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Los testigos de vista y letras: el paisaje mixteco en fuentes de los siglos XVI-XVIII (México)

Abstract

El presente trabajo parte de la idea de que varios de los textos escritos en la epoca virreinal de la Nueva Espana, independientemente de sus origenes y objetivos, constituyen un medio para la comprension de la historia de las ideas del conocimiento geografico. Con base en lo anterior, destacaremos y analizaremos el valor de algunas cronicas como fuente para el estudio cultural del paisaje, en tanto los textos brindan herramientas para su investigacion. El desarrollo de este articulo lo hemos dividido en dos secciones. En la primera presentamos la conformacion teorica de esta propuesta para asi dar pie a la segunda parte, en la que analizamos algunos escritos que legaron quienes recorrieron con sus pies, o solamente con la pluma, lugares de la antigua Antequera.1 Es importante subrayar que los autores que presentamos constituyen una parte del material que se puede trabajar en el ambito de las ideas geograficas e historicas.
Los testigos de vista y letras: el paisaje
mixteco en fuentes de los siglos xvi-xviii
(México)
José Luis Pérez Flores
Doctor en Historia del Arte
Profesor Investigador de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México
Dirección electrónica: luis.perez@uaslp.mx
Enrique Delgado López
Doctor en Historia
Profesor Investigador de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México
Dirección electrónica: enrique.delgado@uaslp.mx
Pérez Flores, José Luis y Delgado López, Enrique (2016). “Los testigos de
vista y letras: el paisaje mixteco en fuentes de los siglos xvi-xviii (México)”.
En: Boletín de Antropología. Universidad de Antioquia, Medellín, vol. 31,
N.o 51, pp. 15-33.
DOI: http://dx.doi.org/10.17533/udea.boan.v31n51a01
Texto recibido: 28/07/2015; aprobación nal: 2/02/2016
Resumen. El presente trabajo parte de la idea de que varios de los textos escritos en la época
virreinal de la Nueva España, independientemente de sus orígenes y objetivos, constituyen un medio
para la comprensión de la historia de las ideas del conocimiento geográco. Con base en lo anterior,
destacaremos y analizaremos el valor de algunas crónicas como fuente para el estudio cultural del
paisaje, en tanto los textos brindan herramientas para su investigación.
El desarrollo de este artículo lo hemos dividido en dos secciones. En la primera presentamos
la conformación teórica de esta propuesta para así dar pie a la segunda parte, en la que analizamos
algunos escritos que legaron quienes recorrieron con sus pies, o solamente con la pluma, lugares de la
antigua Antequera.1 Es importante subrayar que los autores que presentamos constituyen una parte del
material que se puede trabajar en el ámbito de las ideas geográcas e históricas.
Palabras clave: paisaje, mixteca, geografía cultural, historia geográca.
1 Recibió este nombre el actual estado mexicano de Oaxaca, en donde está enclavada la mayor
parte de la región Mixteca objeto del presente artículo.
Investigación
16 / Boletín de Antropología, Vol. 31 N.º 51, enero-junio de 2016. Universidad de Antioquia
Eye and letter witnesses: Mixtec landscape in centuries xvi and
xviii sources (Mexico)
Abstract. This work is based on the idea that some texts written in the Viceroyalty of New Spain,
regardless of their background and objectives, constitute a means for understanding the history of ideas
of geographical knowledge. Based on the foregoing, we will highlight and discuss the value of some
chronics as source for landscape cultural study, while the texts provide tools for their investigation.
The development of this article has been divided into two sections. In the rst we present the
theoretical conrmation of this proposal in order to give cause for the second part, in which we analyze
some writings bequeathed by the people who toured with their feet, or only with the pen, places of ancient
Antequera. It is important to note that the authors presented constitute a part of the material suitable for
working in the eld of geographical and historical ideas.
Keywords: landscape, Mixtec, cultural geography, geographical history.
As testemunhas de vista e letras: a paisagem mixteca em
fontes dos séculos xvi-xviii (México)
Resumo. O trabalho parte da ideia de que vários dos textos escritos na época do vice-reinado
da Nova Espanha, sem importar suas origens e objetivos, constituem um meio para a compreensão da
história das ideias do conhecimento geográco. Baseando-se no anterior, vamos destacar e analisar o
valor de algumas crônicas como fonte para o estudo cultural da paisagem, em tanto os textos oferecem
ferramentas para sua pesquisa.
O desenvolvimento deste artigo foi dividido em duas partes. Na primeira apresentamos a con-
formação teórica desta proposta para continuar com a segunda parte, na qual vai se analisar alguns
escritos deixaram em testamento aqueles que percorreram com seus pés, ou somente com a caneta,
lugares da antiga Antequera. É importante salientar que os autores que apresentamos constituem uma
parte do material que se pode trabalhar no âmbito das ideias geográcas e históricas.
Palavras-chave: paisagem, mixteca, geograa cultural, história geográca.
Les témoins oculaires et de lettres: paysage mixtèque dans les
sources du xvi-xviii (Mexique)
Résumé. Ce travail se base sur l’idée que certains des textes écrits dans la vice-royauté de Nou-
velle-Espagne, indépendamment de leurs origines et leurs objectifs, constituent un moyen de comprendre
l’histoire des idées de la connaissance géographique. Sur la base de ce qui précède, nous allons mettre
en évidence et discuterons la valeur de quelques chroniques comme une source pour l’étude culturelle
du paysage, alors que les textes fournissent des outils d’investigation.
Le développement de cet article a été divisé en deux sections. Dans la première nous présentons
la forme théorique de cette proposition an de donner naissance à la deuxième partie, dans laquelle
nous analysons quelques écrits légués par ceux qui ont visité avec leurs pieds, ou seulement avec le
stylo, les lieux de l’ancienne Antequera. Il est important de noter que les auteurs présentés constituent
une partie du matériel qui peut être utilisé dans le domaine des idées géographiques et historiques.
Mots-clés : paysage, mixtèque, géographie culturelle, histoire géographique.
Introducción
La región mixteca ha sido conceptualizada como la residencia del pueblo ñuú-savi
o “pueblo de la lluvia”, en lengua propia. Francisco López (2004: 195) dene a esta
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región como un territorio que hoy en día ocupa lugares de los estados de Guerrero,
Oaxaca y Puebla del México contemporáneo. Este territorio está clasicado, en
razón a su naturaleza geográca, en Alto, Bajo y Costeño (López, 2004: 195). El
territorio ocupado por el pueblo mixteco de Oaxaca es cercano a los 18.759 km2. Su
relieve es quizá su característica más señalada, debido a que es sumamente agreste,
con sierras interminables que lo atraviesan. Aproximadamente el 85% del suelo
mixteco está compuesto por lomeríos y pendientes mayores, y el resto por valles.
Las sierras más conocidas son las de Nochixtlán y Peñoles, al este; la de Acatlán,
en el estado de Puebla, así como la de Coicoyán de las Flores, al oeste del estado de
Oaxaca. Hablar de la mixteca es hablar de relieve abrupto, de interminables sierras
en que los caminos son igualmente ásperos. Fisiográcamente, esas perennes sierras
reciben el nombre de Nudo Mixteco (López, 2004: 196).
