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Abstract

Sabemos que las drogas, los consumos y las vivencias asociadas a ellas no son realidades estrictamente objetivas (Megías, 2000; Megías y Rodríguez, 2001). Se trata de realidades que se modifican históricamente conforme lo hacen los contextos y la propia realidad social desde la que se analizan estos aspectos. Por ello, independientemente de que las sustancias son un producto determinado y objetivo, y existen personas que consumen o no estos productos, ni la valoración que se hace de cada una de las sustancias, ni la percepción que se tiene de ellas y de su consumo es la misma e, incluso, podríamos decir que esta percepción, en ocasiones, tiene muy poco que ver con la peligrosidad del producto y sus repercusiones físicas o sociales. Y es que la interacción colectiva y el sistema de relaciones de los miembros de una sociedad, construye el complejo sistema de percepciones que constituye una forma particular de conocimiento compartido, por la mayoría de los miembros que componen ese colectivo.
" LA PERCEPCIÓN DEL CONSUMO DE ALCOHOL: EL ANÁLISIS DE LOS
SESGOS ATRIBUTIVOS COMO ORIENTACIÓN PARA LA INTERVENCIÓN
SOCIAL CON JÓVENES "
SANTIAGO YUBERO, ELISA LARRAÑAGA, RAÚL NAVARRO, CRISTINA SERNA E
ISABEL MARTÍNEZ
UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA
1.- INTRODUCCIÓN.
2.- MÉTODO.
3.- RESULTADOS.
4.- CONCLUSIÓN.
5.- REFERENCIAS .
1. INTRODUCCIÓN
Sa
bemos que las drogas, los consumos y las vivencias asociadas a ellas no son
realidades estrictamente objetivas (Megías, 2000; Megías y Rodríguez, 2001).
Se trata de realidades que se modifican históricamente conforme lo hacen los
contextos y la propia real
idad social desde la que se analizan estos aspectos.
Por ello, independientemente de que las sustancias son un producto
determinado y objetivo, y existen personas que consumen o no estos productos,
ni la valoración que se hace de cada una de las sustancias
, ni la percepción que
se tiene de ellas y de su consumo es la misma e, incluso, podríamos decir que
esta percepción, en ocasiones, tiene muy poco que ver con la peligrosidad del
producto y sus repercusiones físicas o sociales. Y es que la interacción cole
ctiva
y el sistema de relaciones de los miembros de una sociedad, construye el
complejo sistema de percepciones que constituye una forma particular de
conocimiento compartido, por la mayoría de los miembros que componen ese
colectivo.
Esta construcción de
una realidad social cotidiana guía nuestras conductas y
justifica nuestros comportamientos. Un aspecto clave en la toma de decisiones
sobre las conductas a realizar es la percepción que el sujeto tiene de las
conductas que llevan a cabo las personas paread
as a él, justificando con ello la
ejecución de su conducta. Las conclusiones acerca de cómo actúa la gente son
de suma importancia puesto que determinan nuestra reacción ante los otros y
las decisiones que tomaremos respecto a ellos y a nuestra propia form
a de
actuar.
Las atribuciones, que son explicaciones cotidianas y de sentido común que
elaboramos las personas para explicar los sucesos sociales, se hacen con rapidez
y muestran tendencias claras hacia ciertos sesgos sistemáticos, que son
subjetivos, esta
bles y difíciles de eliminar. Estos sesgos se mantienen porque
nos ayudan a proteger nuestra actuación en relación a los demás (“todos lo
hacen”), defienden nuestra autoestima (“si todos lo hacen, no será tan malo”)
y nos ayudan a comprender los hechos soc
realizado de los mismos.
Estos procesos se realizan en todas las edades, poniendo de manifiesto la
importancia de las atribuciones, pasando a primer plano lo percibido sobre lo
real (Hewstone et al. 1990).
De los sesgo
s más relevantes que aparecen en las campañas de educación para
la salud (Igartua, 1996) nosotros nos centraremos, principalmente, en el
análisis de:
Falsa unicidad
. Tendencia a subestimar la proporción de personas que llevan a
cabo acciones normativas.
Falso consenso
. Tendencia de un grupo que comparte un atributo a
sobreestimar la frecuencia o prevalencia de este atributo en los demás de su
grupo, frente al grupo que no lo posee (Nisbett y Roos, 1980). La comparación
entre las estimaciones de frecuenci
a de conducta de los “otros”, realizadas por
las personas que mantienen una determinada conducta y las que no, permite
constatar si esta sobreestimación se da (Miller y Prentice, 1996).
