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Docencia investigativa y aprendizaje

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Abstract

En la primera década del siglo XXI se profundizó una discusión que venía dándose desde el siglo XX acerca de la diferencia o la simbiosis entre el docente y el docente investigador. Algunos investigadores se inclinan por la primera concepción, a partir de la cual se aboga por un profesor formador, un catedrático, una persona dedicada de lleno a la enseñanza y un maestro, en el amplio sentido de la palabra. Sin desconocer el inmenso valor que esta concepción conlleva, bien se puede zanjar la diferencia con el término “docente investigador”, que además de acopiar la carga mencionada, tiene que estar dispuesto a ser un investigador, un investigador formativo y un “mago” investigador, pendiente de los nuevos adelantos de la ciencia y la tecnología y, en particular, de las posibilidades infinitas que le brindan las tecnologías de la información y la comunicación. Desde esta perspectiva, se puede caminar de la mano de Ken Bain y sus seguidores en pro de una universidad del aprendizaje que apunta a la enseñanza, privilegia la investigación y mantiene una estrecha vinculación docente-estudiante.
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HALLAZGOS / Año 8, núm. 16 / Bogotá, D.C. / Universidad Santo Tomás / pp. 153-167
Docencia investigativa y aprendizaje*
Omar Parra Rozo**
* Este producto se inscribe en el trabajo investigativo que adelanta el grupo de investigación “Relaciones, redes y narrativas”, desde el cual se trabajan
la gestión y la narrativa como elementos primordiales dentro de la producción de conocimiento. El macroproyecto es nanciado en su totalidad por
el Fondo de Investigación de la Universidad Santo Tomás (FODEIN).
** Posdoctorado en Métodos, Metodologías y Técnicas de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades. Doctor en Literatura. Director de la
Unidad de Investigación de la Universidad Santo Tomás, Bogotá. Profesor invitado en el Programa de Doctorado en Enfermería de la Universidad
Nacional de Colombia. Correo electrónico: omarparra@usantotomas.edu.co
Recibido: 3 de junio de 2011
Evaluado: 14 de julio de 2011
Aceptado: 27 de julio de 2011
Resumen
En la primera década del siglo XXI se profundizó una discusión
que venía dándose desde el siglo XX acerca de la diferencia o la
simbiosis entre el docente y el docente investigador. Algunos in-
vestigadores se inclinan por la primera concepción, a partir de la
cual se aboga por un profesor formador, un catedrático, una perso-
na dedicada de lleno a la enseñanza y un maestro, en el amplio sen-
tido de la palabra. Sin desconocer el inmenso valor que esta con-
cepción conlleva, bien se puede zanjar la diferencia con el término
“docente investigador”, que además de acopiar la carga mencio-
nada, tiene que estar dispuesto a ser un investigador, un investiga-
dor formativo y un “mago” investigador, pendiente de los nuevos
adelantos de la ciencia y la tecnología y, en particular, de las posi-
bilidades innitas que le brindan las tecnologías de la información
y la comunicación. Desde esta perspectiva, se puede caminar de la
mano de Ken Bain y sus seguidores en pro de una universidad del
aprendizaje que apunta a la enseñanza, privilegia la investigación
y mantiene una estrecha vinculación docente-estudiante.
Palabras clave
Investigación, docencia, conocimiento, docente investigador,
aprendizaje, enseñanza.
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Investigative teaching and learning
Omar Parra Rozo
Abstract
In the rst decade of the XXI
st
century an argument that came
back to the XX
th
century was further deepened on the die-
rence or the symbiosis between the teacher and the researcher
professor. Some researchers are inclined to the rst concep-
tion, which advocates for an instructive teacher, a professor, a
person completely dedicated to teaching and a teacher, in the
broad sense of the word. Without ignoring the immense value
that this conception involves, the dierence could be seled
with the term “research professor”, that apart from collecting
the load above, must be willing to be a researcher and training
“magician”, pending the new developments in science and te-
chnology, particularly the endless possibilities that information
technologies and communication oers. From this perspective
we can walk hand in hand with Ken Bain and his followers
towards a university of learning aimed at teaching, giving prio-
rity to research within the close teacher-student relationship.
Keywords
Research, teaching, knowledge, research professor, learning,
teaching
Recibido: 3 de junio de 2011
Evaluado: 14 de julio de 2011
Aceptado: 27 de julio de 2011
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Omar Parra Rozo
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El maestro no es un simple ‘enseñador’:
¡investiga!
Alfonso Borrero Cabal, S.J., 1995: 12
Preludio. El camino de la
investigación
Dentro de la gama de debates sobre los pro-
cesos formativos e investigativos y sus con-
secuentes productos se puede tomar como
referente la concepción investigativa del
doctor Bernardo Restrepo Gómez sobre el
planteamiento de la investigación y su in-
serción en el currículo; en ésta, un docente
aborda el conocimiento con una mirada que
propugna por brindar las herramientas, los
instrumentos y los elementos cognitivos pri-
mordiales para que el estudiante se apropie
de ellos y quede potencialmente listo para
emprender una investigación. Por otro lado,
una vez que se tiene la formación básica, se
debe emprender el camino que conduce a la
producción y a la gestión del conocimien-
to. En este sentido se habla de investigación
formativa y de investigación cientíca.
1
1 El doctor Bernardo Restrepo Gómez trabajó en su documento “Con-
ceptos y aplicaciones de la investigación formativa, y criterios para
evaluar la evaluación cientíca en sentido estricto” (www. desarrollo.
ut.edu.co/tolima/hermesoft/portal/home_1/rec/arc_6674.pdf) desde el
concepto mismo de la investigación como “un proceso de búsqueda
de nuevo conocimiento, proceso caracterizado por la creatividad del
acto, por la innovación de ideas, por los métodos rigurosos utilizados,
por validación y juicio crítico de pares(s.f.: 1). El profesor Restrepo
plantea que los docentes de los diversos niveles educativos se han
interesado por debatir la relación entre las distintas formas de docen-
cia y de investigación, aludiendo a la “función pedagógicadesde la
cual la atención docente se centra en la investigación formativa y en
“la visión de la misión universitaria de generar conocimiento descrip-
tivo, explicativo y predictivo, y conocimiento sobre la aplicación de
conocimiento (conocimiento tecnológico)”, caso en el cual se centra
“la atención en la investigación cientíca en sentido estricto” (s.f.: 2). El
planteamiento del autor ha permeado los procesos de Acreditación de
Programas y de Acreditación institucional en Colombia, constituyén-
dose en un marco referencial y un punto obligado de consulta, tanto
en la década pasada como en la actualidad.
