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Toma de decisiones en la adolescencia: Entre la razón y la emoción

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Aunque tradicionalmente las conductas propensas al riesgo durante la adolescencia han sido asociadas a limitaciones intelectuales en los adolescentes, nuevas evidencias sugieren que estas dificultades pueden estar relacionadas con asincronías en el desarrollo de estructuras cerebrales. De acuerdo con el “Modelo del Sistema Dual” existen dos sistemas fundamentales, el Sistema Socioemocional y el Sistema de Control Cognitivo, que, al no estar equilibrados en su desarrollo, favorecen los comportamientos arriesgados y la toma de decisiones ineficientes. En este sentido, ciertas estructuras prefrontales tienen un desarrollo más tardío, provocando que el Sistema de Control Cognitivo no pueda ejercer adecuadamente su función reguladora del comportamiento.
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Toma de decisiones en la adolescencia: Entre la razón y la emoción
Yunier Broche-Péreza y Denisse Cruz-Lópezb
a Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, Villa Clara, Cuba
b Hospital General de Fomento, Sancti Spiritus, Cuba
Tipo de artículo: Actualidad.
Disciplinas: Psicología, Neurociencias.
Etiquetas: toma de decisiones, adolescencia, conductas de riesgo, emoción.
Aunque tradicionalmente las conductas propensas al riesgo durante la adolescencia han sido asociadas a
limitaciones intelectuales en los adolescentes, nuevas evidencias sugieren que estas dificultades pueden
estar relacionadas con asincronías en el desarrollo de estructuras cerebrales. De acuerdo con el “Modelo del
Sistema Dual” existen dos sistemas fundamentales, el Sistema Socioemocional y el Sistema de Control
Cognitivo, que, al no estar equilibrados en su desarrollo, favorecen los comportamientos arriesgados y la
toma de decisiones ineficientes. En este sentido, ciertas estructuras prefrontales tienen un desarrollo más
tardío, provocando que el Sistema de Control Cognitivo no pueda ejercer adecuadamente su función
reguladora del comportamiento.
La adolescencia es una etapa del desarrollo en la cual suelen
aparecer un importante número de conductas de riesgo.
Durante este periodo no es poco frecuente que los
adolescentes se involucren en actos vandálicos, practiquen
relaciones sexuales desprotegidas, se inicien en el consumo de
drogas o sientan preferencia por actividades deportivas
arriesgadas. Estas conductas se asocian a cambios que
ocurren a nivel fisiológico y también psicológico (elevada
actividad hormonal, maduración sexual, variabilidad en la
dinámica intelectual, etc.), que impulsan al individuo hacia una
constante búsqueda de situaciones que implican elevados
niveles de riesgo. Tradicionalmente, para dar explicación a esta
peculiar etapa psicológica se hace referencia a la perspectiva
cognitiva propuesta por Piaget e Inhelder, que plantea que
estos comportamientos se deben fundamentalmente a la
inmadurez en las habilidades de razonamiento (Piaget e
Inhelder, 1975). De acuerdo con estos autores, los
Broche-Pérez, Y., y Cruz-López, D. (2014). Toma de decisiones en la adolescencia: Entre la razón y la emoción. Ciencia Cognitiva, 8:3, 70-72.
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(cc) Robbie Wroblewski.
adolescentes, a diferencia de los jóvenes y los adultos, presentan una mayor ineficiencia en sus estrategias
de pensamiento y en las habilidades metacognitivas en general, lo cual les impide el análisis adecuado de las
situaciones y, como consecuencia, entorpece la toma adaptativa de decisiones.
No obstante, recientemente se ha ofrecido una explicación alternativa a estas peculiaridades
comportamentales de la adolescencia. De acuerdo con esta nueva teoría, las dificultades de los adolescentes
para tomar decisiones adecuadas no radica exactamente en su inmadurez cognitiva, sino en el desequilibrio
entre el procesamiento emocional y racional de las situaciones (Steinberg, 2009). Este nuevo enfoque,
denominado “Modelo del Sistema Dual”, plantea que la inmadurez característica en las decisiones de los
adolescentes se debe a la interacción entre dos sistemas neurales con distintos grados de desarrollo: un
sistema esencialmente emocional, orientado hacia la búsqueda de recompensas (Sistema Socioemocional), y
un sistema de naturaleza lógica y racional (Sistema de Control Cognitivo; Casey, Getz y Galvan, 2008;
Steinberg, 2008).
