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Abstract and Figures

At Cueva Victoria, two types of primates have been found, the papionin Theropithecus oswaldi and the hominin Homo sp. The former was initially identified by a deciduous molar; recently, the discovery of 4 new teeth has allowed a more accurate classification as T. T. oswaldi leakeyi. Of the second, only one intermediate phalanx of the V finger of the right hand and two humeral fragments have been found up to now, which makes the specific attribution difficult, and they are classified as Homo sp. A claim, published in 2005, stating that the phalanx was of Theropithecus, was followed by a reply and a response in 2008. Here we reply this latter answer and we reaffirm the assignment to Homo sp. The presence of these primates in Cueva Victoria makes this site essential in the discussion of the dispersal of African primates into Europe, and reinforces the hypothesis of the Strait of Gibraltar as a probable route out of Africa.
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Mastia
Revista del Museo Arqueológico Municipal de Cartagena
Geología y Paleontología de Cueva Victoria
2012-2014 Segunda ÉpocaNúmeros 11-12-13
L. Gibert y C. Ferràndez-Cañadell
(Editores Científicos)
Mastia
Revista del Museo Arqueológico
Municipal de Cartagena
«Enrique Escudero de Castro»
Segunda Época
Cartagena, 2015
Números 11-12-13 / Años 2012-2014
AYUNTAMIENTO
DE CARTAGENA
Mastia
CONSEJO DE REDACCIÓN
Director, Miguel Martín Camino
Secretario, Dr. Miguel Martínez Andreu
Museo Arqueológico Municipal de Cartagena
«Enrique Escudero de Castro»
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Prof. Dr. José Miguel Noguera Celdrán (Universidad de Murcia)
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Prof. Dr. Jaime Vizcaíno Sánchez (Universidad de Murcia)
Carlos García Cano, Manuel Lechuga Galindo (Dirección General de Bienes Culturales, CARM)
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CORRESPONDENCIA E INTERCAMBIO
Museo Arqueológico Municipal de Cartagena «Enrique Escudero de Castro»
C/ Ramón y Cajal, nº 45 · 30205 Cartagena
Telf.: 968 128 967/128 968 · e-mail: museoarqueologico@ayto-cartagena.es
ISSN: 1579-3303
Depósito Legal: MU-798-2002
© De esta edición:
Museo Arqueológico Municipal de Cartagena
«Enrique Escudero de Castro»
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Sus autores
© De las ilustraciones:
Sus autores
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Excavación en Cueva Victoria.
Gestión editorial:
Gráficas Álamo, S.L.
graficasalamo@gmail.com
www.graficasalamo.com
1: Excavación en Cueva Victoria (Andamio Superior A), 20 de julio de 2010.
2: Tercer molar inferior izquierdo de Theropithecus (CV-MC-400), vista oclusal.
3: Cuarto premolar inferior izquierdo de Theropithecus (CV-T2), vistas bucal y lingual.
4: Falange intermedia del quinto dedo de la mano derecha de Homo sp. (CV-0), vista dorsal.
(Fotos: Carles Ferràndez-Cañadell).
Portada (Explicación)
Índice
Prólogo 9
Prologue
EMILIANO AGUIRRE
Presentación 11
Foreword
L. GIBERT y C. FERRÀNDEZ-CAÑADELL
Introducción. Cueva Victoria, un yacimiento de vertebrados del Pleistoceno Inferior 17
Introduction. Cueva Victoria, an early Pleistocene vertebrate site
C. FERRÀNDEZ-CAÑADELL y L. GIBERT
Historia de la minería de Cueva Victoria 47
Mining history of Cueva Victoria
M. A. PÉREZ DE PERCEVAL, J. I., MANTECA MARTÍNEZ y M.A. LÓPEZ-MORELL
Las mineralizaciones ferro-manganesíferas de la mina-cueva Victoria 59
y su contexto geológico
Fe-Mn mineralizations of the mine-cave Victoria and their geological context
J. I. MANTECA y R. PIÑA
Microscopía electrónica de las mineralizaciones cársticas de óxidos de hierro y 75
manganeso de Cueva Victoria (Cartagena, Murcia)
Electron microscopy of the karstic mineralizations of Fe and Mn oxydes of Cueva Victoria (Cartagena, Murcia)
D. ARTIAGA, L. GIBERT y J. GARCÍA-VEIGAS
Edad del yacimiento de Cueva Victoria y su relación con otros yacimientos de la 85
Península Ibérica
Age of Cueva Victoria site and its relationship with other sites in the Iberian peninsula
L. GIBERT L. y G. SCOTT
230Th/U-dating of the Cueva Victoria flowstone sequence: Preliminary results and 101
palaeoclimatic implications
Datación mediante 230Th/U de la secuencia de espeleotemas de Cueva Victoria: Resultados preliminares e implicaciones
paleoclimáticas
A. BUDSKY, D. SCHOLZ, L. GIBERT y R. MERTZ-KRAUS
Reconstrucción y génesis del karst de Cueva Victoria 111
Reconstruction and genesis of the Cueva Victoria karst
A. ROS y J. L. LLAMUSÍ
Modelización tridimensional mediante escáner 3D y tomografía eléctrica de alta 127
resolución, en Cueva Victoria I
Three-dimentional modelization by means of 3D Scanner and High-Resolution Electric Tomography in Cueva Victoria I
A. ESPÍN DE GEA, A. GIL ABELLÁN y M. REYES URQUIZA
Contexto sedimentario y tafonomía de Cueva Victoria 139
Sedimentary context and taphonomy of Cueva Victoria
C. FERRÀNDEZ-CAÑADELL
Génesis de una acumulación osífera excepcional en Cueva Victoria (Cartagena, 163
Murcia, España)
Genesis on an exceptional bone accumulation at Cueva Victoria (Cartagena, Murcia, Spain)
J. VILÀ-VINYET, Í. SORIGUERA-GELLIDA y C. FERRÀNDEZ-CAÑADELL
Anfibios y escamosos de Cueva Victoria 175
Amphibians and squamate reptiles from Cueva Victoria
H. A. BLAIN
Las tortugas del yacimiento del Pleistoceno inferior de Cueva Victoria (Murcia, España) 199
Turtles from the early Pleistocene site of Cueva Victoria (Murcia, Spain)
A. PÉREZ-GARCÍA, I. BONETA, X. MURELAGA, C. FERRÀNDEZ-CAÑADELL y L. GIBERT
A brief review of the Spanish archaic Pleistocene arhizodont voles 207
Breve revisión de los topillos arrizodontos arcaicos de España
R. A. MARTIN
Estado de conocimiento de los Insectívoros (Soricidae, Erinaceidae) de Cueva Victoria 227
The Insectivores (Soricidae, Erinaceidae) from Cueva Victoria: state of the art
M. FURIÓ
The Lower Pleistocene Bats from Cueva Victoria 239
Los murciélagos del Pleistoceno inferior de Cueva Victoria
P. SEVILLA
Aves del Pleistoceno inferior de Cueva Victoria (costa sudoriental mediterránea de 253
la península Ibérica)
Aves from the early Pleistocene of Cueva Victoria (southeastern mediterranean coast of the Iberian peninsula)
A. SÁNCHEZ MARCO
The latest Early Pleistocene giant deer Megaloceros novocarthaginiensis n. sp. and the 269
fallow deer Dama cf. vallonnetensis from Cueva Victoria (Murcia, Spain)
El ciervo gigante Megaloceros novocarthaginiensis n. sp. y el gamo Dama cf. vallonnetensis del Pleistoceno inferior de
Cueva Victoria (Murcia, Spain)
J. VAN DER MADE
Estudio de los caballos del yacimiento de Cueva Victoria, Pleistoceno Inferior (Murcia) 325
Study of the horses from Cueva Victoria, early Pleistocene (Murcia)
M. T. ALBERDI y P. PIÑERO
The rhinoceros Stephanorhinus aff. etruscus from the latest Early Pleistocene of Cueva 359
Victoria (Murcia, Spain)
El rinoceronte Stephanorhinus aff. etruscus del final del Pleistoceno inferior de Cueva Victoria (Murcia, España)
J. VAN DER MADE
Elephant remains from Cueva Victoria 385
Fósiles de elefante de Cueva Victoria
M. R. PALOMBO y M. T. ALBERDI.
Canid remains from Cueva Victoria. Specific attribution and biochronological implications 393
Fósiles de cánidos de Cueva Victoria. Asignación específica e implicaciones biocronológicas
M. BOUDADI-MALIGNE
Úrsidos, hiénidos y félidos del Pleistoceno inferior de Cueva Victoria (Cartagena, Murcia) 401
Early Pleistocene ursids, hyaenids and felids from Cueva Victoria (Cartagena, Murcia)
J. MADURELL-MALAPEIRA, J. MORALES, V. VINUESA y A. BOSCAINI
Los primates de Cueva Victoria 433
Primates from Cueva Victoria
F. RIBOT, C. FERRÀNDEZ-CAÑADELL y L. GIBERT
Grupos pendientes de estudio o revisión 453
Groups needing study or revision
C. FERRÀNDEZ-CAÑADELL
Preparación de restos fósiles de Cueva Victoria, Cartagena 463
Preparation of fossil remains from Cueva Victoria, Cartagena
A. GALLARDO
9
Por las montañas quebradas, que llegan a la costa mediterránea entre Alicante y Cartagena, se puede ver una historia
kárstica compleja, además de los restos de antiguas minas de galena argentífera en torno a La Unión. También se ob-
servan en esta región algunas series sedimentarias, incluso en complicadas cavidades abiertas al exterior como es el
caso de Cueva Victoria.
Cueva Victoria fue estudiada por José Gibert Clols, desde primeros de 1980 hasta su prematura muerte en el 2007.
José Gibert fue un eminente científico y una gran y ejemplar persona. Insigne en una ciencia particularmente difícil,
como es la Paleoantropología, ciencia que estudia las particularidades del ser humano y su evolución a través de hallaz-
gos en residuos sedimentarios de remotos tiempos prehistóricos,
Cueva Victoria es una cavidad en la que se conservan parte de los sedimentos que la rellenaron y de los que se infieren
sucesivos cambios climáticos y ambientales. Algunos de estos sedimentos contienen fósiles que ilustran más estas
condiciones, además de la evolución de grupos biológicos. En Cueva Victoria se han podido estudiar muchos fósiles
de vertebrados grandes y pequeños, algunos de ellos muy singulares como un primate del género de los “gelada”,
Theropithecus.
Tales restos fósiles se encuentran en puntos muy diversos de Cueva Victoria, pero en un mismo repetido material sedi-
mentario: una brecha fosilífera que presenta fósiles de vertebrados entre pequeños cantos o detritus rocosos, todo ello
en ocasiones muy cementado y duro. Esta brecha se encuentra pegada en partes de la actual pared y techos de la cue-
va, también en forma de bloques caídos por la actividad minera que se desarrolló en la cueva durante parte del siglo XX.
Lo más atractivo de este yacimiento fue una falange 2ª de la mano derecha (CV-0). Fue preciso examinar su distinción
de la de otros primates, sobre todo del gelada Theropithecus, bien representado en Cueva Victoria y que tiene una
talla parecida aunque algo más pequeña que la de los humanos. Fue José Gibert quien estudió en detalle no sólo esa
falange sino otras de humanos y primates no humanos, asignándola a los primeros, con fundamento, conclusión que
fue reafirmada con nuevas técnicas por otros especialistas, como los doctores Pérez Claros y Palmqvist, de la Universi-
dad de Málaga. Su antigüedad fue una de las cosas más discutidas habiéndose demostrado recientemente una edad
próxima al millón de años.
