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Ninety-four years of the theory of continental drift by Alfred Lothar Wegener

Authors:

Abstract

The theory of continental drift was propounded by Alfred Wegener since 1912. It represents a major advance in the history of science, because it revolutionized the concepts about the terrestrial dynamics. Since it was conceived, the idea of the movement of continents was not only overwhelming but polemic. Alfred Wegener had the merits of being the first to build a congruent explanation about the horizontal movement of continents. He was a soldier of the German army, professor of meteorology, and tireless traveler. Wegener developed a brand new theory with paleontological, geological and geophysical evidences. This work deals with a brief historical reconstruction about the rise and development of the theory of continental drift. At the beginning, it caused a strong polemic among the geologists, paleontologists and geophysicists' communities. Later on, the development of paleomagnetic studies led to the modem theory of plate tectonics. Wegener's theory was unable to give a clear explanation about the mechanism of such horizontal movements, contrary to plate tectonic theory, which later could construct a convincing explanation based upon studies of the oceanic floor and paleomagnetic data. Although Wegener could not find a satisfactory mechanism to explain the continental drift, he had the merit of gathering all the evidence available at his time to establish in a solid manner the horizontal movement of continents.
536 JUL 2006, VOL. 31 Nº 7
RESUMEN
La teoría de la deriva continental propuesta por Alfred Wege-
ner desde 1912 representa un episodio muy importante en la histo-
ria de la ciencia, ya que revolucionó el concepto de la dinámica
terrestre. Desde su surgimiento, la idea de que los continentes po-
dían desplazarse, cambiando completamente la configuración de tie-
rras y mares fue además de impactante, polémica. Alfred Wegener
fue el primero en elaborar una explicación coherente sobre el des-
plazamiento de los continentes. Soldado del ejército alemán, profe-
sor de meteorología y viajero incansable, Wegener fue capaz de
desarrollar una teoría geológica completamente audaz y novedosa a
partir de evidencias paleontológicas, geológicas y geofísicas. En
este trabajo se hace una breve reconstrucción histórica del surgi-
miento y desarrollo de la teoría de la deriva continental. Inicial-
mente suscitó una fuerte polémica entre las comunidades de
geólogos, paleontólogos y geofísicos. El desarrollo ulterior de los
estudios paleomagnéticos condujo a la moderna teoría de la
tectónica de placas. La teoría de Wegener fue incapaz de desarro-
llar una explicación convincente sobre el mecanismo de los movi-
mientos horizontales de la superficie terrestre. La tectónica de pla-
cas por el contrario surgió como resultado de los estudios del fon-
do oceánico y paleomagnéticos, que se convirtieron en la evidencia
empírica que da sustento al movimiento de las placas tectónicas.
Si bien Wegener no pudo encontrar un mecanismo para explicar la
deriva de los continentes, tuvo el mérito de reunir toda la evidencia
posible en su época para establecer sólidamente el movimiento ho-
rizontal de los continentes.
Alfred Lothar Wegener
propuso la teoría de la deriva
continental en 1912. En vís-
peras de su centenario, vale
dejar constancia de la impor-
tancia de su elaboración. Es
en gran medida gracias a
Wegener que se inició la
construcción de los modelos
que ahora permiten entender
mejor las causas de catástro-
0378-1844/06/07/536-08 $ 3.00/0
PALABRAS CLAVE / Deriva Continental / Pangea / Puentes Continentales / Tectónica de Placas /
Recibido: 02/11/2005. Modificado: 26/05/2006. Aceptado: 29/05/2006.
Carlos Pérez-Malváez. M.C. en
Enseñanza e Historia de la Bio-
logía, Facultad de Estudios Supe-
riores (FES) Zaragoza, Universi-
dad Nacional Autónoma de
México (UNAM). Profesor,
UNAM, México. Dirección: Mu-
seo de Zoología, Campo II. Ba-
talla 5 de mayo s/n, Col. Ejército
de Oriente, Iztapalapa. 09230
México DF. e-mail:
malvaez@servidor.unam.mx
Alfredo Bueno Hernández. Doctor
en Ciencias, FES Zaragoza,
NOVENTA Y CUATRO AÑOS DE LA TEORÍA DE LA DERIVA
CONTINENTAL DE ALFRED LOTHAR WEGENER
Carlos Pérez-Malváez, Alfredo Bueno H., Manuel Feria O. y Rosaura Ruiz R.
UNAM, México. Profesor,
UNAM, México. e-mail:
abueno@sevidor.unam.mx
Manuel Feria Ortiz. M.C., FES Za-
ragoza, UNAM, México, Profe-
sor, UNAM, México. e-mail:
mferiaortiz2servidor.unam.mx
fes como la ocurrida recien-
temente en Indonesia. La
subducción de la placa de la
India bajo la placa de Birma-
nia provocó la ruptura que
causó el sismo de 9 grados
en la escala de Richter, así
como el tsunami resultante.
Lo que se entiende mucho
menos es que a pesar de la
globalización de las comuni-
caciones y de los sistemas de
detección de sismos, no se
haya podido evitar la pérdida
de alrededor de 300000 vidas
humanas. Alfred Wegener, a
diferencia de lo que se cono-
ce actualmente, pensaba en
términos de movimientos
continentales y no de placas
tectónicas, pero su gran idea
sobre el desplazamiento fue
y sigue siendo impactante,
no solo por los resultados ca-
tastróficos que produce para
la especie humana, sino por-
que implicó la audacia de
imaginar una fuerza colosal
capaz de mover continentes
enteros hasta el punto de re-
componer completamente la
disposición de tierras y ma-
res en el curso de las eras
Rosaura Ruiz R. Doctora en
Ciencias, UNAM, México.
Profesor, UNAM, México.
e-mail:
rosaura@sevidor.unam.mx
537
JUL 2006, VOL. 31 Nº 7
RESUMO
A teoría da deriva continental proposta por Alfred Wegener,
em 1912, representa um importante episódio na história da ciên-
cia, pois revolucionou o conceito da dinâmica terrestre. Desde
seu surgimento, a idéia de que os continentes podiam deslocar-
se, mudando completamente a configuração da terra e dos ma-
res foi impactante e polêmica. Alfred Wegener foi o primeiro a
elaborar uma explicação coerente sobre o deslocamento dos
continentes. Soldado do exército alemão, professor de meteo-
rología e viajante incansável, Wegener foi capaz de desenvolver
uma teoria geológica audaciosa e inovadora, a partir de evidên-
cias paleontológicas, geológicas e geofísicas. Neste trabalho se
faz uma breve reconstrução histórica do surgimento e desenvol-
vimento da teoria da deriva continental. Inicialmente, a teoria
geológicas. Este trabajo pre-
tende reconstruir en sus pun-
tos básicos la historia del
surgimiento y desarrollo de
la teoría de la deriva conti-
nental.
Aspectos Biográficos
La teoría de la deriva con-
tinental está irrevocablemente
asociada al nombre de Alfred
Wegener, quien fue el prime-
ro que presentó argumentos
lógicos y coherentes a favor
de su hipótesis, tomando en
cuenta una amplia gama de
fenómenos naturales (Hallam,
1989).
