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Poder regional y mediación política en el Bajío zamorano (1936-1940)

Historia mexicana, ISSN 0185-0172, Vol. 49, Nº. 1, 1999, pags. 95-135
Source: OAI
ABSTRACT
En la sociedad rural michoacana de los años treinta, intermediarios políticos de extracción agrarista, como Juan Gutiérrez Flores en el Bajío zamorano, eran las cabezas visibles de un campesinado que se apoyaba en ellos para acceder a diferentes bienes y servicios públicos, pero también eran actores que auxiliaban al Estado en la aplicación de varias políticas -como la agraria y la educativa- mediante las cuales trataba de consolidar su hegemonía, ganar la lealtad del campesinado agrarista y vencer la resistencia de sectores sociales cercanos al clero. Aquí se postula que explorar la manera en que Gutiérrez Flores construyó su poder regional y ejerció sus funciones de mediación, es aproximarse al modo en que discurre uno de los momentos del proceso de centralización del estado posrevolucionario cardenista.

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PODER REGIONAL Y MEDIACIÓN
POLÍTICA EN EL BAJÍO ZAMORANO
(1936-1940)
1
Enrique GUERRA MANZO
Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco
EL PRESENTE ENSAYO TIENE POR OBJETO exponer la forma en que
el ascenso del sindicalismo agrarista, durante la década de
1930, desestructuró el poder local de la oligarquía deci-
monónica del municipio de Zamora —aunque también se
hace referencia a otros municipios de la región del Bajío za-
morano—,
2
Michoacán, conformada por terratenientes y el
clero, y le arrebató recursos políticos y materiales mediante
los cuales ejercía su dominación en la región. Particular-
mente interesa destacar el modo en que la labor de inter-
mediación política
3
del líder de este movimiento agrarista
HMex, XLIX: 1, 1999 95
1
Agradezco los valiosos comentarios de los doctores Lorenzo Meyer
y Fernando Escalante a una versión preliminar de este ensayo.
2
Tales municipios son Ixtlán, Chavinda, Churintzio, Jacona, Tan-
gancícuaro y Tlazazalca. Véase el mapa de la p. 94.
3
Aunque hasta el momento no hay una teoría dominante que ex-
plique la forma en que los campesinos utilizan a los intermediarios po-
líticos y sus redes para obtener bienes y servicios del estado, así como el
modo en que estos últimos se valen de los primeros y del control de una
serie de recursos estratégicos para construir un poder regional y con-
vertirse en interlocutores obligados para un estado débil que aspira a re-
construir su hegemonía sobre un determinado territorio, sino un con-
junto de teorías que se desarrollan en diferentes direcciones analíticas
y desde una variedad de modelos que incluyen la teoría del intercambio,
la de juegos, el neoevolucionismo antropológico, entre otras —para un
buen resumen de ellas véase G
ONZÁLEZ MARTÍNEZ, 1997 y PEÑA, 1986 y
1993. No obstante, un concepto de intermediarios políticos que consi-
dero útil y en el que se apoyará el presente ensayo es el que ha definido
Page 1
ENRIQUE GUERRA MANZO96
BAJÍO ZAMORANO
Región occidental
Nayarit
Jalisco
Guanajuato
Colima
Michoacán
Ocotlán
Jamay
Lago de Chapala
Tizapán el Alto
Cojumatlán
Briseñas
La Barca
Vista Hermosa
Río Lerma
Tanhuato
Yurécuaro
La Piedad
Santa Ana
Churintzio
Ecuandureo
Ixtlán
Zamora
Tlazazalca
Purépero
Chilchota
Tangancícuaro
Patambán
Jacona
Tangamandapio
Chavinda
Villamar
Jiquilpan
Sahuayo
V. Carranza
Pajacuarán
Río Duero
Ciénaga de Chapalka
San José de Gracia
Valle de Juárez
Quitupán
Cotija
FUENTE: GONZÁLEZ, 1978.
Page 2
entre 1936-1940, Juan Gutiérrez Flores —cuyo poder se ex-
tendió a todo el Bajío zamorano—, se relacionó con la re-
construcción del estado posrevolucionario en Michoacán.
Los autores que han analizado el Bajío zamorano no ig-
noran la presencia e importancia de Juan Gutiérrez Flores
para explicar el surgimiento del agrarismo zamorano.
4
Sin
embargo, hasta ahora no ha sido objeto de un estudio que
profundice en la forma en que construyó su poder regional
y ejerció sus funciones de mediación entre el campesinado
ejidatario y el estado posrevolucionario.
