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Atlas lingüístico-etnográfico pluridimensional de El Salvador (ALPES) Nivel fonético

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Atlas lingüístico-etnográfico pluridimensional de El Salvador
(ALPES)
Nivel fonético
Raúl Ernesto Azcúnaga López
Universidad de El Salvador
El Salvador
1. Introducción
El presente artículo tiene como fin presentar los mapas fonéticos que darán base al
Atlas Lingüístico Pluridimensional de El Salvador (ALPES), el cual se está
desarrollando bajo la perspectiva teórico-metodológica de la geografía lingüística
pluridimensional1 y se está aplicando en cada uno de los países de América Central
(Quesada Pacheco 2010). De esta manera, se podrá estudiar la distribución de los
fenómenos lingüísticos del nivel fonético del español salvadoreño, considerando la
variación diatópica (geográfica) y diastrática (de sexo y generacional) desde la
perspectiva teórico-metodológica de la geolingüística pluridimensional, además de
contribuir al conocimiento del español salvadoreño.
2. Breve estado de la cuestión
El español salvadoreño ha sido centro de interés para distintos académicos desde
finales del siglo XIX y principios del siglo XX. El primer trabajo con un interés
propiamente fonético hasta ahora conocido es el de Bonilla (1903/1975). El autor
sostiene que
el idioma de Castilla ha tenido que aceptar varios injertos de las lenguas indígenas [...] y
aunque muchas de esas palabras han sufrido ya la castellanización, aquí aún entre los
salvadoreños aún conservan su pronunciación primitiva, y para la cual el castellano no
tiene letras aparentes (Bonilla 1903/1975, 12-13).
Para evidenciar su propuesta presenta un listado de 37 palabras con el sonido
palatal, fricativo que demandan la grafía sh. En el segundo artículo propone, además
de la consideración de sh como grafía, la incorporación de w como otro carácter
1 El presente artículo tiene como fundamento el trabajo Atlas lingüístico pluridimensional
de El Salvador: nivel fonético (Alpes-Fon), por presentarse en calidad de Tesis Doctoral en la
Universidad Nacional (Heredia, Costa Rica).
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necesario para la escritura correcta de las palabras del náhuat incorporadas a la lengua
habitual de los salvadoreños (Lardé y Larín 1975, 18-25). Bonilla puede ser
considerado el iniciador de una segunda vertiente de la tradición sustratista del
español salvadoreño, en la que ya no sólo se estudia la incorporación de piezas
léxicas, sino que se visualizan insuficiencias del alfabeto del español para responder a
la fonética del habla salvadoreña del momento, e interesan aspectos diversos a lo
puramente léxico.
Contemporáneo a estos trabajos, es el estudio de Salazar Diccionario de
Provincialismos y Barbarismos Centroamericanos y ejercicios de ortología clásica
(1910), quien con un afán didáctico y correctivo presenta un catálogo muy ilustrativo
del habla popular salvadoreña de principios del siglo XX. En lo tocante a la fonética,
el trabajo es de interés debido a que registra, entre otras, particularidades como el
cierre de vocales medias y la pérdida de vocales finales, la caída de s en posición
final, y la neutralización de d/t en posición final de sílaba (Salazar 1910, 18-19).
El primer intento sistemático por describir el español salvadoreño es de Canfield
(1953 y 1960); el lingüista estadounidense, bajo una metodología descriptivista,
revela, entre otros, aspectos de la fonética del español salvadoreño. Canfield (1953,
52) afirma: “puede decirse que como desviación fonológica del español “normal” que
describe el profesor Tomás Navarro, el español salvadoreño tiene tres caracteres
psicológicofonéticos básicos: la relajación, la ultracorrección y el arcaísmo”.
El autor presenta once fenómenos de relajación, seis de arcaísmo y cinco de
ultracorrección. Además, señala que su estudio “forma parte de un análisis del
español de El Salvador que ha de terminarse dentro de unos meses en forma de atlas
lingüístico de dicha entidad política (Canfield 1953, 32).
Como fenómenos de relajación reconoce los siguientes fenómenos:
1. Nasalización de vocal y pérdida de nasal.
2. Ensordecimiento de vocal final después de consonante sorda.
3. Diptongación de vocales fuertes.
4. Velarización de /n/ final seguida de un sonido alveolar, dental o labial.
5. Realización de /f/ como bilabial y aspirada ante vocales posteriores.
6. Velarización de /b/ fricativa.
7. Debilitamiento de /y/ intervocálica.
8. Realización de /s/ como dorsodentoalveolar.
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9. Aspiración de /s/ y pronunciación suave de /j/.
Dentro de los arcaísmos señala la realización de /b/ en calidad de oclusiva, inicial y
después de /m/, /l/, /r/ y /s/; /d/ oclusiva en entornos raros para el español de los demás
países, al igual que con la oclusividad de /g/, y aspiración de /h/.
Siete años después, Canfield (1960) publica sus hallazgos en forma más amplia y
razonada, pero no como atlas, truncando de esta manera el primer intento registrado
por hacer un atlas lingüístico de El Salvador. Canfield estudia la realización del
vocalismo en 66 entornos a saber: vocales acentuadas, vocales inacentuadas, hiatos y
diptongos. De las consonantes: 33 entornos de oclusivos, 18 de fricativos; seis de
laterales y vibrantes; cinco palatales y nueve nasales.
Los estudios de Canfield se han vuelto un lugar común en las referencias a la
fonética del español salvadoreño (cfr. Lipski 1996 y 2000; Vaquero 1996), y pese a
que no han sido la base para la fundación de estudios descriptivos más detallados,
pueden considerarse como un punto de partida para continuar la investigación en este
campo.
