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Notas teóricas y metodológicas

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notas teóRicas y metodológicas
Notas teóricas y metodológicas
Manolo e. Vela Castañeda
Universidad Iberoamericana, Ciudad de México
Kellogg Institute for International Studies
University of Notre Dame
A. ¿Cómo ha sido abordado el tema en Guatemala?
El corpus de literatura sobre este problema de investigación puede dividirse
en tres tipos de discursos. En torno a éstos enfoques ubicamos autores y obras.
Por una parte están los paradigmas institucionales (de las guerrillas o el Ejército);
por otro está el que llamo paradigma centrado en las estrategias insurgentes y
contrainsurgentes; y finalmente está el que llamo paradigma complejo.
Los paradigmas institucionales
En primera instancia se hallan los protagonistas institucionales, estos son los
testimonios escritos por militantes de las organizaciones guerrilleras. En esta
línea tenemos a Mario Payeras,1051 P. Monsanto,1052 G. Ilóm,1053 R. Morán,1054
1051 Mario Payeras, “Estrategia guerrillera y contrainsurgencia (1970-1984)”, en Los fusiles de
octubre. Ensayos y artículos militares sobre la revolución guatemalteca 1985-1988, Mario
Payeras (1985; México: Juan Pablos Editor, 1991), 11-33. Mario Payeras, Los días de la
selva (1981; Guatemala: Piedra Santa, 2002). Mario Payeras, El trueno en la ciudad (1987;
Guatemala, El Pensativo, 2006).
1052 Pablo Monsanto, “De las armas a las masas para ganar la guerra”, en Pueblos en armas,
Guatemala, El Salvador, Nicaragua. Entrevistas de Marta Harnecker, Marta Harnecker (Méxi-
co: ERA, 1982).
1053 Gaspar Ilóm, “ORPA: respuesta a las esperanzas indígenas”, en Pueblos en armas, Gua-
temala, El Salvador, Nicaragua. Entrevistas de Marta Harnecker, Marta Harnecker (México:
ERA, 1982).
1054 Regis Debray y Ricardo Ramírez, “Guatemala”, en: Las pruebas de fuego, la crítica de las
armas, volumen 2, Regis Debray, trad. F. Blanco (1974; México: Siglo Veintiuno Editores,
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J. C. Macías,1055 S. Santacruz,1056 y, G. Porras.1057 Estos son documentos (los
de Monsanto, Ilom y uno de los de Morán, meramente entrevistas) que han
sido escritos por los líderes –al más alto nivel– de las organizaciones guerri-
lleras. ¿Nos proporciona este primer tipo de literatura un vínculo aceptable
a las relaciones entre comunidad y guerrilla? Por supuesto que no. Las más
completas de estas formulaciones –las escritas por M. Payeras y por Debray y
Morán, para el primer ciclo guerrillero- proporcionan importantes elementos
sobre la estrategia de las guerrillas, y –desde allí- el papel que debían desem-
peñar las bases, pero nada más. Estos textos son buenos ejemplos de cómo
las guerrillas –desde arriba– veían a sus bases.
Otra vertiente de los protagonistas institucionales está dada por los mili-
tares que también sistematizaron sus experiencias. Aquí la perspectiva es la
de abordar la insurgencia campesina como una “masa inconsciente” que se
dejó “engañar por la subversión. La conclusión de aquella situación puede
variar, dependiendo de las interpretaciones, pero en su forma más general, se
reduce a esto: los indios se dejaron engañar, por lo que fue preciso re-tomar
el control de sus territorios.1058
Ya sea desde las elites insurgentes o desde las elites militares, ambos discur-
sos no han reflejado –porque no les interesaba– la posición de los campesinos
que –paradójicamente– eran quienes constituían la base de ambas fuerzas
militares (las guerrillas y el Ejército gubernamental). Se trata, además, de na-
rrativas –como no podía ser de otra manera– comprometidas en los encuadres
institucionales de sus organizaciones (ya sean estas guerrilleras o de la fuerza
armada). ¿Puede la historiograf ía sentirse cómoda con la serie de distorsiones
de las que estarán llenas estas interpretaciones? Por supuesto que no.
1975). Rolando Morán, “Un trabajo de masas para ganar la guerra”, en Pueblos en armas,
Guatemala, El Salvador, Nicaragua. Entrevistas de Marta Harnecker, Marta Harnecker (Méxi-
co: ERA, 1982).
1055 Julio César Macías, La guerrilla fue mi camino: epitao para César Montes (Guatemala: Pie-
dra Santa, 1997).
1056 Santiago Santacruz, Insurgentes (Santiago de Chile : LOM, 2004).
1057 Gustavo Porras, Las huellas de la memoria (Guatemala: Propaz, 2009).
1058 Héctor Alejandro Gramajo Morales, De la guerra... a la guerra. La difícil transición política en
Guatemala (Guatemala: Fondo de Cultura Editorial, 1995). Jennifer Schirmer, Intimidades del
proyecto político de los militares guatemaltecos (1998; Guatemala: FLACSO, 1999). Mario
Alfredo Mérida González, Venganza o juicio histórico, una lectura retrospectiva del Informe de
la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (Guatemala: De autor, 2004).
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El paradigma centrado en la estrategia insurgente-contrainsurgente
El que denomino paradigma centrado en la estrategia insurgencia con-
trainsurgencia soluciona la relación de articulación y las múltiples formas de
mediación entre las poblaciones indígenas, los movimientos comunitarios,
religiosos y políticos, y los movimientos revolucionarios, su estrategia y su
ideología, colocando las piezas de forma tal que la incorporación de la socie-
dad a la guerra es vista a partir de una interpretación de la estrategia de las
organizaciones insurgentes. Así, la movilización fue forzada por los grados de
represión que el Ejército empleó ante la amenaza que para éste representaba
la guerrilla. En síntesis, la sociedad –sin opción de decidir– fue empujada por
el Ejército gubernamental a los brazos de la guerrilla. Tal tesis es compartida
por Yvon Le Bot y David Stoll.1059
Este paradigma cuestiona desde la raíz el carácter mismo de la guerra: ¿Era
la guerra en Guatemala una guerra de los mayas? ¿O se trataba más bien de
una guerra que se desarrolló en territorio maya, que incorporó a los mayas de
una forma subordinada? ¿El conflicto alcanzaría la dimensión militar que tuvo
si no hubieran existido las organizaciones revolucionarias? ¿Habrían elegido
los mayas el método de la guerra si no se hubieran visto obligados a hacerlo en
defensa de los ataques del Ejército? El enconado debate que la tesis ha susci-
tado se halla en relación con dos asuntos de compleja resolución: ¿Cuál era el
carácter de la revolución guatemalteca? y, ¿Cuál fue el papel de la vanguardia
revolucionaria en ésta? ¿Comprendieron las elites revolucionarias el papel del
indígena en la revolución o más bien, sus acciones desencadenaron ofensivas
militares contra la población civil, que ellos nunca fueron capaces de prever?
¿Por qué la guerrilla fue incapaz de conducir la guerra en Guatemala? Una
cuestión de profunda responsabilidad histórica.
De esa forma, Lebot pretende demostrar que: “…la derivación hacia el
conflicto armado representa, al contrario, una ruptura del movimiento social,
que fue provocado por la crisis y la represión del movimiento, y que también
fue la causa de su aplastamiento.1060 Más allá de sus limitaciones en materia
1059 Yvon Le Bot, La guerra en tierras mayas. Comunidad, violencia y modernidad en Guatemala
(1970-1992). Trad. María Antonieta Niera Bigora (1992; México: Fondo de Cultura Editorial,
1995). David Stoll, Entre dos fuegos en los pueblos ixiles de Guatemala (1993; New York:
Columbia University Press, 1995). Otros textos ejemplares en la aplicación de esta tesis
son: Mark Danner, The Massacre at El Mozote (New York: Vintage, 1994). Yvon Grenier, The
Emergence of Insurgency in El Salvador. Ideology and Political Will (Pittsburgh: University of
Pittsburgh Press, 1999).
1060 Le Bot, Guerra en tierras mayas, 26.
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de fuentes y de realizar una recolección parcial de informaciones, estas expli-
caciones deben ser puestas a prueba de manera crítica.
