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«The war of Arauco in allegorical code: The auto sacramental La Araucana», Alpha, 33, 2011, pp. 171-186

Authors:

Abstract

This article analyzes how in the sacramental play La Araucana, by Lope de Vega, the matter of Arauco is approached in the allegorical structure. In this drama, Caupolican, the araucanian leader, appears as a figure or type of Christ, while the Araucanian struggle for freedom is an image of the redemption of the human genre. This auto has generated some attention in the critics, because of the relation that this play has with the Arauco domado by Lope, and particularly because of its novel character, that supposes the vision of the american native (the other) as a being that can symbolize Christ-Man in an allegorical figure.
171-186
LA GUERRA DE ARAUCO EN CLAVE ALEGÓRICA: EL AUTO
SACRAMENTAL DE LA ARAUCANA
1
The war of Arauco in allegorical code: The auto sacramental La Araucana
Carlos Mata Induráin*
Resumen
Este trabajo analiza cómo en el auto sacramental de La Araucana, atribuido a
Lope de Vega, se aborda en clave alegórica la materia de la Guerra de Arauco. En esta
obra, el caudillo araucano Caupolicán aparece como figura o tipo de Cristo, al tiempo
que la lucha de los araucanos por su libertad es trasunto de la redención de todo el
género humano. Este auto ha generado cierta atención entre la crítica, en parte por la
relación que guarda con la comedia de Arauco domado de Lope; pero, sobre todo, por el
carácter novedoso que supone la visión del indígena americano (el otro) como ser capaz
de simbolizar en figura alegórica al propio Hijo de Dios hecho hombre.
Palabras clave: La Araucana, auto sacramental, Lope de Vega, Guerra de Arauco, Caupolicán.
Abstract
This article analyzes how in the sacramental play La Araucana, by Lope de Vega,
the matter of Arauco is approached in the allegorical structure. In this drama, Caupolicán,
the araucanian leader, appears as a figure or type of Christ, while the Araucanian struggle for
freedom is an image of the redemption of the human genre. This auto has generated some
attention in the critics, because of the relation that this play has with the Arauco domado by
Lope, and particularly because of its novel character, that supposes the vision of the
american native (the other) as a being that can symbolize Christ-Man in an allegorical figure.
Key words: La Araucana, allegorical plays, Lope de Vega, Arauco War, Caupolicán.
En este trabajo quiero revisar algunos aspectos relacionados con el auto
sacramental de La Araucana, atribuido tradicionalmente a Lope de Vega luego
volveré sobre esta cuestión de la autoría en cuya construcción alegórica el
personaje del caudillo araucano Caupolicán aparece como figura o tipo de Cristo,
al tiempo que la lucha de los araucanos por su libertad es trasunto de la redención
de todo el género humano. Este auto ha generado cierta atención entre la crítica,
en parte por la relación que guarda con la más conocida comedia de Arauco
domado de Lope; pero, sobre todo, por el carácter novedoso que supone la visión
1
Esta investigación se integra en el proyecto ―Patrimonio teatral clásico español. Textos e
instrumentos de investigación (TC/12)‖, patrocinado por el Programa CONSOLIDER-INGENIO,
del Plan Nacional de I+D+I (CSD2009-00033) del Ministerio de Ciencia e Innovación del
Gobierno de España. Asimismo, se enmarca en el proyecto de edición de los autos sacramentales
completos de Calderón, financiado por la Subdirección General de Proyectos de Investigación
(FFI2008-02319/FILO) del Ministerio de Ciencia e Innovación y cofinanciado por el FEDER. Un
adelanto más breve de esta exposición puede verse en Mata Induráin, 2011.
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del indígena americano (el otro),
2
no ya como merecedor de recibir el mensaje de
salvación cristiana, sino como ser capaz de simbolizar en figura alegórica al
propio Hijo de Dios hecho hombre. Voy a analizar entonces cómo se aborda esa
materia de la Guerra de Arauco en clave alegórica, pero antes recordaré algunos
datos esenciales sobre la fortuna literaria de este tema.
1. LAS GUERRAS DE ARAUCO EN LA LITERATURA ÁUREA ESPAÑOLA
La considerable presencia del tema de América en la literatura española del
Siglo de Oro es un aspecto que ha sido estudiado, especialmente en lo que concierne a
algunos autores mayores como Lope o Tirso de Molina.
3
Si nos ceñimos al tema de
las guerras de Arauco, encontramos el tratamiento literario de esa materia en géneros
muy diversos, que van desde las crónicas hasta el teatro, pasando por la poesía épica.
De entre los cronistas, historiadores y autores de relaciones, habría que recordar los
nombres de Jerónimo de Vivar, Juan de Cárdenas, Alonso de Góngora Marmolejo,
Pedro de Valdivia, Pedro Mariño de Lobera, Alonso de Ovalle, Diego de Rosales,
Alonso González de Nájera o Francisco Núñez de Pineda y Bascán, entre otros; en
el territorio de la épica, las dos obras fundamentales son La Araucana de Alonso de
Ercilla y Zúñiga y El Arauco domado de Pedro de Oña, pero no hay que olvidar otros
títulos como El Purén indómito de Luis Arias de Saavedra o Las guerras de Chile
atribuido a Juan de Mendoza y Monteagudo.
