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Abstract

We emphasize the importance of exercise as a therapeutic resource and the importance of physical activity in maintaining good health.
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MEDICINA NATURISTA, 2011; Vol. 5 - N.º 1: 18-23
I.S.S.N.: 1576-3080
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Ejercicio físico
Pablo Saz Peiró, Juan José Gálvez Galve, María Ortiz Lucas, Shila Saz Tejero
RESUMEN:
Resaltamos la importancia del ejercicio como recurso terapéutico así como la importancia de la actividad física en el man-
tenimiento de un buen estado de salud.
Palabras clave: ejercicio, salud, yoga, tai-chi, ejercicio aerobico, deporte.
ABSTRACT:
We emphasize the importance of exercise as a therapeutic resource and the importance of physical activity in maintaining
good health.
Key words: exercise, health, Yoga, Tai ji, aerobics, sport.
Vivimos en un medio en el que podemos conse-
guir comida sin apenas realizar ejercicio físico a pe-
sar de que estamos diseñados para conseguir nuestro
alimento a base de una gran cantidad de ejercicio.
Así hoy en día en muchas de las sociedades avan-
zadas el planteamiento de ejercicio físico es crucial
para asegurar la salud, así como para el tratamiento
de enfermedades. Aparte de la inactividad laboral en
el tiempo libre predominan las tareas de ocio seden-
tarias (televisión, internet, lectura, etc.). Hay que decir
que el gasto energético diario se ha reducido en unas
800 kcal / día por persona, y que en Estados Unidos,
actualmente, el 60% de la población es sedentaria, el
10% hace actividad física de manera irregular, y sólo el
30% la hace regularmente. Este cambio tan importante
de estilo de vida se ha asociado a un aumento de las
tasas de cardiopatía isquémica, ictus, diversos tipos
de cáncer, obesidad, diabetes de tipo 2, hipertensión
arterial, dislipemias, osteoporosis, colecistectomía y
hospitalizaciones; además, también aumenta la tasa
de mortalidad precoz y global (1).
Hay bastantes enfermedades que pueden mejorar
o incluso curar con un ejercicio regular. De hecho, el
ejercicio es la herramienta más eficaz en el arsenal
médico, si bien apenas se prescribe.
Existen muchos programas de ejercicio y cada
vez se dispone de más datos que indican el beneficio
que estos programas tienen para la salud de nuestros
pacientes.
Algunos planteamientos de ejercicios, como el
taichí (2) y el yoga, parecen disponer de un gran po-
tencial como herramientas terapéuticas.
Están incorporados de forma creciente en la
medicina alopática, probablemente como resultado
de una mayor investigación (3). No todos los plan-
teamientos de ejercicios pueden ser apropiados en
todos los pacientes, algunos pueden ser demasiado
exigentes, mientras que otros pueden no serlo sufi-
cientemente.
Es importante hacer coincidir el tratamiento de
ejercicios más apropiados con las necesidades y
creencias exclusivas de cada paciente en particular.
FUNDAMENTOS DEL EJERCICIO
FÍSICO
La acción beneficiosa de la actividad física es
general sobre todo el cuerpo, actúa modificando la fi-
siología y la bioquímica celular, pero es más evidente
en las partes del cuerpo que se activan durante la
práctica del ejercicio, como los músculos, los huesos,
las articulaciones, el sistema circulatorio o el metabo-
lismo. Para que sus efectos beneficiosos persistan,
el ejercicio físico debe ser regular en la intensidad, la
frecuencia y la duración (y en este orden). La prácti-
ca del ejercicio es la mejor manera para mantener la
capacidad funcional de la persona y para prevenir la
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incapacidad como consecuencia del envejecimiento y
las enfermedades crónicas (4).
El tipo de ejercicio que más se ha estudiado
como saludable es el dinámico, que moviliza gran-
des grupos musculares de forma rítmica. Hay menos
información sobre los beneficios del ejercicio de re-
sistencia o isométrico. A la hora de elegir el ejercicio
idóneo para cada uno, hay que valorar los antece-
dentes médicos de la persona, su condición física y
también sus gustos.
La cantidad de ejercicio que se aconseja, producto
de la intensidad y la duración, es la que consigue que-
mar 1.000 kcal/día al menos 5 veces por semana.
