ArticlePDF Available

Abstract and Figures

En el estado de Sonora, entre los municipios de Hermosillo y Guaymas, se encuentra el cajón del Diablo, ubicado en el límite sureño de la parte continental del desierto Sonorense. Se localiza en la subdivisión de la costa central del golfo del desierto Sonorense, donde la aridez extrema es el aspecto distintivo. Aquí, existen ciertas áreas como sierras y cañones aislados que son de gran interés biológico, ya que forman parte de un corredor entre el gran desierto y las sierras de la región oriental de Sonora, manteniendo aisladas poblaciones de especies de flora y fauna. Una de estas áreas es la sierra El Aguaje, sitio de gran importancia debido a su gran diversidad biológica, bello paisaje, y a las condiciones primordiales en que se encuentra para su conservación.
Content may be subject to copyright.
Nuestra Tierra Primavera 2006 página 10
Figura 3. Maguey floreciendo. El tallo cen-
tral, llamado quiote, se cuece para comerlo.
Bibliografía
Callen, E.O. 1965. Food habits of some pre-Columbian Mexican Indians. Economic
Botany. 19 (4): 335-343.
García-Mendoza, A. 1995. Riqueza y endemismos de la familia Agavaceae en México.
En: Linares, E., Dávila, P. et al. Conservación de plantas en peligro de extinción:
diferentes enfoques. p. 51-70; UNAM; México.
Gentry, H.S. 1982. Agaves of Continental North America. University of Arizona
Press; Tucson.
Goncalves de Lima, O. 1990. Pulque, balaché y pajauaru. La Etnobiología de las
bebidas y de los alimentos fermentados. Fondo de Cultura Económica; México.
Granados, S. D. 1993. Los agaves en México. Universidad Autónoma de Chapingo;
México.
Guerrero, R. 1994. El Pulque. Arqueología Mexicana 2 (7): 62-65; México.
Lozoya, X. 1995. Arqueología de la tradición herbolaria. Arqueología Mexicana 3 (14):
3-9; México.
Nobel, P.S. 1994. Remarkable Agaves and Cacti. 166 pp. Oxford University Press;
New York.
Pallares, E. y Robles-Gil, P. 1995. El Maguey. Arqueología Mexicana 3 (13): 48-51;
México.
Parson, J. R. y Parsons, H. 1990. Maguey utilization in highland central Mexico: an
archaeological ethnography. University of Michigan; Ann Arbor.
Ramírez, J. 1995. Los magueyes, plantas de infinitos usos. Biodiversitas-CONABIO 1
(3): 1-7; México.
Autor
Hugo Beraldi, Arizona State University,Tempe, Arizona, EEUU.; hberaldi@asu.edu
Rincones sonorenses
Explorando la sierra El
Aguaje, municipio de
Guaymas, Sonora
Introducción
En el estado de Sonora, entre los municipios de
Hermosillo y Guaymas, se encuentra el cajón del
Diablo, ubicado en el límite sureño de la parte conti-
nental del desierto Sonorense. Se localiza en la subdi-
visión de la costa central del golfo del desierto Sono-
rense, donde la aridez extrema es el aspecto distintivo.
Los arbustos pequeños están casi ausentes ya que sus
raíces superficiales y la incapacidad para almacenar
agua no les permiten soportar las largas sequías que
suelen extenderse durante varios años. El cajón del
Diablo está considerado como una de las áreas natura-
les protegidas del noroeste de México. En 1994, una
propuesta para re-categorizar el cajón del Diablo a
reserva de la biosfera fue sometida al Congreso de la
Unión por el entonces Centro Ecológico de Sonora, sin
resolución hasta el momento. A pesar de que el cajón
del Diablo carece actualmente de un instrumento legal
que proteja su gran diversidad biológica, aún se consi-
dera como una de las regiones terrestres prioritarias
para la conservación en nuestro país; sobre todo, por
la diversa y abundante flora y fauna presente en la
sierra El Aguaje.