El paisaje y las letras
Existen varias posiciones teóricas respecto al registro del paisaje. Una de ellas es la
corriente que denominaremos objetivista, en la cual los espacios geográcos han sido
denidos por las coordenadas de la geografía euclidiana, anclada conceptualmente
en la materialidad mensurable de un entorno físico externo al cuerpo humano, de tal
forma que los paisajes geográcos más puros serán aquellos que se denan teórica-
mente en la ciencia espacial (Cosgrove, 2002: 64). Desde esta postura, es un lugar
común considerar al paisaje como un tema que únicamente involucra a la disciplina
geográca y, en consecuencia, los simpatizantes de la corriente objetivista consideran
que en el estudio del paisaje solo está permitido investigar el sustento natural como
los suelos, el relieve o la vegetación (Bertrand, 1968), dejando de lado los aspectos
culturales involucrados en él.
Como arma Gilbert Vargas (2012: 318), los Sistemas de Información Geográ-
ca (SIG) constituyen una extraordinaria ayuda para establecer modelos de los procesos
ambientales, la dinámica de paisajes y demás elementos cuanticables; sin embargo,
a pesar de la eciencia de estas herramientas, los análisis cuantitativos no suelen con-
templar al paisaje como unidad integradora y mucho menos ponderan la participación
de la sociedad en la construcción histórica y compleja de él (Vargas, 2012: 318).
En cambio, autores como Karl Butzer (1978) y Paul Claval (2002), forman par-
te de la corriente que incorpora la dimensión cultural en la conformación del paisaje;
quienes escribimos el presente trabajo nos adscribimos a dicha tendencia, puesto que
consideramos que el sujeto que conoce un lugar no permanece pasivo ante él; por el
contrario, se empeña en sentirlo, imaginarlo, recrearlo, comprenderlo, desde un siste-
ma particular de intereses que genera ltros que guían al registro desde miradas par-
ticulares de rasgos culturales asociados con el paisaje. Desde esta posición teórica, en
lugar de asumir al paisaje únicamente como una referencia a un conjunto mensurable
de formas materiales en un área geográca determinada, se le entiende simultánea-
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mente como una realidad exterior a la conciencia pero también como un producto de
la percepción social y su representación en varios soportes, como imágenes plásticas
(pinturas, dibujos, fotografías) y relatos textuales, para así convertirse en los espa-
cios deseados, recordados y somatizados por la imaginación y los sentidos (Cosgro-
ve, 2002: 64). A partir de estas premisas, proponemos que para la investigación del
paisaje y las ideas geográcas resulta necesario ponderar los hechos humanos que
constituyen el eje de la relación con el medio natural, los cuales están presentes en
los caminos, cultivos, ciudades y pueblos, realidades palpables y cuanticables con
criterios igualmente geográcos, pero pertinentes a otras disciplinas como la historia,
la historia del arte, la antropología o la literatura. En suma, consideramos que el pai-
saje conecta e identica un ambiente geográco con signicados sociales, cognitivos
y/o experienciales de una comunidad humana, puesto que lejos de ser un escenario
neutro, está manifestado como un fondo paradigmático y protagónico en el desarrollo
dinámico de las relaciones humanas (Jansen y Pérez, 2008: 86). Con base en lo ante-
rior, entendemos la geografía como una disciplina que examina las relaciones entre
las formas de ocupación humana con los espacios naturales y/o culturales (Cosgrove,
2002: 64), es decir, aquellos que los hombres construyen o de los que se apropian;
luego, entonces, el análisis del paisaje sirve para centrar la atención en lo visual y en
las relaciones sociedad-ambiente.
La visualidad es un rasgo inseparable del paisaje; en este contexto, Roger
Brunet (1974) (citado por Gómez, Muñoz y Ortega, 1982: 485) arma que “el
paisaje es precisa y simplemente ‘lo que se ve’… existe con independencia de
nosotros; por pertenecer al mundo de lo real puede, en teoría, ser susceptible de
un análisis cientíco objetivo”. El autor explica la percepción del paisaje como
un acto individual que implica una experiencia vivencial y afectiva, distinta entre
cada sujeto. Esta postura epistemológicamente realista e ingenua no considera la
participación de los sujetos como entidades sociales que perciben y construyen cul-
turalmente el paisaje, pero acertadamente destaca la visualidad del paisaje; desde
nuestra posición, el paisaje es una una realidad inseparable de la percepción social
en tanto que es un “proceso cognitivo de la conciencia que consiste en el recono-
cimiento, interpretación y signicación para la elaboración de juicios en torno a
las sensaciones obtenidas del ambiente físico y social, en el que intervienen otros
procesos psíquicos como el aprendizaje, la memoria y la simbolización” (Vargas,
1994: 48). Es decir, la percepción del paisaje está mediada por la cultura y, por esta
razón, en la investigación es importante considerar la cosmovisión de los grupos
sociales que interactúan de forma física y simbólica con el espacio.
La indagación del paisaje también está ligada a la afectividad social, puesto
que la diversidad de lugares geográcos (culturalmente denidos) posee signica-
ción conforme con los conceptos que rigen la vida de los grupos sociales en cues-
tión. El impacto de una sociedad sobre el lugar puede ser recordado con el mismo
nombre del sitio o con simbolismo visual, articulándose a su vez con el paisaje,
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por lo que la comprensión del espacio implica un acercamiento a las creaciones
humanas; de allí que el hombre se convierta en el sujeto del estudio geográco, al
mostrar tales creaciones rasgos de formas de vida (Butzer, 1978: 12).
El paisaje es una realidad relacional que no existe únicamente como naturale-
za; se trata de una categoría cultural construida por medio de relaciones que existen
entre la cultura, el observador y el ambiente físico y social. Se presenta delante del
observador como un conjunto de formas fenoménicas donde el sujeto capta el con-
junto y a la vez los elementos dispersos. Federico Fernández Christlieb y Gustavo
Garza Merodio (2006) acertadamente señalan que el enfoque cultural debe analizar
el paisaje tomando en cuenta la circunstancia espacio-temporal en la que se desa-
rrolla el concepto, de allí que los autores presenten un estudio lológico sobre las
raíces de la palabra “paisaje”. También realizan una sugestiva comparación entre el
trabajo de un pintor y el de un geógrafo, en la que se destaca que tanto la obra del
uno como del otro están condicionados por la historia y la cultura:
Supongamos que en la producción de la pintura, el autor se detuvo ante una escena real
y quiso reproducirla con la mayor delidad de la que era posible. De esta manera plasmó
lo que estaba ante su vista. No más; no menos. Esto es lo mismo que hace un geógrafo
al analizar un paisaje: intenta explicarlo con la mayor delidad desde su punto de vista.
[]. En ambos casos la calidad del resultado depende de la destreza y de las técnicas
utilizadas así como de la formación y los conocimientos previos con los que cuenten los
autores. (Fernández y Garza, 2006: s. p.)
La anterior cita resulta muy sugerente. Sin embargo, consideramos necesario
ponderar que, como ha demostrado Gombrich (2002: 55-78), la construcción de las
imágenes visuales obedece a una tradición en la que existen modelos a imitar, de tal
manera que cuando se trataba de ilustrar, por ejemplo, una batalla, aunque el pintor
estuviera presente en la misma acudía a modelos sobre imágenes bélicas tanto para
saber cómo representar lo que veía, como para que los destinatarios de la obra pudieran
entender el relato visual. Como bien ha señalado Roger Bartra (1997: 76), en los en-
cuentros interculturales del hombre medieval y renacentista, las imágenes no fueron el
reejo el de las nuevas realidades, sino que los europeos utilizaron antiguos modelos
para explicar lo desconocido y ajustar su representación a esquemas familiares.
