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El fenómeno de la domesticación animal en los albores del siglo XXI.

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136 Valadez R. El fenómeno de la domesticación animal en los albores del siglo XXI
AMMVEPE 2009; 20(6): 136-148 AMMVEPE Vol. 20, No. 6 Noviembre-Diciembre 2009
pp 136-148
ARTÍCULO DE REVISIÓN
* Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.
Sobretiros: Raúl Valadez
Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, Circuito Exterior, CU. Del.: Coyoacán, 04510,
México, D.F.
El fenómeno de la
domesticación animal en los albores del siglo XXI
The phenomenon of animal domestication in the twenty-first cetury
Raúl Valadez*
RESUMEN
Generalmente considerado como un fenómeno realizado por el esfuerzo del hom-
bre, la domesticación animal se ve ahora bajo una nueva perspectiva, gracias a
estudios que indican cómo este proceso se derivó de la paulatina adaptación de
ciertas especies animales al ámbito humano gracias a una tendencia a la disminu-
ción de los flujos de adrenalina. Este progresivo aumento en el nivel de tolerancia,
que lleva a esquemas de interacción hombre-animal equivalentes al que se da con
la fauna doméstica, podemos verlo en la actualidad en zonas como la ciudad de
México, en donde la urbanización desmedida actúa como agente selectivo sobre la
fauna local, haciendo que diversas especies de aves y mamíferos sobrevivan, se
hagan más abundantes y simultáneamente más adaptados a la presencia humana
a través de un proceso evolutivo en el cual la selección natural lleva a que los
individuos más tolerantes se vean beneficiados frente a la casi ausencia de depre-
dadores y competencia, junto con la mayor cantidad de alimento y espacio disponi-
ble. Estas nuevas evidencias permiten ahora dividir al fenómeno de domesticación
animal en dos fases: una natural, larga e imperceptible para el hombre, en la cual
el motor impulsor es la adaptación a través de la selección natural y que lleva hasta
la protodomesticación y posteriormente una fase más corta, de carácter antropogé-
nico, e impulsada por la selección artificial, durante la cual se concluye el proceso.
Palabras clave: Domesticación animal, origen del perro, animales urbanos.
ABSTRACT
Generally considered as a phenomenon made by the work of man, animal domes-
tication is now in a new light, thanks to studies that show how this process resulted
from the gradual adaptation of certain animal species to the human realm thanks to
a trend of declining flows of adrenaline. This progressive increase in the level of
tolerance, which leads to patterns of human-animal interaction equivalent to that
given to domestic fauna we see today in places like Mexico City, where uncontrolled
urbanization acts as a selective agent on local wildlife, causing many species of birds
and mammals to survive, they simultaneously become more abundant and more
adapted to human presence through a gradual process in which natural selection
leads to individuals benefit from being more tolerant against the near absence of
predators and competition, along with more food and space available. This new
evidence can now divide the phenomenon of animal domestication in two phases:
a natural, long and imperceptible to humans, in which the drive motor is adaptation
through natural selection and leads to a phase and subsequently protodomesti-
cación shorter, anthropogenic, and driven by artificial selection, during which the
process concludes.
Key words: Animal domestication, the dogs origin, urban animals.
INTRODUCCIÓN
Para el humano en general el mundo de
los animales se divide en dos: aquellos
con los que comparte su entorno y los
que permanecen al margen de éste. Res-
pecto del primer grupo, a su vez podemos
dividirlo en especies con las que tenemos
una historia en común y aquellas que son,
digamos así, recién llegadas.
Quienes piensen que la idea mostra-
da es básicamente primitiva, diríamos
hasta chocante si la comparamos con
los conceptos de taxonomía y la filoge-
nia del reino animal, en realidad tienen
razón, mas sin embargo, no podemos
negar que para el individuo promedio,
aquel que no llevó estudios formales de
biología o veterinaria, el universo de los
animales sencillamente tiene como ele-
mento divisorio práctico la cercanía que
pueden tener con nosotros. Incluso en
la época actual, con la incesante des-
trucción de los ambientes naturales y la
rapidez con que crecen las manchas ur-
banas, es cada vez más difícil tener con-
tacto con organismos que no formen
parte de nuestro entorno.
Frente a esta cruda realidad adquiere
un especial valor el conocimiento que
podemos tener de los animales domésti-
cos, pues conforme pasan los años es más
claro que nos vamos encerrando en una
especie de burbuja de contaminación y
alteración ambiental y que pocas son las
especies que soportan ese patrón, aun-
que eso sí, ese grupo selecto de fauna
sigue y sigue compartiendo nuestro des-
tino como agitando un cartel que dice jun-
tos hasta el final.
Saber desde cuando aparecieron los
primeros animales domésticos es algo rela-
tivamente sencillo, pues las evidencias ar-
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queológicas y paleontológicas son claras
y nos permiten ubicar sobre los 15,000 años
antes del presente el momento en que pudo
haberse formado el primer organismo do-
méstico: el perro, sin embargo, ha sido mu-
cho más difícil para la ciencia entender
cómo se dio el proceso, sobre todo si invo-
lucró a animales como el lobo, el uro, el
jabalí o el caballo salvaje, organismos que
difícilmente habrían aceptado el control
humano por más inteligencia que se haya
empleado en el momento. De esta forma,
conocer la historia de la fauna doméstica y
el proceso que les llevó a ese estado es
aprender más de nosotros mismos y
un poco de esos compañeros que son
proveedores nuestros en tantos aspectos,
desde alimento hasta apoyo terapéutico,
que no por nada hay personas que prefie-
ren compartir su tiempo con uno de estos
animales que con otros miembros de nues-
tra propia especie.
OBJETIVOS
Como punto central del presente artículo
se presentarán las ideas más recientes
acerca de cómo se dio el proceso de do-
mesticación, que evidencias tenemos al
respecto y como se aplicarían esos con-
ceptos al caso particular del lobo.
LA CONCEPCIÓN
ANTROPOCÉNTRICA DEL ANIMAL
DOMÉSTICO
Los animales domésticos anteceden a la
agricultura, a la metalurgia, a la cerámica,
a la civilización, y si ponemos en orden de
aparición a los descubrimientos funda-
mentales (descubrimientos, no cambios
evolutivos) en la historia de los homíni-
dos, tendríamos: 1) modificación de obje-
tos (como rocas) para convertirlos en he-
rramientas, 2) uso del fuego, 3) uso de
pieles para protegerse del frío y ¡los ani-
males domésticos!
