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Internet y apoyo social: sociabilidad online y ajuste psicosocial en la sociedad de la información [Internet and social support: Online sociability and psychosocial adjustment in the information society]

Authors:

Abstract

Investigación subvencionada por el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO) del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (proyecto 126/2007) y por el Gobierno del Principado de Asturias con cargo a fondos del Plan de Ciencias, Tecnología e Innovación del Principado de Asturias. Resumen El apoyo social circunscrito a las redes so-ciales presenciales y cercanas se ha vinculado de forma consistente con el bienestar psicológico. Sin embargo, con Internet aparecen otras for-mas de relación social que también demandan investigación. En el presente artículo, prestare-mos atención a las relaciones sociales online como fuentes potenciales de apoyo social, es-pecialmente por las repercusiones que podrían tener para personas con dificultades en la inte-racción social cara a cara o en riesgo de aisla-miento y exclusión. Y es que, de acuerdo algu-nas investigaciones, estas formas de relación social podrían disfrutar de beneficios similares a los de las relaciones sociales presenciales. Palabras Clave Internet, apoyo social, comunidad online, comunidad offline. Abstract Social support from intimate and confidant relationships has been traditionally linked to a better psychological well-being. With the arrival of Internet, however, other forms of social relationship demand our attention. In the present article, we pay attention to online social rela-tionshisps as potential sources of social support, specifically for those potentially impaired in the face-to-face interaction and, thus, at risk of social exclusion. In this sense, recent research suggests that online social relationships could be parallel online social relationships in terms of the benefits derived from social support (whether online or offline).
ASUR FUENTE Y OTROS /ACCIÓN PSICOLÓGICA, enero 2010, vol. 7, n.o1, 9-15. ISSN: 1578-908X 9
INTERNET Y APOYO SOCIAL: SOCIABILIDAD ONLINE Y AJUSTE
PSICOSOCIAL EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
INTERNET AND SOCIAL SUPPORT: ONLINE SOCIABILITY AND
PSYCHOSOCIAL ADJUSTMENT IN THE INFORMATION SOCIETY
ASUR FUENTE1, JUAN HERRERO1yENRIQUE GRACIA2
1Departamento de Psicología, Universidad de Oviedo
2Departamento de Psicología, Universitat de Valencia
Investigación subvencionada por el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO)
del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (proyecto 126/2007) y por el Gobierno del Principado de
Asturias con cargo a fondos del Plan de Ciencias, Tecnología e Innovación del Principado de Asturias.
Resumen
El apoyo social circunscrito a las redes so-
ciales presenciales y cercanas se ha vinculado de
forma consistente con el bienestar psicológico.
Sin embargo, con Internet aparecen otras for-
mas de relación social que también demandan
investigación. En el presente artículo, prestare-
mos atención a las relaciones sociales online
como fuentes potenciales de apoyo social, es-
pecialmente por las repercusiones que podrían
tener para personas con dificultades en la inte-
racción social cara a cara o en riesgo de aisla-
miento y exclusión. Y es que, de acuerdo algu-
nas investigaciones, estas formas de relación
social podrían disfrutar de beneficios similares a
los de las relaciones sociales presenciales.
Palabras Clave
Internet, apoyo social, comunidad online,
comunidad offline.
Abstract
Social support from intimate and confidant
relationships has been traditionally linked to a
better psychological well-being. With the arrival
of Internet, however, other forms of social rela-
tionship demand our attention. In the present
article, we pay attention to online social rela-
tionshisps as potential sources of social support,
specifically for those potentially impaired in the
face-to-face interaction and, thus, at risk of so-
cial exclusion. In this sense, recent research sug-
gests that online social relationships could be
parallel online social relationships in terms of
the benefits derived from social support
(whether online or offline).
Key Words
Internet, social support, online communi-
ties, offline communities.
Artículo recibido: 15/12/2009
Artículo aceptado: 20/01/2010
Introducción
Las Tecnologías de la Información y las Co-
municaciones (TIC), entre las que cabe destacar
Internet, están teniendo un impacto creciente
en la vida cotidiana que puede constatarse por
su uso cada vez más frecuente en las relaciones
sociales, en la obtención de información, en el
acceso a servicios públicos y culturales, así como
en la participación, movilización y organización
sociales (Castells, 1997, 2001). Así, Internet, sím-
bolo por excelencia de la Sociedad de la Infor-
mación, se ha convertido en un tema central
para los intereses de la investigación social. Y
es que, si tenemos en cuenta la juventud de la
Red, nos encontramos ante un campo de estudio
relativamente novedoso del que poco se sabe.
Es cierto que diferentes desarrollos tecnoló-
gicos como la radio, el teléfono o la televisión
(por citar algunos ejemplos recientes) han ido
dejando una impronta significativa en nuestras
vidas. E Internet, en este sentido, no va a repre-
sentar ninguna excepción. Sin embargo, la his-
toria nos ha enseñado que debemos ser cautos a
la hora de aventurar grandes revoluciones:
«para quienes pretendemos prever el impacto
de Internet sobre las relaciones sociales, la sor-
prendente serie de malas predicciones acerca
de las consecuencias sociales del teléfono cons-
tituye una buenísima lección» (Putnam, 2002,
p. 221). Aquí analizaremos cómo puede influir
Internet en el bienestar de las personas cen-
trándonos en las relaciones sociales online como
posibles fuentes de apoyo.
