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Santuarios y espacios sacralizados entre los antiguos canarios

Authors:
VELEIA, 2425 12571272, 20072008 ISSN 0213  2095
SANTUARIOS Y ESPACIOS SACRALIZADOS
ENTRE LOS ANTIGUOS CANARIOS
Resumen: Desde una arqueología de las prácticas sociales, se estudian algunas categorías
de yacimientos originados por actividades mágico-religiosas de los antiguos pobladores de
Canarias, muchos de ellos ubicados en las cimas de montañas. Esos sitios tuvieron la consi-
deración de suelo sagrado, según las fuentes etnohistóricas, y jugaron un papel destacado en
el plano ideológico como lugares de cohesión y reproducción social. Al mismo tiempo, en
determinadas zonas hay extraordinarias concentraciones de elementos simbólicos, como gra-
bados rupestres y lugares de culto, que se explican porque fueron territorios con un papel vi-
tal dentro de su modelo productivo.
Palabras clave: arqueología, etnohistoria, prácticas sociales, religión, santuarios, ofrendas,
grabados rupestres.
Abstract: In the context of the Archaeology of Social Practice, we analyse some
archaeological sites of the ancient inhabitants from the Canary Islands related with magic-
religious activities. Many of them were located on the top of montains. On ethnohistorical
grounds, these sites were considered sacralized places, having an important ideological
signifi cance in the social cohesion and reproduction of these societies. On the other hand,
in certain areas there is an extraordinary concentration of symbolic elements, such as rock
engraving stations and sites of ritual signifi cance. All these data suggest that these territories
played an outstanding role in the social productive model of these people.
Key Words: archaeology, ethnohistory, social practice, religion, sanctuaries, off erings, rock
engravings.
. R,    
El estudio de las creencias y prácticas mágico-religiosas de los antiguos pobladores de las Islas Ca-
narias durante mucho tiempo estuvo casi exclusivamente centrado en el análisis e interpretación de
las fuentes narrativas de la conquista del Archipiélago, a lo cual se han dedicado ampliamente autores
como A. Tejera (1988, 1996, 2004). Desde hace unos años varios investigadores analizamos distintas
facetas del problema desde una metodología esencialmente arqueológica, aunque sin desdeñar el in-
dudable valor de los textos etnohistóricos. No cabe duda de que estas fuentes representan un auténtico
caudal de información, pero en ellas podemos encontrar sólo una pequeña parte de la información,
porque adolecen de varios inconvenientes esenciales: 1) Se refi eren únicamente al periodo de contacto
con los europeos entre los siglos  y , es decir a la fase epigonal de las culturas indígenas y, por
tanto, nada dicen de lo qué pasó durante los 1500 o 2000 años precedentes. 2) Sólo refl ejan una parte
de los componentes ideológicos de algunas de las siete formaciones sociales que existían en las islas
habitadas en aquel momento. 3) Existe la subjetividad inherente a la posición teórica de los relato-
res y a los intereses que movían su labor, ya que la percepción de la ideología del otro tiende a estar
más mediatizada por las convicciones y prejuicios morales del observador-interpretador que otros
elementos de la cultura ajena. 4) El conquistado-observado tiende a ocultar lo que pueda ser objeto
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de juicio negativo, sobre todo cuando de ello depende su seguridad. Estos dos últimos aspectos han
sido analizados espléndidamente por S. Baucells (2004)
1
. En esos textos tropezamos a menudo con
datos parciales o de difícil interpretación e incluso contradictorios, porque sus autores solían analizar
el problema de la religión aborigen bajo la onerosa responsabilidad moral de justifi car o no la con-
quista y la esclavización. Así encontramos visiones afi nes a las tesis lascasianas o, al menos, defensores
de la cercanía ideológica entre la religión aborigen y el cristianismo, frente a quienes se esforzaban en
resaltar que eran paganos, practicaban la idolatría y tenían costumbres bárbaras.
La propia existencia de este gran fondo de información escrita ha generado una prevalencia de de-
terminadas estrategias de investigación, basadas casi exclusivamente en su interpretación, aplazando
la investigación arqueológica del tema, sin duda mucho más ardua y no siempre tan rentable. Debe
exceptuarse de esta tendencia el análisis de las manifestaciones rupestres, que tiene una tradición
en el Archipiélago, aunque el habitual retraimiento de los arqueólogos canarios motive que ese traba-
jo trascienda poco fuera de las islas. A su vez, los estudios arqueoastronómicos pueden considerarse
pioneros dentro del Estado (entre otros, J. Cuenca, 1991; J. A. Belmonte, 1994; C. Esteban et al.,
1994; J. Barrios, 2004). Todo lo contrario sucede con las restantes evidencias arqueológicas. Desde
hace años J. Cuenca (1996, 1997) estudia los yacimientos de Gran Canaria que pudieran derivarse
de una actividad simbólica y ritual aunque su trabajo permanece inédito en su mayor parte. No-
sotros desarrollamos una línea de investigación análoga y, con un equipo, hasta ahora nos hemos
centrado sobre todo en La Gomera (J. F. Navarro, 1992, 2003 y 2006; J. F. Navarro et al., 2001a,
2001b, 2001c, 2002a y 2002b).