Bajo estas condiciones es explicable
por qué dentro de la memoria histórica de
nuestra especie la fauna doméstica apa-
rece tan ligada a nuestra vida como nues-
tro propio pelo, aunque ciertamente no era
difícil ver que muchos de estos animales
tenían alguna relación con ciertas formas
silvestres. En ,
Darwin indica que en ese momento mu-
chos científicos consideraban que los
animales domésticos habían sido un deri-
vado de formas salvajes seleccionadas
específicamente por el hombre por su re-
sistencia, su flexibilidad o los beneficios
que aportaban, y al inicio del siglo XX
personajes como Gordon Childe soste-
nían la tesis de que habían surgido de
animales silvestres que se alimentaban de
los primitivos campos de cultivo. Poste-
riormente fueron propuestos esquemas
más finos que explicaban la forma en que
este proceso se había realizado, sobre
todo del papel que las crías de las formas
silvestres habían tenido en este proceso
(Figura 1).
Fuera de una forma u otra, lo cierto es
que hasta hace tan sólo una década, cual-
quier involucrado en el tema necesaria-
mente llegaba a la conclusión de que un
animal doméstico había sido el producto
de la iniciativa humana sobre formas sil-
vestres. Dentro del desarrollo de los mo-
delos se crearon niveles que indicaban el
grado de manipulación de los animales
(Figura 2) e incluso el propio concepto
de animal doméstico animal que cubre
su ciclo de vida completo dentro del ám-
bito humano, rápidamente era configu-
rado en nuestras mentes para ubicarnos
como los responsables de todo el proce-
so y sus productos.
LA CONCEPCIÓN BIOLÓGICA DEL
ANIMAL DOMÉSTICO
Por más que vivamos la certeza de que
nuestras habilidades mentales nos per-
Figura 1. Modelo general de domesticación de animales, basado en el pensamiento antropocéntrico de que
el hombre había participado activamente en todo el proceso.
Figura 2. Fases principales del proceso de domesticación, según pensamiento tradicional (1).
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miten manipular cualquier objeto de nues-
tro planeta, ciertamente es fácil dudar de
si realmente fue posible que el hombre
primitivo convirtiera en doméstico al ani-
mal que quisiera por más complicado que
fuera.
Tomando como referente a las antiguas
ideas de Gordon Childe respecto de que
los campos de cultivo atraían a los anima-
les silvestres (con la salvedad de que aho-
ra sabemos que las plantas domésticas
aparecieron después que sus equivalen-
tes faunísticos), podemos partir de una idea
lógica y que involucra más bien aspectos
biológicos. El punto de partida serían los
espacios que el hombre altera, por ejemplo
áreas de destazamiento, basureros, etc. que
eran atractivos para ciertos animales, los
cuales aprovechaban los beneficios sin
que al hombre le afectara en ningún senti-
do. Este esquema de interacción entre es-
pecies recibe el nombre de comensalis-
mo y sería el impulsor primario de una
relación que involucraba, más que nada, el
acostumbramiento mutuo a la presencia del
otro y la persistente presencia del animal
involucrado dentro del territorio humano.
A este paso, trascendental dentro del ori-
gen de la domesticación animal le denomi-
né habituamiento.
Este esquema de habituamiento podría
perdurar por largo tiempo, hasta que el
hombre tomara conciencia de los benefi-
cios que podían obtenerse, lo cual daba
lugar a su interés en tomar ejemplares vi-
vos, principalmente crías, para mantener-
las cautivas y así aumentar el grado de
interacción hasta que llegaba el momento
en que los animales permanecían al inte-
rior del territorio humano todo el tiempo,
incluso durante la fase reproductiva, mo-
mento en el cual se estaría ya hablando
de un animal doméstico (Figura 3).
Por último, debemos tomar conciencia
de que la base que impulsa la interacción
son los beneficios que se obtienen, pri-
mero por parte del animal involucrado,
después por parte de ambos; esto lleva a
que de la inicial relación de comensalismo
se pase a una de simbiosis, la cual final-
mente, es la que determina que el proceso
de domesticación concluya y se sosten-
ga la nueva forma doméstica con el apo-
yo humano.
LIMITACIONES DE LOS MODELOS
La opción de ver el origen de la domesti-
cación con los elementos biológicos in-
dicados tiene la virtud de no cargarle todo
el peso, de un proceso ciertamente com-
plicado, a esos pobres hombres primiti-
vos para los cuales la sobrevivencia dia-
ria implicaba básicamente conseguir
alimento y no terminar en las fauces de un
lobo o un leopardo; aún así hay aspectos
que se dejan a la idea de que si finalmente
existen los animales domésticos fue por-
que el ser humano tomó en sus manos el
proceso y lo llevó a un final feliz y eso es
darle mucho espacio a la fantasía.
Pero veamos con más detalle esto y
empecemos por la parte humana. Hablar
del momento en que aparecieron los pri-
meros animales domésticos es remontar-
nos a unos 15 e incluso hasta unos 20,000
años antes del presente, cuando el hom-
bre se encontraba en lo que tradicional-
mente llamamos periodo paleolítico, es
decir, cuando todos los humanos del pla-
neta estaban organizados en bandas de
cazadores recolectores que deambulaban
de un lugar a otro en búsqueda de alimen-
to, agua y refugio. No obstante si quere-
mos remontarnos al momento en que al-
gunos animales empezaron a habituarse a
la presencia del hombre y a realizar con-
ductas peculiares que involucraban in-
troducirse a los territorios humanos de-
beremos remontarnos más aún, incluso
hasta 100,000 años antes del presente para
el caso del perro, lo cual nos exige reco-
nocer que incluso el proceso de domesti-
cación pudo haber empezado antes aún
de que apareciera en el pla-
neta, de modo que ¿podemos estar segu-
ros de que ya desde
u se tenía todo el
acervo mental necesario para conducir un
proceso como éste?
Para esos tiempos la sobrevivencia era
asunto de todos los días, la búsqueda de
alimento y estar al tanto de los peligros
consumía todas las habilidades de cada
individuo, la competencia era muy fuerte,
no existía más conocimiento que el que se
pasaba de un individuo a otro y consis-
tía, en el mejor de los casos, en como ela-
borar instrumentos, como encontrar ali-
mento, como elaborar fuego y como
reconocer los detalles que indicaban la
cercanía de peligros.
Bajo estas condiciones ¿qué razones
tenemos para creer que en algún momen-
Figura 3. Modelo de domesticación involucrando el habituamiento.
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to habría un ser humano que estaría en
posibilidades de observar animales de for-
ma tal que concluiría que algunos de ellos
podrían ser integrados a la vida humana
con grandes beneficios? Cuando habla-
mos de cada uno de los pasos que lleva-
ron a la domesticación estamos haciendo
referencia a miles de años y en esa época
difícilmente existiría un hombre que reba-
sara los 25 años de vida. No existía comu-
nicación escrita y nadie estaría en posibi-
lidades de realizar una acción que jamás
se había dado (domesticar a un animal),
con miras al futuro (pues este concepto
les era por completo desconocido) y, más
aún, que incluso si hubiera existido esa
mente brillante tendría que haber tomado
conciencia de que su esfuerzo nunca le
daría beneficio alguno, pues una sola ge-
neración de captura de animales de nada
habrían servido, por lo que, en el mejor de
los casos, tendría que haber comprometi-
do a sus descendientes y compañeros de
grupo a que trabajaran y se esforzaran
junto con él en esta aventura aunque na-
die entendiera en lo más mínimo sus ideas
y objetivos, pero, después de todo ¡qué
importaba una mordida de lobo, una cor-
nada de un uro o una embestida de un
jabalí a cambio de iniciar un proceso que
en el futuro le llamarían domesticación y
que sería la base de las economías de las
poblaciones humanas!