El apoyo social es ya un tema clásico de las
ciencias sociales que ha sido abordado amplia-
mente por la literatura y que se ha vinculado
de forma consistente con el bienestar psicológi-
co. Sin embargo, la investigación, como no po-
día ser de otra manera, se ha centrado en las re-
des sociales presenciales. Ahora, con la
aparición de Internet, se nos presenta un nuevo
escenario en torno a las relaciones sociales onli-
ne que, a priori y por analogía, pueden suponer
una nueva fuente de apoyo social que debemos
explorar. Por tanto, nos centraremos en el as-
pecto comunicativo e interpersonal de la Red, es
decir, en su uso social, para ver en qué medida
la participación social online (vía correo elec-
trónico, chat, foros...) puede reportar efectos be-
neficiosos para el bienestar psicológico. En de-
finitiva, el presente artículo pretende ahondar
en las posibilidades que nos brinda la Red como
recurso de apoyo social.
Comunidades online y comunidades
offline
Con la aparición de Internet y la posibilidad
de mantener relaciones sociales periódicas a dis-
tancia, la noción físico-geográfica del concepto
de comunidad se desvanece. Krause (2001), en
su redefinición de este concepto, propone eli-
minar la dependencia de la noción de territorio
así como enfatizar la dimensión intersubjetiva
(sentido de pertenencia e influencia mutua), mi-
nimizar el componente valorativo ideal (la co-
munidad como algo imperfecto) y relativizar las
nociones de continuidad (no toda comunidad
perdura en el tiempo) y exclusividad (general-
mente, no sólo se pertenece a una comunidad).
Esta redefinición del concepto, como veremos,
parece muy oportuna para acercarse a las co-
munidades online.
Siguiendo a Smith (2003), las comunidades
online se distinguen de numerosas comunidades
cara a cara por sus límites abiertos (los usuarios
pueden entrar y salir con costes mucho menores
que lo que supone físicamente cambiarse a una
comunidad nueva), el relativo anonimato de la
interacción mediada por ordenador y la posibi-
lidad de una enorme diversidad social. Estos
tres elementos (límites, anonimato y heteroge-
neidad), junto a la comunicación no verbal, nos
permitirán abundar en las características dis-
tintivas de las comunidades online yoffline.
Los límites abiertos a los que se refiere
Smith (2003) guardan relación con la fragilidad
de las comunidades online y su susceptibilidad a
la disolución (Rheingold, 1996). En este sentido,
en las comunidades online la sensación de co-
munidad es palpable pero fugaz (Jones, 2003).
En comparación, las redes cara a cara suelen
ser densas y bien trabadas, mientras que las re-
des de comunicación por ordenador tienden a
ser diluidas y poco ligadas, lo que dificulta la
confianza y reciprocidad (Putnam, 2002).
Por lo que respecta al anonimato en Inter-
net, parece ser que, junto con la ausencia de
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claves sociales, dificulta el control social (Put-
nam, 2002), aunque es cierto que existen y se-
guirán apareciendo mecanismos de control on-
line como las condiciones de admisión o los
moderadores en el caso de los foros. Esta difi-
cultad para el control social en la comunicación
online, se ha relacionado con un estado de de-
sinhibición que puede llevar tanto a la consoli-
dación de relaciones íntimas y de confianza
como al engaño o la violencia verbal. Por una
parte, como notan Kollock y Smith (2003), la
desinhibición que caracteriza a algunas redes
sociales online puede animar al surgimiento de
relaciones íntimas y de verdaderos sentimientos
de apego. Sin embargo, el fraude y el incumpli-
miento de promesas son más comunes en la co-
municación por ordenador, en la que también
son más fáciles las tergiversaciones y las malas
interpretaciones. Además, quienes participan en
estos marcos de relaciones online se ven menos
impedidos por sutilezas sociales y recurren con
mayor rapidez a formas de lenguaje extremas y
a invectivas (Putnam, 2002). Es decir, los miem-
bros pueden actuar de una forma hostil sin los
temores típicos de la pena merecida (Kollock y
Smith, 2003). En definitiva, el anonimato tiene
doble cara: puede obstaculizar la confianza, la
reciprocidad y el compromiso pero también fa-
cilitar la expresión sincera de emociones (He-
rrero, Meneses, Valente y Rodríguez, 2004). Es
decir, la posibilidad del engaño, la hostilidad o
la desconfianza en el ciberespacio (también pre-
sente en las relaciones cara a cara) no elimina la
posibilidad de sus contrarios. Así, cuando anali-
cemos el apoyo social en la Red nos referire-
mos a aquellas relaciones online que se mantie-
nen con una base relativa de sinceridad y
confianza.
