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Activismo desde el consumo cooperativo de productos agroalimentarios: ¿Economía alternativa o tecnopolítica?

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El análisis de la cronología de los grupos de consumo de la ciudad de Barcelona muestra tres etapas: la primera, a lo largo de la década de 1990, con la aparición de los primeros grupos; la segunda, con el cambio de siglo, con un nuevo auge de cooperativas; y, finalmente, una tercera oleada, coincidiendo temporalmente con el movimiento 15M, caracterizado ―entre otros elementos― por su constitución en asambleas. A pesar de que todas las organizaciones autogestionadas en el marco del consumo agroalimentario no tienen formato jurídico cooperativista (la mayoría son asociaciones e incluso identificamos algunas sin marco legal), comparten un modelo de toma de decisiones asambleario. Las asambleas son el espacio donde se gestiona el eje central de la actividad que da sentido a la constitución del grupo (el abastecimiento de productos agroalimentarios cumpliendo con los criterios de la Economía Social y Solidaria) pero, también, el compromiso social y político de la organización. En este artículo se analiza la relación existente entre los grupos de consumo agroalimentario y el movimiento 15M en la constitución de nuevas organizaciones o en el refuerzo de las ya existentes en la ciudad. Por un lado, evaluaremos el papel del modelo de toma de decisiones en asamblea ―liderazgo horizontal y distribuido―, como parte fundamental de su funcionamiento autogestionado y desinstitucionalizado, con especial atención al papel de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la organización de la misma. Por otro lado, estudiaremos la relación entre el compromiso social y político que los distintos grupos manifiestan y su vinculación con los movimientos de activismo social y político. Esta investigación se ha realizado sobre la totalidad (60) de los grupos de consumo agroalimentario de Barcelona, con presencia en todos los distritos de la ciudad.
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ACTIVISMO DESDE EL CONSUMO COOPERATIVO DE
PRODUCTOS AGROALIMENTARIOS: ¿ECONOMÍA ALTERNATIVA
O TECNOPOLÍTICA?
Ricard E
Investigador en el Internet Interdisciplinary Institute, Universitat Oberta de Catalunya.
Ismael P-L
Profesor de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas, Universitat Oberta de Catalunya.
Enrique R
Profesor de Fundamentos de Estadística, Universitat Oberta de Catalunya.
RESUMEN: El análisis de la cronología de los grupos de consumo de la ciudad de Barcelona muestra
tres etapas: la primera, a lo largo de la década de 1990, con la aparición de los primeros grupos; la
segunda, con el cambio de siglo, con un nuevo auge de cooperativas; y, nalmente, una tercera oleada,
coincidiendo temporalmente con el movimiento 15M, caracterizado –entre otros elementos– por su
constitución en asambleas.
A pesar de que todas las organizaciones autogestionadas en el marco del consumo agroalimentario no
tienen formato jurídico cooperativista (la mayoría son asociaciones e incluso identicamos algunas sin
marco legal), comparten un modelo de toma de decisiones asambleario. Las asambleas son el espacio
donde se gestiona el eje central de la actividad que da sentido a la constitución del grupo (el abasteci-
miento de productos agroalimentarios cumpliendo con los criterios de la Economía Social y Solidaria)
pero, también, el compromiso social y político de la organización.
En este artículo se analiza la relación existente entre los grupos de consumo agroalimentario y el movi-
miento 15M en la constitución de nuevas organizaciones o en el refuerzo de las ya existentes en la ciudad.
Por un lado, evaluaremos el papel del modelo de toma de decisiones en asamblea –liderazgo horizontal
y distribuido–, como parte fundamental de su funcionamiento autogestionado y desinstitucionalizado,
con especial atención al papel de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la
organización de la misma. Por otro lado, estudiaremos la relación entre el compromiso social y político
que los distintos grupos maniestan y su vinculación con los movimientos de activismo social y político.
Esta investigación se ha realizado sobre la totalidad (60) de los grupos de consumo agroalimentario de
Barcelona, con presencia en todos los distritos de la ciudad1.
PALABRAS CLAVE: Autogestión, Cooperativismo, ICT4D, Movimientos Sociales, 15M, Tecno-
política
1 Este artículo forma parte de una investigación más amplia que tiene como título: «Consumo
autogestionado en la era de la Sociedad Red. El papel de las TIC en la comercialización de los
productos agroalimentarios de proximidad».
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1. PRÁCTICAS SOCIALES AUTOGESTIONADAS Y AGROALIMENTACIÓN
EN EL MARCO DE UNA CIUDAD EN MOVIMIENTO
El término «innovación social», no exento de polémica, ha sido utilizado para de-
signar aquellas prácticas que buscan crear una alternativa transformadora en el contexto
de una ciudad en crisis y víctima de grandes desigualdades sociales; editado por Subirats
y García, «Innovación social y políticas urbanas en España. Experiencias signicativas
en las grandes ciudades» (2015) recoge y contextualiza algunas de ellas. Como desta-
ca Miró en el propio libro, el origen contemporáneo del concepto «innovación» tiene
una dimensión central en el desarrollo de la economía capitalista en la década de 1930
(Schumpeter) y la expansión del modelo neoliberal de la década de 1980 (Drucker),
como una forma de poner el capital social al servicio del desarrollo empresarial. Por este
motivo, Miró, reriendo a Garcés (2014), propone no situar la novedad al lado de la
emancipación, sino de la capacidad de crear alternativas que superen, modestamente, el
modelo capitalista. Como el marco de esta investigación es el análisis de la acción de las
cooperativas y grupos de consumo que se maniestan explícitamente como alternativa al
modelo de consumo imperante, regido por la cadena de valor capitalista (Espelt, 2013),
aunque durante el redactado del artículo nos referiremos a investigaciones que relacio-
nan de forma global la acción de las cooperativas con prácticas de «innovación social»,
entenderemos a éstas como «prácticas sociales autogestionadas».
La posibilidad de gestionar recursos y bienes colectivos, sobre los cuales se siente
una amenaza (Lafuente, 2007), en común mediante formas de gobernanza particulares
y cuyo régimen de propiedad no es ni público ni privado (Ostrom, 1994) hace que co-
munidades de personas, preocupadas por el sostenimiento de esos recursos, se organicen
para ello (Lafuente y Corsín Jiménez, 2010). El imaginario y las prácticas de cultura
libre, en el contexto de una sociedad cada más digitalizada, conducen a la experimenta-
ción sobre la denición y concreción de estos nuevos procomunes (Estalella, Rocha y La-
fuente, 2013). Prácticas procomunales basadas en la experimentación, especícamente
con el foco en ámbito local (Ostrom, 2007); el amor, como un concepto político central
en la producción del común y de la vida social (Hardt y Negri, 2009) y la cultura libre y
su recursividad, que miran de escapar de los cercos (Boyle, 2008) y promover un refor-
zamiento de las formas de gestión democráticas (Subirats, 2011), basadas en la conanza
de sus participantes (Mayo, 2012).
En el caso de Barcelona, las movilizaciones y conictos sociales, acaecidos desde
su surgimiento como uno de los principales centros industriales del sur de Europa en
el siglo XIX hasta la metrópolis actual, son parte fundamental de la historia de la ciu-
dad y su denición. En las últimas décadas los movimientos que, con un carácter más
ofensivo, centraron la reivindicación en los equipamientos y la calidad urbana durante
la Transición, derivaron a una mayor preocupación por temas ambientales y de defensa
del territorio en el periodo de expansión económica (1996-2007). Mientras que, en los
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últimos años, éstos se han focalizado en las condiciones de vida de la población y en
la promoción de formas alternativas de producción y circulación de bienes y servicios
(Nel·lo, 2015).
