un contacto cercano con víctimas de violencia. Se encontró que 36.4%
de los participantes presentaron sintomatología "alta” o “severa” de ETS. Sin embargo, no se ubicaron diferencias
significativas entre ambos grupos. Por otra parte, las mujeres y quienes laboraban más de 40 horas a la semana, sí
mostraron síntomas significativamente más altos. Los resultados de esta investigación transversal reflejan el consi-
derable desgaste psicológico que pueden generar las exposiciones secundarias en profesionistas que documentan
y establecen vínculos sistemáticos con personas traumatizadas por la violencia social en México.
Palabras clave: Estrés traumático secundario; periodistas; defensores de derechos humanos; violencia; México.
Abstract
The main goal of this descriptive study was to identify the prevalence of secondary traumatic stress (STS) symptoms
in a pooled sample of Mexican journalists and human right defenders (N=88), whose activities regularly demand a
close contact with victims of violence. It was found that 36.4% of the participants presented “high” or “severe” STS
symptoms. However, no significant dierences between these groups of professionals were observed. Conversely,
women and those who worked more than 40 hours a week presented significantly more severe symptoms. The
results of this transversal investigation reflect the psychologic wear that these secondary exposures can generate
in professionals who establish systematic links with subjects who have been traumatized by the social violence
prevalent in modern Mexican society.
Keywords: Secondary traumatic stress; journalists; human rights defenders; violence; Mexico.
* Correspondencia a: Rogelio Flores Morales. Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de Méxi-
co (UNAM). Av. Universidad 3004, edificio "B", cubículo 218, tercer piso. Col. Copilco-Universidad. C. P. 04510. Ciudad
de México, México. Tel. (52) 55-56222256. E-mail: rogeflores@yahoo.com o rogelio.flores@comunidad.unam.mx.
Rogelio FloRes MoRales, liliana souza Colín,
Ángela oviedo MiReles y JoRge FeRnando Bonilla allende
102
SUMMA PSICOLÓGICA UST, 2016, Vol. 13, Nº1, 101-111
ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 07 19-448x
Introducción
Los efectos psicológicos de la exposición directa o
primaria a eventos traumáticos (particularmente la vic-
timización criminal, los desastres naturales, las guerras
y los actos terroristas) han sido bien documentados
en diversas publicaciones científicas (Briere & Scott,
2006; Herman, 1992; Horowitz, 1993; van der Kolk, Mc-
Farlane & Weisaeth, 2007; Wilson & Raphael, 1993).
Sin embargo, son relativamente pocos los estudios
que colocan su atención en aquellas personas trau-
matizadas de manera secundaria o vicaria; es decir, en
individuos que han establecido un contacto cercano y
sistemático con sobrevivientes o víctimas de violencia,
y que a partir de esa experiencia empática desarrol-
laron un conjunto de malestares emocionales (Figley,
1995, 1999; Pearlman & Saakvitne, 1995).
En efecto, la empatía es un valor del que florecen sen-
timientos nobles como la solidaridad y el amor. Pro-
porciona la capacidad de mirar desde la perspectiva
del otro y entender el sufrimiento (Fernádez-Pinto,
López-Pérez & Márquez, 2008). No obstante, de esta
noble manifestación se puede derivar cansancio y des-
gaste emocional que –en casos extremos– deviene en
la formación de trastornos (Bride, Robinson, Yegidis
& Figley, 2003; Figley, 1999; Moreno, Morante, Garro-
sa & Rodríguez, 2004a). En el campo de la psicología
se utiliza una metáfora para ilustrar este fenómeno:
la existencia de una especie de “contagio emocional”
(Hatfield, Cacciopo & Rapson, 1994; Smither, 1977) que
impacta en quien escucha y acompaña a las víctimas
o sobrevivientes.
El estrés traumático secundario (ETS) –también con-
ocido como desgaste por empatía– es justamente un
síndrome relacionado con la exposición indirecta a al-
gún trauma o a diversos factores secundarios de estrés
(Figley, 1999; Moreno et al., 2004a). Esta entidad no-
sológica se caracteriza por la aparición de respuestas
psicoemocionales perturbadoras que se experimentan
tras haber establecido un contacto sistemático con el
dolor y/o sufrimiento de otras personas. Es decir, las
exposiciones indirectas a eventos traumáticos pueden
producir efectos perturbadores (cognitivos, físicos y
conductuales) en quienes ayudan, asisten, cuidan o
establecen algún tipo de contacto sistemático o cerca-
no con víctimas (Figley, 1999).
Charles R. Figley (1999) define al ETS como el con-
junto de emociones y comportamientos naturales que
surgen tras conocer en detalle un evento traumático
experimentado por alguien significativo. El ETS, sin
embargo, es un proceso que deviene de manera pau-
latina; es decir, no aparece como respuesta inmediata
al primer contacto con la persona o con su historia de
dolor. Es, más bien, el efecto acumulado del contacto
sistemático con víctimas de violencia, sobrevivientes
de catástrofes humanas o naturales, o con personas
que experimentan una situación emocional muy difícil
o perturbadora.
Los síntomas de ETS son casi idénticos a los del es-
trés postraumático (PTSD), ya que en su seno se in-
cluyen también respuestas intrusivas, evitativas y de
activación (Bride et al., 2003). No obstante, la diferen-
cia entre ambos cuadros se ubica en la etiología, es
decir, en los factores que desencadenan los síntomas.
De acuerdo con Figley (1999), los efectos negativos de
la exposición secundaria a un evento traumático son
similares a los desencadenados por una exposición
primaria, con la única diferencia de que la expresión
posterior de la experiencia traumática en una persona
(PTSD) se convierte (a manera de “contagio”) en un
evento traumático para una segunda o tercera (ETS).
Los síntomas de ETS se pueden manifestar de tres
maneras diferentes: 1) Síntomas intrusivos (medi-
ante la irrupción de recuerdos recurrentes del evento
traumático, flashbacks sobre los sucesos perturba-
dores y/o pesadillas); 2) Síntomas evitativos (aislam-
iento social, anestesia emocional, desinterés en las
actividades cotidianas, amnesia); y 3) Síntomas de
activación (insomnio, sobresaltos, dificultad para con-
centrarse, irritabilidad) (Bride et al., 2003).
Se sabe que existe un costo emocional por apoyar a
personas traumatizadas, y éste puede manifestarse en
un deterioro de las funciones laborales, sociales y fa-
miliares de los individuos (sobre todo si no se toman
medidas preventivas de autoprotección). Debido a ello,
un elevado número de estudios se ha centrado, justa-
mente, en el área preventiva (Lerias & Byrne, 2003).
Uno de los factores que contribuyen a la aparición de
ETS es la carga excesiva de trabajo, lo que provoca di-
ficultades en las relaciones sociales de quienes lo pa-
decen (Hensel, Ruiz, Finney & Dewa, 2015). Asimismo,
se ha demostrado que haber sufrido una experiencia
similar a la vivida por la persona asistida o acompaña-
da puede propiciar la aparición de ETS en el especial-
ista (Dunkley & Whelan, 2006; Gardell & Harris, 2003;
Lerias & Byrne, 2003).