En resumen, lo que sabemos de las religiones antiguas de Canarias a través de las fuentes narrati-
vas puede sintetizarse en lo siguiente: En el momento de la conquista, los indígenas de todas las islas
creían en un dios supremo, sustentador del cielo y la tierra, creador de todo lo que nacía y crecía, que
estaba en el cielo y al que muchos pruebas permiten asociar con el sol: «adorábamos al sol naciente»,
declararon unos canarios esclavos del sultán de Marruecos hacia 1350. Además, en varias islas hay in-
dicios de una segunda divinidad astral asociada a la luna: la bula Ad hoc semper de Urbano V (1369)
dice que los canarios adoraban al sol y la luna; y algo similar sucede con algunas estrellas.
En segundo lugar, creían en espíritus negativos que provocaban su temor y a los que les atribuían
el origen de enfermedades y otros males. Son los «Tibicenas» de Gran Canaria, los «Hirguanes» de
La Gomera, el «Iruene» de La Palma o el «Guayota» de Tenerife. Se manifestaban con formas fantás-
ticas y aterradoras: grandes perros lanudos en La Palma, enormes machos cabríos erguidos sobre sus
patas posteriores en La Gomera, animales inverosímiles y quizás también tortugas marinas en Gran
Canaria.
Por último, existía el culto a los espíritus de los antepasados o, mejor dicho, diversas formas de rela-
cionarse los vivos con los muertos. En Tenerife los menceyes o jefes de tribu juraban sobre un hueso del
primero de su linaje, y algunas personas se inmolaban voluntariamente para llevar mensajes de los vivos
a los muertos. En Fuerteventura y Lanzarote invocaban a los espíritus de sus antepasados, que «anda-
ban por los mares y venían … en forma de nuuecitas a las orillas del mar, los días maiores del año, quando
hacían grandes fi estas… a la madrugada el día de el maior apartamento del sol en el signo de Cáncer i que
a nosotros corresponde el día de San Juan Bautista» (F.Morales, 1978: 439). Además, en nuestra opinión,
los antepasados y, sobre todo, las antepasadas jugaron un papel destacado en los cultos familiares, pues
así interpretamos la presencia de gurillas femeninas en ámbitos domésticos de Gran Canaria.
1
En el marco de su investigación sobre El proceso de
aculturación aborigen en Canarias derivado del contacto,
conquista y colonización europea entre los siglos  y .
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F . Cueva Pintada de la Montaña (Tunte, Gran Canaria), probable «Almogaren» o «Casa de Oración».
Foto: autor.
. S  «CASAS DE ORACIÓN»    G C
Las fuentes mencionan lugares de culto en diversas islas y en otras ocasiones sólo dicen que
adoraban a su dios en lo alto de las montañas. La montaña era el espacio intermedio entre la tierra
habitada por los hombres y el cielo habitado por sus divinidades y, por lo tanto, el mejor para co-
municarse con ellas, por lo que A. Tejera (1988) las relaciona con el concepto de Axis mundi. Los
lugares de culto mencionados son los «efequenes» o casas de oración de Fuerteventura y Lanzarote,
recintos construidos donde ofrendaban leche y manteca; los amontonamientos de piedras de La
Palma; las «cuevas-iglesias» de los guanches de Tenerife; etc. Pero es en Gran Canaria donde mayor
información existe, tanto arqueológica como escrita. En una expedición a Canarias en 1341, N. da
Recco vio en Gran Canaria una capilla con una estatua en piedra de un hombre desnudo, con un
delantal de palma y una bola en la mano. Mucho más tarde, Andrés Bernaldez (F. Morales, 1978)
menciona una casa de oración llamada «Atorina» presidida por un conjunto escultórico de madera
integrado por una mujer desnuda, a sus pies una cabra y un cabrón copulando, y ante ella derrama-
ban leche y manteca en ofrenda. Leonardo Torriani y Fray Juan de Abreu Galindo describieron las
casas de oración basándose en un manuscrito antiguo. En ellas «se encomendaban al Dios que estaba
en lo alto, que decían Almogaren, que es «casa santa»; las cuales rociaban todos los días con leche, y para
ello tenían muchas cabras diputadas, y no les quitaban los garañones en todo el año, porque no les faltase
la leche» (J.Abreu, 1977: 156). A partir de entonces, el término «Almogaren» ha tenido gran predica-
mento en la literatura arqueológica, aplicándose con cierta liberalidad a diversos tipos de estructuras
excavadas en la roca, generalmente con cazoletas y canalillos que se presupone estaban relacionados
con el vertido de líquidos, aunque es más que probable que no todos estos yacimientos tengan que
ver con lo que describió Abreu. Sin embargo, sí se asemejan bastante a la idea expresada por nuestro
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F . Triángulo púbico grabado en la Cueva de los Candiles (Artenara, Gran Canaria), posible «Casa de
Oración». Foto: autor.