El «Mapa de la Innovación Social en Cataluña» (Blanco et al., 2015) que recoge
una parte importante de las prácticas de innovación social del conjunto del territorio
catalán, clasicadas en cuatro ámbitos: a) solidaridad ciudadana, b) territorio, medio
ambiente y energía, c) economía y consumo alternativos y d) espacios autogestionados,
señala una correspondencia entre éstas y el peso demográco de distribución de la po-
blación. Por otra parte, el peso de las prácticas relacionadas con la economía y consumo
alternativos es mayor que el resto de prácticas (51,8 %). El conjunto de este grupo de
iniciativas ciudadanas, donde vinculamos a las cooperativas de consumo agroalimenta-
rio, comparten dos elementos que en el marco de este artículo son fundamentales: son
autogestionadas y el proceso de toma de decisiones es, en gran medida, asambleario.
Desde la reivindicación a un modelo más justo y sostenible social y económica-
mente (Espelt et al., 2015) y con la voluntad de construir una alternativa a la comer-
cialización de productos agroalimentarios imperante basado en las grandes supercies
(Mauleón, 2009), aora de nuevo en Barcelona la autogestión cooperativa para el
abastecimiento de productos agroalimentarios. La primera cooperativa contemporá-
nea de la ciudad, «Germinal Sants», nace en 1993. Aunque, en este recorrido de la
autogestión agroalimentaria, no podemos olvidar la larga tradición histórica en torno
a la autogestión de la clase obrera, como respuesta a las duras condiciones que la
industrialización causó a nales del siglo XIX (Dalmau & Miró, 2010). La primera
cooperativa histórica fue «L’Antiga del Camp de l’Arpa» (1866), que en el año 1935
contaba con más de cincuenta organizaciones distribuidas por la ciudad. En la reex-
pansión de las cooperativas modernas distinguimos tres oleadas: las iniciativas pione-
ras, en la década de 1990; una segunda fase de expansión, a partir del cambio de siglo;
y una tercera de crecimiento muy relevante, coincidiendo con el movimiento 15M,
en el año 2011 (Vivas, 2014). El aumento de treinta y seis grupos de consumo en el
año 2009 (Ubasart, Ràfols, & Vivas) a los sesenta actuales (Espelt, 2016) signican la
importancia del 15M y sus consecuencias.
En denitiva, por un lado, la aparición de los grupos de consumo se produce en pa-
ralelo a la respuesta contra la homogeneidad en las cadenas alimentarias globales (Khou-
ry, 2014), parte del discurso del movimiento antiglobalización y de defensa del territorio,
muy signicativo en Cataluña, y que conlleva la búsqueda de una recuperación de la
«identidad de los lugares» para la promoción de alternativas sociales y económicas que
favorezcan la relocalización (Nel·lo, 2014). Por otro lado, rescata el aprendizaje del mo-
vimiento cooperativo, de larga tradición en la ciudad de Barcelona y el conjunto del
territorio catalán, para la autogestión de bienes.
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2. AUTOGESTIÓN AGROALIMENTARIA Y EXPANSIÓN DE LA ECONOMÍA
SOCIAL Y SOLIDARIA
Los grupos y cooperativas de consumo, una de las tipologías que caracterizan los
Circuitos Cortos de Comercialización (Binimelis & Descombes, 2010), se incluyen en
las prácticas propias de la Economía Social y Solidaria (ESS) que es, al mismo tiempo,
práctica económica y movimiento social y se vertebra en los barrios de Barcelona en
tanto que ecosistemas cooperativos (Fernández & Miró, 2016).
La ESS, como tal, es un término que está en pleno proceso de denición y que
toma por base la conceptualización de la Economía Social y la Economía Solidaria.
A aquellas organizaciones no pertenecientes al sector público, con funcionamiento y
gestión democrática e igualdad de derechos y deberes de sus miembros, que destinan
sus excedentes al crecimiento de la entidad y a la mejora de servicios de la comunidad,
se las inscribe, según la tradición europea que recoge la «Charte de l’économie sociale»
(1980), en la Economía Social. Un debate político, el de encontrar formas alternativas
al capitalismo, que se reactiva con fuerza en Europa, a raíz de los movimientos sociales
de la década de los 60, y que conlleva el nacimiento de nuevas prácticas que arman la
necesidad de asociar la dimensión económica de las mismas con la voluntad de trans-
formación social (Fernández & Miró, 2016). Los autores que han conceptualizado las
organizaciones que se ubican bajo los parámetros de la Economía Solidaria, Singer y
Mance entre los más destacados, indican que la autogestión y la igualdad entre sus
miembros favorece las prácticas económicas que sitúan a la valorización de la persona
como prioridad y no la acumulación de capital.
En Cataluña, es la Xarxa d’Economia Social i Solidària (XES), gestada en la década
de 1990, la que, como parte de los movimientos globales de su constitución, ha promo-
vido la implantación de la ESS a través de la identicación de aquellas iniciativas anes
a sus principios, organizando encuentros para dar a conocerlas y, recientemente, en la
defensa de su propia legislación en la «Proposta de Llei d’Economia Social i Solidària»
(2015).
En el marco de la ciudad de Barcelona, un reciente informe (Fernández & Miró,
2016) certica el auge de la ESS y sus posibilidades como alternativa al modelo de
consumo imperante. Actualmente, se identican 4.718 iniciativas socioeconómicas vin-
culadas a la ESS, con 53.000 personas contratadas y un impacto económico agregado
de 3.750 millones de euros (el 7 % del PIB). Además, se contabilizan más de 500.000
personas socias de organizaciones que promueven un consumo en el marco de la ESS y
100.000 voluntarias.
La evaluación detallada, a través del Pam a Pam, cuestionario elaborado por la XES
y SETEM (2015), muestra que las cooperativas y grupos de consumo agroalimentario,
que se incluyen en las iniciativas económicas vinculadas a la ESS, cumplen con los
criterios de este modelo económico en sus tres ámbitos de impacto: social, ambiental y
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organizativo. En esta observación, se signica que la autogestión y la democracia interna
son los dos aspectos más relevantes, con una valoración de 10 y 9,8, sobre 10, respecti-
vamente. Así, parece evidente que esta caracterización organizativa se corresponde con
los formatos que fundamentan el modelo de acción del movimiento 15M, basado en la
autogestión, a través de la organización de comisiones, y la toma de decisiones horizon-
tal y abierta, con la asamblea como instrumento.
En referencia al grado de importancia que los propios grupos otorgan a las Tec-
nologías de la Información y la Comunicación (TIC) para su funcionamiento en la
organización de la operativa de compra-venta de productos agroalimentarios y el resto
de actividades, como información para la participación en talleres, conferencias o mani-
festaciones, éste se establece en el 8,1 sobre 10.
Por otro lado, como se ve en la gráca (Figura 1), el proceso de aparición de los gru-
pos y cooperativas de consumo modernas, que se inicia a principio de la década de los
noventa, tiene su pico máximo en el año 2011, cuando se produjo el movimiento 15M,
con la aparición de trece nuevas organizaciones. Este crecimiento se genera en paralelo al
aumento de la desafección con la política representativa en España. Desafección que, no
obstante, podría traducirse no en pasividad política en general, sino en una mayor pre-
ferencia por modelos de participación extrarrepresentativos (Peña-López, 2013), como,
por ejemplo, el del cooperativismo de fuerte componente ideológico.
Figura 1. Gráfica de creación de los grupos y cooperativas de
consumo modernas en la ciudad de Barcelona vs el % de uso
de Internet (conexión en el último mes) en España.
Datos: Espelt & EMG (1996-2015).
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3. TECNOPOLÍTICA Y REPRESENTACIÓN POLÍTICA
EXTRAINSTITUCIONAL
La arena política española ha sufrido una enorme transformación tanto en las úl-
timas cinco décadas como en los últimos diez años. Si tomamos como referencia la
restaurada democracia, la intención de voto sufre, por una parte, una evolución hacia
la concentración y, por otra, hacia la institucionalización. Todo ello fruto tanto de la
normalización de la política como de las reglas de juego jadas en la Transición.
