Abstract and Figures

RESUMEN Los textos cervantinos constituyen una interesante fuente para el estudio de la so-ciedad española tardorrenacentista, incluyendo sus figuras más marginales, como las brujas o las hechiceras, muy relacionadas con el ejercicio heterodoxo de la medicina. En el presente trabajo, hemos analizado las obras de Cervantes desde la * El presente trabajo ha sido galardonado con el Premio In Memoriam Prof. Orozco Acuaviva de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz 2015.
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LOS UNGÜENTOS DE BRUJAS Y FILTROS DE AMOR EN LAS
NOVELAS CERVANTINAS Y EL PAPEL DEL DIOSCÓRIDES
DE ANDRÉS LAGUNA*
FRANCISCO LÓPEZ-MUÑOZ
Doctor en Medicina y Cirugía y Doctor en Lengua Española y Literatura
Profesor Titular de Farmacología y Director de la Escuela Internacional de Doctorado,
Universidad Camilo José Cela, Madrid
Instituto de Investigación Hospital 12 de Octubre (i+12), Madrid
Académico de número de la Real Academia de Doctores, Barcelona
Académico correspondiente electo de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz
(opez@ucjc.edu)
FRANCISCO PÉREZ-FERNÁNDEZ
Doctor en Filosofía (Psicología Básica)
Profesor de Historia de la Psicología y de Psicología Criminal
Departamento de Psicología, Facultad de Ciencias de la Salud,
Universidad Camilo José Cela, Madrid
RESUMEN
Los textos cervantinos constituyen una interesante fuente para el estudio de la so-
ciedad española tardorrenacentista, incluyendo sus guras más marginales, como
las brujas o las hechiceras, muy relacionadas con el ejercicio heterodoxo de la
medicina. En el presente trabajo, hemos analizado las obras de Cervantes desde la
* El presente trabajo ha sido galardonado con el Premio In Memoriam Prof. Orozco Acuaviva de
la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz 2015.
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los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
perspectiva del uso extraterapéutico de agentes psicotrópicos (fundamentalmente
alucinógenos) en el ámbito de la práctica de las “artes mágicas” durante la Espa-
ña del Siglo de Oro (ungüentos de brujas y ltros de amor), centrándonos en los
dos textos más representativos en este ámbito, como son las novelas ejemplares
El licenciado Vidriera (hechicería y ltros de amor) y El coloquio de los perros
(brujería y ungüentos de brujas). Aunque Cervantes cita expresamente en sus obras
algunos agentes psicotrópicos de origen herbal, como el beleño (Hyoscyamus niger
/ albus), la verbena (Verbena ofcinalis) y, de forma enmascarada, el opio (Papaver
somniferum), en relación con el resto de preparados dotados de actividad psicotró-
pica, no identica sus ingredientes, aunque, a tenor de la sintomatología descrita
por el autor, podrían ser plantas de la familia de las solanáceas, como el estramonio
(Datura estramonio) o la mandrágora (Mandragora ofcinarum), en el caso de El
licenciado Vidriera, o bien el beleño o el solano (Solanum nigrum), en el caso de
El coloquio de los perros. En este último caso, el uso del preparado que presenta
Cervantes presenta connotaciones evidentes de carácter recreativo y lúdico, enmar-
cándose el cuadro ocasionado en lo que hoy conocemos con trastorno por abuso de
sustancias. Hemos realizado un estudio comparativo de los efectos tóxicos descri-
tos en estas dos novelas con las propiedades farmacológicas anotadas en el Dioscó-
rides comentado por Andrés Laguna, un texto cientíco del que disponía Cervantes
en su biblioteca particular, y hemos constatado una gran similitud, e incluso una
redacción casi literal, por lo que planteamos que esta obra cientíca pudo ser la
fuente técnica utilizada por Cervantes para documentarse en esta materia.
Palabras clave: Cervantes, Laguna, Dioscorides, Brujería, Hechicería, Agentes psi-
cotrópicos, Historia de la Medicina.
RESUM
Els textos de Cervantes constitueixen una interessant font per l’estudi de la societat
espanyola a nals del Renaixement, incloent les seves gures més marginals, com
les bruixes o bruixots molt relacionades amb l’exercici heterodox de la medicina.
En aquest treball hem analitzat les obres de Cervantes des de la perspectiva de l’ús
extraterapèutic d’agents psicotròpics (fonamentalment al·lucinògens) en l’àmbit de
la pràctica de les “arts màgiques” durant l’Espanya del segle d’Or (ungüents de
bruixes i ltres d’amor), centrant-nos en els dos textos més representatius d’aquest
àmbit, com són les novel·les exemplars El licenciado Vidriera (bruixeria i ltres
d’amor) i El coloquio de los perros (bruixeria i ungüents de bruixes). Encara que
Cervantes esmenta expressament en les seves obres alguns agents psicotròpics
d’origen herbari, com el jusquiam (Hyoscyamus niger / albus), la verbena (Verbena
ofcinalis) i, de forma enmascarada, l’opi (Papaver somniferum), en relació amb
la resta de preparats dotats d’activitat psicotròpica, no identica els seus ingredi-
ents, encara que, d’acord amb la simptomatologia descrita per l’autor, podrien ser
plantes de la família de les solanàcies, com l’estramoni (Datura estramonio) o la
mandràgora (Mandragora ofcinarum), pel que fa El licenciado Vidriera, o bé el
jusquiam o la morella (Solanum nigrum), en el cas de El coloquio de los perros.
En aquest últim, l’ús del preparat que presenta Cervantes presenta connotacions
evidents de caràcter recreatiu i lúdic, emmarcant-se el quadre ocasionat amb el que
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Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
avui dia coneixem com trastorn per l’abús de substàncies. Hem realitzat un estudi
comparatiu dels efectes tòxics descrits en aquestes dues novel·les amb les propi-
etats farmacològiques preses en el Dioscórides comentat per Andrés Laguna, un
text cientíc que tenia Cervantes a la seva biblioteca particular, i hem constatat una
gran semblança, i inclús una redacció quasi literal, per la qual cosa plantegem que
aquesta obra cientíca va poder ser la font tècnica utilitzada per Cervantes perquè
es pogués documentar en aquesta matèria.
Paraules clau: Cervantes, Laguna, Dioscorides, Bruixeria, Encantament, Agents
psicotròpics, Història de la Medicina.
SUMMARY
Cervantine texts are an interesting source for the study of Spanish late Renaissance
society, including their most marginal gures, such as witches or sorcerers, closely
related to the heterodox practice of medicine. In the present work, we have analyzed
the Cervantine works from the perspective of extra-therapeutic use of psychotropic
substances (essentially hallucinogenic) in the scope of the “magic arts” practice during
the Golden Age Spain (witches ointments and love lters). For this, we have focused on
the two most representative texts in this eld, such as exemplary novels The Licentiate
of Glass (sorcery and love lters) and The Colloquy of the Dogs (witchcraft and witches
ointments). Cervantes expressly mentions in his works some psychotropic agents of
herbal origin, as henbane (Hyoscyamus niger / albus), vervain (Verbena ofcinalis) and,
so masked, opium (Papaver somniferum). However, in relation to other preparations
endowed with psychotropic activity, Cervantes does not identify its ingredients, though,
within the meaning of the symptoms described by the author, they could be plants of
the Solanaceae family, such as jimsonweed (Datura estramonio) or mandrake (Man-
dragora ofcinarum) in the case of The Licentiate of Glass, or henbane or nightshade
(Solanum nigrum) in the case of The Colloquy of the Dogs. In this last case, the use of
the preparation that shows Cervantes has obvious connotations of recreational and play-
ful character, and its effects could be framed today as a diagnosis of substance abuse
disorder. We carried out a comparative study of the described toxic effects in these two
novels with the pharmacological properties noted in Dioscorides commented by Andrés
Laguna, a scientic text available to Cervantes in his private library, and we have con-
rmed a strong similarity, and even an almost literal wording. Therefore, we defend the
hypothesis that the Andrés Laguna version of Dioscorides could be the technical source
used by Cervantes to document itself in this matter.
Keywords: Cervantes; Laguna; Dioscorides; Witchcraft; Sorcery; Psychotropic drugs;
History of Medicine
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los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
“Este ungüento con que las brujas nos untamos
es compuesto de jugos de yerbas en todo extremo fríos…
el deleite me tiene echados grillos a la voluntad”
Miguel de Cervantes
El coloquio de los perros
INTRODUCCIÓN
Los textos cervantinos1 han sido sometidos a todo tipo de estudios espe-
cícos, desde todas las vertientes del saber humano, incluida, por supuesto, la
aproximación médica2, en general, y la farmacoterapéutica, en particular3. Gran
parte del interés que han suscitado estos textos entre los investigadores de la
medicina y de su historia puede radicar en la excelente caracterización médica
de los protagonistas de estas obras, así como de los acertados comentarios re-
lativos a la materia terapéutica, uno de los objetivos de este trabajo, que realiza
su autor.
El interés de Miguel de Cervantes (1547-1616)4 (Figura 1) por las materias
médicas, incluyendo la terapéutica, no debe de resultar extraño, en tanto que el
1. Para el manejo de todas las citas cervantinas, en el presente trabajo hemos empleado la edición
de Florencio Sevilla de las Obras de Cervantes (Madrid: Editorial Castalia; 1999), así como a la
versión electrónica de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, especialmente útil para
la localización de párrafos mediante estrategias de búsqueda bibliométrica, disponible en la pá-
gina web http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Cervantes/o_completas.shtml. Puntualmente
también se ha usado la edición de Don Quijote de la Mancha del Instituto Cervantes, dirigida por
Francisco Rico (Barcelona: Grijalbo Mondadori S.A., 1998), y se ha consultado su Centro Virtual
Cervantes (http://cvc.cervantes.es). También ha resultado de gran ayuda la página web del Centro
de Estudios Cervantinos (http://www.centroestudioscervantinos.es).
2. De hecho, algunos autores han apostillado que la medicina es la rama del saber más interesada
en la obra de Cervantes tras la lología.
3. En este sentido pueden consultarse los siguientes trabajos: López, 1971; Beá y Hernández, 1984;
Reverte Coma, 1992; Chiappo, 1994; Osterc, 1996; Peleg et al., 2001; Valle, 2002; Alonso-Fer-
nández, 2005; Esteva de Sagrera, 2005; García Barreno, 2005; Montes-Santiago, 2005; Puerto,
2005; Sánchez Granjel, 2005; Bailón, 2006; López-Muñoz et al., 2006a, 2006b; Ife, 2007; Ló-
pez-Muñoz y Álamo, 2007; López-Muñoz et al., 2007a, 2007b, 2008a, 2008b, 2009; Vega, 2009;
López-Muñoz et al., 2011a, 2011b; Palma y Palma, 2012; López-Muñoz et al., 2014.
4. Dado que sobradamente conocida, es innecesario realizar en el presente trabajo una pormeno-
rizada biografía del autor de El Quijote. Por otro lado, las obras de carácter biográco sobre
Cervantes son legión. A título de ejemplo se pueden consultar a Astrana (1948-1958), Ma-
yans y Siscar (1972), Fitzmaurice-Kelly (1980), Rey y Sevilla (1996), Eisenberg (2003), Alvar
(2004), Canavaggio (2004), Fernández Alvárez (2005), Sliwa (2006), etc.
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Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
literato alcalaíno procedía de una familia de profesionales sanitarios. De hecho,
en las obras literarias cervantinas trasciende, como se discute en el presente tra-
bajo, un cierto conocimiento por parte del autor de los preparados de botica más
comunes en su época, incluyendo también los preparados elaborados con reme-
dios herbales por personajes situados al margen de la medicina ocial y orto-
doxa. En relación con este último tema, piénsese que, aunque el Renacimiento,
en su vertiente médica, supuso un auténtico cambio de mentalidad en la forma
de entender al ser humano, sus comportamientos y sus padecimientos, donde
comenzaron a triunfar los procesos de racionalidad y razonabilidad, durante
este periodo, incluso en su fase más tardía, pervivieron creencias y conductas pro-
pias de épocas pretéritas, enmarcadas en la irracionalidad de la magia, la brujería
o la presencia del maligno, y también se manejaron, con objetivos extraterapéuti-
cos, una gran cantidad de sustancias dotadas de propiedades psicotrópicas.
Figura 1: Visión alegórica de Miguel de Cervantes, según un dibujo de Charles Monnet
(1732-1808), grabado por Pierre Duos (1742-1816), para el frontispicio de la edición
de Gabriel de Sancha (1747-1820) de El ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
(Madrid, 1797-1798).
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los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
Precisamente, en este sentido, una de las constantes de los textos cervanti-
nos reside en la continua aparición de personajes marginales y marginados, en
un afán de su autor de efectuar una aguda y sagaz crítica a una sociedad que le
fue, en líneas generales, bastante esquiva. La prueba más evidente de ello se
encuentra en la gura del pobre orate Alonso Quijano, protagonista de su obra
cumbre, El Quijote (El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, 1605),
aunque también es el caso de numerosos personajes de sus Novelas Ejemplares
(1613), como las brujas o las hechiceras, muy relacionadas con el ejercicio
heterodoxo de la medicina, y a las que dedicamos el presente trabajo. Las prác-
ticas mágicas de estos colectivos, que formaban parte de la imaginación colec-
tiva del pueblo español durante el siglo XVI, estaban muy relacionadas, en el
sentir popular, con las minorías religiosas de la época, como los moriscos y los
judíos (Caro Baroja, 2003). Precisamente, en la novela Los trabajos de Persi-
les y Sigismunda (1617) es donde se pone de maniesto, en la pluma del autor
alcalaíno, el profundo sentir popular sobre la vinculación judía y morisca con
las prácticas hechiceriles (Díaz Fernández y Aguirre de Cárcer, 1992), donde se
mezclaba, en el caso de la hechicería judía, la tradición hebraica por los textos
cabalísticos y su estrecho nexo con la práctica de la medicina.
En cualquier caso, las obras literarias de Cervantes no sólo constituyen
un magníco espejo en el que observar todos los entramados sociales, usos y
costumbres de la España tardorrenacentista, incluyendo, desde la perspectiva
médica, la forma de entender numerosas enfermedades y su tratamiento, sino
que también han permitido ampliar nuestros conocimientos sobre el manejo de
productos herbales por parte de colectivos marginales durante ese periodo. En
este sentido, el presente trabajo, elaborado en el año en que se conmemora el
IV Centenario de la publicación de la segunda parte de El Ingenioso Hidalgo
Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes (Imprenta de Juan de la
Cuesta, sita en la Calle de San Eugenio 7, Madrid, 1615) y en el que ha tenido
lugar la identicación de los restos óseos del Príncipe de las Letras, pretende
ofrecer otro enfoque, esta vez desde la perspectiva del uso extraterapéutico de
los agentes psicotrópicos, a lo ya ampliamente escrito y descrito sobre la obra
literaria de Cervantes, siempre en el contexto de la época en la que fue escrita.
BRUJERÍA Y HECHICERÍA EN LA ESPAÑA CERVANTINA
Es necesario comenzar este análisis estableciendo una clara distinción en-
tre brujería y hechicería, no solo porque ambas acepciones se confunden con
asiduidad, sino porque también resulta de suma importancia para centrar otros
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Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
aspectos tratados posteriormente. En primer lugar, hay que resaltar que la he-
chicería es un fenómeno atemporal y podría decirse incluso que mundial, en-
tretanto la brujería destaca durante el periodo comprendido entre 1450 y 1750,
y además se circunscribe a la Europa Occidental cristiana, así como a algún
estallido puntual en las colonias americanas (Robbins, 1988).
De hecho, en tanto que intento para dominar la naturaleza en busca de resul-
tados benécos o malécos, invocando por lo común a los espíritus que encar-
nan las diversas fuerzas naturales, la hechicería se funde con las más antiguas
creencias mágicas y esotéricas, e incluso forma parte de la apertura del propio
espacio antropológico5. Frente a ello, la brujería entronca con la hechicería e in-
cluso la engloba, pero va más allá, en el sentido de que sus practicantes rman
alguna clase de pacto con entidades espirituales reconocidas como malécas
para adquirir el poder de subvertir el orden natural. En el caso del cristianismo,
tal encarnación directa del mal es, evidentemente, el diablo. Y ello porque tras
la consolidación de la doctrina cristiana sucedió que cualquier acto que exce-
diera las capacidades humanas, como la realización de milagros, el vuelo o la
metamorfosis del ser humano en animal, solo podía deberse a la intervención
directa de Dios o del diablo, quienes, por otro lado, tampoco se encontraban en
pie de igualdad, al ser preciso salvaguardar la supremacía divina.