La intensidad adecuada para poder obtener los
beneficios, es la que alcanza el 50-70% de la capa-
cidad máxima aeróbica, medida en consumo de O2,
o el 60-80% de la frecuencia cardiaca máxima. Para
las personas mayores, así como con las personas
sedentarias no entrenadas, las diabéticas y los indi-
viduos con riesgo cardiovascular alto, hay que em-
pezar por actividades de intensidad más baja y du-
rante 15-30 minutos/día e ir aumentando la duración
durante unos meses, ya que el margen terapéutico
entre la actividad saludable y la actividad excesiva es
estrecho. Por ejemplo, el efecto antioxidante del ejer-
cicio sólo se observa con intensidades no excesivas.
De manera práctica, si el ejercicio produce confort,
es seguro que se ha hecho con la intensidad ade-
cuada.
La duración del ejercicio debe ser, una vez hecha
la progresión mencionada, de 30 a 60 minutos
al día y 3 a 5 días por semana. Durante el día,
se puede dividir la actividad en sesiones de 10
minutos o más.
Los efectos secundarios de la actividad física
excesiva son las lesiones traumáticas o los epi-
sodios cardíacos agudos.
La prescripción de la actividad física implica se-
guir los siguientes pasos en toda persona de más
de 40 años.
Anamnesis completa, exploración física.
Prueba de esfuerzo en los pacientes con factores
de riesgo de sufrir trastornos cardiovasculares.
Respetar las contraindicaciones las absolutas
son para todo tipo de ejercicio. Las contraindi-
caciones relativas serían las de intensidad baja,
pero serían absolutas si la actividad fuera mo-
derada o alta.
CONTRAINDICACIONES DEL
EJERCICIO FÍSICO
Absolutas
Enfermedad cardiovascular aguda de menos de
6 semanas.
Antecedente De urgencia hipertensiva inducida
por ejercicio.
Tromboflebitis aguda, embolia sistémica.
Infecciones agudas, con fiebre alta.
Intoxicación medicamentosa.
Enfermedad metabólica no controlada.
Relativas (estar atento al tipo de ejercicio o mo-
vimiento que se prescribe y a la reacción que tenga
el enfermo).
Arritmias supra ventriculares frecuentes.
Arritmias por ejercicio o que alteren la función
del corazón.
Angor inestable, insuficiencia cardíaca congesti-
va, estenosis valvular grave.
Bloqueo auriculoventricular completo sin marca-
pasos.
Extrasístoles ventriculares frecuentes.
Hipertensión arterial con cifras >200/115 mm
Hg.
Estenosis valvular moderada.
Miocardiopatía moderada.
Portador de marcapasos de frecuencia fija.
Infección crónica.
Enfermedad reumática o neuromuscular u ósea
que se agrave con el ejercicio.
Gestación complicada.
Persona sedentaria sin entrenamiento y mayor
de 40 años.
BENEFICIOS DEL EJERCICIO
FÍSICO MODERADO Y
ALGUNAS OTRAS TÉCNICAS DE
EJERCICIO
Para evaluar estos beneficios hemos realizado
una revisión buscando en las bases de datos de pub-
med, embase, Pedro, Cocrane, tripdatabase usando
las palabras claves exercise, therapy, fitnes, move-
ment techniques, motion continuous passive, taichi y
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yoga. Los beneficios de practicar ejercicio de forma
moderada son los siguientes:
– Reducción del 10% de la mortalidad por todas
las causas, reducción del 20% de las enfermedades
cardiovasculares y aumento de la supervivencia (5).
– Prevención de la cardiopatía isquémica. Hay una
relación inversa entre los episodios cardíacos y la can-
tidad de ejercicio realizado en kcal/semana, parece
que tanto se vale si el ejercicio es de intensidad baja
como moderada (6 7).
Reducción de la frecuencia cardíaca y de las
arritmias ventriculares. Aumento del gasto cardíaco y
de la oxigenación corporal, y aumento de la excreción
de tóxicos.
– Prevención y tratamiento de la hipertensión arte-
rial (8). Las personas que hacen ejercicio tienen cifras
de tensión arterial basal más bajas, concretamente de
3 a 4 mm Hg menos, respecto de las sedentarias (9).
