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Violencia en las redes sociales

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Lo que en este libro se articula es una pormenorizada reflexión (antecedente o secuencia de Arte en las redes sociales) sobre la violencia en las redes sociales. Ninguno de los trabajos tiene la última palabra, todos ellos se saben aproximativos, pues afanosamente están dibujando la orografía de una historia que apenas está sucediendo. Lo que importa es que estamos al principio de ese proceso que está sucediendo. Y aunque la violencia es el centro de este libro, lo que se piensa es la relación. Decimos que se cavila sobre la violencia en las redes, aunque sería preciso decir que más bien se reflexiona en la violencia de las redes. Por esto el lector encontrará pasajes en donde se revela su mutación, su cambio, donde ella se torna espectáculo, dispositivo, y se desborda, se hace banal, se trivializa, no sólo como hecho en sí, sino en las múltiples grafías en que ella se dispone, esto es, en las distintas maneras de configurar la comunicación y las relaciones de poder. Igual que podrá ver “el fenómeno de la autoridad de anonimato y se releva al promotor del mensaje de toda responsabilidad”.
VIOLENCIA EN LAS REDES SOCIALES
filosofía
ÍNDICE
9
Prólogo
Alberto Constante
1 3
Las redes sociales: acontecimientos y perspectivas
Ramón Chaverry Soto
3 1
La vulnerabilidad en el perfil
Carlos Vargas
4 7
Un día cualquiera en la vida de
don Pedro Grullo.
De la violencia de las redes sociales
o ¿la humanidad salvaje?
Adalberto Ayala
6 3
Violencia algorítmica
Alberto Mora
Violencia en las redes sociales
Este libro ha sido escrito en el marco de
los proyectos de investigación papiit in-402911
Filosofía 2.0 redes sociales y papime pe-400411
Filosofía 2.0 redes sociales pertenecientes
a la Dirección General de Asuntos del Personal
Académico de la Universidad Nacional
Autónoma de México.
dirección general: Claudia Curiel de Icaza
dirección editorial: Idalia Sautto
diseño editorial y formación: Priscila Vanneuville
corrección de contenidos: Paola Uribe
y María Paula Martínez
cuidado editorial: Juan Carlos H. Vera
primera edición: Estudio Paraíso, 2013
1 de diciembre de 2013
d.r. © Estudio Paraíso, 2013
Caballo Calco 35-7, Col. Villa Coyoacán, Del. Coyoacán,
c.p. 04000, México, d.f.
d.r. © (2013), Universidad Nacional Autónoma de México,
Facultad de Filosofía y Letras
Circuito Escolar s/n Ciudad Universitaria, 04510, México, d.f.
isbn: 978-607-96389-0-0 Estudio Paraíso
isbn: 978-607-02-4912-9 FFL-UNAM
Todos los derechos reservados.
Queda prohibida la reproducción parcial o
total de la obra por cualquier medio o procedimiento,
comprendidos la reprografía y el tratamiento
informático, la fotocopia o la grabación, sin la previa
autorización de Estudio Paraíso y la
Universidad Nacional Autónoma de México.
Impreso en México
7
7 7
Las redes sociales y la libertad de expresión.
Un poder conativo sin responsabilidad
Alberto Carrillo Canán y Marco Calderón Zacaula
9 7
Violencia e imágenes fotográficas en Facebook
Linda Romero
111
La violencia de las redes
o la banalización de la violencia
Alberto Constante
129
Semblanzas de los autores
9
Prólogo
Alberto Constante
Deleuze, cuya muerte data de 1995, apenas si pudo advertir el esta-
tus que tendrían las redes sociales en nuestro tiempo y esa suerte de
infinito futuro al que se enlazaron. Si bien no escribió sobre las
“ventajas”, o la “utilidad” o en torno a los modos en las que trastor-
naría nuestras subjetividades particularmente, sí llegó a indicar la
relación simbiótica de las mismas con el capitalismo y, con ello, de-
finir la estructura de poder y de violencia con las que ellas actúan:
Es sencillo buscar correspondencias entre tipos de
sociedad y tipos de máquinas, no porque las máquinas sean
determinantes, sino porque expresan las formaciones
sociales que las han originado y que las utilizan.
Las antiguas sociedades de soberanía operaban con
máquinas simples, palancas, poleas, relojes; las sociedades
disciplinarias posteriores se equiparon con máquinas
energéticas, con el riesgo pasivo de la entropía y el riesgo
activo del sabotaje; las sociedades de control actúan
10 11
mediante máquinas de un tercer tipo, máquinas
informáticas y ordenadores cuyo riesgo pasivo son
las interferencias y cuyo riesgo activo son la piratería
y la inoculación de virus. No es solamente una
evolución tecnológica, es una profunda mutación
del capitalismo.1
He puesto la fecha de la muerte de este enorme filósofo porque
nos da una idea del avance tecnológico que tenían las redes sociales
así como su evolución.
Foucault había escrito sobre las sociedades disciplinarias. Ellas
crecieron al amparo de los centros de encierro progresivo (escuela,
familia, cuarteles), al igual que las instituciones del llamado even-
tual encierro (cárceles, hospitales). Todas ellas se constituyeron, al
mismo tiempo, en dispositivos de poder con los que se ejerció y ad-
ministró la violencia. Una violencia que, digámoslo así, era dosifica-
da y secreta, ortopédica y correctiva; pero en las sociedades de con-
trol, lo que se administra es la violencia pero ya no como una
ortopedia de las conductas y de los hombres sino de otra forma,
pues en estas sociedades se trata sólo de asignar lugares a los sujetos,
determinar nichos privados, estructuras donde podamos ser vistos y
aceptados; sitios en donde lo que importa es el password, el sésamo
de nuestro mundo, la llave por medio de la cual entramos a las redes
y en donde la violencia se ejerce silenciosa, pertinaz, casi indolora,
porque ella se ejerce a través de actos de red, como son la exclusión,
el escamoteo, la disipación y, finalmente, la desaparición.
Lo que en este libro se articula es una pormenorizada reflexión
(antecedente o secuencia de Arte en las redes sociales) sobre la violen-
cia en las redes sociales. Ninguno de los trabajos tiene la última
palabra, todos ellos se saben aproximativos, pues afanosamente es-
tán dibujando la orografía de una historia que apenas está suce-
diendo. Lo que importa es que estamos al principio de ese proceso
que está sucediendo. Y aunque la violencia es el centro de este libro,
lo que se piensa es la relación. Decimos que se cavila sobre la violen-
cia en las redes, aunque sería preciso decir que más bien se reflexio-
na en la violencia de las redes. Por esto el lector encontrará pasajes
en donde se revela su mutación, su cambio, donde ella se torna es-
pectáculo, dispositivo, y se desborda, se hace banal, se trivializa, no
sólo como hecho en sí, sino en las múltiples grafías en que ella se
dispone, esto es, en las distintas maneras de configurar la comunica-
ción y las relaciones de poder. Igual que podrá ver “el fenómeno de
la autoridad de anonimato y se releva al promotor del mensaje de
toda responsabilidad”.
Nada nos impide creer que este libro tendrá que volver a rees-
cribirse en poco tiempo, que lo que hemos escrito aquí sólo son pe-
queñas huellas que, como decía Foucault, se hunden en la arena de
un mar inmenso. Es cierto, pero no menos cierto es que este libro se
suma a esa “historia” de las redes sociales, porque es posible y aún
previsible que en menos de diez años, cuando tal vez Facebook,
Twitter, Instagram, YouTube, Google Plus o cualquier otra de las
redes sociales ya no sean lo que son (y que seguramente internet se
encargará de borrar esos rastros), y existan otras redes, otros nom-
bres y proporcione otros alcances, ofrezcan nuevos servicios, este
libro sea un testimonio de esta fábula, un documento que nos narre
su genealogía, este libro ya no sea sólo una huella, sino una memo-
ria que articula la historia de lo que fuimos, de lo que seremos, por-
que de eso tratan estos ensayos, de nombrar un presente virtual en
un soporte antiguo: el libro.
1. Gilles Deleuze, Post-scriptum sobre las sociedades del control, en
<www.fundacion.uocra.org/documentos/recursos/articulos/Posdata-sobre-las-
sociedades-de-control.pdf>.
[Consulta: 17 de octubre de 2013].
13
Las redes sociales:
acontecimientos y perspectivas
Ramón Chaverry Soto
Nothing the god of biomechanics
wouldn’t let you in heaven for
—philp k. dick, Blade Runner
14 15
Cumplir la tarea una vez señalada por Foucault de hacer un
diagnóstico del presente se antoja, en virtud de la velocidad de
los acontecimientos actuales, cada vez más compleja y sin embargo
prioritaria. Si bajo la divisa de pensar el presente intentamos dar
cuenta escrita de los fenómenos de actualidad, particularmente de
los relacionados con el ámbito tecnológico, como las redes sociales,
nos encontraremos con las problemáticas propias de una reflexión
que es cruzada por la naturaleza misma de estos. Es así necesario,
para hacer el análisis de este presente, dar cuenta de su talante, que,
podemos afirmar, es velocidad pura. La velocidad del aparecer del
fenómeno y su igualmente veloz desaparición generan que todo lo
que se escriba de él sea ya caduco o extemporáneo. Nada se puede
asentar sobre ellos en virtud de su carácter, diría Bauman, líquido.
La fluidez es una metáfora que puede definir a la modernidad, nos
dice el autor de La modernidad líquida. La fluidez tiene como una de
sus características no conservar la forma, a diferencia de los sólidos,
“los fluidos no se fijan al espacio ni se atan al tiempo”.1 Los fluidos
no conservan una forma durante mucho tiempo, son proclives al
cambio. Para la modernidad líquida que describe Bauman es más
importante el flujo del tiempo que el espacio que puedan ocupar.
Mientras que los sólidos cancelan el tiempo, los líquidos lo tienen
como fortaleza. Siendo esa su naturaleza, las descripciones de un
fluido son como instantáneas, necesitan ser fechadas al dorso, luego,
su carácter no es esencial ni fijo, cambian rápidamente.2
La velocidad de estos fenómenos “líquidos” genera que todas
las reflexiones queden en un atisbo que hace imposible asentar o
afirmar algo pues no mantienen una forma determinada sino que
cambian rápidamente. Así, cuando en un esfuerzo por dejar algo
cierto para el saber, tomamos uno de los hilos de la gran madeja, este
parece perder su importancia frente a otros fenómenos que vienen a
sustituirle, complejizarle o modificarle. Se nos presentan así fenó-
menos derivados unos de otros cuyo análisis efímero y precario pa-
rece más un ir a la deriva el pensamiento que un atracar en puertos
seguros el conocimiento. Afirmamos, sin embargo, que pese a esa
aparente uniformidad y flujo continuo, es posible capturar las ca-
racterísticas generales de estos fenómenos, sus continuidades, pero
también sus rupturas. Es en ese análisis sobre el presente elusivo,
sobre su carácter, que la filosofía tiene pertinencia pues el presente
ha formado parte, desde Kant, de una reflexión continua.3
La filosofía, habiéndose liberado hasta hace pocos siglos de los
lazos metafísicos que conformaron su historia, se ve impelida a
contemporizar y analizar la experiencia de lo moderno. Con ello
la filosofía deja atrás su imagen emblemática del búho de Miner-
va, pasando de un lento cavilar, de un “rumiar de vacas”, con toda
la paciencia que ello amerita, a tratar de dar cuenta, no de verda-
des luminosas, redondas y eternas, sino de flashazos enceguecedo-
res de los fenómenos modernos, flashazos que parecen o aparecen
mucha luz pero que entrañan mucha oscuridad. Fenómenos que
nos compelen a dar cuenta de ese presente complejo que representa
el horizonte desde el cual se filosofa.
Concomitante a lo antes expuesto nos encontramos con el pro-
blema de dejar plasmada esta reflexión desde ese objeto académico
por excelencia, el libro. El libro, responsable de esa revolución del
pensamiento conocida como Ilustración, pierde fuerza y difusión
frente a la gama de archivos virtuales, virales y etéreos (.pdf, .doc,
.mp3, etcétera) cuyas virtudes –“portabilidad” y “manejabilidad”– se
1. Zygmunt Bauman, La modernidad líquida. Buenos Aires, fce, 2004, p. 8.
2. Ibid., pp. 8-10.
3. El presente, el horizonte temporal desde el cual se filosofa, al cual se pertenece,
ha sido una reflexión de la filosofía desde Kant hasta Foucault. Así se puede
constatar en las líneas que dedica el filósofo alemán a la Ilustración. Al respecto,
véase “¿Qué es la ilustración?”, en Emmanuel Kant, Filosofía de la historia.
México, fce, 2002, pp. 25-38. Foucault retoma esta preocupación sobre
el presente para plantear la posibilidad de hacer un diagnóstico del presente,
de ese presente al cual pertenecemos con miras a reconocer quiénes somos,
a lo que llamó ontología del presente u ontología de nosotros mismos.
(Al respecto véase Michel Foucault, “¿Qué es la Ilustración?”, en Sobre
la Ilustración. Madrid, Tecnos, 2003, p. 90.)
16 17
anteponen a nuestra antigua veneración hacia los infolios del siglo
pasado. Se presenta así un nuevo fenómeno en el cual se impone una
lógica nómada y pragmática del archivo virtual a un pensamiento
sedentario tradicional de la materialidad.4 Nos encontramos así con
la problemática de plasmar estas inquietudes desde un objeto mate-
rial y oneroso (si lo comparamos con la virtualidad de la huella elec-
trónica) y sin embargo tradicional ¿Es este intento de dar cuenta de
lo actual a partir del libro un esfuerzo baladí? Consideramos que
no, pues eso implica asumir el olvido del andamiaje al que aún per-
tenecemos a favor de la virtualidad reinante. Este objeto material,
enunciémoslo, no es más que el intento por lanzar, desde los lindes
de un perímetro conocido, una mirada al terreno por explorar. Sea
éste un primer intento de justificación del texto que a continuación
se presenta.
diagnóstico del presente
Pese a las dificultades antes mencionadas, es necesario emprender
un diagnóstico del presente que no es otra cosa que reconocer lo que
somos en la actualidad. Este diagnóstico incluye hacer análisis del
estado actual de los discursos y de las relaciones de poder que cru-
zan los fenómenos contemporáneos. Consiste en dar cuenta de esos
espacios donde las relaciones de poder se juegan y se distribuyen,
pues éstos anudan y conforman nuestra subjetividad y lo que so-
mos. Espacios que nos hablan de dispositivos que operan más allá
de nuestro conocimiento pero que tienen honda huella en lo que
somos en el presente. Es en ese contexto que es central abordar las
redes sociales pues ellas abren un nuevo espacio que se constituye
como un acontecimiento en términos de relaciones de poder, espa-
cios que están conformando las subjetividades contemporáneas.
Retomo para el análisis de este presente la noción foucaultiana
de acontecimiento (événement) que a partir de los análisis genealó-
gicos aparece con el sentido de movimiento de fuerzas que, discur-
siva o no discursivamente, visible o “invisiblemente”, establece un
cambio en las relaciones de poder. Para Foucault dilucidar estas
relaciones de fuerzas requiere metodológicamente “eventualizar”
los fenómenos. “Eventualizar” es reconocer ese movimiento de
fuerzas, es hacer un diagnóstico de ese movimiento y cómo éste
tiene que ver con lo que somos en la actualidad.5 A Foucault le
interesan menos los grandes movimientos políticos y sociales, diga-
mos los acontecimientos sonoros o históricamente trascendentes,
4. Bauman apunta ya hacia la vuelta de las sociedades nómadas. Señala que la
edificación de la sociedad, tal como la conocemos, requirió repudiar el
nomadismo en aras de un sedentarismo “prosistema”, sin embargo, en la
actualidad nos encontramos en la lógica de un estilo de vida nómada, buscamos,
digamos, “viajar livianos”, aunque Bauman no lo dice, me atrevo a pensar que
ésta es una tendencia que podemos rastrear desde la huella electrónica hasta
las diversas expresiones del minimalismo. Respecto al cambio de las sociedades
sedentarias a las nómadas. (Z. Bauman, op. cit., pp. 18-19.)
5. El acontecimiento (événement), a lo largo de la obra de Foucault, va
transformándose hasta llegar a la noción con las características que señalamos
arriba. En una primera definición, el acontecimiento denota novedad y
regularidad. La novedad o diferencia es lo que se conoce como “acontecimiento
arqueológico” que da cuenta de una novedad histórica, el paso, por ejemplo,
de una episteme a otra se ve marcado por la aparición de nuevos
acontecimientos arqueológicos. El cambio de epistemes es observado como
rupturas, discontinuidades que marcan diferencias y, en ese sentido, cada
episteme es novedosa en tanto que es signada por un acontecimiento
arqueológico diferente. Piénsese, por ejemplo, en la experiencia de la
modernidad marcada por la idea de orden y categorización frente a la episteme
del renacimiento, aún colocada en reconocer en la naturaleza los signos que
había que interpretar para obtener conocimiento. El acontecimiento, sin
embargo, se encuentra también marcado por la regularidad, pues cada
nuevo acontecimiento arqueológico inaugura ciertas prácticas históricas,
así el “acontecimiento discursivo” da cuenta de la regularidad histórica de
las prácticas. Por ejemplo, una nueva episteme presenta un determinado orden
discursivo que genera la emergencia de discursos que pueden ser
aparentemente diferentes y, sin embargo, compartir un mismo orden de
sentido, así presentan una regularidad respecto al orden del cual son deudores,
de esta manera, la novedad instaura nuevas formas de regularidad. Así,
podemos observar una regularidad y consonancia entre la aparición de un
discurso como el científico que es el que permite la emergencia de discursos
cercanos como el de la medicina que a su vez dará paso, con miras a la
apropiación de un espacio aún sin conquistar, el de la psiquiatría. Foucault, sin
embargo, reconoce en su reflexión genealógica otros tipos de acontecimientos
que rompen las regularidades, tendrá el sentido que aquí rescatamos como una
nueva distribución en el orden de las relaciones de poder. (Cf. Edgardo Castro,
El vocabulario de Michel Foucault. Buenos Aires, Universidad Nacional de
Quilmes, 2004, pp. 19-21.)
18 19
que los acontecimientos que pueden ser calificados de silenciosos,
milimétricos o micro acontecimientos, pequeños acontecimientos
que reinventan nuestra manera de pensar.6
Al tiempo de reconocer el “acontecimiento-repetición” –ese
que refrendamos incesantemente de manera inconsciente en nues-
tro presente, bajo “cuyo signo” hemos nacido, que nos atraviesa y
nos constituye– es necesario reconocer este otro acontecimiento de
fractura, que inaugura un nuevo orden discursivo, de poder y de
verdad.7
Pensar desde la “eventualización” es romper con las evidencias
en las que están apoyados nuestro saber y nuestras prácticas. Meto-
dológicamente consiste en buscar las conexiones, las relaciones de
fuerza, las estrategias que han determinado y conformado lo que
consideramos evidencias.8 Esto es reconocer los efectos de poder
existentes y los sistemas de conocimiento asociados a ellos.
Bajo esta perspectiva, y con la aparición de las redes sociales,
¿nos encontramos ante un acontecimiento diferente que trastoque o
transforme las relaciones de poder actuales? o ¿será acaso que esta-
mos en presencia de la regularidad de un proceso subjetivo de largo
aliento, última gran especificación y eficientísimo del dispositivo
centrado en la vigilancia? Desde esta perspectiva, aunque veamos
una continuidad que va desde el dispositivo de vigilancia aparecido
en el siglo xviii hasta el surgimiento de Facebook, como una especi-
ficación del mismo en la conformación de la subjetividad contempo-
ránea,9 pensamos también que nos encontramos con un elemento
diferente: la ruptura, lo discontinuo, una nueva relación de poder de
la que hay que dar cuenta. Reconoceremos a continuación dos for-
mas del acontecimiento, entre algunas existentes, para acercarnos al
fenómeno de las redes sociales. El primero, un acontecimiento que
puede ser nombrado como “repetición”, que se muestra como una
ruptura con nuestra actual forma de relacionarnos socialmente y sin
embrago implica una continuidad de una subjetividad individua-
lista. El segundo acontecimiento, que se nos presenta como una
ruptura en un determinado orden en las relaciones de poder, repre-
senta, no obstante, una continuidad respecto a las relaciones que
mantiene históricamente el Estado con el individuo. La superposi-
ción de acontecimientos, sus cruces y paradojas, conforman una pro-
blemática contemporánea de la que se pretende dar cuenta.10
acontecimiento-repetición
Cuando estaba enamorado en realidad lo estaba de mí
mismo ryo (joven “herbívoro”)
La aparición de la red (World Wide Web) representa uno de los
grandes acontecimientos del siglo pasado, abrió la posibilidad a mi-
les de personas de tener una educación diferente, transformó las
relaciones sociales y, sin lugar a duda, representó un antes y un des-
pués en las relaciones que tienen los individuos con el Estado y el
gobierno. Movimientos armados y sociales sólo pudieron cuajar por
la intervención de medios electrónicos, particularmente por redes
sociales como Facebook y Twitter. Sin embargo, en este momento
nos encontramos en lo que podemos definir como un tránsito de esa
libertad inicial para “navegar” y publicar en los medios electrónicos
(digamos un libre tránsito de la información) a una nueva censura
vía la personalización que, una vez más, ha transformado la rela-
ción entre los individuos.
Personalizar la información que se obtiene por los medios elec-
trónicos es una tendencia recurrente en la actualidad, ello se logra
6. M. Foucault, “Le retour de Pierre Rivière”, en Dits et écrits ii. París, Gallimard,
2002, p. 118.
7. Ibid., pp. 573-574.
8. Foucault define su metodología como “eventualización” en “Table ronde
du 20 mai 1978”, ibid., pp. 842-844.
9. Así lo he señalado en otro lugar, al respecto véase Alberto Constante, coord.,
Las redes sociales. Una manera de pensar el mundo. México, ffl, unam/Ediciones
sin Nombre, 2013, pp. 45-49.
10. Analizamos únicamente la noción de acontecimiento en estos limitados
sentidos conscientes que hacer un análisis foucaultiano del Estado actual de
estos fenómenos requeriría un análisis de los dispositivos que siguen o no
vigentes en ellos. Será en otro momento que estos desarrollos serán expuestos,
por el momento es importante señalar estas diversas experiencias modernas de
las que se puede dar cuenta a partir de las redes sociales.
20 21
por medio de algoritmos y nace como una necesidad del mercado.
Al proceso libre y original de búsqueda de los servidores se ha agre-
gado un algoritmo con el fin de ir filtrando, según las preferencias
del usuario, la información. Una edición invisible del ciberespacio
es elaborada por los grandes sitios de la red entre ellos Amazon,
Facebook, The Washington Post, Yahoo News, Netflix, así como por
los servidores Yahoo y Google. Este algoritmo hace que las personas
accedan a la información y consuman en virtud de lo que se ha edi-
tado para ellos según sus preferencias. Este algoritmo, que original-
mente pretende ser una ventaja para el consumidor, se asoma como
un problema del que ha podido dar cuenta Eric Schmidt de Google
quien señala: “It will be very hard for people to watch or consume
something that has not in some sense been tailored for them”.11
Nos encontramos así con una personalización que en virtud del
navegador que se usa, la computadora de acceso, entre otros ele-
mentos importantes para la edición, nos presenta la información
que se supone queremos recibir y ver. La personalización de la in-
formación no es, sin embargo, prioridad de la información impor-
tante, pues no refiere qué información es quizá de más impacto a
nivel mundial, sino cuál es nuestra relación con ella. La personali-
zación, según sus críticos, ha generado una censura, lo que se ha
llamado “burbuja informativa”. Esto quiere decir que el algoritmo
que opera en la red nos muestra lo que él cree que queremos ver,
pero no lo que necesitamos ver. En aras de personalizar la búsqueda
de productos se ha generado, colateralmente, menos deliberada-
mente que intencionadamente, un aislamiento de las posibilida-
des informativas. Nos encontramos inmersos en una autocensura
no responsable, ello en la medida en que no se sabe que al buscar
una determinada información se cerrará para en el futuro la posi-
bilidad de encontrar otra diferente. Para los críticos de esta perso-
nalización, la solución se encuentra en lograr que esos algoritmos
nos muestren cosas poco agradables, que nos confronten con otros
puntos de vista, que nos ofrezcan información variada pues señalan
que, como en la incipiente era de los periódicos y las telecomunica-
ciones, los editorialistas se dieron cuenta que tenía que haber un
buen flujo de información para tener también una democracia efi-
ciente. Desde esta perspectiva, los creadores de algoritmos deben
tener algo de responsabilidad cívica al crearlos. El riesgo de permi-
tir que los algoritmos nos presenten la información “personaliza-
da”, dicen los críticos, consiste en que quedaríamos inmersos en una
burbuja de la información estructurada por meros propósitos indi-
vidualistas y, por qué no decirlo, egoístas.12
¿Es ésta una opción para el problema que se manifiesta en las
redes sociales y en la búsqueda de la información? ¿No es acaso una
actitud individualista la que impulsa y seguirá impulsando una
búsqueda de nuestros propios intereses? Sin embargo, más allá de
suponer o apostar a la posibilidad de transformación de los algorit-
mos, es necesario observar que este proceso sigue una lógica indivi-
dualista donde el otro no se encuentra contemplado o es excluido de
las relaciones intersubjetivas en aras de un solipsismo. Este solipsismo
no es un elemento nuevo, apologistas de la ética para los algoritmos
como Eli Pariser, no perciben un rasgo fundamental presente ya en
el análisis lacaniano del deseo donde el otro es sólo sostén de nues-
tras proyecciones.
Un análisis de la sexualidad contemporánea presenta rasgos
dignos de tomar en cuenta ya que sigue las líneas “solipsistas” antes
señaladas para la información. “Los japoneses ya no tienen relacio-
nes sexuales” con estas palabras inicia el documental El imperio de
los sinsexo que remarca, desde el título, una realidad presente en los
fenómenos de actualidad. Este documental13 exhibe una tendencia
hacia el aislamiento, hacia una realidad que nos regresa nuestra
propia imagen, que nos hace engolosinarnos con nuestro propio
11. “Será muy difícil para las personas ver o consumir algo, que no se encuentre
dentro de lo que ha sido editado especialmente para ellos”. Eric Schmidt, Google.
12. Esta política “cívica” para los algoritmos ha sido promovida por Eli Pariser. Al
respecto véase “Los algoritmos de Google y Facebook”, en <www.youtube.com/
watch?v=KnxEEEbnkqc>. [Consulta: 10 de septiembre de 2013].
13. “El imperio de los sinsexo”, en <www.youtube.com/watch?v=7Ln75ScmJHg>.
[Consulta: 30 de julio de 2013].
