ArticlePDF Available

El cornezuelo del centeno (I): biología, historia y ergotismo.

Authors:
Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008 293
INTRODUCCIÓN
Hace millones de años, en el Neolítico, el
hombre aprendió a cultivar las plantas, y éstas
fueron adquiriendo una importancia cada vez
mayor en su alimentación. Entre las plantas agrí-
colas básicas que cultivó estaban los cereales y
con sus semillas obtuvo harina para hacer pan
de trigo o de centeno-, y en el caso de las semillas
de cebada, cerveza. Durante la Antigüedad, las
temporadas húmedas y cálidas fueron propicias
para que hongos filamentosos crecieran en los
EL CORNEZUELO DEL CENTENO (I):
BIOLOGÍA, HISTORIA Y ERGOTISMO
por
C. ILLANA-ESTEBAN
Dpto. Biología Vegetal, Facultad de Ciencias, Universidad de Alcalá, E-28871 Alcalá de
Henares, Madrid. E-mail: carlos.illana@uah.es
Summary. ILLANA-ESTEBAN, C. (2008). The ergot of rye (I): Biology, history and ergotism.
Bol. Soc. Micol. Madrid. 32:293-306
A review on the parasitic fungus Claviceps purpurea, known in Spain with the common name
of “cornezuelo del centeno” is given. Its life cycle and nomenclatural aspects are commented. A
historical review of how it has evolved is provided. Finally, the disease caused by the ingestion of
bread made with rye flour contaminated with ergot (known as ergotism or Saint Anthony’s fire) is
presented here.
Key words: Claviceps purpurea, ergot, biology, history, ergotism.
Resumen. ILLANA-ESTEBAN, C. (2008). El cornezuelo del centeno (I): Biología, historia y
ergotismo. Bol. Soc. Micol. Madrid. 32:293-306
Se realiza una revisión sobre el hongo parásito Claviceps purpurea, conocido en España
con el nombre vulgar de “cornezuelo del centeno”. Se comenta su ciclo de vida, y aspectos
nomenclaturales. Se hace una revisión histórica de como ha evolucionado el conocimiento de este
hongo. Finalmente se analiza en España y Europa la enfermedad que provocaba la ingestión de pan
elaborado con harina de centeno contaminada con Claviceps purpurea, conocida como ergotismo
o fuego de San Antonio.
Palabras clave: Claviceps purpurea, cornezuelo del centeno, biología, historia, ergotismo.
campos de cereal y sobre las semillas almacena-
das. Estos hongos producirían metabolitos secun-
darios, como son micotoxinas y alcaloides, sobre
alimentos que más tarde serían ingeridos por el
hombre, provocándole graves intoxicaciones.
De la Antigüedad existen varias referencias
relativas a los hongos parásitos, de los cereales
(Puccinia graminis se conocía por los asirios
como azuperânitu, Tilletia tritici como ŝahittu o
sihittu, Ustilago tritici como sillânitu). Incluso
en el Antiguo Testamento se habla de enferme-
dades en los cereales (como yerakon o shidafon)
294 Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008
C. ILLANA-ESTEBAN
(AARONSON, 1989). En yacimientos arqueoló-
gicos de distintos países europeos y de Israel se
han hallado, junto a restos de plantas y de semi-
llas de cebada, trigo, centeno, mijo y arroz, espo-
ras y esclerocios de algunos hongos parásitos de
cereales: Puccinia graminis, Ustilago hordei, U.
urticulosa, U. anomala y Claviceps purpurea
(AARONSON, 1989).
EL GÉNERO CLAVICEPS
Claviceps es un hongo parásito que com-
prende alrededor de 600 especies diferentes de
la familia Poaceae, pertenecientes a 81 géneros
(Tabla 1). De ellas casi 400 son parasitadas por
Claviceps purpurea y más de 50 por Claviceps
microcephala (BOVE, 1970). Claviceps purpu-
rea también ha sido encontrado como parásito
de plantas pertenecientes a la familia Juncaceae
(Juncus conglomeratus y J. effusus) y Cypera-
ceae (Carex tribuloides, Cyperus esculentus, C.
rotundus y Eleocharis palustris) (BOVE, 1970).
Existen más especies de Claviceps parásitas
de gramíneas. Aquellas que parasitan a un mayor
número de especies son C. microcephala (50
especies), C. paspali (30 especies) y C. pusilla
(20 especies) (BOVE, 1970). Son especialmente
importantes C. gigantea, C. zizaniae, C. sorghi y
C. africana que parasitan a gramíneas de impor-
tancia en la alimentación. C. gigantea afecta
al maíz (Zea mays) que se cultiva en los valles
altos y húmedos de América Central y México
(PALIWAL, 2001). C. zizaniae parasita al arroz
silvestre (Zizania palustris y Z. aquatica) que
es usado como alimento por los indios nativos
de Estados Unidos y Cánada (BOVE, 1970). C.
sorghi en India y C. africana en África, causan el
llamado ergot del sorgo, si bien este hongo en los
últimos años también ha llegado hasta América
(HERNÁNDEZ-MARTÍNEZ & al., 2001).
PRIMERAS REFERENCIAS
La primera descripción del cornezuelo del
Tabla 1.
Géneros de gramíneas parasitadas por Claviceps purpurea (BOVE, 1970).
Aegilops Agropyrum Agrostis Alopecurus
Andropogon Anthephora Apluda Arundo
Arrhenatherum Asperella Avena Bouteloua
Brachiaria Bromus Briza Calamagrostis
Cenchrus Cortadeira Cynodon Cynosurus
Chrysopogon Dactylis Danthonia Deschampsia
Dichelachne Digitaria Echinopogon Elymus
Eragrostis Festuca Gaudinia Glyceria
Hakonechloa Haynaldia Helictotrichon Heteropogon
Hierochloe Holcus Hordeum Hyparrhenia
Imperata Ischaemum Koeleria Lagurus
Lolium Melica Melinis Microlaena
Milium Miscanthus Orthoclada Oryza
Oryzopsis Panicum Paspalidium Paspalum
Pennisetum Poa Phallaris Phleum
Phyllostachys Phragmites Polypogon Rhynchelytrum
Sasa Secale Setaria Seslaria
Sitanion Sorghum Spartina Sphenopholis
Spodiopogon Stipa Themeda Tripsacum
Trisetum Triticum Urochloa Zea
Zizania
Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008 295
EL CORNEZUELO DEL CENTENO (I): BIOLOGÍA, HISTORIA Y ERGOTISMO
centeno, la realizó Adam Lonitzer en 1582, con
el nombre de Clavus siliginis en su libro Kräuter-
buch y dice: ”Con frecuencia encontramos puntas
largas, duras y angostas, de color negro, en las
espigas del centeno o del trigo (…) a un lado y
entre los granos (…) brotan de las espigas (…) y
crecen largamente hacia fuera (…) tienen aspecto
de clavos largos (…) son blancas por dentro (…)
como el trigo (…) y no dañan al trigo (SCHUL-
TES & HOFMANN, 2000).
El botánico suizo Caspar Bauhin en el libro
Theatri Botanici, impreso en Basilea (Suiza) en
1658, aporta la primera ilustración del cornezue-
lo, que denomina Secale luxurians (fig. 3). Sin
embargo, los botánicos renacentistas no pensaron
que el cornezuelo pudiera ser un hongo. Hasta
mediados del siglo XIX se creía que el corne-
zuelo del centeno se formaba por la picadura de
insectos (en un proceso parecido a las agallas
de los árboles), y hasta 1846 no se pensó que su
origen podía ser fúngico: “aujourd’hui, la plupart
des naturalistes considèren l’ergot comme une
espèce de champignon” (BONJEAN, 1846).