Esta monografía está dedicada a la memoria del Dr. José Gibert Clols quien dirigió las investigaciones en este yacimiento
durante veintitrés años. El volumen nos ofrece veinticinco capítulos sobre Cueva Victoria que nos permitirán conocer y
aprender mucho más sobre la Paleontología y Geología de este yacimiento emblemático. Vale la pena leer los trabajos
que siguen, aunque no es pena saber más sino tiempo bien empleado, y mucho mejor cuando podáis ir por Cartagena
y que os guíen en una visita a Cueva Victoria.
Emiliano Aguirre
Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
Prólogo
Prologue
11
Cueva Victoria es un yacimiento kárstico con vertebrados fósiles del Pleistoceno Inferior. Fue excavado inicialmente no
como un yacimiento fosilífero, sino como mina de manganeso, incluyendo métodos tan expeditivos como el uso de ex-
plosivos. Los mineros explotaron las mineralizaciones de hierro y manganeso, pero Cueva Victoria también es conocida
por especialistas y coleccionistas, por la presencia de otros minerales como baritina, rodocrosita, romanechita, goethita,
hollandita, calcofanita, coronadita, etc. A pesar de que la acción minera excavó alrededor del 80 % de los sedimentos
fosilíferos, dejando sólo testimonios de la brecha en techo y paredes, Cueva Victoria ha suministrado miles de restos
fósiles que han revelado una diversidad extraordinaria. Con las contribuciones de este volumen monográfico, la lista
de especies de vertebrados identificadas en Cueva Victoria se acerca al centenar, algo extraordinario en un yacimiento.
Cueva Victoria es el único yacimiento en Europa con restos fósiles del cercopitécido africano Theropithecus oswaldi,
pariente cercano del babuino actual gelada. La presencia de esta especie africana en el sureste de la península ibérica
aporta datos para entender los modelos de dispersión de mamíferos en el Pleistoceno. Por último, los restos fósiles
de Cueva Victoria incluyen una falange humana, lo que la convierten en uno de los pocos yacimientos europeos con
restos humanos del Pleistoceno Inferior.
Cueva Victoria fue dada a conocer a la comunidad científica en 1970 por Arturo Valenzuela, quien la presentó en el I
Congreso Nacional de Espeología como un karst fósil, destacando sus minerales, pero describiendo también los restos
de vertebrados fósiles. A finales de los 70 y principios de los 80, Joan Pons investigó su fauna fósil, en colaboración
con miembros del Institut de Paleontologia de Sabadell, publicando una serie de trabajos sobre carnívoros fósiles. En
estos años se presenta públicamente el primer resto humano, una falange, junto con una serie de supuestas industrias
líticas sobre hueso que despiertan un interés añadido al yacimiento. En 1984 se inician campañas de excavación con
cierta regularidad, dirigidas por el Dr. José Gibert, que año a año van incrementando la colección de vertebrados fósiles.
En los años 1985 a 1999 se publican varios estudios sobre la fauna de Cueva Victoria, interpretaciones de su edad,
estudios anatómicos de la falange humana y el descubrimiento de Theropithecus. También se publican nuevos mode-
los sobre la dispersión de mamíferos en el Pleistoceno inferior que destacan la importancia del estrecho de Gibraltar
como ruta alternativa a la dispersión de África a Europa, sustentados por la fauna fósil de Cueva Victoria y también de
los yacimientos de Orce, situados a unos escasos 150 km. A partir de 2008, gracias a la financiación de la Consejería
de Cultura, el Consorcio Sierra Minera y el Ayuntamiento de Cartagena, las excavaciones dan un salto cualitativo, ya que
se instala un andamio con el que se puede acceder a la parte superior de la brecha de relleno, la más rica en fósiles,
pero situada a varios metros del suelo. El andamio permite por primera vez un trabajo completo y detallado, iniciándose
una excavación sistemática y metodológica, cartografiando los fósiles para obtener también información tafonómica. A
partir de ese momento se añaden piezas importantes a la colección situadas en un contexto estratigráfico y tafonómico,
entre ellas nuevos restos de Theropithecus, que se publican en el Journal of Human Evolution. Gracias al andamio se
puede también muestrear la pared a diferentes niveles estratigráficos para llevar a cabo un estudio paleomagnético,
así como realizar dataciones radiométricas en el espeleotema superior. Los resultados permiten refinar la edad de la
Luís Gibert Beotas y Carles Ferràndez Cañadell
Presentación
Foreword
12
asociación fósil, situándola entre 850.000 y 900.000 años, coincidiendo con la primera gran caída del nivel del mar
que tiene lugar en el Cuaternario, hecho que refuerza las hipótesis de una dispersión de fauna de África a Europa a
través de Gibraltar. A partir de 2009 se invita a paleontólogos especialistas en diversos grupos de vertebrados fósiles, así
como a geólogos de distintas disciplinas, a visitar la cueva y a participar en el estudio del yacimiento y su fauna. De esta
colaboración surge una serie de estudios que amplían notablemente el conocimiento de la asociación de vertebrados
fósiles de Cueva Victoria, así como de la formación y la edad del yacimiento. Este volumen reúne los trabajos fruto de
esta colaboración y pretende ser una actualización del conocimiento sobre Cueva Victoria en los diversos ámbitos de
la geología y la paleontología.
Esta monografía está dividida en dos partes, en una primera parte se tratan temas de la geología de Cueva Victoria: la
historia de las labores mineras (M. A. Pérez de Perceval, J. I. Manteca y M. A. López-Morell), las mineralizaciones de
hierro y manganeso (J. I. Manteca y R. Piña; D. Artiaga, L. Gibert y J. García-Veigas); la datación de los espeleotemas
y su interpretación paleoclimática (A. Budsky, D. Scholz, L. Gibert y R. Mertz); la espeología (A. Ros y J. L. Llamusí); la
edad del yacimiento a partir de datos paleomagnéticos (L. Gibert y G. R. Scott), y los estudios geofísicos para modelizar
tridimensionalmente la cueva y para descubrir nuevas cavidades (A. Espín de Gea, A. Gil Abellán y M. Reyes Urquiza).
A continuación, dos capítulos enlazan la geología con la paleontología, con estudios sobre la formación del yacimiento
y de las acumulaciones de restos fósiles (C. Ferràndez-Cañadell, J. Vilà Vinyet e Í. Soriguera). Los siguientes capítulos
están dedicados a los diferentes grupos fósiles. Se estudian los anfibios y reptiles (H.-A- Blain; A. Pérez-García, I. Boneta,
X. Murelaga, C. Ferràndez-Cañadell y L. Gibert), los arvicólidos (R. A. Martin), los quirópteros (P. Sevilla), los insectívoros
(M. Furió), las aves (A. Sánchez Marco), los cérvidos (J. Van der Made), los caballos (M. T. Alberdi y P. Piñero), los rino-
cerontes (J. Van der Made), los elefantes (M. R. Palombo y M. T. Alberdi), los cánidos (M. Boudadi-Maligne), los úrsidos,
hiénidos y félidos (J. Madurell-Malapeira, J. Morales, V. Vinuesa y A. Boscaini), los primates (F. Ribot, C. Ferràndez-Caña-
dell y L. Gibert), y se acaba con un repaso a los grupos pendientes de estudio o revisión (C. Ferràndez-Cañadell) y un
trabajo sobre la preparación y restauración de los restos fósiles (A. Gallardo).
13
AGRADECIMIENTOS
Agradecemos, en primer lugar, a todos los autores su esfuerzo y dedicación para aportar capítulos de calidad a esta
monografía y les pedimos disculpas por el retraso sufrido en la publicación. En segundo lugar, agradecemos a todas
aquellas personas e instituciones que han colaborado de forma directa o indirecta para que esta monografía sea una
realidad: a todo el personal del Museo Arqueológico de Cartagena y especialmente a María Comas Gabarrón, Directora
del Museo Arqueológico Municipal Enrique Escudero de Castro durante los últimos años y ahora Directora General
de Bienes Culturales; a Miguel Martínez Andreu, quien siempre nos mostró su apoyo, tanto en su etapa de Director del
Museo Arqueológico como en la de investigador, y a Miquel Martín Camino, investigador del Museo de Arqueológico de
Cartagena y miembro del consejo de redacción de MASTIA, que nos ha prestado su ayuda en la etapa de edición de
este volumen. Nuestra sincera gratitud al Ayuntamiento de Cartagena, especialmente a Pilar Barreiro Álvarez, alcaldesa
de Cartagena; a los concejales del Ayuntamiento de Cartagena que se han implicado en el proyecto de Cueva Victoria,
María Rosario Montero Rodríguez, Nicolás Ángel Bernal y Carolina Beatriz Palazón. Expresamos nuestro agradecimiento
a los técnicos y responsables de la Dirección General de Bienes Culturales, Miguel San Nicolás del Toro, Manuel Lechu-
ga Galindo, Jefe de Servicio de Museos y Exposiciones y especialmente a Gregorio Romero Sánchez, paleontólogo y
técnico del Servicio de Patrimonio, por animarnos desde el primer momento en esta iniciativa.
A los miembros del Centro de Estudios de la Naturaleza y el Mar de Cartagena (CENM), nuestra más sincera gratitud
a Andrés Ros y José Luis Llamusí, que nos han apoyado y dado asesoramiento técnico sobre cuestiones de seguridad
en la cavidad y han colaborado de forma muy activa en las diferentes jornadas de puertas abiertas celebradas en los
últimos años. Nuestra especial agradecimiento a Ignacio Manteca Martínez de la Universidad Politécnica de Cartagena
y compañeros de Departamento de Ingeniería Minera, Geológica y Cartográfica por su interés y apoyo en todos los
aspectos geológicos y patrimoniales de Cueva Victoria, así como a Mariano Mateo y los miembros de la Asociación de
Vecinos del Llano del Beal, por su ayuda y apoyo al proyecto de investigación. También a todos los colegas y voluntarios
que han participado de forma altruista en las excavaciones a lo largo de estos años, especialmente a Alfredo Iglesias,
Julià Gonzàlez, Florentina Sánchez, Fernando González y a nuestras compañeras Emma La Salle y María Lería por su
ayuda y paciencia durante tanto tiempo. A Pepa Beotas, Patxu Gibert y Blanca Gibert por ayudarnos y compartir tantas
campañas en Cueva Victoria.
Finalmente, queremos dar las gracias a todas aquellas instituciones que han apoyado las investigaciones de Cueva Vic-
toria en estos últimos 30 años: Consejería de Cultura de la Región de Murcia, Ayuntamiento de Cartagena, Universidad
de Barcelona, Universidad Politécnica de Cartagena, EarthWatch Institute y Diputación de Barcelona.
Este trabajo es una contribución al Grup de Recerca Consolidat 2014 SGR 251 Geologia Sedimentària de la Generalitat
de Catalunya y al Programa Ramón y Cajal del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España.
14
DEDICATORIA
Success is not final, failure is not fatal: it is the courage to continue that counts
(El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar)
Winston Churchill
Dedicamos este volumen al Dr. José Gibert Clols, director de las investigaciones en Cueva Victoria desde 1984 hasta
su prematura muerte en 2007. José Gibert es para nosotros un ejemplo de pasión por el conocimiento, tenacidad, ho-
nestidad y profesionalidad. Realizó su última campaña en Cueva Victoria en verano de 2007, pero no la pudo terminar.
Después de ser atendido en el Hospital de Cartagena ese verano fue finalmente ingresado en un hospital de Barcelona,
delegando en nosotros la responsabilidad de continuar el trabajo y cerrar la campaña en la fecha prevista del 31 de
septiembre, así lo hicimos. Moriría una semana después, el 7 de octubre de 2007, dejándonos un gran legado y una
gran responsabilidad.
