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La última batalla de Mérida Escobar, tercera parte y final

Authors:
opini
ó
n
15
DOMINGO
31
DE
A
GO
ST
O
D
E 201
4
G
UATEMALA
E
n dos artículos, publicados los días
3 y 18 de agosto, presenté cómo (en el
p
rimero) fue que el detective Mérida
E
scobar descubri
ó
q
ui
é
nes fuer on los
autores
d
e
l
asesinato
d
e M
y
rna Mac
k
Chang (ocurrido en septiembre de
19 90); en el seg u ndo ar tíc ul o ex pl iqu é
d
e
q
u
é
forma tras la o
p
eraci
ó
n encu-
ierta de intel i
encia -q ue ter mi n
con
e
l asesinato de Mack Cha ng-, empez
ó
e
l desplieg ue de otra fase de la misma
o
peracn. Esta fase estuvo dirigida
a lim
p
iar evidencias, neutralizar a
testi
g
os,
j
ueces
y
f
iscales, intoxicar a
los medios de información, obstruir a
la justicia. Si la operación encubierta
d
e inteli
g
encia, d iri
g
ida por el Estado
M
a
y
or Presidencial, se diri
a contra
u
na persona –Myrna Mac
k
C
h
ang-,
e
sta fase suponía una c omplejidad ma-
y
or, por la multiplicidad de acciones, la
d
iversidad de instituciones com
p
ro-
meti
d
as,
y
l
a canti
d
a
d
d
e personas a
l
as
q
ue era preciso contro
l
ar.
L
as convicciones del Detective
J
osé
M
i
g
uel M
é
rida Escobar en la Guate-
mala de 1990 pod
í
an lle
g
ar a tener
u
n alto costo. Y as
í
, a inmediaciones
de
la
s
o
fi
c
ina
s
ce
n
t
ral
es
de
la P
o
li
c
ía
N
acional, la mañana del 5 de agosto de
1991
,
f
ue asesinado. Posterior al hecho
a
g
entes e
l
Departamento
d
e Investi-
gaciones Criminológicas de la Policía
N
acional captu raron a los ciudadanos
A
lfredo de Jes
ú
s Guerra Galindo
(
5
d
e a
g
osto de 1991
)
y
Gonzalo Cifuen-
tes Estrada (27 de agosto de 1991). En
ambos casos los policías los tortura-
ron de
f
orma cruel y despiadada; con
u
n mismo ob
j
etivo: que se declararan
c
ul
p
ables de la muerte de M
é
rida Es-
c
obar
.
En el c as o d e
C
ifuentes Estrada
–a quien, además, le implantaron un
arma- los a
g
entes lo
g
raron que este
f
uera
f
ilmado, a
f
irmando ser el autor
d
e la muerte de M
é
rida, video que fue
d
ifundido en los noticieros
.
L
os agentes implicados no sólo ac-
tuar on con maldad, sino con
g
ran tor-
p
eza. Llama la atenci
ó
n la ca
p
tura de
Guerra Ga
l
in
d
o, en
l
a a
ld
ea Agua Du
l
-
c
e, Zaragoza, Chimaltenango, 30 mi-
nutos d es
p
u
é
s del asesinato de M
é
rida
E
sco
b
ar. Lo
q
ue su
p
uestamente vin-
c
u
l
a
b
a a
G
uerra
G
a
l
in
d
o con e
l
h
ec
h
o
e
ra un vehículo de su propiedad, pero
q
ue no est aba r egi str ado a s u nombr e,
que el d
a de los hechos no estaba en
s
u vivien
d
a.
Cuando Guerra Galindo y Cifuen-
tes
E
st
ra
d
a
dec
larar
o
n an
te
la
s
a
uto
ri-
d
ades
j
udicia les di
j
eron la v erdad: que
MANOLO E. VELA
CASTAÑEDA
M
ANOLO.VELA
@
IBERO.M
X
e
llos er an i nocent es. Y
f
ueron llevados
a
p
risi
ó
n, donde estuvieron recluidos
p
or 8 mese s,
h
asta que en a
b
ri
l
d
e 1992
u
n juez los declaró en libertad y a sí ter-
m
inó el caso en los tribuna les
.
El
J
uez
n
o dio valor
p
robatorio a los testimo-
n
ios
d
e
d
os a
g
entes po
l
icia
l
es, quienes
i
n
d
icaron que uno
d
e
l
os
d
eteni
d
os
c
onfesó ser el autor del crimen
.