En lo que respecta al teatro, aparece plasmada esa materia de Arauco,
además de en el auto sacramental que nos ocupa, en las comedias La belígera
española (1616),
4
de Ricardo de Turia (seudónimo de Pedro Juan Rejaule y
Toledo); Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza,
Marqués de Cañete (1622), de nueve ingenios; Arauco domado (1625), de Lope de
Vega; El gobernador prudente (1663), de Gaspar de Ávila, y Los españoles en
Chile (1665), de Francisco González de Bustos. A estos títulos cabría añadir El
nuevo rey Gallinato, de Andrés de Claramonte, cuya acción no está ambientada en
Arauco, pero en un imaginario reino situado entre Perú y Chile; pieza peculiar
dentro de este corpus, que ha generado bastante interés crítico en los últimos años.
Se trata de un volumen de obras muy considerable sobre todo, en proporción con
el conjunto global de piezas de asunto americano en el teatro áureo español. Cfr.,
Antonucci, 1992:21-44-45–– y esa abundancia se explica, en buena medida, por la
2
Muy recientemente Pérez-Amador Adam ha escrito que ―La Araucana de Lope de Vega es el
único auto sacramental donde se traslada a lo divino una acción del mundo indígena americano‖,
(2011:334).
3
Pueden verse, entre otros, los trabajos de Arellano (1992), Campbell (1992) de Pedro (1954), Dille
(1988), Franco (1954), Kirschner (1996), Moríñigo (1946), Reverte Bernal y Reyes Peña (1998), Ruiz
Ramón (1993), o Zugasti (1996 y 2005). También el mero especial de Teatro, 15 (2001), titulado
América en el teatro español del Siglo de Oro, o el volumen La imagen del indio en la Europa moderna
(1984). El lector interesado encontrará una bibliograa mucho s detallada en Castillo (2009).
4
Las fechas indicadas entre paréntesis son las de publicación.
La Guerra de Arauco en clave alegórica: el auto sacramental de La Araucana
173
existencia de dos prestigiosos modelos épicos que popularizaron en España los
temas, personajes y motivos de aquel ―Flandes indiano‖: las obras ya mencionadas
de La Araucana de Ercilla y El Arauco domado de Oña. Esa es, precisamente, una
de las razones que apuntaba Dille para justificar tan crecida producción
El número desproporcionado de comedias sobre Chile se debe a, por lo
menos, tres factores: primero, precisamente porque no era un país rico, no se
podía culpar a los españoles de estar allí por motivos indignos. Segundo, es la
admiración por la heroica resistencia de sus pocos habitantes. A diferencia de
México y del Perú, Arauco era muy pequeño, pero presentaba la máxima
dificultad a los esfuerzos españoles para incorporarlo dentro del imperio. […]
Tercero, las expediciones a esta lejana parte del imperio tuvieron la suerte de
ser inmortalizadas por Alonso de Ercilla y por Pedro de Oña en obras del
género de máximo prestigio la epopeya. Así los escritores del siglo XVII
podían inspirarse directamente en dos famosas obras literarias. Además,
parece que la influencia de Ercilla era también indirecta porque
aparentemente Algunas hazañas y El Arauco domado se escribieron para
halagar al hijo del marqués de Cañete, que quedó resentido porque Ercilla no
hizo mucho caso de su padre en la famosa Araucana (1988:493).
Es esta una cuestión sobre la que existe abundante bibliografía específica, y a
ella remito para más detalles (Lee, 1993; Lerzundi, 1993 y 1996; Antonucci, 1992 y
Janik, 2004). En cuanto a las recreaciones del personaje de Caupolicán, sabido es
que ha inspirado distintas obras literarias, desde la propia Araucana de Ercilla hasta
el famoso soneto de Rubén Darío, pasando por romances, novelas históricas y otros
destacados hitos textuales, a los que no puedo referirme ahora.
5
2. EL AUTO SACRAMENTAL DE LA ARAUCANA Y ALGUNAS VALORACIONES DE LA
CRÍTICA
La Araucana, auto sacramental, se nos ha conservado en un manuscrito
de la Biblioteca Nacional de España que perteneció al Fondo Osuna; su texto
permaneció inédito hasta 1893, año en que lo dio a las prensas Menéndez
Pelayo en la edición de las Obras de Lope de Vega de la Real Academia
Española (después volvería a editarlo en la colección de la Biblioteca de
Autores Españoles). En 1915, José Toribio Medina lo incluyó en su trabajo Dos
comedias famosas y un auto sacramental (junto con El gobernador prudente y
La belígera española). En 1968 lo editaba John W. Hamilton en su estudio Dos
obras de Lope de Vega con tema americano (junto con El Brasil restituido). En
fin, su texto también ha sido reproducido por Leopoldo Castedo en su libro
Chile: utopías de Quevedo y Lope de Vega (1996). Sin embargo, aunque
5
No es este el momento de repasar tales recreaciones del cacique araucano, así que me limitaré a
remitir a distintos trabajos donde su figura, hechos y carácter han sido abordados. Ver los de
Auladell, Cifuentes Aldunate, Durand, de Pedro, Promis, Romanos, Sepúlveda y Toda Oliva
recogidos en la bibliografía.
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contamos con todas estas ediciones para leer el texto, ninguna de ellas ofrece
una versión crítica totalmente satisfactoria en su fijación textual ni tampoco
están suficientemente anotadas.