El paradigma complejo
A mediados de 1978, dos números de la revista Estudios Centroamerica-
nos estuvieron dedicados a Guatemala. En ellos se presentaron una serie de
artículos que intentaban dar cuenta del cambio que estaba ocurriendo en lo
profundo de la nación. Dentro de éstos se encuentra: “Guatemala: la profun-
dización de las relaciones capitalistas”, de Gustavo Porras; y, “El movimiento
indígena”, de Ricardo Falla.1061 De forma complementaria, en tanto que Falla
explicaba el surgimiento, las tendencias y la trayectoria –hasta 1978– del movi-
miento indígena, Porras sentenciaba advirtiendo que: “La “tecnificación” de la
economía campesina y su incorporación al mercado, la inversión de capitales
en las grandes empresas agrícolas, constituyen los rasgos esenciales del actual
período.1062 Asimismo, continúa advirtiendo Porras:
…desde el punto de vista social, esta incorporación al mercado de los
pequeños productores vinculados objetivamente a un importante seg-
mento de la población campesina con los mecanismos de la economía
capitalista internacional, con las instituciones, el Estado, etc. Es decir,
rompe el aislamiento tradicional del campesino y le permite una visión
más amplia de los mecanismos sociales que, en última instancia, deter-
minan las condiciones de su propia producción.1063
La interrelación entre aquellas dos variables: desarrollo del capitalismo
y cambios en las comunidades indígenas, en relación con las rebeliones, fue
sometido a prueba por Carlos Rafael Cabarrús en: “La estratificación, pista
para la intelección de los grupos étnicos.1064
Hacia 1982 un número de la revista Polémica, dirigida desde Costa Rica
por Edelberto Torres-Rivas, dio continuidad a esta temática. Se trata de los
artículos de Mario Solórzano Foppa, “El nacionalismo indígena: una ideología
1061 Gustavo Porras, “Guatemala: la profundización de las relaciones capitalistas”, Estudios Cen-
troamericanos, 356-357 (junio-julio 1978). Ricardo Falla, “El movimiento indígena”, Estudios
Centroamericanos, 356-357 (junio-julio 1978).
1062 Porras, “Relaciones capitalistas”, 377.
1063 Porras, “Relaciones capitalistas”, 376.
1064 Carlos Rafael Cabarrús, “La estraticación, clave para la intelección de los grupos indígenas”,
Estudios Centroamericanos, 363-364 (1979).
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burguesa”;1065 “El racismo y la revolución guatemalteca”, de Leonel Luna;1066
Pedro Chamix, “La importancia revolucionaria de conocer los movimientos
indígenas”;1067 “Los pueblos indígenas y el proceso revolucionario”, de Severo
Martínez Peláez;1068 y, “El indígena en el proceso revolucionario”, de Enrique
García Pérez.1069
Revolt against the Dead, de Douglas Brintnall, es una de las mejores ex-
posiciones acerca del cambio que se registró en las comunidades indígenas
y que dio forma a la rebelión.1070 En 1983, la revista Polémica publicó –como
artículo- uno de los capítulos de aquel libro.1071 En síntesis, la tesis que el es-
tudio de Brintnall presenta es que lentamente –sin que la conciencia ladina
racista y dominante lo haya registrado en la contabilidad de su hegemonía–,
en el nivel de la comunidad local, la población india comenzó a cambiar. Las
modificaciones fueron desiguales en extensión y profundidad. En su conjunto,
se expresaron en el colapso de las jerarquías tradicionales que tienen como eje
la cofradía, en tanto sede del poder religioso; y, la municipalidad, sede del poder
político; y sus actores: los ancianos o principales; presentándose entonces una
profunda ruptura de ciertas costumbres.1072
La síntesis de estas explicaciones es presentada por Arturo Arias en “El
movimiento indígena en Guatemala: 1970-1983”, dentro del seminario Los
movimientos sociales en América Latina, que se realizó en noviembre de 1983,
en San José Costa Rica, y que fue coordinado por Daniel Camacho y Rafael
1065 Mario Solórzano Foppa, “El nacionalismo indígena: una ideología burguesa”, Polémica, 3
(enero-febrero 1982).
1066 Leonel Luna, “El racismo y la revolución guatemalteca”, Polémica, 3 (enero-febrero 1982).
1067 Pedro Chamix, “La importancia revolucionaria de conocer los movimientos indígenas”, Polé-
mica 3 (enero-febrero 1982).
1068 Severo Martínez Peláez, “Los pueblos indígenas en el proceso revolucionario”, Polémica, 3
(enero-febrero 1982).
1069 García, Pérez, Enrique. “El indígena en el proceso revolucionario.” Polémica, 3 (enero- febrero
1982). Se trata de un documento del Ejército Guerrillero de los Pobres, lo que se entiende por
la coincidencia en el acrónimo que se forma con ambos nombres.
1070 Douglas Brintnall, Revolt angainst the Dead (Nueva York: Gordon and Beach, 1979).
1071 DouglasBrintnall, “El colapso de las jerarquías”, Polémica, 10-11 (julio-octubre 1983).
1072 Una buena descripción de la cofradía puede verse en: John Chance y William Taylor, “Cofra-
días and Cargos: an Historical Perspective on the Mesoamerican Civil-Religious Hierarchy”,
American Ethnologist 12, 1 (1985): 1-26.También: Kay Warren, The Symbolism of Subordi-
nation: Indian Identity in a Guatemalan Town (Austin: University of Austin Press, 1978).
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Menjívar.1073 Es de esta forma como se construyó lo que aquí llamamos el
paradigma complejo sobre la rebelión en Guatemala.
Éste explica la coyuntura revolucionaria desde la formación de una nueva elite
indígena en las comunidades. Creada en un contexto de políticas desarrollistas, esta
nueva elite de jóvenes se caracterizó por haber alcanzado cierto nivel educativo,
una conciencia política forjada desde ciertos espacios religiosos promovidos por la
Iglesia católica, a través de la Pastoral Indígena y el movimiento de Acción Católica,
la campaña de alfabetización emprendida por el Estado desde 1972, y los Semina-
rios Indígenas, que se iniciaron en 1972. Es este un proceso en el que una amplia
diversidad de factores confluyen para construir a un nuevo actor: el catequista o
el líder de la comunidad. El terremoto de 1976, las organizaciones revolucionarias
y su ideología, el Comité de Unidad Campesina, harían las veces de mecanismos
de articulación entre diversos territorios y regiones:desde los pueblos indígenas,
las cabeceras departamentales y la ciudad capital. Así, el municipio, compuesto
por la cabecera municipal y un grupo de aldeas, caracterizado por un conjunto
de atributos culturales y religiosos (idioma, traje, santo patrono), pasó a estar cada
vez menos aislado y más interconectado, a través de esta serie de procesos. Esta
explicación presentó una original síntesis de cuatro tipos de fuentes:
a) estudios sobre el desarrollo del capitalismo en el agro;
b) estudios sobre la existencia de cambios culturales, religiosos y generacio-
nales en las comunidades indígenas;
c) testimonios que apoyan ambas tesis (capitalismo, en relación con cambios
culturales); y,
d) estudios centrados en la forma como los militares gobiernan el país.
El estudio de Arias está enfocado en el departamento de Quiché. Da cuenta
de la experiencia del Ejército Guerrillero de los Pobres. Las fuentes del estudio
de Arias son –en su mayoría– secundarias. La única fuente primaria que el
estudio presenta es una entrevista a Pablo Ceto, líder fundador del Comité de
Unidad Campesina y miembro de la Dirección Nacional del Ejército Guerrillero
de los Pobres (EGP).El trabajo organizativo de la Organización Revolucionaria
del Pueblo en Armas (ORPA), asentada en la Sierra Madre, del oeste al centro
del País, era –hasta aquel entonces, cuando esto se escribió– una tarea pen-
1073 Arturo Arias, “El movimiento indígena en Guatemala: 1970-1983”, en Movimientos populares
en Centroamérica, Daniel Camacho and Rafael y Menjívar (San José: EDUCA, FLACSO,
UNU, IISUNAM, 1985). Arturo Arias, “Shifts in Indian Identity: Guatemala’s Violent Transition
to Modernity”, en Guatemala Indians and the State, 1521-1988, Carol Smith (Austin: Univer-
sity of Texas Press, 2001).
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diente. Lo mismo valía para los desarrollados organizativos vinculados a la
rebelión en otras áreas lingüísticas.
Cinco años más tarde, en 1988, un grupo de antropólogos reúne en un li-
bro una serie de ensayos, cuyo punto en común se halla en una preocupación
compartida por entender el cambio cultural en un contexto de la violencia
en Guatemala. Se trata de: Harvest of Violence: e Mayan Indians and the
Guatemalan Crisis, editado por Robert Carmack.1074Una edición del mismo,
será publicado años más tarde (1991), por la Secretaría General de la Facultad
Latinoamericana de Ciencias Sociales, con sede en Costa Rica. Escrito desde
el compromiso y la indignación con los hechos de violencia extrema, Robert
Carmack reunió a un grupo –en su mayoría de antropólogos norteamerica-
nos– de larga trayectoria en los estudios sobre Guatemala: Richard Adams,1075
Sheldon Annis,1076 Shelton Davis,1077 Duncan Earle,1078 Roland H. Ebel,1079 Ricardo
1074 Robert Carmack, Guatemala: cosecha de violencias. Trad. Mario Roberto Morales (1988;
San José: FLACSO, 1991).Robert Carmack, “La historia de Santa Cruz del Quiché”, en Gua-
temala: cosecha de violencias. Robert Carmack, Trad. Mario Roberto Morales (1988; San
José: FLACSO, 1991), 67-120.
