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Los procesos técnicos de la cantería durante la Segunda Edad del Hierro en el occidente de la Meseta

Authors:

Abstract and Figures

This paper reconstructs the technical processes involved in producing the stone works made by the communities of Western Iberia during the Late Iron Age. For this study, we use both archaeological and ethnographic data. We analyze the characteristics of granite, the extraction process in the quarry, the available means of transport, the tools used and the carving process, focusing analysis on the zoomorphic sculptures known as "verracos". Assessment of these technical aspects is essential for the analysis of the finished products and constitutes a first step in better understanding the status of stonemasons within the protohistoric societies of the Western Iberian Peninsula.
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© Universidad de Salamanca Zephyrus, LXX, julio-diciembre 2012, 113-130
ISSN: 0514-7336
LOS PROCESOS TÉCNICOS DE LA CANTERÍA DURANTE LA
SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL OCCIDENTE DE
LA MESETA
The technical processes of quarrying in the Late Iron Age of Western
Iberia
Jesús RODRÍGUEZ-HERNÁNDEZ
Departamento de Prehistoria. Universidad Complutense de Madrid. Correo-e: jesusrhav@hotmail.com
Recepción: 2011-11-08; Revisión: 2011-12-09; Aceptación: 2012-02-27
BIBLID [0514-7336 (2012) LXX, julio-diciembre; 113-130]
RESUMEN: Este artículo trata de reconstruir los procesos técnicos implicados en los trabajos de cantería
realizados por las comunidades de la Meseta occidental durante la Segunda Edad del Hierro. Para ello, se ha
acudido tanto a datos arqueológicos como etnográficos. De esta manera, se analizan las características del
granito, el proceso de extracción en la cantera, los posibles medios de transporte, las herramientas utilizadas
y el proceso de labra, centrado en la realización de los famosos “verracos”. Estos aspectos técnicos resultan
fundamentales a la hora de estudiar los productos finales elaborados en granito y son el primer paso para
lograr un mayor conocimiento sobre el papel desempeñado por los canteros dentro de las sociedades proto-
históricas del occidente peninsular.
Palabras clave: Cantería. Chaîne opératoire. Verracos. Vettones. Segunda Edad del Hierro. Meseta
occidental.
ABSTRACT: This paper reconstructs the technical processes involved in producing the stone works made
by the communities of Western Iberia during the Late Iron Age. For this study, we use both archaeological
and ethnographic data. We analyze the characteristics of granite, the extraction process in the quarry, the
available means of transport, the tools used and the carving process, focusing analysis on the zoomorphic
sculptures known as “verracos”. Assessment of these technical aspects is essential for the analysis of the
finished products and constitutes a first step in better understanding the status of stonemasons within
the protohistoric societies of the Western Iberian Peninsula.
Key words: Quarrying. Chaîne opératoire. Verracos. Vettones. Late Iron Age. Western Meseta.
1. Introducción
Una buena parte de los vestigios que conserva-
mos hoy en día de las comunidades protohistóri-
cas del occidente de la Meseta peninsular están
realizados en piedra: sus murallas, el zócalo de sus
casas, sus altares rupestres o sus famosos “verra-
cos”. Por ello, analizar los trabajos de cantería
desa rrollados en estas sociedades prerromanas es
acercarnos a la comprensión de gran parte de su
cultura material y, de esta manera, lograr un
mayor conocimiento de dichas sociedades.
Los textos de los escritores clásicos denominan
vettones a los habitantes de la Meseta occidental y
los sitúan ocupando un extenso territorio del inte-
rior de la Península Ibérica cuyos límites irían
grosso modo desde el Tormes/Duero al Guadiana y
de la Sierra de Guadarrama al Águeda/Côa (Rol-
dán Hervás, 1968-69: 101-106; Sayas Abengoe-
chea y López Melero, 1991: 79-80; Sánchez
Moreno, 2000: 174-176; Salinas de Frías, 2001:
46-50; Álvarez-Sanchís, 2003: 322-328). De esta
manera, el territorio vinculado a los vettones
comprendería el suroeste de Zamora, la totalidad
de la provincia de Salamanca, la mayor parte de
la de Ávila –exceptuando su extremo norte–, la
zona occidental de Toledo y el oriente de Cáceres.
Éste va a ser nuestro marco espacial de análisis
(Fig. 1). Por otro lado, la horquilla cronológica
escogida para llevar a cabo este estu-
dio abarca la Segunda Edad del
Hierro –ss. IV-Ia. C.–.
Estos límites espacio-temporales
son los que han servido de referencia
en nuestra aproximación a la cante-
ría, cuyo objetivo final es reconstruir
la secuencia de operaciones median-
te las cuales la piedra era transforma-
da en un producto final –bloque
constructivo, molino circular, escul-
tura, etc.–, es decir, lo que Leroi-
Gourhan definió en los años 50 del
s. XX como chaîne opératoire o cade-
na operativa. En nuestro caso con-
creto, la reconstrucción de los
procesos técnicos o cadena técnica
está basada por completo en el tra-
bajo del granito, al ser ésta la piedra
más empleada por las comunidades
del occidente de la Meseta en sus
creaciones. Dicha reconstrucción se
ha llevado a cabo a partir de los
datos arqueológicos disponibles,
acudiendo a manuales técnicos de
cantería y a datos etnográficos pro-
cedentes tanto de publicaciones de
trabajos de campo como de una
entrevista realizada por nosotros a
un escultor que trabajó durante
algunos años en las canteras de Car-
deñosa (Ávila)1.
A lo largo de la historia el térmi-
no “cantero” se ha usado con distin-
tas acepciones: así, por ejemplo, ha
servido para denominar a aquellos
que extraían la piedra de las canteras,
pero también a los que la labraban
para diversos usos, a los escultores, a
los maestros de obras e incluso a los
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1Quiero agradecer en primer lugar a Daniel Hidalgo
Encinar, cantero y escultor de Cardeñosa, la paciencia y
amabilidad con la que respondió a todas mis preguntas
y los denodados esfuerzos que hizo para transmitirme su
saber. También agradezco a los Drs. Gonzalo Ruiz Zapa-
tero, Teresa Chapa Brunet y Jesús Álvarez Sanchís sus
valiosos comentarios y correcciones al Trabajo de Investi-
gación de Doctorado germen de este artículo. Del resulta-
do final y posibles errores soy yo el único responsable.
FIG.1. Mapa del occidente de la Meseta con localización de los yaci-
mientos citados en el texto y especificación de aquellos donde se
han identificado canteras y/o herramientas de cantería.
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arquitectos. El significado que se ha mantenido
hasta la actualidad para este término ha sido el
primero (Martínez Rossy et al., 1987: 31), pero
aquí lo vamos a emplear con un sentido genérico
de “trabajador de la piedra”, sea ésta un bloque de
una cantera o una escultura zoomorfa.
2. La cadena técnica del trabajo del granito
2.1. La piedra
El granito es una roca compuesta por cuarzo,
feldespato y mica en diversas proporciones. Esta
diferente composición mineralógica determina la
existencia de distintos tipos de granito. Los geólo-
gos los clasifican según los minerales accesorios
que presentan: granito con hornblenda, granito
de dos micas, etc. Sin embargo, los constructores
los clasifican según el color que tienen y/o el
lugar de procedencia: Gris Yecla, Rubio de Carde-
ñosa, etc. Pero, estas clasificaciones no son rele-
vantes para los canteros puesto que se guían por
criterios diferentes como, por ejemplo, la disponi-
bilidad, la dureza, la tenacidad, la duración o el
color de la piedra (Rockwell, 1993: 16-21).
En cuanto a la disponibilidad de la piedra, un
vistazo rápido al mapa geológico peninsular basta
para observar la abundancia del granito en nuestra
área de estudio (Instituto Tecnológico Geominero
de España, 1994; Vera, 2004: Mapa Geológico de
España a escala 1:2.000.000). Éste se extiende
fundamentalmente por la comarca del Sayago en
Zamora; el Campo de Ledesma, el Campo de
Vitigudino y la Sierra de Béjar en Salamanca; la
Sierra de Ávila, la Sierra de Ojos-Albos, la Sierra
de La Paramera, Serrota y la Sierra de Gredos en
Ávila; la Sierra de Gata, los batolitos de Cabeza de
Araya, Albalá, Montánchez, Alijares, Plasenzuela,
Santa Cruz, Trujillo y el área al sur de Navalmoral
de la Mata en Cáceres; la zona entre el embalse de
Valdecañas y Aldeanueva de Barbarroya, el área
de Oropesa, la zona de Los Navalmorales y la Sie-
rra de San Vicente en Toledo.
La dureza de la piedra determina, por ejemplo,
el tipo de herramientas que se pueden utilizar en
su desbaste y labra, así como el desgaste de las
mismas. La dureza del granito varía según su
composición, principalmente por la proporción y
tipo de feldespatos presentes (Vidal Romaní y
Twidale, 1998: 21). El granito se labra mejor
recién extraído ya que, conforme pierde el agua de
la cantera al aire libre, se endurece y ofrece mayor
resistencia (Torre Martín-Romo, 2006; Sánchez
Pérez, 2008: 71).
La tenacidad se refiere a la resistencia que
opone la piedra a romperse. En este sentido, el
granito es, por ejemplo, más tenaz que el mármol
y bastante más que la caliza (Nortes Nolasco,
2010: 143-144).
Respecto a su duración, las piedras más dura-
deras son las más compactas y de mayor peso
específico como el granito. Por ella es muy apre-
ciado en la construcción ya que, debido a su con-
tenido en cuarzo, ofrece una gran resistencia al
desgaste (Schumann, 1994: 74). Su peso específi-
co cambia un poco de una variedad a otra, pero
como valor medio se considera 2,7 g/cm³. Éste es
el peso de un mineral en relación al peso del
mismo volumen de agua, es decir, el granito es
2,7 veces más pesado que el mismo volumen de
agua. El peso específico del granito resulta mayor
cuanto menor es la proporción de cuarzo en su
composición (ibidem: 21 y 70-71).
Su color se valora, sobre todo, por cuestiones
estéticas (Rockwell, 1993: 21). Puede ser azulado,
amarillento, rojizo, verdoso o gris y esas diferentes
coloraciones son debidas al feldespato (Schu-
mann, 1994: 72).