Alfred Lothar Wegener
(1880-1930; Figura 1) nació
en Berlín. Fue hijo de
Richard y Anna Wegener y
tuvo dos hermanos, Kurt y
Tony. Por casi 300 años la
familia Wegener proveyó clé-
rigos evangelistas a la grey
cristiana. El padre de Wege-
ner no fue la excepción;
Doctor en Teología, estuvo a
cargo de un orfanato. En
1886, cuando Alfred tenía 6
años, la familia compró una
casa de verano en las afueras
de Berlín. Desde entonces
adquirió su afición por el de-
porte al aire libre. Practicaba
en verano lo mismo el
alpinismo que la natación o
la navegación. En el invierno
acostumbraba esquiar y pati-
nar (Greene, 1984).
Wegener terminó sus estu-
dios secundarios en septiem-
bre de 1899 en el Köllni-
schen Gymnasium de Berlín;
luego continuó en las Uni-
versidades de Heidelberg,
Innsbruck y Berlín. De sep-
tiembre de 1902 a septiem-
bre de 1903 trabajó como
astrónomo en el observatorio
de la Sociedad Urania, en
Berlín. De 1905 a 1906 es-
tuvo como asistente en el
Aeronautic Observatory, en
Lindenberg. Se doctoró en
Astronomía en la Universi-
dad de Berlín el 24 de no-
viembre de 1904, con un
trabajo que consistió en con-
vertir un juego de tablas
astronómicas, las Tablas
Alfonsinas del movimiento
planetario, de sexagesimales
a decimales (Schwarzbach,
1986). Con ello dio término
a su incursión en la astrono-
mía, disciplina en la que se
requería talento matemático,
equipo caro y un tempera-
mento casero, tres cosas de
las que carecía, según él
mismo afirmaba (Greene,
1984).
Desde sus inicios como es-
tudiante había tenido la ilu-
sión de explorar Groenlandia
y también se había sentido
enormemente atraído por una
ciencia relativamente moder-
na: la Meteorología. Como
preparación para sus expedi-
ciones a la Antártida, Wege-
ner entró a programas de ca-
minatas largas. Llegó a do-
minar el uso de cometas y
globos para observaciones
climatológicas. Incursionó en
la aeronáutica con tal éxito,
que en 1906, junto con su
hermano Kurt (1878-1964),
estableció un récord mundial
de 52 horas de vuelo ininte-
rrumpido. La preparación de
Wegener tuvo su recompensa
cuando fue elegido como
meteorólogo de una expedi-
ción danesa que partió hacia
el noreste de Groenlandia. La
expedición, que llevaba como
líder a Mylius-Erichsen, duró
suscitou uma forte polêmica entre as comunidades de geólogos,
paleontólogos e geofísicos. O desenvolvimento ulterior dos estu-
dos paleo-magnéticos conduziu à moderna teoria da tectônica de
placas. A teoria de Wegener foi incapaz de desenvolver uma ex-
plicação convincente sobre o mecanismo dos movimentos hori-
zontais da superfície terrestre. A tectônica de placas, ao contrá-
rio, surgiu como resultado dos estudos de fundo oceânico e
paleo-magnéticos, que se converteram na evidência empírica,
que deu base ao movimento das placas tectônicas. Embora
Wegener não tenha podido descobrir um mecanismo para expli-
car a deriva dos continentes, teve o mérito de reunir toda a evi-
dência possível em sua época, para estabelecer solidamente o
movimento horizontal dos continentes.
de 1906 a 1908. Esta fue la
primera de cuatro expedicio-
nes que haría al territorio
que más le interesaba (Hal-
lam, 1975).
Durante los dos primeros
años que pasó en Groenlan-
dia, Wegener emprendió una
variedad de trabajos científi-
cos sobre Meteorología, Geo-
logía y Glaciología (Greene,
1984). Fue una expedición
salpicada de fatalidades, que
sin embargo no le impidieron
adquirir reputación como
miembro expedicionario com-
petente y destacado viajero
polar. Regresó a Alemania
con volúmenes de observa-
ciones climatológicas. Entre
1909 y 1919 califica y recibe
habilitación como profesor de
meteorología y astronomía;
luego es designado Privatdo-
zent y a partir de 1917, Pro-
fesor de la Universidad de
Marburg. En esta época pu-
blica más de 40 artículos, la
mayoría basados en sus estu-
dios de precipitación e inver-
sión térmica en Groenlandia,
sobre el origen de las tor-
mentas ciclónicas y fenóme-
nos ópticos de altas latitudes,
SUMMARY
The theory of continental drift was propounded by Alfred
Wegener since 1912. It represents a major advance in the history of
science, because it revolutionized the concepts about the terrestrial
dynamics. Since it was conceived, the idea of the movement of con-
tinents was not only overwhelming but polemic. Alfred Wegener had
the merits of being the first to build a congruent explanation about
the horizontal movement of continents. He was a soldier of the Ger-
man army, professor of meteorology, and tireless traveler. Wegener
developed a brand new theory with paleontological, geological and
geophysical evidences. This work deals with a brief historical re-
construction about the rise and development of the theory of conti-
nental drift. At the beginning, it caused a strong polemic among the
geologists, paleontologists and geophysicists' communities. Later on,
the development of paleomagnetic studies led to the modern theory
of plate tectonics. Wegener’s theory was unable to give a clear ex-
planation about the mechanism of such horizontal movements, con-
trary to plate tectonic theory, which later could construct a convinc-
ing explanation based upon studies of the oceanic floor and paleo-
magnetic data. Although Wegener could not find a satisfactory
mechanism to explain the continental drift, he had the merit of
gathering all the evidence available at his time to establish in a
solid manner the horizontal movement of continents.
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ilustrados con una selección
de los centenares de fotogra-
fías tomadas por él mismo.
Este periodo, que fue el más
productivo de su carrera
científica, culminó con su
primer libro, Thermodynamik
der Atmosphäre (1911), que
alcanzó tres ediciones y lue-
go dejó de imprimirse por
voluntad expresa de su autor,
para ser sustituido por uno
nuevo, publicado en 1935
con el título de Vorlesungen
über Physik der Atmosphäre,
(Wegener K, 1966).
En Marburg, Wegener re-
afirmó su amistad con Wla-
dimir Köppen (1846-1940),
quien anteriormente lo había
provisto con equipo para su
primera expedición a Groen-
landia. Visitó a la familia
Köppen varias veces en
Hamburgo, adquiriendo valio-
sos consejos del maestro me-
teorólogo y estableciendo una
creciente amistad con su hija
Else Köppen, quien más tar-
de se convertiría en su espo-
sa y colaboradora científica.
Tuvieron tres hijos, Hilde,
Käthe y Charlotte. Recién
casado, se llevó a su esposa
a vivir a Marburg para conti-
nuar con un ambicioso pro-
grama de investigación que
había diseñado sobre física
atmosférica. Sin embargo, la
primera Guerra Mundial se
interpuso en sus planes.
