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Narcóticos y alucinógenos en las obras literarias de Cervantes: el poder mágico de las plantas

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Los textos cervantinos constituyen una interesante fuente para el estudio de la sociedad española tardorrenacentista. Nosotros hemos analizado las novelas y comedias de Cervantes desde la perspectiva del uso extraterapéutico de agentes alucinógenos y narcóticos en el ámbito de la práctica de la brujería y hechicería (ungüentos de brujas, filtros de amor, pócimas venenosas, etc.). Las obras cervantinas en las que se hace referencia a estos preparados son las novelas El Quijote, La Galatea, Viaje del Parnaso y cuatro Novelas Ejemplares (La española inglesa, El licenciado Vidriera, El celoso extremeño y El coloquio de los perros), así como la comedia Pedro de Urdemalas.
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CULTURa Y FÁRMaCoS
Entre los agentes psicotrópicos de origen herbal
citados expresamente por Cervantes en el con-
texto analizado se encuentran el beleño (Hyosc-
yamus niger / albus), la verbena (Verbena offici-
nalis) y, de forma enmascarada, el opio (Papaver
somniferum). En relación con el resto de prepa-
rados dotados de actividad psicotrópica, Cervan-
tes no identifica sus ingredientes, aunque, a tenor
de la sintomatología descrita por el autor, podrían
ser plantas de la familia de las solanáceas, como el
beleño, el solano o la mandrágora. El Dioscorides
comentado por Andrés Laguna pudo ser la fuente
técnica utilizada por Cervantes para documentar-
se en esta materia.
Introducción
Las obras cervantinas, fundamentalmente El
Quijote (El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La
Mancha, 1605) (1), han sido sometidas a todo ti-
po de estudios específicos, desde todas las ver-
tientes del saber humano, incluida, por supues-
to, la aproximación médica, en general (2-3), y
la farmacoterapéutica, en particular (4-7). En
este sentido, baste recordar la conocida anécdo-
ta atribuida a Thomas Sydenham (1624-1689), el
denominado “Hipócrates inglés”, quien ante la
petición de consejo por parte de su discípulo,
el poeta y médico de cámara de Guillermo III
Richard Blackmore (1654-1729), sobre el mejor
texto científico para aprender medicina, le re-
comendó la lectura de El Quijote (8).
El interés de Miguel de Cervantes (1547-
1616) (Fig. 1) por las materias médicas, inclu-
yendo la terapéutica, no debe de resultar ex-
traño, en tanto que el literato alcalaíno proce-
día de una familia de médicos y profesiona-
les sanitarios. De hecho, Cervantes pone de
manifiesto en sus obras literarias que dispo-
nía de un cierto conocimiento de los prepa-
rados de botica más comunes de su época, e
incluso de los preparados elaborados con re-
medios herbales por personajes situados al
margen de la medicina oficial. Precisamen-
te, en este sentido, una de las constantes de
los textos cervantinos reside en la continua
aparición de personajes marginales y mar-
ginados, en un afán de su autor de efectuar
una aguda y sagaz crítica a una sociedad que
le fue, en neas generales, bastante esquiva.
La prueba más evidente de ello se encuentra
en la figura del pobre orate Alonso Quijano,
aunque también es el caso de numerosos per-
sonajes de sus Novelas Ejemplares (1613), como
las brujas o las hechiceras, muy relacionadas
con el ejercicio heterodoxo de la medicina.
Además, las prácticas mágicas de estos colec-
tivos, que formaban parte de la imaginación
colectiva del pueblo español durante el siglo
XVI, estaban muy relacionadas, en el sentir
popular, con minorías religiosas de la época,
como moriscos y judíos (9). Precisamente en
la novela Los trabajos de Persiles y Sigismunda
(1617) es donde se pone de manifiesto, en la
pluma del autor alcalaíno, el profundo sen-
tir popular sobre la vinculación judía con las
prácticas hechiceriles (10), donde se mezcla-
ba la tradición hebraica por los textos caba-
lísticos y su estrecho nexo con la práctica de
la medicina.
Narcóticos y alucinógenos en las obras
literarias de Cervantes: el poder mágico
de las plantas
Francisco López-Muñoz, Cecilio Álamo, Pilar García-García
Los textos cervantinos constituyen una interesante fuente para el estudio de la sociedad
española tardorrenacentista. Nosotros hemos analizado las novelas y comedias de
Cervantes desde la perspectiva del uso extraterapéutico de agentes alucinógenos y
narcóticos en el ámbito de la práctica de la brujería y hechicería (ungüentos de brujas,
ltros de amor, pócimas venenosas, etc.). Las obras cervantinas en las que se hace
referencia a estos preparados son las novelas El Quijote, La Galatea, Viaje del Parnaso
y cuatro Novelas Ejemplares (La española inglesa, El licenciado Vidriera, El celoso
extremeño y El coloquio de los perros), así como la comedia Pedro de Urdemalas.
F. López-Muñoz, C.
Álamo, P. García-García
Departamento de
Farmacología, Facultad de
Medicina, Universidad de
Alcalá, Madrid.
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c u l t u r a y f á r m a c o s
En cualquier caso, las obras literarias de Cer-
vantes no sólo constituyen un magfico espe-
jo en el que observar todos los entramados so-
ciales, usos y costumbres de la España tardo-
rrenacentista, incluyendo la forma de entender
numerosas enfermedades y su tratamiento, si-
no que también han permitido ampliar nues-
tros conocimientos sobre el manejo de produc-
tos herbales por parte de colectivos marginales
durante ese periodo (Tabla I). En este sentido,
el presente trabajo pretende ofrecer otro enfo-
que, esta vez desde la perspectiva del uso ex-
traterapéutico de los agentes psicotrópicos, a lo
ya ampliamente escrito y descrito sobre la obra
literaria de Cervantes, siempre en el contexto
de la época en la que fue escrita.
Las sustancias psicotrópicas durante
el periodo cervantino: entre la
terapéutica y la magia
En primer lugar, hay que mencionar que
Cervantes vivió durante u n periodo en el que la
medicina española experimentó un gran avance
(11), destacando, especialmente, los autores que
se ocuparon de la medicina de la mente, como
Juan Huarte de San Juan (1529-1588), el autor
español de mayor proyección internacional
de su época, Oliva Sabuco de Nantes Barrera
(1562-?), Antonio Gómez Pereira (1500-1558),
o Juan Luís Vives (1492-1540). Todos estos
autores, y sus obras, dan fe del gran interés
suscitado en España durante el siglo XVI por
los trastornos mentales. Del mismo modo, la
materia terapéutica renacentista experimentó
un considerable auge. Así, los textos clásicos,
fundamentalmente el Dioscórides, fueron
notoriamente enriquecidos, como se puede
apreciar en las famosas ediciones de esta obra
realizadas por Pietro Andrea Mattioli (1500-
1577) o Andrés Laguna (1494-1560) (Fig. 2A).
Precisamente, la versión comentada de este
último autor (Pedacio Dioscorides Anarzabeo,
acerca de la materia medicinal y de los venenos
mortíferos, Amberes, 1555) (Fig. 2B), además
de ser citada expresamente por Cervantes
en El Quijote, podría haber jugado un papel
muy relevante, como luego se comentará, en la
elaboración de los pasajes de tinte terapéutico
de los textos cervantinos.
No obstante, y a pesar de estos avances, la
forma de entender la locura y su tratamien-
to durante el Renacimiento difirió poco de la
conceptualización medieval. Así, al calor de las
guerras de religión que asolaron la Europa de
la época, muchas de las manifestaciones de la
enfermedad mental continuaron considerán-
Figura 1: Visión alegórica de Miguel de Cervantes, según un dibujo de
Charles Monnet, grabado por Pierre Duflos, para el frontispicio de la edi-
ción de Gabriel de Sancha de El ingenioso hidalgo Don Quixote de la
Mancha (Madrid, 1797-1798) .
Figura 2: Retrato de Andrés Laguna (A), según un grabado de la edición
salmantina de su Dioscórides (Acerca de la materia medicinal y de los venenos
mortíferos) de 1563 y frontispicio de esta versión comentada, realizada en la
imprenta de Mathías Gast (B). Esta obra, única de carácter médico citada por
Cervantes en sus textos, pudo haber servido de base en las aproximaciones
terapéuticas narradas por Cervantes en sus novelas.