1075 Richard Adams, “¿Qué se puede saber sobre la cosecha de violencia?”, en Guatemala: cosecha
de violencias, Robert Carmack, trad. Mario Roberto Morales (1988; San José: FLACSO, 1991),
447-75. Richard Adams, Etnias en evolución social: estudios de Guatemala y Mesoamérica (Mé-
xico: UAM Iztapalapa, 1995). Richard Adams, Crucixion by Power: Essays on Guatemala Natio-
nal Social Structure, 1944-1966 (Austin: Texas University Press, 1970).
1076 Sheldon Annis, “Historia de un pueblo pacíco: San Antonio Aguascalientes”, en: Guatema-
la: cosecha de violencias, Robert Carmack, Trad. Mario Roberto Morales (1988; San José:
FLACSO, 1991), 261-91. Sheldon Annis, God and Production in a Guatemalan Town (1987;
University of Texas Press, 2009). San Antonio Aguascalientes está situado al suroeste de
Antigua Guatemala, en el central departamento de Sacatepéquez.
1077 Sheldon Davis, “Sembrando las semillas de la violencia”, en: Guatemala: cosecha de vio-
lencias, Robert Carmack, trad. Mario Roberto Morales (1988; San José: FLACSO, 1991),
19-63. Shelton Davis, La tierra de nuestros antepasados estudio de la herencia y la tenencia
de la tierra en el altiplano de Guatemala, Trad. C. Margarita Cruz Valladares (1970; Antigua
Guatemala: Plumsock Mesoamerican Studies, CIRMA, 1997).
1078 Duncan Earle, “Mayas que ayudan a otros mayas: los refugiados guatemaltecos en Chiapas”,
en: Guatemala: cosecha de violencias, Robert Carmack, trad. Mario Roberto Morales (1988;
San José: FLACSO, 1991), 417-45. Duncan Earle, “The Metaphor of the Day in Quiché,
Guatemala: Notes on the Nature of Every Day Life”, en On Earth as it is in Heaven: Religion
in Modern Latin America, Virginia Garrard-Burnet (Wilmington, DEL: Scholary Resouerces,
2000). Earle, Duncan, “Tied to the Land: Maya Migration, Exile, and Transnationalism”, en
Indentities on the Move: Transnational Processes in North America ant the Caribbean Basin,
Lililan Goldin (Albany, N.Y.: University of Albany, 1999).
1079 Ronald Ebel, “Cuando los indios toman el poder: conicto y consenso en San Juan Ostun-
calco”, en Guatemala: cosecha de violencias, Robert Carmack. Trad. Mario Roberto Morales
(1988; San José: FLACSO, 1991), 293-320. Ronald Ebel, Cambio político en tres comunida-
des indígenas de Guatemala (Guatemala: José de Pineda Ibarra, 1969).
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guatemala, la infinita histoRia de las Resistencias
Falla1080 (único guatemalteco), Robert E. Hinshaw,1081 Beatriz Manz,1082 Benjamin
D. Paul y William J. Demarest,1083 Carol Smith,1084 y, David Stoll.1085Más allá de
los estudios de caso, es posible abstraer una visión de conjunto, estructural,
acerca del proceso de cambio que aconteció en Guatemala.
Casi en paralelo, Carol Smith, una historiadora, de amplio conocimiento
sobre Guatemala, reunió en un libro un conjunto de ensayos, cuya segunda
parte está dedicada a explorar las luchas que tuvieron lugar durante la segunda
mitad del siglo veinte. Se trata de Guatemala, Indians and the State, 1540-
1988.1086 En éste toman parte: Richard Adams (que también participó –con
otro artículo– en Cosechas de violencia), Arturo Arias (con una revisión del
artículo citado y comentado previamente), Robert Carmack (el compilador de
Cosechas de violencia), Jim Handy, George Lovell, Christopher Lutz, David
McCreery, John Watanabe yRalph Lee Woodward.
Ya en 1997, Greg Grandin presenta una visión más profunda de las líneas
trazadas en el artículo de Arias y continuadas en los estudios de caso que
presenta el grupo de Cosechas de violencias y Guatemala Indians and the
1080 Ricardo Falla, “Lucha por la sobrevivencia en las montañas: el hambre, y otras privaciones in-
igidas a los refugiados internos del altiplano central”, en: Guatemala: cosecha de violencias,
Robert Carmack. Trad. Mario Roberto Morales (1988; San José: FLACSO, 1991), 385-416.
Ricardo Falla, Quiché rebelde. Estudio de un movimiento de conversión religiosa rebelde a las
creencias tradicionales en San Antonio Ilotenango, Quiché (1948-1970). 1978; Guatemala:
Editorial Universitaria, 1995.
1081 Robert Hinshaw, “Panajachel: un pueblo turístico en el ámbito de la violencia”, en: Guatema-
la: cosecha de violencias, Robert Carmack. Trad. Mario Roberto Morales (1988; San José:
FLACSO, 1991), 323-40.
1082 Beatriz Manz, “La transformación de la “La Esperanza” una aldea de Ixcán”, en: Guatema-
la: cosecha de violencias, Robert Carmack. Trad. Mario Roberto Morales (1988; San José:
FLACSO, 1991), 121-53. Beatriz Manz, Paradise in Ashes: A Guatemalan Journey of Coura-
ge, Terror, and Hope (Berkeley: University of California Press, 2003). Beatriz Manz, Refugees
of a Hidden War: the Aftermath of Counterinsurgency in Guatemala (Nueva York: State Uni-
versity of New York Press, 1988).
1083 Benjamin D. Paul, y William J. Demarest, “Operaciones de un escuadrón de la muerte en
San Pedro la Laguna”, en: Guatemala: cosecha de violencias, Robert Carmack. Trad. Mario
Roberto Morales (1988; San José: FLACSO, 1991), 203-60.
1084 Carol Smith, “Desestructuración de las bases materiales de la cultura indígena: cambios
económicos en Totonicapán”, en: Guatemala: cosecha de violencias, Robert Carmack. Trad.
Mario Roberto Morales (1988; San José: FLACSO, 1991), 341-81. Carol Smith, Guatemala
Indians and the State, 1540 to 1988 (Austin: University of Texas Press, 1991).
1085 David Stoll, “Evangelistas, guerrilleros y Ejército: el triángulo Ixil bajo el poder de Ríos Montt”,
en Guatemala: cosecha de violencias, Robert Carmack. Trad. Mario Roberto Morales (1988;
San José: FLACSO, 1991), 155-99. Stoll, Entre dos fuegos.
1086 Smith, Guatemala Indians and the State.
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notas teóRicas y metodológicas
State,1540-1988. Se trata de: “To End with All ese Evils: Ethnic Transfor-
mation and Community Mobilization in Guatemala’s Western Highlands,
1954-1980”.1087“Cómo fue que los mayas, considerados parroquiales y aislados,
no solo de la cultura nacional si no unos con otros, fueron capaces de forjar
alianzas trans-étnicas, liderar organizaciones y preparar estrategias que pu-
sieron en jaque los métodos tradiciones de dominación y explotación?”1088 Es
la interrogante que recorre el artículo. En relación con el trabajo de Arias,1089
en las respuestas que ofrece Grandin, interviene el hecho de contar con más
estudios de caso para explicar el cambio en las comunidades,1090 aplicar la
idea de hegemonía comunal, de Florencia Mallon,1091 y el modelo de rebelión
campesina basada en la comunidad, de Douglas Kincaid,1092 para analizar el
cambio en las comunidades, y un análisis –donde elabora con fuentes prima-
rias– sobre el papel –trans-étnico, trans-comunitario, desde la explicación
de Arias- del Comité de Unidad Campesina en la rebelión. Los hilos que el
artículo original de A. Arias,1093 logró hilvanar, fueron presentados por Grandin
en una verbalización diferente, con nuevas fuentes y nuevos enfoques teóricos
y analíticos.“To End with All ese Evils…” constituyó verdaderamente un
gran salto adelante.1094
1087 Greg Grandin, “To End with All These Evils: Ethnic Transformation and Community Mobiliza-
tion in Guatemala’s Western Highlands, 1954-1980”, Latin America Perspectives 24, 2 (Mar.
1997): 7-34.
1088 Grandin, “Ethnic Transformation”, 8.
1089 Arias, “El movimiento indígena”; Arias, “Shifts in Indian Identity”.
1090 Brintnall, Revolt angainst the Dead.Carmack, Santa Cruz del Quiché. Ebel, San Juan Ostun-
calco. Falla, Quiché rebelde. Warren, Indian Identity.
1091 Florencia Mallon, Campesino y nación. La construcción de México y Perú poscoloniales,
(1995; México: El Colegio de Michoacán, El Colegio de San Luis Potosí, CIESAS, 2003).