De acuerdo con Takeuchi
et al. (1986), en el Instituto
de Física de Marburg, donde
estuvo como profesor desde
1908 hasta 1912, se le re-
cuerda como un maestro jo-
ven y dinámico cuyas cuali-
dades más sobresalientes
eran su sinceridad intelectual
y su espíritu abierto, unidas a
su modestia en el trato con
sus discípulos. Sus lecciones
cautivaban siempre a sus
oyentes por su notable senci-
llez y claridad.
En 1912 Wegener realizó
una nueva expedición a
Groenlandia con el explora-
dor danés J.P. Koch, notoria
por ser la travesía más larga
hecha a pie sobre el casquete
glaciar. En esta expedición el
propósito fue realizar estu-
dios en glaciología y clima-
tología. Años después, sería
el propio Wegener quien iría
como líder de otras dos ex-
pediciones a Groenlandia, la
primera de 1929 a 1930 y la
segunda inmediatamente des-
pués, de 1930 a 1931 (Bu-
llen, 1976).
De 1914 a 1919, Wegener
estuvo en el ejército. Inicial-
mente fue llamado a filas
como teniente de infantería
del 3er regimiento de grana-
deros Queen Elisabeth. Du-
rante un avance dentro de
Bélgica fue herido, suceso
del que se recobró con pron-
titud. Sin embargo, tan solo
catorce días después fue nue-
vamente alcanzado por una
bala que se alojó en su cue-
llo. Como resultado, ya no
fue considerado apto para la
milicia activa y se le envió al
campo del Servicio Militar
Climático, donde estudió los
tornados e investigó el im-
pacto causado por un meteo-
ro de gran magnitud. Su con-
valecencia duró varios meses,
tiempo que utilizó para revi-
sar y ampliar su evidencia
sobre la teoría del desplaza-
miento de los continentes,
que apareció en 1915 como
un libro de noventa páginas.
En el difícil año después
del armisticio, luego de ha-
ber concluido la primera
Guerra Mundial, los Wegener
unieron viviendas con la fa-
milia Köppen en Hamburgo.
En 1919, Wegener regresó a
la vida académica por un pe-
ríodo de 5 años, sucediendo
a su suegro en la dirección
del Departamento de Meteo-
rología Teórica del Servicio
Atmosférico del German
Marine Observatory y traba-
jando también en la Universi-
dad de Hamburgo. Él y su
hermano Kurt quedaron a
cargo de la estación experi-
mental meteorológica situada
en Grost Borstel, próxima a
Hamburgo. Alfred Wegener
se hizo cargo del Coloquio
Geofísico, que regularmente
se reunía en casa de Köppen.
Entretanto continuaba su tra-
bajo sobre Groenlandia. En
un viaje que hizo a los mares
de Cuba y México durante
1922 tomó mediciones, junto
con Erich Kuhlbrodt, de las
corrientes superiores sobre el
Atlántico, anticipándose al
viaje aéreo trasatlántico
(Schwarzbach, 1986).
La relación entre los her-
manos Wegener y Wladimir
Köppen dio como resultado
una intensa serie de colabo-
raciones. Köppen se mostró
al principio escéptico sobre
las ideas de Wegener sobre
el desplazamiento de los con-
tinentes e incluso temeroso
de que arruinara su oportuni-
dad de ejercer un profesora-
do con especulaciones tan
audaces. Sin embargo, quedó
a fin de cuentas convencido.
Desde su retiro, Köppen de-
dicó cada vez más tiempo a
desarrollar con Alfred una
nueva línea de evidencia so-
bre el desplazamiento conti-
nental, que dio como resulta-
do la publicación en 1924 de
un trabajo conjunto intitulado
Die Klimate der geologischen
Vorzeit. La energía y amplia
percepción de Alfred fue
complementada con la expe-
riencia, sagacidad y erudición
de Köppen. Los paleoclima-
tólogos han reconocido desde
hace tiempo la gran relevan-
cia del trabajo de Wegener
en esta área.
A Wegener le motivaban
también otros intereses inte-
lectuales. En 1919 publicó un
breve y excelente libro, Die
Entstehung der Mondkrater,
donde defendía la hipótesis
de que los cráteres de la
Luna eran creados por im-
pacto en lugar de ser resulta-
do de actividad volcánica.
Sus argumentos se basaban
sobre algunas simulaciones y
fotografías. Aunque tal traba-
jo no tenía ninguna conexión
con la meteorología ni con el
desplazamiento continental,
su intelecto seguía rondando
sobre ambas materias.
Todos estos años significa-
ron una profunda interioriza-
ción intelectual de Wegener
dentro de la teoría del des-
plazamiento continental. Una
edición revisada y ampliada
del libro de 1915 apareció en
1920, y otra en 1922. Hacia
1926, la hipótesis de Wege-
ner era tan controvertida y se
había difundido tanto a tra-
vés de las diversas traduccio-
nes de su libro que se orga-
nizó un simposio sobre ella
en Nueva York, promovido
por la Asociación Americana
de Geólogos Petroleros. We-
gener no asistió (Greene,
1984). Quizá fue una buena
decisión, ya que los partici-
pantes, casi todos británicos
y americanos, hicieron viru-
lentos ataques no solo a sus
ideas, sino también a su per-
sona, empleando incluso la
difamación y poniendo en
tela de juicio la originalidad,
competencia y honestidad de
su autor. Wegener se desilu-
sionó con esta respuesta y
mientras llevaba a cabo una
revisión mayor de su libro,
motivado por publicaciones
recientes y por nuevas críti-
cas a su teoría, comentó a su
hermano Kurt que haría una
última edición de su libro
más conocido, Die Ent-
stehung der Kontinente und
Ozeane. Los escritos en torno
a su teoría se acumulaban
tan rápidamente que se hacía
prácticamente imposible que
una sola persona pudiera es-
tar al tanto de todos ellos.
En 1928, Wegener concluyó
que una nueva revisión de su
libro sería superior a sus
fuerzas, no sólo por lo exten-
so de la literatura sino por el
carácter cada vez más espe-
cializado que adquiría. Por
tanto, decidió que cualquier
edición adicional que pudiera
resultar apareciera sin altera-
ción (Wegener K, 1966).
Wegener se expresaba así:
“Sólo a través del resumen
de todas las geociencias po-
demos esperar indagar “die
Wahrheit” (la verdad); esto
significa encontrar aquella
imagen que represente los
hechos en el mejor orden y
que por lo tanto tenga dere-
cho en reclamar para sí una
mayor probabilidad; también
debemos estar conscientes de
que cada nuevo descubri-
miento puede afectar el re-
sultado” (Wegener, 1929 en
Jacoby, 1980, p. 126).