Posterior a las publicaciones de Canfield, González (1963) realiza un análisis del
lenguaje costumbrista en una muestra literaria, en Jaraguá, una novela salvadoreña,
en el que se identifican algunos fenómenos lingüísticos que el autor presenta a manera
de conclusión y en los siguientes términos:
a) hay una tendencia a diptongar las combinaciones de vocales fuertes, sobre todo en los
verbos cuya desinencia es -ear,-: criar, meniar, peliar. b) se presenta elisión de consonantes
intervocálicas como la d: tuavía, tuita, bolsa'e cuero, vivienda'e mandinga. c) se dan
trueques de g por b, gw por bw, r por d: colagorado, güeno, almirador. d) palatalización de
la n: ñebla, ñeto. e) aspiraciones, principalmente de la h: jedentina, jué, dijunto, en
posiciones inicial y medial. f) pérdida de consonantes finales de palabra (d, s): adió,
dificultá, pué. g) vocalización de consonantes y consonantización de vocales:
exautamente, dautor, redautado; tracción, actomóvil. h) asimilación frecuente del grupo gn
en nn: dinnado, innorancia. i) dislocaciones acentuales: cáido, tráiba. j) destrucción del
hiato en fonética sintáctica, por diptongación en vez de elisión: e ante a, o, u casi siempre i
(diarriba, dioro, quiubo), pero se elide ante e, i, (sembarra, simagina). o en w antes de a, e,
i (luanda, nuestá, nuiciera); sólo ante o, u se elide (loye, lúltimo). i ante a, o, e se convierte
en j (sioye, sies, nies) (González 1963, 66-67).
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González, además, reconoce el sustrato indígena de carácter fonético sh. De
acuerdo con Bonilla,
en Jaraguá, encontramos el ejemplo de la combinación sh en: guáshpiras (218), nishtamal
(59), pilishne y pilishnes (46, 185), pishirico (134), pushca (24), pushco (177, 307),
pushcos (209, 361), shipes (801), sholotón (102), shoyón (103), shuquina (59), shusca (1,
122), shusha (279), shútan (60), toshlotonas (59) (González 1963, 62-63).
González, con este trabajo, da continuidad a la tradición sustratista en la
explicación del español salvadoreño; explicación que alcanzará unos años después su
máxima realización con los trabajos de Geoffroy, escritor y antropólogo salvadoreño,
quien en su discurso de incorporación a la Academia Salvadoreña de la Lengua
proclama:
me he dedicado desde hace años al estudio del idioma, no en su aspecto académico, no
conforme a las frías y rígidas normas […] sino observando los cotidianos cambios que el
pueblo ese genial modificador de las lenguas- va introduciendo en ellas (Geoffroy 1966,
7).
Este discurso constituye la base para la publicación de El español que hablamos en
El Salvador (1969, 1975, 1998) y La lengua salvadoreña (1978, 1987, 1998), trabajos
considerados cimeros de los estudios de español salvadoreño, y que hoy en día están
siendo releídos críticamente en muchos de sus planteamientos (Lipski 2000;
Henríquez 2001; Azcúnaga 2004).
Después de la radicalización de la teoría sustratista en el trabajo de Geoffroy,2
Maxwell (1980) trata la fonología, morfología y sintaxis del español salvadoreño en
lo que denomina el español general, español laboral, regionalismo y en la literatura.
Define como español general, los rasgos compartidos por todo hablante nativo del
“salvadoreño”, al que le atribuye 24 reglas fonológicas; como español laboral, los
rasgos lingüísticos de campesinos y trabajadores no profesionales, del que presenta
siete reglas fonológicas específicas, y como regionalismos aquellos rasgos adicionales
que parecen ser localizados regionalmente, de los que presenta cuatro reglas
2 Los trabajos de Geoffroy tienen mayor fortuna en el plano del léxico.
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fonológicas e identifica muestras de autores que presentan algunos de estos
fenómenos en su literatura.
De acuerdo con Maxwell (1980, 1153-1159), el español general salvadoreño se
caracteriza por los siguientes rasgos:
1. Cierre glotal después de palabras que terminan en vocal (opcional).
2. Ensordecimiento de vocales finales de palabras (opcional).
3. Pérdida de vocal final de palabra.
4. Aspiración de s en posición final.
5. Pérdida de consonantes fricativas finales, principalmente de [h] y [δ].
6. Fricativización de /d/.
7. Pérdida de /d/ final.
8. Fricativización de /b/.
9. Nasalización de vocal al contacto con una nasal (opcional).
10. Realización de /e/ átona como [i] (facultativa).
11. Unión de consonantes cuando inician la sílaba acentuada dejando la vocal no
acentuada en sílaba abierta.
12. Pérdida de /e/ inicial de palabra en sílaba abierta por unión de consonantes.
13. Realineamiento silábico cuando /h/ final precede a una palabra que empieza con
una vocal.
14. Tendencia a alargar vocales en sílabas acentuadas (opcional).
15. Endurecimiento de la semivocal [j] a principio de palabra.
16. Endurecimiento de [w] a principio de palabra agregando una consonante velar
fricativa (opcional).
17. Realización de vibrante simple como vibrante múltiple (opcional).
18. Simplificación de la vibrante múltiple (opcional).
19. Velarización de /n/ final.
20. Asimilación de /n/ a las consonantes bilabiales.
21. Nasalización de /b/.
Maxwell identifica como rasgos del español laboral los siguientes: /i/ acentuada
precedida de otra vocal transfiere su acento a la vocal que la precede y se realiza
como semivocal (opcional); /u/ acentuada precedida de vocal transfiere su acento a la
vocal que la precede y se realiza como semivocal (opcional); pérdida de /a/ átona
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inicial (opcional); elevación de /o/ principalmente en posición final de palabra
(opcional); elevación de /e/ en posición final de palabra (opcional); /y/ intrusa cuando
las vocales anteriores /e/ e /i/ preceden a otra vocal (opcional) y realización de /f/
como velar o glotal frente a /w/ (opcional) (Maxwell 1980, 1159).
