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Abstract

En la segunda mitad del siglo XX la lógica del derecho realizó un cambio de enfoque fundamental: dejó de ser una "lógica de las normas" para ser una "lógica de los juristas". Ahora ella no solamente ofrece explicaciones de la estructura del sistema normativo y/o de las proposiciones normativas; también trata de explicar el razonamiento y la argumentación jurídica. En el presente trabajo se hará un balance de los enfoques más importantes de la teoría de la argumentación y se mostrará que dichos modelos son insuficientes a la hora de explicar los diferentes usos de la argumentación en los contextos jurídicos. La hipótesis que se presentará será que dichas exigencias se podrán cumplir si se adopta el marco conceptual conocido como "lógica práctica de los sistemas cognitivos"
Prolegómenos
a una lógica
de los sistemas
cognitivos
para el
derecho
Departamento De HumaniDaDes
RESULTADOS
DE INVESTIGACIÓN
issn 2027-0291
VOLUMEN 2 No. 4
FACULTAD DE CiEnCiAs HUMAnAs, ARTE Y DisEÑO
UNIVERSIDAD DE BOGOTÁ
JORGE TADEO LOZANO
DIRECCIÓN DE INVESTIGACIÓN
UNIVERSIDAD DE BOGOTÁ
JORGE TADEO LOZANO
DIRECCIÓN DE INVESTIGACIÓN
www.utadeo.edu.co
Danny Marrero avenDaño
Douglas niño
Carlos anDrés góMez
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Prolegómenos a una lógica de los sistemas
cognitivos para el derecho*
Danny Marrero avenDaño** Douglas niño*** y Carlos anDrés góMez****
* Una primera versiónde esteartículo fue presentadaen el Segundo Congreso Nacionalde FilosofíadelUna primera versión de este artículo fue presentada en el Segundo Congreso Nacional de Filosofía del
Derecho, en la ciudad de Cartagena. La presente versión incluye algunas modicaciones sugeridas
por el profesor John Woods, producto de las discusiones en dicho congreso.
** Investigador principal. Filósofo, abogado y magíster en Derecho. Es docente asociado del Departa-Investigador principal. Filósofo, abogado y magíster en Derecho. Es docente asociado del Departa-
mento de de Humanidades de la Facultad de Ciencias Humanas, Arte y Diseño de la Universidad de
Bogotá Jorge Tadeo Lozano.
Correo electrónico: danny.marrero@utadeo.edu.co
*** Coinvestigador.Médico, magíster enFilosofía ydoctor enFilosofía. Esprofesor titulardel DepartamentoCoinvestigador. Médico, magíster en Filosofía y doctor en Filosofía. Es profesor titular del Departamento
de Humanidades de la Facultad de Ciencias Humanas, Arte y Diseño de la Universidad de Bogotá
Jorge Tadeo Lozano.
Correo electrónico: edison.nino@utadeo.edu.co
**** Coinvestigador. Abogado y candidato a magíster en Derecho Penal. Es director del Consultorio Ju-Coinvestigador. Abogado y candidato a magíster en Derecho Penal. Es director del Consultorio Ju-
rídico del Programa de Derecho de la Facultad de Relaciones Internacionales y Ciencias Jurídicas y
Políticas de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.
Correo electrónico: carlos.gomez@utadeo.edu.co
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Vol. 2 no. 4
Facultad de ciencias Humanas, arte y diseño
departamento de Humanidades
PROLEGÓMENOS A UNA LÓGICA DE LOS SISTEMAS COGNITIVOS
PARA EL DERECHO.
danny marrero aVendaño, douglas niño y carlos andrés gómez
COMITÉ INSTITUCIONAL DE INVESTIGACIÓN:
José Fernando isaza delgado - rector
diógenes campos romero - Vicerrector académico. decano Facultad de ciencias naturales
manuel garcía Valderrama - director de inVestigación
Henry Jaramillo meJía - Vicerrector administratiVo y Financiero
alberto saldarriaga roa - decano Facultad de ciencias Humanas, arte y diseño
salomón KalmanoVitz - decano Facultad de ciencias económico administratiVas
director de publicaciones (e): Jaime Melo Castiblanco
corrección de textos: Sandra Naranjo y Henry Colmenares Melgarejo
concepto gráFico y diseño de portada: Felipe Duque Rueda
diagramación: Mary Lidia Molina Bernal
Impresión digital: Xpress Estudio Gráco y Digital S.A.
Reservados todos los derechos
2009 © Fundación Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano
Impreso en Colombia
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Contenido
Resumen ...........................................................................................................................
Abstract ................................................................................................
1. Introducción: de la lógica del sistema a la lógica del razonamiento
jurídico.............................................................................................
2. Los enfoques de la argumentación jurídica............................................................
2.1. El deductivismo............................................................................................................................
2.2. La retórica................................................................................................................................
2.3. La lógica informal......................................................................La lógica informal......................................................................
2.3.1. Análisis de argumentos e inferencia probatoria.............
2.3.2. El triángulo rsa y argumentos que se fundamentan en
el testimonio de un experto............................................
2.4. La lógica del diálogo.................................................................
3. Una lógica de los sistemas cognitivos para el derecho........................................
4. A modo de conclusión............................................................................................................................................
Bibliografía..........................................................................................
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Resumen
En la segunda mitad del siglo XX la lógica del derecho realizó un cambio de
enfoque fundamental: dejó de ser una “lógica de las normas” para ser una “lógi-
ca de los juristas”. Ahora ella no solamente ofrece explicaciones de la estructura
del sistema normativo y/o de las proposiciones normativas; también trata de ex-
plicar el razonamiento y la argumentación jurídica. En el presente trabajo se hará
un balance de los enfoques más importantes de la teoría de la argumentación y se
mostrará que dichos modelos son insuficientes a la hora de explicar los diferentes
usos de la argumentación en los contextos jurídicos. La hipótesis que se presenta-
rá será que dichas exigencias se podrán cumplir si se adopta el marco conceptual
conocido como “lógica práctica de los sistemas cognitivos”.
Palabras clave: lógica jurídica, razonamiento y argumentación jurídica, lógica
pragmática de los sistemas cognitivos.
Abstract
In the second half of 20th century the logic of law adopted a new perspective:
it changed from being a “logic of law” and a “logic of norms” to being a logic
of “law-users”. Now it not only offers explanations of the structure of normative
systems and normative propositions: it accounts for legal reasoning and argumen-: it accounts for legal reasoning and argumen- it accounts for legal reasoning and argumen-
tation. In accordance with that, the objective of this paper is twofold. First, it will
defend that the most important theories of legal argumentation are insufficient to
explain the inferential and argumentative behaviour of law-users. Second, it will
justify that a theory like the “practical logic of cognitive systems” could achieve
this sort of explanations.
Key words: logic of law, legal reasoning and argumentation, pragmatic logic of
cognitive systems.