Entre los tópicos examinados, se ubican estudios so-
bre intervenciones clínicas con fines terapéuticos (Bet-
ta, Morales, Rodriguez & Guerra, 2007; Guerra, Fuenza-
lida & Hernández, 2009; Moreno, Morante, Rodríguez
& Rodríguez, 2008), validación de instrumentos para
su diagnóstico (Meda, Moreno, Rodríguez, Arias &
Palomera, 2011), revisiones generales del tema (More-
no, Morante, Garrosa & Rodríguez, 2004b) e investi-
gaciones sobre prevalencias en poblaciones espe-
cíficas. Con respecto a estas últimas, Montero (2014)
identificó una prevalencia de ETS de 36.50% en una
muestra conformada por personal médico (N=82). Por
otro lado, en un estudio de Guerra y Pereda (2015) con
259 psicólogos clínicos se encontró una prevalencia
de 37.80%. Por su parte, Beck y Gable (2012), aplican-
Estrés traumático sEcundario (Ets) En PEriodistas mExicanos y
dEfEnsorEs dE dErEchos humanos 103
SUMMA PSICOLÓGICA UST, 2016, Vol. 13, Nº1, 101-111
ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 07 19-448x
do la Escala de Estrés Traumático Secundario (EETS)
de Bride en una muestra de 464 enfermeras, hallaron
que un 35% de las participantes presentaba sintoma-
tología.
Entre las poblaciones más estudiadas se encuentran
aquellos profesionales y trabajadores que cotidiana-
mente establecen una relación cercana con víctimas de
violencia o con sobrevivientes de eventos traumáticos
tales como médicos, enfermeras, educadores, bomb-
eros, paramédicos, trabajadores sociales, terapeutas
de centros de ayuda infantil, abogados, profesionales
de servicios de emergencia, policías y psicólogos clíni-
cos (Adam, Boscarino & Figley, 2006; Brady, Guy, Poel-
stra & Brokaw, 1999; Courtois, 1988; Chrestman, 1999;
Cunningham, 2003; Figley, 1995; Follette, Polusny &
Milbeck, 1994; Herman, 1992; Joinson, 1992; McCann
& Pearlman, 1990; Meda, Moreno, Palomera, Arias
& Vargas, 2012; Meyers & Cornille, 2002; Solomon,
Waysman, Belkin, Levy, Mikulincer & Enoch, 1992). Sin
embargo, los estudios de corte cuantitativo sobre la
presencia de ETS en periodistas y/o defensores(as) de
derechos humanos es prácticamente nulo (Flores-Mo-
rales & Reidl, 2014).
Cabe destacar que a diferencia del burnout –el cual es,
en efecto, un estado de cansancio físico, emocional y
mental causado por un prolongado involucramiento en
situaciones emocionalmente demandantes (Pines &
Aronson, 1988)– el ETS surge necesariamente de la ex-
posición indirecta a experiencias traumáticas (Adams,
Figley & Boscarino, 2008). En este sentido, ambos con-
structos son cercanos pero se diferencian justamente
por el carácter etiológico del desgaste (traumático vs
no traumático) (Rossi et al., 2012).
Por todo lo anterior, consideramos que es de suma
importancia estudiar ambos grupos (periodistas y
defensores), los cuales, además, suelen desarrollar
su actividad profesional en contextos de violencia
colectiva. Como se sabe, en México se han contabi-
lizado más de 140 mil asesinatos entre diciembre de
2006 y agosto de 2015 (Mendoza & Navarro, 2015). De
2007 a 2015, también se han reconocido oficialmente
al menos 27,659 personas desaparecidas (Vicenteño,
2016); y solo durante 2014 la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH) recibió 500 denuncias
sobre violaciones graves a los derechos humanos en
México (el mayor número registrado entre los países
del continente americano) (Roldán, 2015).
De acuerdo con un informe de Front Line Defenders
(2016), de los 156 defensores que fallecieron en todo
el mundo por causas violentas en 2015, más de la mit-
ad (87) ocurrieron en América Latina (54 en Colombia,
9 en Brasil, 8 en México, 7 en Honduras, 6 en Guate-
mala, 2 en Nicaragua y 1 en El Salvador). Del mismo
modo, según la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH), de 2010 a la fecha 150 periodistas
fueron asesinados en América; una de cada tres de es-
tas muertes ocurrió en México (Animal Político, 2015).
El objetivo de esta investigación de carácter descrip-
tivo, exploratorio y transversal es identificar la preva-
lencia de síntomas de ETS en una muestra conjunta
de periodistas mexicanos y defensores de derechos
humanos que realizan su labor profesional en estrecha
cercanía con víctimas de violencia. Asimismo, nos pro-
ponemos identificar si existen diferencias significativas
de acuerdo con la actividad profesional (periodistas vs.
defensores), género (hombres vs mujeres), horas tra-
bajadas por semana (40 hrs. o menos vs más de 40
hrs.), y temáticas abordadas (incluye temática de nar-
cotráfico vs no incluye temática de narcotráfico).
Todo lo anterior con el fin de determinar si ambos gru-
pos (periodistas y defensores) se han visto impacta-
dos de manera secundaria por la violencia en México
y reconocer si las cuatro variables mencionadas están
presentes en su configuración. De manera concur-
rente, establecemos como propósito de esta investi-
gación determinar la validez y confiabilidad de la Es-
cala de Estrés Traumático Secundario de Bride et al.
(2003) en esta misma muestra.
Método
Participantes
Se empleó una muestra no probabilística e intencional
por invitación (Polit, 2002; Silva, 1993). En el estudio
participaron 88 personas, de las cuales 29 fueron peri-
odistas y 59 defensores de derechos humanos. Los
primeros tenían la particularidad de que cubrían de
manera sistemática noticias relativas a violaciones de
derechos humanos, movimientos sociales y atención
a víctimas de violencia (periodistas de otras fuentes
fueron excluidos del estudio); mientras que los segun-
dos participaban en distintas áreas como asesorami-
ento, atención y defensoría de los derechos humanos
en alguna organización. Es decir, el eje común y ar-
ticulador de ambos grupos era que presentaban una
exposición indirecta a experiencias traumáticas de
otras personas (principalmente hechos de violencia e
impunidad).
El 59.1% de la muestra estuvo constituida por mujeres y
40.9% por hombres. Una mayoría se ubicó en un rango
de edad de 20 a 29 años (44.3%). Aproximadamente
la mitad de los participantes (45.5%) solían dedicar
a sus actividades profesionales más de 40 horas por
semana. Por otra parte, el 83% declaró que en su la-
bor periodística o de defensa por lo menos alguna vez
habían establecido contacto con víctimas de la violen-
cia derivada de la “guerra contra el narcotráfico”. Al mo-
mento del levantamiento, el 73.9% de los participantes
desempeñaba su trabajo en la ciudad de México y el
resto (26.1%) se distribuía en 8 entidades del país (Es-
tado de México, Morelos, Oaxaca, Puebla, Veracruz,
Rogelio FloRes MoRales, liliana souza Colín,
Ángela oviedo MiReles y JoRge FeRnando Bonilla allende
104
SUMMA PSICOLÓGICA UST, 2016, Vol. 13, Nº1, 101-111
ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 07 19-448x
Chiapas, Colima y Chihuahua).
Instrumentos
Además del cuestionario sociodemográfico y laboral,
se empleó la Escala de Estrés Traumático Secundar-
io-EETS (STSS por sus siglas en inglés) desarrollada
por Bride et al. (2003), la cual evalúa síntomas intru-
sivos, evitativos y de activación que suelen configu-
rarse como resultado de una exposición indirecta a
experiencias traumáticas.