A partir de la caída del Imperio Romano, el mal fue encarnándose de manera
cada vez más acusada en la gura del diablo, que adquirió paulatinamente tintes
cada vez más siniestros en el seno de las culturas ocial y popular (Fondebrider,
2004). Ello tenía la ventaja de dispensar a Dios de dar explicaciones acerca del
estado de cosas del mundo, pero también desembocó en el inconveniente teoló-
gico de tener que explicar las múltiples formas de la maldad, lo cual, entroncan-
do con antiguas supersticiones, multiplicó la corte de los demonios, al punto de
convertirse el estudio de ella misma en una pseudociencia con espacio propio y
bien acotado: la demonología6 (Amelang y Tausiet Carlés, 2004).
Hay que tener presente que el nal del Imperio Romano no supuso, en caso
alguno, el nal del paganismo en sus muchas manifestaciones o la aniquilación
de los milenios de cultura que lo sustentan, cosa que motiva la pervivencia de
5. Por ello se comete un error al hablar de “brujería india” o “brujería africana”. En realidad se
trata de formas ancestrales de hechicería (véase Robbins, 1988).
6. En realidad, debiera llamarse a esta tratadística como “brujología”, por cuanto sus autores se
mostraban mucho más interesados en los delitos y argucias de las brujas que en las maldades
y peculiaridades de los demonios en cuanto tales.
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los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
los viejos mitos, desde el culto a Hécate o los cultos a la fertilidad, pasando por
toda suerte de eventos y entidades mágicas y misteriosas, hasta las formas más
curiosas de adivinación y curanderismo (Pedraza, 2014). La emergente religión
cristiana había calado con enorme fuerza en los grandes núcleos urbanos, pero
avanzó muy lentamente en los ámbitos rurales, en los que estaban muy aanza-
dos los viejos cultos a la madre tierra, los demonios protectores, el culto a los
muertos, así como otras muchas creencias ancestrales que la nueva ocialidad
contemplaba como meras supersticiones, pero que en caso alguno podían ser
ninguneadas7. Ello obligó a la Iglesia a emplearse con gran violencia para im-
poner sus preceptos de manera transversal (McCabe, 2009). Como es lógico, la
primera medida fue la de criminalizar estas prácticas “rebeldes”, así como a sus
practicantes, especialmente cuando se encontraban bien organizados y suponían
por ello mismo un peligro creciente8. La legitimación de la fe cristiana solo era
posible deslegitimando el resto de creencias disponibles, y el arma decisiva para
ello residía en el fenómeno de la transustanciación: a través de ella, Dios volvía
a materializarse en este mundo cuantas veces fuera necesario y ello, únicamente,
por intermediación de su Iglesia. Así, los místicos y los paganos, en cualquiera
de sus formas, no eran farsantes, sino personas confundidas que creían estar
inspirados por Dios, cuando en realidad solo operaban por concurso del diablo.
Y eso cuando no eran otra cosa que dementes (Szasz, 1970; Campagne, 2007).
Desde un punto de vista teológico, se implica que el crimen que cometen
los brujos y los hechiceros es parecido en tanto que malecio de alguna clase,
pero no tiene la misma entidad intelectual en ambos casos, en la medida que los
móviles son diferentes. El hechicero, víctima de toda suerte de supersticiones
reprobables, es un pecador material que, en última instancia, no renuncia efec-
tivamente ni a Dios ni a la Iglesia. Pero el brujo sí lo hace al venderse al mal y
consagrar su existencia al diablo mismo, renunciando a la Gracia Divina e in-
cluso reconociendo la superioridad del demonio. Consecuentemente, la brujería
es en términos teológicos un crimen de conciencia y por ello se la consideró
muy pronto como una forma de “hechicería herética”. En otros términos: la
hechicería podía considerarse desde instancias eclesiásticas como un error, una
especie de pseudorreligión dogmáticamente errónea, mientras que la brujería
entraba directamente en el ámbito del pecado (Burr, 1890).
7. Las viejas creencias se mostraban muy competitivas y resistentes, coexistían –e incluso se
mimetizaban fácilmente- con el cristianismo emergente y, a menudo, incluso eran festejadas
por clérigos y muchas otras personas de toda extracción social.
8. En este contexto se entienden los juicios y masacres colectivos que jalonaron la Edad Media,
como los de los albigenses o los cátaros (véase McCabe, 2009).
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Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
En cualquier caso, más allá de consideraciones teológicas, el de la brujería
es un fenómeno complejo, resbaladizo en sus aspectos socioculturales y polí-
ticos, que resulta difícil de denir y desentrañar. Y ello, como venimos seña-
lando, porque es adyacente a todas las formas de superstición, así como a la
enfermedad mental o a la picaresca, lo cual no tardó en convertirlo en un tópico
literario y artístico (Pacho, 1975), del que ni el propio Cervantes pudo evadirse.
El contexto de la España mágica
En España, por su propia idiosincrasia cultural y política, la vinculación
de las prácticas de hechicería y brujería con ciertos subgrupos de sujetos, fun-
damentalmente mujeres pertenecientes a minorías religiosas, como judías y
moriscas, fue muy habitual9. Asimismo, en la España cervantina existía una
maniesta diferenciación entre brujería y hechicería (Caro Baroja, 2003). Las
brujas realizarían rituales y pactos satánicos, y solían ser gentes de ascendencia
cristiana y vinculadas al medio rural, generalmente del Norte del país (véase
Galicia, el País Vasco o Navarra). Por el contrario, las hechiceras, de origen ge-
neralmente morisco o judío, eran mujeres que se dedicaban a elaborar remedios
y curas (relacionados con la salud o con el amor) y ejercían sus actividades en
medios urbanos del ámbito peninsular más meridional.
Si nos atenemos al fenómeno de su persecución también existen claras di-
ferencias. Mientras que la hechicería fue castigada con gran dureza, la brujería
lo fue de forma muy limitada, lo cual se debió a las peculiaridades de la Inqui-
sición española, dependiente de la Corona, que no del Vaticano, y con un fuerte
componente nacionalista (Robbins, 1988). Ello motivó que se persiguiera con
más ahínco a los herejes que a las brujas, con respecto a las cuales se mantuvo
una postura templada en lo intelectual y por ello menos comprometida en sus
aspectos teológicos. Entiéndase que en el momento en el que Isabel de Castilla
(1451-1504) crea la Inquisición (Comella, 2004), España era aún una utopía
carente de unidad política10. La única forma de combatir las constantes luchas
internas pasaba por aligerar –o erradicar- las acusadas diferencias culturales
existentes, comenzando por la religión, y ello convirtió al Santo Ocio (Figura
2), dado que era el único organismo con autoridad indiscutida en todos los te-
rritorios controlados por la Corona, en el instrumento óptimo (Reguera, 2005).
9. De hecho, términos como “sabbat”, para referir las reuniones nocturnas de las brujas, o expre-
siones como “Synagoga Satanae”, poseen una clara ascendencia hebrea.
10. Se trataba de un conglomerado de territorios disidentes, poco vertebrados entre sí, sometidos
a la Autoridad Real de mala gana y al borde de la escisión.
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los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
Desde este punto de vista, se comprende perfectamente el papel parapolítico
de la Inquisición en España y su peculiar comportamiento en el tratamiento de
la herejía: el buen súbdito no sólo pagaba impuestos, sino que era también un
buen cristiano y, consecuentemente, el hereje era un enemigo político. En tal
estado de la cuestión, era más relevante la búsqueda de la “pureza de sangre”
que la persecución del demonio.
Figura 2: Sello del Santo Ocio.
Por lo demás, los territorios de la Corona, en tanto que sujetos a una cultura
muy acrisolada y anclada en viejas supersticiones, eran precisamente un terre-
no más abonado para hechiceras, adivinos, saludadores11 o sanadores12 que para
11. El saludador es un personaje peculiar y típicamente ibérico, cuya especial idiosincrasia trajo
de cabeza a teólogos e inquisidores por igual, pues no resultaba fácil determinar si su práctica
era herética o no y, de hecho, el debate en torno a sus capacidades nunca alcanzó una resolu-
ción denitiva. Su gura aparece a comienzos del siglo XVI en la forma de una clase especial
de sanador dedicado a la cura de la hidrofobia, pero, a su vez, dotado de otras características
curiosas: el control del fuego, las facultades adivinatorias y una inexplicable capacidad para
detectar y cazar brujas. La mitología en torno al saludador lo consideraba familiar de Santa
Catalina y de Santa Quiteria y se les reconocía porque, al parecer, venían al mundo con las
marcas de ambas santas impresas en el cuerpo (Campagne, 2007). En lo tocante a este trabajo,
no deja de resultar de una singular coincidencia que Cervantes optara por la gura de los pe-
rros –principal objetivo de los saludadores- para poner en su boca el relato de las brujas, como
después se comentará.
12. Dentro de este grupo se encontraban las “remendadoras”, que devolvían la virginidad, “de-
saojaderas”, que curaban el mal de ojo, los “conjuradores” o exorcistas, miembros de la Iglesia,
y los nigrománticos, que, al margen de la Iglesia y por tanto perseguidos, devolvían la salud a
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Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
brujas propiamente dichas. De hecho, no podemos olvidar que la brujería y la
demonología, construcciones intelectuales y teológicas de nuevo cuño en Europa,
eran una creación tardía que encontraba difícil acomodo en un país cristianizado a
partir del paganismo romano, en el que posteriormente adquirieron gran inuen-
cia las escuelas astrológicas y adivinatorias musulmanas o el ocultismo judío, y
todo ello trufado por la herencia de las supersticiones visigodas -especialmente
entre los siglos V y VII (Robbins, 1988). Esto motivaba que la población españo-
la, sobre todo la de los núcleos rurales, tuviera entre sus referentes culturales toda
suerte de planteamientos de hondas raíces esotéricas, frente a las que la brujería
no suponía otra cosa que una novedad teológica extranjera de escasa inuencia.
Además, y el hecho no era ajeno a los inquisidores, sucedía que a menudo los
propios clérigos rurales eran tan ignorantes y supersticiosos como su propio reba-
ño, lo cual motivaba que no pocos de ellos cayeran en la trampa de la superchería,
ya fuera para sumarse secretamente a su causa, como para sustentar acusaciones
extravagantes y poco fundamentadas (Caseda Teresa, 1998).
También se debe anotar el dato de que la astrología y la magia eran por
aquel entonces asignaturas formales en las universidades y que la alquimia
(Figura 3) fue una práctica común hasta bien entrado el Siglo de Oro, como
disciplina integrada en el repertorio académico y profesional de muchos es-
pecialistas, e incluso fomentada desde la propia Corona13. En tal sentido, las
posturas racionalistas en torno a materias como magia, astrología, hechicería
y ocultismo durante los siglos XV y XVI eran más cosa de élites intelectuales,
técnicos muy formados y humanistas, que hecho extendido entre las gentes que
cabría considerar cultas. El Renacimiento penetra lentamente en España, y lo
hace especialmente en las ciudades, entretanto los ámbitos rurales continúan
anclados en las viejas creencias, lo cual motiva que exista una fuerte brecha
entre las cosmovisiones de las gentes letradas e iletradas. La mayor parte de
los trabajadores manuales, aún en el supuesto de que supieran leer, no solían
hacerlo. Frente a ellos, los técnicos, bachilleres y licenciados suponían una mi-
noría de lectores que, no obstante y salvo singulares excepciones, tampoco se
los endemoniados, los “ensalmadores”, que curaban con salmos u oraciones, o los “santigua-
dores”, dotados de un poder sobrehumano no diabólico para curar ciertas enfermedades.
13. Resulta paradójico que, al mismo tiempo que la Iglesia impuso diferentes condenas a practi-
cantes de la alquimia, la propia Corona mostrase un interés especial en la misma, lo cual es una
muestra de la arbitrariedad con la que los tribunales inquisitoriales se conducían a la hora de
emitir sentencias. Conocido es el hecho de que Felipe II (1527-1598), destacado en su empeño
en la persecución de la herejía, dotó al monasterio de El Escorial de un importante volumen de
tratados alquímicos, a la par que nanció experimentos destinados a la búsqueda de la trans-
mutación de los metales en oro. No obstante, los sucesivos fracasos hicieron que hacia 1550 su
interés por el tema declinase (Sánchez Gómez, 1988).
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los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
veía librada de un buen bagaje de supersticiones, fuertemente enraizadas en el
imaginario colectivo hispano (Sánchez Gómez, 1988).
Figura 3: La alquimia jugó un papel trascendental en el desarrollo de la futura
medicina de laboratorio. La imagen recoge la obra El alquimista en su laboratorio,
un grabado en cobre de Pieter Bruegel el Viejo (1525-1569), realizado en 1558
(Kupferstichkabinett, Berlín).
Es cierto que en Castilla, por ley promulgada en 1387, se declaró herejes
tanto a los adivinos como a quienes los consultaran, y eran los funcionarios
del Rey los encargados de aplicar condenas a los laicos, entretanto los obispos
harían lo propio con los clérigos, y que hacia 1415 esta persecución fue más in-
tensa, pero la verdad es que los mandatos nunca se tomaron demasiado en serio
(Robbins, 1988). De hecho, en la década de 1530, Pedro Ciruelo (1470-1560),
autor de uno de los primeros tratados sobre esta materia en lengua castellana14,
exponía dudas acerca de que la brujería fuese realmente herética, por lo que
señalaba que debía permanecer bajo control de las autoridades seculares.
En años sucesivos, el debate teológico a este respecto fue intenso, pero
nunca se llegó a una resolución denitiva, lo cual dejaba un enorme margen de
acción a los inquisidores. Así, el mismo delito juzgado por personas diferentes
14. Reprobación de supersticiones y hechizerías (1537?). Al respecto de la singularidad editorial
de este texto, de datación controvertida, puede consultarse el trabajo de Mateo Ripoll (2002).
249
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
solía tener como resultado un castigo muy distinto, y solo La Suprema – el más
alto organismo de la Inquisición española - trataba de poner algo de orden en
este contexto, vigilando muy estrechamente las decisiones de sus tribunales
y reprendiendo a menudo los excesos, si bien ello no evitó que se produjeran
decisiones arbitrarias (Tropé, 2010)15. Más aún, dado que la locura operaba
como un eximente de primer orden en las causas inquisitoriales, no tardaron en
comenzar a producirse suspensiones y absoluciones por este motivo, con lo que
la demencia se convirtió en un elemento que los tribunales del Santo Ocio ma-
nejaron a conveniencia, ya fuera para quitarse una causa incómoda de encima
–cosa que ocurrió en múltiples acusaciones de brujería-, ya fuera para justicar
la supuesta herejía del reo, al ignorarla con la nalidad de hacerlo pasar por
endemoniado (Szasz, 1970; Pérez-Fernández, 2005).
Los teólogos partidarios de equiparar hechicería y brujería, entre los que
se contó el inquisidor general Alfonso Manríquez (1471-1538), recibieron con
presteza el apoyo decidido del Vaticano. No en vano, en 1585 el papa Sixto V
(1521-1590) promulgó la bula Contra astrologiae judiciariae artem exercentes
et quaecumque alia divinationum genera, librosque legentes vel tenentes16, en
la que tachaba de heréticas todas las modalidades de adivinación –incluida la
astrología-, los encantamientos, el supuesto control de demonios, así como toda
clase de magia, hechicería y supersticiones. Sin embargo, La Suprema impidió
que esta bula se difundiera en España hasta inicios del siglo XVII, pues el pro-
blema seguía sometido a debate. Paradójicamente, tres años antes de la emisión
de la bula, en 1582, la Inquisición había arremetido contra la Universidad de
Salamanca por impartir lecciones de astrología –herética por emplearse para
la adivinación-, y había incluido los textos astrológicos en el índice de libros
prohibidos (Robbins, 1988). Este hecho nos ofrece una idea bastante concisa de
la enorme confusión que reinaba en relación a esta materia. Sin embargo, y pese
15. Así, por ejemplo, mientras que 1585 los inquisidores de Zaragoza no fueron reprendidos por
considerar herejía la actitud de un hombre que guardaba como amuleto el dedo de un cadáver,
en 1568 sí se reprendió al tribunal por imponer una multa a una persona que recitaba conjuros
para curar enfermedades, argumentándose que era una práctica de hechicería y, por ello, no
propiamente herética (Robbins, 1988).