Por el lado faunístico hay también as-
pectos importantes que ubicar. Ciertamen-
te no todos los animales podrían entrar al
esquema de habituamiento, pues para ello
se necesitaría disponer de la habilidad
para vivir cerca de los grupos humanos
sin alterarse demasiado con su presencia,
lo que indica que los animales domésti-
cos actuales no son los que el hombre
quiso domesticar, sino los que podían
entrar en el proceso.
Si para la fase de habituamiento debe-
mos tener en cuenta los aspectos indica-
dos, esto no es nada si pensamos en lo
que se refiere a la cautividad. De acuerdo
con las figuras 1 a 3, este paso es crucial e
involucraría principalmente a crías a las
cuales se les mantendría vivas como ali-
mento guardado para días malos, pero que
a la larga lo que ocurriría sería que se in-
crementaría el contacto entre hombres y
animales hasta que estos últimos estarían
en la posibilidad de reproducirse dentro
del territorio humano.
Pero nuevamente enfrentamos proble-
mas respecto de nuestra percepción del
tiempo y época. Seguimos en el mismo
periodo mencionado anteriormente con
todas las circunstancias indicadas. Den-
tro de ese esquema, en el cual el alimento
difícilmente sobraba, ¿qué razón podrían
haber tenido esas personas para decidir-
se a mantener vivas a las crías? Si real-
mente hubiera existido un momento de ali-
mento en exceso, ¿se darían con suficiente
frecuencia para convertir este evento en
un hábito? ¿Cuántos días podrían mante-
nerse vivas a crías hasta que faltara ali-
mento y se les utilizara? Dentro del es-
quema presentado es indispensable
suponer que lobeznos, potrillos, terneras
y pípilos vivían dentro del campamento
humano hasta llegar casi a la edad adulta
¿sobraría alimento durante tanto tiempo
de forma tal que fuera posible no solo dejar
vivos a esos animales cautivos, sino ade-
más alimentarlos y cuidarlos?
Según el modelo, los individuos que
estuvieron cautivos finalmente regresaron
al ambiente silvestre para reproducirse y
de esta forma heredaron su conducta a sus
descendientes, por lo que este proceso de
captura de crías, mantenimiento en los es-
pacios humanos, crecimiento y posterior
reingreso a la naturaleza habría tenido que
repetirse por decenas o cientos de genera-
ciones para derivar en algo que les aproxi-
mara al concepto de animal doméstico.
Está de sobra insistir en la dificultad que
implicaría para esos hombres invertir tanto
esfuerzo en mantener vivas a crías por pe-
riodos tan largos, y lo que es peor, para
que a fin de cuentas terminaran escapando
¿inteligencia fluctuante que en un momen-
to permite concebir la genial idea de cuidar
animales y después no es suficiente ni para
conservarlos cautivos? ¿En qué tipo de
paraíso deberían haber vivido estas perso-
nas para mantener tenazmente, por no de-
cir, neciamente, esa conducta hasta que lle-
gara el momento en que alguien levantara
los brazos en actitud de triunfo gritando al
mismo tiempo, ¡se reprodujo el lobo a un
lado de la cueva, al fin creamos al primer
animal doméstico!
ANIMALES NO-DOMÉSTICOS
DENTRO DEL ÁMBITO HUMANO
Una vez realizada esta labor de destruc-
ción masiva de todos los esquemas tradi-
cionales sobre domesticación animal, in-
cluidos los que alguna vez tuve la
oportunidad de elaborar, veamos que ele-
mentos podemos utilizar para construir
propuestas alternativas.
Por extraño que parezca, para crear una
idea que se ajuste lo mejor posible a la
realidad del pasado deberemos empezar:
¡por las ciudades actuales! Sabemos que
uno de los grandes conflictos con el cre-
cimiento de las manchas urbanas es la
pérdida progresiva de los espacios natu-
rales aledaños a éstas. Frente a esto la
fauna silvestre sólo tiene dos caminos:
retirarse junto con la vegetación o adap-
tarse a la vida dentro de las ciudades.
Ciertamente son pocas las especies que
pueden vivir rodeadas de concreto, auto-
móviles, personas, gatos, perros y aire
contaminado, pues para ello es indispen-
sable que posean una enorme habilidad
para adaptarse, pero las que lo logran pre-
sentan conductas interesantes. Veamos
algunos ejemplos, en México existe la tór-
tolita común ( ) (Figura
4), la cual habita prácticamente todo el país
y generalmente se le encuentra en altos
números dentro de las ciudades. La ve-
mos en las banquetas, calles, jardines,
azoteas, en fin, en todo espacio disponi-
ble; se alimenta de basura, semillas, in-
sectos, se le encuentra solitaria o en gru-
pos y anida en árboles o en huecos
disponibles en techos o paredes. Su adap-
tación a la presencia humana es tal que
puede uno caminar a su lado y no se in-
muta a menos que uno se aproxime a me-
nos de un metro de distancia. Como son
frecuentes las ocasiones en que busca
alimento en las calles es normal que uno
pase en el automóvil a un lado sin que le
preocupe y al parecer pueden llegar a dar-
se las ocasiones en que si se encuentra a
media calle y se aproxima de frente un
coche prefiere quedarse quieta y esperar
a que éste pase, en vez de levantar el vue-
lo y arriesgarse a recibir un golpe.
Hay otras especies de aves con este
esquema de conducta, por ejemplo tene-
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Figura 4. Ejemplos
de fauna urbana no do-
méstica con los más
altos niveles de toleran-
cia a las condiciones
creadas por el hombre.
Los pichones de la es-
pecie
(A) se mueven a sus
anchas en las calles y
áreas verdes, permi-
tiendo la cercanía de la
gente y autos en mar-
cha hasta distancias de
menos de un metro; por
otro lado, las diversas
especies de ardillas del
género (B)
pueden vivir sin proble-
mas siempre que dis-
pongan de espacios
para anidar, llegando a
manifestar enorme osa-
día cuando se acostum-
bran a que la gente les
proporcione alimento,
como en el caso de esta
ardilla, la cual puede incluso subirse a una persona para obligarla a bajar la bolsa donde se encuentra la comida.