En 1927 Wegener decide
hacer una expedición a
Groenlandia con un fuerte
apoyo de la Asociación Ale-
mana de Investigación. Su
experiencia y reputación lo
convertían en la persona idó-
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JUL 2006, VOL. 31 Nº 7
lebró sus 50 años el 1 de no-
viembre de 1930 y salió a la
siguiente mañana. La última
fotografía muestra a un We-
gener determinado, con su
bigote empastelado con es-
carcha de hielo y con un
Villumsen de gesto no muy
complacido a su lado. Se
sabe que el viento era fortísi-
mo y había una temperatura
de -50ºC. Nunca más se les
volvió a ver vivos. El cuerpo
de Wegener fue encontrado
bajo la nieve el 8 de mayo
del siguiente año envuelto en
su bolsa de dormir y con una
piel de reno. Sus manos no
mostraban congelamiento, lo
que indica que no murió du-
rante el camino a causa del
frío, sino probablemente den-
tro de su tienda de campaña
a causa de un paro cardiaco
producido por un esfuerzo fí-
sico excesivo. El cuerpo de
Villumsen nunca se recuperó,
como tampoco el diario de
Wegener que posiblemente
contenía sus últimos pensa-
mientos.
La esposa de Wegener,
Else, recibió el ofrecimiento
del gobierno alemán para en-
viar un acorazado por el
cuerpo y honrarlo con un fu-
neral público, sin embargo,
ella declinó. Más bien, insis-
tió en que su cuerpo se deja-
ra intacto dentro de la capa
de hielo. Allí continúa toda-
vía, descendiendo lentamente
dentro de un enorme glaciar,
que algún día se desprenderá
y quedará flotando como ice-
berg, al igual que el barco
funerario del vikingo errante
que, como Else a menudo
bromeaba, descansaba dentro
del espíritu de Wegener
(Greene, 1984).
Surgimiento de la Teoría
En 1910 un compañero de
oficina de Wegener recibió
un Atlas del Mundo como re-
galo de Navidad. Wegener
quedó asombrado por la con-
gruencia de las costas atlánti-
cas de Surámerica y África,
que parecían continentes an-
tes continuos. Köppen razo-
naba que “...probably many a
scientist when looking at the
map of the world had already
proceso de enfriamiento des-
de su estado original de ne-
bulosa incandescente, por lo
que la corteza externa se
contrae alrededor de un inte-
rior en proceso de encogi-
miento.
En ese tiempo muchos
geólogos apoyaban la tesis
de que varias porciones del
piso oceánico se levantan y
se hunden intermitentemente
en un proceso de progresiva
solidificación y contracción
de la Tierra desde su estado
fundido. Este modelo incluía
la noción de que han existido
puentes intercontinentales
que aparecen y desaparecen
alternadamente. Si bien este
modelo puentista de la corte-
za terrestre podía explicar las
similitudes bióticas de áreas
disyuntas, iba en contra de
las ideas de Darwin (Bullen,
1976).
Una crítica aguda de Dar-
win en contra de semejantes
cambios geológicos es que
implicaban demasiados su-
puestos para explicar distri-
buciones de grupos de ani-
males relativamente moder-
nos y quedaba implícito que
tendrían que haber ocurrido
después de que ya habían
aparecido estos grupos.
Los puentes hipotéticos ac-
tualmente sumergidos fueron
populares hasta que los son-
deos oceánicos realizados en
la década de los 70 del siglo
XIX revelaron la gran pro-
fundidad de la cuenca del
Atlántico así como de otros
océanos y por tanto la impo-
sibilidad de que los pisos
marinos se hubieran elevado
hasta formar grandes exten-
siones continentales en el pa-
sado. Darwin apoyó la hipó-
tesis permanentista según la
cual los continentes y océa-
nos habían mantenido sin
cambio sus posiciones relati-
vas y explicó las distribucio-
nes disyuntas mediante trans-
porte accidental vía corrien-
tes marinas, eólicas e incluso
por masas de hielo a la deri-
va (Bowler, 1998)
Greene (1984) señala que
la emoción de Wegener sobre
la amplia corroboración de la
antigua conexión y la dedica-
ción de gran parte de sus
nea para dirigirla. El objetivo
principal era construir una
estación climática para obte-
ner mediciones climatológi-
cas sistemáticas de las tor-
mentas y sus efectos sobre
los vuelos trasatlánticos. Se
bosquejaron además otros ob-
jetivos dentro de un amplio
programa de meteorología y
glaciología, con la intención
de obtener pruebas geofísicas
del desplazamiento continen-
tal. La expedición, una de las
más importantes hasta enton-
ces, se inició en 1930. De
esa expedición se obtendría
finalmente un dato relevante
para su tiempo: el espesor
del hielo interior sobrepasaba
los 1800m.
Previsor como siempre,
Wegener hizo su tercera ex-
pedición a Groenlandia en
1929 junto con dos colegas,
la cual tuvo un carácter pre-
liminar, y al año siguiente
llevó a cabo la que sería su
cuarta y última expedición.
Hubo grandes dificultades
desde el comienzo. Los abas-
tecimientos de las instalacio-
nes tierra adentro no llegaron
a tiempo y la inminencia del
invierno motivó a que Wege-
ner se esforzara por prever
una base en la que pudieran
albergarse. Partió desde la
costa oriental de Groenlandia
con una numerosa caravana y
acompañado de nevadas y
fuertes vientos, lo que provo-
có la casi inmediata deser-
ción de los groenlandeses
que había contratado. Los
que quedaron, incluido Wege-
ner, sufrieron durante todo
septiembre. En octubre llega-
ron sin provisiones a la esta-
ción y con uno de los miem-
bros del grupo casi congela-
do, quien ya no pudo conti-
nuar el viaje. La situación
era extremadamente desespe-
rada. Apenas había suficiente
comida y combustible para
dos personas, de las cinco
que habían arribado. Era ne-
cesario que algunos regresa-
ran por provisiones. Se deci-
dió que Wegener y su com-
pañero esquimal Rasmus
Villumsen volvieran a la cos-
ta. Nunca se supo cómo fue
que se tomó esa decisión
(Greene, 1984). Wegener ce-
wondered at the similarity of
the Atlantic coast, but now
this similarity had been
noticed by an expert geo-
physicist, a brilliant man of
unbounding energy, who
would spare no pains in
following up the matter and
gaining any facts from other
fields of science that might
seem” (Georgi, 1962, p.
310). El mismo Köppen tam-
bién previó la respuesta por
la que padecería más tarde
Wegener, al señalar: “…to
work at subjects which fall
outside the traditionally
defined bounds of a science
naturally exposes one to
being regarded with mistrust
by some, if not all, of those
concerned, and being
considered an ‘outsider’”
(Georgi, 1962, p. 310).
En el otoño de 1911, We-
gener se encontró con un re-
porte sinóptico de Theodor
Arldt’s que contenía eviden-
cia paleontológica a favor de
una conexión anterior de la
tierra entre Brasil y África,
titulado Entwicklung der
Kontinente und ihrer
Lebewelt, de donde obtuvo la
idea de un título similar para
su obra. Esto lo llevó a
ahondar sobre una revisión
ya no solo paleontológica,
sino también geológica sobre
una conexión anterior a tra-
vés del Atlántico. En cual-
quiera de los textos más
acreditados de ese tiempo,
como el Traité de Géologié
(1907) de Haug, el Das
Antlitz der Erde (1883-1909)
de Suess o el Lehrbuch der
Allgemeinen Geologie (1909)
de Kayser, encontró listas
con idénticas especies fósiles
en ambos lados del Atlántico,
así como mapas de las exten-
siones montañosas europeas
y americanas.