16. Existe un error de juicio habitual en la literatura, pues se tiende a confundir esta bula con
la emitida en enero de 1586, titulada De Coeli et Terrae, que en lo tocante a nuestro asunto
aquilataba en buena medida el contenido de la de 1585, pues puntualizaba esta prohibición al
referirse de manera especíca a “todas las artes que provienen de los futuros eventos a excep-
ción de aquéllas que por causas naturales necesariamente o frecuentemente se siguen, lo que
hacía lícita la astrología aplicada a la medicina, la agricultura o la navegación, pero convertía
en delito la adivinación del estado, condición, duración de la vida por observancia del día del
nacimiento, y cualquier cosa atribuida a los astros que fuera fruto del libre albedrío” (Morgado
García, 2000, p. 117).
250
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
a esta actitud de tolerancia controlada, la idiosincrasia profundamente supersti-
ciosa de la cultura española a la que antes nos referimos motivaría que, aún en
el siglo XIX, cuando en el resto de Europa a curanderos, hechiceros o magos se
les condenaba, no por herejes sino por estafadores, la Inquisición española si-
guió tomando el tema como una auténtica realidad y castigando aleatoriamente
a estos personajes como herejes y blasfemos.
La persecución y quema de brujas en la España renacentista
Como se ha comentado previamente, la brujería en España era cosa más
libresca que tomada por real y a menudo parecía existir solo como delirio teoló-
gico de tratadistas o como motivo para la manifestación artística, aunque estos
personajes son objeto central de un escaso volumen de obras literarias (Tabla
I). Lo cierto es que la mayor parte de las ideas acerca de este tema insertas en
el ambiente intelectual español procedían antes de la trasposición de textos y
relatos creados en el extranjero, o bien de textos grecolatinos, que de auténticas
fuentes reales (Lara Alberola, 2012). Y ello, confundido con una misoginia ma-
niesta17, que es perfectamente rastreable en la literatura de la época, en la cual
se ofrecen los relatos de brujas y hechiceras (casi siempre mujeres), ya sean
reales o cticias, desde una óptica negativa, saturada de tópicos, escasamen-
te realista y pocas veces cifrada en hechos reales. No puede extrañarnos, por
tanto, que en una fecha tan tardía como 1436, cuando en países como Francia
e Italia la quema de brujas era ya era un evento más del paisaje cotidiano y la
asistencia al sabbat se consideraba un hecho probado, el entonces obispo de
Ávila, Alfonso Fernández de Madrigal -Alfonso Tostado- (1400-1455), mani-
festara que los aquelarres no eran otra cosa que una ilusión inducida en las mu-
jeres por bebedizos y ungüentos (Robbins, 1988). Incluso, décadas más tarde,
Alfonso de la Espina (?-1496) escribió que los aquelarres no eran más que un
engaño inducido en las brujas por la maldad del diablo18.
Será en 1494 que la Inquisición19 española (Figura 4) se sume ocialmente
a la corriente de pensamiento europea con la edición del Repertorium Inqui-
17. Amparada en la retórica de la mujer como ser débil y pecaminoso tan habitual entre los
teólogos.
18. Fortalitium Fidei. Lugduni: Guglielmus Balsarin, 1487.
19. Con la bula Ad abolendam, del papa Lucio III (1097-1185), se estableció la Inquisición
(Inquisitio Haereticae Pravitatis Sanctum Ofcium) en 1184, en el Languedoc francés.
Inicialmente fundada para combatir las herejías albigense y cátara, esta institución se ocupó
también, posteriormente, de perseguir duramente cualquier posibilidad de desviación de la
ortodoxia católica, incluyendo, por supuesto, las prácticas de brujería.
251
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
sitorum, lugar en el que al n se deende la tesis de que los aquelarres son
algo real, que las brujas eran apóstatas, que aún en el caso de que se tratara de
un engaño inducido por mantener contactos con el demonio se las podía con-
siderar herejes, que mantenían reuniones heréticas conocidas como sabbat o
aquelarres (Figura 4) y que, a la postre, todas ellas habían de someterse a juicio
inquisitorial. Esta idea está forjada en la literatura teológica extranjera de la
época, como prueba el hecho de que textos teológicos muy posteriores, como
las Disquisiciones Mágicas20, del jesuita Martín del Río (1551-1608), ofrezcan
descripciones de esta clase de reuniones claramente adaptadas de otros textos
y nunca cifradas en hechos conocidos de primera mano (Lara Alberola, 2012).
Tabla I: La bruja en la literatura española anterior a El coloquio de los perros
cervantino.
OBRA AUTOR TRATAMIENTO
La Celestina
(1499)
Fernando
de Rojas
(1465-1541)
Visión hechiceril típicamente hispana. La mu-
jer es malvada, pecadora y alcahueta. Sin em-
bargo, Rojas muestra cierto aire de crítica soci-
al al referir los infundios que sufre y las falsas
acusaciones que se le suelen levantar.
La Farsa del
Nascimiento
(h. 1500)
Lucas
Fernández
(1474-1542)
De nuevo se nos presenta la visión hechiceril.
En este texto la acusación de brujería se basa
en elementos colaterales, de marcado carácter
rural, como el hecho de que la mujer visite los
cruces de caminos, lugar en el que es habitual
encontrarse con el demonio para rmar pactos
según la tradición y en el que, además, solían
erigirse las picotas en las que se exponían los
restos de los ajusticiados.
Jardín de las
ores curiosas
(1570)
Antonio de
Torquemada
(ca. 1507-1569)
Este texto, más que una composición literaria,
es un conjunto de relatos sobre las andanzas
de las brujas, entre otras cosas, que pretende
servir como exposición para el conocimiento
del problema. En él se deja ver claramente la
inuencia del Malleus Malecarum, que cita
y parafrasea a menudo, con lo cual se ofrece
la tradicional imagen de la bruja que hace un
pacto con el diablo, vuela, asiste a aquelarres o
se transforma en animales.
20. Lovaina, 1599-1600.
252
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
OBRA AUTOR TRATAMIENTO
La silva
curiosa (1583)
Julián de
Medrano (ca.
1540-?)
Recurso a la explicación mitológica para la
comprensión del fenómeno brujeril. Aquí a la
bruja se la hace descender directamente de las
mujeres monstruosas de Horacio o Lucano.
Precisamente por ello son comunes las alusi-
ones al infanticidio y el vampirismo, costum-
bres habituales de las brujas antiguas.
Historia de
los hechos del
Emperador
Carlos V
(1604)
Fray Prudencio
de Sandoval
(ca. 1552-1620)
Se relata un proceso real por brujería, acaecido
en Navarra en 1527. Se ofrece una descripción
bastante clara del célebre ungüento que las
brujas empleaban para volar y una interesante,
por detallada, relación de las comunicaciones
entre brujas e inquisidores.
Historia
del Buscón
llamado
Don Pablos
(1601?-1620?)
Francisco de
Quevedo y
Villegas
(1580-1645)
Bruja es, al parecer, la madre de Pablos, Al-
donza de San Pedro. Con Quevedo, la brujería
avanza literariamente hacia las zonas urbanas
y se convierte en un personaje más de la fauna
picaresca.
Elaboración propia a partir de Lara Alberola (2012).
Figura 4: Escenas de brujería incluidas en la obra de fray Francesco Maria Guazzo, Guaccius
(1570-1640), Compendium Malecarum, publicada en Milán, en 1608,
y de gran inuencia en el siglo XVII.
253
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
Consecuentemente con este cambio de actitud, la primera mujer ejecuta-
da por bruja en España sería Gracia La Valle, quemada en Zaragoza en 1498
(Corry, 2005). A raíz de esta primera condena comenzó un goteo permanente
de sentencias en la misma línea que, sin llegar a los extremos funestos de lo
sucedido en lugares como Francia o Alemania, al ser puesto en consonancia
por teólogos, médicos e intelectuales con la posición templada que la Inquisi-
ción mantenía para con la hechicería, suscitó un replanteamiento del proble-
ma. La Suprema decidió prestar oídos a este nuevo debate tras los procesos
por brujería que los tribunales seculares celebraron en Navarra en 1526, tan
contestados popularmente y discutidos intelectualmente que se indujo una
revisión de las acusaciones (Robbins, 1988). Cabe signicar ahora que para-
lelamente a este proceso, la bruja se convierte durante los siglos XVI y XVII
en una gura con una fuerte raíz folklórica, en la medida que personaje que se
presenta en múltiples eventos de la cultura popular heredados de la antigüe-
dad21, lo cual conduce a que se haga personaje muy común en la literatura de
la época, a la par que pueble las leyendas locales por doquier (Lara Alberola,
2012).
De hecho, la persecución contra la brujería y la hechicería tuvo en Es-
paña más visos de limpieza étnica –al n y al cabo la “limpieza de sangre”
era uno de los cometidos principales de la Inquisición- que otra cosa. Así
lo prueba el hecho de que a partir de 1550 la mayor parte de las personas
acusadas de brujería ante tribunales, como el de Calahorra, sean personas de
etnia gitana, gentes de paso o descendientes de conversos (Caseda Teresa,
1998). Al mismo tiempo, era bastante habitual que las relaciones entre el
pueblo y las autoridades inquisitoriales fueran complicadas y tensas, lo cual
motivaba a los tribunales a ser templados en sus decisiones. No en vano, el
célebre Malleus Malecarum (Figura 5) que los dominicos Heinrich Kramer
(ca. 1430-1505) y Jacob Sprenger (1436-1495) publicaron en 148622, y que
21. “Cuando en el siglo XVI se plantea el problema de la brujería en sus formas más vigorosas, los
textos clásicos son manejados con tanta frecuencia como soltura por los juristas y teólogos que
deenden las posiciones más violentas: los que, por lo tanto, están en la línea de la credulidad
absoluta. […] Pero, por otra parte, los poetas, los dramaturgos, los novelistas de los siglos XV,
XVI y XVII, utilizan asimismo, de continuo, modelos y arquetipos clásicos, con otros nes, sin
duda y llegando también a otras consecuencias” (Caro Baroja, 1975).
22. Kramer y Sprenger fueron nombrados como máximos representantes del Santo Ocio en las
regiones de Maguncia, Colonia, Tréveris, Salzburgo y Bremen en 1484. Su interés era el de
tomar cartas en el fenómeno de la brujería, pero encontraron grandes resistencias por parte del
clero y las autoridades civiles. Ello condujo a informar de su situación al entonces papa Ino-
cencio VIII (1432-1492) quien, a n de facilitar su tarea, emitió la célebre bula Summis Desi-
derantes Affectibus (1484), en la que les concedió no solo el margen de acción necesario para
254
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
tan graves desastres provocaría en Centroeuropa, en la Península Ibérica era
un texto no tomado demasiado en serio, pues se partía de la línea de pensa-
miento antisupersticiosa iniciada por teólogos como Fray Martín de Andosilla
(ca. 1452-1521) y Fray Martín de Castañega (n.d.). Este último autor, junto
a Pedro Ciruelo, podemos considerarlo uno de los primeros grandes tratadis-
tas sobre este particular en lengua castellana23. Embebido en el pensamiento
de Erasmo de Rotterdam (1466-1536), Castañega entendía la brujería antes
como una cuestión de ignorancia, que de auténtica herejía o maldad (Caseda
Teresa, 1998).
Los miembros de La Suprema se mostraron tan escépticos en este asunto
que elaboraron un pliego de conclusiones en el que, aunque no se cuestionaba
la existencia de la brujería, a n de no contrariar la posición ocial del Va-
ticano, sí se ponían en tela de juicio elementos como las penas muy severas
y la validez de confesiones o acusaciones, a la par que se abogaba antes por
una reconciliación de las acusadas con la Iglesia y una política pedagógica
a través de los sermones de los sacerdotes, que por un endurecimiento de
las persecuciones (Robbins, 1988). No obstante, la Inquisición española no
podría soportar por mucho tiempo las presiones internacionales ni el encono
de los tribunales seculares patrios, que deseaban sumarse a la “brujomanía”
europea, en el entendido de que España estaba mostrándose demasiado tole-
rante con el supuesto problema de la brujería.
actuar, sino que también les licitó a componer el famoso Malleus Malecarum –o “Martillo de
las brujas” (Pacho, 1975; Zamora Calvo, 2002).
23. Tratado muy sotil y bien fundado de las supersticiones y hechizerías y vanos conjuros y
abusiones y otras cosas al caso tocantes y de la posibilidad y el remedio de ellas (Logroño,
1529). Esta obra puede resultar más accesible al lector en la edición de 1946 de la Sociedad de
Bibliólos Españoles (2º época, XVII, nº 346, Madrid).
255
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
Figura 5: Portada de la edición de 1669 del Malleus Malecarum, de los dominicos Heinrich
Kramer (ca. 1430-1505) (Institoris) y Jakob Sprenger (1436-1495)
(Lugduni: sumptibus Claudii Bourgeat...) e ilustración de una de las primeras
ediciones de esta obra (Prigi, 1497).
Así, en 1610 (tres años antes de que Cervantes publicase sus Novelas
Ejemplares), y para anticiparse a las intromisiones inquisitoriales, la justicia
local se apresuró a quemar a las acusadas en el proceso instruido durante el
año anterior en Navarra y el País Vasco por Pierre de Lancre (1553-1631)24.
Este juez, bien conocido en Francia por su extrema dureza en este ámbito,
consideraba que la plaga de brujería iniciada en el Pays de Labourd –o La-
bort- en 1609, y que reprimió con extrema dureza, se había extendido allende
los Pirineos y debía ser también erradicada sin contemplaciones25 (Robbins,
1988; Fernández de Pinedo y Otsoa de Alda, 2008). La interferencia francesa
24. Autor, posteriormente, de uno de los más célebres tratados de demonología de su tiempo:
Tableau de l’inconstance des mauvais anges (París, 1612).
25. Su “campaña antibrujería”, en realidad, fue un ejercicio brutal de represión política que se sir-
vió de la excusa de la religión. En Labort existía un conicto de intereses entre los partidarios
de su familia –pues era originario de allí- y los del resto de la nobleza que le disputaba el poder.
El hecho es que de Lancre, comisionado por el Rey, llegó a San Juan de Luz dispuesto a ajustar
las cuentas a sus opositores, aprovechando el hecho de que la mayor parte de los hombres de
la zona, en tanto que marineros, se encontraban lejos a causa de la temporada de pesca. Los
juicios “morales y religiosos” de Pierre de Lancre terminaron con la ejecución de más de 200
personas, la mayor parte mujeres. El retorno de los pescadores degeneró en una revuelta po-
pular que obligó a la Corona a retirar a de Lancre de sus funciones. No le fue mal en cualquier
caso, pues se le convirtió en consejero real, entre otras cosas (Pedraza, 2014).
256
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
pudo tener terribles consecuencias por cuanto la Inquisición española, espo-
leada por la Corona, optó por abandonar su tolerancia para lanzarse, apoyada
por los obispos, a una cruzada sin precedentes contra los colaboradores del
demonio. La situación se complicó en poco tiempo pues, en apenas semanas,
ya se habían abierto más de cincuenta nuevas causas por brujería en el País
Vasco. Ello no disminuye, por cierto, las controversias, por cuanto los teólo-
gos más progresistas albergaban aun serias dudas al respecto de los resultados
de esta estrategia dura. De hecho, La Suprema, en 1611, abrumada por el
devenir de los acontecimientos, promulgó un edicto de gracia –o arrepenti-
miento- sin castigo para quien tuviere a bien renegar del diablo. Mucho tuvo
que ver en esta decisión el inquisidor Alonso Salazar y Frías (1564-1636).
Designado como revisor de la célebre causa de Zugarramurdi, entre otras
(Pedraza, 2014), Salazar acudió con el edicto inquisitorial en la mano, diríase
que puerta por puerta, tratando de salvar a cuantos acusados pudo en las nue-
vas causas vascas, logrando que nalmente –incluso tras duras discusiones
y enfrentamientos- sólo se condenara a siete personas (Fernández de Pinedo
y Otsoa de Alda, 2008). Al n y al cabo Salazar, quien podía contarse entre
los inquisidores más racionalistas del momento, defendía la idea de que la
brujería probablemente existiera, pero también que la condena por tal delito
resultaba virtualmente imposible porque en la práctica no se podía probar sin
lugar a la duda. De este modo, su informe sobre los casos investigados, en el
que argumentaba ante La Suprema que muchas de las condenas se produjeron
por la vía del falso testimonio o la mera imaginación, condujo a la naliza-
ción efectiva de las condenas por brujería en España26 (Robbins, 1988).