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dose como un signo de intervención diabólica
(12). De esta forma, toda desviación del orden
establecido, incluida la mental, podía ser deri-
vada a los tribunales religiosos, como signo de
posesión maligna, en vez de a las instituciones
asilares y nosocomiales. Locura y brujería con-
tinuaron manteniendo, pues, una estrecha rela-
ción durante el Renacimiento y el Barroco. De
hecho, el tristemente célebre Malleus malefica-
rum (Martillo de las brujas) (1487) (Fig. 3), especie
de manual para inquisidores, editado a finales
del siglo XV por los dominicos Heinrich Kra-
mer (1430-1505) y Jakob Sprenger (1436-1494), y
del que se realizaron 34 ediciones entre 1486 y
1669, recurría a la galénica teoría humoral para
proponer que los diablos poseían la capacidad
de agitar los humores, de forma que lo imagi-
nario pareciese real, algo que, por otro lado,
puede leerse entre líneas en numerosísimos
pasajes de El Quijote. La España imperial de Fe-
Tabla I : Obras literarias de Cervantes (con exclusión de su limitada producción poética)*.
Año Novelas Comedias
1582 Tragedia de Numancia
El Trato de Argel
1585 La Galatea**
1605 El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha (Parte I )* *
1613
Novelas ejemplares:
La Gitanilla
El amante liberal
Rinconete y Cortadillo
La española inglesa**
• El licenciado Vidriera**
La fuerza de la sangre
El celoso extremeño**
La ilustre fregona
• Las dos doncellas
La señora Cornelia
El casamiento engañoso
• El coloquio de los perros**
1614 Viaje del Parnaso**
1615 El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha (Parte II)** Ocho comedias y ocho entremeses nuevos
Comedias
El gallardo español
Los baños de Argel
La gran sultana doña Catalina de Oviedo
La casa de los celos
El laberinto de amor
La entretenida
El rufián dichoso
Pedro de Urdemalas**
Entremeses
El juez de los divorcios
El rufián viudo llamado Trampagos
La elección de los alcaldes de Daganzo
La guarda cuidadosa
El vizcaíno fingido
El retablo de las maravillas
La cueva de Salamanca
• El viejo celoso
1617 Los trabajos de Persiles y Sigismunda
* Además existe 1 novela ejemplar (La tía fingida) y 4 entremeses (Los habladores; La cárcel de Sevilla; La soberana Virgen de Guadalupe;
El hospital de los podridos) atribuidos a Cervantes.
** Obras en las que se refiere el empleo de agentes psicotrópicos con fines “recreativos”.
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lipe II, aislada en su catolicismo intransigente
como medio de protección frente al auge de la
Reforma, acusó aún más la visión del demente
como poseído. No obstante, a lo largo de los si-
glos XVI y XVII se desarrolló un lento proceso
por parte de muchos médicos, encaminado a
desespiritualizar o desatanizar la enfermedad
mental y los síntomas psiquiátricos, mediante
el fortalecimiento del concepto de imaginación
desviada o patológica.
En el marco de los textos cervantinos,
incluso su personaje cumbre, Alonso Quijano,
no ha escapado a esta conceptualización,
y aunque su trastorno mental ha recibido
múltiples diagnósticos psiquiátricos durante
los dos últimos siglos (3), tales como trastorno
colérico-melancólico, melancolía morbosa,
monomanía con tintes de engrandecimiento
y erotomanía, cuadro hipomaníaco, trastorno
o locura paranoide, trastorno delirante
o trastorno bipolar, algunos autores, como
Hasbrouck (13), han postulado también que se
trata de un personaje reiteradamente sometido
a posesión demoníaca, mediante hábiles
encantadores, y que paulatinamente, sobre
todo a lo largo de la segunda parte de la novela,
experimenta un fenómeno de autoexorcismo
(“¡Fugite, partes adversae!”), que finalmente
consigue expulsar a los entes poseedores. Esta
aproximación al extraño comportamiento del
ingenioso hidalgo parece entroncar, como
se ha comentado previamente, con algunas
conceptualizaciones de la locura en el periodo
tardorrenacentista.
Del mismo modo, la terapéutica de los tras-
tornos mentales también está estrechamente
ligada, en esa época, al entorno mágico-demo-
níaco. Aunque no es factible hablar de psico-
farmacología, per se, durante el Renacimiento
tardío, entre los remedios terapéuticos em-
pleados en los siglos XVI y XVII para el trata-
miento de los sujetos alienados se encuentran
numerosas plantas dotadas de propiedades
psicotrópicas, como el beleño (Hyoscyamus al-
bus o niger), la belladona (Atropa belladona), la
mandrágora (Mandragora officinarum), el estra-
monio (Datura estramonio) y la valeriana (Vale-
riana officinalis) (14), hierbas que, por otra par-
te, también constituían la base de los prepara-
dos elaborados en el marco de las prácticas de
brujería. Sin embargo, desde la perspectiva te-
rapéutica, el tratamiento de los enfermos men-
tales se fundamentaba, al igual que en épocas
previas, en un adecuado régimen de vida, so-
bre todo desde el punto de vista dietético, y,
cuando era preciso, una complementación con
diversos fármacos, fundamentalmente de ori-
gen herbal (15), como el eléboro (Helleborus ni-
ger or Veratrum album). Las propiedades emé-
ticas de esta planta, siguiendo los humorales
planteamientos galénicos, permitirían contra-
rrestar la producción de materia infirmitatis,
ejerciendo un efecto de catarsis o purificación.
Tampoco hay que olvidar el opio (Papaver som-
niferum), prototipo de agente sedante, amplia-
mente utilizado durante el periodo moderno
para el tratamiento de los pacientes psiquiátri-
cos. Los opiáceos no dejaron de usarse en te-
rapéutica prácticamente hasta finales del siglo
XIX, utilizándose también asociados a beleño,
datura, belladona, alcanfor, asafetida, almiz-
cle, castoreo, cobre amoniacal, flores de zinc
(óxido de zinc), etc. (16).
La terapéutica oficial: El Dioscórides
de Andrés Laguna
El texto de referencia en el campo de la
terapéutica durante la época cervantina fue,
sin lugar a dudas, el Dioscórides, denominación
popular y vulgarizada del tratado Sobre la
Materia Médica, principal obra científica del
médico griego Pedacio Dioscórides Anazarbeo
(Anazarba, c. 40 – c. 90), quien trabajó gran
parte de su vida como cirujano militar al
servicio del ejército romano de Nerón, Calígula
y Claudio. Este tratado consta de 5 partes o
“libros”: el primero de ellos se dedica a las
plantas aromáticas, aceites, ungüentos, árboles
y los jugos, gomas, resinas y frutos que de
ellos se obtienen; el segundo, a los animales,
miel, leche, grasas, legumbres, hortalizas y las
Figura 3: Portada de la edición de 1669 del Malleus Maleficarum, de los do-
minicos Heinrich Kramer (Institoris) y Jakob Sprenger (Lugduni: sumptibus
Claudii Bourgeat...) e ilustración de una de las primeras ediciones de esta
obra (Prigi, 1497).
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plantas “al gusto agudas”, como los ajos, las
cebollas y la mostaza; el tercero, a las raíces,
zumos, hierbas y semillas; el cuarto, a otras
plantas y raíces; y el quinto, a las vides, uvas,
vinos, aguas minerales y metales. En total, el
texto describe las propiedades medicinales de
unas 600 plantas, unos 90 minerales y alrededor
de 30 sustancias de origen animal (17).
La enorme importancia de esta obra se
puede extrapolar de su gran pervivencia
histórica, que alcanzó hasta el siglo XVIII.