Con base en los anteriores argumentos, armamos que tanto la imagen de le-
tras como la plástica existen en razón de esquemas culturales; no obstante, también
ambas están conectadas con la realidad objetiva, siendo el trabajo del investigador
analizarlas para inferir los esquemas culturales a los que obedecen, así como sus
ligas con el paisaje del pasado y el presente, explicando cómo interviene la cultura
y la subjetividad de quien registró el paisaje (Gombrich, 2002: 72, 78). Si bien la
vista le otorga al artista o al cartógrafo las formas que deberá describir en su pintura
o en su mapa, en ambos soportes quedan plasmados los valores que se le otorgan al
paisaje, desde su relación con el grupo que lo ocupa hasta el papel que pueda jugar
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en el plano económico. Lo peor que puede ocurrir es negar el valor testimonial y
documental de las imágenes producidas por testigos de vista y de letras.
Uno de los objetivos de este texto consiste en destacar el valor del relato es-
crito como fuente para el estudio del paisaje. A manera de hipótesis postulamos que
las letras, y no solo las imágenes, brindan herramientas para su estudio. Los textos
escritos relativos al paisaje implican una interpretación por medido de una recons-
trucción —recreación— de la realidad (Hernández, 2002: 73). La imagen en letras
o en trazos del paisaje la entendemos simultáneamente como una representación
de la naturaleza y una construcción cultural de la imaginación que va conformando
paulatinamente una memoria y que constituye una biografía de cada espacio, en
continua mutación (Hernández, 2002: 75). Es una construcción que el autor con-
fecciona mediante las selecciones y a través de los ltros que activa a través de las
palabras del narrador o de las actitudes y de los comportamientos de los personajes;
por ello resulta posible adjudicar a los lugares valores positivos tales como espacios
familiares, íntimos o acogedores, o bien otorgarles valoraciones negativas como
lugares hostiles, inhóspitos, oscuros, siempre de acuerdo con las perspectivas per-
sonales y grupales del narrador (Hernández, 2002: 76).
Los grupos culturales impregnan de signicados a los lugares en el espacio:
las sociedades redescubren, reivindican, reinventan paisajes (Nogué, 2007: 375);
la cotidianidad del paisaje en nuestro universo visual ha llegado a orientar nuestra
percepción de la realidad. Como ya señalamos, el conocimiento previo condiciona
y cuestiona la vivencia del paisaje (Nogué, 2007: 378); las cualidades afectivas y
cognitivas de la contemplación del paisaje dependerán, en buena medida, del nivel
de adecuación de los paisajes contemplados “en directo” con aquellas imágenes
que previamente se nos indujeron.
A continuación presentamos nuestra propuesta de análisis del paisaje basado
en la lectura de fuentes primarias de los siglos xvi al xviii; mostraremos los criterios
de valoración que conducen a las descripciones elaboradas por frailes y viajeros:
testigos que con su mirada traen consigo mucho más que una simple respuesta de
los sentidos; en sus escritos encontramos algo más que la huella pasiva y neutra de
las imágenes formadas por la luz en la retina del ojo. Bajo esta premisa podemos
asegurar que quienes recorrieron o vivieron en el naciente territorio que conocemos
con el nombre general de la Nueva España, en varios casos legaron escritos en los
que podemos apreciar sus juicios de valor sobre el espacio que se abría ante sus
ojos, el mismo que describieron con el peso de la cultura cristiana.
Fray Toribio de Benavente Motolinia y la muy sana tierra
mixteca
Los autores de los siglos xvi, xvii y xviii nos legaron abundantes descripciones
geográcas; no obstante, cada época está marcada por intereses especícos que
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condicionan la narrativa de cada autor. De manera general, podemos armar que
en el siglo xvi destacan el interés misionero, junto con el militar y el económico,
desde la óptica del descubrimiento de tierras y gentes para su cristianización, do-
minio y explotación. Iniciaremos esta sección con un escritor representativo de la
labor misionera: Fray Toribio Benavente Motolinia.2 En su obra existen pasajes
que sirven como ejemplos para la comprensión del paisaje plasmado únicamente
en letras, pero capaces de evocar interesantes imágenes mentales y de conectarnos
con una forma de pensar y sentir la naturaleza. Consideramos importante subrayar
que la obra del fraile está revestida por la impronta del cristianismo franciscano.
Fray Toribio arribó a las costas mexicanas el 13 de mayo de 1524, acompañando
a otros hermanos franciscanos, doce en total, al frente de los cuales se encontraba
Fray Martín de Valencia. Cuando adoptó el nombre de Motolinia, asumió el proyecto
de la evangelización al modo de los franciscanos, consistente en vivir en el terreno
y dentro de las penurias que pudieran resultar de la escasez, por lo que su tarea lo
llevó a profundizar en el ámbito de las culturas indígenas, labor que le permitió
caminar los senderos y observar de cerca los paisajes que se descubrían a sus ojos
y que integraban al recién conformado virreinato, dejando esas descripciones en su
Historia de los indios de la Nueva España (1985).3
Las plagas y las epidemias que padeció el virreinato novohispano involu-
craron aspectos de índole social, como salud o hambrunas, pero también de orden
teológico, al ser pruebas que habrían de superarse para lograr la meta nal; es decir,
existieron en razón a una constante depuración, una limpieza, a la vez que a una
toma de conciencia para que un territorio pudiera acceder a ser la sede de los ob-
jetivos milenaristas practicados por los franciscanos (Gruzinski, 2000: 66-71). Al
dirigirse Motolinia en su Epístola proemial al conde de Benavente, su benefactor,
le indica que gozará en saber y oír que en las tierras descubiertas “Nuestro Señor
Jesucristo es nuevamente conocido, y su santo nombre ensalzado y gloricado”
(Benavente, 1985: 55-56); ya con el conocimiento de Jesucristo, estas nuevas tie-
rras adquieren una cualidad nueva.
En los territorios que recorrió, el fraile observó y percibió su “grandeza”, es
decir, su rasgo trascendental, por lo que es justo que los cristianos se encargaran de
la conversión, esencial para un adecuado funcionamiento del entorno, puesto que la
nueva naturaleza, ya cristianizada, habría de traducirse, entre otras cosas, en lluvias
constantes y excelentes cosechas. Es indudable que el sentido de la vista juega un
2 Motolinia es una voz nahua que signica “el pobre” y fue el sobrenombre con el que fue cono-
cido el fraile por los nativos en alusión a su franciscana pobreza. En las referencias usaremos su
apellido en la inteligencia de que el lector identicará a Benavente como Motolinia.
3 El texto de Motolinia fue escrito en la primera mitad del siglo xvi, pero permaneció inédito hasta
el siglo xix.
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papel en la apreciación del paisaje que en este caso quedará inscrito en letras y no
en pintura: por lo tanto Motolinia construye imágenes textuales y no visuales. Sin
embargo, la imagen mental resultante está conectada con la imagen textual que la
produce y con la visual a la que evoca. Como ya mencionamos atrás, el proceso
de los sentidos no es una actividad neutra, está mediada por la cultura que dirige a
la mirada y realiza un recorrido selectivo por aquellos elementos que resultan más
signicativos, destacando algunos e ignorando otros. Cuando el sujeto que contem-
pla un paisaje decide trasladar a una supercie pictórica o a un texto escrito lo que
él ve, utilizará modelos mentales aprendidos de su cultura para plasmar el paisaje,
ya sea en formas plásticas o en letras.