Cueva Victoria fue un lugar donde José Gibert trabajó con pocos recursos pero con mucha dedicación y libertad. Duran-
te los 23 años que estuvo al frente de las investigaciones se sintió querido y apoyado por la sociedad civil, académica
y administrativa del conjunto de la Región de Murcia. Los que tuvimos el privilegio de trabajar junto a él sabemos que
fue una persona excepcional, con una gran vocación y calidad humana. A principios de los años ochenta, su trabajo y
descubrimientos en el Sureste de la Península Ibérica, en Orce y Cueva Victoria, le permitieron establecer nuevas teorías
que quebrantaban el viejo paradigma de la ocupación tardía de Europa por el Hombre. José Gibert propuso, de manera
pionera, que la humanidad llegó a Europa cerca de un millón de años antes de lo establecido en aquel momento,
proponiendo además que esa migración se hizo por Gibraltar en lugar de rodeando el Mediterráneo. Después de una
euforia inicial generalizada, su trabajo fue duramente criticado de forma poco rigurosa. No obstante, la presencia de
fauna africana en Cueva Victoria junto a homínidos avalan esa idea, y nuevos hallazgos en Orce y en otros yacimientos
han supuesto que, 30 años después, nadie dude de que la ocupación de Europa fue muy temprana. Por otro lado,
nuevos hallazgos y las mejoras en las técnicas de datación han determinado que las primeras evidencias de presencia
humana en Europa con industria lítica de tipo olduvaiense y los primeros vestigios también en Europa de industria
achelense se hallan en el sureste de la Península Ibérica (en Orce y en Cueva Negra del Río Quípar, Caravaca). Estos
hechos, junto a la presencia de primate africano Theropithecus en Cueva Victoria, única en Europa, apoyan de manera
más convincente la hipótesis de que durante el Pleistoceno inferior se dieron varias dispersiones desde África hacia
Europa a través de Gibraltar.
Sin duda, José Gibert estaría hoy muy satisfecho no sólo por ver que sus ideas se van consolidando sino también por
ver editado este volumen especial de MASTIA dedicado a Cueva Victoria, donde se integran y actualizan todos los re-
sultados de las investigaciones realizadas en este lugar excepcional. Creemos que este volumen es parte de su legado
pues sin su dedicación a Cueva Victoria, esta monografía no existiría.
15
DR. JOSÉ GIBERT CLOLS (1941-2007)
La trayectoria profesional y figura humana de José Gibert Clols destacan desde muy pronto y en diferentes aspectos.
Durante el bachillerato fue un estudiante brillante, obteniendo 23 matrículas de honor en el colegio de los Agustinos
de Zaragoza. Su carrera universitaria en Ciencias Geológicas en la Universidad de Barcelona se vio truncada por la
muerte de su padre a mitad de los estudios, teniéndose que responsabilizar de la familia y del negocio familiar. Aun así,
consiguió Matrícula de Honor en Paleontología, disciplina que siempre le interesó especialmente. Una vez licenciado
en 1968, inició su tesis doctoral, bajo la dirección del Dr. Miquel Crusafont, sobre los insectívoros fósiles de España.
Consiguió una beca para realizar el doctorado de la Fundación Juan March, que le facilitó colaborar con centros ex-
tranjeros, especialmente franceses y holandeses. De esta colaboración aprendió nuevas técnicas, que se aplicaron por
primera vez en España en la investigación de micromamíferos y publicó varios estudios en revistas internacionales. En
1971 fue profesor ayudante de Paleontología Humana en la Universidad de Barcelona. Una vez doctorado en 1973,
compaginó su labor investigadora en el Instituto de Paleontología de Sabadell con la docencia de enseñanza media, en
la que alcanzó el grado de Catedrático de Ciencias Naturales. En 1976 vio la necesidad de desarrollar la investigación
en paleontología del Cuaternario Ibérico. Para ello organizó, desde el Instituto de Paleontología, una campaña de pros-
pección en la cuenca de Guadix-Baza en Granada, donde consideró que existía un gran potencial fosilífero. Después
de planificar esa prospección por los sectores que juzgó con mayores posibilidades para la localización de yacimientos
fosilíferos, descubrió el yacimiento de Venta Micena, probablemente el yacimiento del Pleistoceno Inferior europeo
José Gibert Clols en 2005
16
más rico y extenso que se conoce. Durante 1982 organizó una campaña de excavaciones e identificó un fragmento de
cráneo que clasificó como humano. Este hallazgo rompió el paradigma establecido, al proponer la presencia humana
en el Sur de Europa cerca de un millón de años antes de lo establecido. Como todos los hallazgos revolucionarios, este
fósil generó una polémica que se inició al morir el Dr. Crusafont, la mayor autoridad en paleontología de vertebrados en
España y avalador de la humanidad del fósil.
José Gibert afrontó el problema basándose en el poder resolutivo del método científico y enfocándolo desde una pers-
pectiva pluridisciplinar, estableciendo colaboraciones con distintos especialistas, incluyendo científicos en el innovador
campo de la bioquímica aplicada a la paleontología. Los resultados fueron concluyentes, al detectarse, en laboratorios
de España y Estados Unidos, proteínas humanas en los fósiles cuestionados y encontrar, en cráneos humanos infanti-
les actuales, los caracteres anatómicos cuestionados en el cráneo fósil. De forma paralela, fueron identificados nuevos
fósiles humanos, así como industrias líticas, que aportaron evidencias complementarias de la presencia de homínidos
en el Pleistoceno inferior de Orce. El descubrimiento de la falange de Cueva Victoria en 1984 por Juan Pons supuso
un apoyo importante a la teoría de una ocupación humana antigua de la Península y la asociación de ese fósil con
primates africanos avaló la idea de una dispersión por Gibraltar. Entre 1986 y 1993, José Gibert publicó y divulgó los
resultados de estas investigaciones por todo el mundo, dando a conocer Orce y Cueva Victoria a la comunidad científica
internacional. Este ejercicio le permitió organizar un Congreso Internacional de Paleontología Humana en Orce en 1995,
en el que participaron más de 300 especialistas de 18 países y que incluyó una visita a Cueva Victoria, generándose un
debate fructífero sobre las vías de colonización y las edades de las primeras ocupaciones humanas en Europa. Orce y
Cueva Victoria pasaron a ser lugares de referencia en el mundo de la paleontología humana. Habían pasado 13 años
desde el descubrimiento y los datos y la comunidad científica le daba al fin la razón. A partir de ese momento álgido,
su carrera en Orce entra la etapa más difícil, al ser excluido de la excavación e investigación de los yacimientos por él
descubiertos. Sin embargo, lejos de abandonar Orce, José Gibert se interesó por otras localidades fosilíferas de la zona,
como Barranco del Paso y Fuentenueva-1, estableciendo nuevas colaboraciones que le permitieron resolver la edad del
conjunto de yacimientos de Orce. Al mismo tiempo, intensificó sus investigaciones en Cueva Victoria hasta el momento
que fueron interrumpidas por su prematura muerte.
El Dr. José Gibert publicó 181 artículos (52 de ellos en revistas internacionales), 2 libros y ha sido editor o coeditor de 6
monografías. La hipótesis de que la presencia humana más antigua de Europa se sitúa en el Sur de la Península Ibérica
hace 1,3 millones de años fue provocadora y revolucionaria en 1982, pero gracias a sus investigaciones y perseverancia
ha sido suficientemente demostrada y está plenamente establecida y aceptada en la actualidad.
Durante su carrera, el Dr. José Gibert Clols recibió los siguientes premios y distinciones por su trabajo:
• 1983 Premio de la Generalitat de Catalunya a la innovación pedagógica en Ciencias Naturales.
• 1985 Premio al Vallesano del año, modalidad Ciencia.
• 1986 Concesión por el Excmo. Ayuntamiento de Orce del título “Hijo Adoptivo”
• 1998 Premio Narciso Monturiol a la Investigación Científica (Colectivo al Inst. Crusafont) de la Generalitat de Ca-
talunya.
• 2000 Insignia de Oro del Colegio de Ingenieros Técnicos de Minas de Cartagena.
• 2001 Cartagenero del siglo XX, Excmo. Ayuntamiento de Cartagena.
• 2005 Medalla Narciso Munturiol al Mérito Científico y Técnico concedida, a título personal, por la Generalitat de
Catalunya.
• 2007 Insignia de Plata del Colegio de Ingenieros de Minas de Cartagena.
• 2007 Premio nacional El Vallenc (Ayuntamiento de Valls), modalidad Ciencia.
• 2010 Medalla de la Vila a título póstumo, Castellar del Vallés.
• 2013 El ayuntamiento de Mora d’Ebre le dedica la Semana Cultural.
• 2014 Medalla de Oro de la provincia de Granada, Diputación de Granada.
MASTIA 11-12-13, 2012-14, PP. 433-452
ISSN: 1579-3303
Francesc Ribot Trafí*
Carles Ferràndez Cañadell**
Lluís Gibert Beotas***
Los primates de Cueva Victoria
Primates from Cueva Victoria
* Montsant, 28, 1r-2a Barcelona 08031. fribottrafi@hotmail.es
** Departament de Geoquímica, Petrologia i Prospecció Geològica, Facultat de Geologia, Universitat de Barcelona.c/ Martí Franques s/n,
(08028), Barcelona, Spain. email: lgibert@ub.edu
*** Departament d’Estratigrafia, Paleontologia i Geociències Marines, Facultat de Geologia, Universitat de Barcelona. c/ Martí Franques s/n,
(08028), Barcelona, Spain. email: carlesferrandez@ub.edu
Resumen
En Cueva Victoria se han encontrado dos tipos de primates, el papionino Theropithecus oswaldi y el hominino Homo
sp. El primero se definió por un molar inferior deciduo; recientemente, el descubrimiento de 4 nuevos dientes ha per-
mitido una clasificación más ajustada como Theropithecus T. oswaldi leakeyi. Los restos de homininos hallados hasta
ahora son una falange intermedia del V dedo de la mano derecha (CV-0) y dos fragmentos humerales (CV-1 y CV-2),
lo que hace muy difícil su atribución específica, clasificándose como Homo sp. Respecto a la hipótesis publicada en
2005 de que la falange pertenezca en realidad a Theropithecus, se publicaron en 2008 una réplica y una contraréplica
y en este trabajo se responde a la contrarréplica, ratificando la asignación a Homo sp. La presencia de estos primates en
Cueva Victoria hace que este yacimiento sea fundamental para la discusión de las dispersiones de primates africanos a
Europa, y refuerza la hipótesis de que probablemente la vía de entrada al continente europeo se produjo a través del
Estrecho de Gibraltar.
Palabras clave
Theropithecus oswaldi, Homo sp., Dispersión, Falange, Pleistoceno inferior.
Summary
At Cueva Victoria, two types of primates have been found, the papionin Theropithecus oswaldi and the hominin Homo
sp. The former was initially identified by a deciduous molar; recently, the discovery of 4 new teeth has allowed a more
accurate classification as T. T. oswaldi leakeyi. Of the second, only one intermediate phalanx of the V finger of the right
hand and two humeral fragments have been found up to now, which makes the specific attribution difficult, and they
are classified as Homo sp. A claim, published in 2005, stating that the phalanx was of Theropithecus, was followed by a
reply and a response in 2008. Here we reply this latter answer and we reaffirm the assignment to Homo sp. The pres-
ence of these primates in Cueva Victoria makes this site essential in the discussion of the dispersal of African primates
into Europe, and reinforces the hypothesis of the Strait of Gibraltar as a probable route out of Africa.
Key words
Theropithecus oswaldi, Homo sp., dispersal, phalanx, early Pleistocene.