Durante el Renacimiento despertó el interés
por las obras clásicas y desde el siglo XV
se sucedieron las traducciones latinas,
comentadas o no, de la Materia Médica de
Dioscórides (18), destacando la traducción
latina de Pietro d’Abano (1250-1315), de 1478,
y las posteriores de Ermolao Barbaro (1454-
1493) y del canónigo de París, Jean de la Ruelle
(1474-1537), ambas de 1516. Sin embargo, las
más relevantes versiones comentadas del
Dioscórides fueron la del médico de Siena,
Pietro Mattioli (1500-1577), que alcanzó las
17 ediciones hasta el siglo XVIII, y la del
segoviano Andrés Laguna. Inicialmente
publicada en Lyon, en 1554, con el título
Annotaciones in Dioscoridem Anazarbeum, su
reimpresión en Amberes en 1555 (Pedacio
Dioscorides Anazarbeo, acerca de la materia
medicinal, y de los venenos mortíferos) c on st it uye
la versión primigenia fundamental de esta
obra, primera realizada en lengua castellana.
Prueba de la gran aportación original de
Laguna a este compendio clásico es que sus
comentarios duplican en extensión el texto
completo de Dioscórides, comentarios en los
que se incorporan observaciones y opiniones
fruto de su amplia experiencia como botánico
y farmacólogo, y de sus continuos viajes por
Europa, donde siempre se ocupó de recoger
y estudiar cuantas hierbas y plantas pudo.
Del mismo modo, incorporó un sexto libro
a este tratado, en el que se describían los
diferentes agentes tóxicos y venenosos, junto
a sus antídotos y a la forma de tratar los
envenenamientos (19). Este texto tuvo un éxito
similar al de Mattioli, ya que, hasta el siglo
XVIII, fue reimpreso en 22 ocasiones (17).
Brujería y hechicería: las plantas al
“servicio del mal
Centrándonos en el motivo del presente
trabajo, hay que resaltar que prácticamente
las mismas sustancias de origen vegetal de
tipo psicotrópico que formaban parte del
arsenal terapéutico de la medicina de las
enfermedades mentales durante la Edad Media
y el Renacimiento también eran empleadas, en
el entorno mágico de la época, como venenos o
agentes recreativos en el ámbito de las prácticas
de hechicería y brujería, como, por ejemplo,
los famosos “ungüentos de brujas”. En este
sentido habría que recordar que el propio
término “fármaco” deriva de la acepción
griega pharmakon, que puede significar no
solo remedio, sino también veneno, e, incluso,
elemento de connotaciones mágicas.
Desde el siglo XII, la proliferación de brujas
por toda Europa impregnó la cultura popular
de toda una serie de leyendas (20), que acabaron
convirtiéndose en una auténtica “realidad”,
combatida fieramente por las autoridades
eclesiásticas y civiles, fundamentalmente a partir
del IV Concilio de Letrán (1215-1216): vuelos
nocturnos en escobas y toneles, transformación
en diversos animales, relaciones carnales con
el demonio en los famosos aquelarres, etc. (9)
(Fig. 4). Con la bula Ad abolendam, del papa
Lucio III (1097-1185), se estableció la Inquisición
(Inquisitio Haereticae Pravitatis Sanctum Officium)
en 1184, en el Languedoc francés. Inicialmente
fundada para combatir las herejías albigense
y cátara, esta institución se ocupó también,
posteriormente, de perseguir duramente
cualquier posibilidad de desviación de la
ortodoxia católica, incluyendo, por supuesto,
las prácticas de brujería.
Figura 4 : Brujas cocinando el ungüento que les
permitiría volar hacia el lugar del aquelarre, según
una ilustración de la época de Cervantes, realizada
por Hans Baldung Grien (Estrasburgo, 1514).
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Los procesos de herejía por brujería
incoados por parte del Tribunal de la
Inquisición alcanzaron su máxima expresión
precisamente en la época en que vivió
Cervantes, convirtiéndose Europa, entre 1550
y 1650, en una permanente hoguera, fruto de
la denominada “caza de brujas”. No obstante,
esta persecución fue mucho más intensa y
brutal en Centroeuropa, Francia e Inglaterra,
que en los países mediterráneos, como Italia o
España. En nuestro país, la vinculación de estas
prácticas con ciertos subgrupos de sujetos,
fundamentalmente mujeres pertenecientes a
minorías religiosas, como judías y moriscas,
fue muy habitual, y los textos de Cervantes
son una prueba fehaciente de ello (10). De
hecho, términos como “sabbat”, para referir
las reuniones nocturnas de las brujas, o
expresiones como Synagoga Satanae, poseen
una clara ascendencia hebrea. Asimismo, en
la España cervantina existía una manifiesta
diferenciación entre brujería y hechicería (9). Las
brujas realizarían rituales y pactos satánicos, y
solían ser gentes de ascendencia cristiana y
vinculadas al medio rural, generalmente del
Norte del país (véase Galicia, el País Vasco o
Navarra). Por el contrario, las hechiceras, de
origen generalmente morisco o judío, eran
mujeres que se dedicaban a elaborar remedios y
curas (relacionados con la salud o con el amor)
y ejercían sus actividades en medios urbanos
del ámbito peninsular más meridional.
En cualquier caso, lo juicios inquisitoriales
confirmaron, sobre todo en el caso de las
brujas propiamente dichas, el uso de pócimas
y ungüentos, elaborados habitualmente con
plantas alucinógenas, como la dulcamara o
hierba mora (Solanum spp.), la mandrágora,
el beleño, la belladona o el estramonio, que
eran cocidas en sus famosos calderos junto
con grasas y otras muchas sustancias (Fig.
4) (21). Aunque estos brebajes y ungüentos
se emplearon asiduamente durante la Edad
Media (9,22), esta tradición aún perduraría
en España durante el periodo renacentista,
como se pone de manifiesto en algunas
obras cervantinas. Estas unturas se aplicaban
en la región genital y sus efectos eran casi
inmediatos, al absorberse rápidamente los
principios activos alucinógenos a través de la
mucosa vaginal (22). Los ingredientes de estos
ungüentos producían alucinaciones en estado
de vigilia (sensación de transporte por el aire,
fantasías sexuales, visiones de seres extraños,
etc.). A continuación, sobrevenía un profundo
sueño, en el cual lo soñado, al despertar, se
confundía con la realidad. A título de ejemplo,
entre los efectos del beleño se encuentra el de
inducir una extraña sensación de ligereza y
de ingravidez, que puede explicar la vívida
certeza de estar volando, como en el caso de los
vuelos de las brujas en sus escobas (23).
Precisamente, Laguna pudo ser, en opinión de
Ro th ma n (2 4), el pr im er cie nt íf ico que demo st ró
la correlación existente entre el consumo de
sustancias psicotrópicas (contenidas en las
plantas de la familia de las Solanaceae) y la
práctica de la brujería. En sus anotaciones
del Dioscórides, Laguna describe sus efectos
y sensaciones placenteras (similares a las
ocasionadas por el opio), pero, además, fue
capaz de demostrarlos experimentalmente,
al aplicar estas unturas de brujas a sujetos
normales (la mujer de un verdugo municipal
afecta de insomnio), concluyendo que estas
drogas (“raíces que engendran locura”)
ocasionan un incremento de la sugestibilidad,
induciendo una especie de trastorno mental
transitorio.
En el capítulo correspondiente al solano que
engendra locura (“la que saca de tino” y “priva
del entendimiento y sentido, en palabras de
Laguna) o hierba mora, una planta solanácea
dotada de importantes efectos alucinógenos
(23), comenta Laguna en relación a su consumo:
“representa ciertas imágenes vanas, pero muy
agradables, lo cual se ha de entender entre
sueños. Esta pues debe ser (según pienso)
la virtud de aquellos ungüentos, con que se
suelen untar las brujas: la grandísima frialdad
de los cuales, de tal suerte las adormece, que
por el diuturno y profundísimo sueño, las
imprime en el cerebro tenazmente mil burlas y
vanidades, de suerte que después de despiertas
confiesan lo que jamás hicieron” (25). A partir
de este momento, relata Laguna una historia
que le sucedió, en relación a estas pócimas de
brujas, siendo médico asalariado de la ciudad
de Metz, en Lorena. En la casa de unos brujos
condenados por las autoridades se encontró
una olla medio llena de un ungüento verde,
con el que se untaban, cuyo olor era tan
grave y pesado, que mostraba ser compuesto
de yerbas en último grado frías y soporíferas:
cuales son la cicuta, el solano, el beleño y
la mandrágora” (25). Posteriormente, ensayó
Laguna esta pócima con una mujer afecta de
tan profundos celos que “había totalmente
perdido el sueño y vuéltose casi medio
frenética. Tras ser untada, la mujer entró en
un profundo sueño, de 36 horas de duración,
del que fue difícil despertarla, aun utilizando
diversos medios: fuertes ligaduras y fricciones
de las extremidades, con perfusiones de aceite
de costino y de euforbio, con sahumerios y
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humos a narices, y finalmente con ventosas”.