La sierra El Aguaje
Dentro del desierto Sonorense existen ciertas áreas
como sierras y cañones aislados que son de gran inte-
rés biológico, ya que forman parte de un corredor en-
tre el gran desierto y las sierras de la región oriental
de Sonora, manteniendo aisladas poblaciones de espe-
cies de flora y fauna. Una de estas áreas es la sierra El
Aguaje (Fig. 1), sitio de gran importancia debido a su
gran biodiversidad biológica, bello paisaje, y a las
condiciones primordiales en que se encuentra para su
conservación.
Nuestra Tierra Primavera 2006 página 11
Explorando la sierra El Aguaje - Aguaje de
Robinson
Al comenzar el verano de 1999, hicimos nuestra
primera visita a la sierra El Aguaje. Inmediatamente
después de cruzar las dos curvas en el puente del
arroyo El Tigre, sobre la Carretera Federal 15, cruza-
mos la puerta que nos dio acceso al rancho La Palmita.
A medida que avanzábamos por el camino terregoso,
nos dimos cuenta de la aridez del paisaje, poco moti-
vador para continuar; sin embargo, nuestro destino
final era donde terminaba el camino, en un lugar en-
clavado en la ladera norte de la sierra El Aguaje cono-
cido como el aguaje de Robinson.
A 4 kilómetros de la carretera detuvimos el carro a
la entrada del rancho San Antonio, frente a una humil-
de vivienda construida bajo el cobijo de un árbol jito.
A nuestro encuentro salió un hombre de edad avanza-
da a quien le preguntamos si era seguro viajar por ese
camino hacia el aguaje de Robinson. El hombre de
mirada desconfiada, rostro severo y poco amigable
respondió que era mucho más seguro vivir allí que en
Empalme, población cercana donde él tenía a su fami-
lia - “lo único que viene por aquí son las víboras de
cascabel” - dijo casi gritando y señalando el rastro zig-
zagueante de uno de estos reptiles cruzando el camino
frente a la casa. Fue nuestro primer encuentro con
Guadalupe Aguilar Villavicencio, mejor conocido
como “Lupe”, desde entonces nuestro anfitrión en San
Antonio.
Lupe quitó el candado y entramos al ejido Francisco
Villa, al cual pertenece el rancho San Antonio. Mien-
tras continuamos nuestro camino hacia el poniente,
observamos la vegetación deteriorada y seca por la
falta de agua, destacando el follaje verde de los árbo-
les de jito y san juanico, además de los arbustos siem-
pre verdes del guayacán. Más adelante, sobre las fal-
das de un lomerío de roca volcánica, 10 km al oeste de
San Antonio, encontramos palo brasil y palo liso.
Sobre el kilómetro 18 llegamos al rancho San José,
donde detectamos una mayor presencia de ganado. 5
km después arribamos al aguaje de Robinson, el final
del camino a 23 km de la carretera.
En una de las casas encontramos a una joven pareja,
los únicos moradores del rancho. Aunque era casi
mediodía, no pudimos resistir la tentación de escalar
las faldas del aguaje de Robinson con la esperanza de
Figura 1. La Sierra El Aguaje se localiza en el municipio de Guaymas, Sonora, al norte de San Carlos Nuevo Guaymas.
Nuestra Tierra Primavera 2006 página 12
encontrar sotol. El joven muchacho, de aproximada-
mente 17 años, se ofreció para guiarnos en la escalada
del cerro por un sendero entre el matorral. A la media
hora de subir comenzamos a sentir los efectos del sol
abrasador, y allá abajo, a lo lejos y hacia el norte,
veíamos las esferas verdes de los jitos flotando sobre
aquel mar desértico. Aquí no encontramos sotol, pero
vimos dos especies de agave: el maguey con que se
fabrica el bacanora y un maguey endémico de la costa
central del golfo.