Sin embargo, a partir de 2004, España parece entrar en una «segunda transición»
(Peña-López, 2013b) que, aunque no cambia sobremanera las grandes tendencias, sí
apunta al menos dos puntos de ruptura: uno, a partir de los atentados de Atocha en
marzo de 2004; otro, con la salida a escena de los partidos políticos surgidos a lo largo
de 2014 y al inujo de los movimientos sociales que eclosionan el 15 de mayo de 2011.
Es en esta última década donde tienen lugar dos grandes aprendizajes. El prime-
ro, que tras un cierto desencanto con la llamada Política 2.0 (Peña-López, 2011), se
abren paso otros usos transformadores de la política, acompañados de nuevos tipos de
organización: la tecnopolítica (Toret, 2013). El famoso «pásalo» (Tracantes de Sueños,
2004) es, de algún modo, el disparo de salida de nuevas apropiaciones de la tecnología
que derivarán en nuevas formas de información y nuevas formas de comunicación que,
de algún modo, tienen su culminación en la demostración de poder organizativo de las
acampadas y posterior movilización de los indignados del 15M (Peña-López, 2013b).
Segundo, que alrededor de ese 15M, durante su gestación en los años anteriores, así
como en sus años posteriores, veremos orecer plataformas, mareas y movimientos en
general (Batalla Adam, 2014) que se caracterizan por un fuerte compromiso político
que, sin embargo, canaliza su activismo fuera de las instituciones –incluidas muchas de
las tradicionales de la sociedad civil organizada como sindicatos u ONG–.
Así, por una parte, se experimenta con nuevos modos de producción de tipo emer-
gente, de organización altamente distribuida y cuyo liderazgo dista mayormente de los
liderazgos jerárquicos del pasado (Benkler, 2006). Esta producción emergente se funda-
menta no tanto en el proyecto y la planicación, sino en la concurrencia de múltiples
actores que vendrán a contribuir de formas diversas –incluso dispares– pero con resul-
tados que, aplicados en la política, darán lugar a propuestas con un fuerte componente
de base (Noveck, 2005). Se congura así un ecosistema de participación política que
va desde lo más estructurado hasta lo puramente circunstancial, rayando en lo frívolo,
pero signicativo en su todo, generando claros patrones de participación y tendencias a
medio plazo (Peña-López, 2013).
Por otra parte, los espacios de participación se reconguran y, en muchos casos,
deben estructurarse de nuevo. A las nuevas prácticas emergidas de Internet (Christensen,
2011) se suman nuevos espacios a menudo ubicados fuera del ámbito institucional o de
la política representativa (Cantijoch, 2009). Es en estas nuevas prácticas y en estos nue-
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vos espacios donde vamos a encontrar a un grueso de los ciudadanos autoexiliados de
las instituciones, pero en absoluto inhibidos de la participación política y del activismo
más comprometido.
Estos nuevos espacios o entornos (Echeverría, 1999) se tejen, en parte, gracias a
las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Éstas son capaces
de subvertir la lógica unidireccional del poder de los medios (Castells, 2009) y, con ello,
permiten lógicas geográcas distintas, híbridas entre lo físico y lo virtual, recongura-
bles (Castells, 2012).
Uno de estos nuevos espacios es, sin duda, la ciudad. Pero no una ciudad al uso,
estática, prejada, sino una ciudad como un espacio de producción (Lefebvre, 1991),
que tiene el potencial de congurarse al mismo tiempo como infraestructura y como
método (Corsín Jiménez & Estalella, 2014) y que, con ello, acaba construyendo un
nuevo espacio urbano (Martínez Roldán, 2011) que el activismo ciudadano usa para sus
nes políticos, a la vez que establece una nueva geografía de lugares.
Es en este punto en el que creemos que es legítimo hacer entrar en la ecuación a la
Economía Social y Solidaria en general y, en particular, a las cooperativas de consumo
de productos agroalimentarios.
No es casual la emergencia de un fuerte cooperativismo a la luz de la revolución
digital, un cooperativismo que, además de las funciones tradicionales del s. XIX, parece
incorporar, por un lado, nuevas herramientas de trabajo y coordinación y, por otro, una
nueva ética que resuena en muchas otras iniciativas del momento, especialmente a partir
de la segunda década del s. XXI.
Queremos considerar aquí, pues, la posibilidad de que ese cooperativismo forme
parte de ese nuevo ecosistema de lugares, de infraestructuras de activismo, que van a
añadirse al acervo del movimiento del 15M y que van a sincronizarse (Monterde, 2015)
con otros espacios como las asambleas, u otros movimientos como el feminista.
4. CONSUMO COOPERATIVO COMO ACTIVISMO
Hasta ahora hemos querido presentar dos hechos que aparecen en paralelo: el auge
del cooperativismo de autoconsumo de productos agroalimentarios, a partir de los úl-
timos años del s. XX y con especial fuerza a partir de la segunda década del s. XXI, y
la profunda crisis de legitimidad de las instituciones democráticas, con una creciente
participación en movimientos ciudadanos extrainstitucionales y extrarrepresentativos.
Nos queremos preguntar, en este momento, si además de suceder en paralelo, tie-
nen estas dos cuestiones alguna relación. Es decir, si el cooperativismo puede considerar-
se otra forma de activismo ciudadano, de manera que trascienda el ámbito estrictamente
económico de establecer nuevos circuitos, o el ámbito estrictamente doméstico al buscar
nuevos canales de consumo con productos distintos y más ajustados a los propios gustos.
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En el contexto español, y en concreto en el de Barcelona, tenemos dos casos que
pueden resultar de gran interés y utilidad para ensayar una respuesta a la pregunta ante-
rior. Por una parte, el mapa de cooperativas de consumo está bien delimitado, y vemos
claramente el crecimiento en el tiempo que apuntábamos anteriormente. Por otra parte,
el movimiento 15M o de los indignados españoles marca un hito único en la historia
reciente que puede ayudarnos a delimitar también la esfera del activismo político. Cabe
preguntarse, pues, si hay alguna relación entre el nuevo cooperativismo de consumo de
productos agroalimentarios con el 15M. ¿Participaron los cooperativistas en el 15M? Si
lo hicieron, ¿fue a título personal o de forma colectiva/institucional?
El objetivo de este artículo es doble. Por un lado, evaluamos la relación existente
entre los grupos y cooperativas de consumo con el movimiento 15M y la coincidencia
ideológica entre ambos, en tanto que movimientos autogestionados y con voluntad de
transformación social y política.
En este marco, donde la autogestión y la voluntad de transformación social y polí-
tica son pilares de ambas partes (grupos de consumo y participantes en los movimientos
sociales), nos preguntamos si podemos considerar activismo al cooperativismo agroali-
mentario, cómo podemos demostrar si existe este vínculo y si hay una relación directa
especíca entre el movimiento 15M y los grupos y cooperativas de consumo de la ciu-
dad de Barcelona, ya sea de forma individual, por parte de sus miembros, o de la orga-
nización representada de forma institucional.
Nuestra hipótesis principal es que hoy en día hay un cooperativismo que tiene un
fuerte componente de activismo, por lo cual cabría esperar una cierta participación de
dicho cooperativismo de corte activista en movimientos como el 15M. No obstante, la
literatura que ha descrito y explicado el movimiento 15M lo hace como un activismo
que sucede eminentemente fuera de las instituciones y con una importante organización
en red. A partir de ello, elaboramos una segunda hipótesis donde la participación del
cooperativismo activista sucederá de forma individual, pero no corporativa o institucio-
nal. Es decir, encontraremos solapamientos entre activistas que participan en cooperati-
vas, así como en el 15M, pero no es de esperar una gran participación de las cooperativas,
en cuanto a colectivos, en dicho movimiento.
5. METODOLOGÍA
La presente investigación se centra en el análisis de las sesenta cooperativas y grupos
de consumo agroalimentario que se han reconocido en la ciudad de Barcelona desde su
aparición en 1993. Algunas de las organizaciones han concluido su actividad actualmen-
te, pero, en el cómputo del estudio, se han contabilizado como población del mismo.