Un paso previo a la implantación de programas de promoción de la salud
eficaces ha de ser, necesariamente, la evaluación de las posibles variables que
los sustentan. El objetivo de nuestro estudio es, precisamente, analizar la
percepción social que tienen los jóvenes sobre el consumo de sus iguales.
Explicar el consumo media
nte un modelo social, aunque sin descartar las
variables intrapersonales.
2. MÉTODO
El estudio fue llevado a cabo con una muestra de 3.065 jóvenes estudiantes de
los Institutos de Educación Secundaria de la provincia de Cuenca, representativa
de la población escolarizada en este nivel educativo, selec
cionada a través de
un procedimiento aleatorio por Institutos y cursos, según su tamaño. Fue
encuestada el 55% de la muestra de partida, entre 13 y 18 años; la distribución
por sexos es: 47.3% varones y 51.9% mujeres.
El cuestionario recoge información sobre: estilo de vida (disponibilidad
económica, ocio y tiempo libre, variables escolares y variables familiares),
consumos (droga, tabaco y alcohol, aunque fundamentalmente centrada en el
consumo de alcohol) y factores d
e prevención. Aunque, en esta comunicación
se mostraran, exclusivamente, los resultados referidos al análisis de los
procesos atributivos que realizan los jóvenes, en cuanto a la conducta de
consumo de alcohol.
Para la asignación de la conducta de consumo
de los jóvenes hemos empleado
una recodificación de sus respuestas en las preguntas relativas a la frecuencia
de consumo de cerveza y bebidas combinadas (cubatas). Hemos considerado
“no consumidor” cuando la respuesta a ambas preguntas era ‘nunca',
“consum
idor esporádico” cuando la respuesta en alguna de las dos era ‘alguna
vez' y “consumidor habitual” cuando informaban de un consumo como mínimo
semanal (‘1 ó 2 veces a la semana', ‘3 ó 4 veces a la semana' y ‘a diario'), por
entender que en este caso su con
ducta de consumo estaba insertada en su estilo
de vida, realizándose de forma regular (habitual). Bajo esta condición, aparece
un 41.6% de no consumo y un 58.4% de consumo, que se divide en un 24.7%
de consumo esporádico y un 33.7% de consumo habitual (sie
ndo un 3%
consumo diario).
3. RESULTADOS
Como hemos visto, el sesgo de falsa unicidad
c onsiste en considerar que las
acciones normativas son llevadas a cabo por un porcentaje muy pequeño de
gente, incrementándose con ello la percepción de que son muchos los
sujetos
que llevan a cabo acciones contra-
normativas. En el caso del consumo de
alcohol, se materializa con la estimación de que el consumo de alcohol es
habitual entre los jóvenes.
Para analizar la presencia de este sesgo comparamos los porcentajes de
res
puesta a la pregunta: ¿cuánta gente de tu edad suele beber alcohol?, con el
porcentaje de no consumo. La diferencia entre la respuesta “ninguno”
(porcentaje percibido de personas que llevan a cabo acción normativa), y el
valor porcentual real de no consumo
(corresponde con las personas que
efectivamente llevan a cabo la acción normativa), la consideramos indicativa de
la presencia del sesgo de falsa unicidad.
Los resultados obtenidos, analizando la muestra globalmente, confirman la
presencia del sesgo de fa
lsa unicidad en cuanto al consumo de alcohol en los
jóvenes (tabla 1).
Tabla 1: Sesgo de falsa unicidad
¿Cuánta gente de tu edad suele beber
alcohol?
CONDUCTA REALIZADA:
No consumo: 41.6 %
Consumo esporádico: 24.7
%
Consumo habitual: 33.7 %
Ninguno 0.5 %
Muy pocos 5.2 %
Pocos 5.8 %
Bastantes 23.0 %
Muchos 27.5 %
Casi todos 37.8 %
Se produce una clara tendencia a subestimar el número de sujetos que no
consumen alcohol y un incremento en el porcentaje de sujetos que estiman que
consumen. Nos encontramos que, mientras el porcentaje real de no consumo
es de más del 40%, no supera el 12% la percepción de bajo consumo.