Debido a que el instrumento no había sido validado
en población mexicana, se realizó la traducción y ad-
aptación del inglés al castellano por un grupo de ex-
pertos (todos ellos psicólogos) y, posteriormente, se
determinó la validez y confiabilidad del instrumento en
estos profesionistas.
La EETS consta de 17 reactivos, los cuales corre-
sponden a la trilogía de síntomas propias del Estrés
Postraumático (PTSD). No obstante, la EETS difiere de
otras escalas que identifican PTSD en que justamente
la mitad de sus reactivos (2, 3, 6, 10, 12, 13, 14 y 17) son
ubicados específicamente como estresores derivados
de una exposición indirecta al trauma lo que –como
se ha señalado– constituye la esencia y particularidad
del ETS.
En las instrucciones se le indica al participante que
lea cada reactivo y que elija con qué frecuencia la
afirmación ha sido verdadera durante los últimos si-
ete días. El tipo de respuesta se ubica en una escala
Likert que va de “1” (nunca) a “5” (casi siempre). De
acuerdo con la versión original, un puntaje entre 28 y
37 corresponde a “sintomatología baja, 38 y 43 a “sin-
tomatología moderada”, 44 y 48 a “sintomatología alta”
e igual o mayor a 49 “sintomatología severa. La pun-
tuación total mínima del instrumento es 17 y la máxima
85.
En la EETS utilizada en esta investigación, se adaptaron
ciertas palabras con el fin de focalizar el instrumento
para su uso en periodistas y defensores de derechos
humanos que trabajan de manera cercana con vícti-
mas de violencia. Por ejemplo, en lugar de utilizar el
sustantivo “cliente” incluido en la versión original de la
escala, se optó por el de “víctima”. En el texto original
se menciona que la palabra “cliente” es utilizada para
identificar a la persona con quien se ha establecido un
vínculo en la relación de ayuda, pero que éste puede
ser sustituido por otro sustantivo que mejor se ajuste o
represente el trabajo del profesionista evaluado.
Procedimiento
Gracias a la intervención y apoyo de diversas organ-
izaciones y colectivos, se convocó a sus respectivos
miembros (defensores de derechos humanos y perio-
distas) a participar en la investigación. Se invitó directa-
mente a 161 personas (74 defensores y 91 periodistas)
y poco más de la mitad aceptó participar (N=88), con-
figurándose una tasa de aceptación de 54%. Quienes
rechazaron participar no aceptaron contestar ni siqui-
era el cuestionario sociodemográfico, de tal forma que
resultó imposible realizar un mínimo análisis compara-
tivo con aquellos que sí habían decidido participar en
la investigación.
A los periodistas y defensores de derechos humanos
se les ofrecieron dos formas de aplicación de instru-
mentos: de manera tradicional (mediante el uso de pa-
pel y lápiz, y en una cita previamente determinada) o
mediante el uso de una página web, la cual posibilitaba
responderlos en línea. El proceso de levantamiento de
datos así como la sistematización y ordenamiento de
los mismos se realizó entre junio de 2014 y agosto de
2015.
Consideraciones éticas
A las organizaciones convocadas se les explicó el ob-
jetivo del estudio a través de una carta-invitación, en
la que se garantizaba el resguardo de la identidad de
las personas participantes. También se les propor-
cionaron los datos de los investigadores (teléfonos y
correos electrónicos) para cualquier aclaración, duda o
comentario que pudiera surgir. Los defensores y perio-
distas que aceptaron participar otorgaron su consen-
timiento informado.
Análisis estadístico
Los datos obtenidos se analizaron con el programa
SPSS 19 y se emplearon diferentes estrategias es-
tadísticas. Para obtener la validez de la escala, se uti-
lizó el índice de adecuación de la muestra de KMO
(Kaiser-Meyer-Olkin) y se realizó un análisis factorial
con rotación ortogonal varimax. También se examinó
la confiabilidad mediante el índice Alfa de Cronbach,
y se examinaron frecuencias y porcentajes de los re-
sultados, medias aritméticas y desviaciones estándar
para identificar prevalencias. Finalmente, con el obje-
tivo de determinar si existían diferencias entre grupos,
se realizaron pruebas t de Student para muestras in-
dependientes.
Resultados
Análisis factorial y de confiabilidad
Con el fin de obtener la validez de constructo de la
EETS, se identificaron las frecuencias de cada pre-
gunta y se realizó un análisis de discriminación de
reactivos por el método de grupos contrastados (t de
Student para muestras independientes). Se encontró
que todos los ítems habían cumplido con los requer-
imientos necesarios, por lo que se procedió a realizar
el análisis factorial. El coeficiente KMO (Kaiser-Mey-
er-Olkin) identificado fue de .804, y se ubicó por enci-
ma del .50 recomendado (Kaiser, 1970).
Estrés traumático sEcundario (Ets) En PEriodistas mExicanos y
dEfEnsorEs dE dErEchos humanos 105
SUMMA PSICOLÓGICA UST, 2016, Vol. 13, Nº1, 101-111
ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 07 19-448x
Posteriormente, para determinar la validez del instru-
mento se realizó un análisis factorial con rotación or-
togonal varimax. De esta forma, se obtuvieron tres fac-
tores (activación, intrusión y evitación) acordes con lo
que se señala en la literatura científica sobre el tema
(Bride et al., 2003). Todos los reactivos obtuvieron car-
gas mayores a .40 y ninguno se ubicó en más de un
factor (ver Tabla 1).
El Alfa de Cronbach total del instrumento fue .87, y la
varianza total explicada 52.78%. El coeficiente de con-
fiabilidad del primer factor (activación) fue .84, del se-
gundo .72 (intrusión) y del tercero .69 (evitación). Sal-
vo este último, todos se ubicaron por encima del .70
recomendado (Nunnally & Berstein, 1994).
Tabla 1. Factores de la Escala de Estrés Traumático Secundario
Reactivos Factor 1
Activación
Factor 2
Intrusión
Factor 3
Evitación
5. Me siento desanimado(a) por mi futuro. .779
9. Estoy menos activo(a) que de costumbre. .778
15. Me enojo con facilidad. .732
11. Tengo dificultades para concentrarme. .650
4. Tengo problemas para dormir. .645
1. Me siento emocionalmente adormecido y embotado. .622
8. Me siento nervioso(a). .532
3. Parece como si estuviera reviviendo el trauma experimentado por
las víctimas.
.861
2. Mi corazón late rápidamente cuando pienso en las víctimas de
violencia.
.808
13. Tengo sueños perturbadores sobre las víctimas. .529
10. Pienso en las víctimas cuando no quiero hacerlo. .491
16. Imagino que algo malo puede ocurrir. .414
14. Quiero evitar el contacto con algunas víctimas. .713
17. Olvido datos importantes sobre mi trabajo con víctimas. .699
7. Tengo poco interés en estar con otras personas. .618
12. Evito el contacto con gente, lugares o cosas que me recuerdan a
las víctimas.
.517
6. Los recuerdos sobre las víctimas me alteran. .443
Valor Eigen 3.87 2.56 2.53
Porcentaje de varianza explicada 22.79 15.10 14.88
Fuente: Elaboración propia.