De acuerdo con este modelo, durante la adolescencia el Sistema de Control Cognitivo no ha alcanzado
completamente su maduración, mientras que el Sistema Socioemocional sí. Por esta razón, en esta etapa
aparecen conductas con elevados componentes de riesgo, debido a que los impulsos generados por las
estructuras profundas del cerebro (especialmente el sistema límbico) no pueden ser adecuadamente inhibidos
por las regiones de la corteza prefrontal. Esta situación no ocurre durante la niñez, pues los dos sistemas
poseen niveles de desarrollo equivalentes, como también ocurre en la juventud y la adultez.
Esta peculiaridad se convierte en un desafío a la hora de regular el comportamiento en la adolescencia,
debido a que la mayor parte de los impulsos emocionales no encuentran una “barrera” que pueda contener la
intensidad emocional que motiva la conducta. Una fuente de evidencia que apoya esta teoría ha sido ofrecida
a través de la evaluación de las funciones ejecutivas (procesos que permiten la implementación de
estrategias adaptativas en situaciones novedosas y poco habituales). Tradicionalmente, las funciones
ejecutivas se dividen en “frías” y “calientes”. Las funciones “frías” se usan en la solución de problemas
abstractos, y en ocasiones descontextualizados, que requieren de la inhibición conductual, la planificación de
acciones, el razonamiento abstracto, etc., mientras que las “calientes” actúan en situaciones donde las
emociones juegan un papel fundamental (Chambers, Taylor y Potenza, 2003).
En estos estudios se ha comprobado que, en el caso de las funciones ejecutivas “frías”, los adolescentes
tienen rendimientos en las pruebas similares a los de un adulto, mientras que en las “calientes” muestran
grandes dificultades. Estas dificultades se expresan particularmente en la búsqueda constante de
recompensas inmediatas y la incapacidad de retrasar los beneficios a corto plazo con el fin de obtener
mayores ganancias en el futuro. De esta forma, la inmadurez del Sistema de Control Cognitivo entorpece la
adaptación adecuada frente a circunstancias que implican riesgos, lo cual provoca que se expresen sin
limitaciones los impulsos provenientes del Sistema Socioemocional (Best, Miller y Jones, 2009).
Recientemente, se han aportado datos que sustentan esta conclusión y que ofrecen las primeras pruebas
directas sobre la disociación entre los sistemas cognitivos y emocionales. Los estudios realizados por Peper,
Koolschijn y Crone (2013) han encontrado un menor volumen de la corteza orbitofrontal (COF) en los
adolescentes varones, que correlaciona directamente con una toma de decisiones más arriesgada, mientras
que esta estructura es ligeramente mayor en las adolescentes, arribando a la conclusión de que esta
disminución en el tamaño de la COF potencia la asociación entre los niveles de testosterona y los
comportamientos arriesgados. Por otra parte, Peters y col. (2014) constataron que los circuitos
frontoparietales muestran una mayor activación después de que los adolescentes se enfrentan a
consecuencias negativas asociadas a sus decisiones, en comparación con la exposición a consecuencias
positivas, peculiaridad que desaparece a medida que aumenta la edad.
En resumen, el Modelo del Sistema Dual defiende la existencia de una capacidad disminuida en la
autorregulación de los adolescentes, no a causa de un menor nivel de raciocinio, sino como consecuencia de
una escasa maduración de las regiones cerebrales responsables del control consciente del comportamiento.
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Este modelo tiene profundas implicaciones para la concepción tradicional de la autorregulación en la
adolescencia y también para otros procesos de toma de decisiones. Sin duda, las investigaciones futuras
desde esta perspectiva orientarán el diseño de estrategias educativas que potencien mejores niveles de
regulación comportamental en tan compleja etapa psicológica.
Referencias
Best, J. R., Miller, P. H., y Jones, L. L. (2009). Executive functions after age 5: Changes and correlates.
Developmental Review, 29, 180–200.
Casey, B. J., Getz, S., y Galvan, A. (2008). The adolescent brain. Developmental Review, 28, 62-77.
Chambers, R., Taylor, J., y Potenza, M. (2003). Developmental neurocircuitry of motivation in adolescence: A
critical period addiction vulnerability. American Journal of Psychiatry, 160, 1041-1052.
Peper , J. S., Koolschijn, P. y Crone, E. A. (2013) Development of risk taking: Contributions from adolescent
testosterone and the orbito-frontal cortex. Journal of Cognitive Neuroscience, 25, 2141–2150.
Peters, S., Braams, B. R., Raijmakers, M. E. J., Koolschijn, P., y Crone, E. A. (2014) The neural coding of
feedback learning across child and adolescent development. Journal of Cognitive Neuroscience, 26, 1705–
1720.
Piaget, J., e Inhelder, B. (1975). The Origin of the Idea of Chance in Children. Oxford: Norton.
Steinberg, L. (2008). A social neuroscience perspective on adolescent risk taking. Developmental Review, 28,
78-106.