En cuanto a la distribución por sexos, es más alto el sesgo de falsa unicidad
entre las mujeres que en el grupo de varones, los resultados obtenidos aparecen
reflejados en la tabla 2.
Tabla 2: Sesgo de falsa unicidad, por sexos
¿Cuánta gente de tu edad suele beber alcohol?
mujer % varón %
Ninguno 0.3 Ninguno 0.8
Muy pocos 3.9 Muy pocos 6.7
Pocos 5.2 Pocos 6.5
Bastantes 21.9 Bastantes 24.2
Muchos 28.4 Muchos 26.7
Casi todos 40.3 Casi todos 35.0
N = 1604 N = 1461
No consumo: 42.4
Consumo esporádico: 28.1
Consumo habitual: 29.5
No consumo: 41.0
Consumo esporádico: 20.7
Consumo habitual: 38.3
Con un porcentaje de no consumo prácticamente igual en mujeres que en
varones, la percepción sobre el consumo de alcohol es mayor entre las mujeres,
siendo inferior la atribución de no consumo y superior la apreciación de
“muchos” y “casi todos”.
Nos inter
esa conocer la distribución de este sesgo por edades, ya que la
atribución lleva a la justificación de la conducta, y queremos valorar en el
momento en que aparece la valoración subestimada de la acción normativa
sobre el consumo de alcohol.
Se aprecia una
diferencia entre los 13 años y las demás edades, mostrando un
valor más elevado de percepción de no consumo, aún así, existe percepción de
consumo por encima de la realidad en las personas de su misma edad.
A partir de los 14 años aparece claramente desta
cado el sesgo de falsa unicidad.
Esto indica que los jóvenes de esta edad atribuyen un elevadísimo porcentaje
de acciones no normativas, aunque el consumo está distribuido entre
“bastantes”, “muchos” y “casi todos”, en porcentajes similares. A los 15 años
vuelve a descender el porcentaje de apreciación de acciones normativas,
produciéndose un incremento en “casi todos”. A partir de esta edad los
porcentajes más elevados de respuesta se encuentran en esta categoría,
significando una percepción de consumo gen
eral en los de su misma edad. A los
16 años no llega al 1% el “muy pocos” y se dispara al 50% la categoría “casi
todos”; haciéndose una estimación de más del 80% de consumo generalizado
(muchos y casi todos). A partir de esta edad los porcentajes de valora
ción de
“muy pocos” y “pocos” son cero, no considerando ningún chico/a que haya
sujetos que no consuman alcohol a esas edades, a la vez que los porcentajes
del “casi todos” están por encima del 60%.
La normativa sobre consumo de alcohol indica la prohibici
ón de venta a menores
de 18 años, en un intento de que los menores no consuman; los datos reflejados
en la segmentación por edades indican que la realidad no es reflejo de la
normativa, no sólo en el consumo sino en la percepción social sobre el consumo
de
alcohol. En relación a los consumos se producen dos picos, a los 15 y a los
17 años, que marcan diferencias con respecto a la edad.
Como hemos visto, su propia percepción de consumo es mucho más elevada
que el consumo real. En este sentido, los patrones d
e conducta de los s
mayores dentro del centro escolar, pueden ofrecer información sesgada, así
como lo reflejado en la televisión, puede dar una visión superficial e irreal de la
realidad.
El falso consenso hace referencia a la tendencia que tenemos a pe
nsar que los
demás hacen lo mismo que nosotros. En este caso, los consumidores tenderán
a considerar que los demás también actuarán en la misma dirección, es decir,
consumiendo en mayor medida. Para valorar la producción de este sesgo
segmentamos la muestr
a en función del consumo de alcohol de los venes y
comparamos los porcentajes de respuesta en la apreciación del consumo de los
demás (tabla 3).