Por último, la autora señala como regionalismos la realización de /a/ no acentuada
como ["] (opcional) en Usulután y sus cercanías; en los alrededores de Santa Ana las
líquidas dentales /ɾ/ y /l/ tienden a desaparecer entre las consonantes dentales
oclusivas /d/ y /t/, con alargamiento compensativo facultativo de la vocal que precede;
en regiones cercanas a la frontera con Guatemala la vibrante simple se articula como
fricativa retrofleja y en la entonación de Santa Ana una entonación frasal, con una
subida de tono en la última sílaba acentuada seguida por una caída tonal (Maxwell
1980, 1159-1160).
Maxwell confirma muchos de los rasgos expuestos por Canfield (1953, 1960) y da
cuenta de algunos no presentados por sus antecesores. Su investigación de campo da
espacio para confirmar la existencia, distribución geográfica y manifestación de los
rasgos mencionados entre hombres y mujeres y entre la generación mayor y menor,
algunos de estos recogidos en el ALPES.
La fonética del español salvadoreño ha sido tratada, también, por Lipski (1987,
1996). Este autor señala como las principales características del español salvadoreño
las siguientes:
(1) /b/, /d/ y /g/ suelen ser oclusivas tras consonantes no nasales.
(2) /y/ intervocálica es débil y cae con frecuencia en contacto con /e/ e /i/. La inserción
ultracorrecta de [y] para destruir el hiato es bastante habitual en el habla salvadoreña, pero
este fenómeno está en gran medida limitado al habla rural inculta.
(3) /n/ final de palabra se velariza en posición final de sintagma o ante una vocal.
(4) Muchos salvadoreños rurales dan a /s/ una pronunciación interdental [Θ], acompañada
a menudo de una fuerte nasalización.
(5) /s/ preconsonántica y prevocálica final de sintagma y de palabra se reducen a [h],
aunque con mucha variación sociolingüística.
(6) Como en Honduras, la /s/ postvocálica inicial de palabra se suele reducir a [h], en
especial entre los estratos socioeconómicos más bajos.
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El español salvadoreño reduce incluso la /s/, postconsonántica inicial de palabra en
combinaciones como El Salvador y un centavo, así como la reducción omnipresente de /s/
a [h] en entonhes (Lipski 1996, 276-277).
En este trabajo, además, Lipski propone tres hipótesis sobre el español salvadoreño
que interesan tanto como guías para la exploración de campo como para la discusión
descriptiva y explicativa. En la primera, reconoce, a diferencia de Canfield, quien
identificó una pronunciación homogénea en el país a principios de la década de 1950
(Canfiled 1962), la variación lingüística en El Salvador y se la atribuye a la oposición
campo-ciudad: “esta combinación de circunstancias históricas ha dado lugar a una
variación lingüística considerable dentro de un área geográfica pequeña. Como en
Honduras, esta variación no se deja describir en virtud de fronteras regionales nítidas,
sino que obedece a la oposición rural-urbano” (Lipski 1996, 272).
En cuanto a la oposición campo-ciudad, el mencionado autor sostiene “poca
variación geográfica en la pronunciación (1996, 276).
La segunda hipótesis que propone es que los hablantes rurales e incultos son los
que definen el español salvadoreño:
alrededor de un quinto de la población ha abandonado el país, la mayoría en dirección a
Estados Unidos, Canadá y México. De los que han permanecido en el país, muy pocos
pueden traspasar las barreras sociales, económicas y militares para ascender social y
culturalmente, por lo que son los hablantes rurales e incultos los que definen el español
salvadoreño (Lipski 1996, 273).
La tercera hipótesis de Lipski es que en El Salvador no hay una norma o estándar
urbano culto que ejerza influencia en el resto de la población:
Como en Honduras, no ha habido apenas oportunidades para que se desarrolle una "Norma
Culta", o estándar urbano culto, que ejerza su influencia en el resto de la población. El
resultado es una discontinuidad lingüística entre el habla de los grupos marginados y el de
la clase profesional y media urbana. Esta última se desplaza, cada vez más, a México,
España y Estados Unidos para mejorar su educación, y en este proceso adquiere una
lengua desregionalizada, mientras los sectores marginados avanzan en su evolución
lingüística a una velocidad cada vez mayor. En cuanto se escucha a un salvadoreño se
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puede advertir esta discrepancia, y se puede identificar el origen socioeconómico del
hablante tras oír unas cuantas palabras de sus labios. (Lipski 1996, 274).
Estas hipótesis son un intento por explicar la variación en el español salvadoreño,
ya no en términos sustratistas, sino desde la sociolingüística, lo que sólo el trabajo de
campo sistemático puede refutar o comprobar. Lipski (2000) reconoce la necesidad de
trabajos de campo en el país, en donde apunta:
[…] dentro del ámbito centroamericano, el habla de El Salvador sufre de una crítica
escasez de trabajos descriptivos y teóricos, ya que en las últimas décadas la dialectología
en El Salvador no ha podido avanzar al compás de los trabajos comparativos en otras
naciones hispanoamericanas (2000, 65).
En la misma línea de las hipótesis arriba expuestas, suma una cuarta referida a que
el español salvadoreño es una zona de transición en el español centroamericano entre
el dialecto conservador de Guatemala y los más evolucionados de Honduras y
Nicaragua:
En muchas dimensiones, el español salvadoreño representa una zona de transición entre el
dialecto fonológicamente conservador de Guatemala (sobre todo en cuanto a la tenaz
retención de la /s/ final de sílaba) y los dialectos más evolucionados de Honduras y
Nicaragua. Más que los países vecinos Guatemala y Honduras, El Salvador recibió
influencias lingüísticas mayas y nahua/pipiles en proporciones semejantes. (2000, 81).