Gavin Smith, “The Production of Culture in Local Rebellion”, en Golden Ages, Dark Ages:
Imaging the Past in Anthropology and History, William Roseberry y Jay O’Brien (Berkeley:
University of California Press, 1991), 180-207.
1092 Douglas Kincaid, “Peasants into Rebels: Community and Class in Rural El Salvador”, Com-
parative Studies in Society and History 29, 3 (1987): 466-494.
1093 Arias, “El movimiento indígena”; Arias, “Shifts in Indian Identity”.
1094 Pero lo más notable de los estudios de G. Grandin estaría por venir con: “Asesinato, memo-
ria y resistencia en el altiplano occidental de Guatemala, Cantel 1884-1982”, Mesoamérica,
36 (Diciembre, 1998), 371-422. La sangre de Guatemala. Raza y nación en Quetzaltenango,
Guatemala, 1750-1954 (2000; Guatemala: CIRMA, Editorial Universitaria, 2007). Panzós, la
última masacre colonial. Latinoamérica en la Guerra Fría, trad. Alejandro Arriza (2004; Gua-
temala: AVANCSO, 2007). El estilo de historia social de G. Grandin le permite captar evento
y memoria, incrustados en procesos de larga duración. Poniendo en duda las explicaciones
que dan por inevitables los hechos nalmente ocurridos, éste se enfoca en el cómo las con-
tradicciones internas de las comunidades se articularon con los grandes procesos sociales
de formación del Estado y la acumulación de capital.
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guatemala, la infinita histoRia de las Resistencias
De manera coincidente, los autores que reconocemos en estos dos para-
digmas –complejo y el otro, centrado en la estrategia insurgente– realizaron
sus estudios en diversas áreas de Guatemala, las cuales –durante la guerra–
fueron zonas de operación del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), la
organización que se convirtió en el eje de las operaciones de tierra arrasada
realizadas por el Ejército.
***
Por su origen, los paradigmas institucionales, del lado de las guerrillas, no
alcanzan a ver analíticamente las raíces sociales de la insurgencia que pretenden
analizar. Se quedan atrapados en historias de organizaciones, líderes, hazañas
militares, proclamas y programas. Del lado de los militares, el análisis ha sim-
plificado la articulación entre comunidad y guerrilla, aduciendo sencillamente
que los indios se dejaron engañar.
En el paradigma complejo la interpretación de la insurgencia se basa en
la concurrencia –en tiempo y espacio– de la implantación de organizaciones
revolucionarias que entraron en relación con profundos cambios –sociales,
económicos, políticos y religiosos- operados en las comunidades, de lo cual era
fruto un nuevo liderazgo. Por su parte, el paradigma centrado en la relación
insurgencia-contrainsurgencia supone que la insurgencia tuvo su origen –no
en decisiones de sujetos políticos– en la respuesta estatal violenta. Además,
el paradigma centrado en la relación insurgencia-contrainsurgencia cuestiona
la articulación entre las guerrillas, el cambio religioso y la dimensión étnica,
aduciendo un supuesto aprovechamiento (y engaño) de los primeros.
Durante más de dos décadas, más o menos desde principios de los años
ochenta, esas han sido las líneas de este enconado debate. Unos y otros han
ido sumándose a estos tres carriles, que ofrecen lecturas diversas de un mismo
fenómeno.
A. Compartir nuestras fuentes teóricas: ¿cómo analizar las bases
sociales de la desobediencia?
El empleo de la teoría es bueno cuando es útil. En este caso, el sentido era de
qué forma lográbamos –más allá de un buen relato de grandes descripciones–,
captar las relaciones entre los sujetos subalternos y las guerrillas. A continua-
ción compartimos cuáles fueron nuestras fuentes teóricas. Esta sección tiene
como propósito compartir con otros, para animarles a continuar trabajando
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notas teóRicas y metodológicas
en esta línea de investigación, empleando éstas u otras ideas teóricas. Pero
antes quisiéramos presentar tres postulados para con la teoría que vale la pena
erradicar, por el grave daño que le han hecho a las ciencias sociales:
1) La teoría es inteligencia superior. Hay quienes consideran que la teoría es
sinónimo de inteligencia superior; y que por lo tanto, toda otra forma de
conocimiento es secundaria. Este es el postulado de la erudición por la
erudición misma. Aunque es propio de principiantes, es un mal extendido
entre académicos avanzados en años, que a falta de creaciones propias han
tomado el camino de aprenderse las conclusiones teóricas a las que otros
han arribado. No se trata de aprender para aplicar, sino de aprender para
saber, repetir, como quien cuenta las historias que otros han escrito.
2) No compartas tus fuentes porque te las robarán, otros, quienes no merecen
emplearlas tanto como tú. Otros creen que es bueno ocultar las fuentes
de inspiración por temor a que se las roben. Pobres obsesionados, toda-
vía consideran que es posible mantener porciones del conocimiento en
secreto, ocultas. Lo importante no es simplemente saber de las fuentes
teóricas (autores, obras y escuelas), sino saber aplicarlas a casos históri-
cos, con creatividad y corazón. No basta con conocer las fuentes teóricas,
hay que tener genio para seleccionar un caso (en la historia) y emplear el
conocimiento para organizar la recolección de las fuentes, hasta arribar
a un relato consistente. Así, lo importante no es saber; sino saber aplicar
para explicar.
3) La teoría es una profesión de fe. Hay otros –por suerte cada vez son
menos– para quienes la teoría es una profesión de fe. Se es entonces o se
pertenece a tal escuela, o se es seguidor de un determinado autor. La rea-
lidad se ve y se enfoca con las lentes de tal autor o tal escuela. Con ello, la
teoría pierde la fluidez que le es necesaria para superarse y desarrollarse.
Si la teoría fuese profesión de fe, ningún gran descubrimiento hubiese sido
posible, porque se trataría sólo de seguidores. Al revés, lo determinante son
las grandes preguntas, el momento de la creatividad, ensayadas en casos
históricos paradigmáticos. Desde allí surge la necesidad de elementos de
teoría, con los cuales sea posible atrapar los casos, darles brillo, enfocarlos
analíticamente, perseguir, recolectar y analizar las fuentes.
Aclarados estos tres puntos, pasamos a continuación a compartir nuestras
fuentes de inspiración.
626
guatemala, la infinita histoRia de las Resistencias
Hacia 1971, E. P. ompson descubrió la idea de la economía moral.1095 Esta
consiste en afirmar la existencia de una noción legitimadora detrás de toda
acción de masas. Dicha noción de legitimación no es más que la creencia –do-
tada de un amplio consenso de parte de la comunidad– de defender derechos
y costumbres tradicionales. A pesar de afirmar la existencia de detonantes
para la acción popular (repentinas alzas de precios, prácticas incorrectas de
parte de los comerciantes, hambre), éstos funcionan sólo en relación con un
cierto consenso popular que dicta qué prácticas son legítimas o ilegítimas. Este
consenso está fundado en una visión tradicional consecuente de las normas
y obligaciones sociales, de las funciones económicas propias de los distintos
sectores dentro de la comunidad. Esto es: una economía moral de los pobres.
El quebrantamiento a estos supuestos morales (tanto como la privación en
sí) se convertirá en el quid de la acción de la muchedumbre. Más allá de su
incidencia en el momento de la revuelta, esta economía moral permea el orden
político. Así, para E. P. ompson, los levantamientos pueden ser explicados a
partir de un modelo de protesta social derivada de un consenso con respecto
a la economía moral del bienestar público en tiempos de escasez. Se trata de
dar cuenta de las mentalidades, la cultura política, las expectativas, las tradi-
ciones y las supersticiones de la población trabajadora. Se afirma que entre la
multitud y la autoridad (el Estado, los terratenientes, o los patronos) existe un
conjunto de obligaciones morales –obligaciones paternales de abastecimiento
de alimentos, por ejemplo– construido a lo largo del tiempo.
Por aparte, para B. Moore,1096 la matriz de problemas esenciales a resolver
para cualquier sociedad está dada por: la autoridad, la división del trabajo y la
asignación de bienes y servicios. La interrelación de los problemas de coordi-
nación social se presenta de forma única en cada sociedad. En algunos casos,
es casi imposible distinguir una dimensión de otra. Lo imperativo para una
sociedad es encontrar una solución a las tres dimensiones: esto será compren-
dido como los imperativos sociales (necesidades sociales) de los imperativos
(códigos) morales. Generalmente, estos problemas se resuelven poniendo en
práctica principios rudos, pero eficaces, de desigualdad social, y enseñando a
los otros, con mayor o menor éxito, a aceptar y obedecer dichos principios,
los que crean –sobre la marcha– un contrato social implícito y algunas veces
1095 E. P. Thompson, “La economía “moral” de la multitud en la Inglaterra del siglo XVIII,” en
Costumbres en común, E. P. Thompson, 213-93. trad. Jordi Beltrán y Eva Rodríguez (1971;
Barcelona: Crítica, 1995), 193-213.