Al despertar, la mujer comentó que “estaba
rodeada de todos los placeres y deleites del
mundo...” (25).
Estos apuntes de naturaleza psiquiátrica
abrieron una nueva luz sobre la visión social de
las brujas y hechiceras, que comenzaron a dejar
de considerarse como poseídas y ser evaluadas
desde la perspectiva de sujetos enajenados.
Las sustancias psicotrópicas
en las obras de Cervantes
La dificultad para determinar los auténticos
conocimientos de Cervantes en materia médica,
en general, y terapéutica, en particular, ha sido
puesta de manifiesto en diversos estudios. Hay
que tener presente, en este sentido, que Cervantes
era partícipe, como hijo de cirujano-sangrador
(Rodrigo de Cervantes, 1509-1585), hermano de
enfermera (Andrea de Cervantes, 1545?-1609)
y bisnieto de bachiller médico (Juan Díaz de
Torreblanca (¿-1512), de ciertos conocimientos
del arte de la medicina, conocimientos que
transfunde a sus creaciones literarias. Por
otra parte, en su biblioteca particular se han
identificado varios tratados de materia médica
muy conocidos en su época (26), como el Tratado
de las cuatro enfermedades cortesanas (1544), de
Luis Lobera de Ávila (1480?-1551), la Practica
y theorica de la cirugia (1582), de Dionisio Daza
Chacón (1513-1596), el Examen de ingenios para las
ciencias (1575) de Juan Huarte de San Juan (1529-
1588) y, lo que ess importante en el tema
que nos concierne, el Dioscórides, comentado e
ilustrado por Andrés Laguna. Ateniéndonos a
la reconstrucción de la biblioteca de Cervantes,
la edición reseñada por Eisenberg (26) fue
Pedacio Dioscórides Anazarbeo, acerca de la materia
medicinal, y de los venenos mortíferos, Traduzido de
la lengua Griega, en la vulgar Castellana, & illustrado
con claras y substanciales annotaciones, y con las
figuras de innumeras plantas exquisitas y raras, por el
Doctor Andrés de Laguna, Médico de Iulio III. Pont.
Maxi. Libro editado en Salamanca. Si este libro
corresponde, como indica el investigador, al
legado paterno, debía corresponder a la edición
salmantina de 1563 (Fig. 2B), o una de sus
reimpresiones de 1566 o 1570, ya que Rodrigo de
Cervantes falleció en 1585.
Así pues, el amplio conocimiento de las
plantas, algunas con propiedades curativas,
que exhibe Cervantes (5) posiblemente
proceda de la lectura y de la consulta de
obras técnicas, como la famosa edición del
Dioscórides editada por Laguna, tal como
hemos planteado recientemente (6). En este
sentido, como resalta Eisenberg (26), Cervantes
era muy aficionado a mencionar, comentar e
incluso criticar en sus obras literarias muchos
de los libros y manuscritos de los que disponía
en su biblioteca particular, y, siguiendo esta
línea argumentaria, el Dioscórides es la única
obra de carácter científico-médico que cita el
novelista en toda su producción literaria, en
concreto en El Quijote: “Con todo respondió
Don Quijote, tomara yo ahora más aina un
quartal de pan o una hogaza y dos cabezas
de sardinas arenques, que cuantas yerbas
describe Dioscórides, aunque fuera el ilustrado
por el Doctor Laguna” (I-XVIII) (1). Por otro
lado, hay que tener presente, según postulan
algunos autores (27), que Laguna redactó
sus comentarios al Dioscórides mediante un
discurso universal en lengua castellana,
de forma que pudiesen ser utilizados y
entendidos, además de por los profesionales de
la medicina de la época, por personas legas en
materia terapéutica, ya que evitó recurrir a la
tecnificación del lenguaje vulgar (28). Para ello,
Laguna recurría habitualmente a anécdotas, a
comentarios de experiencias propias, a cuentos
de países lejanos, etc., como se ha comentado
previamente, con el objetivo de hacer la lectura
más asequible y amena a los no especialistas.
Como resalta Baranda (27), “la duplicidad de
estrategias discursivas de Laguna pone en
evidencia su esfuerzo por ampliar el ámbito
de la recepción de su libro; con ello pretendió
popularizar la medicina académica y en este
aspecto tuvo un éxito innegable”. Prueba de
ello es la existencia de ejemplares de esta
obra en las bibliotecas de conocidos personajes
históricos, no relacionados con la medicina,
como el pintor Diego de Silva y Velázquez
(1599-1660). De esta forma, y teniendo en mente
todos los parámetros comentados, la consulta
del Dioscórides por parte de personas como
Cervantes resultaría mucho más asequible.
De hecho, la relevancia de los conocimientos
botánicos contenidos en el Dioscórides también
difunde en otros pasajes de El Quijote distintos
a los de su cita expresa y en otras novelas
cervantinas. Así, Don Quijote afirma que
el caballero andante... ha de ser médico, y
principalmente herbolario, para conocer... las
yerbas que tienen la virtud de sanar...” (II-
XVIII) (1). También en Los trabajos de Persiles
y Sigismunda se comenta que los encantadores
tenían que conocer “las virtudes de las yerbas”
(1), algo similar a lo narrado, con respecto a las
hechiceras y brujas, en El coloquio de los perros.
Siguiendo esta hipótesis y los planteamien-
tos de Esteva de Sagrera (4), Cervantes pudo
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c u l t u r a y f á r m a c o s
haber conocido las virtudes de numerosas
plantas disponibles en los herbolarios de su
época para el abordaje, popular y económi-
co, de diferentes patologías, sin necesidad de
la asistencia especializada de galenos y bo-
ticarios. De esta misma opinión es Reverte
Coma (29), quien afirma que pudo conocer,
entre otras, las propiedades cicatrizantes del
romero (Rosmarinus officinalis), las estomaca-
les y vulnerarias del corazonzillo (Hypericum
perforatum), las emolientes de la hierba cana
(Senecio vulgaris), las astringentes de la hierba
de la doncella (Vinca minor), las vermífugas,
estomacales y antihelmínticas de la hierba
lombriguera (Tanacetum vulgare), las calman-
tes de la hierba mora o tomatillos del diablo
(Solanum nigrum), o las venenosas del eléboro.
Por su parte, Morales (30), en un minucioso
estudio botánico sobre las plantas menciona-
das en las obras completas de Cervantes, ob-
tiene 835 referencias, correspondientes a 150
especies distintas, de las que sólo 9 son clasi-
ficadas por el autor como de carácter medici-
nal. Finalmente, nuestro grupo ha encontrado
en los textos cervantinos 10 plantas mencio-
nadas por sus hipotéticas propiedades tera-
péuticas o nocivas para la salud, de las que 7
son mencionadas en relación a sus propieda-
des psicotrópicas (5,7), según se recoge en la
Tabla II.
Pero, además de las propias plantas, Cervan-
tes conocía los diferentes preparados de botica
elaborados con ellas. La farmacopea de la época
cervantina se basaba, fundamentalmente, en la
aplicación de aceites, ungüentos, bálsamos, raí-
ces, cortezas y jarabes (4). Muchos de estos pre-
parados, algunos de carácter ficticio y otros de
uso real, quedan reflejados en las obras del lite-
rato alcalaíno. A título de ejemplo, baste mencio-
nar el famoso bálsamo de Fierabrás, tan reitera-
do en El Quijote, los polvos de ruibarbo (raíz de
Rheum officinale –ruibarbo chino- o Rumex alpi-
nus –ruibarbo de los monjes-), uno de los agen-
tes terapéuticos purgantes más empleados en la
época renacentista, el ungüento blanco o el acei-
te de Aparicio. Además, de una detallada lectu-
ra médica de El Quijote y de otras obras cervan-
tinas se puede colegir que Cervantes no contem-
pla habitualmente el uso de agentes de acción
farmacológica primaria, sino que recurre al uso
de diferentes preparados de botica con efectos
farmacológicos secundarios o diferidos, como
ciertos bálsamos, purgantes o eméticos. Ade-
más, en relación con los agentes puramente psi-
cotrópicos, Cervantes suele evitar mencionarlos
específicamente, sobre todo en el caso del opio.
