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Proteger la naturaleza: la evolución de un concepto*

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Carlos Galindo Leal: Proteger la naturaleza 1
Proteger la naturaleza:
la evolución de un concepto*
Carlos Galindo Leal
Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO)
*Versión extensa del artículo publicado en National Geographic en Español, Febrero 2016.
"Abusamos de la tierra, porque la vemos como un bien que nos pertenece.
Pero cuando la veamos como una comunidad a la que nosotros pertenecemos,
entonces empezaremos a usarla con amor y respeto".
Aldo Leopold (1887-1948)
A pesar de haber crecido cerca del centro de la gran ciudad de México, durante la infancia
tuve el gran privilegio de recorrer gran parte del país por carretera acompañando
a mi padre a las obras de ingeniería en donde él trabajaba. Desde la camioneta pick up
admiraba los paisajes de los matorrales y me imaginaba a las gigantescas yucas como
ejércitos de guerreros que querían atraparnos. Visitamos muchos lugares en donde
prevalecían paisajes naturales, fauna silvestre y muy poca gente. Desde entonces, y
durante 35 años en la profesión de ecólogo he podido vivir la evolución de los conceptos
para la conservación de la naturaleza y de los paisajes.
Un segundo inicio
Los parques nacionales representan un importante hito en la relación del ser humano y la
conservación de la naturaleza. Su origen se remonta hacia finales del siglo XIX y principios
del XX. Son el resultado de un cambio de percepción de nuestro lugar en la naturaleza. En
esa época la sociedad empieza a apreciar el impacto del crecimiento industrial y de la
cacería desmedida en las fronteras silvestres de África y Norte América. En Estados
Unidos, por ejemplo, las extraordinarias manadas de bisonte fueron abatidas en unas
cuantas décadas.
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Las áreas protegidas surgen como instrumento para salvaguardar a la naturaleza |de las
acciones del propio ser humano. Su objetivo principal en su etapa de surgimiento fue el
mantener espacios naturales para la recreación y el principal criterio de selección fue la
estética. Muchas áreas protegidas se establecen en espesos bosques templados en
impresionantes paisajes, como queriendo capturar monumentos naturales. Los
matorrales, desiertos y pastizales no son incluidos.
Se considera que Estados Unidos es el primer país en crear un parque nacional como parte
de una política pública. En particular Theodore Roosevelt (1858-1919), presidente de
Estados Unidos, inicia la promoción de parques, bosques y monumentos nacionales. En
1872 se establece el Parque Nacional Yellowstone en las montañas rocosas. México le
sigue apresuradamente al decretar en 1876 el Parque Nacional Desierto de los Leones al
sur de la ciudad de México. Por su parte Australia establece el Parque Nacional Real en los
bosques de la costa al sur de Sydney en 1879. El Parque Nacional Rey Alberto, hoy
conocido como Parque Nacional Virunga, fue el primero creado en África (1925) en la
frontera entre República del Congo, Uganda y Ruanda. Un año más tarde (1926) las
reservas de fauna silvestre de Sabie (1898) y Shingwedzi (1903) se transformaron en el
ahora célebre Parque Nacional Kruger en la República de Sudáfrica.
Antecedentes
En esas épocas iniciales la protección de espacios naturales tenía un gran sesgo hacia los
beneficios para el ser humano. En algunos casos se desplazaba a la población humana
residente fuera del área elegida, en otros se combatían los procesos naturales como los
incendios, y aún más en algunos se controlaba a los grandes depredadores como lobos y
pumas para aumentar las poblaciones de venados, borregos cimarrones y wapitíes. En
parques con lagos, los peces nativos fueron envenenados para introducir otras especies
más interesantes para la pesca deportiva. En el Parque Nacional Yosemite en 1872 se crea
el inverosímil espectáculo de la cascada de fuego que dura casi 100 años. La conservación
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de la biodiversidad aún estaba lejos del horizonte.
Pero los parques nacionales no surgen por generación espontánea. Desde los albores de la
civilización la protección de espacios naturales ha formado parte integral de muchas
culturas. En ellas, el respeto y la protección de montañas, cuevas, manantiales y lagos ha
sido parte integral de su cosmovisión. Las creencias animistas, posible origen de las
religiones actuales, consideran que los elementos del mundo natural como montañas,
paisajes, cielo, fuego, viento, agua, plantas y animales, están dotados de espíritu y por lo
tanto es indispensable un respeto y comunicación con ellos.