Estos esquemas de alta adaptación a la perturbación humana fueron el elemento clave que permitió a diversas
especies animales interactuar con el hombre, dando así origen a la fauna doméstica.
A
B
mos para la ciudad de México el zanate
(), la pájara vieja (
), el gorrión inglés (
) y también algunos mamíferos,
por ejemplo, las ardillas (género ).
Respecto de estas últimas, la conducta
humana de proveerles de alimento (sobre
todo cacahuates), acompañada de áreas
Figura 5. Gráficas que representan la forma como los diversos animales adaptados al ambiente urbano aumentan progresivamente su tolerancia a la presencia
humana, automóviles y demás elementos citadinos. Este proceso, a nivel población, es seleccionado positivamente, pues la vida en la ciudad, por más complicada que
sea, les ofrece un ambiente casi libre de depredadores, de competencia y con mucho alimento y espacio disponible (para más información ver texto).
verdes con suficientes árboles o espacios
rocosos donde puedan construir sus ma-
drigueras les permite vivir sin problemas
dentro de los espacios urbanos e incluso
llegan a perder cualquier esbozo de temor
y convertirse en exigentes demandantes
de comida por todo aquel que transite a
su lado con una bolsa en la cual, según
ella, se encuentra el codiciado alimento.
Cualquiera que conozca un poco acer-
ca de ecología y evolución podrá concluir
que la presencia de estos animales en las
ciudades es el resultado de su adaptación
a un medio que aunque no sea el natural
les es soportable, y más importante aún,
que a cambio de su tolerancia reciben una
serie de beneficios insospechados; es cier-
to que algunos individuos quizá mueran
en las garras de un gato, golpeados por
personas ignorantes o atropellados por
un coche, pero esas muertes no son gran
cosa si consideramos que el resto vivirá
lo suficiente para reproducirse en un am-
biente donde casi no existe competencia,
depredadores y además hay alimento y
espacio de sobra. Bajo estas condicio-
nes es claro que al paso de los años los
individuos más tolerantes, incluso diría-
mos más indiferentes a todo, serán los más
beneficiados, e incluso es de esperar que
en algún momento se atrevan a penetrar
apaciblemente a las casas demandando
cobijo y alimento (Figura 5) justo como lo
hacen, por ejemplo los gatos.
En las gráficas de la figura 5 tenemos
una imagen de cómo se moverían las po-
blaciones de estas especies de acuerdo
con los comentarios dados. En un primer
momento (Figura 5A) tenemos a la pobla-
ción que vive en una zona que acaba de
ser urbanizada y cuyos individuos mues-
tran todo un rango de niveles adaptati-
vos, desde los que son incapaces de tole-
rar la presencia humana (o sus derivados)
hasta los que se adaptan a esto de forma
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por demás sorprendente, quedando la
media, la mayor cantidad, en un nivel que
denominaríamos regular. Al paso de los
años, los que no pueden soportar el
ambiente urbano mueren o se retiran y
quedan los que tienen cierto nivel de to-
lerancia, compitiendo entre ellos por el es-
pacio, alimento, etc. Como producto de
esto deja de haber individuos intoleran-
tes y la mayor parte queda cargado hacia
esquemas como de alta tolerancia.
Dado que son pocas las especies que
pueden soportar la mancha urbana casi
no hay competencia o depredación y por
tanto el esfuerzo por sobrevivir se dirige
hacia la búsqueda de alimento y lugares
para hacer sus nidos o madrigueras, acti-
vidades en los que ganan ¡los más adap-
tables!, es decir, los que no temen llegar a
las ventanas de las casas, caminar entre
las banquetas, hacer su nido en una rama
que está a un metro de un puente, y si la
conducta les es benéfica, es decir, si real-
mente los individuos más adaptables se
reproducen en mayor cantidad, entonces
poco a poco habrá más individuos con
este patrón. Ciertamente habrá algunos
cuyo comportamiento les lleve a morir bajo
un coche o en las uñas de un gato, pero si
son más los beneficiados, este esquema
de vida se reforzará a nivel población, lle-
vando en poco tiempo a que la mayor par-
te de los individuos presenten patrones
de muy alta tolerancia (Figura 5C). ¿Has-
ta dónde termina esto? Basta considerar
casos como el gato doméstico y su posi-
ble proceso de domesticación para vi-
sualizar hasta dónde se puede llegar.
Es claro que estos animales no existen
dentro del territorio humano por deseo
nuestro, aunque fácilmente podríamos
concluir que se encuentran muy ubicados
dentro de la fase de habituamiento; su
adaptación a la presencia humana es tal
que incluso existen momentos en que
aceptan el contacto por parte de la gente
y sin embargo nadie podría decir que se
trata de animales en fase de cautividad.
Ciertamente casos como los presentados
nos permiten ver un proceso, la urbaniza-
ción, que ha llevado a diversas especies a
adaptarse a la vida junto al hombre pero
sin que nosotros hayamos hecho nada
más que alterar los ambientes naturales,
es decir, un esquema equivalente al que
quizá se dio hace más de 20,000 años, cuan-
do las perturbaciones que hacía el hom-
bre primitivo en las zonas aledañas a sus
campamentos fueron objeto de interés por
ciertas especies por los beneficios que
recibían.
ADRENALINA Y ADAPTACIÓN
AL ÁMBITO HUMANO
Repetidas veces se ha indicado que uno
de los puntos claves para esta adaptación
de la fauna al ambiente urbano es su tole-
rancia. ¿Qué significa esto?
Si queremos llegar al origen a nivel in-
dividuo, de la flexibilidad en la conducta
para adaptarse a un ambiente como el ur-
bano, el elemento clave es la adrenalina.
Esta hormona, la cual se produce en las
glándulas suprarrenales, es el resultado
de una serie de secreciones endocrinas
cuyo elemento inicial son los estímulos
externos que al ser procesados en el cere-
bro y considerados como señales de peli-
gro desencadenan un flujo de hormonas
que terminan en la rápida acción del ani-
mal para responder al peligro (Figura 6).
Convirtiendo este concepto en las ob-
servaciones relacionadas con la Figura 5,
la conclusión obligada es que los niveles
de tolerancia son sencillamente los nive-
les de adrenalina que los organismos se-
cretan en respuesta al estrés. Los anima-
les con menos tolerancia son aquellos que
producen una cantidad de adrenalina ma-
yor de lo usual y los más tranquilos son
los que producen menos adrenalina.