historiador algunas cuevas artifi ciales de traza muy distinta a las habituales cuevas-vivienda, que sue-
len incorporar pinturas y grabados rupestres en sus paredes y, a menudo, una hornacina o un poyo
en la pared del fondo. Un ejemplo claro de ello son la Cueva Pintada de la Montaña de Tunte (Foto 1)
y el «almogaren» del Bentaiga, ambos de estructura análoga, también las cuevas con múltiples trián-
gulos púbicos grabados en sus paredes (Foto 2), a menudo ubicadas en lo alto de riscos, como Los
Candiles, Cueva Caballero, Cagarrutal, Los Pilares, Risco Caído, etc.
Hubo dos grandes santuarios en lo alto de impresionantes riscos de esta isla, «Tirma» y «Umiaga»
o «Amagro». Existen dudas sobre si Umiaga estaba en el entorno de los Riscos Blancos de Tirajana o
en lo alto de la Fortaleza, un reducto natural de altos riscos con su acceso protegido por una muralla,
donde un contingente indígena se atrincheró y fue asediado en los últimos episodios de la conquista,
y al que en las crónicas se denominaba «Ansite». Tirma es una espaciosa zona amesetada al oeste de la
isla, con diversos yacimientos aún sin estudiar, pero cuyas tipologías a priori no parecen responder a
ámbitos domésticos. La misma consideración sacra tenían los recintos donde vivían las «harimagua-
das» (adolescentes vírgenes dedicadas al culto), a los cuales se llamaban «Tamogante en Acoran» («casa
de dios»). Todos esos espacios sacralizados, tanto «Tirma» y «Umiaga», como los «Almogarenes» y las
propias «Tamogante en Acorán» tenían para los canarios un estatus que los europeos juzgaron análogo
al de sus templos cristianos, «guardándolos y reverenciándolos como a Iglesias». Y si alguien que había
infringido una ley se acogía a ese sitio, no se podía emplear contra él la fuerza ni lo podían sacar contra
su voluntad, pues era suelo sagrado fuera de la jurisdicción de los hombres y sus leyes.
Pero, al margen de esos dos grandes santuarios, las cumbres de Gran Canaria contienen nume-
rosos yacimientos con estructuras construidas y/o excavadas, algunas conocidas de viejo pero la
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F . Torreta (Tauro, Gran Canaria). Foto: J. Cuenca.
F . Torretas con lajas hincadas alineadas (Barranco Hondo, Gran Canaria). Foto: J. Cuenca.
mayoría descubiertas recientemente por investigadores como J. Cuenca, que las ha asociado con
prácticas rituales o les ha atribuido una función astronómica (J.Cuenca, 1991, 1996 y 1997), aun-
que en realidad la mayoría permanecen inéditas o incluso sin estudiar, salvo casos muy concretos. En
unos casos se trata de recintos circulares u ovales delimitados por muros bajos, algunos con torretas
internas (Foto 3), y a veces presentando orientaciones astronómicas o alineadas con el Teide, que
emerge en la lejanía. Son muy comunes en las crestas del fragoso relieve del SO de la isla los grupos
de torretas de piedras de hasta 2 m. de altura, normalmente alineadas (Foto 4), que en algunos pocos
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F . Cazoletas excavadas en la cima de un roque (Gran Canaria). Foto: J. Guillén.
casos están junto a poblados, pero la mayoría forman conjuntos independientes o asociados a recin-
tos no habitacionales; son análogas a otras que aparecen asociadas a túmulos preislámicos norteafri-
canos. En lugares habitualmente elevados de toda la geografía insular, existen plataformas artifi ciales
rebajadas en la roca, al aire libre, con cazoletas y canales excavados (Foto 5), que han venido siendo
denominadas «almogarenes», por prejuzgar que en ellas se ofrendaba leche u otras sustancias, tal y
como describen las crónicas de la conquista que se hacía en las casas de oración-almogarenes, pero
esa función no ha sido demostrada aún empíricamente, sencillamente porque aún están por estudiar.
Las cuevas artifi ciales como las descritas más arriba constituyen un espectacular exponente, donde se
combinan el grafi smo y el simbolismo con la arquitectura troglodita e incluso los puntos de luz, para
crear espacios sugerentes con diversas soluciones: salas cuadrangulares de techo plano, con hornaci-
nas o un poyo en la pared del fondo; o de planta circular con techo abovedado muy alto; los grabados
y pinturas ocupan la pared del fondo, también parte de las laterales e incluso la totalidad de ellas.