En épocas históricas hay evidencia de grandes jardines botánicos, zoológicos, cotos de
caza y otros espacios protegidos principalmente por razones espirituales o para la
recreación de las élites. En México sobresalen los jardines de Nezahualcoyotl (1402-1472)
en el cerro Tezcutzingo, el Bosque de Chapultepec y los jardines de Moctezuma
Xocoyotzin (1466-1520) en Oaxtepec.
Modelos de áreas protegidas
Sin embargo la creación de parques nacionales como política pública representó el
parteaguas de un movimiento a nivel mundial que ha seguido creciendo hasta la fecha. En
México durante la administración (1934-1940 del General Lázaro Cárdenas), con gran
influencia del Ing. Miguel Ángel de Quevedo y Zubieta (1859-1946), es cuando se
promueve el decreto del mayor número de parques nacionales. Los parques nacionales se
distinguen de otras categorías de áreas protegidas por su objetivo de mantener
condiciones naturales permitiendo únicamente actividades de recreación e investigación.
Sin embargo, en algunos países el modelo no ha sido muy efectivo ya que la propiedad de
la tierra no pertenece al estado y la creación de áreas protegidas origina severos conflictos
sociales.
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A principios de los años 70s el Programa del Hombre y la Biosfera de la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) propone un modelo
distinto de área protegida: las reservas de la biosfera. Uno de los objetivos principales de
estas áreas fue el de incluir a las poblaciones locales, que en su mayoría son los dueños de
la tierra, como parte del nuevo modelo de conservación. Una reserva de la biosfera estaría
compuesta de una o más zonas núcleo en donde las actividades humanas serian casi nulas
y una o más zonas de amortiguación que rodearían a las zonas núcleo (“modelo del huevo
estrellado”) en donde actividades de manejo forestal, ganadero entre otras, son
permitidas siempre y cuando sean ecológicamente adecuadas. En este modelo, las zonas
núcleo funcionarían como los parques nacionales, con restricciones a las actividades de
manejo, pero esta vez estarían cobijadas por las zonas de amortiguamiento y sus
actividades.
Durante los últimos años de la Universidad, a finales de los 70s tuve la oportunidad de
trabajar en los bosques de pino del Parque Nacional Zoquiapan y Anexas, en las laderas
del norte del volcán Iztaccíhuatl. Ahí, con un grupo de compañeros empecé a conocer las
dificultades del trabajo de campo, pero también las recompensas en los encuentros con
conejos de los volcanes y gatos monteses. También participé como asistente de
investigación en los matorrales áridos de la recién creada Reserva de la Biosfera Mapimí.
Al principio este ecosistema de la altiplanicie me pareció monótono comparado con los
bosques templados, pero pronto me di cuenta de su complejidad en donde no eran raros
los encuentros con imponentes víboras de cascabel y con liebres de desproporcionadas
orejas.
Al incluir a las poblaciones locales, las reservas de la biosfera pueden cubrir mucha mayor
extensión. El tamaño promedio de los Parques Nacionales en México es de 230 km2 (n=67)
mientras que el tamaño promedio de las Reservas de la Biosfera es de 3,086 km2 (n=41).
En Estados Unidos el promedio de extensión de los parques nacionales es quince veces
mayor (3,620 km2, n=59). Además de Parques nacionales y Reservas de la Biosfera, que en
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conjunto constituyen el 61% de las áreas protegidas en México, también existen otras
cuatro categorías de áreas protegidas federales: Monumentos Naturales (5), Áreas de
Protección de Recursos Naturales (8), Áreas de Protección de Flora y Fauna (37) y
Santuarios (18). Otras categorías de áreas protegidas incluyen las estatales, municipales,
privadas y comunitarias, que en general son de menor tamaño.
Un común denominador de las áreas protegidas en nuestro país es la ausencia de un
diseño que promueva la conservación de los ecosistemas, las especies y en general de la
biodiversidad. Las áreas protegidas se han ido creando en base al oportunismo y a
menudo son áreas relativamente pequeñas, que carecen de un análisis a nivel regional
para incluir los procesos ecológicos a nivel de paisaje.
Tres teorías
Hacia finales de los años 70 y principios de los 80 tres teorías biológicas incidieron en el
diseño y manejo de áreas protegidas. En los años 80s se empieza a consolidar la “Teoría
de los regímenes naturales de perturbación y su aplicación al manejo de ecosistemas.