Por otra parte, la media del puntaje total del instrumen-
to fue 39.57 (DE = 10.31), lo cual en promedio ubicó
a los participantes con niveles moderados de ETS. En
cuanto a los síntomas desagregados, se identificaron
las siguientes medias: intrusión 10.93 (DE = 3.50),
evitación 10.01 (DE = 3.30) y activación 18.63 (DE =
5.66).
Se encontró que utilizando un punto de corte de 44
(es decir, con puntajes que ubicaron a los partici-
pantes con sintomatología “alta” o “severa”), la preva-
lencia global de síntomas de ETS en esta muestra fue
del 36.4%. En cuanto a los indicadores desagregados
por actividad laboral, se identificó que el 44.8% de los
periodistas presentaba síntomas de ETS, mientras que
estos síntomas afectaron a los defensores de derechos
humanos en un 32.2%.
Al realizarse las pruebas t de Student para muestras
independientes con el fin de conocer si existían difer-
encias significativas de acuerdo con las variables de
género, actividad profesional, horas trabajadas por
semana y temáticas abordadas, se encontraron los
siguientes resultados (ver Tabla 2).
Como puede observarse, no se encontraron diferen-
cias estadísticamente significativas entre periodistas y
defensores ni tampoco entre aquellos que en su traba-
jo incluían temáticas de narcotráfico y aquellos que no.
Sin embargo, sí se encontraron diferencias por género
y por horas trabajadas a la semana, siendo las mujeres
quienes presentaron una media más elevada que los
Rogelio FloRes MoRales, liliana souza Colín,
Ángela oviedo MiReles y JoRge FeRnando Bonilla allende
106
SUMMA PSICOLÓGICA UST, 2016, Vol. 13, Nº1, 101-111
ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 07 19-448x
hombres, así como también aquellos que trabajan más
de 40 horas por semana.
Por otra parte, en la Tabla 3 se presentan los resultados
obtenidos al realizar pruebas t de Student por grupo de
síntomas (activación, intrusión y evitación) de acuerdo
con el género, actividad profesional, horas trabajadas
a la semana y temáticas abordadas.
Como puede observarse, al considerar el género, sola-
mente se encontraron diferencias en los síntomas in-
trusivos, siendo las mujeres quienes obtuvieron una
media significativamente más alta que los hombres. De
la misma forma, en cuanto a la presencia de síntomas
evitativos, se identificaron puntajes significativamente
más elevados en aquellas personas cuya carga horar-
ia superaba las 40 horas semanales. De igual mane-
ra, los profesionales que desarrollaban en su trabajo
temáticas de narcotráfico se ubicaron con puntajes de
evitación significativamente más altos que aquellos
que no lo hacían. Por último, al realizar comparaciones
en el resto de los grupos, no se encontraron diferen-
cias estadísticamente significativas en ninguna otra
área sintomática.
Discusión
De acuerdo con los objetivos planteados en esta inves-
tigación, se encontró que la Escala de Estrés Traumáti-
co Secundario (EETS) de Bride et al. (2003) cumplió
con los estándares necesarios de validez y confiabi-
lidad en periodistas y defensores mexicanos. Este
hecho resulta de singular importancia, ya que contar
con un instrumento estandarizado para dichos profe-
sionistas posibilita que en futuras investigaciones se
puedan evaluar síntomas de ETS en ambos grupos, y
relacionarlos con otras posibles variables de interés
clínico y profesional como la ansiedad, la depresión, el
burnout, la resiliencia o el crecimiento postraumático.
Por otra parte, la prevalencia global de síntomas de
ETS identificada en este estudio fue del 36.4%. Es de-
cir, se encontró que, en promedio, uno de cada tres
participantes presentó sintomatología “alta” o “severa”.
Estos indicadores demuestran el considerable impac-
to que pueden producir las exposiciones traumáticas
secundarias en el bienestar psicológico de periodistas
y defensores de derechos humanos. Sin embargo, no
se encontraron diferencias estadísticamente significa-
tivas entre ambos grupos, lo cual indica que el impac-
to tiende a ser homogéneo pese a que los periodistas
presentaron un porcentaje más alto de síntomas de
ETS que los defensores. En otros términos, podría afir-
marse que la experiencia indirecta de tipo violento es
de tal magnitud que su impacto repercute de manera
similar en ambos grupos, independientemente de las
labores y actividades específicas que realizan con las
víctimas de violencia.
Aunque resulta considerablemente elevada la preva-
lencia de síntomas en ambos grupos, ésta se ubica lig-
eramente por debajo de la identificada en psicólogos
clínicos (37.8%) (Guerra et al., 2009), es equivalente a la
de trabajadores de servicios médicos (36.5%) (Monte-
ro, 2014), y está por encima de la encontrada en enfer-
meras (35%) (Beck & Gable, 2012). En cualquier caso,
son cifras que muestran un impacto considerable.
No obstante, consideramos que también puede re-
alizarse una interpretación invertida de las prevalen-
cias. Esto es, podemos admitir que –pese al consid-
erable impacto emocional experimentado durante su
Tabla 2. Diferencias por género, actividad profesional, horas trabajadas por semana y temáticas abordadas en
cuanto a los puntajes totales de la EETS
M DE M DE tp
Mujeres Hombres
41.35 9.70 37 10.74 -1.97 0.05
Periodistas Defensores(as)
40.90 10.65 38.92 1 0.16 0.84 0.40
40 horas o menos Más de 40 horas
37.54 10.20 42 10.03 -2.05 0.04
ITN NITN
40.30 10.64 36 7.87 -1.48 0.14
Fuente: Elaboración propia.
M= Media aritmética.
DE= Desviación estándar.
ITN= Incluye temáticas de narcotráfico.
NITN= No incluye temáticas de narcotráfico.
Estrés traumático sEcundario (Ets) En PEriodistas mExicanos y
dEfEnsorEs dE dErEchos humanos 107
SUMMA PSICOLÓGICA UST, 2016, Vol. 13, Nº1, 101-111
ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 07 19-448x
Tabla 3. Diferencias por género, actividad profesional, horas trabajadas por semana y temáticas abordadas, en
cuanto a la presencia de síntomas de activación, intrusión y evitación
M Total Grupo M Grupo 1 DE M Grupo 2 DE t p
Activación
1. Mujeres
2. Hombres 2.73 0.7 1 2.54 0.92 -1.09 0.27
1. Periodistas
2. Defensores 2.77 0.88 2.60 0.76 0.95 0.34
1. 40 hrs o menos
2. Más de 40 hrs. 2.54 0.82 2.80 0.7 7 -1.48 0.14
1. ITN
2. NITN 2.68 0.82 2.55 0.73 -0.56 0.57
Intrusión
1. Mujeres
2. Hombres 2.33 0.67 1.97 0.69 -2.45 0.01
1. Periodistas
2. Defensores 2.15 0.78 2.20 0.66 -0.32 0. 74
1. 40 hrs o menos
2. Más de 40 hrs. 2.07 0.69 2.32 0.69 -1.64 0.1 0
1. ITN
2. NITN 2.23 0.73 1.97 0.48 -1.29 0.19
Evitación
1. Mujeres
2. Hombres 2.10 0.68 1.86 0.60 -1.68 0.09
1. Periodistas
2. Defensores 2.13 0.68 1.93 0.64 1.35 0.17
1. 40 hrs o menos
2. Más de 40 hrs. 1.87 0.55 2.16 0.74 -2.08 0.04
1. ITN
2. NITN 2.07 0.68 1.65 0.41 -2.29 0.02
Fuente: Elaboración propia.