Recientemente se han localizado en la cima de la Montaña de Hogarzales grupos de pireos como los
de La Gomera y El Hierro, pero permanecen sin excavar de momento (E. Martín et al., 2001).
De hecho, en casi todas las islas hay diversos tipos de evidencias en las cimas de montañas, que
no tienen nada que ver con asentamientos humanos, y han sido relacionadas hipotéticamente con
las creencias y prácticas mágico-religiosas. Pero no basta con meter en ese saco tan elástico a todo
aquello para lo que no tenemos otra explicación, sino que esas hipótesis o meras especulaciones hay
que confrontarlas y explicarlas.
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F. . Mapa con la distribución de santuarios de montaña en La Gomera.
. S    L G:  «»
Entre 1994 y 1995 abordamos el proyecto de investigación Garajonay: arqueología de las mon-
tañas, que pretendía contrastar las hipótesis generadas respecto a las estructuras que la literatura
arqueológica canaria viene denominando «pireos» o «aras de sacrifi cio», hasta entonces identifi cadas
en tres cimas de montañas de la isla de La Gomera y en varias lomas de El Hierro. Durante las cam-
pañas de prospección se localizaron 56 conjuntos, algunos de los cuales superan las veinte estruc-
turas, así como un número menor de estaciones de grabados rupestres y de cazoletas-canalillos. En
1999-2000, dentro del proyecto Aras de sacrifi cio de las Islas Canarias: función y origen, se excavó el
conjunto de pireos del Lomo del Piquillo. Entre 2000 y 2005 se han realizado nuevas prospecciones
y excavaciones en el Parque Nacional de Garajonay, en el marco de otros dos proyectos, de manera
que hoy conocemos cerca de 70 conjuntos de aras (Fig. 1).
En lo alto de montañas, roques y lomos de manifi esta altura en una isla ya de por sí muy abrupta
(Foto 6), encontramos un gran número de pireos, construcciones de las que distinguimos tres tipos:
simples, complejas y «tipo Garajonay. La mayoría se encuadra en el primer grupo: No suelen exceder
los 2 m. de diámetro y están formadas por un murete circular u oval de piedras, delimitando un
espacio que constituye la cavidad de combustión; a veces en el exterior hay una o más piedras alarga-
das y de notable tamaño hincadas verticalmente. Estos pireos simples se habían identifi cado desde el
siglo  en la isla de El Hierro, pero en La Gomera son mucho más abundantes que en el resto del
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F . El Roque Agando (La Gomera) alberga un santuario en su cima. Foto: autor.
Archipiélago. El segundo tipo es menos habitual y de momento exclusivo de La Gomera: Son más
sólidas y de mayor tamaño, con planta oval o cuadrangular, con varias cavidades de combustión en
su interior (Foto 7). El Tipo Garajonay es una evolución del anterior y de momento sólo se conocen
en el yacimiento que les da nombre; es una plataforma de piedras sufi cientemente estable como para
deambular sobre ella, con su perímetro delimitado por grandes bloques y que alberga encima de ella
varios pireos simples ubicados a sotavento (Fig. 2 y Foto 8).
Las evidencias fáunicas son las más abundantes, con gran diferencia, seguidos por fragmentos de
carbón, concentradas en las cavidades de combustión, aunque su carácter dinámico suele generar
manchones de cenizas y huesos al exterior. En su casi totalidad son restos de cabras y ovejas y, sólo
ocasionalmente, de cerdo y peces; en los ovicápridos están representados todos los rangos de edad,
pero dominan las hembras adultas, seguidas de ejemplares jóvenes y neonatos; son mayoritariamente
huesos de las patas y de la cabeza, que fueron quemadas sobre un soporte y sus residuos vertidos a
la cavidad de combustión, sufriendo torsiones y fracturas de origen térmico debido a las altas tem-
peraturas alcanzadas y los sucesivos recalentamientos, aunque la exposición ambiental contribuyó
también al alto índice de fracturación. Recientes excavaciones en el Alto de Garajonay, la cúspide de
la isla, han demostrado que no sólo se quemaban animales, sino también alimentos vegetales, como
granos de cebada, frutos de la palma canaria, gramíneas silvestres, etc.
Entre las manufacturas, la industria lítica ocupa el primer lugar, generalmente distribuida por
la propia construcción y sus alrededores. La mayor parte de las piezas están elaboradas sobre rocas
volcánicas de grano grueso, como los basaltos o la tefrita, un menor porcentaje sobre disyunciones
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F . Pireo (La Gomera) ocupando la cúspide de un roque. Foto: autor.
F. . Estructura tipo Garajonay (Alto de Garajonay, F . Cavidades de combustión frontales de la estructura
La Gomera). de la Figura 2. Foto: autor.