22 23
fantasma. En Japón, señala el reportaje, la tasa de natalidad es la
más baja del mundo, es el país donde menos se practica el sexo y,
paradójicamente, donde su industria sexual es más boyante. Los ju-
guetes sexuales tienen, sobre todo, un contenido masturbatorio, el
80% de ellos está dedicado al autoplacer. La vida de los hombres
transcurre en un video box, cabinas en las cuales se pueden ver vi-
deos pornográficos acompañados de sofisticados juguetes sexuales.
Objetos en forma de lata como el tenga o muñecas sexuales de sili-
cona, de veintiocho articulaciones, de elevados costos y para gustos
sofisticados (diez mil euros es el costo por personalizar el color de
ojos o la flexibilidad de la vagina), son objetos de uso común en el
Japón contemporáneo. Estos elementos dan cuenta de una indus-
tria sofisticada dedicada al goce onanista. Mientras que objetos
como las muñecas sexuales se parecen más a las mujeres, las mujeres
caen en el juego de la fantasía y buscan parecerse más a las muñecas.
Las “Lolitas” imitan personajes de la televisión y ofrecen una fanta-
sía particular al estilo manga. Esta cultura masturbatoria queda de-
finida por individuos que se presentan a sí mismo como “herbívo-
ros”, desinteresados en las relaciones amorosas, ocupados
únicamente en su aspecto personal. Para los “herbívoros” amar se
traduce en amarse a sí mismo. De esta manera, nos encontramos
con que Japón es una cultura que ha hecho desaparecer la pareja en
beneficio del individuo. Cada individuo vive en una burbuja, bus-
cándose y prefiriéndose a sí mismo antes que tener cualquier rela-
ción con el otro. La sexualidad egocéntrica japonesa repite así el
patrón antes señalado para la información. Es por ello precisa y re-
veladora la pregunta del director Pierre Caule respecto a la sexuali-
dad: ¿Japón es muy diferente o sencillamente va por delante? ¿Es
así Japón la vanguardia de un movimiento mundial que amenaza
con aniquilar la intersubjetividad o su sexualidad “excéntrica” obe-
dece a rasgos culturales que nos son ajenos?
Esta subjetividad individualista que muestran tanto la burbuja
informativa como la tendencia sexual mundial parece marcar to-
das las relaciones interpersonales, borrando el lugar del otro en la
relación intersubjetiva y, colateralmente, afectando la posibilidad
de un proyecto social incluyente, allende de imposibilitar la movi-
lización social.
acontecimiento-ruptura
Come on... fire! Keep shoot’n... nice”.
Audio de un soldado norteamericano captado en un incómodo video.
Se escuchan las hélices de un helicóptero. Un Apache enfoca con la
mirilla a unas personas, mientras un hombre en el radiotransmisor
trata de corroborar si se encuentran armadas. Tras la confusión ini-
cial se confirma que están armadas, que ninguna tropa norteameri-
cana se encuentra en esa posición y que pueden disparar libremen-
te. “Entremos en batalla”, dice una voz dentro del helicóptero.
Acto seguido se escucha una voz que ordena “Vamos... ¡fuego!”.
Después, el sonido de la metralla, por un segundo, nada pasa; abajo,
las personas no parecen enterarse de que en el aire alguien ha dado
la orden de hacerles morir, un segundo después vemos el humo y las
balas cayendo sobre ellas mientras corren tratando a salvarse. Una
vez más se escucha “¡Sigue disparando... dispara!” El helicóptero
cesa su ataque, abajo reina la confusión, una furgoneta se detiene a
ayudar a uno de los hombres caídos que se encuentra tirado en la
acera. Los tripulantes buscan subirlo a la parte trasera para trasla-
darlo a un hospital, desde el aire se alcanzan a apreciar siluetas hu-
manas dentro del vehículo. Los militares dentro del helicóptero se-
ñalan que la furgoneta está recogiendo cuerpos, heridos y armas.
24 25
Una vez más, y después de insistir, se escucha dentro del helicópte-
ro: “Vamos, ¡déjanos disparar!” Inicia una nueva ráfaga que des-
troza la furgoneta. La escena siguiente capta la llegada de las tropas
norteamericanas. Un tanque pasa por encima de un cuerpo, alguien
dentro del helicóptero lo confirma: “Parece que han pasado por
encima de un cuerpo”. “¿De verdad? ¡¡¡Sí!!! (risas)”. Minutos des-
pués se ve a un militar sacando niños heridos que se encontraban
dentro de la furgoneta. Podemos escuchar un último diálogo: “Es
culpa suya por traer críos a las batallas”. “¡Es verdad!”, señala la
otra voz de la transmisión.
Es sólo por una filtración que nos enteramos de este video que
muestra cómo, la mañana del 12 de julio de 2007, dos helicópteros
Apache con cañones de 30mm dispararon sobre Nueva Bagdad hi-
riendo a dos niños, matando a dos reporteros de Reuters (Saíd Ch-
magh y Namir Noor-Edeen) y a varios civiles desarmados. Será por
Julian Assange, creador de Wikileaks, y por las filtraciones del sol-
dado Bradly Manning que nos enteraremos de estas y de muchas
otras atrocidades del gobierno norteamericano en la guerra de Irak.
En otro momento histórico habría sido imposible conocer estos he-
chos, el que Assange los haya podido exponer muestra que nos en-
contramos ya en una nueva configuración de la comunicación y de
las relaciones de poder. Sin embargo, no necesariamente el espacio
abierto por las nuevas tecnologías es de los ciudadanos, sino que
representa un espacio en pugna en virtud de su importancia. La red
se constituye en un espacio que, por su carácter novedoso, ha sido
poco regulado dejando hiatos entre lo legal y lo ilegal que han sido
explotados de diversas maneras por los diferentes actores sociales.14
Gracias a Edward Snowden, antiguo programador de la cia,
quien reveló información clasificada a The Guardian y a The Was-
hington Post, sabemos que ese vacío legal ha permitido que gobier-
nos como el de Estados Unidos utilice programas de vigilancia,
como el prism, contra ciudadanos y países “amigos” y enemigos. Así
podemos decir que si bien la red nos habría dado la posibilidad de
hacer frente a las censuras establecidas por los gobiernos, en otro sen-
tido, nos encontramos frente a una nueva problemática que consiste
en la imposibilidad de romper un sistema de espionaje establecido
por los estados sobre la información y las redes sociales. Se desarro-
lla así una violencia más allá de la legalidad.
Es común que las redes sociales sean el espacio en el cual la vio-
lencia se ejerce, más allá de lo fenómenos considerados violentos y
quizá más evidentes (ciberbulling y violencia explícita en video), nos
interesa pensar aquí la violencia ejercida por los Estados, ahora,
más allá de la legalidad. Pero, ¿a qué nos referimos cuando habla-
mos de la violencia más allá de la legalidad? Violento, del latín vio-
lentus, puede ser traducido como vis, esto es “fuerza”, “poder”. En
este sentido, la fuerza o violencia es un fenómeno que se nos pre-
senta en el contexto determinado con otro, cuando hay un inter-
cambio con el otro.15 Históricamente, el Estado es aquel que ejerce
un uso legítimo de la fuerza sobre los ciudadanos. Esto lo hace por
medio del derecho, dice Beccaria:
Obsérvese que la palabra derecho no es contradictoria
de la palabra fuerza, antes bien, aquélla es una
modificación de ésta, cuya regla es la utilidad del mayor
número. Y por justicia entiendo yo sólo el vínculo
necesario para tener unidos los intereses particulares,
sin el cual se reducirían al antiguo estado de
insociabilidad.16
La fuerza no es entonces contraria al derecho sino que ésta se
ejerce por medio de aquel. Podríamos decir que el uso de la fuerza,
que es uso de la violencia, se legitima a los ojos de los ciudadanos
15. “Relaciones de poder” llamaría Foucault a este intercambio con el otro,
“relaciones de fuerza”, aclararía Deleuze, reflexionando sobre los análisis del
segundo. (Cf. Gilles Deleuze, Foucault. Barcelona, Paidós, 2003, p. 99.)
16. Cesare Beccaria, De los delitos y de las penas, Alianza, 2006, p. 33.
14. Foucault ya había hablado en Vigilar y castigar sobre los ilegalismos detrás del
nacimiento de las prisiones, las redes se conformarán como ese nuevo espacio
en el cual éstos se desarrollan, esta vez más allá del derecho mismo. (Cf. M.
Foucault, Vigilar y castigar. Siglo xxi, 2005, passim).
26 27
cuando se presenta esta violencia investida con el discurso del de-
recho. Más allá de que esta fuerza sea o no legítima, queremos
abordar un hecho que transgrede ese uso legítimo de la violencia y
que consiste en el uso que el Estado hace de los espacios de ilegali-
dad. Este vacío legal ha sido explotado por el Estado norteamerica-
no que opera fuera de la legalidad pero no en la ilegalidad. Este
hiato jurídico abierto por las tecnologías que representa un más
allá del derecho, tiene un matiz particular que le hace diferente al
tradicional uso de la ilegalidad y la legalidad en los Estados. Agam-
ben, analizando a Schmitt nos recuerda que el soberano, aquel que
dicta la ley, figura fundadora del Estado, “está, al mismo tiempo,
fuera y dentro del ordenamiento jurídico”,17 así, el soberano es
aquel que proclama el Estado de excepción, el que puede suspen-
der la validez del orden jurídico y, con ello, se sitúa fuera de la ley,
así se nos presenta una paradoja: “la ley está fuera de sí misma”.18
Desde la mirada de Agamben, este Estado de excepción se encon-
traría definiendo la política hoy día, particularmente en las políti-
cas relacionadas con la vida o biopolíticas.19 Agamben señala que
este fenómeno no es novedoso pues atraviesa la historia de los Esta-
dos y los dirige actualmente hacia la generación de la nuda vida, vida
desnuda de derechos. Creemos, con Agamben, que este fenómeno
no es reciente pero que las nuevas tecnologías han generado que no
sólo el Estado se encuentre en un permanente uso y abuso del vacío
legal, sino que los mismos individuos se encuentran ejerciendo el
poder más allá de la ley convirtiéndola (al derecho y a las institucio-
nes que le fundan) en lo que se ha dado en llamar instituciones zom-
bis, discursos e instituciones que parecen estar vigentes pero que en
los hechos se encuentran sin efecto, digamos que ya no están vivas.20
Es un hecho incontrovertible que la tecnología, como el uso de la
red y las mismas redes sociales trastocan, por su velocidad, el discur-
so del derecho. Bajo la premisa del derecho que reza que “lo que no
está prohibido está permitido” los estados se ven rebasados ante la
imposibilidad de juzgar fenómenos sobre los que aún no se ha legis-
lado. Un caso emblemático del momento es el que representa la di-
fusión de las armas desechables de autodefensa. Liberator, que toma
su nombre de la Liberator fp-45, una pistola desechable de la Segun-
da Guerra Mundial, es la primera pistola de impresión 3d cuyos pla-
nos fueron publicados por la página Defense Distributed. Fue des-
cargada alrededor de cien mil veces en menos de dos días. No fue
sino después de este tiempo que el Departamento de Estado de los
Estados Unidos pudo emitir una orden para prohibir su descarga.
La razón para su prohibición, ambigua jurídicamente, es que la pis-
tola “podría” violar las leyes de control de armas (Ley de Control de
Exportación de Armas). En este momento es posible encontrar aún
los planos de la Liberator en el buscador de torrents, The Pirate Bay.
Mas recientemente se ha distribuido el rifle Grisley, otra arma que
puede fabricarse por medio de impresora 3d, pero que tiene la capa-
cidad de disparar hasta catorce balas sin dañarse (a diferencia de la
Liberator que únicamente podía ser usada una vez). En este caso, el
derecho se ve rebasado por la velocidad de las redes sociales y de los
medios electrónicos. Otros casos menos polémicos y vistosos son
aquellos en los cuales hackers (por ejemplo, Anonymous) pueden
atacar las páginas de gobierno dañando su estructura y credibilidad,
pero, sobre todo, trastocando su calidad de inviolable.21
Encontramos así dos apropiaciones de ese hiato legal abierto por
la naturaleza veloz de la tecnología, uno, el que históricamente, ahora
20. Ulrich Beck habla de “categorías zombis” que consistirían en marcos
conceptuales que están a la vez vivos y muertos, participan en el escenario
cultural pero en los hechos están muertos y no tiene efectos, por ejemplo:
Estado-nación, globalidad, clase, etcétera. (Cf. Jorge Fernández, Filosofía zombi.
Barcelona, Anagrama, 2001, p. 44.)
21. El hiato legal abierto por las redes sociales y su influencia social ha sido
ilustrado por diversas manifestaciones culturales, por mencionar sólo dos
de ellas, la serie Black Mirror de Charlie Brooker y la película Disconnect de
Henry Alex Rubin.
17. Giorgio Agamben, Homo Sacer I. El poder soberano y la nuda vida. Valencia,
Pre-Textos, 2010, pp. 27-29.
18. Ibid., p. 27.
19. La biopolítica había sido estudiada por Hannah Arendt pero, sobre todo, por
Foucault que la sitúa como central en la constitución de los Estados modernos.
La biopolítica es un dispositivo centrado en la vida, consiste en la apropiación
de la vida por parte de los Estados. Una máxima la define “hacer vivir y dejar
morir” que se contrapone con la más antigua “hacer morir y dejar vivir”.
Al respecto de este dispositivo véase M. Foucault, Defender la sociedad.
Buenos Aires, fce, 2000, passim.
28 29
descaradamente, hace el Soberano-Estado de la posibilidad de
transgredir la ley, otro, el que los usuarios de la tecnología y de las
redes sociales pueden hacer para criticar y desenmascarar a estos
Estados, así como para movilizar ciudadanos contra una forma de
gobierno. Es aquí donde se superponen los acontecimientos antes
analizados, por un lado, parece ampliarse la posibilidad de una ciu-
dadanía, por otro, como se señaló en el “acontecimiento repetición”,
encontramos una tendencia hacia la individualidad que, por necesi-
dad, elimina la posibilidad de un proyecto social incluyente. Esta-
mos así en presencia de cuando menos dos experiencias contrapues-
tas, por un lado la tendencia hacia la individualidad, hacia el
distanciamiento de la intersubjetividad, por otro, la posibilidad,
históricamente irrepetible en términos de relaciones de poder, de
una ciudadanía contestataria que hace un uso crítico de la razón y
que desarticula el poder de los Estados vía las redes sociales y la
velocidad de la era digital. Hay así tendencias, dispares y contra-
puestas, que se presentan en el horizonte inmediato y marcan la sub-
jetividad contemporánea definiendo lo que somos en el presente.
agenda
En este breve escrito hemos analizado algunos de los tópicos de in-
terés relacionados con las redes sociales, queda sin embargo por di-
lucidar, dentro de este nuevo hiato jurídico, las distintas formas de
violencia ¿son obra de un Estado controlador y tienen como fin una
domesticación de los individuos vía el miedo y la intimidación o son
resultado de procesos subjetivos que buscan plasmar estéticamente
la violencia como una forma de empoderamiento frente a la violen-
cia estatal? Una tarea pendiente es sin duda la que atañe al uso del
discurso de la violencia en algunos ámbitos (por ejemplo, el ciberbu-
llying, la exhibición de los decapitados, etcétera) y su desaparición u
ocultamiento en otros. Manejo discrecional del discurso de la vio-
lencia que incluye un deseo del saber de la misma (de su etiología,
sus efectos, sus objetos, etcétera) y el uso de la misma fácticamente
pero también, silenciosamente. Análisis entonces del deseo de saber
de la violencia que se traduce en una violencia del ejercicio de ese
saber, al tiempo que deseo de poder (uso oculto de la violencia) que,
en última instancia, es deseo de ejercer el poder. La agenda pen-
diente incluye entonces esta relación ya mencionada por Foucault
entre le saber, el poder y la verdad como elementos relacionados en
el contexto de un discurso entorno a las redes sociales.
31
La vulnerabilidad en el perfil
Carlos Vargas
Las palabras, los gestos y toda suerte de expresiones que
cumplen una intención comunicativa, presentan desde luego
un contenido significativo. Pero si estas expresiones tienen,
semánticamente hablando, algún significado, es porque
tiene sentido, ontológicamente hablando,
el ser de la expresión.
—eduardo nicol, Metafísica de la expresión
32 33
la expresión como fundamento ontológico
y problema óntico del hombre
Toda acción humana dice algo. Cada uno de los miembros que
conforman la humanidad es siempre un potencial receptor y
emisor de mensajes transmitidos por y hacia otros. En este sentido,
se puede afirmar, como lo hace el filósofo catalán-mexicano,
Eduardo Nicol, a lo largo de su obra filosófica, que el hombre es un
ser eminentemente comunicativo y expresivo. Pero al afirmar esto
último, lo que se quiere enfatizar es el hecho de que el ser humano
no puede hallar momentos en los cuales no transmita algo, por
consiguiente, la expresividad y comunicatividad no son opciones
del hombre, sino su condición ontológica. Dicho en otros términos,
expresar y comunicar son los modos propios de ser humano.
El ser del hombre es expresión. Para Nicol resulta claro que todo
lo que realice el humano lleva impreso el sello de su ser.1 Así, desde
una perspectiva ontológica, es decir, atendiendo específicamente al
ser del hombre, resulta patente que todo lo que un individuo pro-
duzca tiene sentido para el resto. Por esta razón, es evidente que
cada hombre reconoce lo producido humanamente y lo puede dis-
tinguir de lo natural. Esto explica por qué es posible reconocer
expresiones de las diversas culturas presentes y pasadas, sin con-
fundirlas con hechos naturales.2 De este modo, cada uno se refleja
en el congénere en virtud de que ve en el otro esa propiedad ínti-
ma compartida por ambos: la expresión. Expresar, pues, es lo que
hace comunes a los seres humanos.
Sin embargo, la expresión no sólo permite asumirse como un
ser-común con el otro. Simultáneamente,―piensa Nicol―, expresar es
distinguirse.3 En efecto, en el momento mismo en el cual un hombre
expresa, hace manifiesto su modo común de ser con el resto, al tiem-
po que deja ver su radical singularidad. En este sentido, a través, de
su forma ontológica, el hombre afirma su peculiaridad, haciendo de
cada individuo una posibilidad de lo humano, que nunca podrá ser
idéntica a la de otro individuo. Así pues, desde la perspectiva nicolia-
na cada uno de los hombres que integran la comunidad de lo huma-
no será siempre distinto; pero en tanto que cada uno representa, a la
vez, una posibilidad de los demás, se afirma y reitera su afinidad
ontológica: todos los hombres son comunes porque son diferentes.
Recíprocamente, la diversidad de lo humano se mantiene por tener
la misma condición: ser expresión. Por tanto, ser hombre en virtud
de su expresividad es ser común y diverso a la vez.
Desde luego, se puede estar de acuerdo con Nicol en el hecho de
que el hombre es, esencialmente, expresión. Es decir, se puede co-
mulgar con la perspectiva ontológica sobre el hombre que ofrece el
filósofo mexicano. Pero los problemas aparecen en el terreno óntico4
en el cual se desarrollan los individuos. Se quiere decir con esto que
la posibilidad de la expresión es problemática porque la diversidad
expresiva generada por el hombre puede ser (y, de hecho la mayoría
de las veces es) conflictiva. Mediante el lenguaje –manifestación
eminente del carácter expresivo humano– no sólo se logra la comu-
nicación sin más, sino que ésta entraña la posibilidad de mantener
la cohesión de una comunidad o la de acabar con ella. La expresivi-
dad, en este sentido, también abre la posibilidad de comunicar odio,
racismo o, en suma, violencia verbal que devenga creencias que, a
su vez, estimulen o motiven acciones violentas. Lo siniestro del
4. Desde la filosofía de Martin Heidegger, la llamada “diferencia ontológica” ha
sido fundamental en los análisis que se llevan a cabo en fenomenología. Dicha
diferencia consiste, básicamente, en distinguir que el ser no es lo mismo que un
ente. Así, el ser no es una suerte de cualidad eminente que se encuentre en
alguna o en todas las entidades, como formando parte integral suya. Por su
parte, el ente puede comprenderse como todo aquello que es y que lo es de
cierto modo, con ciertas características o atributos. En este sentido, todo
cuanto sea susceptible de ser definido puede considerarse un ente. El ser, en
virtud de que no posee atributos o partes que lo estructuren, no es definible.
Así pues, cuando se intenta hablar de los entes o de una cierta entidad concreta
pero desde el punto de vista de su ser-ente, es decir, considerando a la entidad
como una unidad conformada por ciertas características y en relación con otras,
se dice que dicho análisis se aborda desde una perspectiva óntica. Asimismo,
cuando se intenta explicar el modo en el cual el ser se puede hacer patente en
una entidad, se dice que el análisis es ontológico.
1. Eduardo Nicol, Metafísica de la expresión. México, fce, 2003, p. 218.
2. Por ejemplo, una piedra tallada encontrada en algún lugar, inmediatamente
permite reconocer que fue producida por algún hombre, no que fue resultado
de la erosión natural. Así, se reconoce todo el tiempo la presencia humana en lo
natural porque, implícitamente, cada uno se reconoce en la huella humana.
3. Ibid., p. 153.
34 35
hombre también se hace expreso por medio de la comunicación.
Por esta razón, si ontológicamente no es problema la expresión, en
el terreno óntico lo es porque cada hombre es vulnerable a las pala-
bras y acciones, en general, de los otros y particularmente cuando se
trata de mensajes y acciones violentas.
Como podrá verse, el ejercicio comunicativo, en consonancia
con lo anterior, no se reduce a ser un mero juego de palabras o un
desciframiento de mensajes. En la comunicación, todo el ser de uno
mismo se expone y se halla expuesto, también, a la expresión ajena.
Así, en la comunicación concreta de los individuos, esto es, en su
cotidiana comunicación, todos son vulnerables. Por consiguiente, la
expresión no sólo muestra la magnífica posibilidad de que el propio
ser se halle manifiesto, sin reticencias ni ocultamientos, sino que,
precisamente por ello, también se hace patente la vulnerabilidad de
los hombres. Por esto, el acto comunicativo debe ser cuidadoso por-
que el ser ajeno siempre está en vilo en cada expresión que uno
emita.
Ahora bien, si la vulnerabilidad de los hombres se hace patente
en su condición expresiva (la cual es también, como se dijo líneas
arriba, condición ontológica del hombre), entonces en las diversas
formas de comunicarse unos con otros, también se manifiesta la po-
sibilidad de agredir al prójimo. Siendo la violencia una posibilidad
del ser del hombre es claro que ella es, asimismo, transmisible o
comunicable. Cada cual puede, por tanto, agredir al otro en y por su
expresión. Así, en los llamados medios de comunicación la viabili-
dad de transmitir violencia se explica porque esta última es, ontoló-
gicamente, una posibilidad de la expresión humana.
Sin embargo, la expresión de la violencia entraña una paradoja.
Es cierto que la violencia puede expresarse y, de hecho, se expresa
en la cotidianidad, pero no sólo por medio de la comunicación di-
recta como en una charla, sino –y principalmente– por medio de los
mass media y, recientemente, a través de las alternativas del internet.
La presencia de la violencia en los medios de comunicación ha pro-
piciado que sea un espectáculo5 que, además de impedir el recono-
cimiento de la afinidad ontológica del hombre, atomiza cada vez
más y con mayor efectividad la cohesión de lo que podría denomi-
narse “comunidad humana”. Así, pues, la paradoja queda expuesta:
ontológicamente, la expresión violenta que cada hombre pueda lle-
var a cabo, muestra que es afín o semejante a otros. Sin embargo,
ónticamente las diferentes expresiones violentas que singularizan a
cada quien, abren la puerta de la agresión e, incluso, del odio. El
hombre pretende negar su afinidad ontológica y, paradójicamente,
esto lo hace merced a dicha afinidad.
internet y las redes sociales
como posibilidad óntica de expresión
A lo largo de la historia han existido diversos medios a través de los
cuales el hombre ha concretado su forma ontológica expresiva. En
virtud de esto, puede observarse cómo, históricamente, el ser hu-
mano siempre se las ha ingeniado para encontrar medios que le
permitan comunicarse. De este modo, se puede afirmar que los
medios de comunicación siempre han existido como una parte fun-
5. Desde luego, no se pretende afirmar que sólo los medios de comunicación
contemporáneos son quienes han hecho de la violencia un espectáculo, como si
en el pasado no hubiese habido claros medios de comunicación por los cuales
se erigían imágenes desgarradoras y mensajes de odio. En todo caso, lo que se
quiere señalar es que, dada la posibilidad ontológica de expresar la violencia,
los medios de comunicación, siempre y a lo largo de la historia, han tenido
la misma posibilidad de llevar a efectos dicha posibilidad. En este sentido, lo
sorprendente de ésta era no el hecho mismo de que se transmita violencia,
sino que ahora puede hacerse de formas cada vez más veloces y atroces.
La posibilidad de hacer de la violencia un espectáculo persiste, pero el
perfeccionamiento técnico con el que se exhibe es cada vez más apabullante.
36 37
damental de la cultura, debido a que son muestra clara de que el ser
del hombre es, esencialmente, expresión. Sin embargo, resulta pode-
rosamente llamativo el modo acelerado en el cual los medios de co-
municación aumentaron, no sólo en número sino –y principalmen-
te– en alcances y posibilidades técnicas a lo largo del siglo xx.
El auge de los llamados mass media o medios masivos de comuni-
cación marcaron una forma peculiar en la cual la expresividad podía
articularse, a saber, como un elemento que se impone a otros para
comunicar algo de lo que no se espera respuesta. En este sentido, la
comunicación que se genera por medio de los mass media abrió la
puerta de una nueva forma de control por parte del poder. Gracias
a los medios masivos, la humanidad estuvo informada y comunica-
da como nunca antes se había visto. Sin embargo, ello mismo dejó
ver claramente que dicho acto comunicativo era más bien informa-
tivo, es decir, se trataba más de un mensaje que no esperaba res-
puesta, como un mandato, que enterara a los otros su veredicto y
negara toda posibilidad del diálogo. Como se ve, el ejercicio del po-
der se aprovecha de la condición expresiva del hombre para evitar
que se le contradiga. Así, desde el plano óntico, el poder pretende
anular la posibilidad comunicativa de aquellos sobre quienes recae
su potestad.