Los ecosistemas y paisajes de cada región del planeta han sido moldeados por regímenes
de perturbación regionales como pueden ser sequías, incendios, huracanes, plagas, entre
otros. Estas milenarias perturbaciones periódicas son las responsables de la composición y
estructura de los ecosistemas y de los paisajes y por lo tanto son responsables del
mantenimiento de la biodiversidad. Para mantener la biodiversidad es necesario que las
actividades de manejo imiten a los regímenes naturales de perturbación. La política de
supresión del fuego en áreas protegidas eliminó una perturbación natural indispensable y
tuvo como resultado cambios radicales en la composición y estructura de algunos
ecosistemas. Actualmente muchas áreas protegidas incluyen el manejo activo del fuego
en sus actividades de conservación.
La segunda teoría conocida como Teoría de Biogeografía de Islas explicaba el
comportamiento de la diversidad de especies en relación al tamaño de las islas y su
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distancia al continente. Las predicciones de la teoría, sustentadas por gran cantidad de
evidencia, señalaban que las islas pequeñas y alejadas del continente soportaban menos
especies que las islas grandes y cercanas. Esta relación se vincula a los procesos de
colonización y extinción de las especies en las islas. La analogía era clara y la aplicación fue
inmediata: las áreas protegidas no podían quedar aisladas en un paisaje fragmentado por
las actividades humanas como son los extensos desarrollos agrícolas, carreteras, presas o
incluso las ciudades. De estas ideas surge el concepto de corredores biológicos”. Las
áreas protegidas deben mantenerse conectadas a través de corredores que permitan la
dispersión y colonización continua de las especies.
Paralelamente, desde el punto de vista del mantenimiento de poblaciones de especies
individuales, la Teoría de Metapoblaciones también señaló a la conectividad del paisaje
como un elemento esencial para la conservación de flora y fauna. La teoría estipula que
muchas especies viven congregadas en poblaciones relativamente separadas
espacialmente. Algunas de estas poblaciones pueden extinguirse localmente, pero tarde o
temprano el área es colonizada por individuos de otra población cercana de la misma
especie. A este comportamiento poblacional se le conoce como metapoblación y la
conectividad también juega un papel preponderante en esta teoría.
Bienvenida a la biodiversidad
El concepto de biodiversidad surge en la década de los 80s y poco a poco coloniza a las
áreas protegidas. Ahora el objetivo de las áreas protegidas no solo es de protección del
paisaje, o de una especie carismática, sino que debe ser la conservación de la
biodiversidad. Pero este nuevo concepto no es sencillo, incluye diversidad de especies,
diversidad genética, diversidad de ecosistemas y los procesos ecológicos y evolutivos que
dan origen y mantienen a esa diversidad. Este nuevo concepto aplicado a las áreas
protegidas requiere de modelos distintos.
A pesar de su gran tamaño, el parque nacional Yellowstone de 8,938 km2 se identificaron
problemas de viabilidad ya que algunas de sus poblaciones de grandes mamíferos como
bisontes, berrendos y algunos depredadores como osos Grizzlies no restringían sus
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movimientos al interior del Parque. A 110 años de su creación en 1983 se integró una la
coalición de dueños públicos y privados de los estados de Wyoming, Montana e Idaho que
intenta mantener 18,000 km2 de lo que se ha llamado el “Gran Ecosistema de
Yellowstone”. El Gran Ecosistema está integrado por un mosaico con distintas tenencias
que incluyen dos parques nacionales, tierras estatales, porciones de cinco bosques
nacionales, tres refugios nacionales de vida silvestre, tierras privadas y de grupos
indígenas. En 1995 se reintrodujeron lobos al Parque, después de una ausencia de 70 años
y actualmente habitan ahí más de 1,600 lobos.
En los años 80, gracias a los avances en la tecnología de percepción remota y de la
radiotelemetría aumentaron las investigaciones del uso del espacio por varias especies
animales. Estas investigaciones revelaron que una y otra vez habíamos subestimado sus
requerimientos espaciales, particularmente los de los grandes depredadores. Después de
la licenciatura y de un año de trabajo en México, me fui a Canadá a estudiar la maestría en
ecología. Mi asesor de la Universidad de Columbia Británica me invitó a desarrollar la
investigación en los bosques boreales del espectacular Parque Nacional Kluane (22,013
km2) en el territorio del Yukón. Ahí pasamos seis meses cada año desde marzo cuando la
nieve empezaba a derretirse hasta septiembre cuando se iniciaban las nevadas. Durante
esos seis meses, los días duraban 20 horas y el gran lago Kluane de 408 km2 de extensión
permanecía congelado hasta las primeras semanas de junio. Podíamos cruzarlo en carro o
en trineo eléctrico sin romper la gruesa capa de hielo.
