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Pensamiento social noruego sobre America Latina

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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBREAMÉRICA LATINA
PENSAMIENTO SOCIAL
NORUEGO SOBRE
AMÉRICA LATINA
Benedicte Bull
(Editora)
Steinar Sæther | Vegard Bye | Roy Krøvel |
Benedicte Bull | Mariel Aguilar-Støen |
Kristi Anne Stølen | Elin Skaar | Jemima
García-Godos | Einar Berntzen | Marcus Buck |
Leiv Marsteintredet | Stener Ekern
Bull .no
COLECCIÓN ANTOLOGÍAS DEL PENSAMIENTO SOCIAL
LATINOAMERICANO Y CARIBEÑO
SERIE MIRADAS LEJANAS [NORUEGA]
¿Qué es lo que motiva a investigadores de las ciencias sociales de un país
pequeño, periférico y lejano como Noruega a estudiar fenómenos sociales en
América Latina? ¿En qué medida podemos decir que el pensamiento social
noruego forma parte de un proyecto hegemónico occidental de conocimiento?
¿Poseen realmente algo en común los investigadores que, por nacimiento o
(mala) suerte tienen a Noruega como base geográfica para su labor académica?
Estas son algunas de las preguntas que exploramos en este libro. El propósito es
analizar el pensamiento social noruego sobre América Latina en el contexto de la
geopolítica noruega –aquí interpretada como “la geopolítica del débil”–, las
políticas de cooperación y desarrollo, así como las diferentes corrientes académi-
cas e ideológicas de índole internacional. Esto se hace a través de los capítulos de
este libro, que tratan, entre otras temáticas: pensamiento social noruego anterior
a las ciencias sociales; estudios sobre conflictos sociales y paz; estudios sobre los
gobiernos izquierdistas; estudios sobre desarrollo; estudios agrarios y movimien-
tos rurales; estudios sobre justicia; estudios sobre democracia y clivajes políticos;
y estudios indígenas. Entre los principales hallazgos, lo más llamativo no son las
características de las ideas noruegas sobre América Latina, sino la influencia que
las ideas y las teorías sociales latinoamericanas han tenido en el mundo académi-
co noruego. Esto se puede ver en diversos casos, desde el estructuralismo
cepalino hasta las ideas de buen vivir. A pesar de la diversidad, se puede observar
que distintos académicos noruegos se han acercado al estudio de América Latina
como una región dividida: entre indígenas y no indígenas, entre mujeres y
hombres, entre lo rural y lo urbano, entre oprimidos y opresores, entre víctimas y
agresores, o entre ricos y pobres. Muchas de las investigaciones noruegas se han
enfocado en las razones y la naturaleza de esas divisiones, y cómo son –o pueden
ser– superadas. Esto se evidencia en la búsqueda y centralidad de la presencia
del Estado, que también refleja la confianza noruega en el Estado benefactor.
La presente obra es un aporte fundamental a entender esta relación entre dos
regiones distantes, pero que cultivan un siempre enriquecedor diálogo académico.
.no
Colección Antologías del Pensamiento
Social Latinoamericano y Caribeño
Serie Miradas Lejanas
BENEDICT BULL
(PhD, Ciencias Políticas) es catedrática de ciencias políticas en el Centro
para el Desarrollo y el Medio Ambiente (SUM), Universidad de Oslo. Desde
2008 dirige la Red Noruega de Investigación sobre América Latina
(NorLARNet) y desde 2015 también la Academia de Gobernanza Global de
Oslo. Su investigación se enfoca en teorías del desarrollo, la relación entre
élites económicas y políticas y el impacto de las políticas de desarrollo y
la evolución de la legitimidad y capacidad de los estados, además de
problemáticas relacionadas con la violencia, la economía ilegal y la
desigualdad. Geográficamente se ha enfocado en Centroamérica, pero
también ha hecho investigación sobre instituciones globales (bancos
multilaterales y Naciones Unidas), en Chile y recientemente en México.
Sus últimos libros son: Environmental Politics in Latin America: Elite
dynamics, the left tide and sustainable development (co-edited with
Mariel Aguilar-Støen, Routledge, 2015), Business groups and transnatio-
nal capitalism in Central America: Economic, political and environmental
strategies, International Political Economy Series (with Fulvio Castellacci
and Yuri Kasahara, Palgrave Macmillan, 2014), and Latinamerikanske
utfordringer (Latin American Challenges, Cappelen, 2nd, edition 2015).
¿Cómo se ha pensado América Latina desde fuera de la región? En el
marco de la colección Antologías del Pensamiento Social Latinoa-
mericano y Caribeño, CLACSO lanza la serie Miradas Lejanas, que
recopila trabajos producidos por intelectuales de diversos países del
mundo sobre nuestro continente. Cada volumen de la serie incluye
autores y autoras de una misma nación que reflexionan y analizan la
realidad contemporánea latinoamericana, contribuyendo así al
necesario diálogo global de saberes.
En su primera etapa, la colección constará de 50 títulos, entre
volúmenes individuales y compilaciones, reuniendo el aporte de más
de 350 autores y autoras de diversos campos disciplinarios, países y
perspectivas teóricas.
Se trata de una iniciativa editorial sin precedentes por su magnitud y
alcance. Todas las obras estarán en acceso abierto y podrán ser
descargadas gratuitamente en la Librería Latinoamericana y Caribe-
ña de Ciencias Sociales y de la Biblioteca Virtual de CLACSO,
democratizando una producción académica fundamental que, con el
paso del tiempo y debido a las limitadas formas de distribución
editorial en nuestra región, tiende a ser desconocida o inaccesible,
especialmente para los más jóvenes.
Además de su versión digital, la Colección Antologías del Pensa-
miento Social Latinoamericano y Caribeño será publicada también
en versión impresa. Como CLACSO siempre lo ha hecho, reconoce-
mos la importancia del libro como uno de los medios fundamentales
para la difusión del conocimiento académico. Particularmente,
enfatizamos la importancia de que ciertos libros de referencia, como
los que constituyen esta colección, formen parte de nuestras bibliote-
cas universitarias y públicas, ampliando las oportunidades de acceso
a la producción académica rigurosa, crítica y comprometida que se
ha multiplicado a lo largo del último siglo por todos los países de
América Latina y el Caribe.
Poniendo a disposición de todos el principal acervo intelectual del
continente, CLACSO amplía su compromiso con la lucha por hacer del
conocimiento un bien común, y con la promoción del pensamiento
crítico como un aporte para hacer de las nuestras, sociedades más
justas y democráticas.
Pablo Gentili
Director de la Colección
ISBN 978-987-722-124-4
9789877 221244
no
¿Cómo se ha pensado América Latina desde fuera de la región? En el
marco de la Colección Antologías del Pensamiento Social Latinoame-
ricano y Caribeño, CLACSO lanza la serie Miradas Lejanas, que recopila
trabajos producidos por intelectuales de diversos países del mundo sobre
nuestro continente. Cada volumen de la serie incluye autores y autoras de
una misma nación que reflexionan y analizan la realidad contemporánea
latinoamericana, contribuyendo así al necesario diálogo global de saberes.
En su primera etapa, la colección constará de 50 títulos, entre volúmenes
individuales y compilaciones, reuniendo el aporte de más de 350 autores y
autoras de diversos campos disciplinarios, países y perspectivas teóricas.
Se trata de una iniciativa editorial sin precedentes por su magnitud y alcance.
Todas las obras estarán en acceso abierto y podrán ser descargadas gratui-
tamente en la Librería Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales y de
la Biblioteca Virtual de CLACSO, democratizando una producción académica
fundamental que, con el paso del tiempo y debido a las limitadas formas de
distribución editorial en nuestra región, tiende a ser desconocida o inaccesi-
ble, especialmente para los más jóvenes.
Además de su versión digital, la Colección Antologías del Pensamiento
Social Latinoamericano y Caribeño será publicada también en versión
impresa. Como CLACSO siempre lo ha hecho, reconocemos la importan-
cia del libro como uno de los medios fundamentales para la difusión del
conocimiento académico. Particularmente, enfatizamos la importancia de
que ciertos libros de referencia, como los que constituyen esta colección,
formen parte de nuestras bibliotecas universitarias y públicas, ampliando
las oportunidades de acceso a la producción académica rigurosa, crítica y
comprometida que se ha multiplicado a lo largo del último siglo por todos los
países de América Latina y el Caribe.
Poniendo a disposición de todos el principal acervo intelectual del continente,
CLACSO amplía su compromiso con la lucha por hacer del conocimiento un
bien común, y con la promoción del pensamiento crítico como un aporte para
hacer de las nuestras, sociedades más justas y democráticas.
Pablo Gentili
Director de la Colección
.no
Pesamiento social noruego
sobre América Latina
Pensamiento social noruego sobre América Latina /
Benedicte Bull ... [et al.]. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : CLACSO, 2015.
Libro digital, PDF - (Antologías del pensamiento social latinoamericano y caribeño /
Gentili, Pablo)
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-722-124-4
1. Pensamiento Crítico. 2. América Latina. 3. Sociología de la Cultura. I. Bull , Benedicte
CDD 301
.no
Steinar Sæther | Vegard Bye | Roy Krøvel | Benedicte Bull | Mariel
Aguilar-Støen | Kristi Anne Stølen | Elin Skaar | Jemima García-Godos |
Einar Berntzen | Marcus Buck | Leiv Marsteintredet | Stener Ekern
Pensamiento social noruego
sobre América Latina
Editora
Benedicte Bull
Colección Antologías del Pensamiento Social Latinoamericano y Caribeño
Serie Miradas Lejanas
Patrocinado por la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional
La responsabilidad por las opiniones expresadas en los libros, artículos, estudios y otras colaboraciones incumbe exclusivamente a
los autores firmantes, y su publicación no necesariamente refleja los puntos de vista de la Secretaría Ejecutiva de CLACSO.
Antologías del Pensamiento Social Latinoamericano y Caribeño
Serie Miradas Lejanas
Director de la Colección Pablo Gentili
Coordinación Editorial Fernanda Saforcada y Lucas Sablich
Diseño de Colección Marcelo Giardino
Producción Gonzalo Mingorance
Primera edición
Pensamiento social noruego sobre América Latina (Buenos Aires: CLACSO, octubre de 2015)
978-987-722-124-4
© Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales
Queda hecho el depósito que establece la Ley 11.723.
CLACSO
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales - Conselho Latino-americano de Ciências Sociais
Estados Unidos 1168 | C1101AAX Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Tel. [54 11] 4304 9145 | Fax [5 4 11] 4305 0875 | <clacsoinst@clacso.edu.ar> | <www.clacso.org>
Este libro está disponible en texto completo en la Red de Bibliotecas Virtuales de CLACSO www.biblioteca.clacso.edu.ar
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su almacenamiento en un sistema informático, ni su
transmisión en cualquier forma o por cualquier medio electrónico, mecánico, fotocopia u otros métodos, sin el
permiso previo del editor.
ÍNDICE
Benedicte Bull
Pensamiento social noruego sobre América Latina:
entre la autonomía y la “geopolítica de los débiles” 9
Steinar Sæther
Explorando pasados exóticos: El trabajo académico
noruego sobre América Latina antes de 1960 39
Vegard Bye
Estudios sobre la izquierda latinoamericana
desde una perspectiva noruega 57
Roy Krøvel
Los imaginarios noruegos de paz y América Latina 89
Benedicte Bull
Estudios del Desarrollo: de la dependencia
a la desigualdad. La inuencia mutua del pensamiento
desarrollista noruego y latinoamericano 115
Mariel Aguilar-Støen y Kristi Anne Stølen
Estudios rurales y agrarios: de las ligas
agrarias a los movimientos anti-mineros 143
Elin Skaar y Jemima García-Godos
La agenda académica noruega sobre Derechos
Humanos y Justicia en América Latina 169
Einar Berntzen, Marcus Buck y Leiv Marsteintredet
Rokkan en los Andes: Clivajes, sistema de partidos
y el surgimiento de nuevos partidos de izquierda 199
Stener Ekern
Las atracciones antropológicas de los pueblos
indígenas: ¿Más allá de tu propio mundo? 229
Benedicte Bull
Conclusión: ¿Existe una perspectiva noruega
sobre la realidad social latinoamericana? 247
Sobre los autores 261
Sobre la editora 263
Benedicte Bull
PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO
SOBRE AMÉRICA LATINA:
ENTRE LA AUTONOMÍA
Y LA “GEOPOLÍTICA DE LOS DÉBILES”1
1. INTRODUCCIÓN
Durante la década pasada, varios autores han sostenido que el espa-
cio geográco es crucial en la producción de conocimiento. Ningún
conocimiento está exento de valor, y los valores y perspectivas en las
que un investigador se basa para hallar nuevos indicios descansan
en un complejo entramado de incentivos e instituciones que varían
a través del espacio geográco y están profundamente inuenciadas
por intereses políticos. Consecuentemente, Mignolo (2002: 34) señaló
que el conocimiento debe ser considerado espacialmente y no (solo)
cronológicamente. En el caso de la producción de conocimiento sobre
América Latina, esta “geopolítica del conocimiento” ha contribuido a
la creación de “América Latina” como objeto de estudio y ha inuido
en las perspectivas dominando el estudio de la misma, según el in-
terés de Occidente y, además, ha inuido en la misma auto-concep-
ción de los latinoamericanos (Mignolo, 2005). Tanto la epistemología
como la ontología de los estudios dominantes de América Latina son
consideradas como parte de un proyecto hegemónico, liderado por
los Estados Unidos. De hecho, las ciencias estadounidenses y euro-
peas en general son, en esencia, parte del proyecto modernizador y
colonizador.
1 Traductora: Eugenia Cervio.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
La literatura de Mignolo, y otros, plantea cuestiones interesantes
relacionadas con las ciencias sociales noruegas sobre América Latina,
incluyendo: ¿Qué implica la ubicación geográca de las instituciones
académicas noruegas para la perspectiva que aplican los cientícos
sociales que trabajan sobre América Latina? ¿Es posible distinguir
un “enfoque noruego” particular para el estudio de las realidades
latinoamericanas? ¿En qué medida y de qué manera son afectadas,
por la política exterior y la geopolítica de Noruega, las perspectivas
acerca de América Latina de los investigadores noruegos? ¿Y por qué
los cientícos sociales noruegos estudian esas realidades? Sin em-
bargo, también se podría preguntar: ¿se pueden entender, realmente,
las perspectivas de los cientícos sociales desde un pequeño país eu-
ropeo, como Noruega, que hasta hace poco era pobre y considerada
“periférica” y que fue una colonia en un pasado no tan lejano, a través
de conceptos como “colonialidad del poder” (Quijano, 2000) y “geopo-
lítica del conocimiento”? Estas son algunas de las preguntas que in-
tentamos explorar en este libro.
La literatura académica Noruega sobre América Latina no está
en una posición de impactar profundamente en la comprensión ge-
neral de lo que es y no es América Latina. Noruega no atrae banda-
das de estudiantes extranjeros, como las universidades en los Estados
Unidos o Gran Bretaña. Relacionado más especícamente a los estu-
diantes latinoamericanos, noruega carece de la atracción cultural de
Francia, la conveniencia idiomática de España, así como las becas
generosas y las tradiciones académicas fuertes de Alemania. Con un
tamaño de población que la sitúa entre Uruguay y El Salvador, los
investigadores noruegos serían numéricamente pocos, y aún así tuvo
fuertes entornos de investigación sobre América Latina.
Por otra parte, no es evidente que tenga sentido incluir a las
ciencias sociales noruegas sobre América Latina dentro de un pro-
yecto geopolítico dirigido por los Estados Unidos. Aunque Noruega
fue una aliada cercana a la política exterior de los Estados Unidos
desde el nal de la Guerra Fría, y las ciencias sociales noruegas en
general estuvieron muy inuenciadas por las tradiciones académicas
estadounidenses, la orientación hacia América Latina estuvo, a me-
nudo, en conicto con la política exterior general y las orientaciones
cientícas. Justamente, hay algo de leyenda acerca de que la políti-
ca de noruega para América Latina se la “cedieron” al ala izquierda
del partido laborista noruego dominante y a la izquierda socialista
a cambio de no interferir en la política exterior en general, orienta-
da a los Estados Unidos. La exactitud histórica de esto podría ser
puesta en duda, pero está claro que la gran mayoría de los investi-
gadores latinoamericanistas con sede en Noruega se han inspirado
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Benedicte Bull
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en un proyecto contrahegemónico, en lugar del esfuerzo cientíco de
buscar verdades generales basadas en modelos y métodos occidenta-
les, o en el apoyo de los intereses noruegos en América Latina. De he-
cho, las ciencias sociales noruegas que se centran en América Latina
no surgieron como resultado de algún proyecto colonial, sino como
resultado de la fascinación por los movimientos sociales populares
y revolucionarios, en particular después de la revolución cubana en
1959 (Stølen, 2002: 161).
Después de la primera ola de “investigación solidaria”, los inves-
tigadores se han abocado a América Latina por muchas otras razo-
nes, que van desde la curiosidad teórica académica a una empatía
personal con la región o la disponibilidad de nanciación de la inves-
tigación. Este libro pretende realizar un análisis de las principales
tendencias y perspectivas de la investigación noruega sobre América
Latina en un contexto de cambios tanto en su política exterior, las
oportunidades de intercambio con América Latina y las tradiciones
académicas noruegas, como en la historia y la cultura en un sentido
más amplio. Al hacerlo, surgieron una serie de enigmas y contradic-
ciones. Por otra parte, al analizar las perspectivas noruegas sobre
América Latina, encontramos tanto “importación” de conceptos y
perspectivas de América Latina como imposiciones de este tipo apli-
cadas por los investigadores noruegos a las diversas realidades en
América Latina. Y si bien es cierto que la política exterior ha inuido
en la investigación noruega de América Latina, lo opuesto es sin duda
también el caso.
Lo que aparece es un campo de investigación diverso y disperso.
Sin embargo, puede ser interpretado en parte en el marco de una for-
ma nórdica de la geopolítica de los débiles (Tunander, 2008). En este
capítulo desarrollaré el argumento que las tendencias dominantes en
los estudios noruegos de América Latina se pueden comprender por
medio del estudio de la interacción dinámica entre la búsqueda de la
geopolítica de los débiles, incluyendo el deseo de aportar una visión
noruega de la sociedad a otras áreas, el proyecto contrahegemóni-
co, la adherencia de los investigadores a las teorías, perspectivas y
estándares desarrolladas en el ámbito internacional de las ciencias
sociales dominado por los Estados Unidos y el inujo de varios in-
vestigadores individuales, algunos de América Latina. El resultado es
una serie de contradicciones, pero también de aportes originales al
estudio de América Latina.
Estas contribuciones se estudiarán en el resto de este libro. A con-
tinuación, en este capítulo introductorio, primero desarrollaré una
perspectiva sobre la producción de conocimientos, antes de presentar
la política exterior noruega. Posteriormente, examinaré la evolución
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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de de la investigación de América Latina en Noruega desde principios
de los sesenta. En esta sección relacionaré, incluso, los cambios en
el desarrollo de las prioridades políticas con los cambios en la orga-
nización y nanciación de la enseñanza e investigación en Noruega.
2. LA GEOPOLÍTICA DEL CONOCIMIENTO Y LOS ESTUDIOS
NORUEGOS SOBRE AMÉRICA LATINA
El argumento de Mignolo es que la geopolítica del conocimiento
localiza la producción de las racionalidades y marcos dominantes
para comprender las realidades de lugares geográcos distantes en
las áreas centrales (Mignolo, 2002). No solo el campo de estudios
sobre América Latina, sino las ciencias sociales en general, se basan
en una racionalidad que sustenta los poderes dominantes (Lander,
2000). Su efecto, cuando se impone al estudio de áreas periféricas
como América Latina es la exclusión de epistemologías y concepcio-
nes alternativas de la realidad y, por consiguiente, la conformación
de la auto-comprensión de los latinoamericanos para que se ajuste
a los intereses hegemónicos. Así, la epistemología dominante está
vinculada a un proyecto colonial, de varios siglos, produciendo “la
colonialidad del poder” (Quijano, 2000: 123).
El “corazón” geográco de ese proyecto son Europa y Estados
Unidos, con este último en un liderazgo político de más de medio
siglo, aunque todavía comparte el marco epistemológico básico con
Europa. Los mecanismos para extender este proyecto hegemónico
global son varios, entre ellos la difusión global del conocimiento a
través del control de los estándares impuestos por revistas y edito-
riales, “los rankings universitarios” y la atracción de las masas de
estudiantes latinoamericanos a las universidades “principales”
(Canaparo, 2012).
Incluso, la “geopolítica del conocimiento” no solo es decisiva
para la epistemología sino también para la ontología. De hecho, la
identicación misma de América Latina como objeto de estudio, en
singular, puede considerarse un acto de poder que implica varios
niveles de “ultraje” a la diversidad, así como la reproducción de los
estereotipos negativos (Feres Jr, 2008). El principal objetivo de la crí-
tica fueron los estudios de América Latina establecidos en el período
de la Posguerra mundial en los Estados Unidos, y esto se ha vincula-
do a una serie de proyectos hegemónicos que evolucionaron junto a
órdenes globales –del anticomunismo al neoliberalismo.
Esta es, ciertamente, una crítica multidimensional. En un nivel,
trata del concepto mismo de la modernidad dominante en occidente;
que se supone que disemina progreso e ilustración, pero se funda en
la construcción de un subsuelo sombrío representado por América
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Benedicte Bull
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Latina (Dussel, 1993). Sobre esta base se construyó la ciencia mo-
derna y, por lo tanto, estudiar América Latina a través de la lente de
la ciencia moderna es una reproducción de esa dualidad entre orden
y progreso frente al salvaje que necesita ser controlado. La libera-
ción requiere resistencia contra este discurso dominante y el sistema
cientíco que lo produce. En otro nivel, trata más concretamente de
cómo la producción de conocimiento ha apoyado proyectos políticos
de dominación y colonialidad, cuya expresión en las últimas déca-
das es el neoliberalismo (Mignolo, 2003). Sin embargo, también se
trata de la “construcción” de América Latina. Tanto Quijano como
Mignolo usan profusamente el término “América Latina”, no solo
como un mero dispositivo para movilizar la resistencia contra el dis-
curso hegemónico de una variedad de países y naciones. No obstan-
te, al hacerlo, reproducen empíricamente el discurso totalizante, y
niegan el reclamo de diversidad de los latinoamericanos.
Esta es solo una de las contradicciones que surgen del estudio de
la “geopolítica del conocimiento”. Lo que persiste es la consideración
que ninguna ciencia está libre de valores y que la geografía es impor-
tante en la evolución de esos valores. Esta será la perspectiva en la
sección siguiente que, sin embargo, se sostendrá que la investigación
de América Latina en Noruega a veces acompañó a la política ocial,
a veces estuvo en franca oposición a esta, o intentó inuir en ella, a
veces (involuntariamente) reprodujo sus premisas básicas y, a veces,
intentó esconderse de ella.
3. LA EVOLUCIÓN DE LA POLÍTICA NORUEGA PARA AMÉRICA
LATINA Y LA “GEOPOLÍTICA DE LOS DÉBILES”
3.1 PRINCIPIOS Y CONTRADICCIONES EN LA POLÍTICA EXTERIOR
NORUEGA
La misma idea de una política exterior se basa en la distinción entre
una política extranjera y una nacional, o del “exterior” e “interior”
de un Estado. Esta distinción es relativamente reciente en términos
históricos. Neuman (2005) sostiene que en Noruega se remonta a la
época de las guerras napoleónicas, cuando Noruega obtuvo su pro-
pia Constitución después de 434 años bajo el Gobierno danés, en pa-
ralelo a la independencia de los países latinoamericanos. Puesto que
los daneses habían sembrado las semillas de un Estado burocrático
fuerte en Noruega, obviamente Noruega no tenía diplomacia. Por
otra parte, después de 1814, Noruega entró en una unión con Suecia,
en la cual la política exterior se regía por el rey sueco. Así, Noruega
no desarrolló una política exterior o un cuerpo diplomático propio,
hasta que la unión con Suecia fuera disuelta en 1905.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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Por lo tanto, era aún muy joven como nación independiente cuan-
do las dos guerras mundiales golpearon Europa, a consecuencia de
las cuales, su principal estrategia para garantizar su propia seguri-
dad fue la de aliarse a las fuerzas dominantes. Esta inclinación se
asentó durante la Posguerra cuando Noruega surgió como un fuerte
aliado de los Estados Unidos, y así su principal política de seguri-
dad descansó en la alianza de la OTAN. Sin embargo, con el tiempo,
a medida que evolucionaron el contexto global, la sociedad noruega
y el pensamiento noruego sobre política exterior, Noruega desarro-
lló orientaciones adicionales en la política exterior. Aquí sostendré
que se pueden distinguir cuatro principios, además de (i) la alianza
con las potencias occidentales. Estos son: (ii) el papel de mediador o
“puente”; (iii) una política de compromiso ético (“engasjementspoli-
tikken”) con una serie de cuestiones sociales y humanitarias; (iv) un
fuerte apoyo a las instituciones internacionales; y (v) la perspectiva de
la política exterior como un actor de múltiples voluntades, incluyendo
las ONG, los sindicatos, empresas y academias.
El rol mediador fue enfatizado fuertemente por los sucesivos go-
biernos noruegos en el período después de la Segunda Guerra mun-
dial. Se ha tenido la impresión de que Noruega tiene algunas ventajas
particulares en el desempeño de esa función, basada en el hecho de
que es un país pequeño, que no es percibida como una amenaza in-
mediata para nadie. Esta mirada tiene sus raíces en la Guerra Fría,
cuando Noruega quedó varada en una posición difícil, como una gran
aliada de los Estados Unidos, pero con una frontera de 196 km de lar-
go con Rusia y una ubicación estratégica para ambas potencias. En
el discurso ocial, la respuesta de Noruega a eso fue tratar de ser una
mediadora neutral entre las dos grandes potencias, que busca “ten-
der un puente” para sortear el abismo. Sin embargo, en la práctica
desempeñó un papel bastante pasivo, con la intención de no provocar
a ninguno. Esto también requirió una estrecha vigilancia de las acti-
vidades de sus propios grupos comunistas, como medio para evitar
contrariar a los Estados Unidos.
Luego, el rol mediador fue vinculado a una “política de com-
promiso” más amplia, que se centraba en los derechos humanos, las
cuestiones humanitarias y, cada vez más, la igualdad de género y las
cuestiones climáticas y medioambientales. Muchas de estas cuestio-
nes se habían convertido en núcleos de la política de desarrollo, que
ha evolucionado desde su inicio con la ayuda para el desarrollo de la
India en los cincuenta, justicada por una combinación de atribucio-
nes morales, políticas y “cientícas”. Sin embargo, solo después de
la Guerra Fría el compromiso en esos temas llegó a ser visto como
una parte clave de las políticas de seguridad y exterior noruegas, y
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Benedicte Bull
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no únicamente de las políticas del desarrollo. Esto se relaciona con
la introducción de un concepto de seguridad ampliado en el que se
sostuvo que el compromiso de Noruega por la paz global los derechos
humanos, las cuestiones humanitarias y la resolución de las crisis
eran un medio para asegurar un mejor contexto global, que hacía a
su propio interés (Regjeringen, 1989). Jan Egeland (más adelante en-
viado especial de las Naciones Unidas para las negociaciones fallidas
en Colombia bajo Pastrana, 1999-2002) sostuvo, en 1988, que Noruega
tenía alguna ventaja particular en la búsqueda de hacer del mundo un
lugar más pacíco y justo debido a su imagen global positiva, su pre-
supuesto de ayuda creciente, los escasos intereses de política exterior
en conicto con los derechos humanos y un alto grado de consenso en
política exterior (Egeland, 1988; Skånland, 2009: 324-5). Tal como ar-
gumenta Tunander, no es casualidad que este nuevo rol se destacara
inmediatamente después de la Guerra Fría. Fue un período en el que
“los dirigentes políticos ya no hablaban de ‘necesidades’ sino de ‘opor-
tunidades’ […], el discurso político se convirtió en ‘lo que los líderes
políticos hicieron de él’, como si fueran capaces de manipular y re-
construir un discurso dominante según su propia visión” (Tunander,
2008: 165). Esto, en parte, fue abordado por las elites académicas que
también suscribieron posiciones políticas que fueron inspiradas, si-
multáneamente, por el constructivismo y la geopolítica. En particu-
lar, la idea de la geopolítica de los débiles del pensador geopolítico
sueco Rudolf Kjellén se hizo inuyente. Esto estaba lejos de la política
del más fuerte (machtpolitik).2 Era una forma de repensar cómo las
naciones pequeñas podrían ampliar su “supercie vital” (lebensraum)
través de una extensión de sus propios valores socialdemócratas,
como un medio para superar los conictos históricos Este-Oeste.
La idea de Noruega como una constructora de la paz puede ver-
se como parte de esta “política del compromiso”, aunque el discur-
so de paz noruego tiene raíces más hondas. El discurso de Noruega
como una nación pacíca surgió con el nacionalismo que germinó en
Noruega a nales del siglo XIX, que estaba vinculado tanto a la inde-
pendencia como a la construcción de la idea de los noruegos como un
pueblo pacíco (Leira, 2005: 137-8). La combinación del discurso de la
paz y la consideración de Noruega como mediadora la llevó a compro-
meterse en una serie de negociaciones de paz en las décadas por venir,
incluyendo a Sudán del Sur, Sri Lanka y Medio Oriente. En América
Latina fue partidaria distante del proceso de paz de Esquipulas, de
conducción regional en Centroamérica, pero desempeñó un papel
2 Me gustaría agradecer a Andrés Rivarola de la Universidad de Estocolmo por
indicar esta conexión.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
signicativo en las negociaciones de paz en Guatemala y, más tarde,
en el proceso de paz en Colombia, a partir de octubre de 2012.
Si bien la política de compromiso fue formulada en la tempra-
na Posguerra Fría, evolucionó considerablemente durante el primer
gobierno de coalición del partido laborista noruego y la izquierda so-
cialista (también incluyó al partido de centro, tradicionalmente un
bastión de los granjeros), de una duración de dos periodos electorales
(2005-2009 y 2009-2013) y encabezado por Jens Stoltenberg, el ac-
tual secretario general de la OTAN. Aunque antes también se habían
hecho esfuerzos para integrar la política del desarrollo y la política
exterior general, el primer Gobierno de Stoltenberg intentó replan-
tear los intereses noruegos de política exterior en el contexto de la
globalización destacando, precisamente, que un mundo lleno de po-
breza, distribución injusta de los recursos, cambios climáticos, gue-
rras, terrorismo y otras amenazas, sería un ambiente riesgoso para
Noruega, independientemente de dónde aparecieran esas amenazas
(Lunde y Thune et al., 2008). Mientras que se incrementó el énfasis
en hacer que las políticas del desarrollo sean coherentes con otras
áreas políticas (NOU, 2008: 14), también se consideró cada vez más
que los compromisos éticos servían a los intereses nacionales. Esto le
proporcionó a Noruega la justicación para participar en cuestiones
más allá de sus fronteras geográcas.
Los Gobiernos de Stoltenberg hicieron especial hincapié en el
diálogo como forma de resolución de los conictos. Las guras más
emblemáticas de la política exterior fueron el primer ministro de
Relaciones Exteriores, Jonas Gahr Støre (2005-2012) y el primer mi-
nistro de Desarrollo, Erik Solheim (2005-2012). Ambos enfatizaron
en el diálogo como un principio para gestionar los asuntos externos.
De hecho, Gahr Støre hizo del término “diálogo” una marca de su
método hasta tal punto, que un dibujante noruego convirtió en norma
dibujarlo siempre con una burbuja de conversación diciendo “diálo-
go” (Wig, 2014). Solheim había sido enviado especial en Sri Lanka,
donde desempeñó un papel controversial como mediador, aunque si-
guió insistiendo en el diálogo ante los conictos políticos.
Una cuarta característica de la política exterior Noruega es el én-
fasis en las instituciones y organizaciones internacionales. Noruega
fue una partidaria leal de las Naciones Unidas y una colaboradora de
forma inversamente proporcional al tamaño de su población e, in-
cluso, de su economía. Esto también puede considerarse como parte
de la geopolítica de los débiles: el reconocimiento de sus pequeñas
dimensiones y la necesidad de asegurar un entorno predecible, así
como el reconocimiento de que “sola, por su cuenta” sus esfuerzos
humanitarios y los derechos humanos serían mucho menos ecaces
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Benedicte Bull
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que trabajando conjuntamente con otros países. Si bien a menudo
fue una colaboradora pasiva, desde nales de los noventa enfatizó en
desempeñar un rol activo en el sistema multilateral.
Una última característica de la política exterior de Noruega es la
inclusión de la sociedad civil, que se extiende a una amplia gama de
ONG, academias y empresas en la formulación de políticas. Hay una
larga tradición de invitar a la sociedad civil a todo tipo de comisiones
y consultas, y hay cierta circulación de personal entre las institucio-
nes académicas, ONG, partidos políticos y el Ministerio de Relaciones
Exteriores y Norad, e incluso, hasta cierto punto, empresas (especial-
mente, consultoras y empresas estatales).
Sin embargo, hay muchas contradicciones e inconsistencias en-
tre estos roles. La más obvia es la lealtad de Noruega a los Estados
Unidos y la OTAN, y la participación activa en las operaciones de
la OTAN en Libia, Afganistán y otros lugares, mientras que también
dice ser una nación de paz. Noruega gura entre los 20 mayores ex-
portadores de armas, y es de los participantes más ávidos en las gue-
rras fuera de su territorio (Langmyr, 2015). Desde 1990, ha participa-
do en varias guerras.3
Otra posible contradicción es la que hay entre el énfasis en el diá-
logo y los principios como los derechos humanos. Como demuestra
Nissen (2010) en estudio de las negociaciones de paz en Guatemala,
el énfasis de Noruega en el diálogo eclipsó su crítica contra los res-
ponsables de las peores atrocidades a los derechos humanos. Además,
Noruega era un país pequeño tratando de “noquear por encima de su
peso”, pero dado que tenía pocas disposiciones de poder fue conside-
rado un mediador bastante débil que tuvo que atraer a la parte más
fuerte –en este caso, el Gobierno– al acuerdo, cosa que puso al movi-
miento guerrillero en desventaja.
Un planteo a las numerosas contradicciones que existen es que
se han debido, simplemente, al intento de evitar la confrontación
y continuar en varias líneas. Por ejemplo, muchas de las ONG que
fueron invitadas a las consultas han demostrado ser críticas tenaces
del Gobierno. A pesar de ello, el Gobierno ha seguido nanciándolas
generosamente. De hecho, la mayoría de las ONG noruegas tienen
al Estado como su principal fuente de nanciación, pero el Estado
rara vez ha interferido en sus actividades. En caso de la política para
América Latina– se los deja librados a su suerte, en los márgenes.
3 Estas son: la guerra del Golfo contra Irak (1991), la invasión de Somalia (1993),
la guerra de Bosnia (1993-95), la crisis de Kosovo (1999), la guerra de Afganistán (de
2001 a hoy), la guerra iraquí (2003-11), la guerra en Libia (2011) y Mali.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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3.2 LA POLÍTICA HACÍA AMÉRICA LATINA: MARGINAL, POLÉMICA
Y CADA VEZ MENOS AUTÓNOMA
Como se indica en la introducción a este capítulo, la política noruega
para América Latina al principio se desarrolló en los márgenes de la
orientación de la política exterior general. Históricamente los víncu-
los económicos entre Noruega y América Latina habían sido limita-
dos y, hasta los noventa, se contaban principalmente entre algunos
intereses marítimos, las exportaciones de bacalao, las importaciones
de café y plátanos, migración limitada e inversiones posteriores en
la producción de fertilizantes y de aluminio. Después de la Segunda
Guerra mundial, en general, Noruega fue el a la política estadouni-
dense y careció de una política independiente hacia la región. De he-
cho, Noruega le vendió armas al régimen de Batista en Cuba y siguió
Estados Unidos cuando introdujo el embargo después de la revolución
cubana (Bye, 1997: 408). Recién en la oposición contra la Guerra de
Vietnam, y cuando se intensicó la participación de Estados Unidos
en el golpe de Estado de 1973 en Chile, los gobiernos noruegos comen-
zaron a expresar sus desacuerdos con la intromisión estadounidense
en la región, incluyendo las sanciones contra Cuba y la intervención
militar en la República Dominicana (Stølen, 2002). Aún así, fue una
oposición que coexistió con una política general que expresaba leal-
tad a los Estados Unidos.
Los refugiados políticos de Chile y, en menor medida, de
Argentina, Brasil y Uruguay contribuyeron, junto al movimiento estu-
diantil radicalizado, a ejercer presión sobre Noruega para una políti-
ca que se distanciara de los Estados Unidos. Sin embargo, los latinoa-
mericanos nunca formaron una diáspora signicativa, permanente
de la manera que lo hicieron, por ejemplo, en Suecia.4 Por lo tanto, no
constituyeron un grupo de presión continuo.
Como se describirá más detalladamente en los capítulos 3 y 4, la
postura en materia de política exterior noruega en la región cambió
con la revolución en Nicaragua, en 1979, y el golpe de Estado y el ini-
cio de la guerra civil en el vecino El Salvador, en 1981. La oposición
de Noruega contra las acciones estadounidenses en Centroamérica
empeoró su relación con la superpotencia en la década siguiente (Bye,
1997). En particular, la situación en Nicaragua provocó una am-
plia movilización. Por ejemplo, fue con el trabajo de solidaridad en
4 De hecho, en –tal vez– el único estudio completo de las diásporas y la política
exterior noruega, Godzimirski ni siquiera argumenta sobre los latinoamericanos. El
autor muestra que los chilenos conforman el 25° grupo más numeroso de inmigrantes,
y el 14° grupo más grande de inmigrantes en lograr la ciudadanía noruega en el
período 1977-2009 (Godzimirski, 2011).
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Benedicte Bull