El primero en reconocer que el cornezuelo era
un hongo fue el botánico alemán Von Munchhau-
sen en 1764, y lo nombró como Clavaria solida,
oblonga, subulata et sulcata (BOVE, 1970). Esta
suposición fue confirmada más tarde por el suizo
De Candolle, en 1815 y lo nombró como Scle-
rotium clavus, corniforme, cylindriacum, sulco
longitudinali internudum notatum, intus album,
extus purpureo nigrum (BOVE, 1970; SCHUL-
TES & HOFMANN, 2000).
La razón por la que los botánicos aplicaron
distintos nombres al cornezuelo del centeno está
en que su ciclo de vida no fue bien entendido
hasta 1853. En esta fecha L.R. Tulasne asoció
todas las fases que se conocían por separado
sobre el ciclo de vida del cornezuelo del centeno
(fase productora de conidios y de formación del
Figs. 1-2. Fig. 1. Esclerocio de Claviceps purpurea saliendo de una espiga de centeno junto a varios esclerocios. Fig. 2. Estroma pedunculado que
se origina a partir del esclerocio. En las cavidades se encuentran los peritecios con los ascos.
296 Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008
C. ILLANA-ESTEBAN
esclerocio y de los ascocarpos) y propusó por pri-
mera vez cómo sería su ciclo biológico (BOVE,
1970; AINSWORTH, 1976).
CICLO DE VIDA
El ciclo biológico de Claviceps purpurea
comienza en primavera, con la salida de las
ascosporas filamentosas de los peritecios (fig.
4). En esta época las flores de las gramíneas
susceptibles a la infección, como las del centeno,
ya están abiertas y entonces la acción del viento
conduce a las ascosporas hasta las flores y se
inicia la infección. Solamente algunas flores de la
inflorescencia serán afectadas por la germinación
de las esporas. Los tejidos de la base del ovario
serán destruidos y en lugar de formarse el grano
de centeno, este es reemplazado por un micelio
blanco y algodonoso, que crece entre las células
del ovario (ALEXOPOULOS & MIMS, 1985).
El micelio desarrolla una capa de conidióforos
cortos que producen conidios ovalados, junto a
una secreción pegajosa y dulce, visible en las
flores como gotitas de miel (“honeydew”). Esta
fase conidial fue descrita en 1827, con el nombre
de Sphacelia segetum. La secreción contiene
glucosa, fructosa, sacarosa y otros azúcares, y
es atractiva a los insectos, quienes la usan como
alimento. Los insectos atraídos se dirigen a los
ovarios de las flores infectadas y se llevan pega-
dos los conidios, dispersando así el hongo y cau-
sando una infección secundaria en flores sanas
(AINSWORTH, 1976; WEBSTER & WEBER,
2007).
Hacia el final del verano, el micelio ha conti-
nuado desarrollándose y comienza a endurecerse,
Figs. 3-4. Fig. 3. Primera ilustración del cornezuelo del centeno (denominado como Secale luxurians), publicada por Caspar Bauhin en el libro
Theatri Botanici, impreso en Basilea (Suiza) en 1658. Fig. 4. Ilustración del libro alemán de Plantas Medicinales de Franz E. Köhler de 1887, en
la que se aprecian todas las fases del ciclo de Claviceps purpurea.
Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008 297
EL CORNEZUELO DEL CENTENO (I): BIOLOGÍA, HISTORIA Y ERGOTISMO
transformándose en una estructura de resisten-
cia, pseudoparenquimática y dura, denominada
esclerocio. El esclerocio es a lo que se denomina
“cornezuelo” y es de color negro a púrpura, y
de 2 cm de longitud, por lo que es mayor que
el grano de centeno y sobresale de la flor (fig.
1). No todas las flores de la espiga madura del
centeno contienen esclerocios, ya que los ovarios
no infectados se desarrollan normalmente. En la
espiga, por tanto, se desarrollan granos de cereal
mezclados con esclerocios de Claviceps purpu-
rea (ALEXOPOULOS & MIMS, 1985; WEBS-
TER & WEBER, 2007).
Al producirse la recogida del centeno, muchos
esclerocios caen al suelo y es ahí donde pasan
el invierno. El esclerocio necesita un período de
bajas temperaturas para poder desarrollarse (al
menos 25 días a 0ºC). Más del 50% del contenido
del esclerocio son lípidos. Los esclerocios sola-
mente pueden aguantar en el suelo unos pocos
meses, sino son invadidos por otros hongos, bac-
terias e insectos (WEBSTER & WEBER, 2007).
Con la llegada de la primavera siguiente, se
produce la germinación de los esclerocios, y lo
hacen formando varios estromas pedunculados
de cabeza esférica, de aproximadamente 1 cm
de altura (fig. 2). En el interior de las cabezas
estromáticas se desarrollan varias cavidades, que
rodeadas de tejido pseudoparenquimático, cons-
tituyen peritecios. De los ascos de los peritecios
se liberan ascosporas filamentosas que cierran el
ciclo (ALEXOPOULOS & MIMS, 1985; WEBS-
TER & WEBER, 2007).
NOMENCLATURA
La nomenclatura del cornezuelo del cente-
no es muy confusa, debido a su historia y a la
multitud de sinónimos que se han usado para
nombrarlo en distintas regiones y en diferentes
lenguas (BOVE, 1970). El epíteto más usado en
nuestro país en castellano ha sido el de “corne-
zuelo del centeno”, si bien siguiendo a FONT-
QUER (1961) también se han empleado los de
“cornatillo”, “espolón de centeno”, “tizón de
centeno” y “moro de centeno”. BOVE (1970)
añade los términos en español de “cornadi-
llo”, “cornichos”, “cornichuelo” y “nieblons”. En
catalán se ha denominado “sègol cornut”, “sègal
cornut”, “segle cornut” y “sègol banyut” (FONT-
QUER, 1961) y en gallego “esporao de centeio”
(KUKLINSKI, 2003).
Fuera de nuestro país es mayormente conoci-
do por su nombre francés: “ergot”, término que
deriva de “argot,” que significa espolón de gallo
(BOVE, 1970). Se conocen 46 formas diferen-
tes para nombrar al cornezuelo del centeno en
francés: “blé cornu”, “blé ergoté”, “grain cornu”,
“ergot du seigle”, “seigle ergoté”, etc (BON-
JEAN, 1846; BOVE, 1970).
En alemán existen más de 80 formas diferen-
tes para referirse al cornezuelo del centeno (la
más conocida es “mutterkorn”), 42 en holandés,
17 en inglés (la más conocida es “ergot of rye”),
14 en italiano y 17 en idiomas escandinavos
(BOVE, 1970).
Hasta 1853, fecha en la que fue descrito el
ciclo completo del hongo, fue conocido en latín
con más de 60 nombres: Clavaria clavus, Clavus
secalinus, Clavus siliginus, Secale clavatum,
Secale cornutum, Secale luxurians, etc (BOVE,
1970).
El nombre científico del hongo que produce
el cornezuelo del centeno es Claviceps purpurea
(Fr.) Tul. Es una especie que Fries nombró como
Sphaeria purpurea Fr. Syst. mycol. 2(2): 325
(1823) y caracterizó como: carnosa, purpurea,
capitulo globoso, tuberculoso, stipe brevi flexuo-
so (FRIES, 1823), describiendo la fase del ciclo
del hongo en la que el esclerocio germina para
formar estromas pedunculados (AINSWORTH,
1976). El término Claviceps viene del latín clava
(maza) y caput (cabeza) (OLTRA, 1991) y el
epíteto purpurea, se refiere al color púrpura del
esclerocio.