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1. Introducción: de la lógica del sistema a la lógica del
razonamiento jurídico
La lógica jurídica de la segunda mitad del siglo XX realizó un cambio de en-
foque fundamental: pasó de una “lógica del derecho” y de “las normas”, a una
“lógica de los juristas” (Bobbio & Conte, 1965). Es decir, de una lógica que
intentaba explicar la estructura del sistema jurídico (Hart, 1992; Kelsen, 1982;
Ross, 1970) y de las proposiciones normativas (Wright, 1979; Wright, 1996;
Wright, 1998), a una que intenta brindar herramientas para comprender el razo-
namiento de los usuarios del derecho.
La principal razón de este cambio fue el creciente interés de los lógicos por
ofrecer modelos útiles para comprender las prácticas jurídicas reales. La lógica
jurídica anterior, al suponer que el derecho era un sistema normativo, se limitaba
a exponer las diferentes relaciones que se presentaban entre los diversos compo-
nentes del mismo. No daba cuenta de las formas como los operadores jurídicos se
apropiaban de los elementos del sistema, para llevar a cabo las funciones propias
de sus prácticas.1
Esta nueva lógica jurídica centrada en el agente, privilegia los estudios de la
argumentación jurídica sobre los del diseño normativo.2 Por una parte, se cree
que la argumentación es el eje central de las prácticas jurídicas, y por otra, se
piensa que estudiar los argumentos ofrecidos por los usuarios de derecho permite
adentrarse en las formas de razonamiento de los mismos.3 Es por ello que estas
teorías han adoptado los modelos de la teoría general de la argumentación para
explicar este uso del lenguaje en el derecho (Feteris, 2001).4
1 El ejemplo más importante de estos trabajos se puede encontrar en Hans Kelsen (1982).
2 Este creciente interés en los procesos de razonamiento reales no es exclusivo de la lógica jurídica;
desde el punto de vista de la lógica pura ha surgido una “nueva lógica” que se preocupa por modelar el
comportamiento de los agentes lógicos reales (Gabbay & Woods, 2001). Las principales tareas de este
enfoque son, primero, la explicación de lo que el agente lógico es, y segundo, una descripción de cómo se
modela el comportamiento de dicho agente.
3 Para revisar estudios sobre las diferentes perspectivas de la argumentación jurídica ver Alexy, 1989; Atienza,
1991; Atienza, 2007; Feteris, 1999; Feteris, 2001; Marrero, 2006.
4 En cuanto a la primera idea, gran parte de las prácticas jurídicas sólo pueden entenderse por su conexión
con un uso especíco de la argumentación. Por ejemplo, si un abogado quiere que el caso que presenta en
juicio incida en la decisión judicial, debe defenderlo con argumentos. Cuando un juez toma una decisión se
le obliga a justicarla. Si se quiere introducir una nueva ley en un sistema jurídico, se espera que su ponente
brinde razones para que ella sea aceptada. El segundo argumento supone que hay una conexión, que no es
trivial, entre los argumentos ofrecidos por los usuarios del derecho y los procesos de razonamiento jurídico:
comprender uno implica la comprensión del otro y viceversa.
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El objetivo del presente trabajo será doble: primero, se sostendrá que las prin-
cipales teorías de la argumentación jurídica de la segunda mitad del siglo XX son
insuficientes a la hora de explicar el comportamiento argumentativo e inferencial
de los usuarios del derecho, y segundo, se defenderá la hipótesis de que una teo-
ría como la lógica práctica de los sistemas cognitivos (lpsC) (Gabbay & Woods,
2003; Gabbay & Woods, 2005) podría realizar esta tarea.
El orden de la exposición es el siguiente: en primer lugar, se expondrá que
las principales teorías de la argumentación jurídica (deductivismo, retórica, ló-
gica informal y lógica del diálogo) construyen modelos sobre algunos productos
del discurso jurídico (la sentencia, los alegatos de las partes o los testimonios de
expertos), y que por ello toman en cuenta la perspectiva de alguno de los opera-
dores jurídicos (el juez, el abogado, el profesor de derecho, etc.); pero que dichos
modelos no dan cuenta de la totalidad de las prácticas jurídicas; lo cual, debe-
ría ser la tarea de la nueva lógica jurídica. En segundo lugar, se mostrará que la
lpsC podría ser útil para explicar tanto las prácticas de los diferentes operadores
jurídicos, como el funcionamiento de las instituciones jurídicas como un todo.
Finalmente, se hará una enunciación de las condiciones que deberá cumplir una
lógica jurídica de los sistemas cognitivos para el derecho. Ello marcará el curso
de futuras investigaciones.
2. Los enfoques de la argumentación jurídica
Tal y como ha sido tradicionalmente entendida, la teoría de la argumentación
jurídica intenta determinar las condiciones bajo las cuales se puede afirmar que
una argumentación, emitida en este contexto discursivo, es adecuada. Son dos
los enfoques principales que han afrontado esta tarea. El primero le da más im-
portancia a las formas válidas de la argumentación. El segundo, al contexto en el
que los argumentos jurídicos surgen. En los siguientes apartados se explicarán,
brevemente, cada uno de estos modelos y los problemas que ellos presentan para
la nueva lógica del derecho.
2.1. El deductivismo
La teoría jurídica de la segunda mitad del siglo anterior vio nacer uno de los
programas metodológicos más influyentes del pensamiento jurídico contemporá-
neo: la teoría jurídica analítica. Para ella, los estudios de teoría jurídica son estu-
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dios altamente especializados en el lenguaje del derecho. Suponen que dilucidar
las propiedades estructurales del lenguaje del derecho, en sus diferentes variables
(el lenguaje de la ley, el lenguaje de los jueces, el lenguaje como expresamos una
obligación, etc.), clarifica los problemas centrales de esta disciplina (Hart, 1967;
Hart, 1992).
Una de las manifestaciones más elaboradas de este enfoque es la teoría de-
ductivista de la argumentación jurídica. Desde esta perspectiva, la clarificación
de los procesos de razonamiento y argumentación jurídica depende de la cons-
trucción adecuada de las propiedades de las estructuras lingüísticas en las que
las argumentaciones jurídicas son, o deberían, ser expresadas. El supuesto es
que cuando las condiciones metodológicas funcionan, las formas válidas de
la argumentación muestran cómo funcionan el razonamiento y la argumenta-
ción jurídica real.