Geólogos influyentes ya
habían discutido desde fines
de 1870 que el Atlántico era
un océano joven, creado por
la separación, ocurrida en un
tiempo geológico reciente, de
grandes fragmentos continen-
tales. Esta reconstrucción
geológica se basaba en la
teoría geofísica de la Tierra
en contracción, según la cual
la Tierra responde a un largo
540 JUL 2006, VOL. 31 Nº 7
energías en 1911 y 1912 a
este problema, se basaba en
su inmediata percepción de
que la teoría de la contrac-
ción continental era geológi-
camente imposible y por lo
tanto, la alternativa era que
los continentes se movían. Se
percató de ello antes que
ningún otro, quizá porque co-
incidieron varias circunstan-
cias, principalmente que en
ese tiempo el joven Wegener
era un lector avezado sobre
temas geofísicos, de modo
que estaba a la vanguardia en
esta disciplina por la revisión
bibliográfica exhaustiva y es-
crupulosa que realizaba siste-
máticamente. Su evidencia se
basaba sobre monografías re-
cientes y extensas escritas
por científicos no bien cono-
cidos fuera del ámbito de la
literatura en alemán. Para la
mayoría de sus contemporá-
neos, no había razón sufi-
ciente para tomar en serio
las ideas de Wegener, ya que
sólo estaban familiarizados
con las teorías inmovilistas
más difundidas en ese tiem-
po.
Si bien había clara eviden-
cia geológica y paleontológi-
ca sobre una antigua co-
nexión intercontinental, la
teoría geofísica puente-con-
tinentalista que la explicaba
adolecía de serias inconsis-
tencias, de modo que había
que intentar otras hipótesis.
Desde luego, quedaba la al-
ternativa de simplemente mi-
nimizar la evidencia de la
antigua conexión o bien de
ignorar la nueva evidencia
geofísica en contra de los hi-
potéticos puentes continenta-
les. Wegener decidió desarro-
llar una hipótesis para expli-
car el desplazamiento de los
continentes que incorporaba
la nueva evidencia geofísica
a la antigua evidencia
geológica. Los autores ameri-
canos apostaron más a los
métodos numéricos comple-
jos recién desarrollados en la
geofísica que a las evidencias
geológicas y paleontológicas.
Por el contrario, los europeos
se mantuvieron fieles a la
vieja tradición de investiga-
ción geológica. Así, la uni-
dad de la geología se que-
brantó y se establecieron dos
escuelas: la americana, apo-
yada en la geofísica y la eu-
ropea, que se basaba en la
paleontología. Wegener inten-
tó elaborar una síntesis entre
ambas.
Las Ideas de la Teoría de
la Deriva Continental
Alfred Wegener presentó
sus ideas al público por pri-
mera vez el 6 de enero de
1912 en una conferencia ante
la Asociación Geológica en
Frankfurt-am-Main. El título
de la plática fue Die Heraus-
bildung der Grossformen der
Erdrinde (Kontinente und
Ozeane) auf geophysika-
lischer Grundlage. Una se-
gunda conferencia se realizó
en enero 10 de 1912 ante la
Sociedad de Avances de
Ciencias Naturales en Mar-
burg, bajo el título de Hori-
zontal verschiebungen der
Kontinente (Carozzi, 1985).
Después de dar a conocer
sus ideas, Wegener partió a
su segunda expedición a
Groenlandia (Marvin, 1985).
En vista de los peligros que
afrontaba, dejó a manera de
testamento su manuscrito,
idéntico al del 10 de enero,
para que se publicase en
Petermanns Geographische
Mitteilungen. Se publicó en
tres partes bajo el título Die
Entstehung der Kontinente en
ediciones sucesivas de abril,
mayo y junio de 1912.
La teoría del desplaza-
miento continental apareció
por primera vez en forma de
libro con el título Die Ent-
stehung der Kontinente und
Ozeane, que se publicó en
Brunswick (Alemania) en
1915. Posteriormente, apare-
ció una segunda edición en
1920, una tercera en 1922 y
una cuarta en 1929, cada una
conteniendo revisiones nume-
rosas y pruebas adicionales.
La tercera edición fue el ve-
hículo para que Wegener al-
canzara notoriedad y breve
fama en los años de la déca-
da de los 20, debido a que
fue la edición que se tradujo
al francés, al inglés y al es-
pañol. En 1924 apareció la
traducción francesa de M.
Reichel con el título La
genèse des continents et des
océans, la cual se publicó
como volumen de la Librarie
Scientifique Albert Blanchard,
en París. Esta tercera edición
también fue traducida al in-
glés por J.G.A. Skerl el mis-
mo año, con el título de The
Origins of Continents and
Oceans, e incluía un prólogo
del presidente de la Sociedad
Geológica Inglesa, John W.
Evans. Fue publicada por
Methuen & Ltd., Londres.
También en el mismo año
(1924) salió a la luz la tra-
ducción española con el títu-
lo La génesis de los conti-
nentes y océanos. La traduc-
ción era de Vicente Inglada
Ors y fue publicada por la
Biblioteca de Occidente, Ma-
drid. En 1925, G.F. Mirtzinka
(Moscú y Leningrado) publi-
có una traducción al ruso por
Marii Mirtzink (Wegener K,
1966).
Alfred Wegener en la cuar-
ta y última edición de su li-
bro The Origin of Continents
and Oceans (1929) escribió:
“La primera idea sobre la de-
riva continental se me ocu-
rrió en 1910, cuando analiza-
ba el mapa del mundo, bajo
la impresión directa produci-
da por la congruencia de las
costas de ambos lados del
Atlántico. Primeramente no
puse atención a la idea por-
que la ví como improbable.
En el otoño de 1911 encon-
tré, de manera accidental, un
reporte sinóptico en el que
me enteré por primera vez de
evidencias paleontológicas de
un puente anterior entre Bra-
sil y África. Como resultado
emprendí una revisión en los
campos de la geología y
paleontología, y esta investi-
gación me proporcionó tal
corroboración que la convic-
ción sobre la confianza en la
idea se enraizó en mi mente”
(Wegener, 1929, p. 1).
Wegener (1929) establece
que Suramérica debió haber
estado junto a África, forma-
do con ella un único conti-
nente, escindido en el Cretá-
cico en dos partes que luego,
como los fragmentos de un
témpano agrietado, se separa-
ron cada vez más en el curso
del tiempo geológico. Por
tanto, los bordes de estos dos
bloques concuerdan todavía
en la actualidad. No sólo el
gran codo recto que forma la
costa brasileña en el cabo
San Roque encuentra su ne-
gativo en el recodo de la
costa africana en Camerún,
sino también al sur de estos
accidentes la forma de la
costa es tal que a cada sa-
liente en la costa brasileña
corresponde una bahía de
igual forma en la africana y
viceversa, como puede com-
probarse fácilmente con el
compás sobre un globo te-
rrestre.
Igualmente, Norteamérica,
Europa y Groenlandia han
estado juntas en el pasado,
formando un bloque único.