LA SELECCIÓN NATURAL DENTRO
DEL PROCESO DE ADAPTACIÓN
El esquema presentado en la Figura 5A,
en el cual vemos a una población de ani-
males como un conjunto de individuos en
el cual el elemento a considerar (cantidad
de adrenalina) varía un poco de un orga-
nismo a otro, es la condición normal y pre-
cisamente esa variabilidad tiene el papel
de permitir que la población tenga la posi-
bilidad de adaptarse, de cambiar su es-
quema (como se presenta en la Figura 5)
como respuesta a las condiciones ambien-
tales. El proceso que lleva a que los indi-
viduos con menores flujos de adrenalina
(por tanto con mayor tolerancia) tengan
más posibilidad de sobrevivir y reprodu-
cirse, para así dejar en la generación si-
guiente sus caracteres y derive en que
poco a poco sea mayor la cantidad de ani-
males tolerantes, es un proceso de selec-
ción natural (Figura 7) que deriva en un
evento evolutivo cuyo resultado es la for-
mación de organismos con un patrón con-
ductual muy diferente del original. Diver-
sos autores han comprobado, en estudios
experimentales, que a largo plazo los
cambios en los flujos endocrinos relacio-
nados con la adrenalina también tienen
impacto en otras partes del cuerpo, lle-
vando a modificaciones morfológicas y fi-
siológicas que se van acentuando con-
forme el proceso avanza, derivando
Figura 6. Ciclo de formación y efecto de la adre-
nalina. El mayor o menor estrés de un animal frente
a un agente externo y el nivel de respuesta depende
por completo de la cantidad de adrenalina que se
segrega.
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finalmente en la aparición de organismos
distintos, tal y como ocurrió con el paso
del lobo al perro (Figura 8).
Figura 7. Proceso evolutivo relacionado con la secreción de adrenalina en animales que realizan parte o toda
su vida en ambientes controlados y perturbados por el hombre. La variabilidad poblacional en los niveles de
secreción de adrenalina es un carácter que va cambiando hacia el patrón menos secreción a través de un
proceso de selección natural el cual involucra las diversas ventajas que ofrece el territorio humano a los
animales que habitan en él.
Figura 8. Esquema general de un estudio hecho en Siberia hace más de tres décadas en el cual se trató de
crear zorras amigables y dóciles, a fin de facilitar su manejo en programas de crianza para la producción de
pieles. El proceso de selección de los individuos más tolerantes derivó también en la formación de animales
con características morfológicas y reproductivas distintas.
Experimento con
zorras rojas en Siberia
Poblaciónes cautivas de zorras rojas
(Vulpes vulpes)
Selección y reproducción continua de individuos
más dóciles durante 20 generaciones
Zorras "amigables" y Dos ciclos reproductivos al año
despreocupadas Orejas caídas
Cola menos poblada
Colores blanco y negro
Sistema endocrino
(glándula pineal, hipotálamo, pituitaria y
tiroides funcionando por debajo del promedio)
No obstante que dentro del proceso
adaptativo podemos llegar a productos
realmente sorprendentes, es decir, orga-
nismos cuyas características son muy di-
ferentes del ancestro, no podemos con-
cluir que se trate de eventos que lleven a
la formación de nuevas especies, a la es-
peciación, pues en realidad no existen
modificaciones genotípicas suficiente-
mente grandes para que se abra una dis-
tancia genética tal que constituya una
barrera entre formas silvestres y urbani-
zadas. De hecho, todos los animales do-
mésticos actuales son simplemente razas,
en el mejor de los casos subespecies, de
la especie silvestre, quizá por el poco tiem-
po trascurrido, pero más probablemente
porque nunca existieron barreras (físicas,
etológicas, fisiológicas y genéticas) que
en un momento determinado favorecieran
la especiación alopátrica. El caso más ilus-
trativo al respecto es el perro, el cual, a
pesar de los 100,000 años transcurridos
desde que las poblaciones ancestrales de
lobos se separaron del tronco principal,
está demostrado que y
comparten el 99.8% del acer-
vo genético y que la cruza entre ambos es
perfectamente viable y produce descen-
dencia fértil.
MODELO DE DOMESTICACIÓN
Con todos los aspectos presentados aho-
ra estamos en posibilidad de proponer un
modelo más acertado respecto de la forma
como se dio la domesticación animal. Cier-
tamente la distancia que hemos tomado
con respecto de los esquemas tradiciona-
les es grande, pues en vez de movernos
en el sentido de que se trató de un proce-
so impulsado por el hombre lo que se ofre-
ce es un proceso evolutivo impulsado por
la selección natural.
En la Figura 9 tenemos las diferentes
fases que comprenderían el proceso. El
punto inicial sería un ambiente (Figura 9.1)
en el cual tenemos a varias especies, cada
una de las cuales posee un territorio don-
de se distribuye su población (áreas som-
breadas). Una cierta especie (A) compar-
te su espacio con otras que son
competidoras (F) y depredadoras (E); den-
tro de su territorio los individuos tienen
áreas de crianza (C), las madrigueras (D),
y, muy importante, posee la peculiaridad
de que parte de su población (B) vive den-
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Figura 9. Fases del proceso de domesticación de una especie animal a través de un proceso gradual de adaptación a la interacción con el hombre. Durante la mayor
parte del proceso la dinámica proviene de los beneficios que obtienen los organismos tolerantes a la actividad humana (1, 2), conducta que es heredada a sus
descendientes, haciendo que con el tiempo se hagan más abundantes y extiendan su presencia en el territorio humano (3) hasta ser capaces de cubrir todo su ciclo de
vida dentro de éste (4). Posteriormente el ser humano aprovecha la condición existente para controlar a la población adaptada al hombre (5) y posteriormente seleccionar
los caracteres que le son más benéficos (6) (para más información ver texto).
Áreas
A. Territorio de una especie que posee la particu-
laridad de que algunos individuos toleran la pre-
sencia del hombre.
B. Territorio que ocupan los individuos que son
tolerantes a la presencia humana.
C. Espacio de crianza.
D. Madrigueras.
E. Territorio de especie depredadora que no tolera
el impacto humano.
F. Territorio de especie competidora que no pue-
de ocupar espacios alterados por el hombre.
G. Territorio humano.
H. Campamento humano.
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tro del territorio humano (G), cuyo centro
es el campamento (H). Esta interacción
con el espacio controlado por el hombre
no incluye la presencia de madrigueras,
quizá ni siquiera permanecer mucho tiem-
po dentro de éste, pero aún así le distin-
gue de las otras especies, las cuales no
poseen la capacidad para vivir dentro de
este territorio.
Debido a que los individuos que pue-
den tolerar el impacto causado por el hom-
bre están a salvo de competencia o de-
predación cuando se internan en el
territorio humano, su conducta es selec-
cionada positivamente y eso hace que
aumente tanto el número de individuos
como el espacio que ocupan (Figura 9.2,
área B), aunque aún no existe la posibili-
dad de que estos animales puedan hacer
sus madrigueras o reproducirse tan cerca
de las personas. Esta fase sería equiva-
lente a la denominada habituación, pues
tenemos a animales que pueden tolerar la
presencia de la gente, pero sólo eso.