El argumento central es que si bien el campesinado
agrarista, articulado principalmente sobre el peón medie-
ro, encontró en la capacidad de intermediación de Juan
Gutiérrez Flores la forma de acceder a diferentes bienes y
servicios estatales (tierra, agua, crédito, escuela, entre otras
cosas), este último, a su vez, al mantener el control sobre
una amplia clientela de ejidatarios entre 1936-1940, me-
diante un ejercicio del poder
5
cimentado en la utilización
MEDIACIÓN POLÍTICA EN EL BAJÍO ZAMORANO 97
Richard Adams, quien ha señalado que la intermediación incluye varias
combinaciones de transferencias de poder, consiste en “una figura cen-
tral, el intermediario, a quien una o más partes conceden, asignan o de-
legan poder. Este poder se usa para negociar con un tercero (que pue-
de ser único o múltiple). El éxito de la negociación consiste en que el
tercero también conceda (o asigne o delegue) poder al intermediario,
para que este pueda negociar entonces con la primera parte”. Aunque
un intermediario existe, agrega Adams, para negociar entre los intere-
ses de las dos partes, o entre miembros de un rango inferior y los de uno
superior, “subsiste la tendencia del intermediario a favorecer a una de
las partes frente a la otra”, que será “a menudo la que tenga la mayor
cantidad de poder estratégico en el conjunto del sistema”. A
DAMS, 1983,
pp. 66-68.
4
Me refiero particularmente a GONZÁLEZ, 1978; VERDUZCO, 1992, y BEC-
KER, 1995.
5
El concepto de poder que se utilizará aquí es el que han propues-
to tanto Michel Foucault y Norbert Elias, respectivamente, cuyas defi-
niciones me parecen complementarias para observar distintos aspectos
de un fenómeno tan complejo como es el del poder. De esa manera,
mientras F
OUCAULT, 1988, pp. 239, y 1992, p. 137 concibe al poder como
una relación de gobierno entre dos actores, y se muestra sensible para
conceptualizar el ejercicio del mismo —destacando los recursos, estra-
tegias y resistencias de los actores involucrados—, E
LIAS, 1994, pp. 53-54,
Page 3
de una serie de recursos estratégicos (capacidad de lide-
razgo, construcción de redes personales intra y extraloca-
les, gestión de bienes y servicios ejidales y control del sin-
dicalismo agrarista), pudo aparecer ante el estado como el
interlocutor y mediador obligado para hacer cumplir en
el Bajío zamorano varias de sus políticas, como la agraria y
la educativa, por medio de las cuales se pretendía comba-
tir la hegemonía de la Iglesia y de los terratenientes sobre
el campesinado.
En primer lugar se expone, en términos generales, el
surgimiento del agrarismo en la década de 1920 y la forma
en que se inicia un proceso de debilitamiento de los terra-
tenientes zamoranos, paralelo a una oleada anticlerical en
la región, que culmina en la reforma agraria de la década
de 1930 impulsada por Lázaro Cárdenas durante su gu-
bernatura en Michoacán (1928-1932) y en su sexenio pre-
sidencial (1934-1940). Posteriormente, se analiza la labor
de mediación y el ejercicio del poder regional entre 1936-
1940 por parte de Juan Gutiérrez Flores, así como la trayec-
toria política del movimiento que éste encabezaba hasta su
“empaquetamiento” en el Partido de la Revolución Mexi-
cana (
PRM) en 1938.
E
L ASCENSO DEL AGRARISMO
Durante la guerra civil de 1910-1914 el Bajío zamorano no
fue escenario de grandes batallas, pero el desvío de tropas
ENRIQUE GUERRA MANZO98
y 1982, pp. 108-109, en cambio, interpretándolo como una relación fun-
cional de dependencia entre las partes involucradas, observa con mayor
agudeza las fuentes (o recursos), cuotas y equilibrios cambiantes de po-
der que se producen entre los individuos y grupos que integran una con-
figuración social. Dos buenas comparaciones de las teorías de Foucault
y Elias —y que también aluden al problema del poder— son las de B
UR-
KITT, 1993 y KRIEKEN, 1990, respectivamente. Sin embargo, aquí no pre-
tendo explorar las diferentes dimensiones del poder que estos autores
han enfatizado, sino únicamente sus modalidades instrumentales: aque-
llos recursos y funciones que permitieron a Juan Gutiérrez Flores ejer-
cer su poder y aparecer como el principal intermediario del Bajío za-
morano.
