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Prólogo de "La calavera de Mengele: El advenimiento de una estética forense", Barcelona, Sans Soleil, 2015

Authors:
Chiribitas
Colección dirigida por Ander Gondra Aguirre
Prólogo de Francisco Ferrándiz
La calavera de Mengele
El advenimiento de una estética forense
Thomas Keenan y Eyal Weizman
La calavera de Mengele
El advenimiento de una estética forense
Thomas Keenan y Eyal Weizman
Traducción de Isabel Mellén
Barcelona • Buenos Aires
PRÓLOGO
F F
(ILLA-CCHS, CSIC)
En agosto de 2010, en el entorno de una exhumación de
una gran fosa común de la Guerra Civil Española (1936-1939)
en La Pedraja, en la provincia de Burgos, que contenía más de
cien cuerpos, un anciano se acercó pausadamente a la ocina
portátil ubicada en el entorno de la excavación –donde recogía-
mos testimonios, fotografías y todo tipo de documentos relati-
vos a las personas ejecutadas y a las circunstancias del crimen– y,
tras observar atentamente el despliegue arqueológico y forense,
nos dijo a los presentes, en un susurro, mirando con descon-
anza a derecha e izquierda, mientras abarcaba toda la exten-
sión de la fosa con su bastón, regalándonos una condencia:
“¿habéis asegurado el perímetro?” Esta anécdota, en principio
insustancial, tiene sin embargo una enorme signicación, y
apela directamente al corazón de la argumentación de Keenan
y Weizman en su luminoso libro La calavera de Mengele.
El recelo del anciano hacia las posibles consecuencias de
la reaparición de estos cuerpos ejecutados siete décadas antes
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Francisco Ferrándiz |
durante la feroz represión de civiles vinculada al avance del
ejército sublevado en la guerra, no es nada extraño en las ex-
humaciones contemporáneas españolas. En ese entorno tan
inhóspito como es una fosa común, donde restos esqueléti-
cos mal enterrados despliegan públicamente sus heridas, sus
agravios y su abandono social, legal y político de décadas,
las culturas del miedo acunadas entre los derrotados durante
el franquismo se hacen patentes, especialmente en personas
de la generación más anciana, que experimentaron la guerra
como niños, vivieron la parte más sustancial de sus vidas bajo
el franquismo, y aún hoy llevan el silencio y el temor fuerte-
mente anclados en su estructura de sentimientos. La evidencia
inapelable asociada al hueso inscrito por disparos, fracturas y
otras huellas de maltrato peri-mortem revive y pone en circu-
lación trágicas historias del pasado muchas veces silenciadas
incluso en el contexto familiar, y en la mayor parte de los casos
también guardadas como un obscuro secreto público, espe-
cialmente en el ámbito rural.
Pero, en el contexto del libro que tiene el lector entre las
manos, lo verdaderamente llamativo de este incidente es que
el anciano utilizara una expresión de origen policial y forense
para calmar su ansiedad, espantar a sus fantasmas y asegurarse
de que el procedimiento de rescate de los cuerpos fusilados era
el adecuado. Su preocupación sugiere que, para él, la pulcritud
del procedimiento técnico era una parte consustancial de la
dignicación de esos restos y de su memoria. Lo primero de
todo, asegurar el perímetro. Simultáneamente, con ese breve
e imperfecto esbozo de una sosticada práctica técnica, el an-
ciano establecía una relación de complicidad y conocimiento
compartido con los cientícos a cargo de la excavación. Un
comentario semejante era inimaginable apenas unas décadas
atrás, cuando las exhumaciones de la Guerra Civil que se lle-
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| Prólogo
varon a cabo antes durante la Transición y hasta el año 2000
carecían de apoyo técnico, eran llevadas a cabo por los pro-
pios familiares con picos y palas; desembocaban en entierros
colectivos de restos indiferenciados; los tiros de gracia eran la
principal evidencia reconocible de las ejecuciones; las identi-
caciones eran fundamentalmente intuitivas; y el número de
personas exhumadas se contabilizaba grosso modo por el núme-
ro de cráneos rescatados.