Por otra parte, las comunidades online pue-
den ser más heterogéneas respeto a factores so-
ciodemográficos como la etnia, el género o la
edad, y más homogéneas en lo referente a inte-
reses y valores (Putnam, 2002). Sin embargo,
no conviene caer en idealizaciones porque, pro-
bablemente, en cuestión de intereses, ni los gru-
pos online son tan homogéneos ni los presen-
ciales tan heterogéneos (Lin, 2001; Lin, Dean y
Ensel, 1986; Putnam, 2002).
De todos modos, aún contando con estas ca-
racterísticas distintivas, probablemente el fac-
tor diferencial fundamental entre la comunica-
ción presencial y la comunicación online sea la
comunicación no verbal. En las interacciones
cara a cara existen una variedad de datos de di-
verso grado de fiabilidad que informan sobre
nuestra identidad y nuestras intenciones. La
ropa, la voz, el cuerpo y los gestos envían men-
sajes sobre nuestro estatus, nuestro poder y so-
bre la pertenencia a un determinado grupo. La
interacción online (al menos la más común ba-
sada en texto) carece de esta información pero
esta pobreza de señales, sin embargo, funciona
a la vez como limitación y como recurso (Ko-
llock y Smith, 2003). Es precisamente esta au-
sencia de información la que al tiempo que pue-
de obstaculizar la confianza y el compromiso,
puede facilitar una comunicación más igualita-
ria (menos jerárquica). De hecho, la investiga-
ción apunta a que los debates en línea tienden a
ser más francos e igualitarios que los encuentros
cara a cara (Putnam, 2002).
Algunos autores, en este sentido, han llama-
do la atención sobre la necesidad de analizar
críticamente la interacción cara a cara. Como
dice Schudson (1978), «cuando criticamos la re-
alidad de los medios de comunicación de masas,
lo hacemos oponiéndolo a un ideal de conver-
sación que no estamos inclinados a examinar»
(p. 323). Por ejemplo, cuando los críticos afir-
man que las comunidades online están más des-
conectadas entre sí que los grupos offline, su
comparación parece sostenerse en un ideal de la
comunidad presencial si tenemos en cuenta el
grado de soledad que experimentan muchos ciu-
dadanos (Kollock y Smith, 2003). Mantener una
imagen idílica y romántica de la interacción
cara a cara no parece la mejor forma de afron-
tar el estudio de las relaciones sociales online.
Más allá de las características distintivas que
configuran las comunidades online yoffline, la
literatura científica ha analizado qué tipo de re-
laciones se establecen entre ambos tipos de co-
munidad. Para algunos autores, una de las prin-
cipales preocupaciones es que en un mundo
offline crecientemente fragmentado, los grupos
online sustituyan a las comunidades reales (léa-
se, geográficamente locales). Sin embargo, «es
bastante probable que el tiempo online reem-
place al trabajo y a la televisión más que al tiem-
po que se pasa con otros» (Baym, 2003, p. 58).
Como comenta Putnam (2002) a propósito del
teléfono: «de una forma un tanto paradójica, el
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teléfono parece haber tenido el efecto de refor-
zar, y no de transformar o sustituir, las redes
personales existentes» (p. 224).
En el caso de Internet, como señaló Well-
man (1997), es probable que muchas de nues-
tras relaciones en la Red supongan una prolon-
gación de relaciones externas a la Red. De
hecho, ha habido numerosas redes online que se
han organizado en torno a comunidades físicas
concretas (Kollock y Smith, 2003). Y es que las
comunidades online pueden ser utilizadas para
reforzar comunidades geográficamente locales
(Doheny-Farina, 1996; Schuler, 1996), es decir,
cuentan con el potencial para servir de apoyo a
las comunidades cara a cara y para ayudar a
mantenerse unidas a las comunidades locales
(Kollock y Smith, 2003). En este sentido, He-
rrero y Gracia (2009), en una muestra española
de usuarios de Internet entre 55 y 74 años, han
encontrado que dos de cada tres usuarios utili-
zan la Red para mantener y potenciar las rela-
ciones sociales de toda la vida.
Por otra parte, parece ser que las relaciones
sociales online, caracterizadas en un principio
por el anonimato, tienden a adquirir mayores
grados de intimidad. Durante este proceso es
habitual que las relaciones sociales online va-
yan derivando en relaciones presenciales (Mc-
Kenna, Green y Glason, 2001; Müller, 1999;
Rheingold, 2000). Herrero y Gracia (2009), ana-
lizando la sociabilidad de las personas mayores
en Internet, han encontrado resultados que
apuntan en esta dirección.
Otro aspecto a tener en cuenta que también
pone de manifiesto la inevitable relación entre
comunidades online yoffline es que el sujeto
que navega por las redes sociales online se lleva
consigo fuera de la Red toda su actividad rela-
cional online y viceversa. Como dice Rheingold
(1996), un clásico observador y participante de
la Red: «No sólo habito en mis comunidades
virtuales; en la medida en que llevo sus conver-
saciones en la cabeza y empiezo a mezclarlas
con la vida real, las comunidades virtuales tam-
bién habitan en mi vida» (p. 26).
Además, como apuntan Herrero et al. (2004),
ambas comunidades (presenciales y online) son
compatibles. Así, los usuariosque dedican parte
del tiempo de conexión a implicarse activamen-
te en el desarrollo de actividades comunitarias
online no muestran una tendencia a inhibirse o
aislarse de otras actividades comunitarias de su
mundo social presencial.