Tabla 3: Sesgo de falso consenso
¿Cuánta gente de tu edad suele beber alcohol? (%)
No consumo Consumidores p
Ninguno 1.1 0.2
0.00
Muy pocos 11.4 1.0
Pocos 11.8 1.7
Bastantes 31.8 16.9
Muchos 25.3 29.1
Casi todos 18.7 51.2
N 1.276 1.789
Si analizamos la evolución de la filas correspondientes a no consumo se observa
una reducción del mismo con el consumo del joven al tiempo que se produce el
incremento en la fila de “casi todos”. Lo que confirma la existencia del sesgo de
falso consenso. E
s decir, los no consumidores perciben en mayor medida que
los demás no consumen, y los jóvenes consumidores aprecian un consumo más
elevado de alcohol. Encontrando el porcentaje más alto de “casi todos” en el
grupo de consumidores habituales (casi el 60 %)
En los jóvenes no consumidores el porcentaje de no consumo es muy superior
al de los otros grupos, y superior también a la media, pero aún sigue estando
por debajo del valor real de no consumo, reflejando el sesgo de falso consenso
y también el ya comenta
do de falsa unicidad, incluso en los sujetos no
consumidores. También existe una clara diferencia en cuanto a la percepción de
las valoraciones de consumo en “casi todos”, siendo el porcentaje inferior a la
media y muy por debajo del que alcanza en los con
sumidores (tanto esporádicos
como habituales).
En cuanto a la distribución por sexos, aparece de nuevo una mayor percepción
del consumo en mujeres. Respecto a la edad , en todos los casos aparecen
diferencias significativas en la atribución realizada sobre
el consumo de alcohol
en los demás en función de su grupo de pertenencia, produciéndose de forma
evidente el sesgo de falso consenso. Aunque es más acentuado en el grupo de
consumidores habituales, posiblemente como justificación de su propia
conducta de
consumo. De hecho, los consumidores habituales de alcohol, a
partir de los 14 años presentan como porcentaje más elevado de respuesta la
alternativa “casi todos”, indicando su percepción de consumo de los demás en
la misma dirección que ellos.
Llama la ate
nción que incluso los no consumidores perciben su conducta como
“atípica” entre los sujetos de su edad, no llegando el porcentaje de su
apreciación al porcentaje real de no consumo. A partir de los 14 años,
consumidores y no consumidores, perciben que el c
onsumo de alcohol es una
conducta habitual entre los jóvenes de su misma edad. A los 16 años la
percepción social de consumo de alcohol es totalmente generalizada,
considerando que todos los jóvenes de su edad son consumidores.
El sesgo de falsa unicidad y
de falso consenso se aprecia también en la
valoración de consumo que realizan de sus amigos (tabla 5).
Tabla 5: Consumo de alcohol de los amigos (en porcentajes)
Nunca A veces Todos los días
No consumo 26.3 46.4 3.8
Consumo
esporádico
3.8 85.4 4.9
Consumo habitual 1.5 82.3 13.4
Se comprueba que los no consumidores hacen una valoración más elevada de
no consumo que los consumidores, pero tampoco llega a alcanzar el valor real
de no consumo. Los consumidores duplican los porcentajes de consumo
de los
amigos, consumo esporádico en la categoría “a veces” y consumo habitual
también en “a veces” y “todos los días”. Percibiendo un consumo en los amigos
mucho más elevado de los consumos reales que se encuentran en la muestra
de estudio. Datos que confirman el sesgo de falsa unicidad.
Esta percepción de mayor consumo de los consumidores habituales se produce
en la valoración de todas las personas (padre, madre, profesores, hermanos),
produciéndose unos porcentajes más altos de consumo en “todos los días
”,
llevando el sesgo de falsa unicidad a los “otros” de forma generalizada.
Cuando se les pregunta sobre cuánto consumen los jóvenes de su edad, aparece
una percepción elevada de consumo que, sin embargo, no es asumida como
propia cuando se les pregunta sobre cuánto beben ellos (tabla 6).
Tabla 6: Valoración de los consumos
Consumen los jóvenes (%) Consumo propio
(%)
No consumo
Consumidores p Consumidores
Nada 4.6 0.9
0.00
7.2
Poco 9.5 2.9 46.7
Lo normal
18.2 15.8 34.4
Bastante 46.5 56.7 7.6
Mucho 21.2 23.8 4.0
Así, la percepción generalizada que existe entre los jóvenes, tanto no
consumidores como consumidores, es que los demás beben en exceso, aunque
los datos son superiores en los sujetos consumidores. Sin embargo, la
percepción que tienen los consumidores sob
re su propio consumo es que ellos
beben ‘poco' o ‘lo normal', mientras que los demás beben ‘bastante' o ‘mucho',
suponiendo un sesgo de ilusión de control
de su conducta al valorar que ellos
controlan su consumo. De esta manera, consideran que son los demás los que
consumen en exceso, pero no ellos. Lo que podría servirles para justificar su
conducta y continuar con ella, pues lo valoran como una situación d
e normalidad
que de alguna manera niega ninguna necesidad de modificación de la misma.