Este fenómeno se ha observado tanto en el ejercicio
aeróbico como en el de resistencia.
– Tratamiento de las dislipemias. La práctica de
ejercicio aeróbico en varios meses aumenta en un
5% la cifra de colesterol-HDL y reduce en el 5 y 4%,
respectivamente, las cifras de colesterol-LDL y triglicé-
ridos, en personas previamente sedentarias (10). Es-
tos cambios aumentan más si las personas reducen el
consumo de grasas saturadas y pierden peso. Con el
ejercicio isotónico los cambios lipídicos son menores.
– Prevención secundaria y rehabilitación en la car-
diopatía isquémica, tanto el ejercicio aeróbico como el
de resistencia disminuyen la mortalidad cardíaca en
un 20% (6).
– Prevención primaria y rehabilitación del ic-
tus (11). El ejercicio regular disminuye los factores de
riesgo de sufrir un accidente vascular cerebral (AVC)
y otros como la resistencia a la insulina y los factores
de la coagulación, y aumenta los sistemas de antioxi-
dantes endógenos.
– Tratamiento y rehabilitación de la arteriopatía peri-
férica. En la claudicación intermitente (12) el ejercicio ae-
róbico aumenta la distancia de marcha sin dolor. No se ha
observado este beneficio con el ejercicio de resistencia.
– Prevención y tratamiento de la obesidad. El
ejercicio aeróbico mejora la composición del cuerpo:
aumenta el tejido muscular y disminuye el adiposo.
Estos cambios no son tan evidentes con el ejercicio
de resistencia (13). Si hay diferencia evidente en el
mantenimiento del peso alcanzado por la dieta, ha-
ciendo ejercicio consigue evitar el aumento posterior
de peso. Para ello, la duración del ejercicio debe ser
superior al estándar, de 60 a 90 minutos cada día de
tipo moderado. Si la intensidad del ejercicio es menor,
hay que aumentar la duración.
– Prevención y tratamiento de la diabetes de tipo
2 y del síndrome metabólico (14). La prevención de
la diabetes es más evidente en la población con más
riesgo para la enfermedad, como los que tienen into-
lerancia a la glucosa (15). Además, la actividad física
reduce la resistencia a la insulina, la insulinemia y la
fibrinogenèmia, y mejora la intolerancia a la glucosa.
Con el ejercicio, se reduce la cifra de hemoglobina
glicosilada en 0,7, cifra no despreciable si la com-
paramos con el efecto de los hipoglucémicos orales
(reducción de 1 a 2) (16). El ejercicio también es útil
en la prevención de las complicaciones de la diabetes.
Ahora bien, en la diabetes el riesgo de complicaciones
por el ejercicio aumenta, como la hipoglucemia en las
personas que toman hipoglucémicos (17).
– Tratamiento de la diabetes de tipo 1. La actividad
regular debe formar parte del su plan de vida, ya que
mejora el control glucémico. No obstante, la posibili-
dad de la aparición de complicaciones a causa de la
diabetes se ha de tener en cuenta en el momento de
indicar el tipo de ejercicio.
– Prevención de la osteoporosis (18). El aumento
de la masa ósea propia de la infancia y de la adolescen-
cia se incrementa con el ejercicio regular. La sobrecarga
intermitente sobre el hueso hace reforzar su estructura
al microscopio. En mujeres posmenopáusicas, la activi-
dad física provoca un aumento de la densidad ósea en
la columna vertebral y en el cuello del fémur, así como
en la columna lumbar, en un 1% anual. En las mujeres
premenopáusicas y en los hombres se ha observado el
aumento de la masa ósea. Hay una reducción del riesgo
de sufrir fracturas osteoporóticas y caídas (19). Ade-
más, con el ejercicio, mejora el equilibrio, la flexibilidad
y la fuerza muscular y de las articulaciones.
– Disminución del dolor y de la incapacidad funcio-
nal para la artrosis de la cadera y de la rodilla (20, 21).