6
Hay muchos aspectos interesantes del auto en cuyo análisis apenas me
puedo detener aquí. Así, no voy a referirme al contexto histórico de las guerras de
Arauco, sino que me centraré en el desarrollo de la alegoría y la conformación del
personaje de Caupolicán, en este auto, como figura cristológica. Tampoco haré
referencias a las demás piezas dramáticas que abordan la materia araucana (en
especial, la relación del auto con la comedia Arauco domado de Lope, aspecto
que merecería un análisis más detallado), ni voy a considerar la problemática
cuestión de la autoría. Baste recordar ahora que el auto se ha atribuido al Fénix,
mas, como asevera Lerzundi (1996:37), no existe la certeza total de que sea suyo.
Al frente del manuscrito de la BNE figura escrito: ―Famosísimo auto sacramental
de La Araucana, de Lope de Vega; es la verdad, juro a Dios y a esta †‖. Desde
que lo diera a conocer Menéndez Pelayo, el texto ha sido editado y estudiado
sin mayores cuestionamientos formando parte del corpus lopeveguesco, pero
Lerzundi matiza que este auto ―es una de las obras cuya atribución a Lope no se
ha verificado o rechazado hasta la fecha‖ (1996:71), opinión a la que me sumo.
Ciertamente, a juzgar por el estilo de los versos, bien pudiera tratarse de una obra
temprana de Lope,
7
pero en estos momentos no estoy en disposición de aportar
otros datos o argumentos que corroboren de forma fehaciente esa autoría, por lo
que prefiero seguir considerándolo un auto ―atribuido a Lope de Vega‖. La
posible dilucidación de la autoría es cuestión que habrá de quedar pendiente para
otro momento: el análisis en profundidad de las formas métricas utilizadas y sus
porcentajes, así como la comparación exhaustiva con los autos de segura
atribución a Lope, serían dos importantes elementos que deberían considerarse.
Respecto a las fuentes manejadas por el dramaturgo Lope o quien
fuese ya Menéndez Pelayo señaló que Para los incidentes dramáticos (tales
como la prueba del tronco), el poeta se inspiró más bien en La Araucana de
Ercilla que en su propia comedia Arauco domado (1963:240) (Cfr., Zugasti,
2006). Y de la misma opinión son Medina y otros estudiosos. En efecto, el
punto principal en que se basa la alegoría es la prueba del tronco para la
6
Tienen errores de lectura, mala puntuación de varios pasajes, etc. En la actualidad, tengo avanzada
una edición crítica del auto que se publicará próximamente en la sección de ―Publicaciones
digitales‖ de la página web del GRISO. Lerzundi acaba de publicar La Araucana, an annoted
Critical Edition of a Seventeenth-Century Spanish Auto-Sacramental Text (2011). Además, en la
actualidad Rodrigo Faúndez trabaja en este texto en el marco de su investigación doctoral en la
Universidad Autónoma de Barcelona.
7
Aicardo, escribe: ―Acaso pertenece La Araucana a los primeros años de Lope‖. Hay, en efecto, varios
pasajes líricos que bien pudieran ser de Lope (ritmo, gracia, metros populares, etc.) o que, al menos, no
desmerecen de su estilo (1908:39-40). Cfr., Hamilton (1968:XXXIII-XXXIV).
La Guerra de Arauco en clave alegórica: el auto sacramental de La Araucana
175
elección del toqui
8
entre los araucanos (ver La Araucana, Canto II, estrofas 51-
58); y de la obra de Ercilla provienen los nombres de cinco de los siete
personajes del auto: Teucapel (así figura en la obra el nombre de Tucapel),
Rengo, Polipolo, Colocolo y Caupolicán; inventados son, en cambio, los
nombres femeninos de Fidelfa y Glitelda, personajes cuya función sería similar
a la de un coro. Sin embargo, Lerzundi (1996:71) ha matizado esta opinión
generalizada, señalando además algunos pequeños puntos de contacto con el
Arauco domado de Lope: 1) en esta comedia, Caupolicán dice: ―Yo soy el dios
de Arauco, no soy hombre‖ (v. 215);
9
y 2) los versos de un estribillo de canción
figuran en ambas obras de forma casi idéntica (―Piraguamonte, piragua…‖,
etc.). Pero hay otro detalle, creo que más importante, que podemos tomar en
consideración: en algunos pasajes de Arauco domado se indica que Caupolicán
y sus hombres beben sangre humana, y este es un aspecto que, sin duda,
fácilmente podemos poner en relación con la alegoría eucaristía del auto.
10
Lo
mismo sucede con el momento en que Caupolicán aparece recostado al pie de
un árbol en cuyo interior se le mostrará Lautaro en sombra plasmación
visual sobre el escenario en la que cabría percibir quizá cierto carácter de
imagen cristológica, que guardaría relación también con el asunto central del
auto (Caupolicán-Cristo con el tronco de la cruz).