Lipski profundiza en este trabajo las características ya anunciadas en el Español de
América (1995), principalmente, en cuanto a la realización de /s/, fenómeno que
considera como el que más llama la atención en la fonética de Nicaragua, Honduras y
El Salvador (Lipski 2000, 73). Así, destaca que el español salvadoreño comparte con
el de Nicaragua y Honduras la aspiración de /s/ final de sílaba/palabra; que las tasas
de aspiración de El Salvador y Honduras son menores que las de Nicaragua y que
entre Honduras y El Salvador; la realización de /s/ en Honduras está regionalizada,
mientras que en El Salvador la variabilidad de la /s/ gira alrededor del eje Ciudad-
Campo (Lipski 2000). Asimismo, advierte la aspiración de /s/ intervocálica interior e
inicial de palabra, identificada según el autor, como fenómeno esporádico en las capas
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sociales más humildes en varias áreas del mundo hispanoparlante, y que “en ninguna
descripción tenemos noticias de un proceso tan avanzado en todos los niveles
socioculturales como el que podemos observar en el español salvadoreño (y
hondureño)” (Lipski 2000, 75). Agrega, como explicación de este fenómeno, que
la /s/ interior intervocálica también suele aspirarse el español salvadoreño, pero la mayoría
de los casos se trata de un verdadero prefijo (p. ej. presupuesto) o una combinación
fonética que presenta la forma de un prefijo (presidente), así que desde un punto de vista
morfofonético podemos describir la aspiración de la /s/ intervocálica interior como una
extensión -motivada por un proceso de analogía popular- de la reducción de la /s/ final de
palabra/fin de morfema (Lipski 2000, 75).
Sin embargo, el fenómeno se da también en palabras como: halú (de saludos),
entonhe (de entonces), dehantana (de Santa Ana), lahandrita (de la Sandrita), etc.
Asimismo, Lipski afirma que en El Salvador es frecuente la realización interdental de
/s/ en el habla rural, ya reconocida por Canfield (1953, 1960), y considera que
“aunque se dan noticias esporádicas de una /s/ interdentalizada en otras regiones de
Hispanoamérica, es en El Salvador donde existen las mayores posibilidades de una
investigación pormenorizada, que aclare las múltiples facetas sociolingüísticas y
geográficas de esta pronunciación (Lipski 2000, 75). Por último, Lipski identifica la
realización de /s/ implosiva en el país como fricativa prepalatal, representada
ortográficamente por sh, realización “de origen nahua-pipil, y que ocurre
ocasionalmente en el habla campesina, y en tono semiserio, también en el habla
urbana (2000, 76). Además, Lipski identifica en la fonética del español salvadoreño
la pronunciación relajada de /y/ intervocálica, al grado de elidirla en contacto con las
vocales /e/ e /i/ (Robertío); la presencia [y] ultracorrecta o antihiática en los hiatos que
llevan como primera vocal /e/ o /i/ (seya); la velarización de /n/ final de palabra ante
pausa (muy bieŋ) o vocal siguiente (bieŋ hecho) en todas las capas socioculturales; el
desplazamiento del acento hacia el final de las palabras vocativas (Monó [<
vámonos]); la realización de /f/ como [h] ante la vocal /u/ y la semivocal [u], aún
casos de la aspiración de /f/ en grupos consonánticos, innovación que apenas se
conoce en otras zonas dialectales (jlores [< flores]), que la atribuye a una posible
etapa de bilingüismo prolongada en zonas de fuerte presencia indígena, al igual que la
realización de /e/ como [i] y de /o/ como [u] (tesoro > tisuru, Pedro > Pidru, etc.); la
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neutralización de /b/ y /g/ ante la [u] semivocálica (otragüelta [< otra vuelta]); la
realización de /b/ como oclusiva después de consonante (ceiba, alba, etc.) y la
eliminación de fronteras entre palabras y la fusión vocálica, que tienen como
configuración más frecuente la sinéresis de vocales medias átonas (es decir, la
conversión de /e/ y /o/ en semivocales) (Lipski 2000, 76-79).
Otro trabajo que trata el tema es el de Vides (1996), artículo de carácter didáctico
en el cual el autor caracteriza la fonética del español salvadoreño como yeísta,
seseante, tendiente a la aspiración de /s/ y por la realización fonética del fonema
fricativo, palatal, sonoro /š/, herencia del sistema fonético-fonológico del náhuat, en
expresiones que han sobrevivido el idioma ancestral como [šúko], [šašáma], [kwéšte].
Considera Vides la persistencia de /š/ como característica “que no se puede dejar de
mencionar” (Vides 1996, 72). El autor agrega que el sonido se encuentra en extinción,
reemplazado por el africado palatal /č/ ([čúko], [čačáma]) resistiendo sólo en sílaba
cerrada [kwéšte].
En la misma vía, está Henríquez (2001), en donde el autor esboza los fenómenos
fonéticos más importantes del español salvadoreño como el seseo, el yeísmo,
aspiración de /s/ implosiva y de fricativa velar sorda; velarización de /f/; velarización
de /n/ final de palabra y sintagma; asibilación de vibrantes en posición final de
palabras principalmente entre mujeres; debilitamiento de vocales átonas, sobre todo
ante /s/ final; vacilación y trueque vocálico en el habla descuidada; tendencia a la
diptongación; reducción de grupos vocálicos; realización oclusiva /b/, /d/ y /g/ tras /s/,
/r/ y /l/; articulación de /x/ faríngea; debilitamiento de /y/ intervocálica; sin confusión
entre /l/ y /r/; realización del fonema fricativo palatal sordo en voces de origen náhuat
y la articulación de dental más lateral /tl/ por posible influencia del fonema náhuat
dentoalveolar africado sordo (Henríquez 2001, 42-45).