M= Media aritmética.
DE= Desviación estándar.
ITN= Incluye temáticas de narcotráfico.
NITN= No incluye temáticas de narcotráfico
trabajo diario– un grupo mayoritario de periodistas y
defensores de derechos humanos registró niveles ba-
jos de sintomatología. Ciertamente, el dato comple-
mentario de que el 63.6% de los periodistas y defen-
sores presentaran sintomatología “leve” o “moderada”
nos permite inferir la presencia de ciertos factores
resilientes en ellos. Valdría la pena, en consecuencia,
investigar a profundidad algunas de estas característi-
cas en futuros estudios. Podrían estar interviniendo,
por ejemplo, variables sociodemográficas específicas
(como la edad, zona de residencia, etc.), ciertas activ-
idades autoprotectoras (como el ejercicio físico o la
realización de actividades culturales o lúdicas ajenas
a su actividad profesional) o la presencia de algún tipo
de proceso psicoterapéutico entre muchas otras ra-
zones.
Respecto a las diferencias por género en cuanto a los
niveles de impacto, consideramos que es importante
destacar dos situaciones. En primer término, el hecho
de que las mujeres han estado jugando en México un
papel cada vez más relevante en la denuncia de la vio-
Rogelio FloRes MoRales, liliana souza Colín,
Ángela oviedo MiReles y JoRge FeRnando Bonilla allende
108
SUMMA PSICOLÓGICA UST, 2016, Vol. 13, Nº1, 101-111
ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 07 19-448x
lencia, ya sea a través del periodismo o bien a partir de
la defensa de los derechos humanos. Este protagonis-
mo se manifiesta en los múltiples movimientos sociales
encabezados por mujeres, quienes –inclusive– suelen
provenir de una transformación desde la victimización
hacia el activismo (López, 2014; Medina, 2012). En se-
gundo lugar y unido a lo anterior, se observa que las
mujeres van solidarizándose con las víctimas genera-
das por la violencia, convirtiéndose en una suerte de
acompañantes y guías con los subsiguientes impactos
generados por la exposición a nuevos traumas. Bur-
gos et al. (2014) han señalado esta idea en distintos
foros, reivindicando particularmente la importancia del
autocuidado en mujeres defensoras como herramien-
ta esencial para el fortalecimiento de los movimientos
sociales.
Las situaciones arriba señaladas podrían explicar en
conjunto la presencia de puntajes altos en mujeres
(principalmente de síntomas intrusivos). En términos
coloquiales, podría afirmarse que a las mujeres de
este estudio –a diferencia de los varones– les ha re-
sultado más difícil “quitarse de la cabeza” y “marcar
distancia” respecto a las experiencias de dolor de las
víctimas con quienes establecieron contacto. En efec-
to, numerosas son las autoras que han analizado las
particularidades de la subjetividad femenina, ya sea en
procesos de elaboración traumáticos o en manifesta-
ciones de bondad y empatía (Garriga, 2014; Gilligan,
2013; Magaña, Silva-Nadales & Rovira, 2010). No ob-
stante, consideramos que resulta necesario desarrollar
más estudios de corte cualitativo en mujeres periodis-
tas y defensoras de derechos humanos mexicanas con
el fin de analizar en profundidad las razones de estas
diferencias intrusivas específicas.
Por su parte, la falta de diferenciación significativa
en puntajes globales respecto a la temática del nar-
cotráfico remite sobre todo al carácter psicosocial de
este tipo de traumas. Es decir, permite dimensionar el
impacto psicológico que está generando la violencia
en México –y no solo la relacionada con hechos de
narcotráfico–, así como la crisis de derechos humanos
que se vive en el territorio nacional.
Sin embargo, llama particularmente la atención el
mayor desarrollo de síntomas evitativos en quienes
trabajan temáticas de narcotráfico. Dichos síntomas,
en efecto, dan cuenta del impacto traumático, pero,
paradójicamente, también constituyen factores pro-
tectores del psiquismo; es decir, podrían representar
un intento de cesar la exposición a las historias y/o sit-
uaciones derivadas de su trabajo diario que, de algún
modo, están afectándolos psicológicamente. Con re-
specto a las respuestas de evitación propias del Estrés
Postraumático (PTSD), van der Kolk (2007) señala lo
siguiente:
Puede ser posible que sean precisamente estos elementos
excluidos, que son las sensaciones a las que el paciente
evita enfrentarse activamente y revivir en la relación ter-
apéutica, los que sean más proclives a reaparecer en for-
ma de escenas retrospectivas (destellos rememorativos),
pesadillas y reactuaciones conductuales. (p.11)
No obstante, las conductas de evitación también
pueden ser el resultado de la necesidad objetiva de
tomar medidas de precaución ante el peligro que rep-
resenta trabajar temáticas relacionadas con el nar-
cotráfico y el crimen organizado. No debe soslayarse
que, en efecto, el número de periodistas y defensores
amenazados y agredidos ha ido en aumento durante
los últimos años como se ha señalado en la introduc-
ción del presente texto.
Por otra parte, en este estudio se confirmó que uno
de los factores que contribuyen al desarrollo de ETS
es la sobrecarga horaria. Se identificó que los partici-
pantes (tanto periodistas como defensores) que labo-
raban más de 40 horas a la semana presentaron más
síntomas, lo cual constituye –independientemente de
las tareas específicas que realizan– un factor de riesgo
para el desarrollo de ETS. Si a ello agregamos el im-
pacto en el psiquismo de la exposición sistemática a
las historias de dolor de las víctimas, el riesgo aumenta
considerablemente.
Cabe señalar que el tratamiento de los datos no arrojó
diferencias significativas en cuanto a síntomas de ac-
tivación. No obstante, la media para este criterio espe-
cífico de ETS fue de 18.63, lo cual indica una presencia
importante de sintomatología relativa a las emociones:
desánimo, irritabilidad, trastornos del sueño, nerviosis-
mo y embotamiento. Si bien lo anterior pone el acento
en las condiciones laborales, no hay que olvidar el ries-
go para la propia integridad personal que representa el
contexto de violencia en el que se desenvuelven peri-
odistas y defensores, tal y como ha quedado expuesto
en la introducción.
Por último, a partir de los datos analizados en este es-
tudio, surgen nuevas interrogantes que precisan ser in-
vestigadas bajo modalidades mixtas: ¿qué medidas de
autoprotección psicológica deben desarrollar periodis-
tas y defensores al realizar su trabajo diario?, ¿cómo
se puede brindar atención a las víctimas directas e
indirectas de la violencia en México sin que ello repre-
sente riesgos para la salud mental y para los derechos
humanos de los trabajadores que prestan dichos ser-
vicios?, ¿qué medidas estarían bajo la responsabilidad
del Estado y otros actores privados para garantizar el
apoyo a las víctimas en consonancia con condiciones
laborales dignas para los trabajadores?