Aunque son múltiples y muy prestigiosas las teorías de la argumentación que
han desarrollado este camino metodológico (Aarnio, 1987; Alexy, 1989; Atienza,
1991; Bullygin, 1991; Klug, 1990; Luhmann, 1995; MacCormick, 1978; Pecze-
nik, 1989; Wróblewski, 1971; Wróblewski, 1992), todas ellas trabajan en torno al
valor demostrativo de la argumentación judicial a través de la reestructuración de
la antigua categoría del “silogismo judicial”.5 Desde este enfoque se privilegia la
perspectiva del juez y la sentencia como modelo arquetípico de la argumentación
jurídica. En primer lugar, el juez es uno de los pocos usuarios del derecho al que
siempre se le exige coherencia en su razonamiento y argumentación (condición
sine qua non para que pueda existir el llamado “silogismo”). En segundo lugar,
se considera que una sentencia puede ser reconstruida como un argumento, en el
5 En este punto es necesario resaltar que la expresión “silogismo” no es usada en el sentido técnico de
Aristóteles. Para él éste está compuesto por tres proposiciones (dos premisas y una conclusión). Cada una
de estas proposiciones es categórica; cada una de ellas está compuesta por un cuanticador (todos, alguno,
ningún), un término sujeto, una cópula (el verbo ser) y un término que funciona como predicado. El silogismo
no tiene más de tres términos: el término mayor o clase que ocupa la posición de predicado en la conclusión;
el término menor o clase que ocupa la posición de sujeto en la conclusión y el término medio o clase que
se repite en las dos premisas pero que no se encuentra en la conclusión. Del término mayor y del término
menor las premisas del silogismo toman sus nombres: premisa mayor (proposición que contiene el término
mayor) y premisa menor (proposición que contiene el término menor). La forma estándar de un silogismo es
la siguiente:
Premisa mayor: Todo M es P
Premisa menor: Todo S es M
Conclusión: Todo S es P
P es el término mayor, S es el término menor y M es el término medio. Como se verá en la nota 10, el llamado
“silogismo judicial” no es en realidad un silogismo. Para el concepto técnico de silogismo y sus implicaciones
ver Irvine & Woods, 2003; Johnson, 2003; Woods, 2002.
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que la resolución ocupa el lugar de la conclusión y cuyas premisas se formulan
en los considerandos. Ella debe adoptar la forma de un argumento válido, en cuya
primera premisa se incluye una obligación, orden o prohibición condicional. La
segunda premisa incluye la afirmación del antecedente de la primera premisa.
Finalmente, la conclusión tiene la consecuencia deóntica que se sigue necesaria-
mente de las dos premisas anteriores.6
El problema de este enfoque es que concentrarse en el punto de vista de los
jueces, poco o nada dice de lo que constituye un razonamiento y una argumen-
tación apropiada para otros usuarios del sistema: ¿cuándo la argumentación de
un fiscal es apropiada?, ¿qué condiciones debe cumplir un legislador para que su
proyecto de ley sea considerado como aceptable?, ¿cuándo la teoría de un profe-
sor de derecho se considera una explicación adecuada de las prácticas jurídicas?,
son algunas de las preguntas que la teoría deductivista no responde.
Una situación similar se genera cuando el único objeto de estudio de la ar-
gumentación jurídica es la sentencia. Primero, se dejan de lado multiplicidad de
productos propios de las formas de razonamiento y argumentación jurídica: el
razonamiento y la argumentación propios de un concepto o una asesoría jurídica,
de una negociación, el de una medida de aseguramiento, etc. Segundo, la senten-
cia obedece a un momento procesal específico: la solución de una controversia,
después de que se ha surtido un procedimiento adecuado. ¿Qué ocurre con la ex-
plicación de los demás momentos procesales?, ¿qué sucede con los procesos de
razonamiento que no están necesariamente asociados a un procedimiento jurídi-
co?
Finalmente, cuando el único criterio para evaluar los argumentos jurídicos es
la validez, se pierden otras formas de razonamiento que hacen parte del derecho:
las abducciones usadas en una investigación criminal, las verificaciones (o induc-
ciones) en un identificación de sospechosos, la derrotabilidad de los argumentos
presentados por las partes en los alegatos de conclusión de un caso, etc.
6 Para mostrar grácamente el silogismo judicial se podría usar la propuesta de Alexy (1989: 214-215). La forma
más simple de este esquema es la siguiente:
(1) (x) (x ORx)
(2) Ta
(3) ORa (1), (2)
“x” es la variable de individuo en un dominio de personas naturales y jurídicas, “a una constante de individuo,
por ejemplo un nombre propio, “O” es un indicador deóntico de obligación, “T” un predicado tan complejo
como se quiera que representa el supuesto de hecho de la norma (1) en cuanto propiedad de personas, y “R”
un predicado, igualmente tan complejo como se quiera, que expresa lo que tiene que hacer el destinatario
de la norma.
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De las anteriores críticas se sigue que las teorías deductivistas de la argumen-
tación jurídica no brindan una explicación apropiada de las prácticas reales del
derecho (Haba, 1998). Es por ello que han surgido propuestas alternativas que
esperan superar los errores del deductivismo. Ellas se enfocan más en el contexto
en el que surgen los argumentos, que en las formas válidas de la argumentación.
El primero será la clave para comprender el razonamiento y la argumentación ju-
rídica reales. En adelante se explicarán las principales tendencias de este enfoque
contextual de la lógica jurídica.
2.2. La retórica
Una de las escuelas contextualistas más importantes en la historia del pensa-
miento jurídico es la retórica (Perelman, 1988; Perelman, 1997; Viehweg, 1964).
Ella surgió como una reacción a la aproximación deductivista de la argumenta-
ción; en especial, a la importancia que aquella le da a los aspectos formales de la
misma (Perelman, 1999). Desde el punto de vista del enfoque retórico, la finali-
dad de la argumentación es generar adhesión del receptor del argumento a la tesis
expresada (Perelman & Olbrechts-Tyteca, 1994). Por esta razón, los estudios de
la argumentación deben indagar las estrategias que utilizan los diferentes argu-
mentadores para persuadir a un determinado auditorio. De esta forma, un estudio
de este tipo no podría considerarse completo si en él no se hacen explícitas las re-
laciones que se presentan entre este uso del lenguaje, los destinatarios del mismo
y las estrategias utilizadas para persuadirlos (Tindale, 1999; Tindale, 2004).
En el campo del derecho el problema está en la forma como se persuade a los
diferentes receptores del discurso jurídico (Christie, 2000). Al desarrollar este
problema, las teorías retóricas hacen explícito que en el derecho hay una gran
diversidad de estrategias de persuasión, construidas por diferentes oradores, di-
rigidas a disímiles audiencias y con gran pluralidad de contenidos. Para reducir
esta complejidad estas teorías recurren al clásico modelo retórico que estudia las
relaciones orador-auditorio. En el primer grupo se encuentran los medios de co-
municación, los abogados y los testigos. En el segundo los jueces y/o los jurados
de conciencia (Schuetz & Snedaker, 1988). Cada uno de los discursos jurídicos,
dependiendo de la situación en concreto, adoptará una forma, un estilo y un con-
tenido. Comprender estas diferencias es lo que permitirá construir los factores
que determinan la fuerza o la debilidad persuasiva.