Steinberg, L. (2009). Adolescent development and juvenile justice. Annual Review of Clinical Psychology, 5,
459-485.
Manuscrito recibido el 21 de octubre de 2014.
Aceptado el 12 de diciembre de 2014.
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... The cognitive area includes the planning and decision-making variable. This complex skill is developed throughout adolescence and should be fomented in order to compensate for the imbalance that exists between cognitive and motivational nerve connections that produce a certain vulnerability and increase impulsiveness and risk-taking [34,41]. Responsible and autonomous decision making leads the adolescent to achieve good psychosocial adjustment and greater social commitment [42]. ...
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The Positive Youth Development (PYD) approach identifies adolescents as resources to be empowered rather than problems to be solved. All adolescents have strengths and will fully develop when these strengths are integrated with healthy resources in the diverse environments where they live and interact. The objective of this study was twofold: (1) to present the Positive Development Program for Adolescents living in rural areas (DPAR Program) and (2) to pilot test the intervention program. The DPAR program was evaluated using a repeated-measures design before and after the intervention, with an intervention group and a control group. The sample consisted of 176 adolescents between 11 and 15 years old (M = 12.89, SD = 0.90) who belonged to two high schools with similar characteristics located in rural settings. A mixed-design analysis of variance was performed for each dependent variable. Results showed a significant increase in most of the study variables (self-esteem, self-efficacy, group identity, empathy, relational skills, assertiveness, and conflict resolution) and a significant decrease in alexithymia, as well as better academic performance. All this evidence indicates that the DPAR program is effective in promoting positive adolescent development and addresses the lack of programs based on the PYD approach in rural areas.
... Son un tipo de herramientas personales muy útiles para un óptimo desarrollo y mantenimiento de las relaciones personales (Londoño 105 En el ámbito cognitivo, se seleccionó la capacidad para tomar decisiones, entendida como el proceso donde se identifica y analiza el problema, se buscan alternativas y se selecciona una, teniendo en cuenta los posibles resultados y sus consecuencias en el presente y el futuro (Tversky & Kahneman, 1981). Este proceso cobra una gran importancia en la etapa en la que se enmarca la investigación, atendiendo a que se ha relacionado con la impulsividad y la implicación de adolescentes y jóvenes conductas de riesgo relacionadas con la sexualidad, el consumo de drogas o los comportamientos antisociales (Broche-Pérez & Cruz-López, 2014;Oliva, 2007b). ...
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Objetivo: Analizar la validez y confiabilidad de un cuestionario para la exploración de factores protectores de la salud mental en estudiantes universitarios cubanos. Método: La muestra quedó conformada por 1377 estudiantes. Se utilizó el análisis categórico de componentes principales, el análisis de conglomerados en dos etapas y los árboles de decisión. Resultados: Se identificaron dos factores. La primera dimensión incluyó ítems que tienen un sentido positivo y expresan un desarrollo de estos factores protectores. Esta dimensión mostró un mayor coeficiente de confiabilidad y fue capaz de explicar una mayor proporción de la varianza en los clúster identificados. La segunda dimensión agrupó aquellos ítems relacionados con un pobre desarrollo de estos factores de protección que pudieran constituir en factores de riesgo. Los ítems que mejor predicen la agrupación de los tres clúster están relacionados con la resiliencia, toma de decisiones, la autoeficacia y la autoestima. Conclusión: El instrumento desarrollado mostró su exactitud y precisión en el proceso de obtención de la información necesaria para evaluar los factores de protección de la salud mental en estudiantes universitarios cubanos.
... La adolescencia representa un periodo crítico en la maduración cerebral con importantes implicaciones en las dimensiones afectiva, social y cognitiva (1)(2)(3)(4)(5)(6), que se caracteriza además, por una elevada actividad hormonal, maduración sexual y variabilidad en la dinámica intelectual, emocional y social, en la que se muestra una elevada influencia de los coetáneos (7)(8)(9). Este periodo del desarrollo no es exclusivamente humano; la evidencia ha demostrado que otras especies también muestran una etapa similar caracterizada por la búsqueda constante de sensaciones novedosas y estimulantes, un aumento en las relaciones con sus iguales y un incremento en los conflictos con los padres (10)(11). ...