Además de la contribución que representa la vali-
dación de la EETS y las prevalencias aquí identifica-
das, consideramos que este estudio coloca en la mesa
de discusión la problemática del impacto secunda-
rio en México, cuyos efectos han sido subestimados
Estrés traumático sEcundario (Ets) En PEriodistas mExicanos y
dEfEnsorEs dE dErEchos humanos 109
SUMMA PSICOLÓGICA UST, 2016, Vol. 13, Nº1, 101-111
ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 07 19-448x
por la hegemonía que se ha concedido a las exposi-
ciones traumáticas de carácter primario. Los resulta-
dos globales de esta investigación revelan, en suma,
el considerable desgaste psicoemocional que gener-
an las exposiciones secundarias en la subjetividad de
quienes documentan y establecen vínculos sistemáti-
cos con personas traumatizadas por la creciente ola
de violencia que se ha vivido en México durante las
últimas dos décadas.
Referencias
Adam, R., Boscarino, J. & Figley, C. (2006). Compassion
Fatigue and Psychological Distress Among So-
cial Workers: A Validation Study. The American
Journal of Orthopsychiatry, 76(1), 103-108. doi:
10.1037/0002-9432.76.1.103
Adams, R., Figley, C. & Boscarino, J. (2008). The
compassion fatigue scale: its use with social
workers following urban disaster. Research
on Social Work Practice, 18(3), 238-250. doi:
10.1177/1049731507310190
Animal Político. (2 de noviembre de 2015). Uno de cada
tres asesinatos de periodistas en América ocur-
rió en México: CIDH. Animal Político. Recupera-
do de http://www.animalpolitico.com/2015/11/
uno-de-cada-tres-asesinatos-de-periodis-
tas-en-america-ocurrio-en-mexico-cidh/
Beck, C. & Gable, R. (2012). A Mixed Methods Study
of Secondary Traumatic Stress in Labor and
Delivery Nurses. Journal of Obstetric, Gyneco-
logic, & Neonatal Nursing, 41(6), 747-760. doi:
10.1111/j.1552-6909.2012.01386.x.
Betta, R., Morales, G., Rodríguez, K. & Guerra, C.
(2007). La frecuencia de emisión de conductas
de autocuidado y su relación con los niveles de
estrés traumático secundario y de depresión en
psicólogos clínicos. Pensamiento Psicológico,
3(9), 9-19. Recuperado de http://www.redalyc.
org/pdf/801/80103902.pdf
Brady, J., Guy, J., Poelstra, P. & Brokaw, B. (1999). Vi-
carious traumatization, spirituality, and the
treatment of sexual abuse survivors: A national
survey of women psychotherapists. Profession-
al Psychology: Research and Practice, 30, 386-
393. doi: 10.1037/0735-7028.30.4.386
Briere, J. & Scott, C. (2006). Principles of trauma thera-
py: A guide to symptoms, evaluation, and treat-
ment. Thousand Oaks, CA: Sage.
Bride, B., Robinson, M., Yegidis M. & Figley, C.
(2003). Development and validation of the
secondary traumatic stress scale. Research
on Social Work Practice, 14, 27-35. doi:
10.1177/1049731503254106
Burgos, A., Hernández, A., Herraez, A., Ramos, G., Bur-
gos, L., Zelaya, L., ... & Arauz, Z. (2014). Travesías
para pensar y actuar. Experiencias de autocui-
dado de defensoras de derechos humanos en
Mesoamérica. Oaxaca: I-M Defensoras.
Chrestman, K. (1999). Secondary exposure to trauma
and self reported distress among therapists.
En B. Stamm (Ed.), Secondary traumatic stress:
Self-care issues for clinicians, researchers, and
educators (2nd ed., pp. 29-36). Lutherville, MD:
Sidran.
Courtois, C. (1988). Healing the incest wound: Adult
survivors in therapy. New York: Norton.
Cunningham, M. (2003). Impact of trauma work on so-
cial work clinicians: Empirical findings. Social
Work, 48, 451-459. doi: 10.1093/sw/48.4.451
Dunkley, J. & Whelan, T. (2006). Vicarious traumatiza-
tion: Current status and future directions. Brit-
ish Journal of Guidance and Counseling, 34(1),
107-116. doi:10.1080/03069880500483166
Fernández-Pinto, I., López-Pérez, B. & Márquez, M.
(2008). Empatía: Medidas, teorías y aplica-
ciones en revisión. Anales de Psicología, 24(2),
284-298. Recuperado de http://www.um.es/an-
alesps/v24/v24_2/12-24_2.pdf
Figley, C. (Ed.). (1995). Compassion fatigue. Coping
with secondary traumatic stress disorder in
those who treat the traumatized. New York:
Brunner/Mazel.
Figley, C. (1999). Compassion fatigue: Toward a new un-
derstanding of the cost of caring. En B. Stamm
(Ed.). Secondary traumatic stress: Self-care is-
sues for clinicians, researchers, and educators
(2nd ed., pp. 3-28). Lutherville, MD: Sidran.
Flores-Morales, R. & Reidl, L. (2014). Traumatización
secundaria en periodistas que cubrieron la car-
avana por la paz. En S. Rivera, P. Wolfgang, L.
Cruz & G. Villanueva (Eds.), Aportaciones Ac-
tuales de la Psicología Social Volumen 2 (pp.
814-821). México D.F.: Asociación Mexicana de
Psicología Social.
Follette, V., Polusny, M. & Milbeck, K. (1994). Men-
tal health and law enforcement professionals:
Trauma history, psychological symptoms, and
impact of providing services to child sexu-
al abuse survivors. Professional Psychology:
Research and Practice, 25(3), 275-282. doi:
10.1037/0735-7028.25.3.275
Front Line Defenders. (2016). Annual Report 2016. Re-
cuperado de https://frontlinedefenders.org/
sites/default/files/report.pdf
Gardell, D. & Harris, D. (2003). Childhood abuse histo-
Rogelio FloRes MoRales, liliana souza Colín,
Ángela oviedo MiReles y JoRge FeRnando Bonilla allende
110
SUMMA PSICOLÓGICA UST, 2016, Vol. 13, Nº1, 101-111
ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 07 19-448x
ry, secondary traumatic stress, and child wel-
fare workers. Child Welfare, 82(1), 5-26.
Garriga, C. (2014). La bondad y la ética del cuidado
en la subjetividad femenina. Implicaciones
del DSM-V para la sexualidad de las mujeres.
Aperturas psicoanalíticas, 46, 382-396. Recu-
perado de http://www.aperturas.org/articulos.
php?id=0000843
Gilligan, C. (2013). La ética del cuidado. Barcelona:
Fundació Víctor Grífols i Lucas.
Guerra, C., Fuenzalida, A. & Hernández, C. (2009).
Efectos de una Intervención Cognitivo-Con-
ductual en el Aumento de Conductas de Au-
tocuidado y Disminución del Estrés Traumáti-
co Secundario en Psicólogos Clínicos. Terapia
Psicológica, 27(1), 73-81. doi: 10.4067/S0718-
48082009000100007
Guerra, C. & Pereda, N. (2015). Estrés traumático se-
cundario en psicólogos que atienden a niños
y niñas víctimas de malos tratos y abuso sex-
ual: un estudio exploratorio. Anuario de Psi-
cología/The UB Journal of Psychology, 45(2),
177-188. Recuperado de http://revistes.ub.edu/
index.php/Anuario-psicologia/article/view-
File/14265/17522
Hatfield, E., Cacciopo, J., & Rapson, R., (1994). Emotion-
al Contagion. Cambridge: Cambridge Universi-
ty Press.