Después de una hora, y con el entusiasmo bastante
disminuido por la exposición al sol, decidimos bajar
para descansar bajo la sombra fresca de un pequeño
jito. Le preguntamos a nuestro guía por el cañón Los
Anegados y nos dijo que estaba cerca de allí, pero no
tanto como para ir caminando. Dadas las condiciones
ambientales y el estado de la vegetación, lo más razo-
nable era regresarnos a Hermosillo de inmediato, pero
la curiosidad y el deseo de conocer el cañón fueron
superiores a nuestra fatiga. Después de un buen des-
canso, decidimos iniciar la caminata hacia el cañón
Los Anegados. Sólo llegamos hasta la entrada, pero en
el trayecto encontramos vegetación subtropical como
palo piojo, gatuño, mauto, tepeguaje, palo de asta,
sámota, y palo amarillo. A la entrada del cañón en-
contramos el sotol que andábamos buscando y otro
maguey (Agave colorata). Fue una caminata como de
tres kilómetros por el arroyo; pocos registros, pocas
colectas, pero así iniciamos nuestros recorridos por la
sierra El Aguaje.
Los cañones de la sierra El Aguaje
Los Anegados
Por la pobre condición de la vegetación durante
nuestra primera visita, decidimos regresar a explorar
Los Anegados hacia finales del mes de agosto, cuando
las lluvias de verano ya hubiesen provocado su efecto
revitalizador en la zona. En esta ocasión encontramos
un paisaje verdaderamente contrastante en compara-
ción a nuestra visita anterior. Hierbas, árboles y arbus-
tos en floración: el sanjuanico con sus flores anaran-
jadas, los ocotillos con sus flores rojas, la vara prieta
con sus ramilletes blancos, la malva rosa, la tronadora
y sus flores moradas, el naranjillo con su lustroso
Figura 2. Las paredes del cañón Los Anegados se cierran y alzan lo suficiente como para mantener sitios sombreados y húmedos
durante la mayor parte del día (Foto de JSE, 2001).
Nuestra Tierra Primavera 2006 página 13
follaje verde y flores color crema, y las enredaderas
como el san miguelito y sus abundantes flores de
color rosa brillante. A lo lejos la sierra El Aguaje, con
sus tonos rojizos de roca volcánica acentuados por la
última lluvia, resplandecía por el intenso color verde
de su vegetación, obsequiándonos una vista excepcio-
nal. Muchas plantas herbáceas, efímeras y perennes,
de vivos tonos amarillos, azules, rosas, morados, ana-
ranjados, blancos, rojos; además de muchos arbustos
creciendo y floreciendo sobre el arroyo.
Sin duda, el agua de las lluvias de verano transfor-
ma el paisaje, haciendo de esta región un verdadero
paraíso tropical. En Los Anegados, mojados por la
lluvia, vimos cómo el agua cae desde arriba de la sie-
rra hacia el fondo del cañón, formando cascadas y es-
cenarios de gran belleza; entonces, cuando la lluvia se
detiene, el ambiente se llena de un aroma a tierra mo-
jada, el cual al mezclarse con la fragancia de las plan-
tas hace que percibamos la sensación de vida del ca-
ñón, del cual, en ese momento formamos parte.
Conforme recorrimos el cañón hacia el sur, éste se
cerraba cada vez más, de tal forma que las paredes
opuestas se acercan lo suficiente como para mantener
sitios sombreados y húmedos durante la mayor parte
del día (Fig. 2). En este ambiente crecen plantas como
helechos, garambullos, tescalamas, hierba de la
flecha y algunas plantas endémicas a la región como
el jazmín del nacapule.
Por otro lado, las paredes, pendientes y bajadas del
cañón son dominadas por especies que gustan de cre-
cer en los sustratos rocosos como el ocotillo macho,
palo liso, hierba del indio, amole, hierba de la cu-
caracha, viejitos o cabezas de viejo, entre ellos uno
endémico de la región de Guaymas.
En viajes posteriores, pudimos registrar en Los
Anegados más de 300 especies de plantas; además,
hicimos adiciones importantes de nuevos registros de
plantas a la flora de la región. Aun cuando en Los
Anegados se observa una gran presencia de ganado,
éste muestra un estado de conservación excepcional;
sin embargo, deben tomarse medidas para evitar la
proliferación de especies invasoras no nativas como la
malva, zacate Johnson y zacate rosado, especies que
hemos registrado en esta región.