Segmentando la muestra según los años de los jóvenes, se produce el mismo
fenómeno en todas las edades, incluso a los 13 y 14 años, valorando que su
consumo no es excesivo.
Según el sexo, la percepción de las mujeres está más sesgada. Sirva como
ejemplo que mientras el 45% de los varones consumidores habituales se ubica
en consumir ‘lo normal', el porcentaje sube hasta el 60% en las mujeres
consumidoras habituales.
Estos datos están asociados con su percepción de invulnerabilidad
, afirmando
el 73% de los consumidores esporádicos y el 80% de los consumidores
habituales que ellos no van a tener problemas en el futuro como consecuencia
de su conducta de consumo. De hecho, re
ducen la peligrosidad del alcohol
conforme se incrementa el consumo, aunque la percepción en todos es reducida.
En una valoración de 1 a 5, los no consumidores alcanzan una puntuación media
de 2.13 frente a una media de 1.44 en los consumidores (t=11.84, p=0.00).
4. CONCLUSIÓN
Como conclusión, de forma general podemos afirmar que lo que están reflejando
en su conjunto estos datos es la norma social establecida sobre consumo,
encubierta pero destacada en relación con el análisis atributivo: aceptación de
un consumo moderado de al
cohol a partir de los 14/15 años, que aceptan como
normal el consumo a su edad. Y consideración de un consumo totalmente
generalizado a partir de los 16 años. En su conjunto se destaca una
permisibilidad total entre los jóvenes para consumir alcohol.
La in
fluencia de los factores sociales y culturales en la determinación de la
conducta se ha demostrado, también en el caso del consumo del alcohol, de
gran magnitud, pudiendo matizar las racionalizaciones en la toma de decisiones.
La consideración, no real, de
que el consumo de alcohol entre jóvenes es tan
generalizada les puede facilitar la realización de la conducta de consumo por
imitación del modelo social que consideran más normalizado y, desde luego, no
pone ningún freno a los consumidores.
Estos resultad
os explican el mantenimiento de las normas descriptivas (lo que
hacen los demás similares a mí) frente a las normas prescriptivas (lo que hay
que hacer), con independencia del grado de conocimiento sobre las segundas.
Sería importante que los jóvenes conoc
ieran los datos reales de consumo de
alcohol entre los sujetos de su misma edad, sin duda consumos elevados, pero
no en la medida en que ellos los perciben.
Influyen también las normas sociales del grupo de pares, ejerciendo una presión
muy importante en l
a elección y el mantenimiento de hábitos. Entendiendo
norma social (Miller y Prentice, 1996) como el proceso de comunicación e
interacción en un grupo en el que se produce cierta homogeneidad de
conductas.
Somos conscientes de la dificultad que conlleva co
nseguir los objetivos
perseguidos de reducir el consumo de alcohol en los jóvenes, puesto que se
pretenden modificar comportamientos fuertemente instaurados y dependientes
de actitudes, normas y modelos sociales altamente valorados por la juventud,
que además ejercen de patrón distintivo de grupo (Leventhal y Cameron, 1994).
Consideramos que las campañas de educación sobre consumo de alcohol deben
tener en cuenta los sesgos atribucionales que presentan los sujetos y que les
predisponen a tomar una posición
de distancia respecto a lo adecuado en su
conducta. Esto mismo es lo que se realiza con otras campañas de educación
para la salud referidas a otros ámbitos: consumo de drogas, prevención del sida
(Igartua, Martín, Ortega y del Río, 1997), campañas de la DG
T, educación sexual
(Páez, Ubillos y León, 1996), ...
Creemos que debemos fijar el objetivo de la intervención en su autocontrol, en
el control de su propia conducta de consumo, despertando el análisis y la
reflexión sobre las motivaciones sociales y ofrec
iendo alternativas de conducta
que respeten su estilo de vida; más que en la erradicación por imposición del
no consumo de alcohol, medida que por otra parte nunca se ha mostrado
efectiva. Se trataría de potenciar el autocontrol de los individuos, puesto q
ue la
implantación y mantenimiento de comportamientos saludables pasa por que las
personas asuman su capacidad de control real sobre la propia conducta y, sobre
todo, los efectos de ésta sobre la salud. Igualmente son precisas habilidades de
resistencia a
la presión social, como determinante para desarrollar estilos de
vida sanos.