2.2. La cantera
El granito se obtiene de los afloramientos y
berruecos existentes al aire libre, por lo que no es
necesario excavar para llevar a cabo su explota-
ción. Estas formaciones graníticas suelen presentar
numerosas fracturas o diaclasas que pueden apro-
vecharse para iniciar la extracción de los bloques
(Sánchez Pérez, 2008: 55-56). En Ulaca (Solosan-
cho, Ávila), las prospecciones intensivas realizadas
han puesto al descubierto la existencia de canteras
de bloques de granito, localizadas en los sectores
oeste y suroeste del recinto principal (Ruiz Zapa-
tero y Álvarez-Sanchís, 1999: 45; Álvarez-Sanchís,
2003: 158-159; Ruiz Zapatero, 2005: 28-31).
Para extraer los bloques, los canteros primeramen-
te tomarían contacto visual con el lugar del que se
iba a obtener la piedra, con objeto de examinar
las deficiencias, vetas y particularidades de la roca.
Seguidamente con una maceta –vid.infra “Las
herramientas”– darían unos golpes a la roca inda-
gando por el ruido y tipo de rebote los fallos, fisuras
o vetas interiores de la masa pétrea2(Aguirre, 1985:
86). Las siguientes etapas del trabajo han quedado
fosilizadas en las canteras de Ulaca: con un pico o
un pico-martillo abrirían en la superficie de la roca
a intervalos más o menos regulares unas aberturas3
siguiendo una línea recta y en la dirección de la veta
de la roca, ya que por ella va el “raje” que es el sen-
tido en el cual la piedra abre bien (Martínez Rossy
et al., 1987: 38). Con un puntero golpeado por una
maceta ahondarían las aberturas o “cuñeras” hasta
que éstas alcanzaran una profundidad suficiente
como para que el filo de la cuña no llegara al fondo
en todo su recorrido, puesto que si no la cuña se
cala, no avanza y rebota4. Del mismo modo, las
paredes del agujero, cerca de la superficie, serían lo
suficientemente anchas como para que los costados
de la cuña no provocaran pequeñas roturas de
material, impidiendo la transmisión de la fuerza
de empuje hacia las paredes laterales (Azconegui
Morán y Castellanos Miguélez, 1999: 64). En
las “cuñeras” introducirían cuñas de hierro5y las
golpearían de forma correlativa con un pico-
martillo, como los hallados en El Berrocalillo
(Plasencia, Cáceres) o Las Cogotas (Cardeñosa,
Ávila) (vid.infra “Las herramientas”)6, dando
un solo golpe cada vez para que la roca abriera
por igual. Las cuñas al ser introducidas en la
roca debían emitir un tono agudo; un cambio
de sonido indicaba que esa cuña había calado lo
suficiente. Una vez que aparecieran pequeñas
fisuras cerca de las cuñas darían pequeños gol-
pes provocando la fractura definitiva del bloque
(ibidem: 67).
En las canteras de Ulaca se han documentado
diferentes estadios de elaboración de los bloques
(Fig. 2):
1. Bloques esbozados en la roca mediante las
“cuñeras” perimetrales.
2. Bloques grandes, ya separados de la roca,
pero sin trocear: en la cantera oeste se conserva un
bloque de estas características con 3,5 m de longi-
tud, 50 cm de anchura y otros 50 cm de profun-
didad. Dada la longitud, para su extracción fue
necesario abrir longitudinalmente diez “cuñeras
en la roca. Mientras, en la cantera suroeste los
bloques, separados pero no partidos, miden apro-
ximadamente 1,2 m de longitud, 50 cm de
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2Según nuestro informante, con esta operación se
puede conocer incluso la profundidad de la roca.
3Álvarez-Sanchís (2003: 158) y Ruiz Zapatero (2005:
28) mencionan que estos agujeros están abiertos a interva-
los regulares de 28 y 36 cm, pero, en nuestra observación
directa de los mismos, no hemos encontrado ese patrón
regular sino que las distancias entre ellos oscilan entre los
26, 28, 38 y 46 cm en la cantera oeste y los 16, 20, 28,
32 y 36 cm en la cantera suroeste. El número de agujeros
de cuña a realizar depende, entre otros factores, de las
dimensiones del bloque que se pretende cortar (Azcone-
gui Morán y Castellanos Miguélez, 1999: 66); por ello, la
diferencia en los intervalos de separación entre “cuñeras
podría deberse a este factor.
4En Ulaca las “cuñeras” conservadas en los bloques
sin partir tienen una profundidad de entre 3 y 6 cm,
pero, en el proceso de rotura de los bloques, tendrían que
hacerse más hondas puesto que generalmente deben tener
una profundidad superior a los 8 cm (Azconegui Morán y
Castellanos Miguélez, 1999: 65) y, además, la cuña recu-
perada en el castro de El Raso (Candeleda, Ávila) mide
8,5 cm de longitud (vid. infra “Las herramientas”).
5Martínez Rossy et al. (1987: 38) y Gómez Canales
(2008: 41) citan el uso antiguo de cuñas de madera que,
una vez colocadas en las “cuñeras”, se mojaban y se deja-
ban toda la noche para que, cuando la madera dilatara, la
roca abriera. Pero, en una experimentación de corte
de granito realizada en el yacimiento hispanomusulmán de
Ciudad de Vascos (Navalmoralejo, Toledo), se ha constata-
do que utilizando cuñas de madera es posible crear una
línea de fractura en la piedra, aunque es necesaria la utili-
zación de cuñas de hierro para la separación definitiva de
la misma (Juan Ares y Cáceres Gutiérrez, 2007: 334). Esto
coincide con la opinión de nuestro informante, para el que
las cuñas de madera no servirían para cortar rocas tan
duras como el granito, sino que se emplearían introdu-
ciéndolas en la base de los bloques de rocas más blandas.
A esta evidencia en contra, hay que añadir el hallazgo de la
cuña de hierro del castro de El Raso (vid. infra “Las herra-
mientas”) y el hecho de que las cuñas de madera quedaran
inservibles después de un solo uso (ibidem: 333).
6De forma tradicional, las cuñas se golpean con una
maza o “marra” de 5 a 10 kg de peso (Martínez Rossy et
al., 1987: 38; Azconegui Morán y Castellanos Miguélez,
1999: 14); este tipo de herramienta no ha sido documen-
tada hasta el momento en nuestra área de estudio y sí un
tipo especial de pico que en uno de sus extremos está pre-
parado para remachar.
anchura y 40 cm de profundidad.
Para obtener bloques de esta magni-
tud los canteros realizaron de forma
longitudinal hasta cinco “cuñeras”.
3. Bloques terminados y no
transportados. En la cantera oeste el
tamaño medio de este tipo de blo-
ques es de 1,2 m de longitud, 50
cm de anchura y 50 cm de profun-
didad; es decir, aproximadamente
son el resultado de fragmentar en
tres grandes bloques como el descri-
to anteriormente. En la cantera del
extremo suroeste las dimensiones de
los bloques finalizados son de unos
60 cm de longitud, 50 cm de
anchura y 40 cm de profundidad.
Por tanto, en esta cantera los blo-
ques de primera extracción serían
divididos a la mitad.
Estas evidencias permiten afirmar
que todo el proceso de trabajo tenía
lugar in situ (Álvarez-Sanchís, 2003:
158; Ruiz Zapatero, 2005: 29-30).
La cantera del sector oeste parece
que se utilizó para la obtención de material cons-
tructivo para las viviendas, debido a su cercanía y
a que las dimensiones de los bloques se asemejan
al tamaño de los bloques que conforman la base
de los zócalos de las casas más próximas. La can-
tera suroeste del poblado estaría relacionada con
la elaboración de sillares para la construcción del
recinto defensivo en ese lado. Esto lo demuestra la
proximidad de la cantera a la muralla y las medi-
das similares de los bloques respectivos (Ruiz
Zapatero y Álvarez-Sanchís, 1999: 45; Álvarez-
Sanchís, 2003: 158; Ruiz Zapatero, 2005: 30).
Para hacernos una idea del volumen de trabajo
realizado en las canteras de Ulaca podemos acudir
a la experimentación realizada en el yacimiento
hispanomusulmán de Ciudad de Vascos (Naval-
moralejo, Toledo). Allí se procedió a la fractura
controlada de un bloque de granito de 1,23 x
1,05 m con medios tradicionales, siendo necesa-
rias tres horas y media para lograrlo (Juan Ares y
Cáceres Gutiérrez, 2007).
Junto a esta actividad a gran escala, en Ulaca
también se intuyen trabajos de extracción de
piedra de índole menor, en pequeños roquedos
graníticos anexos a algunas casas, que podrían
haber sido realizados por los habitantes de las
mismas (Álvarez-Sanchís, 2003: nota 129). Un
fenómeno similar ocurre en el castro de El Raso
(Candeleda, Ávila), donde se han documentado
“cuñeras” practicadas en la roca con el objetivo
de extraer piedras para la construcción de las
casas (Fernández Gómez, 1986: 434 y 456;
2011: 343). En Las Cogotas, Cabré cita la exis-
tencia de una cantera para la extracción de las
estelas de la necrópolis, en la cual se conservaban
aún algunas lajas cortadas pero no utilizadas que
estarían destinadas a futuros enterramientos.
Corrobora su ubicación en el área de la necrópo-
lis, en las proximidades del pequeño foco com-
puesto por tres sepulturas, situado cerca de la
Zona I de la misma (Cabré Aguiló, 1932: 17).
Recientemente, se ha descubierto una cantera de
similares características a las de Ulaca, al pie
mismo del lienzo oriental de la muralla del castro
de Yecla la Vieja (Yecla de Yeltes, Salamanca), al
sur del portillo abierto en ese lado de la fortifica-
ción (Martín Valls y Romero Carnicero, 2008:
249 y fig. 1).
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FIG.2. Cantera oeste de Ulaca; en la esquina inferior izquierda se pue-
den apreciar varias “cuñeras” que delimitan longitudinalmente el
que iba a ser el siguiente bloque a extraer. A su derecha se
encuentran el bloque de 3,5 m de longitud descrito en el texto y
los bloques ya partidos y listos para su uso.
2.3. El transporte
Como acabamos de ver, la extracción del gra-
nito que iba a formar parte de la muralla, del
zócalo de una vivienda o de una estela funeraria
se producía en la zona más cercana al lugar de
destino de la piedra. Esto se debe a la dificultad
que entraña transportar bloques pesados a media
y larga distancia. Hay que tener en cuenta que,
por ejemplo, el peso de los bloques terminados
y no transportados de la cantera oeste de Ulaca
–120 x 50 x 50 cm– sería de alrededor de 800 kg
y el de los bloques del mismo tipo de la cantera
suroeste –60 x 50 x 40 cm– unos 300 kg, si apli-
camos el peso específico del granito gris de Carde-
ñosa –2,63 g/cm³– que es la variedad más cercana
de la que conocemos ese dato (García de los Ríos
Cobo y Báez Mezquita, 1994: 171). Los canteros
movieron estos bloques unos pocos metros hasta
su lugar de colocación y posiblemente lo hicieron
con alguna clase de palanca de madera o de hierro
como las que se han venido utilizando tradicio-
nalmente aunque, por el momento, este tipo de
útil no ha sido documentado. Por este método es
posible mover grandes bloques de varias toneladas
de peso, para lo cual es bueno colocar debajo del
bloque una piedra redondeada puesto que facilita
el desplazamiento y el giro, incluso con las
manos, para trasladarlo de lugar o simplemente
darlo la vuelta (Gómez Canales, 2008: 53).