El efecto analgésico del ejercicio se produce por el
aumento de la liberación de endorfinas. Ahora bien,
las actividades de la vida diaria son suficientes para
conseguir una liberación adecuada de endorfinas. La
prescripción de actividad física que incluya ejercicio
de fortalecimiento y de flexibilidad mejora la capacidad
funcional de todo el cuerpo.
– En artritis reumatoides, se recomienda el entre-
namiento de la capacidad aeróbica combinado con el
entrenamiento de la fuerza muscular como práctica
habitual en los pacientes con AR (22).
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– Mejora de la clínica de fibromialgia y del síndro-
me de fatiga crónica (23, 24), atendiendo siempre a la
sensibilidad de cada paciente.
– Reducción de la clínica en la hipertrofia prostá-
tica benigna (25 26).
– La instauración precoz de la actividad física or-
dinaria es más beneficiosa que el reposo en la cama
en los episodios de lumbalgia aguda (27). Esta acción
no se observa en la ciatalgia aguda. Rehabilitación de
la lumbalgia crónica. El ejercicio practicado con regu-
laridad es más importante que otros tratamientos en
la rehabilitación de la lumbalgia crónica.
– Para los pacientes con espondilosis anquilopo-
yética un programa de ejercicio domiciliario individual
o supervisado es mejor que ninguna intervención, la
fisioterapia con ejercicios grupales supervisados es
mejor que los ejercicios domiciliarios y la terapia com-
binada con ejercicios para pacientes hospitalizados en
balnearios seguida de fisioterapia grupal es mejor que
la fisioterapia grupal sola (28).
– Mejora de la cervicalgia crónica, con o sin ce-
falea (29).
Mejora de la capacidad cardiovascular en los
pacientes asmáticos (30). Incremento de la capacidad
funcional en la enfermedad pulmonar obstructiva cró-
nica. Además, aumenta la calidad de vida y reduce
la disnea.
– Mejora de la salud mental. Así, se observa una
reducción de la ansiedad y de la fatiga crónica y mejo-
ra del estado de ánimo en la población general y vieja,
respectivamente (31). También hay evidencia de que
el ejercicio y la actividad física tiene efectos beneficio-
sos sobre los síntomas de la depresión comparable a
la de los tratamientos antidepresivos (32). El ejercicio
favorece la liberación de endorfinas, la relajación mus-
cular y mental y mejora la autoimagen corporal. En los
pacientes deprimidos, la práctica de actividad física
que sea agradable parece ser positiva en su estado de
ánimo. También, fomenta la autoestima, la relajación y
la capacidad para hacer frente al estrés, reduciendo la
ansiedad secundaria al estrés ordinario. El efecto de
la actividad sobre el estrés se debe a la acción sobre
el eje hipotalámico-hipofissari-adrenal.
– El ejercicio, en el preoperatorio reduce las tasas
de complicaciones postoperatorias y la duración de la
estancia hospitalaria después de la cirugía cardíaca o
abdominal (33).
El ejercicio mejora la memoria y el aprendiza-
je (34) y produce mejoras en problemas de de alzhéi-
mer (35).
–Mejora de la función cognitiva en las personas
mayores (36).
Prevención primaria de varios tumores malig-
nos (37). Las personas que hacen actividad moderada
tienen una reducción de la incidencia del cáncer de co-
lon y de mama respecto a los sedentarios. El mecanis-
mo principal por el que el ejercicio haría esta prevención
sería por estimulación del sistema inmunitario: se ha
observado aumento de la actividad de los macrófagos,
del linfocitos activados y de las células killer. A más,
el ejercicio estimula el peristaltismo intestinal e induce
cambios hormonales. Se ha sugerido que la práctica
de ejercicio puede disminuir la incidencia de neoplasias
de próstata, de páncreas de endometrio (38). Las in-
tervenciones de ejercicios apropiadamente diseñados,
mejoran la calidad de vida en los pacientes con cáncer
especialmente en las mujeres (39, 40).
– Tratamiento del insomnio (41). Tiene efectos po-
sitivos tanto en el insomnio de conciliación como de
mantenimiento, así, por ejemplo, aumenta el período
de sueño profundo y reduce la fase REM. Los efectos
son tanto a corto como a largo plazo.
Mejora el éxito de los programas de cesación
tabáquica (42).