Este bloque se fragmentó a
partir del Terciario superior
por medio de una fractura
que se bifurcaba en Groen-
landia, tras lo cual los frag-
mentos se separaron unos de
otros. La Antártida, Australia
y la India estaban situadas
junto a Suráfrica y Sura-
mérica hasta el comienzo del
Jurásico, formando un gran
continente único, parcialmen-
te cubierto por mares some-
ros, que en el transcurso del
Jurásico, el Cretácico y el
Terciario se fragmentó en
bloques aislados que luego
derivaron en diferentes direc-
ciones. El caso de la India
constituye un fenómeno par-
ticular: Inicialmente, un gran
bloque cubierto totalmente de
mares someros la unía por
completo al continente asiáti-
co. Tras la separación de
Australia por una parte, en el
Jurásico inferior, y por otra
de Madagascar, en el límite
entre el Cretácico y el Ter-
ciario, este largo bloque fue
plegado cada vez más por la
aproximación de la India a
Asia, formando así la pode-
rosa cadena de montañas del
Himalaya.
La deriva continental tam-
bién se habría presentado en
otras zonas, en relación cau-
sal con el origen de las mon-
tañas. Tal sería el caso de la
migración hacia el oeste del
borde occidental de las dos
Américas, movimiento que
541
JUL 2006, VOL. 31 Nº 7
originó el plegamiento de la
gigantesca cadena andina,
que se extiende desde Alaska
hasta la Antártida.
De acuerdo con Wegener,
se puede observar sin dificul-
tad que la teoría de los des-
plazamientos se basa en la
suposición que los fondos
marinos y los continentes es-
tán compuestos de distintos
materiales, por lo que repre-
sentan diferentes tipos de
corteza terrestre.
La idea fundamental de
Wegener era que los conti-
nentes estuvieron juntos en
una época del pasado. Poste-
riormente derivaron de mane-
ra similar a una balsa sobre
el piso oceánico hasta alcan-
zar finalmente su posición
actual (Gohau, 1990).
La estrategia metodológica
de Wegener consistió, más
que en subrayar la elemental
idea del encaje del rompeca-
bezas y las pistas paleontoló-
gicas, en atacar directamente
los argumentos geofísicos de
la teoría de la contracción,
cuyo concepto de una Tierra
que se enfriaba y contraía re-
sultaba poco convincente. Al-
gunos supuestos básicos so-
bre el pretendido enfriamien-
to de la Tierra, en especial
los de Kelvin, ya habían sido
refutados por el descubri-
miento de la radiactividad en
las rocas. La Tierra no se
contraía como consecuencia
de un enfriamiento gradual.
Había una fuente insospecha-
da de calor producida por la
desintegración natural de los
elementos radiactivos presen-
tes en las rocas.
Además, los datos sobre la
gravedad indicaban que el
fondo oceánico tenía subya-
centes rocas más densas que
las de los continentes. De
acuerdo con el concepto de
isostasia, la subsidencia de
grandes áreas continentales
en las profundidades del
océano sería imposible. Por
tanto, no podrían haber exis-
tido puentes intercontinen-
tales en las cuencas oceá-
nicas. En realidad, los puen-
tes continentales que se pos-
tularon para unir diversas
áreas continentales surgieron
más como un constructor
teórico que como resultado
de evidencia fáctica. Esto es,
no había evidencia física que
sostuviera la existencia pasa-
da de esos puentes.
En la época en que Wege-
ner expone sus ideas existían
dos escuelas rivales de pen-
samiento geológico, la teoría
contraccionista y la perma-
nentista. La primera se rela-
cionaba con la postulación de
puentes de tierra que emer-
gían y posteriormente se
hunden, uniendo áreas conti-
nentales distantes. Así se po-
día explicar la distribución
geográfica de grupos de or-
ganismos estrechamente rela-
cionados con distribuciones
disyuntas. Entre sus más des-
tacados representantes se en-
contraba Eduard Suess. La
segunda escuela consideraba
que los continentes siempre
han permanecido en las posi-
ciones que actualmente ocu-
pan y para explicar la distri-
bución geográfica de los or-
ganismos recurría a las capa-
cidades de dispersión de los
organismos como la explica-
ción más plausible de las
distribuciones disyuntas. Esta
escuela tuvo entre sus repre-
sentantes más destacados a
Bayley Willis, de la Universi-
dad de Stanford, quien con
base en la teoría de la radio-
actividad, cuestionó la idea
que la Tierra se había estado
contrayendo debido a su en-
friamiento continuo. A dife-
rencia de los dos modelos
anteriores, la idea de Wege-
ner era que la distribución
geográfica podía explicarse
mejor si se aceptaba la idea
que los continentes se han
desplazado horizontalmente
unos con respecto a otros.
Resumiendo, a principios del
siglo XX se habían estableci-
do tres escuelas geológicas
rivales: 1) la contraccionista
o puentecontinentalista, 2) la
permanentista y 3) la deri-
vista.
Wegener desarrolló su tesis
con base en un amplio con-
junto de datos geodésicos,
geofísicos, geológicos, bio-
geográficos y paleoclimáti-
cos. Postulaba que desde
principios del Mesozoico
hasta el presente, un enorme
supercontinente denominado
Pangäa o Pangaea, el cual
tiene un origen griego y sig-
nifica “todas las tierras”, se
había fracturado y sus frag-
mentos se fueron separando.
La ruptura del supercontinen-
te se inició hace unos 200
millones de años, durante el
Triásico superior.
Pangea, como se le cono-
ce, fue una masa de Tierra
con una línea de costa irre-
gular, rodeada por un océano,
la Panthalasa, que constituía
el Pacífico ancestral. La pri-
mera fractura dio origen a
dos supercontinentes, uno de-
nominado Laurasia y el otro
Gondwana, separados por el
mar de Thetys. Laurasia (el
hemisferio norte) era el su-
percontinente que después se
disgregaría en Norteamérica,
Groenlandia y la Eurasia sep-
tentrional. Gondwana (el he-
misferio sur), formaría al dis-
gregarse a Suramérica, Áfri-
ca, India, Australia y la An-
tártida.
Anteriormente la comple-
mentariedad de África y
Suramérica se atribuía, según
una idea de la tradición ca-
tastrofista, a la apertura del
océano Atlántico como resul-
tado del diluvio universal.
Sin embargo, las ideas catas-
trofistas fueron criticadas du-
ramente por la influyente tra-
dición uniformitarista, ex-
puesta por Charles Lyell en
sus Principles of Geology
(1830-1833). A fines del si-
glo XIX Eduard Suess inten-
tó combinar ambas explica-
ciones, la catastrofista y la
uniformitarista, en su obra
Das Antlitz der Erde. En
cierto sentido, la obra de
Suess representa la síntesis
geológica de las postrimerías
del siglo XIX.
La originalidad de Alfred
Wegener fue que empleó una
metodología aceptada dentro
de los cánones de buena
ciencia de su tiempo. Desa-
rrolló su idea como un outsi-
der de la geología, es decir,
sin tener una formación ni
un reconocimiento académico
en el área. No deja de ser
sorprendente que a pesar de
no provenir de la comunidad
de geólogos y tener antece-
dentes académicos en astro-
nomía, meteorología y física
atmosférica, haya concebido
una hipótesis geológicamente
revolucionaria.