Pero, cuando el bloque era muy pesado y/o
había que llevarlo a una distancia mayor, se
emplearían otro tipo de sistemas. Uno de ellos
podría haber sido el transporte con rodillos, siste-
ma que consiste simplemente en colocar el bloque
encima de unos rodillos cilíndricos de madera,
sobre los que el cantero hace rodar a la piedra con
ayuda de una palanca (Azconegui Morán y Caste-
llanos Miguélez, 1999: 68). Es un sistema sencillo
con el que se pueden mover bloques de varias
toneladas, aunque sólo podría emplearse en luga-
res sin desniveles importantes.
Otro posible sistema sería el transporte con
una narria o “rastrón”, especie de trineo de made-
ra sobre el que se colocaría el bloque. La narria
iría atada mediante cuerdas, posiblemente a una
yunta de bueyes que tiraría de ella (Rockwell,
1993: 168). Si el terreno estaba en pendiente sería
necesario frenar los posibles movimientos de la
piedra: en caso de pendiente ascendente habría
que colocar cuñas en la parte trasera de la narria,
mientras que en caso descendente se emplearía
una soga para contener la caída de la piedra (Nor-
tes Nolasco, 2010: 263).
Para distancias medias y largas se emplearían
carros tirados por bueyes o caballos, cuyas huellas
o carriladas son visibles en algunos puntos en el
camino de acceso a la puerta noreste del oppidum
de Ulaca (Ruiz Zapatero y Álvarez-Sanchís, 1999:
41; Ruiz Zapatero, 2005: 14-15). También se
observan en el camino que se dirige desde la
puerta occidental hacia el sur en el castro de El
Castillejo de la Orden (Alcántara, Cáceres), donde
ha sido posible establecer una longitud de los ejes
del carro que oscila entre 105 cm de máxima
–distancia entre los extremos de fuera de las roda-
das– y 91 cm de mínima –distancia entre los
puntos más próximos de las carriladas, más 10 cm
equivalentes al ancho de las llantas– (Martín
Bravo, 1999: 148). Aparecen además en un tramo
cercano a los fosos del castro de La Burra (Torre-
jón el Rubio, Cáceres), donde también se ha
podido medir la longitud de los ejes, cuya anchu-
ra máxima es de 160 cm y la mínima 80 cm
–más el ancho de las llantas– (ibidem: 178).
El transporte de granito a larga distancia ha
podido documentarse gracias a las cuatro basas de
granito encontradas en la Cabaña II del castro
de La Coraja (Aldeacentenera, Cáceres); en este
caso el material procede del batolito de Trujillo,
situado a más de 20 km de distancia (Redondo
Rodríguez et al., 1991: 277). Este castro se asienta
sobre un terreno en el que la roca dominante es la
pizarra (Ongil Valentín, 1986-87: 326) y, por
ello, ha sido necesario el transporte del granito;
sin embargo, este tipo de transporte prácticamen-
te no se produciría dada la abundancia de esta
piedra en la zona occidental de la Meseta.
2.4. Las herramientas
Dentro del territorio adscrito a los vettones
hemos logrado identificar un total de 21 herra-
mientas de cantería, todas ellas de hierro, pertene-
cientes a diez tipos diferentes: barrena helicoidal
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(1), cinceles (7), cincel enmangado (1), cuña (1),
escoplo (1), gradinas (2), picos (3), picos-martillo
(2), puntero (1) y punteros enmangados (2). No
hemos incluido algunos útiles por considerarlos
más aptos para labores de carpintería: por ejem-
plo, las cuñas localizadas en las casas B-4 (Fernán-
dez Gómez, 1986: 244 y fig. 131, n.º 34), C-3
(ibidem: 354 y fig. 213, n.º 22), D-23 (Fernández
Gómez, 2011: 268 y fig. 419, n.º 5) y en superfi-
cie en el castro de El Raso (ibidem: 318 y fig.
501, n.º 33); su forma rectangular impediría la
penetración en la roca, para lo cual deberían tener
un extremo aguzado y las dos gubias halladas por
Cabré (1930: 101 y lám. LXXIV) en Las Cogotas
debido a que este tipo de instrumento, aunque
puede utilizarse en otro tipo de piedras, no se
emplea en la labra del granito (Rockwell, 1993:
44). También hemos descartado otras cuñas por
su escaso tamaño o por su falta de robustez para
el trabajo de la piedra: es el caso de las recupera-
das en las casas D-12 (Fernández Gómez, 2011:
198 y fig. 308, n.º 17) y D-17 (ibidem: 224 y fig.
339, n.os 6 y 8) del castro de El Raso.
Otro tipo de herramienta que no se ha inclui-
do es la alcotana (Cabré Aguiló, 1930: 101 y lám.
LXXIV; Martín Bravo, 1999: 138 y fig. 47, n.os 1 y
2; Fernández Gómez, 2011: 27 y fig. 13, n.º 3),
ya que, aunque su uso está documentado para
roca caliza en el mundo ibérico –por ejemplo en
la labra de la Dama de Elche (Vives Boix, 2000:
30)–, su escaso peso la hace ineficaz para piedras
más duras como el granito (Azconegui Morán y
Castellanos Miguélez, 1999: 34).
Los 21 instrumentos de trabajo identificados
suponen un número escaso para un área tan gran-
de, sobre todo si se tiene en cuenta que solamente
un yacimiento como Numancia (Garray, Soria) ha
aportado una treintena de herramientas vincula-
das al trabajo de la piedra; aunque su cronología
sea tardía (ss. Ia. C. - IV d. C.) (Jimeno Martínez
et al., 1999: fig. 2A y 2B). Esto se debe en gran
medida a la escasez de hábitats vettones excavados
en extensión suficiente. No en vano, 19 de estos
útiles proceden de Las Cogotas (Cabré Aguiló,
1930; Mariné y Ruiz Zapatero, 1988; Ruiz Zapa-
tero y Álvarez-Sanchís, 1995; Ruiz Entrecanales,
2005) y el castro de El Raso (Fernández Gómez,
1986, 2005, 2011), sitios que sí han sido abiertos
de forma amplia.
Pasamos a continuación a describir las princi-
pales características y la posible funcionalidad de
las herramientas agrupadas por tipos:
Barrena helicoidal: útil compuesto por
una larga varilla que hacia la parte inferior se
retuerce en forma torculada. La cabeza parece
estar dispuesta para ser enmangada y el extremo
inferior termina en boca cortante. La pieza docu-
mentada tiene 15 cm de longitud y procede del
castro de Las Cogotas (Cabré Aguiló, 1930: 102 y
lám. LXXIV). Plá Ballester (1968: 153) ha identifi-
cado en la región valenciana cuatro tipos distintos
de barrenas, uno de los cuales es el de las barrenas
helicoidales que, según él, es el único tipo de
barrenas que podría haber sido utilizado en labo-
res de cantería y/o carpintería. De todas maneras,
su uso sobre el granito, en caso de producirse,
debió ser muy limitado. Podría haber sido utiliza-
da para realizar los orificios de las cornamentas,
de los ojos y el ano en algunas de las esculturas
zoomorfas, como ya ha sugerido Álvarez-Sanchís
(2003: 222).
Cinceles: herramientas formadas por una
varilla robusta de sección rectangular, por lo gene-
ral más ancha que gruesa, con una cabeza tam-
bién rectangular preparada para ser percutida
directamente y un filo biselado y cortante en
ángulo cercano a los 45º, que es el ideal para
labrar piedras duras como el granito (Azconegui
Morán y Castellanos Miguélez, 1999: 44). Los 7
ejemplares del área vettona tienen dimensiones
diferentes aunque se pueden agrupar en dos tama-
ños distintos: el más pequeño, de unos 4 cm de
longitud, sólo representado por el cincel hallado
en superficie en Las Paredejas (Medinilla, Ávila)7
(Fig. 3, n.º 6) que presenta la particularidad de
tener la cabeza redondeada (Piñel, 1976: 362 y
fig. 9, n.º 3) y el más grande, de unos 6-7 cm de
longitud, al cual pertenecen los otros 6 ejempla-
res. De ellos, uno procede de Las Cogotas (Cabré
Aguiló, 1930: 101 y lám. LXXVI) y el resto del cas-
tro de El Raso: un fragmento descubierto en la
Jesús Rodríguez-Hernández / Los procesos técnicos de la cantería durante la Segunda Edad del Hierro... 119
© Universidad de Salamanca Zephyrus, LXX, julio-diciembre 2012, 113-130
7Las diferencias de tamaño y morfología de este cin-
cel respecto al resto de ejemplares catalogados podrían
deberse a su datación anterior, dada la amplitud cronoló-
gica de este yacimiento (ss. VII-III a. C.).
excavación de la casa A-4 (Fernández Gómez,
1986: 141 y fig. 70, n.º 58), otro también incom-
pleto en la casa D-3 (Fig. 3, n.º 4) (Fernández
Gómez, 2011: 69 y fig. 65, n.º 18),
uno hallado en la casa D-8 (Fig. 3,
n.º 5) (Álvarez-Sanchís, 2008: 64,
n.º 108; Fernández Gómez, 2011:
139 y fig. 192, n.º 1), otro en la
casa D-6 (Fernández Gómez, 2011:
102 y fig. 116, n.º 15) y un ejem-
plar con la punta doblada en la calle
14-D(ibidem: 309 y fig. 487, n.º 4).
Respecto a la anchura de los filos
de estos cinceles, cabe destacar que
frente a la variedad de anchos de
boca detectada por Negueruela
(1990-91: 80) en su estudio de las
esculturas ibéricas del Cerrillo Blan-
co de Porcuna (Jaén) –donde docu-
menta marcas de cinceles con filos
de 4, 3, 2 y entre 1,1 y 1,4 cm de
anchura– y por Castelo Ruano
(1995: 142) en su análisis de diver-
sos fragmentos arquitectónicos ibéri-
cos con huellas de instrumentos
–donde se constata el uso de cinceles
de 2, 1,5, 1, 0,5, 0,2 y 0,1 cm de
anchura–, en el ámbito vettón los
cinceles encontrados tienen similares
anchuras de filo. Éste oscila entre
1,9 –cincel de la casa D-3 de El
Raso– y 1 cm de anchura –Las Pare-
dejas y cincel de la calle 14-Dde El
Raso–, con filos intermedios de 1,4
–fragmento de cincel de la casa A-4
de El Raso– y 1,2 cm de anchura
–Las Cogotas y cincel de la casa D-8
de El Raso–.