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columnares y un número testimonial sobre vidrio volcánico. Se distinguen entre ellos piezas de gran
formato sobre bloques o lascas, vinculadas al trabajo de la madera u obtención de leña y la prepara-
ción del terreno, y otras sobre lascas menores o sobre disyunciones columnares, que debieron usarse
en la matanza y despiezado de los animales. Asimismo, existen pruebas evidentes de talla local, lo que
demuestra que algunas piezas fueron fabricadas in situ. Son comunes los fragmentos termoalterados
de unos peculiares objetos elaborados en toba y otras rocas con propiedades termoconductoras. Se
trata de unas pequeñas pilas con el seno poco profundo y unas placas discoidales con círculos con-
céntricos rebajados en su cara superior; en otros casos esas piezas fueron sustituidas por grandes lajas.
Sólo eventualmente aparecen fragmentos de cerámica, algún trozo de molino, etc.
El fuego jugaría un papel destacado en el rito, no sólo como manera de transformar y hacer
llegar la ofrenda, sino que el propio humo debió servir de elemento vaticinador, como se explicita
en algunos textos etnohistóricos. No deja de sorprender que en los yacimientos excavados hasta
ahora se usara como combustible mayoritario el pino, siendo así que estos árboles eran muy escasos
en la isla y, además, bastante alejados de esos sitios. Valoramos si el esfuerzo de desplazarse largas
distancias para recolectar esta leña, a pesar de que abundaran otras especies arbóreas y arbustivas
en el mismo yacimiento y su entorno, se debe sólo a sus singulares propiedades como combustible
o si, además, esta leña rara tendría un valor simbólico añadido. Unos pocos textos que aluden a
los adivinos, personajes con singular protagonismo en el terreno ideológico y político, nos ilustran
sobre el destino del sacrifi cio: «vajó de la montaña un hombre a quien estimábamos más que a otro...
porque era el que componía todas las querellas... hijo de un adivino, su nombre Aguamuge, quien le
dio regla para saber lo que avía de suceder... de parte de aquel Señor de Sobre Todo a quien ellos daban
aquel diezmo que quemaban» (P. A. del Castillo, 1948-1950: 206-207). «Juan Negrín,... natural de
la Gomera, que antes se nombraba Guagune hijo de Miguan y nieto de Aguamuge, de los primeros y más
principales naturales de aquella isla, quien le dio regla para saber lo que avía de suceder.... de parte de
aquel Señor Sobretodo a que ellos ofrecían el diesmo, que quemaban los frutos que les dava.» (L. de La
Rosa, 1960: 200).
Los conjuntos de pireos, a los cuales no dudamos en referirnos como santuarios, tienen unas
cualidades que por orden de prioridad son: 1) altitud dominante respecto al entorno; 2) ubicación
junto al abismo; 3) dominio visual sobre el territorio; 4) intervisibilidad con otros conjuntos análo-
gos. Estas cualidades son más acusadas en aquellos sitios con mayor complejidad arqueológica. Las
relaciones territoriales, incluyendo las formas de asociación con los asentamientos, nos inducen a
interpretar este tipo de yacimientos como pertenecientes a un mismo sistema ideológico, en el cual
existió una. Hemos distinguido tres grandes grupos, de más a menos complejidad, basándonos en
la cantidad y morfología de las estructuras que los integran y en las cualidades subjetivas de los mis-
mos: A) Garajonay, santuario a escala insular situado en el mismo centro geográfi co de la isla y en la
montaña más alta (1487 m.s.n.m.), refugio de los gomeros en momentos de peligro sin que tenga
condiciones defensivas, por lo que probablemente era suelo sagrado como los de Gran Canaria. B)
Tres grandes santuarios (de 20 a 36 estructuras identifi cadas) situados en el SO de la isla, a cotas
algo más bajas (entre 808 y 1243 m.s.n.m.), sobre montañas y crestas muy destacadas en el paisaje
y que tienen especiales condiciones de visualidad y visibilidad, presidiendo en su entorno inmediato
espacios de claro contenido simbólico (grandes necrópolis, manifestaciones rupestres, etc.). C) Con-
juntos de tamaño medio y pequeño (entre 12 y 2 estructuras), sobre lomos, crestas y roques menos
destacados, la mayoría por debajo de los 600 m.s.n.m. y cercanos a poblados, con una relación de
intervisibilidad respecto a los grandes santuarios, que probablemente fuesen santuarios familiares
creados con posterioridad, a medida que se iban desgajando nuevos grupos de parentesco del tronco
común.
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. P     :   
En la isla de El Hierro son conocidas las aras de sacrifi cio desde el siglo  y algunas de ellas
han sido objeto de excavaciones arqueológicas y otros estudios (M. J. Lorenzo, 1982; M.C. Jimé-
nez, 1991; M.S.Hernández, 2002). Las investigaciones recientes señalan que el funcionamiento de
estas estructuras es similar a las de La Gomera, incluyendo las pautas de sacrifi cio de los animales.