El mayor problema, posiblemente sea que muchos de ellos no perciben el
problema del consumo como propio, consideran que son los demás los que
pueden tener problemas por un consumo
excesivo, pero no ellos de forma
personal, lo que podría llevar a alejarse de cualquier medida de intervención,
ya que no se perciben como beneficiarios de la misma.
Partiendo de esta premisa básica y en función de los resultados obtenidos,
creemos que se
ría conveniente que, dentro de las medidas de intervención, se
tuviera en cuenta:
* Trasmitir la información real de que el consumo no es tan general como los
jóvenes perciben.
* Incidir en la influencia de las variables sociales y perceptivas en la
determinación de los comportamientos individuales.
* Resaltar el factor de peligrosidad del consumo de alcohol, basándonos en la
información real disponible, sin sobredimensionar los riesgos, pero tampoco
reduciéndolos.
* Valorar las consecuencias a largo plazo de una conducta de consumo excesivo.
* Conceptuar la conducta de consumo de alcohol dentro de comportamiento de
riesgo que, por lo tanto, supone un aumento de probabilidades, no una certeza
absoluta de sufrir las consecuencias negativas. Ya que como probab
ilidad está
fuera del control personal.
* Trabajar los sesgos de falsa unicidad y falso consenso, preferiblemente con
otros temas para su análisis y, posteriormente, hacer la trasferencia a la
conducta de consumos.
* Partiendo de la base de que el consumo de alcohol tiene caráter social y que
la cultura española siempre ha estado vinculada al consumo del vino, trasladar
la idea de que el riesgo no está en “consumir”, sino en los grandes consumos,
en el patrón de cons
umo habitual y en la contingencia de los consumos de
drogas.
5. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Deschamps (Eds.), El desafío social del sida (pp. 113-
133). Madrid:
Fundamentos.
... Asimismo, también se constata la acción de otras posibles influencias de modelos sociales que afectan a su percepción de riesgo, tales como los proporcionados principalmente por el grupo de iguales y el mejor amigo, así como por los padres consumidores y a través de diversos modelamientos simbólicos, tal como han evidenciado Espada, Pereira y García-Fernández (2008). La mentalidad del usuario se relaciona con la comisión de sesgos atributivos asociados a la percepción del consumo de alcohol, entre ellos el sesgo de falsa unicidad (Goethals, Messick & Allison, 1991), que consiste en considerar que cuando nos comportamos bien, estas acciones normativas son llevadas a cabo por un porcentaje muy pequeño de personas, lo que conlleva también la correspondiente percepción de que la comisión de acciones contra-normativas está más extendida de lo que realmente está, lo cual, en el caso de la experimentación con alcohol, supone la estimación de que su consumo es habitual entre los jóvenes (Yubero, Larrañaga, Navarro, Serna & Martínez, 2005). Asimismo, ello se relaciona con el sesgo de falso consenso (Krueger & Clement, 1994;Marks & Miller, 1987), que consiste en la tendencia a sobrestimar el grado en que las opiniones propias o las conductas indeseables son comunes y compartidas por muchas personas, lo que conlleva la creencia, entre quienes consumen alcohol, de que son muchos los que consumen la misma cantidad o más que ellos y pocos los que no beben (Igartua, 1996), todo lo cual refuerza la propia mentalidad del usuario y la distorsión de las percepciones de riesgo. ...
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El consumo juvenil de alcohol representa, en la cultura mediterránea, una práctica caracterizada por usos recreativos, ligada a procesos de interacción grupal e identitarios. Nuestro objetivo es ofrecer un análisis descriptivo y diferencial, por niveles de edad e ingesta realizada, de las tendencias de consumo de alcohol, así como de las percepciones de riesgo y de los motivadores de consumo, en un colectivo de 845 adolescentes escolarizados del Principado de Asturias (España). Se confirman las tendencias emergentes sobre hábitos de consumo de alcohol y los patrones de uso/abuso representativos del estilo de ocio juvenil, así como motivaciones y percepciones de riesgo diferenciales, en virtud de la mentalidad del usuario. Se avanzan líneas prospectivas de actuación basadas en intervenciones psicosociales y sociocomunitarias.