La irrupción del internet hacia los años sesenta del siglo pa-
sado6 ha añadido otra forma por medio de la cual, la expresión del
ser humano se hace manifiesta. La idea de una red que interconecte
información y con ello a los hombres, presupone la posibilidad on-
tológica de la comunicación del hombre. En este sentido, internet es
otro modo que reitera y reafirma el ser expresivo del humano. Ade-
más, la web parece mostrar mejor que otros medios de comunica-
ción, como la televisión o la radio, el carácter “abierto” de la expre-
sividad humana. En efecto, las incipientes ideas que se tuvieron de
la Internet consideraban que ésta debía ser diseñada bajo:
[...] la idea de que habría múltiples redes independientes
con un diseño bastante arbitrario, empezando por arpanet
[Red de la Advanced Research Projects Agency] como
red pionera de comunicación de paquetes […]. Internet,
tal y como la conocemos hoy en día plasma una idea
técnica subyacente fundamental, que es la red
de arquitectura abierta.7
La idea de una “arquitectura abierta” hace del internet una for-
ma novedosa de comunicación. En efecto, la idea de apertura que
mantiene desde su origen hasta ahora, permite entender que la web
es una estructura en constante formación y que nunca llegará a te-
ner una forma última acabada. El internet es semejante, en este sen-
tido, a su creador, es decir, al hombre. Así, del mismo modo como
el ser humano es siempre una posibilidad abierta, pues la expresión
nunca es la misma entre los particulares ni tampoco en uno mismo,
el internet es una estructura que continuamente se renueva, cuya
forma de ser va cambiando y que, con la integración de cada usua-
rio, se nutre y se reconfigura de diversos modos. No se puede saber
a ciencia cierta si el internet podrá continuar siendo una estructura
abierta en el porvenir. Pero lo que es un hecho innegable es que
posee, hasta ahora, la misma capacidad de renovación que tiene el
hombre.
Cabe recordar que el objetivo fundamental del internet era la
transmisión efectiva de comunicación. Es decir, se buscó lograr un
medio por el cual se pudiera compartir información más allá de la
comunicación telefónica o la correspondencia por medio del correo
postal o el telégrafo. La necesidad de comunicarse es, en última ins-
tancia, lo que articula el sentido de la web. Sin embargo, el hecho de
que la Internet se volviera un recurso comunicativo doméstico,
abrió el camino para que la comunicación no fuese sólo para la
7. Idem.
6. Sobre la historia del desarrollo de Internet puede verse en Barry M. Leiner,
et al., <www.internetsociety.org/es/breve-historia-de-internet?gclid=CJL54L-
h0LkCFXRp7AodIgIAlw#Origins>. [Consulta: 25 de agosto de 2013].
38 39
transmisión de información, sino que también se abriera la posibili-
dad de exponer lo que cada quien deseara. Así, recursos como el
correo electrónico, permitieron la vinculación entre particulares, no
sólo con afanes de traer y compartir información útil para el traba-
jo, sino que permitió un acercamiento mayor entre usuarios. En-
tonces, el internet se convirtió en el medio por el cual, no sólo los
conocimientos sino los individuos mismos, tenían la posibilidad de
llevar a efectos su necesidad de expresión.
De este modo queda claro que el internet es más que un mero
recurso informativo. Se trata de una súper estructura que emula el
modo de ser del hombre. La Red es la literal con-figuración del ser
de la expresión. Desde luego, la web no es el hombre, sino expre-
sión de éste. Expresión, sin embargo, bastante novedosa y parecida
al ente del que proviene. Esto permite observar que, lejos de que el
internet represente el fin del hombre o la estructura o creación que
pretende anular a su creador, en rigor se muestra como expresión
del mismo. Hay incluso, un afán por lograr que la web permita
que la comunicación entre individuos sea como si el otro estuviera
enfrente.
La tendencia de lo que ocurre con el internet no es anular el
espacio real del virtual, sino más bien, eliminar la frontera entre
dichos órdenes. En este sentido, hoy en día, las posibilidades del
internet no han anulado el carácter comunicativo del hombre sino
que lo han potencializado. De aquí que, a través de las llamadas
“redes sociales” que se dan on line se afecte la vida concreta de los
individuos en su espacio off line.8 Como se mencionó en el apar-
tado anterior, el hecho de ser expresivos hace patente también que
cada cual es vulnerable. Dado que la expresividad se da también
en el ámbito virtual del internet, resulta que desde ahí acontece la
vulnerabilidad y, por lo tanto, el peligro de ser víctimas de la vio-
lencia. Así pues, el hecho de que se difumine la frontera entre lo
off line y lo on line, implica que la vulnerabilidad de cada uno de
los individuos se traslada de uno a otro ámbito, afectando por
igual el propio ser.
la disolución de la frontera entre el off-line
y el on-line. el caso facebook
Los primeros recursos con que el internet contó y aún cuenta para
la interacción entre individuos (a los cuales se les designa como
“usuarios”) son el correo electrónico y el chat. Ciertamente, frente
a otros medios de comunicación existentes, tales como el teléfono
que privilegia una comunicación esencialmente oral, el correo
electrónico y los chats permiten un rescate, por mínimo que sea,
de la escritura. A decir de Naief Yehya, “El correo electrónico revi-
vió la necesidad y el placer por escribir, aunque el típico e-mail no
guarda mucho de la vieja dignidad que tenía el correo tradicional,
ya que a menudo se escribe de golpe, sin corrección y con la inten-
ción pragmática de comunicar algo rápidamente”.9 Es innegable
que el ejercicio de la palabra escrita está en crisis porque su cuida-
do ha quedado relegado de las prioridades comunicativas del
hombre. En este sentido, la decadencia de la escritura es una mer-
ma dolorosa para la expresión humana. A pesar de ello, la patencia
de una necesidad por escribir, presente en los recursos del e-mail y
el chat, deja ver que la escritura es fundamental para el hombre. En
todo caso, lo que se debe lograr es el rescate del cuidado de la
palabra y, por tanto, el estímulo no de crear nuevos lenguajes sino
9. Naief Yehya, Tecnocultura. El espacio íntimo transformado en tiempos de paz y
guerra. México, Tusquets, 2008, p. 50.
8. De acuerdo con Roxana Morduchowicz, “decimos que la vida social de los
jóvenes hoy se mueve entre dos esferas: la virtual (on line), en los vínculos
que los chicos establecen en el ciberespacio, y la real (off line), en el mundo
de sus relaciones cara a cara”. Sin embargo, hay que decir que, en rigor, esto
no sólo ocurre con los jóvenes, sino con todo usuario de la red que lleva a
cabo interacciones por medio de las redes sociales. (Roxana Morduchowicz,
Los adolescentes y las redes sociales. La construcción de la identidad juvenil en
Internet. Buenos Aires, fce, 2012, p. 10.)
40 41
de darle un sentido, más allá de lo pragmático, al desenvolvi-
miento escrito.
Ahora bien, a pesar de que la palabra sólo aparece en el internet
como un mero recurso de comunicación, no debe perderse de vista
que esto se debe a que, sin la palabra, ninguna comunicación puede
ser efectiva. En alguna medida, el hecho de que los primeros meca-
nismos a través de los cuales los hombres se encontraran en la web,
fuera el correo electrónico y el chat, reafirma la tesis nicoliana de
que, sin logos (palabra) no hay comunidad. No obstante, si bien es
cierto que el lenguaje escrito se encuentra empobrecido, no se debe
perder de vista que es el anhelo por comunicarse inmediatamente
–sin reparo en la reflexión del uso adecuado del lenguaje escrito– lo
que impide que los internautas procuren un lenguaje cuidado. Es
decir, hay una tendencia a pensar que la comunicación en el inter-
net debe ser inmediata, directa y en tiempo real. Por tanto, el cuida-
do en la palabra escrita se pierde y se asume como si se tratase de
una comunicación oral digitada a través de un teclado, en la cual, no
necesariamente se piensa en el modo adecuado (y aun pertinente)
de expresar un mensaje.
Precisamente, el descuido de la palabra escrita (aunque es un
fenómeno que también se percibe en el habla) se debe al deseo de
instantaneidad en la comunicación. De este modo, si bien el inter-
net logra volver a manifestar el carácter expresivo del hombre, lo
empobrece brutalmente (en sentido literal) porque elimina el factor
reflexivo que es menester en la articulación de la palabra. En este
tenor, la ausencia de reflexión en la comunicación cibernética abre
paso a la posibilidad de que haya palabras o lenguajes, en general,
que ofendan y lastimen a otros. Dado que en la web, para expresar
algo no es menester reflexionarlo, resulta claro que las expresiones
violentas pueden ofrecerse sin reparo y, la mayor de las veces, sin
posibilidad de borrar lo expuesto.
Los albores del siglo xxi dieron a conocer una nueva posibili-
dad del internet: las “redes sociales”. Hablar de “redes” dentro del
internet no es un pleonasmo sino un proceso de complejidad ma-
yor. Con el advenimiento de recursos que vinculan a las personas
de diversos modos a través de la web, ésta adquirió la forma de una
“red de redes”. Esto implica que el internet se diversifica de modo
aleatorio, procurando redes perfectamente estructuradas y agru-
padas. Su complejidad es tal que hoy en día, ya no es posible asirla
en una imagen ni comprenderla toda bajo alguna definición. Si aca-
so lo que se puede decir de la Internet es que su forma es multi-for-
mal. De este modo, parte de la complejidad que ahora acompaña e
incluso caracteriza a la web, son las redes sociales, en las cuales in-
formación y personas fluyen cotidiana y constantemente en tiempo
casi real (aunque, en algunos casos, desde luego, ocurre en tiempo
real, como en Twitter).
El fenómeno de las redes sociales ha permitido que los indivi-
duos consideren que estar en la Red es análogo a encontrarse en
una reunión. Los usuarios se asumen presentes, como en un cuarto
al estar conectados en la web, es decir, al estar on line. Lo llamati-
vo de este fenómeno es que la información brindada por otros
usuarios on line afecta y altera la cotidianidad off line. Una de las
redes sociales pioneras fue la llamada MySpace. Como su nombre
lo indica, esta página se ofrece como un espacio propio en el infinito
virtual, para darse a conocer como uno lo desee. Desde una perspec-
tiva, podría decirse que es una alternativa para mostrarse como se
es, en función de los gustos, intereses y sentimientos que se tengan.
Sería, en última instancia, una ventana que permitiría ser conocido
por el mundo entero. Pero, por otro lado, en virtud de que MySpace
abre el paso a la invención y reinvención de los usuarios, también es
el espacio ideal para alterar la propia personalidad, volverse otro y
generar una identidad alternativa de lo que se quisiera ser. Así, esta
42 43
red social se ha caracterizado por abrirle paso a todas las formas de
expresión (por retorcidas que puedan ser), porque para tener un
“perfil” de usuario, no es necesario decir la verdad sobre uno. La
posibilidad que entraña MySpace de inventar un álter ego explica
por qué, en años recientes, se han denunciado acosos e, incluso, abu-
sos de pedófilos que asedian a sus víctimas por medio de esta red
social. Asimismo, dicha red ha sido prohibida para los soldados es-
tadounidenses en virtud del alarmante número de comentarios y
perfiles de usuarios que se avocan a exponer opiniones racistas, xe-
nófobas, homofóbicas y, en suma, misántropas.10
El caso de MySpace es digno de consideración, precisamente
porque deja ver que en algunas redes sociales la configuración de un
perfil no exige veracidad, es decir, no es un requisito indispensable
que el individuo diga la verdad sobre sí mismo. Dada esta posibili-
dad, el individuo puede hacerse pasar por cualquiera y cometer
atrocidades, cual si tuviese el anillo de Giges, del cual habla Platón
en su República.11 El poder de ser otro, de no mostrar el rostro ni de
poder ser señalado como aquel que pronuncia ciertas palabras, libe-
ra a los usuarios de responsabilidad por lo expuesto y abre la posibi-
lidad de ejercer violencia contra los otros. Aquí no es el anonimato,
sino el disimulo por medio de pseudo personalidades, lo que permi-
te la violencia en la red.
Por otro lado, el fenómeno de Facebook ofrece una considera-
ción sumamente interesante. Al respecto, Naief Yehya indica lo
siguiente:
La propuesta de Zuckerberg [creador de Facebook]
era recrear en línea lo que él llama “la gráfica social”,
la red de relaciones de la gente en el mundo real,
como escribe Fred Vogelstein. Esto era esencialmente
distinto a lo que permite e incluso propicia MySpace,
que es crear nuevas identidades y personalidades
alternativas. […] A Zuckerberg no le interesaba esta
mutabilidad del ser, en cambio, su objetivo era vincular
al individuo de manera más eficiente con su entorno,
afirmando que la gente recibe su información de dos
fuentes principales:
1) Los medios y otras organizaciones, como escuelas,
iglesias, trabajo, etcétera.
2) La red de familia, amigos, vecinos, colegas y
conocidos.
[…] Facebook partía de la idea de que la mayoría de la
gente no necesita hacer nuevos amigos en la red, sino que
lo que desea es crear un mapa de sus conocidos, socios,
amigos y contactos existentes. Por tanto, en este sitio es
necesario emplear información personal real, ya que
quienes la verán son únicamente la gente que uno
realmente conoce.12
Como señala Yehya, el principio que articula a Facebook, quizá
la red social más famosa hasta ahora, es el hecho de que la informa-
ción encontrada ahí sea verosímil. La inmensa mayoría que cuenta
con un perfil de Facebook ofrece información personal que es real.
En este sentido, la red social creada por Zuckerberg es la opción per-
fecta para quienes deciden exponerse en la web, tal como son. Pero,
más allá del hecho de que cada usuario de Facebook pueda o no, decir
la verdad sobre sí mismo, lo que confiere veracidad a los diversos
perfiles son los otros. Dicho en otros términos, un usuario puede
mentir u omitir en los datos personales de su perfil, pero los nexos
que establece con otros usuarios revelan en gran medida, la autén-
tica personalidad del usuario. Así pues, Facebook es una red social
peculiar porque traslada al plano virtual las relaciones personales
12. N. Yehyah, op. cit., pp. 164-165.
10. Ibid., pp. 162, 165-166.
11. Platón, Diálogos iv (República). Madrid, Gredos, 2008, 359c-360d.
44 45
(familiares, amistades, colegas, etcétera) que cada quien tiene en
el plano off line.
De este modo, la exigencia de veracidad de Facebook propicia
(si no impone) eliminar la frontera entre el off line y el on line, de tal
suerte que si un individuo se vuelve usuario de Facebook, puede
encontrarse con sus conocidos del plano real, a través de esta plata-
forma virtual. Por consiguiente, todo lo expuesto en dicha red social
no se considera una mera invención, sino que se asume como algo
emanado de las opiniones y creencias de los conocidos. Por tanto, a
los contenidos en Facebook se les atribuye valor, si no de verdad, al
menos de relevancia por el simple hecho de que provienen de al-
guien conocido.
En este tenor, la vinculación que Facebook ha logrado entre los
individuos, abre la posibilidad de volver vulnerables a sus usuarios.
La exigencia de informar sobre la propia personalidad en el perfil
hace que éste pueda ser blanco de agresiones por medio de la red. Y
dichas agresiones, en tanto que ya no queda clara la frontera entre
lo off line y lo on line, afectan radicalmente en la personalidad de los
individuos. Desde luego, toda exaltación, todo elogio emitido por la
red social, también altera (aunque en sentido positivo) la personali-
dad del usuario. El propio ser, una vez que se ha abierto un perfil de
Facebook, ya no se limita al espacio físico que su cuerpo le procura,
ni a los horizontes que su conciencia despliega. El individuo queda,
literalmente, expuesto en la web tanto como se halla expuesto fuera
de la misma. Para el hombre, el internet ya no es (y quizá nunca lo
fue) un espacio seguro.
epílogo
Así pues, al incorporar a la propia vida el perfil de una red social
como la de Facebook, todo lo que acontezca en ella afectará el pro-
pio ser, igual que los factores que afectan a los individuos en un
plano no-virtual. Esto no implica que se deba considerar a las redes
sociales como un peligro en sí mismo, pues éstas son formas de la
expresión que, como se ha dicho en este trabajo, es lo esencial del
ser humano. En tanto expresivos, el peligro de ser agredidos unos
por otros es una posibilidad siempre latente. En todo caso, saberse
expresivos exige aprender a cuidar la propia expresión y compren-
der, pacientemente, la expresión ajena que, en última instancia,
siempre es una posibilidad de uno mismo.
En el caso concreto de las redes sociales, lo dicho en el párrafo
anterior también se aplica. En efecto, acceder a la interacción de la
web, en general, así como a las redes sociales en particular, supone
la exigencia de procurar la propia expresividad y comprender la
ajena. La responsabilidad del cuidado de la expresión sólo es de cada
uno. Por tanto, es altamente probable que en la reflexión del propio
ser y, por consiguiente, de los modos empleados para comunicarse, se
halle la clave para atenuar o aminorar la violencia imperante en las
redes sociales, así como también en otras formas de vinculación fue-
ra de la red.
47
Un día cualquiera en la vida
de don Pedro Grullo.
de la violencia de las redes sociales
o ¿la humanidad salvaje?
Adalberto Ayala
La tercera función de estas instituciones
de sometimientoconsiste en la creación de un nuevo
y curioso tipo de poder.
¿Qué forma de poder se ejerce en estas instituciones?
Un poder polimorfo, polivalente.
—michel foucault, Estrategias de poder
48 49
“Toda técnica nos modifica”, pensó el señor Pedro Grullo al
teclear tan sabia sentencia en su computador. Soltó un fuerte
suspiro al clickear send. “Un tweet más”, murmuró.
—No comprendo, se dijo don Pedro, con esta tecnología podría ser
más famoso que nunca, que me twitearan una y otra vez, estar en
todos lados, muchas veces y cada vez más, tener “amigos” por mi-
llones, que todos me reconocieran en cualquier sitio, en cualquier
momento, podría ser una gran celebridad, así como tantos otros que
se pasean ufanos en las redes, aunque sea fugazmente. Al parecer la
perogrullada está totalmente fuera de moda, conexión-desconexión,
es lo de hoy.
El día languidece, don Pedrogrullo lleva incontables horas
frente al computador y, por supuesto, sólo el dolor en la espalda y de
unas nalgas que ya no encuentran forma de acomodarse, los ojos
agotados y rojizos, le dicen que un día más ha pasado sin más que
buscar y buscarse en un ciberespacio que se lo ha tragado todo, que
ha engullido las horas y los días, los lugares y las geografías que los
envuelven, las emociones y los sentidos, el espacio y el tiempo, los
rostros y los cuerpos, las palabras y su contenido. Resetear, tagear,
facebukear, twitear, pinear, renderear, forwardear, bloguear, linkear,
accesar son algunos de los verbos de un nuevo lenguaje que paula-
tinamente aumenta su léxico, al parecer son las formas de una nue-
va vida, la vida líquida de la modernidad líquida.
Si ahora la vida adquiere una forma líquida procedente de una
forma aparentemente sólida ¿cómo es que se licuó?, ¿qué o quién la
licuó? No deja de parecer ciertamente violento ese acto, si bien todo
cambio encierra su cuota de transgresión, de desgarramiento, de
atropello, de angustia y dolor. ¿Cuál podría ser, entonces, la condi-
ción de la violencia en las nuevas tecnologías? ¿Cómo aludir a ello
sin emparentar con nuestro querido Pedro Grullo?
Dos autores considerablemente lejanos entre sí por sus concep-
ciones y enfoques sugieren componentes comunes: la sociedad de
consumo y el estatus de consumidores. Jeremy Rifkin1 y Zygmunt
Bauman2 aluden, no sin cierta perogrullada, a que la promesa de
satisfacción de la sociedad de consumo se basa en la formación de
un umbral permanente de insatisfacción en un círculo altamente
dinámico, y que esta condición daría pie a comportamientos y rela-
ciones radicalmente distintas entre los individuos.
De forma más precisa Bauman señala que:
[...] la sociedad de consumo consigue hacer
permanente esa insatisfacción. Una de las formas
que tiene de lograr tal efecto es denigrando y devaluando
los productos de consumo poco después de que hayan
sido promocionados a bombo y platillo en el universo
de los deseos del consumidor. Pero hay otra vía (más
eficaz todavía) oculta de la atención pública: el método
de satisfacer cada necesidad / deseo / carencia de manera
que sólo pueda dar pie a nuevas necesidades / deseos /
carencias. Lo que empieza como una necesidad debe
convertirse en una compulsión o en una adicción.3
Consumir es la divisa, valor de uso por valor de cambio por
valor de consumo.
Estos tres momentos de la configuración del valor (uso, cambio,
consumo), tal vez puedan señalarnos la ruta entre el mundo sólido y
la vida líquida de nuestro presente. Tecnología, productivismo, ex-
plotación, alienación, ideología (progreso y civilización), capital, se-
rán los senderos por medio de los cuales se ha caminado de un punto
a otro hasta llegar a este momento llamado sociedad de consumo.
1. Jeremy Rifkin, El fin del trabajo. México, Paidós, 1996.
2. Zygmunt Bauman, Vida líquida. Barcelona, Paidós, 2006.
3. Ibid., p. 110.
50 51
Desde mediados del siglo xix es una pedro grullada decir que
la tecnología, y el progreso que conlleva, es la nueva ruta de la
felicidad humana y de su desarrollo hacia una suerte de eternidad
que rebasa cualquier paraíso, la tecnoutopía se instaló en la mente
y en los corazones de prácticamente toda la humanidad. Por ello
es moneda corriente (valor de cambio de don Pedro Grullo) asu-
mir que cualquier nuevo alarde de la tecnología es un paso más
hacia la tierra prometida. Desafortunadamente, un siglo después
dos grandes tenazas nos aprisionaron para empezar a dudar sobre
la validez de ciertas perogrulladas, dos guerras mundiales y la
catapulta tecnológica asociada al gran capital. Por eso, vale la
pena preguntarse si acaso el nuevo cantar de las sirenas digitales,
mal llamado redes sociales, es la materialización de nuestros sue-
ños de la felicidad tecnológica o una forma más sofisticada y sutil
de la esclavitud humana.
Por supuesto deben considerarse aquellas voces de Pedro Gru-
llo que de inmediato se alzan a coro para señalar “no es la tecnolo-
gía sino la forma en que se utiliza ésta”, o también que “la humani-
dad ha sido esclava de algo o de alguien desde su surgimiento como
tal”. Sin embargo habría que considerar también que la técnica cada
vez responde menos a la satisfacción de las necesidades elementales
para concentrarse en la producción de artículos y servicios que gene-
ren ganancias monetarias. Esto es, la relación entre las intenciones y
la forma en que ha evolucionado la tecnología, y aun el pensamiento
científico, queda constreñida en la dominación y el sojuzgamiento,
pues sin estas modalidades de las relaciones humanas (¿podría ha-
ber otras?, se pregunta don Pedro) no habría apropiación privada
de la riqueza producida socialmente, ni acumulación de capital, ni
consumismo de masas, ni desarrollo económico capitalista (¿podría
haber otro?, insiste Pedro Grullo).
La ecuación entre tecnología, dominación y capital revela, me-
diante sus más recientes alardes digitales, sus nuevos monstruos: el
tiempo aprisionado y la disolución de la capacidad de percep-
ción-abstracción. Sobre el primero de ellos Michel Foucault nos
propone su antecedente en Los intelectuales y el poder:
En la sociedad feudal, y en muchas sociedades que
los etnólogos denominan primitivas, el control de los
individuos se realiza esencialmente mediante la inserción
local, por el hecho de que pertenecen a un determinado
lugar. El poder feudal se ejerce sobre los hombres en la
medida en que éstos pertenecen a una determinada tierra.
La inscripción geográfica local es un medio de ejercicio del
poder. El poder se inscribe en los hombres a través de su
localización. En oposición a esto, la sociedad moderna que
se forma a comienzos del siglo xix es, en el fondo,
indiferente o relativamente indiferente a la pertenencia
espacial de los individuos; no se interesa por el control
espacial de los individuos en razón de que pertenecen a
una tierra, a un lugar, sino simplemente porque tiene
necesidad de que los hombres pongan su tiempo a su
disposición. Es necesario que el tiempo de los hombres
se ofrezca al aparato de producción; que el aparato de
producción pueda servirse del tiempo de vida, del tiempo
de existencia de los hombres. Esto explica que el control
se ejerza de esta forma y para esto. Para que la sociedad
industrial se forme son necesarias dos cosas. Por una parte,
es preciso que el tiempo de los hombres pase a formar
parte del mercado, se ofrezca a quienes quieren
comprarlo, y se compre a cambio de un salario; es preciso,
por otra parte, que el tiempo de los hombres se transforme
en tiempo de trabajo. Y por eso en toda una serie de
4. Michel Foucault, “La verdad y las formas jurídicas”, en Estrategias de poder.
Obras esenciales ii. Barcelona, Paidós, 1999, p. 159.
52 53
instituciones nos encontramos con el problema y
con las técnicas de la extracción máxima del tiempo.4
Unas cuantas décadas después requerimos de otras categorías
para tratar de seguirle el paso a tan dinámica realidad: el tiempo de
trabajo ya no se sostiene por sí mismo, ahora requiere de un acompa-
ñante, el tiempo de consumo y las estrategias más adecuadas no para
extraerlo sino para ampliarlo y fijarlo, aprisionarlo. Además, como
señala Foucault, si en su contexto histórico la inserción local, locali-
zación, fue una forma de control, ahora la deslocalización asociada
con el tiempo de consumo es la forma esencial de las nuevas estrate-
gias de poder, la cual se logra mediante la desestructuración entre la
percepción de la realidad objetiva y la percepción de la realidad vir-
tual en dos procesos separados, cuyo resultado es la hegemonía de la
segunda.
A principios del siglo xx (1914), Vladimir Ilich Lenin escribe y
publica un libro que será fundamental en los acontecimientos por
venir, El imperialismo fase superior del capitalismo, en el cual expone
su análisis del momento en que a su juicio se encuentra el desarrollo
capitalista y cuya etapa inmediata será, ineluctablemente, la revo-
lución socialista. Las fuerzas productivas habrán llegado a tal
punto de desarrollo que la crisis generalizada del sistema es alta-
mente probable, o mejor aún, provocable por la acción organizada
de los revolucionarios. En su texto demuestra cómo los enormes
saltos tecnológicos provocan una considerable dinamización de la
producción y con ello el surgimiento de los monopolios que concen-
tran enormes volúmenes de mano de obra, energía, tecnología y,
por supuesto, capital.
En el primer apartado del libro, Lenin hace una detallada
descripción de la curva ascendente, si no es que salto mortal, de
los niveles de producción gracias a las nuevas tecnologías del va-
por y la electricidad a finales del siglo xix y principios del xx, así
como de la concentración de la energía disponible para las empresas
y consecuentemente de maquinarias, equipos y mano de obra,
“unas decenas de miles de grandes empresas lo son todo; los millo-
nes de pequeñas empresas no son nada.”5 De manera harto sinté-
tica, describe la tendencia al monopolio y un fenómeno paralelo,
la combinación de procesos productivos, que darán un impulso
gigantesco a la producción de bienes materiales. La gran ventaja
de los nacientes cárteles es que pueden destinar esfuerzos impor-
tantes a la innovación tecnológica, esto es no sólo aprovechar las
aplicaciones de la energía emergente (la electricidad) sino también
crear nuevos dispositivos para aumentar y mejorar la producción,
“elevar la técnica y reducir los gastos”. En unas pocas décadas se
saturan los mercados y la economía capitalista entrará en sucesivos
ciclos recesivos.