No pocos autores han denominado efecto CSI a esta nueva
fascinación por el cadáver y el hueso, a la paulatina penetra-
ción de las lógicas y retóricas forenses en el imaginario popular
transnacional, y a su gran poder explicativo y analítico para
establecer marcos de referencia para dar sentido a la violencia,
la muerte, el crimen y todas sus derivadas. Como prueba de
su escala, este efecto puede extenderse incluso, como hemos
visto, a generaciones ya mayores que viven su cotidianeidad
en parajes rurales de la geografía española. Es evidente que
las series de televisión con trama forense, como CSI o Bones,
o la propia novela negra contemporánea, no son las únicas
causantes de este fenómeno –que es más profundo, globali-
zado y extenso–. Pero sí son indicadoras de un nuevo tipo de
fascinación por el cadáver y el hueso, y también las principales
divulgadoras de un nuevo orden de realidad y evidencia que
está transformando nuestra concepción del mundo, de la vida
y la muerte, del cuerpo humano, de la relación entre cien-
cia y verdad, de la justicia, de la reparación del daño, de los
protocolos funerarios, o incluso de la mente criminal. Así, las
series televisivas y las novelas que nos atrapan en sus sostica-
das tramas técnicas forman parte de un proceso más amplio y
todavía insucientemente comprendido donde las prácticas y
discursos cientíco-forenses han inaugurado una nueva epis-
temología en la que el cuerpo violentado, y sus procedimien-
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Francisco Ferrándiz |
tos de desciframiento cientíco-técnico, se han colocado en el
centro del escenario y atraen todos los focos.
Este acentuado giro forense en la comprensión de la reali-
dad y especialmente de la violencia, en buena parte enmar-
cado en tramas policiales –al menos en su versión televisiva
y novelada–, ha llegado de manera especialmente llamativa a
las prácticas de los derechos humanos y al esclarecimiento de
crímenes de guerra y de lesa humanidad, ya sea vericando la
muerte de perpetradores, recuperando e identicando víctimas,
o amasando evidencias criminales que, en no pocos casos (aun-
que no ocurre así en España), entran a formar parte de pro-
cesos penales. Se trata de un cambio de paradigma de amplio
espectro, que nos plantea nuevos tipos de preguntas. ¿Por qué
esta creciente necesidad de acercarse al cuerpo herido? ¿Cuá-
les son las razones del predominio cada vez más acusado de
las ciencias forenses en los procesos de reciclaje contemporá-
neo del pasado violento? ¿Cuáles son las raíces históricas y las
características del despliegue contemporáneo de este proceso?
¿Qué consecuencias están teniendo en los discursos y prácticas
de los derechos humanos en el siglo XXI? ¿Hasta qué punto
están desplazando modalidades de memorialización que pare-
cían ya consolidadas desde antaño? ¿En que contextos, con qué
procedimientos y estructuras jurídicas e institucionales, y por
qué razones se están excavando y exponiendo con metodología
forense diversas modalidades de violencia en muchos lugares
del mundo? ¿Cuáles son los mecanismos de duelo y reparación
de las víctimas que se ponen en marcha y cuál es el potencial
y cuáles las limitaciones de este nuevo modelo corpocéntrico
de gestión del pasado traumático? Aún necesitamos bastante
tiempo para responder adecuadamente a la mayoría de ellas.
La calavera de Mengele de Keenan y Weizman viaja preci-
samente a uno de los momentos fundacionales en los que las
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| Prólogo
ciencias forenses empezaron a ponerse al servicio de la reso-
lución de violaciones de los derechos humanos. Y lo hicieron
con el reto de identicar más allá de una duda razonable un
esqueleto de alto voltaje, atribuido a uno de los principales cri-
minales de guerra nazis –y, paradójicamente, un desaparecido,
aunque por voluntad propia–. La trama es en sí sucientemen-
te novelesca. Tras su tenebroso paso por Auschwitz, su rastro se
perdió en Sudamérica después de la derrota alemana. La loca-
lización en São Paulo de un cadáver cuya identidad falsa causó
sospecha, unido a otras pistas sobre su presunto paradero en
Brasil, activó las alarmas. Algunos forenses que estaban llegan-
do a Argentina para organizar la búsqueda e identicación de
detenidos-desaparecidos de la dictadura, como Clyde Snow, se
movilizaron rápidamente para intentar identicar estos restos
y aclarar el destino nal de tan oscuro personaje, un objetivo
prioritario de las organizaciones caza-nazis.
Como señalan los autores del libro, gracias a casos como el
de Mengele, a mediados de los años ochenta comenzó un des-
plazamiento crucial y paulatino desde la era del testigo, que ha-
bía dominado la memoria del pasado traumático en los años
anteriores –especialmente en relación con el Holocausto, tal
y como se expresó en el juicio al banal Eichmann en Jerusalén
o en documentales como Shoah de Lanzmann–, hacia la que
podría denominarse como la era de los huesos, en la que los
forenses empiezan a ocupar un lugar preponderante en el es-
pacio público, y sus modelos de análisis y establecimiento de
la evidencia comienzan a cohabitar paulatinamente el espacio
de la verdad histórica. Todos los dilemas planteados por el
testigo (fallos de memoria, problemas de abilidad, perspec-
tiva, tramas de culpabilidad encubiertas, máscaras del estrés
post-traumático, dicultades para expresar el sufrimiento,
etcétera, tan debatidos en la bibliografía sobre testimonio y
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Francisco Ferrándiz |
memoria) se desvanecerían ante la aparentemente inapelable
evidencia inscrita en el hueso y la capacidad técnica de los
expertos forenses para descifrar cientícamente en sus trazas
materiales no sólo los rastros de la violencia, sino aspectos
muy concretos y validables de la experiencia vital del indivi-
duo –el método osteobriográco de Clyde Snow–.