434
FRANCESC RIBOT TRAFÍ
CARLES FERRÀNDEZ CAÑADELL
LLUÍS GIBERT BEOTAS
INTRODUCCIÓN
Del amplio conjunto faunístico de Cueva Victoria llama
la atención la presencia de restos fósiles pertenecientes
a dos grupos de primates, ambos de origen africano:
Cercopithecinae y Homininae. El primero se encuentra
representado por 5 dientes atribuidos al taxón Theropi-
thecus oswaldi (Gibert et al., 1995, 1999; Ferrández et
al., 2012, 2014) y el segundo por una falange de Homo
sp. —CV-0— (Pons-Moyà, 1985; Gibert y Pons-Moyà,
1985; Gibert et al., 1985, 2002). Entre 2005 y 2008
se publicó una discusión sobre esta falange en la revis-
ta Journal of Human Evolution (JHE). Martínez-Navarro
et al. (2005) realizaron un primer estudio en el que,
por razones anatómicas y métricas, interpretaron CV-0
como una falange intermedia de pie de Theropithecus
oswaldi; asimismo, en el mismo artículo criticaban la
metodología de trabajo de Gibert y colaboradores en
los trabajos anteriores, en los que se asignaba la falan-
ge a Homo sp. (Anexo 1). Este estudio fue contestado
por Gibert et al. (2008) demostrando que la interpreta-
ción de Martínez-Navarro et al. era errónea (anexo 1).
Finalmente, Martínez-Navarro et al. (2008) hicieron una
contrarréplica. En el Anexo 2 se expone la respuesta al
último trabajo de Martínez-Navarro et al. de 2008, en
que hacen constar que nunca habían visto la falange
original y que trabajaron con fotos y medidas publicadas
por Gibert y colaboradores en diferentes trabajos.
THEROPITHECUS OSWALDI
Material
Hasta el momento se han recuperado 5 dientes (Figs. 1
a 5). El primero (CV-1), un germen de M2 derecho (Fig.
3), fue publicado en 1995 por Gibert et al., y atribuido
a T. oswaldi. Los otros 4 dientes se recuperaron durante
las campañas de excavación 2006-2011 y son: un P4
derecho (CV-2010-112, Fig. 1), un P4 izquierdo (CV-T2,
Fig. 2), un M3 izquierdo (CV-MC-400, Fig. 4) y un frag-
mento de molar (CV-2011-591, Fig. 5) cuyo estado de
fragmentación no permite la identificación.
Estado de conservación
– CV1 (germen de M2 derecho): el diente está com-
pleto y no muestra desgaste (estadio 0 de la escala de
Delson, 1973). Por la ausencia de desgaste, el diente
debió de pertenecer a un individuo infantil.
– CV-2010-112 (P4 derecho, Fig. 1): el diente está com-
pleto, aunque muestra un gran desgaste (estadio 6 de
la escala de Delson, 1973), que indica que perteneció a
un individuo adulto-viejo.
– CV-T2 (P4 izquierdo, Fig. 2): se trata de un diente
completo, con muy poco desgaste (estadio 0 de la es-
cala de Delson, 1973), que indica que el diente perte-
neció a un individuo infantil-juvenil.
– CV-MC-400 (M3 izquierdo, Fig. 4): el diente está roto
en su cara bucal hasta el hipocónido, pero conserva toda
la cara lingual y la distal. Se encuentra muy desgastado
(estadio 15-16 de la escala de Delson, 1973), que indi-
ca que el diente perteneció a un individuo adulto-viejo.
– CV-2011-591 (fragmento de molar, Fig. 5): sólo con-
serva las porciones central y distal de la cara lingual. La
presencia de una marcada faceta intersticial descarta la
posibilidad de que se trate de un M3, por lo que podría
ser un molar inferior derecho (M1 o M2) o un molar su-
perior izquierdo (M1 o M2). Asimismo presenta un alto
grado de desgaste (estadio E de la escala de Delson,
1973), que indica que el diente perteneció a un indivi-
duo adulto-viejo.
Número de individuos
Los dos molares (CV-MC-400 y CV-2011-591) presen-
tan un alto grado de desgaste y se encontraron a pocos
centímetros de distancia uno de otro en las capas supe-
riores de la brecha (Andamio Superior A), por lo que es
probable que ambos dientes pertenecieran a un mismo
individuo.
Los dos premolares (CV-2010-112 y CV-T2) muestran
distinto grado de desgaste, aunque menor en ambos
casos al de los molares.
Tanto el germen de M2 (CV-1) como el P4 (CV-T2)
apenas presentan desgaste y, aunque provienen de dis-
tintas localizaciones dentro de la cueva, no se puede
descartar que ambos dientes pertenecieran a un mismo
individuo. Asimismo, tampoco puede descartarse que
pertenezcan al mismo individuo el P4 y los 2 molares
fuertemente desgastados.
Por consiguiente, se estima que los dientes pertenecie-
ron a un mínimo de 2 a 3 individuos.
435
LOS PRIMATES DE CUEVA VICTORIA
Fig. 1. Theropithecus T. oswaldi leakeyi. P
4
derecho (CV-2020-112): a) vista bucal; b) vista lingual; c) vista oclusal.
Fig. 2. Theropithecus T. oswaldi leakeyi. P
4
derecho (CV-T2): a) vista bucal; b) vista lingual; c) vista oclusal.
436
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CARLES FERRÀNDEZ CAÑADELL
LLUÍS GIBERT BEOTAS
Fig. 3. Theropithecus T. oswaldi leakeyi. Germen de M
2
derecho (CV-1): a) vista bucal; b) vista lingual; c) vista oclusal.
437
LOS PRIMATES DE CUEVA VICTORIA
Sistemática
La atribución del germen CV-1 a T. oswaldi se realizó
por la presencia de rasgos distintivos presentes en los
molares de Theropithecus —coronas altas, fóveas pro-
fundamente excavadas, ranuras profundas y angulación
mesiolingual de las crístidas—, así como por el gran ta-
maño del diente, que permitió su clasificación específica
(Gibert et al., 1995).
Al ampliarse la muestra se pudo hacer una comparación
métrica de los dientes de Cueva Victoria con una exten-
sa muestra de dientes (molares y premolares) de las di-
ferentes especies de Theropithecus, tanto fósiles como
actuales, incluidas en la base de datos PRIMO (http://
primo.nycep.org ): T. Theropithecus oswaldi leakeyi, T.
T. oswaldi oswaldi, T. T. oswaldi darti, T. Omopithecus
brumpti, T. O. baringensis y T. T. gelada (Ferrández et
al., 2014). Para los premolares se tomaron las varia-
Fig. 4. Theropithecus T. oswaldi leakeyi. M
3
izquierdo (CV-MC-400): a) vista lingual; b) vista oclusal.
Fig. 5. Theropithecus T. oswaldi leakeyi. Fragmento de molar indefinido (CV-2011-591): a) vista bucal o lingual; b) vista oclusal.
438
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LLUÍS GIBERT BEOTAS
bles anchura bucolingual (BLW) y longitud mesio-distal
(MDL) y para los molares la anchura anterior, la anchura
posterior y la MDL. Los resultados de la comparación
fueron concluyentes y demostraron que los valores de
los dientes de Cueva Victoria entran perfectamente den-
tro del rango de T. T. oswaldi leakeyi y quedan algo por
encima de los valores de T. T. oswaldi oswaldi, aleján-
dose fuertemente de los valores de las otras especies
mencionadas (Tablas 1 a 4). Estos resultados permitie-
ron afinar la asignación a T. oswaldi hecha en 1995 y
clasificar los dientes como pertenecientes a T. T. oswaldi
leakeyi (Ferrández et al., 2014).
HOMO SP.
Introducción
La falange de Cueva Victoria (CV-0) es una segunda fa-
lange del quinto dedo de la mano derecha de Homo sp.
Fue descubierta por J. Pons Moyà en 1984 y descrita
por Pons Moyà (1985), Gibert y Pons-Moyà (1985) y
Gibert et al. (1985). Además, se ha realizado un amplio
estudio de diagnosis diferencial con mamíferos penta-
dáctilos, particularmente carnívoros y homininos, tam-
bién castores (Gibert y Pons-Moyà, 1985); se ha com-
parado biométricamente con primates y úrsidos (Gibert
et al., 1985); se ha realizado un análisis bivariante con
carnívoros y primates (Gibert y Pérez-Pérez, 1989); se
ha realizado un estudio radiográfico —que comparaba
métricamente su estructura interna con 94 radiografías
de segundas falanges de primates— (Santamaría y Gi-
bert, 1992) y ha sido objeto de un exhaustivo estudio
morfométrico comparativo por medio del análisis de
Fourier (Palmqvist et al., 1996). Todos estos estudios
y análisis concluyen que la falange se separa de las de
los carnívoros, cercopitécidos y hominoideos y que per-
tenece a Homo sp.
Recientemente, en 2 artículos, Martínez-Navarro et al.
(2005, 2008) atribuyen la falange a Theropithecus, atri-
bución que ha sido contestada por Gibert et al. (2008)
(ver discusión y Anexos 1 y 2).
Estado de conservación
La pieza muestra un buen estado de conservación ge-
neral, excepto un débil desgaste en la epífisis proximal y
una ligera fragmentación en la parte de los bordes que
limitan con la cara palmar y dorsal.
Descripción
Los centros de osificación están soldados. La base o
epífisis proximal tiene una forma subtriangular. La su-
perficie de la base es ligeramente cóncava y muestra,
aunque muy débilmente, las facetas articulares y la cres-
ta que las divide. La cara palmar es casi plana y la dorsal
es algo convexa. En la epífisis distal, la tróclea está com-
primida anteroposteriormente y presenta un surco muy
poco marcado. La falange es asimétrica con respecto al
plano sagital. Su borde lateral es curvado mientras que
el borde medial es recto; asimismo, la longitud de su
borde medial es algo mayor. Los bordes lateral y medial
son convergentes. Las medidas principales están refle-
jadas en la Tabla 5.
OTROS RESTOS HUMANOS
En la segunda Reunión del Cuaternario Ibérico, que tuvo
lugar en Madrid en septiembre de 1989, se dieron a
conocer nuevos restos humanos de Cueva Victoria, ha-
llados en las campañas de excavación de 1988 y 1989
(Gibert et al., 1993) que incluyen dos diáfisis de hú-
mero y un incisivo. Estos restos, a los que se suma un
fragmento de fémur inédito, se citan en algunos traba-
jos posteriores (Gibert, 1999, 2004; Gibert y Martínez,
1992; Gibert et al., 1989, 1993).
CV-1. Fragmento distal de diáfisis de húmero de 92 mm
de longitud (la descripción del espécimen se encuentra
en Gibert et al., 1989). Hay que destacar que el canal
medular es muy reducido. En la cara anteointerna se
aprecia señal de inserciones musculares. En la extremi-
dad distal y cara dorsal hay signos de actuación de ca-
rroñeros. En las caras anterointerna y anteroextema se
aprecian estrías de descarnación de difícil interpretación.
CV-2. Fragmento distal de húmero derecho de 65 mm
de longitud (la descripción del espécimen se encuentra
en Gibert et al., 1989). En este ejemplar también hay
que destacar la estrechez del canal medular. En ambas
extremidades hay señales de actuación de carroñeros.
Estos dos fragmentos de húmero fueron objeto de un
estudio comparativo con cercopitécidos, carnívoros y
homininos actuales y fósiles, del que se concluye que
se diferencian de los dos primeros por la morfología de
las secciones y las curvaturas de los bordes ulnar y radial
(Gibert et al., 1989).