La Balandrona
Durante nuestros primeros viajes a la sierra El
Aguaje conocimos a Ramón Villafaña, uno de los
escasos habitantes de San Antonio. Villafaña, como lo
llama la mayoría de la gente, nos habló de un lugar
con muchas palmeras y chalates (árboles grandes de
una especie de Ficus), y estanques de agua con peces.
Demasiado tentador como para no considerar una
excursión; ¿no lo creen? Este lugar era conocido como
La Balandrona, llamado así por el arroyo del mismo
nombre.
Villafaña fue nuestro guía en la primera excursión
que realizamos a La Balandrona; a ésta seguirían mu-
chas más. De San Antonio tomamos el camino hacia el
rancho San José; y 2 km después, Villafaña nos señaló
una brecha escondida que evidentemente tenía mucho
tiempo en desuso. Establecimos nuestro campamento
bajo un palo fierro que los lugareños utilizaban para
destazar los venados cuando iban de cacería. Toma-
mos nuestras mochilas con las botellas de agua, y
comenzamos a caminar a través de un matorral bajo
de palo verde, palo fierro y sangrengado. Medio
kilómetro después, sobre una cuesta, brincamos una
trinchera de piedras; en ese momento regresamos la
vista al poniente donde pudimos ver las montañas
bajas de la sierra El Aguaje en colindancia con Las
Barajitas. Continuamos nuestro camino por espacio de
un kilómetro y medio a través de un matorral espi-
noso cerrado entre gatuños con sus afiladas espinas y
el no menos agresivo palo brasil. También cósahui,
tronador, palo blanco, pitayas, siviris, y uno que otro
sahuaro, hasta que llegamos al cauce del arroyo que
baja de La Balandrona. A escasos 300 metros de allí
estaba la entrada del cañón.
Un primer estanque con agua cristalina nos invitó a
tomar un respiro, ya que los estanques con peces y
chalates se encontraban aún bastante lejos. Mientras
descansábamos, una pequeña ardilla chichimoco bajó
por la pared del cañón a beber agua, emitiendo sus
chillidos para decirnos que era el propietario del
estanque. A escasos metros más adelante llegamos a la
“tinaja del zopilote”, al pie de una pared vertical del
cañón, donde el carrizo se surte de agua de los char-
cos que quedaban de las lluvias recientes.
Conforme seguíamos avanzando, el lecho del arro-
yo presentaba mayores obstáculos; barreras de palmas
jóvenes y cantos rodados de gran tamaño dificultaban
nuestra caminata. Pronto nos dimos cuenta de que
esto también funciona como una barrera natural para
el ganado. Nos detuvimos un instante para tomar un
respiro, y aprovechamos para mirar la cima de uno de
los cerros de Las Pirinolas, pensando que algún día
podamos ir por allá. Dos horas después, muy cansa-
dos, recibimos nuestra recompensa; un lugar muy
Nuestra Tierra Primavera 2006 página 14
sombreado (Fig. 3), con mucha vegetación, palmas, y
un estanque con una población aislada del charalito
del desierto, pez de agua dulce endémico de los ríos
Sonora y Mátape.
Después de refrescarnos un poco, decidimos ir más
arriba donde encontramos más estanques, también
con peces y otras plantas que no habíamos visto en
todo nuestro recorrido: dos especies de helecho; tres
especies de palmas, una de ellas abundante en las
alturas. También encontramos una planta primitiva
que se creía desaparecida en la región. Maravillados
por la belleza del lugar, lamentamos no ir preparados
para quedarnos por más tiempo. Comenzaba a oscure-
cer cuando estuvimos de regreso en el vehículo que
nos llevaría a descansar al rancho San Antonio.