El relato de un episodio de la conquista incluye una interesante descripción de un rito comunitario:
«pareciéndoles que oian cantos, y así era, pues entonces el rey de esta isla con todos sus súbditos estaban en
un sacrifi cio público que ofrecían al estilo gentil... el cual usaba mucho de esos sacrifi cios para que Dios
le mostrase lo que había de ser de él y de su gente... Y aconteció que la hija del rey... entonces estaba como
suspensa y pasmada o transportada en el sacrifi cio» (G. Frutuoso: 1964: 132).
En Lanzarote y Fuerteventura se han producido recientemente hallazgos similares a los de La
Gomera, lo cual es una interesante novedad en el panorama arqueológico de las islas. En particular,
destacan las estructuras de combustión con registro arqueológico como el de los pireos gomeros y
herreños, identifi cadas durante las excavaciones arqueológicas dirigidas por J. de León Hernández y
M. A. Perera Betancor en la cima de la Montaña de Tindaya. Sin embargo, ya existían precedentes,
pues las propias crónicas de la conquista mencionaban allí comportamientos análogos: «Tenían los
de Lançarote y FuerteVentura unos lugares o cuebas a modo de templos, onde hacían sacrifi cios... onde
haciendo humo de ciertas cosas de comer, que eran de los diesmos, quemándolos tomaban agüero en lo que
hauían de emprender mirando a el jumo» (F. Morales, 1978:438).
En diversas montañas de Gran Canaria, como Hogarzales y El Cedro han empezado a aparecer
también estructuras similares, según señalamos más arriba. En ambas hay importantes explotacio-
nes de obsidiana en canteras al aire libre y en galerías horizontales que horadan circularmente los
escarpes superiores de la montaña, identifi cándose hasta 54 puntos de extracción en la primera de
esas montañas. Además de las minas, en la cima de Hogarzales hay 57 estructuras de piedra repar-
tidas en tres categorías (E. Martín et al., 2001): A) la mayoría son amontonamientos de piedras
de tendencia circular; B) círculos de piedras de una sola hilada o dos concéntricas; C) torretas.
Los excavadores sugieren su relación con prácticas rituales para favorecer las actividades extrac-
tivas o para apaciguar los espíritus o divinidades que moran en las profundidades de la tierra. La
morfología del primer grupo es similar a los pireos de La Gomera y El Hierro. En otras eleva-
ciones del centro y suroeste de Gran Canaria hay vestigios arqueológicos con tipología similar,
pero desgraciadamente ninguna ha sido excavada. Existen antecedentes que ayudarían a explicar
el papel de estos sitios y del ritual que en ellas se practicaba, y que refuerzan la idea de que este
tipo de sacrifi cio era una práctica generalizada en Canarias y con una función análoga. En el s.
 T. A. Marín de Cubas, describiendo la religión de los indígenas de Gran Canaria, aseguraba
que: «sobre un alto risco en Tirajana llamados Riscos Blancos, ..., aun alli hai tres braseros de cantos
grandes onde quemaban de todos frutos menos carne, y por el humo si iba derecho o ladeado hazian su
aguero puestos sobre un paredon a modo de altar de grandes piedras, y enlosado lo alto del monte» (T.
A. Marín, 1986: 256).
. M    
Existen pruebas arqueológicas de que algunos territorios dotados de recursos esenciales para
su modelo productivo, fueron dotados de una particular concentración de elementos simbó-
licos, como son las manifestaciones rupestres, y también de otras estructuras asociadas al culto.
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F . Grabado rupestre (El Cementerio, La Palma). Foto: autor.
Quizás el caso más evidente sea el papel que tuvieron los grabados rupestres en algunas islas. La
correcta disponibilidad de los recursos vegetales y del agua en espacios sometidos a presión antró-
pica, dependía de factores naturales y sociales, pero sólo los segundos podían ser controlados. Para
asegurarse la reproducción de los recursos forrajeros y su adecuado aprovechamiento, los aborígenes
pusieron en práctica diversos mecanismos que regulaban la apropiación y uso del territorio, así como
prácticas tecno-económicas encaminadas a optimizar esos recursos (E. Martín, 1998). Pero también
usaron procedimientos mágico-religiosos destinados a intervenir en aquellos procesos que escapaban
a su capacidad técnica de control.
El caso de la isla de La Palma es paradigmático. Si en las décadas de 1960 y 1970 algunos inves-
tigadores —no todos— decían que un número signifi cativo de grabados (Foto 9) estaban asociados
a puntos de agua, las posteriores investigaciones rebatirían tales afi rmaciones. Ese tópico que con-
viene erradicar, se basaba en que unas cuantas estaciones conocidas hasta entonces y muy llamativas
—como La Zarza, Fuente Nueva, Buracas o Tajodeque— estaban junto a fuentes o cerca de ellas.