El cincel es la herramienta de can-
tería que puede cumplir más funcio-
nes: en el desbaste de una pieza se
emplea para labrar las atacaduras o
entalladuras perimetrales que sirven
de guía para nivelar el resto de la
superficie de trabajo; pero también
sirve para nivelar superficies, borrar las
huellas de otras herramientas, prac -
ticar ranuras, muescas, etc. (Azcone-
gui Morán y Castellanos Miguélez,
1999: 44). Dependiendo de las
dimensiones del útil el cantero lo emplea en una
tarea u otra, así, por ejemplo, los cinceles más
pequeños están destinados a trabajos finos.
120 Jesús Rodríguez-Hernández / Los procesos técnicos de la cantería durante la Segunda Edad del Hierro...
© Universidad de Salamanca Zephyrus, LXX, julio-diciembre 2012, 113-130
FIG.3. Algunos de los útiles de cantería documentados entre los vettones:
n.os 1-2 picos (según Fernández Gómez y López Fernández,
1990: fig. 10); n.º 3 pico-martillo (según Martín Bravo, 1999:
fig. 47, n.º 3); n.os 4-6 cinceles (según Fernández Gómez, 2011:
fig. 65, n.º 18 y fig. 192, n.º 1; Piñel, 1976: fig. 9, n.º 3); n.º
7 cuña (según Fernández Gómez, 1986: fig. 165, n.º 13); n.º 8
escoplo (ibidem: fig. 39, n.º 83) y n.º 9 gradina (según Fernán-
dez Gómez, 2011: fig. 420, n.º 11).
Cincel enmangado: instrumento compues-
to por una varilla cuya cabeza parece estar dis-
puesta para ser enmangada y el extremo inferior
remata con un filo biselado y cortante. El único
útil de este tipo catalogado procede de Las Cogo-
tas y sus dimensiones son 10 x 1,3 cm (Cabré
Aguiló, 1930: 101 y lám. LXXIV). Se ha podido
documentar su uso en la labra de la Dama de
Elche (Vives Boix, 2000: 31). Su empleo sobre el
granito sería muy restringido limitándose, segura-
mente, a la labra de los detalles más delicados de
las esculturas de toros y cerdos.
Cuña: pieza de sección triangular con la
cabeza plana para ser golpeada directamente y con
el extremo inferior agudo y más estrecho que la
cabeza. El ejemplar identificado fue exhumado en
la excavación de la casa C-1 del castro de El Raso
y sus dimensiones son 8,5 x 2,3 x 1,5 cm (Fig. 3,
n.º 7) (Fernández Gómez, 1986: 293 y fig. 165,
n.º 13). Como ya hemos visto, las cuñas sirven
para partir la piedra.
Escoplo: herramienta formada por una
recia barra de hierro de sección rectangular termi-
nada en un filo recto biselado de mayor anchura
que el resto de la pieza. El ejemplar reconocido
procede de la casa A-3 del castro de El Raso y sus
dimensiones son 15 x 2,2 x 4 cm (Fig. 3, n.º 8)
(Fernández Gómez, 1986: 107 y fig. 39, n.º 83;
Álvarez-Sanchís, 2008: 64, n.º 109). Al tener un
espigón roto y dos apéndices triangulares mediales
puede ser interpretado de dos maneras: como un
útil enmangado y, por tanto, más apto para labo-
res de carpintería (Barril Vicente, 1992: 9 y 23) o
como una herramienta preparada para ser percuti-
da directamente en su espigón y con un ensanche
superior a modo de guarda, por lo que podría ser
usada en trabajos de cantería (Fernández Gómez,
1986: 456). Los escoplos se distinguen de los cin-
celes por la posición del filo respecto a las caras de
la varilla, que en los primeros es común a los
lados anchos, mientras que en los cinceles lo es en
los lados estrechos (Plá Ballester, 1968: 157). Su
uso debió ser similar al de los cinceles aunque,
debido a su mayor longitud, pudo ser utilizado en
lugares inaccesibles para éstos, por ejemplo, en la
labra de los “verracos”.
Gradinas: útiles consistentes en una varilla
robusta, con una cabeza preparada para ser golpea -
da directamente y un característico filo dentado.
Los dos ejemplares identificados fueron descubier-
tos en las excavaciones del núcleo Dde El Raso y
tienen dimensiones diferentes: el primero, proce-
dente de la casa D-2, mide 10,3 cm (Fernández
Gómez, 2011: 54 y fig. 44, n.º 4) mientras que el
segundo, hallado en la casa D-23, mide 19 cm de
longitud (Fig. 3, n.º 9) (ibidem: 268 y fig. 420,
n.º 11). Este último ha sido catalogado como un
posible peine de uñas, pero su morfología y
robustez hace más plausible su adscripción como
gradina. En ambos casos se han perdido por com-
pleto los dientes del filo, aunque en el ejemplar
de la casa D-23 se intuye el arranque de los mis-
mos –seis dientes–.
La gradina puede utilizarse para desbastar la
piedra o para nivelar las zonas previamente traba-
jadas con el puntero (Torre Martín-Romo, 2006;
Nortes Nolasco, 2010: 180). Su uso produce una
característica textura estriada de finos surcos que
puede conservarse como acabado final (Adam,
1999: fig. 62) o ser eliminada posteriormente
con el cincel (Torre Martín-Romo, 2006). Debi-
do a la dureza del granito, que provoca un rápido
desgaste de los dientes, su empleo pudo ser muy
limitado.
Picos: los picos documentados aquí son
picos clásicos de cantero ya que están compuestos
por dos puntas opuestas aguzadas con forma pira-
midal y un ojo central para enastar el mango. Los
tres poseen puntas romas muy adecuadas para la
labra del granito (Azconegui Morán y Castellanos
Miguélez, 1999: 26). Sin embargo, tienen dimen-
siones diferentes: el más grande, procedente del
castro de Las Cogotas (Cabré Aguiló, 1930: 101 y
lám. LXXV), mide casi 23 cm de longitud pero
tiene una de sus puntas rota por la mitad por lo
que podría alcanzar los 28 cm de longitud; de los
otros dos, ambos procedentes del núcleo Ddel
castro de El Raso, uno mide 17 cm de longitud
(Fig. 3, n.º 1) (Fernández Gómez y López Fer-
nández, 1990: fig. 10; Almagro-Gorbea et al.,
2004: 423, n.º 21; Fernández Gómez, 2011: 124
y fig. 150) y el otro 13,3 cm (Fig. 3, n.º 2) (Fer-
nández Gómez y López Fernández, 1990: fig. 10;
Fernández Gómez, 2011: 69 y fig. 63, n.º 4).
Jesús Rodríguez-Hernández / Los procesos técnicos de la cantería durante la Segunda Edad del Hierro... 121
© Universidad de Salamanca Zephyrus, LXX, julio-diciembre 2012, 113-130
El pico, como ya hemos visto, se utiliza para
abrir las “cuñeras” en la roca, pero, además, se
puede emplear para desbastar o eliminar grandes
irregularidades en los bloques e incluso para el
acabado final de piezas de aspecto tosco (Azcone-
gui Morán y Castellanos Miguélez, 1999: 26;
Gómez Canales, 2008: 74-75). Dependiendo de
las dimensiones del pico el cantero le daría un fin
u otro: el tipo más grande se utilizaría posible-
mente en la cantera para abrir las entalladuras en
el granito mientras que los más pequeños, simila-
res a las escodas (Nortes Nolasco, 2010: 210), se
emplearían en el desbaste.
Picos-martillo: instrumentos compuestos
por una punta aguzada con forma piramidal y
sección cuadrada a un lado del ojo para enastar
y un talón para remachar en el otro. Tienen tam-
bién dimensiones diferentes: 28 cm de longitud
en el caso del procedente del castro de El Berroca-
lillo (Fig. 3, n.º 3) (Martín Bravo, 1999: 138 y
fig. 47, n.º 3) y 15 cm de longitud en el de Las
Cogotas (Cabré Aguiló, 1930: 101 y lám. LXXV;
Barril Vicente, 2005: 118-119; Álvarez-Sanchís,
2008: 64, n.º 105); aunque en este caso la fun-
ción debió ser la misma. Este tipo de picos, como
ya quedó dicho en el apartado dedicado a las can-
teras, sería especialmente apto para abrir las
“cuñeras” y golpear sucesivamente las cuñas hasta
separar los bloques de la roca.
Puntero: herramienta constituida por una
recia varilla de hierro de sección circular, cabeza
plana para poder ser percutida directamente y
punta con cuatro caras de forma piramidal. Sólo
se ha podido documentar una pieza con estas
características, procedente de Las Cogotas (Cabré
Aguiló, 1930: 101 y lám. LXXVI), cuyas dimensio-
nes son las siguientes: 9,1 x 0,8 cm. Tiene la
misma función que el pico, siendo una herra-
mienta más precisa que éste y pudiendo trabajar
zonas inaccesibles para el pico debido a su forma
y tamaño. Puede emplearse para el desbaste en
esculturas o incluso para la talla final de piezas de
aspecto tosco (Azconegui Morán y Castellanos
Miguélez, 1999: 40).
Punteros enmangados: consisten en una
gruesa barra triangular con la punta aguzada. El
extremo contrario está compuesto por una espiga
corta para insertar un mango sujeto mediante una
ancha arandela. Este mango posiblemente sería de
madera, como demuestran los restos de madera
carbonizada conservados en el interior de la aran-
dela del ejemplar más pequeño (Barril Vicente,
2005: 119). Los dos punteros enmangados proce-
den del castro de Las Cogotas y sus dimensiones
varían entre los 20 cm de longitud del más gran-
de (Cabré Aguiló, 1930: 101 y lám. LXXVI) y los
15 cm del más pequeño (ibidem; Barril Vicente,
2005: 118-119; Álvarez-Sanchís, 2008: 64, n.º
107). Su uso debió ser parecido al del puntero
descrito anteriormente aunque, por su condición
de piezas enmangadas, estarían reservados a traba-
jos delicados.