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Nicaragua, que el anteriormente mencionado Jens Stoltenberg se ini-
ció en la política. La presencia de las ONG de Noruega en Guatemala,
después del terremoto de 1976, también contribuyó a la necesidad de
prestar mayor atención a la guerra civil en curso y de transmitir una
visión diferente de la situación que la de los medios globales de comu-
nicación dominantes.
Después de los años ochenta, América Latina quedó fuera del
foco de la política exterior hasta que el gobierno de coalición de cen-
troizquierda de Jens Stoltenberg tomó el poder en 2005. Este gobier-
no “rojo y verde” puso en marcha iniciativas no solo para reexio-
nar sobre política exterior en general, sino también la relación con
América Latina. Esto último tuvo varios motivos. El primero fue una
sensación de anidad política entre los gobiernos de centroizquierda
que habían comenzado a surgir en América Latina y el primer gobier-
no de coalición en Noruega que incluía a la izquierda socialista. Se
percibió que los nuevos gobiernos latinoamericanos eran capaces no
solo de sacar adelante a sus países económicamente, sino también de
presentar proyectos sólidos para las transformaciones sociales con
el objetivo de redistribuir el poder y los recursos. El recientemente
designado ministro de Cooperación, Erik Solheim del partido de iz-
quierda socialista, dijo a la prensa en 2006 que “América Latina está
atravesando una revolución democrática que el gobierno noruego
quiere apoyar”.5 El otro factor fue el fuerte incremento del interés
comercial de Noruega en la región. Hacia mediados de 2000, Brasil se
había convertido en el mayor receptor de inversiones noruegas fuera
de los Estados Unidos y Europa, y Chile, Venezuela y Argentina fue-
ron, asimismo, beneciarios de las inversiones. El tercer factor fue la
importancia creciente de la política climática, que por entonces había
sido agregada como un área importante para la política exterior, y
América Latina con su extensa selva tropical tenía un valor estratégi-
co notable para el mundo entero (Bull, 2010).
Sin embargo, nada de esto habría tenido el impacto que tuvo si
no hubiera sido por el hecho de que estos factores se produjeron cuan-
do el enfoque de la política exterior general era reconsiderado. La
idea principal desarrollada consistía en que Noruega tenía intereses
directos en contribuir a mejorar la situación humanitaria, del medio
ambiente, la paz y los derechos humanos en el mundo. Esto puede
verse como una continuación de la geopolítica de los débiles. Sin em-
bargo, contempló una gama más amplia de cuestiones éticas que las
del ámbito de sus intereses propios. Por otra parte, el Gobierno de
5 Erik Solheim; mencionado en Fædrelandsvennen, 10 de agosto de 2006.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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Stoltenberg hizo hincapié en la creación de nuevas alianzas a nivel
mundial, en particular con los países “anes” entre las “potencias
emergentes”. No hubo muchos más candidatos para esto que Brasil.
Como se sostiene en el documento St. meld 15:
“[…] desde una perspectiva Noruega, una América Latina pacíca, respon-
sable y segura de sí misma será positiva para el estado de derecho global
y para los intereses empresariales noruegos, particularmente en el sector
petrolero. Considerando que Noruega tiene, por lo general, intereses que
coinciden con los de muchos países latinoamericanos, una América Latina
unida y coherente es positiva, además, como ingreso a la cooperación con
los otro países del G 77” (2008: 34).
La nueva “política para América Latina” del Gobierno de Stoltenberg,
en esencia, también fue un descubrimiento de Sudamérica. Hubo un
intento de repensar, asimismo, la relación con Centroamérica y pasar
de una relación basada en la ayuda, a una entre iguales basada en
intereses comunes.6 Sin embargo, el cambio principal fue un mayor
enfoque en Sudamérica. Esto se reejó en el presupuesto asistencial,
primero al renombrar a la “asignación regional” como “asignación
para América Latina”, en contraposición a una “asignación para
Centroamérica”, y aumentarla en un 50%, en 2007. Esto todavía era
tan solo el 6% del presupuesto total, y solo el 10% de la asignación
para África (Bull, 2010). Luego, la ODA a América Latina aumenta-
ría de forma múltiple, aunque desde el presupuesto del Ministerio
de Medio Ambiente y para ser dirigida, exclusivamente, al fondo de
cooperación amazónica con Brasil.
La reformulación de política latinoamericana en el marco de los
intereses estratégicos y de la política de participación implicó poner
un mayor acento en intentar comunicar y promover los valores y sis-
temas sociales noruegos en el exterior. Noruega, con el n de sostener
que hace a su propio interés el fomentar la justicia social, la paz y el
desarrollo humano en países lejanos, también debe sostener que estos
son los “valores fundamentales” de su propia sociedad. Por otra par-
te, la reformulación de la política exterior se produjo en un período
de crecimiento económico sin precedentes en Noruega debido, princi-
palmente, a la suba de los precios del petróleo y a la rápida expansión
de la producción de petróleo en el Mar del Norte. Además, Noruega
logró canalizar esto en optimar la mayoría de los demás indicado-
res de bienestar humano y, así, se convirtió en un “modelo” atractivo
6 El Ministerio de Relaciones Exteriores encargó un informe para investigar qué
“intereses estratégicos” tenía Noruega en América Central. Ver Bull et al. (2008).
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Benedicte Bull
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tanto para los países en desarrollo como para los países desarrolla-
dos. Por lo tanto, la propia organización social noruega fue utilizada
cada vez más como un producto de “exportación” y constituyó la base
para nuevas iniciativas.
Así, la política para América Latina bajo los gestiones de
Stoltenberg fue, por un lado, la continuación de diversas estrategias
de larga data en la región, incluyendo la atención particular a los de-
rechos humanos, derechos indígenas, igualdad de género y medio
ambiente –elementos centrales de la “política del compromiso”, pero
reinterpretados como “intereses estratégicos”.
En línea con la reorientación, se añadieron una serie de iniciati-
vas nuevas basadas en las prioridades globales actuales. Una de ellas
fue el programa “petróleo para el desarrollo”: un programa de coope-
ración técnica destinado a la transferencia de conocimientos acerca
de cómo administrar los recursos de petróleo y gas a n de contri-
buir al desarrollo, basado en el propio éxito de Noruega al imple-
mentarlo.7 En América Latina, un programa de ese tipo se estableció
con Bolivia, centrando en la gestión de los recursos del gas. En 2011,
se estableció un programa con Cuba. Otro ejemplo fue “el impuesto
para el desarrollo”, enfocado en mejorar la administración tributaria
y, por consiguiente, los ingresos scales en los países en desarrollo.
Esto se basa en parte en una amplia cooperación multilateral, espe-
cícamente con el Banco Mundial, el FMI y la OCDE; pero la fuer-
te participación de Noruega, sin duda, también está motivada por el
entusiasmo de aplicar en otros contextos su propia experiencia con
los impuestos altos destinados a las inversiones de bienestar social,
entre otras. Aunque que no hay programas bilaterales como este con
América Latina, el Programa Impuestos para el Desarrollo nancia a
la ONG Publish What You Pay [Publiquen lo que Pagan], que tiene pro-
gramas de capacitación en organizaciones sociales, organizaciones
laborales y medios de comunicación, en países en vías de desarrollo
y con recursos abundantes, incluyendo Bolivia, Ecuador, Guatemala
y Nicaragua. Además, el programa también tiene un componente de
investigación fuerte y canaliza fondos suculentos a la comunidad de
investigación noruega (Norad, 2012). Un tercer ejemplo es el enfoque
en la desigualdad. Esta iniciativa fue impulsada, principalmente, por
el ministro de Cooperación que sucedió a Erik Solheim desde la iz-
quierda socialista, Heikki Holmås, que buscaba reorientar la política
de desarrollo para atacar la desigualdad (Regjeringen, 2012). Como
resultado de esto, se estableció un programa de cooperación de tres
años con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
7 Ver <http://www.norad.no/en/front/>.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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(CEPAL), con el n de fortalecer su trabajo sobre la reducción de la
desigualdad (ver el capítulo 6).
Finalmente, se establecieron varias iniciativas para promover el
diálogo en América Latina. Esto incluyó el diálogo social encaminado
a fomentar “pactos sociales”. En 2009, se creó un foro para el diálogo
social noruego-brasileño con la intención de impulsar la cooperación
entre los sindicatos y las organizaciones patronales, con inclusión de
LO-NHO del lado noruego y, de CUT y CNI, del lado brasileño. Del
mismo modo, se apoyó al Consejo Económico y Social que se institu-
yó en El Salvador, a n de crear consenso entre el primer Gobierno de
izquierda salvadoreño y la derecha atrincherada en la elite económica
del país. Incluso, Noruega también ha participado en las negociacio-
nes de paz directas, fundamentalmente en Colombia, como se deba-
tirá en el capítulo 4.
Uno de los efectos de este replanteo fue que América Latina, al
menos por un tiempo, escaló más alto en la agenda política. El foco
principal de esta nueva fascinación con América Latina fue Brasil.
Entre 2010 y 2011, el Gobierno de Noruega desarrolló una estrategia
con una amplia participación de las ONG, empresas y academias, así
como un gran número de ministerios del sector (Regjeringen, 2011).
Seis ministros participaron en la inauguración en Oslo en marzo de
2011, y tanto el ministro de Relaciones Exteriores, Jonas Gahr Støre,
como el ministro de Medio Ambiente y Desarrollo, Erik Solheim, via-
jaron a Brasil para su presentación en marzo de ese mismo año, que
demuestra a las claras la alta prioridad que se le había dado.
La estrategia de Brasil obtuvo amplio apoyo político pero, con
respecto al resto de América Latina, la política del gobierno noruego
seguía siendo controversial. La oposición del ala derecha consecuen-
temente sostuvo que el aumento de ayuda a la región estaba motivado
políticamente y no fundado en argumentos sólidos de reducción de
la pobreza.8 Esto ocurrió a pesar de que Noruega mantuvo un bajo
perl en relación al más controvertido de los regímenes de izquierda,
Venezuela, aunque entabló relaciones cercanas, aunque a veces con-
trovertidas, con Bolivia.9 El apoyo a Nicaragua se redujo, más como
8 Ver, por ejemplo, los comentarios de la Asamblea Parlamentaria o Storting
(Stortinget, 2013) al Informe 25 (2012-2013) del Gobierno.
9 En cuanto a la relación con Bolivia, esta se complicó principalmente debido a los
diferentes puntos de vista sobre la política climática global. Hubo una considerable
tensión en las vísperas de la visita de Evo Morales a Oslo en mayo de 2010, ya que
Noruega era una partidaria entusiasta de la iniciativa REDD, mientras que Morales
vino casi directamente de la “Cumbre Mundial de los Pueblos sobre el Cambio
Climático” en Cochabamba que explícitamente había condenado cualquier tipo
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resultado de un proceso a largo plazo de replegarse de Centroamérica
que como una reacción a la política de Daniel Ortega.
Por otro lado, algunos grupos de izquierdas pensaron que
Noruega debería haber apoyado más fuerte a nuevas iniciativas. Un
ejemplo de esto fue la iniciativa Yasuní-ITT que Noruega decidió no
apoyar. Las razones fueron que el gobierno noruego dudaba de la cre-
dibilidad del proyecto, y que Noruega estaba en medio de un conicto
por la explotación de los recursos de petróleo en zonas vulnerables
del Círculo Polar Ártico (Lofoten, Vesterålen y Senja). El gobierno se
dividió en este tema, aunque fue difícil abogar por el nanciamiento
de un país pobre, para que se abstenga de explotar sus recursos bioló-
gicos en zonas vulnerables, cuando el debate giraba en torno a la po-
sibilidad imperiosa de seguir adelante con los planes de exploración
de petróleo en el norte del propio país.
Como el Gobierno Stoltenberg comenzó a desarrollar una nueva
estrategia hacia América Latina en 2006, convocó a un grupo de aca-
démicos, empresarios y representantes de las ONG para obtener ase-
soramiento sobre dónde enfocarse. Entre otras conclusiones, el gru-
po encontró que en Noruega había escaso conocimiento de América
Latina (Utenriksdepartementet, 2006). Posteriormente, el Ministerio
de Relaciones Exteriores contrató a una consultora, que contó con la
asistencia de dos representantes de la Universidad y un representante
del sector empresarial.10 Su tarea consistió en explicar cómo podría
desarrollarse en Noruega ambiente permanente para el conocimien-
to de América Latina (Agenda, 2007). La conclusión fue que lo más
eciente sería crear una red de América Latina, junto con las posibles
nanciaciones y un mayor intercambio académico (Agenda, 2007).
Este se convertiría en el esfuerzo más completo para fortalecer la
investigación de América Latina en Noruega, después de muchas dé-
cadas de negligencia. En suma, recién cuando se intentó incluir a
América Latina en la agenda de la política exterior, y se la incorporó
a las prioridades generales, hubo un intento de fortalecer la investiga-
ción sobre América Latina.
4. LA RELACIÓN ENTRE LA INVESTIGACIÓN SOBRE AMÉRICA
LATINA Y LA POLÍTICA EXTERIOR NORUEGA
En general, hay una serie de vínculos entre las prioridades políticas
noruegas y el enfoque de las investigaciones, pero no son lineales. Se
de solución a los problemas climáticos basados en el mercado, como la iniciativa
REDD.
10 Estos fueron: la profesora Kristi Anne Stølen de la Universidad de Oslo, el
profesor Ivar Bleiklie de la Universidad de Bergen y Sissel Dyrhaug de Statoil.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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asignan fondos a las áreas temáticas en función de las prioridades
políticas, en la medida que los responsables de diseñar las políticas
noruegas requieran conocimientos especícos de área temática dada.
En el caso de la política exterior, los fondos son asignados directa-
mente por el Ministerio de Relaciones Exteriores y por Norad, aun-
que también a través de una variedad de programas diferentes del
Consejo de Investigación de Noruega. En Noruega, la nanciación
privada para la investigación es anómala. Hay muy pocas fundacio-
nes privadas que ofrezcan fondos para investigación y, cuando lo
hacen, se canalizan abrumadoramente hacia las ciencias naturales.
Las Universidades y los Colegios universitarios, de mayor orientación
vocacional, en Noruega son públicos y reciben casi la totalidad de los
fondos del Estado. No hay universidades privadas, pero hay institu-
ciones privadas de educación superior, como las escuelas empresa-
riales. Si bien no están totalmente nanciadas por el Estado, reciben
un signicativo aporte de fondos públicos.11 Lo mismo es válido para
los llamados institutos de investigación independientes: todos reciben
nanciación básica del Estado, además de fondos destinados a pro-
yectos especícos de investigación.12
La dependencia básica de nanciación gubernamental para la
investigación implica que la investigación que se está llevando a cabo,
mayormente, depende de la voluntad del gobierno de invertir dine-
ro en ella. En Noruega, el interés por invertir en la investigación de
América Latina no fue muy grande. Pero además, los primeros inten-
tos de aumentar la nanciación claudicaron debido a diferencias en
el seno de la comunidad de investigación.
La revolución cubana marcó el inicio de una nueva era de mayor
atención a América Latina. No obstante, el nuevo interés por Cuba
fue más fácil de alinear con la política exterior general, pensando
más en la neutral Suecia y en Finlandia que en Noruega, que era una
estrecha aliada de Estados Unidos (NAVF, 1990). En Noruega, el prin-
cipal instituto de investigación en relaciones exteriores (NUPI) fun-
dado en 1959, siguió la línea de la política exterior ocial noruega y
nunca mostró interés en América Latina. Dicho interés se manifestó
11 Los dos colegios privados de comercio más grandes obtienen, aproximadamente,
el 80% de sus fondos del Estado.
12 Por ejemplo, el Instituto Noruego de Asuntos Exteriores (NUPI) recibe
aproximadamente el 25% de sus ingresos como nanciación básica del Ministerio
de Relaciones Exteriores a través del Consejo de Investigación de Noruega, y
otro 68% como dinero asignado a tareas especícas de diferentes instituciones
gubernamentales. El resto (7%) son fondos de fuentes extranjeras, del sector privado
o ingresos generados por ventas.
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en el Instituto de Investigaciones para la Paz de Oslo (Peace Research
Institute of Oslo, PRIO) iniciado en 1959 por Johan Galtung y formal-
mente establecido en 1966. Este representó las “voces disidentes” y la
oposición a los Estados Unidos y, también, fue el primer hogar de los
investigadores latinoamericanistas (Knutsen, 1997; NAVF, 1990).
Asimismo, había un nuevo enfoque internacional sobre la impor-
tancia de la investigación para fortalecer la política. Este fue dirigido
por la OCDE, que abogó con vehemencia para que los gobiernos apo-
yaran las ciencias sociales y las aplicaran activamente en la formu-
lación de sus políticas (Stokke, 2010: 503). Estas ideas germinaron
rápidamente en el partido laborista noruego dominante, que ya hacía
varios años que impulsaba el uso activo de la investigación en la for-
mulación de políticas de Estado. Como un medio para reforzar esto,
se creó un comité de apeo para los llamados estudios no europeos, a
nales de los sesenta. Esto fue importante para muchos de quienes
serían los futuros estudiantes de América Latina, pues se asignaron
fondos para becar a los estudiantes que desearan realizar trabajos
de campo en países no europeos, incluidos los de América Latina
(Reinertsen, 2008).
En 1968, el Consejo nórdico propuso fundar un Instituto nórdico
de estudios latinoamericanos. Como ya había un Instituto nórdico de
África en Uppsala, Suecia (fundado en 1962) y un Instituto nórdico de
Asia en Copenhague, Dinamarca (fundado en 1966), se propuso que
el Instituto de América Latina estuviera ubicado en Noruega (Stølen,
2002: 162). Sin embargo, hubo desacuerdos sobre si Noruega tenía la
capacidad institucional necesaria para alojar tal Instituto, y nunca
se materializó.
El siguiente intento se produjo a nales de los ochenta, cuan-
do un grupo de investigadores fue nombrado por el Consejo de
Investigación Noruego para hacer un informe sobre el estado del arte
de la investigación y la enseñanza de América Latina en Noruega, en
comparación con los otros países nórdicos (Stølen, 2002: 162). Esto
ocurrió por las fuertes presiones de un grupo de investigadores re-
lacionados a la Asociación escandinava para la Investigación sobre
América Latina (NOSALF) (Stølen, 2002: 162), aunque el éxito que
tuvieron debe estar relacionado, además, con la mayor atención a la
región, particularmente a la Centroamérica de los años ochenta.
El informe presentado en 1990, documentó que los investigado-
res que trabajaban sobre América Latina en Noruega se encontra-
ban dispersos por distintas instituciones a lo largo y a lo ancho del
país, y que no se hubiese podido unir una masa crítica de investi-
gadores en ningún lugar. Recomendó centrarse en dos instituciones:
la Universidad de Oslo y la Universidad de Bergen, y establecer una
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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posición coordinadora de “América Latina” en ambas instituciones
(N AV F, 1990).
El comité propuso una delimitación geográca polémica argu-
mentando que se debería hacer investigación fresca con el dinero
disponible para proyectos centrados en una especie de rectángulo
transcontinental, que abarcaba las áreas entre la línea del Ecuador
y 15 grados al sur de costa a costa hasta los Andes, el Amazonas y
el nordeste de Brasil. Al mismo tiempo, se invitó a los proyectos a
centrarse en Centroamérica, para compensar la distribución de ayu-
da creciente a la región, la mayor parte de ella derivada a través de
ONG noruegas (Stølen, 2002: 163). Esta delimitación geográca no
fue bien recibida por la comunidad cientíca. Como resultado de las
discrepancias, el programa de investigación nunca se materializó, y
después de algunos años los coordinadores designados volvieron a
sus puestos académicos habituales.
En general, los noventa se caracterizaron por un fortalecimiento
de los lazos con diferentes “regiones en desarrollo” y el aumento de
la nanciación para la investigación. En el Documento 42 de 1987-88
se aduce al fortalecimiento de la “investigación del desarrollo” y a la
transferencia de gran parte de la responsabilidad de la nanciación
al Ministerio de Investigación y Educación (Regjeringen, 1987). Sin
embargo, la nanciación de prioridades todavía debía seguir de cer-
ca, temáticamente, las prioridades de la ayuda noruega. En 1991, el
Ministerio de Relaciones Exteriores estableció la cooperación con las
universidades y estableció fondos cooperativos para las universidades
de los países en desarrollo. Estos programas de cooperación deberían
tener un componente de investigación, así como de transferencia de
“conocimientos” y educación. Esto fue continuado por un programa
que puso mucho más énfasis en la transferencia de conocimientos.
De hecho, se llamó ayuda para investigar. Varios países de América
Latina fueron incluidos, pero en el primer período solo el 1,4% de los
fondos se canalizaron a América Latina y, en el segundo período, el
7,7% (Stokke, 2010).
Durante los noventa, la nanciación para la investigación rela-
cionada con “el Sur” aumentó. Inicialmente, se centró en temas con-
cretos de importancia para la ayuda y la política exterior de Noruega.
Sin embargo, gradualmente se amplió y el gran programa “Desarrollo
en el Sur” (UTISØR) (1998-2007) se centró en las cuestiones generales
del desarrollo en el contexto de la globalización, en línea con el forta-
lecimiento de la “política de compromiso” (Stokke, 2010: 528).
En estos programas también hubo proyectos centrados en
América Latina, así como en otros numerosos programas temáticos
y disciplinarios de la RCN. La Agencia de ayuda noruega (Norad),
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también continuó nanciando proyectos directamente. Por otra par-
te, algunas investigaciones se realizaron tanto en el Departamento
que alojaba al único programa de Estudios de América Latina en el
país, en la Universidad de Bergen, como en varios institutos disci-
plinarios por personal académico numerario que podía utilizar su
tiempo de investigación independientemente de la nanciación exter-
na. Asimismo, los programas nanciados por la Unión Europea se
convirtieron en una posible fuente de nanciación para la investi-
gación de América Latina. Sin embargo, como se argumenta en una
descripción más completa de la historia de la nanciación noruega
para la investigación en “el Sur”: “Se necesitaron muchos años para
que apareciera una de las principales iniciativas de apoyo a la investi-
gación en América Central y del Sur” (Stokke, 2010: 533), y había una
impresión general de que a América Latina se le daba poca prioridad.
A pesar de identicar 264 investigadores que han tenido algún tipo
de cooperación en la investigación o proyectos centrados en América
Latina, el Informe Agenda 2007 repitió la conclusión del informe de
1989 citado anteriormente, que la investigación centrada en América
Latina estaba disgregada entre las universidades y los institutos de
investigación, aunque demasiado dispersa para establecer una masa
crítica de investigadores (Agenda, 2007).
La iniciativa para contrarrestar esto surgió en 2008 como resul-
tado del énfasis del Gobierno de Stoltenberg para fortalecer las rela-
ciones con América Latina. La llamada “estrategia del conocimiento”,
que se desarrolló para apoyar este nuevo compromiso, apuntaba a
crear las condiciones para el desarrollo de un “entorno permanente
para la generación de conocimiento sobre América Latina en Noruega”
(Agenda, 2007: 1). En principio, debía generar conocimientos sólidos
para respaldar y mejorar la estrategia de política exterior. Sin embar-
go, también se basó en el reconocimiento de que en América Latina
se estaban organizando comunidades de investigación cada vez más
fuertes con las cuales Noruega debería vincularse y, así, beneciarse.
Finalmente, un objetivo importante fue “educar” al público noruego,
a n de superar viejos estereotipos y generar apoyo para las nuevas
iniciativas del Gobierno.
La estrategia del conocimiento tuvo tres pilares fundamentales.
El primero fue, como ya se mencionó, la creación de una red para
la investigación de América Latina. El Centro para el Desarrollo y el
Medio Ambiente (The Centre for Development and the Environment,
SUM) de la Universidad de Oslo ganó la convocatoria, que fue anun-
ciada en 2007, y se convirtió en el antrión de la Red Noruega para la
Investigación de América Latina (NorLARNet) que estuvo operativa a
partir de agosto de 2008.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
El segundo pilar fue un programa para la nanciación de inves-
tigaciones sobre América Latina en el Consejo de Investigación de
Noruega. Este fue un programa de diez años con un presupuesto de
20 millones al año. Tenía un enfoque amplio y solicitó propuestas de
investigación sobre: política y gobierno; cultura y sociedad; economía,
industria, empresas y mercados; recursos naturales: gestión, explo-
tación y conservación; y, pobreza, desigualdad y desarrollo humano
(Forskningsrådet, 2008). El programa se diferenció de los programas
de investigación anteriores que se habían creado para la investigación
sobre América Latina, ya que no se centró en las prioridades de la
ayuda noruega, sino que desplegó una amplia gama de temas abiertos
para investigar. Por otra parte, no hizo ninguna delimitación geográ-
ca, aunque se mencionó que Brasil debería tener prioridad ya que
se consideraba de gran interés político y económico, y en Noruega
escaseaban los cientícos con competencias en Brasil. Otra diferen-
cia fue el alejamiento del enfoque de “ayuda”, en el sentido que el
objetivo principal no era fortalecer las comunidades de investigación
en América Latina, sino, más bien, aprovechar sus conocimientos y
cooperar en igualdad de condiciones (NFR, s/d).
El tercer pilar fue el fortalecimiento del intercambio académico
y estudiantil. Esto se centró, particularmente, en los llamados países
ABC (Argentina, Brasil y Chile). Hasta que los resultados concretos
de esto aparecieron, pasó un buen tiempo, pero en 2013 un progra-
ma conjunto de apoyo al intercambio académico y estudiantil de
la Agencia federal brasileña de apoyo y evaluación de Estudios de
Posgrado (CAPES) y el Centro Noruego para la Internacionalización
de la Educación (SIU) fue operativo. En 2014, se llegó a un acuerdo
entre el Consejo de Investigación de Noruega y el Consejo Nacional
de Desarrollo Cientíco y Tecnológico brasileño (Conseho Nacional de
Desenvolvimento Cientico e Tecnologico, CNPq).
La “estrategia de conocimiento” claramente tuvo el efecto de in-
crementar la investigación en América Latina. Bajo el nuevo progra-
ma de investigación, entre 2009 y 2014, fueron avalados 33 grandes
proyectos. Estaban dirigidos no solo a los investigadores con expe-
riencia de trabajo sobre América Latina, pues también estuvieron
destinados al reclutamiento de nuevos investigadores y atraer inves-
tigadores calicados para el estudio de América Latina. Otro efecto
evidente fue cambiar enfoque de la investigación hacia Brasil, dado
que un tercio de los proyectos se centraron en ese país.
Sin embargo, aún no está claro si podemos concluir que el enfo-
que y las prioridades de los investigadores noruegos pueden ser con-
siderados una extensión de las prioridades de la política exterior. Para
empezar, la junta que debía seleccionar propuestas de investigación
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Benedicte Bull
.no
a nanciar estaba compuesta por expertos internacionales, la ma-
yor parte de ellos académicos con una vasta experiencia en América
Latina, pero con un conocimiento muy limitado de las prioridades
de la política exterior de Noruega. Además, había un representante
del Ministerio de Relaciones Exteriores y uno de la comunidad em-
presarial. La queja frecuente de ambos versaba en que la mayoría
de los proyectos de investigación seleccionados, directamente, no era
relevante a sus intereses. De hecho, previamente, en un análisis muy
informal de la comunidad de investigación noruega sobre América
Latina (Bull 2010) he sostenido que se podría dividir a los investi-
gadores sobre América Latina noruegos en cinco categorías, de las
cuales solo algunas contribuirían a la implementación de cuestiones
empresariales o de política exterior:
1) Los latinoamericanistas estudian a América Latina, en gran
medida, por el conocimiento en sí. La mayor parte de ellos ha inver-
tido mucho tiempo y recursos en la adquisición de conocimientos
detallados sobre lengua, historia y cultura, necesarios para obtener
un conocimiento más profundo sobre temas especícos.
2) Los investigadores del desarrollo estudian a América Latina
con la perspectiva del desarrollo general, como punto de partida.
Estudian diferentes aspectos del desarrollo económico, social,
medioambiental y político, desde diversos enfoques disciplinarios.
El objetivo es entender mejor los procesos de cambio, las condicio-
nes, los obstáculos y las intervenciones políticas posibles para el
desarrollo. Esto puede ser utilizado en el debate sobre el desarrollo
en el país y en las instituciones internacionales, así como para for-
talecer las propias políticas de desarrollo de los países latinoame-
ricanos.
3) Los investigadores de la solidaridad estudian a América Latina
como parte de una relación de solidaridad general. El propósito es
generar conocimientos que puedan ser útiles para los movimientos
y actores que se pretende apoyar, u obtener conocimiento sobre
ellos como una base para ampliar el apoyo.
4) Los consultores de ayuda están comprometidos con América
Latina por una de dos razones: para mejorar los proyectos de ayuda
noruegos o, al ser parte de estos, como proveedores de “coopera-
ción técnica” a los actores en América Latina.
5) Los cientícos participan en la investigación relacionada con
América Latina en general, en muchos casos porque América La-
tina es un fenómeno de interés cientíco amplio (por ejemplo, es-
pecies biológicas raras en la selva tropical, instituciones puntuales,
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
etc.), o porque hay entornos de investigación muy poderosos sobre
América Latina en temas particulares.
Es por supuesto difícil suponer que, de repente, todos éstos respon-
derían a las estrategias gubernamentales en sus enfoques y elección
de temas y áreas de estudio. En el resto del libro, tendremos esto en
cuenta cuando debatamos sobre los enfoques a los diferentes temas,
y dejaremos la conclusión para el nal.
5. CONCLUSIÓN: LA GEOPOLÍTICA DEL CONOCIMIENTO VISTA
DESDE EL NORTE PERIFÉRICO
He argumentado que la “estrategia del conocimiento” de Noruega
hacia América Latina puede entenderse en el contexto de la “geopo-
lítica de los débiles” que ha llevado a Noruega a enfatizar en una po-
lítica de paz y compromiso con los derechos humanos, el humanis-
mo y el medio ambiente. Desde mediados de la primera década del
2000, se argumentaba cada vez más que esto hacía a los “intereses
de Noruega”. Como parte de esta estrategia, Noruega también estuvo
cada vez más dispuesta a utilizar su propia estructura social e institu-
ciones como un modelo para proyectar en el extranjero. En este pro-
ceso, también la política exterior hacia América Latina quedó cada
vez más enmarcada dentro del discurso de una concepción ampliada
del interés propio: que era en virtud del propio interés de Noruega
contribuir a un mundo de paz, de derechos humanos, con mejores
políticas medioambientales y de reducción de la pobreza, entre otros
tantos temas que se considera están íntimamente relacionados con la
producción de un mundo más pacíco.
La producción de conocimiento tuvo varios roles en esto. En pri-
mer lugar, con frecuencia, los investigadores se consideraron como
“diplomáticos” al asegurar relaciones con grupos en sociedades
extranjeras a los cuales los gobiernos no tenían forma de acceder.
Incluir, directamente, a los investigadores en las decisiones de polí-
tica exterior también es una vieja tradición en Noruega. En segundo
lugar, y como se destaca particularmente en la estrategia de conoci-
miento de América Latina, el conocimiento es importante para com-
prender mejor a las sociedades extranjeras en toda su complejidad.
Sin embargo, los investigadores tenían muchos motivos además
de seguir las estrategias gubernamentales. En el resto del libro, los in-
vestigadores que han participado activamente en las investigaciones
sobre América Latina debatirán las perspectivas principales que sur-
gieron en sus campos de investigación. Lo que queda claro, es que las
ideas que sustentan la investigación noruega de América Latina han
evolucionado en una interrelación dinámica entre las prioridades de
la política exterior noruega interpretada en el marco de la “geopolítica
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Benedicte Bull
.no
de los débiles”, una comunidad latinoamericana disidente y a menu-
do opuesta a las prioridades ociales noruegas, y tendencias genera-
les, globales en las ciencias sociales e ideas procedentes de América
Latina. Particularmente, la gran inuencia que las ideas latinoame-
ricanas han tenido en las ciencias sociales noruegas surgió con vigor,
en el transcurso de los trabajos para este libro. Esto se debatirá en las
conclusiones, en el último capítulo.
El resto de este libro se estructurará de la siguiente manera. A
continuación, en el capítulo 2, se analizarán las perspectivas sobre
América Latina de estudios proto-académicos, de la etapa previa a
que las ciencias sociales estuvieran fehacientemente establecidas en
Noruega. El historiador Steinar Sæther indaga la producción de cua-
tro “exploradores” pioneros: el etnógrafo Carl Lumholtz (1851-1922),
el historiador Anton Mohr (1890-1968), el etnógrafo y arqueólogo Ola
Apenes (1890-1943) y el explorador más famoso, aunque menos re-
conocido académicamente, Thor Heyerdahl (1914-2002). Sæther de-
muestra cómo la mayoría de ellos desplegó un interés por América
Latina, a pesar de la falta de apoyo de Noruega a su trabajo. Lumholtz
y Apenes trabajaron con las comunidades indígenas en México, mien-
tras que Heyerdahl, como sabemos, intentó demostrar que la Polinesia
originalmente había sido poblada por migrantes sudamericanos. El
único de ellos que mostró interés por la modernidad latinoamerica-
na, Anton Mohr, lo hizo de un modo muy condescendiente.
El politólogo Vegard Bye, en el capítulo 3, narra la historia del
trasfondo político del surgimiento del interés en América Latina a
partir de los sesenta, que eventualmente condujo a un mayor enfoque
de la investigación en la región. En este capítulo se analizan en pro-
fundidad las contradicciones entre la orientación general de la políti-
ca exterior de Noruega, alineada a los Estados Unidos, y la creciente
oposición a esta de grupos de apoyo a los movimientos de izquier-
da y, eventualmente, a los gobiernos izquierdista en América Latina.
Mientras que la revolución cubana fogueo el interés en la investiga-
ción, el golpe de Estado en Chile en 1973 fue una verdadera llamada
de atención para las autoridades noruegas, que tuvieron que repensar
su relación con la región. Bye desglosa las contribuciones académi-
cas, y también las más populares, a los debates sobre la naturaleza,
las fortalezas y las debilidades de los regímenes de izquierda latinoa-
mericanos: Allende en Chile, los sandinistas en Nicaragua y Castro
de Cuba. Asimismo, discurre en la investigación sobre la nueva ola
de movimientos y gobiernos izquierdistas en la región, en particular
Brasil y Venezuela en los años 2000.
El capítulo 4 de Roy Krøvel trata de la investigación noruega
sobre el conicto, la guerra y la construcción de la paz en América
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
Latina. El autor observa cómo los esfuerzos de Noruega para mediar
en los conictos en América Latina –Colombia, Guatemala, Haití,
Nicaragua (y otros lugares)– sumados a la investigación de los con-
ictos ha contribuido a formar la imagen colectiva de Noruega como
constructora de la paz. Esto se ha convertido en una pieza central en
la comunidad imaginada de los noruegos y, a su vez, ha inuido en la
investigación y la acción política. El historiador Krøvel examina los
fundamentos históricos de esta función, las principales contribucio-
nes académicas y las críticas que ha suscitado.
En el siguiente capítulo (5) se indaga la “investigación del desa-
rrollo” en una concepción tradicional de la misma (con el n de evitar
la superposición con otros capítulos). Bull llega a la conclusión de que
en lugar estar basada en una “perspectiva noruega”, la investigación
del desarrollo de América Latina en Noruega se produjo en un proce-
so de fusión de perspectivas noruegas y latinoamericanas. En el capí-
tulo se distingue una línea “dominante” de investigación, que inicial-
mente estuvo inuenciada por la cooperación entre Raúl Prebisch y
el instituto de investigación CMI en Noruega, aunque también por las
steering sciences” noruegas que sustentaban el desarrollo noruego en
la Posguerra. Las raíces comunes con el pensamiento estructuralis-
ta se reejaron, recientemente, en un proyecto de cooperación sobre
la desigualdad económica entre la Universidad de Oslo y la CEPAL.
También hay una corriente más radical, a la que Bull denomina “his-
torias disidentes”. La primera comienza con la inuencia de los de-
pendentistas latinoamericanos en las investigaciones del Instituto de
Investigaciones para la Paz de Oslo (Peace Research Institute of Oslo,
PRIO), fundado por Johan Galtung. La más reciente es la inuencia
del pensamiento poscolonial - decolonial y medioambiental, que tiene
anidad con la “ecología profunda” del lósofo noruego Arne Næss.
La bióloga y gestora de recursos naturales Mariel Aguliar-Støen
y la antropóloga Kristi-Anne Stølen examinan la evolución de los
estudios agrarios y rurales noruegos, en el capítulo 6. Mientras que
algunos trabajos se llevaron a cabo en los cincuenta (en particular,
el trabajo sobre Chiapas del antropólogo Hening Siverts) la princi-
pal motivación para el inicio de estos estudios fueron las reformas
agrarias y el surgimiento de los movimientos sociales rurales en los
sesenta, como las ligas agrarias. La llegada del antropólogo argentino
Eduardo Archetti a la Universidad de Oslo, en los setenta, tuvo una
inuencia signicativa en estos estudios. En la década del ochenta,
las cuestiones de género se convirtieron en un aspecto integral de
los estudios rurales, mientras que las investigaciones posteriores se
centraron en la relación entre campesinos (a menudo, indígenas) y el
Estado. Las contribuciones más recientes se enfocan en los cambios