Discusión
Estos fueron los inicios de una serie de viajes que se
tradujeron en más registros nuevos para la región de
Guaymas, incluso en el descubrimiento de una especie
de planta aún no descrita botánicamente.
Hasta el momento nos hemos conformado mirando,
desde el fondo de los cañones, los grandes palmares
localizados en lo alto de la sierra El Aguaje. Las pen-
dientes pronunciadas y lo frágil de la roca hacen de la
escalada una tarea sumamente difícil y peligrosa. Aun
así, los rancheros conocen veredas que llegan hasta
arriba, por lo que ascender a la cima sólo es cuestión
de tiempo.
Los grandes cañones de ambientes ribereños como
Los Anegados y La Balandrona, soportan una abun-
dancia de especies de plantas de afinidad tropical que
alcanzan su límite norteño, mientras que otras plantas
son los únicos registros conocidos dentro del desierto
Sonorense. Además de la presencia de varias especies
que son de interés especial para la conservación, hay
endemismos locales substanciales, algunas de ellas
descritas recientemente, y otras que son endémicas a
la región de la costa central del golfo que se comparte
con la Baja California, muchas de ellas desconocidas
para la parte continental de México. Más de 400 espe-
cies, incluyendo tres especies de palmas y tres grandes
árboles de Ficus, producen un paisaje verde único en
belleza y biodiversidad.
Las especies no nativas son pocas aún, pero se están
diseminando conforme se incrementa la actividad hu-
mana. El ganado, las actividades recreativas no con-
troladas y el desarrollo no planificado en ciertas áreas
pueden conducir a una pérdida drástica de estos am-
bientes (Fig. 4) y de la biodiversidad en un período
sorprendentemente corto.
Figura 3. Tinaja con peces en el cañón La Balandrona. En la foto se observa Thelypteris puberula, el helecho más grande registrado
en el desierto Sonorense. Al fondo se aprecian tres especies de palmas (Foto de JSE, 2000).
Nuestra Tierra Primavera 2006 página 15
Figura 4. El ganado eliminó la cubierta vegetal, ocasionando la pérdida del suelo y condenando a muerte estas palmas en uno de los
cañones de la sierra El Aguaje (Foto de JSE, 2001).
Conclusiones
Nuestras exploraciones de la sierra El Aguaje han
contribuido a obtener una mayor claridad del estado
de conservación y de la biodiversidad que guardan
estos lugares; sin embargo, hace falta explorar esta
sierra en su totalidad, especialmente las partes altas.
También, la información disponible hasta el momento
puede ayudar a determinar la categoría de área natu-
ral protegida más apropiada para la conservación de
la biodiversidad en “El cajón del Diablo”. En conse-
cuencia, los recursos de flora y fauna deberán ser
aprovechados de manera sostenible por los propieta-
rios de los predios que conforman esta reserva.
Quienes amamos a esta región esperamos, desde
1994, el decreto que le confiera la categoría de reserva
de la biosfera al cajón del Diablo. Es tiempo de actua-
lizar la propuesta del Centro Ecológico de Sonora.
¿Tendremos que esperar otros doce años? Segura-
mente no disponemos de tanto tiempo.
Autores
José Jesús Sánchez Escalante, Encargado del Herbario USON,
Investigador del Departamento de Investigaciones Científicas y
Tecnológicas de la Universidad de Sonora, Hermosillo, Sonora,
México; jsanchez@guayacan.uson.mx
Richard S. Felger, Drylands Institute, Tucson, Arizona,
Estados Unidos; rfelger@drylandsinstitute.org
Contraportada. Artículo “Usos y costumbres del maguey”.
Diferentes especies de magueyes: A) Flor de Agave chiapensis;
B) Agave attenuata; C y D) Agave espinho; E) Agave mapisaga,
con el tallo central (quiote) desarrollado, en el extremo del
cual sale la flor; F) Agave lechuguilla; y G) Agave americana.