439
LOS PRIMATES DE CUEVA VICTORIA
Tabla 1. Comparación de las medidad del P
4
de Cueva Victoria (CV-2010-112) con una muestra de P
4
de Theropithecus. Fuentes: Eck (1993),
Delson (1993), Delson and Hoffstetter (1993), Leakey (1993), Frost (2007)
Tabla 2. Comparación de las medidas del P
4
de Cueva Victoria (CVT-2) con una muestra de P
4
de Theropithecus. Fuentes: Eck (1993), Delson
(1993), Delson and Hoffstetter (1993), Leakey (1993)
Tabla 3. Comparación de las medidas del M
2
de Cueva Victoria (CV-1) con una muestra de M
2
de Theropithecus. Fuentes: Eck (1993), Delson
and Hoffstetter (1993), Leakey (1993), Gibert et al. (1995)
440
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LLUÍS GIBERT BEOTAS
Respecto al incisivo, considerado un incisivo central
superior derecho, es un diente con un alto grado de
desgaste, encontrado in situ en la campaña de exca-
vaciones de 1989 y posteriormente inventariado como
CV-MC-700. En 2009 se realizó un estudio mediante
microscopía electrónica de esta pieza y otros dientes si-
milares (CV-MC-521 a 523) que reveló que la microes-
tructura del esmalte no se corresponde con la de los
primates. Este conjunto de dientes se consideran actual-
mente como incisivos de rumiante, posiblemente Bison.
Por último, el fragmento de fémur sigue pendiente de
estudio.
DISCUSIÓN
Theropithecus
Theropithecus oswaldi muestra un aumento progresi-
vo en el tamaño del cuerpo y de los dientes molares
a través del tiempo (Jolly, 1972; Leakey, 1993; Frost
y Delson, 2002), teniendo la dentición anterior un ta-
maño similar a la de la especie moderna —T. gelada—,
mucho más pequeña (Simons y Delson, 1978). Debido
a esta tendencia evolutiva, T. oswaldi se ha considerado
una cronoespecie que comprende diferentes especies
(Leakey, 1993). Según la sistemática de Theropithecus
propuesta por Frost y Delson (2002), los restos de la
Tabla 4. Comparación de la longitud del M
3
de Cueva Victoria (CV-MC-400) con una muestra de M
3
de Theropithecus. Fuentes: Eck (1993),
Delson (1993), Delson and Hoffstetter (1993), Leakey (1993), *Dechow and Singer (1984)
Tabla 5. Medidas (mm) de la falange humana de Cueva Victoria (CV-0)
441
LOS PRIMATES DE CUEVA VICTORIA
Cueva Victoria se pueden asignar a T. oswaldi leakeyi
(Hopwood, 1934).
Los dientes de Cueva Victoria son grandes y se diferen-
cian de los dientes más pequeños de las especies de
Theropithecus del Pleistoceno temprano. Son similares
en tamaño a los de T. oswaldi leakeyi de yacimientos de
finales del Pleistoceno temprano y medio como Hope-
field (Sudáfrica, 0,7-0,4 Ma; Klein y Gruze-Uribe, 1991),
Ternifine (Argelia, 75-0,6 Ma; Delson y Hofftetter,
1993), Olorgesailie (Kenia, 0,99-0,74 Ma; Potts, 1989),
y los niveles de Olduvai II (superior), III y IV (Tanzania,
1,6-0,7 Ma; Hay, 1976). También, teniendo en cuenta
la pequeña muestra de ambas localidades, estan próxi-
mos a la variabilidad de Dawaitoli (Etiopía, ~0,7 Ma;
Frost, 2007) y Kapthurin (Kenya, 0,8-0,6 Ma; Wood y
Van Noten, 1986).
T. oswaldi es un primate de origen africano. Se encuen-
tra desde el Plioceno tardío y el Pleistoceno en yaci-
mientos del este, sur y norte de África. En este conti-
nente, T. T. oswaldi leakeyi tiene un rango estratigráfico
que oscila entre 1,65 y ~0,4 Ma y un amplio rango
de distribución geográfica (Frost y Delson, 2002; Frost
y Almeseged, 2007): Ternifine (Argelia); Tomas Qua-
rry (Marruecos); Asbole, Andalee, Bodo, Dawaitoli Fm,
Shungura Fm, Konso y Hargufia (Etiopía); Olorgesailie,
Kapthurin y Nachukui Fm (Kenia); Olduvai capas II su-
perior, III y IV (localidad tipo) y Masek Beds (Tanzania),
y Hopefield y Gladysvale (Sudáfrica).
Fuera de África, Theropithecus se ha documentado en
3 localidades: ‘Ubeydiya en Israel —un calcáneo (Bel-
maker, 2002, 2010) y probablemente una falange
(Delson com. pers.)— del Pleistoceno temprano; Mir-
zapuir en India —un fragmento de maxilar con M2 y M3
(Gupta y Sahni, 1981)— datado por paleomagnetismo
entre ~1 y 0,1 Ma (Azzaroli y Napoleone, 1982), y Cue-
va Victoria en la Península Ibérica —5 dientes: P4, P4, M2,
M3 y un fragmento de molar indeterminado (Gibert et
al., 1995; Ferrández et al., 2012, 2014)— datada por
paleomagnetismo (Gibert et al., 2006), por bioestrati-
grafía (Martin, 2012) y por bioestratigrafía, paleomagne-
tismo y 230 Th/U (Gibert et al., este volumen; Gibert et
al., en prensa) en 0,9-0,85 Ma.
También se ha defendido la presencia de Theropithecus
cf. oswaldi en el yacimiento de Pirro Nord, al sur de
Italia, con 1,7-1,3 Ma, a partir de 3 vértebras cervica-
les (Rook et al., 2004; Rook y Martínez-Navarro, 2013).
Según Rook et al. (2004) y Rook y Martínez-Navarro
(2013), en Pirro Nord se encuentra fauna de origen
africano: Megantereon whitei, Theropithecus cf. oswaldi
y Homo (no hay restos fósiles de Homo, pero sí indus-
tria lítica), por lo que estos autores sugieren una dis-
persión de fauna africana a Europa alrededor de 1,6
Ma. Sin embargo, para Patel et al. (2007) las 3 vérte-
bras seguramente pertenecieron a un cercopitécido de
gran tamaño, Paradolichopithecus, que vivió hasta el
Villafranquiense superior en Europa, adaptado a medios
áridos, como los propuestos para Pirro Nord (Montuire
y Marcolini, 2002). Además, en el trabajo de Rook et
al. (2004) se comparan las vértebras cervicales con las
de Papio, Mandrillus y Theropithecus gelada, pero no
con las de mamíferos fósiles de un tamaño parecido
presentes en Pirro Nord. En un reciente artículo, Rook
y Martínez-Navarro (2013) cuestionan la presencia de
Paradolichopithecus en Pirro Nord debido a razones
biocronológicas y bioestratigráficas, razones que son
discutibles; sin embargo, el artículo no aporta ningún
nuevo dato anatómico o métrico sobre las vértebras que
permita su atribución a Theropithecus. Finalmente, un
nuevo estudio (Alba et al., 2014) demuestra que las
vértebras no pertenecieron a ningún primate sino a una
especie de puercoespín, Hystrix refossa.
Cueva Victoria es, por tanto, el único registro de Theropi-
thecus en Europa, con una edad de 0,9-0,85 Ma.
La edad de Cueva Victoria, 0,9-0,85 Ma , deducida a
partir de la asociación faunística, datos de paleomagne-
tismo y de 230Th/U (Gibert et al., este volumen; Gibert et
al.,en prensa), indicaría una evolución paralela de Thero-
pithecus en Europa respecto África, siguiendo la misma
tendencia hacia el aumento del tamaño de los molares
y premolares.
La ausencia de Theropithecus en toda Europa excepto
en el sur de la Península Ibérica (Cueva Victoria) y su
presencia en el norte de África podría indicar que estos
primates llegaron a través del Estrecho de Gibraltar. En
el norte de África se encuentra Theropithecus en yaci-
mientos datados en ~2,5 Ma: Aïn Jourdel en Argelia
y Ahl al Oughlam cerca de Casablanca en Marruecos
(Geraads et al., 2010). En ambos yacimientos Theropi-
thecus se ha clasificado com T. atlanticus, aunque éste
es considerado como un sinónimo de T. oswaldi (Del-
son, 1993 y com. pers.; Pickford, 1993). En el yacimien-
442
FRANCESC RIBOT TRAFÍ
CARLES FERRÀNDEZ CAÑADELL
LLUÍS GIBERT BEOTAS
to de Ternifine (Argelia) se ha encontrado una amplia
muestra de T. T. oswaldi leakeyi (Leakey, 1993; Delson,
1993; Delson y Hoffstetter, 1993), con una edad de
0,7 Ma (Delson y Hoffstetter, 1993) o, según un re-
ciente estudio de Sahnouni y Van der Made (2009),
de 0,99-1,07 Ma. Esto nos hace pensar que Ternifine
podría ser un centro de dispersión hacia Cueva Victoria
de T. T. oswaldi leakeyi (Fig. 6).
Homo sp.
La atribución de la falange CV-0 a Homo sp. (Pons-Mo-
yà, 1985; Gibert y Pons-Moyà, 1985; Gibert et al., 1985;
Gibert y Pérez-Pérez, 1989; Santamaría y Gibert, 1992;
Palmqvist et al., 1996; Gibert et al., 2008), ha suscitado
un debate recientemente. En 2005, Martínez-Navarro et
al. interpretaron CV-0 como una falange intermedia de
pie de un individuo joven de Theropithecus cf. oswal-
di. Una réplica a este artículo de Gibert et al. (2008)
rebate esta atribución y se ratifica en la clasificación de
CV-0 como una falange intermedia del V dedo de la
mano derecha de Homo sp. Esta réplica se publicó jun-
tamente con una contrarréplica de Martínez-Navarro et
al. (2008), en la que reconocen que cuando realizaron
su trabajo de 2005 sólo habían visto fotos de la falan-
ge y reclasifican CV-0 como una falange intermedia de
mano de Theropithecus. Dos hechos impidieron que se
pudiera contestar a la contrarréplica: la política editorial
de la revista en la que se publicó esta discusión, Jour-
nal of Human Evolution, que sólo permite una réplica y
una contrarréplica, y el prematuro fallecimiento del Dr.
Josep Gibert, por lo que aprovechamos este trabajo para
responder al artículo de Martínez-Navarro et al. (2008).
Dicha respuesta se resume en el Anexo 2, donde se
demuestra la pertenencia de CV-0 a Homo sp.
Del estudio realizado de las epífisis humerales (CV-1 y
CV-2) se observa que ambas muestran una caracterís-
tica muy singular: la estrechez del canal medular. Esta
característica se ha considerado como típica de restos
humanos antiguos, en especial de los de Homo erectus.
En el caso de los restos del CV, esta característica está
más acentuada que sus equivalentes africanos clasifi-
cados como H. erectus/Homo ergaster, en los que se
ha podido medir (KNMER-1808). Por el momento es
difícil interpretar este carácter y, en especial, su valor
sistemático, pero es probable suponer que existan dife-
rencias (¿taxonómicas/adaptativas?) con los H. erectus/
ergaster africanos (Gibert et al., 1993).
CONCLUSIONES
Theropithecus
– Los restos de Theropithecus en Cueva Victoria en eda-
des cercanas al millón de años son la única prueba de
la presencia de este género en el continente europeo.
– La comparación de las medidas de anchuras y longi-
tud de los dientes de Theropithecus de Cueva Victoria
con las de una amplia muestra de dientes de las di-
ferentes especies de Theropithecus africanos permite
asignarlos a T. T. oswaldi leakeyi.
– La salida de Theropithecus de África se produjo al-
rededor del millón de años, los únicos restos de este
taxón fuera de este continente se encuentran en Cueva
Victoria, Península Ibérica (~1 Ma), Mirzapur, India (~1-
0,1 Ma) y ‘Ubeydiya, Israel (Pleistoceno temprano).