Claviceps es un hongo ascomiceto pertene-
ciente a la familia Clavicipitaceae del orden
Hypocreales. Según el “Dictionary of fungi”
(KIRK & al., 2001) hay 36 especies de Clavi-
ceps en el mundo, si bien la base de datos del
CABI tiene 70 registros, muchos de los cuáles
corresponderían por tanto, a especies que se han
sinonimizado.
298 Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008
C. ILLANA-ESTEBAN
HISTORIA
Aunque en la Biblia hay referencias a enfer-
medades producidas por algún hongo en la cizaña
(Lolium temulentum), no hay ninguna mención
que nos pueda hacer creer que se trata del género
Claviceps (BOVE, 1970).
No hay tampoco mucha información sobre el
cornezuelo en China, solamente algunos datos de
sus propiedades medicinales. Chou Kung (1100 a.
C.) menciona el uso del esclerocio de Claviceps
purpurea en obstetricia, que era conocido con el
nombre de “Meih-meh” (BOVE, 1970; AARON-
SON, 1989). BOVE (1970) tambn comenta que
algunos escritores franceses citan el uso del ergot
desde tiempos inmemoriales por los chinos “qui
se servent de cette substance comme abortif, pour
détruire les effets d’une trop grande fécondi”.
G. Barger (1931) menciona la existencia de una
tabla asiria datada en el año 600 a.C. que alude a
“una pústula nociva en la espiga” (HOFMANN,
1972; SCHULTES & HOFMANN, 2000). En
uno de los libros sagrados de los Parsis (400-300
años a.C.) se menciona respecto al esclerocio de
Claviceps purpurea que “entre las cosas malas
creadas por Ahrimán hay unas hierbas malignas
que provocan en las mujeres el prolapso del útero
y la muerte durante el parto” (SCHULTES &
HOFMANN, 2000).
En el papiro médico Hearst (Egipto, 550 a.
C.) la prescripción 145 corresponde a una receta
para que crezca el pelo, que ha sido interpretada
como un ungüento de uso local, formado por
ergot, aceite y miel. Sin embargo, algunos autores
(AARONSON, 1989) piensan que la aparición
en la receta del ergot es resultado de una mala
traducción.
En Oriente ya conocían al cornezuelo, ya
que existen algunas referencias a su uso como
medicinal. El alquimista de origen árabe o persa
Jabir ibn Hayyan en el siglo VIII, describe al
cornezuelo como una sustancia venenosa, con el
nombre de “qurun as-sunbul”, y lo compara con
el aconito, si bien su ingestión, origina síntomas
diferentes. Años después, el médico persa Abu
Mansur Muwaffak ibn Ali al-Harawi en el siglo
X, dice también que es un poderoso veneno
(BOVE, 1970).
No está claro que el cornezuelo del centeno
fuera conocido por los autores clásicos como
Teofrasto, Virgilio, Ovidio o Plinio. Plinio, no
obstante, hace un comentario sobre unos granos
de cereal negros y púrpuras, que podrían hacer
referencia al cornezuelo o a otras enfermedades
(WRIGHT, 1839). Tampoco es tratado por el
médico-herborista Dioscórides.
Se han encontrado restos de cornezuelo junto
a semillas de cereal, en el interior del estómago
del Hombre de Grauballe, el cuerpo momificado
de un hombre de hace unos 1500-1700 años,
hallado en 1952 dentro de una turbera de Dina-
marca (AARONSON, 1989). Se recuperaron
dentro del estómago del Hombre de Grauballe
centenares de cornezuelos (234-528 mg de
peso seco), concluyendo que tal abundancia de
esclerocios sería consecuencia de su ingestión
accidental junto a semillas de cereal (GUERRA
& LÓPEZ, 2006). También se han encontrado
restos del esclerocio del hongo, mezclados con
semillas de cereal, en el estómago del Hombre
de Tollund, otro cuerpo momificado localizado
anteriormente en turberas de Dinamarca (DER-
HAM, 2005). En otros yacimientos arqueológi-
cos de toda Europa (Alemania, Escocia, Polo-
nia, Suecia) se han hallado restos de esporas y
de esclerocios de Claviceps purpurea (AARON-
SON, 1989).
En la Península Ibérica se han encontra-
do registros arqueobotánicos del cornezuelo del
centeno en el yacimiento vacceo-romano de la
ciudad de Pintia, en Padilla de Duero (Vallado-
lid) y en el poblado ibérico de Mas Castellar, en
Pontós (Gerona) (GUERRA & LÓPEZ, 2006).
En este último poblado se encontró un posible
santuario dedicado a Deméter y Perséfone, con
restos de esclerocios en una mandíbula humana,
junto a restos de cerveza y levadura, en el interior
de un pequeño vaso, lo que podría ser una prue-
ba de considerar al cornezuelo como uno de los
ingredientes secretos del “kykeon”, pócima de
composición secreta empleada para celebrar los
Misterios de Eleusis, hace 4.000 años en la Anti-
gua Grecia (GUERRA & LÓPEZ, 2006).
De las epidemias que ha producido el con-
sumo accidental del cornezuelo del centeno,
especialmente a lo largo de la Edad Media, se
Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008 299
EL CORNEZUELO DEL CENTENO (I): BIOLOGÍA, HISTORIA Y ERGOTISMO
conocen muchos datos, que se comentan más
adelante.
El cornezuelo del centeno también se usó tem-
pranamente como arma biológica, al ser emplea-
do por los asirios (siglo VI a. C.) para envenenar
los pozos de agua de los enemigos (ISERSON &
al., 2001).
ERGOTISMO
La enfermedad que produce la ingestión acci-
dental del cornezuelo del centeno se llama ergo-
tismo, aunque ha sido conocida a lo largo de
la historia por distintos nombres: ignis sacer,
fuego sagrado, fuego sacro, fuego bendito, fuego
de San Antonio, fuego infernal, mal de los
ardientes, gangrena de los soloñeses o mal del
pan maldito (HOFMANN, 1972; van DONGEN
& de GROOT, 1995; DILMÉ-MUÑOZ & al.,
2003). Junto a ignis sacer, hubo otros términos
derivados del latín para designar al ergotismo de
tipo gangrenoso: ignis judicialis, ignis occultus,
morbus hic tabificus, morbus necroticus, mortifer
ardor, pestilens ille morbus, pestis ignaria, plaga
ignis, plaga illa y plaga invisibilis (BOVE, 1970;
SCHIFF, 2006). El ergotismo gangrenoso era
denominado en latín por los médicos como: affec-
tus scorbutico spasmodicus, convulsio cerealis,
febris maligna cum spasmo, morbus convulsivus,
morbus spasmodicus popularis, morbus arten-
tium, morbus epidemicus convulsivus y morbus
rigidus (BOVE, 1970).
El término ignis sacer fue confundido en
la Antigüedad con la sífilis, el herpes zóster
(ARIAS, 2006) y la erisipela. La erisipela es una
enfermedad producida por un estreptococo que
provoca erupciones cutáneas. La confusión con
el ergotismo se debe a que unos peregrinos que
se dirigían al sepulcro de San Antonio se vieron
afectados por la erisipela, y la similitud de ambas
enfermedades en algunos síntomas ha hecho que
los dos nombres se asocien a menudo (GATES,
2004). A los enfermos de ergotismo y de otro tipo
de enfermedades que provocaban convulsiones
(corea de Sydenham, corea de Hungtinton, dis-
tonía), en algunos lugares se decía que padecían
“el baile de San Vito”. Los efectos del ergotismo
han sido confundidos también con otras enferme-
dades como la peste, la lepra, la sifílis y el tifus,
y en el caso del ergotismo convulsivo con la epi-
lepsia (BOVE, 1970).