Sin embargo, esto posiblemente no se deba a la
ignorancia del autor, que como hemos comenta-
do no era ajeno a la materia medica y terapéuti-
ca, sino, como postulan varios autores, a un ex-
Tabla II: Plantas mencionadas en las obras de Cervantes en relación a sus propiedades psicotrópicas (mágicas,
recreacionales o tóxicas).
Planta Nombre científico Familia Propiedades terapéuticas* Propiedades descritas en los
textos cervantinos
Obra de Cervantes
Beleño Hyoscyamus albus /niger L. Solanaceae
Hipnóticas
Analgésicas Narcóticas
La Galatea
Viaje del Parnaso
Opio Papaver somniferum L. Papaveraceae
Hipnóticas
Analgésicas
Antitusivas
Narcóticas El celoso extremeño
Romero** Rosmarinus officinalis L. Lamiaceae
Coleréticas
Diuréticas
Espasmolíticas
Vulnerarias
Remedio universal
Propiedades mágicas
El Quijote ( I, cap. XI)
El Quijote ( I, cap. XIII)
La gitanilla
Verbena Verbena officinalis L. Verbenaceae
Espasmolíticas
Tónicas
Antipiréticas
Antiinflamatorias
Propiedades mágicas Pedro de Urdemalas
*Propiedades tradicionales, según Font Quer (23). **Como ingrediente del Bálsamo de Fierabrás.
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ceso de celo frente a las autoridades de la Inqui-
sición, debido al controvertido y desprestigiado
uso extraterapéutico de estas sustancias, muy
criticado por las autoridades eclesiásticas (31).
Por este motivo, Cervantes se limita a glosar las
propiedades de los preparados herbales utiliza-
dos a nivel popular, sin incidir en su hipotética
composición. No debemos olvidar, en este pun-
to, la especial vulnerabilidad del literato, que,
cuestionado como cristiano viejo, debía dejar in-
maculada de forma permanente su limpieza de
sangre (de hecho, buscando un aval protector
más intenso en este campo, Cervantes ingresó
como miembro de la Congregación de Esclavos
del Santísimo Sacramento en 1609 y en la Vene-
rable Orden Tercera de San Francisco en 1613).
A continuación describiremos los prepara-
dos elaborados con sustancias dotadas de pro-
piedades psicotrópicas y empleados, al margen
de sus indicaciones clínicas, a nivel recreativo
o con otros fines no terapéuticos, en el marco
de la tradición mágica imperante aún durante
el Renacimiento tardío español, en las obras de
Cervantes. La trascendencia literaria de algu-
nos de estos preparados, elaborados por perso-
nas no cultivadas, ajenas a la materia médica y
perseguidas por los responsables eclesiásticos,
es tal, que constituyen el eje central del discur-
so narrativo de varias de las Novelas Ejemplares
cervantinas.
Agentes narticos: el beleño
y el opio
Los remedios narcóticos y sedantes son es-
casamente mencionados por Cervantes en
sus obras literarias. De hecho, el opio, pro-
totipo de estas sustancias, no es citado ex-
presamente en ninguna de ellas. Incluso en
su novela más extensa, El Quijote, no apare-
ce ninguna referencia al empleo de este tipo
de agentes. La única excepción, con respecto
a las plantas dotadas de propiedades narcó-
ticas, fundamentalmente de la familia de las
solanáceas, procede del beleño (Hyoscyamus
albus) (Fig. 5A) que es mencionado en La Ga-
latea (1585) recordando sus propiedades nar-
cóticas: “Tu has quitado las fuerzas al beleño,
/ con que el amor ingrato / adormecía a mi
virtud doliente” (1). También en Viaje del Par-
naso (1614) aparece una breve referencia a las
propiedades de esta planta: “Morfeo, el dios
del sueño, por encanto / allí se apareció, cuya
corona / era de ramos de beleño santo” (1).
El beleño, conocido a nivel popular como
‘hierba loca’ y ‘flor de la muerte’, es una plan-
ta, como el resto de las solanáceas (belladona,
mandrágora, estramonio, etc.), rica en alcaloi-
des dotados de una gran actividad sedante,
como la hiosciamina y la escopolamina. De
hecho, un refrán popular español dice que “al
que come beleño, no le faltará sueño”, y “em-
beleñar” viene a significar adormecer. De las
flores de esta planta, denominada hyoscyamo
por Laguna, dice el Dioscórides que “engendran
sueños muy graves” (25). Desde la Edad Media,
el beleño se venía utilizando como integrante
de las pócimas de hechiceros y brujas por sus
efectos alucinógenos (9,22), y a nivel médico
(32), sus propiedades narcóticas permitieron su
empleo, desde el siglo XIV, como anestésico en
intervenciones quirúrgicas (23). Asimismo, el
aceite de beleño, denominado usualmente “bál-
samo tranquilo”, y elaborado a base de hojas
secas de beleño, belladona, estramonio y ador-
midera se usaba como preparado analgésico
tópico. Sin embargo, los usos psiquiátricos de
esta planta alcanzaron su máximo esplendor
en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se
aislaron sus alcaloides, sobre todo la hioscina
o escopolamina, que constituyó un ingrediente
muy utilizado en los cócteles psiquiátricos que
se aplicaban en esa época en las instituciones
psiquiátricas, como el famoso Hyoscine CoA,
que contenía hioscina, morfina y atropina, y se
administraba a pacientes maníacos muy excita-
dos y agresivos (14).
En relación a los preparados elaborados con
opio (Fig. 5B), existe una curiosa cita en la no-
vela ejemplar El celoso extremeño, cuando la jo-
ven esposa aplica un preparado narcótico (del
que no se desvela su composición) a su ancia-
no marido: “... los polvos, o un ungüento, de tal
virtud que, untados los pulsos y las sienes con
Figura 5: Ilustraciones botánicas realizadas por Andrés Laguna, y
contenidas en su Dioscórides, de las plantas medicinales y/o tóxicas
citadas en las obras de Cervantes en relación a sus propiedades psico-
trópicas extraterapéuticas y mágicas.
A: Beleño (Hyoscyamus), B: Papaver (Papaver Pithitis), C: Romero
(Rosmarinus Coronarium)*, D: Verbena (Verbenaca)
*Como ingrediente del bálsamo de Fierabrás.
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c u l t u r a y f á r m a c o s
él, causaba un sueño profundo, sin que de él se
pudiese despertar en dos días, si no era laván-
dose con vinagre todas las partes que se ha-
bían untado... y asimismo le untó las ventanas
de las narices... Poco espacio tardó el alopiado
ungüento en dar manifiestas señales de su vir-
tud, porque luego comenzó a dar el viejo tan
grandes ronquidos... El ungüento con que es-
taba untado su señor tenía tal virtud que, fue-
ra de quitar la vida, ponía a un hombre como
muerto” (1).
En este pasaje, Cervantes utiliza un adjeti-
vo italianizado (“alopiado”) para dar cuenta
de que el ungüento aplicado por la esposa es-
tá elaborado con opio. Según Bucalo (33), es-
ta acepción, que no encuentra en ningún otro
autor español de la época, deriva del térmi-
no alloppiato’, que se venía utilizando en Ita-
lia desde el siglo XIV para designar aquellas
bebidas que contenían derivados opiáceos.