– La ruta seguida por Theropithecus en su penetración
a Europa seguramente se produjo desde el norte de
África a través del Estrecho de Gibraltar. La ausencia de
otros restos en Europa y la presencia de T. T. oswaldi
leakeyi en Ternifine (Argelia), con edades que pudieran
llegar a 1,1 M.a. avalarían esta hipótesis.
Homo sp.
La falange CV-0 pertenece a Homo sp. Los argumentos
de Martínez-Navarro et al. (2005 y 2008) en contra de
dicha afirmación y su atribución a Theropithecus oswal-
di no son consistentes, no aportan nada a la discusión y
han sido ampliamente rebatidos por Gibert et al. (2008)
y en este trabajo.
Las afirmaciones de Martínez-Navarro et al. (2008) en
el sentido de que en el trabajo de Gibert et al. (2008)
se han modificado digitalmente dos figuras, son incon-
sistentes; de la observación de dichas figuras se dedu-
ce que estas modificaciones ya existen en el trabajo de
Martínez-Navarro et al., 2005.
AGRADECIMIENTOS
Este trabajo es una contribución del Grup de Investigació
Consolidat Geologia Sedimentària (2014 SGR 251).
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LOS PRIMATES DE CUEVA VICTORIA
Fig. 6. Posibles rutas de dispersión de Theropithecus, hacia el Este, por ‘Ubeidiya (Israel) y hasta Mirzapur (India) y hacia el Oeste hasta Cueva
Victoria a través del Estrecho de Gibraltar. Yacimientos: 1: Cueva Victoria, 2: Tighennig; 3: Pirro Nord; 4: ‘Ubeidiya; 5: Mirzapur; 6: Hadar,
Asbole, Andalee, Bodo y Hargufia; 7: Dawaitoli; 8: Konso (upper); 9: Turkana, Shungura Fm, Nachukui Fm y Nariokotome Mb; 10: Kapthurin;
11: Kanjera; 12: Ologesailie; 13: Olduvai Upper Beds II-IV, Ndutu Beds y Masek; 14: Makapansgat; 15: Swartkrans, Gladysvale; 16: Hopefield.
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FRANCESC RIBOT TRAFÍ
CARLES FERRÀNDEZ CAÑADELL
LLUÍS GIBERT BEOTAS
Martínez Navarro et al. (2005).
Críticas a los trabajos previos de Gibert y colaboradores
Gibert et al. (2008).
Respuesta y críticas al trabajo de Martínez Navarro y
colaboradores
CV-0 corresponde a un individuo juvenil o subadulto porque no
presenta epífisis proximal. El hecho de que el DTP sea mayor en
CV-0 (10,4 mm) que en T. oswaldi (máximo 9,9 mm) se debe a
que CV-0 es un individuo juvenil o subadulto
La epífisis proximal está presente, ya que se observan las facetas de
articulación proximal y la cresta que las separa, por lo que es una
falange intermedia de adulto. Un individuo subadulto no puede
tener el DTP mayor que un adulto
CV-0 no se comparó con falanges de Theropithecus sino con la de
otros grupos de cercopitécidos
Cuando se hicieron los trabajos previos no había material de
Theropithecus disponible.
Del mismo modo, Martínez Navarro et al. afirman que CV-0 es una
falange de individuo subadulto, pero la comparan con falanges de
T. oswaldi adultos
Anatomía
En Homo, la tróclea distal presenta un surco en la cara palmar. En
CV-0 la tróclea es cilíndrica
En Homo, en su cara palmar, la parte distal de la tróclea se curva
ligeramente, como en CV-0, pero no en T. oswaldi, en el que el
surco formado por dicha curvatura no está tan marcado y se sitúa
en el centro de la tróclea dándole a ésta un perfil reniforme
En Homo, la inserción para el músculo flexor digitorum superficialis
es proximal y hay un pequeño espacio entre la inserción y la tróclea.
En CV-0 la inserción se extiende completamente a lo largo de la
longitud de los bordes lateral y medial
Esta inserciones están muy poco marcadas en CV-0, como ocurre
en las falanges del V dedo de Homo, a diferencia de las falanges
intermedias de los otros dedos
En Homo, en vista dorsal, los bordes lateral y medial son
convergentes. En CV-0 son subparalelos
En humanos subadultos y en T. oswaldi, los bordes son subparalelos,
pero en CV-0 son convergentes (diferencia DTP-DTD, figura 2 y
tabla 1 en Gibert et al., 2008), como en las falanges humanas
CV-0 presenta tubérculos laterales cerca de la base, cosa inusual en
individuos inmaduros de Homo
Esta crítica sólo es válida para individuos subadultos, por tanto
irrelevante para CV-0, ya que perteneció a un adulto (aunque no
tiene tubérculos)
Métrica
CV-0 se compara con las falanges intermedias (23 del pie y 8 de la
mano) de ejemplares adultos de T. oswaldi de Olorgesailie (Kenia,
1-0,4 Ma). CV-0 entra en el rango de las falanges del pie, de las
que sólo se diferencia por el parámetro DTP, que es mayor en CV-0
En Homo*, el rango de longitud es 13,6-23,5 mm; en T. oswaldi
es 9,0-14,0 mm (mano) y 10,4-17,4 (pie); en CV-0 es 16,3 mm.
CV-0 entra en el rango de Homo y sólo en las del pie de T. olswaldi
En Homo*, el DTP es 7,5-14,2 mm; en T. oswaldi es 6,0-8,5 mm
(mano) y 7,4-9,9 (pie); en CV-0 10,4 mm. CV-0 sólo entra en el
rango de Homo
En Homo*, el DTD es 5,0-11,7 mm; en T. oswaldi es 5,5-7,8 mm
(mano) y 6,4-9,2 mm (pie); en CV-0 es 7,9 mm. CV-0 entra en el
rango de Homo y en la del pie de T. oswaldi
*) En la muestra se incluye H. sapiens (actual) y H. neanderthalensis
Otras diferencias entre CV-0 y T. oswaldi
En Homo, el borde lateral está algo curvado y el medial es recto,
igual que en CV-0. En T. oswaldi ambos bordes están igualmente
curvados
En los juveniles de Homo, la superficie proximal es redondeada,
en los adultos y en CV-0 es subtriangular y en T. oswaldi es
subredondeada
Conclusiones
CV-0 es una 2ª falange del pie de un individuo subadulto o juvenil
de T. oswaldi
CV-0 es una segunda falange del V dedo de la mano derecha de
Homo sp.
ANEXO 1. Resumen de los argumentos del artículo de Martínez Navarro et al. (2005) y la réplica de Gibert et al. (2008). En todo el anexo
siempre se habla de falanges intermedias. Abreviaciones: DTD: diámetro transverso distal; DTP: diámetro transverso proximal.
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LOS PRIMATES DE CUEVA VICTORIA
Contrarréplica de Martínez Navarro et al.
(2008) a la réplica de Gibert et al. (2008) Respuesta a la contrarréplica de Martínez Navarro et al. (2008)
En 2005, Martínez-Navarro et al,
argumentaban que CV-0 no se citaba
en ninguna de las revisiones hechas por
autores extranjeros.
Sí que se había citado, p. ej., Belmaker et al. (2002; p. 44) en Journal of Human Evolution.
La epífisis proximal está presente, pero
se pueden ver trazas de la sutura entre
dicha epífisis y la diáfisis, por lo que CV-0
corresponde a un individuo juvenil
La presencia de una pequeña cresta o reborde a lo largo de la unión entre la epífisis
proximal y la diáfisis se encuentra en los individuos adultos de Homo. Esto no es indicativo
de que la sutura se esté fusionando (pues no se encontraría en los individuos adultos),
sino que indica la completa fusión de la sutura, quedando esta fina cresta que bordea toda
la base como reminiscencia de la fusión completa de la sutura, por lo que CV-0 perteneció
a un individuo adulto
En la figura 3 de Gibert et al. (2008) la
base de la falange ha sido digitalmente
eliminada (esta acusación de manipular
digitalmente una imagen se repite otra vez,
como veremos más adelante), por lo que
es muy difícil saber si el espécimen está
correctamente orientado
No entendemos dicha afirmación, ya que la base de la falange se aprecia perfectamente
en nuestra figura 3 de 2008, Por debajo del reborde de unión epífisis proximal-diáfisis se
observa el tejido esponjoso, que se puede ver debido a la erosión de la base (la figura
es idéntica a la que aparece en Santamaría y Gibert, 1992 y, curiosamente, en Palmqvist
et al., 1996). Si comparamos nuestra figura 3 de 2008 con sus figuras 1a y 1c de 2008,
sí que se aprecian diferencias en la base, concretamente en su parte derecha de la cara
dorsal, que si se observa aumentada parece trazada con regla, y si la observamos en su
cara palmar, los relieves de la cara dorsal observables en el lado izquierdo de la palmar
están completamente eliminados por una gruesa línea negra (Fig. 7). Por lo que parece
más ajustado referir que la manipulación de la base de CV-0 se encuentra en sus figuras
1a y 1c de 2008 y no en nuestra figura 3 de 2008
Morfología de la base. La comparación del
extremo proximal de CV-0 con falanges
intermedias manuales de T. oswaldi de
Olorgesailie muestra que, en este aspecto,
la falange de Cueva Victoria es más similar
a las de Theropithecus (Martínez-Navarro
et al., 2008; fig. 2) que a las falanges
manuales humanas
En la Figura 8 se comparan las bases de las falanges intermedias manuales de T. oswaldi
(tomadas de la figura 2 de Martínez-Navarro et al., 2008) con la de CV-0 (tomada de la fig.
3 de Gibert et al., 2008) y con la de las falanges intermedias de un H. sapiens (tomadas de
la figura 3 de Martínez-Navarro et al., 2005). No queda ninguna duda que las semejanzas
más acusadas se dan entre la morfología de la base de CV-0 con el espécimen humano,
de las que difiere por su tamaño más pequeño –aunque es más próximo al tamaño de la
base de la falange intermedia del quinto dedo–, y se aleja de la morfología presente en T.
oswaldi, de las que se separa por su forma y su mayor tamaño
Morfología de la tróclea. De la misma
figura 3 (Gibert et al., 2008) afirman que
se observa la morfología cilíndrica de la
tróclea de CV-0, tal como la describieron en
su trabajo anterior (Martínez-Navarro et al.,
2005)
En Gibert et al., 2008, no se dice en ninguna parte que la morfología general de la tróclea
de CV-0 no sea cilíndrica, simplemente se hace observar que la parte distal de la cara
palmar de la tróclea está ligeramente curvada por la presencia del surco, morfología igual
que en las falanges humanas y diferente de las de T. oswaldi, donde la inflexión producida
por el surco se encuentra en el centro de la cara palmar de la tróclea, lo que le da a ésta
un perfil reniforme. Esto se puede observar en la parte inferior de la figura 3 de Gibert
et al., 2005, en la que los perfiles dibujados para las trócleas de CV-0 y H. sapiens son
prácticamente iguales (cilíndricas y con una inflexión distal en su cara palmar; mientras que
el perfil generalizado para las falanges intermedias podales de T. oswaldi es reniforme, con
la inflexión en medio de la cara palmar)
También, respecto a la figura 3 afirman
que Gibert et al. han modificado digital
mente las fotografías de su trabajo anterior
(Martínez-Navarro et al, 2005; Fig. 4) para
acentuarlas diferencias entre CV-0 y las
falanges de Theropithecus. Según Martínez-
Navarro y colaboradores, Gibert et al., al
eliminar la parte distal (base) de las falanges
de Theropithecus de su figura 4 de 2005
y utilizar como ejemplo de la morfología
troclear de Theropithecus la de la falange
más erosionada de dicha figura (KNM OG-
1179), caracterizan la forma reniforme de
la tróclea; y remiten a su figura 3 de 2008
para demostrar la manipulación digital de la
tróclea de T. oswaldi
La elección de la tróclea de la falange KNM OG-1179 se realizó porque es la que muestra
el patrón más generalizado y, aunque sea la más desgastada (hecho que no se aprecia
en su figura 4 de 2005), es muy parecida a la de KNM OG-1512 y es idéntica a las de
OG-1042 y OG-1514. Por otro lado, no existe ninguna manipulación de la silueta de la
tróclea de ninguna de las falanges de su figura 4 de 2005, la zona que ellos añaden en
su figura 3 de 2008 (falange KNM OG-1513) es en realidad parte de la diáfisis que se
ve en perspectiva, y esto se puede afirmar por el cambio de tonalidad entre esta zona y
la zona delimitada como tróclea en la fig. 3 de Gibert et al. Esta afirmación no es gratuita,
si observamos la Figura 9, donde se compara la cara distal (tróclea) con la dorsal: en la
cara dorsal se aprecia que el borde derecho de la tróclea se incurva hacia el extremo de
su aspecto lateral y no baja por la cara dorsal como en las otras falanges. Vista por la cara
distal, esta incurvación del borde de la tróclea se observa igualmente en su parte izquierda
(líneas punteadas en la Figura 9)
ANEXO 2. Respuesta a los argumentos de Martínez Navarro et al. (2008) para clasificar la falange CV-0 como Theropithecus oswaldi, y
demostración de su pertenecia a Homo sp. Abreviaciones: DTD: diámetro transverso distal; DTP: diámetro transverso proximal.