El hecho es que tras la criminalización de brujas, hechiceras, curanderas o
comadronas, y junto con los motivos religiosos y políticos, coexistía un fuerte
componente folklórico y misógino. No es solo que la mujer fuera considerada
débil y tendente al pecado por ser de la piel de Eva, tampoco únicamente que
pudiera resultar proclive a la locura, sino también de un interés activo por parte
de la institución eclesiástica de apartar a la mujer de cualquier práctica que
tuviera visos cientícos. De hecho, solo así puede comprenderse el diferente
tratamiento de género que recibían hombres y mujeres acusados –o persegui-
dos- de similares delitos ante los tribunales del Santo Ocio (Marsá González,
2009).
26. Normas para la Inquisición española, 1611.
257
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
EL USO DE PLANTAS PSICOTRÓPICAS DURANTE EL PERIO-
DO CERVANTINO: ENTRE LA MATERIA MÉDICA Y LAS AR-
TES MÁGICAS
El arsenal terapéutico de la medicina renacentista en relación con las enfer-
medades de la psique se fundamentaba básicamente en las mismas sustancias
de origen vegetal empleadas desde la Edad Media. Del mismo modo, la forma
de entender la locura y su tratamiento durante el Renacimiento dirió poco de
la conceptualización medieval. Así, al calor de las guerras de religión que aso-
laron la Europa de la época, muchas de las manifestaciones de la enfermedad
mental continuaron considerándose como un signo de intervención diabólica
(Montiel, 1998). De esta forma, toda desviación del orden establecido, incluida
la mental, podía ser derivada a los tribunales religiosos, como signo de posesión
maligna, en vez de a las instituciones asilares y nosocomiales. Locura y brujería
continuaron manteniendo, pues, una estrecha relación durante el Renacimiento
y el Barroco27. Pero la España imperial de Felipe II, aislada en su catolicismo
intransigente como medio de protección frente al auge de la Reforma, acusó
aún más la visión del demente como poseído.
No obstante, a lo largo de los siglos XVI y XVII se desarrolló un len-
to proceso por parte de muchos médicos, encaminado a desespiritualizar o
desatanizar la enfermedad mental y los síntomas psiquiátricos, mediante el
fortalecimiento del concepto de imaginación desviada o patológica. En este
sentido, hay que resaltar que en el periodo cervantino la medicina española
experimentó un gran avance (López, 2002)28. Del mismo modo, la materia
terapéutica renacentista experimentó un considerable auge, merced, en gran
medida, a algunos importantes avances habidos en el campo de la farma-
coterapia en la época precervantina. Por un lado, es preciso mencionar la
transformación de los procedimientos alquímicos medievales en disciplina
con proyección cientíca, germen de la futura farmacología experimental.
27. De hecho, el tristemente célebre Malleus malecarum (Martillo de las brujas) (1487), espe-
cie de manual para inquisidores, editado a nales del siglo XV, como hemos comentado, por
los dominicos Kramer y Sprenger, y del que se realizaron 34 ediciones entre 1486 y 1669, re-
curría a la galénica teoría humoral para proponer que los diablos poseían la capacidad de agitar
los humores, de forma que lo imaginario pareciese real, algo que, por otro lado, puede leerse
entre líneas en numerosísimos pasajes del El Quijote.
28. Baste mencionar, entre los autores españoles que se ocuparon de la medicina de la mente, a
Juan Huarte de San Juan (1529-1588), el autor español de mayor proyección internacional de
su época, Oliva Sabuco de Nantes Barrera (1562-?), Antonio Gómez Pereira (1500-1558), o
Juan Luís Vives (1492-1540). Todos estos autores, y sus obras, dan fe del gran interés suscitado
en España durante el siglo XVI por los trastornos mentales.
258
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
Por otro lado, el desarrollo de las disciplinas cientícas, en general, y las
médicas y farmacológicas, en particular, se vio enormemente potenciado por
la invención de la imprenta. Durante el Renacimiento aparecieron las prime-
ras farmacopeas ociales, con la intención de homogeneizar la composición
y las formas de elaboración de las fórmulas prescritas por los médicos de la
época29. En este marco, los textos clásicos en esta materia, fundamentalmente
el Dioscórides, fueron notoriamente enriquecidos, como se puede apreciar
en las famosas ediciones de esta obra realizadas por Pietro Andrea Mattioli
(1500-1577) o Andrés Laguna (1494-1560)30. Finalmente, es preciso destacar
también que todo el arsenal farmacoterapéutico disponible en esta época, in-
dependientemente de su cuestionada ecacia clínica, se vio incrementado con
nuevos fármacos y remedios procedentes de las especies botánicas traídas del
Nuevo Mundo.
Aunque no es factible hablar de psicofarmacología, per se, durante el
Renacimiento tardío, entre los remedios terapéuticos empleados en los si-
glos XVI y XVII para el tratamiento de los sujetos alienados se encuentran
numerosas plantas dotadas de propiedades psicotrópicas, como el beleño
(Hyoscyamus albus o niger), la belladona (Atropa belladona), la mandrágora
(Mandragora ofcinarum), el estramonio (Datura estramonio) y la valeria-
na (Valeriana ofcinalis) (López-Muñoz et al., 2005), hierbas que, por otra
parte, también constituían la base de los preparados elaborados en el marco
de las prácticas de brujería. Sin embargo, desde la perspectiva terapéutica,
el tratamiento de los enfermos mentales se fundamentaba, al igual que en
épocas previas, en un adecuado régimen de vida, sobre todo desde el punto
de vista dietético, y, cuando era preciso, una complementación con diversos
fármacos, fundamentalmente de origen herbal (González de Pablo, 1998),
como el eléboro (Helleborus niger or Veratrum album). Las propiedades
eméticas de esta planta, siguiendo los humorales planteamientos galénicos,
permitirían contrarrestar la producción de materia inrmitatis, ejerciendo un
efecto de catarsis o puricación. Tampoco hay que olvidar el opio (Papaver
somniferum), prototipo de agente sedante, ampliamente utilizado durante el
29. Así, la primera farmacopea europea se publicó en 1498, en Florencia (Nuovo Receptario
Compositio), y la segunda (la célebre Concordie apothecariorum Barchinone medicines Com-
positis) en Barcelona, en 1511.
30. Precisamente, la versión comentada de este último autor (Pedacio Dioscorides Anarzabeo,
acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos, Amberes, 1555), además de ser
citada expresamente por Cervantes en El Quijote, podría haber jugado un papel muy relevante,
como luego se comentará, en la elaboración de los pasajes de tinte psicofarmacológico de los
textos cervantinos.
259
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
periodo moderno para el tratamiento de los pacientes psiquiátricos (Postel y
Quétel, 1987)31.
Brujería y hechicería: las plantas al “servicio del mal”
Centrándonos en el motivo del presente trabajo, y como hemos comentado,
hay que resaltar que prácticamente las mismas sustancias de origen vegetal de
tipo psicotrópico que formaban parte del arsenal terapéutico de la medicina de
las enfermedades mentales durante la Edad Media y el Renacimiento también
eran empleadas, en el entorno mágico de la época, como venenos o agentes
recreativos en el ámbito de las prácticas de hechicería y brujería, como, por
ejemplo, los famosos “ungüentos de brujas”32.
De hecho, los juicios inquisitoriales conrmaron, sobre todo en el caso de
las brujas propiamente dichas, el uso de pócimas y ungüentos, elaborados habi-
tualmente con plantas alucinógenas, como como la dulcamara, “hierba mora” o
“tomatillos del diablo” (Solanum nigrum), la mandrágora, el beleño, la bellado-
na o el estramonio, que eran cocidas en sus famosos calderos junto con grasas
y otras muchas sustancias (Figura 6) (Levack, 1995). Aunque estos brebajes y
ungüentos se emplearon asiduamente durante la Edad Media (Harner, 1973;
Caro Baroja, 2003), esta tradición aún perduraría en España durante el periodo
renacentista, como se pone de maniesto en algunas obras cervantinas. Estas
unturas se aplicaban, entre otras partes, en la región genital y sus efectos eran
casi inmediatos, al absorberse rápidamente los principios activos alucinógenos
a través de la mucosa vaginal (Harner, 1973). Los ingredientes de estos ungüen-
tos producían alucinaciones en estado de vigilia (sensación de transporte por el
aire, fantasías sexuales, visiones de seres extraños, etc.). A continuación, sobre-
venía un profundo sueño, en el cual lo soñado, al despertar, se confundía con
la realidad. A título de ejemplo, entre los efectos del beleño33 se encuentra el de
inducir una extraña sensación de ligereza y de ingravidez, que puede explicar
la vívida certeza de estar volando, como en el caso de los vuelos de las brujas
sobre sus escobas (Font Quer, 2003).
31. Los opiáceos no dejaron de usarse en terapéutica prácticamente hasta nales del siglo XIX,
utilizándose también asociados a beleño, datura, belladona, alcanfor, asafétida, almizcle, cas-
tóreo, cobre amoniacal, ores de zinc (óxido de zinc), etc.
32. En este sentido habría que recordar que el propio término “fármaco” deriva de la acepción
griega “pharmakon”, que puede signicar no solo remedio, sino también veneno, e, incluso,
elemento de connotaciones mágicas.
33. El beleño es denominado en las islas Baleares como “caramel de bruixa”.
260
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
Figura 6: Brujas cocinando el ungüento que les permitiría volar hacia el lugar del aquelarre,
según una ilustración de la época de Cervantes, realizada por Abraham Saur (1545-1593) para
la obra Ein Kurtze Treue Warning (Frankfurt, 1585).
En cualquier caso, las hechiceras y brujas solían ser unas perfectas conoce-
doras de la botánica natural y de las propiedades de las plantas. Como muy bien
arma Faggin: “Como manipuladora de ltros, ungüentos y venenos, la hechi-
cera pertenece a la historia de la ciencia. De ellas, Paracelso armaba haber
aprendido más cosas que de todos los profesores de las academias. La hechicera
representa el recurso directo a la naturaleza y a sus propiedades secretas: a la
terapéutica sacramental de la religión, ella se contrapone con una terapéutica
material” (Faggin, 1959, p. 76). Incluso Alfonso de Miranda (n.d.), en su Diá-
logo del perfecto médico (1562), comenta que la mágica es una “malvada hija
del arte de la medicina, cuyo color curan unos de ensalmo, y otros bendicen y
desojan; y no sólo hombres, mas mujeres” (Miranda 1983, p. 160).
Andrés Laguna y su Dioscórides: la brujería en la mirada de la ciencia
El texto de referencia en el campo de la terapéutica durante la época cer-
vantina fue, sin lugar a dudas, el Dioscórides, denominación popular y vulgari-
zada del tratado Sobre la Materia Médica, principal obra cientíca del médico
griego Pedacio Dioscórides Anazarbeo (Anazarba, c. 40 – c. 90), quien trabajó
gran parte de su vida como cirujano militar al servicio del ejército romano de
261
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
Calígula (12-41), Claudio (11-54) y Nerón (37-68). Este tratado consta de 5
partes o “libros”: el primero de ellos se dedica a las plantas aromáticas, aceites,
ungüentos, árboles y los jugos, gomas, resinas y frutos que de ellos se obtienen;
el segundo, a los animales, miel, leche, grasas, legumbres, hortalizas y las plan-
tas “al gusto agudas”, como los ajos, las cebollas y la mostaza; el tercero, a las
raíces, zumos, hierbas y semillas; el cuarto, a otras plantas y raíces; y el quinto,
a las vides, uvas, vinos, aguas minerales y metales. En total, el texto describe
las propiedades medicinales de unas 600 plantas, unos 90 minerales y alrededor
de 30 sustancias de origen animal (Dubler, 1959).
La enorme importancia de esta obra se puede extrapolar de su gran pervi-
vencia histórica, que alcanzó hasta el siglo XVIII. Durante el Renacimiento
despertó el interés por las obras clásicas y desde el siglo XV se sucedieron las
traducciones latinas, comentadas o no, de la Materia Médica de Dioscórides
(Riddle, 1985)34. Sin embargo, las más relevantes versiones comentadas del
Dioscórides fueron la del médico de Siena, Pietro Mattioli, que alcanzó las
17 ediciones hasta el siglo XVIII, y la del segoviano Andrés Laguna (Figura
7A)35. Inicialmente publicada en Lyon, en 1554, con el título Annotaciones in
34. Entre ellas cabe destacar la traducción latina de Pietro d’Abano (1250-1315), de 1478, y las
posteriores de Ermolao Barbaro (1454-1493) y del canónigo de París, Jean de la Ruelle (1474-
1537), ambas de 1516.
35. Andrés Fernández de Laguna (Segovia, 1499 – Guadalajara, 1560) puede ser considerado
como el prototipo de cientíco humanista del Renacimiento, y aun siendo hijo de médico
judeoconverso, alcanzaría la fama en vida, como una de las más brillantes guras de la cultura
europea de la época. Laguna cursó estudios de artes y de lenguas clásicas en diferentes uni-
versidades españolas (obtiene el título de bachiller en Artes, condición previa para continuar
estudios de Medicina, en la Universidad de Salamanca), y posteriormente medicina en París,
entre 1530 y 1534, siendo discípulo directo de Jean de la Ruelle (1474-1537), uno de los pri-
meros traductores de Dioscórides. Tras su regreso a España, en 1536, ejerció de profesor en
la Universidad de Alcalá, y en 1539 se desplazó a Toledo, por indicación del Emperador, para
atender a la emperatriz Isabel, que falleció de parto. Sin embargo, pronto inició sus habituales
periplos viajeros, primero por Inglaterra y posteriormente, acompañando al Emperador Carlos
V (1500-1558), del que fue médico personal, por los Países Bajos y Alemania, instalándose
nalmente como médico en la ciudad de Metz, en Lorena, entre 1540 y 1545. Su inquieta vida
continuó en Italia, donde permaneció hasta 1554, siendo nombrado doctor por la Universidad
de Bolonia y alcanzando el puesto de médico personal del papa Julio III (1487-1555). Tras
sendas estancias en Venecia, junto al embajador español y gran humanista Diego Hurtado de
Mendoza (1503-1575), y en los Países Bajos, regreso a España en 1557, y fue también médico
del rey Felipe II (1527-1598). Cuando se preparaba para formar parte de la comitiva que de-
bía recibir en Roncesvalles a Isabel de Valois (1545-1568), el agravamiento de una dolencia
intestinal, tal vez un cáncer rectal, le ocasionó la muerte en Guadalajara, el 28 de diciembre de
1559. Aunque escribió más de 30 obras de diversas materias, incluyendo las de orden losó-
co, histórico, político y literario, además de las estrictamente médicas, la obra más conocida
de Laguna es la traducción comentada de la Materia Médica de Dioscórides. Para profundizar
en la biografía de Laguna pueden consultarse diferentes trabajos: Hernando, 1990; Gómez
262
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
Dioscoridem Anazarbeum, su reimpresión en Amberes en 1555 (Pedacio Dios-
corides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal, y de los venenos mortíferos)
constituye la versión primigenia fundamental de esta obra, primera realizada
en lengua castellana (Figura 7B)36. Del mismo modo, incorporó un sexto libro
a este tratado, en el que se describían los diferentes agentes tóxicos y veneno-
sos, junto a sus antídotos y a la forma de tratar los envenenamientos (González
Manjarrés, 2000b)37.
Figura 7: Retrato de Andrés Laguna (1499-1560) (A), según un grabado de la edición
salmantina de su Dioscórides (Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos) de
1563 y frontispicio de esta versión comentada, realizada en la imprenta de Mathías Gast (?-
1577) (B). Esta obra, única de carácter médico citada por Cervantes en sus textos, pudo haber
servido de base en las aproximaciones terapéuticas narradas por Cervantes en sus novelas.
Precisamente, Laguna pudo ser, en opinión de Rothman (1972), el primer
cientíco que demostró la correlación existente entre el consumo de sustancias
Moreno, 2000; González Manjarrés, 2000a; García Hourcade y Moreno Yuste, 2001; Sánchez-
Granjel, 2001; Font Quer, 2003; Puerto, 2013.
36. Prueba de la gran aportación original de Laguna a este compendio clásico es que sus comen-
tarios duplican en extensión el texto completo de Dioscórides, comentarios en los que se incor-
poran observaciones y opiniones fruto de su amplia experiencia como botánico y farmacólogo,
y de sus continuos viajes por Europa, donde siempre se ocupó de recoger y estudiar cuantas
hierbas y plantas pudo.
37. Este texto tuvo un éxito similar al de Mattioli, ya que, hasta el siglo XVIII, fue reimpreso en
22 ocasiones (Dubler, 1953-1959).