Si las condiciones ambientales no va-
rían, la conducta de tolerancia de los in-
dividuos de la especie A continuaría
siendo seleccionada y eso permitiría que
en un momento dado prácticamente ocu-
pen todo el territorio humano (Figura 9.3,
área B). Incluso su nivel de adaptación
les permitiría hacer sus madrigueras en
este espacio, aunque la reproducción y
crianza se realizarían en áreas protegidas
contra el acceso de nuestros congéne-
res. Este esquema, en el cual podríamos
tener animales viviendo todo el tiempo
dentro del área controlada por los hom-
bres, excepto en los momentos de repro-
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ducción, sería el equivalente a la fase de
cautividad, con la salvedad de que la
gente no tiene idea de lo que está ocu-
rriendo.
Antes de seguir adelante vale reforzar
el principio de que todo el proceso que se
ha llevado a cabo es el producto de un
balance entre beneficios y daños recibi-
dos a nivel individuo, pero que se refleja a
nivel población. Sin duda al aumentar el
número de organismos dentro del territo-
rio humano algunos son cazados, pero los
que permanecen a salvo viven en mejores
condiciones por la menor competencia y
depredación, permitiendo que su taza
de sobrevivencia supere a la de los que se
mantienen lejos del hombre, llevando a que
tengan más posibilidad de reproducirse y
así la población se vaya desplazando ha-
cia el esquema de más tolerancia.
Conforme se hace más fuerte la adap-
tación hacia la presencia de humana y los
beneficios se impulsa la posibilidad de que
tanto madrigueras como espacios de re-
producción y crianza se hagan dentro de
su territorio hasta que esto se convierte
en una realidad (Figura 9D), lo cual lleva
a que la población se divida en dos: una
constituida por animales que toleran
la presencia de la gente y otra cuyos in-
tegrantes no la soportan. Esta fase, en la
cual los organismos tolerantes hacen toda
su vida en el espacio controlado por el
hombre, pero sin que aún éste tome un
papel activo, es llamado por algunos in-
vestigadores protodomesticación.
Finalmente el ser humano cobra con-
ciencia de que existen organismos altamen-
te tolerantes a su presencia y es entonces
cuando decide aprovechar este esquema
en su beneficio. La labor principal sería
controlar los movimientos de los animales,
lo que llevaría a que se les separara de las
poblaciones silvestres (Figura 9.5) y de esta
forma se hagan más fuertes las diferencias
conductuales, lo que llevaría al inicio de la
diferenciación morfológica. Este esquema
sería lo que correspondería a la fase de
domesticación como tal.
Por último, está el momento a partir del
cual la gente tiene control completo
sobre los organismos y su descendencia,
que es lo que llevaría a la fase de zootec-
nia (Figura 9.6). En este momento ya tie-
ne el hombre toda la posibilidad de dirigir
las características de la forma doméstica
hacia donde lo desee, a través de la selec-
ción artificial.
Un aspecto que vale destacar es que
los esquemas presentados en la figura 9
son por demás estáticos, pero la realidad
es que todo se estaría dando en un am-
biente muy dinámico, sobre todo, en nin-
gún momento se está apoyando la idea de
que esos territorios, sobre todo el del
hombre, implican un espacio físico fijo,
como si habláramos de grupos humanos
que viven de forma sedentaria. En reali-
dad todo habría ocurrido en una época en
que las bandas se movían un tiempo, ha-
cían campamentos donde encontraban
abundancia de alimento y después conti-
nuaban su camino, interactuando varios
grupos de cazadores-recolectores y po-
blaciones animales. Durante este perio-
do de contacto, los individuos tolerantes
manifestaban sus esquemas de compor-
tamiento y obtenían beneficios por ello,
reproduciendo el esquema cada vez que
se tropezaban con el hombre; por ejem-
plo, imaginemos una población de guajo-
lotes silvestres con individuos tolerantes
al ser humano y cuya conducta, acercar-
se al campamento humano, se hace pre-
sente por la posibilidad de obtener alimen-
to; este patrón se mantenía mientras los
cazadores-recolectores se mantenían en
la zona y posteriormente, cuando la ban-
da se retiraba, estos animales peculiares
regresaban al esquema normal, repitién-
dose el proceso cuando llegaba un nuevo
grupo de hombres.
Conforme estos esquemas de toleran-
cia manifestaban su beneficio y eran he-
redados se impulsaban otros patrones, por
ejemplo seguir a los grupos humanos para
disfrutar el máximo tiempo posible los be-
neficios, justo como ocurre con las aves
garrapateras que se mueven junto con los
grandes herbívoros africanos o las rémo-
ras que se adhieren a los tiburones. Otro
sencillo ejemplo que nos ilustra esta idea
es la forma como los perros vagabundos
pueden seguir por largo tiempo a una per-
sona o grupo no porque haya vivido en
una casa alguna vez, no porque quiera
integrarse, no porque le interesen las ca-
ricias o las palabras agradables, sino por-
que sabe que grupo humano equivale a
alimento, a basura, y por tanto no perderá
la oportunidad de seguir pacientemente y
a distancia a estas personas a la espera
de que en algún momento saquen la comi-
da y dejen las sobras a su disposición una
vez que se hayan retirado.
DOMESTICACIÓN COMO EVENTO
NATURAL Y COMO EVENTO
ANTROPOGÉNICO
En algunas ocasiones es posible escuchar
o leer acerca de figuras muy antiguas de
cerámica en las que se muestra a mujeres
amamantando a crías de borregos y eso
es tomado como evidencia de que la do-
mesticación tuvo como inicio la captura y
manejo de crías. Ciertamente es una evi-
dencia digna de tomarse en cuenta y, por
otro lado, tratando de ser lo más justo
posible con los modelos antiguos sobre
la domesticación, vale pensar si este tipo
de evidencias tienen algo que aportar a
las ideas recientes.
Regresemos a la figura 9 y pongámo-
nos en el lugar de una de estas personas.
Durante las fases que abarcan las figura 9
(1, 2 y 3) sencillamente está uno haciendo
su vida y aunque puede ser que algunos
animales den a notar su presencia más que
otros, en realidad no hay nada que indi-
que que dentro de ese universo faunísti-
co se está llevando a cabo un proceso
adaptativo derivado de tus actividades.
Cuando estamos en el momento corres-
pondiente a la figura 9.4, con fauna que
hace su vida completa a tu alrededor e
incluso llegas a verlos en actividades de
cortejo o que deambulan con sus crías lo
bastante cerca para que puedas verlos u
oírlos, es cuando empiezas a tener con-
ciencia de que en las proximidades hay
animales silvestres, normales (según tu
apreciación) pero cuya conducta favore-
ce el contacto y que quizá eso puedas
aprovecharlo. Obviamente los cazas con
frecuencia, pero en esas condiciones pue-
des incluso atreverte a limitar los movi-
mientos de algunos animales para utilizar-
los de forma paulatina, pues son
altamente tolerantes a tus movimientos, a
tu cercanía y, para sorpresa tuya, los es-
fuerzos tienen su recompensa, pues efec-
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tivamente logras obtener beneficios con
un esfuerzo relativo, por ejemplo, que
acepten permanecer dentro de espacios
sobre los que tienes control en tanto no
les falte alimento, por ejemplo pastos.