Relaciones sociales online como
posibles fuentes de apoyo social
El apoyo social se ha consolidado como un
factor fundamental en el bienestar psicológico
(Herrero et al., 2004). Si bien toda la evidencia
al respecto descansa en investigaciones centra-
das en las redes sociales presenciales, ahora es
preciso explorar las posibilidades de las relacio-
nes sociales online como fuentes para la obten-
ción de apoyo social.
La pregunta sería: ¿el apoyo social es exclu-
sivamente presencial o nos podemos beneficiar
psicológicamente de las relaciones online? El
apoyo social online ocupa un lugar muy recien-
te en la investigación por lo que poco se conoce
sobre sus posibles efectos. Algunos estudios de
los años 90 que pretendían vincular el uso de
Internet con la actividad social offline y el bie-
nestar psicológico proporcionaron una eviden-
cia contradictoria, apuntando unos hacia el ais-
lamiento social y el distrés (Kraut, Kiesler,
Boneva, Cummings y Hegelson, 2001; Kraut,
Patterson, Lundmark, Kiesler, Mukophadhyay y
Scherlis, 1998) y otros hacia una mayor activi-
dad social (Robinson y Kestnbaum, 1999), ma-
yores niveles de confianza hacia los demás y
redes sociales más extensas (Cole, 2000; Hamp-
ton y Wellman, 2000; Uslander, 2001). Una po-
sible limitación de este tipo de estudios que
podría explicar en parte estos resultados con-
tradictorios es que no suelen diferenciar si el
uso que se hace de esta tecnología es social o
no (DiMaggio, Hargittai, Neuman y Robinson,
2001).
Sin embargo, si atendemos a algunas inves-
tigaciones recientes, parece que no debemos
descartar la alternativa de apoyo abierta por las
redes sociales online. En este sentido, ya dispo-
nemos de algunos resultados que muestran una
influencia positiva de la participación social,
tanto presencial como online, en el desarrollo
personal (Herrero et al., 2004). Y es que, aque-
llos usuarios implicados en actividades sociales
en la Red pueden experimetar una mejora del
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bienestar psicológico al percibirse a sí mismos
como más capaces para crear y mantener rela-
ciones sociales duraderas (Bargh, McKenna y
Fitzsimons, 2001).
Lo cierto es que el abanico de posibilidades
de relación abierto por las redes sociales online
(sin restricciones de espacio y tiempo) puede
facilitar, aunque sea sólo por probabilidad, nue-
vas amistades con las que ampliar la red social
disponible. Además, es más fácil hoy en día,
gracias a Internet, encontrar gente en la Red
con la que compartir tus aficiones e intereses.
Putnam (2002) es muy claro al respecto llevando
la situación al extremo: «Internet nos permite li-
mitar nuestra comunicación a gente que com-
parte exactamente nuestros intereses: no sólo a
otros propietarios de coches BMW, sino a pro-
pietarios de un BMW 2002, y quizá incluso a
los propietarios de un 2002 turbo de 1973, al
margen de dónde vivan y de los demás intereses
suyos y nuestros» (p. 237).
La participación social en la Red tendría así
la ventaja de permitir crear nuevos foros de ex-
presión en los que desarrollar vínculos con per-
sonas similares permitiendo poner en contacto a
usuarios que quizás puedan no sentirse impli-
cados en las actividades sociales de su comuni-
dad geográfica (Castells, 2001). Esta ventaja de
las comunidades online se ha vinculado con la
mejora de la autoestima social y la creación de
vínculos sociales de confianza (McKenna, Green
y Gleason, 2001).
Estas relaciones basadas en los intereses en
común más que en la proximidad espacial tie-
nen sus peligros y potencialidades. Por una par-
te, si las personas se unen exclusivamente por
intereses y valores comunes, a la larga se pue-
den generar ciberguetos caracterizados por una
homogeneidad excesiva que podría derivar en
reacciones hostiles ante la divergencia y la di-
versidad. Esta tendencia de las comunidades
online a centrarse exclusivamente en temas que
son considerados de interés, eliminando la di-
versidad, se ha denominado ciberbalcanización
y es una de las posibles consecuencias negativas
de las relaciones sociales online (Herrero et al.,
2004). Por otra parte, estas comunidades ho-
mogéneas en los intereses son una potencial
fuente de apoyo. Esta idea ya se encuentra en
los primeros trabajos sobre redes sociales me-
diadas por ordenador. En un trabajo pionero de
Licklider y Taylor de 1968, se afirma que «la
vida será más feliz para los individuos en la red
ya que la gente con la que se interactúe más in-
tensamente será seleccionada más por la comu-
nalidad de intereses y metas que por los acci-
dentes de proximidad» (págs. 30-31). Este
potencial de apoyo de las redes sociales online
puede ser especialmente relevante para ciertas
personas que, por diversos motivos, encuentran
dificultades para la relación social (por ejem-
plo, las personas con movilidad reducida). En
este caso, su escasa movilidad o bajo grado de
independencia no facilitan la participación en
contextos sociales presenciales. Por ello, las re-
des sociales online pueden significar un acerca-
miento renovado al mundo social que puede
devenir en el afianzamiento de este tipo de rela-
ciones o su extensn al ámbito presencial.