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Aunque esta teoría abandona la limitada perspectiva del deductivismo, ella no
puede explicar la totalidad de las prácticas jurídicas. En primer lugar, dado que
los estudios retóricos privilegian la perspectiva del orador y de las maneras como
él construye su auditorio, sus explicaciones se centran, casi exclusivamente, en
la perspectiva del litigante y de los medios de comunicación. No dan cuenta de
otras perspectivas del mundo jurídico como la del juez, el abogado asesor o el
legislador. En segundo lugar, se centran en los alegatos de las partes en juicio y
olvidan otros productos de la argumentación jurídica como la sentencia, una acu-
sación criminal o un concepto jurídico. Finalmente, ellos sólo dan cuenta de los
discursos jurídicos emitidos en juicio, pero nada dicen sobre la preparación de los
mismos, sobre las decisiones de los jueces colegiados, sobre las deliberaciones de
los jurados de conciencia u otro tipo de momentos importantes para el derecho.
2.3. La lógica informal
La segunda escuela sensible a contextos argumentativos es la llamada lógi-
ca informal. Desde esta perspectiva, son dos los problemas que tiene el deduc-
tivismo: el análisis de los argumentos y la evaluación de los mismos (Johnson
& Blair, 2002). Primero, este enfoque traduce los argumentos, que son expresa-
dos en lenguaje ordinario, a las formas canónicas (válidas) de la argumentación.
Dado que esta teoría no está preparada para lidiar con problemas de vaguedad y
ambigüedad, cuando estos fenómenos lingüísticos se presentan son removidos
sacrificando elementos importantes del argumento real. Segundo, la mayoría de
los argumentos extraídos del lenguaje ordinario son inválidos. Como el objeto de
estudio de la lógica deductiva es la validez, ella no puede dar cuenta de los argu-
mentos que se presentan en la vida cotidiana.
Tratando de superar estos problemas, los lógicos informales han brindado una
alternativa al deductivismo en los estudios de la argumentación. Son tres los gru-
pos de cuestiones que le incumben a esta escuela: la identificación, el análisis y
la evaluación de los argumentos que se presentan en el lenguaje ordinario (Eeme-
ren, Grootendorst & Snoeck, 1996). El desarrollo de cada uno de estos problemas
es muy complejo, pero para los fines expositivos del presente ensayo se mostra-
rán dos aplicaciones puntuales de ellos a la argumentación jurídica: el análisis y
la evaluación de argumentos probatorios.
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2.3.1. Análisis de argumentos e inferencia probatoria
Uno de los asuntos en el que los lógicos informales se consideran provistos
de muy buenas herramientas, es para el análisis de argumentos probatorios. La
diversidad y la cantidad de evidencias, el peso que cada una de ellas puede gene-
rar en la argumentación y la distancia que hay entre el momento en que ellas son
recolectadas y el momento en el que ellas son presentadas al juez; hacen que el
manejo de la información probatoria requiera de técnicas sofisticadas.7
Siendo sensibles a esta necesidad, los lógicos informales han propuesto algu-
nas herramientas para organizar evidencias en el desarrollo de un proceso jurídi-
co. Para ello han mezclado los mapas de evidencias construidos por John Henry
Wigmore8 con la teoría analítica de la argumentación de Stephen Toulmin.9 El
resultado ha sido una pluralidad de herramientas que permiten organizar y vi-
sualizar los argumentos probatorios propios del derecho (Hitchcock & Verheij,
2006; Reed & Norman, 2004; Reed & Rowe, 2005; Reed & Rowe, 2006; Schum,
7 Ver Anderson & Twining, 1991; Schum & Tiller, 1991; Tiller, 2006.
8 Para este pensador las masas de evidencia que deben ser usadas en juicio requieren de una organización
inteligente. Ellas deben estar estructuradas en un argumento que unique las evidencias fácticas –factu m
probans–, con los hechos a ser probados –factum probandum–. En una ver-sión simplicada de este tipo
de estructuras, P representa la última proposición a ser probada (factum probandum), T representa una
“aserción testimonial” y C representa “una circunstancia” (ambos hechos probados, evidencias o factum
probans). Cada inferencia individual es representada por una echa, de la siguiente manera (Wigmore,
1983):
C
P
T
C
T
C
C
T
T
T
T
Para los desarrollos contemporáneos de este modelo ver: Hitchcock & Verheij (2006).
2
3
1
9 Éste dependerá, en parte, de los criterios efectivos determinados por su campo de producción –derecho,
medicina, matemáticas, losofía, etc.–; pero también, en parte, de una estructura invariante de la
argumentación. En su versión básica esta estructura comprende: (1) una tesis, opinión o pretensión, que es
lo que se deende y que descansa en (2) unos hechos o datos, cuyo empleo en calidad de razones o pruebas
viene justicado por (3) una garantía o regla general que responde por la inferencia de (1) a partir de (2).
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2001; Verheij, 2005). Para ello estos pensadores utilizan el método de los diagra-
mas argumentativos. Éste pretende mostrar las diferentes relaciones que tienen
los componentes de un argumento (premisas y conclusiones) expresado en el len-
guaje ordinario. Un diagrama argumentativo está compuesto, en primer lugar, por
un conjunto de puntos focales que representan las proposiciones que componen
las premisas y las conclusiones de un argumento. En segundo lugar, por una se-
rie de flechas que representan las inferencias y que unen estos puntos focales. De
esta forma, una secuencia de puntos focales conectados por flechas representa la
estructura de una cadena argumentativa (Freeman, 1991).
Un diagrama argumentativo que representa una argumentación probatoria
conjuga dos tipos de proposiciones fácticas: las que representan los hechos que
se recolectan en las evidencias probans– y las que se infieren de ellas –proba-
dum–. El grado de complejidad de este tipo de argumentaciones depende del nú-
mero de evidencias recolectadas, del grado de convencimiento que cada una de
ellas genera en el hacedor del argumento (creencia fuerte, creencia, duda, incre-
dulidad, fuerte incredulidad), de las diferentes relaciones que guarden entre ellas
(cadenas de inferencias probatorias simples o complejas) y del efecto que ellas,
tanto individual como colectivamente, generen en el hecho final al que se quiere
llegar, probandum final.10
10 Un ejemplo típico de diagrama argumentativo, tomado de Walton (2002), es:
Hay evidencia de que hay restos de
piel del acusado en el cuerpo de la
víctima
Hay evidencia de que el acusado
abandonó la casa justo después de
que el crimen se cometiera
El médico forense asegura que los
restos de piel encontrados en el
cuerpo de la víctima pertenecen al
acusado
Fueron encontrados restos de
piel en el cuerpo de la víctima
El acusado cometió el crimen
Hay un testigo que dice que vió
al acusado abandonar la casa
justo después de que el crimen se
cometiera
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Una vez más, aunque estos trabajos brindan herramientas útiles para explicar
los procesos de articulación de evidencias, ellos no pueden ser catalogados dentro
de la nueva lógica jurídica. Abordan las prácticas jurídicas desde el punto de vis-
ta del investigador criminal, centrándose en las actividades de investigación pre-
vias al juicio y en los razonamientos probatorios relacionados con este momento.