Por lo que respecta al argumento, comenzaré diciendo que todo el desarrollo
alegórico merecería un comentario bastante detallado, porque en mi opinión
los escasos autores que han dedicado atención al auto no han llegado a apurar toda
la red de relaciones y equivalencias que se establecen entre los dos sentidos, el
literal y el alegórico, de la obra, en esa lectura ―a dos luces‖ propia del género
autosacramental. Tampoco pienso se han señalado y analizado todas las
referencias al Viejo y al Nuevo Testamento presentes en el texto y que conforman
el entramado teológico de la pieza. Pero tampoco es este el momento de abordar tal
tarea. Retengamos ahora, simplemente, lo esencial de la alegoría:
1) Colocolo anunciando a los araucanos la necesidad de un capitán redentor es figura de San
Juan Bautista como precursor de Cristo.
2) La victoria de Caupolicán sobre el resto de caudillos araucanos (Rengo, Teucapel y
Polipolo), en distintas pruebas, simboliza la victoria de Cristo sobre las fuerzas del mal, sobre el
pecado. En efecto, Rengo es figura del Demonio (es el ángel caído, Lucifer expulsado del
Empíreo); Teucapel se corresponde con Adán, el primer hombre, introductor del pecado en la
estirpe humana, mientras que Polipolo simboliza a la Idolata.
11
8
En el auto no figura la palabra toqui, sino capitán y cacique.
9
La numeración de los versos de Arauco domado corresponde a mi propia edición, en preparación.
10
A su vez, Jaime Concha ya comparó el apresamiento y muerte de Caupolicán de La Araucana con
la Pasión y Muerte de Cristo (1969:63-66). Cfr., también Castillo (2004:66-68).
11
Para Aicardo, Polipolo simboliza la Carne; en cambio, para Lerzundi, equivocadamente, el Hombre.
Para Lerzundi, ―Polipolo representa al Hombre. Curiosamente su nombre en araucano significa ‗el que
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3) De todas esas pruebas, la más importante y definitiva es la del tronco: Caupolin cargando
sobre sus hombros el tronco es claro trasunto de Cristo abrazado al madero de la Cruz; y los
tres días que lo sostiene evocan los que van desde el momento de la Muerte de Cristo hasta su
Resurrección.
4) Por último, el banquete final que Caupolicán ofrece a los araucanos para celebrar su victoria
corresponde al banquete eucarístico con el pan y el vino transformados en el cuerpo y la sangre
de Cristo.
Repasaré, a continuación, algunas opiniones de la crítica sobre el auto. El
punto de partida ha de ser, indudablemente, el juicio, completamente negativo, que
este argumento le mereció a Menéndez Pelayo, quien en las breves palabras de
estudio introductorio que le dedica al frente de sus dos ediciones escribía:
Pieza disparatasima, o más bien absurdo delirio, en que Colocolo aparece como
mbolo de San Juan Bautista; Rengo como figura del demonio, y Caupolin
(horresco referens) como personificacn alegórica del Divino Redentor del
mundo. Muy robusta debía de ser la fe del pueblo que toleró farsa
tan irreverente y brutal. Para nosotros solo tiene curiosidad por los bailes y cantos
indígenas que la exornan (1893:XVI y 1963:239-240).
12
Esta valoración negativa la comparten también Medina y Hamilton, editores
igualmente de la pieza, así como Wardropper (―La Araucana produce una alegoría
extravagante e inaceptable‖, 1967:288), y en fechas muy recientes se ha sumado a
ella Pérez-Amador Adam, al calificar el auto de ―obra disparatada‖ (2011:334).
13
Los aspectos valorados negativamente son fundamentalmente dos: en primer lugar,
las propias analogías de Colocolo-San Juan Bautista y Caupolicán-Cristo
(recordemos el calificativo de horresco referens que empleaba don Marcelino); en
otro orden de cosas, la inclusión en el texto de vocablos que no corresponden al
código lingüístico araucano. En efecto, el auto no recoge ninguna palabra araucana,
aunque sí hay términos indoamericanos, como ha señalado Contreras (2003:15-16):
cacique, bujío (por bohío), macana, cazabe (una pasta de harina), maíz, piragua,
tambo (las cinco primeras de origen taíno o arahuaco insular; la sexta, del caribe, y
la última, del quechua).
Además, para Pérez-Amador Adam, el auto encierra una crítica a la
conquista; tras recordar que los españoles matan a Caupolicán, argumenta que
siendo el araucano una alegoría de Cristo, sus asesinos, los españoles, se
identificaron con los juos o con una alegorización del mal. El asunto encubre
llega a la mesa‘, de polo o pulú: mesa, y poulu: el que llega. Esto adquiere cierto interés por cuanto es
uno de los invitados al banquete del rito de la Eucaristía. Teucapel, por su parte, simboliza la Idolatría,
es decir el paganismo‖ (1996:38).
12
Hay que matizar que, más que ―bailes y cantos indígenas‖, son recreaciones evocadoras
basadas en voces onomatopéyicas. Cfr., Medina (1915:254).
13
Como sucede tantas veces, los juicios críticos de Menéndez Pelayo cuyas palabras se repiten
de forma mecánica y literal pasan a convertirse en tópicos difícilmente removibles.
La Guerra de Arauco en clave alegórica: el auto sacramental de La Araucana
177
una crítica a la conquista y hubiera podido ser un texto de extraordinaria
enjundia de haber Lope de Vega desarrollado el tema (2011:336).