Por tres largas estancias pude compartir mi vida con osos grizzlies, lobos, linces, caribúes,
alces, y borregos cimarrones, con los aun tradicionales indígenas Tutchone del sur y con la
mística magia de las auroras boreales. Años más tarde, al terminar el doctorado en los
bosques de pino y encino de la Reserva de la Biosfera La Michilía en la Sierra Madre de
Durango, donde viví tres años, regresaría a tierra de osos en Canadá a realizar
investigaciones sobre el impacto del manejo forestal en los alrededores de los Parques
Nacionales de Yoho y Kootenay en las montañas rocosas de la Columbia Británica.
En los estudios del Parque Nacional Kluane registramos movimientos extraordinarios de
linces de alrededor de 500 km que llegaron hasta Alaska en cosa de días o semanas.
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También se registraron movimientos de lobos del Parque Nacional Banff en Alberta,
Canadá a Estados Unidos y de regreso cubriendo más de 600 km. Por su parte las especies
con migraciones regionales abandonaban los límites de las áreas protegidas quedando
vulnerables. El concepto de poblaciones mínimas viables señala que para conservar una
especie evitando problemas genéticos se deben mantener cientos de individuos, lo que se
traduce en áreas de mucho mayor tamaño que las protegidas convencionalmente.
s adelante, realicé la investigación de mi tesis doctoral en la Reserva de la Biosfera La
Michilía, en los bosques de pino-encino de la Sierra Madre Occidental en el estado de
Durango. Llegué ahí en 1986 y a pesar de que había sido creada 7 años antes, nadie la
conocía, ni existía ningún letrero que señalara su existencia. Al mismo tiempo inicié el
Programa de Manejo del Parque Nacional El Chico, en Hidalgo. Este pequeño parque
nacional es uno de los más antiguos de México. Mantiene hermosos bosques de oyamel, y
es un microcosmos de la problemática de todas las áreas protegidas del país.
Un nuevo elemento: conectividad
Como respuesta a muchas de las preocupaciones anteriores surge el concepto de
corredor biológico. Si bien en muchos casos no es posible aumentar la extensión de las
áreas protegidas, mantener o restablecer su conectividad mediante el manejo adecuado
de corredores, podría proporcionar la solución a los problemas expuestos anteriormente.
En 1990 nace el Corredor Biológico Mesoamericano con el objeto de mantener la
conectividad a través de Centroamérica. El corredor incluye zonas núcleo, zonas de
amortiguamiento, zonas de corredor y zonas de uso múltiple con distintos grados de
manejo. Durante los años 90s pude participar en los esfuerzos en el desarrollo del
corredor centroamericano que en 1997 se extend a México.
Durante seis años a partir de 2003 trabajé en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca.
Esta área protegida de 560 km2 es un rompecabezas formado por alrededor de 100 piezas
de tenencia federal, estatal, pequeña propiedad, ejidos y comunidades indígenas. Esta
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impresionante heterogeneidad social, hace que el manejo del área protegida sea
sumamente dinámico y complejo.
Para principios del siglo XXI los sistemas nacionales de áreas protegidas aun no incluían la
biodiversidad de los países. La creación de áreas protegidas se había desarrollado de
forma oportunista y con grandes sesgos sobre lo que se debería conservar. Como
resultado se inició el desarrollo de metodologías para crear sistemas de áreas protegidas
utilizando algoritmos de complementariedad, es decir, identificando qué nuevas áreas
protegidas serían complementarias en su composición de especies a las ya establecidas.
Sin embargo, con una población mundial de siete mil millones de habitantes, el planeta ha
sido seriamente transformado y muchas regiones han perdido sus ecosistemas naturales.
En este siglo la gran labor actual debe ser la restauración.
En México se han realizado ambiciosos ejercicios conocidos como “vacíos y omisiones de
conservación” en ecosistemas terrestres, marinos y dulceacuícolas. Estos ejercicios con
gran participación de gobierno, instituciones académicas y sociedad civil, proponen sitios
con alta prioridad de acuerdo a la presencia de especies en riesgo, especies endémicas y
diversidad de ecosistemas, que no están representados en el sistema de áreas protegidas.