Dentro del contexto de la presente investigación y en el desarrollo del
artículo, la gura “el camino investigativo” representa la aprehensión
El proceso investigativo se encuentra liga-
do al desarrollo del ser humano. Desde un
niño preguntón, indagador, que cuestiona
el mundo con sus continuos porqués, hasta
el adulto que se olvida de hacer preguntas,
que no las hace por conveniencia o porque
su proceso evolutivo se lo impide, se gene-
ra una serie de etapas que coinciden con la
formación. Así, en los niveles formativos
iniciales de preescolar o primaria existe un
amplio abanico que da cabida a los cues-
tionamientos y que enfatiza en la llamada
“investigación formativa”, la cual, a veces,
cumple su cometido: dar herramientas bási-
cas para seguir cuestionando el medio me-
tódica y sistemáticamente.
Una vez que el infante se adapta a las for-
mas de vida y de explicación de la realidad
impuestas institucionalmente en los prime-
ros años, continúa con la apropiación con-
ceptual, la inserción de métodos y el apren-
dizaje gradual, los cuales le proporcionan
los instrumentos básicos para aprehender
el medio, transformarlo y brindar nuevos
horizontes.
Desde esta perspectiva, se pasa de un nivel
pleno de preguntas –abierto, con innitas
respuestas, anterior a la entrada al siste-
ma educativo–, a otro estado que empieza
a cerrarse con la inserción en el sistema en
la educación preescolar. La búsqueda de
respuestas, el planteamiento continuo de
interrogantes, la curiosidad, el deseo de
descubrir caminos que lleven a la meta, en
de la realidad, que empieza con el proceso en el cual el ser humano
se introduce en ésta mediante balbuceos y primeras preguntas, lue-
go esquematiza su inmersión en el sistema educativo en los diversos
niveles –desde el preescolar hasta los procesos posdoctorales–, y
camina por un sendero que angosta sus posibilidades investigativas
para abrirlas al nal del camino. Esta apertura, se supone, permite
retornar dialécticamente al origen, pero con elementos, instrumentos,
herramientas y un bagaje que faculta para crear, innovar, cuestionar la
realidad, transformarla.
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suma, el sentido investigativo disminuye,
dando paso a un cúmulo de conocimientos,
en algunos casos ordenado y en otros des-
bocado. Este conjunto de ideas y conceptos
hace que el alumno se “eduque” o se “for-
me” con unas bases que, a juicio de sus pro-
fesores, lo facultan para introducirse en un
estado cada vez más alto o superior.
Un análisis somero indica que la investi-
gación disminuye paulatinamente y deja
desubicado al formando, quien después de
pasar por la educación básica y culminar
su educación media ni siquiera sabe qué
camino elegir, qué profesión se adapta a su
formación, cuál disciplina puede ser la res-
puesta a sus escasas preguntas. A veces el
azar lo lanza, en el sentido estricto, a una
carrera, a un camino desenfrenado y sin
horizonte, con el cual comienza su trasegar
profesional.
Hay algunas excepciones. A la vera del sen-
dero, se encuentran recovecos y paliativos
que hacen recordar las inquietantes pre-
guntas, que llevan a que el formando plan-
tee cuestionamientos, haga tareas y trabajos
que respondan a las necesidades sociales,
culturales, cognitivas y experienciales. Se
tienen laboratorios, propuestas, semilleros
investigativos, preguntas incipientes y, casi
siempre, los mismos indicadores decientes
en los campos de la lectura, la escritura y
las matemáticas
2
. Continuamente las ins-
2 El cumplimiento de las pruebas aplicadas en los distintos países y en
los diversos niveles pretende garantizar el aprendizaje cognitivo de
habilidades y destrezas que facultan a un estudiante para pasar de
una etapa a otra o que, por lo menos, evidencian que se ha apropiado
de los objetivos, competencias y contenidos propuestos en el currí-
culo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico
(OCDE) contempla entre sus políticas constituir “un foro único de
debate, desarrollo y perfeccionamiento de políticas económicas y
sociales” (OCDE, 2006). Con su Programa para la Evaluación Interna-
cional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), la OCDE pretende
evaluar los estudiantes que están a las puertas de la educación su-
perior. A partir de su aplicación, se quieren dar algunos referentes
tituciones, y por supuesto los docentes, se
quejan de los problemas suscitados por el
manejo imperfecto de los lenguajes lectoes-
criturales y matemáticos, y por el interés
casi nulo de los estudiantes para adentrarse
en la solución de problemas cientícos y del
diario acontecer.
Figura 1. El camino de la investigación
Fuente: elaboración propia
En la gura, el cono o el corbatín represen-
ta el análisis sobre el proceso de enseñanza,
aprendizaje e investigación. Los primeros
pasos por la universidad llevan a buscar,
de nuevo, la puerta por donde se ingresó al
sistema. El horizonte, pleno de cuestiona-
mientos, da cabida a un proceso que si se
realiza formalmente, a conciencia y con la
seguridad de la meta jada deberá condu-
cir hasta la innovación y el culmen de los
procesos investigativos. Nuevamente el es-
píritu inquisidor, el mundo de los porqués
se despliega ante los ojos del docente inves-
tigador, dándole sentido a su existencia y a
su quehacer.
Al hablar de la relación indisoluble entre
la docencia y la investigación es fácil en-
contrarse con la controversia entre el pa-
pel, gura y alcances del docente “sin ca-
licativos” y el docente investigador. Esta
para la planeación educativa y, de alguna forma, el punto de mira
de la investigación cientíca de los distintos países en las áreas de
la lectura, la matemática y la ciencia. Aparte de estas pruebas, cada
país tiene su organización particular y sus estrategias para detectar
en qué lugar están las falencias que hacen que sus formandos no
respondan de manera adecuada a las necesidades del contexto.