Además, ellas no muestran los tipos de razonamiento que hacen que se pase de
una proposición a otra (abducción o inducción). Los diagramas representan la co-
nexión entre una premisa y una conclusión, pero no representan si lo que se hace
para pasar de una a otra es una verificación o una conjetura; si la conclusión final
es una tesis o una hipótesis.
2.3.2. El triángulo rsa y argumentos que se fundamentan en el
testimonio de un experto
Los lógicos informales también piensan que han construido herramientas po-
derosas para la evaluación de argumentos. Ellos pretenden reemplazar la redu-
cida percepción del deductivismo, según la cual, la única herramienta para la
evaluación de los argumentos es la validez. Lo que los lógicos informales tienen
en mente cuando se refieren a “una alternativa para la deducción”, puede ser ex-
plicado a través del denominado “triángulo rsa” (relevancia-suficiencia-acepta-
bilidad). Estas son las tres condiciones que debe cumplir un argumento sólido
(Freeman, 1988; Govier, 1999; Govier, 2005; Johnson, 2000; Johnson & Blair,
2006).
Cuando se considera la “relevancia”, la cuestión es si hay una relación tal
entre la premisa y la conclusión que la primera fortalezca (relevancia positiva)
o debilite (relevancia negativa) la conclusión de un argumento. Mientras que en
el caso de la “suficiencia” la cuestión es si las premisas proveen toda la informa-
ción requerida para la defensa de la conclusión, en el caso de la “aceptabilidad”,
se trata de si las premisas en sí mismas son creíbles en el contexto en el que se
produce el argumento.
La aplicación más importante de estas ideas a los procesos de argumentación
y razonamiento jurídico se ha dado a través de la teoría de los esquemas argumen-
tativos (Verheij, 2003; Walton, 2002). Desde el punto de vista de la argumenta-
ción general, los esquemas argumentativos son representaciones arquetípicas de
las diferentes formas en que una persona puede defender una tesis correctamente.
En estas construcciones se pretenden hacer ostensibles las relaciones que se pue-
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den presentar entre las premisas y la conclusión de un argumento, construyendo
el esquema de la inferencia en la que se fundamenta el mismo (Walton, Reed &
Macagno, 2008). De esta forma, los esquemas son una herramienta útil para ex-
plicar y evaluar algunos tipos de razonamiento y argumentación (Reed & Walton,
2001).
Por ejemplo, en el derecho, una de las formas arquetípicas de argumentación
más usadas es la del argumento que se basa en la opinión de un experto (Walton,
1997). Éste se caracteriza porque la tesis que se quiere defender se justifica en las
afirmaciones de una persona que ha adquirido un conocimiento especializado en
un campo de conocimiento determinado. La forma estándar de este argumento es
la siguiente:
Premisa 1: La fuente E es un experto en la materia M, que contiene la pro-
posición P.
Premisa 2: E asegura que la proposición P (contenida en la materia M) es
verdadera (o falsa).
Conclusión: Lo más plausible es que la proposición P sea verdadera (o fal-
sa).
Fijada esta forma, es necesario determinar si el argumento que se adecúa a
ella es una falacia o no. Con esta finalidad, los lógicos informales han construi-
do una serie de preguntas críticas (PC). A saber: (Godden & Walton, 2006: 278-
279):
1. Pregunta sobre sus calidades como experto (PC1): ¿Qué tan creíble es E
como fuente experta?
2. Pregunta sobre el área de conocimiento (PC2): ¿Es E un experto en el
área de conocimiento que contiene la proposición P?
3. Pregunta sobre la opinión/punto de vista (PC3): ¿Qué afirmó E que im-
plica P?
4. Pregunta de confiabilidad (PC4): ¿Es E personalmente confiable como
fuente?
5. Pregunta de consistencia (PC5): ¿Es P consistente con las afirmaciones
de otros expertos?
6. Pregunta sobre las evidencias de respaldo (PC6): ¿La afirmación de E se
fundamenta en evidencia?
Cada una de estas preguntas críticas evalúa algún componente del triángulo
rsa (Godden & Walton, 2007). La relevancia es evaluada a través de la PC3 (¿qué
afirmó E que implica P?). Se trata de un concepto de relevancia proposicional en
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el que se verifica el impacto que la afirmación hecha por E tiene sobre la con-
clusión que se quiere defender.15 La suficiencia es evaluada con PC1 (¿qué tan
creíble es E como fuente experta?) y PC6 (¿la afirmación de E se fundamenta en
evidencia?). Mientras con PC1 se brinda la información necesaria para defender
la calidad profesional del experto, con PC6 se hacen ostensibles las evidencias de
respaldo y la manera como E las usó en su afirmación. Finalmente, la aceptabili-
dad se evalúa con PC4 (¿es E personalmente confiable como fuente?) y PC5 (¿es
la proposición P consistente con las afirmaciones de otros expertos?). Si se puede
confiar en E y si sus afirmaciones son coherentes en el campo de conocimiento de
su competencia profesional, aumenta la credibilidad del argumento.
Aunque el rigor de este tipo de trabajos puede resultar útil para algunas acti-
vidades jurídicas, ellos no pueden ser entendidos como una teoría explicativa de
las prácticas jurídicas. Sólo se centran en algunos de los argumentos producidos
en derecho (argumentos que se fundamentan en un testimonio o en la opinión de
un experto o argumentos por precedente), construidos por algunos de sus inter-
vinientes (en especial abogados litigantes), en algunos momentos procesales (el
examen a los testigos). Por tanto, este desarrollo no cumple los cometidos de la
nueva lógica del derecho. Por otra parte, rsa no sirve para determinar el tipo de
razonamiento (deducción, abducción o inducción) que sirve para inferir la con-
clusión del argumento.
2.4. La lógica del diálogo
Este breve recuento no podría finalizar sin alguna referencia a una de las teo-
rías de la argumentación más difundidas contemporáneamente: el enfoque dialó-
gico de la argumentación jurídica (Feteris, 2000; Lodder, 2004; Prakken, 1995;
Prakken & Sartor, 1997; Verheij, 2003; Walton, 1998b; Walton, 2002). Dicho
enfoque, siguiendo los postulados de la lógica del diálogo (Krabbe, 2006), su-
pone que la argumentación jurídica debe ser entendida como un tipo especial de
diálogo argumentativo institucionalizado (Walton, 1998a). Ello implica dos co-
sas: primero, que la argumentación jurídica puede ser entendida desde el modelo
del diálogo en el que hay dos partes interesadas en resolver una disputa a través
de argumentos, y segundo, que la argumentación jurídica puede ser evaluada a
través de las reglas de una discusión crítica ideal.