... Some species adapt to extreme conditions such as high sun exposure, poor water and nutrient retention, and strong steepness. These habitats are often a refuge for endemic species (Sánchez & Felger, 2006;Felger et al., 2017;Pérez-Calix & Torres-Colín, 2018) and, therefore, mines of undescribed taxa. In the present study a new saxicolous Tillandsia Linnaeus (1753a: 286) species endemic to the cliffs of the Copalita river canyon in the Mexican state of Oaxaca is described and illustrated. ...
Article
A new saxicolous species from the steep cliffs of the Copalita river canyon is described and illustrated: Tillandsia joel-mandimboensis. We present detailed morphological comparisons of the new species to other morphologically-related saxicolous Tillandsia species also endemic to river canyon cliffs, complemented with information on their habitat preferences, geographical distribution and phenology.
Article
Full-text available
Cañón del Nacapule cuts into the southeastern ank of the Sierra El Aguaje, a rugged volcanic range about 20 kilometers northwest of Guaymas. Nacapule is included in the Sonoran segment of the Gulf Coast subdivision of the Sonoran Desert. e bi-seasonal (summer and winter) rainfall is highly variable. Many plants of tropical origin reach their northern limits in this region or do not extend farther north in the arid coastal desert of western Sonora. e vegetation in the canyon resembles tropical thornscrub and ap- proaches the character of tropical deciduous forest in the wetter and shaded habitats, while the steep canyon walls and exposed habitats support desertscrub. e Nacapule ora includes 310 species in 233 genera and 72 families. e most diverse families are Fabaceae, Asteraceae, Poaceae, Malvaceae, Euphorbiaceae, and Cactaceae. Brief species accounts and identi cation keys as well as over 300 color photos are provided for the ora known from the canyon, nearby Nacapule Spring, and within 500 meters of the canyon mouth. Verbesina felgeri is endemic to the Sierra El Aguaje, and geographically isolated populations of tropical genera such as Aphanosperma, Briquetia, Coccoloba, and Ficus occur in the canyon. Plants not native to the Guaymas region, mostly Old World weeds, are represented by 19 species, three of which are not established as reproducing populations, including Corchorus olitorius, a new record for the state of Sonora. e canyon is managed for ecotourism by the local property owners, restoring earlier habitat degradation. Cañón del Nacapule, with 291 native species, provides conservation for 42% of the total native ora (ca. 700 taxa) of the 532,000 hectares (5320 km2) of the greater Guaymas region.
Book
Full-text available
Cañón del Nacapule cuts into the southeastern flank of the Sierra El Aguaje, a rugged volcanic range about 20 kilometers northwest of Guaymas. Nacapule is included in the Sonoran segment of the Gulf Coast subdivision of the Sonoran Desert. The bi-seasonal (summer and winter) rainfall is highly variable. Many plants of tropical origin reach their northern limits in this region or do not extend farther north in the arid coastal desert of western Sonora. The vegetation in the canyon resembles tropical thornscrub and approaches the character of tropical deciduous forest in the wetter and shaded habitats, while the steep canyon walls and exposed habitats support desertscrub. The Nacapule flora includes 310 species in 233 genera and 72 families. The most diverse families are Fabaceae, Asteraceae, Poaceae, Malvaceae, Euphorbiaceae, and Cactaceae. Brief species accounts and identification keys as well as over 300 color photos are provided for the flora known from the canyon, nearby Nacapule Spring, and within 500 meters of the canyon mouth. Verbesina felgeri is endemic to the Sierra El Aguaje, and geographically isolated populations of tropical genera such as Aphanosperma, Briquetia, Coccoloba, and Ficus occur in the canyon. Plants not native to the Guaymas region, mostly Old World weeds, are represented by 19 species, three of which are not established as reproducing populations, including Corchorus olitorius, a new record for the state of Sonora. The canyon is managed for ecotourism by the local property owners, restoring earlier habitat degradation. Cañón del Nacapule, with 291 native species, provides conservation for 42% of the total native flora (ca. 700 taxa) of the 532,000 hectares (5320 km2) of the greater Guaymas region.
ResearchGate has not been able to resolve any references for this publication.