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Omar Parra Rozo
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polémica –francamente en desuso– ja po-
siciones que se inclinan algunas veces por la
defensa a ultranza del papel protagónico y
tradicional del docente, formador, guía, tu-
tor. Otras veces se destaca el rol del docente
buscador, indagador, cuestionador, sistémi-
co y constructor de nuevas realidades. No
es fácil aceptar que el docente se incline a
aceptar que un día la clase se cambie por
una sesión de búsqueda en las autopistas de
Internet o por una discusión en línea, chat
o foro. Tampoco se admite que un profesor
permute su cátedra por la escucha de un
maestro que ha ganado una posición en el
ámbito cientíco, losóco o artístico.
Al contrastar la docencia y la investigación
–y sin tratar de zanjar las diferencias ni de
profundizar en las mismas–, bien se pueden
revisar los postulados del profesor inves-
tigador Ken Bain
3
, director del Center for
Teaching Excellence de la New York Uni-
versity, quien después de una investigación
compleja, sintetizada en su obra Lo que hacen
los mejores profesores universitarios, concluye
y conrma la posición de docentes como
John Sexton, al armar:
Más que pensar en términos de la di-
cotomía tradicional entre docencia e
investigación, una separación que con
frecuencia ha paralizado la educación
superior a lo largo del siglo XX, pode-
mos empezar a pensar en nosotros mis-
3 El profesor Ken Bain aborda la problemática del docente inves-
tigador desde la relación entre la enseñanza y el aprendizaje. Fiel
a su pensamiento, en el desarrollo de su obra formula y pretende
responder seis preguntas, de las cuales cabe destacar los cuestio-
namientos referidos al enfoque de la clase y a la respuesta sobre la
misma: ¿cómo preparan las clases? ¿Cómo dirigen la clase? ¿Qué
esperan de sus estudiantes? (2007: 61-165). Al concluir una de sus
disquisiciones, reriéndose a la transformación de uno de los docen-
tes, señala que “la llegada del Internet le permitió crear intercambios
entre los estudiantes” (2007: 164). Lo anterior, además de ser una de
las herramientas válidas y usuales en la actualidad, es indispensable
para un docente investigador y absolutamente esencial en la planea-
ción y desarrollo curriculares.
mos como una universidad del apren-
dizaje preocupada por el aprendizaje
tanto de los profesores (investigación)
como de los estudiantes (docencia)
(2007: 195-196).
El maestro: investigador
docente
Existen numerosos ejemplos de cómo y
quiénes son los docentes investigadores
que pueden marcar la pauta y dar fe de la
interacción entre la enseñanza, el aprendi-
zaje y la búsqueda incesante de la verdad y
el conocimiento: Confucio, Sócrates, Platón,
Aristóteles, Albert Einstein, Richard Feyn-
man, Jorge Luis Borges, Michio Kaku, Elkin
Patarroyo, Gabriel García Márquez, Jairo
Aníbal Niño, entre otros miles. Junto a ellos,
también constituyen un referente digno de
imitar los múltiples maestros anónimos que
pueblan la existencia de cada estudiante y
que de una u otra forma le delinean el sen-
dero de la vida, como aquel viejo represen-
tante de la docencia, el profesor Zambrano,
el mismo que se sienta en una silla y se pier-
de en sus elucubraciones cuando otro está
hablando; aquel que plantea que no hay
una diferencia estricta entre objetivo y com-
petencia, entre competencia y n, entre n y
propósito, entre propósito y meta, etcétera.
Quizás sea docente investigador quien día
a día trasiega en pos de mostrar a sus estu-
diantes la mejor forma de acceder al cono-
cimiento, el mismo profesor que pasa hora
tras hora preparando su clase, buscando es-
trategias para formar a sus educandos, para
aprender de ellos, para no dejarse atrasar
de la gama inclemente y variada de saberes
que cada día se renuevan y atosigan el uni-
verso de la información, la pedagogía y la
ciencia; el mismo maestro que un día dise-
ña un proyecto investigativo o un proyecto
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de vida, y otro día camina por el sendero
de su ciencia y de su profesión y se sienta a
describir su experiencia, a sistematizarla y
mostrarla al mundo.
Como ejemplo de vida se deberían poner
todos los docentes, porque no correspon-
dería, de ninguna manera, descartar a nin-
guno. El profesor que no es investigador no
existe, no puede sobrevivir. Cualquier per-
sona que dedica su vida al acto de educar
tiene que estar imbuido de lo que se acaba
de plantear: estar convencido de su papel,
amanecer y atardecer en el ámbito de la di-
dáctica, nacer y morir en ella; ha de tener un
pie en la enseñanza y otro en el aprendizaje,
estar atento a las problemáticas y necesida-
des del contexto, ser un explorador perma-
nente, un curioso sin igual: trajinar en pos
de sus metas.
Esta posición podría sonar romántica, pero
corresponde, exactamente, al papel que jue-
ga y que debe jugar un maestro. La persona
comprometida con esta profesión no puede
dejar de mirar cada objeto como tal, sino
verlo como aprendiz, profesor e indagador.
El simple hecho de cruzar la puerta y estar
sentado en una conferencia tiene que des-
pertar múltiples ideas que se incrustan en
la vida y que van más allá del quehacer co-
tidiano en el aula de clase.
Bain planteaba como cosa del pasado la di-
ferencia entre docencia e investigación, pero
otro elemento que ayuda a que la escisión o
la dicotomía entre ambas quede zanjada es
la tecnología abrumadora y la facilidad de
acceso a la información. También cuentan
las innitas posibilidades de apropiarse del
conocimiento, de transmitirlo, transformar-
lo y de crear múltiples maneras de verlo,
acogerlo y poder responder a la realidad
abrumadora, a las necesidades y a las pro-
blemáticas presentes.