Page 4
hacia el norte y otros puntos del país aflojó la vigilancia en
la región y permitió el surgimiento de núcleos agraristas
en la zona, como en la comunidad campesina de Atacheo
donde enfrentamientos con las haciendas zamoranas, par-
ticularmente con la de Santiaguillo (propiedad de la fami-
lia García Martínez, la más rica de Zamora), se debían a des-
pojos de tierras comunales durante la segunda mitad del
siglo
XIX. No obstante, los hacendados de la región
6
no te-
mían tanto a este tipo de agrarismo comunero, sino al de
“los pequeños comerciantes, de artesanos, medieros y arren-
datarios que sin parentesco ni relaciones con la burguesía
zamorana ‘no encuentran ya cabida dentro del orden social
establecido’”.
7
Los hermanos Conrado y Gildardo Magaña,
así como Carlos y Francisco Múgica y el zapatista Francisco
Rodríguez pertenecían a ese tipo de familias.
Los hacendados resultaron también afectados por las
tropas que llegaban a la región exigiendo empréstitos
forzosos o bien saqueando las haciendas, así como por el
bandolerismo que se suscitó tras el fin de la lucha armada,
especialmente entre 1916-1918. En agosto de 1914 el ge-
neral Joaquín Amaro saqueó la caja de la catedral de Za-
mora, tomó como oficinas el palacio episcopal, encarceló
a algunos miembros prominentes de la élite zamorana,
amedrentó a sacerdotes y monjas, clausuró el seminario,
escuelas y asilos católicos, y exigió préstamos forzosos a
los grandes hacendados.
8
Sin embargo, al término de la guerra civil los gobiernos
constitucionalistas michoacanos procuraron proteger losin-
tereses de las haciendas persiguiendo a los núcleos agra-
MEDIACIÓN POLÍTICA EN EL BAJÍO ZAMORANO 99
6
Quienes contaban con el apoyo del clero zamorano, desde el siglo
pasado, al que se sentían unidos no sólo por motivos religiosos o eco-
nómicos, sino también por lazos de sangre. Al respecto, Verduzo ha ar-
gumentado que además del comportamiento endogámico entre las fa-
milias que componían la élite zamorana, “todas ellas tenían como
parientes cercanos a sacerdotes o religiosas, ya que cuando no se tenía
al hijo sacerdote, se trataba del sobrino o del tío o de la sobrina de la
monja”. V
ERDUZCO, 1992, p. 63; también véase, GONZÁLEZ, 1978, p. 109, y
T
APIA SANTAMARÍA, 1986, pp. 46-47 y 51-53.
7
OCHOA, 1989, p. 87.
8
VERDUZCO, 1992, p. 94 y GARCÍA, 1970, p. 133.
Page 5
ristas de Atacheo al mando del coronel zapatista Miguel de
la Trinidad Regalado, quien sería asesinado en 1918 por
tropas del ejército, en coordinación con la acordada de la
hacienda Santiaguillo.
9
No obstante, a pesar del aparente
regreso al orden con la derrota del bandolerismo
10
y el de-
bilitamiento de los agraristas de la región, los aconteci-
mientos que se sucedieron entre 1910-1920 habían traído
cambios importantes en la sociedad zamorana. Los hacen-
dados habían resultado seriamente afectados. Durante es-
te periodo sus propiedades fueron minadas por los saqueos
(su caballada y ganado vacuno se fue acabando); les resul-
tó muy difícil sembrar o cosechar, dadas las frecuentes
incursiones en la región de bandidos y tropas; tuvieron di-
ficultades para hacer llegar al mercado sus productos o
bien para proveerse de las semillas y del equipo que nece-
sitaban. Así, los hacendados se vieron obligados a endeu-
darse y a vender fracciones o haciendas completas para
hacer frente a sus necesidades financieras, y ante las difi-
cultades que tenían para pagar a sus acreedores cayeron en
sus manos. Además, como ha señalado Verduzco,
11
a dife-
rencia de los rígidos contratos de aparcería en favor de los
propietarios que se acostumbraba firmar durante el porfi-
riato, los nuevos contratos que empezaron a firmarse des-
de 1916 eran con muy pocas excepciones favorables para
los medieros,
12
pues ya para esa época era difícil encontrar
medieros que quisieran sembrar en las viejas condiciones
dada la inseguridad predominante.
La flama del agrarismo no fue apagada en el Bajío za-
morano con el asesinato de Regalado. A principios de la
ENRIQUE GUERRA MANZO100
9
AMZ, Gobernación, c. 104, exp. 41, vecinos de Atacheo a la Secreta-
ría de Gobernación, 2 de febrero de 1918.