– Los estudios sugieren que el ejercicio contribu-
ye a mejorar la resistencia y el estado psicológico en
pacientes con VIH + (43).
El consejo sanitario sobre el ejercicio físico debe-
ría estar dentro de los consejos médicos y formar parte
de la receta médica, indicando la forma de hacerlo y
las contraindicaciones, debiendo formar parte del plan
global de promoción de otros estilos de vida saluda-
bles (44), ya que se ha comprobado que el consejo
dado por los profesionales de Atención Primaria (45)
da lugar a un incremento de la actividad física a cor-
to plazo durante un período de 12 meses tanto en la
población general como en la sedentaria (46) aunque
este cambio de estilo de vida no se mantiene a largo
plazo.
El consejo debe individualizarse y el paciente
debe estar de acuerdo con el plan (47). También hay
que contemplar como ejercicio las actividades de la
vida diaria.
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Depression is a very prevalent mental disorder affecting 340 million people globally and is projected to become the leading cause of disability and the second leading contributor to the global burden of disease by the year 2020. In this paper, we review the evidence published to date in order to determine whether exercise and physical activity can be used as therapeutic means for acute and chronic depression. Topics covered include the definition, classification criteria and treatment of depression, the link between β-endorphin and exercise, the efficacy of exercise and physical activity as treatments for depression, properties of exercise stimuli used in intervention programs, as well as the efficacy of exercise and physical activity for treating depression in diseased individuals. The presented evidence suggests that exercise and physical activity have beneficial effects on depression symptoms that are comparable to those of antidepressant treatments.
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Exercise improves quality of life (QOL) in cancer survivors, although characteristics of efficacious exercise interventions for this population have not been identified. The present meta-analysis examines the efficacy of exercise interventions in improving QOL in cancer survivors, as well as features that may moderate such effects. Studies were identified and coded, and QOL effect sizes were calculated and analyzed for trends. Overall, exercise interventions increased QOL, but this tendency depended to some extent on exercise and patient features. Although several features were associated with effect sizes, models revealed that interventions were particularly successful if they targeted more intense aerobic exercise and addressed women. These tendencies emerged over longer periods of time and were more prominent in studies with higher methodological quality. Appropriately designed exercise interventions enhance QOL for cancer survivors and this pattern is especially evident for women. Limitations are discussed.
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Se distinguen cuatro tipos de hipertensión arterial (HTA) durante el embarazo: la HTA gravídica o gestacional (4,9%), la preeclampsia (2,1%), la HTA crónica (1%) y la preeclampsia sobreañadida a la HTA crónica. Los conocimientos sobre la fisiopatología de la preeclampsia han avanzado mucho estos últimos años. La disfunción placentaria que origina la preeclampsia tiene relación con una anomalía de la invasión trofoblástica de las arterias espirales uterinas. Se asocia una disfunción endotelial que da lugar a un aumento de la producción de sustancias vasoconstrictoras (endotelina, tromboxano A2 y angiotensina II) y a una inhibición de la producción de sustancias vasodilatadoras (óxido nítrico [NO] y prostaciclina). La expresión anormal de ciertos factores angiogénicos (factor de crecimiento endotelial vascular, factor de crecimiento placentario, endoglina) desempeña un papel a la vez en el defecto de invasión trofoblástica y en la disfunción endotelial. Actualmente, se intentan precisar lo antes posible los factores de riesgo de preeclampsia para definir una detección precoz. Los que se están estudiando en la actualidad combinan diferentes características maternas, datos de los Doppler uterinos y determinaciones hoy disponibles de factores angiogénicos. La preeclampsia es un síndrome polifacético que puede presentar numerosas complicaciones maternas y perinatales. Su estudio de evaluación realizado con la paciente hospitalizada busca signos de gravedad de la preeclampsia, porque se tienen en cuenta según la semana de embarazo para decidir el tratamiento. La corticoterapia es sistemática, mientras que los tratamientos antihipertensores sólo tienen por objeto evitar las complicaciones vasculares cerebrales. La prevención del episodio de eclampsia, así como de su recidiva, se basa en el sulfato de magnesio. En las pacientes de riesgo, se propone, en un nuevo embarazo, una prevención precoz con ácido acetilsalicílico, pues el interés de las heparinas de bajo peso molecular está en estudio. La HTA crónica es cada vez más frecuente durante el embarazo. Su pronóstico depende de la aparición de preeclampsia sobreañadida. Esta última es más frecuente en las pacientes que tienen antecedentes obstétricos o una enfermedad subyacente. Cuando la HTA crónica se considera de alto riesgo, el control y el tratamiento son muy diferentes.