263
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
psicotrópicas (contenidas en las plantas de la familia de las Solanaceae) y la
práctica de la brujería38. En sus anotaciones del Dioscórides39, Laguna describe
sus efectos y sensaciones placenteras (similares a las ocasionadas por el opio),
pero, además, fue capaz de demostrarlos experimentalmente, al aplicar estas
unturas de brujas a ciertos sujetos, concluyendo que estas drogas (“raíces que
engendran locura”) ocasionan un incremento de la sugestibilidad, induciendo
una especie de trastorno mental transitorio. Estos hechos sucedieron siendo
Laguna médico asalariado de la ciudad de Metz, en Lorena. En la casa de unos
brujos condenados por las autoridades se encontró una olla medio llena de un
ungüento verde, “con el que se untaban, cuyo olor era tan grave y pesado, que
mostraba ser compuesto de yerbas en último grado frías y soporíferas: cuales
son la cicuta, el solano, el beleño y la mandrágora” (Laguna, 1563). Posterior-
mente, ensayó Laguna esta pócima con una mujer afecta de tan profundos celos
(la mujer de un verdugo municipal) que “había totalmente perdido el sueño y
vuéltose casi medio frenética”. Tras ser untada, la mujer entró en un profundo
sueño, de 36 horas de duración, del que fue difícil despertarla, aun utilizando
diversos medios: “fuertes ligaduras y fricciones de las extremidades, con perfu-
siones de aceite de costino y de euforbio, con sahumerios y humos a narices, y
nalmente con ventosas”. Al despertar, la mujer comentó que “estaba rodeada
de todos los placeres y deleites del mundo...” (Laguna, 1563).
Estos apuntes de naturaleza psiquiátrica abrieron una nueva luz sobre la
visión social de las brujas y hechiceras, que comenzaron a dejar de considerarse
como poseídas y ser evaluadas desde la perspectiva de sujetos enajenados.
BRUJAS, HECHICERAS Y SUSTANCIAS PSICOTRÓPICAS EN
LAS NOVELAS DE CERVANTES
Desde el siglo XII, la proliferación de brujas por toda Europa impregnó la
cultura popular de toda una serie de leyendas (Murray, 1921), que acabaron
convirtiéndose en una auténtica “realidad”, combatida eramente por las auto-
ridades eclesiásticas y civiles: vuelos nocturnos en escobas y toneles, transfor-
38. Aunque puedan mencionarse algunos precedentes ajenos al ámbito de la ciencia, como el
caso del ya mencionado obispo de Ávila, Alonso Fernández de Madrigal, conocido también
como Alonso o Alfonso Tostado, quien en 1436 ya manifestara que los aquelarres no eran otra
cosa que una ilusión inducida en las mujeres por bebedizos y ungüentos (Robbins, 1988).
39. En este trabajo se ha utilizado una versión electrónica de la edición salmantina del Dioscó-
rides de Laguna de 1563, posiblemente la misma que debió manejar Cervantes, impresa, con
privilegio, en la casa de Mathias Gast.
264
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
mación en diversos animales, relaciones carnales con el demonio en los famo-
sos aquelarres, etc. (Figura 8) (Caro Baroja, 2003). Los procesos de herejía por
brujería incoados por parte del Tribunal de la Inquisición alcanzaron su máxima
expresión precisamente en la época en que vivió Cervantes, convirtiéndose Eu-
ropa, entre 1550 y 1650, en una permanente hoguera, fruto de la denominada
“caza de brujas”. No obstante, esta persecución, como hemos comentado, fue
mucho más intensa y brutal en Centroeuropa, Francia e Inglaterra, que en los
países mediterráneos, como Italia o España40.
Figura 8: Grabado de Michael Herr (1591-1661), titulado Sabbat de brujas sobre el
monte de Brocken y datado en 1650 (B. Berg, Blocksberg). Germanisches National-
museum de Nuremberg.
La atracción de Cervantes por el entorno de la magia y la demonología, así
como por sus diversos practicantes, brujas y hechiceras básicamente, parece
evidente, aunque esto era algo común en la España de su época. En el marco
de los textos cervantinos, incluso su personaje cumbre, Alonso Quijano (Figura
9), no ha escapado a esta conceptualización mágica, y aunque su trastorno men-
tal ha recibido múltiples diagnósticos psiquiátricos durante los dos últimos si-
glos41, algunos autores, como Hasbrouck (1992), han postulado también que se
40. Escohotado (1996) estima que, en el conjunto de Europa, se ejecutaron a medio millón de
personas por brujería entre los siglos XV y XVII, cuando la población española, al inicio del
mencionado periodo, era de unos 3 millones de habitantes.
41. Baste mencionar los diagnósticos de trastorno colérico-melancólico, melancolía morbosa,
monomanía con tintes de engrandecimiento y erotomanía, cuadro hipomaníaco, trastorno o
locura paranoide, trastorno delirante o trastorno bipolar. Véase, en este sentido, López-Muñoz
et al. (2006b).
265
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
trata de un personaje reiteradamente sometido a posesión demoníaca, mediante
hábiles encantadores, y que paulatinamente, sobre todo a lo largo de la segunda
parte de la novela, experimenta un fenómeno de autoexorcismo (“¡Fugite, par-
tes adversae!”), que nalmente consigue expulsar a los entes poseedores. Esta
aproximación al extraño comportamiento del ingenioso hidalgo parece entron-
car, como se ha comentado previamente, con algunas conceptualizaciones de la
locura en el periodo tardorrenacentista.
Figura 9: Grabado de Gustave Doré (1832-1883), titulado Don Quijote, leyendo
libros de caballerías, destinado a ilustrar tanto el prólogo como el último capítulo
(LXXIV) de la edición francesa de El Quijote de 1863.
En los textos cervantinos podemos leer todo tipo de actividades relacio-
nadas con la brujería, desde el uso de objetos de naturaleza mágica hasta in-
vocaciones demoníacas y ritos diabólicos realizados en los conventículos. La
obra más representativa, en este sentido, a la que dedicaremos una atención
especial, es la novela ejemplar El coloquio de los perros, donde se relatan las
prácticas brujeriles de una comunidad de brujas llamadas las Camachas. Este
tema también es recurrente en la novela Los trabajos de Persiles y Sigismunda,
donde se narran tres episodios relativos a brujas o hechiceras: una de ellas, de
nombre desconocido, se dedica al ejercicio medicina popular y es experta en
266
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
el manejo de hierbas y conjuros42; otra, de nombre Cenotia, es una hechicera
morisca experta en preparar ungüentos con hierbas diabólicas que le permiten
volar43; y nalmente, la tercera es una hechicera judía experta en magia amatoria
y elaboración de ltros para forzar el amor de hombres ajenos o desembarazarse
de aquellos que ya son molestos44. Este tipo de personajes también aparecen, de
soslayo, en otros textos cervantinos, como en El Trato de Argel (1582), donde la
esclava Fátima conjura demonios para atraer hacia su ama Zahara los amores del
esquivo cristiano Aurelio, o en la novela ejemplar La gitanilla, en la que la pro-
tagonista, Preciosa, suele recurrir a las prácticas de adivinación y buenaventura.
Las disquisiciones y diferenciaciones entre las prácticas de brujería y he-
chicería, al igual que entre los teólogos, también son patentes en la pluma de
Cervantes (García, 1989). En El coloquio de los perros, la bruja Cañizares,
ya una anciana de 76 años, admite ante el hechizado perro Berganza que des-
precia los hábitos de las hechiceras, pues “… que como yo he visto y veo que
la vida, que corre sobre las ligeras alas del tiempo, se acaba, he querido dejar
todos los vicios de la hechicería en que estaba engolfada muchos años había,
y solo me he quedado con la curiosidad de ser bruja, que es un vicio dicul-
tísimo de dejar”. En este desprecio a las artes hechiceriles podría trascender,
en boca de Cervantes, algo más importante para la sociedad española tardo-
rrenacentista como era la “limpieza de sangre”: las brujas podrían establecer
pactos satánicos y pertenecer a las clases sociales más desahuciadas de la
sociedad, pero eran cristianas viejas45, mientras las hechiceras, habitualmente
más jóvenes, siempre estaban sometidas a la sospecha de engarzar una raíz
morisca, y embelesar lujuriosamente a los hombres mediante su poder malé-
co46. E incluso, en la novela Los trabajos de Persiles y Sigismunda, Cervantes
establece una tercera tipología diferencial; las magas o encantadoras47. En
42. Esta bruja, dotada de la propiedad de la metamorfosis y enamorada del encarcelado bailarín
Rutilio, lo transportó desde Italia a Noruega en un manto volador, transformándose en loba a
su llegada.
43. A Cenotia la hace nacer Cervantes en la localidad granadina de Alhama, pero huye de España
por temor a la Inquisición. Enamorada de Antonio, y no correspondida, sus hechizos le hacen
enfermar, pero el fruto de esta venganza sería nalmente la horca.
44. La hechicera judía Julia recibe el encargo de una dama enamorada de aplicar un hechizo a la
prometida de su amor, Periandro, en un juego típico de ltros de amor que fuerzan los libres
albedríos para querer contra la voluntad.
45. Incluso llega a comentar la bruja Cañizares, aceptando la doctrina católica: “sé que Dios es
bueno y misericordioso y que Él sabe lo que ha de ser de mí”.
46. Esto pone de maniesto que la magia erótica jugaba un papel trascendental en las prácticas
de estos colectivos.
47. Esta tercera tipología, en opinión de Lara Alberola (2008), supone una diferenciación entre
la magia natural y la magia maléca o diabólica. Según Cenotia, las magas o encantadoras se
267
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
boca de Cenotia, apunta: “Las que son hechiceras nunca hacen cosa que para
alguna cosa sea de provecho; ejecutan sus burlerías con cosas, al parecer, de
burlas, como son habas mordidas, agujas sin puntas, alleres sin cabeza y ca-
bellos cortados en crecientes o menguantes de luna; usan de caracteres que no
entienden, y si algo alcanzan, tal vez, de lo que pretenden, es no en virtud de
sus simplicidades, sino porque Dios permite, para mayor condenación suya,
que el demonio las engañe. Pero nosotras, las que tenemos nombre de magas
o encantadoras, somos gente de mayor cuantía; tratamos con las estrellas,
contemplamos el movimiento de los cielos, sabemos las virtud de las yerbas,
de las plantas, de las piedras, de las palabras, y juntando lo activo a lo pasivo
parece que hacemos milagros y nos atrevemos a hacer cosas tan estupendas,
que causan admiración a las gentes”.
En sus obras, Cervantes nos muestra, pues, una amplia pléyade de muje-
res vinculadas a la práctica de la magia; ancianas brujas desahuciadas social-
mente, hechiceras étnicas, moriscas y judías, condenadas más por su vincu-
lación religiosa que por sus artes prohibidos, y prepotentes magas. Mujeres,
todas, con cierto desarraigo social, despreciadas por la población, que venden
y usan sus saberes por intereses amatorios y eróticos o son cautivas de una
vulgar adicción farmacológica, como después se comentará. En suma, los
efectos de la sociedad que les tocó vivir y las consecuencias de una atroz per-
secución religiosa, racial, económica y de género48. Como muy bien apunta
Levack (1994, p. 296), “en una época de hambrunas, precios en alza, salarios
en descenso y reducción general del nivel de vida, la tentación para las clases
bajas... de buscar un pacto con el diablo para mejorar su suerte era grande.
Si esas mujeres hablaban realmente con un ser sobrenatural cuando sellaban
pactos o no, es algo que no nos concierne; lo que realmente importa es que
ellas creían que de verdad llegaban a establecer un pacto con el diablo”. Es
el poder de la ilusión… En este punto, también podemos resaltar la opinión
de Miñana (2005), al armar que en las brujas cervantinas, y por ende en el
resto, el papel de la fantasía en los hipotéticos actos satánicos es fundamental
y “el poder embaucador y engañador del diablo se nutre de una irreprimible
tendencia de las brujas a la credulidad”.
encontrarían a un nivel superior al de las hechiceras y recurrirían a un tipo de magia de carácter
natural, más afín a la astrología y la alquimia.
48. En relación al género, hay que insistir en que el mundo de la brujería poseía connotaciones
de marcado carácter misógino en la época cervantina, y se consideraba algo natural la propen-
sión femenina hacia la superstición y hacia el mal, entendidos como una debilidad o como un
peligroso poder maléco, respectivamente, ambos intrínsecos a la mujer (Hutchinson, 1992).
268
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
Cervantes, la terapéutica y las propiedades psicoactivas de las plantas
La dicultad para determinar los auténticos conocimientos de Cervantes
en materia médica, en general, y terapéutica, en particular, ha sido puesta de
maniesto en diversos estudios. Hay que tener presente, en este sentido, que
Cervantes era partícipe, como hijo de cirujano-sangrador (Rodrigo de Cervan-
tes, 1509-1585), hermano de enfermera (Andrea de Cervantes, 1545?-1609) y
bisnieto de bachiller médico (Juan Díaz de Torreblanca (?-1512), de ciertos co-
nocimientos del arte de la medicina, conocimientos que pudo transfundir a sus
creaciones literarias. Por otra parte, en su biblioteca particular se han identi-
cado varios tratados de materia médica muy conocidos en su época (Eisenberg,
2002), como el Tratado de las cuatro enfermedades cortesanas (1544), de Luis
Lobera de Ávila (1480?-1551), la Practica y theorica de la cirugia (1582), de
Dionisio Daza Chacón (1513-1596), el Examen de ingenios para las ciencias
(1575) de Juan Huarte de San Juan (1529-1588) y, lo que es más importante
en el tema que nos concierne, el Dioscórides, comentado e ilustrado por An-
drés Laguna. Ateniéndonos a la reconstrucción de la biblioteca de Cervantes,
la edición reseñada por Eisenberg (2002) fue Pedacio Dioscórides Anazarbeo,
acerca de la materia medicinal, y de los venenos mortíferos, Traduzido de la
lengua Griega, en la vulgar Castellana, & illustrado con claras y substanciales
annotaciones, y con las guras de innumeras plantas exquisitas y raras, por
el Doctor Andrés de Laguna, Médico de Iulio III. Pont. Maxi. Libro editado
en Salamanca. Si este libro corresponde, como indica el investigador, al lega-
do paterno, debía corresponder a la edición salmantina de 1563, o una de sus
reimpresiones de 1566 o 1570, ya que Rodrigo de Cervantes falleció en 1585.
Así pues, el amplio conocimiento de las plantas, algunas con propiedades
curativas, que exhibe Cervantes (López-Muñoz et al., 2006a) posiblemente
proceda de la lectura y de la consulta de obras técnicas, como la famosa edición
del Dioscórides editada por Laguna (López-Muñoz et al., 2007a). En este senti-
do, como resalta Eisenberg (2002), Cervantes era muy acionado a mencionar,
comentar e incluso criticar en sus obras literarias muchos de los libros y ma-
nuscritos de los que disponía en su biblioteca particular, y, siguiendo esta línea
argumentaria, el Dioscórides es la única obra de carácter cientíco-médico que
cita el novelista en toda su producción literaria, en concreto en El Quijote: “Con
todo respondió Don Quijote, tomara yo ahora más aina un quartal de pan o una
hogaza y dos cabezas de sardinas arenques, que cuantas yerbas describe Dios-
córides, aunque fuera el ilustrado por el Doctor Laguna” (I-XVIII). Por otro
lado, hay que tener presente, según postulan algunos autores (Baranda, 1993),
que Laguna redactó sus comentarios al Dioscórides mediante un discurso uni-
269
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
versal en lengua castellana, de forma que pudiesen ser utilizados y entendidos,
además de por los profesionales de la medicina de la época, por personas legas
en materia terapéutica, ya que evitó recurrir a la tecnicación del lenguaje vul-
gar (Gutiérrez Rodilla, 2005)49. Como resalta Baranda (1993), “la duplicidad de
estrategias discursivas de Laguna pone en evidencia su esfuerzo por ampliar el
ámbito de la recepción de su libro; con ello pretendió popularizar la medicina
académica y en este aspecto tuvo un éxito innegable”50. De esta forma, y tenien-
do en mente todos los parámetros comentados, la consulta del Dioscórides por
parte de personas como Cervantes resultaría mucho más asequible. De hecho,
la relevancia de los conocimientos botánicos contenidos en el Dioscórides tam-
bién difunde en otros pasajes de El Quijote distintos a los de su cita expresa y en
otras novelas cervantinas. Así, Don Quijote arma que “el caballero andante...
ha de ser médico, y principalmente herbolario, para conocer... las yerbas que
tienen la virtud de sanar...” (II-XVIII). También en Los trabajos de Persiles y
Sigismunda se comenta que los encantadores tenían que conocer “las virtudes
de las yerbas”, algo similar a lo narrado, con respecto a las hechiceras y brujas,
como después se comentará en El coloquio de los perros.