Benedicte Bull
.no
importantes en las zonas rurales debido a la innovación tecnológi-
ca, la migración y la explotación de los recursos naturales (petróleo
y minería).
En el capítulo 7, la geógrafa Jemima García Godos y la politóloga
Elin Skaar abordan la investigación noruega sobre derechos huma-
nos y justicia en América Latina. Si bien esta fue una de las princi-
pales prioridades de la cooperación noruega para el desarrollo, las
autoras sostienen que para los investigadores noruegos fue igualmen-
te importante encontrar tanto los procesos más interesantes como
las comunidades de investigación más dinámicas sobre cuestiones de
América Latina relacionadas con este campo, como la justicia transi-
cional, las nuevas generaciones de derechos y pluralismo jurídico. En
el capítulo se consideran las dos áreas temáticas principales que han
estado en foco: responsabilidad por los crímenes del pasado, incluso
juicios y amnistías, comisiones de la verdad y reparación de las víc-
timas, por un lado y justicia, tribunales y protección de los derechos
y cumplimiento de los mismos, por otro lado. Las autoras plantean
que el campo de investigación está regido por no más que un puñado
de académicos séniores en Noruega, pero que trabajan en estrecha
colaboración con colegas en América Latina y en otros lugares, y que
han logrado producir un corpus sustancial de literatura, además de
generar un considerable interés en la temática entre el estudiantado.
El capítulo 8 se aborda la perspectiva noruega sobre América
Latina desde un ángulo completamente diferente. Los politólogos
Einar Berntzen, Marcus Buck y Leiv Marsteintredet utilizan las ideas
del inuyente pensador noruego Stein Rokkan (1921-1979) para ofre-
cer una novedosa interpretación de los procesos políticos actuales en
la región andina. Se utilizan dos conceptos principales de Rokkan
para proporcionar una nueva perspectiva sobre por qué la región an-
dina giró a la izquierda: clivajes y junturas críticas. El término clivaje
se utiliza para comprender las divisiones políticas producidas como
parte de los procesos de la construcción del Estado y la nación que a
veces se solapan y, a veces, se refuerzan. Estos clivajes, así como las
medidas adoptadas por el Estado durante las junturas críticas que re-
sultan de las crisis institucionales, contribuyen a explicar las tenden-
cias, aparentemente contradictorias, hacia los grandes cambios en la
región andina en los primeros años después del cambio de milenio.
El capítulo 9 también tiene una toma muy diferente. Es una
historia bastante personal, narrada por uno de los antropólogos de
Noruega que ha realizado uno de los estudios más extensos y a largo
plazo de la formación de la identidad y la evolución de los sistemas
de gobierno entre los maya k’iches de Totonicapán en Guatemala.
Stener Ekern utiliza los conceptos de “lebenswelt” y “subjetivación
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
para referirse a su situación entre dos mundos distintos: Totonicapán
y Noruega. Sostiene que esta posición ha requerido el uso de “etique-
tas” con ambiciones universales como “pueblos indígenas”, “derechos
humanos” y “América Latina”, así como la vinculación de un fenóme-
no particular a los debates generales en antropología, que no siempre
se encuadran con las dinámicas y los cambios de las comunidades
estudiadas. Sin embargo, genera una constante evolución del propio
“ser” de las/os investigadores y sus perspectivas respecto de aquello
que se estudia.
Ninguno de los capítulos pretende dar una visión exhaustiva de
la investigación sobre América Latina realizada en instituciones no-
ruegas de investigación. Menos aun los dos últimos, que tuvieron un
ángulo diferente al intentar responder la pregunta acerca de cuál es
la perspectiva noruega sobre América Latina. Un corpus importante
de investigación se ha desarrollado en Noruega sobre temas de de-
mocracia y democratización, y sobre los pueblos indígenas, que no se
mencionan aquí.
Varias contribuciones al estudio de los pueblos indígenas fue-
ron mencionadas en otros capítulos, incluyendo los de John Andrew
McNeish (capítulos 5, 6 y 7), Kristi Anne Stølen y Sara Lund Skar
(capítulo 6). En los primeros estudios, como los que se analizan en el
capítulo 2, hay una tendencia general a centrarse en los estudios etno-
grácos de las culturas y comunidades indígenas, los aportes poste-
riores se enfocaron en cuestiones como relaciones de género y trabajo
(ver, por ejemplo: Ødegaard, 2010, 2011) o resistencia y movilización
social (ver, por ejemplo, Guzmán Gallegos, 2012) o democracia y plu-
ralidad jurídica (además del capítulo 7, ver: Leer, 2006).
Ciertamente, hay otras contribuciones que no se han considera-
do. Sin embargo, esperamos que los capítulos siguientes den una idea
de algunos de los temas y perspectivas principales de la investiga-
ción de América Latina con sede en Noruega, de cómo ve a América
Latina y por qué y cómo ha inuido el contexto mismo del cual surge.
El último capítulo intenta responder a la pregunta de si existe una
perspectiva Noruega sobre América Latina. Sostiene que a pesar de la
inuencia mutua de ideas y la diferencia signicativa entre las contri-
buciones de investigadores situados en Noruega, estos han tendido a
acercarse a América Latina como una región dinámica, pero dividida.
Gran parte de la investigación noruega se ha centrado en las razones y
la naturaleza de las divisiones –entre indígenas y no indígenas, entre
mujeres y hombres, entre rural y urbano, entre oprimidos y opreso-
res, entre víctimas y agresores, entre ricos y pobres– y cómo son, o
pueden ser, superadas. Sin embargo, el foco de la investigación se ha
transformado a través del tiempo en línea con la relación cambiante,
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Benedicte Bull
.no
y a menudo conictiva, de las prioridades políticas y las orientaciones
de la política exterior. Esto será desarrollado en el capítulo nal, don-
de también se presentará un análisis cuantitativo de tesis de maestría
sobre América Latina en instituciones académicas noruegas.
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Steinar A. Sæther
EXPLORANDO PASADOS EXÓTICOS
EL TRABAJO ACADÉMICO NORUEGO
SOBRE AMÉRICA LATINA ANTES DE 19601
Antes de 1960, solo unos pocos investigadores noruegos habían rea-
lizado trabajos académicos formales sobre América Latina. Este ar-
tículo, precisamente, se reere al pequeño grupo de cuatro sujetos
excepcionales que dedicaron buena parte de su carrera profesional al
estudio de América Latina, a pesar de los magros incentivos institu-
cionalizados para este tipo de trabajo, por aquel tiempo, en Noruega.
Carl Lumholtz, Anton Mohr, Ola Apenes y Thor Heyerdahl buscaron
reconocimiento como cientícos y expertos en etnografía, geografía
e historia latinoamericanas y, hasta cierto punto, también en las so-
ciedades contemporáneas de América Latina, pero sus esfuerzos aca-
démicos tuvieron poco éxito.
Su limitado éxito como latinoamericanistas no es nada sorpren-
dente. Como lo demuestran varios de los otros capítulos de este libro,
la investigación sistemática y continua sobre las sociedades latinoa-
mericanas en las universidades y centros de investigación noruegas
comenzó a partir de la creación de los Departamentos de Antropología
y de los cargos docentes en Estudios españoles y latinoamericanos
en las universidades de Bergen y Oslo en los años sesenta y seten-
ta (Stølen, 2002; Wæhle, s/f). A diferencia de Suecia, Dinamarca e,
1 Traductora: Eugenia Cervio.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
incluso, Finlandia donde al menos algunos etnógrafos y arqueólogos
con formación universitaria habían realizado un exhaustivo trabajo
de campo en América Latina, y fueron parte de las redes académicas
profesionales internacionales de ese entonces, en Noruega no hubo
ninguno antes de los años sesenta.
Además, en Noruega, los círculos académicos eran extremada-
mente pequeños y socialmente elitistas. Durante más de 130 años,
después de la independencia de Noruega en 1814 de Dinamarca, hubo
una sola universidad en todo el país. La Real Universidad Federicana
– fundada en 1812 y renombrada Universidad de Oslo en 1939– fue
la única universidad hasta la formación de la Universidad de Bergen
en 1946. Aquellos académicos, que aspiraban de manera realista a
una cátedra y que desplegaban una carrera académica, en el mejor
de los casos habrían sido ingenuos por concentrase en temáticas la-
tinoamericanas. La única universidad noruega todavía continuaba
enseñando, principalmente, derecho y teología a los hijos (y a algu-
nas pocas hijas) de la elite que formaría la burocracia del Estado,
aunque las ciencias naturales, incluyendo la ingeniería y la medicina,
se habían ampliado un poco a nales del siglo XIX. Esto explica por
qué Lumholtz, Mohr, Apenes y Heyerdahl no tuvieron antecedentes
académicos sobre el estudio de América Latina antes de embarcarse
en sus más o menos ambiciosas expediciones, y también por qué no
pudieron concentrarse exclusivamente en la producción de artículos
académicos y monografías sobre temas latinoamericanos.
Así, su trabajo comparte muchas características con aquellos ex-
ploradores, aventureros y viajeros que escribieron artículos periodísti-
cos, celebraron conferencias públicas y publicaron bitácoras y relatos
de sus viajes para seguir nanciando las travesías por el extranjero.
Lumholtz, Mohr, Apenes y Heyerdahl no fueron, en modo alguno, los
únicos noruegos que viajaron extensivamente por América Latina y
publicaron informes detallados de sus experiencias. Particularmente,
en el período de entreguerras, una serie de aspirantes a autores no-
ruegos escribió libros sobre sus aventuras en América Latina (Sæther,
en prensa). En efecto, se puede argumentar que nuestros cuatro “la-
tinoamericanistas” no fueron esencialmente académicos, sino “ex-
ploradores” profesionales que, ante todo, dedicaron sus energías a la
publicación de libros para el público en general, al rodaje de películas
y la toma de fotografías de sus exóticos destinos que, a su vez, fueron
utilizadas en la serie de conferencias públicas que sostuvieron al vol-
ver. Pero, los cuatro aspirantes a académicos aquí revisitados dieren
de los escritores de viajes en que, además, publicaron textos académi-
cos sobre temas de América Latina y buscaron reconocimiento aca-
démico en sus campos de estudio.