Si la clase obrera llegó o no al paraíso es otra historia, “así pasa
cuando sucede”, sentencia Pedro Grullo, lo cierto es que el capita-
lismo tan atinadamente analizado por Lenin no sólo sobrevivió sino
que operó una singular metamorfosis de cambiarlo todo para no
cambiar nada, y es en esta “bisagra histórica” donde surge el consu-
mismo como un recurso que resultará altamente rentable y vivifi-
cante para un capitalismo que agoniza.
Sin pretender hacer una historia del consumismo, deben obser-
varse algunos aspectos relevantes de un fenómeno social, económi-
co, cultural y político totalmente inducido y manipulado en una
gran operación de reorganización social e ideológica, tal como lo
describe Rifkin:
El fenómeno del consumo de masas no se produjo
de forma espontánea, ni fue tampoco la consecuencia
inevitable de una insaciable naturaleza humana. Más bien
5. Vladimir I. Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo. Moscú, Progreso,
1975, p. 12.
54 55
al contrario. Los economistas de fin de siglo observaron
que los trabajadores se conformaban con ganar lo justo
para vivir y para permitirse algunos pequeños lujos
básicos, y que preferían tener más tiempo de ocio en lugar
de ingresos adicionales como consecuencia de una mayor
cantidad de horas de trabajo. De acuerdo con los
economistas de la época, como, por ejemplo, Stanley
Trevor y John Bates Clark, a medida que los ingresos de las
personas se incrementaban, su empleo era cada vez menor,
provocando, por lo tanto, que cada uno de estos incrementos
fuese menos deseable. El hecho de que los trabajadores
prefiriesen cambiar horas adicionales de trabajo por horas
adicionales de ocio se convirtió en una gran preocupación
para los hombres de negocios cuyos inventarios de bienes se
hacinaban rápidamente en sus plantas de fabricación
y en sus almacenes por toda la nación.6
Este gigantesco cambio en los valores y las prácticas de la vida
cotidiana ha sido una de las programaciones sociales más duraderas
y profundas en la historia humana, sólo comparable con la implan-
tación y expansión de las religiones:
La transformación del americano medio de una
psicología basada en el ahorro a una basada en el consumo,
se mostró tarea ardua y difícil. La ética protestante del
trabajo, que había dominado el comportamiento
del americano de frontera, estaba profundamente
enraizada en el comportamiento general.7
Los incipientes medios de comunicación de masas de finales del
siglo xix y el marketing serán las dos grandes palancas del cambio,
para con ellas lanzar ininterrumpidas dosis del “nuevo evangelio
económico del consumo”. El telón de fondo de la naciente acción
mediática será el discurso de la renovada tecnoutopía que anuncia-
ba el advenimiento de una era de felicidad, bienestar, progreso y,
aun, paz y concordia entre los hombres. De esta forma, “la comuni-
dad empresarial americana se propuso cambiar radicalmente la psi-
cología que había construido una nación —su objetivo era convertir
a los trabajadores americanos desde la postura de inversores en el
futuro, a la de consumidores en el presente”.8
Un siglo después, la sociedad de consumo y el surgimiento de
las tecnologías digitales se han sintetizado en una nueva percepción
y práctica del tiempo (tiempo virtual) y del espacio (deslocalización),
esto es una síntesis sumamente comprimida de ambos que nos achi-
ca y nos acelera tan vertiginosamente que apenas si podemos se-
guirle el paso. Su impacto en las relaciones humanas es literalmente
una licuadora de conceptos, de ideas, de convicciones, de compro-
misos, de perspectivas, cuyo resultado es la sociedad líquida (Bau-
man). En esta sociedad líquida las redes sociales son un concepto
nuevo que representa con exactitud las nuevas condiciones de las
relaciones humanas, el consumo incesante de vidas, de afectos, de
modas, de tiempo a la manera de un continuo de conexión-desco-
nexión altamente inestable.
Las redes sociales, y su intricada dinámica de conexión-desco-
nexión, están profundizando aceleradamente los dos fenómenos
mencionados, la compresión y reducción del tiempo vital o mejor
dicho su expropiación en favor del consumo, y la alteración de las
capacidades de diferenciación y articulación de la percepción de la
realidad objetivada y la realidad virtual.
Respecto del primero debe recordarse que la plataforma llama-
da Facebook nació como modelo de dinamización de las comunica-
ciones y capaz de soportar y multiplicar a gran velocidad compo-
8. Ibid., p. 61.
6. J. Rifkin, op. cit., p. 58.
7. Ibid., p. 52.
56 57
nentes publicitarios, esto es promover el “perfil” de éxito y de moda
de las personas, lo cual representó un gran potencial para ampliarla
hacia el consumismo abierto y de gran escala de bienes tangibles e
intangibles. El naciente negocio mostró sus posibilidades en un
tiempo sumamente breve y el incesante crecimiento de la red conti-
núa en caída libre.
Los cientos de millones, si no es que miles de millones, de usua-
rios comprimen el tiempo de forma harto asfixiante, ¿cuál pudiera
ser el número de conexiones-desconexiones que es posible realizar
a través de ella? Prácticamente ilimitado si se consume el tiempo
suficiente para intentarlo y si se realizan a velocidades cada vez ma-
yores. El vértigo puede ser la vida misma, la necesidad se convierte
en compulsión-adicción. ¿Qué podemos expresar, sentir, intercam-
biar, dialogar o conocer a velocidades cada vez mayores? Tendría-
mos que entrar en nuevas dimensiones y cualidades de percepción
y procesamiento de la realidad, pues de otra forma deviene la
frustración, el desasosiego y la exclusión del mundo de las redes.
Estás out. Consumismo y tiempo crecientemente comprimido son
dos caras de la misma moneda, uno no es posible sin el otro. Las
redes sociales, en tanto nuevo espacio de realización de la vida lí-
quida, deviene en institución de sometimiento y catalizador de las
formas efímeras de la conexión-desconexión y de la compraventa
de personas y personalidades, mediante el control y recreación del
tiempo social, o como señala Foucault en La verdad y las formas ju-
rídicas, “La extracción de la totalidad del tiempo es la primera fun-
ción de estas instituciones de sometimiento. Sería posible mostrar,
también, cómo en los países desarrollados este control general del
tiempo pasó a ejercerse mediante el consumo y la publicidad”.9
Los efectos en la percepción-creación de la realidad son devas-
tadores, desde la inducción de comportamientos somáticos y la des-
trucción de conocimiento hasta los desdoblamientos de la persona-
lidad (perfiles de “éxito”, “moda”, “físico”, “estatus”, etcétera), como
moneda corriente de un intercambio cuya violencia más sutil es el
autosometimiento a las condiciones impuestas por las redes y por
los intereses económicos e ideológicos que las sustentan. Una singu-
lar forma de creación de la “verdad”, la mercantilización de los pro-
cesos vitales convertidos en artículos de consumo, tal como la des-
cribe Zygmunt Bauman:
El mercado ejerce actualmente de mediador en
las tediosas actividades que intervienen en la formación
y la finalización de las relaciones interpersonales,
como son el unirse y desunirse con otra persona,
el vincularse y el desvincularse de ella, el salir con alguien
y el borrar luego su nombre de la agenda del móvil, etc.
Influye en las relaciones interhumanas, tanto en el trabajo
como en casa, tanto en público como en los espacios
privados más íntimos. Reformula y reestructura
los destinos y los itinerarios de las actividades vitales
de manera que ninguno de ellos evite el paso por los
centros comerciales. Narra el proceso de la vida como
una sucesión de problemas eminentemente “resolubles”
que, no obstante, precisan (y sólo pueden) ser solucionados
por medio de instrumentos que sólo están disponibles
en las estanterías de los comercios. Ofrece atajos
tecnológicos a la venta en las tiendas para alcanzar
objetivos que antaño eran básicamente accesibles
recurriendo a las aptitudes personales, a la propia
personalidad, a la cooperación amistosa y a las
negociaciones cordiales. Suministra artilugios y servicios
sin los que, en ausencia de habilidades sociales, la vida
en sociedad, la vida con otros, la “relación con” otras
9. M. Foucault, op. cit., p. 98.
58 59
personas y la construcción de un modus co-vivendi
duradero supondrían tareas desalentadoras,
incomprensibles e, incluso, prohibidas para un
número creciente de personas.10
En este contexto, la percepción y la construcción de la realidad
han licuado dos modalidades fundamentales de ello, la realidad ob-
jetivada, material e inmaterial, como forma física e intercambios
intangibles, y la realidad virtual que sabemos que no existe pero
que es, que forma parte de nuestra construcción humana en muy
diversas formas y muy marcadamente en la condición narrativa
mediante la cual discurre la existencia. La capacidad para identifi-
car y relacionar estos dos planos de la construcción de la realidad es
lo que hace posible las conductas complejas, la articulación creativa
de percepción-memoria-acción. El viaje continuo entre uno y otro
plano y la síntesis dialéctica entre ambos permite que la narración se
constituya como una construcción específica de la realidad pero que
no suplanta la modalidad objetivada sino que la complementa, la
enriquece.
La cultura y la construcción de conocimiento parten de una
base violenta que transforma y que somete, que construye y que
traspasa, desgarra y modifica, moldea y trasforma, limita y expande
en una secuencia contradictoria que vivida como tal “parte”, “cor-
ta”, “secciona”, “separa” la realidad de distintas formas, por ello es
necesario reconocerlas y volverlas a reunir creativamente.
Hace ya un par de décadas Giovanni Sartori en su polémico
texto Homo videns advirtió sobre la “fabricación” de realidades y la
suplantación de hechos por medio de la imagen televisiva y los efec-
tos de ello en la degradación de las capacidades de percepción y de
formación de criterios. Se disuelve la diferencia entre ver (fisiológi-
co) y mirar (cultural), quedamos reducidos al acto fisiológico que
sólo recibe estímulos pero que no los procesa, no los “lee”, no los
interpreta, el entendimiento, base para la construcción de juicios de
valor y formación de criterios, se licua en un aletargamiento de los
sentidos, una pereza mental sumamente confortable propia del
consumismo. Existen culturas visuales altamente sofisticadas, más
aún, la humanidad se modificó de muchas maneras durante mile-
nios sin necesidad de la palabra escrita, el punto divergente, a dife-
rencia de lo que sugiere Sartori, no es contraponer lo puramente
gráfico y visual a la importancia de la cultura escrita sino el fenóme-
no aletargante inducido desde los medios audiovisuales.
La capacidad de abstracción está íntimamente relacionada
con la lectura simultánea de distintos planos espacios-temporales
de la realidad, y los medios masivos (ahora digitales y de red) tienden
a “sintetizarlos” en uno solo para entregarnos una sola versión de
la realidad (sin distinciones objetiva y virtual, pasado-presente-fu-
turo, lejos-cerca, etcétera,), con las cuales podamos construir versio-
nes complejas y dinámicas de la realidad.
La tecnología digital y las redes sociales han dado un salto gi-
gantesco en este sentido, con lo cual al sometimiento del tiempo
debe agregarse el sometimiento del cuerpo, de sus capacidades y
aun de su movilidad física, al desplazar la realidad objetivada de la
conciencia de los hombres para suplantarla mediante la hegemonía
de la realidad virtual. Una vez más una manera singular de cons-
truir la verdad.
El artista griego Milton Manetas da algunas luces al respecto en
la entrevista realizada por Andrea García Cuevas (revista Código):
¿Cómo concibes el espacio en tus obras, sobre todo con
respecto a la noción de realidad virtual?
–Toda la realidad virtual se ha convertido en
10. Z. Bauman, op. cit., p. 144.
60 61
real (probablemente siempre lo ha sido). Vivimos en
la era de la “metapantalla”, la gente está ahora “dentro
de la perspectiva”. Cuando empecé a hacer arte con
computadoras y videojuegos éramos pocos
experimentando con el medio, ahora cualquier
persona con una computadora es un artista […]
¿Consideras que se ha sobreexplotado la relación con la
tecnología digital?
–[…] En los últimos 13 años, con internet y todas las
plataformas que se han desarrollado, he vivido
profundamente hipnotizado. Después del primer Pabellón
de internet traté de detener ese hechizo y tuve mucho
éxito, pero después volví a caer en la trampa porque la
mujer que amo, la madre de mi hijo, ha empezado a
encontrar más placer al mirar su iPhone que mi cara. Así
que comencé a rezar por la “desconexión”, por eso hice
una Iglesia de internet en Venecia, con los “desconectados”
como santos. Necesitamos ser guiados en la trayectoria de
la desconexión, no es una cosa tan simple como borrar
nuestra cuenta de Facebook, por ejemplo. Es algo que nos
pertenece a nosotros mismos y a las futuras generaciones.
Estas sutiles y sofisticadas formas de control y de ejercicio del
poder nos adentran en una nueva época del capitalismo en la que
nosotros mismos pulimos y afianzamos nuestras cadenas o, peor
aún, cavamos la tumba de nuestra propia degradación intelectual y
mental. La sociedad disciplinaria de Foucault, las visiones del
Gran Hermano de Orwell, y el mundo feliz de Huxley palidecen
ante las nuevas realidades sociales e intelectuales que cantan mara-
villas a la renovada tecnoutopía personificada por las redes socia-
les sin advertir que son loas al poder renovado que se expresa cada
vez más sutil y benévolo, pues no podría ser de otra forma según
Foucault:
Cuando se definen los efectos del poder recurriendo
al concepto de represión se incurre en una concepción
puramente jurídica del poder, se identifica al poder
con una ley que dice no; se privilegia sobre todo la fuerza
de la prohibición. Me parece que ésta es una concepción
negativa, estrecha, esquelética del poder que era
curiosamente algo aceptado por muchos. Si el poder
fuese únicamente represivo, si no hiciera nunca otra cosa
más que decir no, ¿cree realmente que se le obedecería?
Lo que hace que el poder se aferre, que sea aceptado,
es simplemente que no pesa solamente como una fuerza
que dice no, sino que de hecho circula, produce cosas,
induce al placer, forma saber, produce discursos; es preciso
considerarlo más como una red productiva que atraviesa
todo el cuerpo social que como una instancia negativa
que tiene como función reprimir.11
Cabría enfatizar las palabras de Foucault, el poder circula, pro-
duce cosas, induce al placer, forma saber, produce discursos, ¡y que
mejor que lo haga en red!, diría don Pedro Grullo.
11. M. Foucault, op. cit., p. 78.
63
Violencia algorítmica
Alberto Mora
I beat my machine it’s a part of me it’s inside of me
I’m stuck in this dream it’s changing me I am becoming
—trent reznor
64 65
La violencia en las redes sociales puede pensarse bajo distintas
dimensiones; sugiero que una de ellas es la que traza una
continuidad diferida entre lo biológico y lo social. Las redes sociales
tendrían al menos dos implicaciones en la dimensión social; la
primera continúa lo biológico y lo extiende al ámbito social, se
refiere directamente a los instintos o reflejos de un medio ambiente
condicionante; la segunda, toma en consideración el carácter
simbólico y construido que dicho ambiente condicionado acarrea
como plataforma de un medio de interacción, entendiendo por
medio un instrumento de tráfico de mensajes: el algoritmo. El
ámbito simbólico adquiere su relevancia, la puesta en circulación
de mensajes con sentidos compartidos coexiste con la producción
de formas simbólicas que innovan sobre las anteriores, esto último
debido a que las redes sociales son también social media y funcionan
como intermediaros en la interacción entre individuos a partir de
estructuras fijas y virtualidades múltiples (semblantes en la jerga
psicoanalítica).
De igual manera se hace referencia a la extensión diferida de
dicho ambiente (Umwelt) al constructo simbólico (Media) que es-
tructura las interacciones entre emisores de mensajes y configura
un amasijo de informaciones como representación de la subjetivi-
dad. El tema que anuda ambas líneas será la violencia como resul-
tado del desarrollo social que imprime una forma simbólica al ins-
tinto de agresión biológico; hago manifiesto que este escrito sólo
bosqueja las direcciones de una investigación sobre el cíborg tras-
cendental y la violencia como su principio constitutivo, por lo que
los temas aquí mencionados no quedan de ningún modo agotados
ni fijados para su próxima exploración.
i
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española legitima el
término cíborg como: “Ser formado de materia y dispositivos
electrónicos” Nos explica que es un acrónimo proveniente del in-
glés, esto significa que se trata de una palabra compuesta por las
primeras letras de ‘cybernetic’ y ‘organism’.1 Dicho compuesto se
daría por la materia viva organizada y dispositivos artificiales in-
corporados a ella, y redundando en el asunto podría sostenerse que
al organismo le corresponde la parte de materia viviente y a la ci-
bernética lo que refiere a los instrumentos electrónicos; sin embar-
go, no es tan sencillo. La cibernética es más que un dispositivo elec-
trónico, es una racionalidad que si bien se origina en los estudios
sobre comunicación de máquinas constituye todo un paradigma en
el conocimiento biológico.2 Por racionalidad se quiere dar a enten-
der una serie de relaciones con un sentido susceptible de ser forma-
lizado, una visión de mundo que sea a su vez matriz generadora de
teorías explicativas de la realidad, algunos incluso la definirían
como una filosofía.3 De ahí que la definición de origen deba ser
ampliada y el cíborg en su vitalidad material sea también definido
por la interacción de los sistemas de información a los que se atribu-
ye el término cibernética.
Estos sistemas definen un orden en que los datos incorporados
tengan un sentido, una orientación o un uso, la definición más pro-
pia de la cibernética estaría dada por el matemático Norbert Wie-
ner como comunicación y control.4 Pero la aplicación a diferentes
áreas del conocimiento5 y de la vida humana la hace más un objeto
1. Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. <buscon.rae.es/drae/srv/
search?id=LaBnyZ1pmDXX26yHBE8w>. [Consulta: 12 de septiembre de 2013].
2. cybernetics foundations, History of Cybernetics. A Timeline for the Evolution
of Cybernetics. <www.asc-cybernetics.org/foundations/timeline.htm>.
(Revisar sobre todo la década de 1920). [Consulta: 12 de septiembre de 2013].
3. Metasystem Transition <Theory.pespmc1.vub.ac.be/MSTT.html>.
[Consulta: 19 de septiembre de 2012].
4. Stafford Beer, What is cybenetics? <www.nickgreen.pwp.blueyonder.co.uk/
beerWhatisCybernetics.pdf>. [Consulta: 19 de septiembre de 2013].
5. Wlater Benjamin, Para una crítica de la violencia. Edición electrónica / Escuela de
Filosofía Universidad arcis (pdf). <www.philosophia.cl/biblioteca/Benjamin/
violencia.pdf>. [Consulta: 17 de septiembre de 2013].
66 67
de índole interdisciplinaria6 de tal manera que sus aplicaciones
funcionen para dar cuenta de cuestiones en apariencias tan disím-
bolas como la biología y la cultura. Por tal motivo, sostengo que en
el caso de la violencia existe en el ser humano una continuidad
diferida con la agresión; la violencia implica una continuidad con
el instinto llamado agresión que se presenta en los animales7 pero
la violencia adquiere una cualidad distinta en tanto ésta tiene
como principio constituir sentido, fundar cultura. En este segmen-
to ampliaremos la noción de agresión como instinto biológico, como
continuidad, para posteriormente definir la violencia en el contexto
de las redes, en el segundo segmento como diferencia.
Agresión es el concepto biológico que considera el “instinto que
lleva al hombre como al animal a combatir contra los miembros de
su misma especie”.8 Según el zoólogo Konrad Lorenz la agresión es
un instinto como cualquier otro, cuya función es la conservación de
la vida y la especie bajo condiciones normales; el ser humano que
modifica su medio vertiginosamente ha llegado por esa vía a resul-
tados desastrosos.9 Sin embargo, para Lorenz esta vía de conoci-
miento abre la posibilidad a entender la cultura como un sistema
más complejo, donde los instintos que comparte con el animal re-
presentan una dimensión más simple por medio de la observación y
la inducción del comportamiento. La etología es la ciencia que el
mismo autor crea como base de sus observaciones a las que no atri-
buye ninguna preconcepción, por el contrario, la inducción poste-
rior a los hechos será aquella que pueda formular una ley de rela-
ción que permita conocer los comportamientos animales en el
humano.10
Lo interesante del concepto de agresión de Lorenz tiene que
ver con la función específica de pervivencia del individuo y conse-
cuentemente de la especie; esta función, como muchas otras, es el
instinto. El instinto considerado así tiene como fin la adaptación al
medio (Umwelt), la vida del organismo está estructurada a partir de
su pervivencia en el medio, ése es el fin, el elemento a observar es la
agresión, un instinto que se manifiesta en la conducta de atacar a un
miembro de la misma especie; hasta aquí no hay valoraciones morales
sino definiciones de orden sistémico, de tal modo que la conducta
considerada instintiva sea observada en varias especies bajo determi-
nadas circunstancias que tienen que ser descritas de igual modo. No
se presentan igualdad de casos en las múltiples especies, ni tampoco
en las diferentes situaciones (lucha por el territorio, por la hembra o
por la ausencia o atrofia de funciones vitales), sin embargo, la expli-
cación de la conducta sobre la base de un instinto funcional consti-
tuye la estructuración de las conductas animales sobre un orden
explicativo de forma no causal sino compleja.
La noción de instinto, aunque problemática, guarda una perti-
nencia en la zoología que valdrá la pena anotar de manera sucinta a
continuación. El instinto es entendido por los biólogos que estudian
el comportamiento animal a partir de las funciones vitales que el
individuo presenta para mantenerse vivo; la alimentación, la respi-
ración, la reproducción sexual son instintos en tanto estas conductas
se desarrollan y realizan por medio de las partes de organismos sin
ningún tipo de intencionalidad consciente; las disposiciones celula-
res, fisiológicas del organismo desarrollan estas disposiciones en el
organismo a partir del ambiente (Umwelt). El ambiente o medio
circundante (Umwelt), en la biología de la conducta animal, fue de-
finido por Jakob Johann von Uexküll como la conjunción de los
instrumentos o herramientas preceptúales y efectoras de un orga-
nismo vivo; estas herramientas constituyen una interacción perma-
nente con los objetos a partir de signos.11 El ambiente estaría inte-
grado tanto por las herramientas del sujeto como los signos a partir
de los cuales se relaciona con sus objetos;12 esta objetividad pertene-
ce al mundo subjetivo del organismo viviente ya que sólo forma
11. Jakob Johann von Uexküll, “A stroll through the world of animals and men. A
picture book of invisible world”, en Claire H. Schiller, ed., Instinticve behavior.
The development of a modern concept. e.u, International Universities Press, 1964,
p. 9.
12. Ibid., p. 12.
6. Cf. S. Beer, op. cit.
7. Konrad Lorenz, Sobre la agresión: el pretendido mal. México, Siglo xxi, 2005.
8. Ibid., p. 3.
9. Ibid., p. 4.
10. Ibid., p. 5.
68 69
parte de su horizonte en tanto los signos tengan pertinencia y corre-
lación con los instrumentos preceptúales y efectores del sujeto.13
Con esta tesis, Von Uexküll propone infinidad de mundos que son
los ambientes (Umwelten) a partir de los cuales se organiza la vida
del sujeto, cada sujeto según sus disposiciones posee su propio mun-
do, las disposiciones o herramientas interactúan en una remisión de
signos (preceptúales y efectores) constitutivos de cada subjetividad
particular.14 El uso de estos instrumentos o herramientas, sobre la
base de mantener la vida (pues el sujeto está definido en tanto ani-
mal como ser viviente de forma eminente), correspondería en tér-
minos de hechos observables a la conducta instintiva animal.15
A lo anterior, habría que agregar que según la constitución del
ambiente (Umwelt), el tipo de interacción que representa el instinto
estaría definido por un orden sistemático; las respuestas del sujeto a
partir de los signos, descifrables según sus órganos o herramientas,
estarían armonizadas como una totalidad singular en este medio
circundante. Pero, de igual modo, dicho sistema en el individuo
viviente sería abierto a una exterioridad y no cerrado a sus meras
funciones; es decir, el organismo vivo del sujeto es un sistema cuasi
estable en sus funciones pero abierto a las señales de los objetos con
los que interactúan y constituyen su mundo. En biología, Ludwig
von Bertalanffy, siguiendo a Von Uexküll y en interacción con Lo-
renz, concibe de ese modo la pertinencia de la “Teoría de la infor-
mación” y la “Teoría de sistemas”, definiendo al organismo u orga-
nización biológica del viviente del siguiente modo:
El organismo no es un sistema estático cerrado al
exterior y que siempre contenga competentes idénticos:
es un sistema abierto en estado (cuasi) uniforme,
mantenido constante en sus relaciones de asas en un
intercambio continuo de material componente y
energías: entra continuamente material del medio
circundante y sale hacia él.16
El organismo mantiene en sus funciones una regularidad que
define su carácter normalizador, los periodos de respiración, diges-
tión, etcétera. Son regularidades propias del individuo que se ven
afectadas por la alteración de su ambiente o medio circundante (en
ambos casos: Umwelt). De igual modo, la agresión considerada como
un instinto tenderá a actuar según las señales que el medio provea al
organismo; la información que éste reciba condicionará la realiza-
ción de ciertas funciones o su cancelación. Casos límite como la
muerte de crías provocadas por sus progenitoras son ejemplares, se-
gún Lorenz las crías emiten signos de identificación que despiertan
en la progenitora mecanismo de inhibición de la agresividad (instin-
tos contra instintos), pero dado que algunos individuos carecen de
ciertos órganos (ceguera, sordera, deficiencia de olfato) las señales de
las crías no pueden ser incorporadas en el ambiente de la progenito-
ra, de ahí que su instinto de agresión se realiza en tanto detecta un
intruso en el ‘nido’, imposibilitada de identificarlo como su cría, pro-
cede a defender el ‘hogar’ y atacarlo a muerte.17 Donde ‘nido’ y ‘ho-
gar’ son el ambiente (Umwelt) constituido por las funciones de de-
fensa de las crías a través de la agresión de cualquier agente invasor
o, en su defecto, de cualquier agente no identificado como cría.