Siguiendo esta hipótesis y los planteamientos de Esteva de Sagrera (2006),
Cervantes pudo haber conocido las virtudes de numerosas plantas disponibles
en los herbolarios de su época para el abordaje, popular y económico, de di-
ferentes patologías, sin necesidad de la asistencia especializada de galenos y
boticarios. De esta misma opinión es Reverte Coma (1992), quien arma que
pudo conocer, entre otras, las propiedades cicatrizantes del romero (Rosma-
rinus ofcinalis), las estomacales y vulnerarias del corazonzillo (Hypericum
perforatum), las emolientes de la hierba cana (Senecio vulgaris), las astringen-
tes de la hierba de la doncella (Vinca minor), las vermífugas, estomacales y
antihelmínticas de la hierba lombriguera (Tanacetum vulgare), las calmantes de
la hierba mora o tomatillos del diablo (Solanum nigrum), o las venenosas del
eléboro. Por su parte, Morales (2005), en un minucioso estudio botánico sobre
las plantas mencionadas en las obras completas de Cervantes, obtiene 835 refe-
rencias, correspondientes a 150 especies distintas, de las que sólo 9 son clasi-
cadas por el autor como de carácter medicinal. Finalmente, López-Muñoz et al.
(2006a; 2008a) han encontrado en los textos cervantinos 10 plantas menciona-
49. Para ello, Laguna recurría habitualmente a anécdotas, a comentarios de experiencias propias,
a cuentos de países lejanos, etc., como se ha comentado previamente, con el objetivo de hacer
la lectura más asequible y amena a los no especialistas.
50. Prueba de ello es la existencia de ejemplares de esta obra en las bibliotecas de conocidos
personajes históricos, no relacionados con la medicina, como el pintor Diego de Silva y Ve-
lázquez (1599-1660).
270
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
das por sus hipotéticas propiedades terapéuticas o nocivas para la salud, de las
que 7 son mencionadas en relación a sus propiedades psicotrópicas, y 4 de ellas
por sus exclusivas propiedades mágicas o recreacionales, según se recoge en la
Tabla II y se muestran en la Figura 10
Tabla II: Plantas mencionadas en las obras de Cervantes en relación a sus propieda-
des psicotrópicas mágicas o recreacionales.
Planta Nombre
cientíco Familia Propiedades
terapéuticas*
Propiedades
descritas
en los textos
cervantinos
Obra de
Cervantes
Beleño Hyoscyamus
albus/niger L. Solanaceae Hipnóticas
Analgésicas Narcóticas
La Galatea
Viaje del
Parnaso
Opio Papaver
somniferum L. Papaveraceae
Hipnóticas
Analgésicas
Antitusivas
Narcóticas El celoso
extremeño
Romero** Rosmarinus
ofcinalis L. Lamiaceae
Coleréticas
Diuréticas
Espasmolíticas
Vulnerarias
Remedio
universal
Propiedades
mágicas
El Quijote
(I, cap. XI)
El Quijote
(I, cap. XIII)
La gitanilla
Verbena Verbena ofci-
nalis L. Verbenaceae
Espasmolíticas
Tónicas
Antipiréticas
Antiinamatorias
Propiedades
mágicas
Pedro de
Urdemalas
*Propiedades tradicionales, según Font Quer (2003).
**Como ingrediente del Bálsamo de Fierabrás.
Figura 10: Ilustraciones botánicas realizadas por Andrés Laguna, y contenidas en su Dios-
córides, de las plantas medicinales y/o tóxicas citadas en las obras de Cervantes en relación a
sus propiedades psicotrópicas extraterapéuticas y mágicas.
A: Beleño (Hyoscyamus)
271
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
B: Papaver (Papaver Pithitis)
C: Romero (Rosmarinus Coronarium)*
D: Verbena (Verbenaca)
*Como ingrediente del bálsamo de Fierabrás.
Pero, además de las propias plantas, Cervantes conocía los diferentes pre-
parados de botica elaborados con ellas. La farmacopea de la época cervantina
se basaba, fundamentalmente, en la aplicación de aceites, ungüentos, bálsamos,
raíces, cortezas y jarabes (Esteva de Sagrera, 2005). Muchos de estos preparados,
algunos de carácter cticio y otros de uso real, quedan reejados en las obras
del literato alcalaíno. A título de ejemplo, baste mencionar el famoso bálsamo
de Fierabrás, tan reiterado en El Quijote, los polvos de ruibarbo (raíz de Rheum
ofcinale –ruibarbo chino- o Rumex alpinus –ruibarbo de los monjes-), uno de
los agentes terapéuticos purgantes más empleados en la época renacentista, el
ungüento blanco o el aceite de Aparicio. Además, de una detallada lectura médica
de El Quijote y de otras obras cervantinas se puede colegir que Cervantes no con-
templa habitualmente el uso de agentes de acción farmacológica primaria, sino
que recurre al uso de diferentes preparados de botica con efectos farmacológicos
secundarios o diferidos, como ciertos bálsamos, purgantes o eméticos.
En relación con los agentes puramente psicotrópicos, Cervantes suele evitar
mencionarlos especícamente, sobre todo en el caso del opio. Sin embargo, esto
posiblemente no se deba a la ignorancia del autor, que como hemos comentado no
era ajeno a la materia medica y terapéutica, sino, como postulan varios autores, a
un exceso de celo frente a las autoridades de la Inquisición, debido al controver-
tido y desprestigiado uso extraterapéutico de estas sustancias, muy criticado por
las autoridades eclesiásticas (Fraile et al., 2003). Por este motivo, Cervantes se
limita a glosar las propiedades de los preparados herbales utilizados en el entorno
popular, sin incidir en su hipotética composición. No debemos olvidar, en este
punto, la especial vulnerabilidad del literato, que, cuestionado como cristiano
viejo, debía dejar inmaculada de forma permanente su limpieza de sangre51.
A título de ejemplo, y en el contexto de la “medicina mágica”, Cervantes
recurre habitualmente, sobre todo en El Quijote, a los bálsamos, su remedio
terapéutico por excelencia, destacando entre ellos el denominado “bálsamo de
Fierabrás”. Evidentemente, al margen de la terapéutica médica convencional,
el bálsamo de Fierabrás pertenece al conjunto de remedios mágicos de los que
51. De hecho, buscando un aval protector más intenso en este campo, Cervantes ingresó como
miembro de la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento en 1609 y en la Venerable
Orden Tercera de San Francisco en 1613.
272
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
está plagada la literatura caballeresca medieval52. Los efectos del bálsamo de
Fierabrás, elaborado a base de aceite, vino, sal y romero (Figura 10C), siguien-
do un proceder habitual en la práctica de la farmacia de la época, a saber, la
mezcla de varios simples medicinales (tres de procedencia vegetal y uno mi-
neral) para obtener un compuesto (Puerto, 2005) (Figura 11), también son des-
critos por Cervantes: inicialmente un vómito intenso, seguido de gran sudor y
fatiga y posteriormente un profundo sueño. Al despertar, el efecto reparador era
tan marcado que el hidalgo creyó estar completamente curado. Posiblemente,
el verdadero efecto psicofarmacológico del preparado estribase en su capacidad
para inducir un “profundo sueño”, responsable del posterior efecto reparador53.
Figura 11: Detalle de un grabado al agua fuerte de Ricardo de los Ríos (1846-1929) sobre un
dibujo original de Jules Worms (1832-1924), titulado Don Quijote prepara el Bálsamo de Fie-
rabrás, y destinado a la traducción francesa de El Quijote realizada por Cesar Oudin y Francois
de Rosset (L’Histoire de Don Quichotte de la Mancha, París, Librairie des Bibliophiles, 1884).
52. Según esta tradición, compilada en la Historia Caballeresca de Carlomagno, Fier-a-bras
(“el de brazo feroz”) era un gigante sarraceno, hijo del emir Balante (señor de las Españas),
que portaba en su caballo dos barriles con bálsamo sustraídos en Jerusalén, y procedentes del
que había sido empleado en la sepultura de Jesús. En el transcurso de un combate, el gigante
perdió los barriles, que fueron encontrados por su enemigo Oliveros, uno de los Doce Pares de
Francia, quien bebió del bálsamo y curó de sus heridas mortales. Hay que tener presente, en
este sentido, que una versión de este cantar adquirió una cierta popularidad en la España del
siglo XVI, al publicarse en Sevilla una traducción al castellano del mismo (Morales, 2005).
53. De hecho, desde el siglo XIX comenzó a documentarse cientícamente como los enfermos
psiquiátricos, sobre todo los maníacos y psicóticos, obtenían una gran mejoría y se encontra-
ban más relajados los días posteriores a un adecuado descanso. Asimismo, las curas de sueño
prolongado, con barbitúricos y otros agentes psicofarmacológicos, han constituido una prácti-
ca muy utilizada en la historia de la psiquiatría (López-Muñoz et al., 2004).
273
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
Otro ejemplo de planta a la que se adjudicaban propiedades mágicas, inclu-
so durante la época del barroco temprano, es la verbena (Verbena ofcinalis)54,
citada por Cervantes en su comedia teatral Pedro de Urdemalas (1615) (Figura
10D): “Aquí verás la verbena, / de raras virtudes llena”. De hecho, esta planta
se recolectaba durante la noche de San Juan y era muy usada para la elabo-
ración de ltros de amor (Font Quer, 2003). Laguna comenta que “llámanla
hierba sagrada por ser útil para purgar la casa de adversidades, colgándose de
ella” (Laguna, 1563)55. Otros preparados de naturaleza psicotrópica son men-
cionados por Cervantes en sus Noveles Ejemplares, aunque no en relación a sus
connotaciones mágicas, sino puramente delictivas, como el opio (Figura 10B)
en El celoso extremeño o el veneno en La española inglesa, que, a tenor de los
efectos descritos, podría corresponder al eléboro negro o al acónito (Aconitum
napellus).
A continuación describiremos los preparados elaborados con sustancias do-
tadas de propiedades psicotrópicas y empleados, al margen de sus indicaciones
clínicas, a nivel recreativo o con otros nes no terapéuticos, en el marco de la
tradición mágica imperante aún durante el Renacimiento tardío español, en las
obras de Cervantes. Para ello recurriremos a dos novelas ejemplares cervan-
tinas en las que se reere el uso de estos agentes elaborados por hechiceras y
brujas; El licenciado Vidriera y El coloquio de los perros, respectivamente. La
trascendencia literaria de estos preparados, elaborados por personas no cultiva-
das, ajenas a la materia médica y perseguidas por los responsables eclesiásticos,
es tal, que constituyen una parte de gran relevancia en el discurso narrativo de
dichas Novelas Ejemplares.
Las hechiceras y los ltros de amor: El licenciado Vidriera
Los textos de Cervantes constituyen una prueba fehaciente de la estrecha
adscripción que se dio en nuestro país a la práctica de la magia hechiceril entre
los colectivos femeninos étnicos de origen judío o morisco (e incluso gitano),
como se pone de maniesto en la novela Los trabajos de Persiles y Sigismunda,
donde aparecen precisamente sendas hechiceras judía y morisca, expertas en
magia amatoria (Díez Fernández y Aguirre de Cárcer, 1992). Del mismo modo,
la elaboración de pócimas y “ltros de amor” con remedios herbales capaces
54. La verbena es una planta vulgarmente conocida en aquella época como ‘hierba sagrada’, por
su uso, en forma de ramilletes, en ceremonias religiosas de la Antigüedad, o ‘hierba de los
hechizos’, lo que remarca su carácter mágico.
55. Laguna ofrece varios y diversos usos para la verbena: alivio de los dolores de cabeza y del
fuego de San Antón, fortalecimiento del cabello, endurecimiento de los miembros inferiores,
antídoto contra los venenos, efecto procoagulante, etc.
274
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
de modicar los sentimientos y la voluntad de los consumidores, en el marco
de la tradición popular relacionada con la hechicería, es recogida en la novela
cervantina El licenciado Vidriera: “Y así, aconsejada de una morisca, en un
membrillo toledano dio a Tomás unos de estos que llaman hechizos, creyendo
que le daba cosa que le forzase la voluntad a quererla: como si hubiese en el
mundo yerbas, encantos ni palabras sucientes a forzar el libre albedrío; y así,
las que dan estas bebidas o comidas amatorias se llaman ‘venecios’; porque
no es otra cosa lo que hacen sino dar veneno a quien las toma, como lo tiene
mostrado la experiencia en muchas y diversas ocasiones”.
También describe Cervantes los efectos de estos preparados a base de hier-
bas: “Comió en tan mal punto Tomás el membrillo, que al momento comenzó
a herir de pie y de mano como si tuviera alferecía, y sin volver en sí estuvo
muchas horas, al cabo de las cuales volvió como atontado, y dijo con lengua
turbada y tartamuda que un membrillo que había comido le había muerto... Seis
meses estuvo en la cama Tomás, ... y aunque le hicieron los remedios posibles,
sólo le sanaron la enfermedad del cuerpo, pero no de lo del entendimiento,
porque quedó sano, y loco de la más extraña locura que entre las locuras hasta
entonces se había visto. Imaginose el desdichado que era todo hecho de vidrio,
y con esta imaginación, cuando alguno se llegaba a él, daba terribles voces
pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acerca-
sen, porque le quebrarían; que real y verdaderamente él no era como los otros
hombres: que todo era de vidrio de pies a cabeza”.
En esta novela, Cervantes recurre a una hechicera de ascendencia morisca
como responsable de la elaboración del “ltro de amor”56, en un contexto que
podríamos claramente asumir como de “magia erótica” (Simó, 2006). La tradi-
cional dedicación del colectivo morisco a la medicina, maniesto aún durante
el periodo cervantino, y sus amplios conocimientos en el manejo de hierbas y
plantas hacen de la elección de esta hechicera una aproximación muy verosímil
al entorno de los conocedores de la botánica vulgar o popular en la España del
siglo XVI57.
56. Los “ltros de amor” solían ser elaborados con remedios herbales, generalmente
compuestos de diferentes solanáceas, como la datura, el solano, el beleño o la
mandrágora.
57. En cualquier caso, estas actividades estaban prohibidas desde la época de Alfonso
X El Sabio (1221-1284), como se recoge en Las Siete Partidas: “Y aun prohibimos
que ninguno sea osado de dar hierbas ni brebaje a hombre o a mujer por razón de
enamoramiento, porque acaece a veces que de estos brebajes tales vienen a muerte
los que los toman, o pasan muy grandes enfermedades de las que quedan dañados
275
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
Si nos atenemos a la sintomatología experimentada por el licenciado To-
más Rodaja (Figura 12), nos podríamos encontrar frente a un cuadro inicial
de confusión mental onírica de evidente origen tóxico, que bien podría estar
ocasionado por el estramonio o la mandrágora. El estramonio58 es una planta
solanácea que era muy utilizada en la elaboración de ltros destinados a modi-
car la conducta de los envenenados o eliminar el recuerdo de ciertos hechos
acontecidos (Harner, 1973). Hoy sabemos que es una planta cuyo alcaloide más
activo es la daturina (Bruneton, 2001), y que tras su administración sobreviene
un período de gran excitación nerviosa, con temblores, convulsiones y delirios,
al que sigue un embotamiento de la sensibilidad, un debilitamiento del pulso
y la respiración y una progresiva parálisis, que desemboca en una pérdida del
conocimiento y la posibilidad de entrar en coma (Bruneton, 2000), todos ellos
síntomas muy parecidos a los experimentados por el licenciado Rodaja.
Figura 12: Detalle del grabado de Jacob Folkema (1692-1767) destinado a ilustrar
la novela El licenciado Vidriera, en la edición de las Novelas exemplares realizada por
A costa de J. Neaulme (La Haya, 1739).
para siempre” (Partida Séptima, Título 23, Ley II; véase el texto de Editorial Castalia,
Madrid, 1992, pp: 410-411).
58. Esta planta ha tenido diferentes nombres vulgares y populares como “higuera del
inerno”, “higuera loca”, “berenjena del diablo”, “or de trompeta” o incluso “hierba
de los brujos”.