Como avanzamos en el resumen, se trata de organizaciones desinstitucionalizadas con
tres tipos de caracterización: cooperativas, asociaciones y organizaciones de carácter ale-
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gal. Precisamente, la propia idiosincrasia del movimiento, situado como alternativa al
modelo de consumo agroalimentario imperante, hace compleja la identicación de las
propias organizaciones.
Para la realización de este artículo se ha realizado un cuestionario con dos bloques
de preguntas. Por un lado, el bloque de preguntas correspondientes a la evaluación del
cumplimiento de los criterios de la Economía Social y Solidaria (ESS) y, por otro lado,
el bloque de preguntas relacionadas con el vínculo entre las organizaciones observadas y
el movimiento 15M y la relevancia de las Tecnologías de la Información y la Comuni-
cación (TIC) en su organización.
El grupo de preguntas para el análisis de la ESS ha incorporado el cuestionario
Pam a Pam2 (XES y SETEM, 2015) que se articula en la evaluación de tres ámbitos, con
quince criterios: impacto social, impacto ambiental e impacto organizativo. La evalua-
ción se realiza a través de una gradación de 0 a 5 que se otorga según el compromiso
con cada uno de los indicadores y jada por la metodología de XES y SETEM (2015).
Las preguntas relacionadas con el compromiso social y político del grupo y el uso
de las TIC3 contemplan el nivel de compromiso social y político del grupo, la correspon-
dencia ideológica con el 15M, el grado de participación a nivel individual y del grupo
como tal y el nivel de inuencia de las TIC en su funcionamiento. En el caso de que el
grupo se constituya durante o posteriormente al movimiento, el cuestionario incluye un
ítem para conocer el grado de inuencia del 15M en el compromiso social y político del
grupo y el nivel de uso de las TIC en su participación.
Además de los cuestionarios, se han realizado entrevistas semiestructuradas a todos
los grupos participantes para conocer detalles más especícos sobre el origen del grupo,
sus motivaciones y su funcionamiento.
Contactadas todas las organizaciones identicadas, entre febrero de 2015 y marzo
de 2016, se han realizado cuarenta y cuatro entrevistas semiestructuradas que incluyen
el cuestionario de la ESS, Pam a Pam, y se han obtenido treinta y siete respuestas del
cuestionario del vínculo entre los grupos y el movimiento 15M. Considerándose las
treinta y siete organizaciones que han completado ambos cuestionarios y la entrevista
semiestructurada como muestra de la presente investigación.
Para desarrollar el estudio hemos aplicado un análisis de correlación y un análisis
factorial sobre variables en estudio (Compromiso, Ideología, Tecnología, Vinculación
2 Cuestionario Pam a Pam (preguntas y criterios de evaluación) http://ict4rd.net/ict4rd/wp-con-
tent/uploads/2016/05/questionari_pam_a_pam_ess_2015.pdf (ver anexo A).
3 Cuestionario para evaluar el vínculo entre las cooperativas de consumo y el movimiento 15M
http://ict4rd.net/ict4rd/wp-content/uploads/2016/05/Vincle-del-grup-amb-el-15M.pdf (ver
anexo B).
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Grupo y Vinculación Individual) para cuanticar la relación existente entre variables
(correlación) e identicar la existencia de relación latente entre las variables en estudio
(factorial), con el objetivo de disponer de una información adicional que nos permitiese
interpretar el resultado de la clasicación de individuos (segmentación no jerárquica).
Una vez obtenidos los grupos, hemos evaluado la existencia de diferencias signicativas
entre segmentos mediante un análisis de la varianza (ANOVA).
6. RESULTADOS
Análisis de la relación entre variables (Correlación)
Aplicamos un análisis de correlaciones para evaluar la relación existente entre va-
riables:
Figura 2. Importancia de los factores cuestionario TIC-15M (Análisis Factorial)
Compromiso Ideología Tecnología Vinculación
Grupo
Vinculación
Individual
Compromiso - 0,32 0,24 0,38 0,29
Ideología 0,32 - -0,10 0,18 0,30
Tecnología 0,24 -0,10 - -0,06 -0,06
Vinculación Grupo 0,38 0,18 -0,06 - 0,39
Vinculación Individual 0,29 0,30 -0,06 0,39 -
Una vez evaluada la correlación, no identicamos ninguna combinación de varia-
bles con una relación signicativa (índice de correlación superior a 0,7).
Reducción de variables a Factores (Análisis factorial)
A la vista de la correlación existente entre variables, aplicamos un análisis factorial
de componentes principales para crear nuevas variables (factores) que son combinación
lineal de las variables originales y que están incorrelacionados entre ellos.
Una vez estimadas las funciones lineales, conservamos 3 factores para restituir la
información original de acuerdo con los criterios de restitución mínima (% variación
acumulada >70 %) y criterio de Kaiser (Valor Propio superior a 1).
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Figura 3. Importancia de los factores cuestionario TIC-15M (Análisis Factorial)
Indicadores análisis Factorial Factor 1 Factor 2 Factor 3 Factor 4 Factor 5
Desviación estándar / Valor Propio 1,39 1,07 0,91 0,80 0,67
Porcentaje de varianza 0,39 0,23 0,17 0,13 0,09
Porcentaje de varianza acumulada 0,39 0,62 0,78 0,91 1,00
Los factores quedan correlacionados con las variables originales de la siguiente manera.
Factor 1 " Compromiso, Vinculación del grupo con el 15M y Vinculación indi-
vidual con el 15M.
Factor 2 " Tecnología.
Factor 3 " Ideología.
Figura 4. Correlación entre las variables del cuestionario TIC-15M
y los factores rotados (Análisis Factorial)
Compromiso Ideología Tecnología Vinculación
Grupo
Vinculación
Individual
Factor 1 0,73 0,62 0,02 0,71 0,72
Factor 2 -0,43 0,21 -0,94 0,08 0,20
Factor 3 0,09 0,71 0,03 -0,53 -0,17
La relación con el 15M podría sintetizarse en tres factores: Compromiso/Vincula-
ción, Tecnología e Ideología.
Identificación de grupos de individuos (Análisis clúster)
Mediante el análisis clúster jerárquico buscamos «n» grupos homogéneos (para n =
1, 2, 3...), donde cada uno de los individuos tenga características lo más similares posi-
bles con el resto de individuos del grupo y sea lo más diferente posible respecto al resto
de grupos. Para ello toma como referencia la distancia euclídea existente entre cada uno
de los individuos y el resto con el objetivo de identicar el grupo al que podría asignarse
cada uno de ellos.
Aplicamos un análisis clúster jerárquico sobre las variables «Compromiso», «Tec-
nología», «Ideología», «Vinculación con el individuo» y «Vinculación con el grupo»
para tener una primera aproximación descriptiva de cómo los individuos tienden a
agruparse.
571 ACTIVISMO DESDE EL CONSUMO COOPERATIVO DE PRODUCTOS AGROALIMENTARIOS: ...
Figura 5. Dendrograma clúster sobre las variables del cuestionario TIC-15M
Compromiso Ideología Tecnología Vinculación
Grupo
Vinculación
Individual
Factor 1 0,73 0,62 0,02 0,71 0,72
Factor 2 -0,43 0,21 -0,94 0,08 0,20
Factor 3 0,09 0,71 0,03 -0,53 -0,17
Una vez estudiado el resultado del análisis clúster jerárquico escogemos la solución
en tres grupos para el clúster de k-medias debido a que:
• Tres grupos presentan una distribución de tamaños similar y con un número de
individuos lo sucientemente relevante como para extraer conclusiones.
Figura 6. Tamaño de los clústeres
Clúster 1 16
Clúster 2 6
Clúster 3 15
• Muestra resultados diferenciados respecto a las variables «Compromiso» y «Vin-
culación con el grupo» que permiten perlar hábitos de colaboración diferentes.