Si bien no todos estos sitios podrán convertirse en alguna forma de área protegida, si
deberían incorporar modelos de manejo más sustentables.
A través de la historia de los seres humanos, la protección de áreas ha ido evolucionando.
Durante los pasados cuarenta años, he sido testigo de cómo los avances en el
conocimiento sobre la ecología de especies y ecosistemas han proporcionado importantes
sugerencias para el mantenimiento de la diversidad biológica. Algunas de ellas se han
incorporado al diseño de parques nacionales y reservas de la biosfera, corredores
biológicos y sistemas nacionales de áreas naturales protegidas.
En 1998 después de realizar investigación sobre ranas, bromelias, cacería de subsistencia y
la distribución de tipos de vegetación analice el mal congénito en el diseño de la Reserva
de la Biosfera de Calakmul en Campeche creada en 1989, y dos años más tarde con un
grupo de investigadores propusimos un nuevo diseño que previniera la fragmentación de
esta importante reserva. Afortunadamente en 2003 el gobierno de Campeche decretó la
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Zona Sujeta a Conservación Ecológica Balam-ku, que complementa a Calakmul y soluciona
la mayoría de los problemas problemática de conservación de esta importante región.
El futuro de los espacios de conservación requiere de una visión regional de integración y
complementariedad. Los paisajes deben integrar, manejo sustentable, conservación y
restauración como una red interconectada a lo largo y ancho de los países. La restauración
puede implicar regresar a condiciones naturales previas, removiendo infraestructura no
deseada. La implementación de una nueva visión debe incluir un cambio de conducta en
nuestra relación con la naturaleza que tenga como cimiento el valorar y respetar a los
paisajes naturales, con su compleja trama ecológica como el legado más importante a las
futuras generaciones.
Algunas lecturas relacionadas en donde he participado en el tema de áreas protegidas
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Article
The Natural Protected Areas (NPA) network is one of Mexico's main biodiversity conservation strategies. However, comparisons between the biodiversity observed inside and around this conservation instrument have rarely been performed in the country, not even for groups of fauna such as medium and large mammals (weight. 0.5 kg). Aspects of diversity and abundance of medium and large mammals were determined inside the Cañon del Usumacinta Flora and Fauna Protection Area (inside NPA) and in unprotected areas surrounding the NPA (outside NPA) through 72 camera trap stations (41 stations inside and 31 outside NPA). We obtained 1333 records of medium and large mammals of 23 species inside the NPA, while 663 records of 22 species were obtained outside the NPA. The expected species richness, diversity, and species composition by camera station were similar between interior NPA and exterior NPA. Likewise, the shape of the rank-abundance curves was similar inside and outside the NPA but not in the species order. Also, we found differences among the mean weight of the species registered by the camera station with larger species captured in the interior of the NPA. Our results showed that although the diversity of medium-and large-sized mammals is similar between the interior and exterior of the NPA, the conservation actions carried out in the interior of the NPA allow the larger mammal species (generally exposed to subsistence hunters) to be more detectable within the NPA than outside. It is necessary to determine which programs helped reduce the pressure on the largest mammals in the NPA, to maintain their operation and extend it to other NPAs of the region.
Data
Full-text available
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El Rompecabezas Regional: Herramientas para el Desarrollo Sustentable
  • C Galindo-Leal
  • J Pérez
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Áreas comunitarias protegidas de Oaxaca
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Galindo-Leal, C. 2010. Áreas comunitarias protegidas de Oaxaca. Pp. 20-21 en: Carabias, J., J. Sarukhán, J. de la Maza y Carlos Galindo-Leal, (Coordinadores). Patrimonio natural de México: cien casos de éxito. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. México D.F.
Recuperación del lobo mexicano. Pp. 80-81 en: CarabiasPatrimonio natural de México: cien casos de éxito
  • C Galindo-Leal
  • J Sarukhán
  • J De La Maza Y
  • Carlos Galindo-Lealf
Galindo-Leal, C. 2010. Recuperación del lobo mexicano. Pp. 80-81 en: Carabias, J., J. Sarukhán, J. de la Maza y Carlos Galindo-Leal, (Coordinadores).Patrimonio natural de México: cien casos de éxito. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. México D.F..