276
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
No obstante, la responsable de la intoxicación también podría ser la man-
drágora (“berenjenilla” o “manzana de Satán”), uno de cuyos efectos tóxicos es
la inducción de crisis convulsivas, debido a su riqueza en atropina (Bruneton,
2000). De ella dice Laguna que “ofende principalmente al cerebro, templo y
domicilio del ánima… por cuanto luego emborrachan, dan váguidos de cabeza,
oscurecen la vista y engendran sudores fríos, precursores de la muerte, ya veci-
na y cercana… Tras la bebida mandrágora se sigue luego profundísimo sueño y
tan pertinaz porfía de dormir, que el tal accidente no diere nada de la letargia”
(Laguna, 1563). Todo ello concuerda también con los efectos del “venecio”
administrado al licenciado Vidriera (Tabla III).
La posibilidad de intoxicaciones con este tipo de preparados herbales y su
inecacia en la modicación del libre albedrío ya fue postulada por el Inquisidor
General de la Corona de Aragón durante la segunda mitad del siglo XIV, Nicolás
Eimeric (1320-1399) en su Directorium inquisitorum (1376): “Esta cuestión de
los ltros de amor es de enorme importancia y de gran actualidad, pues hoy día
se administran muchos ltros de éstos. Los que llegan a caer en conictos amo-
rosos con frecuencia acaban proponiendo a sus amantes pócimas de amor para
enardecerles: quien se halla dominado por el deseo piensa que con ello reduce a
su voluntad la castidad de la persona deseada. En primer lugar, hay que señalar
que no hay nada, en la composición de estas pociones, capaz de forzar al amor la
libre voluntad del hombre. En opinión de los médicos, estos ltros no provocan
el amor, sino a veces la locura” (Eimeric y Peña, 1983, pp. 83-84).
Tabla III: Comparación y concordancia entre la cita cervantina y el párrafo extraído
de las anotaciones de Laguna a su Dioscórides, en relación con los ltros de amor1.
Cita de Cervantes Obra Cita de Laguna Capítulo
del
Dioscórides
“al momento comenzó a
herir de pie y de mano como
si tuviera alferecía, y sin
volver en sí estuvo muchas
horas, al cabo de las cuales
volvió como atontado, con
lengua turbada y tartamu-
da... Seis meses estuvo en
la cama... sólo le sanaron la
enfermedad del cuerpo, pero
no de lo del entendimiento”
El
licenciado
Vidriera
“ofende principalmente
al cerebro… por cuanto
luego emborrachan, dan
váguidos de cabeza, oscu-
recen la vista… se sigue
luego profundísimo sueño
y tan pertinaz porfía de
dormir, que el tal acciden-
te no diere nada de la le-
targia”
LXXVII
(Libro IV)
XVI
(Libro VI)
1Solanáceas (mandrágora o estramonio)
277
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
Las brujas y sus ungüentos: El coloquio de los perros
La imagen más recurrente del imaginario popular sobre las brujas, además
de los vuelos sobre las escobas, ha sido la elaboración de pócimas y ungüen-
tos en sus famosos calderos. Aunque en el marco de la botica tradicional los
ungüentos eran formulaciones para administración tópica elaboradas a base de
grasas, ceras o resinas, su elaboración extrafarmacéutica y extraterapéutica, por
parte de curanderos, hechiceras y brujas, era una práctica habitual desde la
Edad Media.
Cervantes describe detalladamente los efectos de los ungüentos de bru-
jas en la novela ejemplar El coloquio de los perros. La acción de esta novela
transcurre en la puerta del Hospital de la Resurrección de Valladolid y narra la
conversación que mantienen dos perros, Cipión y Berganza (Figura 13). Este
último comenta las actividades de uno de sus amos, una anciana bruja conocida
como la Cañizares59, quien lo confundió con el hijo hechizado de una colega
suya, ya fallecida, apodada la Montiela, y le conesa la práctica de actos pro-
pios de brujería y el empleo de ungüentos especícos para estas prácticas: “...
en esto de confeccionar las unturas con que las brujas nos untamos, a ninguna
diera ventaja, ni la daré a cuantas hoy siguen y guardan nuestras reglas... Este
ungüento con que las brujas nos untamos es compuesto de jugos de yerbas en
todo extremo fríos, y no es, como dice el vulgo, hecho con la sangre de los
59. La Cañizares era integrante de una conocida comunidad de brujas de la localidad de Monti-
lla. Esta comunidad, estaría integrada por tres viejas brujas, conocidas como la Camacha, la
Montiela y la Cañizares, cada una especializada en “artes mágicos y diabólicos” distintos: La
Camacha sería la más experimentada y era capaz de realizar grandes prodigios, como modi-
car el aspecto del cielo, congregando o dispersando las nueves, o congelándolas, conjurar
la presencia de los hombres, hacer orecer rosas en diciembre o germinar trigo en enero;
por su parte, la Montiela era diestra en el arte de invocar legiones demoníacas; nalmente, la
Cañizares era una experta en la elaboración de ungüentos y unturas con hierbas psicotrópicas.
Pero esta comunidad de brujas presenta unos orígenes reales, en la localidad cordobesa de
Montilla, denominadas “las Camachas”. El número de integrantes de esta comunidad fue de
cinco mujeres: Leonor Rodríguez, conocida precisamente con el sobrenombre de la Camacha,
quien aprendió su “arte” de una hechicera morisca granadina, su hermana Catalina Rodríguez,
María Sánchez, apodada “la Coja”, Mayor Díaz e Isabel Martín, “la Roma”. Acusadas del
delito de brujería y hechicería, fueron procesadas por el Tribunal de la Inquisición de Córdoba,
saliendo en Auto de Fe público el 8 de diciembre de 1572. A título de ejemplo, la Camacha fue
condenada a salir al auto público en forma de penitente con coroza en la cabeza y las insignias
de hechicera, abjurar de leví, recibir cien latigazos en Córdoba y otros cien en Montilla, sufrir
destierro de su localidad durante diez años, servir los dos primeros en un hospital de Córdoba,
y pagar una multa de 150 ducados al receptor (Alamillos, 2013). Amezúa y Mayo (1956) apun-
ta que Cervantes posiblemente conoció a alguna de las integrantes de esta comunidad a su paso
por Montilla, como recaudador de la Real Hacienda, en 1592.
278
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
niños que ahogamos... volvamos a lo de las unturas, y digo que son tan frías,
que nos privan de todos los sentidos en untándonos con ellas, y quedamos ten-
didas y desnudas en el suelo, y entonces dicen que en la fantasía pasamos todo
aquello que nos parece pasar verdaderamente. Otras veces, acabadas de untar,
a nuestro parecer, mudamos forma, y convertidas en gallos, lechuzas o cuer-
vos, vamos al lugar donde nuestro dueño nos espera, y allí cobramos nuestra
primera forma y gozamos de los deleites que te dejo de decir... buenos ratos
me dan mis unturas... y el deleite mucho mayor es imaginado que gozado...; y,
sacando de un rincón una olla vidriada, metió en ella la mano, y, murmurando
entre dientes, se untó desde los pies a la cabeza, que tenía sin toca. Antes que se
acabase de untar me dijo que, ora se quedase su cuerpo en aquel aposento sin
sentido, ora desapareciese de él, que no me espantase... Curiosos hubo que se
llegaron a hincarle alleres por las carnes, desde la punta hasta la cabeza: ni por
eso recordaba la dormilona...”.
Cervantes describe magistralmente en este pasaje los efectos psicotrópicos
de las mezclas de agentes alucinógenos administrados por vía tópica (viajes
extracorpóreos, alucinaciones visuales, sensaciones placenteras, etc.), de una
forma muy similar a la efectuada por el profesor de Teología tomista de la
Universidad de Alcalá, Pedro Ciruelo, del que pudo haberse inspirado, en su
conocida obra Reprobación de las supersticiones y hechicerías60. En relación
con los ungüentos de brujas comenta Ciruelo: “... Otras destas en acabándose
de untar y decir aquellas palabras se caen en tierra como muertas, frías y sin
sentido alguno, aunque las quemen o asierren no lo sienten. Y dende las dos o
tres horas se levantan muy ligeramente y dicen muchas cosas de otras tierras y
lugares adonde dicen que han ido... Esta ilusión acontece de dos maneras prin-
cipales: que ora hay que ellas salen realmente de sus casas y el diablo las lleva
por los aires a otras casas y lugares; otras veces ellas no salen de sus casas, y
el diablo las priva de todos sus sentidos, y caen en tierra como muertas y frías,
y les representa en sus fantasías que van a las otras casas y lugares. Y nada de
aquello es verdad, aunque ellas piensen que todo es así como ellas lo han soña-
do...” (Ciruelo, 1978).
60. Publicada inicialmente en Alcalá de Henares en 1530, fue reimpresa hasta en 9 ocasiones
antes de la primera edición de las Novelas Ejemplares.
279
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
Figura 13: Ilustración de la novela El coloquio de los perros atribuida a Josef Ximeno
(1757-1807) para la edición de las Novelas Exemplares de Antonio Sancha (Madrid, 1783),
donde se muestran a los dos perros parlantes, Cipión y Berganza.
Sin embargo, Laguna también realiza en su Dioscórides una detallada des-
cripción de los efectos de las unturas de brujas. En el capítulo correspondiente
al solano61 que engendra locura o hierba mora, una planta solanácea dotada de
importantes efectos alucinógenos (Font Quer, 2003), comenta Laguna en rela-
ción a su consumo: “representa ciertas imágenes vanas, pero muy agradables,
lo cual se ha de entender entre sueños. Esta pues debe ser (según pienso) la
virtud de aquellos ungüentos, con que se suelen untar las brujas: la grandísima
frialdad de los cuales, de tal suerte las adormece, que por el diuturno y profun-
dísimo sueño, las imprime en el cerebro tenazmente mil burlas y vanidades,
de suerte que después de despiertas conesan lo que jamás hicieron” (Lagu-
na, 1563). Más concretamente, en relación a los ungüentos de brujas, habla de
compuestos de olor pesado y naturaleza fría, entre cuyos ingredientes menciona
hierbas como el solano, el beleño o la mandrágora (Laguna, 1563). La Tabla
IV muestra la enorme semejanza entre los textos de Laguna y los de Cervantes,
algunos de los cuales son representados de forma casi literal, lo que parece
61. “… la que saca de tino” y “priva del entendimiento y sentido”, en palabras de Laguna.
280
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
conrmar el uso por parte del literato de las anotaciones del cientíco (López-
Muñoz y Álamo, 2007; López-Muñoz et al., 2007a).
Como también indica Laguna, el principal compuesto de estos calderos se-
ría el beleño (Figura 10A)62, que desde la Edad Media se venía utilizando como
integrante de las pócimas de hechiceros y brujas por sus efectos alucinógenos
(Harner, 1973; Caro Baroja, 2003). El propio Paracelso, Theophrastus Phillip-
pus Aureolus Bombastus von Hohenheim, (1493-1541), en su atribuida Bo-
tánica oculta comentaría como “brujos malvados aprovechan las propiedades
malécas del beleño negro para producir la locura y a veces la muerte, obrando
a distancia y con toda impunidad. Esta planta forma parte de la pomada con
que se untaban las brujas para asistir al aquelarre. Esta receta infernal vale más
que permanezca ignorada. Únicamente ha sido publicada en el libro Páctum,
afortunadamente hoy rarísimo” (Putz, 1975). De las ores de esta planta, de-
nominada hyoscyamo por Laguna, dice el Dioscórides que “engendran sueños
muy graves” (Laguna, 1563)63, y a nivel médico (Cabanés, 2006) sus propieda-
des narcóticas permitieron su empleo, desde el siglo XIV, como anestésico en
intervenciones quirúrgicas (Font Quer, 2003). Asimismo, el aceite de beleño,
denominado usualmente “bálsamo tranquilo”, y elaborado a base de hojas secas
de beleño, belladona, estramonio y adormidera, se usaba como preparado anal-
gésico tópico (Font Quer, 2003; Cabanés, 2006). En la actualidad sabemos que
el beleño, como el resto de las solanáceas (belladona, mandrágora, estramonio,
etc.), es una planta rica en alcaloides dotados de una gran actividad sedante,
como la hiosciamina y la escopolamina, de amplio uso en la reciente historia de
la Psiquiatría64. Sin embargo, los usos tóxicos extramedicinales del beleño han
sido históricamente más habituales65.
62. El beleño es conocido a nivel popular como “hierba loca” y “or de la muerte”.
63. De hecho, un refrán popular español dice que “al que come beleño, no le faltará
sueño”, y “embeleñar” viene a signicar adormecer.
64. Los usos psiquiátricos de esta planta alcanzaron su máximo esplendor en la segunda
mitad del siglo XIX, cuando se aislaron sus alcaloides, sobre todo la hioscina o
escopolamina (Bruneton, 2001), que constituyó un ingrediente muy utilizado en los
cócteles psiquiátricos que se aplicaban en esa época en las instituciones psiquiátricas,
como el famoso Hyoscine CoA, que contenía hioscina, morna y atropina, y se
administraba a pacientes maníacos muy excitados y agresivos (véase López-Muñoz
et al., 2005).
65. Aunque Cervantes no menciona expresamente al beleño en relación a la composición
de los ungüentos de brujas, si lo hace en alguna otra de sus obras literarias, aunque
con un marcado carácter simbólico en relación a sus propiedades narcóticas. Así es
mencionado en La Galatea (1585): “Tu has quitado las fuerzas al beleño, / con que
el amor ingrato / adormecía a mi virtud doliente”. También en Viaje del Parnaso
(1614): “Morfeo, el dios del sueño, por encanto / allí se apareció, cuya corona / era
de ramos de beleño santo”.
281
Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
El aspecto físico de la vieja bruja, tras la aplicación de la untura, también
es aportado por Cervantes: “… denegridos los labios, traspillados los dientes,
la nariz corva y entablada, desencaxados los ojos, la cabeza desgreñada, las
mejillas chupadas, angosta la garganta y los pechos sumidos”. Laguna también
describe, de forma muy parecida, los efectos tóxicos inducidos por el beleño:
“a los que tragaron el hyoscyamo blanco sobreviene gran relajación de junturas,
apostémaseles la lengua, hínchaseles la boca, inámaseles y paréceles turbios
los ojos, estréchaseles el aliento, acúdeles sordedad con váguidos de cabeza, y
una comezón de las encías, y en todo el cuerpo” (Laguna, 1563).
Y no solamente en El coloquio de los perros hace referencia Cervantes a
las unturas de brujas. También son mencionadas, aunque no relata sus efectos,
en Los trabajos de Persiles y Sigismunda, cuando comenta las actividades de
Cenotia, una hechicera morisca experta en la elaboración de ungüentos a partir
de hierbas diabólicas y capaz de volar por los aires (Díez Fernández y Aguirre
de Cárcer, 1992).
En cualquier caso, los textos cervantinos ponen de maniesto un hecho
que hoy podría parecer evidente; en múltiples ocasiones, estos ungüentos
podrían haber sido elaborados, cercenando la excusa ritual o satánica, con
nes evidentemente recreativos y lúdicos. Como apuntaba la bruja Cañizares,
“buenos ratos me dan mis unturas... y el deleite mucho mayor es imaginado
que gozado”. Del mismo modo conesa que tiene un “vicio dicultosísimo de
dejar” y que “la costumbre del vicio se vuelve naturaleza”, criterios que hoy
conforman parte del diagnóstico de los trastornos por abuso de sustancias. Es
más, la propia Cañizares justica en la drogodependencia sus prácticas bruje-
riles y su aislamiento social: “… y como el deleite me tiene echados grillos a
la voluntad, siempre he sido y seré mala”. En esta novela ejemplar, Cervantes
nos muestra a un personaje marginal, una anciana aislada socialmente, que es
adicta a las unturas elaboradas con plantas alucinógenas, merced a la búsque-
da de un placer sexual que no puede obtener, dada su edad, por otras vías. En
suma, una persona estigmatizada, en una sociedad marcada por el puritanis-
mo de la Contrarreforma.
282
los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
Tabla IV: Comparación y concordancia entre diferentes pasajes de los textos
literarios de Cervantes y párrafos extraídos de las anotaciones de Laguna a su
Dioscórides, en relación con los ungüentos de brujas1.