11 Para el concepto de relevancia proposicional y otras concepciones de la relevancia ver: Gabbay & Woods
(2003).
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Desde esta perspectiva, la argumentación jurídica obedece a un modelo en el
que la afirmación del proponente argumentativo (el demandante en un proceso
civil/el fiscal en un proceso penal) intenta ser defendida de las reacciones críticas
de su antagonista (el demandado en un proceso civil/el acusado en un proceso pe-
nal). El juez busca determinar si dicha afirmación se justifica con los argumentos
ofrecidos o sucumbe ante las críticas. Este modelo dialógico sirve para entender
diferentes tipos de situaciones jurídicas como una negociación, una entrevista he-
cha a un testigo o a un acusado o la justificación de una sentencia en la que el juez
debe adelantarse a las objeciones de un posible casacionista o a las de un juez de
segunda instancia.
La evaluación de los argumentos gira en torno a la cuestión de si el punto de
vista ha sido defendido exitosamente de acuerdo con las reglas del diálogo al que
se enfrenta. Será un buen argumento el que contribuya al desarrollo del diálogo
y una falacia el que lo entorpezca (Eemeren & Grootendorst, 1992). Por usar un
ejemplo límite, si se presenta un interrogatorio entre un fiscal y la persona que se
cree cometió el delito, las razones que brinde el fiscal para obtener información
del supuesto sospechoso serán adecuadas si no vulneran las condiciones norma-
les del diálogo entre dos participantes que libremente participan en él para extraer
beneficio (información relevante para solucionar un caso penal y una reducción
de penas). Si el fiscal, por ejemplo, obtiene información torturando o intimidan-
do indebidamente al interrogado, habrá cometido un error en la argumentación
(Walton, 2003).
Aunque es importante resaltar que esta perspectiva rescata e intenta explicar
algunos de los componentes interactivos de las prácticas jurídicas, ella sobresti-
ma el papel del diálogo en el derecho. No todas las prácticas jurídicas se desarro-
llan en salas de audiencias, ni todas son respuesta a un punto de vista expresado
en un diálogo. Por ejemplo, esta teoría no da cuenta de las actividades realizadas
por un investigador criminal que intenta corroborar una hipótesis de investiga-
ción, ni de las actividades que realiza un juez para determinar cuál de las teorías
del caso que se le presentan es mejor o las actividades de un legislador cuando,
gracias al mercado político, necesita generar adeptos para una propuesta legisla-
tiva específica.
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3. Una lógica de los sistemas cognitivos para el derecho
Hasta este momento se ha intentado demostrar que las teorías de la argumen-
tación no responden adecuadamente a las exigencias de una lógica que intente
explicar la totalidad de actividades realizadas por los usuarios del derecho. Es-
tas son explicaciones parciales de algunos productos jurídicos (la sentencia, una
entrevista a un testigo, un alegato de conclusión, etc.), que surgen en momentos
procesales específicos (la investigación, una negociación, una casación, etc.), por
las necesidades de algunos intervinientes (el del juez, el del abogado defensor o
el del investigador criminal).
Para enmendar estos errores será necesario invertir las prioridades de la in-
vestigación. Si cada una de las prácticas jurídicas tiene diferentes criterios de re-
levancia y si éstos dependen de los roles jurídicos encargados de estas prácticas,
de los objetivos que se quieren alcanzar y del momento procesal en el que se en-
cuentran (Twining, 1984; Twining, 1997); entonces el centro de la investigación
debería estar en el agente y no en su argumentación.12
La lpsC parece brindar herramientas fecundas para poder realizar esta inver-
sión. Ella concibe a los sistemas cognitivos como una triada compuesta por un
agente cognitivo, unos recursos (tiempo, información y capacidad de procesar in-
formación) y una tarea que debe ser desarrollada en tiempo real. Así, el fin de esta
propuesta es describir las condiciones reales en las cuales un agente maneja sus
recursos para cerrar o avanzar en sus agendas cognitivas o programas de acción
(Gabbay & Woods, 2005: 10). Las principales preguntas que pretende responder
esta teoría son: ¿qué es lo que los agentes están dispuestos a hacer, o tienen en
mente hacer? (sus agendas o programas de acción), ¿qué son los agentes capaces
de hacer? (sus competencias) y ¿qué medios tienen para convertir sus competen-
cias en realizaciones? (sus recursos).
La respuesta a estas preguntas supone una clasificación de los diferentes tipos
de agentes. Para ello la lpsC ha desarrollado un método en el que se jerarquiza a
los agentes cognitivos dependiendo de sus intereses y sus capacidades. Más espe-
cíficamente, son dos los factores que determinan el lugar que ocupará el agente
estudiado: 1) el grado de control de los recursos cognitivos que tiene cada uno de
los agentes para avanzar o cerrar su programa de acción, y 2) la dificultad de las
tareas cognitivas que él selecciona (Gabbay & Woods, 2005: 10).
12 Una inversión similar es planteada en Woods (2007c).
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La aplicación de estos factores permite construir un espacio de jerarquización
en el que en el nivel más bajo se encuentran los agentes prácticos y en el nivel
más alto los agentes teóricos. Los primeros tienen que desarrollar sus agendas
con rapidez, por ello tienen menor capacidad para controlar sus recursos. Los
agente teóricos, por su parte, pueden esperar mucho más para encontrar, concate-
nar y procesar información. De esta forma se podría explicar por qué institucio-
nes como la nasa pueden ser más eficaces, pero menos eficientes que un indivi-
duo particular.13
Un tercer elemento importante que la lpsC brinda es el concepto de relevancia
dependiente de las agendas o los programas de acción (Gabbay & Woods, 2003).
De manera breve, un conjunto de información es relevante para un determinado
agente si, cuando él procesa esta información, se genera un efecto tal que el agen-
te puede cerrar o avanzar en su agenda.
Esta breve descripción es útil para avanzar la hipótesis de que con la lpsC, la
nueva lógica del derecho podría cumplir sus tareas. En este modelo cada acción
jurídica debe ser entendida como una acción que cumple un papel para la agen-
da, o subagenda, de un agente. Los participantes en el mundo jurídico serán en-
tendidos como agentes cognitivos con un plan de acción a realizar. Dicha agenda
es impuesta por un rol jurídico específico (fiscal, investigador criminal, víctima,
juez, etc.) y debe ser desarrollada a través de los recursos propios del derecho (in-
formación fáctica recaudada en las evidencias, información legal extraída de las
diferentes fuentes del derecho, tiempos procesales y capacidad de procesar esta
información).