Respecto de la manipulación de crías con-
sidero que sería la última en darse, des-
pués de que ya se dio un primer momento
de selección artificial dentro del cual se
favorece la permanencia y reproducción
de individuos más dóciles aún, los cuales
incluso aceptan que el hombre se apropie
de los individuos jóvenes, actividad que
marcaría el inicio del trabajo zootécnico.
Posiblemente se piense que se está
siendo contradictorio en este discurso,
pues se retoma la idea tradicional de
domesticación bajo la iniciativa humana
cuando en las primeras páginas todo el
esfuerzo se centró en rechazar estas pro-
puestas, pero recordemos que estamos
hablando de un nivel muy avanzado den-
tro del proceso de domesticación, un mo-
mento en que los animales ya están en la
fase de protodomesticación y que su
nivel de adaptación al hombre les ubica
en un esquema muy diferente al de los
organismos silvestres normales, solo que
el hombre nunca se percató de este pro-
ceso. Haciendo la comparación con la fau-
na urbana actual sería como el momento
en que uno puede hacer que una ardilla
se siente sobre nuestras piernas mientras
come un cacahuate y mientras lo hace uno
piensa que dóciles son las ardillas, pero
ese individuo ya tiene una larga historia
adaptativa y su docilidad no tiene nada
que ver con el esquema normal de la espe-
cie, solo que no tomamos conciencia de
ello. Conclusión, la domesticación animal
tiene su parte biológica y un cierre donde
interviene el hombre, pero nuestra igno-
rancia acerca de la primera parte nos llevó
durante mucho tiempo a creer que dicho
cierre comprendía todo el proceso.
MODELO DE
DOMESTICACIÓN Y REGISTRO
ARQUEOZOOLÓGICO
Este desfasamiento entre percepción hu-
mana y realidad biológica puede ser tan
extremo que hasta los mismos restos ar-
queozoológicos de ciertas especies de
animales, supuestamente silvestres, aso-
ciada a contextos humanos, pueden ser
en realidad organismos en nivel de proto-
domesticación. Pensemos en una situa-
ción como la que comprende la Figura 9.4,
en la cual sin duda habría una buena can-
tidad de organismos cazados que ya es-
tán adaptados al ámbito humano y cuyos
restos presentes en el contexto arqueoló-
gico manifiestan que las características
físicas de estos animales protodomésti-
cos son iguales a las de las formas silves-
tres, al menos nada perceptible a nivel
óseo (justo como ocurre con las especies
adaptadas a las zonas urbanas pero que
físicamente son idénticas a las normales)
y por ello la conclusión es que el hombre
tiene su grupo de especies preferidas para
la caza a las que puede aprovechar con
más facilidad ¡Cuántas veces hemos es-
cuchado estos comentarios, pero que
poco hemos recapacitado acerca de que
estas supuestas especies preferidas
eran las más involucradas con las activi-
dades humanas gracias al proceso de
adaptación vivido! Un caso prehispáni-
co es la enorme abundancia del venado
cola blanca ( ) en
los contextos arqueológicos, situación
que durante mucho tiempo se explicó bajo
la idea de que estas personas se esforza-
ban en cazar animales grandes, en aque-
llos que serían los equivalentes al gana-
do doméstico, pero ahora sabemos que
esa abundancia es el resultado de que este
venado tiene una alta capacidad para vi-
vir en ambientes alterados, sobre todo los
campos agrícolas, y que esa habilidad le
permitiría vivir en grandes números en
espacios controlados por el hombre, lo
cual a su vez les convirtió en un recurso
de fácil acceso.
Siguiendo nuestra reflexión, pasemos
ahora a la figura 9.5, cuando el hombre se
interesa por estos animales gracias a su
alta tolerancia. Ya no sólo se les caza,
también se les acorrala, se busca contro-
lar sus movimientos, se les utiliza de for-
ma más ordenada y poco a poco se va
haciendo la selección de los más maneja-
bles. En el contexto arqueológico eso se
evidenciaría no solo por la abundancia de
los restos o la presencia de objetos he-
chos en específico para atrapar o cazar a
ciertos animales en particular, sino ade-
más porque por primera vez hay huesos
que manifiestan ciertas modificaciones, lo
cual se toma como evidencia de animales
en proceso de domesticación, pero nue-
vamente existe una enorme distancia en-
tre la realidad biológica y la percepción
humana. Por otro lado, es importante des-
tacar que este tipo de hallazgos son enor-
memente escasos, lo cual indica que este
momento, en el cual el hombre toma la ini-
ciativa, fue relativamente corto (unos po-
cos miles de años), que quizá se dio de
forma más bien casual en lugares muy
particulares y que incluyó a un número
relativamente pequeño de animales y per-
sonas. Gordon Childe indicaba que los
espacios más viables para que se hubiera
dado la domesticación de borrregos y ca-
bras serían los oasis en Medio Oriente,
idea que puede servirnos como referente
del tipo y tamaño de espacios que se rela-
cionarían con este paso, la diferencia es
que este autor hablaba del proceso com-
pleto de domesticación y nosotros sólo
del final.
Bajo este panorama es importante re-
capacitar acerca de que esos modelos de
domesticación (Figuras 1 y 2), esas re-
construcciones acerca de manejo y ma-
nipulación de organismos para limitar sus
movimientos, capturarlos, mantenerlos
cautivos y finalmente lograr el control por
parte del hombre tiene mucho de cierto,
pero representa el momento en que se
está tomando la iniciativa e impulsando
un proceso que había empezado desde
mucho tiempo atrás, incluyendo apenas
las fases que aparecen en las figura 9 (5
y 6). Hablando de tiempos antes del pre-
sente podríamos decir que hace unos 11
o 12,000 años se dio la domesticación de
borregos y cabras en Medio Oriente o de
guajolotes y guanacos hace unos 6,000
años en América, pero el proceso de ma-
nejo quizá había antecedido dos o tres
mil años, y el real momento de origen,
cuando se dio inicio a la adaptación de
algunos de estos animales a la presencia
humana había tenido lugar quizá diez o
quince mil años antes, por lo menos. De
esta forma, todo lo concerniente a las
imágenes de interacción hombre-animal,
los instrumentos creados para ello, los
... 6. Damos la categoría de "protodomésticas" a aquellas especies o poblaciones cuyo esquema de vida se realiza dentro del ámbito humano, aprovechando los beneficios que obtiene, pero sin que el hombre participe activamente en el proceso. En la actualidad se considera que muchos de los animales domésticos de la antigüedad entraron a esta categoría como resultado de un proceso adaptativo, dentro del cual los individuos más tolerantes y flexibles se beneficiaban al vivir dentro de un territorio perturbado que no todos soportaban y en la medida que esto les eliminaba competencia y depredación, daba pie a un proceso de selección natural que llevaba a la constitución de poblaciones capaces de interactuar con lo humano, es decir, "casi domésticas", sin que Homo sapiens tuviera conciencia de lo ocurrido (Crockford, 2006;Valadez, 2009). Este mismo principio, ajustado a su marco biológico, permite asignarle el término de protodoméstico, por ejemplo al cuitlacoche (término náhuatl para denominar en México al hongo del maíz, Ustilago maydis) (Valadez et al., 2011) y sin duda es aplicable a numerosas plantas, hongos y animales. ...