En el diccionario de la RAE el nombre con el
que aparece el fuego de San Antonio es fuego de
San Antón o de San Marcial (RAE, 2001).
Las epidemias de ergotismo han coincidido
en zonas con inviernos fríos y húmedos, a los
que han seguido primaveras calurosas y en donde
habitualmente se comía pan de centeno. El grano
y los esclerocios molidos pasarían a las harinas
utilizadas en la elaboración del pan y la contami-
narían con alcaloides tóxicos. Las epidemias eran
más frecuentes en los pueblos que en las ciuda-
des, particularmente en tiempos de privación de
alimentos (OTT, 2000; EADIE, 2003).
El ergotismo tiene dos manifestaciones: el
ergotismo convulsivo y el ergotismo gangrenoso.
El ergotismo convulsivo ha sido más frecuente en
Europa al este del Rhin (sobre todo en Alemania),
mientras que el de tipo gangrenoso ha causado
importantes epidemias al oeste del Rhin (espe-
cialmente en Francia). Ambos tipos de ergotismo
raramente ocurren a la vez (BONJEAN, 1846;
EADIE, 2003). Se cree que la deficiencia de la
vitamina A favorece el ergotismo convulsivo
frente al gangrenoso (OTT, 2000). El ergotismo
convulsivo se caracteriza por el desarrollo de
delirios, alucinaciones y espasmos musculares.
El ergotismo gangrenoso comenzaba con esca-
lofríos en los miembros, seguido de sensación de
quemazón (de aquí vienen los nombres relativos
al fuego). Parecía como si las extremidades se
consumieran internamente por un fuego interno,
se volvían negras y arrugadas y al final se des-
prendían (LAVAL, 2004). La primera vez que
se menciona al ergotismo gangrenoso es en los
Annales Xantenses, en Xanten (Alemania), en el
año 857: “A great plague of swollen blisters con-
sumed the people by a loathsome rot so that their
limbs were loosened and fell off before death”
(van DONGEN & de GROOT, 1995).
EL ERGOTISMO EN EUROPA DESDE LA
EDAD MEDIA AL SIGLO XX
Las primeras referencias de epidemias pro-
ducidas por el consumo accidental del corne-
300 Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008
C. ILLANA-ESTEBAN
zuelo del centeno aparecieron en la Edad Media,
período en el que se extendieron por toda Europa
cobrándose miles de víctimas. En este tiempo el
pan se hacía con trigo, centeno o cebada, y en
los comercios se vendía pan blanco, de mejor
calidad -reservado para los ricos-, y pan negro,
de peor calidad y que podía estar elaborado con
semillas de centeno mezcladas con esclerocios de
Claviceps purpurea y que comían las clases más
pobres (SORIANO, 2007).
La primera epidemia de ergotismo ocurrió en
París en el año 945 y fue recogida en los Annales
del escolar de Reims Flodourd. “Este relata el
caso de algunas personas que sentían arder sus
miembros, consumidos por un fuego oculto. Sus
carnes se caían en jirones y sus huesos se rom-
pían como madera muerta. El mal comenzaba
con una mancha negra y dolores insoportables;
luego, los músculos se desecaban como carbo-
nes” (CABANAS, 2006). Algunos de los enfer-
mos de esta plaga sanaron al ingerir las raciones
alimenticias que proporcionaba el conde Hugo de
París (suministraba pan elaborado con harinas sin
cornezuelo) (BOVE, 1970).
En el año 994 en Limoges (Francia) ocurrió
una epidemia tan violenta, que las personas apa-
rentemente sanas en una sola noche enfermaban
de ergotismo y sus miembros eran afectados.
Tras morir más de 40.000 personas los obispos
de Aquitania decidieron sacar en procesión el
cuerpo de San Marcial durante tres días. El mal
cesó inmediatamente, por ello la enfermedad es
también conocida como fuego de San Marcial
(Ignis Sancti Martialis)(BOVE, 1970). 12.000
personas más murieron en la región de Cambrai
en 1129 (HOFMANN, 1972).
Según Sigebert de Gembloux, monje bene-
dictino y cronista de la abadía de Gembloux
(Bélgica), durante una epidemia en el siglo XI:
“Muchos se descomponían como roídos por un
fuego sagrado que les consumía las entrañas.
Los miembros que se iban corroyendo se volvían
negros como el carbón. Los enfermos morían
pronto entre terribles dolores, o seguían viviendo
una vida aún peor sin pies ni manos. Muchos se
contorsionaban presa de convulsiones nerviosas”
(MORROS i MESTRES, 1995). En las mujeres
embarazadas su consumo provocaba abortos, ya
que los alcaloides contenidos en el cornezuelo
del centeno tienen la propiedad de provocar la
contracción de las fibras musculares, en especial
las lisas (en el utero y en los vasos sanguíneos)
(LAVAL, 2004).
Las epidemias de ergotismo gangrenoso se
extendieron por toda Europa, especialmente por
Francia, durante varios siglos. En el este de Euro-
pa (Alemania y Rusia) predominó el ergotismo
de tipo convulsivo. En Alemania el ergotismo
convulsivo tenía cerca de 30 denominaciones,
relativas a descripciones de los síntomas de la
enfermedad (BOVE, 1970). Entre 1581 y 1889,
se registraron más de 65 epidemias de ergotismo
convulsivo en Europa: 29 en Alemania, 11 en
Rusia, 10 en Suecia, 4 en Italia y otras en Finlan-
dia, Holanda, Inglaterra, Suiza, Noruega, Hungría
e incluso en Estados Unidos (BOVE, 1970). En
Francia el ergotismo convulsivo siempre venía
acompañado de manifestaciones de ergotismo
gangrenoso, no conociéndose ninguna referencia
aislada (BOVE, 1970).
Thelius, un médico alemán, tras producirse
una epidemia de ergotismo en 1596 en el Reino
de Hesse, fue el primero en atribuir la causa de
la enfermedad al consumo del grano contami-
nado. La Facultad de Medicina de Marburg en
1597, tras declararse una epidemia local en 1595,
declaró que la causa de ésta fue el consumo de
pan elaborado con harina procedente de cente-
no infectado con cornezuelo, y gradualmente
se previnó del riesgo de harinas contaminadas
en la alimentación (AINSWORTH, 1976). En
el siglo XVII distintos personajes confirmaron
la conexión entre el grano de cereal y el corne-
zuelo, y es a partir del siglo XVIII cuando se
sugieren medidas para combatir la intoxicación
(DE COSTA, 2002). Henri-Alexandre Tessier en
1778 tras observar la enorme epidemia que hubo
en Sologne (Francia), en la que murieron 8.000
personas, recomendó drenar los campos, limpiar
el grano del esclerocio y sustituir el cereal afec-
tado por patatas (DE COSTA, 2002). El gobierno
alemán en 1782 tras producirse numerosos casos
de ergotismo convulsivo ofreció el cambio de
grano almacenado (y posiblemente contaminado)
por grano recién recogido (BOVE, 1970).
BONJEAN (1846) señala su abundancia en
Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008 301
EL CORNEZUELO DEL CENTENO (I): BIOLOGÍA, HISTORIA Y ERGOTISMO
zonas húmedas de Savoie, y la muerte de varios
niños por el consumo de pan de centeno contami-
nado. También menciona que la mayor parte de
los paisanos eliminaban el cornezuelo del grano
por medio de cribas.