E
l in
f
orme a nual de 1991
,
de la Co-
m
isi
ó
n Interamericana de Derechos
Hu
man
os
d
a
cue
n
t
a
de
vari
os
c
a
sos
e
n los cuales agentes policiales ac tua-
r
on con este mismo
p
atrón: c a
p
turar a
c
iudadanos para que, ba
j
o tortura, se
i
ncu
lp
aran
d
e
d
e
l
itos
q
ue en rea
l
i
d
a
d
n
o habían cometido
.
1
Ocho meses más ta rde
,
en diciem-
b
re de 1992
,
Gonzalo Ci
f
uentes Estr a-
d
a
f
ue asesinado. Desde
j
ulio de 1995
A
lfredo
G
uerra
G
ali ndo fue dec larado
d
esapareci
d
o.
L
os ex - agentes Alberto Encarna-
c
i
ó
n Barrios Rabanales, Jos
é
Mi
g
uel
Gonz
á
lez Gri
j
alva,
y
Julio David L
ó
pez
u
na temible instituci
ó
n
p
olicia l.
Los asesinos de M
é
rida Esco
b
ar
n
o lograron lo que se propon
í
an: que
n
o ratificara el informe que, sobre l
a
m
uerte de Mack Chang, había elabo-
r
ado. Siempre pien so en las hora s
y
en
los d
í
as –tan an
g
ustiantes- que va n de
s
eptiembre de 1990, cuando elaboró su
i
nforme, y el 26 de junio de 1991, cuan-
d
o se
p
resent
ó
a la torre de tribuna les,
p
ara rati ficarlo. Hubiera sido tan f
á
cil
p
ara
é
l no llegar ese d
í
a y seguir c on l
a
v
ida de un detective cualquiera. Pero
n
o fue así, y por eso su mamá, doñ
a
A
manda Gertrudis Escobar Ru
í
z,
y
s
u
p
a
, don Fernando Nicol
á
s M
é
ri-
d
a Fernández, sus hermanos, Ampa-
r
o, Rosmel, Ever Obdulio, y sus hijos
E
lder Fernando
,
Abner Giovanni
,
Jos
é
M
i
g
ue
l
y
E
d
i
l
sar Omar, pue
d
en estar
o
rgu
ll
osos
d
e
h
a
b
er teni
d
o un
h
ijo, un
h
er m a n o y u n p ap á q u e a s e s t ó ( y a l p a -
r
ecer sigue asestando
)
un contunden-
t
e
g
olpe a la estruct ura de impunid ad
e
n Guatema
l
a.
Ag
uila r, se halla n detenidos des de el 9
d
e
j
unio de 2014. Ellos
f
ueron quienes
e
n 1991 capturaron a Guerra Ga
l
in
d
o
y
a C i f u e n t e s E s t r a d a . E s t a e s l a ú l t i m
a
b
atalla de José Miguel Mérida Esco-
ar. Dio con los autores de la muerte
My
rna Mack; hizo frente al podero-
s
o aparato
d
e terror
d
e Guatema
l
a; y
ahora
,
muchos años más tarde
,
el De-
t
ective M
é
rida Esco
b
ar se enfrenta
a
q
uienes
p
artici
p
aron en e
l
o
p
erativo
q
ue termi n
ó
con su muerte.
La investigación judicial contr
a
e
stos agentes permitirá a la sociedad
g
uatemalteca conocer esta otra piez
a
d
e
l
a
p
arato
d
e terror estata
l
: a
q
ue
ll
os
agentes po
l
ica
l
es que se cua
d
ra
b
an
ante los mandos militares, que con
afan cum
p
l
í
an las
ó
rdenes
q
ue
é
stos
l
es
d
a
b
an,
q
ue se aco
pl
a
b
an a o
p
eracio-
n
es
d
e inte
l
igencia,
d
esvian
d
o inves-
t
igaciones, capturan
d
o a ciu
d
a
d
anos
i
nocentes, extrayendo con
f
esiones
a
o tortura,
hasta asesinando. Es
e
ste un triste recuerdo de lo
q
ue
f
ue
La última batalla de Mérida Escobar,
rida Escobar,
(III parte y  nal)
II pa
1
.– C omis i
ó
n Intera merican a de Dere chos Huma nos, “Info rme Anua l de la comis i
ó
n Intera merica na de Der echos Huma nos,
1
991”, Com isión Intera merican a de Dere chos Huma nos, Or ganizaci ón de Estad os Amer icanos, 14 de febrer o de 1992.
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