10
Al morir el bandolero más temido de la región, el ex villista Inés
Chávez García, por una epidemia que en 1918, afectó al noroeste mi-
choacano, sus seguidores se dispersaron y el ejército federal pudo brin-
darles mayor seguridad a las haciendas. O
CHOA, 1989, pp. 86-124.
11
VERDUZCO, 1992, pp. 95-96.
12
Si bien las haciendas zamoranas operaban empleando a peones
acasillados, jornaleros libres y medieros, eran estos últimos sobre los que
sustentaban la mayor parte de sus ganancias. V
ERDUZCO, 1992; MORENO,
1990; L
IZAMA, 1990, y BOEHM DE LAMEIRAS, 1990.
Page 6
década de 1920 campesinos de Ario de Santa Mónica y de
Atacheo, impulsados por Juan Gutiérrez Flores, quien tras
la muerte de Regalado se convertiría en el líder agrarista
más importante de la región, no sin algunos reveses —co-
mo el asesinato de otro dirigente, Ramón Ascencio—,
13
lograron que se les concedieran las primeras dotaciones en
1924 y 1927, respectivamente.
14
Con ello, se puede afirmar
que se atendían las demandas del agrarismo comunero en
la región, similar al zapatista en Morelos, que histórica-
mente —en particular en el caso de Atacheo— habían
mantenido una gran rivalidad con las haciendas por el des-
pojo de tierras comunales, pero el núcleo predominante
del agrarismo zamorano no sería de este tipo sino el de los
medieros y jornaleros libres que ambicionaban las tierras
pertenecientes a las haciendas y que anhelaban ser peque-
ños propietarios. En mayo de 1924 enviaron a la Comisión
Local Agraria su primera solicitud de tierras.
15
Pero sus pe-
ticiones no empezarían a ser satisfechas sino hasta cuatro
años más tarde, durante la gubernatura de Lázaro Cárde-
nas (1928-1932) y, sobre todo, durante su sexenio pre-
sidencial.
En efecto, si bien durante los primeros dos años de su
gubernatura, Cárdenas concentró su atención en la reso-
MEDIACIÓN POLÍTICA EN EL BAJÍO ZAMORANO 101
13
Quien era hijo de un comerciante de Zamora y se había destaca-
do como uno de los impulsores del sindicalismo en la región desde
1916, en 1921 figuraba como vicepresidente del Partido Agrarista de Za-
mora. O
CHOA, 1995, p. 67.
14
GONZÁLEZ, 1978, p. 146 y TAPIA SANTAMARÍA, 1986, p. 205.
15
Los firmantes de esta solicitud decían representar 50% de la po-
blación del municipio y demandaban el reparto de todas las haciendas
del valle zamorano. Sus aspiraciones de pequeños propietarios queda-
ron reflejadas de la siguiente manera: “[Considerando que] las po-
blaciones no pueden progresar ni el hombre aquel noble orgullo que lo
hace capaz de todo género de empresas, sino por el sentimiento de la
propiedad y sabido es que los propietarios son la única clase que, por
la naturaleza de las cosas, tienen interés verdadero en el orden público
y en la represión de los crímenes […] [Por lo cual pedían] Que se nos
tenga por presentados solicitando la dotación de tierras ejidales en can-
tidad suficiente para los jefes de hogar […]” AMZ, Fomento, c. 43, exp.
18, oficial mayor de la Comisión Local Agraria al presidente municipal
de Zamora, 10 de julio de 1924. Corchetes míos.
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las secuelas de la revolución de 1910, parecía poder re-
componerse en la década de 1920, cuando se vio con cla-
ridad que el estado posrevolucionario, encabezado por la
dinastía sonorense, no se proponía eliminar a la gran pro-
piedad. Empero, los problemas de los hacendados del Ba-
jío zamorano se complicaron cuando paralelamente al es-
tallido de la Cristiada (1926-1929), el gobierno de Lázaro
Cárdenas impulsó una cruzada agrarista en la región, rea-
nimó a los núcleos de campesinos que desde fines de la dé-
cada de 1910 solicitaban tierras.