Citas de Cervantes Obra Citas de Laguna
Capítulo
del
Dioscórides
“jugos de yerbas en todo
extremo fríos”
El coloquio
de los
perros
“compuesto de yerbas
en último grado frías”
LXXV
(Libro IV)
“nos privan de todos los senti-
dos”
“priva del entendimi-
ento y sentido”
“en la fantasía pasamos todo
aquello que nos parece pasar
verdaderamente”
“creen haber hecho
despiertas todo cuanto
soñaron durmiendo”
“gozamos de los deleites que
te dejo de decir”
“estaba rodeada de
todos los placeres y
deleites del mundo”
“llegaron a hincarle alleres...
ni por eso recordaba la
dormilona”
“fue difícil despertarla,
aun utilizando diversos
medios”
1Solanáceas (beleño o solano).
CONCLUSIONES
El mundo de la brujería y de los fenómenos anes es bastante habitual
en los textos cervantinos (Díez Fernández y Aguirre de Cárcer, 1992; Molho,
1992). No obstante, este tema puede constituir una mera extrapolación del
interés, tanto popular como literario, que por estos temas hubo durante el
periodo de la Contrarreforma en el Siglo de Oro español (Lisón, 1990). Pero
Cervantes, no solamente se limita en sus obras a describir detalladamente
este tipo de prácticas y a mostrar el perl de los sujetos que las ejecutan o las
sufren, así como a relatar su forma de conexionarse con el resto de actores
sociales, sino que, en un paso más allá, nos muestra los efectos tóxicos de
las sustancias y preparados dotados de la virtud de modicar la cordura y el
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Francisco López-Muñoz - Francisco pérez-Fernández
entendimiento, ampliando nuestros conocimientos sobre el manejo de estos
productos herbales por parte de colectivos marginales durante el periodo tar-
dorrenacentista en España.
Pero Cervantes, habitualmente, evita dar datos concretos sobre la composi-
ción de los preparados de esta naturaleza que cita en sus obras, ni suele especi-
car ninguno de sus ingredientes, como hemos resaltado, a pesar de indicar su
procedencia herbal, debido posiblemente a evitar una confrontación directa con
el Tribunal de la Inquisición. No obstante, la descripción de los síntomas acon-
tecidos a sus personajes nos permiten aventurar, desde un enfoque psicofarma-
cológico, cuales podrían haber sido los ingredientes de dichos preparados: el
beleño o el solano en el caso de El coloquio de los perros, y la mandrágora o el
estramonio en El licenciado Vidriera.
Además, en sus textos, Cervantes tampoco se limita, en este segundo es-
calón, a efectuar una descripción de los efectos farmacológicos de los men-
cionados preparados, sino que incide en una valoración juiciosa del carácter
diabólico de estas prácticas (Johnson, 1991), realizando una profunda crítica a
las ancestrales supersticiones asociadas a este entorno. De esta forma, el autor
alcalaíno arma en la novela ejemplar El coloquio de los perros, en relación
a la adscripción vulgar de las pócimas con las prácticas mágicas, que “todas
estas cosas y las semejantes son embelecos, mentiras”. Así mismo, Cervantes
también se reere despectivamente a los ltros de amor y a las pócimas nar-
cóticas elaborados con remedios herbales, a pesar del gran arraigo popular de
que gozaban, como se pone de maniesto en El Quijote: “suelen hacer algunas
mujercillas simples y algunos embusteros bellacos, algunas misturas y venenos
con que vuelven locos a los hombres” (I-XXII).
En cualquier caso, parece que los conocimientos sobre la materia tera-
péutica y el armamentarium botánico de la época por parte de Cervantes eran
bastante amplios. En este sentido, el Dioscórides anotado por Andrés Laguna
puede ser la obra cientíca en materia terapéutica empleada por Cervantes en
la redacción de algunos pasajes de tinte farmacológico de sus creaciones li-
terarias. De hecho, Cervantes disponía de un ejemplar de este tratado en su
biblioteca particular. Tras contrastar los pasajes literarios relacionados con los
agentes psicotrópicos con las descripciones que de los mismos se hace en el
Dioscórides de Andrés Laguna, nosotros hemos podido conrmar el empleo,
por parte de Cervantes, de descripciones similares a las aportadas por el médico
segoviano, y en algunos casos citas casi literales.
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los ungüentos de brujas y filtros de amor en las novelas cervantinas
Pero el uso del Dioscórides de Laguna como herramienta referencial y do-
cumental por parte de Cervantes no supone ninguna merma de la creatividad
artística del autor, como se podría pensar desde planteamientos reduccionistas,
sino todo lo contrario. Las pinceladas técnicas constituyen un adorno más y un
recurso para demostrar cierto carácter ilustrado. En este sentido, como autén-
tico genio, Cervantes trataría de integrar los saberes de la materia médica, que
tan familiar le era, en su universo literario, dotando a sus obras de un toque de
distinción técnica, a modo de salvas de erudito. Y para lograr este objetivo, la
mejor opción era recurrir a la más prestigiosa de las obras de su tiempo en este
campo: el Dioscórides de Andrés Laguna.
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... This may not be due to ignorance on the part of the author, who as we have said was no stranger to medical and therapeutic matters, but rather, as several authors suggest, to an excess of zeal toward the authorities of the Inquisition. We must not forget the particular vulnerability of the writer at this time, who, having been questioned as an old Christian, had to leave his blood purity permanently unblemished [59,71,72]. ...
... As can be seen, there is an enormous similarity between Laguna's writings, discussed above, and those of Cervantes, who masterfully describes the psychotropic effects of the mixtures of hallucinogenic agents administered topically (outof-body travel, visual hallucinations, pleasurable sensations, etc.) in his work, which seems to confirm the literary writer's use of the scientist's annotations [30,31,59]. However, Cervantes may also have been inspired by the well-known work of Pedro Ciruelo (1470-1548), professor of Thomist theology at the University of Alcalá, entitled Reprobación de las supersticiones y hechicerías (Reprobation of Superstition and Witchcraft), which was first published in Alcalá de Henares in 1530 but reprinted up to nine times before the first edition of the Exemplary Novels. ...
... La hechicería, frente a ello, mantenía una calificación criminal más leve por cuanto se entendía que en este caso el hereje no era partícipe de un delito moral pues a menudo obraba conducido por simple ignorancia o superstición. Fue por ello que entretanto las inquisiciones europeas se lanzaron a una brutal persecución de brujas, la española, idiosincrásica, que funcionaba a la manera -y permítasenos la licencia-de una "policía política", mostró por lo general una fuerte resistencia a introducirse en esta cuestión (López-Muñoz y Pérez Fernández, 2015). nos interesa destacar, en todo caso, que el asunto de la brujería fue el que permitió recuperar y trabajar el tema de la simulación en ámbitos remotamente "forenses". ...
... nos interesa destacar, en todo caso, que el asunto de la brujería fue el que permitió recuperar y trabajar el tema de la simulación en ámbitos remotamente "forenses". ni que decir tiene que los criterios "médicos" para la detección de la brujería eran por lo común un fraude devenido de las propias características peculiares tanto del "crimen" como de los "criminales" a estudiar, por cuanto no existían cuadros nosológicos que permitieran elaborar algo parecido a un diagnóstico más allá de las diseñados por los propios inquisidores a partir de supersticiones e interpretaciones torticeras de los textos bíblicos (López-Muñoz y Pérez Fernández, 2015). Además, sucedía que los supuestos especialistas cobraban por cada caso positivo a la par que, en su trabajo, se apoyaban en textos de otros que como ellos mismos jamás habían asistido a casos de brujería "reales", lo cual ha permitido establecer la idea de la brujería como crimen "libresco" (Lara Alberola, 2012). ...
... Hay que entender que las explicaciones acerca de la salud y la enfermedad proporcionadas por curanderos y sanadores resultaban más comprensibles para el vulgo, pues sintonizaban mejor con sus puntos de vista al relacionarse con creencias ancestrales, muy extendidas y fuertemente arraigadas. Sucedía, además, que las arcaicas teorías humorales dominaban el escenario médico-psiquiátrico y tardaron muchos años en ser desbancadas como explicación de los procesos orgánicos por cuanto es conocido que la revolución científica que había alcanzado a las ciencias físicas, y que generó un fuerte desarrollo de la comprensión anatómica del ser humano, aún tardaría siglos en consolidarse en otros ámbitos biológicos (López-Muñoz y Pérez Fernández, 2015). ...
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RESUMEN No se profundiza en el tema de la verdad o la falsedad, y tampoco en el dudoso ámbito de la "detección de la mentira" , sino en un problema histórico de importantes consecuencias en el campo de la evaluación psicológica y forense. Los especialistas, a lo largo del tiempo, han afrontado el problema de la simulación de diversos modos y trataremos de ver la eficacia de tales metodologías, desvelar los prejuicios científicos existentes en torno a este asunto, y establecer una base de conocimientos que nos permitan determinar en qué sentido las estrategias evaluativas del presente son resultado del pasado. no en vano, la simulación o disimulación de síntomas ha sido una de las estrategias históricas más socorridas para la elusión de responsabilidad, la ruptura de contratos, o bien la consecución de objetivos que podrían considerarse ilícitos. ABSTRACT It does not delve into the issue of truth or falsity , nor in the dubious field of " lie detection " , but a historical problem of important consequences in the psychological assessment and forensic fields. Specialists, over time, have faced the problem of simulation and deception in various ways and we try to see the effectiveness of such methodologies, uncover existing scientific prejudices around this issue and to establish a knowledge base that allow us to determine in which direction the present psychodiagnostic strategies are the result of the past. not surprisingly, the malingering of symptoms has been one of the handiest way for circumvention of historical responsibility strategies, breach of contracts, or the achievement of objectives that could be considered illegal.
... Ambos autores, salvo en los textos de ambientación mitológica de Lope de Vega, nos muestran los efectos de la sociedad que les tocó vivir y las consecuencias de una atroz persecución religiosa, racial, económica y de género hacia estas mujeres de vida marginal, así como los usos y costumbres de la España tardorrenacentista y novobarroca, incluyendo el uso, con objetivos extraterapéuticos, de una gran cantidad de sustancias dotadas de propiedades psicotrópicas (14)(15)(16)(17)(18), en algunos casos con fines ilícitos e incluso criminales (véase el empleo de diferentes venenos), en otros de carácter adictivo (como el caso de los ungüentos de brujas), y las más de las veces con objetivos meramente crematísticos (filtros de amor y magia amatoria). ...
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The state of mental institutions gradually improved throughout the nineteenth century. The architectural changes promoted by the Kirkbride Plan in the United States and different advances in various fields and disciplines prompted a more humane way. However, the debate on detention practices in mental institutions and on the treatment received by patients never ceased to be present. This context witnessed the case of reporter Nellie Bly, who in 1887 simulated madness crazy in order to be admitted at the Psychiatric Hospital of Blackwell's close to Island New York. The ensuing scandal and media coverage of her case prompted several reform initiatives by the US government.
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RESUMEN: El estado de las instituciones mentales mejoró progresivamente a lo largo del siglo XIX. Los cambios arquitectónicos impulsados por el Plan Kirkbride en Estados Unidos y los avances en diversos ámbitos y disciplinas motivaron que comenzara a tratarse al paciente de un modo más humano. No obstante, el debate en torno a las prácticas de internamiento en instituciones mentales y al tratamiento recibido por los pacientes nunca dejó de estar de actualidad. En este contexto se produjo el caso de la reportera Nellie Bly, que en 1887 se hizo pasar por loca a fin de ser ingresada en el hospital psiquiátrico neoyorquino de Blackwell’s Island. Las repercusiones mediáticas de su caso impulsaron diversas iniciativas reformistas por parte de las administraciones estadounidenses. ////// ABSTRACT: The state of mental institutions gradually improved throughout the nineteenth century. The architectural changes promoted by the Kirkbride Plan in the United States and different advances in various fields and disciplines prompted a more humane way. However, the debate on detention practices in mental institutions and on the treatment received by patients never ceased to be present. This context witnessed the case of reporter Nellie Bly, who in 1887 simulated madness crazy in order to be admitted at the Psychiatric Hospital of Blackwell’s close to Island New York. The ensuing scandal and media coverage of her case prompted several reform initiatives by the US government.
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A Cervantes le tocó vivir los comienzos difíciles del nacimiento de las ciencias modernas. Al papel importante que España representó durante el Medioevo, como depositaria del saber de Grecia y Roma, interpretándolo, comentándolo y esparciéndolo por Europa, siguió el rol nada glorioso, de oponerse a la entrada de los nuevos conocimientos científicos que ya empezaban a florecer en los demás países europeos. Y así, de innovadora, España se fue convirtiendo en renuente a cualquier innovación que no hubiese partido de las mismas raíces de la tradición. Esto no es de extrañar, pues es sabido con cuantas dificultades ha contado el progreso español, no sólo en el terreno puramente cultural y científico, sino también en el humano, en general, y médico, en particular.
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Resumen Cuando Freud contaba una edad avanzada, reconocía la gran atracción que sintió toda su vida por la obra de Cervantes en una carta dirigida a Luis López-Ballesteros y de Torres, traductor de su obra cientííca al castellano, y fechada en Viena el 7 de mayo de 1923. En la misma, aarma el psiquiatra: «Siendo yo un joven estudiante, el deseo de leer el inmortal D. Quixote e[n] el original cervantino, me llevó a aprender, sin maestros, la bella [lengua] castellana» [sic] (Freud, 1968, I, p. 9). A pesar de ello, cabe destacar que la mayor parte de sus biógrafos, como Ernest Jones o Peter Gay, no efectúan en ningún momento referencia alguna a la lengua española en relación a los numerosísimos contactos internacionales que mantuvo, durante el primer tercio del siglo , el fundador del psicoanálisis. Por otro lado, a pesar de su pasión por el literato alcalaíno, apenas cita su obra en su vasta producción cientííca. De hecho, las referencias de Freud a Cervantes y sus textos y personajes proceden mayoritariamente de su abundante co-rrespondencia. En este sentido, existen dos colecciones epistolares muy reveladoras sobre el tema que nos incumbe: una colección que puede ser considerada ya como clásica, y en la que se recogen sus cartas a Martha Bernays durante el periodo comprendido entre 1882 y 1886 (Cartas a la novia, 1973), y otra colección, de publicación más reciente (Cartas de juventud, 1992), a la que dedicaremos mayor atención en este trabajo, por sus connotaciones cervantinas. En consecuencia, y enlazando las antedichas cartas con otros materiales y comentarios críticos, la intención nal de este artículo es sondear la relación entre Freud y Cervantes, así como tratar de calibrar el impacto que la obra del literato español pudo tener, posteriormente, tanto en el autor del psicoanálisis como en sus aportaciones.
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El presente trabajo profundiza en la bruja como personaje literario en las letras áureas. Partiendo de un análisis de todos los textos de los siglos XVI y XVII existentes en los que la bruja participa de algún modo, llegaremos a la conclusión de que este actante no abunda en las obras del periodo abarcado en la medida esperable, pues la eclosión de la caza de brujas tuvo lugar durante las mencionadas centurias. Por ello, nos hemos centrado posteriormente en otros materiales que pueden desvelar cómo el arquetipo de la bruja se ha difundido, a pesar de su pobre recreación en la literatura de fi cción de estos siglos: los tratados y relaciones de procesos inquisitoriales. Estos géneros son los que realmente proporcionan la clave para comprender dónde y cómo nace y se desarrolla la fi gura que nos interesa; y conducen al investigador a plantearse nuevas tesis para abordar el fenómeno de la brujería
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The literary works of Miguel de Cervantes have been widely studied from numerous points of view, including the medical one. In the present work, we defend the hypothesis that the Andrés Laguna version of Dioscorides was the source used by Cervantes in his literary passages related to therapeutic aspects, especially in relation to plants with medicinal properties. This book, a copy of which was in Cervantes’ private library, is the only medical treatise cited by the novelist in any of his writings (Don Quixote). Apart from the medicinal plants mentioned in his works, of which we have identified chicory, oleander, henbane, opium poppy, rosemary, rhubarb, tobacco, tamarisk, seeds of spurge, and vervain, Cervantes also seemed familiar with the effects of different pharmaceutical preparations produced from plants (white ointment, Aparicio’s Oil, narcotic powders, etc.). Our hypothesis is backed up by Cervantes’ use of descriptions similar to those of Laguna in his Dioscorides (the hallucinogenic effects of witches’ ointments in The Colloquy of the Dogs, the therapeutic properties of rosemary in the treatment of wounds and traumatisms in Don Quixote, the narcotic effects of opium in The Jealous Extremaduran, the psychodysleptic effects of some love potions in The Licentiate of Glass, or the toxic effects of some poisons in The Spanish-English Lady), and even, in some cases, by use of Laguna’s similar quotations (as in his reference to the purging of excessive bile in Don Quixote).