Una investigación como ésta permitirá jerarquizar el tipo de agentes que in-
tervienen en el derecho. Por ejemplo, un fiscal individualmente considerado, la
13 Una forma de gracar este método de jerarquización podría ser el siguiente:
NIVEL SUPERIOR
Agentes teóricos
Espacio de jerarquía
Agentes prácticos
NIVEL INFERIOR
Es necesario resaltar que dentro de las categorías de agentes prácticos y agentes teóricos también hay
distinciones. Por ejemplo, con relación a los primeros, son diferentes los intereses y el grado de control de
recursos de una persona que está tratando de determinar, cuando ya se le hizo tarde, cuál es el medio de
transporte público que lo puede llevar más rápido a su trabajo; de los de un lógico que intenta construir una
nueva teoría (Gabbay & Woods, 2003: 14).
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fiscalía general de la nación de un país o un organismo como el Centro de Estu-
dios Jurídicos de Justicia de las Américas (Ceja).14 Mientras el primero tiene una
agenda determinada por la acusación de un supuesto delito y por la defensa de
la misma, más allá de la duda razonable; la segunda debe luchar contra la cri-
minalidad a través de un programa de política criminal y el tercero espera dar
un nuevo impulso a la modernización de los sistemas de justicia en el continen-
te. El fiscal, individualmente considerado, tiene menos poder de acción, si se le
compara con lo que podría hacer la fiscalía general de un país o un organismo
internacional.
Con la lpsC también podrían construirse criterios de relevancia para cada una
de las prácticas jurídicas (Woods, 2007b). Por ejemplo, en los procesos penales
la evidencia cumple un importante papel como herramienta usada por sus partici-
pantes -investigadores criminales, fiscales, víctimas, jueces, jurados de concien-
cia, etc.- para tomar decisiones relacionadas con sus intervenciones procesales.
Por mencionar los ejemplos más obvios: la decisión de abrir una investigación
criminal, de capturar a alguien, de interrogar, de realizar una identificación de
sospechosos, de confesar, de aceptar cargos, de acusar, de condenar y de apelar.
El problema está en cómo entender los usos y el procesamiento de la evidencia
en actividades tan disímiles. La respuesta preliminar podría ser que cada pieza de
evidencia que se procesa en una contienda penal obedece a diferentes agendas y
subagendas. Ellas están determinadas por los roles procesales que los diferentes
agentes deben adoptar en el desarrollo de un proceso. Es por ello que una propo-
sición fáctica que puede ser relevante para realizar un arresto, podría perder toda
su importancia en una apelación o la narración de un testigo que resulta útil para
iniciar una investigación criminal. Pierde también toda su importancia en un pre-
acuerdo entre el supuesto criminal y la fiscalía.
Finalmente, este modelo también puede ser útil para clarificar los tipos de ra-
zonamiento que constituyen las prácticas jurídicas. Por ejemplo, cuando un agen-
te cierra o avanza su agenda a través de la verificación, el proceso de razonamien-
to que fundamenta sus actividades es la inducción. Por otra parte, cuando él cierra
su agenda con la conjetura, la suya será una agenda abductiva (Niño, 2007).15
14 Institución de la Organización de los Estados Americanos (OEA) encargada de comprender y mejorar la
reforma a la justicia en el continente, página Web:http://www.cejamericas.org/
15 En este punto es necesario resaltar que John Woods considera que todas las actividades adelantadas en
un juicio penal son abductivas (Woods, 2007a; Woods, 2007b; Woods, 2008), pero esta posición no deja de
ser problemática. Cuando un scal o un defensor presentan sus teorías del caso ante un juez o jurado de
conciencia, el primero no está realizando conjeturas (abducción), su agenda le exige que realice vericaciones
de su teoría del caso (inducción).
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4. A modo de conclusión
En este texto se ha tratado de mostrar los principales errores de las teorías de la
argumentación jurídica más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Ellas,
al construir sus explicaciones, adoptan un rol jurídico específico (el legislador,
para las lógicas de las normas; el juez, para las lógicas del silogismo judicial; los
litigantes, para las teorías retóricas; el investigador criminal, para las teorías de la
lógica informal y los intercambios de comunicación, para las lógicas del diálogo)
y aplican las propiedades de esta perspectiva a las otras que constituyen el mundo
jurídico. Esta transferencia inapropiada de propiedades hace que las teorías de la
argumentación jurídica expliquen inadecuadamente el mundo jurídico.
Para enmendar este error, la nueva lógica jurídica debería cumplir unas con-
diciones que le permitan adecuarse a la totalidad de las prácticas jurídicas. Estas
condiciones de adecuación (CA) son:
CA1. La teoría debería explicar la totalidad de los agentes que, en la práctica
real, intervienen el mundo jurídico: la perspectiva del juez, del fiscal, del asesor
jurídico, del investigador criminal, del profesor de derecho, etc.
CA2. Debería brindar categorías de análisis para comprender cada una de las
actividades que los roles jurídicos deben desempeñar.
CA3. Si se requiere, debería generar criterios de corrección para cada una de
las actividades jurídicas, desde cada uno de los roles que los generan.
Nuestra hipótesis es que con la lpsC es posible responder a estos requerimien-
tos, pero ello será demostrado con futuras investigaciones.
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don.
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Thesis
Full-text available
Summary: This study is divided in three parts. In the first one, the evolution of Peirce’s concept of Abduction is studied in parallel with the development of his notion of Induction. The result of this analysis can be summarized this way: Peircean abduction has three essential traits: It is the inference to an antecedent (in the Medieval sense of this expression), its first premiss testifies the ignorance condition from which it arises (genuine – epistemic – doubt), and its conclusion preserves the condition of ignorance of its origin. As a counterpart, Peircean Induction is the inference to a consequence (again, in the Medieval sense), its second premiss must be predesignated, and its conclusion discharges the condition of ignorance produced by abduction. These three features of both Abduction and Induction are contrasted with the Peircean scholarship on these matters. In the second part of the work, the validity, justification, and logical form of abduction is studied. Besides, its relation with other Peircean concepts (e.g. pragmatism), and the relation between abduction and induction is carried further. In the third part, Peircean abduction is contrasted with its contemporary variations in the fields of Philosophy of Science, Logic, and Artificial Intelligence. Resumen: El trabajo está dividido en tres partes. En la primera se estudia la evolución del concepto de abducción en Peirce en paralelo con el desarrollo de su noción de inducción. Este análisis arroja como resultado que la abducción peirceana presenta tres rasgos característicos: es la inferencia a un antecedente (en el sentido medieval de esa expresión), su primera premisa atestigua la condición de ignorancia que la origina (duda –epistémica- genuina) y su conclusión preserva la condición de ignorancia a partir de la cual surge. Como contrapunto, la inducción peirceana se concibe como la inferencia a una consecuencia (nuevamente, en el sentido medieval), su segunda premisa tiene que estar predesignada y su conclusión descarga la condición de ignorancia derivada de la abducción. Estos tres rasgos de la abducción y la inducción son contrastados con la forma en que la tradición de estudiosos peirceanos ha abordado estas dos formas de inferencia. En la segunda parte se analiza la abducción en relación con otros conceptos de la filosofía peirceana, tales como el pragmatismo, y se hace un balance de las condiciones de validez, justificación y forma lógica de la abducción, y se profundiza en las relaciones entre abducción e inducción. En la tercera parte se contrasta la noción de abducción de Peirce con las variaciones a las que ha dado lugar en la recepción que ha tenido en ámbitos como la Filosofía de la Ciencia, la Lógica contemporánea y la Inteligencia Artificial.