En 1762 sucedió en Suffolk (Inglaterra) un
extraño episodio de ergotismo gangrenoso en
toda una familia, que acabó con la muerte de
varios de sus miembros, al parecer por comer pan
elaborado con trigo de mala calidad (ZWANEN-
BERG, 1973).
Un estudio muy documentado analiza las
variaciones en la demografía europea, con la dis-
minución de la fertilidad de la población por el
consumo de harinas contaminadas con Claviceps
purpurea (MATOSSIAN, 1989). En este estudio
también se analiza cómo fueron los factores cli-
matológicos (humedad y temperatura) durante
los períodos históricos en los que hubo epidemias
de ergotismo.
Aunque a partir del siglo XX las técnicas
modernas de recogida de grano habían erradicado
al ergotismo como enfermedad en humanos, con-
tinuaron dándose casos puntuales.
Entre 1926-1927 hubo en Rusia, cerca de
los Urales, 11.319 casos de ergotismo en una
población de 506.000 personas (SCHIFF, 2006).
En 1928, 200 refugiados judíos en Manchester
(Inglaterra), enfermaron cuando consumieron
pan elaborado a partir de centeno recogido en los
campos de South Yorkshire (SCHIFF, 2006).
El suceso más extraño ocurrió en 1951, en
Pont Saint-Esprit, un pequeño pueblo situado al
sur de Francia. En él, más de 300 personas tuvie-
ron un comportamiento anormal caracterizado
por una violencia histérica, alucinaciones visua-
les y sensoriales e hiperactividad. Estos hechos
se denominaron “l’affaire du pain maudit”, debi-
do a que se justificaron como una intoxicación
alimentaria masiva, motivada por el consumo
de pan elaborado con harina que contenía corne-
zuelo. Otras teorías dicen que el envenenamiento
pudo producirse por la presencia de metil mercu-
rio –un agente fungicida- o a toxinas producidas
por Aspergillus fumigatus (GABBAI & al., 1951;
GORINI, 2006).
En 1978 se describió en Etiopía (donde la
necesidad de comer, prevalecía sobre la posibi-
lidad de intoxicarse) una epidemia tras consumir
granos contaminados por cornezuelo. Llegaron a
morir el 50 % de las personas afectadas, mientras
que otras desarrollaron ergotismo gangrenoso
(SIBANDA & al., 1997).
LA ORDEN HOSPITALARIA DE LOS
ANTONIANOS
Durante la Edad Media los enfermos de ergo-
tismo acudían a curarse a los santuarios en los
que se exponían reliquias de santos. El lugar más
visitado fue el sepulcro de San Antonio Abad, en
el que se decía se habían producido curaciones
milagrosas. Se extendió la idea de que este santo
era el único que podía curar el fuego sacro, y a
partir de entonces la enfermedad se denominó
fuego de San Antonio (OLLAQUINDIA, 1999).
En 1095 es fundada en Francia en la localidad
de Vienne, la Orden Hospitalaria de los Antonia-
nos, en honor a San Antonio Abad. La principal
misión de la Orden Hospitalaria de los Antonianos
era cuidar a los enfermos de peste y escorbuto,
epidemias que en ese momento azotaban Europa,
y además paliar los efectos del ergotismo, esa
terrible y misteriosa enfermedad que empezaba
a surgir (SÁNCHEZ, 2004a; ARIAS, 2006). Los
hospitalarios se distinguían por su hábito negro
con una cruz en forma de Tau en tela azul en el
lado izquierdo del pecho (la Tau es una letra del
alfabeto griego, en forma de T). Probablemente
esta T simbolizaba las muletas que usaban los
enfermos del mal (LAVAL, 2004).
Desde 1095 y hasta el siglo XVI se fundaron
cerca de 400 hospitales por toda Europa, llegando
hasta Suecia, Ucrania, Etiopía, Constantinopla,
Chipre y Grecia (SÁNCHEZ, 2004b). Durante
los siglos XII y XIII los enfermos de ergotis-
mo llegaban a los hospitales de los Antonianos.
Los enfermos no eran alimentados con pan de
centeno contaminado, sino con pan blanco de
trigo. Al dejar de consumir pan contaminado
los enfermos sanaban. Para beber se les daba el
“vino santo”, un vino destilado con raros y cos-
tosos ingredientes (son mencionados oro, mirra
y azúcar) (DIXON, 1984). Se dice que el vino
302 Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008
C. ILLANA-ESTEBAN
se ofrecía una vez al año, durante la fiesta de
la Ascensión. Ese día el vino era filtrado sobre
los huesos de San Antonio, que los hospitales
guardaban en relicarios (DIXON, 2005). Otras
versiones comentan que el vino santo era guar-
dado en las bodegas de los hospitales, y que era
derramado o hisopeado sobre las heridas y llagas
de los enfermos (OLLAQUINDIA, 2004). Se ha
especulado con que las virtudes del vino consisti-
rían, en que una fuerte concentración de alcohol,
podría dilatar los capilares de los miembros de las
víctimas del ergotismo gangrenoso, y esto haría
que la sangre fluyera de nuevo a las extremidades
(DIXON, 1984).
En estos hospitales, también denominados
“hôpitaux des démembrés”, intentando parar la
gangrena se recurría a la amputación de piernas
y brazos en una operación que se denomina-
ba serratura (OLLAQUINDIA, 1999; NEMES,
2002). Los hospitales de los Antonianos contaban
con médicos y cirujanos preparados en Salerno,
Padua o Montpellier (DIXON, 1984). Los ciruja-
nos eran muy hábiles en la amputación de extre-
midades, varios siglos antes del empleo de la
anestesia (GARCÍA DE YEBENES & GARCÍA
DE YEBENES, 1991) y eran muy bien pagados
(DIXON, 2005). Los resecados restos amputados
eran colgados en los portales de entrada a los hos-
pitales antonianos (fig. 5), indicándo así que eran
hospitales reconocidos para tratar la enfermedad
Figs. 5-6. Fig. 5. Ilustración tomada del libro de CHAUMARTIN (1961), de un grabado del Staatliche Graphische Sammlung de Munich, titu-
lado “San Antonio y las ctimas del Ignis sacer”, en el que se puede ver a las víctimas de esta plaga suplicando a San Antonio, y encima de la
cabeza del Santo hay manos y pies cortados. Fig. 6. En este grabado de Johannes Wechtlin, procedente del libro “Feldtbuch der Wundtartzney”,
denominado “Fuego de San Antonio o ergotismo” se aprecia a una víctima del ergotismo implorando a San Antonio.
Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008 303
EL CORNEZUELO DEL CENTENO (I): BIOLOGÍA, HISTORIA Y ERGOTISMO
(van DONGEN & de GROOT, 1995; DIXON,
2005).
Los pacientes con ergotismo convulsivo sólo
podían estar 9 días, por el contrario, los que
tenían ergotismo gangrenoso no tenían límite de
tiempo en su estancia (NEMES, 2002), incluso
los antonianos cuidaban a los desahuciados hasta
su muerte (DIXON, 2005).
EL FUEGO DE SAN ANTONIO EN ESPAÑA
DURANTE LA EDAD MEDIA
Durante la Edad Media el cornezuelo debio
ser un hongo frecuente en los campos de centeno
del norte de España. Aunque no conocemos refe-
rencias concretas a intoxicaciones producidas en
nuestro país, sí que debieron producirse, pues los
Antonianos fundaron en distintos lugares hospi-
tales para atender a los enfermos de ergotismo.
