Comentario a "Democratizar el Estado: Una propuesta de democratización para Bolivia" de Ivan Finot

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In book: Democratizar el Estado: Una propuesta de democratización para Bolivia, Edition: 2nd, Chapter: 4, Publisher: Plural Editores, Editors: Ivan Finot, pp.1-3
  • 20.94 · The London School of Economics and Political Science
Abstract
Es un honor y un gusto para mí poder comentar este libro, ya que se trata de una obra intelectual importante en la historia del Estado boliviano, sobre todo en lo que concierne a la relación de éste con el ciudadano común. No sólo eso: es un libro que marca un hito en la literatura mundial sobre descentralización y democracia. Sonará grande, pero no sin motivo. Me explico...

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Available from: Jean-Paul Faguet, Apr 08, 2016
Faguet, J.P. 2016. “Comentario.” No. 4 en Iván Finot. Democratizar el Estado: Una
propuesta de democratización para Bolivia. La Paz: Plural Editores.
COMENTARIO DE JEAN-PAUL FAGUET
Es un honor y un gusto para mí poder comentar este libro, ya que se trata de una
obra intelectual importante en la historia del Estado boliviano, sobre todo en lo que
concierne a la relación de éste con el ciudadano común. No sólo eso: es un libro que
marca un hito en la literatura mundial sobre descentralización y democracia. Sonará
grande, pero no sin motivo. Me explico.
Vengo investigando temas de descentralización, federalismo fiscal y gobernanza
local hace más de 20 años. La región que más he estudiado es América Latina,
seguida en menor escala por África y el Sur de Asia. De estos países, al que más
tiempo, sudor y empeño le he dedicado sin duda es a Bolivia.
Para mí, todo comenzó en los años 90 cuando tuve la oportunidad de vivir en La Paz,
trabajando para la cooperación internacional. Me acuerdo vívidamente de la
presentación de la Ley de Participación Popular el año 1994. El que prestaba
atención se daba cuenta de que se trataba de una reforma con muchas posibilidades
de transformar el papel del ciudadano común en la gobernanza de Bolivia: de objeto
pasivo pasaría a sujeto democrático, libre y proactivo en la toma de decisiones
públicas. Por lo tanto, una ley descentralizadora aparentemente sencilla prometía a
la larga una profundización democrática y una agilización de la gestión pública desde
las raíces hacia arriba.
Me fui del país pocos meses antes de que entrara en vigor esta ley. Pero el bicho de
la curiosidad ya me había picado y terminé dedicando casi 20 años de mi vida a su
estudio. A lo largo de dos libros y dos docenas de artículos, he podido demostrar
empíricamente que gran parte de aquella promesa se cumplió. Con la Participación
Popular la inversión pública nacional dio un gran giro: de priorizar la producción y
grandes proyectos de infraestructura, pasó a priorizar la formación de capital
humano y servicios sociales primarios. Aumentó considerablemente la inversión en
educación, salud, y agua y saneamiento en todo el país. Estas inversiones locales
resultaron ser más sensibles a la demanda real local. El Estado boliviano se volvió
más responsable al ciudadano común no porque el centro mejoró notablemente con
este proceso, sino porque los gobiernos locales creados por la reforma son
sustancialmente más responsables que el Estado centralista que lo precedió.
Más impresionante aún, estos cambios fueron liderados no por las grandes ciudades,
ricas y sofisticadas, ni siquiera por las medianas, sino más bien por los municipios
pequeños, rurales, alejados e históricamente olvidados, que comenzaron a gastar
recursos propios significativos por primera vez en literalmente siglos, y no sólo lo
hicieron bien, sino generalizando en grande mejor que el Estado central jamás
pudo o quiso. Los cambios en los patrones nacionales de inversión y gestión que se
dieron a raíz de esta ley son producto, entonces, del accionar de tres centenares de
municipios, algunos sin duda corruptos o ineptos, pero la mayoría actuando con la
responsabilidad y rendición de cuentas. Caso contrario, los patrones nacionales no
hubiesen cambiado como hicieron. Es notable que estos logros son compartidos por
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muy escasos países en el mundo y por esta razón Bolivia sobresale en
comparaciones internacionales como una experiencia destacada como claramente
exitosa (Channa y Faguet 2012).
¿Cómo se logró semejante reforma? - Muchos acusan a la Ley de Participación