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Objective. —To examine prospectively the association between regular exercise and the subsequent development of non—insulin-dependent diabetes mellitus (NIDDM).
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To explore the effect of a non-aerobic movement based activity on cognition in people with Alzheimer's type dementia (AD). The sample consisted of 27 patients fulfilling the AD ICD-10 diagnostic criteria. The patient sample was randomly divided into two groups: The Exercise Group received 6 weeks movement training and comprised 15 participants with a mean age of 70.5 years (SD: 8). Control Group participated in a standard care group, which served as a control intervention, and consisted of 12 patients with an average age of 75.7 years (SD: 6.90). Cognitive functions were assessed using six computerised tests from the CANTAB, pre and post training. Data were analysed using t-tests. The false discovery rate (FDR) for multiple comparisons as well as Cohen's d effect size was used to assess the significant effects. Significant improvements in sustained attention, visual memory and a trend in working memory were found in the Exercise Group compared to Control Group after the 6 weeks training. In addition, after 6 weeks the Control Group deteriorated significantly in attention, while the AD patients who undertook the physical exercise showed a discrete improvement. The present study shows that a short course of non-aerobic movement based exercise is already effective at least in some aspects of cognitive functioning in patients with AD. Although the present study is a pilot study with small samples, nevertheless, the results are promising for the further investigation and development of non-aerobic movement programmes.
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To determine whether hip abductor and adductor muscle strengthening reduces medial compartment knee load and improves symptoms in people with medial tibiofemoral OA and varus malalignment. In a randomised controlled trial, 89 participants were randomly allocated to a hip strengthening group or to a control group with no intervention. The strengthening group performed a physiotherapist-supervised home exercise program targeting the hip abductor and adductor muscles for 12 weeks. The primary outcome was the peak external knee adduction moment measured using three-dimensional gait analysis by a blinded assessor. Secondary outcomes included a pain numeric rating scale, Western Ontario and McMaster Universities Osteoarthritis Index, step test, stair climb test, maximum isometric strength of hip and quadriceps muscles and participant-perceived rating of overall change. Intention-to-treat analyses were performed using linear regression modelling adjusting for baseline outcomes and other characteristics. The trial was completed by 76/89 participants (85%). There was no significant between-group difference in change in the knee adduction moment [mean difference (95% confidence interval (CI)) 0.134 (-0.069 to 0.337) Nm/BW x HT%]. All pain, physical function and muscle strength measures showed significantly greater improvement in the strengthening group (all P<0.05). The relative risk (95% CI) of participant-perceived overall improvement in the strengthening group compared to the control group was 20.02 (6.21-64.47). Although strengthening the hip muscles improved symptoms and function in this patient group, it did not affect medial knee load as measured by the knee adduction moment. Thus it is unlikely that hip muscle strengthening influences structural disease progression. Trial registration: ACTR12607000001493.
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Benign prostatic hyperplasia (BPH) is a very common condition in older men, affecting up to 80% of men aged >or= 80 years in the United States. It typically leads to lower urinary tract symptoms, which often require medical management. The exact cause of BPH is unknown, and the only 2 established factors associated with BPH are age and the presence of androgens. Although the presence of testosterone is required for the development of BPH, testosterone is not thought to be the underlying factor causing BPH because testosterone levels decrease in older men. Recent studies have reported that BPH is associated with elevations in plasma estradiol/testosterone ratio, insulin, and insulin-like growth factor-I. Daily aerobic exercise can reduce all of these plasma factors, particularly when combined with a low-fat, high-fiber diet consisting of whole grains, fruits, and vegetables. In cell culture studies, this type of lifestyle regimen has recently been shown to reduce the growth of serum-stimulated prostate epithelial cells and the growth of androgen-dependent prostate cancer cell lines.