Figura 7. Promedio de las variables del cuestionario TIC-15M por clúster
Compromiso Ideología Tecnología Vinculación
Grupo
Vinculación
Individual
Clúster 1 6,00 7,69 8,50 1,06 6,13
Clúster 2 1,83 7,00 6,83 1,17 5,67
Clúster 3 6,73 8,07 8,27 5,20 8,27
Caracterización de los clústeres respecto a variables de Pam a Pam
(Análisis ANOVA)
Aplicamos en Análisis de la Varianza para evaluar la existencia de diferencias en el
promedio de las variables del cuestionario de Pam a Pam respecto a los diferentes valores
que puede tomar el factor Clúster (1 a 3).
572 Building a European Digital Space
Figura 8. Promedio de las variables del cuestionario
Pam a Pam por clúster y significación ANOVA
Variables cuestionario Pam a Pam Clúster 1 Clúster 2 Clúster 3 Signif. ANOVA
(p-valor)
Criterios ecológicos 7,90 8,0 8,0 0,96
Eficiencia energética 2,20 3,00 3,10 0,70
Gestión de residuos 7,6 8,00 8,1 0,21
Software libre 5,10 3,60 4,9 0,71
Equidad de género 3,00 5,00 2,8 0,07
Democracia interna 9,60 10,00 10 0,31
Profesión personal 4,10 5,30 4,3 0,61
Niveles salariales 10,00 10,00 10,00 0,07
Cooperación 5,00 4,30 5,10 0,85
Finanzas éticas 1,40 1,60 1,70 0,85
Comercio justo 7,40 7,00 7,90 0,38
Participación 7,10 4,60 5,5 0,19
Proximidad 8,4 7,7 8,3 0,27
Integración social 2,1 2,0 1,90 0,92
Transparencia 7,8 8,0 8,1 0,57
Dado que el valor P es superior a 0,05 (que es el nivel de signicación que se utiliza
habitualmente para hacer contrastes de hipótesis) hemos de aceptar la hipótesis nula del
contraste que estamos haciendo (Ho: la valoración media para los diferentes segmentos
es la misma).
7. DISCUSIÓN DEL ANÁLISIS
Las cooperativas y grupos de consumo analizados tienen un grado importante de
compromiso social y político (56 %). Esta conexión se demuestra con la alta anidad
con la ideología del movimiento 15M (78 %) y el alto grado de implicación de las per-
sonas que forman parte de los grupos (69 %). Sin embargo, se conrma que, a nivel de
grupo, el grado de implicación, en general, es bajo (27 %).
La curva de constitución de los grupos creados a partir de 1993 tiene un pico de
crecimiento relevante en el año 2011 cuando, durante el mes de mayo, se produjo el
15M. Según las respuestas recogidas durante las entrevistas realizadas, la creación de
nuevos grupos de consumo, en algunos casos, puede vincularse directamente a la in-
uencia del 15M. Este es el caso, por ejemplo, de «30 Panxes», donde el encuentro en la
plaza entre dos personas que estaban en la lista de clientes de una tienda agroecológica,
que había concluido su actividad, facilitó su creación. En otros casos, a pesar de que el
573 ACTIVISMO DESDE EL CONSUMO COOPERATIVO DE PRODUCTOS AGROALIMENTARIOS: ...
grupo fuese creado durante el 2011, no se puede vincular directamente a una acción o
encuentro sucedido en la plaza. En cualquier caso, los grupos y cooperativas de consu-
mo entrevistadas y creadas ese año reconocen al movimiento como un catalizador para
las personas que lo integran en su condición de activistas. Respecto a los grupos fun-
dados con anterioridad al 15M, el vínculo con el movimiento tiene un carácter diverso.
De todas formas, todos los grupos entrevistados, fundados pre, durante y post 15M,
vinculan su compromiso social y político con el barrio y sus causas.
La baja correlación de las principales variables (compromiso social y político, coin-
cidencia ideológica con el 15M, vinculación grupal e individual con el 15M, intensidad
de uso de las TIC), nos indica su relativa independencia y, en consecuencia, su gran valor
explicativo.
Agrupados a través del análisis factorial, hallamos tres factores que podemos consi-
derar signicativos. Un primer factor que agrupa la vinculación con el 15M (tanto colec-
tiva como individual) y el compromiso social y político; un segundo factor que remarca
la intensidad de uso de la tecnología en las cooperativas de consumo cooperativo; y un
tercer factor que recoge la coincidencia ideológica con el 15M. Llama especialmente la
atención ese primer factor, que agrupa la vinculación con el compromiso social en lugar
de con la coincidencia ideológica con el 15M, que parecería más intuitivo.
No obstante, este hallazgo que se nos antoja es más lógico con lo que hemos ex-
puesto en nuestro planteamiento teórico, así como metodológico. Lo que este factor
estaría explicando no es un «sentimiento 15M», sino el grado de activismo: uno es
activista comprometiéndose con la cooperativa, a la vez que comprometiéndose con
el movimiento 15M, mientras que la ideología (entendida como simpatía, con o sin
acción) va aparte.
El siguiente grupo de análisis –el clúster jerárquico y el clúster de k-medias– nos
ayuda a agrupar las cooperativas según su «comportamiento». Con los resultados deni-
mos tres tipos de cooperativa:
• Cooperativa tradicional (clúster 2): el grupo empatiza con el 15M, pero no parti-
cipa de forma grupal en el movimiento y sólo medianamente de forma individual,
con lo que entendemos que su objetivo no está tan politizado. Por otra parte, su
uso de las TIC es medio y sensiblemente menor que el de las otras cooperativas.
• Cooperativa moderna (clúster 1): la cooperativa ha incorporado fuertemente las
TIC, así como una simpatía con el 15M. Su compromiso social es medio, mucho
más elevado que en la precedente, y sus miembros se incorporan notablemente al
movimiento 15M, aunque casi exclusivamente de forma individual.
• Cooperativa activista (clúster 3): parecida a la anterior en incorporación de las TIC,
compromiso social (algo mayor) y simpatía con el 15M. Se diferencia de la anterior,
no obstante, en su mayor participación a nivel grupal en el 15M, probablemente
por el tirón de la elevadísima participación individual.
574 Building a European Digital Space
En resumen, la cooperativa tradicional tiene bajo compromiso social e incorpora-
ción de las TIC, así como una moderada participación individual; la moderna añade un
mayor compromiso social y uso de las TIC; y la activista suma la vinculación de grupo
y una mucho mayor vinculación individual.
El análisis de caracterización a través de la ANOVA no nos aporta ninguna dife-
rencia signicativa entre los tres tipos de cooperativa en ninguna de las 15 dimensiones
escogidas. Es decir, nos hallamos ante tres tipos de cooperativa que tienen comporta-
mientos signicativamente distintos a pesar de ser esencialmente parecidas en sus carac-
terísticas. No hay motivos para pensar que las cooperativas se hayan decantado hacia
distintos comportamientos o aproximaciones al factor 15M debido a su diseño institu-
cional, o a principios diferentes.
La diferencia entre los distintos grados de compromiso social y político, que coincide
con las diferencias entre la adopción de las TIC, nos hace sospechar que pueda haber una
relación entre ambas. Si bien no se puede armar con rotundidad, no niega la hipótesis de
un activismo de naturaleza tecnopolítica en dos tipos de cooperativa. Hagamos notar, en
este momento, que esos dos grupos suman 31 de los 37 casos estudiados, es decir, el 84 %
de la muestra. Sin llegar con ello a contrastar la hipótesis –los datos son débiles y la mues-
tra pequeña–, sí parece que la tendencia es clara: una abrumadora mayoría de cooperativas
parecen estar alineadas con la tesis de un cooperativismo como activismo tecnopolítico.