De lo anterior, podemos deducir que en biología, en zoología,
en el estudio del comportamiento animal en el cual estamos inmer-
sos los seres humanos como sujetos vivientes, nos encontramos or-
ganizados a partir de información, de datos, señales y signos que
interactúan con nuestras disposiciones vitales de manera subcons-
ciente. El animal que somos es un cíborg: un sujeto organizado en
sus funciones vitales por la información que el medio circundante le
remite, información que en continuidad con el animal no es cons-
16. Ludwig von Bertalanffy, Teoría general de sistemas. México, fce, 2009, p. 125.
17. K. Lorenz, op. cit., pp. 128-133.
13. Ibid., p. 6.
14. Ibid., p. 5.
15. Idem.
70 71
ciente de primera instancia sino instintiva; la agresión es parte del
comportamiento instintivo frente las condiciones del medio. Es
decir, en continuidad y comunidad con el animal, ambos nos
constituimos como cíborgs trascendentales, pues nuestra condición
de vida depende de la información que descifremos de manera
funcional; la agresión, como una de estas funciones, no es violen-
cia, es decir aún no es humana.
ii
constructo simbólico
La diferencia entre la agresión y la violencia se orienta desde la
perspectiva que distingue el medio circundante (Umwelt) con el
constructo simbólico que opera como realidad humana. Este anda-
miaje permite distinguir la complejidad de la vida animal de la vida
humana en su especificidad, ésta se constituye a partir de normas de
interpretación de los signos distintas a la mera funcionalidad instin-
tiva. Para Cassirer, refiriéndose a la diferencia con el medio de von
Uexküll, las respuestas humanas, a diferencia de las animales no
son inmediatas, pasan por un proceso de pensamiento que las retar-
da, no es una mera reacción al medio físico donde se desarrolla ana-
tómicamente la experiencia del ser humano, sino que éste está in-
merso en una urdimbre que se consolida con la experiencia humana;
el ser humano está inserto en un universo simbólico que constituye
su particular modo de experimentar(se). “El lenguaje, el mito, el
arte y la religión constituyen partes de este universo, forman los
diversos hilos que tejen la red simbólica, la urdimbre complicada de
la experiencia humana”.18
La experiencia humana se distingue así de la experiencia ani-
mal en tanto la inmediatez del medio circundante o el ambiente
(Umwelt) parece alejarse del sujeto,19 al mismo tiempo que lo más
próximo le resulta esta red de formas que parecen mediar entre él y
el mundo. Al respecto refiere Cassirer:
En lugar de tratar con las cosas mismas, en cierto
sentido, conversa constantemente consigo mismo.
Se ha envuelto en formas lingüísticas, en imágenes
artísticas, en símbolos míticos o en ritos religiosos, en
tal forma que no puede ver o conocer nada sino a través
de la interposición de este medio artificial.20
Así, la experiencia humana es artificial; se construye a partir de
un medio que se interpone entre el ambiente (Umwelt) y el sujeto
propiamente por esta red de símbolos, los cuales imprimen cierta
forma sobre los signos naturales, aquellos que se caracterizan por la
inmediación anatómica del animal. Las expresiones de estas formas
que señala Cassirer (lengua, arte, mito, religión) pueden ser resumi-
das como cultura; y su especificidad puede variar a la sugerida por
el filósofo; sin embargo, resulta útil retomar esta diferenciación del
medio circundante (Umwelt) con la realidad humana como cons-
tructo simbólico (Media).
Ahora bien, esta realidad interpuesta de acceso mediato incluye
reglas o normas para su desciframiento; las formas simbólicas remi-
ten a un proceso de significación cuya interpretación no viene dada
por los órganos corporales como es el caso en el medio circundante
(Umwelt); por el contrario, la cultura sería también la disposición a
descifrar las formas que ella misma imprime a los signos naturales, de
ahí que sea ‘una conversación consigo misma.’ Para el antropólogo
Clifford Geertz la cultura sería justo este proceso que constituye
por un lado los símbolos y por otro las normas de su desciframiento,
la interpretación de expresiones sociales.
19. Idem.
20. Idem.
18. Ernst Cassirer, Antropología filosófica. México, fce,
2010, p. 27.
72 73
El concepto de cultura que propugno [...] es un concepto
semiótico. Creyendo con Max Weber que el hombre es
un animal inserto en tramas de significación que él mismo
ha tejido, considero que la cultura es esa urdidumbre
y que el análisis de la cultura ha de ser por lo tanto, no una
ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia
interpretativa en busca de significaciones.21
La palabra urdimbre vuelve aparecer aquí sugiriendo que el
sujeto social o cultural es el amasijo o nudo de las distintas cadenas
significantes que se ha construido el ser humano de manera históri-
ca y en relación consigo mismo como humanidad; es decir, en rela-
ción con otros seres humanos con los que comparte este constructo
simbólico y por medio del cual experimenta la realidad, la suya, a sí
mismo y a los otros. Su alusión a Weber permite abrir al ámbito
significativo o semiótico los sentimientos y valores en la interacción
humana por este medio artificial, construido, o virtual.
Es precisamente este medio donde se manifiesta la violencia;
para Walter Benjamín “una causa eficiente se convierte en violen-
cia, en el sentido exacto de la palabra, sólo cuando incide sobre rela-
ciones morales”.22 Éstas constituyen la esfera del derecho y la moral
misma; son pues constructos culturales, sistemas de valores artifi-
ciales, simbólicos o virtuales donde una acción determinada ad-
quiere el sentido de violencia. La violencia, subraya este autor, no
puede ser determinada como un fin en sí mismo sino como un me-
dio justificado por fines que emanan del derecho;23 estos fines son
igualmente formas simbólicas si hemos desplazado el concepto mis-
mo de violencia de cualquier interpretación naturalista, y nos per-
mite discernirla de la agresión. El reconocimiento de estos poderes
se da mediante la sumisión pasiva, la aceptación de fines jurídicos
independientes de los sujetos concretos; de hecho, los llamados fines
naturales se consideran contrarios a los jurídicos.24 La violencia que
se castiga es aquella que viola estos últimos, y el castigo es violencia
que se legitima por medio de ellos. “De esta máxima se deduce que
el derecho considera la violencia en manos de la persona aislada
como un riesgo o una amenaza de perturbación para el ordena-
miento jurídico”.25 El ordenamiento jurídico es aquel que define la
violencia, la clasifica, la instrumentaliza y la condena; el derecho
sirve de norma interpretativa con efectos coercitivos en la conducta
de quienes la reconocen; la violencia así adquiere sentido y valores
a partir del derecho, éste define los límites de la acción del sujeto
que lo reconoce al mismo tiempo que legisla su uso estratificándolo
en las autorizaciones de su uso; autorización definida bajo fines ju-
rídicos y sumisamente reconocida por el sujeto.
La virtualidad del derecho como parte de la artificialidad de la
cultura está constituida por una serie de significaciones que prescri-
ben y definen ciertas conductas como signos ilegítimos de violencia,
donde se justifica el empleo de la violencia legítima para corregir-
los. Esta asimetría puede muy bien reinterpretarse como el carácter
alienado de toda cultura, las formas simbólicas que intervienen en
la apertura de sentido de nuestra realidad social: sus signos, sus
reglas de interpretación, sus procesos semióticos son sumisamente
aceptados por los sujetos, la lengua que hablamos, los mitos asumi-
dos, las creencias trasmitidas son justamente las que nos confor-
man como tales en tanto humanidad. Sin embargo, una vez exten-
dida la cultura como coerción también debiera fijarse como
facultativa de lo humano; la ambivalencia de la violencia más allá
del derecho pareciera extenderse en todo el orbe humano como pre-
misa de soberanía sobre nuestra naturaleza biológica, pero en el
caso de que una regla no sea reconocida sumisamente sino asumida
y parta de un ordenamiento intencional como el derecho, es decir
humano, con sentido, valor y fin, sin consentimiento jurídico, sin el
24. Ibid., p. 4.
25. Idem.
21. Clifford Geertz, La interpretación de las culturas. Barcelona, Gedisa, 2003, p. 20.
22. W. Benjamin, op. cit., p. 2. (Las cursivas son mías).
23. Idem.
74 75
reconocimiento sobre tales fines ¿podría seguirse sosteniendo su
ambivalencia por asimétrica que fuese? Mejor aún ¿podríamos de-
jar de señalar la violencia ejercida de ese modo como una imposi-
ción o un abuso de quienes la instrumentan?
Si consideramos las redes sociales (social media) como un en-
samblaje social al estilo de William James, éstas se integrarían como
un contrato entre todas las partes que han asumido los riesgos de la
relación. El ensamblaje de James consiste en tender una red de re-
laciones entre individuos con el fin de trasmitir mensajes, el éxito o
fracaso del fin estaría determinado por el tipo de contactos y por el
tipo de emociones sobre las cuales se construya no el mensaje, sino
su trasmisión; efectos propios del proceso de trasmisión.26 La circu-
lación del mensaje estaría por lo tanto condicionada por disposicio-
nes de los sujetos del ensamblaje y por los efectos que éste realice en
los mismos; un grado de incertidumbre y probabilidad fungen
como principios. Por tal motivo, la coerción se ejercería en la regu-
laridad de los mismos y de ese modo se facultarían los sujetos del
ensamblaje para construir trasmisiones exitosas; la ambivalencia
permanece pero qué sucede si la regularidad y la probabilidad son
instrumentadas allende los sujetos que constituyen una red; qué asi-
metría representa que el algoritmo de nuestras relaciones sociales es
modificado a las espaldas de los miembros del ensamblaje.
El algoritmo que determina la racionalidad intrínseca de la red
social (social media), la normativa de interpretación de los procesos
de emisión y recepción de mensajes en el ensamblaje como un sec-
tor de la cultura, cohesionan y facultan la subjetividad de la red en
la medida en que es éste quien modula las acciones del sujeto para
obtener el resultado deseado, al mismo tiempo que condiciona los
efectos de la acción. Un algoritmo es “una secuencia de instruccio-
nes que representan un modelo de solución para determinado pro-
blema”;27 por solución de problema es perfectamente legible obten-
ción de resultado o alcance de un objetivo: la trasmisión del
mensaje. Si este sistemas de instrucciones es modificado por inten-
ciones ajenas a los sujetos del ensamblaje, bajo el entendido de que
se trata de una decisión y no de una complejización producto de la
dinámica del mismo; entonces se está en un nivel de coerción asimé-
trico donde la ambivalencia de la facultación parecería dejar paso a
la sumisión inconsciente (por ignorada) y no al reconocimiento su-
miso propio del derecho, como de hecho ocurre en las redes sociales
de uso comercial.28
iii
La socialización que impera en semejante acción es la sumisión pa-
siva, tácita, inconsciente y reductiva de la interacción con el medio
construido, con el ensamblaje, con la red social; la violencia algorít-
mica que socializa al cíborg trascendental –que en cada caso somos
como vivientes– reduce sus posibilidades de interacción con el me-
dio, lo subordina a intereses específicos reorganizándolo en sus pre-
ferencias, valores, relaciones desde la modulación de la asertividad
de los mensajes, causando efectos subconscientes en las emociones
solicitadas en los mensajes (si le hemos de creer a James); dado que
vitalmente la organización de la vida se condiciona por la informa-
ción, la modificación de las reglas para interpretar los datos modifi-
ca la subjetividad misma, como si se alterara el código genético en
una especie de ensayo virtual.
28. <pijamasurf.com/2011/07/el-filtro-de-tu-realidad-%C2%BFcomo-funciona-el-
algoritmo-de-facebook/>. [Consulta: 20 de septiembre de 2013].
26. Alberto Mora, “Ensemble: apuntes de pragmatismo para pensar las redes
sociales”, en Alberto Constante, coord., Las redes sociales. Una manera de pensar
el mundo. México, ffl, unam/Ediciones sin Nombre, 2013.
27. Blog: Apuntes de Informática. <informaticafrida.blogspot.mx/2009/03/
algoritmo.html>. [Consulta: 20 de septiembre de 2013]
77
Las redes sociales y la libertad de expresión
un poder conativo sin responsabilidad
Alberto Carrillo Canán y Marco Calderón Zacaula
La libertad de expresión es un valor democrático
que supone el carácter público de la identidad de la persona se expresa.
Por ello, en la democracia el anonimato es disfuncional.
78 79
Uno de los problemas más nuevos y polémicos de los últimos
tiempos en el campo mediático es la relación entre las redes
sociales y la libertad de expresión. Ya se ha señalado que amplios
disturbios en Londres hace algo más de dos años habían sido
incitados a través de las redes sociales, lo cual vendría a ser uno de
los primeros ejemplos de la influencia comunicativa de las redes
sociales.1 Otro caso también muy señalado sería la presencia de
las redes sociales en la “primavera árabe”, donde se supone que
movimientos “libertarios” habrían alcanzado una gran amplitud,
por lo menos en parte, gracias nuevamente a las redes sociales.
Más reciente y cercanamente, escasamente más de un año, en
México mismo las redes sociales habrían estado involucradas en
la generación de pánico en amplias zonas del oriente de la Ciudad
de México.2 Así mismo, se ha informado de la situación repetida
de que un adolescente cualquiera invita a una fiesta personal
utilizando una red social y que gracias a la interconexión entre los
adolescentes miles de ellos llegan a la fiesta generando un gran caos
y, normalmente, enfrentamientos con la policía.3
algunos elementos del funcionamiento
de las redes sociales
Es claro, entonces, que las redes sociales no solamente difunden
mensajes sino que tienen lo que se acostumbra llamar poder de
convocatoria. En términos más técnicos y precisos, recordando el
conocido esquema de Jakobson acerca de las funciones del lengua-
je, podríamos formular la idea de que el poder de convocatoria de
las redes es análogo a la “función conativa” o “apelativa” del len-
guaje.4 En las redes se puede llamar o no a los receptores del men-
saje a hacer algo, pero el mensaje mismo es recibido como si fuera
dirigido al receptor –aunque muchas veces no lo es– y se convierte
en el conato o iniciador de alguna acción, así sea la muy simple de
reproducir el mensaje de manera más o menos multiplicada –por
ejemplo “retwiteándolo” o bien “compartiéndolo”–. Mientras más
veces se reproduzca el mensaje, es más probable que pueda conver-
tirse en el conato de acciones extracomunicativas, por ejemplo,
desatadas debido a que el mensaje repetido desde fuentes múlti-
ples y con frecuencia anónimas genera pánico, como en el caso
mencionado de la ciudad de México.
En particular los mensajes anónimos, mandados a través de
nicknames –como nombres de usuario”– parecen tener un mayor
poder conativo que los que tienen una fuente conocida. Si la fuente
es conocida se puede tomar la actitud crítica de cuestionarla, de
pedir la confirmación, también es más fácil evaluar desde el prin-
cipio la credibilidad de la fuente, sin embargo, si la fuente es desco-
nocida, anónima, todo eso resulta simplemente imposible y parece
ser que la imposibilidad de someter el mensaje a confirmación se
traduce en una curiosa propensión a darle credibilidad. No se trata
simplemente de una credibilidad otorgada “por si las dudas” o
porque “más vale”, sino de algo psicológicamente más profundo, a
saber, el anonimato muestra en este caso el poder de lo arcano, es
decir, la autoridad de lo secreto, lo reservado, lo recóndito, lo mis-
terioso. Parece ser más influyente el “se dice que …” que “Luis
dice que …”.
4. Roman Jakobson, “Linguistik and Poetik”, en Poetik. Fráncfort, Suhrkamp, 1979,
p. 90.
1. En agosto de 2011 ocurrieron disturbios en varios barrios de Londres
(Tottenham, Hackney), se calculó que esta grave ola de violencia causó daños
superiores a 115 millones de euros, se presupone que tanto Twitter como
Black Berry Messenger entre otras redes sociales, fueron las tecnologías con las
que se coordinaron centenares de jóvenes para realizar actos vandálicos.
2. En septiembre del 2012 se difundieron por las redes sociales rumores
de supuestas balaceras que grupos del crimen organizado llevarían acabo,
generando un pánico colectivo entre los habitantes de los lindes entre Iztapalapa
y Nezahualcóyotl.
3. Apenas en septiembre de 2012, en el pueblo de Haren, al norte de Holanda, una
adolescente que envió, por equivocación a través de Facebook, una invitación
para celebrar su fiesta de 16 años terminó copada por alrededor de 10 000
jóvenes. También son conocidos varios casos similares ocurridos un año antes
en Alemania.
80 81
El fenómeno de la autoridad del anonimato es muy conocido en
el caso del rumor tradicional, donde un “dicen que …” releva al
promotor del mensaje de toda responsabilidad respecto de la veraci-
dad de lo que hace circular. De hecho es muy conocida la actitud
malévola consistente en poner algo en circulación, de ser el origen
de una “información” P ocultado que uno es la “fuente”, justamen-
te a partir de comunicar la expresión “dicen que P”. El sujeto de la
alocución, los que “dicen”, no puede ser consultado. Pero el rumor
en la red opera más rápidamente y por muchos más puntos de con-
tacto, más “fuentes”. Con ello el poder de lo arcano se conjunta con
el poder de lo que aparentemente es cierto porque “todos lo saben”,
“todos lo dicen”, “es sabido”, con el resultado de que las fuentes
anónimas de la red tienen un gran poder conativo, que, a todas lu-
ces, supera con mucho al del simple rumor propiamente dicho.
Siguiendo la idea de McLuhan de los medios como extensiones
del hombre, como potenciación de sus capacidades,5 podríamos de-
cir que las redes sociales pueden, con toda facilidad y en muchos
casos, ser vistas como la extensión del rumor que deviene en e-rumor.
Esto tendía a ocurrir ya con el famoso e-mail, pero definitivamente
es un fenómeno notable y común con o en las redes sociales. Por su
parte, el malévolo que “desinforma”, es decir el desinformante,
queda potenciado como e-desinformante. La potencia del e-rumor
radica en particular en su velocidad de circulación y en lo numeroso
de sus “fuentes”, lo que de todos modos, se suma al poder del ano-
nimato asociado con la incuestionabilidad que lo caracteriza.
La “desinformación” es un fenómeno que no se agota en hacer
circular un mensaje falso, afirmando que ocurren eventos que en
realidad no ocurren o que ciertas cosas son de una manera en la que
en realidad no son, sino que tiene otro aspecto también muy perni-
cioso, a saber, aquello que en términos amplios podríamos llamar el
desprestigio. Se trata de la difamación de personas y de la siembra de
sospechas contra ideas o propuestas. En este caso no es tanto una fuer-
za conativa la que está en juego –aunque tampoco esté ausente– sino
que se trata de la generación de actitudes y sentimientos negativos
hacia las personas o las propuestas en cuestión. Si la dimensión co-
nativa del mensaje es una persuasión conativa, hacia la acción, el des-
prestigio es una persuasión emotiva, hacia un sentimiento de rechazo
que puede llegar hasta el odio, pasando por el resentimiento. En
general se genera por lo menos una actitud individual de descon-
fianza, que en términos colectivos es una atmosfera de sospecha.
Por supuesto, estos sentimientos conllevan por su parte un potencial
conativo. Todo esto es bien conocido, por ejemplo, en el caso de la
propaganda antisemita de los nazis, dirigida tanto contra personas
como contra ideas. De hecho los nazis utilizaron sistemáticamente
una forma de la desinformación canalizada y potenciada novome-
diáticamente, a saber, la desinformación no anónima sino de “fuen-
te oficial” a través de la radio, del famoso Volksempfänger –el “radio
receptor del pueblo”– desarrollado a petición del tristemente cele-
bre ministro de propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebels. Por
su parte, las redes sociales no están lejos de eso, a pesar de que a
primera vista así parezca.
Se suele preciar a las redes sociales como estructuras de comu-
nicación horizontales, es decir, desjerarquizadas, sin embargo, sa-
bemos que los candidatos presidenciales en las elecciones de julio
de 2012 en México tenían lo que se llamó “casas de guerra” infor-
máticas, desde las que de manera aparentemente horizontal desa-
rrollaban campañas propagandísticas que generaban ambos tipos
de persuasión señalados arriba, la primeramente conativa y la pri-
meramente emotiva. No toda esa persuasión era desinformación,
pero gran parte si lo era. Bajo dichas condiciones las redes sociales
replicaban hasta cierto punto al Volksempfänger de Goebbels. La di-
ferencia es que las fuentes no eran ni únicas ni oficiales, sino múlti-
5. Cf. Marshall McLuhan, Understanding Media. The Extensions of Man. Cambridge,
mit, 1998, p. 8.
82 83
ples, oficiosas y, para el usuario estándar de la red, anónimas. Con
eso, una estructura de comunicación centralizada, jerárquica y co-
nocida adquirió la apariencia de su contrario, es decir, de una es-
tructura descentralizada, horizontal y anónima.
Paralelamente a esos centros jerarquizados que en mayor o
menor medida funcionaron como fuentes de desinformación con
efectos conativos y emotivos, en el proceso electoral intervinieron
multitudes de fuentes individuales generadoras y replicantes de
mensajes, unos informativos otros desinformativos, y entre estos,
claro los conativos y los emotivos. En este nivel, el individual, exis-
tía de todos modos una cierta estructura jerárquica inestable expre-
sada por el fenómeno de los followers de cada fuente. Por otra parte,
la fuerte carga de intereses y emotiva alrededor de los “asuntos” a
discusión, es decir, del contenido de los mensajes, hacía que las
fuentes individuales estuvieran en realidad compartimentadas en
canales de simpatía hacia uno u otro candidato y, en esa medida, de
rechazo o antipatía mayor o menor hacia los otros candidatos –des-
pués de las elecciones, tales agrupamientos de individuos en la red
informática de mensajes que son las redes sociales, continuaron
existiendo y desarrollándose como “listas de amigos” y conglomera-
dos más o menos difusos de dichas listas de acuerdo con simpatías
políticas.
La compartimentación emotiva de las fuentes individuales de
mensajes en las redes, de acuerdo con las simpatía y las antipatías,
es un fenómeno que debe ser subrayado. El aprecio hacia las redes
sociales como estructuras horizontales de comunicación tiende a
dejar de lado este factor. La noción de la horizontalidad de la red,
en tanto noción que solamente tiene en cuenta el problema de la
existencia o inexistencia de jerarquías, pierde de vista o minimiza el
fenómeno de la compartimentación. La horizontalidad de las redes
es un aspecto que realmente puede colocarse en el centro de este
tipo de comunicación cuando lo que se comunica es algo que puede
considerarse con objetividad y distanciamiento emotivo. Esto sola-
mente es así cuando se trata de información en el sentido extremo
de asuntos que no atañen directamente a las personas en sus intere-
ses y preferencias vitales más o menos profundos.
En el caso de México, un infortunio ocurrido a una personali-
dad política es algo que involucra simpatías, antipatías y sospechas
influidas por éstas.6 Por el contrario un infortunio ocurrido a una
personalidad extranjera es algo en lo que la dimensión emotiva que
pueda existir no tiene nada que ver con intereses personales de los
mexicanos, como ocurrió en el caso de la muerte de la princesa Dia-
na. Los participantes en las redes que puedan ser conmovidos por
un caso como el de Diana, son los fans, mientras que los participan-
tes en las redes que puedan ser conmovidos por un evento político o
social nacional no son fans, sino simpatizantes y, especialmente, mili-
tantes, propios y contrarios. La noción de la horizontalidad de las
redes sociales tiende a perder de vista que cuando las redes se in-
volucran en asuntos de fuerte interés nacional o sectorial, la hori-
zontalidad que pueda haber va de la mano con la conformación
de verdaderos escuadrones de militantes antagonistas unos de
otros. En esos casos las redes son más que espacios de discusión
campo de lucha, de choque de opiniones y de emociones –cuando
no, simple y llanamente, de agresión, insulto y amenaza de los
más deleznables.
En todo caso, la horizontalidad de las redes sociales, dejando de
lado por un instante el asunto del anonimato, puede ser pensada
como el carácter democrático de las mismas, de la libertad de opi-
nión individual, pero todo ello es algo muy lejano de la objetividad
y la ecuanimidad. Por esta razón la horizontalidad de las redes so-
ciales convive con la compartimentación emotiva de las fuentes en
las redes, de manera tal que dichas redes son medios para la canali-
6. Es el caso del asesinato de José Eduardo Moreira Rodríguez, hijo del político
Humberto Moreira, en el que las redes sociales mostraron claramente que el
hecho alegró a muchos malquerientes del Partido Revolucionario Institucional.
84 85
zación y el agrupamiento de emociones, y cuando las fuentes son
anónimas las emociones suelen ser mucho más potentes, especial-
mente las negativas. En términos de opinión negativa las redes so-
ciales en México alcanzan niveles de agresividad y violencia verbal
realmente muy altos.7
En buena medida las redes sociales se convierten de medios de
la circulación de opinión en medios de la circulación de odio simple
y puro al amparo del anonimato. Es necesario, pues, mantener se-
parada la idea de las redes sociales como fuentes de información de
la idea de las mismas como medio democrático de opinión. Las re-
des sociales se aproximan a funcionar como medios informativos en
la medida en que aquello que es el contenido de los mensajes no
atañe a las fuentes, les es más o menos indiferente. Entonces sí que
es posible informarse acerca de la traducción correcta de una expre-
sión en un idioma extranjero, de problemas técnicos o científicos, de
historia más o menos lejana en el tiempo y en el espacio, de recetas,
viajes, hoteles, precios, mercancías, fiestas, conciertos, etcétera. Por
el contrario cuando se trata de asuntos que involucran pasional-
mente al participante en la red, la horizontalidad oscila entre la de-
mocracia de la opinión expresada libremente y la desinformación
de todo tipo generada desde la malevolencia y al amparo del anoni-
mato, incluido el extremo de la promoción simple del odio. La ex-
presión va en ellas desde una información neutral hasta la amenaza
cargada de ira y el odio. Hay que hacer notar que la inmediatez del
medio que son las redes sociales, permite a aquel que usa el anoni-
mato en el nickname –o nombre de usuario– le permite la expresión
emotiva extrema cercana a la carencia de toda reflexión.
el entorno mediático de la libertad de expresión
El muy prestigiado término “libertad de expresión” procede de un
universo comunicativo totalmente diferente del configurado por las
redes sociales. Proviene de la época en la que la expresión era indi-
vidual o corporativa, pero directa, impresa o radiada, básicamente,
lo que le daba a la expresión un origen conocido. Siempre había una
persona física o moral atrás de ella. En principio la “expresión” anó-
nima no existía o era un fenómeno muy marginal y en su naturaleza
misma acotado, por ejemplo, un insulto o un grito cualquiera lan-
zado desde el medio y al amparo de una muchedumbre. En este
caso el anonimato estaba acotado, no se sabía quién pero por lo me-
nos sabía de dónde había procedido la “expresión”. Otro caso típico
era el de la actividad política clandestina, por ejemplo a través del
reparto de hojas volante o de emisoras clandestinas. Opiniones per-
seguidas se convertían, y se convierten todavía hoy en día en ciertas
áreas del mundo, en mensajes anónimos. Quitando el caso de las
radiodifusoras clandestinas, las opiniones críticas o subversivas
quedan muy acotadas en su circulación, por ejemplo, una hoja volan-
te estaba destinada a una fábrica, a una calle, y cuando más circulaba
a través de unas cuantas manos.