Hensel, J., Ruiz, C., Finney, C. & Dewa, C. (2015). Me-
ta-Analysis of Risk Factors for Secondary Trau-
matic Stress in Therapeutic Work With Trauma
Victims. Journal of Traumatic Stress Studies,
28(2), 83-91. doi: 10.1002/jts.21998.
Herman, J. (1992). Trauma and recovery: The aftermath
of violence from domestic abuse to political ter-
ror. New York: Basic Books.
Horowitz, (1993). Stress-response syndromes: A re-
view of posttraumatic stress and adjustment
disorders. En J. Wilson & B. Raphael (Eds.), In-
ternational handbook of traumatic stress syn-
dromes. New York: Plenum.
Joinson, C. (1992). Coping with compassion fatigue.
Nursing, 22(4), 116-120 .
Kaiser, H. (1970). A second generation little jiy. Psycho-
metrika, 35, 401-416. doi: 10.1007/BF02291817
Lerias, D. & Byrne, M. (2003). Vicarious traumatization:
Symptoms and predictors. Stress and Health,
19(3), 129-138. doi: 10.1002/smi.969
López, M. (2014). Abriendo caminos de libertad e igual-
dad. México: Iniciativa Mesoamericana de mu-
jeres defensoras de derechos humanos.
Magaña, I., Silva-Nadales, S. & Rovira, R. (2010).
Catástrofe, subjetividad femenina y reconstruc-
ción: Aportes y desafíos desde un enfoque de
género para la intervención psicosocial en co-
munidades afectadas por el terremoto. Terapia
psicológica, 28(2), 169-177. doi: 10.4067/S0718-
48082010000200005
McCann, I. & Pearlman, L. (1990). Vicarious trauma-
tization: A framework for understanding the
psychological eects of working with victims.
Journal of Traumatic Stress, 3(1), 131-149. doi:
10.1007/BF00975140
Meda, R., Moreno, B., Palomera, A., Arias, E. & Vargas,
R. (2012). La Evaluación del Estrés Traumático
Secundario. Estudio Comparado en Bomberos y
Paramédicos de los Servicios de Emergencia de
Guadalajara, México. Terapia Psicológica, 30(2),
31-41. doi: 10.4067/S0718-48082012000200003
Meda, R., Moreno, B., Rodríguez, A., Arias, E. & Pal-
omera, A. (2011). Validación mexicana de la
Escala de Estrés Traumático Secundario. Psi-
cología y Salud, 21(1), 5-15. doi: 10.4067/S0718-
48082012000200003
Medina, A. (2012). Defensoras de derechos humanos
en México. Diagnóstico 2010-2011 sobre las
condiciones y riesgos que enfrentan en el ejer-
cicio de su trabajo. México D.F.: JASS.
Mendoza, E. & Navarro, A. (2015, agosto 30). 32 meses:
57,410 asesinatos. Proceso, 17-19 .
Meyers, T. & Cornille, T. (2002). The trauma of work-
ing with traumatized children. En C. Figley (Ed.),
Treating compassion fatigue (pp. 39-55). New
York: Brunner Routledge.
Montero, F. (2014). Estudio de factores psicológi-
cos y conductas de autocuidado asociados
a procesos de estrés traumático secundario
en profesionales de la salud mental. (Tesis de
maestría inédita). Universidad de la República,
Montevideo, Uruguay.
Moreno, B., Morante, M., Garrosa, E. & Rodríguez, E.
(2004a). El estrés traumático secundario. Eval-
uación, prevención e intervención. Terapia Psi-
cológica, 22(1), 69-76. Recuperado de http://
www.redalyc.org/pdf/785/78522108.pdf
Moreno, B., Morante, M., Garrosa, E. & Rodríguez, E.
(2004b). Estrés traumático secundario: el coste
de cuidar el trauma. Psicología conductual,
12(2), 215-231. Recuperado de https://www.
uam.es/gruposinv/esalud/Articulos/Salud%20
Laboral/2004el-coste-cuidar-el-traumapscon-
ductual.pdf
Moreno, B., Morante, M., Rodríguez, R. & Rodríguez,
Estrés traumático sEcundario (Ets) En PEriodistas mExicanos y
dEfEnsorEs dE dErEchos humanos 111
SUMMA PSICOLÓGICA UST, 2016, Vol. 13, Nº1, 101-111
ISSN: 0718-0446 / ISSNe: 07 19-448x
A. (2008). Resistencia y vulnerabilidad ante
el trauma: el efecto moderador de las varia-
bles de personalidad. Psicothema, 20(1), 124-
130. Recuperado de http://www.redalyc.org/
pdf/727/72720117.pdf
Nunnally, J. & Berstein, I. (1994). Psychometric theory
(3rd ed.). New York: McGraw-Hill.
Pearlman, L. & Saakvitne, K. (1995). Treating therapists
with vicarious traumatization and secondary
traumatic stress disorders. En C. Figley (Ed.),
Compassion fatigue: Coping with secondary
traumatic stress disorder in those who treat the
traumatized (pp. 150-177). Bristol, P. A: Brunner/
Mazel.
Pines, A. & Aronson, E. (1988). Career burnout: causes
and cures. New York: Free Press.
Polit, H. (2002). Investigación científica en ciencias de
la salud. México: McGraw-Hill Interamericana.
Roldán, N. (15 de mayo de 2015). México, el país con
más denuncias de violaciones de derechos ante
la CIDH. Animal Político. Recuperado de http://
www.animalpolitico.com/2015/05/mexico-el-
pais-con-mas-denuncias-de-violaciones-de-
derechos-ante-la-cidh/
Rossi, A., Cetrano, G., Pertile, R., Rabbi, L., Donisi, V.,
Grigoletti, L., ... & Amaddeo, F. (2012). Burnout,
compassion fatigue, and compassion satisfac-
tion among sta in community-based mental
health services. Psychiatry Research, 200(2-3),
933-938. doi: 10.1016/j.psychres.2012.07.029
Silva, L. (1993). Muestreo para la investigación en cien-
cias de la salud. Madrid: Díaz de Santos.
Smither, S. (1977). A reconsideration of the develop-
mental study of empathy. Human development,
20, 253-276. doi: 10.1159/000271561
Solomon, A., Waysman, M., Belkin, R., Levy, G., Mi-
kulincer, M. & Enoch, D. (1992). Marital relations
and combat stress reaction: The wive's per-
spective. Journal of Marriage and Family Thera-
py, 54(2), 316-326. doi: 10.2307/353063
van der Kolk, B. (2007). Más allá de la cura por el diálo-
go: experiencia somática, improntas subcorti-
cales y tratamiento del trauma. Revista de toxi-
comanías, 51, 3-21. Recuperado de http://www.
cat-barcelona.com/uploads/rets/Ret51_1.pdf
van der Kolk, B., McFarlane, A. & Weisaeth, L. (Eds.).
(2007). Traumatic stress. The eects of over-
whelming experience on mind, body and socie-
ty. New York: The Guilford Press.
Vicenteño, D. (11 de febrero de 2016). Hay 27 mil 659
desaparecidos; reporte oficial del gobierno.
Excélsior. Recuperado de http://www.excelsior.
com.mx/nacional/2016/02/11/1074536
Wilson, J. & Raphael, B. (Eds.). (1993). International
handbook of traumatic stress syndromes. New
York: Plenum.