En el hospital de Santa María la Real de Bur-
gos se tiene constancia de que en 1483 ingresó un
enfermo del fuego de San Antonio que falleció a
los dos meses (SÁNCHEZ, 2004a). Conocemos
otras dos referencias relativas a la asistencia hos-
pitalaria de los Antonianos a enfermos del fuego
de San Antonio en Mallorca: una datada en 1629,
en la que dos mujeres habiéndose recuperado de
la enfermedad, ingresan en la Orden y otra, rela-
tiva a una amputación provocada por la necrosis
producida por la enfermedad (TOMAS, 1989).
En territorio español y francés los hospitales
estaban distribuidos a lo largo de todas las rutas
del Camino de Santiago, tanto en puertos de mon-
taña (Roncesvalles, Somport) como en cruces de
caminos (Puente la Reina)(NEMES, 2002).
En el siglo XVI los Antonianos en España
habían establecido sus encomiendas mayores en
Castrojeriz y Olite. La encomienda de Castroje-
riz fue fundada por Alfonso VII en el año 1146,
destinada a los peregrinos que iban y regresaban
de Santiago de Compostela (SÁNCHEZ, 2004a).
Los peregrinos al comer en Galicia pan de cente-
no contaminado con cornezuelo, volvían de San-
tiago enfermos. Eran atendidos por los Antonia-
nos en los hospitales que se extendían a lo largo
del camino, y los enfermos sanaban al sustituir
el pan contaminado por pan de trigo. Esos panes
se denominaron panes de San Antonio. El pan
antes de ser cocido en el horno, era marcado con
el signo Tau (OLLAQUINDIA, 2004). Cuando
llegaba algún peregrino durante la noche y se
encontraba con la puerta cerrada, los Antonianos
de Castrojeriz colocaban panes y jarras de vino
en alacenas situadas frente a la portada de la igle-
sia (SÁNCHEZ, 2004a).
En el libro “Ritual de la Orden de San Antón”
editado en 1745, se transcribe la oración emplea-
da para bendecir el pan:” Te pedimos, Señor, que
bendigas este Pan y que todos los que coman
de él, por la intersección de San Antonio Abad,
consigan la vida eterna y se vean libres de todo
veneno que haya en él”. El veneno mencionado
era el cornezuelo del centeno (OLLAQUINDIA,
2004).
En 1603 en el Compendio de la Historia
Antoniana se cuenta que: “comenzó esta enfer-
medad en Europa en tiempo de Enrique IV, que
en tocando el fuego santo entre las carnes de los
hombres todos los miembros se abrasaban y se
paraban negros como el carbón, y de dentro se
consumían y se pudrían, de manera que muchos
morían miserablemente de aquella enfermedad
más cruel que peste (…). Y otros que no morían,
vivían para tener una vida más miserable, que
quemados los pies y las manos se las cortaban y a
otros, con el fuego se les encogían los miembros
y padecían cruelísimos dolores (…) y en cuánto
al pan y el vino que daban a los peregrinos se dice
que: lo uno y lo otro consta por la experiencia las
maravillas que obra así para enfermedades como
para la peste y especialmente contra el fuego
(SÁNCHEZ, 2004a). En ese tiempo el fuego de
San Antonio se creía contagioso, aunque más
tarde se comprobó que no lo era (ARIAS, 2006).
A San Antonio se le suele representar junto
a llamas (fig. 6) (referencia al fuego sagrado o
fuego de San Antonio), y acompañado por un
cerdo (la manteca de cerdo era utilizada por los
enfermos de ergotismo para untar en los miem-
bros afectados por gangrena) (SORIANO, 2007).
En varios dibujos se le representa junto a miem-
bros amputados colgantes ya que: “a la menor
molestia cortan brazos o piernas y los cuelgan a
la puerta del hospital”(SÁNCHEZ, 2004a). En
las iglesias del Camino de Santiago, se pueden
encontrar imágenes de San Antonio con un haz
304 Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008
C. ILLANA-ESTEBAN
de llamas con varias lenguas de fuego, como
símbolo de la enfermedad y del santo protector
(OLLAQUINDIA, 1999).
En las Cantigas de Santa María del rey Alfon-
so X el Sabio hay varias referencias al ergotismo
(CABANAS, 2006). En la 53 aparece un niño
pastor al que comenzaron a arderle los pies, en
la 81 el fuego infernal le ha comido todo el
rostro a un mujer, y en la cantiga 91 se hace
referencia a numerosos afectados a los que se les
caían los miembros (CABANAS, 2006). Esta
enfermedad era considerada un castigo divino
por los pecados cometidos, así en la cantiga nº 93
se dice que a un afectado le sobrevino la enfer-
medad porque se entregaba al vicio de la carne, y
es curado tras rezar a la Virgen María y retirarse
a una ermita (CABANAS, 2006).
En una de las Cantigas d’escarnhio e de
maldizer dos cancioneiros medievais galego-
portugueses, de también Alfonso X, se mezcla el
ergotismo (fogo de Sam Marçal) con lo religioso
y lo sexual. Se cuenta el caso del deán de Cádiz,
que es capaz de curar a las mujeres endemoniadas
y a aquellas que padecían la enfermedad denomi-
nada fogo de Sam Marçal, a través del coito con
el religioso, en contradicción con la mentalidad
de la época, que decía que una enfermedad se
podría curar con oración, ayuno y abstinencia
(CABANAS, 2006).
Los éxtasis que experimentaba la carmelita
Santa Teresa de Jesús podrían haber estado rela-
cionados con el consumo de pan de centeno con-
taminado con cornezuelo (GÓMEZ, 1999).
Por último, señalar que Font-Quer comenta
la abundancia de Claviceps purpurea en Gali-
cia, Asturias, norte de Portugal y también en las
cercanías de Olot y en los montes de Aragón
(FONT-QUER, 1961). En relación a su abundan-
cia en Galicia escribe: “De mi puedo decir tam-
bién que sin haberlo observado jamás en mis ya
largas peregrinaciones por España, no hice sino
asomarme a Galicia por Piedrafita y en el primer
centenal del propio Puerto lo vi copiosísimo”.
BIBLIOGRAFÍA
AARONSON, S. (1989). Fungal parasites of
grasses and cereals: their rôle as food or
medicine, now and in the past. Antiquity 63:
247-257.
AINSWORTH, G.C. (1976). Introduction to the
History of Mycology. Cambridge University
Press. 359 pág.
ALEXOPULOS, C.J. & C.W. MIMS (1985).
Introducción a la Micología. Ed. Omega, Bar-
celona. 638 pág.
ARIAS, A.I. (2006). San Antonio Abad y el hos-
pital de beneficiencia de León (I). Argutorio
16: 13-15.
BONJEAN, M.J. (1846). Traité théorique et
pratique de l’ergot de seigle. Mém. Soc. Roy.
Acad. Savoie 12: 1-301.
BOVE, F.J. (1970). The story of ergot. S. Karger,
Basel. 297 págs.
CABANAS, P. (2006). Enfermedades de índole
sexual en las cántigas de escarnio y maldezir.
Lemir 10 (Revista electrónica sobre Literatura
Española Medieval y Renacimiento).
DE COSTA, C. (2002). St Anthony’s fire and
living ligatures: a short history of ergometri-
ne. The Lancet 359: 1768-1770.
CHAUMARTIN, H. (1961). Brieve et curieuse
chronique du Mal des Ardents. Collection:
Petite histoire de la Médecine. 36 págs.
DERHAM, B. (2005). Archaeological and Eth-
nographic toxins in museum collections. En
SCOTT E.M.; A.Y. ALEKSEEV & G. ZAIT-
SEVA (NATO Science Series: IV: Earth and
Environmental Sciences. Impact of the Envi-
ronment on Human Migration in Eurasia 185-
197). Kluver Academid Publishers.