Fue precisamente en el contexto de la existencia, por un lado,
de fuentes de mensajes oficiales y definidas –periódicos, libros de
casas editoriales registradas, estaciones de radio legales, comunica-
dos oficiales, cátedras impartidas o discursos públicos dados por in-
7. En 2012 en el periódico La Jornada fue presentada la nota sobre la posición
de Graco Ramírez en el sentido de que él conversaría con el presidente electo
—fuera el que fuera— y en los comentarios de los lectores a dicha nota se le
dijo de todo, hasta amenazarlo de muerte. Actualmente no se puede
ya comprobar esta información porque La Jornada suprimió del vínculo
correspondiente después de algunos días. Sin embargo, nosotros tenemos
fotografías de pantalla del material en cuestión. Como ejemplo de 32
comentarios, todos en contra de Graco Ramírez, tenemos el siguiente: Chikito
Bonbon (nótese el nickname generador de anonimato, por lo demás la
transcripción que sigue es fiel, todos las faltas son de Chikito Bonbon): “greco
eres un hijo de tu puta madre si hay revolución te lo juro te vas a ir visitar al
payaso traidor en la lucha se les jala el pescueso a los traidores aver donde
te escondes maldita rata ahora que empiesemos a limpiaras a mexcio de escoria
como tu, tu no me vas a gobernar porque traes el corazón de priista y en la
sangre te circula el adn de salinas y calderón” [sic]. Insistimos en que se trata
de la transcripción fiel del comentario tal como apareció en La Jornada.
86 87
dividuos reconocidos, principalmente– y, por otro, de opiniones
perseguidas y por ello en gran parte anónimas pero en general de
circulación muy circunscrita, que se forjó la fama deslumbrante de
la “libertad de expresión”. Por ello conviene plantearse seria y
abiertamente si dicha frase no conlleva lo que McLuhan llama un
cultural lag, es decir una forma de pensar que corresponde a un en-
torno mediático que ya no es el actual.8 McLuhan mismo da el
ejemplo de la idea del automóvil como un carromato sin caballos.9
La secretaria que ve a la computadora básicamente como una má-
quina de escribir, la madre que ayuda a sus hijos en las tareas esco-
lares y la ve como una enciclopedia y, en especial la visión actual,
común y mayoritaria, de los centros de comunicación e información
móvil que son llamados “teléfonos” celulares o móviles, son ejem-
plos actuales de cultural lag respecto de una realidad tecnológica, y
por tanto social, que se ve con los ojos de entornos tecnológicos y
sociales periclitados.
Recordemos que lo que circula en las redes sociales va desde
información neutral y esencialmente objetiva hasta la promoción del
odio simple y puro –sin hablar ya de cosas que son directamente
delitos como es el caso de la pornografía infantil o la incitación te-
rrorista– y dejemos de lado por un momento a las redes. Obvia-
mente, ambos, la información objetiva y el odio malevolente son
mucho más viejos que las redes sociales y es importante situarlos en
el entorno tecnológico descrito arriba y que fue el de la modernidad
democrática paralela a medios de difusión masiva de mensajes de
origen conocido. La modernidad democrática que acuñó y se iden-
tificó con la frase “libertad de expresión” tiene una actitud muy cla-
ra respecto de la información, por un lado y, por otro, del insulto y
el odio, de la mentira y la difamación.
En general, en los países democráticos, se persigue el insulto y
el odio, como lo muestra el caso de las legislaciones específicamente
antirracistas y de todas aquéllas en defensa de minorías perseguidas,
acosadas, despreciadas, lastimadas, en diferentes grados, como las
mujeres, las niñas, los ancianos, los grupos homosexuales, etcétera.
Un caso especialmente importante y cada vez más notorio es la lu-
cha en contra del bullying, fenómeno que tiene en particular una
dimensión verbal que se manifiesta en expresiones de desprecio, bur-
la, en insultos, en golpes, etcétera. Los niños y adolecentes que ha-
cen escarnio verbal de otros niños, los individuos o muchedumbres
que, por ejemplo en un estadio de fútbol, insultan a otros por razo-
nes étnicas, se expresan, hay que insistir en ello, se expresan; claro, lo
hacen desde un anonimato que los pone a salvo de reprimenda o de
sanción.
Aun dejando de lado la legislación, en general un insulto es un
insulto, y quien lo lanza sin ocultar su identidad muy bien puede
contar con consecuencias. Recordando a McLuhan, “el pensamien-
to es el contenido de la palabra”,10 y nuestro pensamiento, converti-
do en palabra alcanza al otro, y cuando el otro está frente a nosotros
y lo insultamos podemos contar con una respuesta. En principio lo
mismo pasa si lo insultamos por escrito, si lo insultamos, lo difama-
mos, degradamos por la radio, en el periódico, etcétera. Siempre
que demos la cara para lanzar una expresión de insulto, de difama-
ción, de odio, podemos contar con problemas. Si se insulta a una
mujer, a un afroamericano, a un indígena, a un lisiado, a un niño,
etcétera, es muy posible que además se sufran consecuencias legales.
En otras palabras, la libertad de expresión en las sociedades de-
mocráticas a) no alcanza al insulto, la difamación, la persecución
racista, la discriminación de minorías, etcétera, b) se refiere en rea-
lidad a la libertad de opinión política o religiosa a partir la protec-
ción legal para quien la emite, lo cual supone que dicho emisor no es
anónimo. Anónimo es el delincuente, es el terrorista, es, en general,
el grupo que llama a la subversión del orden democrático, es aquel
8. Cf. M. McLuhan, op. cit., p. 24.
9. Ibid., p. 292.
10. Ibid., p. 8.
88 89
que fomenta el odio racial o de otro tipo. Estos agentes anónimos del
proceso general de comunicación son minoritarios y perseguidos.
Llamemos a estos agentes los agentes excéntricos o periféricos del pro-
ceso de comunicación previo a las red y a las redes sociales.
En el marco mediático previo a la web y a las redes sociales, los
agentes excéntricos del proceso general de comunicación social eran
periféricos porque estaban fuera de la esfera de la legalidad, eran
excéntricos porque estaban fuera del centro de sentido o significado
constituido por el rostro o el nombre de la persona. Su expresión era
extralegal, ilegal. Por eso mismo eran una minoría apenas visible:
en el marco previo a la web y a las redes sociales los medios no se
prestan para que los mensajes de los agentes excéntricos se difun-
dan porque dichos medios no favorecen el anonimato; dichos agen-
tes no podían difundir ampliamente su odio, sus mensajes disfun-
cionales para la sociedad liberal y democrática de ciudadanos
formalmente iguales ante la ley, porque el contenido de su mensaje
los obligaba al anonimato. Eran anónimos porque su expresión era
ilegal y disfuncional en términos democráticos y civilizados. Por eso
mismo su mensaje era minoritario, periférico, apenas tenía recepto-
res. Sin embargo esto cambia en el entorno constituido por la web y
las redes sociales.
la defensa del anonimato y la teoría
de la gran conspiración permanente
En una sociedad democrática la opinión conforme con el marco li-
beral nunca es odio ni necesita ser anónima. Pero en la era de la
e-comunicación en tanto comunicación que en principio puede ser
anónima, que solamente, necesita de un nickname para empezar a
emitir mensajes que el ciudadano normal no sabe de quién provie-
nen, la difamación, la agresión, el odio, dejan de ser periféricos. Ya
no se tiene que escribir algo aceptable para un periódico, que decir
algo aceptable para una radiodifusora, algo proclamable en una sala
pública, algo por lo cual el individuo puede responder con su sem-
blante y con su nombre. Es decir, la expresión ya no tiene por qué
ser conforme con las normas de la convivencia democrática e igua-
litaria paralela a la libertad de opinión de fuente comprobable. El
anonimato de la red y de las redes sociales es El dorado de los vánda-
los de la expresión: de los promotores del odio, de los enamorados
del insulto y de la agresión, del escarnio y la discriminación, de la
intriga y de todos los modos de desinformación, para no hablar ya
de las redes delictivas y hasta terroristas.
La libertad de expresión equivalía en las condiciones previas a la
web y las redes sociales a la libertad de opinión, y el entorno mediático
de los libros, la prensa, la radio, la televisión y la conferencia, corres-
pondía a un marco institucional cuyo centro era la persona individual
o corporativa, y la persona como entidad moral y jurídica siempre
es identificable, tiene rostro, nombre y biografía. En otras palabras,
la libertad de expresión es una idea, una forma mental, un valor cultu-
ral, que corresponde al ámbito mediático de las sociedades democráticas
previo a la red y las redes sociales. En tales sociedades la estructura de
los medios impide en lo esencial el anonimato y con ello la estructu-
ra comunicativa toda es autocorrectiva respecto de las posibles des-
viaciones democráticamente disfuncionales de la “libertad de ex-
presión”. Por el contrario, en el entorno tecnológico que corresponde
a las redes sociales, el anonimato es hasta ahora una realidad que no
se puede negar y, por momentos, apabullante, con ello se pierde la
capacidad autocorrectiva de la esfera comunicativa de las sociedades
democráticas respecto de la expresión atentatoria contra la convi-
vencia civilizada y democrática. Por supuesto, existen los defensores
del anonimato en las redes.
90 91
La defensa del anonimato se ha convertido para algunos en algo
así como una postura democrática irremplazable e indiscutible.
Esto es una contradictio in adiecto. La democracia en la polis griega
se realizaba como participación abierta en la asamblea; en los tiem-
pos modernos, de la democracia representativa, la democracia se
ejerce por delegados que por definición no pueden ser anónimos y
que opinan y votan de manera abierta, al margen de todo anonima-
to; en la democracia representativa sectores o grupos de opinión se
forman a través de calanes mediáticos bien definidos, como periódi-
cos, revistas, estaciones televisivas o radiofónicas, asociaciones y
personalidades públicas. En todo esto priva la identidad del o de los
opinantes, de los que se expresan. Por ello, atrás de la defensa del
anonimato de la expresión que se ha vuelto una postura común en la
época de la red social, se esconde, por más que dicha defensa se haga
nombre de la libertad y de la democracia, lo que podríamos llamar
la sospecha y la convicción antidemocrática contra la democracia. Se
trata de la mentalidad que ve en la democracia una gran mentira,
un sistema de control en manos de unos pocos, una estructura que
en realidad está constituida por poderosas maquinarias de control
ideológico y de opinión que tiene como reserva última a policías y
agentes de todo tipo, desde los agentes de tráfico hasta las policías
secretas e incluye a los sistemas judiciales con todo y sus tribunales.
Todo al servicio de un pequeño grupo siniestro. Se trata de la men-
talidad que ve en Anonymus, en los Zapatistas, en los desemplea-
dos, las prostitutas, los drogadictos, en los palestinos, reductos de
lucha contra dicho sistema que acosaría en todo momento y en
todo lugar al individuo en tanto ente desvalido. Frente a ese “impe-
rio del mal” omnipresente y omniabarcante, la teoría de la gran cons-
piración permanente que estaría oculta en el sistema democrático ve
en el anonimato de la red algo así como el último de los baluartes
antisistémicos que tiene el individuo. El tradicional valor democrá-
tico de la era de la prensa, la televisión y el radio, la libertad de ex-
presión y la defensa de la misma, se ha convertido para muchos en
la época de la web y las redes sociales en el quid pro quo de la defen-
sa de la expresión anónima. No se defiende la libertad de expresión,
en realidad se defiende que anónimamente se pueda decir lo que se
quiera. Ése es el ámbito propicio para la desinformación en todas
sus variantes conativas y emotivas. Nuevamente es McLuhan quien
hace la interesante observación de que un medio –incluida una ins-
titución– potenciado más allá de cierto punto se “sobrecalienta” y
se niega a sí mismo llevando a la “recuperación” formas de existen-
cia pasadas,11 así, el uso excesivo del automóvil provoca enormes
congestionamientos de tráfico que llevan a que se le deje en casa y
se vuelva a la bicicleta o al transporte colectivo. En el caso de las
redes sociales tendríamos el sobrecalentamiento de la opinión indi-
vidual libre y la vuelta al rumor. Las redes sociales funcionan con
mucha facilidad como la recuperación del rumor en el marco de la
irresponsabilidad respecto de la expresión.
aspectos prácticos del anonimato
Dejando de lado la teoría de la democracia como espejismo y far-
sa malévola que esconde a una gran maquinaria, a la peor y más
refinada maquinaria de opresión jamás conocida en la historia,
hay maneras aparentemente saludables de la defensa del anonima-
to disfrazada de defensa de la libertad de expresión.
Es conocida y popular la tesis de que el anonimato no importa
porque las redes sociales son autocorrectivas, es decir, la idea de que
cuando se produce una desinformación en la red, la propia red la co-
rregirá. En el caso particular de la desinformación consistente en
propalar mensajes falsos, esto puede ser cierto pero no elimina el
11. Cf. M. McLuhan, op. cit., pp. 33 y ss. El mismo tema es discutido ampliamente
en la parte conclusiva de M. McLuhan y B. R. Powers, The Global Village.
Transformations in World Life and Media in the 21st Century. Nueva York, Oxford
University Press, 1989.
92 93
peligro de la desinformación dado que existe un lapso temporal en-
tre el surgimiento y propagación viral de la desinformación y su
posible corrección. Dependiendo del tipo de desinformación, sus
consecuencias pueden ser catastróficas y anteriores a toda correc-
ción. En el caso de la desinformación ya mencionada en ciertas zo-
nas de la ciudad de México se trató del rumor multiplicado por las
redes sociales de que ciertos grupos violentos recorrían las calles de
dichas zonas atacando a los pobladores. Esto generó pánico y reac-
ciones concordantes con él. La gente se encerró en sus casas, los ne-
gocios cerraron, las escuelas también. Todo esto alteró la vida de
cientos de miles, tal vez de más de un millón de ciudadanos, duran-
te unas 36 horas, y esto a pesar de los esfuerzos oficiales por desmen-
tir el rumor. De hecho, no hay evidencia de que las redes sociales
hubieran intervenido de manera correctiva en contra de esa desin-
formación. Pero aún suponiendo que así hubiera sido, podrían ha-
berse suscitado hechos violentos de consecuencias fatales antes de
que tuviera lugar cualquier corrección proveniente de las redes.
Hubo pérdidas económicas considerables, mucha inquietud y al fi-
nal nadie resultó responsable. Es decir, no se trata solamente de co-
rregir un dicho sino de que las consecuencias extracomunicativas
del dicho muy bien pueden resultar incorregibles y de que además
nadie carga con ninguna responsabilidad.
Por lo demás, es claro que la supuesta corrección proveniente de
las propias redes puede también ser anónima y, además, cuando no
lo es, generalmente proviene de individuos que aunque den su
nombre son desconocidos, de manera tal que no se sabe a ciencia
cierta cuál es su credibilidad. De manera tal que en casos críticos
sobre supuestos eventos en curso, la acción de las redes sociales más
que autocorrectiva es generadora de confusión: unos dicen una cosa
y otros dicen otra y, por lo pronto, nadie sabe nada a ciencia cierta.
No hay pues ninguna seguridad en la capacidad autocorrectiva de
las redes sociales; se trata más bien de una mera idealización banal
y errónea de las mismas.
Parecería entonces que es necesario distinguir entre las redes
sociales como fuentes de información y las redes sociales como ge-
neradoras de desinformación. Más aún, la desinformación va desde
la propalación de situaciones y eventos que no suceden hasta la pro-
moción del odio con base en falsedades. También hay que distin-
guir entre las redes sociales como canales de información y esas mis-
mas redes como compartimentación de la opinión sobre asuntos de
interés público. Respecto de esto último no hay correctivo sino sola-
mente lucha de opiniones y de intereses pura y simple. Cuando se
defiende la libertad de opinión en las redes, no tiene ningún senti-
do hablar de correctivos. Las informaciones falsas pueden, teórica-
mente, ser corregidas, nunca las opiniones. Ésas no se corrigen,
chocan unas con otras. Lo mismo vale respecto de las simpatías y
antipatías que circulan en las redes sociales, una simpatía o antipa-
tía se combate pero no se corrige.
conclusión. ¿libertad de expresión
o irresponsabilidad comunicativa?
La crítica a las redes sociales por su capacidad de funcionar como
fuentes de desinformación, como en el caso mencionado de la ciu-
dad de México, no puede ser contestada con el recurso a la libertad
de expresión haciendo caso omiso de que se trata de la expresión del
anonimato.
La propalación malevolente de mentiras, la difamación, el in-
sulto, la generación de odio racial, étnico, la burla, el sarcasmo con-
tra el débil, contra el conocido que queda a merced de los insultos
de una masa anónima y dispersa por todo lados, etcétera, nunca han
94 95
sido realmente parte de la libertad de expresión. La libertad de ex-
presión es un valor de bona fide, pero a falta de dicha buena fe, en
el entorno mediático previo a la red y las redes sociales, la persona
estaba ahí para responder por su expresión. En el entorno en el que
operan las redes sociales la persona ya no está ahí como instancia
de responsabilidad por la expresión. Defender la libertad de expre-
sión como si se viviera en la época en que solamente las personas o
las corporaciones podían expresar, opinar, es en realidad defender
el anonimato generador de la irresponsabilidad comunicativa. De-
fender la libertad de expresión sin que eso se convierta en la defensa
de expresiones disfuncionales para la democracia y la convivencia
civilizada e igualitaria de las personas, requiere, si se hace de buena
fe, suprimir el anonimato en la red. Solamente desde la mala fe, desde
una profunda desconfianza contra la democracia, se puede defen-
der el anonimato de las redes sociales so pretexto de defender la li-
bertad de expresión. La comunicación verdaderamente democráti-
ca es la de individuos que dan la cara y declaran su nombre y de
entidades corporativas identificables y localizables, que son respon-
sables por lo que dicen. La libertad de expresión empieza por expresar
quién se es, la identidad del emisor del mensaje es el marco teórico y
práctico, institucional, de la libertad de expresión. La libertad de
expresión es un bien para las personas y para los agentes sociales
responsables, no para los cobardes que con algún pretexto o interés
inconfesable se mueven desde el anonimato.
Ciertamente en lugares como Cuba y otros en los que no existen
las instituciones democráticas o son muy débiles para contener po-
deres gubernamentales autoritarios, el anonimato en la red está en
condiciones análogas a las del anonimato en los medios clandestinos
tradicionales como la hoja volante o la reunión secreta. Ahí, la web
y las redes sociales pueden utilizar el anonimato para expresar opi-
niones críticas y democráticas –aunque no siempre son democráti-
cas, como lo muestran múltiples resultados ominosos de la “prima-
vera árabe”–. Pero esto no es el caso en lugares como México en los
que las instituciones democráticas están básicamente consolidadas y
todo el mundo puede opinar lo que quiera en cuestiones políticas.
Por eso, en México el anonimato en las redes es, en lo esencial, anti-
democrático, antiliberal, disfuncional.
Con la supresión del anonimato en la red en los países democrá-
ticos, incluido México, las redes sociales quedarían en el marco ins-
titucional de toda libertad de expresión como la conocemos de la
época del radio, la prensa, el libro, la televisión, etcétera. En tales
condiciones las redes devendrían en canales de información y de
opinión democrática al alcance de cualquier individuo, entonces las
redes se convertirían ellas mismas en verdaderas instituciones demo-
cráticas de funcionamiento horizontal.
97
Violencia e imágenes fotográficas en Facebook
Linda Romero
El silencio erótico, literario y poético
gritadesde el palpitar del corazón, es la violación
ilimitada de la prohibición, pero también
la razón ilimitada que el hombre opone
a la violencia.
—george bataille, La felicidad, el erotismo y la literatura
98 99
A
partir de los contenidos sociales de las imágenes fotográficas
publicadas en Facebook, este artículo analiza algunas
manifestaciones de violencia ejercidas por el mercado sobre
nuestras subjetividades y que se objetivan en la reproducción
diaria de nuestras formas de habitar, mirar, sentir, hablar, gozar
y sufrir el mundo. Rastrea las dimensiones humanas ocultas tras
las fantasmagorías de la mercancía en la comunicación virtual.
Y reflexiona sobre la potencia del mercado: cómo nos volvemos
valores de uso, junto con los deseos más prohibidos, en el fetiche de
la mercancía.
No obstante, nuestra mirada no se queda atrapada en el horror
de la violencia, soledad y fragmentación que experimentamos, sino
que identifica una aspiración más profunda, es decir, mimética: el
deseo de transformación social-radical del mundo.
mundialización del capital y comunicación virtual
Con la mundialización se intensificaron las relaciones sociales por
medio de una red construida a lo largo y ancho del planeta. Se im-
pusieron estilos de vida similares de un extremo del mundo al otro,
expandidos por los medios de comunicación y prescritos cotidiana-
mente por la cultura de masas. Al mismo tiempo, se expandieron y
exacerbaron los efectos perversos de las transformaciones introdu-
cidas por la modernidad e impulsadas por la lógica del capital bajo
sus mecanismos de dominación y explotación.
Como consecuencia, la unidad de tiempo y lugar de una coha-
bitación psíquica da origen a la emergencia de una comunidad vir-
tual caracterizada por un nuevo tipo de proximidad, de “tele-proxi-
midad social” que adoptando una nueva “tele-visión”, es decir, una
nueva óptica global susceptible de favorecer la aparición de una vi-
sión panóptica, tiende a exponer la intimidad cotidiana del espacio
doméstico de los usuarios.1 En este panorama emergente, donde la
sobre-exposición pareciera una necesidad o deseo imperante, la ima-
gen desempeña un papel fundamental. Ya no está limitada al rol de
copia o de memoria de una realidad desaparecida, sino que adquiere
realidad y vida propia de manera interactiva.2
Según Guy Debord, nos encontramos frente a una sociedad de
carácter espectacular.3 El mundo real se ha transformado en meras
imágenes y éstas se convirtieron en eficaces motivaciones de un
comportamiento hipnótico. Así, el espectáculo se convierte en una
relación social entre personas mediatizada por las imágenes. Se pre-
senta como una tendencia a visualizar, contraria al diálogo. Es la
falsa conciencia del tiempo, donde la realidad se despliega como
objeto de mera contemplación. Y donde la alienación del especta-
dor a favor del objeto contemplado se expresa así: “cuanto más con-
templa menos vive; cuanto más acepta reconocerse en las imágenes
dominantes de la necesidad, menos comprende su propia existencia
y su propio deseo”.4 Es el modo actual de vida socialmente domi-
nante. Es la afirmación y monopolio de la apariencia.
El capital ha llegado a tal grado de acumulación que se ha con-
vertido (a sí mismo) en imagen fetichizada y enajenada del tiem-
po. Así, el valor de cambio ha dominado el valor de uso y se ha
transformado en apariencia, aunque esto no significa la desapari-
ción del valor de uso. Es apariencia en la medida en que dichos
valores de cambio son impuestos desde afuera e identificados con
un valor de uso. Y es ésta, la que nos permite ver las racionalizacio-
nes en las verdades ontológicas del mercado, formulando el mundo
hechizado. Paradójicamente, resulta ser lo más real de todo.
Por lo tanto, las relaciones sociales que determinan el uso de
toda tecnología han sido fetichizadas por el modo de producción
capitalista bajo la fantasmagoría de la mercancía,5 a consecuencia de
1. Paul Virilio, “Le règne de la délation optique”, en Manière de voir, xlvi, 1999,
pp. 37-39.
2. Ignacio Ramonet, La Tyrannie de la communication. París, Galilée, 1999, p. 100.
3. Siguiendo los planteamientos teóricos de su obra La sociedad del espectáculo.
4. Guy Debord, La sociedad del espectáculo. Valencia, Pre-Textos, 2002, p. 49.
5. Walter Benjamin, Libro de los pasajes. Madrid, Akal, 2005.
100 101
la representación cosista de la sociedad. Al mismo tiempo, dicho fe-
tichismo ha eliminado las barreras que separan el mundo orgánico
del inorgánico, lo real y lo artificial, lo auténtico y el simulacro. Fi-
nalmente, nuestros cuerpos han sido invadidos y traspasados por las
tecnologías.
No se trata de analizar las tecnologías en sí, sino la manera en
que los individuos y las sociedades construyen sus relaciones a par-
tir de dichas tecnologías, es decir, los entrelazamientos entre tecno-
logía y relaciones sociales en el proceso histórico del capitalismo
para identificar las relaciones antagónicas derivadas de los proce-
sos de explotación, dominación y apropiación impulsados por la
lógica del capital que se ocultan tras el discurso tecnológico-infor-
macional de carácter global. Así, este último se convierte en el
paradigma ideológico dominante que tiende a ser asumido como
la razón que naturaliza la economía del capitalismo monopolista
y la miseria que ésta provoca, entendida en su más amplio sentido y
no sólo en el aspecto económico, pues, el capital también provoca
miseria al interior del “ser-humano”.
Las apariencias de esas imágenes fotográficas nos reciben ama-
blemente y nos seducen; las saludamos en las páginas de la pantalla
del presente para quedarnos con ellas. Por eso, llenos de esperanza,
insistimos en lo que contiene la cosa, ese deseo interior y milenario
de atravesar muros y montañas para conectar los tiempos antiguos.
El mercado lo sabe, por eso reproduce en la cosa esos deseos infini-
tos y prohibidos. Deseos de alcanzar el éxtasis espiritual de las ma-
terialidades perdidas o escondidas en las profundidades del mundo
atormentado por las fantasmagorías de la mercancía.
No obstante, nuestra mirada no queda atrapada en el horror de
la violencia, soledad y fragmentación expresadas en las fotografías
publicadas en Facebook y en otras redes sociales, sino que también
identifica una aspiración más profunda, es decir, mimética.6 Se trata
del deseo de transformación social-radical del mundo. No sólo es la
aspiración al consumo y la realización de éste, sino es la aspiración
a una vida cotidiana realizada en términos de otro tipo de sociedad
basada en valores como respeto, justicia, amistad, solidaridad y
amor, mismos que han sido lacerados y banalizados por el mercado.
Este elemento mimético, aunque invisible, se encuentra siempre
presente, permitiendo que no sean controladas nuestras esperanzas
de construir otro mundo, pues, las sigamos buscando a través de
nuestro pensamiento.
fotografía y violencia en la espectacularización
del mercado de los cuerpos
No hay que olvidar que Facebook desde sus orígenes se concibió
como un enorme directorio de rostros que pretendía adentrase en la
intimidad del otro a través de imágenes fotográficas. La mayoría de
los usuarios muestra su fascinación por dichas imágenes, cuando
ellos mismos las capturan –incluyendo las autoproducidas– o cuando
son fotografiados. Una vez capturadas, las publican en Facebook
desde sus smartphones, tablets y computadoras.
En este sentido, Susan Sontag afirma que fotografiar es apro-
piarse de lo fotografiado, significa establecer con el mundo una re-
lación determinada de conocimiento y poder.7 Las imágenes foto-
gráficas suministran la mayoría de los conocimientos que la gente
exhibe sobre la apariencia del pasado y el alcance del presente. Mi-
niaturas de realidad que cualquiera puede hacer o adquirir, y que
pueden ser manipuladas, retocadas y alteradas por los distintos pro-
gramas de photoshop. Pero también dichas imágenes son la forma
cristalizada de la imaginación para aparecer en las identidades del
mercado y el consumo.