Regresando con nuestro fraile, Motolinia observó y catalogó por su carácter
a varios pueblos, como a Teoacan, que fue uno de los primeros que recibieron
el sacramento de la penitencia; al describirlo, dice que está de “México cuarenta
leguas, y está en frontera de muchos pueblos, asentados a el pie de unas sierras y
de allí se visitan muchos pueblos y provincias”. Su gente es dócil y sincera, y de
“[…] buena condición, más que no la mexicana”; comparándolo con lo conocido en
España, dice que el caso de los de Teoacan y México es similar a lo que sucede en
Castilla la Vieja y hacia Burgos, gente que es más afable y de bene indolis, y parece
otra masa de gente que de Ciudad Rodrigo hacia Extremadura y Andalucía, gente
por lo general más retada y resabida; “acá los mexicanos y sus comarcas son como
extremeños y andaluces, y los mixtecas, zapotecas, pinomes, mazatecas, teotlitecas
son más obedientes, mansos y bien acondicionados, y dispuestos para todo acto
virtuoso” (Benavente, 1985: 168-169).
Entre los parajes que su vista contempló está el río que los “[…] naturales lla-
man Papaloapa y que los españoles bautizaron como de Alvarado”, especícamente
el estero llamado “estanque de Dios”. Menciona que ha visto varios en la región,
aunque “de sólo uno quiero decir, que ni es de los mayores ni de los menores, y
por este se podrá entender la grandeza que los otros deben tener, y qué tales deben
ser”. El estanque es ancho “como un buen río, y en bien hondo”; su recorrido es por
tierra llana con abundante agua y, por lo mismo, parece que no tiene cauce, “parece
que no corre a ninguna parte”. En tierra hay venados, conejos y liebres en abundan-
cia, aunque se apresura a decir que son los primeros los que más abundan, sin dejar
de mencionar a los depredadores, en este caso “tigres y leones”.
Al observar el paisaje, reexiona acerca de lo pequeño que es el hombre ante
lo omnipotente del Creador, sean reyes o emperadores del mundo, o bien hombres
con riquezas materiales. Dice el franciscano que “mucho había que decir de este río
y de su riqueza”. Sobre este río nos cuenta:
De dos veces que yo navegué por este estero que digo, la una fue una tarde de un día
claro y sereno, y es verdad que yo iba la boca abierta mirando aquel Estanque de Dios, y
veía cuan poca cosa son las cosas de los hombres y las obras y estanques de los grandes
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príncipes y señores de España, y cómo todo es cosa contrahecha adonde están los príncipes
del mundo, que tanto trabajan por cazar las aves para volar las altanerías desvaneciéndose
tras ellas; y otros en atesorar plata y oro y hacer casas y jardines y estanques; en lo cual
ponen su felicidad; pues miren y vengan aquí, que todo lo hallarán junto, hecho por la
mano de Dios, sin afán ni trabajo, lo cual todo convida a dar gracias a quien hizo y crío
las fuentes y arroyos, y todo lo demás en el mundo, criado con tanta hermosura; y todo
para servicio del hombre. (Benavente, 1985: 255)
Al visitar la mixteca, llamó su atención su temple y relieve: aunque el se-
gundo se puede observar en mapas o pinturas, el primero, esto es, el clima de los
lugares, no se puede percibir directamente, pero sí inferirlo. El clima es uno de los
rasgos del paisaje que mejor se describe con las letras, destacando sus benecios y
potencialidades, así como las adversidades que se pueden llegar a padecer por él.
Cuando Motolinia habla de la región mixteca, señala que es tierra “muy sana”, pues
en esta región “todos los pueblos están en alto, en lugares secos”, por lo que goza
de “buena templanza”; pero ese temple lo destaca, no por los indios que habitan la
región, sino por la posibilidad de que sea ocupada por españoles, quienes requieren
la seguridad de las tierras salubres.
En su descripción están identicados los rasgos económicos de la mixteca,
que no podrían ser descritos con la misma contundencia en un mapa. Dice que “en
todo tiempo del año se cría la seda, sin faltar ningún mes”; además de que
[…] en el n de esta tierra de la Mixteca está el rico valle y fertilísimo llamado Huaxacac,
del cual se intitula el señor marqués benemérito don Hernando Cortés, en el cual tiene mu-
chos vasallos. Está en medio de este valle, en una ladera edicada la ciudad de Antequera,
la cual es abundantísima de todo género de ganados, y muy proveída de mantenimientos,
en especial trigo y maíz. (Benavente, 1985: 62-63)
El franciscano relaciona la población con el espacio, destacando el carácter
genealógico en la conformación e identidad del entorno, quedando inscrita la trilo-
gía de espacio-genealogía-toponimia. Reconoce el interés de los indígenas por el
registro de la historia y los linajes (Benavente, 1985: 61), de tal suerte que había
entre ellos sabios capaces de responder cualquier cosa que se les preguntara;
Motolinia conoció a uno que le contó la versión indígena del origen de los na-
turales de la Nueva España (Benavente, 1985: 61). Ese hombre relató una versión
del famoso mito de origen que sitúa a Chicomoztoc (lugar de siete cuevas) como el
lugar del que salieron los pueblos que habitaron la Nueva España, los padres de los
pueblos indígenas nacieron de un ancestro común, que tuvo siete hijos, cada uno de
los cuales originó un pueblo (Benavente, 1985: 62). El antepasado de los mixtecas fue
el quinto hijo, llamado Mixtecatl. Su tierra ahora se llama Mixtecapan, que era un
gran reino: desde el primer pueblo hacia la parte de México, que se llama Acallan,
hasta el postrero, que se dice Tutatepec, que está en la costa del Mar del Sur.
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El fraile franciscano también reparó en los recursos con los que contaba la
mixteca, donde había muchas provincias y pueblos: aunque era tierra de muchas
montañas y sierras, estaba toda poblada. La consideró tierra muy rica, con minas de
oro y plata, así como con muchos y muy buenos morales, por lo cual se comenzó
a criar allí primero la seda; y aunque en la época del fraile el cuidado del gusano
de seda recientemente había sido introducido, consideraba que su producción sería
muy vasta y de buena calidad.
Concluiremos este apartado señalando que Motolinia, a la manera de certi-
cación de veracidad, anotó que todas sus aseveraciones nacían de la experiencia
directa: “Todo esto oso armar porque soy de ello testigo de vista; y digo: que se
podrá criar seda en cantidad dos veces en el año, y poca siempre todo el año, como
está dicho” (Benavente, 1985: 62-63).
La descripción de Bartolomé de Zárate, 1544
Existen varias fuentes escritas que describen el paisaje de la mixteca, como el
Epistolario de Nueva España 1518-1818, recopilado por don Francisco del Paso
y Troncoso, donde incluyó una descripción de la región mixteca titulada Relación
de Bartolomé de Zárate, vecino y regidor de México sobre historia y gobierno de
Nueva España (130-148).4 El escrito que rescató del Paso y Troncoso cuenta con
solo cinco páginas para la descripción de Oaxaca; en el escrito se comienza el relato
ubicando al valle de Oaxaca en la Sierra de Cocolan. La descripción que presenta el
autor puntualiza los aspectos relacionados con el potencial económico de la región:
por ejemplo, cuando habla de Guaxototitlán, Zárate asegura que es buen pueblo con
muchos morales, criándose buena seda. Posee además tierras de riego, donde se re-
coge “[…] mucho pan de maíz [y] dase buen trigo” (Zárate, 1939: 141). Su lengua
es la zapoteca (Zárate, 1939: 141). Es importante resaltar que otro de los intereses
de Zárate era la lengua que hablaban los pobladores de las zonas descritas, en el caso
de Guaxototitlán este pueblo de la región mixteca no estaba ocupado por gente de
dicha lengua, sino por hablantes del zapoteco.