El docente investigador tiene que plan-
tearse preguntas constantemente, hipótesis
que deben ser trabajadas, desde los inte-
rrogantes sencillos que se hacen los niños,
hasta los complejos cuestionamientos de los
cientícos avezados: ¿Por qué la Luna es
redonda? [...] ¿por qué la hierba es verde?,
¿qué es un sueño? [...] ¿por qué tenemos de-
dos en los pies?” (Sagan, 2000: 306). ¿Qué
diferencia hay entre los números quebra-
dos y los fraccionarios? ¿Es verdad que una
manzana hizo que Newton descubriera la
ley de la gravedad? Es claro que los cuestio-
namientos pueden cambiar la historia de la
humanidad, su perspectiva cientíca y ar-
tística. Por ejemplo, la pregunta de Einstein
que lo atosigó toda su vida: ¿qué pasaría si
me monto en un rayo de luz?
4
transformó
al mundo e hizo que la física fuera distinta
desde principios del siglo XX.
Un ejemplo sencillo sobre la actividad de
un docente investigador se puede encontrar
a cada paso, basta con abrir la autopista de
la información y poner en el buscador un
nombre, un tema, algo que se quiera escu-
driñar. En el caso de poseer un mínimo de
4 Connotados cientí cos vuelven sus ojos a los planteamientos in-Connotados cientícos vuelven sus ojos a los planteamientos in-
genuos, a las preguntas simples de un infante, similares a hipótesis
controversiales del mundo cientíco que pueden transformar la vida
humana, inclusive la supervivencia del hombre. Michio Kaku, físico,
considerado uno de los docentes investigadores representativos de la
corriente que vela por llevar la ciencia a la gente común, ha estudiado
la vida de Albert Einstein, quien desde niño se planteó diversos cues-
tionamientos, como el célebre que dio cabida a su teoría de la rela-
tividad: “¿qué sucede cuando uno alcanza a un rayo de luz?” (2009:
239). Kaku arma que nada es imposible y que las preguntas siempre
conducen a nuevos interrogantes: “No estamos en el nal sino en el
principio de una nueva física. Pero encontremos lo que encontremos,
siempre habrá nuevos horizontes esperándonos” (2009: 350).
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información, con el sólo hecho de suminis-
trar algunos elementos e indagar a través de
un motor de búsqueda como Google o de
acudir a una base de datos se puede obte-
ner un número considerable de referencias
al respecto. Por ejemplo, en la presente in-
vestigación, al buscar en qué consistía una
clase, una puesta en escena en el aula, el
autor de este artículo encontró “La última
lección”, una sencilla exposición de uno de
los profesores investigadores más inuyen-
tes en el ámbito de la computación y de la
enseñanza de programación: Randy Paush.
El profesor Paush
5
es autor de Alice, un pro-
grama o un lenguaje muy sencillo, a juicio
de los docentes de ingeniería, que enseña a
programar bajo un entorno de animaciones
en tercera dimensión. El investigador lo di-
señó antes de su muerte prematura y tuvo
una difusión y una aplicación reejada no
sólo en sus ventas millonarias, sino en el im-
pacto pedagógico.
Al ver el nombre del programa
6
, de manera
inmediata se establecen relaciones que en el
5 El profesor Paush obtuvo su doctorado en Ciencias de la Com-El profesor Paush obtuvo su doctorado en Ciencias de la Com-
putación. En cada cátedra dictada mostraba su esencia docente
investigativa, reejada en la acción y en la respuesta a la realidad.
Ni la misma enfermedad que produjo su muerte temprana evitó la
forma de abordaje para responder a la realidad. Como creador del
programa Alice, un programa de animación en tercera dimensión, y
como asesor y empleado en Walt Disney Imagineering pudo culmi-
nar su sueño de llegar al mundo, transformarlo y brindarle a sus ha-
bitantes la posibilidad de estar mejor, ser alegres, buscar la felicidad
y vivir la vida. Fue consultor de Google y docente investigador de la
Universidad Carnegie Mellon y de la Universidad de Virginia. Autor
de cinco libros y de 70 artículos. Siempre defendió la oportunidad
de cuestionar y hacer de la existencia una posibilidad de múltiples
respuestas. Sus enseñanzas, sus frases y su obra se consulta dia-
riamente en la autopista de la información. La última lección en su
versión digital, como en línea y en material impreso, constituye una
clara muestra del quehacer docente, la prospectiva investigativa y el
ejemplo didáctico.
6 “Alice” corresponde a un nombre signicativo en el ámbito peda-
gógico y literario infantil, que connota la posibilidad de investigar y
ámbito educativo, por su interés didáctico y
literario, se direccionan hacia la obra Alicia
a través del espejo, del escritor inglés Lewis
Carroll
7
, que junto con Alicia en el país de las
maravillas constituyen un punto de referen-
cia para muchos pedagogos, por cuanto sus
mensajes sencillos hablan de la compren-
sión infantil del mundo, desde la mirada de
un cientíco y de un artista. A partir de este
plano, es fácil volver a los temas que ata-
ñen la investigación en cualquier profesión
y grado, que se encuentran a la vuelta de
la esquina y que, escudriñando, se pueden
visualizar en el capítulo II de Alicia a través
del espejo: “El jardín de las ores vivientes”.
Éste constituye una posibilidad práctica
y metafórica de enseñar y aprender, por
ejemplo, qué es un objetivo, qué es un mé-
todo, cómo debe aprehenderse un proyecto
investigativo; cuestionamientos que ofrecen
un deleite estético, además de deambular
por el ámbito cognitivo y pedagógico.
cuestionar cualquier hecho que se presenta en la realidad. Como
programa pretende mostrar, a través de una creación en 3D, que
es posible generar una historia “jugando un juego interactivo”, o un
video para compartir en la WEB. La Universidad Carnegie Mellon
administra todo el proceso y lo entrega al universo pedagógico como
un ejemplo de la creación de programas y objetos virtuales de ense-
ñanza, aprendizaje e, incluso, de diversión. Véase: www. alice.org
7 Lewis Carroll (1832-1898), seudónimo del reverendo Charles Lutwid-
ge Dodgson, se distinguió por deambular entre la ciencia, el arte y
la pedagogía. Dedicó su vida a los ejercicios matemáticos y geomé-
tricos, tanto como a los de lógica y de sentido común. Una de sus
aciones, la fotografía, permite detectar su vena artística, aunque
es en la escritura donde dejó mayor su legado. Fue profesor de ma-
temáticas durante veintiséis años, pero no por ello dejó de lado su
ación por la poesía, la narrativa y el ensayo. En este último tiene un
juego literario con Lo que la tortuga le dijo a Aquiles, y un ejercicio
investigativo-práctico al nal de El juego de la lógica, a través del
cual quiere involucrar a los docentes y a los lectores en general y de-
saarlos a dar la respuesta: “será muy satisfactorio para mí el recibir
de cualquier lector que piense que ha resuelto uno de ellos” (2003:
443-444). Su obra cumbre es Alicia en el país de las maravillas, con
la que introduce una forma diferente de ver el mundo. Otras de sus
obras: Alicia a través del espejo, Euclides y sus rivales modernos,
Silvia y Bruno, La caza del Snark.