Los útiles de cantería pueden ser divididos en
herramientas de percusión, de abrasión y de
medición (Rockwell, 1993: 31). Todos los instru-
mentos catalogados entre los vettones pertenecen
al primer grupo aunque, incluso en éste, se echan
en falta ciertos útiles que sí han sido documenta-
dos en otras áreas: taladros, como los de La Basti-
da de les Alcuses (Moixent, Valencia), La Covalta
(Albaida, Valencia) (Plá Ballester, 1968: 152
y fig. 15, 1969: 318) y Numancia (Manrique
Mayor, 1980: 154 y 156), a pesar de que su uso
en el granito sería muy limitado, y macetas,
como las documentadas indirectamente en el
Cerrillo Blanco de Porcuna (Negueruela, 1990-
91: fig. 2) y en la labra de la Dama de Elche
(Vives Boix, 2000: fig. 6b). De hecho, a excep-
ción de los picos-martillo que pudieron ser utili-
zados para golpear las cuñas, en el ámbito vettón
carecemos de percutores, a no ser que recurramos
a martillos como el encontrado en Las Cogotas
(Cabré Aguiló, 1930: 101 y lám. LXXV). Pero,
dado que este tipo de herramienta es más propia
del trabajo del metal, nos decantamos por la exis-
tencia de algún tipo de maceta de hierro. Su exis-
tencia puede documentarse de forma indirecta, a
través de las rebabas presentes en la cabeza del
cincel encontrado en Las Paredejas (Fig. 3, n.º 6)
y el rehundimiento existente en la cabeza del cin-
cel hallado en Las Cogotas (Cabré Aguiló, 1930:
101 y lám. LXXVI), puesto que es necesario el gol-
peo repetitivo con un objeto duro como una
maceta de hierro para deformarlos así (Nortes
122 Jesús Rodríguez-Hernández / Los procesos técnicos de la cantería durante la Segunda Edad del Hierro...
© Universidad de Salamanca Zephyrus, LXX, julio-diciembre 2012, 113-130
Nolasco, 2010: 171). Además, la presencia de
útiles enmangados nos habla de forma indirecta
de la existencia de mazos de madera, que al estar
hechos en materia orgánica difícilmente se con-
servarían. Para su creación se emplearían maderas
duras como la de nogal, ciruelo, encina o fresno
(Bessac, 1986: 159). Este tipo de maderas serían
también las utilizadas en los astiles de las herra-
mientas enmangadas. Por su parte, los picos
seguramente irían equipados con un mango de
roble, como ha sido tradicional (ibidem: 15).
En cuanto a las herramientas de medición,
trazo y comprobación, en otras zonas peninsula-
res se han documentado compases de dos tipos:
de ramas rígidas, por ejemplo, en La Covalta, La
Bastida de les Alcuses, Cerro de San Miguel (Llí-
ria, Valencia) (Plá Ballester, 1968: 158 y fig. 32,
n.os 1 y 3-8; 1969: 329 y fig. XXXII, n.º 1) o
Numancia (Manrique Mayor, 1980: 68, 70 y
figs. 11 y 12; Jimeno Martínez et al., 1999: fig.
5B, n.º 3; Berzosa del Campo, 2005: fig. 4, n.º
8) y articulado o “bigotera” en La Bastida de les
Alcuses (Plá Ballester, 1968: 158 y fig. 32, n.º 2;
1969: 329 y fig. XXXII, n.º 2). La causa de su
ausencia en territorio vettón puede deberse a que,
al ser un objeto articulado, las piezas que lo for-
man suelen hallarse sueltas y es difícil identificar-
las; además puede fabricarse en materias
orgánicas por lo que su conservación resultaría
muy compleja. Su uso, de todas maneras, sería
escaso. Para dibujar o trazar sobre la piedra los
canteros pudieron utilizar trazadores metálicos,
compuestos por una varilla de hierro o algún tipo
de pigmento.
Por último, entre las herramientas de abrasión
podríamos considerar la piedra pómez, el esmeril
o el corindón, que una vez machacados y reduci-
dos a polvo se aplicarían por frotación contra la
superficie (Negueruela, 1990-91: 83). Debido a la
rugosidad que presentan la totalidad de las escul-
turas zoomorfas conocidas hasta hoy, descartamos
su utilización en el ámbito vettón.
Los “hierros” –punteros, escoplos y cinceles–
utilizados en cantería, y más en una piedra dura
como el granito, sufren un gran desgaste por lo
que cada poco tiempo los canteros deberían acu-
dir al herrero para que reavivara el filo de sus
herramientas en la fragua.
2.5. La labra
Para ilustrar este apartado nos centraremos en
el proceso de labra de las esculturas zoomorfas,
atendiendo tanto a las distintas fases necesarias
para su elaboración como a las variantes o eleccio-
nes tecnológicas realizadas por los artesanos a lo
largo de todo el proceso.
Un tema secular en el estudio de las comunida-
des del occidente de la Meseta es, sin duda, el de
los “verracos”. La profusa bibliografía8que ha trata-
do de manera monográfica la estatuaria animal del
occidente peninsular nos exime de un estudio deta-
llado, por lo que nos vamos a concentrar exclusiva-
mente en el análisis de su proceso de labra.
Diversos trabajos anteriores han abordado esta
cuestión de primer orden para la comprensión de
las esculturas de cerdos y toros conocidas común-
mente como “verracos” (Álvarez-Sanchís, 1993a:
162-164, 2003: 221-222; Ruiz Zapatero y Álvarez-
Sanchís, 2008: 217-220). Estos estudios han defi-
nido una serie de fases más o menos comunes por
las que pasarían todas o casi todas las piezas hasta
adquirir su aspecto final, aunque hay que tener en
cuenta que, dada la variedad de tamaños y caracte-
rísticas, la labra de las esculturas habría requerido
de soluciones diferentes en cada caso (Fig. 4).
En primer lugar, los canteros seleccionarían la
materia prima que constituiría la base de la escul-
tura. Ésta es, salvo raras excepciones9, alguna de
Jesús Rodríguez-Hernández / Los procesos técnicos de la cantería durante la Segunda Edad del Hierro... 123
© Universidad de Salamanca Zephyrus, LXX, julio-diciembre 2012, 113-130
8El análisis más completo, con toda la bibliografía
anterior, puede encontrarse en el capítulo VII de la obra
de Álvarez-Sanchís (2003: 215-294).
9Sería el caso del toro de caliza de Lara de los Infan-
tes (Burgos) (López Monteagudo, 1989: 82, n.º 127, lám.
48; Álvarez-Sanchís, 2003: 357, n.º 164, fig. 102,14), del
cerdo de selenita de Açoreira (Trás-os-Montes, Portugal)
(López Monteagudo, 1989: 106, n.º 214, lám. 74; Álva-
rez-Sanchís, 2003: 366, n.º 292, fig. 110,15), del toro de
arenisca de Almaraz de Duero (Zamora) (Álvarez-Sanchís,
2003: 371, n.º 370), del toro de arenisca de Madridanos
(Zamora) (Martín García y García Diego, 1990: 27, lám.
3, fig. 4; Álvarez-Sanchís, 2003: 371, n.º 373, fig.
102,17), del toro de arenisca de Muelas del Pan (Zamora)
(Martín García y García Diego, 1990: 29, lám. 7, fig. 13;
Álvarez-Sanchís, 2003: 371, n.º 378, fig. 100,18) y del
cerdo de arenisca de Villalazán (Zamora) (López Montea-
gudo, 1989: 119, n.º 273, lám. 86; Martín García y Gar-
cía Diego, 1990: 25, lám. 2, fig. 2; Álvarez-Sanchís,
2003: 372, n.º 385, fig. 110,9).
las variedades de granito presentes en el occidente
peninsular. La piedra se obtendría de dos sitios
diferentes: berrocales y canteras. El descubrimien-
to en la base de la torre sur de la puerta de San
Vicente, en la muralla de Ávila, de un verraco
labrado in situ, en un berrueco, sobre el substrato
geológico de la ciudad ilustra perfectamente el
primer caso (Gutiérrez Robledo, 1999; Martínez
Lillo y Murillo Fragero, 2003: 281-282). A raíz
de este hallazgo, se puede plantear la posibilidad
de que otras esculturas zoomorfas hayan sido
labradas directamente en los berruecos de superfi-
cie. Hay que tener en cuenta que, si bien hoy es
posible extraer bloques de granito de grandes
dimensiones gracias al uso de maquinaría provista
por ejemplo de hilo diamantado (Azconegui
Morán y Castellanos Miguélez, 1999: 19), con las
herramientas y técnicas documentadas entre los
vettones debió resultarles muy complicado obte-
ner bloques con las dimensiones adecuadas para la
124 Jesús Rodríguez-Hernández / Los procesos técnicos de la cantería durante la Segunda Edad del Hierro...
© Universidad de Salamanca Zephyrus, LXX, julio-diciembre 2012, 113-130
FIG.4. Principales etapas en la elaboración de un “verraco” y algunas de las herramientas asociadas a las mismas (esquema
del verraco a partir de Ruiz Zapatero y Álvarez-Sanchís, 2008: fig. 2, modificado; dibujos abajo derecha y arriba
izquierda según Val Recio y Escribano Velasco, 2004: 15 y 37, respectivamente y herramientas según diversos autores
recogidos en el pie de la Fig. 3).
labra, por ejemplo, del toro de Villa-
nueva del Campillo (Ávila) (Fig. 5)
(Arias Cabezudo et al., 1986: 127,
n.º 100; López Monteagudo, 1989:
79, n.º 117, lám. 43; Álvarez-San-
chís, 2003: 356, n.º 152, fig. 93,3) o
los Toros de Guisando (El Tiemblo,
Ávila) (Arias Cabezudo et al., 1986:
113-117, n. os 87-90; López Montea-
gudo, 1989: 71-73, n. os 85-88, láms.
31-33; Álvarez-Sanchís, 2003: 353-
354, n. os 120-123, figs. 91 y 92,1).
Además, aun en el caso de que efecti-
vamente pudieran extraer bloques de
las dimensiones apropiadas en las
canteras, se encontrarían con la enor-
me dificultad de transportarlos hasta
su emplazamiento final, incluso lle-
vando a cabo previamente la labor de
desbastado inicial de la pieza en la
propia cantera10.
En contra de la posible labra de “verracos” en
los berruecos de superficie se ha argumentado la
gran calidad de la piedra empleada en las escultu-
ras y la dificultad de obtenerla de un berrueco de
granito meteorizado (Blanco Freijeiro, 1984: 5).