14
Y habla después de la traslación de un pasaje (supuestamente) histórico
a un contexto dentro de un plan teleológico de la historia
La exégesis del pasaje americano como traslado de la historia redentora
presupone una concepción de la historia analógica como la aplicada por
los escolásticos para dilucidar la historia ulterior a la Encarnación como
manifestación de anuncios realizados en las Sagradas Escrituras. La
estructura de pensamiento analógico se desarrolla aquí sobre un proyecto
histórico teleológico que no sólo resuelve la contradicción de la otredad
cifrada en el ser americano, sino que aquista la detentación de espacios
históricos ajenos por medio de una superposición y superproyección de
concepciones propias sobre lo extraño (Pérez-Amador, 2011:336-337).
Frente a las anteriores, una valoracn abiertamente positiva es la de Valenn de
Pedro, quien en 1963 reconocía el aporte novedoso para la época realizado por
Lope
Hacer que las gentes vieran a Cristo en el caudillo araucano, y que
Caupolicán [y] Cristo fuesen uno en la cruz, es un pensamiento tan audaz
en un poeta español del siglo XVII, que hoy nos maravilla, como nos
maravilla la compenetración que supone, entre el poeta y el pueblo, para
que tal pensamiento triunfase en escena (Citado en Lee, 1993:220).
En el mismo sentido se expresaba, treinta años después, Francisco Ruiz Ramón
Ese mismo indio vencido [que encontramos en Arauco domado de Lope]
aparecerá en La Araucana auto como figura de Cristo redentor. Si a
Menéndez Pelayo tal identificación le hacía rasgarse las vestiduras, a
nosotros otros tiempos, otra idea de la función del teatro, otro modo de
leer el teatro clásico y la historia nos parece significativa y fascinante la
asociación Caupolicán/Cristo, hecha por un dramaturgo español del siglo
XVII para espectadores españoles del siglo XVII (1993:70).
Por su parte, Mónica Lucía Lee lo considera una perfecta muestra del
dominio por parte de Lope de las distintas técnicas y géneros teatrales. Señala
que ha sido el paralelismo entre cristianismo e idolatría lo que ha provocado la
reacción negativa de parte de la crítica; pero para ella esto supone un
interesante intento de sincretismo‖ (1993:221-222). Y añade
En todas las obras dramáticas estudiadas [de tema araucano] el mundo
español y el araucano se presentan separados y en una situación de
14
Y, luego, ―por ser este extraño auto sacramental el único de la exigua producción teatral con tema
americano del Siglo de Oro donde se ensaya una reivindicación del indígena y se entienden sus
sufrimientos como un martirio, originado por la actuación de los españoles‖ (Pérez-Amador,
2011:336).
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178
confrontación, más o menos sutil, ya sea ideológica o militar. El punto de
vista español se impone sobre el araucano, en mayor o menor medida en
cada caso. Este último grupo resulta siempre vencido o subyugado, es decir,
siempre en una posición de inferioridad. La Araucana de Lope es el primer
ejemplo en que se produce una amalgamación [sic] de los dos mundos,
impuesta por el discurso teológico propio del género (1993:223).
15
Lerzundi, tras repasar algunas de las estimaciones negativas de críticos
anteriores, ofrece la suya, más favorable
Como se ve, Menéndez Pelayo no analiza el auto, se limita solamente a
señalar su disgusto por él. Por su parte, Wardropper ve como resultado nada
más que una analogía ―fantástica‖. Sin embargo, de esta analogía: sacrificio
por la redención, tronco/madero, empalamiento/crucifixión, flechas/espinas
y finalmente el banquete sacramental, se obtienen todos los elementos que
ilustran claramente el dogma cristiano (1996:93).
Otro juicio positivo es el de Teresa J. Kirschner, quien en el capitulillo
titulado El indio portador de la Cruz, de su libro Técnicas de representación
en Lope de Vega, afirma lo siguiente
Lope da en este auto uno de estos saltos geniales suyos, salto no debido a
la inconsciencia o a la locura como ciertos críticos han pretendido, mas un
salto (aunque arriesgado) coherente […] y quizás únicamente viable en
este género más lírico y libre que es el del auto sacramental ante la
comedia (1998:106).
Tras comentar algunos detalles de esa asimilación tronco/cruz,
apoteosis de Caupolicristo‖— (1998:108), Kirchner alude a la asociación de la
antropofagia indígena con la antropofagia latente en la transubstanciación del
pan y del vino en la carne y la sangre de Cristo, y concluye que La mitificación
del discurso sobre el indio desde la perspectiva hegemónica es total. El indio ya
no es el otro, sino uno mismo‖ (108).
En la misma línea revalorizadora del auto se sitúa Constantino Contreras
en su trabajo Arauco en el imaginario de Lope de Vega. Después de realizar
un análisis bastante acertado de los distintos elementos compositivos, señala
que Lope, en esta obra
reúne aspectos de la fe cristiana cuya raíz está en la cultura bíblica del
Antiguo y el Nuevo Testamento y aspectos del credo y del
comportamiento social y guerrero de los indígenas de Arauco. La idea
parece extraña y ha merecido juicios críticos bastante severos [se refiere a
los de Medina y Sepúlveda], pero si se piensa en los destinatarios de ese
tiempo y si se piensa también en la función que ha tenido la alegoría, en
15
El sincretismo se advierte no solo en la equiparación del tronco del madero con la cruz; también en
algunas comidas mencionadas: el cazabe (pan de harina de yuca) y el maíz como cuerpo de Cristo.