Por otro lado, algunas de las cooperativas y grupos de consumo tienen su sede en
un local con otras entidades, formando un ateneo. En estos casos, la aproximación al
15M se produce como parte del colectivo de entidades que conforman el Ateneo. Este
es el caso, por ejemplo, del grupo «El Borró», situado en el Ateneu l’Harmonia, Casal
de Sant Andreu. El compromiso social y político, con carácter local, se refuerza con la
propia esencia de la actividad económica de los grupos, que tienen en el consumo de
productos de proximidad uno de sus puntos fuertes (82 %, según el cuestionario ESS).
Un consumo vinculado a una consideración por la justicia social de todo el proceso de
elaboración y comercialización del producto (75 %, según el cuestionario ESS).
Si situamos la atención en la propia organización, también observamos lazos im-
portantes entre las cooperativas y el movimiento 15M. La autogestión, en términos de
equidad en la dedicación y la distribución de tareas a través de comisiones que carac-
terizan las cooperativas (100 %, según el cuestionario ESS), y la toma de decisiones
horizontal a través de asambleas (98 %, según el cuestionario ESS) conforman también
el funcionamiento del 15M. Teniendo en cuenta que la participación en el movimiento
social por parte de los integrantes de las cooperativas se produce a nivel individual, po-
demos establecer que la dinámica de funcionamiento se retroalimenta.
En relación al uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC)
vemos una correlación entre la importancia que tienen para el funcionamiento de la
cooperativa (82 %) y, también, para gran parte de aquellas personas que participaron
en el 15M (70 %). Este es un aspecto especialmente relevante, si consideramos que,
575 ACTIVISMO DESDE EL CONSUMO COOPERATIVO DE PRODUCTOS AGROALIMENTARIOS: ...
según un reciente informe publicado por la Mobile World Capital, «La brecha digital
de la ciudad de Barcelona» (2016), las cooperativas, como parte del tejido asociativo de
la ciudad, usan las TIC para la participación en movimientos sociales de forma estable
entre todas las edades: 23 % en la franja de 16 a 24 años, 30 % en la de 25 a 34, 26 %
en la de 35 a 44, 24 % en la de 45 a 54, 26 % en la de 55 a 64 y 21 % en la de 65 a 74.
Es decir, el uso de Internet para la participación en movimientos sociales y asociativos
implica entre el 20 % y el 30 % de la ciudadanía de todas las edades. De hecho, según
el estudio referido, este es el indicador que menos diferencia intergeneracional genera en
la valoración de la brecha digital en la ciudad.
8. CONCLUSIONES
Como hemos anticipado en el análisis de resultados, los índices de participación a
nivel de grupo son bajos y a nivel individual altos. A pesar de ello, como recogen algu-
nas de las personas de los grupos entrevistadas, el periodo del movimiento 15 M fue un
proceso de autoarmación de su condición de activistas y una fase óptima para explicar
los valores y el funcionamiento de la organización a otros vecinos y vecinas del barrio,
mejorando, en este caso, el arraigo con el entorno más próximo.
El resultado de la investigación iría en la línea de corroborar nuestra hipótesis de
que el cooperativismo tiene un fuerte componente de activismo. Esto iría en concor-
dancia con lo que exponen Cantijoch (2009), Christensen (2011), Anduiza et al. (2014)
o Peña-López et al. (2014) cuando hablan de una fuerte (incluso creciente) tendencia
a las prácticas extrarrepresentativas o extra-institucionales a la hora de tomar parte de
acciones de participación política o de activismo ciudadano.
Por otro lado, a pesar de la caracterización entre cooperativas tradicionales, moder-
nas y activistas, nos aventuramos a decir que su vinculación con el 15M debe ser, por
tanto, debida a una variable exógena a la cooperativa, dependiendo de un factor no reco-
gido, muy probablemente individual y no consustancial al cooperativismo de consumo.
De nuevo, lo que conocemos de las prácticas de las «nuevas» cooperativas (por
distinguirlas de las tradicionales de los siglos XIX y XX) vuelve a reforzar este activismo
cooperativista, fuertemente arraigado en el factor urbano (Nel·lo, 2015) y a partir del
cual se fragua una ciudad tomada no ya únicamente como espacio geográco, estricta-
mente en términos de residencia, sino como un espacio de innovación social (Blanco et
al., 2015), de creación de identidad, a la vez que instrumento (Corsín & Estalella, 2014),
o incluso de lucha (Dalmau & Miró, 2010).
El hecho de que ese activismo sea todavía tímido a nivel grupal, en cuanto a vincu-
lación directa del colectivo (la mitad de los casos), creemos que refuerza la hipótesis de
la tensión que viven hoy en día muchas instituciones de la tecnopolítica: primero, que
la pulsión por una participación extrarrepresentativa o extrainstitucional es fuerte; se-
576 Building a European Digital Space
gundo, que la persona activista tecnopolítica ve en el cooperativismo no una plataforma
para el activismo, sino un n en sí mismo. Es decir, no acude a la cooperativa –como
no acude al partido o al sindicato o a la ONG– para poder alcanzar otros nes políticos,
sino que su participación activa en el cooperativismo es en sí la acción tecnopolítica.
Por otra parte, las cooperativas y grupos de consumo forman parte de las prácti-
cas que promocionan los Circuitos Cortos de Comercialización (CCC), basados en la
desintermediación y el consumo de productos de proximidad y en que su producción y
comercialización generen el menor impacto ambiental posible; es decir, criterios que in-
cluye la Economía Social y Solidaria. Dado que las tipologías que ofrecen los CCC son
diversas: tiendas especializadas, venta en mercado, venta directa a domicilio, sistemas
de apadrinamiento…, pero no contemplan la compra colectiva, autogestionada y con
sistema de gobernanza asamblearia, podemos armar, con los resultados de esta investi-
gación, que las cooperativas y consumo agroalimentario fomentan un consumo basado
en los CCC y, al mismo tiempo, el fomento del activismo social y político.
En relación al uso de las TIC, concluimos que la tecnología es un elemento de-
terminante tanto en la función organizativa, como activista de aquellas personas que
conguran las cooperativas y grupos de consumo. Esta observación, sumada a los re-
sultados del informe de la WMC (2016), permiten determinar que hay una correlación
intergeneracional entre aquellas personas que pertenecen a una cooperativa, participan
en movimientos sociales y utilizan las TIC para ello.
Finalmente, retomando el hilo inicial de este artículo sobre la acción de las coopera-
tivas, como prácticas de «innovación social» o «prácticas sociales autogestionadas», y su
capacidad para crear alternativas económicas e inuir social y políticamente en el marco
de la transformación de la ciudad, observamos, como apunta Nel·lo en el ensayo «La
ciudad en movimiento: Crisis social y respuesta ciudadana», que determinadas zonas de
Barcelona, con más capital social de su población, en términos de variedad y capacidad
de autogestión social, generan más cooperativas y grupos de consumo agroalimentario.
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10. ANEXO
A. Tabla de preguntas utilizadas en el cuestionario para evaluar el
cumplimiento de los criterios de la Economía Social y Solidaria.
Impacto Social
1En el conjunto de vuestra actividad, ¿creéis que potenciáis la economía local y/o los circuitos de proximidad?
2Comercialización Justa: Cuando hacéis actividad económica, ¿promovéis el intercambio justo entre produc-
toras, distribuidoras y consumidoras?
3¿Informáis de forma transparente sobre la procedencia y/o el método de producción de vuestros productos
y/o servicios?
4¿Tenéis en cuenta la integración social de personas con diversidad funcional/intelectual u otros colectivos
en riesgo de exclusión social?
5Intercooperación: ¿Intentáis que vuestros/as proveedores/as y clientes/as sean
preferentemente de la economía social y solidaria?
6Redes: ¿Participáis en espacios de encuentro o articulación locales o comarcales? ¿Participáis en alguna
red, federación o coordinación a nivel nacional, internacional o sectorial?