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Inserciones para el músculo flexor digitorum
superficialis. Martínez-Navarro y colaboradores
siguen afirmando que las inserciones para este
músculo se extienden a lo largo de la longitud
completa de los bordes laterales de la diáfisis,
y que Gibert et al. 2005 simplemente critican
este punto sin aportar ninguna evidencia que
respalde dicha opinión. Además añaden que
en trabajos anteriores sobre esta falange,
Gibert y colaboradores destacan la presencia
de estas inserciones en la mayoría de sus
figuras (e.g., Santamaría y Gibert, 1992: fig.4;
Gibert et al.,2002: fig.10)
En la réplica de 2005, Gibert y colaboradores afirman que las inserciones están pobremente
marcadas, como es el caso en las falanges intermedias del V dedo en los humanos (esta
afirmación la refuerzan con la fig. 4 de 2005). Sin embargo, ni en el artículo de Martínez-
Navarro de 2005 ni en el de 2008 hay ninguna prueba que sustente su afirmación en el
sentido contrario. Respecto a los trabajos anteriores que se citan, es curioso que no incluyan el
de Palmqvist et al., 1996, ya que en sus figuras 2 y 6 sale la misma imagen que en la figura 4
de Santamaría y Gibert, 1992 y que en la 10 de Gibert et al., 2002. Estas cuatro figuras aquí
referenciadas no son fotos sino dibujos esquemáticos de la falange, pero lo más importante es
que son dibujos sacados de la radiografía de la falange. En la figura 4 de Santamaría y Gibert
(1992), la zona que Martínez-Navarro et al. “confunden” con las inserciones musculares se
definen como A
c
, y en la página 432 explican claramente que A
c
es el área cortical diafisaria
izquierda y derecha (Santamaría & Gibert 1992, p. 432). Esta zona sólo es observable en la
radiografía y no se corresponde a ninguna morfología externa de la falange. Esto también queda
claro en el pie de figura 2 de Palmqvist et al. (1996), que dice: “Discriminant analysis between
Homo and Gorilla, Papio and Mandrillus phalanges, using conventional variates (distances
and surface areas) measured by image analysis on radiographs (data from Santamaría &
Gibert, 1992)…”, y en la imagen, estas zonas se denominan como A
d
y A
i
, respectivamente;
y a pie de su figura 6 se lee: “Calculation of shape coordinates for triangles of landmarks
(redrawn after figure 5.1.2 in Bookstein, 1991), and selected landmarks on radiographs of
the phalanges…” (en ambas citas el subrayado es nuestro). Por lo que no entendemos cómo
en el trabajo de Martínez et al. (2008) se puede confundir el área de la cortical interna con las
inserciones musculares, siendo el Dr. Palmqvist el segundo firmante de dicho artículo (Fig. 10)
Bordes subparalelos. Para estos autores, el
método utilizado por Gibert et al (2008) para
cuantificar el grado en que los bordes lateral
y medial de las falanges son subparalelos
(como en Theropithecus) o convergentes
(como en Homo) –la diferencia entre el
diámetro transverso proximal (DTP) y el
diámetro transverso distal (DTD)– no es
válido, ya que lo que hay que mirar es la
relación de los bordes entre sí eliminando
la influencia de la base y de los tubérculos
laterales
Para evitar confusiones de orientación de la falange, en la Figura 11 hemos trazado las líneas
de los bordes de CV-0, tanto sobre su figura 1a de 2008 como sobre nuestra figura 3 de 2008.
En ambos casos queda claro que los bordes de CV-0 son convergentes, como en Homo, y no
subparalelos, como en Theropithecus.
En cualquier caso, esta diferencia entre el paralelismo o la convergencia de los bordes para
diferenciar falanges de Theropithecus y de Homo, respectivamente, que hacen notar Martínez-
Navarro et al. en 2005, nos parece que no tiene un fundamento válido, porque si observamos
las falanges podales de Theropithecus (Martínez-Navarro et al., 2005; fig. 4) se observa que
todas ellas tienen unos bordes convergentes. Por otro lado, en la Figura 12 se muestra una
falange intermedia del quinto dedo de la mano del adulto neandertalense de Gruta da Oliveira,
y se puede apreciar perfectamente que los bordes son paralelos. Asimismo, las falanges
intermedias del quinto dedo de la mano de los neandertalenses de Shanidar (Shanidar 4) y
L’Hortus XXXIII, presenta una morfología general muy similar a la de CV-0.
Lo que sí queda claro es que la relación DTD/DTP, que relaciona el diámetro distal con el
proximal, es más baja en CV-0 (0,759) que en Theropithecus (media falanges manuales:
0,844; media falanges podales: 0,855) y se acerca más a la media de las falanges de H.
sapiens (0,784), con lo cual éste sí que es un dato a tener en cuenta a la hora de discriminar
Finalmente, Martínez-Navarro et al., 2008,
para demostrar la asignación de CV-0 a T.
oswaldi, realizan dos análisis de la forma
(mostrados en su figura 4 por dos gráficas,
A y B): el primero, mediante un análisis de
las series de Fourier, con el que se muestra
que los aspectos más importantes de la
variación de la forma de las falanges de los
primates se observan por las amplitudes del
segundo y cuarto harmónicos –que miden el
grado de alargamiento y de cuadrangularidad,
respectivamente– (gráfica A); el segundo,
mediante coordenadas de forma, para ello
toman tres puntos de referencia (A, B y
C), que corresponden a las regiones del
contorno de la falange (gráfica B). Para los
autores, los resultados de ambos análisis no
son concluyentes, pues en sendas gráficas
CV-0 se sitúa en la zona de solapamiento
de las falanges intermedias de Homo y
Theropithecus, pero algo más cerca de las de
Theropithecus, lo que genera incertidumbre
respecto a su atribución a Homo
Primero, y a título meramente anecdótico, si realizamos una ampliación de las zonas de
solapamiento de ambas gráficas (Fig. 13), en la gráfica A se observa que CV-0 está equidistante
de los dos grupos, mientras que en la gráfica B está ligeramente más cerca de las falanges
humanas, lo que genera incertidumbre respecto a su atribución a Theropithecus
Segundo, desde nuestro punto de vista, la muestra seleccionada es confusa ya que las
falanges de T. gelada son de pies y manos por separado, las de T. oswaldi son de pies y
manos agrupadas, es decir, sin separarlas, con lo cual puede saberse cuáles están más cerca
de CV-0, y las de H. sapiens sólo son de las manos. Si el análisis se hace con falanges de pies
y manos de Theropithecus también deberían incluirse las falanges intermedias de los pies de
Homo; además, la muestra de falanges humanas sólo incluye H. sapiens, pero no se incluyen
falanges intermedias de homininos fósiles, como las de los neandertales (especialmente
L’Hortus XXXIII, que por su forma podría entrar perfectamente dentro de las de Theropithecus)
Tercero, en la gráfica A (Fig. 13), las falanges de Theropithecus que se acercan más a CV-0
son las de los pies de T. gelada, mientras que en la gráfica B (Fig. 13) están más cercanas las
falanges manuales de T. gelada. En ambas gráficas, la combinación de falanges de los pies y
de las manos de T. oswaldi está algo más alejada, especialmente en la gráfica B. Es curioso
que la forma de CV-0 según las amplitudes del segundo y cuarto harmónicos se aproxime
más a las de los pies de T. gelada, y según las coordenadas de forma lo haga con las de las
manos. Como también es curioso que por su forma CV-0 esté más cerca de T. gelada (especie
actual) que a T. oswaldi (especie a la que según Martínez-Navarro y colaboradores pertenece)
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LOS PRIMATES DE CUEVA VICTORIA
Fig. 7. Base de CV-0. a) vistas dorsal (a1) y palmar (a2) según Martínez-Navarro et al. (2008, figs. 1a y 1c). b) vista dorsal (b1) y palmar (b2)
según Gibert et al. (2008, fig. 1); c) vista palmar según Palmqvist y Pérez-Claros (1996, fig. 1). Obsérvese en las figuras de Martínez-Navarro
et al. (2008) cómo el borde inferior derecho de la base se ha recortado de forma rectilínea (a1) y cómo todo el margen inferior de la base
está recorrido por una gruesa línea negra (a2); ambas modificaciones impiden ver el relieve que se observa en la imagen inferior (señalado
con flechas)
Fig. 8. Comparación, a la misma escala, de la morfología de la base de CV-0 (tomada de Gibert et al., 2008, fig. 1) con las bases de las falanges
intermedias manuales de Theropithecus oswaldi (tomadas de Martínez-Navarro et al., 2008, fig. 2) y de Homo sapiens (tomadas de Martínez-
Navarro et al., 2005, fig. 2). Por el tamaño, CV-0 se situaría entre T. oswaldi y la del quinto dedo de H. sapiens, por la morfología CV-0 es mucho
más parecida a las de H. sapiens.
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Fig. 9. Falange podal de Theropithecus oswaldi (KNM OG-1513, de Martínez-Navarro, 2005, fig. 4). a) En la cara dorsal se observa que el borde
derecho de la tróclea se incurva hacia el extremo de su aspecto lateral y no baja por la cara dorsal (como en las otras falanges de T. oswaldi).
b) Por la cara distal (tróclea), esta incurvación del borde de la tróclea se observa igualmente en su parte izquierda (líneas punteadas). c) Cara
distal recortada e Gibert et al. (2008, fig. 3), la figura no ha sido modificada digitalmente como dicen Martínez et al. (2008), sino que representa
la forma correcta de la tróclea de KNM OG-1513.
Fig. 10. Imagen de CV-0 realizada a partir de radiografías,
corresponde, pues a una sección. Ad: área de la cortical derecha;
Ai: área de la cortical izquierda. Las zonas Ad y Ai son las que
Martínez-Navarro et al. (2008 confunden con las inserciones
musculares. Modificada de Santamaría y Gibert (1992, fig. 4),
Palmqvist et al. (1996, fig. 2) y Gibert et al. (2002, fig. 10)
Fig. 11. Líneas de los bordes de CV-0, a: sobre la figura 1a de
Martínez-Navarro et al (2008), b: sobre la figura 1 de Gibert et
al. (2008). En ambos casos queda claro que los bordes de CV-0
son convergentes, como en Homo, y no subparalelos, como en
Theropithecus (ver discusión en el anexo 2)
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Fig. 13. Ampliación de la zona de solapamiento de la gráficas A y B de la Fig. 4 de Martínez-Navarro et al. (2008) (ver discusión en el anexo 2)
Fig. 12. Falange intermedia del V dedo de un neandertalense adulto de la Gruta da Oliveira, Portugal (Oliveira U18-67). Obsérvese los bordes
subparalelos. (Tomada de la base de datos NESPOS - Pleistocene People and Places, https://www.nespos.org).