DILMÉ-MUÑOZ, J.F., J. BARREIRO-VEIGUE-
LA, M. YESTE-CAMPOS, J.R. ESCUDERO-
RODRÍGUEZ, S. LLAGOSTERA-PUJOL,
J.M. MESTRES-SALES & E. VIVER-MAN-
RESA (2003). Ergotismo: revisión de la
bibliografía y presentación de casos. Angiolo-
gía 55: 311-321.
DIXON, L. (1984). Bosch’s “St. Anthony Trip-
tych” An apothecary’s apotheosis. Art Jour-
nal 44: 119-131.
DIXON, L. (2005). Las tentaciones de San Anto-
nio de El Bosco. FMR 9: 4-26.
van DONGEN, PWJ & de A.N.J.A. GROOT
(1995). History of ergot alkaloids from ergo-
tism to ergometrine. Eur. J. Obstet. Gyneco-
Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008 305
EL CORNEZUELO DEL CENTENO (I): BIOLOGÍA, HISTORIA Y ERGOTISMO
log. Reprod. Biol. 60: 109-116
EADIE, M.J. (2003). Convulsive ergotism: epi-
demics of the serotonin syndrome. The Lancet
Neurology 2: 429-434.
FONT-QUER, P. (1961, edición de 2000). Plan-
tas Medicinales. El Dioscórides renovado. Ed.
Península. 1033 pág.
FRIES, E. (1883). Systema Mycologicum Vol. 2.
Facsimil editado por la Confederatio Euro-
paea Mycologiae Mediterranensis, 1994.
GABBAI J., L. LISBONNE & F. POURQUIER
(1951). Ergot poisoning at Pont St. Esprit.
Brit. Med. J. 15: 650-651.
GARCÍA DE YEBENES, J. & P. GARCÍA DE
YEBENES (1991). La distonía en la pintura
de Matías Grünewald. El ergotismo epidémi-
co en la baja Edad Media. Arch. Neurobiol.
54: 37-40.
GATES, R.H. (2004). Secretos de las enfermeda-
des infecciosas. ed. Elsevier España. 533
pág.
GORINI, R. (2006). L’affaire du pan maudit:
empoisonnement à l’ergot. Antropo 11:
33-35.
GÓMEZ, J.R. (1999). Las plantas en la brujería
medieval (Propiedades y creencias). Celeste
ediciones. Colección Divulgadores Científi-
cos Españoles, Madrid. 152 pág.
GUERRA, E. & J.A. LÓPEZ (2006). El registro
arqueobotánico de plantas psicoactivas en
la prehistoria de la Península Ibérica. Una
aproximación etnobotánica y fitoquímica a
la interpretación de la evidencia. Complutum
17: 7-24.
HERNÁNDEZ-MARTÍNEZ, M., E. R-
DENAS-SORIANO, L.E. MENDOZA-
ONOFRE, S. OSADA-KAWASOE, P. RAMÍ-
REZ-VALLEJO & F. ZAVALA-GARCÍA
(2001). Patógenesis of Claviceps africana en
ovarios de sorgo. Agrociencia 35: 535-542.
HOFMANN, A. (1972). Ergot –a rich source
of pharmacologically active substances. In
SWAIN T., Plantas in the developments of
modern medicine 235-260. Harvard Universi-
ty Press, Cambridge.
ISERSON, K.V., A.B. SANDER & D. MATHIEU
(2001). Ethics in emergency medicine. 2
nd
. Ed.
Galen Press. 589 págs.
KIRK, P.M., P.F. CANNON, J.C. DAVID & J.A.
STALPERS (2001). Dictionary of the Fungi.
9
th
edition. 655 págs.
KUKLINSKI, C. (2003). Farmacognosia. Ed.
Omega, 1ª reimpresión. 515 págs.
LAVAL, E. (2004). Sobre las epidemias del fuego
de San Antonio. Rev. Chil. Infect. 21:74-76.
MATOSSIAN, M.K. (1989). Poisons of the past.
Molds, epidemics and history. Yale University
Press. 190 págs.
MORROS i MESTRES, B. (1995). El “foc de
Sant Marçal” a una Cantiga d’Alfonso X.
Gimbernat (revista catalana d’història de la
medicina i de la ciència) 23: 165-167.
NEMES, C. (2002). The medical and surgical
management of the pilgrims of the Jacobean
roads in medieval times. Part 1. The caminos
and the role of St. Anthony’s order in curing
ergotism. Int. Congres. Ser. 1242: 31-42.
OLLAQUINDIA, R. (1999). La orden hospitala-
ria de San Antonio en Navarra. Cuad. Etnol.
Etnograf. Navarra 31: 593-610.
OLLAQUINDIA, R. (2004). Noticias sobre la
Tau y los antonianos. Cuad. Etnol. Etnograf.
Navarra 79: 157-173.
OLTRA, M. (1991). Origen etimológco de los
nombres científicos de los hongos. Monogra-
fías de la Sociedad Micológica de Madrid.
Real Jardín Botánico de Madrid. 136 pág.
OTT, J. (2000). Pharmacotheon. Drogas enteó-
genicas, sus fuentes vegetales y su historia.
Colección Cogniciones, La liebre de marzo.
625 págs.
PALIWAL, R.L. (2001). El maíz en los trópicos.
Mejoramiento y producción. Colección FAO:
Producción y protección vegetal nº 28.
REAL ACADÉMIA DE LA LENGUA ESPA-
ÑOLA (2001). Diccionario de la Lengua
Española. Tomo I. Vigésima segunda edición.
1180 págs.
SÁNCHEZ, R. (2004a). La encomienda de San
Antón de Castrojeriz. Ediciones Trea, Colec-
ción Piedras Angulares. 311 págs.
SÁNCHEZ, C. (2004b). La extinción de la orden
medieval de San Antonio abad en Toledo. Un
ejemplo de regalismo eclesiástico. En CAM-
POS, J. & A. FERNÁNDEZ DE SEVILLA:
“Simposio La desamortización: el expolio del
306 Bol. Soc. Micol. Madrid 32. 2008
C. ILLANA-ESTEBAN
patrimonio artístico y cultural de la Iglesia en
España. Instituto escurialense de Investigacio-
nes históricas y artísticas.
SCHIFF, P.L. (2006). Ergot and its alkaloids.
Amer. J. Pharm. Educ. 70: article 98.
SCHULTES R.E. & A. HOFMANN (2000).
Plantas de los Dioses. Fondo de Cultura Eco-
nómica, México. 208 pág.
SIBANDA, L, L.T. MAROBATSANGA & J.J.
PESTKA (1997). Review of mycotoxin work
in sub-Saharan Africa. Food Control 8: 21-29.
SORIANO, J.M. (2007). Micotoxinas en alimen-
tos. Ediciones Díaz de Santos. 424 pág.
TOMAS, M. (1989). L’hospital reial del foc
de Sant Antoni de Viana a ciutat de Mallor-
ca (1230-1850). Gimbernat (revista catalana
d’història de la medicina i de la ciència) 12:
237-248.
WEBSTER, J. & R. WEBER (2007). Introduc-
tion to Fungi. Third edition. Cambridge, Uni-
versity Press. 841 págs.
WRIGHT, S. (1839). An experimental inquiry
into the physiological action of ergot of rye.
Edinburgh Med. Surg. J. 22: 293-334.
van ZWANENBERG, D. (1973). A “singular
calimity”. Med. Hist. 17: 204-207.