Pero, a pesar de que esta dificultad exista, hay que
considerar que, aunque la superficie del berrueco
esté meteorizada, el núcleo de la piedra puede
estar menos alterado o no presentar dicha meteo-
rización (Nortes Nolasco, 2010: fig. 170). Por
último, es necesario mencionar aquí la demostra-
da habilidad de los canteros vettones a la hora de
labrar los berruecos de superficie, ejemplificada en
altares y saunas rupestres como los localizados en
Ulaca (Gómez-Moreno, 1983: 20-22; Almagro-
Gorbea y Álvarez-Sanchís, 1993; Álvarez-Sanchís,
1993b: 275-279, 2003: 147-150; Ruiz Zapatero,
2005: 15-22; Pérez Gutiérrez, 2010: 136-138 y
180-206).
A la hora de elegir el berrueco o el bloque ade-
cuado para realizar la escultura, los canteros ten-
drían en cuenta la especie a representar, dada la
diferencia de tamaño entre toros y suidos. En el
caso de las figuras hechas a partir de un berrueco
la labra se haría in situ, lo que implica el desplaza-
miento expreso de los artesanos para llevar a cabo
esta tarea (Álvarez-Sanchís, 1990: 227). Los análi-
sis petrológicos realizados a los toros de Salamanca
y Toro han determinado que el granito en el que
están labrados procede de las Sierras de Béjar o
Gredos (Martín Valls et al., 1992: 96) y de la zona
de Ávila (Martín Valls, 1974: 81), respectivamen-
te, y por tanto se ha descartado su labra in situ. El
peso de estas efigies ronda los 4500 kg y los 3700
kg, respectivamente11; eso unido a la distancia que
separa las mencionadas zonas de las dos ciudades
deja como única explicación plausible a su locali-
zación actual un traslado posterior. Esta práctica
ha sido habitual desde, al menos, el Renacimiento
(Mariné, 2008: 443-444), aunque en el caso del
toro de Salamanca debió llevarse a cabo como
mínimo antes del s. XIII ya que en ese momento
aparece citado en el Fuero de la ciudad (Tít.
XLVIII). En el caso de las esculturas realizadas
Jesús Rodríguez-Hernández / Los procesos técnicos de la cantería durante la Segunda Edad del Hierro... 125
© Universidad de Salamanca Zephyrus, LXX, julio-diciembre 2012, 113-130
10 El hipotético bloque que enmarcaría la escultura de
Villanueva del Campillo alcanzaría las 24 toneladas
de peso y los bloques teóricos de los Toros de Guisando
entre 7,5 y 9 toneladas, aplicando un peso específico para
el granito de 2,63 g/cm³.
11 Empleando un peso específico para el granito de 2,63
g/cm³. Al peso de la escultura de Toro habría que añadirle el
peso de la parte que falta de las extremidades del animal, el
del soporte central del pedestal y el de la basa del pedestal.
De esta manera, podría alcanzar las 4 toneladas de peso.
FIG. 5. Toro de Villanueva del Campillo (Ávila).
sobre un bloque extraído de una cantera la labra
se podría llevar a cabo en el taller del artesano,
aunque previamente debió producirse el desbaste
de la pieza en la propia cantera, como se ha podi-
do documentar en el área ibérica (Gagnaison et
al., 2007). Posteriormente, tras la finalización de
la figura, se procedería al traslado a su ubicación
definitiva.
Una vez obtenida la materia prima se procede-
ría a la labra de la escultura recurriendo a dos
métodos: señalización en la roca, mediante algún
tipo de pigmento o herramienta, de la forma gene-
ral del animal y a partir de ahí realizar la labra o ir
eliminando las partes sobrantes conforme a la ima-
gen que tuviera el cantero en su mente; esto impli-
ca mayor complejidad aun. Sea como fuere, la
labra debió comenzar por la parte superior reali-
zando primero el lomo, la cabeza y el cuello del
animal. Para ello, los canteros tendrían que ir con-
trolando el proceso constantemente, manteniendo
puntos, líneas y planos que sirvieran de referencia
(Nortes Nolasco, 2010: 221). Los artesanos irían
eliminando cada vez fragmentos menores de la
roca, logrando así una mayor definición, hasta lle-
gar a la forma final (Torre Martín-Romo, 2006).
A continuación tallarían el cuerpo del animal
por una de las caras y después por la otra como
parecen atestiguar las esculturas inacabadas de Las
Cogotas y San Mamede (Villardiegua de la Ribe-
ra, Zamora) (Álvarez-Sanchís, 1993a: 159-160) y
la asimetría existente en cada uno de los lados de
algunas figuras (Nortes Nolasco, 2010: 228-230).
En función de estas esculturas se ha supuesto que
la labra se realizaría por una cara y después por la
otra, previo volteo de la figura que estaría tumbada
en el suelo (Ruiz Zapatero y Álvarez-Sanchís,
2008: 218). Pero, en las efigies realizadas directa-
mente sobre un berrueco, el volteo de la piedra
resulta complejo debido a su elevado peso y por
ello hay que pensar que todas las operaciones de
labra fueron realizadas por los canteros con la
escultura erguida. El único problema lo plantea
la ya mencionada figura de Villanueva del Campi-
llo dada su elevada altura (2,5 m) (Fig. 5). En este
caso se pudo preparar alrededor un terraplén de
tierra para que el cantero pudiera trabajar su parte
superior. Las figuras de pequeño tamaño labradas
a partir de un bloque se trabajarían posiblemente
sobre algún tipo de banco de piedra o madera,
como se hace actualmente (Azconegui Morán y
Castellanos Miguélez, 1999: 71).
El paso siguiente sería el de preparar los pedes-
tales de las figuras. Éstos presentan numerosas
rugosidades fruto de una labra tosca, señal de que
esta parte de la pieza iría enterrada. Aunque se
han llegado a identificar hasta tres tipos y cuatro
subtipos de pedestales (Arias Cabezudo et al.,
1986: 16-18), las esculturas de toros y cerdos
pueden dividirse básicamente en dos clases a par-
tir de las diferencias presentes en sus pedestales:
las que tienen el espacio calado entre el vientre y
la basa y las que tienen un pedestal macizo.
Por último, en algunos casos el artesano labra-
ría los rasgos anatómicos característicos del animal
representando las arrugas del cuello, ojos, arran-
que de los cuernos, rabo y sexo; estas esculturas
pasarían así a formar parte del grupo de las más
naturalistas (Ruiz Zapatero y Álvarez-Sanchís,
2008: 218). De esta manera acabaría el proceso
de elaboración de las figuras (Fig. 6).
126 Jesús Rodríguez-Hernández / Los procesos técnicos de la cantería durante la Segunda Edad del Hierro...
© Universidad de Salamanca Zephyrus, LXX, julio-diciembre 2012, 113-130
FIG. 6. Variantes tecnológicas constatadas en el proceso de elaboración de un “verraco”.
Recientemente se ha planteado en el mundo
ibérico la existencia en algunas esculturas de posi-
bles marcas de escultor o de taller (Chapa Brunet
et al., 2009a; Chapa Brunet et al., 2009b: 167-
170), posibilidad que habrá que tener en cuenta
en futuros trabajos sobre la estatuaria zoomorfa
del occidente de la Meseta; aunque en el granito,
debido a su dureza, las marcas que dejan las
herramientas no son tan claras como las que se
pueden observar en otras piedras como, por ejem-
plo, la caliza.
En las labores de desbaste de las figuras zoo-
morfas los canteros emplearían el pico de peque-
ño tamaño y el puntero, cuyas marcas son muy
parecidas entre sí (Nortes Nolasco, 2010: 80).
Precisamente a este último instrumento pertene-
ce la mayor parte de las huellas de herramientas
que se pueden encontrar en la superficie de los
“verracos” (ibidem: 168). El acabado final lo
harían fundamentalmente a puntero. Así parece
desprenderse de la textura rugosa, propia de la
labra realizada con el puntero, que presenta el
suido labrado in situ en la base de la torre sur de
la puerta de San Vicente en Ávila (Martínez
Lillo y Murillo Fragero, 2003: 268). El cincel lo
emplearían en la realización de líneas, ranuras o
muescas mientras que los cinceles de menor
tamaño y las herramientas enmangadas serían
utilizados para la labra de los detalles anatómicos
de las esculturas.
El proceso de elaboración de un “verraco
resulta duro y laborioso y en él sería necesaria la
participación de varias personas (Nortes Nolasco,
2010: 130). Álvarez-Sanchís (1990: 226) ha esti-
mado que la realización de una pieza de tamaño
medio exigiría entre 20 y 25 días de dedicación a
tiempo completo por parte de un cantero actual.
2.6. Reutilizaciones
La cadena técnica no finalizaría con la fabrica-
ción de un producto sino que continuaría hasta
que éste fuera descartado definitivamente, después
de ser usado y reutilizado (Martinón-Torres, 2002:
33). Éste sería el caso de numerosos molinos cir-
culares que fueron reutilizados por las comunida-
des vettonas, fundamentalmente como elementos
de construcción. Suelen aparecer reaprovechados
en los muros de las viviendas y en las murallas
(Ortega Blanco y Valle Gutiérrez, 2004: 180;
González-Tablas Sastre, 2011: 198) e incluso for-
mando parte de tumbas de encachado tumular
(Álvarez-Sanchís et al., 2008: 350).
3. Reflexiones finales
Gracias a la recopilación de datos arqueológi-
cos, etnográficos y a las interesantes observaciones
de nuestro informante hemos podido llevar a
cabo una reconstrucción bastante fiable de los
procesos técnicos por los que pasaría la piedra
desde su estado natural hasta su estado fabricado:
extracción en la cantera, transporte y labra. Tam-
bién ha sido posible identificar en cada caso las
herramientas que se habrían utilizado. Estos
aspectos técnicos resultan fundamentales a la hora
de analizar los productos finales elaborados en
piedra, como se ha podido comprobar en el caso
de las esculturas zoomorfas.
Futuros trabajos deberán completar el estudio
de la cantería entre los vettones, incorporando a la
exploración de los procesos técnicos y de los pro-
ductos finales el análisis de los condicionantes de
tipo económico, territorial, social e imaginario que
marcan el proceso de fabricación y las propias
creaciones (Cobas-Fernández y Prieto Martínez,
2001: 16 y fig. 5). De esta manera, habrá que
intentar dar respuesta a preguntas como la posi-
ción de los canteros dentro de las sociedades vetto-
nas, su grado de especialización, el funcionamiento
de sus talleres o la relación de la cantería con otras
tecnologías –cerámica, metalúrgica, tecnología del
cuerpo, etc.–.
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Sociedad Geológica de España-Instituto Geológico
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VIDAL ROMANÍ, J. R. y TWIDALE, C. R. (1998): For-
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Coruña.
VIVES BOIX, F. (2000): La Dama de Elche en el año
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130 Jesús Rodríguez-Hernández / Los procesos técnicos de la cantería durante la Segunda Edad del Hierro...