Aunque el propósito original de los primeros sindicatos
agraristas entre 1930-1932 era articular a las diferentes ca-
tegorías del campesinado que trabajaban para las haciendas
y ranchos de la región, recibió mayor aceptación entre los
peones medieros y jornaleros libres, quienes serían los be-
neficiarios del reparto agrario de los años treinta. No obs-
tante, la forma en que se llevó a cabo la reforma agraria, así
como el manejo de los ejidos, suscitó serias diferencias y con-
flictos entre el campesinado. Aquellos pueblos que no se be-
neficiaron del reparto, las purgas internas en los ejidos y el
acaparamiento de parcelas, ocasionaron sendas diferencias
políticas que se manifestaron de varias formas: nuevas re-
beliones de ex cristeros, sinarquismo y antimagañismo.
Por otra parte, el agrarismo triunfante no sólo arrebató
tierras a los hacendados, también los despojó de diferentes
instancias del poder político regional que otrora maneja-
ran: jefaturas de tenencia, encargadurías del orden, presi-
dencias municipales, jueces y diputaciones. Asimismo, in-
tentaron debilitar la hegemonía espiritual de la Iglesia
sobre el campesinado, los líderes agraristas exigieron la
clausura de templos y capillas, e intentaron obligar a los pa-
dres de familia a que inscribieran a sus hijos en las escue-
las del gobierno.
El poder que acumuló en el Bajío zamorano el grupo en-
cabezado por Juan Gutiérrez Flores después del reparto
agrario de junio de 1936, se debía, en parte, a las relacio-
nes que éste logró cultivar con importantes líderes políticos
identificados con el cardenismo, principalmente, con Lá-
zaro Cárdenas, Gildardo Magaña y Pablo Rangel, lo que le
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permitió contar con el apoyo de funcionarios de la bu-
rocracia estatal rural (Departamento Agrario, Comisión
Local Agraria, Banco Ejidal, entre otras instancias). Este
tipo de relaciones extralocales eran una de las fuentes del
poder regional de Gutiérrez Flores, que le permitieron
aparecer como el principal intermediario político del Ba-
jío zamorano canalizando diferentes bienes y servicios es-
tatales para su clientela, sin embargo, pudo mantenerlas no
sólo por filiaciones ideológicas o la amistad que lo unía con
aquellos líderes cardenistas, sino principalmente porque
pudo construir un poder regional que se basaba también
en otros recursos y que lo hacía aparecer como figura im-
portante para sus aliados extralocales.
En efecto, Gutiérrez Flores logró cimentar su poder en
el Bajío zamorano apoyándose tanto en una estructura ins-
titucional, la federación agraria regional, donde su función
de dirigente le permitió estar formalmente al frente de los
sindicatos agraristas y participar en luchas políticas extra-
locales —primero al lado de la
CRMDT y luego de la filial
michoacana de la
CNC—, como en una serie de acciones in-
formales vinculadas con su capacidad de liderazgo: mani-
pulación de asambleas, distribución discrecional de parce-
las, crédito y agua; aplicación de las normas para dirimir la
pertenencia a la comunidad y a la federación agraria; con-
trol de comisariados ejidales, jefes de tenencia, encargados
del orden y presidencias municipales. En el ejercicio de es-
te poder regional se observa cierta tensión entre la obser-
vancia de las reglas formales como de las informales. Pues
si bien Gutiérrez Flores utilizó relaciones clientelares tra-
dicionales, también se empeñó en que las organizaciones
agrarias realmente funcionaran. De ahí su obstinación por-
que se celebraran asambleas con regularidad, se discutie-
ran las diferencias internas entre los grupos que integraban
la federación agraria y se incrementara la participación de
sus miembros en el funcionamiento. De este modo, el po-
der regional de Gutiérrez Flores tenía un carácter poli-
mórfico —asumió diferentes formas, se alimentó de diver-
sas fuentes—, y se construyó enfrentando la resistencia de
facciones contrarias a su hegemonía.
MEDIACIÓN POLÍTICA EN EL BAJÍO ZAMORANO 131
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Así, gracias a su poder regional, Gutiérrez Flores pudo
aparecer ante el estado cardenista como el mediador in-
dispensable para garantizar no sólo la obediencia de su
clientela ante varias políticas gubernamentales —agraria,
religiosa y educativa—, sino también combatiendo la opo-
sición de sectores sociales antiagraristas. Finalmente, el
poder regional que Gutiérrez Flores ejercía no es sino uno
de los momentos de la centralización del estado posrevo-
lucionario en Michoacán, pues aquél llegó a convertirse en
la cabeza visible del “empaquetamiento” del sindicalismo
agrarista en el Bajío zamorano al unirse al proyecto de for-
mación de la filial de la
CNC en el estado.
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MEDIACIÓN POLÍTICA EN EL BAJÍO ZAMORANO 135
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