1096 Barrington Moore, La injusticia: bases sociales de la obediencia y la rebelión, trad. Sara Sefo-
vich (1978; México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones
Sociales, 1989).
627
notas teóRicas y metodológicas
explícito. Toman forma de esta manera ciertos principios de desigualdad social.
“Los sistemas de autoridad por lo general especifican: 1) por qué las personas
que tienen la autoridad tienen esa posición; y, 2) cómo la obtienen.1097 De la
autoridad –contrario a la coerción– se deriva una obligación moral a la obe-
diencia (sentimiento moral a la obligación). Existen formas de coordinación
social que no están basadas en la autoridad si no en la coerción, y existe también
el mercado, como coordinador de la producción y distribución entre personas
que no se conocen entre sí. Está también la costumbre, que hace que grupos
relativamente pequeños produzcan reglas para sí mismos y vivan adaptados
a ellas. La regularidad y el orden que aquella relación produce están dados,
además, por la vigilancia mutua y la negociación, en algo que va configurando
lo que B. Moore llama el contrato social implícito. La percepción de violación
a éste, produce una sensación de abuso de autoridad que será reparado me-
diante alguna forma de acción social.
“La autoridad es un reflejo del hecho ya mencionado de que la socie-
dad humana es, en buena parte, un conjunto de acuerdos a través de
los cuales algunos seres humanos se las arreglan para extraer plusvalía
económica de otros seres humanos, y para convertir esto en cultura; y
también del hecho de que la extracción del excedente no es todo lo que
hay en las sociedades humanas y tampoco es la única fuente de cultura.
La autoridad implica obediencia sobre la base de algo más que el simple
miedo o la coerción, de modo que es necesario ver qué es lo que más
pesa en la práctica.1098
La obligación moral de obediencia se sostiene sobre la base de la inversión
de las formas de solidaridad entre los oprimidos a fin de ayudar al opresor, la
existencia de un conjunto de patrones culturales que explican y justifican el
sufrimiento, y, la ausencia de definición del adversario. Por ello: “la primera
tarea consiste en sobreponerse a la autoridad moral que sostiene las causas
del sufrimiento, y así crear una identidad política efectiva.,1099 de forma que los
antagonismos se enfoquen en el opresor y se quiebre el sentido de protección
que produce la inversión de las formas de solidaridad antes dicha. El carácter
universal del agravio moral está dado por un conjunto de requisitos:
1097 Moore, La insjuticia, 32.
1098 Moore, La injusticia, 30.
1099 Moore, La injusticia, 94.
628
guatemala, la infinita histoRia de las Resistencias
a) Que la situación produzca un agravio en la cultura occidental moderna;
b) Que la situación produzca una respuesta de agravio moral en algunas
sociedades no occidentales;
c) Que en una situación en la que podríamos esperar que la respuesta fuera
de agravio moral y eso no suceda podamos encontrar los mecanismos
sociales y psicológicos que permitan tomar ventajas de la elasticidad de la
naturaleza humana para reprimir el agravio y la afrenta. Es este un punto
crítico del estudio.
De esa forma, para explicar las bases de la desobediencia, B. Moore ha hecho
hincapié en la ruptura de la creencia de la inevitabilidad del sufrimiento, la
identificación entre agravios y autores causantes de los mismos, la situación
de las elites (cohesión o desunión) y el papel de los agitadores externos (factor
indispensable, aunque insuficiente), como constructores y reproductores de
organización, ideología y solidaridad (más allá de la inter-comunitaria). “Pero
los agitadores no causan las rebeliones”, aclara Moore;1100 no obstante que
tienen una “…importancia secundaria para los orígenes de las insurreccio-
nes campesinas; suelen ser fundamentales para el éxito o el fracaso de esos
movimientos”.1101
¿Cuáles son los resortes de la indignación frente a la injusticia? ¿Cuáles son
los resortes de la pasividad frente a la injusticia? La sociedad es una mezcla
de coerción e intercambio. Las proporciones de los dos ingredientes varían
mucho en cada caso. El orden social se funda en un conjunto de reglas de
moralidad que gobiernan la conducta de las personas, tal es la tesis principal
de B. Moore. Como mínimo se trata de: “el deber moral de llevar a cabo cier-
tas tareas […] y, el fracaso de cualquiera de las partes para cumplir con esa
obligación constituye la base para que la otra parte se oponga a la ejecución
de su tarea.1102 Protección, seguridad material y mantenimiento de la paz y el
orden, tales son las obligaciones del dirigente para con los súbditos: “…la gente
apoya, aunque en parte también le tema, a un líder político que le promete paz
y orden, sobre todo cuando puede hacerlo bajo una bandera de legitimidad,
según se le define en ese tiempo y lugar.1103 A cambio, estos últimos deben
obediencia de las órdenes que estén relacionadas con el cumplimiento de las
1100 Moore, La injusticia, 30.
1101 Moore, La injusticia, 32.
1102 Moore, La injusticia, 32.
1103 Moore, La injusticia, 34.
629
notas teóRicas y metodológicas
obligaciones antes dichas. Este tipo de reglas encuentran su origen en la nece-
sidad de cooperación social entre los seres humanos, ciertos factores biológicos
“innatos”, la existencia de un contexto que incluye a otras sociedades y ciertas
características del poder paternal que se da durante la infancia.
Así definido, este conjunto de obligaciones mutuas –escritas o no–, impone
límites a la acción tanto de quienes las elaboraron, como de quienes las padecen.
Más allá de los contornos del límite, la consecución de obediencia se torna
problemática. Este contrato social –más implícito que explícito–, es decir a
la manera de “entendimientos mutuos no verbalizados”,1104 es constantemente
sometido a prueba, llevado a los extremos de la obediencia y de la desobedien-
cia. Es allí donde se adquiere conciencia de los límites socio-históricos en los
que se inscribe la acción. Así, se afirma por ejemplo que: “cada cultura parece
tener por lo menos alguna definición de la crueldad arbitraria por parte de
quienes tienen autoridad.,1105 “cada sociedad humana tiene una concepción
del castigo injusto y una forma específica de decir por qué lo es.1106 Este tipo
de castigo es definido en los siguientes términos: “podemos definir como castigo
injusto a aquel que produce una reacción de irritación, bien porque es inmereci-
do, bien porque es excesivamente severo o cruel, o bien por alguna combinación
de éstas razones.1107 Podría pensarse en el anverso. Esto es, en las características
de aquellas sociedades en las cuales la noción de castigo hacia una parte de sus
miembros (en los casos de violencia política o de genocidio, por ejemplo), rebasó
los límites hasta entonces conocidos. El límite marca el lugar para el empleo de otro
tipo de reglas de obediencia, a la vez que implica de forma permanente un reto a
vencer, a la manera de un punto a mover. A mayor estabilidad de una sociedad, el
espectro de prueba y descubrimiento del límite será menor. Se establecerán bases
más o menos previsibles y regulares, conocidas por todos. A menor estabilidad,
los límites serán difusos, amplios. Será la revolución la que desmorone la idea –
hasta aquel momento existente– del contrato social y los límites a él inherentes,
reemplazándolo por otro.
La violación a tales reglas sociales –códigos morales– son componentes
fundamentales y dan forma al agravio moral y al sentimiento de injusticia.
Lo importante es dar cuenta de las variaciones en uno y otro extremo –las
normas y el agravio– ¿por qué razón la capacidad humana para soportar
1104 Moore, La injusticia, 30.
1105 Moore, La injusticia, 30.
1106 Moore, La injusticia, 42.
1107 Moore, La injusticia, 40.
630
guatemala, la infinita histoRia de las Resistencias
el sufrimiento y el abuso es impresionante? y, ¿por qué en cierto momento
deciden dejar de soportarlo? Detrás de la violación al orden basado en la re-
ciprocidad implícita, del agravio moral y del sentimiento de injusticia, se halla
un sentido de la represalia y la necesidad de reafirmación de la dignidad y el
valor humanos. Ciertas formas de transgresión al sentimiento de humanidad
son capaces de producir agravio moral. La interrogante detrás de esto no es
más que el anverso: ¿Qué es lo humano? Entre esto y las convicciones acerca
de lo injusto existe un estrecho vínculo. Entre menos humana sea la víctima,
mayor tormento (legítimo) podrá ocasionársele en el castigo.
“Las razones para cambiar las definiciones sociales sobre de lo que es y
de lo que no es humano, y de las varias gradaciones que hay en medio
de esos dos extremos, son demasiado complejas […] la mayoría, y quizá
todas las sociedades humanas, tienen alguna definición sobre esto que
refleja su orden social particular, y que el carácter de esta definición
pone límites en la forma y sobre todo en la severidad del castigo que
los miembros de la sociedad consideran moralmente correcto […] de-
bemos hacer hincapié en que es posible exceder los límites y en que en
cualquier sociedad grande es posible que haya más de una definición.