Pero a partir de la década de 1980 se incrementó de manera notable el catálogo de yacimientos
rupestres (E. Martín, 1986; E. Martín, J. F. Navarro y F.J.Pais, 1990) y se comprobó que tales afi r-
maciones eran infundadas, pues el agua es el recurso estratégico al que menos grabados se asocian,
y más a caminos y áreas de pastoreo estival, de capital importancia para asegurar la subsistencia del
ganado en la estación más crítica (E. Martín y F. J. Pais, 1996), como la vasta zona de Garafía, donde
los grabados se concentran en tres franjas altitudinales (200-600m., 800-1800 m. y 1800-2400 m.),
el resto del arco cumbrero de la isla que coincide con la última franja altitudinal citada, el borde exterior
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F. . Áreas con mayor concentración de grabados en La Palma.
meridional de la Caldera de Taburiente y, en menor proporción, el interior de la propia Caldera
(Fig. 3). Dentro de estas áreas, podemos hallar a los grabados asociados, por orden de preferencia, a
los caminos que van de costa a cumbre y las vías de desplazamientos en la horizontal que utilizaban
los pastores tradicionales y que parecen haber sido empleadas antes por los ganaderos auaritas; en
sitios dentro de las zonas de pastoreo con condiciones de dominio visual sobre el entorno; también
en los puntos naturales de apañada, como son los cabocos (saltos de barranco); en algunas fuentes
o abrevaderos, etc. (E. Martín, 1998: 80-81). De esta manera, unos simples campos de pastoreo o
unos caminos por donde se desplazaban los ganados tras un forrajeo marcado por la estacionalidad,
se fueron cubriendo de símbolos de la comunicación entre hombres y dioses, hasta ir adquiriendo un
carácter más o menos sacralizado. Además, en uno de esos territorios, los pastizales de alta montaña
asociados al pastoreo estival, las concentraciones de petroglifos coinciden con unas construcciones
conocidas como «amontonamientos» o «pirámides» de piedras que, según los historiadores de la
conquista, se usaban para determinados ritos.
En el sur de Tenerife, caracterizado por una relativa aridez, la principal actividad subsistencial
durante la prehistoria debió ser la ganadería, y la preocupación por asegurar la reproducción anual
de los pastos tuvo que desempeñar obligatoriamente un papel de primer orden en la organización
social y económica de los grupos humanos. Un interesante ejemplo es lo que primitivamente se lla-
mó «Chacacharte», que se tradujo al castellano como «Valle del Ahijadero», hasta que en el siglo 
pasó a llamarse Valle de San Lorenzo (J. F. Navarro et al., 2002). En el verano se apareaba el ganado
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F. . Distribución de las estaciones de grabados rupestres en el Valle del Ahijadero (Tenerife).
y, a principios del invierno, los guanches separaban las cabras preñadas del resto de animales para
trasladarlas en masa al ahijadero. Estos eran unos vastos espacios comunales a los que se llevaban
las hembras preñadas de múltiples manadas de todo el territorio tribal o menceyato, para que allí
pariesen en invierno. Eso suponía la necesidad de acotar el terreno, ordenar los usos del mismo y
vigilar de manera rigurosa una gran cantidad de ganados durante cierto tiempo. Esos ahijaderos eran
zonas bajas, orográfi camente cerradas, que tenían asegurado el sufi ciente pasto invernal para garan-
tizar la supervivencia de los neonatos y la calidad futura del rebaño. En defi nitiva, a los ahijaderos
se confi aba el futuro de la cabaña ganadera de la tribu o de una parte de ella y, por tanto, la propia
supervivencia.
El Valle de San Lorenzo reúne las características físicas descritas. Son tierras bajas y, por tanto, cá-
lidas en invierno, pero a la vez sus características geológicas y edafológicas favorecen que sean mucho
más ricas en pastos que las aledañas a igual altitud. Pues justo allí existe la mayor concentración de
grabados de Tenerife (Fig. 4), que precisamente están jalonando los accidentes orográfi cos que rodean
el valle y, a la vez, están posicionados y orientados de manera que miran hacia las tierras y pastizales
del interior del valle. Todas las estaciones del Valle están integradas en un mismo sistema marcado
por patrones jos de localización, de intervisibilidad, de control de un territorio común, etc. Además,
están en los puntos de vigilancia naturales para controlar el ganado que está dentro. Refuerza esta idea
la existencia cerca de los grabados de pequeños conjuntos de cabañas, en las que cabrían sólo unos
pocos individuos, que seguramente serían los pastores encargados de la custodia.