Book
The Dilemma of Legal Reasoning: Moral Evaluation or Description of the Law?.- Rationality of Moral Judgments.- Rationality of Legal Reasoning.- The Ultimate Justification of Moral and Legal Reasoning.- What is Valid Law?.- The Doctrine of the Sources of the Law.- The Methods of Legal Reasoning.
Article
How do human beings know? And how can human beings make sure that they know the truth? These are old questions. However, their their shape has changed, or so some people think. Until very recently - roughly until the middle of the twentieth century - many observers believed that the question of the foundations of human knowledge is an unanswerable philosophical riddle. Today, however, there are signs of a shift in attitude toward epistemological issues. A diverse group of theorists views the riddle of human knowledge as a practical problem that admits of answers. These epistemological optimists would reject the wry suggestion that "cognitive science" is an oxymoron; they believe that a science of the mind is possible. Indeed, some of these optimists are hyperoptimists. In recent years "neural networks" have become one of the "hottest" topics in the field of computer logic and artificial intelligence. Some students of cognitive science believe that "neurocomputational" logic may allow them to model and mimic the operations of the brain, and not just understand them. We share the view that real progress in understanding human knowledge is now possible. In one respect, however, we part ways with the more enthusiastic advocates of artificial intelligence, neural networks, computational models of the mind, and the like. We believe that imagination plays an essential role in all human knowledge and we believe that no model of the mind, no matter how esoteric or subtle, can duplicate, much less replace, the imaginative activities of the human mind. Despite our skepticism about machine-minds, however, we think it is important to use logic to map the operations of the mind. Logic portrays human thought in an orderly way. Logical pictures of possible ways of thinking can facilitate orderly and imaginative reasoning about facts. Fact investigation in litigation is hard to do well. One of the causes of investigative failure is conceptual failure; effective investigation requires good thinking. This Article describes describes a device for ordering thought during preliminary fact investigation: a network of twelve systems for marshalling evidence. Although this network is not a machine that somehow churns out good investigative decisions all by itself, it is a useful tool for the analysis of investigative problems. The network of evidence marshalling strategies described in this Article facilitates good thinking about problems of evidence in the early stages of fact investigation in litigation. In Part I of the Article we provide a bird's eye view of our theory. We identify twelve separate systems or strategies for marshalling evidence; we provide a brief description of each these methods of marshalling evidence; and we suggest how these various marshalling strategies can influence each other. A diagram depicts the entire theory as a network of linked marshalling operations. In Part II we describe several marshalling strategies in more detail. In particular, we discuss how factual hypotheses are constructed, refined, and also "coarsened." We pay close attention to the impact of evidentiary trifles and details on the formation of factual hypotheses and conjectures. Evidentiary details support and suggest various possibilities, and a detail combined with one or more other details may suggest and support yet further possibilities. Since different combinations of details suggest and support different possibilities, arranging and combining evidentiary trifles in various ways can be a useful heuristic exercise. However, even a small number of details can be combined in many different ways. Shuffling details in a random fashion to see what they suggest is inefficient. We describe several systematic procedures for combining details and for flushing out the possibilities that different combinations of details might suggest or support. In Part II we also discuss strategies for eliminating hypotheses and possibilities, but strategies for generating factual hypotheses and conjectures remain our primary concern. Although shuffling combinations of details is a useful strategy for generating hypotheses, it is not always sufficient. Imagination and conjecture play an essential role in effective fact investigation. While almost of our methods for flushing possibilities out of details and combinations of details require the use of imagination, not all of these strategies involve fancy or conjecture. For example, we describe a strategy of marshalling evidence by "possibilities." This strategy involves imaginative reasoning but not conjecture because marshalling by possibilities supposes that every possibility must be directly supported by evidence. However, it is often useful - and it may be essential - to entertain possibilities and hypotheses that go beyond, or "outrun," the available evidence. Hence, some of the "abductive" marshalling strategies we describe generate hypotheses that are not directly supported by evidence. For example, we discuss of the role of "stories" in hypothesis formation. Stories, or "scenarios," combine elements of fact and fancy. The Article concludes with some general observations about the nature of our theory. We argue that our network of evidence marshalling systems, though complex, is "user friendly," at least in principle. The intellectual processes and operations we describe do not have a "transcendental" character or origin, but are "natural" to ordinary thinking human beings. It is true that the workings of our network of marshalling systems can be very intricate: the twelve marshalling systems we describe can interact in complex ways and users of our network may be forced to pay attention to several marshalling operations simultaneously. However, the obstacles to the use of our marshalling systems are no greater than those presently faced by real-world investigators, who must already mentally walk and chew gum at the same time. The purpose of our theory is to facilitate the management of already complex tasks. Our final observations concern the computer-generated diagrams and devices we use to depict the network of evidence marshalling operations. We argue that our computer-generated visual representations serve a theoretical purpose as well as a practical one. These representations are metaphors. The fact that they are user-friendly - the fact that they make complex strategies for organizing evidence more understandable and intelligible - is some evidence of the validity of our theory. Our theory is a map of the mind. If it is a good map, it should make our thinking more clear.
Article
This paper explores the logical dynamics of investigation. The discussion emphasizes the irreversibility of investigative action and inaction.
Chapter
Legal argumentation can be modeled using logic, but in this chapter it is claimed that logic alone does not suffice. A model should also take the rhetoric nature of legal argumentation into account. DiaLaw is such a model: a formal, procedural model in which the logical and rhetorical aspects of argumentation are combined. The core of this chapter consists of a description of the basic concepts of DiaLaw and an extensive account of why rhetorical, non-logical elements of legal argumentation are essential.
Norma y acción: una investigación lógica. Madrid, Tecnos. ——— .1996, «Is there a logic of norms?». En: Acta Philosophica Fennica. N o 60
  • G V Wright
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Acts of Arguing: A rhetorical model of argument. SUNY series in logic and language State University of New York Press
  • C Tindale
TinDale, C. 1999. Acts of Arguing: A rhetorical model of argument. SUNY series in logic and language State University of New York Press, Albany, N.Y. ---. 2004. 2004. Rhetorical Argumentation: Principles of theory and practice. Sage Publications, Thousand Oaks, Calif. -Universidad J orge Tadeo Lozano • Dirección de I nvestigació n