La descripción de los efectos del ungüento
alopiado” también concuerda con las des-
cripciones efectuadas por Laguna en su Dios-
córides (Tabla III). En relación con el papaver
hortense, sobre todo la variedad llamada pi-
thitis o nigrum papaver, Laguna anota que:
dada una onza de simiente a un hombre de
complexión delicada, le hará dormir in aeter-
num... La lecheriza de la simiente... hace dor-
mir gravísimamente... Es tan grande la frial-
dad del opio que quita el sentido a las partes,
y ansí adormenta... En suma, el opio, enemi-
go del cuerpo humano, es un veneno sabro-
so, que de nuestro calor natural no puede ser,
sino difícilmente, alterado” (25). En este caso,
Cervantes también elude dar datos concre-
tos sobre la composición de la untura, debido
posiblemente, como hemos comentado, a la
precaución que le causaba los efectos censo-
res y punitivos del Tribunal del Santo Oficio,
recurriendo al término italianizado “alopia-
do” como forma de enmascarar la referencia
explícita al opio.
En el contexto de la “medicina mágica”, Cer-
vantes recurre habitualmente, sobre todo en
El Quijote, a los bálsamos, su remedio terapéu-
tico por excelencia, destacando entre ellos el
denominado “bálsamo de Fierabrás”. Eviden-
temente, al margen de la terapéutica médica
convencional, el bálsamo de Fierabrás perte-
nece al conjunto de remedios mágicos de los
que está plagada la literatura caballeresca me-
dieval. Según esta tradición, compilada en la
Historia Caballeresca de Carlomagno, Fier-a-bras
(“el de brazo feroz”) era un gigante sarraceno,
hijo del emir Balante (señor de las Españas),
que portaba en su caballo dos barriles con bál-
samo sustraídos en Jerusalén, y procedentes
del que había sido empleado en la sepultura
de Jesús. En el transcurso de un combate, el gi-
gante perdió los barriles, que fueron encontra-
dos por su enemigo Oliveros, uno de los Doce
Pares de Francia, quien bebió del bálsamo y cu-
ró de sus heridas mortales.
Tabla III: Comparación y concordancia entre diferentes pasajes de los textos literarios de Cervantes y párrafos extraídos
de las anotaciones de Laguna a su Dioscórides, en relación con los preparados narcóticos y psicodislépticos.
Planta o preparado Cita de Cervantes Obra Cita de Laguna Capítulo del Dioscórides
Ungüentos de
brujas1“jugos de yerbas en todo extremo fríos” El coloquio de
los perros
“compuesto de yerbas en último grado
frías” L XXV ( Libro IV)
“nos privan de todos los sentidos” “priva del entendimiento y sentido”
“en la fantasía pasamos todo aquello que nos
parece pasar verdaderamente”
“creen haber hecho despiertas todo
cuanto soñaron durmiendo”
“gozamos de los deleites que te dejo de decir” “estaba rodeada de todos los placeres
y deleites del mundo”
“llegaron a hincarle alfileres... ni por eso
recordaba la dormilona”
“fue difícil despertarla, aun utilizando
diversos medios”
Unturas alopiadas2“tenía tal virtud que, fuera de quitar la vida,
ponía a un hombre como muerto”
El celoso
extremeño
“le hará dormir in aeternum...
adormece de un tawn profundo sueño
que no despierta jamás”
LXVI ( Libro IV)
XVII (Libro VI)
Tósigos3
“se le comenzó a hinchar la lengua y la
garganta, y a ponérsele denegridos los labios, y
a enronquecérsele la voz, turbársele los ojos y
apretársele el pecho”
La española
inglesa
“apostémaseles la lengua, hínchaseles
la boca, inflámaseles y paréceles
turbios los ojos, estréchaseles el
aliento... y una comezón de las encías,
y en todo el cuerpo”
XV ( Libro VI)
1 Solanáceas (solano / beleño). 2 Papaveráceas (opio). 3 Solanáceas (beleño o Hyoscyamo)
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c u l t u r a y f á r m a c o s
Los efectos del bálsamo de Fierabrás, ela-
borado a base de aceite, vino, sal y romero
(Fig. 5C), siguiendo un proceder habitual en
la práctica de la farmacia de la época, a saber,
la mezcla de varios simples medicinales (tres
de procedencia vegetal y uno mineral) para
obtener un compuesto (34) (Fig. 6), también
son descritos por Cervantes: inicialmente un
vómito intenso, seguido de gran sudor y fa-
tiga y posteriormente un profundo sueño. Al
despertar, el efecto reparador era tan marcado
que el hidalgo creyó estar completamente cu-
rado. Posiblemente, el verdadero efecto psico-
farmacológico del preparado estribase en su
capacidad para inducir un “profundo sueño”,
responsable del posterior efecto reparador. De
hecho, desde el siglo XIX comenzó a docu-
mentarse científicamente como los enfermos
psiquiátricos, sobre todo los maníacos y psi-
cóticos, obtenían una gran mejoría y se en-
contraban más relajados los días posteriores
a un adecuado descanso. Asimismo, las curas
de sueño prolongado, con barbitúricos y otros
agentes psicofarmacológicos, han constituido
una práctica muy utilizada en la historia de la
psiquiatría (35).
Sustancias alucinógenas:
los ungüentos de brujas
Los ungüentos, dentro del marco de la boti-
ca tradicional, eran formulaciones para admi-
nistración tópica elaboradas a base de grasas,
ceras o resinas. Sin embargo, su elaboración
extrafarmacéutica y extraterapéutica, por par-
te de curanderos y hechiceros, era una práctica
habitual desde la Edad Media, siendo los s
conocidos son los denominados “ungüentos de
brujas”, elaborados, cercenando la excusa ritual
o satánica, con fines evidentemente recreativos
y lúdicos.
Cervantes describe detalladamente los efec-
tos de los ungüentos de brujas en la novela
ejemplar El coloquio de los perros, cuando el pe-
rro Berganza comenta las actividades de uno
de sus amos, una anciana conocida como la
Cañizares, integrante de una conocida comuni-
dad de brujas de la localidad de Montilla, que le
confiesa la práctica de actos propios de brujería
y el empleo de ungüentos específicos de estas
prácticas: ... en esto de confeccionar las untu-
ras con que las brujas nos untamos, a ninguna
diera ventaja, ni la daré a cuantas hoy siguen y
guardan nuestras reglas... Este ungüento con
que las brujas nos untamos es compuesto de
jugos de yerbas en todo extremo fríos, y no es,
como dice el vulgo, hecho con la sangre de los
niños que ahogamos... volvamos a lo de las un-
turas, y digo que son tan frías, que nos privan
de todos los sentidos en untándonos con ellas,
y quedamos tendidas y desnudas en el suelo, y
entonces dicen que en la fantasía pasamos todo
aquello que nos parece pasar verdaderamente.
Otras veces, acabadas de untar, a nuestro pare-
cer, mudamos forma, y convertidas en gallos,
lechuzas o cuervos, vamos al lugar donde nues-
tro dueño nos espera, y alcobramos nuestra
primera forma y gozamos de los deleites que
te dejo de decir... buenos ratos me dan mis un-
turas... y el deleite mucho mayor es imaginado
que gozado...; y, sacando de un rincón una olla
vidriada, metió en ella la mano, y, murmuran-
do entre dientes, se untó desde los pies a la ca-
beza, que tenía sin toca. Antes que se acabase
de untar me dijo que, ora se quedase su cuerpo
en aquel aposento sin sentido, ora desaparecie-
se de él, que no me espantase... Curiosos hubo
que se llegaron a hincarle alfileres por las car-
nes, desde la punta hasta la cabeza: ni por eso
recordaba la dormilona...” (1).
Cervantes describe magistralmente en este
pasaje los efectos psicotrópicos de las mezclas
de agentes alucinógenos administrados por vía
tópica (viajes extracorpóreos, alucinaciones vi-
Figura 6 : Detalle de un grabado al agua fuerte de Ricardo de los Ríos sobre
un dibujo original de Jules Worms, titulado Don Quijote prepara el Bálsamo de
Fierabrás, y destinado a la traducción francesa de El Quijote realizada por Ce-
sar Oudin y Francois de Rosset (L’Histoire de Don Quichotte de la Mancha, Pa-
rís, Librairie des Bibliophiles, 1884).