... ¿Cuántas veces hemos enseñado evolución insistiendo en que todo debemos verlo con ayuda de la imaginación, argumentando que se trata de procesos lentos, antiguos, imposibles de ver en el presente? Bajo las nuevas teorías esto ha cambiado radicalmente y por lo mismo es posible verlo y recrearlo con cualquier especie doméstica o cultivada (Valadez, 2009;Valadez et al., 2011) (figura 3). ...
... Figura 4. Modelo de evolución del organismo silvestre al doméstico a partir de la progresiva adaptación de una especie a los espacios perturbados por el hombre. Este proceso existe en la actualidad en todo espacio en el que el hombre altere o modifique el territorio, lo que permite verlo en diversos lugares, por ejemplo en las grandes ciudades (Valadez 2009). ...
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Actualmente, gran parte de los latinoamericanos estamos inmersos en un esquema donde vivimos por un lado la globalización y por otro tradiciones que son producto de siglos de historia en espacios biogeográficos específicos. En este sentido, los esquemas educativos tienen el mayor compromiso de salvaguardar nuestro acervo biológico (recursos) y cultural (tradiciones), para mantener en el educando la conciencia de que es parte de él. Dentro de los esquemas educativos actuales, en los que se promueve la enseñanza a través del desarrollo de habilidades y la interacción de las diversas disciplinas en pro de un pensamiento integrador y crítico, es fundamental disponer de elementos de estudio que permitan entender el fenómeno biológico, el histórico y el cultural de manera simultánea. Como propuesta a estas necesidades se plantea el uso de proyectos escolares dirigidos al estudio de animales, plantas y hongos domésticos latinoamericanos, dado que cada uno de ellos tiene una historia biológica y cultural integrada a las diversas regiones latinoamericanas; muchos han sido estudiados por diversas disciplinas y forman parte de la realidad de los habitantes de dichas regiones. Un caso ilustrativo aplicable a las aulas mexicanas es el perro pelón mexicano o xoloitzcuintle, el cual ha sido estudiado por la genética, la biología molecular, la medicina veterinaria, la zootecnia, la historia, la arqueozoología, la etnohistoria y la lingüística; mostrándose cómo promover su estudio al interior de las diferentes asignaturas, dentro de proyectos estudiantiles. Esta propuesta es igualmente aplicable a numerosas especies latinoamericanas que, al ser domésticas y muchas veces de carácter regional, pueden ser empleadas en estos proyectos escolares, para ver a través de ellas aspectos biológicos, médicos, históricos, culturales, de aprovechamiento, siempre dentro de un marco de cotidianeidad para el alumno, promoviendo en él la certeza del valor de estos recursos asociados con lo natural y lo cultural.
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El hombre ha vivido la relación hacia el animal de una forma diferente al que ha tenido con plantas u hongos, ya que su percepción de ser organismos con habilidades y funciones semejantes los ha ubicado en un espacio especial dentro de su percepción, de sus necesidades y de sus emociones. Esto ha llevado a que en muchos momentos se les viva como pares o incluso se les otorgue un lugar por encima de nuestra estirpe, por considerarse que se encuentran más cercanos a lo divino que nosotros mismos. En sus inicios el ser humano interactuaba con los animales de su entorno acorde a las relaciones entre especies que ecológicamente se han definido: había los que eran alimento, para quienes nosotros éramos alimento, los que nos beneficiaban de alguna forma, aunque en el otro sentido no existiera beneficio o prejuicio, etcétera. Nombre Balance hacia el humano Balance hacia el animal Ejemplo característico Competencia-Babuinos Depredación +-+ Pequeños reptiles, insectos Leones, leopardos Parasitismo-+ Lombrices, ácaros, insectos Simbiosis + + Avestruces, gacelas (alarma) Comensalismo +-+ Buitres Pequeños necrófagos Amensalismo .-Murciélagos Neutralismo. . Aves pequeñas Relaciones entre especies en el mundo natural con un homínido terrestre como una de éstas y un ejemplo característico. En cada forma de relación el balance hacia el hombre puede ser positiva (+), negativa (-) o neutra (.). Aquellas relaciones que despertaban mayores emociones (sobre todo temor), serían la base de las manifestaciones simbólicas que derivarían en las bases de las religiones (elaborado por Raúl Valadez).
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Uchcumachay faunal remains document the process of camelid domestication in the Puna of Junin.
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Mitochondrial DNA control region sequences were analyzed from 162 wolves at 27 localities worldwide and from 140 domestic dogs representing 67 breeds. Sequences from both dogs and wolves showed considerable diversity and supported the hypothesis that wolves were the ancestors of dogs. Most dog sequences belonged to a divergent monophyletic clade sharing no sequences with wolves. The sequence divergence within this clade suggested that dogs originated more than 100,000 years before the present. Associations of dog haplotypes with other wolf lineages indicated episodes of admixture between wolves and dogs. Repeated genetic exchange between dog and wolf populations may have been an important source of variation for artificial selection.
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The analysis of animal bones recovered from preceramic period deposits at Uchcumachay Cave and other sites in the Puna of Junín has documented the development of an economy involving primary camelid utilization beginning around 5,500 B.C. and culminating with the appearance of domestic forms between 2,500 and 1,750 B.C. A model that can be used to explain this process in both the Puna of Junín and the Central Andes has been presented.
Rhythms of Life. Thyroid Hormona & the Origin of Species
  • S Crockford
Crockford S. Rhythms of Life. Thyroid Hormona & the Origin of Species. Victoria Canada.: Trafford Publishing.; 2006.
Aves comunes de la ciudad de México
  • G Olmo Del
  • E Roldán
Olmo del, G. y E. Roldán. Aves comunes de la ciudad de México. México, D.F.: Fondo Mundial para la Naturaleza-Proyecto de Divulgación Bruja de Monte; 2007.
De Africa ¿unay otra vez? Investigación
  • I Tattersall
Tattersall I. De Africa ¿unay otra vez? Investigación y Ciencia 1997; 249: 20-45.