Sin embargo, la trasgresión de dichos límites puede producir un agravio
moral y un sentimiento de injusticia.1108
De forma más específica, debemos preguntarnos ¿cuáles son los cambios
sociales que generan agravios extremos necesarios para las insurrecciones
agrarias? Varios autores han ofrecido respuestas a esta interrogante. B. Moo-
re1109 y E. Wolf,1110 ven en la expansión (penetración) del capitalismo comer-
cial y en la ulterior destrucción de los modos de vida en el agro, las bases de
la violencia. Afirman, asimismo, que las condiciones para la eficacia de este
tipo de acción social pasa por la capacidad organizativa del campesinado,
la división, la debilidad y el desplome de las elites gobernantes. J. Scott,1111
hace énfasis en la subsistencia como elemento central en las motivaciones
de la violencia agraria. Las alianzas de clase, la capacidad de represión de las
elites económicas y la organización social del campesinado, son elementos
1108 Moore, La injusticia, 40.
1109 Barrington Moore, Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia. El señor y el cam-
pesino en la formación del mundo moderno, Trad. Jaume Acosta y Gabrielle Woith (1966;
Barcelona: Península, 2000).
1110 Eric R. Wolf, Las luchas campesinas del siglo XX, Trad. Roberto Reyes Mazzoni (1969; Méxi-
co: Siglo Veintiuno, 1987).
1111 James Scott, The Moral Economy of the Peasant: Rebellion and Subsistence in Southeast
Asia, New Haven: Yale University Press, 1976.
631
notas teóRicas y metodológicas
secundarios. En esta misma línea, J. Migdal1112 hace énfasis en el efecto de la
incorporación capitalista en la comunidad rural, que entonces atravesará por
un proceso de apertura hacia fuera de sí misma, lo que la colocará en condición
de mayor vulnerabilidad, a la vez que señala la importancia del liderazgo y la
organización, factores que son los que traducen los agravios en base para los
movimientos campesinos. J. Paige,1113 establece una relación entre la base del
poder de las elites (capital o tierra) y el uso de la fuerza. También, sostiene que
el campesino revolucionario es aquel que carece de tierra.
En Los dominados y el arte de la resistencia, James Scott1114 hace una invi-
tación a ver la realidad de forma profunda, desde el “lugar” epistemológico de
aquellas formas en que la rebeldía se disfraza en un gesto, un rumor, el chis-
me, el comentario trivial, una canción, una representación teatral, un cuento
popular, una feria, manifestaciones y creencias religiosas, la esperanza en los
héroes y mártires, en fin, maneras de las que los dominados echan mano para
expresar sus odios más íntimos contra los opresores, en momentos en que no
es posible otra forma de acción política. El texto es una minuciosa explicación
de cómo, tras bambalinas, los oprimidos se burlan de sus opresores y de cómo,
aquellas burlas están en relación con el discurso público. De cómo, esta infra-
política constituye los cimientos de la acción política visible. Cómo se gestan,
forman, formulan y el uno se convierte en el otro. Más allá de lo público, la
realidad se parece más bien a una compleja tensión entre los escenarios pú-
blicos y los escenarios ocultos. Las grandes batallas por mantener oculto todo
un conjunto de prácticas, gestos y actos de lenguaje. De cómo ganar terreno
en esta frontera móvil de lo público y lo oculto. Una lucha que se desarrolla
poniendo a prueba los límites, tanteando, arriesgándose al castigo ejemplar
que es capaz de definir nuevos límites.
El lugar para aquellas formas que la política de los oprimidos asume, no
serán ya las instituciones propias del régimen político. Los bares, los amigos,
la familia, los vecinos, las tabernas, los autobuses de transporte colectivo, los
mercados, los lavaderos públicos, entre otros, son los espacios en los que la
política de los oprimidos toma forma. Con esta mirada, se trata de ir de las
elites y sus testimonios escritos en la acción pública, a examinar el liderazgo
1112 Joel S. Migdal, Peasants, Politics, and Revolution: Pressures toward Political and Social
Change in the Third World (Princeton: Princeton University Press, 1975).
1113 Jeffrey Paige, Agrarian Revolution: Social Movements and Export Agriculture in the Underde-
velopment World (New York: Free Press, 1975).
1114 James C. Scott, Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos, Trad.Jorge
Aguilar Mora (1990; México: ERA, 2004).
632
guatemala, la infinita histoRia de las Resistencias
informal de las no elites, sus discursos orales y sus formas de resistencia clan-
destina. En muchos casos, además, estas formas de resistencia son posibles
sólo cuando emplean los códigos del opresor. En suma, ver lo que a primera
vista es imperceptible. No simplemente echar las redes, sino sumergirse.
La tesis central del trabajo consiste en afirmar la existencia de una relación
entre los grados de desigualdad y arbitrariedad y las modalidades en que el
discurso público se estereotipa y ritualiza, para ocultarse. De esa forma, el
discurso oculto y las formas de resistencia a las que éste está asociado, cons-
tituyen los ejes de lo que se llama la infra-política de los grupos subordina-
dos, de los desvalidos. Ésta se desarrolla en la vida social no observada por
el opresor. Aquí toma forma un conjunto de identidades a través del empleo
de un variado conjunto de medios, los que están articulados con prácticas
concretas de resistencia. Por ejemplo, las tácticas dilatorias en la realización
de trabajos, el hurto, el engaño, las fugas, la cacería furtiva, el uso del silencio,
son algunos de estos actos, inocuos, anodinos y no siempre entendidos como
ejes de resistencia, no obstante su capacidad de desdoblarse y dar forma a
manifestaciones públicas de rebeldía y disidencia. No hay dos tipos perfectos:
los sumisos y los insubordinados; sino un gran juego que tiene lugar en el
intervalo entre una y otra clasificación.
La relación de clase en el pueblo –el campesinado– malayo fue la puerta a
través de la cual el autor se introdujo a este mundo no siempre “bien atendido”
por las ciencias sociales. Éstas, las ciencias sociales, viven del deslumbre de
los grandes eventos en los que la emergencia, la explosión, hicieron evidente
la acción de los de abajo. El análisis de la espontaneidad de aquella secuencia
de eventos que irrumpieron en la historia deja de lado el largo proceso de
gestación colectiva de contenidos y formas de resistencia que prepararon el
terreno, posibilitando lo que después se hizo evidente. Al analizar exclusiva-
mente el campo de lo público, el análisis puede confirmar aparentes silencios
y quietudes. Equivocadamente, las tácticas de encubrimiento pueden dar
cuenta de un momento, cuya explicación se encuentra en otra parte. En con-
trasentido, se trata aquí de presentar una idea de la política que logre ir más
allá de esos momentos excepcionales de explosión popular que han marcado
la historia. Buscar las marcas de ésta, soterradas en los procesos que dieron
pábulo a aquellos momentos; o, de cómo grandes acontecimientos no llegaron
a lo público, porque fenecieron en este ámbito de la realidad: el inframundo
de la infrapolítica. Para explicar la explosión convertida en revolución, re-
vuelta, motín, se precisa dar cuenta de los pequeños –y a veces dispersos– y
633
notas teóRicas y metodológicas
(en sí mismos) insignificantes, actos explícitos de desacato. El estallido no es
un hecho macizo, aislado, único, inmediato, que va del centro a la periferia,
sino la articulación de estas afrentas que se hallan en el universo al que Scott
apunta su trabajo, en la acumulación, el aprendizaje y la difusión de estas
otras formas de resistencia. Concluimos aquí este breve recorrido por la serie
de autores, otras, conceptos y teorías que han inspirado lo que en este libro
hemos intentado llevar a cabo.
B. Compartir nuestro esquema de análisis
El esquema de análisis empleado en los casos que en esta investigación se
trabajaron consiste en: entender la comunidad rural a partir de las formas de
campesinado y sus condiciones de vida, y la emergencia –en tal contexto– de lo
que aquí se llaman estructuras de desaf ío. Por otra parte se emplearon las ideas
de oportunidad política, estructuras de movilización y procesos interpretativos.
Entender la comunidad rural, explicar las formas de campesinado
En el esquema de análisis propuesto por J. Tutino1115 se retoma la idea de
los tres modos de vida de E. Wolf1116 (campesinos, jornaleros y mozos colo-
nos), trenzándola con la interacción de las cuatro características variables en
los modos agrarios en relación con la subsistencia, de J. Paige1117 (condiciones
materiales, autonomía, seguridad y movilidad). De esa cuenta:
• loscampesinossondenidosasí:“…familiasycomunidadesquetienen
acceso a las tierras y a los implementos necesarios para la producción de
subsistencia y que producen para su consumo la mayor parte (pero raras
veces la totalidad) de sus necesidades básicas.1118
• losjornaleros“laboranalserviciodeotrosacambiodelosartículosde
primera necesidad o de los medios para adquirirlos.1119
1115 John Tutino, De la insurrección a la revolución en México. Las bases sociales de la violencia
agraria, 1750-1940.Trad. J. Colon. (1986; México: ERA, 1999).