Pero el asunto no es tan sencillo. Las técnicas y retóricas fo-
renses, como ocurre con la ciencia en general, no se traducen
automáticamente en verdades inmutables, sino que están en-
vueltas en una enorme complejidad y operan con un gradiente
de incertidumbre que amerita una detallada autopsia social.
Efectivamente, el caso Mengele sirve a Keenan y Weizman para
demostrar que la ciencia forense es, además de una sosticada
técnica que se mueve necesariamente en términos probabilís-
ticos –y no en verdades inmutables–, una elaborada estética y
un ecaz arte de persuasión. Es decir, lo que los productos y
derivados forenses tienen de arte, de sensibilidad, de lógica,
de espectáculo e incluso de magia explicativa, se retroalimenta
con su prestigio creciente como procedimiento cientíco. Es
sin duda la combinación de estos factores, junto a su nueva
visibilidad mediática, la que explica en parte el éxito del relato
forense de la realidad, que debe entenderse como “una nueva
sensibilidad cultural” de indudable magnetismo en el mundo
contemporáneo.
Esta fascinación por el cadáver y el resto óseo, tan vieja como
la especie humana, expresada históricamente en los rituales fu-
nerarios o en el culto a las reliquias, se redimensiona drástica-
mente en la actualidad mediante nuevas tecnologías cada vez
más sosticadas y penetrantes de visualización corpórea gene-
radoras de nuevas iconografías, que nos obligan a repensar los
límites y fragilidad de nuestros tejidos, de nuestros órganos y
de nuestra propia existencia –desde rayos X a reconstrucciones
| La caLavera de MengeLe
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cráneo-faciales, evidencias balísticas, huellas dactilares, esque-
mas de variantes anatómicas, perles biológicos, odontogramas,
muestras de ADN, esquemas genotípicos, patologías inscritas
en el hueso o rastros de heridas y lesiones ante, peri y post mor-
tem. Pero lo que Keenan y Weizman plantean en su libro so-
bre el proceso de identicación de Mengele va más allá de la
ya de por sí enrevesada intersección del mundo forense con el
universo del crimen o con los derechos humanos. Como un
jeroglíco con múltiples signicaciones entreveradas, el libro se
despliega como una breve pero sutil y contundente disección de
un momento crucial en la emergencia de un nuevo paradigma
de interpretación de la realidad de raíz forense, con un enorme
potencial transformador, que nos obliga a replantear profun-
damente los perímetros de experiencia humana, y a repensar
drásticamente los espejos en los que nos reejamos.
Comparación fotográca entre las imágenes conocidas de Josef Mengele e imágenes
de “Wolfgang Gerhard” encontradas en la casa de los Bossert en Brasil, anotadas para
encontrar veinticuatro rasgos físicos coincidentes. Fotografías: “Behördengutachten
i.S. von § 256 StPO, Lichtbildgutachten MENGELE, Josef, geb. 16.03.11 en Günzburg,”
Bundeskriminalamt, Wiesbaden (14 de junio de 1985); cortesía de Maja Helmer.
Thomas Keenan y Eyal Weizman |
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También dieron una lección básica sobre el estatus de la
prueba cientíca y la verdad: preguntado por la seguridad que
tenían de que la calavera perteneciera a Mengele, el líder del
equipo estadounidense Lowell Levine señaló su determina-
ción: “dentro de una razonable certeza cientíca”. “Dándose
cuenta de la ambigüedad del término cientíco”, dicen Joyce y
Stover, “él añadió que ‘ello representa un muy, muy, muy alto
grado de probabilidad. Los cientícos nunca dicen que nada
sea al cien por cien’”61.
61 Joyce y Stover, Witnesses from the Grave, 202. En un fragmento de entrevista
de la conferencia de prensa, difundida esa noche en ABC World News Tonight,
Levine ofreció otra metáfora probabilística: “Las probabilidades son tan astro-
nómicas como que otra persona de las que ha estado en esta tierra hasta ahora
tuviera todas las características que hemos examinado. Y de hecho esa persona
Página actual y siguiente: Clyde Snow muestra imá-
genes de televisión de la prueba de la superposición
craneofacial de Helmer e identica las características
distintivas en una diapositiva de la calavera de Josef
Mengele en una presentación sobre el caso, Oklahoma,
1995. Fotogramas de la película Josef Mengele: the -
nal account (1998), dirigida por Dan Setton.