Recientemente, Romero (2003), al tratar características fonéticas del español
salvadoreño, enfatiza en las similitudes en el habla de salvadoreños y hondureños y
las diferencias notorias con el resto de Centroamérica; destaca la aspiración de s como
el fenómeno fonético más notable […], no suprimida como lo hacen los nicaragüenses
[…] la realización de r fuerte y no sibilante o fricativa como la de guatemaltecos y
costarricenses; la realización del sufijo ado y no ao y la realización de ch por sh del
inglés o las lenguas indígenas (Romero 2003, 30).
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En resumen, los trabajos aquí destacados aportan significativamente a la
caracterización de los rasgos propios de la fonética salvadoreña, pese a las
divergencias que presentan sus metodologías de trabajo (ensayo descriptivo basado en
trabajo de campo, observaciones generales o con base en literatura costumbrista) y a
sus enfoques (normativo, descriptivo o generativo). En cuanto a un estudio a partir de
la geolingüística, sin embargo, y aunque no llegó a su realización, la idea está
presente en Canfield, quien propuso y anunció por primera vez la realización de un
atlas lingüístico de El Salvador (1952).3 Sobre zonas dialectales en el país, ya hay una
primera propuesta que no llega a presentarse en mapas, ni a utilizar las herramientas
de la geografía lingüística, pero que da un primer acercamiento a la unidad y
variación del español salvadoreño. Se trata de Romero (2003), el cual propone:
En la actualidad, a mi modo de ver, desde el punto de vista de los regionalismos que aquí
funcionan, se pueden distinguir las siguientes zonas lingüísticas:
1. Zona Central, definida visiblemente en derredor del poderoso centro de influencia que
es San Salvador.
2. Luego distinguimos, como lo hace en libro citado el profesor Jorge Lardé y Larín, las
dos zonas principales: la oriental y la occidental. La Zona Occidental que aquí ponemos en
segundo lugar; además de que pertenece casi toda al idioma náhuat, tiene en el presente el
interés lingüístico de ser limítrofe con Guatemala, lo que le da características
inconfundibles en cuanto a ciertos regionalismos.
3. Zona Oriental. Esta región, además de su situación de vecina con Honduras y
Nicaragua, tiene la característica de que es fundamentalmente lenca.
4. Zona Norte. Limitada toda ella con Honduras y es montañosa. Hay en ella notable
prevalencia de población blanca y conserva léxico y formas idiomáticas del español
colonial.
5. Zona Costera. Digna de notarse y ponerse aparte por el léxico relativo a la pesca y a
cosas del mar (Romero 2003, 29-30)
Esta identificación de zonas constituye un primer insumo para alcanzar la
descripción y explicación, que permitan dar cuenta del español salvadoreño, más allá
de sus trabajos pioneros.
3 Una alusión similar se encuentra también en Vides (1979), aunque en el campo léxico.
Vides espera que su estudio sobre el léxico de los obreros de la construcción forme parte
algún día de un atlas lingüístico de El Salvador.
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3. Nociones teórico-metodológicas
La geografía lingüística nació en la segunda mitad del siglo XIX como reacción a los
postulados sobre la regularidad del cambio fonético de los neogramáticos (Chambers
& Trudgill 1994, 38; Montes Giraldo 1995, 75; y, en parte, Coseriu 1977, 156). Se
define tradicionalmente como “el estudio cartográfico de las hablas populares,
teniendo en cuenta que el objeto de este método lingüístico lo constituyen los
dialectos(Jordan 1967, 251). Esto ha sido la base de los estudios de geografía
lingüística en el mundo hispánico y de la definición de este método y disciplina como
tales. La geografía lingüística busca presentar de manera ordenada, en mapas
lingüísticos, la distribución espacial de los hechos lingüísticos; es decir, cartografiar
las variaciones lingüísticas en un territorio determinado, para luego establecer su
difusión y agrupar particularidades en zonas dialectales. No sólo de las hablas
populares, sino de la variación lingüística en general.
Para Coseriu (1977, 103), la geografía lingüística “designa exclusivamente un
método dialectológico y comparativo, que presupone el registro en mapas espaciales
de un número relativamente elevado de formas lingüísticas (fónicas, léxicas o
gramaticales)”.
Conforme el desarrollo de la geografía lingüística, el surgimiento de otras
disciplinas interesadas en la variación lingüística (sociolingüística, principalmente) y
el reconocimiento de que la lengua cambia, también, con relación al grupo social que
la habla, se amplía el estudio de la variación diatópica al ámbito social, se pasa del
plano tradicionalmente horizontal a lo vertical. A inicios de los años ochenta se
observa que las barreras dialectales, antes fáciles de reconocer, se desdibujan
conforme se observan fenómenos sociales como la migración, y que otras variantes en
distintas dimensiones se pueden conformar (Winkelman 1996 citado por Vargas,
2000, 19). Se cuestiona la idea central de la geografía lingüística, de trabajar con
mapas lingüísticos que dieran cuenta únicamente del fenómeno diatópico, y se orienta
la investigación a otros niveles tales como el social o diastrático, el diasexual y el
diageneracional. Esta ampliación de dimensiones se da con la combinación del
parámetro diatópico con el diastrático y el diageneracional (cfr. Radtke & Thun 1996,
31). La integración de parámetros permite superar problemas de representación y
limitaciones de la geografía lingüística tradicional (unidimensional) por una parte, y
por la otra, mostrar cómo interactúan en la variación de la lengua las dimensiones
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diatópica, diastrática y diafásica. Para Radtke & Thun (1996, 32), la implementación
del parámetro diageneracional con el diatópico hace que la geografía lingüística
satisfaga su vieja aspiración de hacer visible la diacronía en los mapas y permite el
análisis de situaciones complejas de contacto lingüístico. Además, supera el problema
de trabajar sólo con informantes mayores como era la tradición, que llevaba a que las
variantes de los jóvenes no se reflejaran en los estudios, como criticaban Chambers &
Trudgill (1994, 58).