© Universidad de Salamanca Zephyrus, LXX, julio-diciembre 2012, 113-130
... In order to incorporate geomorphosites into Italian geomorphological mapping, they propose a specific, multi-scale legend. But there are other approaches applied in geomorphological heritage studies, such as interpretive mapping oriented to education and geotourism [3][4][5]14,15,[17][18][19][20][21][22][23][24][25][26] or applied to geoconservation and heritage management [8,18,27,28]. ...
... The site is of great interest due to its size, with more than 70 ha; its walls, which surround the hill and reach 3 km in length, making it one of the largest fortifications of this period in the Iberian Peninsula [22]; and the complex organisation shown by the craft workshops and the cemetery located outside the walls [32]. But it also preserves important material remains and exceptional and well-preserved Celtic structures such as the settlement (oppidum) with the remains of more than 250 dwellings, the altar (rock sanctuary), the keep, the sauna and the quarries [19,[21][22][23]33,34]. ...
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Geomorphology is the link between natural and cultural heritage, so the geomorphological map is a useful tool for inventorying landforms and its management. In this paper, a Castro de Ulaca geomorphological map at 1:20,000 scale has been designed, focused on granite landforms and based on bibliographical and cartographic review followed by systematic field work in the Ulaca site and around. It shows a mastery of granite landforms and their relationship with cultural elements, as well as the adaptation of the society to the geomorphological conditions. The twelve granite landforms represented are not relevant in a national or regional scale, but they are of local importance as they represent the links between geomorphology and the archaeological elements present in Ulaca. It is essential to incorporate geomorphological elements in the management of cultural spaces, to guarantee their protection from visitors, as well as to ensure the survival and use of this cultural service for local population.
... Ulaca stands out from the rest of the Vettone settlements for its size, covering more than 70 ha, defended by more than 3000 m of walls ( Figure 2a) [42] and its well-preserved structures, some of them exceptional in the Celtic world, such as a rock sanctuary (Figure 2b) [41], a sauna semi-excavated in the rock (Figure 2c) [43], and some granite quarries ( Figure 2d) [60]. Additionally, archaeological excavations from the last two decades have revealed the location of an area of artisan workshops and a cemetery, located on the northern slope of the oppidum and outside of the walled enclosure [44,45]. ...
... This protected area refers to the part of the site which is under special protection measures by the local administrations. Ulaca stands out from the rest of the Vettone settlements for its size, covering more than 70 ha, defended by more than 3000 m of walls ( Figure 2a) [42] and its well-preserved structures, some of them exceptional in the Celtic world, such as a rock sanctuary ( Figure 2b) [41], a sauna semi-excavated in the rock (Figure 2c) [43], and some granite quarries (Figure 2d) [60]. Additionally, archaeological excavations from the last two decades have revealed the location of an area of artisan workshops and a cemetery, located on the northern slope of the oppidum and outside of the walled enclosure [44,45]. ...
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This research focuses on the study of the ruins of a large building known as “El Torreón” (the Tower), belonging to the Ulaca oppidum (Solosancho, Province of Ávila, Spain). Different remote sensing and geophysical approaches have been used to fulfil this objective, providing a better understanding of the building’s functionality in this town, which belongs to the Late Iron Age (ca. 300–50 BCE). In this sense, the outer limits of the ruins have been identified using photogrammetry and convergent drone flights. An additional drone flight was conducted in the surrounding area to find additional data that could be used for more global interpretations. Magnetometry was used to analyze the underground bedrock structure and ground penetrating radar (GPR) was employed to evaluate the internal layout of the ruins. The combination of these digital methodologies (surface and underground) has provided a new perspective for the improved interpretation of “El Torreón” and its characteristics. Research of this type presents additional guidelines for better understanding of the role of this structure with regards to other buildings in the Ulaca oppidum. The results of these studies will additionally allow archaeologists to better plan future interventions while presenting new data that can be used for the interpretation of this archaeological complex on a larger scale.
... Ulaca is one of the largest fortified sites in the Iberian Peninsula [44,45], with more than 70 ha and over 3000 m of walls, where a ca 1500 people would have lived [42]. The site is constituted by well-preserved structures, including impressive granite quarries, a rock sanctuary (Figure 1d), and a sauna (Figure 1b) or a voluminous building known as "El Torreón" (the Tower) ( Figure 1c) [42,43,[46][47][48]. This oppidum shows a complex spatial organization with different areas for distinct functions, such as an area of artisan workshops or a cemetery [49][50][51]. ...
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Recently the incorporation of artificial intelligence has allowed the development of valuable methodological advances in taphonomy. Some studies have achieved great precision in identifying the carnivore that produced tooth marks. Additionally, other works focused on human activity have managed to specify what type of tool or raw material was used in the filleting processes identified at the sites. Through the use of geometric morphometrics and machine learning techniques, the present study intends to analyze the cut marks of the Ulaca oppidum (Solosancho, Ávila, Spain) in order to identify the type of tools used during carcass modification. Although the Ulaca oppidum is an Iron Age site, the results suggest that most of the cut marks were produced with flint tools.
... Secondly, it houses a series of very well-preserved structures, some of them exceptional in the Celtic world. They include a rock sanctuary (Ruiz Zapatero 2005), an initiation sauna carved into the rock (Almagro-Gorbea and Álvarez-Sanchís 1993), and impressive granite quarries (Rodríguez-Hernández 2012). Finally, on the northern slope of the oppidum, recent archaeological excavations discovered an area of artisan workshops and a sector of the cemetery that reveal a much more complex organisation than previously thought Rodríguez-Hernández 2019) (Fig. 2). ...
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The Vettones were one of the most important Celtic peoples of the Late Iron Age in Western Iberia (between the Duero and Tagus Rivers). It is a period recognised from the spread of the cremation ritual in the cemeteries, the development of iron metallurgy, and the emergence of large fortified settlements—the characteristic oppida —that would finally be abandoned with the conquest of Hispania by Rome. Different types of evidence suggest that the Vetton economy was based on livestock. Palaeobotanical and carpological analyses reveal a major deforestation of the landscape, the conversion of large areas into pastures and cultivated fields, and the use of enclosures as cattle pens. The stone sculptures of bulls and pigs found throughout the mountainous areas of the region—the famous verracos —also reflect the value the Vettones placed on livestock. However, there have been very few studies devoted to the identification of faunal remains. In this text, we offer previously unpublished data on the animals found in the oppidum of Ulaca (Solosancho, Ávila, Spain), one of the largest in Celtic Iberia (third–first centuries BC), which we relate to other evidence from neighbouring sites. Thus, the state of the research into Vetton zooarchaeology is offered in the broader context of the Iberian Peninsula.
... Once the visitor reaches the highest part of the hill, it is possible to contemplate a landscape dominated by granite rocky areas, among which a series of stone structures erected by the ancient inhabitants of Ulaca are scattered ( Figure 4). Among them, the following stand out: (a) the gates built in its more than 3 km of walls [56]; (b) the sanctuary, with its famous rock altar oriented towards the highest peaks of the mountain range "Sierra de la Paramera" [57]; (c) a ritual sauna semi-excavated in the rock [58]; (d) a couple of excavated and restored houses [52]; (e) impressive granite quarries [59]; and (f) a ruined building of great proportions, known as "El Torreón" (the Tower) [60,61], built with large granite blocks that differentiate it from the more than 250 common constructions that can be seen scattered around different parts of the oppidum. In addition, the archaeological excavations carried out at the site in the last two decades have yielded the location on the northern slope of the hill of a necropolis and an area of artisan workshops, although these elements are not open to visitors for now [62][63][64]. ...
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This research presents a virtual tour performed on the oppidum of Ulaca, one of the most relevant archaeological sites of the Iberian Peninsula during the Late Iron Age (ca. 400–50 BC). Beyond the clear benefits of the tool to the interpretation, dissemination, and knowledge of the mentioned archaeological site and its surroundings, the novelty of this research is the implementation of the platform in alternative scenarios and purposes. In this way, the present work verifies how the access to multi-source and spatially geolocated information in the same tool (working as a geospatial database) allows the promotion of cross-sectional investigations in which different specialists intervene. This peculiarity is also considered useful to promote tourism with an interest beyond the purely historical/archaeological side. Likewise, the possibility of storing and managing a large amount of information in different formats facilitates the investigation in the contexts of excavations and archaeological or environmental works. In this sense, the use of this kind of tool for the study of cultural landscapes is especially novel. In order to better contextualize the potential of the virtual tour presented here, an analysis about the challenges and possibilities of implementing this tool in environments such as the Ulaca oppidum is performed. The selected site stands out for: (i) being in a unique geological, environmental and ecological context, allowing us to appreciate how human beings have modified the landscape over time; (ii) presenting numerous visible archaeological remains with certain conservation problems; and (iii) not having easy access for visitors.
... Once the visitor reaches the highest part of the hill, it is possible to contemplate a landscape dominated by granite rocky areas, among which a series of stone structures erected by the ancient inhabitants of Ulaca are scattered ( Figure 4). Among them, the following stand out: (a) the gates built in its more than 3 km of walls [56]; (b) the sanctuary, with its famous rock altar oriented towards the highest peaks of the mountain range "Sierra de la Paramera" [57]; (c) a ritual sauna semi-excavated in the rock [58]; (d) a couple of excavated and restored houses [52]; (e) impressive granite quarries [59]; and (f) a ruined building of great proportions, known as "El Torreón" (the Tower) [60,61], built with large granite blocks that differentiate it from the more than 250 common constructions that can be seen scattered around different parts of the oppidum. In addition, the archaeological excavations carried out at the site in the last two decades have yielded the location on the northern slope of the hill of a necropolis and an area of artisan workshops, although these elements are not open to visitors for now [62][63][64]. ...
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This research presents a virtual tour performed on the oppidum of Ulaca, one of the mostrelevant archaeological sites of the Iberian Peninsula during the Late Iron Age (ca. 400–50 BC). Be-yond the clear benefits of the tool to the interpretation, dissemination, and knowledge of the men-tioned archaeological site and it s surroundings, the novelty of this research is the implementationof the platform in alternative scenarios and purposes. In this way, the present work verifies how theaccess to multi-source and spatially geolocated information in the same tool (working as a geospa-tial database) allows the promotion of cross-sectional investigations in which different specialistsintervene. This peculiarity is also considered useful to promote tourism with an interest beyond thepurely historical/archaeological side. Likewise, the possibility of storing and managing a largeamount of information in different formats facilitates the investigation in the contexts of excavationsand archaeological or environmental works. In this sense, the use of this kind of tool for the studyof cultural landscapes is especially novel. In order to better contextualize the potential of the virtualtour presented here, an analysis about the challenges and possibilities of implementing this tool inenvironments such as the Ulaca oppidum is performed. The selected site stands out for: (i) being ina unique geological, environmental and ecological context, allowing us to appreciate how humanbeings have modified the landscape over time; (ii) presenting numerous visible archaeological re-mains with certain conservation problems; and (iii) not having easy access for visitors. (PDF) Challenges and Possibilities of Archaeological Sites Virtual Tours: The Ulaca Oppidum (Central Spain) as a Case Study. Available from: https://www.researchgate.net/publication/358038103_Challenges_and_Possibilities_of_Archaeological_Sites_Virtual_Tours_The_Ulaca_Oppidum_Central_Spain_as_a_Case_Study [accessed Jun 10 2022].