1116 Eric R. Wolf, “Types of Latin American Peasantry: A Preliminary Discussion”, American
Anthropologist, 57, 3 (1955): 452-471.
1117 Paige, Agrarian Revolution.
1118 Tutino, De la insurrección, 34.
1119 Tutino, De la insurrección, 34.
634
guatemala, la infinita histoRia de las Resistencias
• losmozoscolonos“sonlabradoresquesesostienenproduciendounli-
mitado número de bienes para venderlos o trocarlos de algún modo por
bienes de subsistencia.1120
¿En qué consiste el análisis de Tutino? En identificar el medio primario de
subsistencia, o la manera en la que los tipos antes mencionados se mezclan
en una comunidad o región. Pasando al aporte de J. Paige:
• la autonomía “reeja la capacidad de la gentepara produc ir enforma
independiente lo que necesita para subsistir.1121
• laseguridad“eslacapacidaddealcanzarlasubsistenciademodouniforme:
de confiar en un mínimo aceptable en el nivel de vida a lo largo de un futuro
predecible […] Entre los campesinos la seguridad cambia según la región
y la calidad de las tierras, las condiciones de acceso a las tierras, la regula-
ridad de las lluvias y muchas otras consideraciones. Entre los jornaleros
la seguridad varía según la disponibilidad de trabajadores, su calificación,
su organización y mucho más. Entre los mozos colonos la seguridad varía
conforme a las tierras, las deudas, las relaciones de tenencia, las cosechas
recogidas y las condiciones del mercado.1122
• lamovilidad(válvuladeseguridad,quecompensalapérdidadeautonomía
o de seguridad): “es la capacidad de elegir entre diversos medios de obte-
ner la subsistencia. ¿Pueden elegir las familias rurales dónde vivir como
campesinos, jornaleros o rancheros? Con mayor frecuencia, sin embargo,
la movilidad se refiere a que la gente tenga opciones dentro de un modo
de vida en vigor. ¿Se puede trasladar el campesino a nuevas tierras o está
arraigado por la ley, la costumbre o la escasez en una parcela dada? ¿Está
limitado el jornalero a un solo patrón por falta de alternativas o por coac-
ción? ¿O puede elegir entre varios empleos? ¿Puede escoger el ranchero el
terreno que cultiva, las cosechas que recoge, el comerciante de más baja
tasa de interés y el comprador que ofrezca el precio más alto?”1123
La forma histórica como se combinan las categorías enumeradas, da cuenta
del origen y la trayectoria de las insurrecciones. La importancia otorgada a
cada una de las cuatro características en los modos agrarios en relación con la
1120 Tutino, De la insurrección, 34.
1121 Tutino, De la insurrección, 36.
1122 Tutino, De la insurrección, 36-7.
1123 Tutino, De la insurrección, 37.
635
notas teóRicas y metodológicas
subsistencia es muy variable. El empleo de este esquema analítico coadyuvará
a entender –en la relación entre los campesinos y los rebeldes– lo que sucedió
en lo profundo de las regiones agrarias comprendidas en este estudio. Detrás
de las insurrecciones –de acuerdo con Tutino– está presente una mezcla de
agravios (deterioro de las condiciones sociales, lo que algunas veces puede
estar vinculado al capitalismo comercial), en los que es posible identificar al
causante (real o imputado), y no existen posibilidades de compensar con otras
alternativas para la subsistencia (“sin otra salida, a lo Trotsky); y, oportunidades
(disensión entre las elites, el desplome del poder del Estado, el papel de los
líderes rebeldes). El estudio de Tutino intenta llevar adelante estas ideas con
esta perspectiva: “Si podemos ver en detalle tanto las posibilidades como las
limitaciones que tuvieron ante sí los hombres del campo y luego referimos
esas condiciones a la presencia o ausencia de rebeliones, así como al momento
en que ocurren y su persistencia, podremos acercarnos a entender cómo se
tomaban las decisiones sobre la insurrección.1124
Estructuras de desafío
Las estructuras de desaf ío están relacionadas con los códigos que definen
la existencia de los campesinos en la sociedad: la propiedad, el trabajo, la reli-
gión, la comunidad, la ley, y la tradición. Las estructuras de desafío emergen
lentamente y de forma dispersa, cuando las relaciones entre subalternos y
dominadores no soportaron más mantenerse en el umbral de lo no antagóni-
co. Estas estructuras de resistencia se caracterizan porque: “varían en detalle
según las diferencias entre culturas regionales, así como entre estilos de domi-
nación y el peso relativo de los grupos dominantes en cada situación.1125 No
obstante esto, “…dado que la insurgencia, con todas sus variantes locales, se
relaciona de forma antagónica con esta dominación en todas partes a lo largo
del período histórico estudiado, hay mucho en ella que se combina en pautas
que se extienden por todas sus expresiones particulares.1126
Oportunidades políticas
Bajo circunstancias ordinarias, los grupos excluidos se enfrentan a obs-
táculos enormes para hacer avanzar sus intereses grupales. Pero el conjunto
1124 Tutino, De la insurrección, 34.
1125 Ranajit Guha, “Aspectos elementales de la insurgencia campesina en la india colonial”, en
Las voces de la historia y otros estudios subalternos, Ranajit Guha, trad. Gloria Cano (1983;
Barcelona: Crítica, 2002), 93.
1126 Guha, Insurgencia campesina, 107.
636
guatemala, la infinita histoRia de las Resistencias
particular de relaciones de poder que define el ambiente político en un mo-
mento del tiempo no constituye una estructura inmutable de la vida política.
Las oportunidades de un contendiente de desarrollar acciones colectivas varían
a lo largo del tiempo. Estas variaciones dan forma, en un momento dado, a
la actividad del movimiento. Para McAdam, las oportunidades políticas son:
“Cualquier proceso amplio de cambio social que debilite significativa-
mente los cálculos y presupuestos con los cuales el sistema político está
estructurado, puede causar una expansión significativa en las oportu-
nidades políticas para uno o varios contendientes. Entre los eventos
y procesos que pueden alterar el statu quo se encuentran las guerras,
la industrialización, los realineamientos políticos internacionales,
o las presiones internacionales, las crisis económicas y los cambios
demográficos.1127
Pero las oportunidades políticas son en definitiva eventos que, a través
de un proceso de interpretación por parte de diversos contendientes, son
valorados como amenazas u oportunidades. Esto es un proceso que McAdam
llama atribución de sentido.1128 Esta interpretación está enmarcada en tradicio-
nes, y en una determinada cultura de contienda. Las interpretaciones que en
torno a un mismo evento se realizan, por tanto, en un contexto de contienda
y movilización social, son diversas.
La idea de oportunidad con la que aquí se trabajará asigna igual peso a los
factores que favorecen y expanden las oportunidades, como también a las
amenazas, que contraen. No obstante, junto a otras circunstancias, en algunos
casos, las amenazas pueden favorecer, como estimulantes críticos, la acción
colectiva en determinados episodios.
A efecto de captar las relaciones entre territorios e instituciones, la idea de
oportunidad política con la que aquí se trabajará implica una relación entre varios
niveles. Esto es, las oportunidades pueden tener manifestaciones –coincidentes
o contradictorias– en los ámbitos locales, regionales, nacionales o transnacio-
nales. Así también, desde una perspectiva institucional, diferente de la concep-
ción territorial antes aludida, se pretenderá comprender las complejidades de
la institución de abajo-arriba, a lo largo de sus estructuras organizacionales.1129
1127 Doug McAdam, Political Process and the Development of Black Insurgency, 1930-1970
(1982; Chicago: University of Chicago Press, 1999), ix.
1128 McAdam, Black Insurgency, xvii.
1129 McAdam, Black Insurgency, xiv-xv.
637
notas teóRicas y metodológicas
Estructuras de movilización
Las estructuras de movilización son definidas como:
…vehículos colectivos (formales e informales), a través de los cuales la
gente se moviliza e involucra en acciones colectivas. Esto está vinculado
al nivel meso, en el cual están presentes grupos, organizaciones, y redes
informales, que son los bloques colectivos con los cuales se construyen
movimientos sociales.1130
Los cambios en la estructura de oportunidades políticas únicamente pre-
sentan a un contendiente potencial la oportunidad para una acción colectiva
exitosa. Los vehículos organizativos existentes en el momento cuando la
oportunidad está presente, es la condición para aprovechar la apertura. En
ausencia de esos vehículos, el grupo perderá la capacidad de actuar, a pesar
de las oportunidades que se le presenten.
Pero para entender un movimiento social es preciso dar cuenta de una
serie de procesos a lo largo del tiempo. No se trata de centrar el estudio en
el movimiento en sí mismo. Por ello aquí se tomarán los movimientos como
puntos de partida de indagaciones mayores. El marco de referencia será tan
grande como extensas y diversas sean las raíces de las cuales se nutre el mo-
vimiento para emerger a la realidad social. La perspectiva de la investigación
no estará centrada en el movimiento, sino en establecer las conexiones entre
los procesos y el contexto social de la movilización inicial.