Otra de las innovaciones recientes es la incorporación del parámetro biológico o
diasexual, que conduce a la representación equitativa de géneros y permite visualizar
la variación lingüística entre mujeres y hombres, con lo que se supera el tradicional
criterio del informante masculino. Radtke & Thun (1996, 32), al presentar la
incorporación de este parámetro, señalan que entre los atlas lingüísticos ya publicados
no conocen ninguno que contraste el parámetro diasexual explícita y sistemáticamente
en los mapas. Según estos autores (1996, 27), la geografía lingüística en realidad está
dividida entre quienes motivan un cambio en la disciplina probando nuevos
parámetros, métodos y medios técnicos, y quienes continúan por la carretera de un
solo carril de la variación diatópica.
Es a partir de estas nuevas perspectivas como surge la geolingüística
pluridimensional, un método dialectológico y comparativo que combina la dimensión
diatópica tradicional con las dimensiones diastrática y diafásica en los parámetros
diasexual y diageneracional, así como la dimensión dialingual en casos necesarios
(Radtke & Thun 1996, 25-49), con el fin de dar cuenta, de forma más amplia y
sistemática, de la variación lingüística. La geografía lingüística pluridimensional es el
producto del refinamiento del método y la disciplina de la geografía lingüística.
Implica, en cuanto método, la superación de limitantes de la geografía lingüística
tradicional y, en cuanto disciplina, una revitalización de los estudios dialectológicos
en esta área lingüística.
En el presente artículo presento, como queda dicho, los mapas generales a la
fonética del español salvadoreño a partir del corpus fonético del ALPES (ver Anexo),
y los hallazgos más relevantes representados en ellos, siguiendo, de manera resumida,
los parámetros fundamentales de la geolingüística pluridimensional. El ALPES busca
dar respuesta a dos carencias centrales en El Salvador y en la región centroamericana:
(1) la falta de definición de zonas dialectales en El Salvador, y (2) la necesidad de
40
trabajos en el ámbito de la geografía lingüística que den cuenta de la variación del
español América Central, como área dialectal.
En el ALPES se trabajó con una red de puntos de 20 localidades de El Salvador,
con un total de 80 informantes, en el nivel fonético. El cuestionario utilizado es
fundamentalmente el propuesto por Quesada Pacheco (1992) para establecer el Atlas
lingüístico-etnográfico de Costa Rica, con el objeto obtener una base teórica de
conjunto y de una metodología común a trabajos similares en la región
centroamericana (cfr. Vargas 2000; Rosales 2008).
El ALPES es un estudio global del territorio salvadoreño, que comprende
21,040.79 kms.2 con una población aproximada 5.7 millones de habitantes4. En
consideración a los factores expuestos por Montes Giraldo (1995, 92-93) como son la
distribución geográfica, la presencia de todos los departamentos (provincias) del
territorio, la preferencia por el estudio de localidades urbanas, no de reciente
formación, y en atención a la naturaleza nacional del estudio y de las características
de la región, se formalizó la red de puntos siguiente:
Cuadro 1. Red de puntos del ALPES
Localidad
Departamento
Metapán
Santa Ana
Santa Ana
Santa Ana
Ahuachapán
Ahuachapán
Sonsonate
Sonsonate
Acajutla
Sonsonate
Nueva San Salvador
La Libertad
Quetzaltepeque
La Libertad
Chalatenango
Chalatenango
La Palma
Chalatenango
San Salvador
San Salvador
Panchimalco
San Salvador
Cojutepeque
Cuscatlán
4 Según el Censo de Población 2007 en El Salvador viven cinco millones 732 mil 348
personas; dos millones 723 mil 15 son hombres y tres millones nueve mil 33 son mujeres.
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Zacatecoluca
La Paz
San Vicente
San Vicente
Ilobasco
Cabañas
Usulután
Usulután
El Triunfo
Usulután
San Miguel
San Miguel
San Francisco Gotera
Morazán
La Unión
La Unión
Respecto de la recolección de los datos, se escogieron 80 informantes –cuatro para
cada localidad- distribuidos de la siguiente forma, y donde
HJ = Hombre joven
HM = Hombre mayor
MJ = Mujer joven
MM= Mujer mayor
GI = Generación joven y
GII = Generación mayor (cuadro 2).
Cuadro 2. Informantes del nivel morfosintáctico, según edades y sexo
Sexo
Grupos etarios
GI
Entre 20 y 35 años
Mujeres (M)
MJ = 20
Hombres (H)
HJ = 20
La encuesta y la entrevista fueron la base para la recolección de datos, que sigue en
este aspecto la metodología de la geografía lingüística clásica. Se complementó la
información con una entrevista previa al informante, en la cual se sondearon aspectos
sobre su historia de vida y datos básicos de la localidad.
En la administración del cuestionario se optó por la encuesta directa, de acuerdo
con la cual el encuestador y el informante se encontraron frente a frente. Todo el
42
material de estudio se registró en cintas magnetofónicas y, posteriormente, se trasladó
a formato digital.