¿De qué manera, se preguntan Keenan y Weizman, se les puede hacer hablar a los res-
tos físicos de un muerto? En este lúcido texto focalizado en la exhumación del pasado
histórico, los autores identican un elemento crucial en el desarrollo de la justicia hacia
las víctimas de la violencia de estado y la responsabilidad de los criminales. Evitando
cualquier conclusión reduccionista, insisten de manera persuasiva en la importancia de
una evaluación crítica de cómo la ciencia forense, con su presunta pericia y “objetivi-
dad”, está transformando la naturaleza de las pruebas.
J C
En 1985 se desenterró en Brasil el cuerpo de uno de los últimos crimi-
nales de guerra nazi que quedaban sin juzgar, Josef Mengele. El complejo
proceso de identicación de los huesos abrió una “tercera narrativa” en
las investigaciones de crímenes de guerra –tras la del documento o la del
testigo– incorporando una aproximación forense para la comprensión de
los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad. En el mismo
período del descubrimiento del esqueleto de Mengele, varios cientícos
empezaron a aparecer en los casos de derechos humanos como testigos
expertos, convocados para interpretar y hablar en representación de los ob-
jetos –a menudo huesos y restos humanos–.
La introducción de estos objetos en los juicios trajo consigo complicaciones
estéticas, políticas y éticas que evidenciaban las dicultades para lograr una
alternativa ja y estable a las incertidumbres, ambigüedades y ansiedades del
testimonio humano. En los restos orgánicos, el rastro del sujeto no puede
ser eliminado del todo; por ello, la presentación de estos objetos ante los
juzgados y ante la opinión pública ha difuminado en ocasiones la línea que
separa a éstos de los sujetos, y a las pruebas de los testimonios. Los huesos
de Mengele, desde la mesa del laboratorio, contribuyeron de forma decisiva
al nacimiento de esta nueva forma de entender los procesos judiciales, al
advenimiento de una nueva estética forense.
IBIC: JHMP, JKV, JPFQ, ABA
Isbn: 978-84-942922-7-9
Otros títulos de la editorial:
- David Freedberg, Las máscaras de Aby
Warburg (2013).
- Georges Didi-Huberman, Exvoto: ima-
gen, órgano, tiempo (2013).
- E. H. Gombrich, La evidencia de las
imágenes (2014).
- Stephen F. Eisenman, El efecto Abu
Ghraib (2014).
- Grupo Irudi, Cuando despertó, el elefante
todavía estaba ahí. La imagen del rey en
la Cultura Visual 2.0 (2014).
- Maite Gobantes Bilbao, Diálogos con
González Requena (2014).
- Lisa Pelizzon, Kati Horna. Constela-
ciones de sentido (2014).
- Graciela García, Arte outsider. La
pulsión creativa al desnudo (2015).
- Diana L. Eck, Darsan. La visión de la
imagen divina en la India (2015).
- Donna Haraway, El patriarcado del
osito Teddy (2015).
- Keith Moxey, El tiempo de lo visual
(2015).
La calavera de Mengele Thomas Keenan y Eyal Weizman
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www.sanssoleil.es
Prólogo de Francisco Ferrándiz
Thomas Keenan es profesor de teoría lite-
raria y derechos humanos en el Bard Colle-
ge, donde dirige el Human Rights Project.
Es autor del libro Fables of Responsibility:
Aberrations and Predicaments in Ethics and
Politics (Stanford University Press, 1997) y
coeditor, con Wendy Chun, de la obra New
Media, Old Media: A History and eory
Reader (Routledge, 2006). Ha comisariado
diversas exposiciones internacionales como
la Antiphotojournalism presentada junto con
Carles Guerra en el Centre de la Imatge La
Virreina (Barcelona).
eyal Weizman es arquitecto, profesor de
Estudios Visuales, y director del Centre
for Research Architecture en Goldsmiths,
Universidad de Londres. Desde 2011 ha
dirigido el European Research Council y
ha fundado el centro Forensic Architecture.
Es miembro fundador del colectivo de ar-
quitectos DAAR en Beit Sahour/Palestina.
Sus últimas publicaciones incluyen el cua-
derno de documenta 13, Forensic Architec-
ture (Hatje Cantz, 2012), e Least of All
Possible Evils: Humanitarian Violence from
Arendt to Gaza (Verso, 2011). También es
editor de contenidos de la revista Cabinet.
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