7. Susan Sontag, Sobre la fotografía. México, Alfaguara, 2006.6. Theodor W. Adorno, Teoría estética. Madrid, Akal, 2004.
102 103
Tener una imagen es renunciar a imaginar. La imagen
es impura y precaria. Impura ya que es del orden del como
si, transformando la libertad auténtica de la imaginación
en fantasía del deseo, mimetiza la percepción con una
cuasi presencia y mimetiza la libertad con una cuasi
satisfacción del deseo. Precaria ya que se debe romper
para seguir imaginando. La imaginación trata de quebrar
una a una las imágenes en un proceso de creación sin fin.8
Las imágenes fotográficas en Facebook cumplen, principal-
mente, dos funciones:
Convertirse en pruebas. Porque tienen la capacidad de demos-
trar que determinadas personas estuvieron en un “x” lugar, hacien-
do “x” o “y” actividad y con “tal o cual amigo o amiga y/o novio o
novia”. Se convierten en eficaces mecanismos de control y vigilancia.
Sólo por diversión. Porque son tomadas como mera actividad
recreativa. Sin embargo, también ofrecen una protección contra la
ansiedad que provoca la inactividad escolar o laboral, especialmen-
te, en periodos vacacionales, fines de semana o días festivos.
Así, estas imágenes fotográficas no sólo permiten la posesión
ficticia de un pasado, sino que también ayudan a apropiarse de un
espacio que genera inseguridad. Documentan secuencias de consu-
mo realizadas en ausencia de familiares, de amigos y conocidos; se
vuelven parte de su diversión. Además, permiten no sólo certificar
experiencias, sino también rechazarlas: “cuando se confina a la bús-
queda de lo fotogénico y se convierte la experiencia en una imagen,
un recuerdo”.9 En gran parte, un viaje o salida nocturna se transfor-
ma en una estrategia para acumular fotos. Pero, pese a ello, persiste
el deseo por establecer lazos comunitarios que rompan con la sole-
dad y fragmentación que caracterizan a nuestras sociedades y, la
constante búsqueda de la felicidad, para escapar de la represión im-
puesta sobre el cuerpo y el espíritu.
La percepción de lo inalcanzable que pueden evocar
las fotografías se suministra directamente a los
sentimientos eróticos de quienes ven en la distancia
un acicate del deseo […]
[…] Inagotables invitaciones a la deducción,
especulación y a la fantasía […[ nos persuaden de
que el mundo está más disponible de lo que en realidad
está […] La necesidad de confirmar la realidad y
dilatar la experiencia mediante fotografías es
un consumismo estético al que hoy todos son adictos.10
Gracias al análisis de las funciones de las imágenes fotográficas
en Facebook es posible identificar la compulsión que existe en la ac-
tualidad por fotografiar y publicar todo, para recuperar la experien-
cia misma del pasado en un modo de ver;11 en una imagen que se
transformó en una visión recreada o reproducida, pero vaciada de su
experiencia real, de su aura. “[A]pariencia, o conjuntos de aparien-
cias que han sido separadas del lugar y el instante en que apareció
por primera vez y preservada”.12 La cual, también es una invitación
al espectador para que vea “lo otro” o al “otro” como experiencia del
conocer, pero vaciada de esas experiencias de origen de la represen-
tación y las imágenes que la representa. Expresa la necesidad de
construir nuevas experiencias, nuevas maneras de mirar –acto vo-
luntario que está más allá del ver– lo ya conocido y luchar contra el
tedio. En otras palabras, con las imágenes fotográficas se buscan ex-
periencias que le den significado a la vida y que permitan la com-
prensión de una historia en la que seamos sujetos activos.
10. Ibid., pp. 32-33; 42-43.
11. John Berger, Modos de ver. Colección comunicación visual. Barcelona,
Gustavo Gill, 1975.
12. Ibid., pp. 15-16.
8. María Inés García Canal, Espacio y poder. México, uam-Xochimilco, 2006, p. 36.
9. S. Sontag, op. cit., p. 24.
104 105
No sólo es posible dar cuenta del panorama espectacular, de
sobre-exposición y consumo, sino también de su violencia, especial-
mente, en cuanto a la espectacularización del mercado de los cuer-
pos. Imágenes pornográficas que expresan al máximo la cosifica-
ción e instrumentalización del cuerpo, son frecuentes en diversas
páginas dentro de Facebook, a las cuales es posible suscribirse gra-
tuitamente por medio del botón “me gusta”. Páginas con imágenes
fotográficas de una sola chica que se presenta como modelo y per-
sonaje público; de varias chicas con un contenido medianamente
pornográfico a un nivel alto; de clubes nocturnos o tables dance; y,
también hay compilaciones de diversos artistas de la fotografía esté-
tica. Algunos ejemplos son: la página de Tamara Díaz, una joven
colombiana que posa en diminuta lencería; “BiTcHeXxXx ~ FrOm
ArOuNd ThE gLoBe~”;13 “Sexy girls with nice ass and boobs xD’s
photos”;14 “Ménades mens”; y finalmente, “It’s passion”.
Estos ejemplos, sobre todo el segundo y tercero, nos permiten
observar nuevas problemáticas en torno a la violencia de la espec-
tacularización del mercado de los cuerpos. La publicación de di-
chas imágenes fotográficas sexuales no parece haber sido realiza-
da por las mujeres que aparecen en ellas, es más, es muy probable
que ni siquiera sepan que sus fotografías están circulando en esta
red social.
Han habido casos de jovencitas que se auto-toman fotos desnu-
das o semi-desnudas y que después de enviárselas a alguien, apare-
cen publicadas en Facebook o en otra red social. Lamentablemente,
las víctimas de cyberbullying15 aumentan cada día, así como los sui-
cidios por tales motivos.
Un caso muy sonado fue el de Amanda Todd, una joven cana-
diense de 15 años que se quitó la vida, el 10 de octubre del 2012, tras
el cyberbullying que sufrió a raíz de la publicación de sus fotos en
topless por un desconocido.16 Antes de morir, dejó un controversial
video que circuló rápidamente por YouTube y en el cual nos narra-
ba por escrito su historia de acoso a través de un conjunto de tarjetas
que iba pasando lentamente frente a la cámara.
El video explicaba el acoso sufrido durante tres años, desde que
un desconocido a través de una video-conversación la convenció
para que le mostrara los senos. Un año después, el mismo usuario la
contactó a través de Facebook y le demandó que se desnudase fren-
te a la cámara, amenazándola con distribuir las imágenes de su pri-
mer encuentro por video chat si no accedía. Poco después, el desco-
nocido creó una página de Facebook en la que utilizó la imagen
desnuda de Amanda como foto del perfil. Además, las imágenes
habían sido distribuidas a sus profesores, amigos y familiares. La
joven describe en las tarjetas de su video, ansiedad, depresión y pá-
nico que le causó la distribución de su imagen desnuda y cómo las
drogas y el alcohol agravaron su sufrimiento. Su pesadilla continuó
otro año más a pesar de su cambio de ciudad y colegio. Incluso rela-
ta cómo en una ocasión, medio centenar de jóvenes la esperaron
frente a su nueva escuela y la novia de un amigo la golpeó mientras
otros grababan la agresión en sus teléfonos móviles.17
15. Es cuando un(a) menor atormenta, amenaza, hostiga, humilla o molesta a otro(a)
a través de Internet y sus redes sociales por medio de dispositivos tecnológicos
como smartphones, computadoras, tablets, etcétera. También es conocido como
ciberacoso.
16. EFE/Madrid, “Un nuevo caso de ciberacoso se lleva por delante la vida de una
chica de 15 años, ABC.es, 18 de octubre del 2012, <www.abc.es/20121018/
sociedad/abci-amanda-todd-suicidio-ciberacoso-201210180555.html>.
[Consulta: 19 de octubre del 2012].
17. Idem.
13. Para el 10 de septiembre del 2013, esta página tenía como foto de perfil la
imagen de una joven que está fotografiándose con su celular frente al espejo
del baño, cubriendo con un brazo los senos y en ropa interior inferior.
Hasta dicho momento, la página contaba con 23 566 “me gusta”.
Cf. <www.facebook.com/pages/BiTcHeXxXx-FrOm-ArOuNd-ThE-
gLoBe/468164996541896?fref=ts>. [Consulta: 10 de septiembre de 2013].
14. En esta página aparece como foto de perfil la imagen de una jovencita
que se retrata con su celular desde arriba para enfocar el escote de su blusa.
Aunque el celular no aparece en la fotografía, dada la posición del brazo de
la chica, es posible determinar que se trata de una imagen autoproducida.
Cf. <www.facebook.com/pages/Sexy-girls-with-nice-ass-and-boobs-xDs-
photo/348442358583139?fref=ts>. [Consulta: 10 de septiembre de 2013].
106 107
Otro caso de cyberbullying que desembocó en suicidio fue el de
Felicia García, una joven de origen hispanoamericano de 15 años,
que decidió que era preferible terminar con su vida arrojándose a
las vías del tren en Nueva York a seguir soportando acosos, agre-
siones e insultos debido a la difusión de un video sexual en el que
aparecía teniendo relaciones sexuales con cuatro jóvenes de su ins-
tituto que eran parte de un equipo deportivo. La escena fue graba-
da presumiblemente por alguno de los participantes con un teléfo-
no móvil o smartphone y difundida a otros estudiantes del mismo
instituto. Ella sufrió no sólo presencialmente las agresiones de sus
compañeros, sino también en redes sociales como Facebook, Twit-
ter e Instagram. En Twitter publicó “I can’t, I’m done, I give up”.18
Y en Instagram, horas antes de suicidarse, publicó fotos suyas en las
que podían verse huellas de una golpiza. Tanto en el caso de Aman-
da como en el de Felicia, aparecieron muestras de cyberbullying
postmortem en forma de comentarios e imágenes que hacían burla
de su trágica muerte.
Siguiendo el hilo de la violencia en las redes sociales, también es
posible identificar casos sobre extorsión sexual. En éstos, los meno-
res de edad son víctimas de ciberacosadores que les prometen un
pago a cambio de que hagan poses sexuales frente a la webcam, para
que sus imágenes sean grabadas, editadas y difundidas en el merca-
do de la prostitución infantil. Por supuesto, esto jamás se les dice a
los menores, pues se les convence a base de mentiras, engaños, chan-
tajes, etcétera. Por ejemplo, el caso de un hombre que prometía
4 000 euros a sus víctimas y que fue arrestado en Madrid en abril del
2012. Él se hacía pasar por una mujer y les llegaba a pedir a sus
victimas hasta 10 horas de grabaciones frente a la webcam, dándoles
instrucciones precisas para la realización de las poses.19
Estos ejemplos de difusión no autorizada de sexting 20 nos obli-
gan a reflexionar en los riegos de autoproducir imágenes propias de
carácter sexual y en la violencia sexual digital que se ejerce hoy en
día a partir de las redes sociales, basada en la espectacularización
creciente de los cuerpos y vidas dañadas por la lógica del capital.21
Sin embargo, esta violencia no puede ser entendida si no se rastrean
los contenidos sociales de dichas imágenes, sobre todo, en cuanto a
la configuración de esas subjetividades que producen y difunden
imágenes fotográficas y que gozan el placer de la violencia y la vio-
lencia del placer.
reflexiones finales
A partir de lo anteriormente mencionado y siguiendo la mirada mi-
croscópica de Walter Benjamin y Siegfried Kracauer y su pasión por
los detalles –aquello que parece banal e insignificante–, con la in-
tención de ir más allá de lo visible y de las apariencias,22 es posible
traspasar las fantasmagorías de la comunicación virtual para ras-
trear los procesos o contenidos sociales que constituyen la materia-
lidad de las imágenes fotográficas de Facebook: dimensiones hu-
manas, placeres y necesidades, deseos e imaginarios de felicidad y
20. Sexting, anglicismo que proviene de la combinación sex (sexo) + texting (envío
de sms). Es una práctica que consiste en el envío y recepción de imágenes o
videos de contenido sexual a través de smartphones, computadoras, tablets,
etcétera. Uno de los principales riesgos derivados del sexting es la sextorsión, es
decir, convertirse en víctima de un chantaje sexual originado a partir del envío
de imágenes propias. El objeto de la coacción va desde ganar dinero hasta
obtener más videos o fotos eróticas. La amenaza suele ser la misma: hacer
públicas las imágenes o enviarlas a familiares, amistades y seres queridos.
Pantallas Amigas, “Víctimas de sexting por partida doble: criminalización en
el ámbito profesional”, Violencia Sexual Digital, 22 de abril del 2013,
<www.violenciasexualdigital.info>. [Consulta: 12 de julio del 2013].
21. Theodor W. Adorno, Minima moralia. Reflexiones desde la vida dañada. Madrid,
Akal, 2006.
22. Miguel Vedda, “Posfacio. El ensayista como trapero. Consideraciones
sobre el estilo y el método de Siegfried Kracauer”, en Siegfried Kracauer,
Los empleados. Barcelona, Gedisa, 2008, p. 243 y Fernando Matamoros Ponce,
“Consideraciones materialistas de la historia de Walter Benjamin y Siegfried
Kracauer”, en Revista de la Universidad de San Carlos de Guatemala, núm. xv,
2010, p. 20.
18. Globovision.com, “Víctima del cyberbullying se suicida en Nueva York
arrojándose a las vías del tren”, 30 de octubre del 2012, <globovision.com/
articulo/victima-del-cyberbullying-se-suicida-en-nueva-york-arrojandose-a-las-
vias-del-tren>. [Consulta: 31 de octubre del 2012].
19. C. Morcillo, “Ofrecía 4000 euros a menores por poses sexuales”, abc.es, 14
de abril del 2012, <www.abc.es/20120414/espana/abci-ciberacoso-redes-
sociales-201204141415.html>. [Consulta: 19 de octubre del 2012].
108 109
comunalidad, que al ser fetichizados fueron vaciados, contradicto-
riamente, de aquellos elementos que originalmente le dieron for-
ma. Y ahí radica la razón de su seducción: están enmascaradas pero
al mismo tiempo están mostrando su decadencia.
Cuando regresamos sobre nuestros propios deseos, nos damos
cuenta de la soledad, fragmentación y vacío en el que vivimos, y de
la ruptura con nosotros mismos por las mercancías que nos han
constituido. Es así como también estas imágenes nos hacen ver que
estamos expropiados de algo, débiles frente a esas seducciones del
mercado pero ricos en imaginación, y éste es el elemento vital.
Por lo tanto, el ser humano se muestra libre; no obstante, en su
cuerpo y espíritu se estigmatizan las huellas causadas por la violen-
cia de la lógica espectacular y de consumo de los cuerpos, infringi-
das diariamente y que se expresan a través de su dolor y sufrimien-
to cotidiano. Sentimientos de soledad, hastío y vacío que el mercado
pretende que se olviden en medio del bombardeo violento de imá-
genes sexuales y frenesí diario de su consumo, bajo promesas de li-
bertad, felicidad, goce y placer. Se trata de realidades que se quedan
en el mundo del flanneur, en la fragmentación y frustración, bus-
cando concretizarse en una comunicación sin realización concreta.
De esta manera, el entorno computarizado de los diálogos, me-
morias y experiencias digitales sugieren un aura sobrenatural del
mundo inmaterial de la palabra vaciada de sus sujetos actuantes.
Alimentan la fantasía de poder escapar de las preocupaciones, an-
gustias, miedos y hasta de los deberes; y, de los horrores de una so-
ciedad plagada de violencia, abusos, corrupción, pobreza, desem-
pleo, etc. Dicha alquimia electrónica propone vivir en un mundo
simulado, donde todo se construye, articula, fabrica, entreteje, fa-
bula y proyecta según las necesidades, deseos y placeres, pero tam-
bién por explicaciones, interpretaciones y memorias sustentadas
por el lenguaje de las imágenes de la cosa, aparentemente al alcance
de todos. Se profundiza por doble partida el contacto con el mundo:
el virtual y aparente del distanciamiento de la palabra y el sujeto
que la nombra, a través de la pantalla; y el exterior que rodea, do-
mina y determina las imágenes en las pantallas y los internautas.
Ambos igual de reales, pues, son un reflejo de la sociedad en que
vivimos.
Así, estas aproximaciones epistemológicas a la violencia del
capital a partir de los contenidos sociales de las imágenes fotográ-
ficas en Facebook pretenden dirigir nuestra atención hacia lo so-
cial y humano que se encuentra al interior de la espectaculariza-
ción del mercado de los cuerpos para rescatar al sujeto que ha sido
violentado y aplastado por esta lógica dominante en la que inter-
net y sus redes sociales desempeñan un papel fundamental. Nos
muestran que aún hay esperanzas en medio de la desesperanza y
que la conciencia no se encuentra totalmente alienada, pues hay un
sujeto en contradicción: existe algo en nuestro interior que nos
motiva a luchar contra todas estas formas de violencia.
111
La violencia de las redes o la
banalización de la violencia
Alberto Constante
Esto es la historia de un crimen, del
asesinatode la realidad. Y del exterminio de una ilusión,
la ilusión vital, la ilusión radical del mundo.
Lo real no desaparece en la ilusión, es la ilusión la que
desaparece en la realidad integral.
—jean baudrillard
112 113
Leí la columna de la periodista Lydia Cacho: “Amenazas en
redes sociales”.1 La nota es alarmante porque lo que pone en
evidencia son las amenazas que se engendran en las redes sociales
y de paso la violencia que cohabita con innumerables mensajes. Y
aunque ella se refiere sólo al Twitter, su razonamiento se puede
extrapolar a las otras redes sociales, pues todas ellas, lo que forman
son comunidades que se comunican, se entrelazan, se narran,
comentan, se yuxtaponen e intercambian sus propias subjetividades.
Lydia Cacho en ese artículo aborda el problema de las amenazas
que se han dado y se siguen dando en distintos lados del mundo, a
través de la red social Twitter. Independientemente de la “realidad”,
es decir, de que se lleven a cabo las amenazas, el miedo con el que
pretenden someter esas amenazas al amenazado, cumplen una
función específica: amedrentar, acallar, silenciar, doblegar la
voluntad, inquietar, en suma, generar violencia en las redes. Lydia
Cacho acierta al decir que:
Tanto los periodistas como las autoridades han
comprendido que detrás de ese “mundo virtual” que
son las redes sociales, hay seres humanos muy reales
capaces de cometer crímenes. Hostigadores que utilizan
este medio como antes esperaban en la calle, dejaban
un mensaje en el buzón de la casa o telefoneaban.2
Las redes son las formas modernas de hacer lo mismo que
hacíamos desde siempre, comunicarnos, darnos a conocer, enamo-
rarnos, conocernos, hablar. Seguimos conviviendo con todas esas
personas que ahora se nos presentan en 140 caracteres. Y desde luego,
como dice Lydia Cacho, Twitter no es un escenario para el debate,
pero sí es lo suficientemente poderosa como para ejercer violencia
que puede ser, generalmente en esos casos, “anónima”. ¿Nos pode-
mos defender? De lo que se trata es de someter al otro a través de
incubar la temible emoción del miedo. Es cierto que en Twitter po-
demos leer cualquier sarta de cosas. Pero sucede lo mismo con las
otras redes o más, porque en las otras redes sí pueden armarse foros
de discusión, como dice la periodista. Facebook es un ejemplo de
ello, pero hay otras muchas.3 Ese lado terrible, inaudito, que somete
por medio del miedo está ahí, con la velocidad de la ubicuidad, o la
inmediatez que todo lo acerca, lo agrava, lo tensa.
Heidegger había escrito en 1927 que “El ante qué del miedo
[das Wovor der Furcht], lo ‘temible’, es en cada caso algo que compa-
rece dentro del mundo”4 y agrega: “¿Qué es lo propio de lo temible
en cuanto tal, de lo ‘temible’ que comparece cuando tenemos mie-
do? El ante qué del miedo tiene el carácter de lo amenazante”.5 Y
lo amenazante tiene el carácter de lo perjudicial, apunta a un ámbi-
to específico de cosas que están amenazadas, por lo “inquietante”,
perjudicial y éste aunque no está en la cercanía, se acerca. “Eso” que
3. Las redes son múltiples e incitan a los usuarios a pertenecer a todas, así
tenemos que un usuario puede estar al mismo tiempo en 20 o 30 redes sociales
que además se dan por países como por ejemplo, China tienen Qzone, su red
social más popular y Tencent Weibo, el llamado “Twitter Chino”. En Rusia existe
una red social muy popular que se llama: Vkontakte; y Orkut, la mayor red social
de Brasil; al igual que conviven con Facebook, Youtube, Twitter, QZone, Google+,
Tencent Weibo, Flickr, Badoo, Scribd, Viadeo, Pinterest, Foursquare, Instagram,
Netlog, Taringa, Multiply, Sonico, Habbo, así como Linkedin. Podríamos seguir
poniendo sólo las que tienen el mayor ranking. Estamos sólo hablando de las
redes que como mínimo de usuarios tiene, como Bebo, 9 millones de usuarios
frente a la poderosa Facebook que tiene ya casi 100 millones. Cualquier cosa
que un usuario pone y agita en la red tiene esa poderosa repercusión, un efecto
devastador. ¿Qué la limita? Es interesante ver el ranking de las redes.
<www.webempresa20.com/>. [Consulta: 3 de septiembre de 2013].
4. Martin Heidegger, Ser y tiempo. Trad., pról. y notas de Jorge Eduardo Rivera.
Madrid, Trotta, 2003, p. 144.
5. Idem.
1. Lydia Cacho, “Amenazas en redes sociales”, en El Universal,
5 de agosto de 2013.
2. Idem.
114 115
puede aparecer como dañino en grado máximo siempre es amena-
zante porque aparece como dotado de un movimiento que lo hace
aparecer como cercano; en la lejanía, no se revela su temibilidad.
Puede alcanzarnos, o quizá no, “lo perjudicial, al acercarse en la
cercanía, lleva en sí la abierta posibilidad de no alcanzarnos y pasar
de largo, lo cual no aminora ni extingue el miedo, sino que lo cons-
tituye”.6 Esta constitución del miedo, hoy, en las redes, es un hecho.
Todos podemos estar amenazados y con ello estamos constituyendo
el propio miedo. Nuestra forma de subjetivación ha cambiado pues el
miedo se hace ubicuo, múltiple. En la medida en que tenemos más
contactos el miedo encuentra una reproductibilidad exponencial, y
el temor puede pasar a convertirse en angustia, no la angustia hei-
deggeriana sino la que tiene el poder de aniquilar. Como bien señaló
Lipovetsky:
Son los tiempos del mundo pantalla, de la todopantalla
contemporánea, de la red de redes, pero también de
las pantallas de vigilancia, de las informativas, de las
lúdicas, de las de ambientación. El arte digital,
el videoclip, el videojuego, la publicidad, la conversación,
la fotografía, el saber, nada escapa ya a las mallas
digitalizadas de esta pantallocracia.7
No hace mucho, dando clases en una universidad tecnológica,
hablando de las nuevas formas de relación y del advenimiento de
internet y de las redes sociales, un alumno se me acercó y me dijo
que él pensaba que todo lo que estaba yo hablando se resumía en un
cd que me compartía. Llegué a casa y me di a la tarea de verlo, el cd
venía con una serie de videos que me estremecieron pues me permi-
tieron ver que algo había cambiado radicalmente en nuestro mundo.
Los videos eran violentísimos, de hecho era la violencia sin som-
bras, nítida, clara, sin freno alguno, estaban los hechos ahí filmados,
con todo y palabras, con una pequeña historia que apenas se soste-
nía. Era una violencia obscena, transparente, visible en todos sus
aspectos. Lo que me repugnó desde el principio, desde el primer
video que se abrió en mi computadora fue pensar que eso andaba
circulando de manera irrestricta en internet, que mi alumno como
cualquier otro tenía acceso a ese y a otros videos. Recordé que me
había advertido que la violencia iba acrecentándose a cada video
que fuera mirando. Era literalmente una “espiral”. Y no me refiero
a la violencia en sí, en el acto de dañar a otro, porque ésa es o ha
sido, de hecho, una constante en la formación de cientos de miles de
generaciones, la violencia no es nueva, no, lo que me repelió fue lo
que encontré en esos filmes y que era el exceso, la narración progra-
mática de una violencia que se multiplicaba en las redes de manera
irreflexiva y sin control absoluto:
La lógica de la tecnociencia no tiene límites.
Transforma los genes de la naturaleza. El exceso
es propio de una sociedad que ya no tiene frenos.
La ciencia hace lo impensable y estamos en el exceso
total. El culto a la modernidad tiene razones
tecnocientíficas. La lógica de la técnica es ganar
tiempo y dinero. La tecnología se vuelve
dominante y se expresa en la cultura.8
Recuerdo tres pequeños filmes, todos ellos tomados por un pseu-
do camarógrafo que narra las escenas que se filman pero que está
siempre acompañado de uno o dos “cómplices”. En el primero, el
camarógrafo, como en el programa Cazador de cocodrilos de la televi-
sión, se acerca a una estación de trenes abandonada, ahí habitan
varios homeless. Su condición precaria, de antihéroes de la moderni-
8. Idem.6. Idem.
7. Entrevista a Gilles Lipovetsky, “El exceso domina la sociedad actual; se perdieron
los límites”, por Juan José Olivares, Periódico La Jornada, miércoles 28 de marzo
de 2012, p. 9, en <www.jornada.unam.mx/2012/03/28/espectaculos/a09n1esp>.
[Consulta: 3 de septiembre de 2013]. Cf. Gilles Lipovetsky, La pantalla global.
Cultura mediática y cine en la era hipermoderna. Trad., de Jean Serroy. Barcelona,
Anagrama, 2009.
116 117
dad, los sitúa en un espacio siempre de fragilidad, de muestras de
carencias radicales, ellos son los “residuos humanos”, las “vidas su-
perfluas”, “vidas desperdiciadas”, de los que nos habla Bauman.9
Entre uno y otro había cierta distancia que luego se mostró in-
salvable. El camarógrafo se acercó filmando los residuos de sí que
han dejado los homeless, como un carrito de supermercado repleto de
pedazos de plástico, cosas ya sin nombre y que siempre son secretas,
infinidad de latas vacías a su alrededor y basura, enormidades de
basura, como afirmando lo que dice Bauman de que ellos son dema-
siados, y nosotros somos los menos, hasta que al aproximarse a un
colchón tendido al lado de las vías del inexistente tren aparecía el
homeless10 dormido. De inmediato surgen de los lados de la cámara
las espaldas de dos de los cómplices con una manta y una cuerda, y se
abalanzan contra el homeless sometiéndolo de inmediato. No había
que hacer gran esfuerzo, era sólo cuestión de sometimiento. Los
otros indigentes sólo aciertan a levantar un poco la cabeza como
para adivinar qué es lo que sucede, pero no descifran lo que pasa. Al
sometido se le envuelve con la manta y lo amarran; apenas se escu-
chan sus gritos. Se acerca una camioneta y de inmediato dos sujetos
arrojan el cuerpo envuelto al interior. Nadie hace nada. Corte. Se
abre la escena nuevamente y la narración sigue: aparece el homeless
desnudo y atado a un árbol. Hay un balde de agua con jabón (se
nota por la espuma) y una escoba; alguien se acerca y con el agua y
la escoba empieza a “lavar-golpear” al homeless. ¿Alguien podría
hacer algo a favor de este hombre? Es un “homeless”, sólo eso, es
decir, una “cosa”. Como nos los testimonian todos los participantes
en el video.