Lo anterior –la promesa de un enfoque más allá del movimiento– implica
también entender las relaciones entre el movimiento, las respuestas estatales y
otros actores o instituciones. Se tratará aquí de captar la interacción múltiple
y cambiante a lo largo del tiempo, entre diversidad de actores. La idea aquí
es romper con los enfoques centrados en dos actores. En las contiendas, lo
que se expresa la mayoría de las veces es una interacción en la cual se dan las
intervenciones de varios.
Las organizaciones –formales e informales– y su despliegue en la escena
social a través de su repertorio, constituyen el canal de reclutamiento de los
integrantes de un movimiento. La idea aquí es la proximidad entre individuos
fuera del movimiento y las organizaciones. La gente se involucra en movimien-
tos porque conoce a otros que están participando. Pero esto no es suficiente.
1130 McAdam, Black Insurgency, ix.
638
guatemala, la infinita histoRia de las Resistencias
En el territorio hay instituciones de reclutamiento que se convierten en centros
privilegiados para la incorporación de nuevos militantes. Pero esto no está
dado. No basta decir que tales organizaciones son el eje del reclutamiento,
es preciso dar cuenta del proceso mediante el cual esas redes o instituciones
se transformaron, siendo concebidas culturalmente, para reproducir –a nivel
micro– al movimiento. Más que afirmar qué comunidades o instituciones,
interesa entender el proceso con el cual lo que no era político se transformó;
y cómo, transformándose hizo que aquellas instituciones o comunidades se
hicieran sitios para la movilización. Este proceso es llamado –dentro del es-
quema analítico de McAdam– apropiación social.1131
Enmarcamiento y otros procesos interpretativos
Mediando entre las oportunidades, la organización y la acción se hallan
los significados compartidos y las interpretaciones culturales (incluyendo una
identidad colectiva compartida). La gente necesita sentirse a la vez agredida
(agraviada) acerca de algún aspecto de su vida, y optimista de que, actuando
de forma colectiva, ellos pueden hallar reparación, o compensación (des-
agravio). Lo afectivo y lo cognitivo se hallan juntos para dar forma a estas
percepciones.1132
***
La aplicación del esquema supone múltiples relaciones de interacción.
La relación entre los cambios en las condiciones políticas y materiales y la
movilización, no es automática, sino que está mediada por las estructuras
de movilización y por un proceso de interpretación. Los cambios en las con-
diciones políticas y materiales tan sólo abren posibilidades (contingentes/
probables) para la movilización. Finalmente, lo que da forma a la acción co-
lectiva es la mezcla que se produce entre los cambios (estructurales: políticos
y económicos) en sus experiencias de vida y la forma como estos cambios son
interpretados, en términos de quién es el agresor, cuán injusta es la situación
y qué posibilidades hay de modificar la situación. Para captar la dinámica del
movimiento se precisa entender los mecanismos intervinientes que median de
formas múltiples y diversas, entre los tres factores que aquí hemos presentado.
1131 McAdam, Black Insurgency, xii-xiii.
1132 McAdam, Black Insurgency, ix-x.
639
notas teóRicas y metodológicas
C. Anotaciones sobre las fuentes y el método
Estas investigaciones están hechas con una mezcla de fuentes orales, fuentes
hemerográficas, fuentes de archivos y análisis de estadísticas. Lo que sabemos
de los sujetos subalternos lo sabemos excavando a profundidad y con sumo
cuidado en estas vetas, sabiendo cuáles son las piedras preciosas que quere-
mos hallar; pero además, leyendo estas fuentes con las lentes de un enfoque
de investigación que privilegia la acción de los de abajo, por sí mismos.
La fuente oral nos presenta recuerdos personales, que evocan vivencias. La
fuente oral es una fuente fragmentaria, que cuenta la historia desde el lugar
que cada cual ocupó. En el caso de organizaciones clandestinas se impone ade-
más la compartimentación, con lo que cada cual alcanza a conocer pequeñas
piezas de la organización y por ende alcanza a tener información de alcance
limitado. Pero la fuente oral también es fragmentaria porque humanamente
es dif ícil recordar con precisión lo que sucedió tantos años atrás. Además, hay
elementos de la memoria que tienden a ser borrados cuando las personas son
sometidas a condiciones de stress, cuando se hallan enfocadas en sobrevivir,
más que en apreciar detenidamente lo que acontecía en su entorno. Así, lo
que va quedando son fragmentos, algunos más borrosos que otros; y con ellos
es con lo que hay que trabajar. Pero también, además, la fuente oral puede ser
imprecisa, porque es además una fuente que, al contar, regularmente recrea
los hechos mediante una narrativa, que debe ser narrada por el testigo, que
vivió los hechos y los está contando.
La prensa es generalmente una fuente cargada de ideología, por lo que es
preciso que el investigador sea capaz de procesar con precaución el tipo de
datos que de allí extraiga. Por lo que se ha podido indagar, a pesar de la cen-
sura impuesta por el Estado, y por la práctica cotidiana de la autocensura que
durante la dictadura prevaleció en las mesas de redacción de los principales
diarios de Guatemala, hubo rendijas por donde se publicaron notas de gran
valor para entender eventos y procesos históricos. Generalmente la censura
consistía en vigilar la forma como los medios miraban y daban cuenta de los
insurgentes armados, así como la manera en que los reporteros contaban (la
censura imponía no hacerlo o hacerlo de forma muy escueta) acerca de accio-
nes violentas perpetradas por el Estado. Pero en los márgenes de este centro,
la censura estuvo lejos de ser una gruesa plancha de cemento que aplastara
todo lo que pudiera decirse a través de los medios escritos. Quedó mucho,
que está allí y que sigue a la espera por ser contado. La Hemeroteca Nacional
640
guatemala, la infinita histoRia de las Resistencias
de Guatemala constituye un espacio de gran valor para acercarse a esta parte
de la historia guatemalteca.
El esquema de análisis –que anteriormente presentamos– es lo que per-
mite guiar la recolección de datos estadísticos. Estos datos permiten entender
grandes procesos de cambio que tuvieron lugar en territorios y en regiones.
Estas transformaciones son entendidas como parte de algunas de las variables
independientes, capaces de llevarnos a una explicación de los fenómenos bajo
análisis. Sólo el esquema de análisis es capaz de hacer útiles los datos que se
pueden hallar en los censos. Es de esa forma como el dato puede llegar a ser
empleado con inteligencia, ya como parte de la narrativa del estudio. Un dato
muy pequeño (una cifra apenas) requiere de una enorme cantidad de trabajo,
por las cifras que hay que procesar. Esa es la diferencia entre presentar las
cifras y estar en condiciones de emplearlas para apoyar las argumentaciones
basadas en el esquema de análisis.
De esa forma, para desentrañar esta parte de la historia de Guatemala hay
que hacer un consistente trabajo con fuentes orales, testigos que vivieron estos
eventos, sobrevivientes de lo que entonces sucedió. Los primeros entrevistados
son como puntas de hilos que nos llevan a otros, que probablemente también
quieran contar sus historias. En adelante, todo consiste en preguntar, escuchar
y leer (las entrevistas ya transcritas). Pero también, hay que saber nadar en
un mar periódicos, las fuentes hemerográficas. La clave entonces consiste en
entretejer las voces con las fuentes hemerográficas, saber recolectar algunas
piezas (verdaderas joyas, cuando se las encuentra) en archivos e hilvanar esto
con datos estadísticos. De esta forma es como los textos que ahora presenta-
mos fueron hechos.
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... los distintos actores que estuvieron presentes en la guerra, pues era una manera de posicionarse pol?ticamente frente a ella. Dentro de los numerosos trabajos existentes, Manolo Vela ubica tres paradigmas: el paradigma institucional, el insurgente-contrainsurgente, y el paradigma complejo (Vela, 2011). El primero de ellos consiste en la visi?n propuesta por los altos mandos -tanto de la guerrilla como de los militares-, quienes elaboraron un discurso en el que ambos aparec?an como los actores protag?nicos, minimizando la importancia de las bases de uno u otro bando. ...
Article
Substantial debate continues around the question of community as a basis for peasant rebellion. The essay addresses this issue through a comparative historical analysis of peasant-based rebellions in El Salvador. Two related objectives will be pursued; the long history of agrarian unrest in that country provides a longitudinal base for evaluating the arguments of community-solidarity theorists. A second objective is to determine if community-solidarity theories can serve to illuminate the nature of conflict and change in a country that has only lately commanded international attention. The comparison is confined to the three most outstanding cases of peasant mobilization and rebellion in the country's modern history: the Nonualco rebellion of 1833, the Communist-led uprising of 1932, and the contemporary conflict beginning in the late 1960s and early 1970s. Data are drawn from secondary sources, published testimonies, and, for the contemporary period, various documents and journalistic accounts. -from Author