Bajo estos mismos criterios (recursos y actividades económicas, lenguaje de
los pobladores), Zárate describe el pueblo de Etla, informándonos que allí también
4 Al parecer Zárate era hijo Rodrigo de Jerez, uno de los primeros conquistadores de la Nueva España
y desde 1529 estaba avecindado en la ciudad de México. Siendo favorecido con la encomienda
de Mixquic, ocupó el cargo de regidor del cabildo de la capital. Peter Gerhard ubica la obra de
Zárate en un contexto de requerimiento de información geográca. Nos remite al año de 1528,
cuando una real cédula dirigida a la primera Audiencia de México ordenaba hacer y enviar a la
corte descripciones de cada provincia, con datos sobre el número de indios y españoles, tributos,
productos y topografía (Gerhard, 1968: 619). Más tarde, en 1540, otra real cédula requería infor-
mación geográca y estadística, y a Bartolomé de Zárate se le encargó describir los obispados de
Antequera y Tlaxcala.
Los testigos de vista y letras: el paisaje mixteco en fuentes de los siglos xvi-xviii (México) / 25
se habla el zapoteco y que está ubicado en una sierra de la que emana un arroyo en
el que es posible encontrar buen oro. Cerca de este hay otro arroyo llamado Frío,
cuya agua es de buena calidad, puesto que riega las tierras donde se cultiva trigo y
lino (Zárate, 1939: 141).
Este río Frío se une con arroyos que vienen de Guaxototitlán y Etla y van a
dar al pueblo de Guaxaca, “[…] poblado de gente mexicana por Muteczuma que
estaba allí en guarnición para sojuzgar e con ella se sojuzgó el valle y lo ganó Mu-
teczuma a los zaputecas y mistecas” (Zárate, 1939: 141). Como puede apreciarse,
Zárate también reparó en la actividad militar y económica de los mexicas, quienes
antes de la llegada de los españoles habían sometido a mixtecos y zapotecos.
La narración de Zárate se ocupa de varios poblados, descritos siempre en
términos de las bondades de la tierra, los recursos y las relaciones políticas. Es
una fuente escrita para resaltar la agricultura y el potencial minero; es decir, con la
óptica del colonizador en búsqueda de metales preciosos, recursos naturales explo-
tables y mano de obra, en este autor no existió interés por la cristianización debido
a que no formaba parte del clero.
El corpus de las Relaciones Geográcas (1579-1586)
Este corpus constituye sin duda una de las fuentes más ricas tanto para la historia
del periodo precolombino como para el virreinal. El cuestionario representa un
acercamiento a la comprensión del espacio de vida; a ese espacio que los individuos
residentes en él conocen a la perfección, describiendo con las letras los rasgos que
gestaron el paisaje mixteco. Los ejes conductores del discurso están alejados del
afán de evangelización, puesto que para la región de nuestro interés ya se había
consumado la conversión religiosa5 y la dominación militar. Se trataba de recoger
información sobre los recursos que contaban estas tierras y que podrían ser útiles a la
Corona. Por esta razón, los encargados de responder los cuestionarios fueron quienes
residían en los lugares adonde fueron enviados, y las respuestas las elaboraron “[…]
personas inteligentes de las cosas de la tierra”, según las instrucciones de la propia
Instrucción y Memoria. El hecho de que participaran informantes locales convierte
a esos documentos en fuentes invaluables para el conocimiento del paisaje desde
la perspectiva de los nativos del siglo xvi, aunque también participaron españoles,
criollos y mestizos puesto que los cuestionarios fueron distribuidos por
los pueblos de los españoles y de indios […] enviándolas a los Concejos, y donde no, a
los curas si los hubiere, y si no a los religiosos, a cuyo cargo fuere la doctrina, mandando
a los Concejos, y encargando de parte de su Majestad a los curas y religiosos, que dentro
de un breve término las respondan y satisfagan como en ella se declara. (Acuña, 1982: 14)
5 Aunque continuarían los procesos de extirpación de idolatrías.
26 / Boletín de Antropología, Vol. 31 N.º 51, enero-junio de 2016. Universidad de Antioquia
La riqueza de las respuestas a cada uno de los capítulos es vasta y para los
objetivos de este trabajo sería imposible analizar la información pertinente a la
región mixteca. Sin embargo, es importante subrayar que la participación de los
nativos otorga una especial riqueza a las Relaciones geográcas, puesto que ade-
más de las abundantes descripciones del espacio físico desde la perspectiva de los
indígenas ya cristianizados,6 estos textos son especialmente ricos en informaciones
lológicas que rebasan el ámbito del idioma puesto que a través del análisis de los
nombres se ofrecen atisbos de las concepciones indígenas relacionadas con el mun-
do natural. Así, por ejemplo, en la Relación Geográca de Papalocpec, Pedro de
Navarrete y su escribano indicaron, en primer lugar, que el nombre de este pueblo
[…] quiere decir, en nuestra lengua vulgar castellana, cerro o sierra de Mariposa
[…]” (Acuña, 1982: 26). El registro y análisis de la toponimia indígena ha sido una
vía de investigación muy fecunda y se ubica en una “sierra o cerro, muy empinado,
y el asiento dél no es nada llano, sino laderas y humedales de quebradas que en todo
él hay, lo cual es causa de ser destemplado” (Acuña, 1982: 31).
Como mencionamos en las primeras páginas, en la simbolización social del
paisaje intervienen elementos de la cosmovisión; en el caso de las Relaciones geo-
grácas, los informantes dejaron testimonios de sus creencias en cuanto al medio
físico y la enfermedad, cuando aseguraban que el relieve de la sierra de Mariposa
provocaba que fuera una “tierra muy fría y ventosa” y que, por ello, tuvieran de
ordinario “los naturales enfermedades de romadizo y tos, y, algunos, de cámaras de
sangre, que a lo que se puede atribuir es a la frialdad del pueblo y al quebrantamien-
to que pasan en subir y descender sierras”.
La región mixteca en el contexto geográco universal y la obra
de Juan López de Velasco
Es indudable que con la conformación de un territorio tan vasto como la Nue-
va España, inserto a su vez en el imperio español, fue recurrente la generación de
obras descriptivas de la geografía de los territorios sujetos. Era necesario conocer
los recursos y el crisol regional que componía no solo al virreinato novohispa-
no, sino a todo el imperio. Uno de tales ejemplos es la Geografía y Descripción
6 El hecho de que los indígenas respondieran los cuestionarios y que proporcionaran información
sobre la época anterior a la llegada de los españoles no implica que esta perspectiva sea prehis-
pánica, puesto que los nativos ya habían sido convertidos al cristianismo e incluso educados por
frailes. Tampoco podemos descartar que los indígenas hubieran adoptado estrategias para conservar
tanto la memoria de su antigüedad como aquellas tradiciones que consideraran vitales para su
existencia, tales como registros genealógicos, rituales propiciatorios, rituales de investiduras de
poder, etc. Por lo tanto, la lectura de las fuentes atribuibles a los indígenas debe ser sometida a
un análisis basado en el contexto del cristianismo.
Los testigos de vista y letras: el paisaje mixteco en fuentes de los siglos xvi-xviii (México) / 27
Universal de las Indias de Juan López de Velasco.7 En esta Geografía Universal,
la mixteca forma parte del plan de la obra, aunque es mencionada brevemente.
Lo trascendente de este trabajo es el afán del autor por ubicar a las provincias
de la Nueva España en el ámbito universal (es decir, en el contexto del mundo
entonces conocido). Esta contextualización implicaba un esfuerzo de síntesis del
conocimiento geográco de los continentes explorados en el siglo xvi. José María
Pozuelo Yvancos dice que López de Velasco debió ser “[…] un auténtico humanis-
ta pues alternó sus labores burocráticas con la geografía, cosmografía, historia y
lología” (1980: 4).