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La concentración de los recursos subsistenciales en un sólo lugar durante el momento crítico de su
reproducción, justifi ca el que se desencadenara toda una serie de mecanismos mágico-religiosos para
asegurar el resultado óptimo del proceso. De ahí la presencia de variados lugares ceremoniales y de
personajes vinculados a estas actividades y, lógicamente, al poder político. Dentro del Valle y, sobre
todo, en sus bordes, además de los grabados, hay un inusual número de yacimientos con signifi cativa
toponimia tradicional: el lugar llamado «El Convento», también conocido por «Las Monjas»; dos
«Cuevas del Samarín» (santón indígena); la «Cueva de la Iglesia», cerca de la cual estaba un «Drago
Santo» al que los indígenas veneraban por las maravillosas curas que se hacían a su sombra y por pro-
tegerlos contra los espíritus; y hubo también tres «Bailaderos» o «Baladeros», lugares donde se hacía
un rito piacular en rogativa de lluvia, con participación de personas y ganado, que está bien descrito
en las crónicas de la conquista. Tanto las estaciones de grabados como el resto de sitios con cierto
componente ideológico adoptan una disposición envolvente en torno al valle, como si en el plano
material se deseara ejercer el control visual de los acontecimientos, y en el plano simbólico quisieran
concentrar el esfuerzo mágico benéfi co en el punto central, donde más se le necesita.
J F N M
Departamento de Prehistoria, Antropología e Historia Antigua
Facultad de Geografía e Historia
Universidad de La Laguna
38071 La Laguna (Tenerife)
Tfno.: 922317735 922317626
jnavarro@ull.es
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... En una primera etapa de la colonización europea de La Gomera, las creencias religiosas cristianas y la cosmogonía indígena se fusionaron y se conservaron en forma de tradición oral (Navarro Mederos 2007). Los conquistadores castellanos utilizaron diversos mecanismos que facilitaron el inicio de la cristianización de la isla, como la aparición de la Virgen de Guadalupe en Punta Llana recogida en documentos escritos desde mediados del siglo XVI, y sobre la que existen otros muchos relatos en la oralidad. ...
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We present a study of the relationship between astronomy and landscape centered on the orientation of Christian churches of the island of La Gomera, located in the Canary Archipelago. The fieldwork consisted of measuring the precise coordinates of 38 churches, which represents almost all of the island's religious constructions, which has an area of approximately 370 km2. For each church, we measured the azimuth and the angular height of the horizon taken in the direction towards which the altar of each temple points. The data obtained were corroborated with digital terrain models frequently used in archaeoastronomical studies. Finally, for the study of the sample, various analyzes were carried out: statistical, calendarical and orographic, trying to find clues that would allow us to understand the pattern of orientations found. From this analysis, we can infer that in some places the canonical tradition of orienting Christian temples in the solar range was respected. Also, it is possible that a few constructions were oriented with imitation patterns of the aborigine cult, especially in solstitial directions. However, we find that the orientation of the majority of the churches is towards the northeast and, in the absence of a better justification, we think that reason should be sought more in the terrestrial landscape than in the celestial one. Judging by the way in which several small groups of temples are distributed, we estimate this unusual pattern of global orientations is motivated by the particular orography of the island. A significant proportion of churches seems to adapt to the characteristics of their sites, orienting themselves according to the numerous geographical features where they are located. These results allow us to conjecture that the known "abrupt nature" of La Gomera is perhaps the main reason for the particular pattern of orientations of its worship sanctuaries. Journal-ref: Cosmovisiones 1:73-88, 2020
Article
Full-text available
This paper addresses the meaning of animals in the sanctuary of Garajonay, in La Gomera. It is a main sacred place for the Prehispanic population, in which they systematically used to perform ritual celebrations within the time period between ss. vii-xii ad cal. These activities took place in the sacrificial altars where various products, essential for the survival of the ancient inhabitants, were burned. For this purpose faunal repertoires have been studied, establishing their composition and processing patterns. It is concluded a standardized behavior defined by the sacrifice of domestic animals, with a rigid selection of skeletal parts actives in the ritual. In that process the fire plays a key role, contributing to the consecration of certain social practices. It has also been analyzed the meaning of such practices in the ideological framework of those populations.
Article
Investigación sobre los sistemas de numeración y los calendarios de las poblaciones beréberes de Gran Canaria y Tenerife en los siglos XIV y XV. Las evidencias recogidas señalan en ambas islas un sistema de numeración de base 10 puro, directamente emparentado con los sistemas berebere y egipcio antiguo, y alcanzando las centenas altas de millar (sin excluir el uso concurrente de una base 12, relacionada con los cómputos astronómicos. Respecto a los calendarios, se constata en ambas islas la importancia económica y religiosa de los ciclos astrales, el registro sistemático de cuentas lunares, solares y siderales, así como la celebración del solsticio de verano en relación con los espíritus de los antepasados. Sin embargo, sus características técnicas difieren en puntos importantes. En Gran Canaria todo apunta al uso notable de un damero de 3 x 4 casillas, representando los 12 meses del año lunar, para registrar y calcular efemérides lunares, solares y siderales.
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