Steinar A. Sæther
.no
El fenómeno de combinar expediciones cientícas con la publi-
cación de bitácoras y la celebración de conferencias públicas, por su-
puesto, no fue únicamente noruego. Durante el siglo XIX, los explora-
dores cientícos fueron emblematizados como héroes nacionales en
todo el mundo occidental (Kennedy, 2014). A partir del siglo XVIII, y
de las carreras excepcionales de Alexander von Humboldt y Charles
Darwin, la exploración cientíca se convirtió en una empresa noble,
romántica, desinteresada que podría producir enormes benecios a
los exploradores no solo en términos de prestigio y nanciación, sino
también de sabiduría y conocimientos (Bowen, 1981; López-Ocón
Cabrera, 1999; Millán-Zaibert, 2004; Pratt, 1992; Sachs, 2003). Por
lo menos Lumholtz, Apenes y Heyerdahl se ajustan al ideal del siglo
XIX, pues aspiraban al conocimiento interdisciplinario o universal.
Eran escépticos de la creciente profesionalización de las disciplinas
académicas, desconaban de la modernidad y encontraron refugio
en el estudio de lo que entonces se llamaba “hombre primitivo”. En
sus escritos, el tema del buen salvaje aparece una y otra vez como
contrapunto a la brutalidad y la fealdad de la vida moderna, urbana
e industrializada.
La exploración del siglo XIX, a menudo, estuvo al servicio de los
intereses menos nobles de los Estados e Imperios. Con frecuencia,
se obtuvo nanciación para las expediciones cientícas de gobiernos
con objetivos políticos o territoriales (Thomas, 2015). En Noruega,
sobre todo después de la desintegración de la unión con Suecia en
1905, el Gobierno patrocinó expediciones al Ártico y la Antártida, y
exploradores como Roald Amundsen y Fridtjof Nansen obtuvieron
el estatus de héroes nacionales noruegos. Pero la nación de reciente
independencia tenía poco interés económico y político en América
Latina, y lograr nanciación estatal en Noruega para el tipo de tra-
bajo que Lumholtz, Apenes y Heyerdahl habían planeado era casi
imposible. Para ellos tres, la perseverancia académica implicó la emi-
gración. Para continuar con su trabajo académico, tuvieron que salir
de Noruega.
Antes que explicar la relativa debilidad o la falta de énfasis ins-
titucional en el estudio de América Latina en Noruega, en este artí-
culo se intentan presentar algunas de las tendencias generales que
Lumholtz, Mohr, Apenes y Heyerdahl compartieron. Por lo tanto, esta
presentación sirve para diferentes propósitos. Destaca las diculta-
des de hacer trabajo académico formal por fuera de la academia e,
indirectamente, subraya la importancia de compromiso instituciona-
lizado hacia los estudios regionales. Pero también ejemplica el inte-
rés que, sobre todo la prehistoria indígena y la exploración de áreas
“exóticas” del mundo, suscitaron entre el gran público en Noruega

PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
y, por lo tanto, las posibilidades que existían –aunque limitadas– de
llevar a cabo una carrera académica, que para tres de ellos implicó
emigrar casi permanentemente.
CARL LUMHOLTZ 18511922
Carl Lumholtz se convirtió en un explorador profesional que ganó
prestigio académico y fama en vida, después de sus expediciones a
Australia, México y Borneo. En años recientes, su trabajo fue redes-
cubierto y hay un renovado interés, en particular, por su fotografía
etnográca pionera. En 1994, cuando se celebraron las Olimpíadas
de Invierno en Lillehammer, hubo un intento de hacer conocida su
obra nuevamente y, en los últimos años, se realizó una exposición
temporal de sus fotografías en el Museo de Historia Cultural de la
Universidad de Oslo, como así también fue publicado el año pasado
en los Estados Unidos un espléndido libro con reproducciones de alta
calidad de sus fotografías y, recientemente, aparecieron varios ar-
culos que abordan su trabajo como pionero en antropología visual
(Bowden, 2007; Broyles, 2014; Eek, 2007; Ezcurra, 2007; Klausen y
Sørum, 1993; Macías Guzmán, 2011; Sariego Rodríguez, 2008). En
vida, Lumholtz fue una persona famosa en Noruega y sus expedicio-
nes recibieron una amplia cobertura en los periódicos de la época,
incluso fue escrito un libro para niños en el que él es uno de los per-
sonajes (Haraldsen, 1905).
Sin embargo por mucho tiempo fue completamente olvidado, al
menos en Noruega, y aún hoy continúa siendo desconocido para la
mayor parte de los noruegos, a pesar de haber sido una celebridad
y uno de nuestros más famosos exploradores de comienzos del siglo
XX. Una de las razones por la que su trabajo fue olvidado durante
tantos años fue debido a que, después de haberse convertido en un in-
vestigador establecido, sus vínculos con las comunidades académicas
en Noruega fueron insignicantes.
Un año antes de su muerte, Lumholtz escribió un ensayo autobio-
gráco, que fue publicado en Historia Natural y que ofrece su propia
mirada sobre su carrera académica (Lumholtz, 1921). Su padre, un
capitán castrense de cierta solvencia económica, quería que el joven
Carl se hiciera sacerdote. En la Real Universidad Federicana, Carl
Lumholtz estudió teología, pero con un profundo sentimiento de des-
esperación. A pesar de que nalmente se graduó en teología nunca se
ordenó y, durante su tiempo en la universidad, siguió clases de botá-
nica y zoología. Mientras era estudiante, reexionó sobre la idea de
combinar su amor por la naturaleza y ser vicario en una remota pa-
rroquia, quizás siguiendo el modelo del sacerdote y zoólogo Michael
Sars. Lumholtz se hizo amigo de Robert Collett, quien en ese tiempo

Steinar A. Sæther
.no
era curador del Museo de Historia Natural de la Universidad y luego
fuera profesor de zoología y director del mismo museo.
Fue Collett quien reclutó a Lumholtz para una expedición a
Queensland en 1880, una expedición que duró cuatro años y cuyo
resultado fue la recolección de un gran número de especies nuevas
para el museo. La expedición australiana también orientó a Lumholtz
hacia la etnografía, cuando se interesó en la vida de los aborígenes.
Publicó Blandt mennæske-edere en Copenhague en 1888, una narra-
ción popularizada de sus experiencias durante la expedición, que fue
rápidamente traducida y publicada como Entre Caníbales; el relato de
los cuatro años de viajes por Australia y de la vida campestre con los
aborígenes de Queensland, en 1889, y una versión francesa se publicó
ese mismo año.
El libro debe haber sido todo un éxito; el título en sí mismo se-
guramente estimuló el apetito de lectores ávidos de relatos detallados
sobre el “hombre primitivo”, y el primer libro de Lumholtz no era pre-
cisamente sensible o empático hacia de los aborígenes de Australia.
Igualmente, declaró que cualquier idea preconcebida que alguien pu-
diera tener acerca de los buenos salvajes sería rápidamente disipada
en contacto con los indígenas australianos.
En 1890, Lumholtz recorría Estados Unidos dando conferencias
acerca de sus experiencias en Australia. Según el propio Lumholtz,
ya en 1887 tenía interés en los habitantes de los desladeros del su-
doeste norteamericano y, mientras aún se encontraba en los Estados
Unidos, se aseguró la nanciación de una gran expedición al norte
de México para estudiar a los habitantes de las cuevas. Una hipótesis
inicial de su trabajo fue que algunos de los grupos indígenas del norte
de la Sierra Madre podrían ser descendientes de los míticos Anasazi
(Klausen y Sørum, 1993).
Ente 1890 y principios de 1900, Lumholtz realizó cinco expedi-
ciones en México. Mientras que la conexión Anasazi pudo haber sido
importante en un primer momento, Lumholtz no hizo ningún intento
adicional para sostener que los grupos indígenas contemporáneos del
norte de México eran descendientes de los habitantes de los acantila-
dos al norte del Río Grande. En su lugar, recogió muestras de pelos
y restos óseos y objetos arqueológicos para los museos norteameri-
canos, escribió vocabularios de las lenguas Tarahumara, Tepehuana
y Tubar, realizó mediciones antropológicas, tomó cientos de fotogra-
fías, grabó melodías tradicionales, aprendió a cantar, promovió el uso
del peyoteen vez de alcohol– y pasó gran parte de su tiempo con
los Coras y los Huicholes. Estaba especialmente interesado en sus
costumbres, religión, mitos y tradiciones. En México, desarrolló una
visión más comprensiva de las comunidades nativas:

PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
“[…] Los indios son muy desconados del hombre blanco, y no es de ex-
trañar, ya que les han dejado muy poco y, por lo tanto, están obligados a
vigilar ese poquito más que atentamente. Logré, empero, entrar en su seno
y, gradualmente, ganar su conanza y amistad, principalmente por mi ca-
pacidad para cantar sus canciones autóctonas y por tratarlos siempre de
manera justa (Lumholtz, 1921)”.
Poco a poco, se interesó más en el presente etnográco que en el pasa-
do arqueológico. Pero seguía creyendo que la importancia del trabajo
que hacía radicaba, en parte, en que eran “desconocidos” y, en parte,
porque no habían cambiado:
“Sobre todo, mi estancia con los indios huicholes tuvo resultados fructuo-
sos. Estos indios habían conocido, básicamente, a un pequeño número de
comerciantes mexicanos mestizos, y yo era el primer hombre blanco que
los visitaba. Era difícil acceder a la región, y Mezquitic, el pequeño pueblo
por el que se llegaba a la tribu, distaba a tres o cuatro días de viaje a lomo
de burro. El aislamiento de estos indios en lo alto de un peñasco de la
Sierra Madre ha sido su salvación y los encontré viviendo, prácticamente,
en el mismo estado cultural que cuando Cortez pisó el suelo americano
(Lumholtz, 1921)”.
A través de estas expediciones al norte de México, Lumholtz adquirió
una reputación de explorador intrépido, guía seguro de expediciones
y profesor talentoso. Fue capaz de congregar expediciones bastante
grandes en su primera visita a México, aunque pronto se dio cuenta
que era mejor estar solo para ganarse la conanza de los grupos que
visitaba. Publicó algunos artículos académicos sobre sus hallazgos y
dos crónicas más populares de sus expediciones mexicanas.
Sus relaciones académicas con antropólogos estadounidenses y
británicos se hicieron aún más fuertes, como resultado de su trabajo
en México. Pero Lumholtz trató de mantener lazos con la universidad
en Oslo. Algunas colecciones de fotografías y objetos de arte de México
fueron enviados al Museo de Historia Cultural de la Universidad, y
cuando planeaba una nueva expedición a Nueva Guinea entre 1914
y 1921, buscó apoyo entre instituciones noruegas y particulares.
Además, se postuló en la cátedra de Etnografía y como director del
Museo de Historia Cultural, en Oslo en 1917, pero la Facultad consi-
deró que su edad –tenía 66 años– era un obstáculo y fue seleccionado
un candidato más joven (Klausen y Sørum, 1993).
Es tentador especular sobre los desarrollos alternativos para los
(latino) americanistas en Noruega si Lumholtz hubiese sido seleccio-
nado para el puesto. En Suecia, como veremos, la situación fue muy

Steinar A. Sæther
.no
diferente. Algunos de los asistentes contratados por Lumholtz eran
suecos, incluyendo al joven botánico Carl Vilhelm Hartman, quien
posteriormente condujo expediciones antropológicas por su propia
cuenta en América Central y fue designado primero curador y luego
director de la sección etnográca del Museo de Historia Natural en
Estocolmo, cargo que ocupó desde 1908 a 1923, realzando conside-
rablemente la colección americana del museo. Hartman, junto con
su mentor académico Hjalmar Stolpe y los hermanos Nordenskiöld,
lograron establecer una nueva generación de jóvenes americanistas
en Suecia como Sven Lovén, Karl Gustav Izikowitz, Gösta Montell,
Gustaf Bolinder, Alfred Metraux, Stig Rydén, Henry Wassén y Sigvald
Linné que combinaron un exhaustivo trabajo de campo con capacita-
ción en archivos y museos (Brunius, 2003). Por lo tanto, desde prin-
cipios de 1900, en Suecia existió un compromiso institucionalizado
para el estudio de etnografía e historia de América Latina, que en
Noruega estuvo completamente ausente. Esto, a su vez, tuvo efectos
importantes sobre la recepción del trabajo de Mohr y, especialmente,
de Apenes y Heyerdahl.
Pero Lumholtz no guardó malos sentimientos hacia su patria.
Cuando trató de obtener fondos noruegos para sus últimas expedicio-
nes y fracasó, lo atribuyó a la crisis económica tras la Primera Guerra
Mundial, que había llevado a la bancarrota a muchas de las familias
propietarias de barcos del país. “Hay que decir que mis compatriotas
hicieron todo lo que podían para seguir mi propósito en el cual es-
tán sumamente interesados, pero ultra posse nemo obligatur”, fue el
lacónico comentario en su ensayo autobiográco. Conservó la nacio-
nalidad noruega hasta su muerte y sus textos revelan una verdadera
satisfacción por lo que consiguió como explorador.
ANTON MOHR 18901968
Anton Mohr se diferenció de Lumholtz de muchas maneras. Hijo de
Conrad Mohr, nació en una de las familias más ricas, e inuyentes po-
líticamente, de Bergen. Como a Lumholtz, le gustaba viajar. Recorrió
el mundo con sus padres en 1913 y continuó viajando extensamente,
incluyendo visitas a Argentina, Venezuela, Panamá y Guatemala en
los años treinta.
No sería justo decir que Mohr fue un latinoamericanista. A pesar
de que publicó el primer manual en noruego de historia y geografía
de América Latina (o, más bien, de Sudamérica) y varios artículos
cortos sobre la situación económica de los países latinoamericanos,
su trabajo académico formal fue, sobre todo, de historia europea
y del Medio Oriente (Mohr, 1940; Mohr, 1948). Y escribió mucho.
Después de terminar su licenciatura en historia y geografía en la Real

PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
Universidad Federicana en Oslo, en 1915, defendió su tesis doctoral
en historia, un trabajo sobre el conicto egipcio entre 1882 y 1898,
en la misma institución, en 1923. Posteriormente, publicó más de
30 libros, la mayoría sobre historia económica, aunque también pu-
blicó una trilogía de libros infantiles sobre las aventuras de Arne y
Berit en África, Asia y América. Además de escribir libros, se des-
empeñó como corresponsal extranjero para Aftenposten, uno de los
principales periódicos de Noruega. Supuestamente, publicó más de
1.300 notas en Aftenposten; la última fue publicada el día que mur
(Brunstad, s/f).
La razón principal para incluir a Mohr en esta presentación es
porque, tal vez, fue quien tuvo la mejor oportunidad de instituciona-
lizar el estudio de América Latina en Noruega antes de 1960.
Cuando en Noruega surgió la idea de establecer una Escuela
de Comercio y Economía a principios del siglo XX, las familias de
Bergen pronto tomaron la iniciativa. En 1916 formaron la Foreningen
til oprettelse av Norges handelshøiskole i Bergen (Asociación para el
establecimiento de la Escuela Noruega de Comercio en Bergen), que
pronto fue capaz de recaudar grandes sumas de dinero y una propie-
dad para la futura escuela. Debido a la Gran Guerra y la consecuente
crisis económica, los planes fueron pospuestos durante varios años.
La idea de una escuela de este tipo en Bergen cobró un nuevo im-
pulso hacia nes de la década del veinte, y tuvo un nuevo retroceso
como consecuencia de la depresión. Pero en 1933, la Asociación de-
signó a Mohr como director de la comisión, con un contrato y con la
promesa de una posición académica en la Escuela una vez que fuera
establecida (Hansen, s/f).
Este contrato complicó las cosas, ya que el Ministerio de
Educación requería que todas las posiciones fueran designadas si-
guiendo procedimientos académicos normales. Cuando se anuncia-
ron los nuevos cargos, en 1935, Mohr estaba viajando por Asia y la
Asociación se inclinó a su favor. El problema era que había otros
candidatos más calicados. Aunque Mohr era un reconocido geó-
grafo, y claramente versado en sus campos de estudio, no había pu-
blicado artículos académicos. La solución salomónica fue nombrar
a dos profesores de geografía, y uno de esos cargos le fue ofrecido
a Mohr que, posteriormente, lo cambió por un puesto en Historia
Económica y Colonial (Hansen, s/f). Mohr enseñó en la Escuela
Noruega de Economía (NHH) desde 1936 hasta 1960, primero como
profesor asistente y, a partir 1946, como profesor titular.
Hasta donde yo sé, Mohr nunca escribió ningún artículo cientí-
co o monografía alguna sobre América Latina. Sin embargo, publi-
có breves artículos periodísticos sobre América Latina en un libro

Steinar A. Sæther
.no
llamado Jorden rundt på tyve år (La vuelta al mundo en veinte años) y
también –y esto es lo más notable– un libro de texto sobre historia y
geografía sudamericanas (Mohr, 1948). Una gran parte del libro re-
ere a la historia del Imperio Inca y su conquista por Pizarro, eviden-
temente, un tema que Mohr encontró muy interesante. Su abordaje
del período colonial fue breve y, aunque se basaba en el trabajo de
algunos de los académicos latinoamericanistas más reconocidos de
su tiempo, no fue una investigación original ni fue presentada como
tal. Reprodujo bastante acríticamente las nociones contemporáneas
en boga en el norte de Europa protestante acerca de la sed de plata
y oro de los colonizadores españoles y portugueses, su desprecio por
el trabajo manual y su trato cruel para con los grupos indígenas. Sin
embargo, Mohr fue un eximio escritor, y su prosa es eciente y por
momentos elegante. El capítulo de Mohr sobre las guerras de inde-
pendencia fue tan largo como el del período colonial y, realmente,
no es una mala lectura si la comparamos con los otros intentos más
recientes de escritura de manuales de historia de América Latina
en Escandinavia. La segunda parte del libro está dedicada a lo que
Mohr intituló “Sudamérica hoy y breves tratamientos geográcos,
políticos y económicos de cada República”. En estos capítulos, la
arrogancia y condescendencia de Mohr están presentes, práctica-
mente, en cada frase. Aunque un visitante que por primera vez pisa
Sudamérica puede ser impresionado fácilmente por los altos edi-
cios, las amplias avenidas y los impactantes monumentos, para Mohr
estos son solo vanos esfuerzos que intentan cubrir la pobreza real
de sus habitantes. Los políticos sudamericanos son descritos como
populistas sin escrúpulos o demagogos egoístas y la población como
demasiado estúpida para elegir a líderes apropiados. Mohr atribuye
muchos de los problemas de las repúblicas sudamericanas a la infe-
rioridad racial de gran parte de la población y, como un manual so-
bre las sociedades contemporáneas, debe haber conrmado muchos
de los prejuicios que tenían los noruegos en ese momento.
Por suerte, es probable que el libro no fuera muy utilizado en las
universidades noruegas. Aunque Mohr fue disertante y docente de
geografía primero y, luego, de historia económica en la Escuela de
Economía Noruega nunca dictó un curso especícamente dedicado
a la historia de América Latina. Ex colegas y estudiantes dijeron que
era un orador muy entretenido, y que prefería impartir clases a la
supervisión y tutoría de estudiantes grupos pequeños o individual-
mente. Según los informes, casi nunca tuvo estudiantes de posgrado
trabajando directamente con él, y aunque siguió viajando mucho, sus
viajes al extranjero parecen haber servido, principalmente, al propó-
sito de escribir textos no académicos para la prensa noruega y libros

PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
para el público en general, sobre las Guerras Napoleónicas y sobre la
actualidad económica (Brunstad, s/f).
Hasta cierto punto es decepcionante que Mohr sea el único de los
cuatro “latinoamericanistas” presentados aquí que, de hecho, alcan-
zó una posición permanente en una institución Noruega. Los lectores
de sus libros y artículos sobre América Latina pueden tener la sensa-
ción de que era bastante insensible a toda la región y sus habitantes.
Comparado con Lumholtz, Apenes y Heyerdahl, parece haber careci-
do de un interés genuino y profundo tanto en América Latina como en
la investigación. Aunque ocupó una posición profesional, que habría
hecho posible la formación de grupos de estudiantes dedicados al es-
tudio de América Latina, no fue un objetivo que eligiera concretar.
OLA APENES 18981943
Ola Apenes debe haber tenido una personalidad muy diferente. Como
los otros tres, nació en una familia burguesa tradicional con algu-
nos recursos monetarios, aunque los Apenes en Fredrikstad habían
sufrido un revés económico y no estaban tan bien relacionados, ni
eran políticamente inuyentes, como los Mohr en Bergen. Estudió
Ingeniería en Alemania y se trasladó a México en 1929 para ocupar
un puesto en Ericsson, la compañía telefónica sueca, después de ha-
ber trabajado durante un par de años en Nueva York. Vivió y trabajó
en México hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial y, durante
esos once años, fue muy productivo.
Recientemente, el trabajo de Apenes ha llamado la atención.
El documental de Flimmer Film sobre Apenes fue difundido en la
emisora nacional noruega en 2013, una tesis de maestría sobre la co-
rrespondencia de Apenes fue escrita en 2012, junto con un artículo
de Ricardo Pérez Montfort (Kreken y Chavarria, 2013; Langås, 2012;
Pérez Montfort, en prensa). La historia de Apenes es interesante por
numerosas razones, pero para los propósitos de este artículo la aten-
ción se centrará en el “eslabón perdido” con las instituciones norue-
gas durante y después del trabajo arqueológico y antropológico de
Apenes en México.
No sabemos exactamente por qué decidió a emigrar a México, o
si hubo otros motivos además de su oferta de trabajo en la compañía
telefónica sueca. Pero, en realidad, fue parte de una pequeña corrien-
te de intelectuales de diferentes tendencias que desembocaron en el
México posrevolucionario, y que participaron en el desarrollo del dis-
curso indigenista (Neyens, 2015; Pérez Montfort, en prensa). Aparte
de Apenes, que desarrolló rápidamente una notable maestría sobre
los sistemas del calendario Maya y Azteca, los mapas históricos del
Valle del Centro de México y la historia ecológica del lago de Texcoco;

Steinar A. Sæther
.no
los noruegos Gunnar Strømsvik y Erling Nerby también participaron
en las excavaciones arqueológicas; en Yucatán, el compositor Halfdan
Jebe estaba intensamente comprometido en revivir la música Maya
con un enfoque socialista o radical; el ideólogo nazi Per Imerslund
desarrolló una profunda simpatía por la reivindicación indígena y;
el autor conservador Erling Winsnæs escribió varios ensayos cortos
sobre México y por lo menos un libro de teoría política general, mien-
tras vivió allí.
Como Mohr, Ola Apenes también escribió notas cortas para los
periódicos noruegos, especialmente antes de llegar a México y duran-
te sus primeros años allí. Entrevistó a Trotsky y escribió un artículo
sobre su asesinato. También escribió un gran número de cartas a su
madre en Fredrikstad, la mayor parte de las cuales fue donada a la
Biblioteca Nacional en Oslo por la familia Apenes. Además, fue un
buen fotógrafo y cineasta y, tal vez, su legado más perdurable sea el
metraje de varios pueblos mexicanos en los años treinta.
Cuando Ola Apenes comenzó a publicar sus trabajos sobre etno-
grafía y arqueología mexicanas a mediados de los años treinta, no
buscó el apoyo de de sus compatriotas noruegos ni en México, ni en
la patria. Comprensiblemente, decidió estudiar maya y náhuatl en la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) bajo la dirección
del profesor Alfonso Caso (Pérez Montfort, en prensa). Y sus primeros
artículos fueron publicados en Estocolmo, en los primeros números
de Ethnos, cuyo editor general era Sigvald Linné, director del Museo
Etnográco y que había dirigido una expedición a México en 1934 y
1935 (Brunius, 2003).
Parece que Linné se había familiarizado con Apenes durante
la expedición, junto con las hermanas danesas Bodil Christensen y
Helga Larsen que también contribuyeron con artículos en los prime-
ros números de Ethnos. Christensen (que continuó haciendo un im-
portante trabajo sobre antropología mexicana durante varios años),
Larsen (que había sido la secretaria del profesor Sylvanus Morley, el
director de las excavaciones de Chichen Itzá) y Apenes fueron, de he-
cho, miembros fundadores de la Sociedad Mexicana de Antropología,
institución que bajo la dirección de Alfonso Caso sería instrumen-
tal en la formación de una generación de arqueólogos y antropólogos
mexicanos profesionales (Pérez Montfort, en prensa). Desde que llegó
a México, Apenes pasaban casi todo su tiempo libre en excursiones y,
eventualmente, expediciones por sus alrededores. Ya desde el inicio
de su carrera académica pudo publicar artículos en revistas y diarios
mexicanos, suecos y estadounidenses. Aprovechando sus habilidades
matemáticas e ingenieriles, al principio se concentró especialmente
en los aspectos técnicos del estudio de los sistemas del calendario

PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
mesoamericano. En un primer momento, acompañaba a las herma-
nas danesas, aunque parece que más tarde prerió la compañía de
autora y folclorista estadounidense Frances Gillmor. Apenes contri-
buyó con ilustraciones para sus primeros libros. También publicó ar-
tículos en México y Estados Unidos, y su trabajo sobre mapas mexi-
canos, fue publicado póstumamente por la UNAM.
Según el documental de Flimmer Film, tras el estallido de la
Segunda Guerra Mundial Apenes perdió la paciencia con el trabajo
académico, en parte, porque estaba preocupado por la situación de
su familia en Noruega –ocupada por la Alemania Nazi desde abril de
1940– y, en parte, porque Frances Gillmor ya no pudo viajar más a
México. Se enlistó como voluntario en las fuerzas aliadas y se tras-
ladó a la Pequeña Noruega en Canadá, en 1943. Allí murió, trágica-
mente, tras una apendicectomía fallida.
Durante su breve carrera académica, Apenes fue muy producti-
vo. Sus escritos académicos son formales, detallados, originales y ba-
sados en una lectura extensiva, sumada al trabajo de campo arqueo-
lógico, que aún hoy resultan importantes. Aunque, en la Noruega de
ese entonces, no había público para sus trabajos. Cuando después
de la guerra una buena parte de sus fotografías fueron devueltas a
la familia, su madre intentó donarlas a la Universidad de Oslo. Pero
como fue reticente a recibirlas, la colección terminó en el Museo
Etnográco en Estocolmo.
Como en el caso de Lumholtz y Mohr, Apenes fue desaprovecha-
do. Dado que en Noruega no existieron instituciones con interés y co-
nocimientos en etnografía, arqueología e historia de América Latina,
el trabajo de Apenes fue depreciado y vistosamente ignorado.
THOR HEYERDAHL 19142002
De los cuatro investigadores examinados aquí, Thor Heyerdahl es,
sin dudas, el más famoso. Su trabajo fue ampliamente difundido,
tanto por él como por otros, en películas, documentales, artículos en
la prensa y entrevistas por radio y televisión. No es posible sostener
que su trabajo fue ignorado, descuidado u olvidado. Sin embargo, el
estrepitoso fracaso en su intento por ser reconocido como un aca-
démico formal es interesante cuando se lo observa en el contexto de
Lumholtz, Mohr y Apenes.
Como ellos, provenía de una familia de clase alta de medios eco-
nómicos considerables. Su padre era dueño de una destilería de cer-
veza en Larvik y nanció tanto los estudios universitarios de Thor
como sus primeras expediciones (Kvam, 2005).
Como estudiante de botánica y zoología en la Real Universidad
Federicana, en Oslo, cursaba y leía mucho pero nunca se presentaba

Steinar A. Sæther
.no
a exámenes. Además, fue un universitario atípico, en el sentido de
que tenía poca paciencia para debatir con quienes refutaban su tesis
principal, que fue la base de la mayoría de sus expediciones y traba-
jos publicados antes de 1960: originalmente, gran parte de la Polinesia
fue poblada por nativos de América del Sur. Para fundamentar esta
tesis controversial, estuvo dispuesto a arriesgarlo prácticamente
todo, incluso su vida, su(s) matrimonio(s) y su fortuna. Era a la vez
una persona agitada y un agitador que levantaba polémicas donde
ponía un pie. Aunque contados profesionales en las disciplinas de
arqueología, etnografía e historia hayan aceptado sus tesis y con-
clusiones, su trabajo indudablemente contribuyó a ampliar mucho
más el interés público en la prehistoria de América –del Sur y del
Norte– y de Oceanía, de lo que hubiese sido posible sin sus best-sellers
y documentales.
Llamarlo latinoamericanista sería estirar el término aún más
que en el caso de Lumholtz, Apenes y Mohr. Aunque era versado en
literatura sobre la prehistoria sudamericana, y esto fue importante
para sus proyectos hasta los años sesenta ya que implicaba abogar
por la tesis de la difusión: de la migración de las culturas norte y
sudamericanas hacia las islas de la Polinesia y la zona este del océa-
no Pacíco, no realizó ningún trabajo de campo de largo plazo en el
continente sudamericano antes de 1960. Aún así, sus teorías sobre
la difusión cultural en relación con Sudamérica son de tal alcance,
que tiene sentido incluirlo entre los investigadores noruegos que se
abocaron a temáticas latinoamericanas.
Su primera expedición realizada con su primera esposa, Liv, fue
a Fatu Hiva en 1936. El objetivo de la expedición es un poco ambi-
guo. En un nivel, fue el trabajo de campo de Heyerdahl para una fu-
tura tesis universitaria sobre botánica supervisada por la profesora
Kristine Bonnevie (Klausen, 2003; Kvam, 2005). También, fue una
especie de luna de miel extendida para los recién casados. Más secre-
tamente, fue el intento de romper con la vida moderna y encontrar
el paraíso terrenal en una isla del Pacíco. En estos tres niveles, la
expedición fue, en gran medida, un fracaso. Pero, durante su estadía
en la isla, Heyerdahl quedó muy deslumbrado por las historias que le
contaron sobre el asentamiento original de las islas, sobre los mitos
de los hombres que llegaron desde el este.
Cuando la pareja regresó a Noruega, Heyerdahl escribió un li-
bro sobre su estadía en la isla y dictó una serie de conferencias so-
bre sus indagaciones. A su vez, esto allanó el camino de los planes
para una nueva expedición. Los planes fueron interrumpidos por
la guerra. Sin embargo, cuando los Heyerdahl visitaron Canadá
y Estados Unidos, Thor estuvo ocupado casi constantemente en la

PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
búsqueda de información que pudiera probar sus argumentos sobre
las migraciones prehistóricas del continente americano a la Polinesia
(Kvam, 2005).
La siguiente gra n expedición, que catapultó a Heyerdah l a la fama
internacional, fue la expedición Kon-Tiki desde el Callao a Raroia,
en 1947. Las expediciones posteriores realizadas por Heyerdahl a
Galápagos (1952) y la Isla de Pascua (1955-56), en esencia, para él
tuvieron el mismo propósito: recopilar pruebas para corroborar su
tesis de la migración precolombina de Sudamérica a las islas del
Pacíco; aunque no necesariamente para los demás miembros de la
expedición (Kvam, 2005).
Una de las cualidades excepcionales de Heyerdahl fue su ca-
pacidad para publicitar sus expediciones y las teorías subyacentes.
Aunque es cierto que muchos académicos fueron escépticos acerca
de su trabajo, también es evidente que a Heyerdahl le gustaba per-
sonicarse como el profeta solitario que desaaba los dogmas con-
servadores de profesores universitarios pasados de moda. El biógra-
fo de Heyerdahl, Ragnar Kvam Jr., aporta un informe detallado de
la recepción académica de cada una de sus monografías, artículos
cientícos y ponencias. La sensación es que mayoría de los letrados
que comentaron su trabajo lo hizo con mucha seriedad, aún cuan-
do discrepaban profundamente tanto con sus teorías como con sus
métodos. Y que algunos investigadores quedaron impresionados por
su trabajo y, aunque no necesariamente estuvieran de acuerdo con
todas sus conclusiones, lo encontraron valioso.
Heyerdahl tendió a considerar toda crítica como una evidencia
de la falta de conocimientos o de los prejuicios de sus críticos, mien-
tras que cualquier comentario positivo lo consideraba como una
prueba de que siempre tuvo razón. Sin duda, esta actitud por parte de
Heyerdahl fue un aspecto importante de su popularidad pública. Acá
había un hombre sin título universitario que podría demostrar que
los investigadores estaban todos equivocados. Heyerdahl epitomiza,
así, al explorador romántico del siglo XIX. Es Humboldt renacido;
un hombre que con paciencia recolecta pruebas del mundo natural
y que a través de la lógica racional destruye el dogma convencional.
Como ha señalado recientemente uno de sus críticos más seve-
ros, parte del problema de Heyerdahl fue que sus teorías y métodos
eran considerados obsoletos por muchos de los etnógrafos y antro-
pólogos más inuyentes en los años cuarenta y cincuenta (Klausen,
2003). La teoría de la difusión ya no era dominante en antropología
(Nielsen, 2003). Y había pasado la época en que los exploradores in-
dividuales podrían ser, al mismo tiempo, botánicos, zoólogos, ocea-
nógrafos, lingüistas y etnógrafos. Hoy, al leer las obras de Heyerdahl