La Guerra de Arauco en clave alegórica: el auto sacramental de La Araucana
179
general, y el auto sacramental, en particular, resulta ser no tan absurda o
insensata como se ha pensado (2003:18).
Y apunta la siguiente hipótesis sobre el objetivo de este auto (que no
podemos corroborar, pues no disponemos de datos acerca de posibles
representaciones)
Es probable que este auto sacramental en particular haya sido puesto al
servicio de la evangelización, es decir, haya tenido el propósito de hacer
comprender que el ejemplo de Cristo puede encontrar eco en cualquier
individuo o grupo humano, incluso en los indígenas americanos,
calificados entonces como esencialmente infieles‖ (18).
16
En fin, en una valiosa monografía de 2009, Moisés R. Castillo ofrece
unas muy interesantes reflexiones sobre el auto (por desgracia, no dedica un
apartado específico a su análisis como hace con las comedias que tratan la
conquista de Chile, pero sí introduce algunos comentarios al referirse a Arauco
domado de Lope). Así, escribe
Caupolicán tras cantar este soneto [―Señor, si yo era bárbaro, no tengo…‖
en Arauco domado] ha muerto empalado y flechado igual que en La
Araucana de Ercilla, pero con la entereza de un héroe, con ese estoicismo
católico del que se sabe salvado que nos recuerda al Caupolicán-Cristo
que el mismo Lope propone en su auto posterior, La Araucana. […]
Caupolicán-Cristo, una imagen que Menéndez Pelayo ha tachado de
absurdo delirio, farsa tan irreverente y brutal, no es, a mi parecer, tan
peregrina. Obviamente, que el cacique indio en el drama se sacrifique por
los pecados de su pueblo es algo inverosímil, pues no acepta, cual Cristo,
la captura y el castigo al menos este último hasta avanzada su
conversión en escena. En cambio, sí me parece que ese Caupolicán-Cristo
representa en la comedia de Lope ante el auditorio una personificación
alegórica del valor, del arrepentimiento, del sacrificio y de la regeneración
que lleva aparejado, y de la confianza en Dios. Caupolicán ha sido elevado al
plano heroico en el que se encuentra Hurtado de Mendoza como hiciera en
La Araucana Ercilla en su día ensalzando tanto al soldado español como al
indio, aunque concretamente el marqués no fuera santo de su devoción.
Ambos, aguerridos héroes, lo han dado todo por sus respectivos pueblos e
ideales, ideales que, tras la conversión del indio, coinciden (2009:89).
Castillo destaca que, al ofrecerse don García para ser el padrino de bautismo
de Caupolicán, se forma un parentesco entre el español y el amerindio, y con ello,
en su opinión, ―comienza el capítulo definitivo de la pacificación/ evangelización
de Arauco‖
16
Ver otro acercamiento en Muñoz González (1992).
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180
De este modo, mediante el pío arrepentimiento del cacique que se lleva a
cabo en escena [en Arauco domado], Lope conecta al indio con el
español, al nuevo súbdito con su también nuevo monarca, al hijo con el
Padre, al personaje con su público, a América con España. Esta conexión
culminará posteriormente con la presentación de la figura de Caupolicán-
Cristo en su auto La araucana, de modo tal que Cristo es también
americano, Cristo es definitivamente universal (2009:91).
En fin, añade Castillo esta otra idea, que me parece plenamente acertada:
Y es que la construcción positiva que se hace del Otro, tanto en Ercilla
como en Lope, si bien sirve para denunciar los excesos de los peninsulares,
no subvierte en modo alguno el discurso del colonizador (2009:93).
3. LA CONSTRUCCIÓN ALEGÓRICA DEL AUTO: CAUPOLICÁN = CRISTO
El desarrollo argumental y alerico de la pieza presenta un esquema tripartito.
En el primer tramo del auto, Colocolo anuncia a los araucanos, que viven sojuzgados
al extranjero, la necesidad de un capitán que los redima y salve. Hay detalles que
equiparan a Colocolo con San Juan Bautista (es la aurora de un Sol que pronto
vendrá, es la voz que clama en el desierto, no merece calzarle la sandalia a quien
viene después de él, morirá por culpa de un baile…). El segundo tramo muestra la
rivalidad y el enfrentamiento entre Caupolicán y otros candidatos a la jefatura,
primero con la competición en salto y carrera, luego con la prueba del tronco. En la
parte final asistimos a una nueva contraposicn de Caupolicán-Cristo y Rengo-
Demonio, que ofrecen sendos banquetes a los araucanos. Caupolicán-Cristo les da su
cuerpo, que es Pan de Vida, en tanto que Rengo les presenta un plato con siete
culebras, los siete pecados capitales, en suma, un pan de muerte. Desde el punto de
vista esnico, la contraposición de ambos personajes y banquetes se visualiza por
medio de su aparición en dos nubes diferentes, cada una en un carro.
Si nos centramos ya en la construcción del personaje de Caupolicán-Cristo,
la primera referencia que encontramos es indirecta, en el parlamento inicial de
Fidelfa, cuando comenta que el Bautista Colocolo ―a Arauco ofrece / el capitán de
quien fío / su divina redención (417b).