Las preguntas del cuestionario responden, casi en su totalidad, al tipo de preguntas
indirectas denominadas naming; es decir, preguntas que buscan la respuesta por
medio de una perífrasis (Chambers & Trudgill 1994, 46-49) y una minoría es por
oposición.
De acuerdo con el enfoque pluridimensional del ALPES, los informantes no siguen
la caracterización clásica NORM´S (nonmobile, older, rural males; según Chambers
& Trudgill 1994, 56-59). Con excepción características de “nonmobile”, las
características generales de los informantes del ALPES son las siguientes:
1. Nativos de la localidad o residentes por más de 20 años.
2. Personas con edades comprendidas entre los 60 y los 80 años para la generación
mayor y de 20 a 40 para la generación joven.
3. Personas analfabetas o con escasa instrucción.
4. Personas con ascendientes y cónyuge nativos de la localidad.
5. Personas poco viajeras y que no hayan residido fuera de la comunidad.
6. Personas con dominio de sus facultades mentales.
7. Personas con el aparato fonador completo.
Se siguió el criterio de la pluralidad de informantes por cruce de variables en cada
comunidad, de la siguiente manera: una informante mujer-mayor (MM), un
informante hombre-mayor (HM), una informante mujer-joven (MJ) y un informante
hombre-joven (HJ). Cuando las circunstancias lo requirieron se registró informantes
secundarios, sobre todo en aquellos casos en que la información no fue en partes
audible, o en que el informante no presentó la fiabilidad requerida.
El procedimiento de transcripción fonética se desarrolló a partir de la grabación de
la encuesta. En la transcripción se utilizó el Alfabeto Fonético Internacional (AFI, o
IPA con sus siglas en inglés).
Con el material transcrito y analizado se procedió al trabajo de cartografía.
En la elaboración de los mapas del ALPES se empleó el diseño siguiente:
a. El mapa de El Salvador con la identificación de puntos de la red.
43
b. En cada punto de la red un cuadrado divido a su vez en cuadrículas, en el cual
cada cuadro representa uno de los informantes, conforme con las abreviaturas
del caso: HM (hombre mayor), MM (mujer mayor), HJ (hombre joven) y MJ
(mujer joven). Conforme a las variantes fonéticas registradas para el rasgo
representado en el mapa, se marca cada cuadro de distinto color (rojo, azul,
amarillo y verde), en un orden que va desde la emisión más conservadora a la
más novedosa.
c. Cada mapa lleva una leyenda con la información básica del rasgo en estudio:
número de mapa, parámetro fonético representado, las variantes identificadas y
la forma de lectura de los cuadrantes. El ordenamiento de los mapas para cada
rasgo fonético (parámetro lingüístico) se hizo identificando los mapas que tratan
el vocalismo (MV) y los que tratan el consonantismo (MC), enumerados en
orden correlativo del 1 al 57.
44
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46
Anexo I
Cuestionario del nivel fonético
(Modelo usado en El Salvador)
Vocales postónicas finales
1. /-a/: El maíz se lleva al molino para hacer la (masa)
2. /-e/: Después de diez sigue (once) y después (doce)
3. /-o/: Qué mes le sigue a julio (pasto)
4. /-as/: Un animal camina con las (patas)
5. /-es/: Uno mastica con los (dientes)
6. /-os/: Las gallinas ponen (huevos)
Consonantes
7. /b/ tras /ui/: Lo contrario de muy malo es (muy bueno)
8. /b/ tras /l/: La tierra fina que se levanta en el aire se llama (polvo)
9. /b/ tras /ɾ/: El camino que no es recto tiene muchas (curvas)
10. /d/ tras /eu/: El que debe dinero tiene muchas (deudas)
11. /d/ tras /l/: La autoridad en una alcaldía es el (alcalde)
12. /d/ tras /ɾ/: Muchos perros ladran pero no (muerden)
13. /d/ en /–ado/: Cuando ha trabajado mucho está (cansado)
14. /g/ tras /ui/: Lo contrario de muy pequeño es (muy grande)
15. /g/ tras /l/: Lo contrario de entre es (salga)
16. /g/ tras /ɾ/: Lo contrario de corto es (largo)
17. /f/ ante /a/: El padre, con la madre y el hijo hacen una (familia)
18. /f/ ante /e/: En el desayuno casi siempre se toma (café)
19. /f/ ante /o/: ¿Qué se usa para prender la candelas? (fósforos)
20. /f/ ante /i/: Un cuchillo que no corta bien no tiene (filo)
21. /f/ ante /u/: El deporte que más se juega en El Salvador es el (fútbol)
22. /f/ ante /ie/: Después del casamiento, a veces los novios hacen una (fiesta)
23. /f/ ante /ue/: Lo contrario de adentro es (afuera)
24. /s/ inicial: Lo contrario de meter es (sacar)
25. /s/ intervocálica: Un caserío se compone de varias (casas)
26. /s/ final: Usted ve con (los ojos)
27. /s/ final y ante /t/: El país más rico de América es (Estados Unidos)
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28. /s/ ante /p/: La escamilla blanca del pelo se llama (caspa)
29. /s/ ante /k/: Paco y Chico, les dicen a los que se llaman (Francisco)
30. /s/ ante /b/: La sangre corre por (las venas)
31. /s/ ante /d/: Para saludar en la mañana uno dice (buenos días)
32. /s/ ante /g/: Los ratones les tienen miedo a (los gatos)
33. /s/ ante /m/: Al espectro de un muerto se le llama (fantasma)
34. /s/ ante /n/: Para saludar por las noches se dice (buenas noches)
35. /s/ ante /r/: Uno se hinca con (las rodillas)
36. /s/ ante /l/: Un terreno rodeado de agua se llama (isla)
37. /x/ ante /a/: El femenino de hijo es (hija)
38. /x/ ante /o/: El contrario de arriba es (abajo)
39. /x/ ante /u/: Después de mayo sigue (junio)
40. /x/ ante /e/: Una palabra usada para boca es (jeta)