López de Velasco dedicó poco espacio a la región mixteca, región que em-
plazó como parte del obispado de Oaxaca, señalando que era la mayor de tal ju-
risdicción eclesiástica. Igualmente distinguió de ella una región mixteca alta y una
baja; calicó a la primera como una tierra más fresca y sana, aunque aseguró que
ambas tenían buen temple y en ellas abundaba el maíz, al tiempo que eran muy dis-
puestas para el trigo y todas las frutas de España y de la región. También destacó la
abundancia de recursos como el agua, la madera, la leña, la piedra y la cal (López
Velazco, 1894: 229). Queremos resaltar que si bien el discurso dedicado a la región
mixteca destaca por su parquedad, la obra de López de Velasco resulta valiosa por
constituirse en una primera aproximación universal al conocimiento de los pueblos
y sus espacios físicos en los que están incluidos los territorios y pobladores de la
Nueva España. A diferencia de las Relaciones geográcas, en este trabajo la única
perspectiva es la del humanista español que escribió sobre algunos territorios que
nunca visitó personalmente, pero cuyo conocimiento consideraba de interés para
la Corona española. Indudablemente, la riqueza del trabajo de López de Velasco
sobrepasa la región mixteca, puesto que profundiza en el estudio de otras regiones
como la Provincia de la Nueva Galicia, que en ese momento vivía el conicto co-
nocido como la Guerra Chichimeca.
El siglo xviii y la descripción de la región mixteca en la obra de
dos frailes jesuitas
En esta sección analizaremos brevemente el trabajo de dos jesuitas, quienes en sus
textos dejaron descripciones sobre la mixteca.8 Es importante mencionar que ambos
están ubicados en el siglo xviii, época de la ilustración novohispana y de la con-
formación de una identidad criolla contrapuesta a lo europeo, considerado como lo
“otro” por los nacidos en la Nueva España. Uno de los promotores de la apropiación
de la antigüedad prehispánica como parte de la historia novohispana (criolla) fue
7 Esta obra fue escrita en la década de 1570 pero permaneció inédita hasta el año de 1880 (Zaragoza,
1894: V, en López de Velasco, 1894).
8 Aunque no formara parte de su discurso central.
28 / Boletín de Antropología, Vol. 31 N.º 51, enero-junio de 2016. Universidad de Antioquia
Francisco Javier Clavijero, nacido en la Nueva España y conocedor de las antigüe-
dades del virreinato. Cabe señalar que la familia de Javier Clavijero vivió en varios
lugares del virreinato, como Teziutlán, actual estado de Puebla, y Jamiltepec, en
la ahora Oaxaca, ubicado ese poblado en la región mixteca. Su obra más conocida
es la Historia Antigua de México (Clavijero, [1780] 1991) en la cual, entre otras
temáticas, reconoce el “carácter de las provincias” de acuerdo con su clima, relieve,
hidrografía, minería, ora, fauna y sociedad. En esta obra también responde a los
embates de Cornelio de Paw y del Conde de Buffon acerca de la degeneración de
la naturaleza americana.
Es importante destacar que en su Historia Antigua de México Clavijero descri-
be la antigüedad nativa como propia y coloca en el centro de su discurso a la historia
mexica. Esta visión centralista y apologética provocó que su mirada estuviera situada
en la historia y el contexto del pueblo azteca, colocando en un segundo plano a los
otros pueblos indígenas. Dicha jerarquización muestra el condicionamiento del dis-
curso ilustrado en aras de un interés académico con trasfondo político y social, ltro
que ayudó a destacar lo mexica, minimizando la diversidad de los pueblos nativos al
considerarlos todos como parte de una patria mayor conocida como México.
En cuanto a la descripción que realiza sobre la región mixteca, es pertinente
indicar primero una división en términos generales sobre las provincias de México.
Clavijero calicó a las provincias de la Nueva España como “mediterráneas” y
“marítimas”. De acuerdo con él, las provincias mediterráneas estaban
[…] al norte y noroeste de México, la de los otomíes, y al poniente y sudoeste, la de los
matlatzincas y cuitlatecas; al sur la de los tlahuicas, cohuizcas y yopes, al sureste después de
los estados de Itzocan, Yauhtepec, Quauhquechollan, Atlixco, Tehuacán y otras muchas, las
grandes provincias de los mixtecas, zapotecas, mixes y chinatecas, y, nalmente, después
de otros estados, la última provincia de los chiapanecas. ([1780] 1991: 4)
Una vez ubicada en este ámbito, destaca a la región mixteca por su extensión,
con una directriz “[…] sureste-noroeste por más de ochenta leguas desde Tototepec
en la costa del mar Pacíco hasta Acatlán, lugar distante cuarenta leguas al sureste de
México” (Clavijero: [1780] 1991: 4); siendo las poblaciones más importantes “[…] las
ciudades de Yancuitlán [hoy Yanguitlán], Zollan, Quauhxolotitlán y Tepezcololla” (4).
Conforme a su espíritu ilustrado, Clavijero atendió con cuidado la división
de un paisaje acorde con el carácter de la orografía y la hidrografía de la región
mixteca; sin embargo, no mencionó dos de las características visibles de la región:
el relieve y los climas. En cambio, destacó el valor económico de los gusanos de
seda, relatando que
[…] se transportaron de Europa y se multiplicaron con felicidad. Cogíase mucha y buena
seda especialmente en la Mixteca y era este en otro tiempo un ramo considerable de
comercio. Abandonóse después este trabajo por los motivos notorios en aquel reino, y al
Los testigos de vista y letras: el paisaje mixteco en fuentes de los siglos xvi-xviii (México) / 29
presente son muy pocos los que en él se emplean. Además de esta seda común, especial-
mente en años de pocas lluvias, hay una especie de seda silvestre muy apreciable, de que
se aprovechan solamente algunos pobres por la poca economía que hay en aquel reino.
(Clavijero, [1780] 1991: 41)
La falta de mención del relieve y el clima de la región mixteca, en conjunto
con la exaltación de la explotación del gusano de seda, muestran el desinterés por
lo que no fuera mexica, salvo los aspectos económicos, debido a la pretensión de
fundar una historia común basada en la idea de una patria mexicana en un territorio
abundante en recursos y bellezas naturales.
Por su parte, Rafael Landívar nació en Guatemala en el año de 1731, escribió
el poema conocido como Por los Caminos de México (Landívar, 1993), dejando
vivas imágenes en letras sobre la misma región; no solo fue contemporáneo del
padre Clavijero, sino que también participó en el mismo debate entre los ilustrados
novohispanos y aquellos que describían la naturaleza americana desde los escrito-
rios de Berlín o París. Landívar fue maestro de retórica y losofía e igualmente fue
ejemplo de “[…] aquel grupo de ilustres desterrados, humanistas, no en el signica-
do empobrecido de los innumerables calcadores de modelos grecolatinos, sino por
su espíritu universal, alerta hacia todo el espectáculo de la vida” (Valdés, 1993: V).
Uno de los aspectos más llamativos y signicativos de la obra de Landívar es
su exaltación de las glorias americanas mediante la invocación de los dioses grie-
gos y latinos a quienes en su poema hizo recorrer los caminos de las regiones de la
Nueva España, entre las que destaca la región mixteca, región donde los dioses de
la antigüedad clásica se maravillan por los bienes locales e incluso trabajan con la
grana, uno de los productos más destacados de la mixteca:
Después de haber visitado los espejeantes dominios de Neptuno y los reinos de Vulcano,
armado de ascuas trepidantes, place contemplar la grana y el múrice y examinar con ojos
atentos su articio.