17
La segunda indicación está puesta en
boca de Colocolo, quien responde (cuando los araucanos le preguntan si es él el
varón divino prometido y deseado) con estas palabras
Voz de la Palabra soy
que era Dios en el principio
y estaba cerca de Dios,
y esta palabra que vimos
Dios y cerca de Dios fue
en el principio… (419a-b).
17
Cito por la edición de Menéndez Pelayo, pero modernizando grafías y retocando la puntuación,
sin indicarlo.
La Guerra de Arauco en clave alegórica: el auto sacramental de La Araucana
181
Se trata de una réplica que remite claramente al pasaje inicial del Evangelio
de San Juan. Colocolo señala que él es solo estrella precursora o aurora del Sol que
ha de redimirlos
La luz
que ilumina los distritos
de Arauco es Caupolicán,
y yo soy quien la publico;
decir quiere ―el poderoso‖
en nuestra lengua, y se ha visto
esta verdad en el santo
Caupolicán con prodigios
y señales milagrosas (419b).
E insiste ahora nuevamente en que no es digno de desatar la correa de sus
pies. Frente a las pretensiones de alzarse con el mando que tienen Rengo (el
Demonio), Teucapel (el Hombre) y Polipolo (la Idolatría), Colocolo anuncia que
Caupolicán, ―cuyo esfuerzo y valor es sempiterno‖ (421b), ha de vencerlos; y se
lamenta luego de que, aunque vive entre ellos, no le han conocido (palabras que
remiten de nuevo a la Sagrada Escritura: Mateo, 17, 12). Al mismo tiempo,
Colocolo alude a las dos naturalezas, divina y humana, de Caupolicán-Cristo
humanado, al señalar que viene ―el gigante divino en hombre tierno‖ (421b).
A esta altura del auto aparece en escena Caupolicán, como indica la acotación:
Mientas cantan, baja de lo alto del carro Cristo, en figura de Caupolin, de indio,
vestido famosamente‖ (422a). No se especifica en q consiste el vestido, pero
plumas, mantas y flechas han sido los elementos visuales que le han bastado al
dramaturgo para caracterizar simbólicamente al resto de personajes araucanos, y
podemos imaginar que la misma caracterizacn, aunque especialmente bizarra, sea
la que presentaría Caupolicán. Su llegada, entre canciones de alabanza que ponderan
que ―es Dios y hombre‖, con palmas arrojadas a sus pies para alfombrar su camino,
está calcando la entrada de Jesús en Jerusalén, antes de su Pasión y Muerte.
Caupolicán asegura que en él ―las promesas se han cumplido‖ (423a); y al
comenzar la argumentación con sus rivales, en particular con Rengo, sobre
quién ha vencido en la competición de salto, afirma que su salto ha sido el
mayor, pues saltó del Cielo a la Encarnación en el seno de una Virgen; de ahí a
la Cruz; de la Cruz al sepulcro y al infierno; y, finalmente, del infierno
nuevamente al Cielo. Respecto a la prueba de carrera, argumenta que él ha
podido pasar por encima de las aguas del mar. Pero estos argumentos no
resultan suficientes para que se proclame su victoria, y la lucha con sus rivales,
sobre todo con Rengo, se visualiza escénicamente como un combate verbal que
se estructura en torno a las tentaciones del demonio a Cristo: en efecto, Rengo-
Demonio le pide sucesivamente que convierta las piedras en pan y que se arroje
desde los alto del templo, para ofrecerle después toda la extensión de la tierra de
Carlos Mata
182
Arauco si le rinde pleitesía (Cfr., Mateo, 4, 9-10). Caupolicán-Cristo sabe
vencer las tres tentaciones, y en cada una de ellas cae al suelo derrotado Rengo.
Luego vence también y derriba por tierra a Teucapel (que se identifica ahora
con la Gentilidad), y lo mismo hace con Polipolo (que es la bárbara Idolatría).
Dos detalles me interesa destacar de este tramo del auto: 1) la presencia
de canciones que subrayan líricamente estas luchas y victorias de Caupolicán,
con estribillos que tienen voces onomatopéyicas (424a-425a); y 2) el hecho de
que las pruebas para la elección del capitán redentor de Arauco son múltiples: a
las ya mencionadas competiciones en salto y en carrera se suma ahora la prueba
definitiva de fuerza, consistente en sostener el tronco de un árbol durante el
mayor tiempo posible. Rengo, Teucapel y Polipolo sostienen por cierto tiempo
el madero (y el pasaje textual referido a cada uno de ellos tiene su
correspondencia en distintos lugares evangélicos); pero el vencedor, sin duda
alguna, resulta Caupolicán, quien al llegar al madero exclama
Venid, sacro madero,
y comiencen en vos mis monarquías,
que sustentaros quiero
sobre mis hombros por eternos días
para que el peso grave
leve sea desde hoy y yugo suave (426a).
Rengo le pide que porte el madero durante tres días (en el plano figurado,
los tres días que median entre la muerte y resurrección de Cristo), pero
Caupolicán le responde que va a hacer más que eso, va a clavarse en él
Por que veas
hoy las grandezas mías
y en él, Rengo infernal, vencido seas,
yo haré que eternamente,
sustentándole a él, él me sustente.
En él clavarme quiero
porque, los dos unidos de esta suerte,
yo triunfe en el madero
y él triunfe en mí, quedando vida y muerte
reparada y vencida,
y Arauco en mí triunfe redimida (426b).