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La tecnología de extracción, transporte y talla de la piedra en la antigüedad es todavía una de las más inexploradas líneas de investigación. Recientes estudios han facilitado la unificación de los métodos y la fijación de unas directrices de trabajo interdisciplinares. Su aplicación a la escultura ibérica se orienta hacia la caracterización de los materiales, la identificación de las canteras y las huellas de los instrumentos, siguiendo un camino de larga tradición en la escultura griega y romana. La sistematización de los datos permitirá en un futuro reconocer talleres, centros de fabricación de útiles y vías de transporte de los materiales, además de establecer una relación con la tecnología de otras producciones escultóricas mediterráneas.
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Se realiza un estudio cartográfico, geológico y sobre la evolución de las técnicas de cantería, llevado a cabo en cinco zonas graníticas de Ávila (Cardeñosa, Mingorría, La Colilla, La Alamedilla del Berrocal y El Calvario). En todas ellas se ha constatado una alta concentración de canteras antiguas de los seis tipos graníticos que aparecen en los monumentos de la capital. Las canteras históricas consisten en pequeñas labores superficiales sobre el berrocal del zócalo granítico, sin que pasara la explotación del primer o segundo levante. Se ha observado una variación en el tamaño de las cuñeras utilizadas para el corte de la piedra, desde 30 cm, en las labores más antiguas del Castro de Las Cogotas, a unos 10 cm, fuera de esta zona. Además de la cercanía a la capital, se deducen los siguientes factores claves para justificar la utilización selectiva y variabilidad de algunas facies graníticas en los monumentos de Ávila: 1) abundancia de afloramientos; 2) relativa fácil extracción, propiciada tanto por el diaclasado, como por la frecuente orientación mineral; 3) coexistencia de subtipos graníticos a escala hectométrica o de afloramiento, y 4) contrastado cromatismo de los granitos alterados de La Colilla y El Calvario
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Este artículo expone los resultados del análisis y estudio de una escultura zoomorfa geminada recuperada en el mes de agosto de 2021 en la zona inundable del embalse de Valdecañas, El Gordo, Cáceres. Se trata del segundo verraco geminado hallado en la Península Ibérica y el único documentado que podría representar una pareja de suidos macho y hembra. El examen morfológico y comparativo de la pieza, el análisis litológico del granito empleado, el estudio del paisaje –en clave ambiental, socioeconómica y espacial– donde se halló y la revisión bibliográfica de la escultura zoomorfa vetona aportan nuevos datos de interés que invitan a reflexionar sobre algunos de los planteamientos asentados por la historiografía respecto a este fenómeno escultórico, tales como la presencia de ejemplares de sexo femenino entre el amplio elenco de figuras, la diferenciación entre individuos salvajes y domesticados a partir de determinados rasgos fenotípicos y la interpretación de su significado.
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Desde 2016 venimos desarrollando prospecciones geofísicas y excavaciones arqueológicas en el oppidum de Ulaca (Solosancho, Ávila) con el objetivo de comprender mejor un edificio singular conocido como el “Torreón”. Se trata de una estructura en ruinas de planta rectangular (14 × 10 m) que debió tener una importante altura. El interés que presenta esta construcción nos ha llevado a realizar su reconstrucción virtual en 3D utilizando el software Blender 2.90. Los resultados se han concretado en nueve imágenes estáticas donde mostramos el edificio en su época de uso (ss. II-I a. C.) y su asociación con un manantial. En la reconstrucción virtual hemos conjugado distintos rasgos del edificio: arquitectónicos, de emplazamiento, de posibles funcionalidades e incorporado información etnográfica y de sistemas constructivos tradicionales. Este proyecto demuestra las capacidades interpretativas y divulgativas de las técnicas tridimensionales y, aun con todas sus limitaciones, contribuye a una mejor comprensión del pasado.
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El estudio que durante este último tiempo hemos emprendido sobre el camino romano que unía la capital de la Lusitania, Emérita, con Asturica Augusta a través de las actuales tierras de Extremadura, Salamanca y Zamora, el llamado camino de la Plata, nos ha puesto en contacto con el pueblo vettón. Entre los grupos étnicos y culturales de la Lusitania, tal pueblo se reparte con el propio lusitano la casi totalidad de la provincia hasta el punto de unir su nombre al de la provincia en alguna ocasión.
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Until recently, the zoomorphic sculpture of the West Meseta has been studied typologically, and therefore out of the cultural context in which it was produced. This paper is concerned with the zoomorphic sculpture in the Valle del Amblés (Ávila). We consider the sculptures as an index of economic value —cattle— and by studying their spatial distribution, we propose that they were used as landmarks or as delimiting critical resources —pasture— the explotation of which could have been organized by the elites of the Second Iron Age communities living in the valley. La escultura zoomorfa de la Meseta Occidental ha sido tradicionalmente estudiada en su dimensión tipológica y, en consecuencia, divorciada de la dinámica cultural que la produjo. Este trabajo, que tiene su marco geográfico en el Valle del Amblés (Ávila), considera las manifestaciones zoomorfas como el exponente de un valor productivo —la ganadería—; y, mediante el análisis de su distribución espacial, propone la hipótesis de considerarlas hitos o delimitadores de recursos críticos —pastos—, cuya explotación sería organizada por las élites de las comunidades de la II Edad del Hierro que poblaban el valle.
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We will focus on two main topics: first, the special approach to the Technological Chain (TC) that we have used to study NW Iberian protohistoric and prehistoric pottery from a landscape archaeology viewpoint; and second, the specific problems that we found while trying to perform such work. Regarding the first point, we believe that the most innovative issue is that the TC is not only seen as a mere descriptive tool for technological facts, but we have tried to relate such facts with the social context in which they occur. As a result of it, we have divided the TC into three deeply intertwined aspects: the technical aspects or technological chain, the social aspects or conceptual chain, and the final result of those processes, úiQ final product, which comprises the last link in the chain. Concerning the second point, we have found important obstacles in trying to get to the technological aspects, because the necessary auxiliary techniques are not always readily available. Also, gaining knowledge of the imaginary dimension is even more difficult, as we approach it solely from its material demonstration. Centraremos nuestra comunicación en dos aspectos: el enfoque particular que hemos dado a la Cadena Técnica Operativa en el marco de la Arqueología del Paisaje para aplicarlo al estudio de la cerámica prehistórica y protohistórica del NW de la Península Ibérica y los problemas con los que nos hemos encontrado para la aplicación práctica de esta herramienta en dicho contexto. Por 10 que respecta al primer punto, creemos que la mayor novedad reside en que la CTO no se considera como un útil meramente descriptivo de hechos tecnológicos sino que se intenta relacionar estos hechos con el contexto social en el que se producen. Por esta razón hemos dividido la CTO en tres aspectos profundamente imbricados: los aspectos técnicos, considerados en la cadena técnica, los aspectos sociales, comprendidos en la cadena conceptual y, finalmente, el resultado de esos dos procesos, el producto final, que constituye el último eslabón de dicha cadena. Por 10 que hace al segundo punto, existen grandes problemas para conocer los aspectos tecnológicos, puesto que se necesita del concurso de técnicas auxiliares no siempre disponibles, pero sobre todo resulta difícil conocer la dimensión imaginaria al aproximamos a ella únicamente a través de su plasmación material.
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RESUMEN El estudio de las técnicas empleadas en la manufactu-ra de las esculturas ibéricas ha recibido escasa atención por parte de los especialistas. Sin embargo, estas investi-gaciones han ofrecido importantes resultados en otras áreas del Mediterráneo, proporcionando conocimientos clave no sólo sobre las técnicas, talleres y estilos, sino también sobre el papel social de los escultores y de aque-llos que los sostienen. Mediante el estudio de un ejemplo concreto, el grifo-león enfrentándose a la serpiente del conjunto de Porcuna, se ofrece una visión general del proceso de trabajo de la escultura. Se ha reconocido por primera vez la presencia de lo que puede ser interpretado como una marca de escultor, y se discute la función de este tipo de signos. ABSTRACT The techniques employed in the manufacture of Ibe-rian stone sculptures have received very little attention by the specialists. Nevertheless, this kind of research has provided important results in other Mediterranean areas, offering key insights not only about techniques, workshops and styles, but also about the social role of sculptors and those who support them. Through the study of a particular example, the lion-griffin confronting a snake from the sculptural group of Porcuna, we offer a general view about the way in which the sculpture was made. We have also recognized for the first time the presence of what can be interpreted as a sculptor's mark, and we discuss the purpose of these kind of signs. Palabras clave: Cerrillo Blanco; Porcuna; Andalucía; España; Edad del Hierro; Cultura ibérica; Escultura ibéri-ca en piedra; Cantería; Técnicas de escultura; Marcas de escultor; Firmas de escultor.
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With the help of a modern mason, the authors have discovered a series of scarcely visible markings on well-known limestone statues from southern Spain dating back to the fifth century BC. Unrelated to letters or religious symbols, their best point of comparison seems to lie with the kind of signature used by masons to denote a craftsman or workshop. One can certainly forgive any sculptor an expression of pride in the elegant and complex carvings of the Iberian culture.
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A general description of the rescue work in the site of Cerro de la Mesa is presented. The work documented a stratigraphy that covered at least all of the Iron Age. The site has a large wall typologically related with Andalusian and Levantine sites. There is a ritual area with orientalising items. Some domestic structures and a metallurgical workshop related with iron metallurgy were also documented from a later phase. Se presentan los resultados de los trabajos realizados en este yacimiento, cuya estratigrafía abarca, al menos toda la Edad del Hierro. Se ha excavado en extensión una potente muralla que recuerda modelos andaluces y levantinos. Se ha documentado una ocupación con materiales orientalizantes en un ambiente que puede considerarse sacro. De la fase posterior se han excavado varias estructuras domésticas, así como un conjunto que se relaciona con el trabajo del metal, tal vez una forja.