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c u l t u r a y f á r m a c o s
suales, sensaciones placenteras, etc.). La enor-
me semejanza entre los textos de Laguna, co-
mentados previamente, y de Cervantes parece
confirmar el uso por parte del literato de las
anotaciones del científico. Incluso algunos -
rrafos parecen ser representados de forma casi
literal, como mostramos en la Tabla III. No obs-
tante, Cervantes también pudo haberse inspira-
do en la conocida obra del profesor de Teología
tomista de la Universidad de Alcalá, Pedro Ci-
ruelo (1470-1548), titulada Reprobación de las su-
persticiones y hechicerías, publicada inicialmente
en Alcalá de Henares en 1530, pero reimpresa
hasta en 9 ocasiones antes de la primera edi-
ción de las Novelas Ejemplares. En relación con
los ungüentos de brujas comenta Ciruelo: ...
Otras destas en acabándose de untar y decir
aquellas palabras se caen en tierra como muer-
tas, frías y sin sentido alguno, aunque las que-
men o asierren no lo sienten. Y dende las dos o
tres horas se levantan muy ligeramente y dicen
muchas cosas de otras tierras y lugares adonde
dicen que han ido... Esta ilusión acontece de dos
maneras principales: que ora hay que ellas sa-
len realmente de sus casas y el diablo las lleva
por los aires a otras casas y lugares; otras veces
ellas no salen de sus casas, y el diablo las pri-
va de todos sus sentidos, y caen en tierra como
muertas y frías, y les representa en sus fanta-
sías que van a las otras casas y lugares. Y nada
de aquello es verdad, aunque ellas piensen que
todo es así como ellas lo han soñado...” (36).
Agentes psicodislépticos:
los filtros de amor
La elaboración de pócimas yfiltros de amor”
con remedios herbales capaces de modificar los
sentimientos y la voluntad de los consumido-
res, en el marco de la tradición popular rela-
cionada con la hechicería, también es relata-
da en algunas obras cervantinas, como en la
novela El licenciado Vidriera: “Y así, aconsejada
de una morisca, en un membrillo toledano dio
a Tomás unos de estos que llaman hechizos,
creyendo que le daba cosa que le forzase la vo-
luntad a quererla: como si hubiese en el mun-
do yerbas, encantos ni palabras suficientes a
forzar el libre albedrío; y así, las que dan estas
bebidas o comidas amatorias se llaman ‘vene-
ficios’; porque no es otra cosa lo que hacen si-
no dar veneno a quien las toma, como lo tiene
mostrado la experiencia en muchas y diversas
ocasiones” (1).
También describe Cervantes los efectos de
estos preparados a base de hierbas: “Comió en
tan mal punto Tomás el membrillo, que al mo-
mento comenzó a herir de pie y de mano co-
mo si tuviera alferecía, y sin volver en sí estuvo
muchas horas, al cabo de las cuales volvió co-
mo atontado, y dijo con lengua turbada y tar-
tamuda que un membrillo que había comido
le había muerto... Seis meses estuvo en la cama
Tomás, ... y aunque le hicieron los remedios po-
sibles, sólo le sanaron la enfermedad del cuer-
po, pero no de lo del entendimiento, porque
quedó sano, y loco de la más extraña locura que
entre las locuras hasta entonces se había visto.
Imaginose el desdichado que era todo hecho de
vidrio, y con esta imaginación, cuando alguno
se llegaba a él, daba terribles voces pidiendo y
suplicando con palabras y razones concertadas
que no se le acercasen, porque le quebrarían;
que real y verdaderamente él no era como los
otros hombres: que todo era de vidrio de pies
a cabeza” (1).
En esta novela, Cervantes recurre a una he-
chicera de ascendencia morisca como respon-
sable de la elaboración del “filtro de amor”, en
un contexto que podríamos claramente asumir
como de “magia erótica”. La tradicional dedica-
ción del colectivo morisco a la medicina, mani-
fiesto aún durante el periodo cervantino, y sus
amplios conocimientos en el manejo de hierbas
Figura 7: Ilustración de la novela La española ingle-
sa atribuida a Josef Ximeno para la edición de las
Novelas Exemplares de Antonio Sancha (Madrid,
1783), donde se muestran los efectos del envenena-
miento de la protagonista.
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c u l t u r a y f á r m a c o s
y plantas hacen de la elección de esta hechicera
una aproximación muy verosímil al entorno de
los conocedores de la botánica vulgar o popu-
lar en la España del siglo XVI.
Las pócimas venenosas
También en el marco de la brujería con fina-
lidad amatoria recurre Cervantes al empleo de
los venenos (37). Así, en La española inglesa, la
camarera protestante decide envenenar a Isa-
bela (Fig. 7) por haber despreciado los amores
de su hijo: “Y fue su determinación matar con
tósigo a Isabela;... aquella misma tarde atosigó
a Isabela en una conserva que le dio, forzándo-
la que la tomase por ser buena contra las ansias
de corazón que sentía... a Isabela se le comenzó
a hinchar la lengua y la garganta, y a ponérse-
le denegridos los labios, y a enronquecérsele la
voz, turbársele los ojos y apretársele el pecho:
todas conocidas señales de haberle dado vene-
no” (1).
La acepción “tósigo” procede del latín “tóxi-
cum y es referida en el Dioscorides como un
veneno que inflama la lengua y los labios e
induce la locura (37). Aunque los efectos des-
critos podrían ser causados por diferentes
sustancias, como el eléboro negro o el acónito
(Aconitum napellus), Laguna describe, de for-
ma muy parecida (Tabla III), los efectos tóxi-
cos inducidos por el beleño: “a los que traga-
ron el hyoscyamo blanco sobreviene gran re-
lajación de junturas, apostémaseles la lengua,
hínchaseles la boca, inflámaseles y paréceles
turbios los ojos, estréchaseles el aliento, acú-
deles sordedad con vaguidos de cabeza, y una
comezón de las encías, y en todo el cuerpo.
Además de esto, embótaseles el sentido, les
viene borrachez...(25).
Del mismo modo, en este pasaje Cervantes
podría haber tomado también de Laguna al-
gunos remedios terapéuticos supuestamente
útiles, procedentes de la medicina medieval
aunque aún vigentes en la mentalidad rena-
centista, para el tratamiento de dichos envene-
namientos. Según Laguna: “de todas las medi-
cinas preservativas contra pestilencia y veneno,
al cuerno de unicornio se da la gloria prime-
ra... Prefiere el conciliador a cualquier otro re-
medio, el polvo de esmeralda, del cual manda
dar dos dramas de vino. Mas esta cura sólo se
puede administrar a Pontífices y Emperadores,
pues dos dramas de esmeraldas perfectas va-
len poco menos que dos ciudades” (25). Por su
parte, Cervantes relata que, a Isabela, la reina
“hizo dar cantidad de polvos de unicornio, con
muchos otros antídotos que los grandes prín-
cipes suelen tener prevenidos para semejantes
necesidades” (1).
Otros agentes psicotrópicos
En neas generales, como se ha comentado,
Cervantes no refiere en sus obras la composi-
ción de los preparados dotados de actividad
psicotrópica usados a nivel popular, ni de nin-
guno de sus ingredientes, a pesar de indicar su
procedencia herbal, debido posiblemente a la
precaución que le causaba los efectos censores
y punitivos del Tribunal del Santo Oficio. Úni-
camente en su comedia teatral Pedro de Urdema-
las (1615) se refiere a la verbena (Verbena offici-
nalis) (Fig. 5E), planta a la que se adjudicaban
propiedades mágicas, incluso durante la época
del barroco temprano: “Aquí verás la verbena,
/ de raras virtudes llena” (1). La verbena es una
planta vulgarmente conocida en aquella época
como ‘hierba sagrada, por su uso, en forma de
ramilletes, en ceremonias religiosas de la An-
tigüedad, o ‘hierba de los hechizos’, lo que re-
marca su carácter mágico. De hecho, se recolec-
taba durante la noche de San Juan y era muy
usada para la elaboración de filtros de amor
(23). Laguna comenta que “llámanla hierba sa-
grada por ser útil para purgar la casa de adver-
sidades, colgándose de ella” (25), y le da varios
y diversos usos, como para el alivio de los do-
lores de cabeza y del fuego de San Antón, for-
talecimiento del cabello, endurecimiento de los
miembros inferiores, antídoto contra los vene-
nos, efecto procoagulante, etc.