41. /x/ ante /i/: El diminutivo de caja es (cajita)
42. /tʃ/: Después de siete sigue (ocho)
43. /n/ postnuclear y final: Lo que uno canta se llama (canción)
44. /ɾ/ final: La cama sirve para (descansar, dormir)
45. /r/ inicial: La sangre es de color (rojo)
46. /r/ intervocálica: Lo que jalan los bueyes es la (carreta)
47. /ɾ/ ante /n/: Después de jueves sigue (viernes)
48. /ɾ/ ante /m/: Las que ayudan a los médicos en los hospitales son las (enfermeras)
49. /ɾ/ ante /l/: El nombre de las personas a las que se les dice Calín es (Carlos)
50. /ɾ/ ante /s/: La comida del mediodía se llama (almuerzo)
51. /ʝ/ inicial: La hembra del caballo es la (yegua)
52. /ʝ/ intervocálica: La chiltota es de color (amarillo)
53. /ʝ/ tras /n/: Las enfermeras usan la jeringa para poner una (inyección)
54. /tɾ/ inicial e intervocálico: Después de dos siguen (tres, cuatro)
55. /stɾ/: La persona que enseña en una escuela se llama (maestra)
56. /ndɾ/: El futuro de poner no es ponerá sino (pondrá)
57. /ldɾ/: El futuro de salir no es salirá, sino (saldrá)
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La dialectología, la geografía lingüística y la sociolingüística han recurrido con frecuencia a la transcripción fonética de textos para ilustrar los modos de hablar analizados en las monografías dialectales, los atlas lingüísticos y los estudios variacionistas. Este artículo estudia seis de estos trabajos sobre el español de El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá que se publicaron entre 1960 y 2006. Se describe la obra en que aparecen los textos fonéticos (con una muestra de cada uno), su marco metodológico y el sistema de transcripción empleado. In Dialectology, Geographical Linguistics and Sociolinguistics, phonetic transcription is often used to illustrate the speech analyzed in monographs, linguistic atlases and variation studies. This paper studies six such works dealing with El Salvador, Nicaragua, Costa Rica and Panamá, published between 1960 and 2006. It describes the work in which each phonetic text is included (with a sample of the transcription), its theoretical framework and the system of phonetic notation employed by each author.
Article
Full-text available
The Salvadoran literary canon confuses its own Castilian/Spanish approach with the Native tradition, while rejecting all ancestral mother tongues from its monolingual national agenda. This cultural appropriation is the case of two iconic figures-named La Siguanaba and El Cipitío-who until the present lack a compilation in the original native languages. Native Nahuat myths and poetics contrast so drastically with the monolingual literary canon, as night opposes its darkness, Moon and stars to the sunny day of an official euro-centric perspective. Cultural Studies do not admit Native epistemic into its field, neither linguistics accepts literature into its formal analysis, as scientific knowledge is fragmented into autonomous spheres without communication. El canon literario salvadoreño confunde su propio enfoque en castellano/español con la tradición indígena, a la vez que rechaza todos los idiomas ancestrales de su agenda nacional monolingüe. Esta apropiación cultural la ejemplifican dos figuras icónicas-llamadas la Siguanaba y el Cipitío-quienes hasta el presente carecen de una antología en las lenguas indígenas ancestrales. La mito-poética náhuat contrasta tan radicalmente con el canon literario monolingüe, como la noche opone su oscuridad, Luna y estrellas al día asoleado de una perspectiva eurocéntrica oficial. Los estudios culturales no admiten las epistemes indígenas en su terreno, ni la lingüística acepta la literatura en su análisis formal, ya que el saber científico se fragmenta en esferas autónomas incomunicadas.
Article
Typewritten. Thesis (M.A.)--Tulane University of Louisiana, Aug. 1957. Vita. Bibliography: leaves 72-75.
Nuevos caminos de la lingüística románica. Akten des Symposiums zur empirischen Dialektologie
  • E H Radke
  • Thun
Radke, E. & H. Thun. 1996. Nuevos caminos de la lingüística románica. Akten des Symposiums zur empirischen Dialektologie. Kiel: Westensee Verlag: 25-49.
Toponimia autóctona de El Salvador Oriental
  • J Lardé Y Larín
Lardé y Larín, J. 1975. Toponimia autóctona de El Salvador Oriental, Tomo I, San Salvador: Ediciones del Ministerio del Interior.
Dialectología general e hispanoamericana. Orientación teórica. 3a
  • J J Montes Giraldo
Montes Giraldo, J. J. 1995. Dialectología general e hispanoamericana. Orientación teórica. 3a. ed. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.
1153-1159), el español general salvadoreño se caracteriza por los siguientes rasgos
  • Con De Acuerdo
  • Maxwell
De acuerdo con Maxwell (1980, 1153-1159), el español general salvadoreño se caracteriza por los siguientes rasgos:
Diccionario de Provisionalismos y Barbarismo Centroamericano y ejercicios de ortología clásica
  • S Salazar García
Salazar García, S. 1906. Diccionario de Provisionalismos y Barbarismo Centroamericano y ejercicios de ortología clásica, 2ª ed. San Salvador: Tipografía La Unión, 1910.
Observaciones generales del español en El Salvador. Centro de Investigación Lingüística
  • J R Henríquez
Henríquez, J. R. 2001. Observaciones generales del español en El Salvador. Centro de Investigación Lingüística. Antología Lingüística IX. San Salvador: Ediciones Maquilishuat: 29-48.