Con el madero de la Cruz Caupolicán-Cristo no sólo vence a todos sus
rivales (Rengo se marcha sobre un dragón que vierte fuego, como indica la
acotación escénica), sino que logra la liberación completa de Arauco, esto es, la
verdadera y eterna redención del género humano.
En fin, la parte última del auto (avanzamos hacia la exaltación eucarística
habitual en el género) desarrolla el doble banquete que se ofrece a los araucanos.
Se abren dos nubes, una blanca, en la que se ve a Caupolicán con cáliz y plato; y
La Guerra de Arauco en clave alegórica: el auto sacramental de La Araucana
183
otra negra, en la que aparece Rengo con un plato de culebras y otras inmundicias.
El que trae el primero es un Pan de Vida, mientras que el que ha preparado su
rival es un pan de muerte (forman su banquete siete platos, que son trasunto de los
siete pecados capitales). Esta escena final del doble y antitético banquete resulta
muy interesante, pero no puedo analizar ahora todo su desarrollo escénico. Sí me
importa destacar este parlamento de Caupolicán a sus gentes
Llegad, llegad al convite,
valerosos araucanos,
que hoy en comida se ofrece
el que viene a convidaros.
Por el cazabe y maíz
Pan de los Cielos os traigo,
que en leche los pechos puros
de una Virgen lo amasaron;
y por ver que sois amigos
de carne humana, hoy os hago
plato de mi carne misma:
¡mirad si es sabroso plato!
Comed mi carne y bebed
mi sangre, que regalaros
con aquello mismo quiero
de que todos gustáis tanto (428a).
Argumentación sin duda interesante, porque en ella se asimila el supuesto
canibalismo de los indígenas araucanos con el hecho de comer el cuerpo y la
sangre de Cristo como alimento espiritual del cristiano, y es aquí donde se halla
ese sincretismo de culturas que ha destacado parte de la crítica como uno de los
aspectos más valiosos y modernos de la obra.
Termino ya, destacando que este auto sacramental de La Araucana,
atribuido a Lope, constituye un texto dramático de notable interés, que requiere
además de una solvente edición crítica un análisis más profundo y
completo de su desarrollo argumental, el cual resulta coherente dentro de la
alegoría (retórica, simbólica, poética) propia del género, en la que los distintos
elementos funcionan dentro de una compleja red de relaciones que une los dos
planos de la obra, el literal y el figurado. En fin, esta trama sacada de la materia
de las guerras de Arauco, lejos de constituir un disparate, demuestra que para un
ingenio barroco cualquier argumento, manejado con maestría dramática, podía
servir para plasmar artísticamente la historia de la redención humana (caída en
el pecado, arrepentimiento y salvación final merced a la acción redentora de
Cristo), que es lo esencial en el género del auto sacramental.
Universidad de Navarra*
Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO)
Carlos Mata
184
Campus universitario s/n
31009 Pamplona-Navarra (España)
cmatain@unav.es
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Article
This volume examines the staging techniques used by Lope de Vega in his comedies, especially those dealing with national historic/legendary materials, and with the Spanish-American landscape. Taking as a premise the difference between 'telling' and 'representing', Professor Kirschner bases her study on the performance aspects of the text, giving equal value to 'extra-verbal' and 'verbal' signs, such as those which describe the scenery and character's physique; other visual (decor, wardrobe, movement, gesture, lighting) and acoustic (music, voices, songs) elements are also analysed. The first part of the book deals with specific dramatic strategies used by Lope in his representation of dreams, sexuality, and the collective character; the author then moves on to consider the implications of staging within the structure of the plays. The final section is centred on Lope's dramaturgy of the New World, specifically the discourse in favour of the Conquest, and its opposite, the discourse in favour of the 'Indian'. Professor TERESA J. KIRSCHNERteaches in the Department of Spanish Studies at Simon Fraser University.
Article
The encounter between Spain and the New World --the Americas-- is one of the distinctive historical events of the 15th century. So it is surprising that there is very little reference to the Americas in the many plays remaining from the Spanish Golden Age theatre. This thesis studies six plays centering on the Arauco wars in Southern Chile and the figure of one of the first governors of that country, don Garcia Hurtado de Mendoza. The main objective of this study is to demonstrate to what extent the literary elaboration of the topic contributed to the vision of the New World held by the Spanish public. The dramatists that dealt with this theme did not have any direct contact with the Americas, therefore their representation of that world was based on oral accounts and literary sources available at the time. Among the latter are the letters of a conqueror, two chronicles, two epic poems and a panegiric text. The first part of this thesis consists of the textual analysis of this literary corpus. The main focus of the analysis is the influence of these sources on the dramas and how the characteristics of each genre contributed to their creation. The analysis of the dramatic works with Araucanian content (five plays and one auto sacramental) forms the second part of this thesis. The approach centers particularly on the representation of the Indian world as the "Other" opposed to the Spanish world. The analysis of these texts shows the subtle evolutionary process by which the treatment of the historical fact --Arauco and the Conquest-- in the theatre contributed to create the "idea" of America held at the time in Spain. Also, the re-elaboration of characters and motives indicates the emergence of native mythical figures which have become part of the historic and cultural patrimony of Chile today.