Popular de ser una “reforma neoliberal” impuesta por el Banco Mundial, el Fondo
Monetario Internacional y otros actores externos al gobierno y pueblo bolivianos. De
vez en cuando incluso me ha tocado revisar algún artículo académico que declara lo
mismo. Es un gusto para mí poder aprovechar esta oportunidad para desmentir
semejante idea contundentemente. No sólo es una equivocación sino un absurdo.
Ocurre que el oficial del Banco Mundial encargado de las áreas correspondientes era
yo. Me acuerdo claramente cuando el gobierno del nuevo presidente Gonzalo
Sánchez de Lozada presentó la nueva ley al público. Cuando llamaban de
Washington D.C. preguntando “¿Qué es esto?”, me tocaba a mí contestar. Pero ni yo
ni nadie entre nosotros entendía. De hecho con algunos colegas cooperantes nos
reíamos en los pasillos de nuestras instituciones, con ese sentido de humor poco
gracioso que tiene la cooperación internacional. “Qué capos son estos. Primero
legislan participación, después legislarán riqueza y felicidad. Y a nosotros no nos
quedará nada más que hacer. ¡Podremos apagar las luces e irnos a casa!”, decíamos.
Demoré -y por tanto el Banco Mundial demoró- varias semanas en comprender que
se trataba de una descentralización de recursos y poderes a las secciones
provinciales, y que esto no era un chiste sino algo profundo y potencialmente
importantísimo. El Banco Mundial no solamente no impuso la descentralización en
Bolivia: ni siquiera se dio cuenta de lo que estaban haciendo los bolivianos hasta
semanas después de anunciarse la medida.
Entonces ¿cómo se logró semejante reforma? - Resumiendo heroicamente, mis
investigaciones han identificado tres puntos claves. Primero, se trata de una reforma
sencilla en su diseño, que por ende abrió la caja negra de la gobernación local y la
hizo accesible al boliviano común. ¡Y cómo la aprovecharon los bolivianos! En
muchas oportunidades pude ver cómo los vecinos de algún barrio o comunidad
demandaban a la alcaldía una escuela, posta o camino. Siempre citaban el
desembolso per cápita que recibía el municipio según el número de habitantes con
que contaban. “Uds. han recibido por nosotros, ¿dónde está la obra?”. La
información era transparente, la lógica clara, y sus resultados suman a los grandes
cambios nacionales que luego se vieron.
En segundo lugar, y a diferencia de muchas reformas en otros países del mundo, la
Participación Popular se dio directamente al tercer nivel del territorio boliviano. De
esta manera, se promovió una participación ciudadana, dificultando notablemente la
captura de estos gobiernos por las élites regionales. En tercer lugar, se trata de una
reforma sincera. Este es quizás él punto más importante y también más sutil. Los
reformadores siempre quisieron realizar la descentralización en Bolivia, a diferencia
de tantos otros países (Faguet y Pöschl 2015, Faguet 2012), y siempre quisieron
hacerla bien. Los incentivos políticos eran más claros en Bolivia, y se hizo mejor en
Bolivia.
No es coherente que yo, un extranjero, defina quién tuvo el mayor mérito de todo
esto entre el reducido número de intelectuales que diseñaron esta gran reforma.
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Pero si me siento con todos los fundamentos para afirmar que Democratizar el
Estado: una propuesta de Descentralización para Bolivia jugó un papel clave. Se
puede considerar una de las fuentes primordiales del concepto de participación
popular, con su profunda vocación democratizadora, que tanto distingue a Bolivia de
otros países. Por tanto el doctor Ivan Finot queda como pieza clave en el pequeño
círculo de autores intelectuales de un experimento democrático líder, estudiado por
académicos internacionales y que sirve como modelo y lección a los países del
mundo sobre cómo hacer bien la descentralización.
REFERENCIAS
Channa, A. and J.P. Faguet. 2012. “Decentralization of Health and Education in Developing
Countries: A Quality-Adjusted Review of the Empirical Literature.” LSE/STICERD
Working Paper No. EOPP 38.
Faguet, J.P. and C. Pöschl. 2015. Is Decentralization Good for Development? Perspectives
From Academics and Policymakers. Oxford: Oxford University Press.
Faguet, J.P. 2012. Decentralization and Popular Democracy: Governance from Below in
Bolivia. Ann Arbor: University of Michigan Press.
Faguet, J.P. 2004. “Building Democracy in Quicksand: Altruism, Empire and the United
States.” Challenge: The Magazine of Economic Affairs, 47: 73-93.

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