... Existe un sesgo de falsa unicidad al subestimar la proporción de personas que no beben (Igartua, 1996). Esto coincide con estudios realizados en muestras de estudiantes de zonas urbanas (Yubero, Larrañaga, Navarro, Serna y Martínez, 2005). ...
Article
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El objetivo de este estudio fue analizar la relación entre el consumo de alcohol en adolescentes y el de sus modelos más cercanos. La muestra se compuso de 536 estudiantes de ESO de una zona rural. Mediante análisis de regresión logística se establecieron modelos del consumo utilizando como criterio el consumo de los padres, hermanos y mejor amigo del adolescente. Se observó que el consumo de estos modelos explica el consumo del adolescente, la actitud hacia la droga, la intención de consumo, la percepción normativa y la percepción de riesgo. El análisis reveló que el principal indicador del consumo de alcohol es el consumo del mejor amigo (OR= 13.04; IC 95%= 8.14-20.91), seguido del consumo de los hermanos (OR= 1.85; IC 95%= 1.12-3.04). La intención de consumo aumenta cuando el padre es bebedor (OR= 2.70; IC 95%= 1.68-4.36), el hermano (OR= 2.83; IC 95%= 1.56-5.15), y sobre todo el mejor amigo (OR= 4.33; IC 95%= 2.55-7.36).
Article
Este artículo presenta los resultados del estudio empírico acerca de la toma de decisiones sobre el consumo y el ahorro de los entes económicos en Panamá, en este caso los estudiantes universitarios de la Universidad de Panamá, durante la pandemia. Estos resultados fueron analizados bajo la lupa de los planteamientos teóricos de las teóricas neoclásicas, keynesianas y conductuales con respecto a las leyes teóricas de oferta y demanda. Los datos fueron recolectados mediante encuestas digitales que observaron tres escenarios: Ahorro y consumo en general; el juicio y consumo dependiente del aumento de precios; y la auto conservación. La investigación llevó a la conclusión de que la teoría keynesiana y la conductual posiblemente tengan mejores mecanismos para explicar las decisiones con respecto al ahorro y el consumo de los individuos. Al mismo tiempo se pudo observar que los sujetos de estudio, en su mayoría, no presentaban la racionalidad definida por la teoría neoclásica.
Article
In the Mediterranean culture the young consumption of alcohol represents a practice associated with a recreative culture tied to processes of group interaction and identity. Our aim is to offer a descriptive and differential analysis for levels of age and ingestion realized of the trends of consumption of alcohol, as well as the perceptions of risk and motivations of consumption in a group of 845 Spanish teenagers of the Principado de Asturias. The emergent trends are confirmed on habits of consumption of alcohol and the representative bosses of use/abuse of the style of juvenile leisure, as well as motivations and differential perceptions of risk by virtue of the mentality of the user. There are advanced market lines of prevention based on psychosocial interventions and socio community.
Introducción a la Psicología Social
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  • W Stroebe
  • J P Codol
  • G M Stephenson
Hewstone, M., Stroebe, W., Codol, J.P. y Stephenson, G.M. (1990). Introducción a la Psicología Social. Barcelona: Ariel. (Trad. F. Morales).
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Los valores de la sociedad española y su relación con las drogas
  • E Megías
Megías, E. (coord.) (2000). Los valores de la sociedad española y su relación con las drogas. Barcelona: la Caixa.
Medios de comunicación social y representaciones sociales sobre drogas
  • E Megías
  • E Rodríguez
Megías, E. y Rodríguez, E. (2001). Medios de comunicación social y representaciones sociales sobre drogas. En S. Yubero (coord.), Drogas y drogadicción. Un enfoque social y preventivo. Cuenca: Servicio de Publicaciones de la UCLM.
Evaluación del cambio de actitudes y conductas ante el sida
  • D Páez
  • S Ubillos
  • M León
Páez, D., Ubillos, S. Y León, M. (1996). Evaluación del cambio de actitudes y conductas ante el sida. En N. Basade, D. Páez, R. Usieto, H. Paicheler y J.C. Deschamps (Eds.), El desafío social del sida (pp. 113-133). Madrid: Fundamentos.
Changing selfdestructive behaviors
  • I B Henderson
  • S M Hall
  • H I Lipfon
Henderson, I.B., Hall, S.M. y Lipfon, H.I. (1980). Changing selfdestructive behaviors. En G. Stoen, F. Cohen y N. Adler (Eds.), Health Psychology. San Francisco: Jossey Bass.