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El mensaje que se puede detectar, a partir
del aparte mencionado, hace suponer que si
no existe planeación ni horizonte en la di-
dáctica, en el aprendizaje y en la investiga-
ción, “cualquier camino puede conducir a la
meta”, con la posibilidad de perderse en el
bosque o de encontrar lo que no se busca:
Podré ver mucho mejor el jardín –se do
Alicia– si puedo llegar a la cima de aque-
lla colina; y aquí hay una vereda que lle-
va derecho hacia ellaal menosno;
no lleva allá… –do después de caminar
algunas yardas a lo largo de la vereda
y bordear muchos recodos abruptos–,
pero creo que continuará hasta el nal
¡Qué curiosamente tuerce la vereda!
Parece más bien un sacacorchos que un
sendero. Bueno; supongo que este ro-
deo va hacia la colina… ¡No! No va
allá. Éste lleva en derechura de nuevo a
la casa. Entonces trataré de hacerlo de
otra manera (Carrol, 1992: 93).
Se efectuó este giro narrativo hacia Carroll
con el propósito de mostrar las múltiples
facetas que se encuentran en el camino que
emprende la investigación, un sendero que
encuentra variadas bifurcaciones e inmen-
sas posibilidades cognitivas a las que se
enfrentan los docentes. La búsqueda del
programa de Alice derivó a la obra de Ca-
rroll y abrió otras puertas que, a menudo,
se despliegan para el ingreso de un docen-
te investigador a los procesos didácticos e
investigativos, de un profesor que busca
relaciones y respuestas diversas a las pro-
blemáticas que plantea la interpretación de
la realidad.
Al retornar al papel del ingeniero Randy
Paush se puede apreciar que aparte de ser
un ejemplo de docencia investigativa y de
transitar cada instante de su existencia en
función de la enseñanza, la formación y la
investigación, vivió con la nalidad de ser
feliz y hacer felices a los demás. En el mo-
mento en que fue desahuciado por la cien-
cia médica, debido a un cáncer avanzado,
ofreció una de sus postreras clases que, rá-
pidamente, y bajo el título de “Ultima lec-
ción”, “The Last Lecture” o “Really Achie-
ving Tour Childhood Dreams” se convirtió
en un best seller leído por millones de perso-
nas y visitado en YouTube por otros tantos
docentes, aprendices y curiosos en general.
Este profesor que cada día visitaba el aula,
que unas veces se adentraba en el mundo
computacional y de la información, y otras
veces transmitía su conocimiento y el fruto
de su trabajo investigativo, ganó diversos
premios cientícos, pero, sobre todo, mos-
tró la faceta del docente investigador que
cada día, y pese a las adversidades, cues-
tiona la profesión, se adapta a los cambios,
los transforma, es creativo y transmite a los
demás el espíritu investigativo que puede
conducir a la felicidad al ser humano.
Paush solía contar una anécdota interesante
de su vida al referirse al momento en que
debía ingresar a realizar su doctorado en la
Universidad Carnegie Mellon, en la cual,
una vez aceptado, pasaría una gran parte de
su existencia. El profesor que lo entrevistó
y que dirigía en aquel momento el Depar-
tamento de Ciencias Computacionales de
la institución hizo énfasis en que la univer-
sidad no quería el dinero, lo que pretendía
era asegurar “garantías de investigación”
(2008: 194). Con esto quedó zanjada cual-
quier discusión y abierta la posibilidad de
ingreso, la cual, en efecto, se dio. Pausch, en
el desarrollo de su obra, brinda una ense-
ñanza de vida a los docentes: desear algo
y perseverar en alcanzarlo: “Si deseas algo
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Omar Parra Rozo
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con suciente intensidad, nunca te des por
vencido” (2008: 195). En especial se debe es-
tar atento al aprendizaje que se gana con la
enseñanza, y viceversa: a la posibilidad de
enseñar merced al aprendizaje, a la investi-
gación, al eterno cuestionamiento, siempre
en el marco de las innitas posibilidades de
dar a los demás lo que se puede aprender.
Sin lugar a dudas, cada instante de la exis-
tencia propone alternativas múltiples que
un docente investigador debe estar atento
a utilizar. Los obstáculos siempre se van a
presentar, pero la clave es vencer las for-
mas epistemológicas que se atraviesan a
cada rato. En este orden de ideas, las di-
cultades a las que se reere Gastón Ba-
chelard son las mismas que siempre han
persistido en la humanidad y que, según
su juicio, pueden detener el “crecimiento
espiritual”, al enfrentarse a un problema o
a un interrogante dentro de un marco que
contempla una experiencia acumulada,
una serie de obstáculos verbales y unas for-
mas cognitivas generales que, entre otros
aspectos, causan un estancamiento en el
desarrollo cientíco. Sin embargo –agre-
ga el lósofo francés–, siempre se esta
atento a destruir conocimientos anteriores
no adecuados o, por lo menos, a transfor-
marlos y poder seguir cuestionando. “En
resumen, el hombre animado por el espíri-
tu cientíco, sin duda desea saber, pero es
por lo pronto para interrogar mejor(Ba-
chelard, 1999: 19).