Tú, virgen Minerva, que tiñes de púrpura los mantos reales entretejidos de oro, vencedora
de la doncella Lidia en el arte de la aguja, dime, ¿cuál próvida región te dio los jugos, y
llenó el orbe de grana y múrice tirio? ¿Quién los recoge en los campos, qué semillas arrojan
la tierra, y qué cultivo hace nacer las regios gérmenes? (Landívar, 1993: 43)
A la pregunta extendida a la diosa de la sabiduría y las artes, pero también
protectora de los artesanos, esta responde que la grana y el múrice orecen en las
cercanías de una “[…] muy noble ciudad, populosa, ataviada de bellas mansiones,
insigne por sus mercaderías, augusta por sus magnícos templo, a la cual dio nom-
bre ilustre el valle de Oaxaca” (Landívar, 1993: 43). La magníca ciudad, escribe
Landívar, está rodeada de “campos vastísimos, muy fértiles por su rica gleba; en
los cuales las brisas mezclan fríos y colores vehementes, aliviando así con el cli-
ma benigno a hombres y ganados” (Landívar, 1993: 43-44). En sus campos “[…]
30 / Boletín de Antropología, Vol. 31 N.º 51, enero-junio de 2016. Universidad de Antioquia
pulula el rico nopal que crece seis codos de altura, sostenido por débil tronco, sin
adorno de follajes movedizos, ni sombra que aparte de los ganados los rayos del
Sol” (Landívar, 1993: 44).
Una vez que se logra cosechar la mansa cochinilla, emana el color carmín
“[…] con que tiñen galos, holandeses, venecianos, españoles, ingleses, rusos, bel-
gas y el orbe todo enrojece” (Landívar, 1993: 48). Dice que la industria de la grana
la ha “reservado el cielo a los colonos indios” ya que hubo intentos de llevarla
a otro lugar para su producción pero “[…] los nopales de la bermeja prole […]
acostumbrada a alimentarse de las dulces hojas, o sufre una gran mortandad por el
soplo de los vientos, o rehusándose a procrear en los follajes, burla las tentativas del
dueño consumiéndose así el caudal con su inercia estéril” (Landívar, 1993: 48-49).
También exalta las cualidades físicas y morales de los indígenas, así como su buen
trabajo en los cuidados de la cochinilla:
La raza india, por el contrario, hecha a los rudos trabajos, ni palidece afeminada bajo las
heladas lluvias, ni teme al sol cuando amea su quemante antorcha. De aquí que impertur-
bable, soporte todos los eventos temibles: la Luna, el Sol, la lluvia, el frío, el calor y vigile
sin descanso, noche y día, ahuyentando de los albeantes gusanos a los perniciosos enemi-
gos. Ímproba labor ciertamente, pero acreedora de crecida ganancia. (Landívar, 1993: 49)
En su poema, Landívar ofrece un magníco ejemplo de la afectividad ante el
paisaje y la signicación que los hombres le otorgan a los accidentes geográcos y
a la naturaleza en general. Él (al igual que Clavijero) vivió en un contexto ilustrado
y de efervescencia nacionalista que anhelaba reivindicar su pasado indígena y las
bondades de la tierra novohispana que se le equiparaba al viejo mundo en la bondad,
historia y belleza de sus paisajes y habitantes.
Conclusiones
En la primera sección de este trabajo discutimos las implicaciones del estudio del
paisaje desde la perspectiva objetivista de la geografía, donde el afán de cuanticación
elimina el interés por el contexto cultural que involucra a aquel. También analizamos
la perspectiva cultural de la investigación del paisaje y mostramos que el estudio del
mismo conduce a acercarnos al hombre como ser cultural que crea y modica los
espacios, les otorga valores y maniesta relaciones simbólicas que forman parte de
la identidad de los pueblos.
Discutimos cómo el estudio del paisaje conecta e identica relaciones huma-
nas, entre ellas la visualidad y la identidad. Cuestionamos la denición clásica del
paisaje, que lo conceptualiza como una realidad objetiva desligada de la cultura y
resumida en un conjunto de elementos visibles. Ante esta conceptualización, pro-
pusimos una visión relacional en la que se conjugan la realidad objetiva, la percep-
Los testigos de vista y letras: el paisaje mixteco en fuentes de los siglos xvi-xviii (México) / 31
ción de grupos sociales y la signicación cultural. Conforme a lo anterior, el paisaje
puede representarse visualmente y también puede narrarse, estas narraciones no ca-
ben en el mapa o en la pintura: no se conguran con el pincel, pero sí con la pluma.
El estudio del paisaje tiene como sustento el lenguaje: aquel se puede expresar
de forma gráca, pero también por medio de la literatura. En ambos casos se cumple
el objetivo de delinear un territorio, así como de hacer relevantes los rasgos que el
espectador juzgue necesario indicar, aprehendiendo las características propias de los
lugares en el mapa o en el relato. Consideramos que esta forma de entender el paisa-
je no ha sido atendida sucientemente dentro del ámbito del estudio de la geografía
y de disciplinas anes como la historia.
La investigación sobre el espacio narrado develó que el sujeto cultural otorga
valores al espacio observado y vivido, desde el supuesto de que quienes escriben
sobre un lugar legan en sus escritos una manera de percibirlo. Con base en estas
categorías teóricas, resaltamos el valor del relato como fuente para el estudio del
paisaje, en tanto que las letras, y no solo las imágenes, brindan herramientas para su
estudio. Para ello utilizamos como objeto de estudio empírico al territorio mixteca,
en el actual estado mexicano de Oaxaca, región de la que se ocuparan los escritos
seleccionados. Estos trabajos, aunque no están dedicados exclusivamente a la re-
gión mixteca, la abordan de manera extensa o tangencial; los “ltros” culturales de
los autores quedaron plasmados en sus narrativas y nuestro cometido fue denir
cuáles fueron dichos ltros. Indudablemente, cada uno de los trabajos analizados
guarda su propia esencia, acorde con sus particulares nes: un fraile del siglo xvi
destacó el sacramento de la fe para hablar de su “grandeza”, de su trascendencia
como parte de la labor evangelizadora; otros autores valoraron sus riquezas y otro
lo identicó con herencias grecolatinas; uno más lo describió como parte del prelu-
dio de un país independiente.
Especícamente, analizamos la particular manera en que el franciscano fray
Toribio de Benavente Motolinia observó rasgos del paisaje novohispano desde la
mediación de una tradición cristiana milenarista, anteponiendo los conceptos de
pecado y la salvación al estudio del ambiente geográco y cultural; indudablemente
su objetivo fue la puricación de almas y tierras para llevarlos al seno de los pre-
ceptos de un salvador universal. Para este fraile el paisaje visible es obra de Dios
y, como tal, los hombres están destinados a salvaguardarlo. Mostramos cómo en la
obra de Motolinia la cristianización del paisaje está matizada con la nomenclatura
indígena y pagana, aunque como cristiano habría de cumplir su tarea de convertir
al otro. Pero en su intensión de conocer al otro para convertirlo al cristianismo, nos
legó en su trabajo una importante fuente para el conocimiento geográco, histórico
y antropológico.
Si Motolinia observó el paisaje a través del cristianismo, en Baltazar de Zára-
te la descripción sirvió al cuerpo administrativo de la Corona española. Como ad-
ministrador y funcionario buscaba el conocimiento de las riquezas que ofrecía una
32 / Boletín de Antropología, Vol. 31 N.º 51, enero-junio de 2016. Universidad de Antioquia
región, en este caso la mixteca, indicando sus ciudades y sus puertos, continuando
la inserción y la identidad de esta parte del virreinato. Para Baltazar de Zárate la
importancia del paisaje residía en los recursos que poseía; en su obra apreciamos la
mirada del administrador/colono deseoso de explotar los territorios recién incorpo-
rados al mundo hispánico.