Como ya señaló Rheingold (1996), «Las perso-
nas cuyos impedimentos físicos les hacen difícil
hacer nuevas amistades, descubren que las co-
munidades virtuales los tratan como siempre
quisieron ser tratados» (p. 46). Y si tenemos en
cuenta que «hay muchas personas que no se de-
sempeñan bien en la interacción espontánea ha-
blada pero que pueden hacer valiosos aportes en
una conversación en la que tengan tiempo de
pensar qué decir» (Rheingold, 1996, p. 42), po-
dríamos ir un paso más allá con miras a la in-
tervención: ¿acaso lo aprendido en un contexto
impide que se generalice a otros contextos? Es
decir, la comunidad online puede proporcionar
un contexto de relación menos exigente que fa-
cilite el entrenamiento (guiado o no) y la con-
fianza necesarios para dar el salto (si así se de-
sea) a las relaciones cara a cara.
Como subrayaron Cohen, Gottlieb y Under-
wood (2000), a partir de la interacción social
con los miembros y organizaciones de la comu-
nidad no sólo se pueden obtener importantes
recursos, información y ayuda, sino también un
sentimiento de pertenencia e integración que
tiene importantes implicaciones para el bienes-
tar psicológico. Esta consideración, en definiti-
va, no parece incompatible con las redes socia-
les online: «es como tener el bar de la esquina
(...) salvo que en lugar de ponerme la chaqueta,
apagar el ordenador y caminar hasta la esquina,
sólo invoco mi programa de comunicación y allí
están» (Rheingold, 1996, p. 43).
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Conclusiones
Como en toda relación social, en las relacio-
nes online se puede obtener alegría y satisfac-
ción pero también pena, decepción o angustia.
Como sugieren Smith y Kollock (2003), las nue-
vas oportunidades y restricciones que crea la in-
teracción online presentan una doble vertiente
que conduce a resultados que pueden ampliar
tanto los procesos sociales beneficiosos como
los nocivos. Y es que «los tipos de interacciones e
instituciones que están surgiendo en el ciberes-
pacio son más complicados de lo que podría des-
cribirse en términos utópicos y distópicos unila-
terales» (p. 21). Ahora bien, parece evidente que
Internet ha abierto la posibilidad de ampliar y
diversificar las relaciones sociales existentes.
Sean cuales fueren las consecuencias futuras
de Internet, lo cierto es que durante las últimas
décadas el trato social no se desplazó simple-
mente del espacio físico al ciberespacio. De he-
cho, tanto la historia del teléfono como los pri-
meros datos sobre el uso de Internet constituyen
un poderoso indicio de que la comunicación
por ordenador acabará complementando y no
sustituyendo a las comunidades cara a cara
(Putnam, 2002).
Como nos r e c u e rdan Kollock y Smith
(2003), los teléfonos, los coches y los aviones
hace ya tiempo que demostraron que era posible
establecer y sostener importantes relaciones so-
ciales fuera de nuestra vecindad física inmedia-
ta. Aplicado a las comunidades online, Rhein-
gold (1996) nos ofrece un testimonio incisivo:
«las formas en que he presenciado cómo los in-
tegrantes de las comunidades virtuales que me-
jor conozco construyen valores, se ayudan los
unos a los otros en los momentos difíciles y re-
suelven juntos (o no logran resolver) angustio-
sos problemas interpersonales ofrecen un mo-
delo, sin duda no infalible, de las clases de
cambios sociales que las comunidades virtuales
pueden realizar en las vidas reales...» (p. 34). Es
decir, todo parece indicar que las nuevas redes
sociales online pueden suponer un recurso de
apoyo social similar al de las redes presenciales.
Probablemente estemos ante una cuestión de
grado y no de tipo.
Por último, es preciso recordar que Internet
no está al alcance de todos. Así, como ocurre
con otros factores, los posibles beneficios de In-
ternet en el bienestar psicológico permanecen
lejos del alcance de muchos ciudadanos. Ahora
bien, que las cosas no sean así es cuestión de vo-
luntad política.
En resumen, a pesar del reconocimiento
unánime de los efectos positivos de las redes
sociales presenciales y próximas sobre el bie-
nestar psicológico, también debemos prestar
atención a las nuevas redes sociales online como
fuentes potenciales de apoyo social, especial-
mente por las repercusiones que podrían tener
para ciertas personas con dificultades para la
interacción social cara a cara o en riesgo de ais-
lamiento y exclusión social. De hecho, los nodos
de conexión de la red social que conforman las
redes online yoffline pueden ser claves para
plantear nuevas formas de intervención comu-
nitaria.
Internet ha posibilitado la puesta en funcio-
namiento de nuevas vías de relación social que
deben formar parte de la investigación en cien-
cias sociales. Y es que, es posible un uso de In-
ternet de corte comunitario que pueda disfrutar
de los mismos beneficios que la participación
comunitaria presencial: satisfacción con las re-
laciones sociales y mejora del bienestar psicoló-
gico (Herrero et al., 2004). Es decir, estas redes
sociales emergentes pueden jugar un papel muy
importante en el bienestar psicológico de sus
integrantes por lo que no conviene desatender
su potencial.