CONCLUSIONES
El mundo de la brujería y de los fenómenos
afines es bastante habitual en los textos
cervantinos (10,38). No obstante, este tema
puede constituir una mera extrapolación del
interés, tanto popular como literario, que por
estos temas hubo durante el periodo de la
Contrarreforma en el Siglo de Oro español
(39). Pero Cervantes, no solamente se limita
en sus obras a describir detalladamente este
tipo de prácticas y a mostrar el perfil de los
sujetos que las ejecutan o las sufren, así como
a relatar su forma de conexionarse con el resto
de actores sociales, sino que, en un paso más
allá, nos muestra los efectos de las sustancias y
preparados dotados de la virtud de modificar
la cordura y el entendimiento.
En cualquier caso, Cervantes, habitualmente,
evita dar datos concretos sobre la composición
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c u l t u r a y f á r m a c o s
de los preparados de esta naturaleza que cita
en sus obras, ni suele especificar ninguno
de sus ingredientes, como hemos resaltado, a
pesar de indicar su procedencia herbal, debido
posiblemente a evitar una confrontación directa
con el Tribunal de la Inquisición. No obstante,
la descripción de los síntomas acontecidos
a sus personajes nos permiten aventurar,
desde un enfoque psicofarmacológico, cuales
podrían haber sido los ingredientes de dichos
preparados: el beleño o el solano en el caso
de El coloquio de los perros, la mandrágora en
El licenciado Vidriera, el beleño en La española
inglesa, y, por supuesto, el opio en El celoso
extremeño.
Además, en sus textos Cervantes no se limita
únicamente a efectuar una descripción de los
efectos farmacológicos de los mencionados
preparados, sino que incide en una valoración
juiciosa del carácter diabólico de estas prácticas
(40), realizando una profunda crítica a las
ancestrales supersticiones asociadas a este
ent or no. De est a fo rm a, el au tor al ca la ín o af ir ma
en la novela ejemplar El coloquio de los perros, en
relación a la adscripción vulgar de la relación
de las pócimas con las prácticas mágicas,
que “todas estas cosas y las semejantes son
embelecos, mentiras”. Así mismo, Cervantes
también se refiere despectivamente a los filtros
de amor y a las pócimas narcóticas elaborados
con remedios herbales, a pesar del gran arraigo
popular de que gozaban, como se pone de
manifiesto en El Quijote: “suelen hacer algunas
mujercillas simples y algunos embusteros
bellacos, algunas misturas y venenos con que
vuelven locos a los hombres” (I-XXII) (1).
En cualquier caso, parece que los
conocimientos sobre la materia terapéutica y
el armamentarium botánico de la época por
parte de Cervantes eran bastante amplios.
Recientemente, nuestro grupo ha planteado la
hipótesis de que algunos de estos conocimientos
podrían proceder de la lectura del Dioscórides
anotado por Andrés Laguna (7), que pudo
servir de fuente documental para los pasajes de
tinte farmacológico de las obras cervantinas.
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Ju n i o 2008 | v o l u m e n 6 nº 2 |
... Ambos autores, salvo en los textos de ambientación mitológica de Lope de Vega, nos muestran los efectos de la sociedad que les tocó vivir y las consecuencias de una atroz persecución religiosa, racial, económica y de género hacia estas mujeres de vida marginal, así como los usos y costumbres de la España tardorrenacentista y novobarroca, incluyendo el uso, con objetivos extraterapéuticos, de una gran cantidad de sustancias dotadas de propiedades psicotrópicas (14)(15)(16)(17)(18), en algunos casos con fines ilícitos e incluso criminales (véase el empleo de diferentes venenos), en otros de carácter adictivo (como el caso de los ungüentos de brujas), y las más de las veces con objetivos meramente crematísticos (filtros de amor y magia amatoria). ...
Poster
Full-text available
Is a documented fact that Cervantes was so near with the medical environment of his time. Various of his relatives and friends were involved in the medical world, and in his personal library (214 volumes) some of them talked about medical topics like, for example, Huarte’s book. If Cervantes wrote novels of entertainment, where the figure of the mad enables their literary plots, and implemented the use of insanity as a literary strategy to circumvent the rawness of his critical vision of a society, then he must be, at least, a minimal scientifically documented to give their pathological characters some credibility.
Article
Full-text available
Como homenaje al Quijote, en el año de su cuarto centenario, nos ocupamos en este trabajo de la medicina española en la época en que vivió su autor, Miguel de Cervantes: segunda mitad del siglo xvi y primeras décadas del xvii. Después de ofrecer una visión panorámica de las diversas personas que se ocupaban del oficio de «sanar» y cómo se llevaba a cabo éste, nos detenemos en el análisis de los textos de contenido médico que se produjeron en el periodo destinados a todos esos sanadores, prestando una atención especial a las lenguas que se emplearon en ellos, así como a las razones que motivaron las preferencias por unos usos lingüísticos en detrimento de otros.
Article
Se presenta todos los datos referentes al mundo vegetal obtenidos en la lectura de las obras completas de Cervantes. Estos se ordenan alfabéticamente según los nombres que aparecen en dichas obras. Se da el nombre científico equivalente de cada planta a la que se alude, se incluyen una o más referencias con la expresión en la que aparece, detallando la obra, capítulo y página. Además se comentan aspectos botánicos e históricos de las diferentes especies.
Article
Todo el Casamiento engañoso y Coloquio de los perros puede afirmarse que es una meditación sobre poder y marginalidad, figuradas en el poseer o no poseer lenguaje, habla, control del discurso. Nos dirigen la palabra una serie de autores ficticios, todos ellos marginados y normalmente desprovistos del habla: un soldado sifilítico y no demasiado astuto, unos pobres chiflados retirados a un hospital, unos perros habitantes del mismo, una bruja. El estudio se centra en el caso de esta última, doblemente marginada a causa de su oficio y su sexo, pero que ocupa el lugar central en el texto. Se considera la figura de la bruja en el cervantismo actual y, desde otro ángulo, en relación al pensamiento feminista contemporáneo, sobre todo en su versión francesa. Se la identifica provisionalmente como una supervivencia, en forma degradada, de la ¿gran diosa¿ adorada a través de grandes extensiones del mundo antiguo hasta el primer siglo antes de Cristo, cuyo culto sucumbió ante el descubrimiento de la paternidad y las religiones patriarcales resultantes. Se coteja esta imagen de la bruja como mujer poderosa con la brujería histórica en tiempos de Cervantes. Resulta que las brujas ni eran todas mujeres ni poderosas, sino una versión extremada del patriarquismo imperante en aquella sociedad. Cañizares, sin embargo, asume un poder históricamente inexistente gracias a su posesión del habla. Se presenta como un sujeto hablante, generadora de discurso, de sí misma a través de él, posiblemente de Cipión y Berganza también, lo que opone una generación matrilinear a la relación normal, ¿patriarquista,¿ entre autor y texto, poder y marginalidad.
Article
Critics have proposed various explanations of Don Quixote's madness, such as an excess of melancholy or of choler. I argue in this paper that demoniacal possession is another possibility. In Don Quixote the protagonist's behavior often suggests possession by the devil; in fact other characters often confuse Don Quixote with the devil. I interpret an episode in II, 62 in which Don Quixote exclaims: ¿Fugite, partes adversae!¿ as a sort of exorcism; and I also examine the similarities between Don Quixote's trampling by swine (II, 68) and the most famous exorcism in the Bible.
Article
The medical activities of the Moriscos during the Golden Age occupied a shadowy middle ground between their own cultural heritage and the demands of the Christian society in which they lived. That society defended itself against their competition (in a process of increasing corporativism) by legal measures which sought to ban them from officially practicing medicine. For that purpose such distortions as accusations of magic, and hence, of heresy, were used against them. In his Persiles Cervantes distinguishes between sorcery and magic, and develops his ideas, above all, in two case histories: one featuring Moriscos (Cenotia), the other, Jews (the wife of Zabulón). The methods in the two cases differ, although both involve love stories. Cervantes' treatment of the subject is anecdotal, hackneyed, and almost incoherent.
Article
This paper analyzes various demonomaniacal manifestations in Cervantes' work: What is the role of the devil? Does Cervantes' devil belong to the philosophico-religious apparatus of Christianity? What is the nature of his sagacity? How does he operate when he doesn't delegate his powers to witches or warlocks?