... Les principals referències mundials que tenim d'aquest fong són d'informacions indirectes que provenen de fonts bibliogràfiques, i ens parlen de les intoxicacions provocades del consum de pa fet amb farina contaminada amb els esclerocis, un enverinament conegut com a ergotisme o mal de Sant Antoni. La malaltia es manifestava per gangrena de les extremitats o per moviments compulsius i deliris i sovint acabava amb mutilació o mort de les persones enverinades (HOFMANN, 1972, PIETER et al., 1995, OTT, 2000, SCHULTES et al. 2000ILLANA, 2008ILLANA, , 2009). Les referències de l'ús d'aquest fong en la farmacopea popular indiquen que va ser emprat principalment en obstetrícia per induir el part a les dones en determinades regions d'Europa (OTT, 2000). ...
... Les referències de l'ús d'aquest fong en la farmacopea popular indiquen que va ser emprat principalment en obstetrícia per induir el part a les dones en determinades regions d'Europa (OTT, 2000). A la Xina, Chou Kung (1.100 aC.) esmenta que els esclerocis eren emprats en obstetrícia (ILLANA, 2008). Les primeres dades que tenim són de Lonitzer, metge, botànic i naturalista alemany que va afirmar, a l'any 1582, al seu llibre Kreuterbuch: "las mujeres creen que estas puntas [en referència als esclerocis del Claviceps] de trigo son una buena ayuda y una medicina eficaz contra los dolores del embarazo y del parto que sufren las madres cuando se toman tres veces al día y se guarda reposo." ...
Article
Full-text available
RESUM. Es reporta l'ús del Claviceps purpurea (Fr.) Tul. en la medicina tradicional d'Andorra i l'Alt Urgell, segons les dades de diversos informants, que esmenten que era emprat per les llevadores. Aquest ús sembla estar lligat a un coneixement expert per part de les persones especialitzades en obstetrícia. ABSTRACT. The use of the Claviceps purpurea (Fr) Tulle. is reported from the traditional medicine of Andorra and the Alt Urgell according to information of some interviewed people during our study of the ethnobotany of Andorra. This fungi was used by midwifes and seems to be restricted to the people specialized in obstetrics of the traditional society.
... La intoxicación ocurre cuando éstos son ingeridos por los humanos pues se cosechan junto con el grano sano. La palabra ergot viene del francés antiguo y significa espuela de gallo (3,4). Alrededor de 80 derivados del ergot provienen de la especie Claviceps, todos tienen un anillo común denominado ergolina. ...
Article
Full-text available
El ergotismo es el resultado de la intoxicación con alcaloides derivados del ergot. Durante la edad media y hasta el siglo XIX fue el responsable de grandes epidemias en Europa por el consumo de granos contaminados con el cornezuelo del centeno provocando manifestaciones isquémicas características y afección del sistema nervioso. El ergotismo como se conoció en el Medioevo ha desaparecido, pero aún hoy en día se reportan casos en el marco de uso terapéutico de ergotamínicos. Se pretenden describir algunos de sus aspectos históricos y clínicos distintivos.
Article
Full-text available
This article presents and analyses two manuscripts of medicine and pharmacy from the beginning of the 18th century, Materia Médica Misioneira (1710) and the Libro de Cirugía (1725), which have their authorship attributed to Jesuit Pedro Montenegro. Beyond the discussion about the appropriation of classical knowledge about Medicine and Pharmacy from native knowledge, their structures and narrative styles are compared in order to support the questioning of the same authorship attributed to both manuscripts. Distancing from the vision consecrated by historiography, we propose that the Libro de Cirugía was composed in different moments and had the collaboration of several authors-compilers, including indigenous copywriters.
Article
With the use of grain comes a variety of parasitic fungi – some benign, others dangerous and even toxic. Here are surveyed some of the fungi to which ancient and modern grain is subject, and some of the consequences for human populations. More specifically, several parasitic fungi, Claviceps, purpurea, C. Paspali, Ustilago maydis and U. esculenta, have infested cereal grains and grasses in ancient and recent times and may have served as a source of human foods or medicine.
Article
Introdução Embora o ergotismo, oufogo de Santo António, tem múltiplas apresentações, a mais comum actualmente é a isquemia periférica secund´ria ao vasoespasmo, que ocorreem 0,001-0,002%daqueles doentes em tratamento com alcalóides ergóticos. Objectivo Realizar um estudo retrospectivo da isquemia ergótica no nosso meio, e dado que não existe um esquema de actuação padronizado a seguir, baseandonos na nossa experiénciapessoal no Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (HSCSP) e na diversa bibliografia consultada, considerar uma terapéutica baseada principalmente na retirada de ergóticos e na infusão endovenosa de prostaglandinas, concretamente, alprostadil(PGE1)-α-ciclo-dextrano (Sugiran®), pelo seu grande efeito vasodilatador arterial e sua acção antiagregante plaquetária. Doentes e métodos Apresentamos a série do nosso grupo de trabalho nos últimos cinco anos, que inclui quatro casos de isquemia arterial (dois homens e duas mulheres), com envolvimento dos membros inferiores em três casos e membros superiores numa. Todos os casos foram tratados com supressão de ergóticos, infusão endovenosa de alprostadil (PGE1)-α-ciclo-dextrano, mais fármacos coadjuvantes em alguns casos (heparinas, antiagregantes e hemorreológicos). Resultados Os doentes apresentaram uma franca melhoria após a retirada dos ergóticos; desapareceu a ameaça para o membro e a dor em repouso entre 24 a 72 horas do início da infusão de prostaglandinas. O quadro clínico melhorou em poucos dias e recuperaramse os pulsos distais na totalidade dos casos. Conclusões Consideramos o uso de alprostadil(PGE1)-α-ciclo-dextrano uma opção terapêutica válida no tratamento da isquemia de etiologia ergótica.
Article
In Sub-Saharan Africa, work on mycotoxins covering field cases, acute exposures and chronic effects related to dietary intake is reviewed. Mycotoxins have been implicated in the etiology of diseases like kwashiorkor, marasmic kwashiorkor, hepatocellular carcinoma in humans, and hepatocardnomas, encephalopathy and other acute diseases in animals. Mycotoxin regulatory programmes using maximum permissible limits of the different mycotoxins are also summarized. Maximum permissible levels of mycotoxins in most countries have been considered for aflatoxins, and progress in mycotoxin research indicates that, soon, more mycotoxins will be included.
Article
The pilgrims of the Jacobean Roads to Santiago very often became extremely sick and died of ergotism (ignis sacer). A non-contagious epidemic had been emerging since 1090 throughout Europe, due to the consumption of rye bread contaminated by the fungus spore of ergot and causing great devastations like pestilence. In order to provide support and treatment, the order of St. Anthony founded about 200 monastic hospitals on the four roads to Santiago. In these hagiotherapeutic centres representing the first huge, highly specialized European medical welfare system, the friars separated the ill pilgrims after a careful diagnosis of “St. Anthony's fire”, gave them ergot-free nourishment, herbal wines (with vasodilating and analgesic herbals) and applied Antonites-balsam, the first transdermal therapeutic system (TTS) in the history of medicine. In a very practical manner of charity they were taking care for the mental and somatic restitution of the victims of ergotism. Unfortunately, their secret recipes were lost at the end of medieval times. Because the monks were not allowed to perform operations after 1130, barber surgeons were engaged in many cloisters for treating open sores, inflamed limbs and for amputation gangrenous legs. Due to the lack of references in medical history, it is unknown whether other complications such as septic deliriums, tetanus and toxic hallucinations causing by ergotismus convulsivus were also treated.