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... Otro aspecto de las comunidades virtuales es la online homophily, la cual se basa en la homogeneidad entre los miembros de una red social. Esta congruencia puede vincularse a características individuales, tales como género o edad (Brown et al., 2007), o a intereses y valores (Putnam, 2002, como se citó en Fuente et al., 2010). Sin embargo, es necesario tomar en cuenta que, si bien las comunidades pueden compartir intereses, estos no serán completamente homogéneos (Lin, 2001;Lin et al., 1986;Putnam, 2002, como se citaron en Fuente et al., 2010). ...
... Esta congruencia puede vincularse a características individuales, tales como género o edad (Brown et al., 2007), o a intereses y valores (Putnam, 2002, como se citó en Fuente et al., 2010). Sin embargo, es necesario tomar en cuenta que, si bien las comunidades pueden compartir intereses, estos no serán completamente homogéneos (Lin, 2001;Lin et al., 1986;Putnam, 2002, como se citaron en Fuente et al., 2010). En el caso de #Las-Respondonas, sus participantes son principalmente mujeres feministas, lo cual es resaltado por varias de las integrantes entrevistadas como un aspecto importante en la conformación del grupo y la posibilidad de recibir ayuda en él. ...
... Esto genera sentimiento de seguridad en sus integrantes, ya que eliminar del grupo a quienes puedan vulnerar su privacidad o atacarlas contribuye a minimizar o controlar los riesgos de agresiones contra ellas cuando interactúen. Además, las cámaras de eco, al agrupar a personas de intereses similares que interactúan en un mismo espacio, cumplen con lo señalado por Fuente et al. (2010) sobre las comunidades virtuales: contribuyen a generar lazos de confianza entre las integrantes. ...
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Actualmente, así como existe el acoso y la inseguridad en los sitios de redes sociales, estos espacios también pueden ser usados por las mujeres para el activismo feminista y la manifestación de la sororidad, para lo cual, como se ha visto en trabajos previos, es necesaria la seguridad. En ese sentido, se busca contestar la siguiente pregunta: ¿cómo se construye el sentimiento de seguridad en #LasRespondonas —un grupo de Facebook conformado mayoritariamente por mujeres feministas— para la manifestación de la sororidad? Se encontró que la construcción del sentimiento de seguridad en dicho grupo se logra gracias a tres elementos: la conformación de una comunidad virtual, la existencia de una cámara de eco, y el uso de las herramientas de la plataforma junto con el rol de las moderadoras. Además, la seguridad es necesaria para la manifestación de la sororidad en tres momentos: la verbalización del problema, el compartir información / interactuar y el encuentro.
... Precisely, the naturalization of symbols takes place in the figurative nucleus that legitimizes the stigmas towards a minority group at the same moment that they disappear as a group referent. In such a process, objectification and anchoring explain the landing of abstract concepts and their conversion into concrete entities [19][20][21]. ...
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The objective of this work was to establish the relationship between conflict and social change derived from migratory processes in a Huasteca community. Based on discourse analysis around the journey, stay and return, those related to molar identity defined as the uses and customs significant for any of the three migratory processes were weighted. In reference to the socioeconomic context, identity symbols were interpreted in reference to the tradition of employment, building of heritage and appropriation of places. The results will make it possible to establish discussion criteria around migration, identity and local development. It is expected that the interpretations made can contribute to the construction of a municipal agenda on employment, health, recreation and sustainability.
... The second stage of the educational cycle is peer evaluation, which consists of adjusting the projects to the policy of the administrative group. Subsequently, in the third stage, the diffusion of knowledge is observed in institutional academic spaces(Fuentes, Herrero, & Gracia, 2010). Studies on knowledge networks warn that the formation of groups and project planning are as important as trust and identity around an organization, institution, or university. ...
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In the context of organizations and their relationship with the increasingly competitive environment, leaders have been pressured to establish control systems in which the differences between employees are exacerbated since, in the absence of labor competencies, these are They are intended to substitute for acts of loyalty to the company that lead to violence towards those who are the culprits of poor performance or are not seen as part of a working group. This is how organizational violence is justified within collaborative teams, as would be the case of Higher Education Institutions where the phenomenon is exacerbated with the emergence of electronic technologies, devices, and networks. The objective of this study was to establish the reliability and validity of an instrument that measures organizational violence. A non-experimental, cross-sectional, and confirmatory study was carried out with a non-probabilistic selection of 100 students from a public university in central Mexico. The results in general show that organizational violence would be made up of eight factors such as: prejudice, depersonalization, benevolence, harassment, subjugation, objectification, stigma, and harassment, which show the limits of the study and guidelines of research concerning equity.
... The TPS and the TCS are part of a symbolic communicative process known as social representation. Social psychologists suggest that this process includes two dimensions: objectification and anchoring [9]. ...