El segundo y el tercero tienen un drama en común: se trata de
drogadictos. En uno de los filmes el camarógrafo se acerca a uno
de ellos; tiene una edad indefinida, pero aún así el de la cámara le
dice que se le darán fifty bucks (cincuenta dólares) si se saca un diente.
El drogadicto le pregunta incrédulo: ¿fifty bucks?, se adivina que
hay una señal de afirmación. Corte. Vemos al drogadicto que ya
tiene su diente con un cordel atado a una enorme piedra. Vuelve a
preguntar que si de verdad le dará los fifty bucks, adivinamos nue-
vamente que hay un signo de asentimiento y de pronto el droga-
dicto avienta la piedra y con ella sale el diente. Se vuelve hacia la
cámara y sangrando, con un hueco en su dentadura, riendo, le pide
al camarógrafo los fifty bucks. En el segundo film, el camarógrafo
está en un parque con dos drogadictos y el camarógrafo, al tiempo
que está filmando les pregunta que si serían capaces de luchar por
fifty bucks. Sostienen sus miradas y el camarógrafo les dice que al
que quede en pie le entregará el premio. Sin hablar, uno de los dro-
gadictos de pronto empieza a golpear al otro, sin odio, sin dolor, sin
arrepentimiento, sin pudor. El golpeado apenas si puede defender-
se, pero los golpes certeramente le caen en todo el cuerpo. La agre-
sión es pertinaz, jadean, brota la sangre y hace más dramática la
vista porque no hay dolor, ni indignación, no hay enojo, sólo un acto
indiferente ante el otro; nos damos cuenta de que los tipos podrían
pegarle a un costal de papas igual que se pegan entre sí. La acción
dura casi 10 minutos hasta que uno de ellos cae al suelo y ahí el
vencedor lo golpea con una piedra, una, dos, tres veces. Se levanta
riendo, no sabemos si ha muerto el contendiente, pero es lo de
9. Zygmunt Bauman, Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias. Buenos
Aires, Paidós, 2005, passim. Al inicio del capítulo 2 el autor principia su
alocución con unas palabras que fustigan: “‘Ellos’ siempre son demasiados.
‘Ellos’ son los tipos de los que debería haber menos o, mejor aún, absolutamente
ninguno. Y nosotros nunca somos suficientes.«Nosotros» somos la gente que
tendría que abundar más”, p. 51.
10. Pongo los términos en inglés porque se trata de videos hechos en
Estados Unidos, los participantes son americanos y las “víctimas” igual.
Por ello los términos en inglés que no traduzco es porque son del dominio
común. Por otra parte, una de las peculiaridades de la sociedad estadounidense
es que tienen mucha relación con sus propios homless (indigentes, pordioseros,
menesterosos, o personas sin hogar, hay una enorme lista que nos indica
toda una tipología de la pobreza): nos encontramos con muchas asociaciones
pro indigentes, asimismo, las iglesias son asistenciales, y la cultura, en general,
tanto política como social tiene visualizado al desprotegido. Con todo y esto,
como ya los señalé, estos seres conforman los sobrantes de la sociedad, las
vidas desperdiciadas, como dice Bauman.
118 119
menos, recordemos que Bauman nos ha dicho que para la socie-
dad son “vidas inútiles”, “vidas que no valen nada”. Tumefacto y
lleno de sangre recibe los fifty bucks. Lo inverosímil del caso es que
nadie detuvo la pelea, nadie dijo nada, en el fondo del video se
advierten personas que pasan indiferentes, acaso una mirada de
soslayo o quizá peor: una soterrada complicidad, una indiferencia
cobijada quizá por un juicio silencioso de que los que se golpean son
nada.
No pude seguir viendo más escenas, mi alumno me dijo que
había 35 más y que tenía todo un catálogo de videos. Algo en mí
no me permitió seguir, sólo esos tres, no pude más. Me pregunté
entonces cómo es que habíamos llegado a esto, cómo es que un
joven de 22 años podía haber conjuntado en un video 35 escenas
como las narradas y además tenía un catálogo y se ufanaba de ello.
¿Cómo podía soportar verlos? ¿Qué parte de su ser había quedado
inoculado de indolencia hacia el horror que se mostraba de manera
descarnada? O ¿cuál era su estructura moral que le permitía poder
mirarlos y saber que eran reales, es decir, que no eran actuados
sino que transcurrían en realidad? ¿Qué es lo que había pasado en
él para poder ver los videos sin siquiera sentirse inquietado por
ellos?
En realidad no hay nada oculto, ni los videos pertenecen a
algún culto, ni a una cofradía, siguen estando ahí, en la red, y
mediante una sola tecla abrimos YouTube y ya estábamos en el
esperpéntico mundo de la pantalla donde se puede encontrar no
sólo algunos de estos filmes sino otros más descarnados, más sádi-
cos: hombres colgados, degollamiento en vivo a seres como noso-
tros y acaso algunos más suaves que tratan del bullying, o golpizas
entre grupos de jóvenes, pleitos callejeros entre jóvenes sean estos
hombres o mujeres o los anuncios de suicidios llevados a cabo gene-
ralmente por jóvenes menores de 18 años. Niños que nos narran su
decisión de morir. Es cierto que hay algunos sitios que se han cerrado
pero eso no quiere decir nada, los videos se reproducen, se hacen
virales, se narran, se cuentan, se difunden por otras redes, se “co-
munican”. Luego de mirar, ¿cómo olvidar? Muchas veces lo he
escrito, san Agustín nos hablaba de la concupiscentia oculorum, del
pecado de ver, creo que san Agustín nunca imaginó que esta “luju-
ria de ver” sería el pecado por excelencia con el que se abriría el
siglo xxi.
La sofisticación de los sistemas de información, la aparición de
las grandes redes sociales, los propios instrumentos con los que se
acompañan las diferentes aplicaciones para las redes, el mundo tec-
nológico, forman unas comunidades de toda índole, y esto trae
como consecuencia un conjunto de interacciones, reales e ideales,
creadas o inventadas, pero, en cualquier caso, capaces de establecer
nuevas identidades, nuevas subjetividades donde los valores tradi-
cionales no empatan con el mundo cibernético. Hoy como nunca
nos encontramos con un espacio que se denomina virtual y ahí se
suscitan toda clase de rompimiento de valores tradicionales, las re-
laciones íntimas, los deseos realizados en medio de imágenes y sue-
ños que se plasman en universos creados, nos dan la sensación de
haber ganado una región, de poblar un campo abonado para la in-
vestigación de la filosofía. Sin embargo, a pesar del avance de las
redes sociales, de su enorme pluralidad, podemos ver que el fenó-
meno de la violencia está necesitado de reflexión. Lo que tenemos
son sólo preguntas, dudas. Porque el fenómeno está ahí: la violencia
desnuda, sin límites, en su reproductibilidad sin fin, tales que inunda
todas las redes, se multiplica, se hace ubicua.
La violencia en las redes se muestra en una gama de formas
sin que haya ninguna limitación: violencia intrafamiliar, contra la
mujer, violencia con dibujos animados, policías apaleando a ma-
nifestantes en Madrid, Barcelona, Tahrir, en São Paulo, en Santia-
120 121
go de Chile, la inmolación de un monje tibetano, o un video lla-
mado Gritos de muerte donde se suceden feroces ataques entre
seres humanos y se muestra obscenamente “lo terrible”. ¿Qué es
lo que ha pasado? ¿Son estos fenómenos lo que constituye el mal
absoluto del que hablaba Kant cuando dijo que: “El hombre es
malo por naturaleza” o nos viene de ese lado al que se refirió con
aquella famosa “insociable sociabilidad”, es decir, a la imperiosa
necesidad que tenemos los seres humanos de vivir en sociedad al
tiempo que vivimos la inaudita hostilidad que está siempre ame-
nazándonos con disolverla. Michela Marzano, en un inquietante
trabajo sobre la violencia en las redes sociales hablando de estos
videos se pregunta como nosotros mismos:
¿Cómo explicar que tanta gente quiera visionar
estos videos? ¿Quieren informarse, como dicen a veces
en los foros, o simplemente se sienten “intrigados”
por la muerte filmada en directo? ¿Qué razones,
qué pulsiones conducen a un adolescente o a un adulto
a contemplar o a discutir durante horas en un chat
con desconocidos acerca de estos indecibles espectáculos?
¿Qué visión del hombre pueden tener, cuando viven
en una sociedad que no deja de potenciar los
derechos humanos.11
Las redes sociales sirven como agentes de producción social y
cultural, pero también, como en la vida real, de reproducción de
la violencia. No se trata de pensar que porque hay redes sociales
existe violencia o que ésta es un fenómeno nuevo en las redes socia-
les, no. Hay un matiz que debemos pensar. Las redes sociales no son
otra cosa que el reproductor de los fenómenos que habitan y han
construido a esta sociedad. Lo nuevo, lo preponderante es el hecho
de que la violencia se multiplica exponencialmente, se hace viral, se
ve por todos lados, y todos quieren participar en ella, aunque su
participación sólo sea ideal más que real, pero está ahí, potencial-
mente se lleva a cabo, se pone en acción, en obra. Otra cuestión que
hay que discutir es que las redes mismas son violentas, ellas impo-
nen conductas, formas de ver y de pertenecer al mundo, hacen virales
fotografías o videos, son los medios mismos de la reproductibilidad
sin límites pero, al mismo tiempo, forman y conforman. Sin duda,
las redes son el “panóptico” del siglo xxi: visibilización no sólo de la
violencia sino de quienes son sus actores, porque lo que se plantea es
el problema de la visibilidad totalmente organizada alrededor de
una mirada dominadora y vigilante como lo son las redes sociales.
Ellas ponen en marcha de nueva cuenta el viejo proyecto de una
visibilidad universal, que procede no ya en provecho de un poder
riguroso y meticuloso como decía Foucault, sino que modifica las
subjetividades, cambia los discursos, centellea en ellas el resplandor
sí, de la vigilancia y el control, pero también la reubicación de la
homogeneización de las subjetividades.
En este sentido, como explica Foucaul:
Bentham es el complemento de Rousseau.
¿Cuál es, en efecto, el sueño rousseauniano que ha
animado a tantos revolucionarios?: el de una sociedad
transparente, visible y legible a la vez en cada una de
sus partes; que no existan zonas oscuras, zonas ordenadas
por los privilegios del poder real o por las prerrogativas
de tal o tal cuerpo, o incluso por el desorden; que cada
uno, desde el lugar que ocupa, pueda ver el conjunto
de la sociedad; que los corazones se comuniquen unos con
otros, que las miradas no encuentren ya obstáculos, que
la opinión reine, la de cada uno sobre cada uno […]
11. Michela Marzano, La muerte como espectáculo. Estudio sobre la “realidad-horror”.
Trad. de Nuria Viver Barri. México, Tusquets, 2010, p. 14.
122 123
Así, sobre el gran tema rousseauniano –que es en alguna
medida el lirismo de la Revolución– se articula la idea
técnica del ejercicio de un poder “omnicontemplativo”
que es la obsesión de Bentham. Los dos se unen y
el todo funciona: el lirismo de Rousseau y la obsesión
de Bentham.12
Por un lado se intenta visibilizar todo para romper con esos
restos oscuros de las cavernas donde se ocultan las subjetividades,
pero también se hace norma y como toda norma es restrictiva, se
visibiliza para prohibir, para desplazar las malas conductas del
cuerpo social. Se puede objetar y señalar que esta violencia es vir-
tual, que corre como un escenario en donde se llevan a cabo hechos
que siempre se han dado y que lo que faltaba era sólo verlos. No lo
creo, pienso más bien que el problema es su ubicuidad y sobre todo
los efectos que tiene en ser vista, multiplicada infinitamente.
Porque la pregunta que se puede hacer de inmediato es ¿en
qué consiste la virtualidad de las redes ante el fenómeno de la vio-
lencia? No podemos escapar de ellas, están presentes y de una u
otra manera nos envuelven en nuestra cotidianidad más baladí.
Esta presencia pasa a ser un elemento fundamental en la labor co-
municativa y de la afirmación de la violencia. El problema no es
entonces que la violencia esté ahí, visibilizada, sino que ella se ha
hecho parte de nuestra cotidianidad de tal manera que ha atrave-
sado el ámbito de lo privado. Estamos ante la violencia convertida
en espectáculo. Quizá por ello la visibilización de la violencia, por-
que con su presentación desnuda lo que se va obturando es nuestra
capacidad de asombro, de distinción, de valoración, no nos permite
advertir su banalización. Nos igualamos todos en los actos violen-
tos, nos hacemos uno en el conjunto de violencias, la profanamos,
la hacemos banal, frívola, porque en el fondo estamos trivializados
nosotros mismos. Podemos advertir que esta banalización es uno
de los lados oscuros de las redes, y que su amplitud y globalización
es lo que impone. Lo que han hecho las redes es multiplicar expo-
nencialmente la violencia, difundirla, y, al mismo tiempo, rebajar-
la, hacerla insubstancial. Estamos ante la violencia banal porque
no crea nada, sólo es un “entretenimiento”. Quizá no es que las
redes sociales sean sólo el receptáculo donde se vierten palabras y
videos violentos, sino que las mismas redes son violentas, internet
es violenta.
Lo más difícil de conceptualizar es que la violencia, al conver-
tirse en espectáculo, adormece nuestros sentidos para el ojo moral.
Es aquí donde tendríamos que volver a afirmar que “no todo vale
por igual”, que nuestra eticidad o capacidad constitutiva de preferir
y elegir no quede atrofiada por la omnipresencia, y por ello banaliza-
ción, de la violencia. En las redes sociales este fenómeno parece ser el
que mayor privilegio posee pues se presenta y representa en todas las
formas en las que encuentra refugio y se adapta a la red en la que
cohabita. Hay una tonificación de los estímulos a los que podemos
estar sometidos en las redes, de tal manera que la violencia conver-
tida en entretenimiento se ha aceptado como una de las formas de
relación habitual entre los seres humanos.
No hace mucho pudimos ver por Facebook una foto de un
sujeto que mostraba a un perro crucificado. Anteriormente había-
mos visto a otro con varios gatos desollados por su mano, hace
poco, en Kenia, una masacre en el mismo momento en el que se
estaba cometiendo. Todas las fotografías y videos se hicieron vira-
les, se comunicaron a través de todas las redes sociales, en segun-
dos. ¿Hasta dónde llegar? ¿Qué tenemos derecho a hacer o no?
¿Qué podemos ver o no? Vivimos una crisis de orden político y
económico, pero lo más grave es que vivimos una “crisis del vínculo
social”.
12. “El ojo del poder. Entrevista con Michel Foucault”, en Jeremías Bentham,
El panóptico. Trad. de Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría.
Barcelona, La Piqueta, 1980, p. 6.
124 125
Las redes sociales han modificado nuestra subjetividad. La sub-
jetividad es justo todo aquello que nos hace ser lo que somos, es el
núcleo de nuestras decisiones, de nuestros deseos, de nuestras con-
cepciones del mundo y de la vida. Ellas nos indican algo que está a
la vista: que los intereses cotidianos se nuclearizan, y cada vez se
hacen más específicas, circulan, rodean, reordenan, establecen je-
rarquías, definen valores, formas de percibir la realidad circundan-
te y, quizá, lo más grave, determinan nuestra subjetividad, nuestra
pertenencia, nuestros gustos, lo más íntimo de nosotros, las redes
sociales secuestran, seducen, simulan y, literalmente “hacen desapa-
recer la realidad”, “asesinan la realidad”, y la violencia se hace indó-
mita pero, al mismo tiempo, banal.
Paul Virilio nos ha dicho:
Sin necesidad de esperar la bomba demográfica,
con la velocidad de la información y de los transportes,
existe el sentimiento de que estamos en un planeta
muy pequeño, como el del Pequeño Principito. Esto creará
eso que Michel Foucault bautizó como “el gran encierro”,
será terrible sentirnos encerrados en la tierra.
Una pesadilla. Cada uno de nosotros tiene un mapa
del mundo y es evidente que este mapa depende
de las posibilidades de circulación. Cuando atravesamos
el mundo de una punta hasta la otra en pocas horas,
o podemos unir las antípodas instantáneamente,
comunicarnos mediante internet o teleconferencia,
o sea, cuando podemos estar siempre los unos
sobre los otros... El mapa mental se reduce.13
Si las redes sociales conforman la gestión de la Red de lo hu-
mano en su dimensión individual y social, la aceleración tecnoló-
gica se convierten en poder y la velocidad en el llamado “tiempo
real” se transforma en un poder absoluto. Creo que no hay más
violencia que ésta. La globalización –la “mundialización del
tiempo y la velocidad–14 es, por consiguiente, el acotamiento espa-
cial del control a través del dominio tecnológico. Para Virilio, esa
velocidad se desprende de los referentes históricos, los aleja y
oculta, por lo que la historia se transforma en mera estadística y
espectáculo. Virilio nos ha dicho que inventar algo es inventar un
accidente. Inventar el barco es crear el hundimiento; el transbor-
dador espacial, la explosión. Al inventar las redes sociales lo que
se inventó fue el “entretenimiento” o la saturación de los sentidos,
en todo momento, un mayor riesgo que no se señala fácilmente
porque no produce mortalidad como el hundimiento de un barco
o una explosión en el cielo. El accidente de la información es, tris-
temente, no muy visible. Es inmaterial como las ondas que llevan
la información. Pero con el “entretenimiento” las redes sociales
restringen y degradan una de las libertades básicas del hombre, la
libertad de movimiento. Cuando el desplazamiento no es necesa-
rio, el desarrollo de la inercia es temible. Hay una amenaza de
parálisis e inestabilidad. Pero también hay una amenaza psicoló-
gica para las futuras generaciones de interactividad instrumentada
que pueden ver el mundo reducido a nada. “Hoy todo es televigi-
lancia, video escándalos que se transmiten en tiempo real, no sólo la
de las ciudades, sino la del campo de batalla, desde ahora el ojo de
dios está por doquier...”.15
Finalmente, cuando se inventaron las redes sociales en internet
lo que se creó fue la indiferencia ante la violencia o su banalización.
No es propiamente aquí la violencia que se muestra en las redes
sociales y que se transforma en espectáculo, sino que la invención de
las redes tecnológicas, parodiando a las mismas redes sociales, se
estructuraron por una violencia básica pues se han convertido en
14. P. Virilio, El cibermundo, la política de lo peor. Entrevista con Philippe Petit.
Madrid, Cátedra, 1997.
15. Selección de textos sobre las nuevas tecnologías.
<www.falacia.es/pagina_nueva_10.htm>. [Consulta: 27 de agosto de 2013].
13. Paul Virilio, Estética de la desaparición. Barcelona, Anagrama, 1998, p. 72.
126 127
los dispositivos más eficientes de intervenir en la subjetividad hu-
mana de manera inopinada, ellas están cambiando las subjetivida-
des, sobre todo en los llamados “nativos digitales”, al tiempo que
obligan a los que no lo son a atenerse a esa realidad virtual para
comprender un ámbito que no era el de ellos. Hay pues una violen-
cia fundamental que nombra a todos, pues nos forma a todos.
128 129
semblanza de los autores
Adalberto Ayala Pliego (ciudad de méxico, 1961)
Activista comunitario, educador y músico amateur. Ha dedicado sus
últimos 25 años a distintas labores de investigación y experimenta-
ción educativa. Actualmente colabora con Adeco (Acciones para el
Desarrollo Comunitario) donde coordina el programa Canto que flo-
rece, espacio para la construcción educativa, cultural y comunitaria
por medio de la música.
Marco A. Calderón Zacuala (puebla, 1980)
Es profesor investigador de la Benemérita Universidad Autónoma
de Puebla, en la Escuela de Artes Plásticas y Audiovisuales, tiene
la Maestría en Estética y Arte de dicha Universidad y ha publicado
más de una docena de artículos sobre temas de estética y tecnología.
Sus áreas de investigación son la estética, la teoría de medios y la
filosofía de la tecnología.
130 131
Alberto J. L. Carrillo Canán (ciudad de méxico, 1953)
Es profesor investigador de la Benemérita Universidad Autónoma
de Puebla, donde es responsable del Cuerpo Académico “La Esté-
tica y los Medios”. Es doctor en Filosofía por la Universidad Libre
de Berlín, pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, nivel 3.
Ha publicado varios libros sobre estética y medios, así como nume-
rosos artículos en revistas internacionales arbitradas. Sus áreas de
investigación son la estética, la teoría de medios, la filosofía de la
tecnología y las ciencias cognitivas.
Ramón Chaverry Soto (ciudad de méxico, 1973)
Maestro en Filosofía y doctorante de la misma carrera en la Facul-
tad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de
México, con especialidad en filosofía de la cultura, fundamental-
mente Michel Foucault y Giorgio Agamben. Se ha desempeñado
como docente en el Colegio de Letras Modernas de la Facultad de
Filosofía y Letras de la unam. Ha publicado varios artículos en re-
vistas nacionales y extranjeras; asimismo publicó el libro El sujeto
como objeto de sí mismo (unam, Afinita, 2010); y es miembro de la
revista digital Reflexiones Marginales.
Alberto Constante (ciudad de méxico, 1949)
Doctor en Filosofía por la Uiversidad Nacional Autónoma de Mé-
xico, posdoctorado en filosofía por la Universidad Autónoma de
Barcelona, Bellaterra, con estudios de doctorado en París viii, Vince-
ness; miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel ii. Ha
coordinado varios libros, entre ellos Las redes sociales. Una manera de
pensar el mundo (ffl/unam, Ediciones sin Nombre, 2013). Director y
editor de la revista digital <www.reflexionesmarginales.com>.
Alberto Mora (veracruz, 1976)
Maestro y doctor en Filosofía por la Universidad Nacional Autóno-
ma de México, con especialidad en estética, filosofía de la cultura,
filosofía de la religión, metafísica y ontología. Se desempeña prin-
cipalmente en el área de docencia universitaria y tutorías en línea a
nivel profesional en la misma casa de estudios. Sus temas de interés
van desde la política, las ciencias sociales, las distintas ramas y es-
cuelas o corrientes filosóficas hasta el uso público de la razón. Ha
publicado el libro La secularización de la metafísica (unam, Afinita,
2010) y diferentes artículos en revistas nacionales e internacionales,
así como varios capítulos en libros.
132 133
Linda Romero (puebla, 1986)
Doctorante en Sociología, Instituto de Ciencias Sociales y Huma-
nidades “Alfonso Vélez Pliego” de la Benemérita Universidad
Autónoma de Puebla (icsyh-buap). Maestra en Sociología por el
icsyh-buap (2013). Licenciada en Relaciones Internacionales por la
Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la buap (2009). Líneas
de investigación: internet y redes sociales; subjetividad y teoría crí-
tica; erotismo y violencia en la comunicación virtual.
Carlos Vargas Pacheco (ciudad de méxico, 1985)
Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de
México. Actualmente cursa sus estudios de posgrado en Filosofía en
la misma Universidad. Asimismo, se desempeña como profesor de
asignatura en el Colegio de Filosofía y en el Colegio de Pedagogía,
y es Secretario Técnico en la Coordinación del Colegio de Filosofía
de la Facultad de Filosofía y Letras de la unam.
Violencia en las redes sociales coordinado por Alberto
Constante y con las colaboraciones de Ramón
Chaverry, Carlos Vargas, Adalberto Ayala, Alberto
Mora, Alberto Carrillo Canán, Marco Calderón,
Linda Romero y Alberto Constante se terminó de
imprimir en los talleres de El Errante Editor s.a.
de c.v., ubicados en privada Emiliano Zapata,
5247, San Baltasar Campeche Puebla, México, el
12 de diciembre de 2013. Las tipografías utilizadas
fueron Granjon de 11 puntos y Aaux Pro de 8, 10,
11 y 14 puntos. Los papeles utilizados fueron bond
de 90 gramos impreso a dos tintas en interiores
y Mohawk Feltmark Talc de 216 g impreso a una
tinta en forro.
Al cuidado de la edición: Estudio Paraíso.
... En este modelo de sociedad interconectada, el debate se plantea en la regulación de las relaciones interpersonales que se desarrollan a través de medios informáticos. "Internet y, en concreto, las redes sociales, se han convertido en un lugar privilegiado para el acoso y la violencia sexual" (Ruiz, 2018, p.100). Justamente, uno de los problemas que se desprende en este escenario es la violencia de género digital a partir de la invasión a la privacidad de la información de carácter personal. ...
Article
Full-text available
El presente artículo es producto de una investigación efectuada sobre la base de un análisis bibliográfico, cuyo objetivo fue el determinar los avances y desafíos del ordenamiento penal ecuatoriano en cuanto a la problemática de violencia de género a través de medios informáticos, puesto que en Ecuador 6 de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia; es por esta razón que el Estado, como ente garantista dentro de un estado constitucional de derechos, ha desarrollado algunas políticas con la finalidad de crear un marco normativo adecuado al contexto con la finalidad de plantear estrategias viables para erradicar todo tipo de violencia de género en el ciberespacio, para lo cual se hace necesario, fomentar una cultura de paz, y reforzar la educación como estrategias que permita mitigar esta problemática.
What is cybenetics? <www
  • Stafford Beer
Stafford Beer, What is cybenetics? <www.nickgreen.pwp.blueyonder.co.uk/ beerWhatisCybernetics.pdf>. [Consulta: 19 de septiembre de 2013].
Edición electrónica / Escuela de Filosofía Universidad arcis (pdf). <www.philosophia
  • Wlater Benjamin
  • Para Una Crítica De La Violencia
Wlater Benjamin, Para una crítica de la violencia. Edición electrónica / Escuela de Filosofía Universidad arcis (pdf). <www.philosophia.cl/biblioteca/Benjamin/ violencia.pdf>. [Consulta: 17 de septiembre de 2013].
Le règne de la délation optique " , en Manière de voir, xlvi
  • Paul Virilio
Paul Virilio, " Le règne de la délation optique ", en Manière de voir, xlvi, 1999, pp. 37-39.
Amenazas en redes sociales
  • Lydia Cacho
Lydia Cacho, " Amenazas en redes sociales ", en El Universal, 5 de agosto de 2013.
El exceso domina la sociedad actual; se perdieron los límites
  • Gilles Lipovetsky
Entrevista a Gilles Lipovetsky, "El exceso domina la sociedad actual; se perdieron los límites", por Juan José Olivares, Periódico La Jornada, miércoles 28 de marzo de 2012, p. 9, en <www.jornada.unam.mx/2012/03/28/espectaculos/a09n1esp>. [Consulta: 3 de septiembre de 2013].
La pantalla global. Cultura mediática y cine en la era hipermoderna
  • Gilles Cf
  • Lipovetsky
Cf. Gilles Lipovetsky, La pantalla global. Cultura mediática y cine en la era hipermoderna. Trad., de Jean Serroy. Barcelona, Anagrama, 2009.