ResearchGate has not been able to resolve any citations for this publication.
Chapter
Full-text available
En esta investigación nos planteamos como objetivo principal identificar si los periodistas que participaron en el recorrido de la Caravana del Sur, manifestaron respuestas psicoemocionales perturbadoras como resultado de haber establecido un contacto cercano con víctimas de la guerra o con sus familiares cercanos, así como reconocer la especificidad de estas respuestas. En este sentido, nos planteamos las siguientes preguntas de investigación: ¿Los periodistas de la Caravana presentaron signos de Malestar Psicológico (MP) como resultado de aquella larga jornada de trabajo? ¿Mostraron síntomas de Estrés Traumático Secundario (ETS) a dos semanas de haber regresado de aquel recorrido, aún cuando ellos mismos no habían sido víctimas directas de violencia? Y, en caso de encontrar signos perturbadores, ¿existen diferencias significativas entre las dos variables (MP y ETS) y las variables sociodemográficas y laborales? A manera de hipótesis, consideramos que al establecer un contacto profesional y sistemático con víctimas de violencia colectiva o con sus familiares cercanos, los periodistas son sensibles a las historias de dolor y pueden mostrar respuestas emocionales, cognitivas y/o conductuales perturbadoras, aún cuando no hayan sido objeto de algún tipo de violencia directa. En consecuencia, formulamos la hipótesis de que es probable que algunos de ellos presenten indicadores de malestar psicológico y/o sintomatología traumática, debido a las exposiciones sistemáticas e indirectas a las que se vieron sometidos durante diez días consecutivos.
Book
Full-text available
This is the book that started an are of research and practice of compassion fatigue, secondary traumatic stress and stress reactions, vicarious trauma, and most recently compassion fatigue resilience
Thesis
Full-text available
El objetivo del estudio fue estimar la prevalencia del Estrés Traumático Secundario en los profesionales que desempeñan su actividad laboral en el Hospital Vilardebó y confirmar su relación con otros procesos psicológicos y estrategias conductuales descritas en la literatura científica como relevantes para su evolución. Para ello se desarrolló un estudio de campo basado en una metodología de encuesta con un diseño transversal. Los participantes fueron 82 trabajadores y el acceso a la muestra fue de tipo incidental, no probabilístico. Se encontró una prevalencia considerable de ETS entre los participantes en el estudio. Aproximadamente 4 de cada 10 participantes presenta alta frecuencia de conductas intrusivas, evitativas y de activación, propias ETS. En esta muestra, el porcentaje de mujeres con la afección fue más de cinco veces mayor que en los varones. Se confirmó la asociación de tipo negativo con el Mindfulness, la Separación Emocional, las Conductas de Autocuidado, el Recovery y Realización Personal. Por otra parte, se confirmaron relaciones positivas con la historia de trauma personal del trabajador, la frecuencia de exposición a contenidos traumáticos de los usuarios, los niveles de agotamiento emocional y despersonalización. Los autores sugieren tener en consideración las limitaciones del estudio a la hora de extrapolar las conclusiones a la población objetivo. Se plantean recomendaciones estratégicas a los administradores en RHS para el diseño de programas de intervención en salud que tengan en cuenta el desgaste producto de llevar a cabo actividades laborales con población traumatizada. Por otra parte, se considera fundamental continuar realizando estudios relacionados con el ETS tanto para estimar los niveles de prevalencia en los diferentes servicios de salud como para poder establecer relaciones de causalidad entre las variables y el desarrollo del fenómeno estudiado. Palabras clave: Estrés Traumático Secundario, Recursos Humanos en Salud, Mindfulness
Article
Full-text available
The concept of secondary traumatic stress refers to a process whereby "an individual who observes the suffering of another, parallel experience the same emotional responses to actual or anticipated emotions of another person," Moreno, Morante, Rodríguez & Garrosa (2004). Based in this model Moreno, Garrosa, Morante, Rodríguez & Losada (2004b) designed the Secondary Traumatic Stress Questionnaire (STSQ). This study presents a comparative study of secondary traumatic stress realized with 427 subjects divided in two samples of firefighters and emergency paramedics. Emergency paramedics perceived more social pressure and a higher level of comprehension, while firefighters had a higher perception of work overload, high level of empathy and social consequences. Gender differences show that women perceived more social pressure at work and men perceived more overload and sense of humor. Correlations between the subscales of STSQ, confirm the relationship between the dimensions of the process model developed by Moreno, Morante, Rodríguez & Rodríguez (2008).
Article
Should psychotherapists limit their clinical work with trauma survivors to avoid being traumatized themselves? Vicarious traumatization (VT)-the symptoms similar to posttraumatic stress disorder and the disruption in cognitive-schemas reported in clinicians who are exposed to the trauma material of their clients-was assessed in a national survey of 1,000 women psychotherapists. Therapists with higher levels of exposure to sequel abuse material reported significantly more trauma symptoms but no significant disruption of cognitive schemas. Spiritual well-being, a key area thought to be damaged by VT, was found to be higher for those clinicians who saw more sexual abuse survivors.
Article
Revisions to the posttraumatic stress disorder (PTSD) diagnostic criteria in the fifth edition of the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5; American Psychiatric Association, 2013) clarify that secondary exposure can lead to the development of impairing symptoms requiring treatment. Historically known as secondary traumatic stress (STS), this reaction occurs through repeatedly hearing the details of traumatic events experienced by others. Professionals who work therapeutically with trauma victims may be at particular risk for this exposure. This meta-analysis of 38 published studies examines 17 risk factors for STS among professionals indirectly exposed to trauma through their therapeutic work with trauma victims. Small significant effect sizes were found for trauma caseload volume (r = .16), caseload frequency (r = .12), caseload ratio (r = .19), and having a personal trauma history (r = .19). Small negative effect sizes were found for work support (r = -.17) and social support (r = -.26). Demographic variables appear to be less implicated although more work is needed that examines the role of gender in the context of particular personal traumas. Caseload frequency and personal trauma effect sizes were moderated by year of publication. Future work should examine the measurement of STS and associated impairment, understudied risk factors, and effective interventions. Copyright © 2015 International Society for Traumatic Stress Studies.
Book
Thoroughly updated with DSM-5 content throughout, Principles of Trauma Therapy, Second Edition: DSM-5 Update is both comprehensive in scope and highly practical in application. This popular text provides a creative synthesis of cognitive-behavioral, relational, affect regulation, mindfulness, and psychopharmacologic approaches to the "real world" treatment of acute and chronic posttraumatic states. Grounded in empirically-supported trauma treatment techniques and adapted to the complexities of actual clinical practice, this book is a hands-on resource for front-line clinicians, those in private practice, and graduate students of public mental health
Article
This study examined changes over time in the marital relations of Israeli combat veterans who sustained a combat stress reaction (CSR) during the 1982 Lebanon War. Wives of CSR veterans and wives of comparable non-CSR combat veterans were interviewed 6 years after the war regarding their marital relations at four points in time. Couples in which the husband sustained a CSR were found to be characterized at all points in time by more conflict, less intimacy, less consensus, less cohesion, and less expressiveness than non-CSR couples. Findings also indicate that a CSR was generally followed by changes in three aspects of the marital relationship: an increase in conflict and a reduction in satisfaction and cohesion.