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Introducción: El apoyo social en redes sociales son aquellas relaciones online que se mantienen con una base relativa de sinceridad, soporte y confianza al que se puede recurrir en caso de ser necesario. Objetivo: Determinar la relación y diferencias entre el apoyo social percibido en redes sociales con variables sociodemográficas en estudiantes universitarios de dos instituciones públicas pertenecientes al Norte y Sur de México (Monterrey y Minatitlán). Material y Método: Diseño exploratorio. La muestra estuvo conformada por 304 estudiantes universitarios con muestreo no probabilístico por conveniencia. Se empleó la prueba de Spearman, Mann-Whitney y Kruskal-Wallis considerando significancia estadística de p<0.05. Resultados: Se encontraron diferencias significativas, siendo mayor el apoyo social percibido en estudiantes del área norte y en semestres inferiores. No hubo diferencias significativas con respecto al sexo. Se halló relación negativa entre el apoyo social percibido con el semestre (rs=-202, p<.05) y la edad (rs=-286, p<.05). Conclusiones: Los estudiantes universitarios de semestres menos avanzados perciben un mayor apoyo social de redes sociales y conforme avanzan se ve disminuido, así también a menor edad mayor percepción del apoyo social. Es importante desarrollar estrategias de apoyo en redes sociales que fortalezcan aspectos emocionales y cognitivos de los estudiantes durante su formación.
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This book chapter focuses on a parallel and oscillating observation between the act of suspecting the use of technologies to perpetuate the systems of domination and re-feudalization of public space, and an extremely enthusiastic view that comes from the perspective of applied action research in the field.
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Introduction: In the organizational context and their relationship with increasingly competitive environment, leaders have been pressured to establish control systems in which, differences between employees are exacerbated since, in the absence of labor competencies, these are They are intended to substitute for acts of loyalty to the company that lead to violence towards those who are the culprits of poor performance or are not seen as part of a working group. Method: A confirmatory, cross-sectional study of qualitative court held and quantitative; whit a non-probabilistic sample. The 8-dimentsions Carreón´s Organizational Formative Violence Scale (2014) framework was used (Bullying, Benevolence, Reification, Depersonalization, Stigma, Harassment, Prejudice and Subjugation), thorough interviewed and surveyed in the university facilities, using a data processing in the Statistical Package for Social Sciences (SPSS) and the Structural Moment Analysis Software (AMOS) in versions 10 and 6.0. Results: The s correlations greater than 0.300 and less than 0.900 which were established as the threshold required to interpret validity construct. Fit parameter and residual [X 2 = 15.25 (2gl) p = 0.000; GFI = 0.950; RMR = 0.009], in addition, only four considered dimensions, meet the minimum essential for testing hypotheses and accepting the fit between the specified relationships and the data obtained.
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Within the framework of digital sustainability, the increase in Internet consumption, and especially online social networks, offers social benefits, but is not without its drawbacks. For example, it can lead to psychological and/or psychiatric disorders in some people. Numerous researches are highlighting the similarities of these addictions with the consumption of toxic substances. University students are heavy users of the Internet and, in certain situations, addiction to online social networks can be the result of depression, harassment, and anxiety, among others, affecting their daily life, including their academic responsibilities. In recent months, an anomaly has occurred that may have contributed to intensifying this problem, namely the confinement produced by the COVID-19 pandemic, which has affected the whole world to a greater or lesser extent. In this cross-sectional study, with a descriptive and quantitative methodology, students from 14 Spanish universities were investigated in the first wave of the COVID-19 pandemic in order to understand the effects of this situation on the problem described. The results show a high consumption of social networks during that time, with significant incidences of addiction. In parallel, the presence of comorbidity has been determined. In this scenario, it would be necessary to implement university educational programs to redirect these addictive behaviors, as well as preventative recommendations and actions to minimize negative impacts. This is a major problem that is growing, exacerbated by the global pandemic produced by the SARS-CoV-2 coronavirus. Situations of this gravity call for the development of preventive and educational measures for the responsible and sustainable use of ICT.
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En este estudio se investiga acerca de la influencia que puede ejercer practicar League of Legends (videojuego como deporte electrónico) sobre el apoyo social autopercibido. La muestra está constituida por 1.446 personas de entre 13 y 51 años, de los cuales 1309 eran hombres y 137 mujeres. Para el propósito de la investigación se aplicó el cuestionario MOS de Apoyo Social Percibido (Revilla, Luna, Bailón y Medina, 2005) y un cuestionario con preguntas relacionadas con el videojuego. La evaluación de los participantes se realizó de forma online a través del servicio de formularios de Google. Los resultados muestran, en general, que los deportes electrónicos, no actúan como factor promotor del aislamiento, en contraposición con los resultados observados en parte de la literatura revisada, y que, atendiendo a una de las variables relacionadas con jugar consideradas más relevantes, como es la compañía, se observa que League of Legends puede ser un entorno sano de creación de nuevas relaciones sociales, así como de desarrollo de relaciones sociales preexistentes. Se concluye que es de vital importancia seguir investigando sobre las variables que rodean a estos deportes electrónicos y que median sobre los efectos que los mismos tienen sobre sus jugadores. De esta forma se podrán centrar los esfuerzos como sociedad en promover la práctica beneficiosa de los esports en lugar de mantener el estigma que han sufrido históricamente.