El docente investigador tiene que mostrar
día tras día que nació para la enseñanza,
para establecer relaciones cognitivas e inser-
tarlas entre sus estudiantes, para plantear
problemas y desarrollar diversas formas de
solución, para acercarse a la realidad y tra-
tar de interpretarla, utilizando los métodos,
las alternativas y las posibilidades que le
brinda el contexto.
El maestro: investigador
formativo
En la cultura occidental es interesante vol-
ver la mirada a los maestros clásicos, a aque-
llos que marcaron la pauta de la reexión y
del análisis de los problemas que atañen al
ser humano desde afuera y desde adentro.
Uno de ellos, Platón, puede considerarse
como uno de los exponentes del pensa-
miento griego y un investigador y maestro
por excelencia. Discípulo excelso de Sócra-
tes, plasmó en sus Diálogos la manera de
enseñar, impartir conocimientos, aprender
y compartir con sus discípulos en la Aca-
demia principalmente, lugar privilegiado
donde se reunían los cientícos, geómetras,
lósofos, literatos o artistas a degustar del
debate y del intercambio de ideas.
Desde esta perspectiva, no deja de ser inte-
resante ver que Platón se reere a las ense-
ñanzas de Sócrates utilizando la forma más
didáctica posible: el diálogo, la palabra que
invita al interrogante, al desarrollo y a la
respuesta. El diálogo como manifestación
cientíca que sirve para apoderarse del
mundo, de la realidad, con el propósito de
transmitirla a los demás, de hacer del inter-
locutor un buscador y una persona que res-
ponde tanto a los interrogantes interiores
como a los que le plantea el contexto.
Muchos siglos tuvieron que pasar para que
se empezara a concebir el mundo cientí-
co como un ente que organizaba y dirigía
el rumbo del ser humano. De la organiza-
ción pedagógica basada en el trívium y el
Docencia investigativa y aprendizaje
162
quadrívium
8
se pretendió pasar a una divi-
sión del conocimiento que privilegiaría las
matemáticas, las ciencias, la ingeniería, la
astronomía, la física y la biología. El docen-
te se convirtió en un investigador extraño,
aislado, que unas veces se dedicaba a la
ciencia y otras a impartir el conocimiento.
Aquellos que se dedicaron a las ciencias na-
turales se empezaron a ver distintos de los
que enfatizaban en las ciencias sociales y
humanas. Una cosa era visualizar el cosmos
y otra adentrarse en la intimidad humana.
A nales del siglo XIX y comienzos del si-
glo XX el pedagogo norteamericano John
Dewey (1859-1952) marcó un derrotero
educativo basado en el aprendizaje a través
de experiencias, en lugar de un aprendiza-
je como acumulación de conocimientos. En
1930 el lósofo José Ortega y Gasset brindó
un aporte signicativo a las funciones de
docencia e investigación en la universidad.
La gran preocupación por el desarrollo
cientíco que empezó en la Segunda Guerra
Mundial se adentró en el ámbito académico
e hizo pensar en las inmensas posibilida-
des de la educación y de la investigación.
Pedagogos como Robert Mills Gagné (1916-
2002) fundamentaron el proceso de apren-
8 El trívium y el cuadrívium constituyeron los estudios primordiales que
ofrecían habilidades y conocimientos generales para desenvolverse
en el mundo. En otras palabras, eran el fundamento de un currículo
cualquiera con todos sus aditamentos. Fueron planteados en el siglo
V y reconocidos y adaptados en la educación medieval. El trívium
instruía en el uso correcto de la lengua (gramática), el pensamien-
to adecuado (dialéctica) y el decoro de las palabras (retórica). Las
ciencias del uso, el pensamiento y la expresión se acompañaban del
cuadrívium: la enseñanza de los números (aritmética), del cálculo
de la realidad (geometría), de la enseñanza y la comprensión del
cosmos (astrología) y del aprendizaje y la producción de los soni-
dos y del canto (música). Diversos modelos educativos siguieron
esta ruta, sin embargo, el contrapeso fuerte con la concepción del
pensamiento humanístico conllevó su reforma. De igual manera, la
acalorada contraposición con la visión cientíca del siglo XXI sigue
fundamentando diversos debates, currículos y planes de estudio.
dizaje y lo concibieron, junto con la ense-
ñanza, como un sistema interrelacionado y
especializado para cada nivel. Para Gagné
“cuando un individuo trata de resolver un
problema nuevo piensa en muchas cosas en
su búsqueda, en pos de una solución tenta-
tiva” (Gagné, 1979: 64).
Lawrence Stenhouse (1926-1982), conside-
rado uno de los estandartes de la investiga-
ción-acción y de su aplicación en el aula de
clase, se puede visualizar como precursor e
impulsor del concepto de “docente investi-
gador”, en el sentido estricto del término.
Como director del Centro de Investigación
Aplicada a la Educación de la Universidad
de East Anglia enfatizó en la idea de un cu-
rrículo que revirtiera permanentemente la
teoría y la práctica. En la obra La investiga-
ción como base de la enseñanza se aprecia lo
esencial de Stenhouse con sus concepciones
centrales de currículum, profesor y arte de
enseñar. Para el autor, el verdadero cambio
pedagógico sólo se puede dar a partir de la
transformación curricular y de una concep-
ción esencial del profesor según la cual éste
cumple un papel determinante en la ense-
ñanza como buscador, forjador e investiga-
dor de su propia enseñanza. Esta idea debe
transferirse al estudiante, quien a su vez se
convierte en un factor determinante de la
investigación y de la praxis.
Gimeno Sacristán (1991), por su parte, en el
prólogo a Investigación y desarrollo del currí-
culum considera la investigación como de-
terminante del currículo y propugna por el
cuestionamiento permanente y metódico en
el proceso de enseñanza y aprendizaje. En
otras palabras, la investigación, la docencia y
el aprendizaje conuyen en el universo curri-
cular: “El proceso de indagación es inherente
a la enseñanza y al aprendizaje pedagógico,
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HALLAZGOS / Año 8, núm. 16 / Bogotá, D.C. / Universidad Santo Tomás / pp. 153-167
y la investigación no es sino ese proceso lle-
vado a cabo de forma sistemática y contras-
tado públicamente” (Stenhouse, 2003: 21).