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Objetivo: Describir el modelo de desbalance del desarrollo cerebral y presentar la evidencia empírica que sustenta esta hipótesis sobre el neurodesarrollo en la adolescencia. Desarrollo: La adolescencia representa un periodo crítico en la maduración cerebral con importantes implicaciones en las dimensiones afectivo–sociales y cognitiva. En esta etapa se aprecia un incremento en las conductas de riesgo y las dificultades en la toma de decisiones. Las teorías clásicas explican esta peculiaridad aludiendo a la inmadurez de un grupo de procesos cognitivos superiores, sin embargo, la evidencia reciente indica que las habilidades básicas de procesamiento de la información y sus substratos neurales han alcanzado su punto máximo de desarrollo en este periodo. El modelo de desbalance del desarrollo cerebral es un enfoque teórico novedoso, con base en las neurociencias, que ofrece una explicación alternativa sobre la prevalencia de conductas de riesgo y los déficits tradicionales en la toma de decisiones durante la adolescencia. El modelo plantea la existencia de un desarrollo asincrónico entre las estructuras prefrontales en relación con las áreas neurales relacionadas con los procesos socioemocionales. Particularmente, las conexiones subcorticales motivacionales y emocionales se desarrollan más temprano de lo que lo hacen las regiones relacionadas al control prefrontal. Este desequilibrio en la maduración conlleva en un aumento de la dominancia de las regiones motivacionales subcorticales en comparación con las regiones prefrontales. Conclusiones: El desbalance en la maduración de la corteza prefrontal impide el desarrollo óptimo del sistema de control cognitivo (SCC), permitiendo que el sistema socioemocional (SSE) ejerza un rol rector en el control del comportamiento en esta edad.
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The ability to learn from environmental cues is an important contributor to successful performance in a variety of settings, including school. Despite the progress in unraveling the neural correlates of cognitive control in childhood and adolescence, relatively little is known about how these brain regions contribute to learning. In this study, 268 participants aged 8-25 years performed a rule-learning task with performance feedback in a 3T MRI scanner. We examined the development of the frontoparietal network during feedback learning by exploring contributions of age and pubertal development. The pFC showed more activation following negative compared with positive feedback with increasing age. In contrast, our data suggested that the parietal cortex demonstrated a from sensitivity to positive feedback in young children to negative feedback in adolescents and adults. These findings were interpreted in terms of separable contributions of the frontoparietal network in childhood to more integrated functions in adulthood. Puberty (testosterone, estradiol, and self-report) did not explain additional variance in neural activation patterns above age, suggesting that development of the frontoparietal network occurs relatively independently from hormonal development. This study presents novel insights into the development of learning, moving beyond a simple frontoparietal immaturity hypothesis.
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The role of puberty in the development of risk taking remains poorly understood. Here, in a normative sample of 268 participants between 8 and 25 years old, we applied a psycho-endocrine neuroimaging approach to investigate the contribution of testosterone levels and OFC morphology to individual differences in risk taking. Risk taking was measured with the balloon analogue risk-taking task. We found that, corrected for age, higher endogenous testosterone level was related to increased risk taking in boys (more explosions) and girls (more money earned). In addition, a smaller medial OFC volume in boys and larger OFC surface area in girls related to more risk taking. A mediation analysis indicated that OFC morphology partly mediates the association between testosterone level and risk taking, independent of age. Mediation was found in such a way that a smaller medial OFC in boys potentiates the association between testosterone and risk taking but suppresses the association in girls. This study provides insights into endocrinological and neural underpinnings of normative development of risk taking, by indicating that OFC morphology, at least partly, mediates the association between testosterone and risk-taking behavior.
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Research and theorizing on executive function (EF) in childhood has been disproportionately focused on preschool age children. This review paper outlines the importance of examining EF throughout childhood, and even across the lifespan. First, examining EF in older children can address the question of whether EF is a unitary construct. The relations among the EF components, particularly as they are recruited for complex tasks, appear to change over the course of development. Second, much of the development of EF, especially working memory, shifting, and planning, occurs after age 5. Third, important applications of EF research concern the role of school-age children's EF in various aspects of school performance, as well as social functioning and emotional control. Future research needs to examine a more complete developmental span, from early childhood through late adulthood, in order to address developmental issues adequately.
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Epidemiological studies indicate that experimentation with addictive drugs and onset of addictive disorders is primarily concentrated in adolescence and young adulthood. The authors describe basic and clinical data supporting adolescent neurodevelopment as a biologically critical period of greater vulnerability for experimentation with substances and acquisition of substance use disorders. The authors reviewed recent literature regarding neurocircuitry underlying motivation, impulsivity, and addiction, with a focus on studies investigating adolescent neurodevelopment. Adolescent neurodevelopment occurs in brain regions associated with motivation, impulsivity, and addiction. Adolescent impulsivity and/or novelty seeking as a transitional trait behavior can be explained in part by maturational changes in frontal cortical and subcortical monoaminergic systems. These developmental processes may advantageously promote learning drives for adaptation to adult roles but may also confer greater vulnerability to the addictive actions of drugs. An exploration of developmental changes in neurocircuitry involved in impulse control has significant implications for understanding adolescent behavior, addiction vulnerability, and the prevention of addiction in adolescence and adulthood.
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