7Gestión económica: ¿Trabajáis con alguna banca ética (depositando ahorro o pidiendo préstamos) o promo-
véis el intercambio o la moneda social?
Impacto Ambiental
8 ¿Incorporáis criterios ecológicos o de sostenibilidad en vuestra iniciativa?
9¿Tenéis algún sistema de gestión de los residuos? ¿Practicáis la minimización, el reciclaje o la reutilización?
10 ¿Tenéis en cuenta de ahorro y eficiencia en nuestro consumo energético?
580 Building a European Digital Space
Impacto Organizativo
11 En caso de que haya remuneraciones en el proyecto, ¿cuál es vuestra horquilla salarial? En caso de que no
haya trabajo remunerado, ¿valoráis el trabajo de forma equitativa?
12 ¿Tenéis en cuenta el desarrollo personal y profesional de las personas que
integran la iniciativa?
13 ¿Incorporáis la equidad de género en las actuaciones de vuestra entidad?
14 Profundización democrática y participación: En la toma de decisiones, ¿tenéis
mecanismos para garantizar la participación de todos los colectivos que configuran la entidad?
15 Cuando utilizáis software o generáis contenidos, ¿utilizáis licencias no privativas (Creative Commons) o
software libre (Open Office, Firefox ...)?
B. Cuestionario propio para establecer el vínculo del grupo de consumo
con el 15M
1. ¿A qué grupo / cooperativa de consumo perteneces?
2. En general, ¿cuál es el compromiso social y político del grupo como tal?
(escala del 0 al 10; 0 = ninguno, únicamente nos centramos en nuestra actividad
como grupo de consumo; 10 = como grupo organizamos acciones propias en torno
a causas sociales y políticas en las que nos sentimos próximas).
3. ¿Cuál crees que es la coincidencia ideológica del grupo con el 15M?
(escala del 0 al 10; 0 = el 15M no debería haber existido; 10 = aún hoy luchamos
para que el ideario del 15M sea hegemónico social y políticamente).
4. ¿Qué vinculación tuvo el grupo con el 15M?
(escala de 0 a 10; 0 = ni una; 10 = como grupo lideramos directamente diversas
acciones).
5. ¿Qué vinculación tuvieron los miembros del grupo a título individual con el 15M?
(escala de 0 a 10; 0 = ni una; 10 = a título individual miembros del grupo lideramos
directamente diversas acciones).
6. En caso de que el grupo se constituyese durante o posteriormente al 15M: ¿Qué in-
uencia ha tenido el movimiento social para que os vinculéis/ militéis / participéis
en movimientos de consumo alternativos?
(escala de 0 a 10; 0 = ni una; 10 = la participación en los grupos de consumo no
tendría sentido sin el 15M).
7. En caso de que participarais en el 15M como grupo o a título individual: ¿Qué in-
uencia han tenido las herramientas tecnológicas (mensajería instantánea, correos
electrónicos, listas de correo, etc.) en la organización de acciones?
(0 = ni una; 10 = la organización difícilmente habría sido viable sin las herramien-
tas tecnológicas).
581 ACTIVISMO DESDE EL CONSUMO COOPERATIVO DE PRODUCTOS AGROALIMENTARIOS: ...
8. ¿En el conjunto de la actividad como grupo de consumo, qué valor darías a la tec-
nología para su funcionamiento?
(0 = ni una; 10 = la organización de nuestra actividad como grupo de consumo no
sería viable sin la tecnología)
9. ¿Quieres hacer alguna aportación extra que este cuestionario no recoge?
... Las cooperativas y grupos de consumo, por un lado, y las colmenas 1 , por el otro, han tenido en los últimos años un crecimiento significativo en la ciudad de Barcelona. Ambas iniciativas tienen la voluntad de ofrecer una alternativa a los modelos de comercialización agroalimentaria dominantes (Espelt et al, 2015;Espelt et al, 2016). A pesar de ello, aún existiendo ciertas similitudes entre ambas propuestas, en lo que respecta a su visión en torno a la promoción de una agricultura local, un consumo de proximidad e incluso -en formatos muy distintos-voluntad de autogestión, existen también diferencias importantes vinculadas a sus valores. ...
... La reexpansión de las cooperativas modernas, con unas sesenta 2 organizaciones, tiene -hasta el día de hoy-tres oleadas: las 2 A pesar de la exhaustiva identificación de grupos, contabilizando cincuenta y siete (Espelt, 2017), la idiosincrasia de este tipo de organizaciones (a veces sin entidad jurídica) hace difícil nombrar un número exacto con rotundidad. iniciativas pioneras de la década de 1990; la expansión, a partir del cambio de siglo; y una tercera, coincidiendo con el movimiento 15M, el año 2011 (Vivas, 2014;Espelt et al. 2016). ...
... El papel de la tecnología en ambos modelos resulta crucial. Ya sea en la organización de la operativa de las cooperativas y grupos de consumo (Espelt et al., 2015;Espelt et al., 2016), como en el caso de las colmenas, esencia de su propia identidad. La plataforma LCQDS constituye parte del éxito de igual forma que es un altavoz clave de exportación de un modelo clonable, elemento fundamental de la iniciativa. ...
Article
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La tradición cooperativista en torno al consumo de productos agroalimentarios tiene en la ciudad de Barcelona un fuerte componente histórico. Incluso, si nos referimos a las primeras cooperativas de consumo modernas, nos percatamos de que su tarea tiene veinticinco años de permanencia (Espelt et al, 2015). Más recientemente —en julio de 2014— aparece en la ciudad otra iniciativa de consumo para facilitar la venta directa entre productores locales y comunidades de consumidores, las llamadas colmenas. Aunque los orígenes y las diferencias entre modelos son evidentes, ambos comparten algunos aspectos comunes en sus planteamientos —voluntad de autogestionarse, desintermediar con la producción y construir comunidad— que se articulan como parte de la denominada "Economía Colaborativa". Por su parte, ambas propuestas, aunque con una aproximación muy distinta, tienen en la tecnología un elemento vertebrador importante para su actividad. En este artículo analizamos los puntos de encuentro y discrepancia entre ambos actores como modelo, situando el marco de investigación en la ciudad de Barcelona, donde —en marzo de 2017— localizamos unos sesenta grupos y cooperativas de consumo (Espelt et. al, 2015) y trece colmenas, seis en funcionamiento y siete en construcción. Destacándose como factores diferenciales, aspectos económicos, técnicos, legales, referentes al tipo de gobernanza, a los valores asociados al modelo o vinculados a la relación entre personas, con productoras, con el producto final o el espacio.
... 7 Quickly designed and released digital tools that worked for real, with the purpose to proof that a 6 decision-making platforms, and/or by making arcane information publicly available and accessible to enable whistle-blowing against corruption. (Calvo et al., 2011;Castells, 2012;Holmberg, 2012). ...
... There is no continuum of participation, merely isolated initiatives where citizen voice is listened to (Peña-López, 2011a). The literature shows that the crisis of participation and representation is pushing citizens outside of institutional politics (Fuster & Subirats, 2012) and into new kinds of organizations Espelt et al., 2016) which are strong in digital and social media. (Sádaba, 2012) But, they do not seem to be able to establish a dialogue with the institutions of representative democracy in order to perform the task that is neededreform of the aforementioned institutions (Font et al., 2012). ...
... En los últimos años, el concepto se ha ampliado en diferentes direcciones. Se ha utilizado para analizar la naturaleza de los nuevos mapas y cartografías surgidas en torno al movimiento 15M (De Soto 2014), en relación con la neurociencia (Barandiaran y Aguilera 2015), la filosofía cyborg (Toret Medina y Pérez de Lama 2012) y el activismo agroecológico (Espelt et al. 2016). En otros casos, se ha empleado para comparar partidos políticos antiguos y recientes (Sánchez Duarte 2015, 2016), y para estudiar los marcos tecno-discursivos de los nuevos partidos políticos asociados con el 15M: Podemos, Ganemos, Partido X, etc. (Romanos y Sádaba 2015). ...