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CARLES FERRÀNDEZ CAÑADELL
LLUÍS GIBERT BEOTAS
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Prólogo
Emiliano Aguirre
Presentación
L. Gibert y C. Ferràndez-Cañadell
Introducción. Cueva Victoria, un yacimiento de vertebrados del Pleistoceno Inferior
C. Ferràndez-Cañadell y L. Gibert
Historia de la minería de Cueva Victoria
M. A. Pérez de Perceval, J. I. Manteca Martínez y M.A. López-Morell
Las mineralizaciones ferro-manganesíferas de la mina-cueva Victoria y su contexto geológico
J. I. Manteca y R. Piña
Microscopía electrónica de las mineralizaciones cársticas de óxidos de hierro y manganeso de Cueva Victoria
(Cartagena, Murcia)
D. Artiaga, L. Gibert y J. García-Veigas
Edad del yacimiento de Cueva Victoria y su relación con otros yacimientos de la Península Ibérica
L. Gibert L. y G. Scott
230Th/U-dating of the Cueva Victoria flowstone sequence: Preliminary results and palaeoclimatic implications
A. Budsky, D. Scholz, L. Gibert y R. Mertz-kraus
Reconstrucción y génesis del karst de Cueva Victoria
A. Ros y J. L. Llamusí
Modelización tridimensional mediante escáner 3D y tomografía eléctrica de alta resolución, en Cueva Victoria I
A. Espín de Gea, A. Gil Abellán y M. Reyes Urquiza
Contexto sedimentario y tafonomía de Cueva Victoria
C. Ferràndez-Cañadell
Génesis de una acumulación osífera excepcional en Cueva Victoria (Cartagena, Murcia, España)
J. Vilà-Vinyet, Í. Soriguera-Gellida y C. Ferràndez-Cañadell
Anfibios y escamosos de Cueva Victoria
H. A. Blain
Las tortugas del yacimiento del Pleistoceno inferior de Cueva Victoria (Murcia, España)
A. Pérez-García, I. Boneta, X. Murelaga, C. Ferràndez-Cañadell y L. Gibert
A brief review of the Spanish archaic Pleistocene arhizodont voles
R. A. Martin
Estado de conocimiento de los Insectívoros (Soricidae, Erinaceidae) de Cueva Victoria
M. Furió
The Lower Pleistocene Bats from Cueva Victoria
P. Sevilla
Aves del Pleistoceno inferior de Cueva Victoria (costa sudoriental mediterránea de la península Ibérica)
A. Sánchez Marco
The latest Early Pleistocene giant deer Megaloceros novocarthaginiensis n. sp. and the fallow deer Dama cf.
vallonnetensis from Cueva Victoria (Murcia, Spain)
J. van der Made
Estudio de los caballos del yacimiento de Cueva Victoria, Pleistoceno Inferior (Murcia)
M. T. Alberdi y P. Piñero
The rhinoceros Stephanorhinus aff. etruscus from the latest Early Pleistocene of Cueva Victoria (Murcia, Spain)
J. van der Made
Elephant remains from Cueva Victoria
M. R. Palombo y M. T. Alberdi
Canid remains from Cueva Victoria. Specific attribution and biochronological implications
M. Boudadi-Maligne
Úrsidos, hiénidos y félidos del Pleistoceno inferior de Cueva Victoria (Cartagena, Murcia)
J. Madurell-Malapeira, J. Morales, V. Vinuesa y A. Boscaini
Los primates de Cueva Victoria
F. Ribot, C. Ferràndez-Cañadell y L. Gibert
Grupos pendientes de estudio o revisión
C. Ferràndez-Cañadell
Preparación de restos fósiles de Cueva Victoria, Cartagena
A. Gallardo
ARTÍCULOS
AYUNTAMIENTO
DE CARTAGENA
... Cueva Victoria fue dada a conocer a la comunidad científica en 1970 por Arturo Valenzuela, quien la presentó en el I Congreso Nacional de Espeleología como un karst fósil, destacando sus minerales, pero describiendo también los restos de vertebrados fósiles (Valenzuela, 1970 publicando una serie de trabajos sobre carnívoros fósiles (Pons, 1978). En estos años se presenta públicamente el primer resto humano, una falange, junto con una serie de supuestas industrias líticas sobre hueso que despiertan un interés añadido al yacimiento (Carbonell et al., 1981, Gibert, 1984, generando alguna controversia, despejando estas dudas en 2015 avalado por estudios científicos de estos restos humanos (Ribot et al., 2015). ...
... brevirostris, apareciendo numerosos restos, entre ellos dientes de leche y zonas de acumulaciones de coprolitos, destacan números mamíferos de gran tamaño Mammuthus cf. meridionalis, la presencia de varios tipos de caballos, Equus altidens altidens, Equus suessenbornensis una nueva especie de cérvido, Megaloceros novocarthaginiensis, distintos tipos de carnívoros, Canis arnensis, Xenocyon (Lycaon) lycanoides, una nueva especie de canido Cuon Rossi (Ferrández-Cañadell et al., 2015;Pons et al., 1978). ...
... Pulpí (Almería), octubre 2022. científico y finalmente ampliamente rebatidas y aceptadas académicamente (Ribot et al., 2015). ...
Presentation
Full-text available
La cueva original estuvo habitada por hienas del Pleistoceno, dejando una importante acumulación de restos. Su registro fósil es excepcional por la gran diversidad de especies encontradas. Hasta el momento 105 especies de vertebrados han sido documentadas, siendo un lugar clave para la reconstrucción y migraciones de la fauna del Pleistoceno inferior.El Ayuntamiento de Cartagena está realizando el acondicionamiento y musealización para su apertura al público, con recorridos por la mina, cueva y el yacimiento paleontológico que compatibilizará la excavación con las visitas e instalando recreaciones de la fauna del Pleistoceno que habitó la cueva
... CV is well known as an early Pleistocene fossil site with excellently preserved bones of a diverse fauna (Ferràndez-Cañadell et al., 2014;Gibert et al., 2016;Gibert and Ferràndez-Canadell, 2015), including hominin bones (Gibert et al., 2008;Ribot et al., 2015). The fossil-bearing red breccia is covered by a flowstone unit, which occurs throughout the cave and preserves a change in magnetic polarity (Gibert et al., 2016), presumably related to the Brunhes/Matuyama reversal (0.78 Ma). ...
... CV is well known as an early Pleistocene fossil site with excellently preserved bones of a diverse fauna (Ferràndez-Cañadell et al., 2014;Gibert et al., 2016;Gibert and Ferràndez-Canadell, 2015), including hominin bones (Gibert et al., 2008;Ribot et al., 2015). The fossil-bearing red breccia is covered by a flowstone unit, which occurs throughout the cave and preserves a change in magnetic polarity (Gibert et al., 2016), presumably related to the Brunhes/Matuyama reversal (0.78 Ma). ...
Article
South-eastern Spain is one of the driest regions in Europe and thus, prone to drought. Terrestrial climate records covering the late Glacial and Holocene from this area are sparse. Here, we present a flowstone record from Cueva Victoria, south-eastern Spain, which covers the late Glacial (15 ka) to the mid-Holocene (7 ka) including the Younger Dryas (YD). Between the onset of the Bølling/Allerød (B/A) and the early Holocene, flowstone δ¹⁸O values progressively decrease in accordance with sea-surface temperatures in the Alboran Sea, indicating an increase in precipitation in south-eastern Spain and a supra-regional signal of North Atlantic temperature change. At the same time, decreasing δ¹³C values suggest progressively increasing precipitation and vegetation density. This trend is interrupted by both colder and drier conditions during the YD. Between 9.7 ± 0.3 and 7.8 ± 0.2 ka, a large positive excursion of the δ¹³C values indicates a strong reduction in vegetation density, probably as a consequence of very dry spring/summer conditions. In combination with the continuously low speleothem δ¹⁸O values and a nearly unchanged growth rate, this suggests increased seasonality (i.e. drier spring/summer conditions, but not a strong reduction in annual precipitation). This is consistent with several other climate records from the Western Mediterranean region, showing that the Western Mediterranean realm (Spain, Italy) experienced pronounced spring/summer drought during this time interval. Interestingly, the timing of this dry period coincided with the African Humid Period. This may be part of a teleconnection with the North African Monsoon via the Hadley cell circulation.
Article
Full-text available
Cueva Victoria has provided remains of more than 90 species of fossil vertebrates, including a hominin phalanx, and the only specimens of the African cercopithecid Theropithecus oswaldi in Europe. To constrain the age of the vertebrate remains we used paleomagnetism, vertebrate biostratigraphy and (230)Th/U dating. Normal polarity was identified in the non-fossiliferous lowest and highest stratigraphic units (red clay and capping flowstones) while reverse polarity was found in the intermediate stratigraphic unit (fossiliferous breccia). A lower polarity change occurred during the deposition of the decalcification clay, when the cave was closed and karstification was active. A second polarity change occurred during the capping flowstone formation, when the upper galleries were filled with breccia. The mammal association indicates a post-Jaramillo age, which allows us to correlate this upper reversal with the Brunhes-Matuyama boundary (0.78 Ma). Consequently, the lower reversal (N-R) is interpreted as the end of the Jaramillo magnetochron (0.99 Ma). These ages bracket the age of the fossiliferous breccia between 0.99 and 0.78 Ma, suggesting that the capping flowstone was formed during the wet Marine Isotopic Stage 19, which includes the Brunhes-Matuyama boundary. Fossil remains of Theropithecus have been only found in situ ∼1 m below the B/M boundary, which allows us to place the arrival of Theropithecus to Cueva Victoria at ∼0.9-0.85 Ma. The fauna of Cueva Victoria lived during a period of important climatic change, known as the Early-Middle Pleistocene Climatic Transition. The occurrence of the oldest European Acheulean tools at the contemporaneous nearby site of Cueva Negra suggest an African dispersal into SE Iberia through the Strait of Gibraltar during MIS 22, when sea-level was ∼100 m below its present position, allowing the passage into Europe of, at least, Theropithecus and Homo bearing Acheulean technology.
Article
Full-text available
Cueva Victoria is a karst-infilling site with early Pleistocene vertebrate fossil remains. It was discovered in the first half of the XXth century by mining explotation. The fossil record of Cueva Victoria is exceptional because of its large biodiversity and because it is the only locality in Europe where the African primate Theropithecus oswaldi occurs. Here, we summarize the history of paleontological research and excavation campaigns. We provide a catalogue of the different locations in the site, and a reference list of the publications on this site.
Article
A magnetostratigraphic study on four sections near Pinjor showed that the Tatrot stage falls in the Gauss magnetic epoch and the Pinjor corresponds to most of the Matuyama epoch. A significant faunal change, already observed by other authors in Pakistan, marks the Tatrot-Pinjor boundary and approximately coincides with the Gauss-Matuyama transition. Sedimentation becomes entirely conglomeratic in a positive episode tentatively interpreted as Jaramillo. The time interval represented by this event witnessed a deep climatic change in Europe and an extensive faunal turnover in all Eurasia, and seems also to correspond to the onset of a strong tectonic activity in the Himalayan belt.-Authors