Steinar A. Sæther
.no
y las de sus críticos, se tiene la sensación que entre ellos mediaba una
confusión epistemológica fundamental.
Por consiguiente, nos vemos tentados con especulaciones con-
tra-fácticas: ¿Qué habría sucedido con la carrera académica de
Heyerdahl si hubiese tenido la oportunidad de estudiar con etnó-
grafos experimentados, con conocimientos de las culturas nortea-
mericanas, latinoamericanas u oceánicas antes de sus primeras
expediciones? ¿Si el joven Heyerdahl, desde sus primeros pasos en
la universidad, hubiese sido capacitado por Lumholtz, Apenes o, me-
jor aún, por un grupo de investigadores como los que trabajaron en
Estocolmo con Sigvald Linné, habría hecho a la diferencia? ¿Tal vez,
Heyerdahl, podría haber aprendido a usar sus habilidades de organi-
zación, arrojo, perseverancia y su capacidad de obtener nanciación
y publicidad más efectivamente en la búsqueda del conocimiento sin
distanciarse de la comunidad académica? ¿Acaso hubiese sido ca-
paz de aceptar la crítica de manera más constructiva? ¿Y si hubiese
tenido la posibilidad de enseñar y supervisar estudiantes y, por tan-
to, contribuir a la formación de las futuras generaciones de (latino)
americanistas en Noruega? Nunca lo sabremos, por supuesto.
La historia de los primeros investigadores noruegos que traba-
jaron en América Latina es un poco deprimente. Para nuestra co-
munidad académica actual en Noruega, se traduce a una historia de
oportunidades perdidas. Ojalá que en el futuro sepamos reconocer
mejor el potencial académico y estimular la creación de comunida-
des académicas consistentes.
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
Vegard Bye
ESTUDIOS SOBRE LA IZQUIERDA
LATINOAMERICANA DESDE UNA
PERSPECTIVA NORUEGA1
INTRODUCCIÓN
Como se sostiene en la introducción del libro, hay muchos tipos di-
ferentes de “investigadores sobre América Latina” en Noruega. Unos
tienen motivos políticos explícitos, otros tienen un punto de partida
más “cientíco”, mientras que otros están motivados por mejorar la
base de conocimiento para la política noruega de cooperación para el
desarrollo. Cuando hablamos de investigación sobre los movimientos
de izquierdas y los gobiernos, es difícil zanjar los vínculos políticos.
Sin embargo, en este capítulo voy a argumentar que la política norue-
ga hacia los gobiernos izquierdistas en América Latina ha estado más
inuenciada por la investigación y los investigadores, que a la inversa.
En varias ocasiones, mis colegas en América Latina me han pre-
guntado: ¿cómo es que Noruega, un aliado tan leal de los Estados
Unidos y de la OTAN, se compromete con tanta frecuencia en la políti-
ca izquierdista y las actividades académicas en América Latina? Este
artículo es un intento de responder a esta pregunta. Demuestra que
la realidad no es tan simple y llana como podría imaginarse cuando
se hace referencia al apoyo de Noruega a la revolución sandinista en
los ochenta, a la cooperación con el Brasil de Lula o la Bolivia de Evo
Morales en los años 2000, o incluso, en la actualidad, a una relación
1 Traductora: Eugenia Cervio.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
aparentemente amena con Cuba. Durante los 55 años transcurridos
desde la revolución cubana, hubo muchas idas y vueltas en los eventos
que contribuyen a explicar esta situación.
El tema que se me solicitó que debatiera en este artículo, por
momentos diculta la distinción entre política y academia en las re-
laciones noruego-latinoamericanas. En realidad, las dos están estre-
chamente relacionadas.
Antes de proseguir, quisiera tratar de determinar qué se entiende
por “la izquierda latinoamericana”. Ya que observamos un fenómeno
iniciado por la revolución cubana, nos enfocaremos en los fenómenos
políticos que pueden ser ampliamente denidos como socialistas (a la
izquierda de la socialdemocracia) y que se consideran a sí mismos an-
tiimperialistas (que en América Latina, casi invariablemente, signica
trabajar contra la hegemonía estadounidense). Estas dos tendencias
muy a menudo se superponen con conceptos como nacionalismo y
populismo que, en sí mismos, no son sucientes como para ser consi-
derados “izquierdistas” en este artículo. Nos concentraremos en go-
biernos izquierdistas: Cuba revolucionaria, el Gobierno de Allende en
Chile, Nicaragua sandinista y la nueva tendencia de izquierda en los
años 2000 (Brasil y Uruguay; los países del ALBA: Venezuela, Bolivia,
Ecuador, Nicaragua y Cuba; y también calicaría el Gobierno del
FMLN en El Salvador desde 2009). El énfasis estará en los gobier-
nos, en lugar de los movimientos o las alianzas intergubernamentales
(como el ALBA).
El artículo comenzará con la primera de las tantas paradojas en
estas relaciones: las exportaciones militares noruegas a Batista, apro-
badas por el Gobierno laborista justo antes de que este fuera derro-
cado, terminan en las manos de Castro. Se deben establecer algunos
criterios básicos para comprender la situación política en Noruega –y
en el movimiento socialdemócrata, en particular– durante la Guerra
Fría. Luego, se pasará a examinar el golpe militar de Chile en 1973,
cómo la revolución sandinista reubicó al movimiento de solidaridad
noruego de una posición marginal a una posición política predomi-
nante, preparando el escenario para el compromiso de Noruega con
la ola izquierdista en Sudamérica durante los 2000, incluyendo una
asociación bastante cercana con Cuba, que perdura, incluso después
de que Noruega votara a un gobierno de centroderecha en el poder
en 2013.
Más que nada, el artículo muestra cómo una serie de parado-
jas políticas han dominado esta historia, tal vez induciendo a una
percepción de Noruega posicionada más a favor de la izquierda en
América Latina que lo que indicaría la realidad política noruega.
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Vegard Bye
.no
LA REVOLUCIÓN CUBANA EN LA POLÍTICA NORUEGA
A pesar de que, como se muestra en la introducción del libro, el mo-
vimiento revolucionario de Fidel Castro en la Sierra Maestra en Cuba
tuvo un impacto de largo plazo en la academia Noruega, nunca fue
una cuestión importante en los medios de comunicación noruegos,
ni en la academia y, mucho menos, en el debate político noruego. La
principal cuestión política internacional en Noruega, en ese entonces,
era la posición noruega en la Guerra Fría –con su frontera norte con
la URSS– y el tema de la bomba nuclear. El partido laborista, con sus
raíces comunistas de la década del veinte, se había consolidado en
el poder con un programa reformista estatal aunque marcadamente
capitalista desde 1935, solo interrumpido por los cinco años de ocu-
pación alemana. En 1949, la decisión de unirse a la OTAN encuadró
al partido laborista directamente en el campo estadounidense de la
Guerra Fría aunque con serias suras en el mismo, que nalmente
condujo a una división y a la creación del partido socialista popular
en 1963. Pero Cuba y América Latina estaban muy lejos de la política
dominante y el mundo académico de Noruega en aquellos días.
Sin embargo, por una extraña coincidencia, esto cambió con la
última batalla entre Batista y Castro hacia nes de 1958, que deri-
vó en la llamada “cuestión cubana”, un escándalo muy grave para el
Gobierno laborista de la época, convirtiéndose en un caso muy deba-
tido no solo entre académicos sino, sobre todo, en un asunto de políti-
ca nacional.2 Batista buscaba desesperadamente armas nuevas, pero
al nal, incluso su antiguo aliado los Estados Unidos y la mayoría
de las otras naciones occidentales se embarcaron en un embargo de
armamentos, con el n de mantenerse fuera de la última batalla, tal
vez viendo el resultado inevitable y con el deseo de mantener al mo-
vimiento castrista lejos de los comunistas a nivel nacional, y enfriar
las ambiciones soviéticas y chinas de inmiscuirse en el patio trasero
de los Estados Unidos. Finalmente, Batista logró llegar a un acuerdo
con Bélgica para la adquisición de armas automáticas FAL, pero ade-
más necesitaba municiones. Noruega produjo las municiones apro-
piadas para esas armas. Jens Chr. Hauge era el padrino de la no tan
impresionante industria de armamentos noruega, un ex líder de la
resistencia durante la Segunda Guerra que luego ocupó varios pues-
tos clave como ministro, y que posteriormente pasó a operar detrás
de bambalinas como uno de los consejeros más cercanos al primer
2 Una descripción completa de “la cuestión cubana”, basada en una investigación
cuidadosa y en entrevistas a numerosas fuentes primarias, se da posteriormente en
mi libro (Bye y Hoel, 1998, pp. 227-248). Sobre el tema, también se produjo una tesis
maestría en Historia (Skåtun, 1971).
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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ministro Gerhardsen, con estrechas conexiones con los servicios de
inteligencia de los Estados Unidos y la comunidad militar-industrial.
Nadie sabía mejor que el Sr. Hauge que Noruega tenía una prohi-
bición absoluta para la exportación de armas a países en conicto.
Pero no le importó. Si su ansia de exportar municiones para fusiles
automáticos y ametralladoras, junto con granadas de mano, fue mo-
tivada –como armó– por un deseo no muy convincente de salvar
empleos en la fábrica de municiones Raufoss o si, simplemente, se
trataba de un servicio a sus amigos íntimos en la administración de
Eisenhower, que estaban muy fastidiados con lo que consideraban
la decisión errónea de cortar la entrega de armas a un hombre a
quien apreciaban como un baluarte contra el comunismo, todavía
es confuso. Pero el Sr. Hauge logró maniobrar contra la resistencia
del Ministerio de Relaciones Exteriores, aprovechó una visita estatal
de él y el primer ministro a la India para obtener una decisión del
Gabinete de Ministros a favor de la exportación de armas y enviar el
cargamento hacia el Caribe, el día antes de la Nochebuena de 1958.
La ironía del asunto es que el barco llegó a La Habana justo después
de que Batista había huido y Castro estaba seguro en el poder. Lo
que pretendía ser una mano amiga para Batista terminó en manos
del nuevo gobierno revolucionario, que en realidad ideológicamente
debe haber estado mucho más cerca del partido noruego gobernante
que el hombre para quien esas armas estaban destinadas. Cuando el
caso salió al aire en los medios de comunicación noruegos, creó una
tormenta política en el Parlamento, con –otra vez, irónicamente– la
oposición de centroderecha atacando al Gobierno laborista por vio-
lar las regulaciones noruegas de exportación de armas. El primer
ministro dijo que lo sentía, pero, en virtud de la mayoría absoluta la-
borista en el Parlamento, la cuestión no tuvo consecuencias políticas
inmediatas. Aunque es posible que haya contribuido para darle a la
oposición la seguridad en sí misma necesaria para relegar al partido
laborista de su completa hegemonía en el país.
Tal era la distancia paradójica entre la realidad política noruega
y la latinoamericana, alrededor de 1960.
IZQUIERDA Y DERECHA EN NORUEGA DURANTE EL SIGLO XX
El partido laborista noruego perteneció a la Internacional Comunista
hasta 1923, cuando se dividió en una facción revolucionaria comu-
nista –que pasó a ser el partido comunista– y una facción mayori-
taria de la socialdemocracia reformista. Pero los dirigentes de esta
última, que tuvieron una posición hegemónica en la política noruega
durante treinta años desde que fueron elegidos en el poder en 1935,
tenían sus raíces políticas en los movimientos a favor del comunismo,
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Vegard Bye
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como simpatizantes y admiradores de la gran revolución soviética.
Su posición de solidaridad internacional más importante antes de la
Segunda Guerra mundial fue su apoyo incondicional al bando repu-
blicano durante la Guerra Civil española, cuando un número impor-
tante de noruegos se enlistó en las las contra Franco. En Noruega
hay una profusa literatura, tanto de cción como de ensayo y perio-
dística, sobre la Guerra Civil española (Moen y Sæther, 2011). Este
tema, en muchos sentidos, puede ser visto como el preludio al interés
noruego ulterior en América Latina, simplemente porque algunos
intelectuales de la generación de la “Guerra Civil española” todavía
estaban rondando cuando surgió el nuevo interés en América Latina,
trayendo un mensaje de similitudes político-culturales. Para dar un
ejemplo, la Ayuda Popular Noruega (APN), una de las ONG noruegas
más activas en América Latina, se estableció en solidaridad con la
lucha antifascista en España.
El antifascismo fue un emblema del movimiento obrero, que
lógicamente lo condujo a adoptar una posición de liderazgo en el
movimiento de resistencia contra los ocupantes alemanes en 1940-
45. Pero durante la guerra los conservadores y los socialistas se
unieron bajo el mando simbólico del rey, en el Gobierno en el exilio
establecido en Londres, así como en el movimiento de resistencia
en casa, compartiendo su desprecio por las ideas fascistas. Uno de
los aspectos de esta situación es que, un número signicativo de
nazis noruegos huyendo del castigo de la Posguerra, terminó en la
Argentina de Perón y otros países sudamericanos. En ese momen-
to, los sentimientos antiestadounidenses en Noruega eran, sin duda,
más comunes en la ultraderecha que entre socialistas, como de he-
cho lo fue en España y, tal vez, incluso en Cuba y en otros lugares en
América Latina.
Lo que desencadenó los sentimientos antiestadounidenses entre
la izquierda noruega, más allá del partido laborista, fue la polémica
decisión de unirse a la OTAN –cuando una minoría era partidaria
de una alianza de defensa nórdica; el movimiento contra las armas
nucleares y su pre emplazamiento en Noruega (que nunca fue auto-
rizado); y, más tarde, la guerra de Vietnam y la alianza de la OTAN
con los Gobiernos fascistoides en Grecia y Portugal. Lo que se lla-
mó “la tercera posición”, mantenerse a distancia de ambas super-
potencias, se convirtió en un grito de batalla en el momento de la
ardua disputa en torno de la exportación de armas a Batista. Este
movimiento, gradualmente, absorbió otros movimientos de protesta
de distintas tonalidades: contra la guerra en Argelia, en apoyo a las
luchas anticoloniales en el África y, poco a poco, también abarcó el
apoyo a Cuba en el conicto con el imperialismo estadounidense y a
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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los movimientos izquierdistas –incluyendo a las guerrillas– en otras
partes de América Latina. El Che Guevara se convirtió en una gura
de unicación reconocida, antes y después del movimiento de 1968.
En esta situación, el partido laborista noruego y el Gobierno to-
maron una posición muy interesante. Mientras que la pragmática
agenda política nacional dejaba poco espacio para el romanticismo y
la alianza de la OTAN vinculaba la política exterior rmemente a los
Estados Unidos, el partido necesitaba algo para disuadir a la sección
izquierdista. Acaso lo que encontraron fue iniciar la ayuda para el
desarrollo internacional, primero a la India y luego a una serie de
países africanos. Este fue un tema marginal en la agenda política no-
ruega dominante, pero le dio al ala izquierda del partido algo en qué
ocuparse y, así, podría aceptar con más facilidad tragarse un montón
de sapos políticos (Pharo, 1986). De esta manera, el ala izquierda –a
menudo dominada por la liga de la juventud laborista en alianza con
el partido socialista popular (SF, fundado en 1963) y otros grupos
izquierdistas– consiguió relativa vía libre para hacer del antiimpe-
rialismo su agenda política favorita.3 La decisión táctica de impulsar
la ayuda internacional a comienzos de los años cincuenta, y el razo-
namiento detrás de ello, pueden explicar mucho de lo que les sucedió
posteriormente a las relaciones de Noruega con América Latina.
CHILE ENTRE ALLENDE Y PINOCHET: EL ALDABONAZO PARA UNA
NUEVA GENERACIÓN
La elección de Salvador Allende en Chile en 1970, el primer marxista
explícito elegido como presidente en América Latina, generó simpa-
tía general tanto en Noruega como en el resto de Europa. A partir
de la confrontación montada en Chile, con los Estados Unidos cada
vez más críticos a las nacionalizaciones del Gobierno de Allende,
los estrechos vínculos con Cuba y los países socialistas de Europa
del Este volvieron a poner a la política exterior noruega en una posi-
ción incómoda.
Los gobiernos noruegos de ese entonces –que rotaron varias veces
entre la centroderecha y el laborismo– no tomaron ninguna posición
explícita de apoyo al Gobierno de Allende, cada vez más amenazado.
Esto fue muy diferente a, por ejemplo, el Gobierno de Olof Palme en
Suecia. Una vez más, como en el caso de la guerra de Vietnam, surgió
una diferencia signicativa entre los partidos socialdemócratas de
los vecinos escandinavos, por lo general estrechamente vinculados:
3 El primer líder del SF, Finn Gustavsen, acaso tuvo a Cuba y Castro como su
modelo político favorito y publicó el primer libro sobre la revolución cubana en
noruego (Gustavsen, 1966).
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Vegard Bye
.no
Suecia no era parte de la OTAN y podía –en virtud de su vocero, el
primer ministro Olof Palme– tomar una posición clara contra los
Estados Unidos, mientras que Noruega estaba frenada por su lealtad
estadounidense. Olof Palme ya había visitado Chile como ministro
de Educación en el período previo a la elección de Allende (en 1969) y
había establecido buenos contactos en el campo de Allende. La elec-
ción de Allende fue recibida con rápidas reacciones de solidaridad
del Gobierno de Palme (primer ministro desde octubre de 1969), que
convirtió a Chile en país beneciario ocial de cooperación para el
desarrollo (junto con Cuba, el único beneciario en América Latina) e
incluso promovió las exportaciones de armas suecas al país. Un gran
contingente de personal de asistencia y voluntarios suecos trabaja-
ron en Chile durante el Gobierno de Allende, dejando como resulta-
do una fuerte impronta en las relaciones suecas con América Latina
–y no menos importante en las ciencias sociales (ver: Camacho
Padilla, 2007).
Noruega, un país con una tradición de amplio consenso político
acerca de su política exterior pro OTAN y pro Estados Unidos, como
caso de excepción estuvo dividida políticamente respecto a la elec-
ción del presidente Allende y las políticas que él estableció. Mientras
que el principal periódico noruego Aftenposten, por entonces estre-
chamente vinculado al partido conservador, expresó fuertes temores
ante el gobierno “de inclinación comunista”, el principal periódico
perteneciente al partido laborista, Arbeiderbladet, tomó una posición
totalmente opuesta, de apoyo entusiasta. El embajador noruego en
Santiago de Chile, en sus informes políticos, dio una imagen muy
negativa del Gobierno de Allende reejando claramente la visión de
la oposición del ala derechista. La opinión del embajador coloreó la
política exterior de Noruega vis-à-vis este país lejano con el que hubo
muy escasos vínculos durante el Gobierno de Allende. En fuerte con-
traste con Suecia, Noruega solo tuvo un par de iniciativas de coope-
ración menores con el Chile de Allende, que no habían prosperado
antes del golpe de Estado de Pinochet en 1973. Los gobiernos norue-
gos tuvieron varias idas y vueltas entre la centroderecha y el laboris-
mo a principios de los setenta, debido al polémico referéndum sobre
el ingreso a la CEE (lo que actualmente sería la Unión Europea, la
UE). Cuando Allende fue electo en septiembre de 1970, Noruega tenía
un ministro de Relaciones Exteriores de tendencia derechista con-
servadora (Svenn Stray). Después de dos cambios gubernamentales,
el partido laborista volvió al Gobierno en octubre de 1973. En uno
de sus primeros discursos ante el Parlamento ya dominado por del
Gobierno laborista, el nuevo ministro de Relaciones Exteriores Knut
Frydenlund, admitió el error político de no haber simpatizado con el
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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Gobierno de Allende: “Una lección a extraer de los acontecimientos
en Chile es que nuestra solidaridad con las fuerzas democráticas y
progresistas no debe llegar demasiado tarde”.4
El lento movimiento del partido laborista hacia una posición de
defensa de Allende también puede haber estado inuenciado por un
grupo relativamente pequeño, pero pregnante, de intelectuales no-
ruegos que visitaron Chile durante el período de Allende y, además,
uno de ellos era corresponsal de Arbeiderbladet en Chile. Su antología
empática con las estrategias socialistas de Allende, publicadas poco
antes del golpe de Estado, fueron una fuente de inspiración impor-
tante para los trabajadores de la solidaridad y los académicos (ed.
Hareide, 1973).
En 1973, con el golpe de Pinochet respaldado por los Estados
Unidos, las cosas comenzaron a cambiar. El comportamiento de
la Embajada de Noruega en Chile contribuyó a esto de un modo
paradójico.
Mientras que Edelstamm, el embajador sueco, actuando según
las instrucciones personales directas de su amigo el primer ministro
Palme abrió las puertas de la Embajada, y así permitió que miles
de simpatizantes de Allende pidieran asilo, Fleischer, el amante-
mente embajador noruego, parece haber compartido las opiniones
derechistas de su precursor e hizo exactamente lo contrario que su
colega sueco: cerró las puertas. Pero esto provocó una decisión intere-
sante cuando el Sr. Frydenlund asumió como ministro de Relaciones
Exteriores un mes después del golpe de Estado: sustituyó a Fleischer
por el Sr. Frode Nilsen, con un claro mandato de admitir a los perse-
guidos por la Junta Militar en la Embajada, relegando completamen-
te a Fleischer. El Sr. Nilsen hizo grandes esfuerzos para sacar de las
cárceles de Pinochet a los detenidos con más riesgo de vida, les abrió
la Embajada y envió a muchos de ellos como refugiados políticos a
Noruega. Desde entonces, es considerado como un héroe entre los
chilenos en Noruega (Nilsen, 1993).
La llegada de varios cientos refugiados chilenos a Noruega, aun-
que en un número mucho menor que a Suecia, fue el primer gran
impulso del movimiento de solidaridad noruego con América Latina.
Estos eran refugiados altamente politizados que, por lo general, en-
contraron sus aliados naturales en la sección izquierda de la fauna
política noruega, fomentando mayor solidaridad y el movimiento
4 Citado en Gilje Buggeland (2010) una tesis de maestría en Historia sobre la
cuestión de las relaciones exteriores de Noruega durante el golpe de Estado en Chile,
en 1973, con énfasis en la política de refugiados a raíz del golpe. La tesis aporta una
buena argumentación a este debate de política exterior.
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antiimperialista, aunque también encontraron aliados en los cír-
culos académicos. Para muchos jóvenes noruegos, nacidos política-
mente como parte del 68 y el movimiento estudiantil, Chile junto con
los movimientos antidictadura en otros países latinoamericanos se
convirtió en un aldabonazo. El movimiento de solidaridad se organi-
zó centrándose especícamente en Chile, y luego en torno al Comité
noruego de solidaridad con América Latina (Latin America Groups,
LAG), en las secciones locales de todo el país. Este movimiento contó
con el apoyo de la dirección del partido laborista, que ahora ya no
está en la misma posición hegemónica, pero que sigue siendo, con
mucho, el mayor partido político que alterna entre papeles de gobier-
no y oposición.5 En este aspecto, un papel importante fue el desem-
peñado por Reiulf Steen, líder del partido laborista durante varios
años, quien se casó con una ex viceministra del gabinete de Allende,
Inés Vargas, y se enamoró tanto de ella como de su país (Steen, 1988).
Legitimó el movimiento de solidaridad con Chile y América Latina
dentro de su propio partido, en la política noruega dominante y en
la academia, e hizo aceptable el poder manifestar fuertes sentimien-
tos antiestadounidenses en lo tocante a América Latina, como una
especie de caso regional excepcional: se puede estar a favor de la
OTAN, pero aún ser crítico con los Estados Unidos en cuestiones la-
tinoamericanas. Reiulf Steen, que nunca llegó a ser primer ministro
como normalmente se espera de un presidente nacional del partido
laborista, luego fue designado como Embajador de Noruega en Chile,
gozando de una relación cercana con dirigentes políticos izquierdis-
tas y personalidades de la cultura de todo el continente –entre ellos,
el ganador del Premio Nobel Gabriel García Márquez.
El gran interés por Chile entre la izquierda política, y entre los
jóvenes intelectuales, fue probablemente la razón principal por la
que América Latina llegó a ocupar una posición destacada en estos
círculos desde principios de los setenta en adelante, enfocándose en
los movimientos políticos izquierdistas en general. Como resultado,
por ejemplo, a América Latina le fue concedido un espacio amplio en
uno de los principales proyectos intelectuales de izquierda publicado
entre 1978 y 1983, los 7 volúmenes de PaxLeksikon.6
Al mismo tiempo, un número importante de libros sobre América
Latina se publicaron en noruego (Blakemore, 1966; Gerassi, 1968;
Lindquist, 1969), aunque curiosamente, un clásico como el libro Las
venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, publicado
5 Una interesante discusión sobre el trabajo de solidaridad de Chile en Noruega se
encuentra en Godbolt (2014).
6 PaxLeksikon (Oslo: Pax Forlag) 7 Vol., 1978-1983.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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originalmente en 1971, tardó más de veinte años en ser publicado
en noruego.
UN INTERLUDIO CUBANO
Comparado con el acalorado debate intelectual acerca de Cuba en
otros países europeos, hubo relativamente poco de eso en Noruega
durante los primeros años de la revolución, aparte del libro ya citado
de Finn Gustavsen (1966). El principal experto intelectual en relacio-
nes Norte-Sur del partido de izquierda socialista (SV), el profesor
Tore Linné Eriksen, era sobre todo especialista en África. Sin embar-
go, fue seleccionado para escribir un epílogo a la edición noruega del
clásico libro internacional sobre la revolución cubana de Huberman
y Sweezy (1972); que en su mayor parte era un tributo a la revolución,
pero también reejó el creciente debate intelectual sobre Cuba en el
ala izquierda europea, en particular después de que Cuba saliera en
defensa de la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968.
El apoyo a la revolución cubana no cosechó muchas simpatías
entre los principales socialdemócratas en Noruega (otra vez, diferen-
te de Suecia). Sin embargo, a través de un proyecto de ayuda a Cuba
en los setenta, surgió un primer caso interesante de cooperación no-
ruega para el desarrollo y política exterior en la línea de fractura
entre la lealtad a los Estados Unidos y los motivos más idealistas.
Entre septiembre de 1970 y marzo de 1972, hubo un debate políti-
co muy intenso en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega,
en Norad (la Agencia Noruega para la Cooperación Internacional)
y, de hecho, en el Parlamento, sobre una petición cubana para apo-
yar el desarrollo de infraestructura portuaria. El pedido era la res-
puesta a una invitación general hecha por Noruega en la UNCTAD
(Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo) donde sostuvo
que tenía buena predisposición para considerar este tipo de proyec-
tos, en parte como una forma de evitar las críticas a su actitud bas-
tante negativa a las demandas de los países en vías de desarrollo
para introducir un sistema preferencial para el transporte marítimo
que podría amenazar a la gran industria marítima noruega. Por con-
siguiente, ¿cómo responder cuando la solicitud venía de un aliado
soviético cercano? Un fascinante relato de cómo este asunto, hoy casi
olvidado, llegó hasta el núcleo de los principios y las contradicciones
de la política exterior noruega, puede leerse en la tesis de maestría en
Historia de Haakon Schaug (Schaug, 2000).
En este caso, las lealtades se trazaban entre el compromiso con
una invitación difundida en la ONU, junto con la simpatía general
de la izquierda con los logros de desarrollo impresionantes de Cuba
y la conanza en las capacidades técnicas de la isla, sumados a una
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Vegard Bye
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diplomacia de Estados Unidos muy activa para desalentar la inicia-
tiva. En realidad, fue el lado noruego y no Estados Unidos el que
inició el diálogo político sobre este tema, por temor de provocar a
la superpotencia si hacían algo en su patio trasero. Un argumento
interesante es el esbozado por el secretario de Estado noruego Arne
Arnesen, del partido laborista: incluso los Estados Unidos difícil-
mente contarían con un buen servicio si Noruega fuera percibida
como un Estado satélite; por esta razón, Noruega, en ciertos casos
debe permitirse tomar posiciones enfrentadas a los Estados Unidos.
Un importante diplomático estadounidense en Oslo, presuntamente,
estuvo de acuerdo con esto.
Sobre esta base, aunque con serias dudas, el proyecto, conside-
rado por los cubanos como estratégica y políticamente importante,
fue aprobado.
Pero el asunto no terminó ahí. El 13 de noviembre de 1975, dos
días después de que Angola obtuviera su independencia histórica de
Portugal, una acalorada discusión surgió en el Parlamento noruego
sobre el apoyo continuado –y, de hecho, ampliado– al proyecto de las
obras portuarias cubanas. Esto ocurrió en medio de los informes de
la prensa, y las acusaciones del partido conservador, diciendo que
Cuba había intervenido militarmente en Angola. Incluso el ministro
de Relaciones Exteriores, el laborista Frydenlund –como todos los
otros partidos a excepción del partido de izquierda socialista– con-
denó el respaldo militar de Cuba al MPLA. El argumento era que
Cuba había actuado bajo instrucciones soviéticas para intervenir
en la guerra civil de Angola, y que en esas circunstancias Noruega
no podía justicar un proyecto de ayuda a Cuba. Este alegato fue
rechazado enérgicamente por el gobierno cubano y el ala izquierda
noruega por igual, pero en vano. Lo que sabemos ahora es que Cuba,
a pesar de lo que los soviéticos querían, unilateralmente decidió apo-
yar el movimiento de liberación angolano MPLA contra el apartheid
sudafricano y la intervención de Estados Unidos, pues Fidel Castro
reaccionó ante un pedido desesperado de ayuda del líder del MPLA
Agostinho Neto.7 Luego, esta intervención fue aclamada por Nelson
Mandela y muchos otros, no solo como decisiva para la lucha por
la descolonización de Angola sino también para la lucha contra el
apartheid en Sudáfrica y la liberación de Namibia. Estas luchas, más
tarde, serían enérgicamente apoyadas por Noruega, pero el gobierno
en ese momento falló, al no darse cuenta del papel históricamente
importante desempeñado por los cubanos.
7 Para un análisis histórico más completo de este conicto, ver: Piero Gleijeses
(2007).
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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La mayoría de centroizquierda decidió continuar con el proyecto
a pesar de esto, pero rechazó una propuesta para llevarlo a una segun-
da fase que implicaría el apoyo a la construcción de nuevas instalacio-
nes portuarias en la región este de la isla, que ya se habían diseñado en
la fase 1. El fantasma de Angola se había hecho imposible de contener.
La decisión de iniciar la cooperación con Cuba también puede
verse en el contexto de cierto grado de politización del debate noruego
sobre la cooperación para el desarrollo, en el que el laborismo y la
izquierda reclaman la importancia de trabajar con regímenes que im-
pulsen “políticas de desarrollo socialmente justas”. Cuba fue conside-
rada, claramente, como un ejemplo de esto, mientras que los partidos
de centroderecha –acicateados por los Estados Unidos– se pronuncia-
ron en contra de la colaboración con un régimen comunista y pro so-
viético (Engelsen Ruud y Alsaker Kielland, 2003).
En denitiva, una coalición de centroizquierda en Noruega apoya-
ría un régimen izquierdista en América Latina a pesar de la desapro-
bación de los Estados Unidos, pero no cuando se percibió que los prin-
cipales intereses geoestratégicos estadounidenses estaban en jaque.
Lo que sabemos a partir de Gleijeses (op. cit.), la documentación más
completa del contexto internacional del conicto de Angola, es que fue
una decisión personal del secretario de Estado Henry Kissinger invo-
lucrar militarmente a los Estados Unidos en Angola contra el nuevo
gobierno del MPLA, desoyendo los consejos de los expertos en Angola
y África de su propio Departamento de Estado. También sabemos que
Frydenlund, el Ministro de Relaciones Exteriores de Noruega, era un
estrecho colaborador y un gran admirador del Sr. Kissinger. Esto fue
conrmado por un asesor político que, en ese momento, lo acompaña-
ba a las reuniones con el Sr. Kissinger en Washington.8 Conociendo el
fervor del Sr. Kissinger por combatir a las fuerzas cubanas en Angola,
debe haber dejado una fuerte impresión en su par noruego, que dadas
las circunstancias no vio ninguna otra alternativa que suspender el
proyecto cubano cuando la fase 1 se hubiera terminado.
LOS SANDINISTAS Y EL MOVIMIENTO DE SOLIDARIDAD NORUEGO:
DE UNA POSICIÓN POLÍTICA MARGINAL A UNA PREDOMINANTE
El próximo resurgimiento del debate sobre América Latina en la polí-
tica noruega llegó con la revolución sandinista en Nicaragua en 1979
y las luchas de liberación que siguieron su ejemplo en otras partes de
Centroamérica en los años ochenta.
8 Conversación con el Sr. Thor Viksveen, en ese momento asesor político del
Sr. Frydenlund.
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Vegard Bye
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América Central era bastante desconocida en Noruega hasta el
terremoto en Guatemala en 1976, que provocó un amplio apoyo de la
sociedad civil para la reconstrucción.9 El terremoto aún más devasta-
dor que en 1972 destruyó Managua, la capital nicaragüense, no había
provocado ninguna reacción similar.
El autor de este capítulo fue el único periodista noruego que cu-
brió la revolución en Nicaragua, y subsiguientemente, analizó las par-
ticularidades del movimiento sandinista y el éxito de la insurrección
(Bye, 1982).
Al igual que en Chile bajo Allende a principios de los setenta,
Noruega bajo un gobierno laborista –a diferencia de Suecia bajo un
régimen de centroderecha– no pudo reaccionar rápidamente a la re-
volución sandinista. Paradójicamente, solo después de que el partido
laborista perdiera las elecciones ante los conservadores en 1981 co-
menzaron a suceder algunas cosas, entre dos dimensiones, como está
muy bien documentado en mi libro La Paz Prohibida (Bye , 1991).
En primer lugar, el partido laborista, al pasar a la oposición, vio
la necesidad de radicalizar algunas aspectos de su política exterior,
en particular las luchas de liberación en África del Sur, Palestina y
Centroamérica, en una tentativa por atraer el apoyo de los jóvenes
que participaban activamente en los movimientos de solidaridad. El
estado de ánimo arrebatador de la juventud políticamente activa en
aquel tiempo estaba a favor de estas causas de liberación. El líder del
Comité Internacional del Partido, Thorvald Stoltenberg, que hasta la
derrota electoral había sido ministro de Defensa (y, desde 1987, mi-
nistro de Relaciones Exteriores) vio claramente la necesidad de reju-
venecer el partido, y fue muy explícito en ese aspecto. Invitó al autor
de este capítulo, por entonces líder del Consejo de Solidaridad para
Centroamérica a presentar al Comité algunas propuestas de políti-
cas concretas con respecto a América Latina. La mayor parte de las
secciones juveniles de los partidos políticos (incluso del partido labo-
rista –donde Jens, el hijo del Sr. Stoltenberg,10 era prominente) esta-
ban asociadas al Consejo de Solidaridad. Se hicieron dos propuestas
concretas, que pronto pasaron al Comité Central del partido laboris-
ta: iniciar la cooperación para el desarrollo con el Gobierno sandi-
nista en Nicaragua y apoyar la lucha de liberación en El Salvador.
La cooperación con Nicaragua se convertiría en un tema candente
en el debate político nacional, mientras que el apoyo al movimiento
9 He encontrado solo una primera referencia en noruego acerca de los desafíos
políticos centroamericanos anterior a esta: Reinton (1969).
10 Jens Stoltenberg se convirtió más tarde a primer ministro noruego (2000-2001 y
2005-2013), luego a Secretario General de la OTAN (2014-)
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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popular que integraba la lucha por la liberación en El Salvador fue
impulsado, principalmente, por el movimiento sindical y la rama fe-
menina, junto a otras partes del partido laborista. La participación
sindical representó una ruptura radical histórica de la tradición de la
Confederación Sindical noruega de trabajar en estrecha alianza con
el movimiento internacional de trabajadores dominado por Estados
Unidos, la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales
Libres (International Confederation of Free Trade Unions, ICFTU), ob-
viamente bajo orientación de los servicios de inteligencia estadouni-
denses, que en América Latina (y en otros lugares) había estado en
conicto constante con la Federación Mundial de Sindicatos (World
Federation of Trade Unions, WFTU), de orientación comunista (ver
Wedin, 1985).11
Sin embargo, el partido laborista estaba en la oposición sin po-
der establecer la agenda política nacional durante cinco años, en-
tre 1981 y 1986. Por lo tanto, la segunda dimensión del debate sobre
Centroamérica en ese período fue el compromiso creciente a favor del
apoyo a las fuerzas de izquierda en Centroamérica entre los partidos
políticos centristas (el partido popular cristiano, el partido de cen-
tro y el partido liberal), y su “apropiación” de esta cuestión a través
del Comité de Relaciones Exteriores en el Parlamento. Durante los
dos primeros años, después de 1981, el partido conservador formó
un gobierno minoritario, dependiente del apoyo parlamentario de los
tres partidos centristas. A través de los estrechos vínculos con dos
poderosos movimientos de la sociedad civil comprometidos a traba-
jar con las fuerzas de liberación en Centroamérica, el movimiento
eclesiástico y el movimiento campesino, y también impulsados por
sus secciones juveniles, estos partidos –con una política generaliza-
da de proporcionar apoyo parlamentario al Gobierno conservador–
respecto a Centroamérica se aliaron con el laborismo y la izquier-
da para forzar las decisiones a través del Parlamento, que eran muy
resistidas por el gobierno. Cuando los tres partidos centristas se in-
tegraron al Gabinete en 1983, por lo general mantuvieron la misma
posición, incluso siguieron permitiendo que el Comité de Relaciones
Exteriores formulara políticas en contra de la voluntad del primer mi-
nistro Willoch y su ministro de Relaciones Exteriores, el implacable
pro estadounidense Svenn Stray, volviendo a la misma posición que
había tenido a principios de los setenta.
11 El libro de Wedin es una buena presentación de esos conictos donde, otra vez,
los sindicalistas suecos adoptaron una posición un poco más independiente que sus
compañeros noruegos.
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Vegard Bye
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Dos elementos contribuyeron a esta situación: primero, que la
política estadounidense hacia Centroamérica durante el régimen de
Reagan (que apoyó a los Contras en Nicaragua y a las fuerzas de ul-
traderecha vinculadas a los escuadrones de la muerte en El Salvador),
simplemente, era demasiado provocativa para los pacícos políticos
noruegos que habitualmente impulsaban la justicia social. Por lo tan-
to, su simpatía en los conictos centroamericanos, en general, estaba
del lado de los enemigos de los Estados Unidos. La postura más prag-
mática adoptada por los diplomáticos estadounidenses en el caso del
proyecto de ayuda a Cuba a principios de los años setenta, bajo el aún
más pragmático secretario de Estado William Rogers, ahora había
pasado a la historia, denitivamente –un proceso que comenzó cuan-
do Henry Kissinger se convirtió en secretario de Estado en 1973. Fue
substituido por los intentos agresivos, de políticos y diplomáticos de
Estados Unidos, de torcerles el brazo a estos políticos, presentando su
caso en Centroamérica como una lucha por la libertad contra el co-
munismo. Pero estos intentos, sencillamente, fueron repudiados con
hondo dramatismo en Noruega.
El otro elemento fue que el Comité de Relaciones Exteriores rea-
lizó una visita a Centroamérica, haciendo escala en Washington de
camino a casa. Después de haber visto las cosas por sí mismos, la
mayoría de los miembros –incluso los conservadores– terminaron
simpatizando con los partidarios sandinistas y de la guerrilla en El
Salvador y Guatemala, y con la correspondiente antipatía por las polí-
ticas de Estados Unidos. Algunos giros curiosos de los acontecimien-
tos se sumaron a esta situación. El ministro de Relaciones Exteriores,
Stray, hizo una declaración increíblemente torpe en el Parlamento,
más o menos justicando que Estados Unidos haya minado un puer-
to nicaragüense, dándole, así, municiones extra a la oposición. El
clímax se alcanzó en 1984, cuando el Gobierno noruego –contra la
fuerte resistencia del primer ministro– envió un “Barco de Paz” a
Nicaragua cargado con ayuda humanitaria, pero sobre todo con so-
lidaridad simbólica por el Gobierno sandinista en la guerra no de-
clarada con los Estados Unidos, un evento que llamó la atención de
los medios de prensa internacionales y que enfureció aún más a los
seguidores de Reagan.
De hecho, algunos de los principales miembros laboristas del
Comité fueron más reticentes acerca de apoyar a estas fuerzas de
izquierda que los parlamentarios centristas. Pero cuando el partido
laborista volvió a las ocinas del gobierno en 1986, el escenario esta-
ba listo para aprobar las políticas denidas por el partido durante la
oposición en 1982, posteriormente adoptadas por los partidos centris-
tas: Nicaragua pasó a ser uno de los principales países beneciarios
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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de la cooperación para el desarrollo y se ofreció ayuda humanitaria
signicativa a las organizaciones que trabajaban estrechamente con
las fuerzas de liberación en otras partes de Centroamérica.
La evolución de las cifras de ayuda a Nicaragua es muy inte-
resante.12 De una situación de cooperación cero hasta la revolución
sandinista, la ayuda aumentó gradualmente a lo largo de la década.
A mediados de los años ochenta, la ayuda nórdica representaba alre-
dedor del 30% de la ayuda de la OCDE a Nicaragua y, en 1989, el úl-
timo año de Gobierno sandinista antes de la derrota electoral, había
aumentado a un 81% impresionante.13 El aumento de la cooperación
noruega fue enorme. En 1985, la cuota de Noruega en la cooperación
nórdica era del 19%, cuadruplicándose en total y, en 1988, aumentó
al 22%. También es interesante observar que hasta un tercio del total
de la ayuda noruega a toda la región centroamericana durante los
ochenta se canalizó a través de ONGs, imprimiéndoles un sello deci-
sivo en la dirección de esta ayuda a favor de una sociedad civil más
radicalizada. Unas 15 ONGs noruegas distintas estaban vinculadas
con la ayuda a Centroamérica, a comienzos de los años noventa.
La ayuda nórdica total a Centroamérica de 1979 a 1990 ascen-
dió a 756 millones de dólares estadounidenses, más de la mitad de
ella proporcionada por Suecia, mientras que Noruega dio un total
de 175 millones. La mayor parte de esta suma se aportó durante la
segunda mitad del período cuando los enfrentamientos políticos y, de
hecho, militares estaban en el punto culminante. Esto fue sin duda
un apoyo sólido a las fuerzas progresistas en la región, consideradas
casi en su totalidad por los Estados Unidos en contra de sus intereses
estratégicos.
Así, Noruega como parte de la comunidad nórdica se había con-
vertido en un socio de cooperación para el desarrollo cada vez más
vital para el Gobierno sandinista y otros proyectos políticos estre-
chamente asociados. Tomando nota de esto, los funcionarios de la
administración Reagan responsables de su política centroamericana
estaban furiosos; se exasperaron porque consideraron que uno de sus
aliados de la OTAN más leales y conables actuaba diametralmente
en contra en uno de sus casos de política exterior más cruciales. Esto
sucedió justo cuando la administración Reagan estaba lanzando “una
gran campaña diplomática y psicológica a n de ganar apoyos (en
Europa y América Latina) para nuestra política” en Nicaragua, según
12 Todas las cifras son tomadas de Bye (1992).
13 Aún así, los compromisos de ayuda del COMECON (bloque soviético más Cuba)
fueron signicativamente mayores (aunque no tenemos las cifras exactas para
computarlas).
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Vegard Bye
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un documento secreto citado en mi libro de 1990. Elliott Abrams,
secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental
y uno de los promotores más entusiastas de la política de Reagan en
Centroamérica, dijo que se trataba, directamente, de una acción des-
leal de un país aliado que incluso actuaba contra la tendencia general
de Europa Occidental de reducir la ayuda a Nicaragua. “Estábamos
sorprendidos”, dijo Abrams, “que cuanto más represiva se volvía
Nicaragua, más dinero obtenía de Noruega. Y todavía no podemos
entender por qué un país democrático le da su escasa ayuda externa
a un gobierno comunista”.14
Nicaragua se convirtió en el gran punto de encuentro para el mo-
vimiento de solidaridad en Noruega en los años ochenta, con cientos
de jóvenes idealistas embarcándose a ese país. Cuando se anunció
otra decisión muy polémica, también contrarrestada intensamente
por los Estados Unidos, la de enviar un Cuerpo de Paz noruego a
Nicaragua, nada menos que 1.100 jóvenes noruegos se registraron
como candidatos en una semana. El Cuerpo de Paz nunca había ex-
perimentado, en su larga historia, algo parecido a esta respuesta.
Este entusiasmo se reejó también en varias tesis de maestría
y en una antología editada por Sandved y Skårderud, una colección
de artículos que cuentan la historia de la estrategia original y exito-
sa para derrocar la odiada dictadura (Somoza) y los sueños sobre la
construcción de una sociedad completamente diferente, “un socialis-
mo nicaragüense” (eds. Sandved y Skårderud, 1981).
Por supuesto hubo voces alternativas, incluso en el movimiento
de solidaridad noruego. Un destacado disidente que se inició en el
movimiento de solidaridad y continuó en el ámbito académico, fue
Stener Ekern (autor del capítulo 9), quien se convirtió en uno de los
principales críticos de los sandinistas y, lo que él consideraba, sus
políticas cada vez más totalitarias y el rechazo de los derechos hu-
manos, en particular entre las minorías de la costa atlántica (Ekern,
1986). Se hicieron varios estudios de la situación de los derechos hu-
manos en el país, uno de ellos fue realizado entre un político laboris-
ta, que luego fue muy renombrado (subsecretario general de la ONU),
Jan Egeland y un académico prominente, el profesor Bernt Hagtvet
(Egeland y Hagtvet, 1986).
La situación de los Miskitos y otros grupos indígenas en la costa
atlántica de Nicaragua llamó mucho la atención en Noruega, tam-
bién académicamente. Uno de los investigadores internacionales más
reconocidos en este tema, y en particular, en el régimen autónomo
14 Citado en Bye (1990: 258), basado en una entrevista personal con el Sr. Abrams en
Washington D. C. en 1989.
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PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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que nalmente ganó en la costa atlántica es el antropólogo social no-
ruego Hans Petter Buvollen. El libro del que es coautor sigue siendo
una contribución modelo sobre este tema (Frühling; Gonzales y
Buvollen, 2007).
El espacio logrado por Noruega en Centroamérica, a través de
su activa cooperación para el desarrollo y los Premios Nobel de Paz
simbólicamente importantes concedidos a dos actores centroamerica-
nos destacados (al presidente de Costa Rica Oscar Arias, en 1987, por
su mediación en el acuerdo de paz centroamericano, y a la dirigente
Maya de Guatemala Rigoberta Menchú, en 1992, en reconocimiento
a la lucha histórica de las poblaciones indígenas de América Latina),
impulsó a Noruega a una posición prominente cuando se negociaron
los acuerdos de paz en El Salvador y, particularmente, en Guatemala.
Pero de a poco, a medida que los medios de comunicación interna-
cionales perdieron interés en Centroamérica cuando supuestamente
se había alcanzado la paz, la región también comenzó a desaparecer
de la agenda política noruega, de las prioridades noruegas de ayuda
externa y, de hecho, del interés académico noruego.15
LA NUEVA IZQUIERDA LATINOAMERICANA EN EL SIGLO XXI Y SU
ENTRADA EN EL ESCENARIO POLÍTICO Y ACADÉMICO NORUEGO
Con la derrota electoral de los Sandinistas en 1990 y los acuerdos de
paz pacicando el resto de la región, al menos parcialmente, la atrac-
ción magnética de Centroamérica como una causa convocante de so-
lidaridad internacional comenzó a evaporarse.
Yo realicé el siguiente pronóstico acerca de esto a mediados de los
años noventa, luego de concluir que el compromiso del partido labo-
rista con Centroamérica en los años ochenta, en fuerte oposición a los
intereses de Estados Unidos, parecía ser un interludio idealista a su
real politik en relaciones exteriores, generalmente, pro estadounidense:
“Hemos visto cuán decisiva ha sido la cooperación para el desarrollo para
las relaciones generales de Noruega en la región (latinoamericana) en los
últimos quince años. Si continúan las tendencias actuales, de una fuerte re-
ducción en la cooperación para el desarrollo, puede implicar que, en última
instancia, haya muy poco que escribir sobre las relaciones noruego-latinoa-
mericanas en el próximo siglo” (Bye, 1995).
Pero estaba equivocado.
15 Es una ilustración interesante de eso, que el gobierno actual de centroderecha,
en su propuesta de presupuesto de estado para 2016, propone la eliminación total y
denitiva de la cooperación para el desarrollo para Nicaragua y El Salvador.
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Vegard Bye
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Cuando varios países sudamericanos giraron a la izquierda a
principios del nuevo siglo –a partir de la elección de Hugo Chávez
en Venezuela en 1999– surgió otra oportunidad para que la juven-
tud europea se solidarice con América Latina.16 Y una vez más, la
combinación del movimiento de solidaridad y los intelectuales com-
prometidos políticamente en Noruega logró inuenciar –hasta cierto
punto– a los operadores de política exterior para que impulsen sus
propuestas.
En 2005, hubo un cambio histórico en las alianzas políticas no-
ruegas cuando el partido laborista, por primera vez en su historia,
aceptó un gabinete de coparticipación con otros partidos, y también
por primera vez en la historia otorgó plazas en el gabinete al partido
socialista de izquierda (SV), la continuación del previamente mencio-
nado SF. Entonces, Erik Solheim ex presidente del SV se convirtió en
ministro de Cooperación Internacional (y, posteriormente, también
de Medio Ambiente).
Una de las opciones que vio, para reinterpretar la política exterior
de Noruega hacia el Sur, fue América Latina. Sin embargo, en su libro
sobre este periodo, reconoce que le tomó algún tiempo descubrirlo:
“Cuando asumí como ministro de Cooperación para el Desarrollo en 2005,
ingresé con la clara percepción de que América Latina era un continente
por el que no necesitaba preocuparme mucho […] Vegard Bye, un especia-
lista en América Latina, me hizo pensar de manera diferente. Me pidió que
abriera los ojos” (Solheim, 2013: 295).
Formó una comisión amplia, principalmente de miembros de la co-
munidad académica, en la que se elaboraron propuestas de políti-
cas para las iniciativas noruegas en América Latina, muchas de las
cuales se llevaron a la práctica. En realidad, este hecho puede haber
sido uno de los escasos ejemplos de impacto académico fuerte en la
formulación de políticas exteriores noruegas. El ministro Solheim
estaba particularmente interesado en la nueva ola izquierdista en el
continente, promocionando políticas de regulación pública de la eco-
nomía, la redistribución del poder político y los recursos económi-
cos. El Sr. Solheim impulsó programas de cooperación importantes
con varios de los nuevos gobiernos de izquierda, en parte bajo las
16 En mi libro, Bye (2010), realicé un intento de describir la ola izquierdista en
la política latinoamericana en el nuevo milenio, al retratar a cinco de los jefes de
Estado izquierdistas en América Latina: Lula de Brasil, Chávez de Venezuela, Correa
de Ecuador, Morales de Bolivia y Lugo de Paraguay. El más carismático, tal vez, de
todos lamentablemente quedó fuera: Mujica de Uruguay.

PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
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críticas de la oposición en el Parlamento, que quería atenerse al enfo-
que tradicional de la cooperación para el desarrollo en África y Asia.
Durante el régimen rojo-verde, la asignación regional fue ampliada
de Centroamérica hasta cubrir América Latina entera, y la asigna-
ción total para América Latina aumentó casi un 50%. Las políticas
sociales, los derechos humanos, el desarrollo, la democracia y el buen
gobierno se encontraban entre las actividades apoyadas. De hecho, al
poner en marcha el gran Fondo Amazónico para combatir el cambio
climático mediante el apoyo a protección de los bosques tropicales en
la Amazonia, junto a las coinversiones públicas en el sector energéti-
co, Brasil realmente se convirtió en país número uno de cooperación
para el desarrollo de Noruega.17 Como se mencionó en el capítulo 1, la
estrategia para una cooperación económica, política e, incluso, inter-
nacional más amplia con Brasil se elaboró de forma coordinada entre
no menos de cinco ministerios noruegos, con la siguiente perspectiva:
“Brasil y Noruega deben desarrollar una asociación estratégica en áreas
donde creemos que tenemos fuerzas y capacidades especícas para ofrecer
el uno al otro, y donde la cooperación será mutuamente enriquecedora y
contribuirá a un crecimiento y desarrollo positivos para ambos países. La
cooperación tendrá un carácter de largo plazo, basado en el conocimiento
y la responsabilidad por la sustentabilidad social, medioambiental y eco-
nómica. A través de una estrecha colaboración en cuestiones internaciona-
les, Brasil y Noruega contribuirán conjuntamente para encontrar solucio-
nes a los desafíos globales” (Norwegian Ministry of Foreign Affairs, 2011).
Asimismo, la oreciente economía brasileña durante la primera déca-
da del nuevo siglo se convirtió en un imán para el sector empresarial
noruego y, en realidad, Noruega se convirtió en el sexto país inversio-
nista más importante en Brasil. Detrás de todo este interés político y
empresarial en Brasil, evidentemente, estaba el eslogan de Lula, con
una referencia particular al modo que Noruega había administrado
sus ingresos provenientes del petróleo: “O modelo noruegues”.18
17 De acuerdo a las cifras de Norad para desembolsos conrmados, en 2012, Brasil
encabezo la lista de 111 países receptores con 1.248 millones de NOK, muy adelante del
Segundo receptor, Afganistán (con 735 millones de NOK). Para 2014, la cooperación
con Brasil había bajado casi a la mitad (706 millones de NOK), y ya superada por dos
otros países (Afghanistan y Palestina). El único otro país latinoamericano entre los
10 receptores principales de cooperación noruega para 2014 era Guyana, también
beneciario del Fondo Amazónico (fuente: presupuesto del estado para 2016, anexo
6 al presupuesto del Ministerio de Relaciones Exteriores).
18 Este eslogan fue, entre otros, repetidamente mencionado en el discurso televisado
del presidente Lula durante el Día de la Independencia, el 31 de agosto de 2009, al

Vegard Bye
.no
El interés tan peculiar de Lula por Noruega puede haber sido
provocado por la traducción al portugués de un manual clásico sobre
historia noruega que abarca los años formativos decisivos del mo-
delo de bienestar noruego, basado en el compromiso histórico y el
sistema de negociación tripartito entre trabajo, capital y Estado en
los años treinta, escrito por Berge Furre (2006). El Sr. Furre había
sido historiador pero, posteriormente, fue profesor de Teología en la
Universidad de Oslo y, durante muchos años, líder del partido socia-
lista de izquierda. Después de dejar la política, el profesor Furre se
interesó en el estudio de dos fenómenos en Brasil: las religiones caris-
máticas y el movimiento de los sin tierra (MST).
Un profesor universitario brasileño en relaciones internaciona-
les, Jorge Barbosa de Oliveira, decidió hacer traducir este libro al por-
tugués para inspirar a la amante administración de Lula en su bús-
queda de un modelo de desarrollo brasileño. Y parece que el impacto
del libro fue considerable. Uno de los colaboradores más cercanos de
Lula, Tarso Genro, tuvo como primera responsabilidad, después de
que Lula asumiera la presidencia en 2003, establecer un Consejo para
el desarrollo económico y social basado, precisamente, en el modelo
tripartito. Leyó el libro de historia del profesor Furre19 y tuvo un co-
nocimiento preciso y detallado de cómo había surgido “el modelo no-
ruego”. Como me dijo cuando lo entrevisté en el Palacio presidencial
(Planalto) en Brasilia en noviembre de 2003:
“He tenido la oportunidad de estudiar mucho [la experiencia noruega], y la
mayor parte de esto nos inspira. El modelo noruego se basa en un partido
socialdemócrata fuerte y en movimientos de trabajadores y campesinos
poderosos. En un período de intensa agitación social, esto frenó el creci-
miento del partido comunista. El resultado fue un compromiso social casi
mágico, que sentó los cimientos del modelo de bienestar social sobre el
cual el país aún se basa” (Bye, 2010: 146).
A partir del análisis de las similitudes y diferencias entre Noruega en
los años treinta y Brasil en los 2000, él diseñó una estrategia política
para la administración de Lula, que en gran medida fue implemen-
tada en la práctica con éxito durante estos dos términos de 4 años.
que calicó como el nuevo Día de la Independencia de Brasil, cuando anunció el
nuevo modelo para explotar la llamada capa “pre-sal” de petróleo y gas de la costa
brasileña. Una evaluación de la agenda política de Lula desde el comienzo de su
mandato, se presenta en Bye (2004).
19 Evidentemente había tenido acceso al manuscrito traducido al portugués antes
de ser publicado el libro. El libro en noruego se había publicado mucho antes

PENSAMIENTO SOCIAL NORUEGO SOBRE AMÉRICA LATINA
.no
Además, Brasil se convirtió en un imán para los estudiantes y
académicos noruegos, en parte debido a la preferencia especial por
Brasil en el programa para América Latina del Consejo noruego de
investigación (ver capítulo 1). En particular, las tesis de maestría (de
las que hay trece) se centraron en las inversiones noruegas en Brasil, y
en el tema de cambio climático. El trabajo académico, en gran medi-
da, estaba enfocado en las estrategias de las diferentes fuerzas socia-
les e instituciones que median su interacción con el Estado.
El politólogo noruego Einar Braathen ha investigado la estrategia
política del PT, a partir del interés por los “presupuestos participati-
vos”, para luego vincular este tema de gestión típicamente urbano con
problemas de pobreza, justicia social y políticas públicas (Braathen,
2003). Al trabajar mancomunadamente con cientícos sociales brasi-
leños, también estuvo tratando de introducir la experiencia brasileña
con los presupuestos participativos a la coyuntura política noruega
(Braathen, 2005). Otro politólogo, Simon Pahle, ha trabajado con sin-
dicatos brasileños y se centró en cómo se han relacionado con los
regímenes de comercio internacional y las cláusulas laborales, inten-
tando explicar por qué han estado resistiendo a regulaciones que la
mayoría considera beneciosas para los movimientos de trabajadores
(Pahle, 2014a y 2014b).
Fuerzas sociales / interacción estatal fue también el foco de la
investigación en otras partes de América Latina (como, por ejemplo,
el trabajo de Bull sobre movimientos sociales y los regímenes izquier-
distas: Bull, 2013). También fue el enfoque en los