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Since their inception, educational systems were part of a Modern State in which the release of religious dogmas was the most important venture of the Enlightenment, though a new homogeneity of the world that submitted knowledge and skills was built from an ethics of reward. In today's information society, devices and technologies reduce the release of beings to a minimum since they direct their topics of thought, debate and consensus. In this regard, the importance of studying the processes anticipating scenarios of uncertainty lies in the specification of those cognitive factors from which the acceptance of technology and intensive use of electronic devices is explained. Such an exercise will open the discussion on digital globalization that spreads in the educational processes and crystallizes in the classroom.
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Global forces—economic, political and technological — threaten communities in many ways. On the one hand, citizens may feel like they’re part of an undifferentiated crowd with no personal identity. On the other hand, they may feel isolated and alone, disconnected from the human community. In either case, people—especially those with fewer economic resources—feel that they have little control over their future. The consequences of powerlessness, real or perceived, transcend the individual; society as a whole suffers, for it is deprived of social intelligence and energy which could be tapped for the amelioration of social and other problems. As a matter of fact, many of this century’s most pressing issues—the environment, women’s issues, sexual identity, and others—have been brought to the fore through the efforts of citizens (Habermas, 1996). Disempowering the individual and the community was probably not part of a master plan any more than degrading the environment was. Yet in many ways this is what has happened. Rebuilding the community—like cleaning up toxic dumps or reclaiming buried streams—will be a long process that will require diligence and patience. Rebuilding—and redefining—the community, therefore, is not optional, nor is it a luxury. It is at the core of our humanity; rebuilding it is our most pressing concern. Geographically based communities are a natural focus for addressing many of today’s problems. For one thing, many current problems—poverty, crime, unemployment, drug use, and many others—are concentrated in geographic communities. These problems are manifest in the community and are best examined and addressed by the community. Communities are also a familiar and natural unit. Smaller units can be clannish, unrepresentative, and powerless, while larger units are often too anonymous and unwieldy. The old concept of community, however, is obsolete in many ways and needs to be updated to meet today’s challenges. The old or “traditional” community was often exclusive, inflexible, isolated, immutable, monolithic, and homogeneous. Moreover, increased mobility coupled with widespread use of communication systems is de-emphasizing geography as the sole orienting factor in a “community.” And, although problems may be manifested in specific geographic communities, the contributing factors of the problem may exist in New York, London, Tokyo, or other nodes in today’s “Network Society” (Castells, 1996). A new community—one that is inclusive, fundamentally devoted to democratic problemsolving, outer-directed as well as inner-directed—needs to be fashioned from the remnants of the old community.
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This report compares the cultural participation and other free time activities of heavy users, light users, and nonusers of personal computers, based on a 1997 national survey of more than 6,000 respondents age 18 years or older conducted for the National Endowment for the Arts. No significant or consistent evidence of time displacement of such leisure activities was found. Indeed, heavier computer use was associated with significantly greater participation in cultural and other free time activities, even after multivariate adjustment. These results reinforce conclusions from earlier surveys showing higher mass media use among home computer users rather than displacement, as occurred with the introduction of television. These results reinforce the conclusion that personal computers might have more in common with "time-enhancing" home appliances such as the telephone than they do with television.
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Social scientists who study the mass media share a widely held "ideal of conservation" which assumes that face-to-face interpersonal communication is characterized by continuous feedback between participants, multichannel communication, spontaneous utterance, and egalitarian norms. Compared to this image of what face-to-face conversation is like, communication by mass media seems inferior. It is argued, however, that this "ideal of conversation" does not correspond closely to most actual conversations. It is argued further that the rise of the mass media is itself responsible for the development of an ideal of conversation and is responsible for making ideal conversations more often realized in practice. The contribution of the mass media to face-to-face conversation has been to make conversation, particularly between men and women and between adults and children, more egalitarian and to enlarge the possibility of spontaneous conversation. It is suggested, finally, that research on the mass media will be improved if it appraises the nature of conversation more realistically.
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We hypothesized that people who can better disclose their “true” or inner self to others on the Internet than in face-to-face settings will be more likely to form close relationships on-line and will tend to bring those virtual relationships into their “real” lives. Study 1, a survey of randomly selected Internet newsgroup posters, showed that those who better express their true self over the Internet were more likely than others to have formed close on-line relationships and moved these friendships to a face-to-face basis. Study 2 revealed that the majority of these close Internet relationships were still intact 2 years later. Finally, a laboratory experiment found that undergraduates liked each other more following an Internet compared to a face-to-face initial meeting.
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Those who feel better able to express their “true selves” in Internet rather than face-to-face interaction settings are more likely to form close relationships with people met on the Internet (McKenna, Green, & Gleason, this issue). Building on these correlational findings from survey data, we conducted three laboratory experiments to directly test the hypothesized causal role of differential self-expression in Internet relationship formation. Experiments 1 and 2, using a reaction time task, found that for university undergraduates, the true-self concept is more accessible in memory during Internet interactions, and the actual self more accessible during face-to-face interactions. Experiment 3 confirmed that people randomly assigned to interact over the Internet (vs. face to face) were better able to express their true-self qualities to their partners.