Los conocimientos y las prácticas deben
ser comprobadas en las situaciones espe-
cícas. Las décadas de los años sesenta y
setenta marcaron en los diversos currículos
las ideas de inserción y consolidación de
lo investigativo, ámbito que sería introdu-
cido posteriormente en los diversos planes
y currículos. Bajo este panorama, en Co-
lombia desde el año 2000 se ha fortalecido
la creación de grupos de investigación y
de semilleros, y se ha empezado a hablar
con propiedad de profesores dedicados a
la investigación, al desarrollo cientíco y
a la innovación. La práctica de la escritura
de artículos, textos y materiales cientícos,
reforzada por el auge tecnológico, abre las
puertas a los cambios, a una verdadera in-
teracción entre docente investigador y es-
tudiante investigador y a una recuperación
del espacio formativo-investigativo:
Es importante señalar que, en esta si-
tuación, el profesor se preocupa por
comprender mejor su propia aula. En
consecuencia, no se enfrenta con los
problemas a que da lugar generalizar
más allá de la propia experiencia. Den-
tro de este contexto, la teoría es simple-
mente una estructuración sistemática
de la comprensión de su propia labor
(Stenhouse, 2003: 211).
Stenhouse es consciente de que el currículo
puede desempeñar un papel clave, siem-
pre y cuando se perle teniendo en cuen-
ta al docente investigador, al maestro que
reexiona sobre su propio quehacer y hace
que el estudiante también llegue a ello; se
está hablando de una concepción básica de
la investigación-acción, con sus perspecti-
vas de desarrollo y sus obstáculos:
El impedimento más serio para el de-
sarrollo de los profesores como inves-
tigadores –y desde luego como artistas
de la enseñanza– es sencillamente la
escasez de tiempo […] En consecuen-
cia, la investigación realizada por pro-
fesores es una actividad minoritaria,
corrientemente estimulada y respal-
dada por unas estructuras académicas
formales en el nivel de la licenciatura
y del doctorado o por la participación
en un proyecto de investigación que
incluye el concepto de investigación
docente (Stenhouse, 2004: 39).
Si bien es cierto que quien diseña, direccio-
na y gestiona el currículo es la institución
educativa –en la cual debe haber plena con-
ciencia y acuerdo respecto a su concepción
curricular–, también se puede armar que
la investigación como búsqueda de la ver-
dad está inserta en cada uno de los miem-
bros que integran el estamento educativo.
Stenhouse expresa que la investigación se
adhiere al docente desde su misma prepa-
ración en el pregrado y en el doctorado;
agrega que la participación en un proyecto
especíco es determinante y que no es -
cil que al profesor se le asigne una carga
diferente para realizar una investigación a
la que se pueda dar en el aula o en el ám-
bito formativo. No obstante, es imperioso
que lo anterior se haga so pena de no pro-
gresar, pues “resulta claro que es mucho lo
necesario para aliviar la carga del profesor
dispuesto a embarcarse en un programa de
investigación y desarrollo” (2004: 39).
El mago investigador
El docente se convierte con facilidad en un
“mago” o un “chamán” con los poderes
sucientes para convocar el conocimien-
to y transmitir, enseñar y prodigar las ex-
plicaciones sobre la realidad, interpretar
los fenómenos y ponerlos al alcance del
Docencia investigativa y aprendizaje
164
estudiante, del aprendiz. Al revisar la his-
toria de la humanidad se encuentran gu-
ras que cumplieron la misión de traer al
alcance del pueblo los poderes divinos y
las maneras de manifestación de los dioses.
Los intermediarios ponían a la mano de los
mortales los senderos y los medios posibles
para dialogar con las divinidades o, por lo
menos, para buscar una explicación a los
hechos que acaecían. Los magos se rodea-
ban de diversos elementos para establecer
un clima de credibilidad, un ambiente pro-
picio para la interpretación y la asistencia a
un ritual con diversos aditamentos que ha-
cían posible el encantamiento.
El maestro, mago por naturaleza, pone so-
bre la mesa sus facultades para realizar el
conjuro cognitivo, toca con su vara el cono-
cimiento y atrae las fuerzas propicias para
que el aprendiz se empape de la ciencia, en-
tienda el arte, se introduzca en lo más pro-
fundo de su ser y logre la experiencia del
aprendizaje. Ésta, más tarde, se expresará
en la transformación de la naturaleza, en el
impacto en su contexto, en la metamorfosis
interna y en la proyección de su sabiduría a
los demás.
La magia de la educación, como arte o como
ciencia, se maniesta como un universo cog-
nitivo que cubre con su velo al ser humano
y lo faculta para entender, aprehender, mo-
dicar y recrear los fenómenos que lo ro-
dean en la vida. Todo ello en un ambiente
propicio, en un lugar especial dedicado a
los efectos de la enseñanza y del aprendiza-
je: un templo, una escuela, una explanada,
un laboratorio, un sendero, cualquier lugar
natural, cuatro paredes, un laberinto, una
autopista informática, un computador o
una hoja sencilla.
En un principio, los fenómenos se explican
con un lenguaje elemental que se va cargan-
do de signicado: se busca plasmar lo que
se percibe, se quieren mostrar los elementos
claves para la consecución del alimento, la
protección de la intemperie, la comunica-
ción con los demás y todos los agregados
necesarios para sobrevivir y transitar por
un mundo agreste y la mayoría de las veces
desconocido. El ser humano ingenia múlti-
ples formas para llevar a las generaciones
siguientes a los lugares que él pudo tran-
sitar y a los fenómenos que aprehendió, de
modo tal que los que lo suceden hagan lo
mismo y, en lo posible, mejor.
Alguna vez existió una cueva en la cual se
plasmaron dibujos que enseñaban cómo se
cazaba, cómo se adquiría el alimento, qué
relaciones se daban, qué instrumentos se
utilizaban, cómo se rodeaba al animal, cómo
se le capturaba, en suma, el ser primitivo se
dedicaba a analizar qué principio, media-
ción y nal tenía el hecho de sobrevivir. Mu-
chos siglos después aparecerían templos, la
academia, el liceo, conventos, seminarios,
universidades, escuelas, colegios, talleres,
gimnasios, institutos y múltiples estableci-
mientos que dieron paso a enseñanzas, teo-
rías, dogmas, prácticas, sistemas, métodos,
tendencias, movimientos, ideologías, etc.