En el corpus de las Relaciones geográcas era necesario describir para cono-
cer al otro, pero no solo como parte de un virreinato en consolidación, sino como
una unidad territorial propia y como parte de una geografía universal, en el enten-
dido de que esa región era parte de un mundo que reconocía diferencias y que se
estaba preparando para apreciarlas. La participación nativa en los cuestionarios
(y en la elaboración de los mapas) proporciona a estos escritos una perspectiva
multicultural y los convierte en otra fuente fundamental para el conocimiento de la
Nueva España.
En una tónica contraria a las Relaciones geográcas, Juan López de Velasco
escribió sobre la geografía de la Nueva España sin haberla conocido personalmen-
te. A pesar de ello, y como antecedente del espíritu ilustrado novohispano del siglo
xviii, su obra tiene un alcance universal donde las posesiones españolas son descri-
tas a nivel continental y mundial sin menoscabo de región alguna.
Durante los siglos xvii y xviii, la unidad del virreinato cobraba fuerza, pero
también comenzaba a diferenciarse y a tomar tintes nacionalistas. Francisco Javier
Clavijero, desde una perspectiva ilustrada y centralista, describió al territorio novo-
hispano bajo la idea de la unidad mexicana en el pasado indígena y el amor por el
suelo patrio. El estudio de la región mixteca es una parte tangencial en la obra del
jesuita, quien al igual que Baltazar de Zárate tuvo interés en el potencial económico
de las tierras mixtecas, pero también en la historia prehispánica; indudablemente la
historia y la geografía corrieron de la mano en la pluma de este autor.
Rafael Landívar, también desde una perspectiva ilustrada, conocía la tradición
grecolatina y como tal describió al paisaje con esos parámetros. El paisaje fue visto
por el jesuita guatemalteco con diferentes matices. Si en Motolinia se buscaba la pre-
sencia del dios cristiano, en los siglos venideros los dioses romanos ya habían llegado
al Nuevo Mundo a través de los libros y por medio de una educación en colegios y
universidades. Llegaron para quedarse y estar presentes en tierras mixtecas. Rafael
Landívar convirtió a la región mixteca en tierra de Neptuno, Vulcano y Minerva, en
un intento de integrar ese espacio a una tradición a la que él perteneció, dejando de
lado la historia indígena y trasladando a los dioses helénicos a dicha región.
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... Otras referencias significativas en cuanto a número de citaciones de la Nueva Geografía Cultural son James Ducan, Denis Cosgrove, Yi Fu Tuan, Paul Claval, Martínez de Pisón (e.g. Ley, 2014;Peimbert, 2014;Olmos, 2015;Pérez y Delgado, 2016;Fernández, 2017;Mendoza, 2017;Toscana y Villaseñor, 2018). Es interesante mencionar que, en el ámbito urbano, como veremos en su apartado correspondiente, son muy socorridas las referencias a estos autores. ...
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En este trabajo nos proponemos una revisión de la bibliografía, sobre las investigaciones en torno al paisaje en México. Particularmente, nos interesa dimensionar qué disciplinas trabajan enfoques de paisaje, cómo lo conceptualizan o si apenas lo esbozan; quiénes desarrollan estudios metodológicos sobre éste y, si es así, en que bases epistemológicas lo sustentan. Reconocemos de entrada que este ejercicio no es de ninguna manera exhaustivo, y representa una visión panorámica de los últimos diez años. Reconocemos, asimismo, como antecedente a éste, el estudio contextual sobre el paisaje en México realizado por Urquijo y Bocco (2011), en el Journal of Latin American Geography, en el que los autores realizaron un recorrido desde la década de 1970 y hasta 2010.
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Los conflictos agrarios existentes en México demuestran la complejidad de las relaciones jurídicas, institucionales, políticas y culturales en torno a la propiedad de la tierra entre los pueblos indígenas y la relación que tienen con sus territorios. Esta complejidad obedece entre otros factores a la relación simbólica de las comunidades indígenas con las tierras que ocupan, la forma en que se titularon las tierras después de la revolución mexicana, la insuficiencia de la legislación para reconocer derechos territoriales, los intereses de terceros y la falta de aplicación del derecho. Para comprender este fenómeno, el artículo diferencia los conceptos de tierra y territorio, los tipos de conflictos agrarios existentes, las políticas de no aplicar la legislación agraria sino de impulsar arreglos políticos o negociaciones con quienes infringen la ley para así desactivar los conflictos. Con esto se impulsa un mercado sui géneris de tierras al margen de la legislación agraria, controlado por el Estado y los sujetos involucrados que presionan o ceden según sus intereses particulares, despojando del carácter social a la tierra rural ubicada en territorios indígenas y convirtiéndola en propiedad privada. Indigenous Territories and Agrarian Conflicts in Mexico The existing agrarian conflicts in Mexico demonstrate the complexity of the legal, institutional, political and cultural relations in turn to land holdings among the indigenous peoples and the relation these have with their territo-ries. Among other factors, this complexity obeys the symbolic relationship of * Indígena mixteco. Maestro en Derecho y Desarrollo Rural. Miembro de la Academia Mexicana de Derechos Humanos y asesor del Centro de Orientación y Asesoría a Pueblos Indígenas, A. C. Sus actividades profesionales las ha desarrollado en la docencia, la investigación y la administración pública. Ha escrito varios libros sobre los derechos indígenas en México y dictado conferencias en su país y el extranjero sobre los mismos temas. Actualmente desempeña funciones de investiga-ción y defensa de los derechos de los pueblos indígenas.
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Este libro trata sobre la mezcla de culturas y los mestizajes resultantes, un fenómeno que crece día a día en todo el mundo. Gruzinski, en este libro fascinante, empienza analizando el México español - que le proporciona numerosas pistas para su investigación, define lo que él llama el pensamiento mestizo" y en, fin, propone una magistral exploración tanto de los "mestizajes de la imagen" como de la "creación mestiza" demostranto que las artes y las culturas no han cesado de mezclarse entre sí a lo largo de los tiempos, más allá de cualquier frontera.
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Contiene un estudio biográfico sobre Juan López de Velasco, notable geógrafo e historiador de la corte del rey español Felipe II y autor de "Geografía y descripción de las Indias Occidentales", descripción geográfica y demográfica de las más importantes provincias del Nuevo Mundo.
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Traducción de: Rusticatio mexicana El escritor y religioso Rafael Landívar nació en 1731 el seno de una familia ilustre en Santiago de los Caballeros, Guatemala. Cursó estudios de filosofía por los años 1741 y 1742 y recibió el grado universitario de bachiller en filosofía en la Universidad de San Carlos en 1746, para ascender un año más tarde a la Licenciatura y al Doctorado en Filosofía. El intelectual guatemalteco, quien era también un buen conocedor de retórica, de astronomía y de geografía, partió en 1749 rumbo a México e ingresó un año después al noviciado de los jesuitas. Ordenado sacerdote en 1755, regresó a Guatemala en 1761 y se desempeñaba como rector del Colegio de San Borja -al que había ingresado como estudiante en 1738- cuando se produjo la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los dominios españoles en 1767. El religioso recuperó numerosas experiencias de sus diferentes viajes por regiones mexicanas para su Rusticatio mexicana, un magno himno en latín a la naturaleza americana, compuesto durante su refugio en Italia, publicado inicialmente en Módena (1781) y cuya edición definitiva salió a la luz en Bolonia (1782), ciudad donde el escritor guatemalteco falleció en 1793.