... In the last years, the concept has expanded in different directions. It has been used to analyse the technopolitical nature of the new maps and cartographies which emerged around the 15M movement ( De Soto 2014), and has been connected to neuroscience ( Barandiaran and Aguilera 2015), cyborg philosophy (Toret and Pérez de Lama 2012) and agro-ecologist activism ( Espelt et al. 2016). In other cases, it has been used to compare the older and new political parties ( Sánchez Duarte 2015Sánchez Duarte , 2016) and, specially, to examine the techno-discursive frames of the new political parties associated to the 15M: Podemos, Ganemos, Partido X, etc. (Toret 2015b; Romanos and Sádaba 2015). ...
Chapter
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The concept of technopolitics has been increasingly employed to interpret the contemporary uses of communication technologies by social movements and civil society organizations. This chapter tackles the historical and theoretical roots of the notion, by critically examining contributions from different disciplines, regions and strands of literature. First, the chapter outlines the use of technopolitics within technology transfer and scientific innovation, and charts its adoption in studies regarding media and the political sphere. Then, it explores its rediscovery and application at the intersection between the appropriations of Spanish activists and academics, and scrutinizes its extension to Latin America. Next, it examines five key potentialities of the concept, as well as its connections with other recent theorizations, especially derived from Anglo-Saxon scholarship. The chapter concludes by proposing further dialogue between Northern and Southern research communities, as a way to generate more nuanced understandings of everyday activist practices, action research, and socio-political change.
... La literatura muestra que la crisis de participación y representación está empujando a los ciudadanos fuera de política institucional (Fuster & Subirats, 2012) o hacia nuevos tipos de organizaciones (Peña-López, et al., 2014;Espelt et al., 2016), especialmente bien posicionados en el uso de los medios digitales y sociales (Sádaba, 2012) pero desde donde no parecen ser capaces de establecer un diálogo con las instituciones de la democracia representativa para, por ejemplo, poder llevar a cabo la necesitada reforma de las instituciones de la democracia (Font et al., 2012). ...
Article
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Las elecciones municipales de España en 2015 trajeron a mu-chas ciudades españolas lo que se ha calificado como " ayuntamientos de cambio " : ayuntamientos cuyos alcaldes y representantes en el gobierno provienen de partidos emergentes del Movimiento del 15M. Esta investiga-ción se centra en el entorno sociopolítico en el que se desarrolla este fenó-meno, concretamente en Madrid y Barcelona, las dos mayores ciudades del estado y con " ayuntamientos de cambio ". Nuestra investigación revisita la e-Participación desde los inicios del siglo XXI y, sobre todo, tras las se-cuelas del 15M, proponiendo que las recientes iniciativas de participación basadas en las TIC en los municipios podrían estar lejos de ser meras en-cuestas para los ciudadanos para ser, en cambio, la punta de lanza de una red de ciudades tejida con prácticas tecnopolíticas.
... But although participation is generally-and increasingly-agreed to be a good thing, the reality is that it still belongs to an industrial era: participation is almost exclusively institution-led and discrete, in the sense that there is not a continuum of participation but just isolated initiatives where the citizen is generally listened to (Peña-López, 2011a). The literature shows that the crisis of participation and representation is pushing citizens outside of institutional politics (Fuster & Subirats, 2012) and into new kinds of organizations ( Peña-López, et al., 2014;Espelt et al., 2016) which are strong in digital and social media (Sádaba, 2012) but where they do not seem to be able to establish a dialogue with the institutions of representative democracy in order to, for instance, perform that needed and asked for reform of the aforementioned institutions ( Font et al., 2012). ...
Conference Paper
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This article is going to analyse the phenomenon of local food movement and the differences with the value chain model, which is the prevailing one and whose philosophy inspirits public policies. Local food movement has had a big opportunity through the Net, which allows it to be spread from the local spot to the rest of the world. Through ‘L’Arbella’ analysis, a very small project developed in the Catalan Pyrenees, which has been studied for this article, we are able to understand how the new model works and which the ICT function is. The example permits to show one of the tools this movement has developed (consumption group) to create a new food sense, far from chain value model. This is grassroots demonstration allowing to develop public policies focused on the current reaching consumer habits and a new group of stakeholders.
Conference Paper
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“Consumption groups” (or “consumption cooperatives”) is one of the types of short circuits of food consumption. They are organized to create an alternative to the dominant model, the agro-food big chain. Breaking the barriers between consumers and producers, this model of organization strengthens the possibility of stimulating social and economic local development.1 In this article, we show how consumption groups take advantage of the traditional cooperative movement rooted in the XIXth century, and Information and Communication Technologies (ICT) in the context of Barcelona. We analyse how the Social and Solidary Economy (SSE) measurement indicators are achieved by agrofood consumption groups, the nature of the networks made up by consumers and producers and the relevance of ICTs to maintain the business activity. Using geolocalized data and social network analysis we highlight the significance of local economical connections among the actors involved. Even though consumption groups stimulate local business and correlate with SSE indicators, they are not represented in the design of public policies. This article wants to draw a different point of view in the promotion of alternative food futures as emerging social and economic actors, and the public policies to promote them.
Article
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The Arab Spring, the Spanish Indignados, the Occupy Wall Street movement, the #YoSoy132 movement, the protests in Istanbul's Taksim Gezi Park, the Brazilian Spring (#jan25, #arabspring, #15M, #ows, #YoSoy132, #occupyGezi, #vemprarua): in the last three years the world has witnessed the emergence of networked citizen politics. These movements are not institutions, but oftentimes mimic their nature. At the same time, they are unlike traditional citizens’ movements, but very much alike in their decentralized structure. Networked citizen politics, characterized by decentralization, swarm-like action and an intensive use of information and communication technologies have been playing an increasing role in worldwide protests and movements, often overtaking and circumventing the actions of governments, parliaments, political parties, labour unions, non-governmental organizations, mass media and all kinds of formal democratic institutions. Taking the case of Spanish Indignados, we analyse the nature of networked citizen politics as an extra-representational kind of political participation – for instance, the pervasiveness of Twitter's use in the 15M movement. We begin by characterizing users, including a description of how movements propagate from one to another. Next we explore the bonds between networked citizen movements and formal democratic institutions and how they relate to each other, especially the movements with political parties and mass media. We also examine how networked citizen politics may use tools similar to those of the so-called Politics 2.0 but with very different purposes and, accordingly, the result is of the two conflicting approaches. Our analysis shows that different movements – that is, 15M and 25S – act as a continuum for networked citizen politics that use the Internet as the support for new institutionalisms, and despite the lack of traditional organizations, people, practices and ideas are shared and used as foundations for further action. Nevertheless, there is almost no inter-institutional dialogue, with exceptions being individuals belonging to minor and left-wing parties.
Book
Winner of the 2008 Donald McGannon Award for Social and Ethical Relevance in Communications Policy Research given by the Donald McGannon Communications Research Center at Fordham University. In this enlightening book James Boyle describes what he calls the range wars of the information age-today's heated battles over intellectual property. Boyle argues that just as every informed citizen needs to know at least something about the environment or civil rights, every citizen should also understand intellectual property law. Why? Because intellectual property rights mark out the ground rules of the information society, and today's policies are unbalanced, unsupported by evidence, and often detrimental to cultural access, free speech, digital creativity, and scientific innovation. Boyle identifies as a major problem the widespread failure to understand the importance of the public domain-the realm of material that everyone is free to use and share without permission or fee. The public domain is as vital to innovation and culture as the realm of material protected by intellectual property rights, he asserts, and he calls for a movement akin to the environmental movement to preserve it. With a clear analysis of issues ranging from Jefferson's philosophy of innovation to musical sampling, synthetic biology and Internet file sharing, this timely book brings a positive new perspective to important cultural and legal debates. If we continue to enclose the "commons of the mind," Boyle argues, we will all be the poorer.