En las distintas instituciones, la transmisión
del conocimiento mediante sus currículos,
métodos, técnicas y procedimientos diver-
sos se condensó en el término “didáctica”,
el cual funge como un elemento determi-
nante en el proceso pedagógico, en cuanto
establece las herramientas, los sistemas y
las formas de desenvolvimiento en la en-
señanza y el aprendizaje, y se adentra en
los vericuetos y las fronteras que se erigen
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HALLAZGOS / Año 8, núm. 16 / Bogotá, D.C. / Universidad Santo Tomás / pp. 153-167
entre la ciencia y el arte. Cada docente es-
tructura –consciente o inconscientemen-
te– su forma de comportarse y administrar
los elementos, en pro de acceder al conoci-
miento, transformarlo, producirlo, brindar-
lo y compartirlo con los demás. El conicto
generacional del que se ocupan diversos
autores y disciplinas se hace más patente en
la actualidad.
Los profesores y los aprendices de investi-
gación se enredan y quieren evocar aquellos
momentos en que todos aprendieron e in-
vestigaron sobre lo mismo. En esos marcos
semejantes, los docentes decían qué hacer e
impartían los conocimientos que, a su vez,
habían aprendido forzadamente. Se preten-
día que la enseñanza y la investigación se
centraran en textos, libros y postulados que
se transmitían con base en apuntes viejos y
en temas que, en alguna ocasión, se descar-
garon del computador y parecieron intere-
santes. Todavía en los albores del siglo XXI
es común ver en las distintas instituciones
mensajes que invitan a sacar las fotocopias
de tal o cual establecimiento, queriendo
evocar, probablemente, representantes y
teorías destacadas que cumplieron algún
papel en la travesía del conocimiento.
De ninguna manera se puede desconocer
el aporte de los grandes maestros de la ci-
vilización, sus enseñanzas y postulados,
máxime si el tiempo no ha sido capaz de co-
rroerlos. No obstante, el proceso no puede
quedarse en este punto; es necesario anali-
zar el contexto, mirar críticamente el pasa-
do, vivir el presente y proyectar el futuro.
Existe certeza de que hay que apropiarse
de elementos, categorías, conceptos y co-
nocimientos mínimos para poder percibir
el contexto, coexistir con los demás, trazar
metas, soñar, aprehender postulados ma-
temáticos y cientícos, sentir los mensajes
estéticos, convivir con los lenguajes de la
física, la química, la biología, la losofía y
la literatura, estar con otros, comprenderlos
en sus múltiples facetas, ayudarlos y apo-
yarlos, trabajar con ellos. En suma, se re-
quieren conocimientos mínimos para vivir
y desarrollarse.
El término “mago” solía atribuirse a una per-
sona fuera de lo común, quien contaba con
atribuciones cognitivas superiores a las de
los demás, entendía el contexto e inuía en
el destino humano, cambiando las posibili-
dades, las circunstancias y el horizonte para
bien o para mal (generalmente lo primero);
las historias al respecto son innumerables.
Sin dicultad, podría permutarse el térmi-
no “mago” por el de “mentor”, “profesor
o “maestro”. La apropiación del contexto y
la relación con el aprendiz bien puede sus-
tentar este conjuro y armar que el maestro
es un investigador y un mago en búsqueda
permanente de la verdad.
Posludio
Se puede aseverar, sin temor a equivocar-
se, que lo virtual contaminó la realidad, se
mezcló con ella y, prácticamente, la avasa-
lló. Dentro de los debates sobre los alcances
de los avances tecnológicos se puede ar-
mar, con certeza, que estos ya se encuentran
inmiscuidos en cada paso de la vida huma-
na. Las nuevas generaciones nacen con un
horizonte virtual y pasan la mayor parte
de su vida respondiendo a los mensajes
innitos de las pantallas y a los instrumen-
tos informáticos cada día más sosticados.
Cualquier reforma educativa o cualquier
planeación curricular tiene que incluir,
Docencia investigativa y aprendizaje
166
necesariamente, la tecnología. En cada aula
se abre paso la red intrincada de praxis digi-
tal, entendiendo por ella el uso del lenguaje
informático en todas sus variedades.
El docente investigador no puede ser ajeno
a ello. Su papel de investigador-formativo y
de mago tiene que compaginarse, acertada
e indiscutiblemente, con el papel del estu-
diante. Ambos deben conuir en el diseño
y desarrollo curricular, lo cual presupone
un futuro educativo necesitado de ética, in-
vestigación y formación compartida. Hoy
más que nunca se requiere de una interac-
ción entre el docente –quien no sólo enseña,
sino que también aprende– y el estudiante
quien no se limita a aprender, sino que tam-
bién imparte su enseñanza–. Los dos unidos
caminan de la mano de la investigación, eli-
minando los obstáculos epistemológicos,
virtuales y reales que acompasan su paso.
Los docentes investigadores, demiurgos
de su propio destino, se acercan inexora-
blemente a la dictadura de los medios, a
estar incrustados en el lenguaje virtual y
a ser parte de ese universo. La predicción
del escritor argentino Adolfo Bioy Casares
(1914-1999), en voz del protagonista de La
invención de Morel, es un hecho ineludible:
“Mi alma no ha pasado, aún, a la imagen; si
no, yo habría muerto, habría dejado de ver
(tal vez) a Faustine, para estar con ella en
una visión que nadie recogerá” (1975: 155).
La enseñanza, el aprendizaje y la investi-
gación se constituyen en aspectos primor-
diales del progreso, de la supervivencia, y
han de acoger las nuevas herramientas y las
diversas relaciones e instituciones, llámense
Estado, empresa, universo digital o, senci-
llamente, comunidad académica.
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Traducción de: Alice's adventures in wonderland through the looking glass the hunting of the snark
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Traducción de: The Demon-haunted World En la cubierta se menciona que es la 5a ed. En realidad es la 1a ed. en una nueva presentación, ya que la anterior estaba en la colección La Línea del Horizonte.
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