La oposición más fuerte
que tuvo la teoría de Wege-
ner fue contra su propuesta
del mecanismo de desplaza-
miento continental. Wegener
proponía dos tipos de fuer-
zas, la fuerza polófuga que
tiende a huir de los polos
para explicar el movimiento
de los continentes hacia el
Ecuador; y la fuerza de las
mareas, para explicar el mo-
vimiento hacia el oeste. Sin
embargo, ambas eran consi-
deradas como fuerzas de
poca intensidad para despla-
zar a los continentes.
Entre los más importantes
adversarios de Wegener se
encontraba Harold Jeffreys,
geofísico de Cambridge que
publicó en 1924 la primera
edición de The Earth. Para
Jeffreys era muy peligroso
suponer que la Tierra podía
deformarse indefinidamente
por causa de pequeñas fuer-
zas que actuaran persistente-
mente por largos periodos de
tiempo, como por ejemplo la
fuerza de las mareas. Jeffreys
se oponía a la idea del des-
plazamiento continental y
consideraba más adecuadas
las ideas de la escuela con-
traccionista, aunque estaba de
acuerdo con la validez del
principio de la isostasia, el
cual refutaba las hipótesis
puentecontinentalistas.
Wegener intentó una répli-
ca contra sus críticos en la
última edición de su libro.
Aunque la comunidad le era
claramente hostil, en particu-
lar la de los geólogos ingle-
ses y geofísicos norteameri-
canos, Wegener tuvo aliados
en Alemania, Francia, Suiza,
Italia y España. Quienes apo-
yaron con gran entusiasmo la
teoría de la deriva continental
fueron los biogeógrafos, de-
bido al poder explicativo que
tenía para dar cuenta de im-
portantes patrones biogeográ-
ficos.
Los defensores más impor-
tantes de Wegener en la pre-
guerra fueron los geólogos
Arthur Holmes y Alexander
542 JUL 2006, VOL. 31 Nº 7
Du Toit. Holmes, a quien
muchos consideran como el
geólogo inglés más importan-
te del siglo XX, había esta-
blecido una escala de tiempo
absoluta fundada en la cons-
tancia del ritmo de desinte-
gración de los elementos ra-
diactivos de las rocas. En
apoyo a la teoría de Wegener
propuso un mecanismo alter-
nativo para explicar el des-
plazamiento continental a
partir de la hipótesis de las
corrientes de convección.
Du Toit conocía bien las
similitudes geológicas del
Paleozoico y del Mesozoico
entre el oeste Suráfrica y el
este de América del Sur. Se
convirtió en uno de los prin-
cipales discípulos de Wege-
ner y defendió la idea de la
deriva continental hasta su
muerte.
Alexander Logie Du Toit
(1878-1948) es conocido por
su libro Our Wandering Con-
tinents, publicado en 1937.
No fue solo el geólogo
surafricano más reconocido,
sino también, en palabras de
R.A. Daly el “más grande
geólogo de campo” (en Wil-
son, 1971). Combinó en gra-
do notable dos cualidades
que no se encuentran a me-
nudo: una capacidad de ob-
servación sobresaliente, que
le permitió notar y obtener
deducciones de detalles finos
que habían pasado desaperci-
bidos para otros y además,
una destacada aptitud para
sintetizar información. Hacia
el final de su vida, apoyó la
hipótesis de la deriva conti-
nental con estudios de casos
obtenidos de todas partes del
mundo y afinó el modelo so-
bre la estructura de la capa
superior del manto (Wilson,
1971).
A diferencia de Wegener,
Du Toit (1937) proponía dos
continentes originales en lu-
gar de uno, situados en cada
hemisferio polar. En ese sen-
tido, los escudos del hemis-
ferio sur incluyen a Brasil,
Guayana, Uruguay, África,
Arabia, Madagascar, India,
oeste y centro de Australia y
la Antártida. Ellos pueden
verse como porciones inte-
grales del basamento del
gran continente del sur,
Gondwana.
Los del hemisferio norte
constituyen el centro y este
de Canadá, Groenlandia
(Laurentia o Eria), Fennos-
candia (Báltica), Siberia
norcentral (Angara), el nores-
te de Siberia (Kolyma) y el
sur de China-Indochina
(Cathaysia). Estos escudos
pueden ser vistos como com-
ponentes del gran continente
septentrional, “Laurasia”
(Laurentia + Asia), que for-
mó una masa única de Tierra
durante un breve período
geológico y que se separó en
dos masas relativamente esta-
bles que a su vez se frag-
mentaron debido a una serie
de transgresiones marinas.
Colofón
La teoría de la deriva con-
tinental permaneció congela-
da hasta la posguerra. Fue
entonces que con el avance
del paleomagnetismo se desa-
rrolló la teoría de la expan-
sión del fondo oceánico. Esta
teoría posteriormente adqui-
rió un desarrollo teórico y
empírico que se expresa ac-
tualmente en la teoría de la
tectónica de placas, la cual
está implícita en las explica-
ciones modernas que se han
elaborado sobre la distribu-
ción biogeográfica. Los enfo-
ques actuales de biogeografía
histórica de la vicarianza, la
cual asume que la actual dis-
tribución geográfica de los
organismos es el resultado de
la fragmentación de áreas
originalmente continuas
(Nelson y Platnick, 1981) y
la panbiogeografía (Croizat,
1958), generan hipótesis
biogeográficas bajo la premi-
sa de la teoría de la tectónica
de placas.
La teoría de la tectónica
de placas, desarrollada hacia
los años 60, terminó por dar
la razón a un incomprendido
Alfred Wegener, que ya des-
de 1912 había propuesto la
deriva de los continentes. A
partir de numerosas observa-
ciones de geofísica, geodesia
y geología quedó establecido
que la litosfera, la capa más
rígida de la superficie de la
Tierra con un espesor de
100km, se divide en 7 placas
principales que se desplazan
con un movimiento relativo
de una velocidad entre 1 y
8cm por año. El mecanismo
del movimiento de los conti-
nentes, que Wegener nunca
pudo explicar convincente-
mente, se puede entender
ahora mediante la teoría
tectónica, la cual propone
que son las placas litosfé-
ricas, con los continentes
asentados sobre ellas, las que
se mueven, y no los conti-
nentes mismos. Las placas no
coinciden con los continen-
tes, pues unas están formadas
de corteza continental y man-
to, y otras de corteza oceá-
nica y manto. Las placas co-
lisionan y es en el borde en-
tre ellas donde se produce la
mayoría de los terremotos.
Actualmente se sabe que la
disgregación de la Pangea
original no fue un evento
único en la historia geológica
de la Tierra, como creía We-
gener. De acuerdo con Mur-
phy y Nance (2004), durante
el transcurso de la historia
geológica se han formado al
menos seis supercontinentes,
cuyos nombres en orden
cronológico son Ur, Kenor-
landia, Nuna/Colombia,
Rodinia, Pannotia y Pangea.
El desarrollo de nuevos
instrumentos y métodos de
observación ha tenido un
gran impacto en el avance de
los conocimientos sobre la
Tierra en las últimas tres dé-
cadas. Entre los desarrollos
más espectaculares están las
observaciones de la Tierra
desde satélites artificiales. El
establecimiento entre 1973 y
1992 del sistema de localiza-
ción GPS (Global Positioning
System) generado inicialmen-
te con propósitos militares,
se ha extendido a numerosas
aplicaciones científicas en el
campo de la geodesia y
geofísica (Udías, 2002).
En sismología se ha produ-
cido también una verdadera
revolución a partir del desa-
rrollo de los sismógrafos
digitales de banda ancha en
los años 80. Estos sismógra-
fos, con una respuesta desde
20 hasta 1000Hz y un alto
rango dinámico, permiten re-
gistrar con notable precisión
terremotos lejanos y cerca-
nos. Actualmente existe una
amplia red global de estacio-
nes que han terminado por
desplazar a los sismógrafos
tradicionales. Ahora se puede
definir mejor el proceso de
fractura que da origen a los
terremotos, así como conocer
con detalle más fino la es-
tructura del interior de la
Tierra.
A través de Internet pode-
mos recabar datos geofísicos
de todo tipo, prácticamente
en tiempo real, por medio de
los servicios de bancos de
datos interconectados. De
esta manera, un sismólogo
puede disponer de los
sismogramas digitales de es-
taciones en todo el mundo
casi al momento en que ocu-
rre un terremoto. Por ello re-
sulta paradójico que en la era
de la globalización, los habi-
tantes de Sri Lanka, la India
y otros países, en el sismo
del 26 de diciembre de 2004,
no hayan recibido un aviso
oportuno. Las preguntas sur-
gen ineludiblemente. ¿Porqué
fallaron los sistemas de pro-
tección civil? ¿Falló la co-
municación entre ellos y las
estaciones sismológicas o se
ocultó la información? Hasta
ahora, estas interrogantes han
quedado sin respuesta.
La teoría de la deriva con-
tinental de Alfred Wegener
representa una de las teorías
más importantes del siglo
XX. La importancia actual de
la tectónica de placas es in-
discutible y ha sido pieza
fundamental para poder ex-
plicar la formación de las
grandes cordilleras y la acti-
vidad sísmica, y ha provisto
una herramienta central a la
biogeografía histórica para
reconstruir la distribución pa-
sada y entender la distribu-
ción actual de los organis-
mos. Si bien Wegener no
pudo encontrar un mecanis-
mo para explicar la deriva
continental, tuvo el mérito de
reunir toda la evidencia posi-
ble en su época para dejar
establecido como hecho
inapelable: el movimiento
horizontal de los continentes.
543
JUL 2006, VOL. 31 Nº 7
La fama de Wegener descan-
sa hoy tanto en su intenso
trabajo como explorador y
meteorólogo así como por
haber desarrollado una teoría
coherente sobre la deriva
continental. De acuerdo con
Greene (1984), la estatura de
Wegener como científico
continúa creciendo y es mu-
cho más conocido hoy que
en ningún momento de su
vida. Es posible decir que a
diferencia de muchos de sus
contemporáneos, para quienes
la audaz idea del movimiento
de los continentes les resulta-
ba simplemente inimaginable,
a Wegener, el caminante in-
cansable, no le produjo el
menor vértigo.
AGRADECIMIENTOS
Los autores agradecen a la
Dirección General de Asun-
tos del Personal Académico
(DGAPA) de la UNAM,
México, por la beca de doc-
torado para el primer autor,
así como al Proyecto PAPIIT
IN403005 por el apoyo para
la realización del presente
trabajo.
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Nueva York. 1966, EEUU. pp.
iii, iv, v.
Wilson JT (1971) Du Toit, Alexan-
der Logie. Dictionary of Sci-
entific Biography 4: 261-263.
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Life is an inordinately complex unsolved puzzle. Despite significant theoretical progress, experimental anomalies, paradoxes, and enigmas have revealed paradigmatic limitations. Thus, the advancement of scientific understanding requires new models that resolve fundamental problems. Here, I present a theoretical framework that economically fits evidence accumulated from examinations of life. This theory is based upon a straightforward and non-mathematical core model and proposes unique yet empirically consistent explanations for major phenomena including, but not limited to, quantum gravity, phase transitions of water, why living systems are predominantly CHNOPS (carbon, hydrogen, nitrogen, oxygen, phosphorus, and sulfur), homochirality of sugars and amino acids, homeoviscous adaptation, triplet code, and DNA mutations. The theoretical framework unifies the macrocosmic and microcosmic realms, validates predicted laws of nature, and solves the puzzle of the origin and evolution of cellular life in the universe.
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Wegener's hypothesis was introduced to Britain in 1922. First heralded as a revolution in thought, possibly comparable with that initiated by Copernicus, it was quickly attacked as groundless speculation, negating all known facts about the thickness and solidity of the earth's crust. As advocates and opponents joined the battle, some British scientists saw how it could help to solve geological problems and adopted a cautiously favorable attitude toward Wegener's basic idea of continental motion, although they disputed the details. In 1928, a British geologist proposed convection currents as the mechanism for splitting continents and rafting apart the fragments, thus providing a crucial element to the model that, decades later, would aid in the transformation of continental drift to plate tectonics. At the time of Wegener's death in 1930, his hypothesis remained under strong attack, yet support was well-established among Britain's independently-minded scientists.
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The reaction in Germany indicates that in spite of World War I, the geological community was very much alive. Opinions ranged from violent and emotional rejections by prominent scientists, who saw their previously published theories challenged, to active acceptance of an exciting new concept to be tested in the various fields of geology. The French reaction, delayed by the death of many geologists during the war, and hampered by the language barrier, remained provincial and chauvinistic. Only lofty and skeptical comments were presented against what was considered an amateurish theory by a geophysicist. In reality, nobody in France, with the exception of Philibert Russo and Boris Choubert, was at the time involved in any orogenic theory or prepared to accept the challenge. The idea of continental bridges prevailed. In Switzerland, after the introduction of Wegener's ideas by Emile Argand during the war, and in spite of strong anti-German feelings, the concept was accepted quickly and enthusiastically as the best framework for solving critical problems of Alpine tectonics. Several famous Austrian geologists had published orogenic theories for the Alps based on the contraction the-ory and rejected Wegener's mobilism, but later, under the influence of Swiss geologists, they showed partial acceptance. Belgian geologists rejected Wegener's theory because they considered the beautiful symmetry of the present surface of the Earth incompatible with the assumed breaking-up of an original continental mass. Italian geologists, with a few exceptions, rejected Wegener's "aberration" while Spain, unaffected by the war, had a positive attitude which was facilitated by an early translation and a receptive academic audience. Dutch geologists, deeply involved with the Indonesian archipelago, accepted widespread mobilism with enthusiasm since it provided a spectacular answer to their problems. The Scandinavians, supportive but unable to interpret Precambrian geology with Wegener's theory, concentrated their efforts on astronomical and geodetic studies of present-day drift in the Arctic region. In summary, the reaction in Continental Europe was extremely diversified and dominated by an association of strong post World War I politics, the language barrier, the stifling of academic authority, passions of individuals, and regionalism of geology.